Explícito A house made of cards, and us, inside [Gakkou Roleplay | Colección]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Amane, 26 Febrero 2021.

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  1. Threadmarks: I. I swear on my life that I've been a good girl [Emily Hodges]
     
    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista empedernido chaotic evil Bebi ❤ Dumb bitches

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    Título:
    A house made of cards, and us, inside [Gakkou Roleplay | Colección]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    8
     
    Palabras:
    2756
    n/a: HOLA. So rápidamente, ya sé que tengo la colección Futhorc abierta aun y eso, pero lo cierto es que esa colección es muy limitada pues en cuanto se acaben las runas, se acaban los fics. Bueno, en resumen, que voy a copiar a Pau y Belu para hacer una colección indefinida para aventar fics que no me peguen ahí y ya, que tampoco tengo que justificarme tbh pero (?)

    Also, te copio el formato Belu, i love you uwu <3 y os presento el anthem de Emi desde que Belu me la pasó, SO I LOVE YOU x2

    Este fic es canon para la tarde del día nueve.





    I swear on my life that I've been a good girl.
    Tonight, I don't wanna be her.

    * * *

    | Emily Hodges |

    * * *

    El club de cocina me había proporcionado una burbuja de protección bastante agradable, pero como todo lo bueno en la vida, la misma explotó cuando la campana sonó anunciado el final del receso.

    Hubiese adorado quedarme ahí encerrada el resto de la tarde, quizás el resto del día, en la seguridad falsa de aquellas cuatro paredes, pero la triste realidad es que no podía permitírmelo. Estaba estudiando en el Sakura con una beca y no sería del todo un problema si mi hermano no hubiese dejado detrás un expediente casi impecable, obligándome a seguir sus pasos para permitirle a Alice tener la misma facilidad para entrar que tuve yo gracias a ello.

    Entré en piloto automático y antes de poder darme cuenta, las clases habían acabado y me encontraba ya entrando en casa. ¿Había vuelto con Kashya? ¿Con Dante? ¿Quizás sola? No tenía ni puñetera idea.

    Me encerré en mi habitación y me aboqué de lleno en mis apuntes, como si en aquel momento fuese aquello lo único en lo que podía pensar.

    Quizás lo fuese.

    Quizás era lo que tenía que haber hecho desde el principio y olvidarme de todo aquello. Haberme conformado con mi círculo de amistades y seguir centrándome en los estudios como había hecho siempre.

    ¿Tener más amigos? ¿Para qué?

    ¿Para tener más gente a la que decepcionar?

    No me di cuenta de cuando la puerta del cuarto se abrió ni de la presencia de mi hermano hasta que noté su brazo pasar por delante de mis ojos. Pestañeé un par de veces, volviendo en mí, y dirigí la vista hacia su rostro con algo de pereza.

    —¿Y esto?

    Miré lo que me estaba señalando y tardé un par de segundos demás en relacionar que me había robado la invitación a la mascarada de la cartera y que me estaba preguntando por eso mismo.

    —Una fiesta que van a hacer el sábado —respondí, sin más, volviendo a girarme hacia el escritorio.

    —No parece una fiesta cualquiera~

    —Es una mascarada. Se supone que hay que ir con ropa formal, máscara y todo el rollo.

    —¿En serio? —no lo miré, pero no me hizo falta para saber que se había tirado a la cama a sus anchas como siempre hacía—. Cuando yo iba no había tanto nivel~ ¿Tienes algún vestido apropiado?

    —No sé si iré.

    Había estado muy emocionada aquella mañana, ¿verdad? Y en realidad me sentía en la obligación de ir y darle un regalo a Katrina, aunque también podría dárselo el lunes sin más y ya, ¿no? Dudaba que le fuese a importar tanto como para notar mi ausencia y no tendría problema en conseguir lo único que quería de mí de cualquier otra persona.

    >>Además, ni siquiera sé si mis ahorros me llegarían para un vestido decente y se supone que lo tengo guardado para cuando vaya a la universidad. Sería un gasto muy tonto.

    Esperé alguna especie de respuesta, a decir verdad, porque conocía a mi hermano. Me preparé para que me regañase por preocuparme demasiado en cosas que no me correspondían en ese momento, que seguro que podríamos encontrar alguna solución y que era una estupidez que no fuese cuando claramente me estaba gustando todo aquello.

    Nada de eso llegó.

    En su lugar, sentí como después de un par de minutos se levantaba de la cama y se acercaba a mi armario. Observé de reojo como sacaba un conjunto cualquiera para salir a la calle y fruncí el ceño. ¿Qué pretendía?

    —Si en cinco minutos no estás vestida, vendré a hacerlo yo mismo —dijo, después de dejarlo todo sobre el colchón—. Y sabes que soy capaz~

    Me dejó un beso sobre la coronilla y salió sin más.

    Miré la hora en el reloj que tenía sobre el escritorio y suspiré, levantándome de la silla. No tenía caso llevarle la contrario, sabía muy bien que era capaz de vestirme a traición si le apetecía y realmente tampoco tenía ganas de que se pusiese más pesado con el asunto. Sea lo que fuese que estuviese planeando, lo rechazaría sobre la marcha y ya.

    A los cinco minutos estaba lista como me había dicho, con una camiseta rosa y una falda blanca, y Fred abrió de nuevo con la puntualidad que se cargaba cuando le daba la gana.

    Me dejé llevar sin oponer ninguna resistencia, aunque tampoco estaba especialmente emocionada. Él tampoco intentó animarme y en cierta medida lo agradecía, porque quizás ambos sabíamos que solo necesitaba un poco de tiempo.

    El viaje en tren fue bastante largo, se acercó a la hora de duración, y lo cierto es que en ningún momento me imaginé que nuestro destino sería Ginza.

    Le dirigí una mirada de circunstancias cuando nos bajamos, pero él solo se dignó a guiñarme el ojo y seguir caminando hasta salir a las bulliciosas calles del barrio.

    ¿Qué rayos pretendía llevándome a uno de los barrios más ricos de todo Tokio? De verdad que a veces no lo entendía.

    Aunque tenía que admitirlo, había logrado despertar mi curiosidad.

    Llegamos a un edificio residencial y le abrieron sin más cuando llamó a uno de los pisos. Y cuando llegamos al mismo, en la última planta del edificio, sentí el corazón golpeteando con violencia en el pecho.

    ¿Íbamos a ver a alguien con dinero y yo con esas pintas? ¿En qué demonios pensaba Fred?

    Tragué saliva con fuerza al acercarnos a la puerta y…

    —¡Freddie! ¡Cuantísimo tiempo!

    Una chica salió prácticamente disparada del interior de la casa sin ni siquiera habernos dado tiempo a tocar el timbre, lanzándose a los brazos de mi hermano con una energía que me dejó anonadada.

    Pestañeé un par de veces y, cuando la joven soltó finalmente a mi hermano y se giró para encararme, sentí cómo el nudo en la garganta se deshacía como si nada.

    >>¡Emi-chii! ¡Pero bueno, has crecido muchísimo!

    No me dio tiempo a reaccionar, con la misma energía o puede que incluso más se lanzó a por mí, abrazándome con tanto ímpetu que tuve que echar un pie hacia atrás para frenar el impulso.

    —Sadashi-senpai…

    La chica se separó con velocidad, como si se hubiese quemado, y la miré contrariada. No me devolvió la mirada porque había vuelto a centrarse por completo en Fred.

    —¡Has visto eso, Freddie! Hace tanto que no me ve que ya se ha olvidado que me tiene que llamar Dashi-chan. Y es to-do-tu-cul-pa.

    Fred levantó los brazos para demostrar su inocencia mientras la chica le iba dando golpes rítmicos en el pecho y, por primera vez en aquella tarde, dejé escapar una risilla divertida.

    —Dashi-chan… —murmuré, llevándome las manos tras la espalda—. Se siente un poco raro después de tanto tiempo.

    —¡Tonterías! ¡Sigue sonando igual de dulce que antes si lo dices tú! Venga, no os quedéis ahí, entrad~

    La seguimos hacia el interior de la casa y posteriormente hacia su habitación, justo después de que le encargase al servicio que nos trajese algo para merendar.

    >>Emi-chan, me tienes que contar muchas cosas, ¿sí? Tu hermano es un egocéntrico, siempre que me visita solo habla de él y nunca me dice cómo te va a ti~ —la chica me tomó del brazo en cuanto entramos a la habitación y me hizo sentarme a su lado en la cama—. O quizás está envidioso de lo bien que te va y por eso no quiere contarme~

    Sonreí algo avergonzada, negando con la cabeza, y observé de reojo como Fred se paseaba por el cuarto como Pedro por su casa sin prestarnos atención.

    —Nada de eso. Realmente no hay mucho que contar, mi vida no es muy emocionante.

    —¿Ah, no~? ¿Y cómo es que este sábado tienes una mascarada? ¿Acaso no es eso emocionante~?

    —Ah, eso…

    Todo el ánimo volvió a perderse al escucharlo y comencé a juguetear con el borde de mi falda, algo nerviosa. Ni siquiera me pregunté cómo demonios sabía eso, aun cuando la respuesta era más que obvia.

    >>Supongo que sí, pero no creo que pueda ir. Es en Chiyoda y tú más que nadie sabes la clase de gene que vive ahí. No puedo estar a la altura del evento. Pero está bien, tengo mucho que estudiar~

    Noté entonces como colaba un dedo bajo mi barbilla para obligarme a mirarla y me encontré de lleno con una chispa en sus ojos que me resultó hasta amenazante.

    —Emily, creo que recuerdas lo poco que me gusta que me mientas —habló, en un tono bajo y grave—. No está bien y lo sabes. Además, ¿no estar a la altura? Emi, por dios, si siempre fuiste una princesa. Y yo me voy a encargar de que vistas como una~

    —Dashi-chan, no puedo ace-

    —Sh. Esto es un favor que me ha pedido tu hermano.

    No añadió nada más y supuse que no necesitaba hacerlo, porque sabía muy bien que no había nada que pudiese hacer. Sadashi… siempre había cumplido los favores que Fred le pedía, sin cuestionar nada, sin dudar nunca, y aquella ocasión no sería diferente.

    Recuperó la sonrisa alegre de antes y me soltó, justo a tiempo para permitirme ver la figura masculina aparecer por un costado.

    —Voy a darme una vuelta por ahí, así os dejo en paz~

    —Ah, tan típico de Freddie. Huir de las situaciones que requieran tomar una decisión.

    —Eh, hablando de tomar decisiones, ¿vas a decidir tú el vestido o vas a llamar a alguien para que lo haga por ti?

    Si hubo algo de resentimiento en el intercambio de los dos era algo que no podía asegurar, porque habían sabido disimularlo bien, pero lo que era seguro es que la tensión casi se podía cortar con un cuchillo en aquel momento.

    Eso me hizo fruncir el ceño porque… ¿qué mierdas había pasado con ellos dos? Hacía unos años eran inseparables, Sadashi pasaba día sí y día también en nuestra casa, y realmente pensé que acabarían juntos. Estaban hecho el uno para el otro y era obvio que se querían, pero repentinamente un día dejó de aparecer. ¿No fue justo al entrar a la universidad? Fred nunca me contó nada al respecto. ¿Y quizás fuese muy arriesgado asumir que se mudó a Ginza por esa época también?

    Vi a mi hermano alejarse no mucho después y de reojo pude apreciar a Sadashi haciendo lo mismo. Fue un pensamiento fugaz que me cruzó la mente al ver su expresión, pero de repente tuve la certeza de que esos dos se habían visto en los últimos años y no precisamente para hablar.

    ¿A eso se había reducido el cariño que se tenían? ¿A polvos ocasionales? ¿O quizás había algo que se me escapaba?

    Mi tren de pensamiento fue interrumpido por el servicio de la chica trayendo los dulces y el té. Noté que ella también se había quedado embobada así que cuando volvimos a mirarnos, simplemente nos sonreímos y seguimos como si nada.

    Merendamos sin ninguna prisa, hablando con una naturalidad que no pensé que sería tan fácil de recuperar. Ella había estudiado también en el Sakura, por supuesto, así que me preguntó un montón de cosas al respecto de la institución, y yo intenté evitar de la mejor manera posible el tema de la mudanza, así que me centré en preguntarle sobre la universidad.

    Pasó un buen rato hasta que al final terminamos y decidimos ponernos manos a la obra. No podía negarme así que decidí que lo mejor sería aprovecharlo, disfrutarlo y ya.

    Sadashi me guió hasta su vestidor y me indicó donde colocarme mientras ella iba sacando vestidos y vestidos de las interminables perchas que tenía en el lugar. ¿Se había puesto toda esa ropa de verdad? Era… impresionante.

    Estuvimos un buen rato encerradas ahí, me puso todos los vestidos que había sacado y me hizo pasear una y otra vez con ellos, pero ninguno pareció convencerle. Lo cierto es que tenía razón, ninguno logró convencerme a mí tampoco.

    —Dashi-chan… ¿y este?

    Había comenzado a pasear por la habitación para mirar las perchas, en busca de algo que pudiese servir, cuando un precioso vestido lila llamó mi atención. Me giré con curiosidad para mirarla mientras lo señalaba con el dedo y pude ver a la perfección el chispazo de desconcierto que le cruzó el rostro en ese momento.

    —¡Emily! ¿Cómo he podido olvidarme de ese?

    Se acercó corriendo y lo quitó de la percha, instándome a vestirme con él casi al instante. Lo vi dibujado por todo su rostro cuando acabé de colocármelo y lo vi después en el mío propio cuando me miré en el espejo.

    Era el vestido. Ese era.

    —Sadashi… es perfecto. Me encanta. Prometo cuidarlo para devolvértelo sin ninguna arruga.

    Ella había colocado sus manos sobre mis hombros y vi a través del espejo como negaba con la cabeza.

    —Quédatelo, cariño. Este vestido está hecho para ti y yo no lo voy a usar más.

    —¿Estás segura?

    —Completamente.

    Le sonreí a través del reflejo, una sonrisa sincera, y nos tomamos un par de segundos así antes de que finalmente me soltase para poder volver a mi conjunto normal.

    Cuando acabé, la chica volvió después de haber salido un par de minutos, extendiéndome una bolsa y un trozo de papel.

    >>Dile a tu hermano que te lleve a esta tienda. Hablaré con el dueño de la tienda para que sepan que vas de mi parte. Elige lo que necesites de ahí, ¿vale? La máscara, accesorios, zapatos… no te cortes. Quiero que vayas deslumbrante, ¿sí?

    Asentí con la cabeza, algo apenada, pero acepté lo que me ofrecía. Una vez más, simplemente no podía negarle algo a Sadashi.

    >>Pero a cambio tienes que venir un día y contarme qué tal fue. Y espero que estés radiante, ¿entiendes? Quiero que me lo cuentes con esos ojos ilusionados que siempre he adorado.

    Tuve que pestañear un par de veces para reprimir las lágrimas, aunque no me contuve de las ganas de abrazarla y enterré el rostro en su pecho.

    >>Emi, siempre fuiste como una hermana para mí, ¿sabes? Así que soy muy feliz de poder mimarte un poco al fin~

    Solté una risa floja.

    —Dashi… Fred y tú…

    Me separó cuando dije aquello, después de unos segundos abrazadas en silencio, y me miró a los ojos. Tuve miedo de molestarla, de verdad que sí, pero lo único que pude distinguir en su mirada fue… ¿melancolía?

    —Fred y yo tomamos malas decisiones, Emily. Pero estamos bien, no te preocupes por nosotros.

    Parecía sincero y ella nunca me había mentido, no tenía motivos para hacerlo en ese momento tampoco así que decidí creerla.

    >>Además, lo que ese tonto haga o deje de hacer no va a afectarnos. No te vas a librar de mí tan fácilmente, Emi-chii~

    Otra risa se me escapó de los labios y me encogí de hombros.

    Qué va, no querría librarme de ella ni en un millón de años.

    Aquella idea me rayó la cabeza con fuerza porque me di cuenta que no era la única. Le tenía un cariño estúpido a pesar de llevar dos años sin verla, y era el mismo cariño estúpido que sentía por Anna incluso habiéndola conocido de tan solo una semana.

    Era una imbécil, ¿verdad?

    ¿Tener más amigos significaba más gente a la que decepcionar? Puede. Pero también más gente a la que querer, a la que cuidar y a la que entregarle todo aquel cariño que me desbordaba.

    Y eso era lo verdaderamente bonito.
     
    Última edición: 7 Julio 2021
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    Mori

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    Ahhhh, a sido muy lindo de leer ;w;
    La lectura amena y muy curiosa, más que nada por que creo que al ser nosotras de países con acentos distintos, hay ciertas partes/palabras que nunca hubiera imagino escritas de tal forma. ¡Me mantuvo entretenida! A veces me cuesta leer de corrido escritos de más de 1000 palabras, pero definitivamente en esta ocasión no se me dificultó tanto, así que nada, feliz por mi parte de haber podido disfrutarlo de corrido uwu

    Y nada, que me pareció muy linda la relación de Emy con Dashi-san ;w; Espero que su relación con el hermano de Emi vaya más bien que mal, pero como bien se narra; parece que entre ellas no se traen mentiras, y sí de por sí ese asunto no influye en la amistad entre ellas, supongo que no habrá demasiado de lo cual preocuparse uwu

    Sin mucho más que agregar, espero que podamos ver a Emily radiante con su vestidito en la fiesta >:3

    Esuuuu, bye~ uwu
     
    Última edición: 28 Febrero 2021
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  3. Threadmarks: II. Touch me tease me feel me up [Joey x Alisha]
     
    Amane

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    me: belu, quizás te tenga que preguntar cosas, no sé qué
    also me: *c torettiza y publica sin preguntar ni verga*

    anyways, si a mi bbsita Gigi Blanche le parece bien y perfectamente puede no ser el caso, no te cortes, esto sería canon después del receso del día diez.





    Call me when it's after dark
    Something in the way you wanna talk
    Touch me tease me feel me up
    Touch me tease me feel me up


    * * *

    | Alisha Welsh |
    | Joey Wickham |


    * * *
    Había desconectado todas las neuronas por completo mientras Joey seguía follándome cómo el jodido hijo de puta que sabía ser.

    Y así era exactamente como conseguía volverme loca.

    El cuartucho ya hacía un buen rato que se había llenado exclusivamente del sonido de nuestros cuerpos chocando, las respiraciones agitadas e improperios en inglés, en británico y americano mezclado indiscriminadamente.

    El rojo comenzó a verse borroso, la voz se me congeló en la garganta y juraría que el cuerpo se me tensó incluso más que hacía unos minutos atrás. Joey había acabado casi al mismo tiempo que yo y pude saberlo porque aumentó la presión de sus dedos alrededor de mi cuello y mejillas, provocando que mis propias oleadas de placer fuesen aún más intensas.

    Me dejé caer sobre la mesa en cuanto aflojó el agarre, con la respiración entrecortada, y apenas un segundo después sentí a Joey salir de mí. Un poquito cabrón sí que seguía siendo, eso sí, porque se tomó todo su tiempo para vestirse y arreglarse antes de dignarse a soltar el nudo de la corbata.

    Igual estaba demasiado cansada como para importarme, la verdad, y la gracia era que, de hecho, hasta podría agradecerlo. El tiempo extra que me proporcionó me sirvió para acomodar algunas neuronas y logré así incorporarme sin mayor problema al tener libertad de movimiento.

    Lo primero que hice fue mover las muñecas y estirar los dedos hasta que dejé de sentir el entumecimiento general de la zona, así sin importarme mucho el desastre que estaba hecha en general. Recién después de sentir que podía mover las manos de forma decente fue que comencé a adecentarme.

    Me giré sobre mis talones después de colocarme el sujetador, abrochándome los botones de la camisa en el proceso, y busqué la mirada de Joey con una sonrisa ligera. No había esperado que se quedase, pero digamos que tampoco había esperado que se fuese, en realidad. Hacíamos lo que nos venía en gana y, como tal, realmente no merecía la pena esperar nada el uno del otro.

    Busqué las bragas en el suelo, me las coloqué y justo después, sin previo aviso ni nada, me dejé caer hacia delante hasta chocar con el cuerpo del chico. Me recibió con relativa facilidad y noté como me rodeaba con los brazos en lo que yo acomodaba la mejilla sobre su hombro.

    I’m so sleepy… —murmuré, enterrando el rostro en la curvatura de su cuello justo después.

    La risa ronca que vibró en su pecho me alcanzó ahí y se me formó una sonrisa en los labios a modo de respuesta.

    —¿Una siesta?

    I thought you’d never ask~

    Dijimos eso, sí, pero lo cierto es que pasé los brazos por detrás de su cuello y me quedé un rato más ahí, con la nariz enterrada en su piel. ¿Joey había olido siempre tan bien?

    Me costó un rato darme cuenta, pero en algún momento Joey había apoyado la mejilla sobre mi cabello y habíamos empezado a mecernos ligeramente de un lado para otro, en algo así como una especie de baile silencioso.

    Separé la cabeza después de un rato y volví a buscar sus ojos, sin aparentes intenciones de soltarnos en algún momento próximo.

    >>¿Practicando para mañana, Lord Wickham?

    Maybe. No quiero decepcionar a todas las señoritas que van a querer bailar conmigo, ¿sabes~?

    Solté una risa por la nariz, negando con la cabeza, y volví a apoyar la mejilla sobre su hombro.

    El rojo oscuro que nos rodeaba me estaba rayando la mente con intensidad, me recordaba que era una cabrona que destrozaba todo lo que tocaba y me hacía pensar que siempre estaría sola.

    Pero Joey estaba ahí. Siempre estaba ahí, incluso cuando no me lo merecía. Su tacto y su aroma me resultaban familiares y de alguna extraña manera conseguía que la luz roja fuese menos oscura.

    Un poco irónico, siendo que era la oscuridad del mundo de las sombras la que nos mantenía unidos. ¿O no?

    Bostecé después de un rato y me di cuenta que había obligado al chico a pararse porque me estaba empezando a quedar dormida ahí mismo, encima de él.

    Me separó por completo de su cuerpo y capté a medias su sonrisa divertida, con los párpados caídos como los tenía. Prácticamente me tuvo que arrastrar por toda la academia y a aquellas alturas de nuestra amistad, diría que tampoco era algo demasiado extraño de ver.

    Paramos en el primer piso y me quedé estaqueada en mitad del pasillo cuando me soltó para asomarse a la puerta de la enfermería. No se me había ocurrido que hubiese alguien más en el lugar, y aun si era el caso, no pensaba que fuese lo suficientemente relevante para impedirnos entrar también.

    Joey no parecía pensar igual.

    Volvió sobre sus pasos para volver a engancharme y me obligué a pestañear un par de veces para volver un poco en mí.

    —¿Pasa algo? —pregunté, con la voz pastosa.

    Algo pasaba, eso seguro. No lograba definir todos los matices de la expresión que había adoptado, que me parecía una extraña mezcla entre su mood cagado y la eterna diversión, pero lo conocía lo suficiente para captarlo de manera superficial.

    Some love-dovey couple I don’t wanna disturb~

    —Uhm, fair enough.

    No me interesaba lo suficiente como para preguntar, la verdad, aunque seguramente me hubiese jodido bastante si hubiese sabido después que se trataba de Anna y Altan.

    Tocaba el plan B, entonces. Qué coñazo, eso significaba recorrer todo el camino hacia el gimnasio que estaba en la otra punta de la academia. Damn you, principal, such a terrible organization.

    Cuando finalmente llegamos al armario de enseres, los papales cambiaron por completo y fui yo la que acabó arrastrando a Joey hacia las colchonetas. No eran tan cómodas como las camillas de la enfermería, cierto, pero por otro lado el sitio era mucho más tranquilo y no había cámaras incordiando.

    Me acomodé al lado de Joey en cuestión de segundos, como si nuestros cuerpos prácticamente supiesen encajar sin ningún problema en cualquier situación. Pasé el brazo por encima de su torso apoyando la cabeza sobre su pecho y noté como llevaba una mano hacia mi cabello para acariciarlo de manera distraída.

    >>So… tengo muchas ganas de verte en traje, cariño —murmuré, notando como los párpados ya comenzaban a pesarme.

    Una vez más, la risa que soltó por la nariz le vibró en el pecho y pude notarla a la perfección.

    —Eso si me reconoces, honey~

    —Cierto. Entonces simplemente me quedaré con el que me parezca más guapo y asumiré que eres tú~

    Como si no pudiese reconocerlo así se pusiese una bolsa en la cabeza o algo por el estilo.

    —Entonces seguro que aciertas.

    —Mhm.

    El sueño acabó venciéndome y poco más tardé en acompasar la respiración al caer dormida. No tuve manera de saberlo, y quizás nunca sería de mi conocimiento, pero Joey me apartó con cuidado el pelo de la frente y me dejó un beso sobre la misma antes de cerrar los ojos también.

    Podía parecer que nuestra relación era superficial, que solo nos buscábamos para follar como animales en cualquier lado cuando estábamos necesitados. Pero lo cierto era que también podíamos dormir acurrucados en cualquier esquina, también nos preocupábamos el uno por el otro, aunque no lo demostrásemos como tal.

    Y quizás no fuésemos aun del todo conscientes de ello, pero nos guardábamos un cariño mutuo estúpido del que posiblemente nos sería imposible librarnos alguna vez.
     
    Última edición: 7 Julio 2021
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  4. Threadmarks: III. And if you wanna go to heaven you should fuck me tonight [Joey x Riamu]
     
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    A house made of cards, and us, inside [Gakkou Roleplay | Colección]
    Clasificación:
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    Drama
    Total de capítulos:
    8
     
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    4183
    n/a: so i have zero self-control as we already know (?)
    Gigi Blanche holi ily (?)

    Este fic es canon para el domingo después de la mascarada <3
    Contenido explícito, escenas de sexo heterosexual y todo el rollo.





    He says, "Oh, baby girl, don't get cut on my edges
    I'm the king of everything and oh, my tongue is a weapon
    There's a light in the crack that's separating your thighs

    And if you wanna go to heaven you should fuck me tonight"

    * * *


    | Riamu Yumemi |
    | Joey Wickham |


    * * *

    Digamos que llamar a Joey un día después de la fiesta no había sido lo más digno que había hecho aquella semana. La cuestión era que no había nadie en casa, me estaba aburriendo mucho y tampoco pretendía esperar una semana para quitarme las ganas con las que me había dejado o algo parecido.

    Igual aceptó con una rapidez absurda así que supuse que eso de la dignidad nos quedaba bien lejos a los dos.

    No es que estuviese emocionada en sí por la visita, pero lo cierto es que sí que lo estaba por tener algo mejor que hacer que tragarme otra serie entera en una tarde. Además, al final nos lo habíamos pasado bien y todo en la fiesta, ¿verdad? Así que podía ser divertido~

    En lo que el chico llegaba, que realmente no sabía cuánto sería, decidí hacer algo decente para prepararme o algo así. Es decir, al menos podría cambiarme para no recibirlo en pijama, ya que estaba.

    Al final me puse una sudadera de esas que me compraba dos tallas por encima y unos pantalones cortos, y me dirigí a la cocina para ver las provisiones que tenía porque, a decir verdad, ni siquiera yo sabía muy bien eso y para organizar algunas cosas. En eso estaba, de hecho, cuando escuché el interfono sonar.

    Le eché un vistazo al reloj de pared de la cocina, con cierta sorpresa, y me acerqué a paso ligero hacia el telefonillo para responder.

    —Señorita Yumemi, hay un joven preguntando por usted.

    —Sí, déjelo pasar. Gracias~

    Me giré sobre mis talones y me dejé caer sobre la pared, esperando pacientemente hasta que la puerta del ascensor se abrió al fin.

    No iba a mentir, tenía mucha curiosidad por ver su reacción, principal motivo por el que me separé de la pared para acercarme y poder ver mejor el rostro que ponía. La cosa fue que… bueno, de alguna manera consiguió darle la vuelta a la situación.

    Joey había cumplido cada parte de su promesa y ahí estaba, saliendo del ascensor con una pipa en su mano, un monóculo y un overol a conjunto con el gorro que llevaba sobre la cabeza.

    Me llevé la mano hacia la boca para taparla e intentar evitar la carcajada que amenazó con salirme de los labios, aunque no hubo mucha manera de disimular la expresión de pura incredulidad que se me había plasmado en el rostro.

    Si él mismo se había sorprendido con el salón de mi casa, lo cierto es que logró disimularlo bastante bien y lo suficientemente rápido para que no me diese cuenta.

    Abrí la boca con intenciones de preguntarle algo, cualquier cosa de todas las cuestiones que se me estaban acumulado, pero las palabras se me quedaron atoradas en la garganta cuando sentí un peso sobre mi cabeza.

    La puerta del ascensor aun no se había cerrado del todo y me dio tiempo a girarme para mirarme en el espejo del mismo, ya sin poder evitar la risa divertida. No sabía muy bien de dónde ni cómo, pero había logrado colocarme un sombrero abombado y capté al instante sus intenciones.

    —¡Pero bueno, mi querida Watson! —habló al fin, cuando volví a centrarme en él—. Me han comunicado que este apartamento es la escena del crimen, espero que estés preparada para enseñarme cada recoveco y poder resolver este misterio.

    Solté una risilla breve, porque sinceramente lo necesitaba, antes de sacar a relucir todas mis dotes de actuación e impostarme una seriedad de los más convincente en apenas un par de segundos.

    —Así es, señor Holmes. Sígame, por favor.

    Hundida como estaba en todo el teatro, lo cierto es que no esperé que se tomase mis palabras como una invitación a engancharse a mi cintura para el tan ansiado tour, y si bien en un principio me tomó algo desprevenida, no lo rechacé en ningún momento.

    La verdad es que no tendría derecho a quejarse después, porque le hice un tour por la casa de lo más completo. Le enseñé el salón, la cocina, la sala de proyecciones y la terraza, que la mayoría de las ocasiones hacía las veces de comedor; muy mal tiempo tendría que hacer para que no me tomase mis comidas ahí afuera. Luego pasamos al piso superior donde estaban todas las habitaciones, un cuarto lleno de todas las estupideces de las que me había encaprichado a lo largo de mi vida, incluida una cantidad exagerada de consolas con sus respectivos juegos, y finalmente…

    —El… ¿despacho de mi padre? —anuncié, abriendo la última puerta del lugar—. Es más bien una especie de filmoteca, pero es donde trabaja cuando está en casa. Y…

    Caminé hasta el escritorio y me dejé caer sobre la silla de piel, llevando un pie hacia delante para empujar un poquito una de las puertas inferiores que respondió abriéndose por completo al segundo.

    >>La famosa caja fuerte~

    Joey se había mantenido bastante entretenido con la cantidad de películas que había guardadas en los estantes, pero tan pronto escuchó mis últimas palabras se acercó a mi posición, con una clara expresión de incredulidad por todo su rostro que me sacó una sonrisa divertida.

    ¿Acaso creía que le había mentido? Eso hubiese sido muy feo de mi parte~

    La incredulidad le duró bastante poco, de todas formas, porque no tardó en sentarse en el suelo y a inspeccionar de la mejor posible el compartimento. No había mucho que ver tampoco, la verdad, así que poco después llevó la mano hacia la rueda de combinaciones.

    —Ri-chan, ¿cuándo es tu cumple?

    —Veinticuatro de mayo~

    Lo intentó, claro, de todas las maneras posibles, pero ninguna combinación que tuviese que ver con mi cumpleaños era la respuesta correcta. Qué va, dudaba que mi padre tuviese mi cumpleaños de forma tan presente como para poder usarlo para algo tan importante.

    El chico siguió intentándolo, con las fechas de los cumpleaños de mi padre y mi madre, con la fecha de todos sus aniversarios importantes… pero nada encajaba hasta hacer ‘clic’.

    Pasaron varios minutos que se sintieron eternos, Joey tirado en el suelo en toda su extensión y yo dando vueltas con la silla mientras jugaba con un lápiz que había cogido prestado, hasta que el moreno se levantó de repente con lo que parecía haber sido una idea y llamó mi atención por completo.

    —¡Ri-chan! ¿De qué trabaja tu padre?

    —Es actor, aunque lo que realmente le gusta es ser director.

    —¡Tiene que ser algo de eso! No sé, la fecha de algún premio importante o quizás de alguna película que le marcó.

    —Oh~ Prueba entonces veintiséis de agosto —me miró con genuina curiosidad al escucharme y le sonreí—. Es cuando se estrenó la primera película que dirigió.

    Alright, let’s see… ¡Bingo!

    Me eché de nuevo hacia atrás en la silla, subiendo las piernas a la misma y recogiéndolas contra mi pecho, y tuve que morderme el labio inferior mientras lo miraba por encima de las rodillas.

    Se giró a cámara lenta, la confusión cruzándole por todo el rostro, y vi como en la palma de su mano reposaban un par de envoltorios de caramelos de diferentes colores.

    —Uh, ¿y eso~? —canturreé, abriendo los ojos con una sorpresa fingida de lo más realista.

    —¿Estás jugando conmigo, Ri-chan?

    —Eh~ —me quejé, bajando las piernas y echándome hacia delante—. ¿Sabes lo valiosos que son esos caramelos? ¡Valen una pasta!

    Mientras intentaba excusarme, controlando la risa no sé muy bien cómo, logré captar de puro milagro sus intenciones al ponerse de pie. Me bajé de la silla de golpe, empujándola hacia atrás, e intenté escapar del chico lo más rápido posible. Lo hice demasiado tarde y, para cuando me quise dar cuenta, estaba atrapada entre el suelo y su cuerpo, y sus dedos se habían dirigido a mis costados para hacerme cosquillas.

    Me retorcí de todas las maneras posibles intentando escapar de su agarre, pidiéndole que parase por favor entre las carcajadas, pero no fue hasta que él mismo decidió que era suficiente que no pude al fin respirar con libertad.

    —Eh, Joey —dije después de un rato, cuando al fin conseguí recuperar el aliento lo suficiente para poder hablar con normalidad—. Sí que he jugado contigo~

    —No me digas —soltó, y aunque intentó sonar molesto o algo, la verdad es que la risa que soltó antes de hablar le quitó toda la posible credibilidad.

    —Mi padre dejó de utilizar esa caja fuerte hace unos diez años, que descubrí la contraseña y decidí gastar la mitad de lo que tenía guardado en chocolate y juguetes.

    —Eh~ So you were a naughty little girl?

    —Nunca dejé de serlo~

    Y para la gracia, sí, seguíamos tirados en el suelo, con él encima de mí y yo… sin muchas intenciones de moverme por el momento.

    Bajé la vista de sus ojos durante un segundo y pude notar como se inclinaba hacia delante, siendo su objetivo bastante obvio.

    >>¿Quieres darte un baño?

    —¿Huh?

    La pregunta se la hice cuando estuvo a apenas unos milímetros de mis labios y le pilló lo suficientemente de sorpresa como pararse en seco y buscar mi mirada, recibiendo una sonrisa de los más inocentona al encontrarla.

    —Ven~

    Logré zafarme de su agarre sin mayor problema, pues él mismo me lo permitió, y me hice con la gorra que se me había caído con todo el forcejeo antes de ponerme de pie e indicarle que me siguiese hacia el exterior del cuarto.

    Mis pasos se dirigieron hacia mi propia habitación y dejé el sombrero sobre el escritorio antes de abrir la puerta del baño. Ni siquiera me digné a comprobar en algún momento si el chico me estaba siguiendo, simplemente asumí que era el caso y, bueno, tuve razón.

    —Espero que te guste la Corona, porque es la única cerveza que tengo a mano.

    Me acerqué al jacuzzi para dejar el móvil sobre la madera de alrededor y comencé a desvestirme con toda la normalidad del mundo, hasta quedarme con la ropa interior. Lo busqué con la mirada por encima del hombro y le dediqué una sonrisa sedosa antes de introducirme en el agua, en una invitación más que clara a que me acompañase.

    Corona is fine~

    Me sonreí satisfecha cuando, al escuchar su voz, giré la cabeza para mirarlo y lo vi deshaciéndose de su ropa como había esperado. Mientras venía, me hice con un par de botellines que había dejado enfriando y le extendí uno en cuanto entró a hacerme compañía. El repiqueteo de los cristales chocando resonó por todo el baño y le sonreí antes de darle el primer trago.

    >>So… no he podido conocer a tu madre, Ri-chan, such a pity~

    Aparté la mirada de los ventanales al escucharlo y solté una risa nasal cuando encontré sus pozos oscuros de nuevo.

    —Vaya, qué mala suerte. Supongo que podría llamarte la próxima vez que esté en la ciudad, pero entonces voy a tener que presentarte como… huh, no sé, ¿el chico que me ayudó a integrarme en la academia? ¿Suena bien?

    —Suena muy bien.

    Me acabé la cerveza no mucho después, dejé la botella vacía por ahí y, sin previo aviso ni nada, me giré levantando una pierna para poder sentarme sobre su regazo. Estaba tomándose un trago de su propia bebida y no se inmutó en ningún momento ante mi repentino movimiento, si acaso se le formó una sonrisa socarrona en los labios al verme y noté como su mano libre se deslizaba alrededor de mi espalda baja.

    —Mientras tanto… —murmuré, inclinándome hasta alcanzar su oreja—. Yo puedo entretenerte~

    Así como había pasado en la fiesta, el primer beso fue brusco y me pilló desprevenida. No tanto como el sábado, al menos, porque ya sabía sus intenciones, pero siguió siendo más rápido de lo que esperé y tuve que retroceder un poco al recibirlo. Había dejado la cerveza a un lado y su nueva mano libre se afianzó a mi nuca para impedir que me alejase demasiado.

    Ni que quisiese alejarme.

    Me adapté al instante y no tardé en notar su lengua presionándose contra la mía con insistencia, aunque en aquella ocasión me apeteció oponer un poco de resistencia e intenté ser yo la que se colase en su boca para recorrerla como me viniese en gana.

    Ninguno cedió en ningún momento y después de un rato nos tuvimos que superar en busca de oxígeno, mismo instante en el que el cabrón decidió presionar los dedos de mi espalda para empujarme hacia delante y hacer que un suspiro se me escapase de los labios al rozar su entrepierna.

    —Acepto~

    Llevé ambas manos a sus mejillas y volví a buscar su boca, dejándole algo más de libertad para que hiciese lo que quisiese. Se dedicó después a dejar un reguero de besos sobre mi cuello, sus manos clavándose en mis glúteos desde hacía un buen rato, y ahí sí que no hubo intención alguna de oponer resistencia.

    Giré la cabeza para darle mejor acceso y, por casualidades del destino, la posición me permitió ver como la pantalla de mi móvil brilló en ese instante, avisándome de que me había llegado un nuevo mensaje.

    La idea me cruzó el cerebro a la velocidad de la luz. No había avisado a Hitoshi de que estaría ocupada esa tarde, ¿verdad? Ups, qué fallo el mío.

    —¿Salimos? —murmuré, entre jadeos, y lo único que recibí fue un asentimiento de cabeza fugaz.

    Dicho y hecho, en apenas unos segundos estábamos fuera del agua con un par de toallas alrededor de nuestros cuerpos.

    >>Eh, Joey~ —canturreé, melosa, acercándome un poco más a su posición para llevar la mano hacia la suya—. Mis recuerdos de anoche están un poco difusos, ¿crees que podríamos recrear lo que hicimos en la habitación para poder retomarlo desde donde lo dejamos~?

    Se le formó una sonrisa ladina ante mi petición y utilizó los dedos de su mano libre para juguetear un poco con mi pelo.

    —¿Tan mala memoria, Ri-chan~?

    —Ah, ya sé, es la edad.

    —O el alcohol.

    —Puede que un poco de ambas.

    Dejé caer la toalla en el suelo, sin poder evitar la carcajada divertida, y noté como la mano del chico se afianzaba entre las hebras para hacerme erguir la cabeza y recibir sus labios de nuevo. Tuve que ponerme un poco de puntillas, pero él acabó presionándose tanto contra mi cuerpo que terminó por hacerme bajar los talones de nuevo.

    Comencé a caminar no mucho después, llevándomelo en banda porque a ninguno nos apeteció separarnos del beso, y llegamos a la cama no sin algo de dificultad por el camino. Lo empujé a la misma, obligándonos a cortar la unión al fin, y me senté en el borde.

    >>Aquí es cuando intentaste robarme mis dulces, ¡eso lo recuerdo! —solté, con un claro tono quejumbroso que le provocó una risa al chico.

    —Pero al final no lo hice, linda.

    —Es verdad. Me mentiste, que es aún peor.

    Y volvió a hacerme la misma jugada, el cabrón. Aprovechando que estaba lo suficientemente distraída respondiéndole e intentando fingir indignación, se irguió y me atrapó como lo había hecho la noche anterior. Le correspondí con la misma intensidad también, y volví a deslizar mis manos sobre su pecho para empujarlo contra el colchón.

    —Peor aun es lo que hiciste con la cerveza, desperdiciándola de esa manera, Ri-chan.

    Noté como sus dedos se deslizaban por la piel de mi espalda, haciendo dibujos aleatorios, y solté una risa baja encogiéndome de hombros.

    —Hombre, es que no estaba preparada.

    Completely worth it~ —se quedó unos segundos en silencio, mirándome expectante, y ladeé la cabeza claramente sin comprender qué quería—. Ahora es cuando me das el caramelo de menta.

    Volví a reírme y negué con la cabeza, levantando un brazo para llevar el dedo índice hacia su nariz, golpeteándolo un par de veces.

    —¿Y te crees que tengo caramelos en la ropa interior o cómo va?

    —Eso sería digno de ver.

    Busqué de nuevo sus labios y me presioné con insistencia dentro de su boca, aprovechando el momento para pasar una pierna por encima de su cuerpo y anclar así las rodillas a ambos lados.

    —Ya sé, ya sé. Primero me puse debajo para provocarte y luego me puse de nuevo encima porque soy una indecisa, no pasa nada si acortamos un poco~

    No le di mucho tiempo a que rechistase, si es que hubiese querido hacerlo, porque me incliné hacia delante y volví a dejar un reguero de besos húmedos por su cuello y, aprovechando que ya no había traje molestando, parte de los pectorales.

    Sí que volvió a reírse, pero me dejó hacer con una docilidad ridícula. Tampoco me iba a quejar, si de todas formas sus manos estaban bastante entretenidas paseándose por mis muslos y todo el asunto. Volví a hacerme con su boca, me presioné contra su entrepierna, en aquella ocasión con toda la intención del mundo, y un chispazo me recorrió toda la espalda cuando me correspondió con un choque de cadera.

    Me sonreí contra sus labios y aprovechó el momento para subir las manos a mi cintura, girándome hasta dejarme sobre la cama y él encima. Una de sus manos viajó de nuevo hasta mi pierna, y los dedos se le afianzaron sobre la piel, instándome a levantarla un poco porque sí.

    Dejé salir un quejido ligero cuando se separó del beso, pero poco tardó en dirigirse a mi cuello y mi voz pronto se moduló hasta dejar escapar una especie de gemido bajo. Sus toques fueron tentativos, hasta yo podía notar eso sin conocerlo demasiado; parecía querer aprenderse mis puntos sensibles en base a mis reacciones y, no sé, me pareció hasta lindo y todo. Tanto así, que no reprimí ninguna de mis respuestas, permitiéndole así hacerse la idea que le pareciese más adecuada.

    Sus dedos acabaron tentando mi entrepierna, por encima de la ropa interior, haciéndome arquear levemente la espalda ante el repentino chispazo, mismo momento en el que su lengua había decidido lamer parte de mi pecho. Busqué su mirada, ya opacada desde hacía un buen rato, y bien no podía tener idea alguna del demonio que dormitaba en su interior y que en ese instante quería despertar, que igual empezaba a hacerme a la idea de que Wickham fácilmente calificaba como un hijo de puta.

    Y yo me adaptaba con una facilidad estúpida, sin importar quién fuese.

    El camino de besos volvió sobre sus pasos hasta mi hombro y, después de un par de segundos, volvió a atajar mis labios al vuelo, cuando giré la cabeza para seguir sus movimientos. Si su objetivo fue distraerme con el beso, la verdad es que lo consiguió bastante, porque no fui consciente de que me había dado la vuelta hasta que… bueno, me quedé dándole la espalda.

    Deshizo el cierre del sujetador con la facilidad de quien había hecho eso mismo demasiadas veces y deslizó la lengua a lo largo de toda mi espalda, lanzándome un escalofrío por todo el cuerpo. La mano que había estado tentando cerca de las bragas acabó adentrándose en la tela y el contacto directo ahí abajo me arrancó un suspiro pesado directo del pecho.

    Well, well. Already so wet, darling~?

    Tampoco había que tener un doctorado en inglés para saber a qué mierdas se refería, así como tampoco había que conocerme desde hacía más tiempo para adivinar que no me importaba lo más mínimo.

    Me removí, deslizando las caderas para buscar más contacto, y prácticamente pude sentir la sonrisa de depredador que se le formó al chico aun si solo podía verlo de reojo. No se hizo de rogar, de todas formas, y sentí uno, dos dedos en mi interior, más un tercero que me estimuló el clítoris. Se inclinó de nuevo y buscó la curvatura del cuello para dejar algunos mordiscos; seguramente para escuchar mis gemidos aún mejor también.

    Tendría que estar satisfecho, porque me estaba sacando sonidos de los más placenteros, y es el que el cabrón sabía muy bien lo que hacía.

    Yo tampoco quería quedarme atrás, a decir verdad, y extendí el brazo a mis espaldas para colar la mano en su ropa interior y buscar también su miembro, comenzando a masturbarlo nada más encontrarlo. El aliento húmedo me chocó cerca del cuello cuando se rio, y sin embargo no paró sus movimientos en ningún momento.

    —Ri-chan —me susurró cerca del oído después de un rato, haciéndome algo de cosquillas—. Sé una buena chica y dime que tienes condones a mano.

    Asentí con la cabeza en un movimiento rápido y logré captar un “nice” bajo antes de sentir como me mordía el lóbulo con suavidad.

    Tuvimos que parar nuestras manos y Joey hasta se irguió para dejarme algo de libertad de movimiento, cosa que aproveché para volver a darme la vuelta una vez conseguido el preservativo de la mesilla de noche y todo.

    >>¿Sabor a fresa?

    —¿Qué pasa? ¿No puedo añadirle un poco de diversión al asunto? ¿O es que querías otro sabor?

    No dijo nada más, supuse que las ganas de follar acabaron superando a las de molestarme por el momento, y se quitó finalmente la prenda que aun le quedaba para colocarse la protección. Aproveché el momento para deshacerme también de mis propias bragas y, en una idea repentina que tuve, me hice con su mano justo después.

    Me miró con algo de curiosidad y casi pude sentir el ronroneo que le vibró en el pecho cuando al fin captó mis intenciones. Deslicé la lengua a lo largo de sus dedos índice y corazón, y entorné la mirada cuando me llevé el pulgar hacia el interior de la boca, mismo instante en el que él comenzó a penetrarme.

    Ni siquiera con el pulgar entre mis labios pude disimular muy bien el gemido bajo que me sacó la intromisión, que vibró con fuerza desde lo profundo de mi garganta.

    Se tomó su tiempo para acostumbrarse y empezó con embestidas lentas, aun permitiéndole a mi cuerpo a adaptarse a las mismas. Fue cuando al fin sacó el dedo y pude pedirle que fuese más rápido y fuerte que dejó de controlarse, aumentando la velocidad y la intensidad de sus embestidas, así como le había pedido.

    Volvió a enredar los dedos en mi cabello y tiró de los mismos con fuerza, echándome la cabeza hacia atrás para poder seguir mordiendo la zona del cuello entre las maldiciones que había empezado a soltar en inglés. En ningún momento volvió a mi boca, pudiendo así escuchar en totalidad las palabras inconexas que yo misma solté en japonés, entre los jadeos y gemidos.

    La habitación se llenó de nuestras voces y del sonido de nuestros cuerpos chocando, hasta que sentí como todo se paraba al alcanzar el orgasmo, haciéndome clavar las uñas con fuerza en la espalda del moreno. No pareció molestarle porque él mismo se había detenido al acabar no mucho después.

    Me tomé mi tiempo para regular la respiración, así como el resto de mi cuerpo, y cuando volví en mí, vi que Joey ya se había hasta desecho del preservativo usado y todo. Y, aun así, por algún extraño motivo que no logré discernir, había vuelto a tumbarse en la cama tras colocarse su ropa interior de nuevo.

    Hice lo mismo, y mientras tanto tuve una idea de lo más estúpida que, por supuesto, decidí seguir de todas formas.

    —Vale —dije de primeras, llamando su atención—. Se te da bien hacer fotos, se te da bien follar… ¿por algún casual también se te da bien matar zombies?

    Alzó una ceja ante mi pregunta y dejé salir una risa divertida ante la reacción. Me bajé de la cama para ir hacia el televisor, encendiéndolo, y me giré con un par de mandos de la Play en cada mano.

    —No se me da mal~

    —Por supuesto que no.

    Solté una risa irónica, rodando los ojos, y le lancé uno de los mandos sobre la cama antes de volver a subirme en la misma.

    —¿Qué juego tienes?

    —Tengo varios, pero mi favorito es el COD.

    Nice one.

    Escuché como mi teléfono comenzaba a sonar desde el baño, algo lejano pero inconfundible, y subí el volumen de la televisión para camuflar el sonido.

    Qué va, estaba demasiado a gusto, que lo intentasen más tarde~
     
    Última edición: 7 Julio 2021
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    Título:
    A house made of cards, and us, inside [Gakkou Roleplay | Colección]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    8
     
    Palabras:
    1927
    n/a: pero gabi, vas a dejar de escribir alguna vez de estos pendejos? well, no mi gente cuz son mis niños consentidos so roll with it :D
    Gigi Blanche anyways, this is all your fault (?)






    Blow that smoke and let me love that fire
    I don't need no memories
    Bed is broken now I'm floating higher
    This madness so good for me

    * * *


    | Alisha Welsh |
    | Joey Wickham |

    * * *

    Si había algo que nos caracterizase a Joey y a mí por encima de cualquier cosa, eso tenía que ser el hecho de que siempre nos acabábamos apuntando a todo. No solos nos subíamos a cualquier estupidez que al otro se le ocurriese con una facilidad ridícula, también nos acoplábamos a cualquier plan que surgiese por el camino.

    Era por ese motivo, de hecho, que habíamos acabado llegando a la casa del novio de una conocida de un primo de un ligue mío que me había hecho saber que estaba organizando una fiesta. No fue muy difícil sonsacarle la información necesaria, aunque puede que le hubiese hecho creer que iría con él a la misma cuando mi intención había sido arrastrarme a Joey desde el minuto uno. Todo eso sin querer, claro~

    Como cabía esperar, el moreno aceptó sin mayor complicación, y nos colamos en la fiesta sin ninguna clase de problema. Eso fue un poco aburrido, a decir verdad, porque hasta nos habíamos montado un plan de infiltración en caso de que no nos dejasen entrar por no reconocernos, pero ni modo~

    Estuvimos un rato juntos, haciendo una inspección rápida del panorama —lo que venía significando criticar el aspecto de la presente en inglés like two old bitches—, pero siendo los culos inquietos que éramos y con nuestra facilidad para socializar con cualquier alma, no tardamos en acabar dividiéndonos. Dejé a Joey ligando con la segunda señorita más linda del lugar —siendo yo la primera, duh— mientras yo iba de acá para allá tonteando y, por encima de todo, arrasando con la reserva de alcohol del pobre tipo que había organizado aquello.

    Solía hacer el idiota con bastante frecuencia, ya fuese borracha o no, pero lo cierto era que a veces el alcohol me hacía cometer estupideces que podían poner en peligro mi integridad física.

    Aquella ocasión fue una de ellas.

    No sé con qué motivación decidí hacerlo, pero por alguna razón misteriosa que nunca sabremos, estaba más que dispuesta a subirme al respaldo de un sillón para demostrar que se podía hacer un mortal desde ahí y sobrevivir en el proceso.

    El sillón se veía algo borroso desde mi posición y pensé que estaba mucho más lejos de lo que realmente estaba, pero me dirigí hacia él con paso decidido, aun cuando me tambaleé un poco al ponerme en pie.

    —¿Huh?

    Más o menos a medio camino, noté de repente como el sillón comenzaba a elevarse, como si estuviese flotando, y mis pies dejaban de tocar el suelo. Mi primer pensamiento fue que había comenzado a volar, claro, pero por mucho que seguí dando pasos en el aire, no lograba avanzar ni un centímetro hasta mi objetivo.

    Me tomó un tiempo conectar las neuronas para comprender la situación, pero al hacerlo realmente no necesité ni comprobar la figura que me había atajado para saber con seguridad de quién se trataba.

    >>Joey~ Suéltame~

    Pataleé y comencé a darle puñetazos suaves en la espalda, pero nada de mi reclamo infantil logró moverlo en lo más mínimo.

    —Venga, Ali-chan, creo que va siendo hora de renunciar al circo.

    Y ya podía tener más alcohol que sangre en el cuerpo, que sabía perfectamente que Joey no me iba a soltar a menos que se asegurase de que no iba a seguir con la tontería y que, por algún extraño motivo, tenía la suficiente fuerza para tenerme ahí sobre su hombro todo el tiempo que hiciese falta.

    —Eres un aguafiestas, ¿lo sabías? —me quejé, cruzándome de brazos.

    —Guilty as charged~

    Supongo que era plenamente consciente del poder que tenía sobre mí, aunque realmente nunca había tenido reparo en que se notase con nuestras acciones, pero que acabase mi pataleta pareció ser motivo más que suficiente para confiar en mí y noté como se agachaba para permitirme finalmente tocar el suelo.

    Recibir su expresión completamente divertida me hizo fruncir el ceño y el mismo solo se acentuó más cuando sentí como acercaba su mano libre hasta mi rostro y me apretaba las mejillas.

    >>Don’t pout.

    —I’m not pouting.

    —Yes you are~

    Estuvimos un rato así hasta que finalmente el chico se dignó a soltarme, no sin antes soltar una risa por mi actitud, y vi cómo le daba un trago bastante largo a la cerveza que llevaba con clara intenciones de acabársela, todo eso mientras yo me masajeaba las mejillas.

    Claro que habíamos acabado siendo el centro de atención de toda la fiesta con nuestro teatro, pero de ahí a que nos importase lo más mínimo había todo un mundo la verdad.

    No dijo nada más. Dejó el botellín sobre una mesa, se alejó hacia no sé muy bien dónde y volvió con mi chaqueta en las manos, echándomela por encima en cuanto se acercó de nuevo a mi posición.

    >>Creo que va siendo hora de irnos.

    —Eh~ Pero si la fiesta acaba de empezar.

    Dije eso, pero la verdad es que tampoco hice ningún amago por quitarme la chaqueta o resistirme a que me la ajustase como estaba haciendo.

    —Linda, llevamos aquí ya más de cinco horas.

    —¡Ah! ¿Y qué pasa con la chica… aquella que te estabas ligando?

    Decidí girarme a mitad de frase, para poder buscar con la vista a la muchacha a la que me estaba refiriendo, y señalarla así cuando la tuve en mi campo visual.

    —Eso es una lámpara, Ali-chan —su voz sonó terriblemente cerca de mi oído y no tendría que haber sucedido, pero sentí un ligero escalofrío recorrerme la espalda por ello—. La chica está… ahí~

    Había apoyado sus dos manos sobre mis hombros y me hizo girar un par de centímetros hacia la derecha, hasta que pude realmente ver a la muchacha en cuestión.

    >>Y está solucionado. Anda, vámonos.

    No se me ocurrió ninguna otra excusa estúpida para convencerlo de que nos quedásemos un rato más así que acabé por simplemente suspirar y lo seguí hasta la puerta de salida.

    ¡Eso sí! No pudo evitar que, antes de irnos, le diese un abrazo de lo más cariñoso al anfitrión (o al que creía que era el anfitrión) a modo de agradecimiento por una fiesta tan divertida. Joey me tuvo que separar un poco a la fuerza, pero lo consiguió después de un rato.

    Nos recibió el aire frío del exterior y, no es que hiciese realmente falta, pero igual me pegué un poco más al chico con la excusa de buscar calor en cuanto estuvimos fuera. No se quejó mucho al respecto y acabó echándome un brazo por encima de los hombros, comenzando a caminar no mucho después. Por suerte había decidido no llevar tacones aquella noche.

    Noté por el rabillo del ojo como Joey intentaba sacarse el paquete de cigarros de su propia chaqueta para encenderse uno, pero lo detuve a medio camino al extender el brazo delante de su rostro y enseñarle un paquetito de plástico colgando de mis dedos.

    —¿Cuándo ha sido? No te he visto comprándola.

    Ignoré deliberadamente el hecho de que su frase implicase que me había estado vigilando toda la noche y le dediqué una sonrisa de lo más orgullosa mientras abría el paquete.

    —No la he comprado~

    No pareció entenderlo de primeras, pero cuando lo hizo sus labios formaron una sonrisa lobuna, aunque no pudo esconder del todo la sorpresa que sentía.

    —¿Para eso abrazaste al tipo ese? ¿Para robarle? Incredible, Ali-chan.

    Busqué su mirada mientras pasaba la lengua por el papel de tabaco, con un deje divertido en mi expresión.

    —Así conseguía algo de dinero extra de mis padres, las llaves del coche, y alguna que otra cosa~

    Le extendí el porro ya hecho y vi como se lo llevaba a los labios para encenderlo y darle la primera calada. Nos habíamos parado en mitad de la calle y realmente ni siquiera hacía falta decir nada al respecto.

    Sentí su mano deslizándose hasta alcanzarme la nuca, ancló los dedos ahí entre la melena y se inclinó lo suficiente para quedarse a apenas unos milímetros de mis labios. Ladeé ligeramente la cabeza y recibí el humo que expulsó, alzando la vista apenas para buscar la suya.

    Dios, cómo adoraba perderme en la oscuridad de sus ojos.

    Me soltó no mucho después, recibí el cigarro que me extendió y reanudamos la marcha.

    No me lo cuestioné en ningún momento, tampoco sabría decir por qué lo asumí sin más, pero nuestra caminata terminó en su piso. Podía haberme llevado a casa, quedarse o irse después; podía haberlo hecho perfectamente, pero simple y llanamente pintaba acabar en su apartamento.

    Entró sin mucho cuidado, sin importarle demasiado el ruido que hiciésemos, y encendió las luces sin más, así que pude asumir que Matty no estaba en casa.

    De repente me asoló un hambre inexplicable y no dudé ni un segundo en encaminarme hacia la cocina, comportándome como si estuviese en mi casa o algo así. Cuestión de que parecía que Joey le había pillado el gusto a joderme los planes y sentí cómo me agarraba de la cintura para levantarme del suelo y cambiar la ruta.

    Forcejeé en un intento de librarme, pero no hubo realmente manera, y para cuando me quise dar cuenta, habíamos acabado en el baño.

    —A ducharse, missy.

    Wait!

    Vi como se disponía a salir del cuarto y lo enganché de la muñeca para pararlo, recibiendo su mirada escéptica al darse cuenta de que le estaba haciendo ojitos.

    >>Dúchate conmigo~ ¡Prometo comportarme! Pinky promise~

    Pareció dudar un par de segundos, pero acabó por soltar un suspiro y volvió a acercarse para hacerme saber que aceptaba. Di un par de palmaditas emocionada y comencé a desvestirme justo después.

    En realidad, sabía más que nadie que su duda había sido puro teatro. Igual que yo supe que no tenía sentido rechistarle cuando me cargó como saco de patatas, él sabía que no tenía sentido rechistarme en aquella situación. Y por mucho que se hiciese, en absoluto le molestaba.

    ¿Me comporté como había prometido? Claramente no. Pero bueno, que tampoco era mi culpa si Joey no conseguía controlar las reacciones de su cuerpo solo por andar molestándolo un poquillo~

    Entre una cosa y otra, nos dieron las siete de la mañana para cuando salimos de la ducha y acabamos en la cocina intentando desayunar sin caer dormidos en el proceso. ¿Salió bien? Más o menos.

    En definitiva, ni siquiera nos dio la vida para llegar a la habitación de Joey y acabamos cayendo prácticamente noqueados en el sofá. No era lo más espacioso ni cómodo, pero teniendo en cuenta que siempre acababa durmiendo prácticamente encima suya, era casi como si fuese una persona, así que podíamos sobrevivir a ello.

    Esa había acabado siendo nuestra rutina y, si me preguntaban, no la cambiaría por nada.
     
    Última edición: 7 Julio 2021
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  6. Threadmarks: V. Cause I feel like I'm the worst so I always act like I'm the best [Riamu Yumemi]
     
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    A house made of cards, and us, inside [Gakkou Roleplay | Colección]
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    8
     
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    n/a: ¿Era esto completamente necesario? No, pero como digo, sometimes i got bored and i was sick y en lugar de estudiar pues hago ficazos, ¿qué pasa? (?)

    Anyways, algo cortito y canon para el día 12 uwu





    One track mind, one track heart
    If I fail, I'll fall apart
    Maybe it is all a test
    Cause I feel like I'm the worst
    So I always act like I'm the best


    * * *

    | Riamu Yumemi |

    * * *
    Por sorprendente que pudiese parecer, también sabía cuando una situación requería que relajase el culo, y fue por eso que después de responderle a Kou acabé por bajarme de la mesa y me comí el resto de dulces en silencio mientras él acababa su almuerzo.

    Me acompañó hasta la puerta de mi clase, por supuesto, y se montó todo el teatro de besarme el dorso de la mano incluso, sacándome una carcajada suave en el proceso. Mira que le estaba gustando montarse todo aquello, ¿eh?

    Me lo estaba empezando a preguntar, a decir verdad, las motivaciones para todo eso. Me parecía bastante obvio que lo del beso en la fiesta había sido por la situación y que en realidad no le gustaba para nada de esa manera, así que realmente no entendía por qué había acabado almorzando conmigo si casi parecía drenarle las energías.

    Tampoco me iba a quejar, que tonta no era.

    Llegué a casa bastante risueña y es que, aunque el día había empezado algo pesado con todo lo de Hitoshi, había acabado siendo bastante más productivo de lo que habría esperado. Es decir, ¿tontear con Arata por la mañana, encontrarse a Joey en la cafetería y almorzar con Kou? Que se atreviesen a decirme que aquello no era tremendo pleno.

    De nuevo, Nana había decidido quedarse a esperare aun cuando tenía que haber vuelto a su casa hacía horas y, aunque me recibió con toda la normalidad del mundo, noté al instante que algo no iba del todo bien.

    —¿Qué pasa? —le pregunté, quitándome el blazer para dejarlo sobre el sofá.

    Intenté no sonar demasiado demandante, pero lo cierto es que no pude evitar que algo de ansiedad se me colase en la voz y que prácticamente sonase como una exigencia.

    —Tu madre, ha llamado para pedirme que te preparase la maleta para un par de días.

    Me giré para mirarla, frunciendo el ceño en una expresión contrariada, y la única respuesta que recibí fue un encogimiento de hombros.

    >>No lo sé, pensé que te habría llamado también. Pero ya sabes que no me gusta revolver en tus cosas, así que no he hecho nada.

    Suspiré y asentí con la cabeza, algo distraída. ¿Llamarme y avisarme de las cosas antes de decidirlas por su propia cuenta? Que poco propio de mi madre era aquello.

    —Está bien, gracias. Ya me encargo yo, así que puedes irte~

    No pareció muy convencida de dejarme sola, pero tampoco tenía muchas más opciones así que acabó por cumplir lo que le decía y apenas un segundo después de que se fuese, saqué el móvil para marcar el número de mi madre.

    >>¿Para qué me necesitas en Shanghái, mamá?

    La escuché suspirar con fuerza al otro lado de la línea, todo acompañado por el bullicio de fondo que casi opacaba todo lo demás.

    —No tengo tiempo para explicarte nada, Riamu, solo coge la maleta y ve al aeropuerto.

    Me dejé caer en el sofá y dirigí la mirada hacia algún punto de la pared, recogiendo las piernas hasta apoyar la barbilla sobre las rodillas. Siendo la fashion week de ahí, lo cierto es que sí me imaginaba para lo que me necesitaba.

    No le había contado toda la verdad a Joey aquella noche, ¿verdad? No era solo herencia lo de saber posar, ya había tenido que posar varias veces para mi madre.

    Solo se acordaba de mí cuando le fallaba alguna modelo, claro.

    —Al menos dime cuanto tiempo quieres que esté ahí, no puedo saltarme muchas clases.

    —Dile a tu tutor que recupere las clases otro día y ya.

    No fallaba.
    —Mamá, me apuntasteis al Sakura hace unas semanas, ¿te acuerdas? Ya no puedo cambiar las horas según me dé la gana.

    —Bueno, qué más da. No pasa nada porque faltes un par de días.

    —Tengo que entregar un proyecto el jueves.

    —Ay, está bien. Vienes esta noche, mañana por la mañana me ayudas con una sesión de fotos, por la tarde te puedes quedar en el hotel, por la noche vuelves y el miércoles estás en Tokio para preparar el bendito proyecto, ¿está bien?

    —Mhm…

    —Pues venga, que el jet no va a esperar todo el día.

    Me colgó antes de que pudiese despedirme y me quedé mirando la pantalla apagada del móvil como una estúpida. Podía intentar justificarla y achacar todas sus reacciones al estrés de estar organizando el desfile; podía hacerlo para convencerme, ¿pero acaso vivía estresada todos los jodidos días?

    Cerré los ojos durante un minuto, soltando un suspiro pesado para poder controlar mi respiración después, y cuando volví a abrir los ojos, me bajé del sofá mientras encendía el teléfono de vuelta.

    Le escribí el mensaje a Alethea para que no me esperase mañana y subí a mi habitación para preparar el equipaje, que por suerte no sería mucho. Tenía que pensar en la parte positiva de todo aquello, ¡podría comprarles regalos a mis amigos! O, bueno, lo que sea que fuesen los tipos con los que me estaba juntando en el Sakura.

    Y, no sé, al menos los hoteles que mamá contrataba siempre eran de bastantes estrellas así que al menos podría aprovechar la tarde de descanso para desconectar de verdad durante un par de horas.

    Solo… olvidarlo todo por un rato para poder continuar como si nada después.
     
    Última edición: 7 Julio 2021
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  7. Threadmarks: VI. Tonight we're gonna dance in the moonlight and then we're gonna do it some more [Joey x Alisha]
     
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    n/a: heyo. ¿que si tengo tres ficazos abiertos con cosas de backgrounds? sí. ¿que si las he dejado de lado para hacer el esto? también. ¿que si sigo siendo una pesada con ellos? pues obviamente.

    Escenas de contenido explícito, bc guarras se nace no se hace; canon para la noche del miércoles.

    Gigi Blanche HO-LA





    All this spicy melts my icy edges, baby, for sure
    Tonight we're gonna dance in the moonlight
    And then we're gonna do it some more

    * * *


    | Alisha Welsh |
    | Joey Wickham |


    * * *

    La noche ya había caído sobre la ciudad cuando Joey y yo salimos del restaurante, ligeramente achispados por la botella de vino que nos habíamos acabado devorando entre los dos. La temperatura también había bajado de manera considerable y Joey, como el buen caballero que estaba siendo, me dejó su chaqueta para no helarme de camino a su piso.

    Eh, se estaba portando tan bien, me daban ganas de comérmelo~

    No sabría decir muy bien por qué no nos dignamos a coger un taxi para llegar a nuestro destino, pero es que realmente habíamos llegado a un punto de nuestra vida en el que habíamos decidido dejar de cuestionarnos la mitad de las cosas que hacíamos y simplemente fluíamos con ello.

    Habíamos quedado para cenar tan pronto que, en realidad, ni siquiera había dado la medianoche para cuando alcanzamos finalmente el apartamento del chico. Le di a Joey la caja que había estado llevando conmigo toda la ruta y me acerqué a una de las puertas cerradas del pasillo en lo que él iba a la cocina.

    —¿Matty~?

    No esperaba que el chico estuviese despierto o que me fuese a hacer caso, por eso mismo lo había llamado en un susurro imperceptible, y por eso mismo di un respingo cuando me di cuenta de que la puerta se abría para dejar ver su figura.

    —¿Ya habéis llegado?

    —¡Síp! ¡Y hemos traído tarta!

    Me recompuse en apenas unos segundos, por supuesto, y ni siquiera le di tiempo al muchacho a reaccionar antes de hacerme con su muñeca y llevármelo en banda hacia la cocina. Una vez ahí los chicos se saludaron y en realidad no solté al mayor hasta que me aseguré de que estuviese sentado en una silla y con un trozo de pastel delante, para que no pudiese escaparse.

    Es decir, Matty también era ya prácticamente familia para mí.

    —¿Os lo habéis pasado bien entonces?

    —¡Mhm! —exclamé, emocionada, llevándome una porción del postre a la boca—. It’s been nice~

    Miré entonces a Joey, aun comiendo, y tomó el relevo de la conversación para explicarle a su hermano qué tal había ido la velada. Bastante bien, ¿eh? No habíamos esperado que los niños pijos comiesen tan bien, pero realmente los platos no habían sido ni especialmente pequeños ni mal hechos. ¡Qué suerte tener dinero, oye!

    Seguimos hablando un buen rato, sin dejar de devorar la tarta aquella tan rica, y al final Matty se despidió revolviéndonos un poco el pelo a ambos y pidiéndonos que no nos acostásemos muy tarde antes de volver a su habitación.

    Le eché un vistazo a Joey con la cucharita en la boca, recorriéndolo con la mirada, y noté como se me formaba una sonrisa al pillarlo haciendo lo mismo.

    Bastante más fácil decir que hacerlo, I guess~

    Dejé al chico recogiendo las cosas en lo que iba a su habitación, quitándome los tacones en el proceso para dejarlos por ahí en el sofá, y me entretuve cotilleando su escritorio hasta que se dignase a aparecer. Tenía fotos colgadas aquí y allá; no solía cambiarlas así que me las conocía bastante bien, y aun así siempre me quedaba mirándolas con una intensidad estúpida.

    No lo escuché al entrar, pero no era como si lo necesitase para saber que estaba ahí, y no me inmuté demasiado cuando sentí su respiración cerca del cuello. Solté una risa floja, eso sí, cuando noté que levantaba las manos para hacerse con la melena y pasarla por el hombro contrario. Fue gracioso porque intentó ser lo más suave posible, pero me lo había alisado para la ocasión y un par de mechones se le escaparon entre los dedos, haciendo que tuviese que pasarlos de nuevo.

    No pareció molestarle lo suficiente para dejar de lado el acto y no tardó en hundirse en la curvatura del cuello para comenzar a dejar un par de besos castos por la zona. Comenzaron siendo así, pero ladeé la cabeza para darle mejor acceso y los besos no tardaron en volverse algo húmedos.

    Podía estar montándose todo el teatro o lo que sea que estuviese pasando por la cabeza, pero era obvio que había algunas cosas que no iban a cambiar. Una de sus manos viajó por mi piel hasta alcanzar la cremallera del vestido y se dedicó a bajarla en un movimiento suave y terriblemente lento; la otra, sin embargo, se había aferrado a mi cabello y apretó con algo de fuerza para dirigir la inclinación de cabeza según le viniese mejor.

    So gentle all of a sudden, honey? —murmuré, en mitad de un suspiro, y extendí un poco los brazos para poder apoyar las manos sobre el escritorio.

    Well, I’m a gentleman, right? —me respondió en un susurro, acercando los labios al lóbulo de la oreja y dándole un ligero mordisco al mismo.

    Solté otra risa floja, que acabó transformándose en un jadeo contenido con el mordisco, y por muy caballero que se suponía que estaba siendo, su cuerpo reaccionó solo cuando eché las caderas hacia atrás para encontrar su entrepierna, presionándose con fuerza a modo de respuesta y atrapándome un poco más contra el escritorio.

    Right.

    No me hizo falta mirarlo para saber la sonrisa de mierda que se le había formado en los labios, justo un segundo antes de que decidiese deslizar la lengua a lo largo de mi cuello y de que la voz se me quedase atorada en la garganta como consecuencia.

    No sabía él, pero yo al menos llevaba sin estar con alguien desde el domingo y ya le tenía ganas al cabrón desde el espectáculo que nos montamos en la cafetería el lunes, así que digamos que tampoco tenía muchas intenciones de controlarme.

    Hacerlo contra su escritorio sonaba kinky and tempting as fuck, aunque tampoco podía asegurar si iba a ser la primera vez que lo hacíamos así o no. La cuestión fue que se me cruzó alguna especie de cable y, aunque noté su mano colándose por la abertura del vestido y el camino de besos húmedos que comenzó a dejar hacia mi espalda, no me incliné más sobre la mesa.

    Creo que lo había sabido desde el principio, con esa estúpida facilidad que teníamos para leernos las intenciones mejor que nadie, y por eso no se inmutó ni un poquito cuando conseguí girarme para poder encararlo.

    Me recibió con una sonrisa suave que no tardé en reflejar y sentí como sus dedos viajaban a lo largo de mi espalda, rozando la piel con una delicadeza estúpida que consiguió erizarme la misma a su paso. Mis manos se deslizaron por la tela de su camisa, hasta alcanzarle la nuca, y me impulsé lo suficiente para atraparle los labios.

    Me dejó colar la lengua en cuanto hice el mínimo amago de ello y noté las yemas de sus dedos presionándose contra la piel, instándome a pegarme más a su cuerpo, orden que desde luego no tuve problema en acatar. Lo besé cómo me vino en gana, recorriendo el interior de su boca con la lengua.

    No sabía cuánto tiempo pretendía seguir con el acto aquel, suponía que el máximo tiempo que le fuese posible, pero yo estaba dispuesta a seguirle el rollo todo el rato que él quisiese.

    …más o menos.

    Seguía bastante concentrada en mi tarea de comerle la boca como si no hubiese un mañana, aprovechando al máximo aquello de que me estuviese dejando hacer lo que me viniese en gana, y aun así noté como sus manos viajaban hasta mis caderas e intentaban subir la tela del vestido, que por primera vez en mi vida no era jodidamente corta y eso tenía que estar jodiéndole un poco en ese momento.

    Me sonreí a mitad de beso y rodeé sus muñecas con mis dedos, parando en seco todos sus intentos. Nos separamos y repasé su expresión con el deje de una sonrisa vaga, viendo cómo intentaba disimular lo más rápido posible la sorpresa de su rostro.

    —Sh~

    Busqué sus labios de nueva cuenta, y en aquella ocasión fui yo la que comenzó a moverse con una lentitud absurda, just for the sake of it. Dejé sus manos apoyadas en el borde del escritorio a mi espalda y, con las mías liberadas, pude dedicarme a desabrocharle los botones de la camisa. Deslicé después las uñas por su torso, marcando un camino serpenteante de color rojo al tenerlas ya bastante largas, y alcancé el límite de sus pantalones.

    Me separé de su boca una vez más y bajé los besos a lo largo de su cuello, mientras me dedicaba a desabrocharle el cinturón y los pantalones para poder sacar su miembro inmediatamente después. Comencé a estimularlo sin demora e imaginé que estaba entendiendo mi plan, así que no dijo nada y simplemente se dejó hacer sin oponer ninguna clase de resistencia.

    Levanté la vista hasta lograr chocar con su mirada, encontrándomela ya opacada exactamente cómo había esperado, y adquiriendo aquel tinte felino en mi sonrisa fue que finalmente comencé a bajar.

    Me agaché hasta acabar de rodillas y mantuve el contacto visual en todo momento, especialmente cuando acompañé el movimiento de la mano con mi lengua, deslizándola a lo largo de todo su miembro. Capté al vuelo la expectación en sus ojos y no me hice mucho más de rogar, introduciéndomelo por completo en la boca.

    Me concentré por completo en la tarea, acompañando el movimiento de cabeza y mano con el de la lengua, y ni siquiera me interrumpí cuando sentí que de repente se hacía con mi pelo entre sus dedos en una especie de coleta improvisada, no sabía muy bien si para facilitarme el trabajo o para poder ver mejor la escena.

    O quizás ambas.

    Por muy zorra que pudiese llegar a ser, lo cierto era que comer pollas no entraba entre mis planes la mayor parte del tiempo. Aun así, sabía muy bien cómo hacerlo para volver a Joey loco con ello y sus jadeos rebotando por toda la habitación solo confirmaban más la teoría, además de incentivarme a seguir haciéndolo exactamente así cómo le gustaba.

    Me obligué a separarme después de un buen rato, levantando de nuevo la vista desde mi posición mientras me limpiaba la comisura de los labios y sin hacer amago alguno de liberarme de su agarre, por muy flojo y superficial que el mismo estuviese siendo en ese momento.

    —¿Quién es el ruidoso ahora? —murmuré, con un claro tono burlón, y supe nada más abrir la boca que ya había pulsado los botones suficientes para querer hacerle cortar el teatrillo que se estaba montando.

    Afianzó el agarre en la cascada dorada, y no es que hubiese necesitado ninguna señal para ello, pero aun así no me levanté hasta que tiró un poco del pelo y me permití regodearme en la sensación ligeramente dolorosa del gesto.

    Prácticamente se abalanzó sobre mis labios y no me dejó tomar ni una pizca de control, dominando él el beso por completo. Le dejé hacer lo que le saliese del alma, obviamente, y me nubló tanto la mente con eso que apenas me di cuenta que me estaba empujando hacia la cama hasta que sentí el colchón rebotando bajo nuestro peso.

    Ahogué un gemido cuando sentí que se separaba para morderme el labio inferior y me estremecí como una completa estúpida cuando logró finalmente levantar la tela del vestido, presionándome la zona del clítoris apenas con el pulgar por encima de las bragas.

    You like me better like this, don’t you?

    Su voz ronca sonó jodidamente cerca y me tomó un tiempo darme cuenta que se había cernido hasta alcanzarme el oído, echándome el aliento encima y erizándome la piel con ello.

    I do —solté, prácticamente en un suspiro.

    Nasty~

    Eso dijo, como si fuese alguna especie de sorpresa o, peor aún, algo malo; pero apenas un segundo después se hundió en mi cuello para morder y lamer la piel como si la vida le fuera en ello.

    Colé las manos dentro de su camisa cuando tuve la oportunidad, deslizando la tela por sus brazos hasta que la misma cayó a sus pies, y aproveché el momento en el que tuvo que separarse para deshacerse de mi vestido para erguirme sobre la cama. Me lancé de nuevo a su boca, rodeando su cuello con los brazos y hundiendo las manos en su mata de pelo, y noté como me desabrochaba el sujetador con una facilidad ridícula en ese mismo momento.

    Sus manos viajaron después hasta mis glúteos, apretó con algo de fuerza, y yo me presioné contra su cuerpo, ahogando un gemido contra sus labios al notar el chispazo de electricidad por la presión en los pezones.

    No había querido pedirle nada aquella noche, en mi idea estúpida de que tenía que ser yo la que le cumpliese los pedidos por ser su cumpleaños, pero había desconectado los cables por completo y no había manera humana de que recordase ni qué día era en aquel momento.

    —Venga, Joey, fóllame de una buena vez.

    Igual sabía que le gustaba que le pidiese las cosas.

    Se sonrió como un auténtico depredador al escucharme y me separó el pelo en dos para pasármelo por los hombros hacia delante antes de indicarme que me diese la vuelta. Obedecí sin rechistar y me eché hacia delante sin necesidad de ninguna especificación, quedándome a cuatro, mientras lo escuchaba hacerse con un condón para colocárselo.

    Supe que se relamió como un jodido animal cuando me vio en aquella postura por voluntad propia, simplemente lo sentí con alguna especie de sexto sentido, y después hundí el rostro en el colchón cuando me alzó un poco más las caderas y apartó la tela de las bragas.

    Se metió sin ninguna clase de aviso, sin ninguna clase de cuidado tampoco, y tuve que hacer un esfuerzo titánico para lograr ahogar la voz contra las sábanas cuando comenzó a embestirme y que los gemidos no se saliesen de control.

    Creo que Joey intentó controlarlo, quizás porque no se fiaba de que pudiese disimular si no había algo acolchando mi voz, pero puede que el demonio fuese mucho más poderoso que él. La cascada dorada se había quedado desparramada por todos lados, los brillos pálidos que debía estar desprendiendo serían trémulos por el movimiento y llamarían su atención de manera insistente, haciendo así que al final se enganchase de nuevo a la misma y tirase de ella para erguirme de nuevas cuentas.

    Pensó rápido, o simplemente se dejó llevar por el momento, la cuestión es que me tapó la boca con la mano que tenía libre y yo eché la cabeza hacia atrás hasta apoyarla en su hombro. La movida no me hubiese molestado en ninguna situación, había que ser sinceros, pero en aquel momento estaba tan completamente ida que ni siquiera logré darle la suficiente importancia.

    Siguió aumentando el ritmo de las embestidas, me mordió la porción de piel que había dejado descubierta cerca de su boca y en algún momento dejó de agarrarme el pelo para bajar los dedos hasta el clítoris.

    Me deshice en apenas unos segundos, incapaz de soportar más todas las jodidas sensaciones, y Joey no tardó en seguir el mismo camino. Lo supe cuando aflojó la mano y mi respiración agitada adquirió algo más de sonoridad.

    Me arrastré hasta alcanzar la almohada en cuanto Joey se fue a tirar el preservativo y le hice ojitos cuando volvió a acercarse. Tenía que tener el maquillaje corrido por el sudor, pero eso no me iba a impedir intentar darle pena o algo.

    —¿Qué?

    Wanna spoon~ —pedí, con el tono demandante de una niña que quería el último juguete que hubiese salido.

    Rodó los ojos, haciéndose el interesante, pero aun así me hizo una señal con la cabeza y me sonreí, satisfecha, antes de girarme para darle la espalda. Noté como se metía en la cama y eché los brazos por encima de los suyos en cuanto me rodeó con los mismos.

    >>Felicidades, cariño… —murmuré, en mitad de un bostezo, y me acomodé un poco mejor entre sus brazos.

    No dijo nada, asumiendo que me había quedado dormida nada más terminar de hablar, pero lo cierto fue que sentí el beso que me dejó sobre el pelo antes de caer finalmente rendida.
     
    Última edición: 7 Julio 2021
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  8. Threadmarks: VII. I'm so tough to tame now, look at what you made me do [Alisha & Anna]
     
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    A house made of cards, and us, inside [Gakkou Roleplay | Colección]
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Drama
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    8
     
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    2485
    n/a: jsjsjsjs Gigi Blanche sorry, te quiero (?) perdona si hice ooc con anna, sé que es casi como mi hija pero en verdad como solo la he relacionado más con emi pues me da inseguridad sacarla de ahí (?)





    Let out of the cage, took my chains away
    I'm so tough to tame now
    Look at what you made me
    Look at what you made me - do

    * * *


    | Alisha Welsh |
    | Anna Hiradaira |


    * * *
    Era una persona inherentemente inconsistente, esa era quizás una de las pocas verdades que podía soltar sin problema porque todo el mundo era consciente del hecho.

    Empezaba series y las dejaba a mitad, hasta que recordaba su existencia meses después y decidía acabármelas. Mi aburrimiento era tan grande cuando estaba en Chicago que hasta empezaba a leer, pero los libros corrían el mismo destino que las series, e incluso menos me duraba el interés.

    ¿Cuánto llevaba sin aparecerme por el gimnasio? Unos cuantos meses, probablemente.

    Solía ser así: me aparecía durante un par de semanas con una frecuencia absurda, prácticamente todos los días y durante toda la tarde, para luego desaparecerme durante una cantidad de meses indefinida hasta que me apeteciese volver.

    No había sido muy difícil convencer a mi padre de que me pagase la mensualidad del gimnasio, si él siempre había estado encantado con que al menos hubiese mostrado un mínimo interés en hacer ejercicio, así que me podía permitir hacer lo que me viniese en gana porque sabía que no me pondrían quejas.

    En mi defensa tenía que decir que tenía mi propia manera de quemar calorías en esos meses, igualmente efectiva.

    La cuestión es que había llegado a casa después de las clases y me había despertado con ganas de ir al mismo, así que ahí estaba plantada como si nada. ¿Por qué en ese momento y no en cualquier otro? Vete tú a saber.

    Quizás porque no sabía qué mierdas le había pasado a Aiden para que no diese ni la más mínima señal de vida. No era como si pudiese simplemente ignorarlo, al fin y al cabo, al cabrón lo había querido durante esos dos años y por mucho que me jodiese, siempre le tendría un mínimo de aprecio.

    Tenía que hacer algo para distraer mi mente, y por desgracia no me encontraba en la capacidad para salir a emborracharme como solía hacer. Para ser completamente sincera, no era tanto la capacidad para emborracharme si no el hecho de que me conocía lo suficiente para saber que, si hacía eso, seguramente la acabaría cagando de nuevo, terminaría involucrando a Joey de alguna manera y… no quería joderlo ahora que estábamos de nuevo en nuestro eje.

    Entre al edificio sin mayor complicación y me dirigí hacia la sala dónde siempre acababa, asomando la cabeza por la puerta para echarle un vistazo al interior, antes de nada. Distinguí la figura de uno de los trabajadores del lugar, suspiré aliviada al ver que estaba bastante entretenido con otras personas y entré finalmente.

    Los primeros golpes contra el saco fueron tentativos, lo cierto era que no sabía cuánto sería capaz de aguantar mi cuerpo después de tanto tiempo, pero después de un rato la cabeza se me fue por completo a blanco y simplemente me dejé llevar por lo que sentía que necesitaba en ese momento.

    Arranqué los cables por completo y de golpe, no necesitaba estar plenamente consciente para dar golpes y golpes contra un saco, pero quizás no había sido la idea tan excelente que me creía.

    Me servía para desconectar de todo lo que estuviese pasando en ese momento, que no era poco, pero también me lanzaba chispazos de recuerdos que creía haber conseguido encerrar mejor en la memoria.

    Recordaba las luces de neón brillando,

    el tacto frío del metal entre mis manos
    y el jodido olor a hierro de la sangre.
    —¡Alisha!

    La voz que se abrió paso entre todo ese caos fue femenina, no sabía cuanto tiempo llevaría ya llamándome, pero tenía que ser bastante teniendo en cuenta la urgencia del último intento, y tuve que pestañear un par de veces hasta lograr enfocar la figura menuda en mi campo visual.

    —¿Anna?

    Me desencajó por completo ver un rostro conocido de la academia en ese lugar, sobre todo la chiquilla esta, pero las neuronas se me conectaron lo suficientemente rápido para disimular todo y mostrarle una sonrisa suave que me caracterizaba bastante más.

    >>¿Qué haces tú aquí, bubbly~?

    Me pareció haber distinguido un deje de su preocupación en su rostro, pero desapareció tan rápido que supuse que había sido fruto de mi imaginación. ¿Qué sentido tenía que la niña se preocupase por mí, de todas formas?

    —Trabajo aquí. ¿Y tú?

    Me había centrado en quitarme los guantes de boxeo, usando los dientes para desabrochar el primero, así que no la estaba realmente mirando, aunque sí la estuviese escuchando, pero levanté la vista para echarle una mirada de pura incredulidad.

    >>Ya, ya —soltó, después de una risa bastante breve—. Digo, no te había visto hasta ahora.

    —No he tenido mucho tiempo de venir, esto me pilla bastante lejos.

    Acabé por quitarme el segundo guante apenas después del primero y los dejé caer por ahí antes de mirar a Anna con una sonrisa divertida. No parecía que fuese a preguntar, aunque se me hacía prácticamente impensable que no estuviese pensando el porqué.

    Eché la mirada hacia atrás, por encima del hombro, para comprobar que el encargado que había visto al entrar seguía dando vueltas por ahí y lo señalé con un gesto de cabeza cuando volví a centrarme en la morena.

    >>Lo conocí por ahí, me dijo que trabajaba en un gimnasio y bueno, aquí estamos. No tengo descuento, pero al menos es un polvo asegurado.

    Cuando me apetecía echárselo, claro, y no lo evitaba como estaba haciendo en ese momento porque mucho, mucho no me apetecía lidiar con él.

    >>¿Así que trabajas aquí? What were the fucking odds?

    Cambié de tema, así como si nada, igual tampoco pensaba que la chica tuviese mucho que comentar al respecto de lo otro, y aproveché el momento para quitarle la botella que traía de las manos y darle un buen trago a la bebida.

    ¿Así como si nada? Pues sí.

    —¡Síp! ¡También hago kickboxing! ¡Así que como vuelvas a quitarme la botella, te pego!

    —Cuidado con el tanuki, so scary~

    Estuve a punto de devolverle la botella, pero fue escuchar su comentario y levanté el brazo en su máxima extensión, sin pretender disimular la carcajada de pura diversión que se me escapó de los labios.

    En realidad, conocía entre poco y nada a Anna, y aun así hubo algo dentro de mí que supo que me seguiría la estupidez sin hacerse mucho de rogar, así cómo también tuve la seguridad de que su amenaza anterior no tenía mucho peso.

    Tampoco iba a pararme a comprobarlo, la verdad, que seguro el tanuki metía buenas hostias.

    En fin, que se puso a dar saltitos para intentar alcanzar la botella y yo estiré más el brazo para evitarlo, hasta que al final me cansé y le deposité la bebida sobre la cabeza.

    >>Oye, ¿tienes algo que hacer cuando salgas de aquí? —pregunté, de nuevo como si nada, mientras me giraba para recoger mi móvil de por ahí.

    La había visto refunfuñando después de mi movida, pero no le di mayor importancia, y cuando volví a encararla había recuperado la chispa alegre de antes.

    —Depende, ¿para qué~?

    I was just thinking… aún me debes una bebida, ¿cierto?

    Recordaba solo lo que me apetecía, eso estaba claro, y sinceramente no esperé que la chica lo pillase al instante, o que lo pillase directamente, pero su sonrisa adoptó un tinte ligeramente diferente al original y tenía que admitir que el gesto me había sorprendido para bien.

    —Cierto~

    Supongo que no hizo falta decir mucho más. Ella se despidió porque tenía que encargarse de lo que fuese y yo pues seguí a lo mío después de comprobar que no tenía ningún mensaje ni nada por el estilo.

    ¿Para qué exactamente quería salir a tomar algo con Anna? Sinceramente, es que ni idea. Quizás era que, al final del día, simplemente no podía pasar mucho tiempo sola.

    Sea el motivo que fuere, daba igual en ese momento, lo importante era que me había conseguido un plan que parecía lo suficientemente entretenido como para distraerme otro buen rato más.

    No me había traído, así como quien dice, el conjunto más slutty de mi armario para cambiarme después de la ducha —hasta juraría que la camiseta que llevaba era una de las que le había robado a Joey en algún momento de nuestras vidas, fíjate tú—, pero aun así pude notar como algunas miradas nos caían encima cuando entramos al bar al que Anna me había llevado.

    Es que había cosas que simplemente no se podían esconder~

    Por otro lado… ¿Bar Psy? No había entrado ahí en mi vida, y eso que me había recorrido pubs, bares y discotecas hasta decir basta. Igual el sitio no parecía especialmente grande y tampoco me sorprendía que me hubiese pasado desapercibido teniendo en cuenta el estado en el que solía estar cuando salía.

    Seguí a Anna hasta la barra, la chiquilla parecía como Pedro por su casa, y no sabría decir muy bien por qué, pero lo último que había esperado había sido… aquello.

    Joder, las bragas como que perdidas por mi casa en Chicago o algo, ¿o no?

    Anna me lo presentó como el Krait y solo atiné a hacerle un gesto con la cabeza a modo de saludo, instantes antes de pedirle una cerveza porque ahora sí que iba a ir necesitando el alcohol.

    —Menudo bombón tenías escondido, bubbles —solté, sin poder esconder el tono incrédulo, ya cuando el tipo desapareció de nuestras vistas para traer las bebidas.

    —Te ha gustado, ¿eh? ¿Cuántas copas hasta que intentes algo?

    La miré sin perder la sonrisa en ningún momento, aunque había ya un deje felino en el brillo de mis ojos. Se lo estaba pasando bien a mi costa la cabrona, ¿verdad? Qué graciosa.

    —Venga, linda, I’m self-conscious. Ni al borde del coma etílico, he’s waaay out of my league.

    Mi respuesta pareció estar a la altura de sus expectativas, o qué sé yo, porque acabó riéndose y no le dio más bombo al asunto.

    ¿Qué había pensado antes? Que no era una buena idea que saliese a beber porque se me iba a salir de las manos o algo así, ¿verdad? Bueno, pensé que estando acompañada lograría controlarme de alguna manera, pero ni de coña.

    Le pregunté a la chica de dónde conocía este sitio y al tipo este que estaba para comérselo, y entre que ella me contaba la historia de manera algo superficial me empiné el botellín hasta prácticamente bajarme la mitad de golpe.

    >>¿No eres como muy pequeña para andar teniendo un exnovio? —le pregunté, después de dejar el cristal sobre la barra y antes de que le diese por cuestionarme ella a mí sobre cualquier cosa.

    —¿Pequeña? Mira quién fue a hablar.

    Bueno, definitivamente tenía un punto, aunque tampoco era como si ella supiese hasta qué punto tenía razón.

    —Por eso mismo —le di otro trago a la cerveza y aproveché para recorrerla con la mirada, sin una pizca de disimulo realmente—. ¿Y ahora estás liada con el alemán? Vaya historial~

    —De nuevo, mira quién fue a hablar.

    Al final me acabó sacando una carcajada sonora con el comentario, si es que la niña tenía chispa, y me encogí de hombros sin perder la sonrisa divertida.

    —Besa bien, ¿eh?

    La miré de soslayo, a la espera de cualquier reacción visible, pero no mostró ninguna señal de sorpresa o molestia; mantuvo la serenidad aquella tan liviana en todo momento.

    Ah, ¿se lo había contado? Qué chico más diligente~

    —Mhm —asintió con la cabeza y se giró en la silla para poder mirarme mejor—. Y cada día mejor~

    Solté el aire por la nariz, en una risa casi incrédula, y negué ligeramente con la cabeza antes de acercar el botellín hacia su copa.

    A toast, then, por los buenos besadores~

    —Chinchín.

    ¿Ni al borde del coma etílico, había dicho? A veces me sorprendía lo falsa que podía llegar a ser, incluso conmigo misma.

    Me había bajado ya tres botellines de cerveza enteros mientras Anna seguía aun con su primera copa, y eso fue más que suficiente para que empezase a tontear con Hayato como si fuese cualquier otro estúpido que hubiese pillado por banda en la discoteca.

    Me siguió el rollo, no sé muy bien por qué, pero al final Anna tuvo que pararme cuando estuve a punto de pedirme otra bebida y decidió que era hora de irnos ya a casa. Sorprendentemente, no opuse mucha resistencia, aunque estúpida de mí le dejé el número al chico antes de irnos para que me llamase si necesitaba alguna camarera sexy para el verano o algo por el estilo.

    Dios, la vergüenza que me iba a dar al día siguiente iba a ser digna de recordar.

    Anna quiso llamar un Uber para que nos llevase, pero le aseguré que estaba perfectamente estable para coger el tren hasta mi casa y digamos que tampoco pudo hacer mucho cuando saqué toda la fuerza que me fue posible para arrastrarla hasta la estación.

    Me despedí de ella con un beso en la mejilla, no me apeteció hacer ninguna movida rara en ese momento, y moví la mano de lado a lado mientras la veía alejarse en la línea que ella usaba, que había llegado antes que la mía. Llegó no mucho después y fue ya una vez acomodada en un asiento que saqué el móvil para mirarlo de nuevo desde la última vez en el gimnasio.

    Muchos mensajes, pero ninguno el que estaba esperando.

    Tampoco tenía llamadas perdidas.

    Resoplé, dirigiendo la mirada hacia la ventanilla mientras bloqueaba el móvil.

    Al menos había conseguido mi objetivo de aquel día: cansarme lo suficiente como para caer rendida en cuanto pusiese un pie dentro de la cama y como para, a ser posible, tener una noche sin sueños que me la jodiesen.
     
    Última edición: 7 Julio 2021
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    Amane

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    Título:
    A house made of cards, and us, inside [Gakkou Roleplay | Colección]
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    8
     
    Palabras:
    2183
    n/a: algún día dejaré de escribir de estos pendejos pero hoy no será ese día :D bueno, como no pude rolear con ella el jueves bc la cita y encima ese día tuvieron que llegar a la escuela juntos cuz se quedó a dormir en casa de Joey, pues pensé que sería diver hacer un fic de cómo sería esa mañana y ponerlos bickering and domestic like the ol' married couple they are (? also tenía muchas ganas de escribir algo y como ando medio bloqueada con los otros, toca intentar desbloquearme con los pendejos, bad luck (?)

    So es canon para el jueves :D

    Gigi Blanche, no te iba a etiquetar porque me daba vergüenza ya, pero estoy demasiado contenta de la vida so (?)





    I love you, baby
    And if it's quite alright
    I need you, baby
    To warm these lonely nights
    I love you, baby
    Trust in me when I say

    * * *

    | Alisha Welsh |
    | Joey Wickham |


    * * *
    Sabía mejor que nadie que el jueves por la mañana iba a ser la primera en arrepentirme por habernos bajado tres botellas de vino como si hubiese sido aquello jugo de frutas, pero si tenía que ser sincera, Joey tampoco estaba ayudando mucho a la tarea de hacerlo llevadero.

    Por supuesto el cabrón se levantó como a las seis de la mañana, fresco como una rosa y, por supuesto, no quiso dejarme dormir y faltar a las clases aun cuando claramente yo estaba hecha completamente mierda.

    Comenzó a canturrear una canción mientras me soplaba cerca del oído, como si fuese una radio versión empeorada, y no importó que le diese golpes en la cabeza para intentar apagarlo ni que le tirase una almohada a la cara, que el chico no se rindió en ningún momento.

    Al final no tuve más remedio que ceder, no podía superar a Joey en cuanto a darme el coñazo y también estaba segura que no me iba a dejar disfrutar de su cama mientras él estuviese en clases, así que no tenía más opciones.

    —Voy a hacer el desayuno~ —me avisó, inclinándose para darme un beso en la mejilla, y aunque lo recibí, no tardé mucho en mover la mano para quitarlo de encima.

    Bostecé, estirando los brazos hacia arriba, en lo que él se iba, y fue escuchar la puerta cerrarse para dejarme caer de nuevo sobre la almohada. Solo serían… cinco… minutos… más…

    >>¡No te duermas de nuevo, Ali-chan!

    El jodido hijo de puta entró casi a grito pelado, abriendo la puerta de golpe, y consiguió por supuesto su objetivo de asustarme con tanta fuerza que se me fuese el sueño ya por completo.

    Fuck off —mascullé, ya erguida sobre la cama, y cogí una almohada para tirársela a la cara, aunque logró cerrar la puerta ya tiempo y protegerse del impacto.

    Lo escuché carcajearse mientras se alejaba hacia la cocina y bufé, frotándome los ojos con los nudillos de los dedos antes de arrastrarme fuera de la cama. Comprobé la hora en el móvil, soltando un suspiro pesado, y me estiré lo suficiente para hacerme con la camisa que Joey había llevado la noche anterior y que había dejado tirada por ahí. Me la eché por encima y salí del cuarto arrastrando los pies, bostezando y estirándome de nuevo en lo que llegaba a la cocina.

    A ver, era la historia de siempre en realidad, si yo me paseaba por ese piso casi como si estuviese en mi casa, así que vergüenza alguna por si aparecía Matty de repente y me veía con esas pintas pues no tenía. De todas formas, era jodidamente temprano hasta para que él estuviese despierto, y pues que envidia me estaba dando en ese instante.

    Al menos tenía que admitirle una cosa a Joey y es que la comida olía super bien, además de que uno de sus desayunos siempre entraba bien una mañana de resaca, incluso cuando no tenía muchas ganas de comer. Encima al llegar vi que me había dejado una pastilla y un vaso de agua sobre la mesa, a lo que tuve que soltar una risa floja por la nariz al darme cuenta.

    A veces era hasta un poquito tierno.

    Gosh, you’re such a wife… —murmuré, notando otra sonrisa algo más ligera asomarme por los labios al ver que justamente llevaba el delantal que le había regalado, y me llevé la pastilla a la boca para disimular en cuanto vi que se iba a girar.

    —Ya te vale, Ali, burlándote de mí cuando te trato tan bien.

    —Eh, que no me he burlado~

    Me pareció que tuvo intenciones de seguir recriminándome, pero al darse finalmente la vuelta se distrajo recorriéndome con la mirada y sus neuronas parecieron desconectar por completo de la charla que estábamos teniendo.

    >>Joey, focus —ataje, chasqueando los dedos delante de sus ojos… ya después de haberme regodeado un rato de su atención, claro.

    Mira que yo más que nadie quería pillarlo, arrastrarlo de vuelta a su cuarto y, a ser posible, no salir de la cama en todo el día, pero sinceramente no se lo merecía después de haberme obligado a madrugar así que, ah, le tocaba volver al mundo real.

    Me dejé caer en la silla inmediatamente después, quedándome bien quietecita y mirándolo con unos ojos inocentones mientras servía el desayuno. El teatro de niña buena no se lo creía ni Dios, pero igual lo hice por la pura gracia.

    Joey se había hecho un full English breakfast de los suyos y de verdad que no entendía cómo podía meterse toda esa comida en el cuerpo desde tan temprano y es que, encima, tampoco me parecía a mi una combinación tan apetecible en general. Pero bueno, se lo dejaba pasar porque a mí siempre me hacía unas tortitas riquísimas, con nata y hasta frutas por encima. A veces me hacía tostadas también, a veces le robaba un huevo de su plato, y siempre, siempre, había una taza de café humeante al lado.

    So domestic, I know~

    Normalmente no importaba que hubiésemos pasado la noche juntos, que aun así por la mañana siempre acabábamos hablando como cotorras… igual que siempre, vaya. Pero nada de eso ocurrió aquella mañana, si apenas la pastilla empezaba a hacer efecto y el vino me había dejado lo suficientemente K.O para no poder seguirle la conversación.

    Fue extraño, pero tampoco fue incómodo, y como siempre pasaba, acabé de desayunar bastante antes que él así que fui la primera en levantarme para avisarle de que me iría a duchar.

    De nuevo, la cantidad de tiempo que pasaba en aquel piso en comparación a la casa de mi abuela era… bueno, diría que no habría una gran diferencia entre una y otra. Con el tiempo me había apoderado de pequeñas porciones del apartamento para mis propias cosas, aquellas que necesitaba por la mañana cuando me quedase a dormir, principalmente. No había otra explicación al hecho de que, en un baño dónde vivían solos dos chicos, hubiese repartido maquillaje, colonia femenina y hasta una caja de tampones por ahí perdida.

    La ducha terminó de ayudar con el efecto de la pastilla y, para cuando salí de la misma, más o menos la migraña ya había remitido. También tenía mejor aspecto en general, pero definitivamente iba a necesitar ayuda extra para disimular las ojeras y el cansancio.

    No lo pensé mucho tampoco, abrí la puerta del baño y me encontré a Joey a punto de hacer lo mismo desde el otro lado, sacándome una carcajada ligera una vez nos recuperamos de la sorpresa inicial. Que fuese a entrar sin siquiera dignarse a llamar a la puerta ni siquiera me sorprendió, si igual siempre hacía lo mismo porque “estoy en mi casa, Ali-chan, no pretenderás que cambie mis costumbres solo porque estés aquí”, citando textualmente.

    En fin, le extendí el maquillaje que llevaba en las manos con una sonrisa y entendió el mensaje al instante, claro, además de que aceptó la misma petición con la ilusión de un niño pequeño. ¿Qué podía decir? El chico no era ningún experto en el tema, pero siempre se emocionaba tanto cuando le dejaba hacerme el maquillaje que no podía resistirme, si la mayoría de las veces solo me hacía la dura por hacer. Igual había aprendido mucho desde la primera vez y lo de hoy era sencillo, así que cero problemas con ello.

    Me llevó hasta su cuarto y me sentó en la silla del escritorio, mientras revisaba los colores de la paleta con el ceño fruncido y hasta haciendo una mueca con los labios, totalmente concentrado en la tarea. No le dije nada y simplemente me quedé esperando como una buena chica, hasta que se decidió por lo que se fuese y se puso con ello.

    A ver, había quedado ya bastante claro, ¿o no? Que le tenía una confianza estúpida a Joey, sin importar el contexto.

    Le dejé todo el tiempo que necesitase, si de todas formas no se me había olvidado que habíamos madrugado demasiado, y me sonreí satisfecha cuando vi el resultado final en el espejo que me pasó.

    Good job~ Well, igual la modelo que te ha tocado es muy linda y ha facilitado la tarea, ¿verdad?

    —Sí, claro. La más linda de todas~

    Negué con la cabeza un par de veces, rodando un poco los ojos, y me eché un último vistazo en el espejo antes de devolvérselo al chico. No iba a admitirlo nunca, nunca en la vida, pero se me había atontado un poco la sonrisa al recibir su halago, como si no estuviese acostumbrada ya a que me comiese la oreja cuando le salía de repente de los cojones.

    Bueno, normalmente conseguía bastante bien su objetivo, ¿o no?

    Lo eché al baño ya para que se duchase, incluso si se hizo algo de rogar porque quería ayudarme a vestirme o no sé qué rollo de salido se montó, y me pude quitar al fin la toalla una vez me encontré sola.

    Ya había dicho antes que prácticamente me había apoderado del piso de los chicos con mis cosas, ¿no? Bueno, pues lo mismo venía siendo con el armario de Joey, porque de alguna manera había conseguido dejarme un montón de ropa en su cuarto y, ya de paso, me había llevado otro montón de sus camisetas a mi casa.

    Hacía ya un buen tiempo que le había pedido a mis padres dinero para comprarme un uniforme extra, alegando que era obligatorio tener siempre uno de repuesto según las reglas del colegio cuando la verdad era que iba necesitando dejar uno donde Joey, para todas las veces que me quedaba a dormir entre semana.

    El resto de la mañana fue bastante normal, a decir verdad. Me vestí, encontré un sujetador que llevaba buscando semanas y me lo metí en el maletín sin ninguna clase de pudor, hicimos un poco más el tonto mientras el chico se vestía y finalmente fuimos a la academia.

    Ya a aquellas alturas nadie se cuestionaba nada cuando llegábamos juntos día sí y día no, si nuestras rutinas al final habían acabado siendo conocimiento del bien común, y tampoco era como si nos importase demasiado lo que los demás pensasen, a decir verdad.

    En el receso me escabullí a la enfermería para echarme una siesta, y me hubiese quedado ahí el resto de las clases de tarde si no hubiese sido porque Joey me interceptó a tiempo y me sacó casi a rastras para llevarme de nuevo a la clase. De verdad que era un verdadero pain in the ass cuando le daba la gana, eh.

    Fue ya cuando llegué a casa, bien entrada la tarde, que finalmente me digné a revisar de verdad los mensajes que tuviese en el móvil; todo eso mientras disfrutaba de unas más que merecidas porciones de apple pie casero de la granny. Era un poco estúpido si me paraba a pensarlo, pero Joey siempre había tenido esa capacidad, al menos conmigo. La de hacerme olvidar el móvil y cualquier posible noticia que estuviese esperando; la de hacerme sentir que solo estábamos nosotros en nuestra pequeña burbuja, esa en la que nada me importaba lo suficiente salvo nosotros mismos.

    Lo hacía sin querer, eso estaba bastante claro, y lo cierto era que yo tampoco lo había pensado demasiado, porque nunca lo había buscado con intenciones de utilizarlo para hacerme sentir mejor ni nada remotamente parecido. Y, seguramente, fuese mejor que todo siguiese así, con ninguno dándose cuenta de ello, o me moriría de vergüenza en el mismo momento que lo hiciese.

    Es que, Dios, era tan estúpido lo feliz que me hacía.
     
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