Horror Alma de cristal

Tema en 'Relatos' iniciado por D Fang, 24 Febrero 2019.

  1.  
    D Fang

    D Fang Entusiasta

    Sagitario
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    24 Septiembre 2013
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    Escritor
    Título:
    Alma de cristal
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1316
    Me quiero morir. Aquí y ahora, pero sé que al despertar habré cambiando de idea. Otra vez lloraré, no sé si de desesperación, miedo o tristeza. Sólo sé que lo haré. Me siento atrapado en una persona que yo mismo creé, inseguro de mostrarle mi frágil ser al mundo. Encerrado en la sonrisa que le regalo todos los días a mi madre, en los brazos que le extiendo a mi padre, incapaz de poder alcanzarlo, y en los “te amo” que nunca dije. Veo mis manos y ya no sé si son mías. Enjaulado con esta frustración y este odio irracional, con ganas de gritarle al mundo que pare, que se calle y, al mismo tiempo, pedirle que me acepte. No sé cómo suplicarle al tiempo que se detenga, que vaya tan rápido que no lo noté, que me devuelva mi vida, que me perdone por malgastarlo.
    Quiero llorar, acostarme y no pensar en nada. Quiero que mis pensamientos cesen por un instante, que mis miedos e inseguridades me den un respiro. Quiero dejar de pensar, quiero que mis demonios me consuman y me dejen descansar por fin. Quiero abrir los ojos y ya no ver a los deformes rostros sonreírme en la oscuridad.

    Me arrastro por la vida, soy un parásito sin remedio. Veo a todos lados y no hallo por donde andar. Alguien ayúdeme, no puedo más. Balbuceo cosas sin sentido, intentando encontrar las palabras de auxilio, pero al final sonrío y no digo nada. Estiro mi mano para alcanzar a los que avanzan por encima de mí, pero cuando estoy por alcanzarlos me detengo en seco. No puedo, no más.

    La vida me ha enterrado y cientos de miles han pasado sobre mí.

    La noche se acerca. Puedo sentir su suave andar tras de mí. Un escalofrío recorre mi espalda al oír sus macabros susurros. Siento su gélido aliento en mi nuca, recordándome que ahí está. El miedo me carcome y la duda nubla mi vista y me marea. Hoy dormiré y la ignoraré. Mañana me volveré sobre mi mismo y la recibiré con los brazos abiertos.



    Quiero salir. Quiero salir. Quiero salir. Quiero salir, pero no sé cómo. He olvidado como hablar, como caminar y como vivir. Saldré a la superficie y me sentiré sobrepasado por todo. Con miedo volveré a mi madriguera, mi pozo, mi abismo.

    Lloraré en la oscuridad de mi ser, abrazaré a mi alma y le diré que todo estará bien. La noche volverá pronto. Recordándome que nunca ganaré esta pelea. Intenta seducirme en la oscuridad, hacerme ceder. Intenta apagar la pequeña llama de esperanza que queda en mi ser con su fríos vientos. Mi alma gime en el piso, suplicando terminar con todo, la agarro entre mis brazos y la refugio en mí. Siento su llanto en mi pecho, me suplica piedad. Veo su mirada y está nublada, perdida. Me destroza, fragmenta mi voluntad, pero no me doblega.

    En mitad de la noche grita desesperada y lanza manotazos. Apenas y puedo contenerla, extiende sus brazos hacía la oscuridad y le berrea que se la lleve. Un sinfín de ojos y bocas surgen. Nos miran ansiosos, mirando a través de nosotros, y susurrando cosas que nadie debería oír. Sus lenguas nos rozan y nos bañan en un líquido color blanco, más frío que la muerte misma. Mi alma se desgarra la voz, rogando calma. El aire se me va y siento un vacío en el pecho. Mis pensamientos se nublan y mi cuerpo empieza a ceder. Aprieto con fuerza mis ojos y con desesperación me aferró a mi alma. Tarareo una vieja canción que cantaba de niño y lloro desesperado.

    No sé si han pasado horas o días, puede que incluso sólo minutos o segundos. Abro los ojos y no veo nada. Mi alma duerme tranquila en mis brazos. El líquido blanco se ha secado, convirtiéndose en un manto tan negro como el abismo. Apenas y puedo verme a mí y a mi alma. Aún no ha acabo la noche. Un sinfín de figuras encapuchadas, más negras que la misma oscuridad, empiezan a bailar a nuestro alrededor, haciendo círculos. Cantan algo que no logro entender, pero que me paraliza del miedo. Mi alma se estremece. En una fracción de segundo salta de mis brazos y corre desesperada a las figuras. Antes de darse cuenta cae de lleno y suelta un estruendoso grito de dolor que se hace oír por todas partes. Corro desesperado, incapaz de verla en la oscuridad. Las figuras encapuchadas se detienen y gritan con júbilo, descubriendo sus deformes rostros sin ojos y con enormes bocas. Chiflan y aplauden, excitadas, antes de emprender nuestra caza.

    Corro y corro desesperado, buscando a mi alma. Veo a los seres sin ojos, y de enormes bocas, correr como enfermos, buscándonos en el abismo. Mi alma llora estridentemente, atrayendo a esos monstruos. Corro tan rápido como puedo, siguiendo sus gimoteos, pero no soy el único. Un grito de dolor cruza el aire, alterando más a las criaturas y a mí. Desesperado y sin poder ver, empiezo a perder la poca calma que me queda. Empiezan el miedo, la desesperación y la desesperanza. De la nada empiezan a surgir otra vez los ojos y las bocas, viéndonos y sonriendo divertidos. Sus susurros, ahora gritos, resuenan en mi cabeza.

    Pronto el abismo se llena de una intensa luz blanca. Veo a lo lejos como los miles de ojos miran, morbosos, a los seres comerse mi alma, mientras las enormes bocas gritan obscenidades. Extiendo mi brazo, incapaz de poder ayudar. Las lágrimas inundan mi rostro. Mi cuerpo empieza a desmoronarse, mientras suplico algo de calma.

    Abro los ojos y no veo nada, salvo el abismo. Siento algo en mis brazos. Esperanzado bajo la vista, buscando a mi alma, pero en ellos esta mi padre. No como lo recuerdo, sino más calvo, y con una mirada muerta. Me mira y sonríe con malicia. Me dice que ya es hora. Agarra mi cuello entre sus gordas manos y lo aprieta, ahorcándome y riendo de una manera enfermiza. Me empieza a gritar lo basura e inútil que soy. Me echa en cara lo patética que es mi vida y lo mucho que odió ser mi padre. Sus podridos dientes se le empiezan a caer, mientras, de una manera espantosa, la piel se le empieza a desprender hasta convertirse en una enorme serpiente negra con mi cara. Me mira con sus rojos y enormes ojos, mientras susurra lo mucho que deseamos eso. Con lentitud empiezo a bajar la cabeza, sabiendo que pronto todo terminará. Por un instante siento paz.

    Abro los ojos y veo un sinfín de tétricas figuras a mi alrededor. Me miran pasmados, expectantes. El día está empezando. Toco mi pecho y puedo sentir que una parte de mi se ha quebrado, que una parte de mi ya perdió la pelea.

    Veo al suelo y veo a mi alma, fragmentada en miles de pedazos. Algunos con formas grotescas, intentando comerse a las demás partes, otras sin vida, ni expresión, tumbadas en el piso, viendo a los monstruos del abismo. Otros lloran y ríen, perdidos en su locura, sin saber que ya han cedido. Agarro la pequeña parte de mi alma que aún tiene vida y esperanza, siendo apenas un niño, y lo tomo entre mis brazos, dispuesto a intentar dejar atrás ese abismo sin fin.

    La noche ha acabado. Durante el día subiré hasta salir del abismo, con mi diminuto pedazo de alma y mis escasas fuerzas. En el trayecto mi alma se corromperá y se perderá en sí misma. A finales del día habremos dejado el abismo, pero la desesperanza y la incertidumbre nos harán caer al llegar la noche, incapaces de poder regresar a la vida.


    Los días son muy cortos y las noches son muy largas. Mi alma se ha roto miles de veces y no sé cuántas veces más podré intentarlo.
     
    Última edición: 25 Febrero 2019
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    Yáahl

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    Creo que solo hay una palabra para describir esto y es caótico.
    Me dejó un gusto agridulce, porque de alguna manera empezó de una forma que me gustó bastante pero, en determinado punto, se desvió hasta que pareció separarse del carácter introspectivo con el que inició.


    Esta frase fue una de las que más me gustó, a decir verdad.


    En este punto, ya hace rato nos habíamos desviado y esto adquirió tintes de delirio. Es como si fueran dos relatos distintos en uno solo y, a decir verdad, identificar el hilo que los mantiene conectados no es particularmente sencillo.
    Aún así, rescato esa frase que cito arriba y es que esa escena con su padre me recordó muchísimo a una escena de El Resplandor, que de hecho es una película (y libro) que me agrada mucho.

    A pesar de que tengo sentimientos encontrados, fue bueno leerte.
    Saludos.~
     
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    D Fang

    D Fang Entusiasta

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    Tienes algo de razón al decir que son dos relatos dintintos. Aunque si están relacionados, la transición es algo brusca. Lo sé. Pensé en publicarlos por separado, pero tras darle varias leídas, me encantó cómo quedó en conjunto.

    La primera parte es la más emocional y explícita, la segunda es, como dices, un delirio, una forma más de plasmar y describir la depresión, la ansiedad y el miedo. Y al mismo tiempo es una crítica a la sociedad, que a veces puede ser muy cruel.

    Gracias por leer, lo aprecio mucho.
     
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  1. Asdfghjklñ
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