Long-fic de Pokémon - Anomalía

Tema en 'Fanfics Terminados Pokémon' iniciado por Velvet, 13 Noviembre 2018.

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    Velvet

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    Escritora
    Título:
    Anomalía
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    1010
    Anomalía
    Por Merinare
    Nota de Autor: Esta historia puede leerse en dos órdenes distintos. Pueden leer indistintamente el orden numérico (Escenas 00 a la 11) o alfabético (Escenas (A) a la (L)). Aun así les recomiendo seguir el orden por números primero – tal cual fue escrito – y después si quieren, darle una releída en el orden por letras – que está centrado en un orden más novelezco pero que desafortunadamente arruina los plot-twist. El orden alfabético está en el índice. ¡Disfruten!

    ------ 00 | (D) ------



    —Liz, ¡es hora de comer!

    Elizabeth era una niña de ocho años. Hija de padres separados, vivía con su madre Carol en un sencillo hogar en los suburbios del área metropolitana. Como todas las noches, a pesar de que su madre llegaba agotada de trabajar, su rostro se iluminaba al ver a su hija. Era su orgullo, su alegría, y poder pasar tiempo con ella era en paz y armonía por las tardes era la razón por la cual se levantaba todas las mañanas para enfrentar el día con su mejor cara.

    Aunque quizás Liz no puso su mejor cara precisamente al saber que iban a cenar esa noche.

    —¿Ensalada? —preguntó la niña, un tanto decepcionada.

    —Ya sé que no te gustan las verduras, así que pasé por el almacén a la salida del trabajo — respondió su madre fingiendo inocencia—. Por lo que puede que haya un premio en el refrigerador para quienes se coman todo sin quejarse.

    Carol encendió la televisión, mientras ojeaba satisfecha cómo su hija se sentaba con los ojos iluminados por la emoción y atacaba el plato de verduras mixtas, atún, huevo y queso. Puso una cara de fastidio al empezar a comer, pero no dijo ni una palabra. A decir verdad, ni siquiera tenía tantas verduras como parecía: se trataba de una simple ensalada mixta de verano, rápida de hacer y liviana para que pudiera dormir sin problemas esa noche.

    —¿Te gusta?— preguntó luego de un rato.

    —‎Mas o menos— respondió levantando los hombros.

    —‎Significa que sí, pero no lo quieres admitir porque son verduras, ¿cierto?

    Su hija la miró haciendo un puchero. Había heredado los ojos azules de su padre, pero se parecía tanto a ella de niña...

    —¡Lo estoy comiendo por el postre, no porque me guste!— protestó, pero Carol sabía que estaba mintiendo—. ¿No vas a comer?

    —Ya comí en el trabajo. Pero puedo ayudarte un poco, si quieres.

    Había tenido problemas con su comida, al punto que ni siquiera ofrecerle un postre servía para hacerla comer verduras. Quizás el pescado y los trozos de queso en cubos la engañaban del resto del plato. Unos diez minutos después, la chica había terminado, y miraba expectante a su madre, esperando el tan deseado postre.

    —Cierra los ojos y no te muevas.

    Levantándose en silencio, Carol se dirigió a la cocina. Dos porciones de torta de chocolate descansaban en la rejilla superior del refrigerador, en idénticos platos y cubiertos, ambas decoradas con un par de cerezas para darle una mejor imagen.

    Estaba por regresar al comedor, cuando notó un sonido extraño. Sonaba como si alguien estuviera abriendo la puerta de entrada, pero sus llaves estaban en el comedor, y ella tenía la única copia.

    —¿Liz? ¿Qué habíamos hablado de no salir sin permiso?— preguntó mientras se apresuraba de vuelta a donde estaba su hija... la cual seguía sentada.

    Y entonces oyó la puerta abrirse. Una figura vestida con un pasamontañas irrumpió en la casa, apuntándola con un arma inmediatamente. Liz abrió los ojos al escuchar el portazo, chillando del susto. Quiso correr hacia su madre, pero el invasor apuntó hacia la niña, la cual se paralizó del miedo.

    —No le hagas nada, por favor. Te daré lo que quieras.

    Carol suplicó en voz baja, dejando ambos platos en la mesa con las manos temblándole descontroladamente. Aquel ladrón no paraba de apuntar a su hija, y no tenía forma de acercarse a ella. Señaló hacia el pasillo detrás de ella, el fondo de la casa. Y Carol entendió perfectamente: si le traía lo suficiente, la dejaría en paz.

    —Lizzie, no importa lo que pase, no te muevas. Quédate quieta, ¿entendido?

    La niña apenas pudo asentir: se encontraba aplastada contra la pared, pálida por el miedo, y los ojos se le empezaron a llenar de lágrimas al mirar a su madre, igual de aterrorizada que ella.

    Carol corrió hacia su habitación, tomando su teléfono, billetera y portátil a toda velocidad y regresando al comedor. Descargó las cosas sobre la mesa inmediatamente, mientras el ladrón seguía apuntando a su hija sin piedad.

    —T-te traeré más cosas. Sólo déjala tranq...

    Pero no puedo terminar la frase. La alarma de un coche de policía sonó con todas sus fuerzas en el exterior de su hogar: el estruendo fue tan repentino que su hija chilló de vuelta... y su grito se interrumpió de golpe al sonar un estallido horrible que retumbó en las paredes de la casa.

    <¿¡...Liz!?>

    Su hija cayó sobre sus piernas al instante, mientras una asquerosa mancha color rojo oscuro se desperdigaba cada vez más y más sobre la pared. Una pared que quedó marcada con un orificio de bala, a la altura de donde se encontraba su hija hace unos segundos.

    Desesperada, se tiró de rodillas al lado de su hija en estado de shock, sin pensar en que sucedería con el asaltante, ni en la policía, ni en sus pertenencias. Oyó gritos, seguidos de un disparo y el sonido de cristales rotos. Pero lo único que a ella le importaba era su hija.

    —¡Liz! ¡Lizzie! — la sacudió, pero no obtuvo respuesta.

    Sus manos se llenaron de la sangre de su hija, mientras le quitaba frenéticamente el pelo de la cara. Pudo observar con horror su rostro, con los ojos aún cubiertos de lágrimas y su boca aún abierta en un grito de pánico. Y un orificio de bala en el centro de su cabeza, del cual brotaba aquel líquido sin parar.

    Y su hija no se movía.
     
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    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    695

    ------ 01 | (B) ------



    —...tendremos que hacerle unas preguntas, cuando usted esté lista. Lo lamento mucho por su pérdida.

    Aún tenía los brazos cubiertos de la sangre de su hija, pero no podía pensar en ello en absoluto. Su mente aún seguía en blanco, incapaz de asimilar lo que había sucedido. Se tapó la cara con las manos, sin importarle que se ensuciara el rostro también.

    —...le ordené que se detuviera, pero huyó hacia el callejón más cercano, y luego se sintieron dos disparos más.

    <¿Por qué?>
    —Cuando llegamos, sólo encontramos una mancha de sangre, junto con los casquillos de bala. La reconocimos como un arma ilegal tomada de esta misma comisaría, por lo cual estamos realizando las investigaciones necesarias…

    <¿Por qué tuvo que usar a su hija?>
    —...aún lo estamos buscando. Es como si se hubiera escapado bajo tierra, ese desgraciado. Mira que matar a una niña…

    <¿Por qué no le apuntó a ella?>
    —Carol...

    <Si tan sólo se hubiera puesto adelante...>
    —¡Carol!

    Reconocía esa voz a su lado. El padre de su hija y su ex pareja la miraba con los ojos enrojecidos. Vestía su uniforme de policía como todos en la comisaría, pero parecía igual de devastado que ella ante la situación.

    —Frank... es mi culpa... tendría que haber... adelante de ella...

    —Necesitan que declares, Carol: de otra forma no puedo sacarte de aquí. Vamos a lavarte, te acompañaré al baño.

    Tomándola de los hombros, la sujetó con firmeza y la arrastró fuera de la sala hasta llegar a la puerta del baño de mujeres.

    —¿Quieres que te ayude...?

    —‎...estoy bien.

    Abriendo la puerta neumática, se tambaleó hacia el interior de los sanitarios y se apoyó sobre el primer lavamanos que encontró, mirándose en el espejo. Tenía sangre en los brazos. En las manos. En la cara, en el pelo, en la ropa... estaba cubierta de manchas rojas. Comenzó a lavarse frenéticamente, mirándose de vez en cuando en su reflejo, cuando algo le llamó la atención.

    Una pequeña figura de color verde brillante se encontraba tirada en el piso a sus espaldas. Parecía un simple peluche para niños...

    ...hasta que lo escuchó toser.

    Carol se arrimó inmediatamente hacia aquella criatura que respiraba con molestia y, sin dudarlo demasiado, la alzó entre sus brazos. Sus manos mojadas parecieron despertarlo, porque abrió los ojos. Unos enormes ojos azules, dolorosamente parecidos a los de su hija.

    —Te estaba esperando, Carol.

    Las preguntas comenzaron a arremolinarse en su cabeza. ¿Que era esa cosa? ¿Cómo podía hablar? ¿Cómo sabía su nombre? ¿Y por qué estaba en el baño de una comisaría? La criatura tosió una vez más, y Carol pregunto sin pensar.

    —¿Estás bien?

    —‎Tuve un pequeño accidente mientras te esperaba—murmuró, sujetándose la garganta y desviando la mirada hacia los sanitarios—. Pero no importa, tendré que ocuparme de ello más tarde. Mi nombre es Celebi, y soy un viajero del tiempo.

    Tenía una voz dulce y cantarina a pesar de estar un poco ronca, y su cuerpo no era proporcionado al tamaño de su cabeza, lo que lo hacía parecer un un muñeco. Parecía sacado de un cuento de hadas, y se preguntó por qué alguien le haría daño.

    <Pero lo mismo podría preguntarse de su hija.>
    Carraspeó un poco y amagó dejarlo en el piso, pero aquella criatura se sacudió un poco y comenzó a volar a su alrededor. Lentamente, empezó a pensar que la muerte de su hija le estaba provocando alguna clase de delirio.

    —Yo... también he tenido un accidente. Preferiría estar sola, así que déjame en paz.

    —Lo sé, por eso estoy aquí— comentó, mientras Carol intentaba regresar al lavabo—. Sé lo que le te pasó esta noche. A ti, y a tu hija.

    La mujer se mojó un par de veces la cara, intentando que aquella criatura creada por su imaginación desaparezca. Sin embargo ahí seguía, reflejándose en el espejo. Celebi suspiró.

    —He venido a ayudarte, Carol. Ya sé que esto te será difícil de asimilar, pero…

    ¿…me creerías si te dijera que puedo llevarte al pasado?
     
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    Velvet

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    12
     
    Palabras:
    1174

    ------ 02 | (A) ------



    —¿Por qué has decidido ayudarme?

    Se encontraban en las afueras de su casa. Incrédula, Carol observaba las luces encendidas de su hogar. Una sombra se movía en el interior, yendo de aquí para allá entre el comedor y la cocina. Era ella. Ella misma en el pasado, hace un poco más de una hora.

    —Algo sucedió esta noche en esta ubicación; algo que provocó una anomalía en el tejido del tiempo. Aún no logro descifrar precisamente qué es lo que la desencadenó, pero de algo estoy seguro: es algo que no debería haber sucedido. Nuestra especie es capaz de viajar en el tiempo y en el espacio, y por lo tanto es la encargada de buscar y corregir cualquier tipo de irregularidad en el flujo del tiempo.

    Carol se sujetó la sien con una mano. Sumado a que regresar en el tiempo mismo no era la experiencia más agradable del mundo, aquella criatura hablaba demasiado rápido, como si todo el mundo supiera de qué diablos estaba hablando.

    —Entonces si logramos salvar a Lizzie, deberíamos corregir tu “irregularidad”, ¿verdad?— la criatura la miró con aquellos ojos enormes, que parecían tener luz propia—. ¿Tienes alguna idea?

    —Viajar en el tiempo tiene muchas reglas, pero quizás la más importante es que no debemos interferir directamente. Pase lo que pase, tu yo del pasado no puede reconocernos a ninguno de los dos, o de lo contrario estaríamos causando una paradoja temporal— la mujer la miró confusa, y Celebi suspiró una vez más, impaciente—. Pongámoslo así. Tú no me conocías antes de haberme encontrado hace un momento, y claramente no te has cruzado contigo misma en el pasado, ¿cierto?

    —No que yo recuerde—respondió ésta lentamente, tratando de comprender—. ¿Qué sucedería si rompo esa regla?

    —Me veré forzado a regresar sobre mi propia línea del tiempo y evitar cualquier interacción, lo que causará que nunca nos encontremos en primer lugar y romperá la paradoja, estabilizando la tela temporal. En otras palabras, perderás cualquier oportunidad de corregir el pasado.

    Carol tragó saliva. Debía tener cuidado, o arruinaría para siempre la posibilidad de recuperar a su hija. Se mordió una uña con nerviosidad, pero Celebi la tranquilizó.

    —Viajar en el tiempo es incómodo, como acabas de notar. Y créeme, sólo he tenido que regresar sobre mi línea temporal una sola vez y ha sido la experiencia más agonizante de mi vida, así que preferiría no tener que repetirla. Estamos juntos en esto.

    No debía interferir directamente. Se recargó sobre el seto que rodeaba el terreno de su casa, tratando de pensar. Revisó la hora en su reloj de pulsera durante un momento, la cual indicaba apenas las nueve de la noche y la respuesta llegó casi automáticamente.

    <Su teléfono.>
    Los contactos de su agenda desfilaron ante sus ojos, mientras el silencio absoluto parecía acentuar la importancia de cada segundo perdido. No fue hasta que llegó a la mitad de la lista, que había alguien en ella que podría salvarla. Respiró con profundidad, mientras el pitido de la llamada sonaba a intervalos regulares. Finalmente, escuchó aquella voz conocida.

    —Carol. Estoy trabajando. ¿Pasa algo?

    —Frank. Tienes que venir a mi casa urgentemente—dijo sin rodeos—. ¡Creo que hay alguien afuera tratando de entrar!

    Miró por encima del seto, pero aún no había nadie en los alrededores. A decir verdad, la calle entera estaba sospechosamente vacía. Sabiendo lo que pasaría en unos minutos, no podía dejar de sentir que la estaban observando.

    —Tranquilízate. Cierra cualquier entrada, y llama a la policía. Estaré allí cuanto antes: no salgas a la calle hasta que llegue.

    Y colgó. Carol se guardó el teléfono, un poco más relajada. Celebi la miró con aprobación.

    —Buen trabajo. Ese Frank, es el policía que te estaba acompañando en la comisaría, ¿verdad? Parece bastante profesional. Ahora solo queda esperar.

    Los minutos pasaban en silencio. Había hecho lo que se suponía que debía hacer: no interferir directamente, sino a través de Frank. Si las cosas salían bien, la patrulla de su ex pareja llegaría antes que el ladrón, evitando cualquier posibilidad de que este entre en la casa por la puerta delantera. Celebi le recomendó no mirar directamente hacia la casa, sino de vez en cuando, y mantenerse detrás del seto en todo momento. ¿Por qué diablos Frank estaba tardando tanto?

    Se asomó una vez más, mirando la entrada principal y el portal, pero no había nadie. Se escondió una vez más detrás del follaje, y dejó pasar unos minutos más. Pero menos de dos minutos más tarde lo oyó, aquel sonido inconfundible: era el sonido de sus llaves abriendo la puerta. Allí se encontraba, esa figura vestida completamente de negro. Entrando en su casa con la mayor facilidad del mundo. Y Frank aún no llegaba.

    —¿De dónde ha salido? —susurró aterrada, mientras Celebi se asomaba sobre el seto a su lado, igual de perplejo.

    —Debe haber entrado por detrás, ¿quizás por el jardín interior? ¿Y por qué tiene tus llaves?

    Sintió como el corazón se le aceleraba cada vez más y más. No podía ser un conocido, ella era la única que tenía llaves de la casa; y Liz era demasiado chica para confiarle unas. Las sombras se hicieron más frenéticas en el interior de la vivienda. Y en ese entonces, observó como el coche de policía de Frank aparecía en una de las esquinas. Ambos se aplastaron contra el arbusto en un intento de que los faros del vehículo no revelen que estaban allí. El policía se detuvo en el frente de la casa, y en el momento en que cerró la puerta del conductor, Carol se dio cuenta que era demasiado tarde.

    La sirena de policía emitió un pitido al activar la alarma, seguido inmediatamente de un disparo, que se oyó sordamente en el interior del lugar. Dos segundos después, un par de disparos más impactaron contra uno de los cristales de su casa. Pudo observar a aquel delincuente salir como un tornado por la entrada principal, sólo para encontrarse de frente con Frank, que preparó su arma inmediatamente.

    <No había logrado nada.>
    —¡Quédate quieto! —gritó Frank, pero el ladrón echó a correr por el otro lado de la casa, fuera de su vista. Este lo persiguió hasta perderse de vista, mientras seguía escuchando sus gritos cada vez más débiles en el fondo del patio.

    <Pero ya no importaba si lo atrapaba o no. Era demasiado tarde.>
    —Deberíamos haber estado más atentos— susurró con la voz tomada, sintiendo como los ojos amenazaban con llenarse de lágrimas. A lo lejos aún se escuchaban los gritos, acompañados del eco de más disparos.

    —Yo tampoco esperaba lograrlo a la primera.

    Celebi se colocó en frente de ella, obligándola a mirarlo. En su rostro se dibujaba una sonrisa bondadosa, casi empática.

    —Tengo permitido volver todas las veces que necesite hasta corregir la anomalía. Y puedo llevar a quien necesite para cumplir el trabajo. ¡No te des por vencida tan fácilmente!
     
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    12
     
    Palabras:
    824

    ------ 03 | (C) ------



    —Me esperaba que algo así sucedería, por eso te recomendé mantenerte escondida el mayor tiempo posible.

    Se encontraban en el techo de la comisaría. Celebi la había transportado allí, confiando en que sería un buen lugar para analizar la situación sin que nadie los interrumpa. Y por cómo lo contaba, parecía que ya había pasado por cosas así innumerables veces. Celebi era capaz de regresar cuantas veces quisiera, pero mientras más copias de sí misma agregara en el lugar, más difícil le sería actuar sin causar una nueva paradoja. Ahora no sólo debía evitar que su original dentro de la casa la viera, sino también su segunda copia ubicada detrás de los setos.

    —¿No podemos simplemente viajar un poco más atrás, y llamar a Frank antes?

    —Ya es muy tarde para eso. Acabamos de verlo llegar después que el intruso matara a tu hija. Si lo llamas y llega antes que él, ahora mismo no tendríamos razón alguna para volver en el tiempo. Lo importante en un primer regreso es obtener la mayor cantidad de información posible. Piensa, ¿qué podríamos cambiar ahora mismo para evitar que el ladrón dispare?

    Carol se cubrió la cara con las manos: era demasiado tarde para evitar que el ladrón entre en el lugar. Se forzó a recordar aquella fatídica escena. Le había traído sus pertenencias e iba a regresar a por más, pero el disparo la tomó desprevenida. Parecía casi accidental, como si algo lo hubiera tomado por sorpresa…

    <La alarma.>
    —El sonido de la alarma lo asustó. En realidad no quería matarla.

    —Correcto. Y si logramos desactivar ese sonido, quizá evitemos el disparo también.

    “Siempre y cuando Frank no haga ninguna estupidez como gritar o tirar la puerta abajo” pensó, pero descartó la alternativa inmediatamente. Su ex pareja llevaba más de diez años en las fuerzas de seguridad, seguramente sabía actuar con cautela en esas situaciones. ¿Pero cómo desactivaría una alarma? Necesitaría una especie de inhibidor, pero esos dispositivos solo se encontraban en las manos de los delincuentes.

    <O en los depósitos de artículos confiscados por la policía.>
    —¿Alguna razón por la que hayas elegido este lugar de vuelta, Celebi?

    Aleteando inocentemente, la criatura se limitaba a sonreír.

    .

    .

    .
    Equipados con su nuevo juguete, esta vez se colocaron en el lado izquierdo de la casa. Escondidos detrás de los enormes maceteros del jardín interior y con la noche a su favor, Celebi decidió que era el mejor lugar para ubicarse.

    —Pase lo que pase, hay que estar prevenidos. Aquí obtendremos más información, pero recuerda no mirar mucho alrededor: si fallamos y necesitamos regresar, cada vez tendremos menos margen para actuar.

    Carol asintió en silencio. Siempre y cuando mantuviera la calma, podría intentarlo todas las veces que quisiera. Sólo tenía que hacer lo que Celebi le decía. Era su trabajo, después de todo. Ambos se quedaron agazapados en la oscuridad, esperando.

    Nos llevé a la hora más exacta que pude, de acuerdo a nuestro primer salto. Debería aparecer en cualquier momento.

    Y no se equivocaba. No tardó mucho en verlo, abriendo el portón trasero que daba al callejón con sus propias llaves y caminando con decisión hacia el interior. Parecía conocer el lugar con suma exactitud, como si hubiera estado planeando el robo con meses de anticipación. Aguantó la respiración cuando pasó a su lado, y lo oyó entrar en el salón una vez más. Solo pudo oírlo, pues arriesgarse a observar la escena podría causar que su copia del otro lado del seto la reconozca, agachada entre las macetas. Y ella definitivamente no había visto nada moverse en ese lugar.

    —¡Prepárate! —la alertó Celebi, al escuchar el ruido del motor. Frank estaba allí.

    Carol tomó aquel extraño aparato que había robado de la comisaría. El inhibidor de frecuencias se asemejaba a un comunicador portátil, con un botón claramente definido como interruptor. Lo mantuvo apretado con fuerza y apuntó en dirección a la calle, cerrando los ojos e implorando que el sonido nunca llegue.

    Tres. Cinco. Diez segundos pasaron. Y no se oyó nada. Celebi parecía extasiado, y ella misma se llevó su mano libre a la boca con incredulidad. Lo había logrado. Había cambiado el pasado.

    <O eso es lo que creía.>
    En medio del silencio, un zumbido casi imperceptible comenzó a oírse. El ruido aumentaba progresivamente de intensidad, cada vez más hasta volverse insoportable. Se tapó los oídos con las manos, pero aquel pitido diabólico parecía sonar dentro de su propia cabeza: parecía que se le iba a partir en dos, pero aun así se obligó a no gritar. Cerró los ojos y apretó los dientes con fuerza, mientras notaba como Celebi la sacudía frenéticamente. Lo único que alcanzó a sentir antes de perder la conciencia, fueron las náuseas de saltar en el tiempo una vez más.
     
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    Velvet

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    12
     
    Palabras:
    569

    ------ 04 | (E) ------



    —¡Carol! ¡Carol, despierta!

    Reconoció su voz inmediatamente. Aquella voz cantarina que en esos momentos se encontraba teñida de la preocupación. Abrió los ojos.

    —¡Santo cielo, no me hagas esto! —Celebi se sentó en el suelo, visiblemente aliviado—. Por un momento pensé que el estiramiento te había matado. Traté de sacarte de ahí lo antes posible, pero no sabía cuándo, ni a dónde saltar.

    Carol se sentó en el piso, sintiéndose sumamente mareada. Nuevamente, se encontraba en un tejado que no conocía, con la noche estrellada extendiéndose sobre sus cabezas. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Y qué diablos había sido eso? Se giró hacia su acompañante, pero este parecía incluso más agotado que ella.

    —Fuimos demasiado lejos. Pensé que no afectaría tanto...

    —¿Qué rayos pasó? ¿Tú también oíste ese zumbido? —preguntó, consternada ante la situación de ambos.

    Celebi se tumbó en el suelo, tratando de tranquilizar su agitada respiración. Incluso su cuerpo color verde brillante parecía un poco más apagado que antes.

    —Estiramos la tela del tiempo un poco más de lo que deberíamos. Cuando tratas de cambiar algo que no debes, el mismo mundo trata de corregirlo inmediatamente de la forma que pueda. Aquel zumbido fue la resistencia del tiempo, negándose a cambiar y tratando de volver a su posición original.

    Pero había logrado detener la alarma en ese instante, ¿verdad? Miró a la criatura con esperanzas, directo a aquellos ojos azulados que no paraban de recordarle a su hija. Pero éste negó con la cabeza.

    —Al parecer el sonido fue tan fuerte que te obligó a soltar el inhibidor, cuando te cubriste los oídos con las manos— Celebi suspiró, con aspecto de derrotado—. Lo importante es que estás bien: a veces las correcciones son tan poderosas que terminan destruyendo al que causó la incorrección; por eso te saqué de ahí cuanto antes.

    —Pensé que sabías cómo funcionaba esto— le reprochó esta, un tanto enfadada—. Intenta no darme instrucciones que puedan terminar matándome la próxima vez.

    —Sólo fue una pequeña alteración en el sonido, ¡no esperaba que tuviera tanta trascendencia! —replicó, abriendo los ojos en una mirada inocente—. Pero piensa en el lado positivo: ahora también sabemos que tratar de modificar algo que ya oíste en el pasado arriesga la posibilidad de una corrección natural. La sirena de la patrulla, en primera instancia.

    La cabeza aún le daba vueltas, así que se tumbó en aquella terraza, observando el firmamento con melancolía. Cambiar el pasado no era tan sencillo como creía. No sólo tenía que tener en cuenta a sus ahora tres copias deambulando por el mismo lugar, sino que tampoco tenía permitido suprimir algo que haya presenciado u oído anteriormente.

    —Celebi. Vi con mis propios ojos cómo le disparaban a mi hija. ¿Cómo se supone que vaya a cambiar eso, si no puedo cambiar ni un sonido sin que el mundo trate de matarme?

    —Si lo que suponemos es cierto y su muerte es lo que causó la anomalía, deberíamos poder cambiar ese hecho en específico sin ningún problema. Aunque generalmente, también deberías poder cambiar el pasado modificando algo que no hayas percibido del todo por una acción tuya. En el caso de la alarma, no propusimos una alternativa que alertara al ladrón, por lo que el tiempo tuvo que corregirlo por su cuenta. Si hubiéramos, no sé, roto un cristal o algo…

    <¿Roto un cristal?>
     
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    614

    ------ 05 | (G) ------



    —¿Estás segura que oíste uno de los cristales de tu casa romperse? —le preguntó Celebi con escepticismo—. No vamos a lograr nada si me mientes, más con esa cosa…

    Habían regresado una vez más a las afueras de su casa. Con el interior, ambos lados y el frente inaccesibles, tuvieron que apostarse en el callejón trasero. El inhibidor de frecuencia no había resultado de utilidad, así que con ayuda de las habilidades de aquella criatura, robó nuevamente de la comisaría un elemento más práctico. Aquel pequeño revólver secuestrado no se parecía en nada al arma reglamentaria de la policía de Frank; pero ante la insistencia de su antigua pareja, Carol había aprendido a usar armas de fuego.

    —Estoy convencida de que fue una bala perdida hacia una de las ventanas— reafirmó, separando el tambor circular y revisando la munición—, sólo que no pude ver de dónde salió.

    Pero de acuerdo a lo que le había dicho, eso significaba que si su intención era dispararle al ladrón y viajaban al pasado solamente con ese objetivo, deberían poder reemplazar lo que sea que originó el hecho inicial. Celebi parecía dubitativo ante la situación, pero se mantuvo en silencio.

    Esperaron una vez más, con una vista clara hacia una de las ventanas del comedor, mientras el hecho se repetía por cuarta vez. Al estar más cerca que antes, podía distinguir entre las cortinas las figuras de ella, Lizzie y el intruso, que se colocó en una posición ideal. Quitó el seguro del arma y apuntó con ambas manos.

    Si lo mataba, definitivamente no habría ninguna regla temporal capaz de redirigir eso. Dispararle en la maldita cabeza acabaría todo este enredo de raíz, corrigiendo el desequilibrio de una vez por todas. Y estaba siguiendo las reglas de Celebi. Respiró hondo, y apoyó el dedo en el gatillo. En el fondo de su cabeza, escuchó la voz de Frank de hace años, cuando le enseñaba como disparar un arma.

    <Deja que el disparo te sorprenda a ti.>
    Respiró hondo, y apoyó el dedo en el gatillo.

    —¡Espera! ¡Carol, no lo hagas!

    En el último segundo, Celebi se interpuso entre la ventana y el arma. Parecía desesperado, cómo si se hubiera dado cuenta de un fallo crucial que estaban dejando pasar en aquel mismo instante. Pero si no se apuraba, la alarma sonaría…

    —¡Quítate de en medio, Celebi! —trató de empujarlo, pero la criatura se resistió.

    —¡No puedes matarlo ahora! Si interrumpimos el hecho, no tendríamos razón para-

    El estridente sonido de la patrulla interrumpió su voz… y ésta fue seguida de aquel maldito disparo. Enfurecida, Carol le lanzó un manotazo a su compañero y se puso de pie. Estaba harta de sus reglas. No importaba si tampoco lograba salvarla esta vez: necesitaba descargarse o terminaría por quebrarse. Gatilló dos veces hacia la ventana de su propio hogar, y oyó sus propios gritos adentro del hogar, seguidos de los gritos de Frank en la parte frontal, ordenándole al intruso que se detenga.

    Había escapado… pero esta vez sabía hacia donde se dirigía.

    Corrió al callejón trasero de su casa, justo a tiempo para verlo cerrar el portón de su casa con la copia de sus llaves y tratar de correr en su dirección. Carol apuntó una vez más, mientras el agresor levantaba el arma a su vez. Por un momento pensó que él había sido más rápido, pero no sintió ningún dolor. Dos disparos más salieron de aquella arma robada, impactando en el pecho del asesino, el cual cayó en el asfalto inevitablemente.

    Empapando de sangre el suelo de la misma forma que lo había hecho su hija.
     
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    Género:
    Misterio/Suspenso
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    12
     
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    ------ 06 | (I) ------



    —¡¿En qué rayos estabas pensando?!

    Celebi estaba enfurecido, y con razón. El extraño seguía perdiendo sangre y tosía a través del pasamontañas, pero su compañero no podía prestarle menos atención. Parecía a punto de estallar.

    —¿Cuántas veces necesitas que te recuerde que estamos juntos en esto? ¿Piensas que te detuve porque estaba aburrido, porque me gusta verte sufrir mientras matan a tu hija una y otra vez? ¿De verdad crees eso?

    —¡Me dijiste que era una buena idea! —protestó Carol, tratando de defenderse.

    Sabía que lo que había hecho estaba mal, pero por lo menos se había vengado de aquel desgraciado. Celebi se llevaba las manos a la cabeza, revoloteando por todo el lugar desesperadamente. Se los había llevado de aquel lugar casi en el mismo momento en que el ladrón cayó al piso, y éste ahora se desangraba en una terraza desconocida, a kilómetros de donde había sido herido inicialmente.

    —Te detuve porque estuvimos a punto de arruinarlo todo. Dime, si matabas al ladrón ahora mismo y salvabas a tu hija, ¿Por qué diablos tu versión original querría regresar al pasado? ¡Hubiéramos incurrido en la paradoja más sencilla de todas! Y ocupado por saber si realmente me estabas diciendo la verdad con el tema del maldito vidrio, no me di cuenta hasta el último momento. ¡Cómo pude ser tan estúpido!

    —Pero ahora sabes que no te estaba mintiendo. Le disparé a esa ventana y no pasó nada. Y le acabo de disparar a ese bastardo y sigo aquí parada, el tiempo no me mató ni nada parecido. Lo que significa que podemos seguir intentándolo.

    Celebi le lanzó una última mirada asesina, y se acercó al cuerpo que estaba tirado en el piso. Desde la distancia, podía sentirlo respirar agitadamente, pero realmente no quería acercarse y sentir algo de empatía por aquel monstruo.

    —Voy a tener que sacarlo de aquí: hacerlo desaparecer en alguna época. Tú quédate aquí. Y por lo que más quieras, no hagas nada hasta que regrese.

    Y desapareció. Lo único que dejo detrás de sí fue la mancha de sangre en el piso. Carol se recargó sobre una de las paredes de la entrada de casa, revisando su revólver: sólo le quedaba una bala; pero no la necesitaría para nada más. Se lamentó por haber dejado que Celebi se llevase al cuerpo. Debería haberse acercado, obligado a que le diga por qué diablos había elegido su casa. Y sobre todo, cómo había conseguido las llaves del portón trasero y de la puerta de entrada. ¿Acaso las había copiado mientras ella trabajaba? Quizás lo hubiera reconocido si le hubiera quitado el pasamontañas. Alguien del trabajo… o algún vecino del barrio…

    Celebi no aparecía. Y la duda parecía asfixiarla desde adentro.
     
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    ------ 07 | (K) ------



    Quince minutos después, Celebi regresó. Su mirada era lúgubre y rencorosa por lo que había sucedido, pero eso no le impidió volver a ponerse en marcha. Iba a comenzar a hablar, pero Carol lo interrumpió.

    —¿Sabes quién era? Tenía mis llaves, a lo mejor lo reconozco…

    —N-no lo sé— la pregunta pareció tomarlo de sorpresa— Hombre, mediana edad… sinceramente, los humanos son todos iguales. Qué más da: lo importante es que acabo de llegar a una conclusión. Vamos a necesitar un hecho que reemplace la muerte de tu hija.

    —¿Que reemplace…?

    —Exacto. Estamos fallando en salvar a tu hija porque ella es la razón por la cual viajamos al pasado por primera vez. Necesitamos algún ser equivalente por la cual harías lo mismo. Y creo que tengo la solución.

    Carol la miró, más confusa que nunca. ¿”Ser” equivalente? No estaría pensando en…

    —No vamos a matar a Frank a cambio de Lizzie. Tiene que haber otra opción.

    Sabía lo que estaba tramando. Esa era su forma de vengarse por lo que acababa de suceder. Pero debía haber otra opción. De otra forma, ¿por qué habían intentado todas esas otras alternativas anteriormente, en los tres saltos anteriores?

    —No lo estaríamos matando, para ser exactos. Estaríamos realizando un salto entre líneas temporales... un intercambio, por llamarlo de alguna manera. En una línea paralela, una mujer exactamente igual a ti pierde a su pareja en lugar de a su hija, y trata de regresar al pasado para salvarla. Luego de intentarlo sin éxito, decide intercambiarlo por ella.

    —¿¡Por qué alguien elegiría a su pareja antes que a su propia hija!?— exclamó, incrédula solo por el hecho de pensarlo.

    —No es algo que nos deberíamos preguntar: lo importante es que en las infinitas alternativas del tiempo, la situación existe. Y lo que más quieres ahora mismo es salvar a tu hija, ¿verdad? Él es un policía, y el padre de tu hija. Estoy seguro de que consideraría un honor dar la vida por alguna de ustedes dos.

    El sólo pensarlo le provocaba náuseas, más intensas que el mareo de viajar por el tiempo y el espacio al antojo de aquella criatura. Pero tenía razón: se estaban quedando sin posibilidades. ¿Cuál sería la próxima solución, entrar por el techo? Y cada vez más aumentaban las probabilidades de que se tope con una de sus copias, arruinándolo todo. Si de verdad era la única alternativa…

    —¿Que tendríamos que hacer?

    .

    .

    .
    Si bien para Celebi no resultó ser más que un pequeño salto, el cuerpo de Carol apenas pudo soportar el viaje. Cayó de rodillas en medio de un callejón helado, nueve años hacia atrás. Al día en que le había dicho que estaba embarazada, y donde había empezado el quiebre en su relación.

    <Lo importante es que Frank esté en esa casa en el momento del ataque.>
    Necesitaba demorar el aviso. Su yo del pasado sabía que era una mala idea contárselo, pues Frank estaba pasando por problemas familiares, pero había decidido ser directa y decírselo con honestidad. A lo largo de los años se había preguntado qué hubiera pasado si se hubiera demorado un par de meses más en darle la noticia.

    Y ahora estaba por descubrirlo.

    Confiando en la palabra de Celebi de que era imposible que una persona fuera capaz de reconocerse casi diez años en el futuro, sino que lo recordaría como “alguien muy parecido”, entró sin rodeos en el pequeño restaurante y se sentó en una mesa alejada. Con la experiencia de los años, ahora notaba la tensión que había en esa reunión. Definitivamente había sido una estúpida al contárselo tan temprano. Pero también había aprendido otra cosa. Y es que el alcohol ayudaba a relajar la tensión social.

    Levantó una mano para llamar al camarero, sin armar mucho revuelo, y discretamente le pidió si podía regalarles una botella del mejor vino que tuvieran a su nombre, alegando que eran conocidos suyos y que “quería que tuvieran una buena velada”. Agradeció para sus adentros el hecho de que las cosas valían menos en el pasado; pero aun así la botella le costó una fortuna. Le entregó el dinero inmediatamente, y observó como éste se dirigía a la bodega.

    “Espero que disfruten esta botella. Una mujer en la otra mesa decidió invitarlos, dijo que eran conocidos suyos y que quería que pasaran una buena noche.”

    Los ojos de la apesadumbrada pareja se abrieron de sorpresa al escuchar las palabras de aquel camarero, y se voltearon inmediatamente a ver quién había sido el alma solidaria… pero no había nadie a la vista.

    Era como si aquella mujer hubiera desaparecido por arte de magia.
     
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    ------ 08 | (L) ------



    —¿Y bien? ¿Crees que ha funcionado?

    —Solo tenemos una forma de comprobarlo. Sígueme.

    Se encontraban otra vez en el callejón trasero de su casa. Luego de saltar nuevamente en el futuro, Celebi dejó que se recuperara de vuelta antes de obligarla a moverse. En teoría, si habían logrado saltar de línea temporal, todas sus antiguas copias deberían haberse quedado allí. Se deslizaron por el borde derecho de su terreno, hasta acercarse al seto que rodeaba la casa. Carol comprobó la hora: eran más de las nueve. Y efectivamente, ni ella ni Celebi se encontraban escondidos detrás de los arbustos.

    Lo habían logrado. Si tenían éxito, esta sería la última vez que deberían esperar. En silencio, dejaron pasar los minutos. Diez. Veinte… media hora. Pero el ladrón no apareció por ningún lado.

    —¿Qué está pasando, Celebi? —masculló, pero éste se llevó un dedo a los labios, en señal de silencio.

    En el interior de la casa, podía escucharse una discusión cada vez más acalorada.

    —¡Nunca te pedí que te quedaras conmigo!

    —¿Y qué querías que hiciera? ¿Qué dejara a una mujer de seis meses sola? ¡Esto es tu culpa!

    —¡No trates de echármelo todo a mí! Ninguno de los dos nos cuidamos ese día, ¡pero quizá no lo recuerdas porque estabas demasiado borracho para saber siquiera lo que hacías!

    Algo andaba mal. ¿Quizás habían alterado el pasado demasiado? ¿De verdad algo tan simple como una botella de vino podía cambiar tan drásticamente el futuro? Los gritos se hacían cada vez más fuertes, y terminaron con un último grito.

    <¡Ella jamás debería haber nacido!>
    Uno. Dos. Tres disparos retumbaron en el interior del lugar, y se hizo un silencio sepulcral. Los minutos pasaron, pero no se oía nada. Debatiéndose entre actuar o no, Carol finalmente se levantó.

    —Quiero saber qué pasó ahí adentro. Necesitamos conseguir toda la información que podamos, ¿verdad?

    Ante el silencio de Celebi, Carol se trepó sobre el seto y usó sus propias llaves para abrir la puerta, las cuales parecieron funcionar a la perfección. No había nadie en el comedor, ni en la cocina. Se dirigió a las habitaciones.

    Y deseó no haber entrado nunca en el cuarto de su hija.

    .

    .

    .​

    —Parece que las cosas salieron mal.

    Tres cuerpos. Y el que sujetaba el arma era él. No podía creer que estaba observando su propio cuerpo en el piso. Aquella Carol apenas respiraba, y Frank le había disparado en la cabeza a su hija antes de terminar con su vida. Tenían que salir de allí, escapar de esa pesadilla.

    —¿Qué vamos a hacer ahora?

    Celebi parecía sumamente consternado ante la situación. Sus ojos azulados pasaban del cuerpo de la mujer al de su hija, cada vez más asustados. Abrió y cerró la boca un par de veces, y finalmente habló.

    —Esto… es sólo una línea temporal. No es de donde vinimos originalmente. Pero empiezo a notar un patrón en lo que está sucediendo. Por ahora, necesitamos volver a nuestro punto original.


    Viajaron una vez más. Carol entró en el bar un rato antes que la última vez.

    Dejó caer sutilmente una nota en la mesa en la pareja.

    “No acepten tomar de la botella de vino”.

    Y sin decir ni una palabra, regresaron al futuro.​


    “No le hagas nada. Te daré lo que quieras.”

    Celebi y ella se encontraban tumbados en la terraza de su casa. Podían escuchar perfectamente la conversación desde ese lugar. Era la única forma de saber si habían regresado al lugar correcto.

    “Quédate quieta, ¿entendido?”

    Habían saltado casi diez veces ya, ¿y para qué? Después de tanto esfuerzo, sólo habían logrado volver al primer casillero.

    “Sólo dejalá tranq…”

    Y la alarma sonaba una vez más.​
     
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    ------ 09 | (F) ------



    —Quiero que me dejes sola por unas horas.

    Notó como Celebi la miraba con preocupación, en medio de aquella noche maldita. Realmente necesitaba un tiempo a solas, para pensar. La criatura suspiró una vez más, afligida ante la situación que había hecho pasar a su compañera.

    —Lo entiendo, volveré más tarde. Pero no puedes darte por vencida.

    ¿Acaso había alguna forma realmente de solucionar todo esto? Una vez más había dejado que su hija muriera, y comenzaba a sentirse asqueada por el hecho de que lentamente, parecía acostumbrarse a ello. Al igual que un médico se habituaba a ver la sangre, ella estaba volviéndose inmune al hecho de verla morir.

    Las posibilidades de arreglar aquel hecho eran cada vez más pequeñas. Ya no se trataba de su hija, sino de ella misma. ¿Seguiría intentándolo indefinidamente, hasta que alguno de los dos diera un paso en falso y tuviera que vivir con el arrepentimiento de haber estado tan cerca?

    ¿O borraría todo desde el comienzo, eliminando toda esta locura como si nunca hubiera sucedido? Celebi se lo había mencionado, había una forma de borrar hechos pasados, y era que él regresara por su propia línea temporal, por muy doloroso que fuera para él hacerlo.

    Pero él también había cometido errores. Y ella no se merecía cargar con todo eso por su culpa.

    La noche estrellada se proyectaba hermosamente sobre la ciudad. Caminó hacia la comisaría, con un vacío en el estómago y seca de lágrimas. Quería llorar por su hija. Quería extrañarla. No quería que su último recuerdo sea ella muriendo una y otra vez a lo lejos, siendo incapaz de salvarla.

    Se dirigió al baño de mujeres, a la primera vez que lo había encontrado. Al hecho inicial que había desencadenado ese bucle interminable. Y abrió la puerta, para encontrarse a aquella criatura esperándola.

    —Te estaba esperando, Ca-

    Los ojos de Celebi se abrieron de la sorpresa al encontrarse esa imagen. No la de una mujer devastada por un hecho trágico, sino la de alguien que ya había tenido suficiente. Sus manos se cerraron su pequeño cuello, tan frágil como el tallo de una flor. La criatura trató de zafarse, pero eso sólo lograba que lo apretara con más fuerza.

    —Por favor… no lo hagas…

    Pero tenía que hacerlo. Si lo mataba antes de que lograra enviarla al pasado por primera vez, crearía una de esas malditas paradojas de las que tanto hablaba. Lo obligaría a retroceder el tiempo, y sería como si nunca hubiera aparecido. Lo sujetó contra la pared. Celebi apenas podía respirar. Y entonces oyó una voz a sus espaldas. Su voz.

    —No vas a lograr nada con eso. No podré regresar en el tiempo si estoy muerto.

    Parecía más calmado que nunca, sin importarle de que estuviera a punto de matar a su yo del pasado. Carol lo miró consternada. ¿Por qué no estaba haciendo nada?

    —¿No te importa que esté a punto de matarte? —susurró, en un dejo de voz. Pero Celebi sonreía.

    —El tiempo se corregiría por su cuenta si decidieras matarme, al igual que lo hizo con el inhibidor de frecuencia. Pero sé que no lo harás porque yo sigo aquí. Ya sé que todo esto es difícil, pero tienes que entenderlo. Siempre estuve de tu lado, Carol.

    Aquella criatura nunca le había hecho nada malo. Sería matar a una criatura inocente. Una aterrada criatura de ojos azules iguales a los de su hija. Aflojó los dedos. Y aquel Celebi cayó al piso, tosiendo y sujetándose la garganta. Quiso alzarlo, pero en ese entonces oyó una voz del otro lado de la puerta.

    “¿Quieres que te ayude...?”

    “‎...estoy bien.”

    Logró entrar a toda velocidad a una de las casetas antes de que la puerta se abriera. Su Celebi estaba a su lado, con un dedo en los labios, escuchando. Y poco a poco, escuchando su conversación inicial con aquella criatura, comenzó a comprender.

    “Tuve un pequeño accidente mientras te esperaba…”
    …pero lo arreglaré más tarde.”
     
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    ------ 10 | (H) ------



    —¿Realmente es la última opción?— preguntó Carol. Diversas tonalidades de negro cubrían su cuerpo, dándole la impresión de que su cabeza estaba en el aire.

    —No se me ocurre nada más que hacer; pero tenemos toda la información que necesitamos—replicó, lanzándole un pasamontañas—. Deberás replicarlo a la perfección, y desviar el disparo.

    Aún tenía dos balas en aquel revólver, pero solo necesitaría una. No podía creer lo que estaba a punto de hacer. Pero si las noticias eran verdad, y los donantes de plasma escaseaban en el hospital infantil…

    —¿Crees que funcionará? ¿Será razón suficiente para que regrese?

    —Estaríamos saltando de línea temporal, por mucho que queramos evitarlo— replicó Celebi, reprimiendo un escalofrío por el solo hecho de pensarlo—. Pero ocurrirá luego del incidente, con lo cual estaremos en un terreno seguro.

    Carol se colocó el pasamontañas en la cabeza. Si lograba herirla de gravedad, necesitarían donantes de sangre con urgencia. Y si no los conseguían, su hija moriría y se repetiría la anomalía, obligándola a regresar al pasado de todas formas. Era un plan rebuscado. Complejo y sumamente sádico, pero parecía ser la única opción.

    Se encontraban en el callejón de atrás, junto al portón trasero. Repasó una vez más todo lo que había observado en sus numerosos saltos. Incluso aunque todo saliera a la perfección, su última copia terminaría…

    —No te preocupes, te esperaré allí y te sacaré antes que hagas nada. Muerto o no el “delincuente”, tú deberías seguir intentando salvar a Liz. No debería producir ningún estiramiento crucial en el tiempo.

    Revisó su reloj con minuciosidad. No podía cometer ningún error. Espero hasta que fuera la hora exacta. Y entonces abrió el portón con sus llaves. Se encaminó a zancadas por el jardín interior, y abrió la puerta del comedor de la misma forma.

    Y allí estaba ella. Sentada con los ojos cerrados. Esperando su postre de chocolate que jamás recibiría. Se miró a si misma regresando con los platos. Levantando las manos en alto, y pidiéndole que no haga nada. Levantó el arma con ambas manos y apuntó a su propia hija, tratando de que las manos no le temblaran.

    Se vio regresar con diversos objetos de valor y rogarle de vuelta. Pero todo estaba bajo en orden. Esta vez dejaría que la alarma sonara, y luego le dispararía a la altura del estómago. No en la cabeza.

    En cualquier momento, esa alarma sonaría. Sólo tenía que esperar un momento más, dejarla sonar y luego dispararía sin ningún inconveniente. Diez segundos. Veinte segundos…

    <Volveré en un momento… mamá está aquí, Lizzie.>
    Carol se quedó helada. Ella no recordaba haber dicho eso. El ladrón le había disparado a su hija en medio de una frase. ¿Qué diablos estaba pasando? ¿Acaso ya habían saltado de línea temporal, y la alarma jamás sonaría? Su copia retrocedió lentamente, sin realizar ningún movimiento brusco y en dirección a la habitación una vez más. Si se seguía demorando, Frank entraría en la casa y la detendría. O peor aún, le dispararía.

    Tenía que salir de allí. Hacer lo que había venido a hacer. Respiró hondo, apuntó hacia el estómago de su hija, y deslizó el dedo inconscientemente sobre el gatillo mientras miraba hacia un costado. Siguiendo aquella vieja instrucción que su pareja le había dado.

    Se suponía que el disparo tenía que sorprenderla.

    Pero aquel sonido estridente fue demasiado repentino.

    Los músculos de sus brazos se contrajeron involuntariamente…

    …desviando la mira del arma un milímetro hacia arriba.

    Hacia la cabeza de su hija.

    —No…— susurró a través del pasamontañas. Pero el grito de su copia fue mucho más fuerte.

    —¡Liz! ¡Lizzie!

    No daba crédito a sus ojos. El cuerpo entero comenzó a temblarle sin control, seguido de unas ganas irresistibles de vomitar. Esto no podía estar pasando. Solo había aterrizado en otra de aquellas líneas temporales erróneas, eso debía ser. Y necesitaba a Celebi para corregirlo una vez más.

    Corrió hacia el frente de la casa, mientras los cristales se rompían con sus propios disparos. Se desvió hacia la derecha cuando su propia pareja le ordenó que se detenga. Corrió por el jardín interior, alcanzando a ver por el rabillo del ojo a una mujer tumbada entre los arbustos, que desapareció instantáneamente, como por arte de magia.

    Abrió el portón trasero, cerrándolo para que Frank no la alcance, y se encontró cara a cara con ella misma. Su mirada sedienta de venganza, acompañada de otro Celebi a sus espaldas que la perseguía enfurecido. Esta empezaba a levantar su arma… ¿por qué su acompañante no estaba allí para rescatarla, como le había prometido?

    Y entonces lo comprendió. Levantó su arma a la vez, aquella arma con una sola bala restante. Apuntando a aquel Celebi, que se detuvo estático en el aire al percatarse de lo que estaba por suceder. Y disparó.

    <Click. Click.>
     
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    ------ 11 | (J) ------



    “¿En qué rayos estabas pensando?”

    “¡Me dijiste que era una buena idea!”

    Podía escuchar a lo lejos la acalorada discusión. Abrió un poco los ojos. Allí se encontraba ella, discutiendo con su Celebi. Pero se sentía demasiado cansada como para comprender nada de lo que estaban diciendo. Aún sujetaba el arma con su mano. Estaba segura de que había contado bien las balas. Entonces, ¿por qué? Lo sintió acercarse, y observó cómo su rostro quedaba estupefacto ante la sorpresa.

    “Voy a tener que sacarlo de aquí”

    “No hagas nada hasta que regrese”

    Celebi la sujetó. Y en un instante, habían desaparecido de allí. Su cuerpo aterrizó en una superficie muy cómoda. Pero el dolor de aquellos disparos en su pecho no disminuía en absoluto.

    —Estamos en tu habitación.

    El lugar estaba demasiado oscuro para ver algo, pero sus ojos lentamente comenzaron a acostumbrarse al entorno. Se arrastró hacia atrás en la cama, tratando de incorporarse y abrió los ojos.

    Y Celebi sonreía.

    —Pensé que ibas a sacarme de allí antes de que dispare —murmuró, sintiendo como la cama empezaba a humedecerse con su sangre.

    —No sé qué clase de arreglo habrás hecho en el futuro conmigo, Carol. Pero definitivamente yo no estaba allí cuando te disparaste a ti misma. Las cosas no tenían que terminar así, realmente…

    <Pero al menos mi trabajo ya está hecho.>
    No iba a salvarla, porque aquella criatura jamás interfería con el pasado, si no era a través de otros. Pero no había ganado nada. Trató de reír, pero eso sólo logró que escupiera un poco de sangre.

    —No has hecho una mierda. Lizzie sigue muerta. Le disparé por accidente. Igual que el ladrón lo hizo.

    —El hecho de que estés aquí cambia un poco las cosas, realmente.

    La expresión de Celebi se endureció un poco al ver la confusión de la mujer. Suspiró de vuelta, y su mirada cambió a una más serena. Más triste.

    —Ella no era la anomalía después de todo, sino tú. El hecho de que tú misma hayas entrado a tu casa contigo presente. Que tú le hayas disparado a tu propia hija. ¿No te das cuenta? Se supone que no debes encontrarte a ti misma en el pasado, sin embargo no fuiste capaz de reconocerte porque tenías el rostro cubierto. Comencé a sospecharlo cuando vi que el ladrón tenía tus llaves, y que parecía conocer el lugar como si fuera suyo. Tengo que admitir que voy a tener que hacer un buen trabajo convenciéndote de que seas tú la que la mate a fin de cuentas pero…

    Apretó los dientes con furia. Desde aquel momento, se había dado cuenta que era imposible salvar a Lizzie. Y aun así la había llevado al pasado, a observar aquel desenlace de pesadilla para despistarla y que finalmente siguiera su maquiavélico plan.

    Dos balas en el cristal, otras dos en ella misma, y una en la cabeza de su hija… pero el arma tenía seis. Su mano se cerró sobre su revólver. Apuntó con las pocas fuerzas que le quedaban y trató de dispararle, pero la última bala jamás salió. En su lugar, sólo oyó un pequeño chasquido.

    <Click. Click.>
    —No puedes matarme, Carol. Sólo puedes estirar la tela del tiempo hasta cierto punto, y matarme terminaría por romperla, ya que impediría que yo regrese para evitar la paradoja. No importa cómo lo intentes, el tiempo no puede dejar que muera. Es por eso que no pudiste matarme allí en los baños, ni en aquel callejón. Ni ahora.

    —Eres un monstruo—espetó, con la boca llena de sangre.

    —No, Carol. Tú eres el monstruo. Y yo lo sé mejor que nadie: porque desde el momento en que te conocí supe que cuando te dieras por vencida, tratarías de matarme. Mataste a tu propia hija, y luego a ti misma.

    <Al igual que Frank lo había hecho en aquella línea paralela.>
    Celebi se acercó, quitándole el revólver que era demasiado grande para su cuerpo, y lo levantó con esfuerzo en dirección a ella.

    —…pero si tan sólo hubieras decidido escucharme cuando te dije que te detuvieras y no dispares, las cosas no terminarían de esta forma. Habrías tenido que vivir con la culpa de haber matado a tu propia hija, pero al menos estarías viva.

    Aquella criatura la apuntó directo a la cabeza. Y con sólo observarlo, Carol supo que la bala esta vez sí saldría del arma. Porque ella no era más que una anomalía en el flujo del tiempo. Una amenaza que debía ser eliminada.

    —Siempre tan rebeldes y vengativos —suspiró—. A veces olvido que ustedes sólo son una especie…

    .

    .

    .

    …y que todos los humanos son iguales.
     
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    Maze

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    Aries
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    Vaya... wow. Esto me deja sin palabras. Y espero encontrarlas en algún lado en lo que avanza este comentario. Mientras trato de no dejar spoilers.

    El planteamiento es impecable. Tan impecable que casi se siente artificial, pero eso es sólo durante el primer capítulo porque rápidamente la historia evoluciona a un intenso thriller psicológico. Seguir a Carol por un angustiante viaje de doce pasajes en los que trataba de descubrir la anomalía fue una experiencia curiosa. Una parte de mí dudaba de Carol desde el principio (la mención a las llaves y otras pistas apuntaban en esa dirección) pero también estaba Frank, y empecé a vacilar en su dirección por la mentira de Celebi respecto a un hombre de mediana edad (y era poli, vaya, qué sus recursos debía tener). Y al final acaban siendo ambos... y la misma. Y la primera lectura me dejó con un nudo en la garganta.

    El ritmo de la segunda es bastante más curioso y, hasta cierto punto, creo que es un poco más clara sobre lo que quiere mostrar, sacrificando el orden cronológico para ir soltando las pistas de un modo más dinámico. Hubo un par de detalles que me quedaron más claros (por qué Celebi estaba ronco, la dinámica del matrimonio) en la versión alfabética. Y el final es un poco más satisfactorio al traer cierta sensación de logro (y está el hecho de que para este punto ya estábamos spoileados de quién mataba a Liz).

    No puedo decir que sintiera miedo porque... son una puta cebolla y una mujer, no intimidan mucho. Pero durante la primera lectura sí me despertó una creciente ansiedad conforme nos acercábamos al final, y durante la segunda, al ver las piezas encajar de otra manera, casi sentía que me estallaba la cabeza.

    Y Celebi, el pequeño hijo de puta me encantó en su forma de ser: un pequeño ente atemporal, regido por su propia moral, incorruptible en el cumplimiento de su deber y, al mismo tiempo, cuestionable desde una perspectiva exterior. Así es como imagino que sería un guardián dimensional que ha vivido por eras: desencantado, e incluso asqueado del género humano por lo que le ha tocado vivir, que manipula sin reparos a estos y, una vez confirmado su objetivo, lo elimina sin titubear. Cuando lo miras a distancia hay algo muy ominoso en torno a su figura.

    Me siento sinceramente humillado ante lo que acabo de leer. Creí que yo era el experimental aquí, pero ¿Cuántas veces te encuentras con una historia que puede leerse de dos formas distintas? ¿Cuántas en que sale bien? Fue un reto autoimpuesto soberbio y una ejecución a la altura. Imaginar que usarías las propias herramientas del foro para construir una narrativa a través de ellas... casi creo recordar que algo así habías mencionado.

    Empecé a leer con desgano y acabo gratamente sorprendido ante lo que me encuentro. Entiendo ahora tu prisa por subirlo, porque es en verdad un trabajo de primera.
     
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    ...

    Esto... esto me supera. No encuentro nada para seguir con este comentario... así que de momento dejaré un meme para tratar de recuperarme y seguir con esta vaina:
    [​IMG]

    Y este otro...
    [​IMG]

    Ok, creo que ya estoy mejor.

    La verdad es que tener un relato redondo, que se pueda leer de dos formas distintas, es algo que al menos en mi caso, poco he visto o tan bien ejecutado. Es brutal, claro que es experimental, pero la ejecución me pareció demasiado genial. No importa que digas que no quedó bien, que no está tan chido, la verdad es que si la competencia hubiera sido de thriller psicológico, esto le daba una patada en toda la cara al resto y se alzaba sin mayores problemas y sin discusión alguna.

    No es terror, pero el sentimiento de angustia, incertidumbre, y que te engancha a seguir y seguir leyendo sin importar qué hasta que lo terminas, siguiendo ese sentimiento de que algo anda mal pero no sabes exactamente qué es, porque las pistas ahí están y pero al mismo tiempo las sientes demasiado fuera de lugar/obvias y el mismo relato también te manipula de una manera de que te vayas a otra vertiente en vez de lo que pareciera más obvio o predecible.

    No sé si hayas leído el cómic ese raro que te pasé cuando estabas discutiendo la idea en el chat, pero este relato me recuerda mucho a eso, al menos esa sensación me dio cuando lo leí en el orden alfabético por segunda vez. El final cronológico es brutal, mientras que el final alfabético simplemente termina de arrasar con esa brutalidad para darte esa sensación de desesperanza... porque al final de cuentas todo es un loop, una anomalía, que para evitar que el flujo del tiempo sea desgarrado... tiene que seguir su curso siempre.

    Aunque quizás lo que no me quedó claro es cuando la otra Carol dice la frase que la Carol del presente no recordaba haber dicho. ¿Significa que dicha anomalía ocurre en diferentes líneas de tiempo y por eso es necesario tantos saltos hasta volver de nuevo al inicio? Y así dejar que todo siga su curso mientras la anomalía viaja con Celebi. Es macabro, es extraño y de cierta forma hasta sádico, aunque esos son conceptos que esa puta cebolla no conoce al parecer.

    Sí, justamente porque te gusta verla sufrir y estabas aburrido (?). Y Well... por la otra stuff también.

    Me quito el sombrero y me inclino ante este relato. Al principio ver los 12 caps me desanimó a leer en primera instancia, pero una vez empecé ya no pude parar. Dividirlo no solo hace que se aproveche mejor, también hace que los ojos descansen de leer entre capítulo y capítulo, contrario a si se hubiera posteado todo de una vez; hubiera perdido su esencia bien cabrón (y el fic original junto en sí son 9000 palabras so...)

    Simplemente sublime.

    Y mejor será que aproveche el momento para ir a comentar Embajadora, porque tuve que dejar un post semi preparado con quotes allá para poder hacer las quotes de aca y no andar con un desparramadero en conjunto.
     
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    Plushy

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    Esta es como la quinta vez que intento hacer un comentario del trabajo, ¿podré esta vez? ¿se atravesará otra mosquita que demande todo mi atención y hará que se me olvide comentar por días? Ya veremos :3

    Lo mejor de todo es que al ser un triller con tintes policiales y viajes en el tiempo de verdad (aprende, ave frutal D: ) es como... ¡yay, cosas de las que casi nunca leo y por lo tanto como que no tengo ni idea de qué comentar! owo

    Podré empezar que me sorprende y admiro un montón que para ser un trabajo de actividad sea tanto longfic como un debraye experimental, y más considerando que muchos por entregar casi a último momento tuvieron que truncar un poco su historia o por lo menos se nota ahí la presión de hacer algo condensado. Dunno, este es uno de esos trabajos que te esperas quizá cada mil años, en una temporada de lluvias donde los honguitos radioactivos del bosque crecen y se venden al por mayor y no como resultado de una actividad. Si bien a lo mejor la temática no era exactamente lo que se pedía o bien los elementos de la historia no concuerdan del todo con los puntos a evaluar de la rubrica y por eso sacó un puntaje bajo no significa que sea una mala historia ni mucho menos que en cuanto a construcción, trabajo y originalidad creo que fácilmente se lleva de calle a casi todos los trabajos participantes.

    Me encanta eso de ver a Celebi como una especie de Kyubey, un ser ajeno al sufrimiento humano pero que a la vez no es del todo frío ya que al menos queda en una especie de ambigüedad si es que recurre a la mentira como mero mecanismo para facilitar su trabajo o de cierto modo tiene un goce sadista en no hacer "rápido" su trabajo para que la persona sufra lentamente, lo aterrador es que simplemente no le importa porque para él entre humanos y rebanadas de pan no hay diferencia
    MIRA MAMÁ, PUEDO HACER UN COMENTARIO CON JOJOREFERENCIA!!
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    Recuerdo haberlo intentado leer en el orden del índice pero me costó bastante más trabajo así, lo que si capté es que, en efecto, de ese modo la historia termina con la anomalía ya que al menos en esa línea Carol muere... lo que de algún modo me hace preguntarme si es necesario que todas sus versiones mueran para corregir la paradoja lo cual hace bastante más cruel todo el asunto. No sé, es de esas cosas que no se ven tan creepys hasta que analiza de fondo, onda ver morir a alguien que quieres quizá hasta el punto de insensibilizarte es como *escalofrío*

    Y bueh, con el fic principal todavía me voy a tardar que tengo mil pendientes y últimamente la salud no ayuda, pero así pase el sexenio espero poder leer con gusto cualquier experimento raro que pase por la zona.
     
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