Otro Acompañándonos

Tema en 'Relatos' iniciado por Ruki V, 1 Febrero 2020.

  1.  
    Ruki V

    Ruki V Usuario popular

    Piscis
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    1 Agosto 2012
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    Inventory:

    Escritora
    Título:
    Acompañándonos
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Amistad
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3209
    Hola, sólo quería añadir un dato curioso al escrito.
    Originalmente, mi intención era hacer un songfic más corto que esto, pero mi inspiración voló (?)
    Me iba a basar en la canción precisamente titulada "Acompañándonos" de Los Claxons.
    Así que dejo ahí el link a la canción por si la quieren escuchar (?)
    Perdonen si empiezan a leer esto y se aburren.

    La mayoría de la gente subestima mucho la importancia o el poder de las amistades que personas como yo hacemos a través del mágico medio de comunicación llamado internet.

    Entiendo en parte la preocupación de nuestros padres ante la posibilidad de que cualquier extraño con el que entablemos conversación en línea quiera secuestrarnos, pero a veces algunos padres necesitar confiar más en la inteligencia y en el sentido común de sus hijos. A veces no nos dan crédito. Deberían saber que no seremos niños pequeños para siempre.

    Soy Elizabeth, soy mexicana, tengo 18 años y mi mejor amiga vive al otro extremo del país.

    Cuando tenía 14 años, empecé a leer una serie de libros que inmediatamente lograron que me enamorara de la lectura: hasta el día de hoy, siguen siendo mis favoritos. Pero a mis amigas no les gustaba la lectura, y yo sabía que les aburría que les hablara de esos libros. Me entristecía no tener con quién hacerlo. Así que ellas me dieron la idea de buscar algún foro en internet en el cual hubiese más gente fanática de los mismos libros que quisieran hablar de ellos. Me emocionó la idea y decidí que no perdía nada con intentarlo.

    En mi búsqueda, encontré primero un sitio web en el que podía crear una cuenta para discutir todo tipo de libros con personas de todo el mundo. Cuando creé mi usuario, noté que en la página había toda una sección dedicada precisamente a esos libros que amaba tanto. Y había tantas publicaciones y comentarios en ellas: vaya que era mi oportunidad.

    Ya que entendí cómo funcionaba el sitio, hice mi primera publicación, un poco nerviosa.

    “Hola. Mi nombre es Lazi. Me regalaron la colección de los cuatro libros hace poco que cumplí años. He leído dos de ellos y me encantan, y me emocionó enterarme que habrá películas de cada uno. Pero no tengo con quién hablar de la trama o de los personajes, y de verdad me gustaría muchísimo escuchar otras opiniones (¡¡NO SPOILERS, por favor!!).”

    Casi se me olvidan dos consejos importantes que me habían dado mis amigas: el primero era que no utilizara ni siquiera mi nombre real como nombre de usuario, y el segundo era que no utilizara ni comentara mi verdadera edad. También decidí escoger un avatar pre-determinado del sitio web en lugar de utilizar una foto mía. “Si no necesitan saber cómo me llamo ni qué edad tengo, tampoco cómo me veo” intuí basada en los otros consejos.

    Decidí ver algunos videos musicales que adoraba mientras esperaba una respuesta. No tuve que esperar mucho: a eso de los 15 minutos, me llegó una notificación del sitio web. Un usuario de nombre “Tinker” hizo un comentario en mi publicación, y decía algo como…

    “¡Hola! ¡Yo acabo de empezar a leer el tercer libro! He leído literalmente sólo el primer capítulo y muero de ganas por leer más, pero no he tenido mucho tiempo. Y de hecho yo tampoco tengo nadie con quién hablar de la serie; nadie fuera de este foro, al menos. Te envié un mensaje privado :D únete a mí y otras amigas a la conversación <3.”

    Que escribiera “otras amigas” me hizo suponer que quien comentó también era una chica. Esperaba que fuera el caso: los libros que me gustaban se centraban en la fantasía, no precisamente en el romance, pero sí había romance involucrado, y era algo de lo que quería hablar preferentemente con otra u otras chicas porque es bastante fácil adivinar que a los chicos no les interesa muchísimo ese aspecto secundario de la historia.

    Abrí el mensaje que Tinker me envió y pude ver que me saludaba de nuevo y adjuntaba un link hacia un chat grupal donde ella y otras cuatro chicas solían hablar, ya que el sitio web no manejaba chats grupales. Dudé al principio: también se me ha dicho muchas veces que no de clic a cualquier link que me envíen en línea, y se me ocurrió decírselo tal cual era.

    “Te prometo, por el deseo de que el médico brujo nunca vuelva, que no es un virus.”

    Me reí, y luego solo dudé por apenas otro segundo antes de dar clic el link. Aquel era un detalle muy específico como para que alguien al azar tratara de usarlo como carnada; el médico brujo había sido un espantoso personaje de un solo capítulo casi al final del capítulo dos. El link me llevó precisamente un chat externo al sitio web en el que aparecían el nombre de Tinker y de cuatro usuarios más: Aurdal, Nealib, Ranve y Kirnist.

    Siendo un sábado después de comer, sola en casa, sin tareas ni pendientes, hable con esas chicas por horas. Empezamos hablando de los libros, y luego hablamos de nosotras.

    Tinker dijo que tenía 16 años y vivía en el mismo país que yo (México), pero al sur. Kirnist dijo que tenía 13 años y que vivía en Estados Unidos, pero tenía raíces latinas. Ranve dijo vivir en el mismo país pero en otro estado, y tener 15 años. Nealib escogió no decirnos en dónde vivía, a pesar de que no estuviéramos dando direcciones exactas, pero si nos dijo que tenía 17 años. Finalmente, Aurdal no quiso revelarnos ninguna de las dos cosas.

    No fue lo único de lo que hablamos, pero llamó mi atención que todas fuéramos de distinta edad, aunque todas adolescentes, y que tuviéramos muchas cosas en común (además de gustos literarios similares) a pesar de además vivir en lugares muy diferentes. Incluyendo a Aurdal, tomando un rol discreto: diría que en sus mensajes ciertamente se le leía como miembro del grupo, fuese menor que la más chica o mayor que todas nosotras.

    Al día siguiente era domingo y lo pasaba con mis padres, por lo que no tuve oportunidad de volver a hablar con ellas hasta el lunes, después de hacer mis tareas. Durante los siguientes días, las estuve conociendo mejor. Hablábamos de nuestras familias, nuestras escuelas, nuestras otras amistades, entre muchas otras cosas. No las sentía muy distintas a las amigas a las que podía ver en persona; hasta teníamos más gustos en común.

    Un mes después, el chat lentamente se fue haciendo más inactivo. Empezamos a suponer que Aurdal posiblemente ya era universitaria o incluso graduada, pues fue quien más se empezó a ocupar y a ausentar. La siguiente fue Kirnist, quien alcanzó a confesarnos que sus padres la descubrieron hablando con gente en internet y les parecía completamente inaceptable. Después fue Nealib, de quién no hubo motivos ni despedidas formalizadas.

    Medio año después, Ranve, Tinker y yo manteníamos el chat grupal activo casi a diario. Un día, a Ranve se le ocurrió que probablemente después de tanto tiempo no tenía nada de malo que reveláramos nuestro primer nombre: era un tanto insignificante, no era como si exponiendo eso y no nuestros apellidos estuviéramos haciendo fácil secuestrarnos una a la otra. A Tinker y a mí nos pareció un tanto lógico, así que decidimos aceptar hacerlo.

    Ranve en realidad se llama Gabriela, y Tinker en realidad se llama María.

    Al hacerse más pequeño el grupo, Gabriela, María y yo llegamos a hablar de cosas un poco menos triviales que nuestros libros favoritos y lo que sucedía en nuestro salón de clases. Empezando por mí misma, llegué a preguntarles a las chicas si ellas nunca se habían sentido en lo más mínimo atraídas por otras chicas: porque yo empezaba a pensar que me atraían igual que me atraían los chicos, y pensaba que eso no era posible, o correcto. Ambas me dijeron que quién me atrajera no debía preocuparme a mí, ni a nadie más. Gabriela incluso dijo que ella ha tenido pensamientos similares a los míos, y me hizo sentir mejor.

    Gabriela, también, eventualmente nos confesó que creía sufrir depresión, pero que sus padres descartaban la idea escudándose con el hecho de que era muy joven para saber lo que eso era; muy joven para tener motivos reales para deprimirse. Otra excusa era que no podía ser porque la querían mucho, le daban de todo, pasaban mucho tiempo con ella. María le repitió una y otra vez que insistiera: si no serían sus padres, otro familiar o algún profesor tenía que darse cuenta de que necesitaba ayuda y harían todo lo posible por dársela.

    María nos dijo que nos consideraba a nosotras dos sus únicas verdaderas amigas. Que en la escuela sostenía amistades bastante superficiales donde no tenía prácticamente en común con nadie y que no hablaba mucho con nadie de algo que no fuera la escuela. Yo le dije que no era la única, y que su vida social en la escuela en esos momentos no definiría el resto de su vida. Y que siempre recordara que si habíamos permanecido unidas tantos meses procuraríamos seguir así, quizás hasta por años si nos lo proponíamos. ¿Por qué no?

    Al principio, me sorprendí un poco de darme cuenta de que, de algún modo, las tres nos sentíamos un poco solas, a pesar de tener a nuestras familias, y de tenernos una a la otra.

    Pero la verdad es que… la idea de tenerlas cerca… Tenerlas cerca me haría feliz” nos dijo Gabriela una vez. Y el sentimiento era más que mutuo. Las tres nos queríamos mucho.

    Otro par de meses de charla en línea después, Gabriela nos contó que había encontrado “nueva vida”, una inmensa felicidad, al enamorarse de otra chica que había conocido en un sitio web distinto, en el cual charlaron por videollamada. A pesar de que acababa de conocerla, estaba más que flechada, y a mí me pareció un tanto extraño de lo fácil que se encariñó de alguien de internet, considerando que incluso yo tenía mis dudas sobre la maravillosa amistad que entablé con ella y con María antes de que comenzara.

    Me atreví a opinar al respecto, pero Gabriela decidió hacer menos mis consejos. Tampoco iba a obligarla a bajar de su nube; no era como si estuviera planeando visitarla (para variar no vivían ni siquiera en el mismo país) ni pedirle que la visitara a ella. Estaba grandecita y podía cuidarse sola. María me envió un mensaje privado en el foro de lectura (cosa que no había hecho desde que me mandó el link para unirme al chat grupal, y me pareció un poco extraño) para decirme que ella tampoco pensaba intervenir mucho en aquello que ni era todavía una relación y ya nos preocupaba sin motivo. Probablemente estábamos siendo exageradas, como nuestros padres (ugh).

    Con el paso de las semanas, empezamos a perder a Gabriela también. Y el motivo era su nuevo ciber-enamoramiento; ni siquiera ciber-noviazgo. Y en cuanto hice una pequeña broma al respecto, después de mucho tiempo de ni siquiera tocar el tema, se exaltó. No quería que me entrometiera en sus asuntos, siendo que simplemente extrañaba a mi amiga. Tuvimos una pequeña discusión al respecto, ahí mismo en el chat grupal.

    Entonces, María me mandó otro mensaje privado en el foro de lectura.



    “hey, que tal si mejor paras?”

    “a qué te refieres, M?”

    “se estaba alejando de nosotras, bueno… yo ya estaba asimilándolo…”

    “pero yo no quiero que se aleje así como así”

    “y yo no quiero que te alejes tu también, Liza”

    “yo no voy a alejarme, M, yo te quiero mucho”

    “y yo a ti, también a Gabi, tanto como tú, pero ella tiene otras prioridades…”


    Una amiga mía que vivía en la misma calle que yo, con la que hablaba poco pero adoraba, me platicó una vez un problema similar que tuvo con sus amigas de la secundaria, no mucho antes de tener esta conversación con María. Aquella vecina tenía un grupo más grande de amigas, las cuáles se querían mucho entre ellas, y de pronto una de ellas se hizo de novio y daba más importancia a salir con él a la primera oportunidad, por encima de salir con ellas incluso cuando habían acordado ir a algún lado desde mucho tiempo antes.

    En lo personal, desde ese momento lo tenía claro: si un día tuviese novio (o novia), nunca dejaría plantadas o abandonadas a mis amigas por irme a noviar a otro lado. Porque no querría que me hicieran lo mismo, y ahora estaba sucediendo casi justo eso con Gabriela.

    Pero además estaba olvidando algo: por encima de lo que yo sintiera, estaba María. Ahí estaba yo, peleando por que Gabriela se mantuviera en el grupo, en un descuido haciendo pensar a María que necesitaba que así fuera. Haciéndola preguntarse si su amistad no me era suficiente… o eso era lo que me daban a entender sus mensajes; era casi imposible a veces descifrar sentimientos a través de solo letras, sin tonos de voz ni expresión facial. Pero si mi intuición era al menos algo correcta, sabía lo que le debía de contestar.



    “… te doy la razón, M”

    “de verdad? entonces, te rindes?”

    “bueno, antes de cerrar ese chat probablemente para siempre, despidámonos”


    Y lo hicimos. Durante el tiempo que habíamos estado discutiendo Gabriela y yo, no había notado lo callada que estaba María; probablemente abrumada por la pelea, o mejor dicho viéndola como caso perdido. Y al regresar a encontrarnos con reclamos de Gabriela sobre como no le respondíamos nada, antes de que yo empezara a responderle furiosa por la ironía de que reclamara justo eso, María mandó los primeros mensajes; explicando que podía ir por ahí y decir que nosotras éramos las egoístas si quería, pero no era tanto que no pudiéramos compartir su atención con su “crush”, sino que sentíamos que teníamos que competir por ella y la amistad no se trata de eso. Después, decidí añadirle que ambas le deseábamos la mejor de las suertes y la mayor felicidad del mundo. Y le recordé que la queríamos mucho. Luego de eso último, apareció el indicador de que Gabriela estaba escribiendo y de que María había cerrado el chat. Decidí no esperar más de Gabriela.

    Pensé en las palabras de María y razoné que también podía llamarnos infantiles si quería, pero inmediatamente sugerí que bloqueáramos sus posibles mensajes privados del foro de lectura, por nuestra propia salud mental. María y yo empezamos a cambiar de tema, tratando de pretender que todo estaba bien, pero fue bastante extraño por un tiempo. Hasta que nos dimos cuenta de que aquello no podía para nada ser el fin del mundo.

    De hecho, en la primavera de ese año yo cumplía 15 años, y estaba muy emocionada porque no tendría la típica gran fiesta que la mayoría de las chicas mexicanas añoran. Ya llevaba más de un año planeando un viaje para el verano, a la playa, con mis amigas de la secundaria. Lo que no sabía era que ese viaje iba a hacerse muchísimo más interesante.

    Pasado otro mes más de amistad en línea, María y yo llegamos a la conclusión de que deberíamos tener una videollamada y comprobar que no éramos hombres de cuarenta años esperando meses para tratar de secuestrarnos mutuamente. Aproveché que mis padres no estaban en casa y hablamos por horas. Y en la plática, nos dimos cuenta de que nunca habíamos especificado en qué estado vivíamos, lo cual decidimos aclarar porque pensamos que no era nada importante. Y cuando me dijo que vivía en Quintana Roo, hogar de las playas más visitadas de México, me quedé muda y sonreí. Traté de no ser muy obvia, preguntando cosas como si le gustaba ir a la playa, si le molestaba tanto turista, si el clima era agradable, entre otras cosas. Empecé a considerar la posibilidad…

    Cuando cumplí 15 años, le dije mi apellido, ella me dijo el suyo, y nos agregamos a Facebook. Poco tiempo después se cumplió un año desde la primera vez que hablamos y para entonces ya nos conocíamos casi a la perfección (o lo mucho que creerías poder conocer a una persona cuando tienes entre 15 y 17 años). La cosa es que llegué a la conclusión de que quería poner un plan en marcha pero no me adelantaría en lo absoluto.

    Dejé pasar el tiempo hasta que faltaba un mes para el viaje y le conté todo a María.



    “Si vives cerca de Cancún, déjame ir a visitarte, o ve al hotel en el que me voy a quedar.”

    “¿Qué?”

    “Voy a Cancún en un mes y quiero verte, M.”

    “¿Hablas totalmente en serio, Liza?

    “Si eres tan amable de decirme tu dirección, o un punto en el que encontrarnos…”

    “:0”

    “O si estás dispuesta a pagar un día en el hotel en donde me quedaré…”

    “¡NO ME TOMES EL PELO!”

    “¡TE PROMETO POR EL DESEO DE QUE EL MÉDICO BRUJO NUNCA VUELVA QUE ES SERIO!”

    “¡¡ELIZABETH NO TIENES IDEA DE LO FELIZ QUE ME HARÍA VERTE!!”

    “Me agrada tu entusiasmo, María <3”

    “…Probablemente lo lógico y justo sería acordar un punto medio.”

    “Ah, para comprobar que no somos violadores disfrazados de niñas.”

    “JAJAJAJAJA TE QUIERO MUCHÍSIMO, LIZA.”

    “Y yo a ti, M. Ahora, el nombre del hotel…”


    Esperé ansiosa hasta que llegó el día de ir al aeropuerto, subir al avión, llegar a Cancún, desempacar en el hotel, tener que pasar el resto de ese primer día en el hotel (lo que no fue toda una tortura, obviamente) hasta que finalmente fui acompañada por el resto de mi grupo al lugar acordado y tuve frente a mí a mi mejor amiga. Corrí hacia ella y nos abrazamos como si estuviéramos en una película super cursi y pasamos todo el día juntas.

    Hoy en día tengo 18 años, ella tiene 20, y ambas estamos trabajando y ahorrando dinero y esperando la primera oportunidad para volver a vernos; ya sea que ella me visite o yo vuelva a visitarla a ella. Nuestra amistad ha perdurado, siendo dulce y llena de cariño desde el principio, y lo único que me alegra el día más que hablar con ella es pensar en verla de nuevo. En abrazarla el doble de fuerte que esa primera vez en compensación a todas las veces que necesitó mi abrazo o necesité el suyo y no podíamos dárnoslo.

    Todo lo que quería dar a entender con mi historia es que las amistades hechas en internet pueden ser tanto o más bellas que las amistades forjadas a la antigua; que se puede tener afinidad con personas que viven a kilómetros de distancia; y que los padres deben de cuidar de sus hijos y al mismo tiempo confiar en ellos, darles crédito, y quererlos mucho.
     
    Última edición: 14 Agosto 2021
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    Escritora
    Awwwwww esta historia me ha pegado fuerte I'm crying, pero qué hermoso todo. Creo que hoy en día gracias a los foros, a las redes y a los juegos en línea hay miles de personas que se sienten identificadas con Liza, yo entre ellas (?) Desde que tenemos la posibilidad de comunicarnos con personas de todo el mundo nuestro círculo de amistades se expande y nos es mucho más sencillo encontrar personas con las que tienes una afinidad especial, de esas que suele costar encontrar en tu círculo cercano. Y claro que también existen muchas otras amistades que se van alejando, como fue el caso de las amigas de Elizabeth, y temes perder el contacto con los que aún permanecen contigo y aahssjsdskk, is this me?

    Me gustó mucho por lo real de la historia, por cómo consigues que empaticemos con la prota, quizás porque nos vemos algunos reflejados en ella. Eso de que los padres no vean bien comunicarse con gente que no conoces, jajajaja. Pero ver cómo ambas chicas hacen todo lo posible porque su relación se conserve con los años, hasta tal punto que al fin dan el paso de verse en persona, fue hermoso <3

    Y amé este último párrafo, qué decir. Cerraste con broche de oro esta linda historia, Ruki.

    ¡No dejes de escribir! >u<
     
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