A la luz del atardecer ( universo alterno)

Tema en 'Fanfics Abandonados de Inuyasha Ranma y Rinne' iniciado por Sahora, 17 Septiembre 2007.

  1.  
    Sahora

    Sahora Guest

    Título:
    A la luz del atardecer ( universo alterno)
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    2201
    A la luz del atardecer ( universo alterno)

    Luego de una vida llena de desgracias e hipocrecias, Kagome encontro al chico que hizo que su vida valiera la pena, pero como todo lo bueno, acabo rapidamente. Ahora solo le queda la duda de como vivir de nuevo, con el recuerdo de ese dulce sueño? InuxKag




    Hola chicos, pos hace mucho q no andaba por aca, tanto q mi cuenta vieja no abre... :P Para losq se acuerden( que dudo q sean muchos) yo era Chii Tomoyo, este fic es mio, lo habia publicado antes, pero por ciertos motivos( mas q todo moderacion) me cerraron el fic, pero ya lo edite, y queria compartirlo con ustedes de nuevo... espero que les guste, y que me digan si quieren q lo siga o no...

    Besos!

    Cap1: A la luz del atardecer

    El viento mecía suavemente sus cabellos, mientras que el automóvil avanzaba rápidamente por esa hermosa carretera que conducía a las afueras de la ciudad, rodeada de árboles y naturaleza. Llevaban ya seis horas de camino, pero para Kagome, solo había sido muy poco tiempo. Estaba feliz de poder escapar de los estereotipos de la ciudad, de las personas analizadoras y entrometidas, de su trabajo tan tedioso y aburrido, del cual la habían despedido solo días antes, y viajar con su mejor amiga de la infancia, la dulce y extrovertida Sango, una joven con un carácter fuerte que le permitía ponerse a la altura de un hombre en una pelea, que no le tenia miedo a nada y odiaba pensar que en algún momento pudiera ser el reflejo de su madre: una mujer sumisa, pulcra, que creía que el lugar de una mujer era estar en la casa sin decir una palabra, obediente.
    Esta era el ejemplo de Kagome. Siempre la había defendido, reprochándole su poca fuerza de voluntad, confianza en si misma y su complejo de inferioridad y fealdad.
    Se dirigían a una pequeña posada en medio del bosque, que parecía olvidado por el resto de la civilización. Sus anchos campos lo convertían en un lugar increíble, donde se podía ser diferente, escapar a la realidad.
    Sango había visitado la casa una vez, cuando, fugada con su novio, se habían perdido y llegaron ahí.
    Tardaron casi 2 horas más en llegar, pero el viaje valió la pena. Era un lugar que solo en nuestros sueños podríamos imaginarlo: los verdes prados, teñidos de colores por las pequeñas flores silvestres, se mecían lentamente con la brisa calida de la tarde. Al fondo, los grandes pinos contrarrestaban con un monte cubierto en su punta de nieve, y el cielo azul violeta de la tarde que cae, con reflejos naranja de un increíble ocaso. Y en medio de todo eso, la casa, grande y fuerte, con sus ventanales adornados con contraventanas color café, y su pequeña chimenea emitiendo un débil humo….
    Kagome estaba sumida en una paz interior que había brotado de pronto en ella. De repente, todo lo que le había preocupado hasta ahora, le pareció sin sentido, y se dejo llevar…
    En ese momento, apareció en el horizonte un joven a caballo. Venia a paso lento, con su cabellera movido ligeramente por el viento, su piel bronceada brillaba con los últimos destellos del día, y esos ojos ámbar… combinados con ese cabello plateado que traviesamente le ocultaba por momentos ese rostro serio y orgulloso que tenía. Las miro fijamente, y sin decir una palabra, entro en la casa, dejándoles a las chicas, una sensación de asombro absoluto… les tomo unos segundos recuperarse, y luego de compartir unas cuantas impresiones, se acercaron al vestíbulo, donde una anciana con cara amable les sonrió detrás de sus gafas gruesas.
    bienvenidas a la posada de Kaede!- les dijo alegremente- me complace mucho tenerlas aquí… en que les puedo ayudar?
    -quisiéramos 2 habitaciones por favor-le dijo Sango con alegría, la anciana era muy amigable.
    Disculpe la pregunta señora…- le dijo Kagome entonces, roja como un tomate- quien era el joven que acaba de entrar?
    Ah…- le respondió con una cara picara- ese es mi sobrino Shesshoumaru, el mayor de los que habitan aquí. Es muy serio, no le gusta hablar mucho. Porque?
    No por nada!- respondió esta mas roja aun.
    Puede decirnos donde están nuestras habitaciones?- tercio Sango, al ver que Kagome casi se desmayaba de la vergüenza.
    Claro, síganme.-
    Y diciendo esto, las llevo por el pasillo que se dirigía a las habitaciones de la planta alta. Las paredes, de roble barnizado, estaban adornadas con retratos familiares. En uno de ellos, una hermosa mujer, junto a un hombre de cabellos plateados, sostenía a un bebe y a un niño enfadado que habían heredado los rasgos de su padre.
    -es mi hija, con su esposo Inutashio- le dijo Kaede, que había notado como le llamaba la atención el retrato a la chica- ellos son shesshoumaru, el mayor, e Inuyasha, el pequeño.
    -viven con usted?- le pregunto Sango fijándose en el retrato
    -OH, no!- respondió con ligereza-ellos murieron en un accidente hace mucho tiempo, cuando Inuyasha y Shesshoumaru eran solo unos niños. Ellos viven conmigo, así como el hijo del mejor amigo de Inutashio, el cual también quedo huérfano por ese accidente, sus padres acompañaban a mi hija.- se notaba como le costaba hablar de eso a pesar que había pasado mucho tiempo, por la edad que podían calcularle a Shesshoumaru.
    Les enseño a cada una su habitación, y luego de que les hubo informado el horario de comidas, y deseado una feliz estancia, se quedaron solas.
    Luego de instalarse, Kagome decidió ir a ver como era la habitación de Sango.
    Su habitación estaba al final del pasillo, ya que era el ático, y debía bajar las escaleras para poder llegar al rellano donde estaba la habitación de su amiga.
    En el momento en que llegaba al final de la escalera, su tacón resbalo y solamente pudo dar un grito al ver como el suelo se le aproximaba, mas en ese momento, unos brazos fuertes la sostuvieron por la cintura, y ágilmente le dieron vuelta, quedando frente a frente con unos abrazantes ojos ámbar, y paralizada por el contacto de esos fuertes brazos que la acunaban como a una niña, haciéndola sentir realmente indefensa….
    -deberías tener mas cuidado- le dijo suavemente, pero con voz potente el joven
    -s..si- fue lo único que logro decir Kagome
    En ese momento, la voz de otro joven le llamo la atención
    -Inuyasha, aquí estas! Al fin te encuentro- en ese momento, apareció un joven que venia del vestíbulo. Era muy guapo, su cabello negro, recogido en una pequeña cola, sus ojos cafés que destellaban de picardía, su sonrisa hechizante y su cara perfilada y fina lo hacían ver muy bien- quien es esta joven?
    -no tengo la menor idea- respondió este mirándola fijamente- es una huésped nueva.
    -permítame presentarme- le dijo entonces tomándola de la mano y besándosela suavemente mientras le sonreía- mi nombre es Miroku, vivo en esta humilde casa. Puedo preguntar tu nombre bella dama?
    -eh… Mi nombre es Kagome- respondió ella mirándolo sorprendida, ya que nunca la habían tratado así.
    -este es mi amigo Inuyasha- le dijo entonces señalando a su salvador- lo que pasa es que no le gusta presentarse el mismo, es tímido- le dijo cerrando un ojo.
    -Inuyasha-repitió ella mirándolo fijamente.
    En ese momento, apareció Sango detrás de ella. Miro a Inuyasha, que estaba cerca de Kagome, y a Miroku, que sostenía todavía su mano.
    -Kagome que ocurre?
    -Sango! No vas a creerlo, soy tan torpe!- le dijo, contándole lo que había pasado, para agregar al final:
    -si no hubiera sido por el joven Inuyasha, no se que me habría pasado- y le sonrió agradecida.
    El la miro fijamente, y luego de un momento dijo:
    vamonos Miroku- y se perdió por la escalera.
    Discúlpenlo señoritas, ese es su carácter. Por cierto- dijo tomándole la mano a Sango- mi nombre es Miroku, si algún día se les ofrece algo, con gusto estaré para servirles. Señorita Sango, señorita Kagome….
    Les dijo cerrándoles un ojo y siguió los pasos de Inuyasha.
    Las chicas solo pudieron mirarse, para luego irse apresuradamente a la habitación de Sango, emocionadas.
    Esa mujer lo había dejado impresionado. Esa sonrisa, surgida de la inocencia, le había parecido la cosa más hermosa que había visto en su vida. Su perfume le pareció exquisito, su piel lechosa le provoco antojo de probarla, y esos ojos asustados le produjeron un sentimiento de protección que solo había sentido una vez. Eran muy parecidas físicamente, tal vez por eso lo había inquietado tanto.
    Nada lo hacia sentir mejor que caminar por los solitarios prados de noche, la paz que emanaba siempre.
    Miroku se sentó junto ha el, mirándolo de reojo, y suspirando le dijo:
    -notaste su parecido verdad?
    -si…-respondió este cerrando los ojos y apoyando la cabeza al árbol en el que se había sentado.
    Había pasado tanto tiempo y todavía sentía que era ayer cuando, en el instituto, conoció a esa joven. Su largo cabello azabache, sus ojos tristes y misteriosos, ocultos bajo esa mirada de indiferencia, su piel blanca como la nieve… era una de las chicas más populares, aunque no hablara con nadie.
    Como olvidar la tarde en que se conocieron? Estaban en el rellano el y Miroku, cuando la vieron venir. Era hermosa, pero muy tímida. No miraba a nadie a los ojos, y rehuia de la gente. Paso velozmente al lado de los jóvenes, pero al pisar el segundo escalón, su cuerpo involuntariamente fallo, y estuvo a punto de rodar por ellas, de no ser por la rápida acción de Inuyasha, quien la sostuvo en el aire, quedando sus rostros a escasos centímetros. Desde ese momento, el se convirtió en su amigo y protector, y tiempo después, en su pareja. Misteriosamente, un día la joven desapareció, dejándolo sumido en una desesperación profunda. Poco tiempo después, le informaron que Kikyo, su joven prometida, había muerto de un extraño padecimiento, y que le dejaba dicho que buscara la felicidad que ella no podía darle.
    -Kikyo…- suspiro involuntariamente. Que coincidencias de la vida. Una mujer realmente parecida ala que fue una vez su amor, con un encuentro exactamente igual al que tuvo esa vez, y ese perfume, el mismo que había aspirado una vez entre las sabanas de su cama, habían aparecido en su vida, volteándola esta de cabeza.
    -No es Kikyo, Inuyasha- redijo Miroku, e Inuyasha se percato que este lo había oído.
    -ya lo se… - en ese momento escucharon risas, y al voltear al prado, pudieron ver, como dos angeles juguetones, a las chicas que corrían como pequeñas niñas por entre las flores. La luz de la luna llena de reflejaba en sus ojos, y por un momento, los dos jóvenes quedaron deslumbrados con su belleza.
    Las chicas se percataron que eran observadas, y decidieron unirse, por cuenta propia, a los chicos, entablar amistad, con ellos, y porque no, divertirse un poco.
    -hola!- dijo Sango con las mejillas enrojecidas. Kagome miro a Inuyasha, pero cuando este le devolvió la mirada, aparto la suya con rapidez, divirtiendo al muchacho. No eran tan parecidas como el pensaba.
    -gustan sentarse con nosotros?- pregunto Miroku mirando fijamente a Sango. Por algún motivo, le había llamado increíblemente la atención esa independencia suya. Inuyasha se movió un poco para que las chicas se sentaran, y luego de diez minutos, se entendían perfectamente. Miradas iban y miradas venían, por parte de Miruku hacia Sango, por parte de Inuyasha hacia Kagome, y las chicas se miraban entre ellas, encantadas de esto. De repente, Una sombra detrás de ellos les dijo en tono de burla:
    -así que mi hermanito y su amigo encontraron nuevos juguetes no?
    Al voltear, se percataron de que Shesshoumaru los miraba, y que, con toda intención, había pronunciado esas palabras.
    Sango y Kagome se miraron. Otra diversión había dicho?
    -a que aspiran ahora? Una semana? Cuanto apostaron? A quien enredaran entre sus sabanas primero?
    Miroku e Inuyasha no dijeron nada. Las chicas no podían creer lo que oían. Se levantaron deprisa, y luego de dirigirles una mirada de odio a ellos, se dirigieron a la casa, al refugio de sus habitaciones. La magia de la noche se había esfumado.
     
  2.  
    Dehianira

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    Re: A la luz del atardecer ( universo alterno)

    te kedo kawai me encanta el fic tieness una gran imaginacion oye k mala leche tiene sessho no bueno a si es el pon la conty pronto o me dara una parada cardiaca xao wapa
     
  3.  
    Sahora

    Sahora Guest

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    A la luz del atardecer ( universo alterno)
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    Re: A la luz del atardecer ( universo alterno)

    a pos muchas gracias... pero parece q no gusto mucho, ya que solo vos posteaste... pero no importa, me alegra q lo hayas echo... asi q por eso, te pongo la conti... Saludos!

    Cap 2: Platica de insomnio

    Los dos días que transcurrieron luego de esa accidentada noche fueron muy peculiares. Al principio, las chicas se mostraban recias al contacto de Inuyasha y de Miroku. Pero estos, luego de explicar que era solo un método de Shesshoumaru para molestarlas, tomaron confianza de nuevo. Y era de esperarse, quien podía resistirse a los encantos y los trucos que esos dos tenían?
    Shesshoumaru no había mentido del todo: Inuyasha y Miroku habían tenido algunas aventuras en el pasado, pero nada serio, para decepción de las involucradas. Pero esta vez, un sentimiento extraño les había surgido al verlas: Por una parte Inuyasha recordó como, en el tiempo que estuvo con Kikyo compartiéndolo todo, no sentía ese vacío que reinaba luego de tener a alguna niña que pretendía retenerlo, la dulzura que emanaba Kagome era como el antídoto a ese veneno que llaman soledad, y Miroku, que nunca había sentido atracción siquiera por ninguna de sus ´´victimas´´, se había quedado prendado de Sango, la cual, podía golpearlo si la situación lo ameritaba, esa rebeldía lo había atrapado.
    Una noche, Kagome se levanto para ir a beber un vaso de agua. Rondaba la media noche, y solamente se oía el tic-tac de un viejo reloj que estaba en el vestíbulo. Al entrar a la cocina, se encontró con la imagen de Inuyasha, el cual, con un vaso de licor marrón, miraba al vacío con los ojos inexpresivos. No parecía ese joven seguro de si mismo que mostraba todo el tiempo, lo rodeaba una atmósfera de abandono y despego que hizo a la estremecerse.
    -Inuyasha?- le llamo dulce y suavemente.
    Este la miro, y en sus ojos se reflejaron los destellos de las lágrimas que querían liberarse, y que estaba luchando por contener. Volvió la cara para que Kagome no lo viera, pero ella la tomo entre sus manos, y forzándolo a volverlo le dijo:
    -te encuentras bien?-
    -si, es solo que hoy es el aniversario de la muerte de mis padres, y este estupido sentimentalismo mío no se cura…-dijo frotándose los ojos con fuerza.
    Ella lo miro por unos momentos, luego, se dirigió al refrigerador, tomando un envase de helado, y se sentó al frente de Inuyasha, mirándolo.
    La noche se volvió mas animada, ya que Kagome, con ese calor y esa ternura natural que emanaba, fue disipando los malos recuerdos que tenia.
    El amanecer los encontró todavía en la cocina, hablando de cosas pasajeras, contando anécdotas y conociéndose.
    -deberíamos ir a nuestros dormitorios, si Sango o Miroku nos descubren aquí….- dijo Kagome con una risita tonta, ya que había bebido un poco del licor que estaba tomando Inuyasha, pero como ella nunca tomaba, le afecto un poco.
    - si tienes razón- respondió el con una sonrisa en los labios. Se imaginaba explicándole a Miroku que habían charlado toda la noche, y este con su cara de pícaro no creía una palabra.
    Las habitaciones eran contiguas así que subieron juntos, despacio, en silencio. Y no era por miedo de despertar a nadie, sino que ese momento les pertenecía. No podían explicarlo pero no querían que nada ni nadie arruinara ese momento. Al llegar a las escaleras que conducían al ático, Kagome se volvió hacia Inuyasha, y señalando con el dedo como una niña le dijo:
    aquí me quedo.
    Si, yo voy aquí..- le dijo señalándole la puerta que tenían detrás.-bueno, que tengas buenas noches… o días- se corrigió divertido al ver como la luz del amanecer iluminada los ventanales.
    Kagome abrió las cortinas, y la vista la deslumbro, con esos prados bañados de pequeñas gotas de rocío doradas, con un poco de neblina, logrando el efecto de un mundo fantástico. Rió por lo bajo al darse cuenta que se sentía como esas princesas que esperan a su amado perdido en el horizonte. Sintió la mirada de Inuyasha, y se sonrojo.
    te veo en un rato- le dijo sonrojada, empezando a subir la escalera. Pero en ese momento, en el cual dirigió a Inuyasha una mirada para retener su imagen mientras no estuviera con el, fallo un escalón, y tambaleándose, logro sostenerse de Inuyasha, el cual rápidamente se había acercado a ayudarla. Como fue el segundo escalón en el que se tropezó, logro quedarse en el primero, sosteniéndose del cuello de Inuyasha. podían sentir los mutuos alientos en sus caras ya que habían quedado a escasos centímetros. Por un lado, Inuyasha estaba embriagado por el perfume de la chica, y ella estaba hipnotizada por esos ojos que brillaban hermosamente a la luz traviesa del amanecer. Sus rostros se acercaron un poco mas, y en susurro, mirando esos labios entreabiertos, Inuyasha dijo:
    deberías tener mas cuidado.
    Si…- respondió ella, pero al tratar de apoyarse por si sola se tambaleo, ya que se había lastimado el tobillo, pero con el contacto con Inuyasha no lo había notado.
    La sentó suavemente en la escalera para revisarle la lesión, pero al tocarle este el pie, ella se estremeció. Malinterpretando, subió rápidamente y le trajo una manta, cubriéndola con cuidado, pues pensó que tenía frío
    mejor?- le pregunto sentándose a su lado.
    Si- respondió ella, y el miro como un mechón de su travieso cabello le cubría el rostro. Lo aparto delicadamente, pero al rozar la piel de su rostro, no se pudo contener, y poso su mano en la mejilla de la chica, mirándola fijamente. En la semana que ellas habían estado ahí, nunca la había tocado.
    La caricia de Inuyasha derritió el corazón de Kagome. Sus ojos la miraban con una ternura inigualable. “Como es posible que este tan prendado de ti?” pensó Inuyasha.
    “ En que momento te volviste tan importante para mi?”Pensó Kagome, pero luego su mente se quedo en blanco, ya que noto como Inuyasha se le acercaba lentamente, y lo único que hizo fue cerrar los ojos, esperando, con los labios entreabiertos…
    En ese momento, un ruido procedente de una de las habitaciones cercanas los hizo separarse. Shesshoumaru apareció entonces, y observándolos, dijo en tono frió:
    -tan temprano y en esas? Por favor! Veo que ustedes no tienen decencia!- le dijo enojado a Kagome, mirándola con desprecio.
    Ella solo bajo su mirada, pero Inuyasha no podía dejar que Shesshoumaru la tratara así.
    a ti que te pasa?- le dijo furioso- no tienes derecho de tratarla así. Solo se a lastimado un tobillo, y e venido a ayudarla, no tienes porque insinuar cosas que no son!
    Mientes y lo sabes- le dijo Shesshoumaru venenosamente- los escuche subir. Ella es igual a esa amiguita suya, que paso toda la noche en la habitación de Miroku. deberías aprender a escoger mejor hermano.
    Todo ocurrió en un instante. Inuyasha se abalanzo sobre Shesshoumaru para golpearlo, y este no se quedo atrás. En un momento toda la casa estaba despierta. Los huéspedes, con curiosidad, salieron a ver que pasaba, mientras, entre Miroku y otro joven separaban a los hermanos.
    no eres mas que un bastardo, una mezcla, no se puede esperar mas de ti- decía Shesshoumaru con odio
    Inuyasha trato de responder al insulto pero en ese momento sonó la voz potente de la anciana Kaede, que había apareció por el rellano y miraba muy seriamente a los chicos. Aunque estuviera con su camisón de dormir, imponía su presencia.
    -que sucede aquí? Que son estas demostraciones?
    - no sucede nada abuela- le respondió Shesshoumaru entre dientes- solo me despedía de Inuyasha. Me alegro de no estar aquí cuando las cosas se pongan mal. Hasta luego Inuyasha, Que disfrutes tu juguete nuevo.
    Y diciendo esto se perdió en las escaleras.
    Kagome miraba hacia el suelo, con los ojos llenos de lágrimas, mientras que se apoyaba en Sango, la cual se le había acercado para consolarla.
    -Aquí no hay nada que ver, lárguense- dijo entre dientes Inuyasha, mirando a los curiosos que cuchicheaban con descaro, luego se acerco a Kagome y le dijo: quieres que te ayude a subir?
    Ella lo miro y asintió suavemente. Rodeo su cuello con los brazos, y dejo que Inuyasha la levantara. Las lágrimas seguían corriendo por su rostro, y para que no lo notaran, lo oculto en su hombro.
    -abuela, podrías venir a revisarla?- le dijo Inuyasha mientras subía las escaleras, con Miroku y Sango detrás.
    -solo es una torcedura, sanara en unos días, pero no debes guardar reposo.- le comento Kaede, varios minutos después.
    -si- dijo quedamente, con los ojos bajos- señora Kaede, por favor discúlpeme, no quería que pasara esto….
    Las lágrimas empezaron a correr nuevamente por su rostro, mientras Sango trataba inútilmente de consolarla. Había faltado poco para que se abalanzara sobre Shesshoumaru, si no hubiera sido porque Miroku la detuvo, estaba segura de que le hubiera dado su merecido, no le importaba que le llevara casi una cabeza de más.
    -No te preocupes- le dijo Kaede con el tono maternal y amable que utilizaba siempre- todo fue culpa de estos dos cabezas huecas- dijo señalando a Inuyasha.
    - pero…- Inuyasha se detuvo al ver la mirada severa que la anciana tenia
    -Inuyasha, me ayudarías a traerle el desayuno a las chicas? Tu también Miroku.
    - si, claro…- contestaron los dos desconcertados.
    Una vez en la cocina, la anciana los enfrento.
    se puede saber que tienen ustedes en el cerebro? Como se te ocurre meter a esa chica toda la noche en tu habitación?- dijo Kaede casi gritando, y dirigiéndose a Miroku.
    -pero Kaede, no hicimos nada malo…
    Me importa un comino lo que hicieran, no se dan cuenta de que esas chicas no son de la clase que ustedes frecuentan? Por Dios! Y que pensabas tu al montar ese espectáculo? Suponiendo que es verdad que solo ayudabas a Kagome, lo cual es curioso, no la oi cuando se cayo.
    Inuyasha se sonrojo, pero respondió con voz firme:
    abuela, no fue lo que pareció. Lo admito, me gusta esa chica, pero no íbamos a hacer nada. Solo charlábamos, y cuando subíamos a nuestras habitaciones, ella tropezó, saber lo torpe que es….
    Claro! Charlaban a las 2 de la madrugada, por favor Inuyasha!
    Es cierto, ella no es de esas abuela, tú lo dijiste, tiene algo especial…
    ELLA NO ES KIKYO INUYASHA!
    Fue un golpe bajo. Miro a su abuela, que lo miraba con enojo, y a Miroku, que se quedo sin palabras ante ese inesperado argumento, y apenas moviendo los labios respondió:
    ya se que no es Kikyo, tal vez eso es lo que te molesta.
    Desaparezcan de mi vista.- les dijo Kaede.
     

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