7 Guardianes. 7 Artefactos. Un solo objetivo: La guerra.

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Trick Kosh, 29 Julio 2012.

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    Trick Kosh

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    7 Guardianes. 7 Artefactos. Un solo objetivo: La guerra.
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    Acción/Épica
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    Capítulo 1: Last happy day.
    Aquella chica estaba sentada en la ventana, recordando los viejos momentos de su infancia, en la cual era una niña inocente, sin ninguna preocupación… Pero eso cambió en su décimo cumpleaños…
    Flash back.
    Alexandra, se llamaba ella. Era una chica de cabello azabache, ojos azules y tez blanca como la mismísima nieve. Ella era una chica callada, tímida tal vez.

    Aquél día ella cumpliría diez años de su vida. Un montón de compañeros de la escuela iban a asistir a su cumpleaños. No todos los esperados fueron, pero sí los que se esperaban realmente: su amiga Dalia, su compañero Terry. Darlia, amiga de Alexandra desde el primer grado.

    En fin, habían muchos niños, tanto como niñas. Ella era la única inocente… Se preguntarán… ¿A qué me refiero con inocente?... Verán… Tanto Dalia, como Darlia, eran “guardianas”. Estas dos chicas manejaban el viento, eran protectoras de un sagrado artefacto que poseía el Dios griego, Apolo, el Dios del Sol.

    Terry era el protector de otro artefacto que poseía Afrodita, la Diosa del amor. Terry manejaba la tierra perfectamente, además del agua.

    Los elementos que manejaban los guardianes no tenían relación con el Dios que poseía el artefacto, ya que, si alguien quería robar aquél accesorio o arma que protegían ellos, los ladrones esperarían que los protectores manejasen los elementos que el Dios que poseía aquél objeto.

    Por otra parte, para salir del tema de los Dioses… ¡Era el decimo cumpleaños de Alexandra! La estaban pasando realmente bien.

    Era un día tranquilo, de hecho, estaba demasiado tranquilo. Normalmente, Darlia y Dalia se acostumbraban a días muy agitados, por ejemplo, cuando peleaban por proteger el Arco de Apolo. Un arco que daba mucha puntería al que lo poseyera, hacía que disparara flechas de fuego, y si el que lo tuviera supiera manejarlo perfectamente, podría controlar las flechas lanzadas, y una vez clavadas en el objetivo, asesinarlo.

    Terry sospechaba de aquél día tan tranquilo, en verdad, lo era demasiado. Ni porque fuera el cumpleaños de su amiga podía ser tan tranquilo; tenía razón, no podía.

    El cumpleaños se estaba llevando a cabo en un parque, cerca de donde vivía Alexandra. El parque era realmente bello, tenía unas hermosas orquídeas que crecían en algunos árboles. También habían unos columpios que se situaban al lado de un hermoso jardín de rosas y margaritas.

    En fin, era un hermoso parque. Pero… Todo era demasiado bueno como para ser verdad.

    En un momento determinado, las nubes del cielo se revolvieron, y cerca de área donde jugaban Alexandra y Dalia, cayó un rayo y las miradas de todos los invitados se dirigieron al lugar donde el mismo cayó, en especial, la de los padres de Alexandra.

    —Ya es hora…—Murmuraron Dalia, Darlia, Terry y los padres de la pelinegra.

    Del rayo, como se esperaba, apareció Zeus, el Dios del Trueno, y el único Dios que aún seguía vivo, debido a que… Era el único sobreviviente a la segunda batalla contra los Titanes. El Dios del Trueno se acercó a los padres de la pequeña.

    —¿Dónde está? —preguntó.

    —Síganos—Le comentaron los padres a el Dios, y los mismos lo guiaron a donde la chica se encontraba jugando con Dalia. La pequeña Dalia se alejó un poco cuando Zeus y los padres de la azabache de acercaron.

    —Hola, pequeña—saludó el Dios a la pelinegra y ella le dio un poco de miedo—. No temas, soy tu amigo.

    —Alex, él es… Zeus…—La pequeña niña miró a su madre y luego vio al Dios. En ese entonces lo dejó de ver con miedo y lo vio decidida.

    —Estoy lista—comentó decidida la pequeña, con mirada seria. De un momento a otro había cambiado su actitud.

    El Dios del Trueno sonrió y le tocó hombro izquierdo, el hombro derecho, la barbilla y la frente con su dedo índice a Alexandra. La pequeña en un instante sonrió y el Dios se alejó un poco hacia atrás, entonces, la pelinegra lanzó un rayo hacia el cielo junto con un poco de viento y fuego.

    —Ella es la guardiana del artefacto de mi hermano… Guardiana de Hades—Dicho esto, Zeus desapareció.

    Desde ese día, todo iba a cambiar…
    Fin del flash back.
    La chica ahora tenía 16 años, y seguía cumpliendo con su tarea junto con sus amigos… Pero… Ella sentía que algo iba a pasar… algo iba a ocurrir… ¿Qué era?...

    Continuará…

    Espero que les haya gustado, adiós :3
     
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    Nopal

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    Hola, hola querido.

    Seré clara. Es demasiada información para un primer capítulo. Y falta lo que es narración, lo que es la descripción de los lugares ése detalle que te hace sentir estar allí; sobre la trama, en un primer capítulo has dicho mucho y a la vez nada, me explico: diste mucha información, pero a la vez no el detalle necesario para hacer que este enganchara, que dejara ésa ganas indiscutibles de pedir más, de sonar fangirl y pedir continuación, No ha sido mi caso al menos.

    Me gusta como escribes porque se te hace sencillo, y no es dificultosa la lectura, más bien es ligera y tranquila. Lo que te falta es ése detalle descripción.

    Lo técnico, vi muy pocos errores ortográficos, en realidad de puntuación fue lo que encontré. Comas, abusas de ellas. Hay lugares donde queda mejor un punto y seguido, o de plano no coloques la coma, lo digo por experiencia propia. Y estéticamente hablando, detesto el cartel del: Flash back, le quita presencia al fic y la oportunidad de escribir un poco más, lo que puedes hacer es decir: Empezó a recordar ése día en el que todo cambió (que fue tu caso), y luego el recuerdo colocar en cursiva :3

    Es todo, un saludo
     
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    Daniela kuchiki

    Daniela kuchiki La chica del Olvido

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    konichiwa!!!
    muy buen fic aunq contaste mucho te falta narracion detales... bueno no puedo criticar mucho yo eh tenido los mismos errores XD bueno me gusta cuando pongass contii me avisas!!! un abrazoteeeeeeee :) ;) :p
     
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    Trick Kosh

    Trick Kosh I'm sexy neko

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    Advertencia: un mínimo lenguaje fuerte.​
    Capítulo 2: Explosion in Darlatar.
    Caminaba por la sombría calle de Darlatar. Una ciudad muy conocida en todo el mundo, una ciudad de oscuridad y divinidad, demonios y ángeles. A ésta ciudad se le conocía por tener una estatua en el centro de la misma, y era a donde se dirigía la chica.

    La azabache había descubierto algo, y era que bajo la estatua había una especie de base. Ésta base la habían construido para atacar a la Guardiana de Hades cuando fuera a Darlatar. La pelinegra planeaba atacar la base.

    Continuaba caminando por las calles de Darlatar, justo cuando seis extraños la rodearon y sacaron unos bastones, dispuestos a atacarla. Alexandra comprendía perfectamente la situación: pretendían robarle el artefacto sagrado que poseía.

    Son tan tontos al pretender venir de a seis contra mí. Incluso al venir contra mí son tontos—dijo mientras sacaba un bastón, el cual maniobró y después tomó posición de defensa.

    Los extraños la atacaron rápidamente, Alexandra esquivó a cada uno de ellos. Tenía una velocidad impresionante y una agilidad inigualable. Se movía como una serpiente y tenía la velocidad de un leopardo, incluso superaba a los dichos.

    ¡Imposible! ¡¿Cómo puede ser que nos esquivara tan rápido?! —Preguntaban en tono molesto al aire mientras retrocedían.

    —Son tan tontos… ¿En serio? ¿No se han enfrentado antes contra algún otro Guardián? Parece que no… —Alexandra comenzaba a maniobrar su bastón de nuevo, pero como jugando con él.

    —El Guardián de Poseidón no tenía tanta velocidad y agilidad como tú, ¿por qué crees que fue fácil quitarle la posesión divina? —rió uno de ellos y la pelinegra lo asesinó rápidamente; se le notaba molesta.

    —Así que ustedes fueron quienes asesinaron a Darlerin… —Decía mientras dejaba caer el cuerpo del hombre que había asesinado—¿Saben? Conozco a uno de ustedes… ¿No es así, Carla? —preguntó a una chica que se encontraba detrás de los otros cuatro hombres que estaban presentes.

    —Mátenla—dijo la chica y los otros cuatro extraños atacaron de nuevo a la pelinegra. Ésta esquivó y se defendió de cada ataque con su bastón. Después de unos segundos, los atacantes volvieron a retroceder.

    —¡¿Cómo carajo es posible?! ¡Nadie puede tener esa maldita velocidad! —gritó uno y el mismo fue asesinado.

    —¿Saben? Matarlos será divertido… Poco a poco cada uno irá cayendo… hasta que sólo quede Carla… —rió Alexandra, ahora jugando con un puñal que tenía en mano.

    —¿Qué quieres conmigo? —Se acercó al frente dicha chica. Ella tenía el cabello plateado, ojos azules como el mismísimo mar y tez blanca como la nieve.

    —¿Te digo la verdad? Sólo quiero saber… ¿Por qué nos traicionaste? —preguntó la pelinegra acercándose a ella y tomándola del mentón—¿Acaso siempre has sido una de ellos?... No me importa—golpeó a Carla con una patada en el abdomen y después le cortó un poco la mejilla con el puñal que traía en mano.

    La peli plata tomó del pie a la Guardiana y la mandó a volar contra una pared, pero ésta reaccionó rápidamente y dio unas vueltas en el aire antes de llegar a su destino y cayó perfectamente en el suelo; sin ningún daño.

    Sí que has mejorado, querida—felicitó aplaudiendo la azabache—, podrías dar un buen combate tú sola… —Se acercó a la chica y la tomó del pelo—Pero ahora no tengo tiempo para ti—arrojó a la ojiazul contra los cuatro extraños aún presentes y saltó hacia el tejado de una casa—, nos vemos luego—Se despidió y salió corriendo hacia su destino: La base de los ladrones.

    De sus ojos brotaron unas lágrimas, porque aún le dolía la traición de Carla. Era su amiga, pero ahora… su enemiga.

    Continuó corriendo y saltando por cada uno de los techos y tejados de la ciudad hasta llegar a su destino: La estatua Díra. Saltó del techo en el que se encontraba y cayó frente a la estatua; podía notar en el suelo una separación. Sonrió y levantó esa parte donde estaba un poco separada. Al levantar dicha parte del suelo, descubrió unas escaleras, por las cuales bajó sin miedo.

    Al bajar totalmente las escaleras, llegó a una sala. En el centro de la misma había una mesa y varias sillas; se notaba a simple vista que era una sala de juntas.

    Caminó cuidadosamente y sin hacer ruido por dicha sala, pronto llegó a otro cuarto que estaba lleno de unos estantes de documentos; era como una sala de archivos. Alexandra se acercó a uno de éstos y agarró uno de los archivos, comenzó a leerlo y rió nuevamente.

    Como lo sospeché…—siguió leyendo y arrojó el archivo al terminar de leerlo—Están reuniendo información de cada una de las posesiones divinas… Pero… Ésta información nunca existió—rió nuevamente y de la nada, con un chasquido de dedos, quemó los archivos.

    Después de asegurarse de quemar y destruir cada archivo, que contenía información de los artefactos divinos, siguió caminando y llegó a una sala donde habían varios monitores. Sin pensarlo dos veces, electrocutó cada uno de ello, haciéndolos explotar.

    La pelinegra sabía que pronto toda la base explotaría, así que salió corriendo por donde había llegado y salió rápidamente de la misma. Se alejó tanto como pudo y como lo suponía, la base, explotó.

    Se quedó mirando por un momento la zona, la estatua yacía caída en el piso, se había derrumbado totalmente. Todo estaba envuelto en llamas…

    Alexandra tenía nuevamente el mismo presentimiento… Creía que iba a ocurrir algo… Pero… ¿Qué?...

    Continuará...

    Espero les haya gustado n.n
     
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    Trick Kosh

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    7 Guardianes. 7 Artefactos. Un solo objetivo: La guerra.
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    Capítulo 3: Huída a la desesperada.
    Alexandra se encontraba ahora en la ciudad Caltron, una ciudad muy solitaria, parecida a un pueblo fantasma. En ella se podía encontrar a los más feroces demonios, las más horribles criaturas y los más atroces asesinos que uno pudiera conocer. Sin embargo, a ella no le asustaba eso, sólo quería ir por una cosa… Las Botas de Hermes.

    La azabache sabía perfectamente que el Guardián de Hermes estaba haciendo su trabajo muy bien, pero también sabía que algo iba a pasar, y no dejaría que asesinaran a otro de sus amigos.
    Cada vez el peligro se sentía más en la brisa del aire, la tensión aumentaba y la pelinegra comenzaba a correr, sentía que el peligro acechaba a su amigo, Otaru. No podía dejar que él muriera, no, no podía. Debía salvarlo… de una u otra forma…

    Otaru era un chico de cabello rojo, ojos azules y tez color carne. Era solitario, como la ciudad en la que vivía, pero a la vez le gustaba estar acompañado, aunque fuese por sólo un rato.
    Mientras tanto… Otaru estaba en su departamento. Estaba comiendo, mientras vigilaba aquellas botas que le habían encargado. Él también sentía el peligro…

    Dejó de comer y agarró la posesión divina, salió del departamento y sacó su tridente, se puso en guardia y algo lo atacó. Una especie de elfo al instante se posó delante de él. Era azul, una criatura bastante peligrosa, según le habían comentado.

    Si crees que te daré las Botas de Hermes, estás muy equivocado—sonrió y entró de nuevo al departamento. Se colocó las botas y salió por la ventana corriendo directo hacia arriba. Las Botas de Hermes hacían que uno pudiese correr o caminar por cualquier superficie, esté inclinada o no. Subió hasta la azotea del edificio y se topó con dos demonios y el mismo elfo—. No les daré las Botas…

    —Tienes razón, no se las darás—La pelinegra atacó a los demonios mandándolos a volar contra una pared y se posó delante de Otaru.

    —¡Alex! ¿Qué haces aquí? —preguntó sorprendido y extrañado.

    —Sabía que algo ocurriría, y no eres el único a quien han atacado, también a mí. De seguro también planean atacar a Darlia, Terry y Dalia—explicó mientras le hacía señal de que saliera corriendo hacia abajo.

    —Bien…—Hizo lo que ella le señaló y Alexandra empezó a atacar a los demonios, mientras el elfo perseguía a Otaru.

    —Oh, vamos—Se quejó la pelinegra y asesinó a los dos demonios. Saltó desde la azotea y de su espalda se desplegaron dos alas de color negro, como la mismísima noche.

    Alexandra aleteó fuertemente y empezó a perseguir al elfo que seguía a su amigo. Cuando por fin logró alcanzar a los dos, porque ciertamente el edificio era bastante alto, atacó al elfo con rayos e hizo que el elfo cayera en picada, porque el elfo también tenía alas.

    No me explico cómo los elfos pueden ahora tener alas—comentó Alexandra mirando cómo el elfo caía, al igual que su amigo lo hacía.

    —Será mejor volver al departamento—señaló y de una vez corrió hacia la ventana de donde había salido por el ataque del piel azul que yacía muerto. La pelinegra lo siguió.

    Entraron al departamento de Otaru y el pelirojo comenzó a empacar varias cosas, como su tridente, unas hierbas para hacer medicinas y varias cosas por el estilo. La pelinegra lo veía y sentía que algo se acercaba.

    Ya vengo—dijo en tono frío y salió al corredor del edificio. Comenzó a caminar por el mismo, mientras el ojiazul seguía empacando.

    La azabache sentía la presencia de otro demonio, pero uno más fuerte, atroz y peligroso. Uno que no se podía vencer, sino con un arma fuerte y letal como lo eran las posesiones divinas.
    Seguía caminando por el pasillo y al instante una mano salió del piso. Saltó para esquivar el ataque de dicha mano, se hizo hacia atrás y del suelo salió… No un demonio sino…

    ¿Hades? ¿Pero cómo? ¡Tú no puedes estar vivo! —guardó las Garras que había sacado, que eran del mismo Dios, eran su posesión divina.

    —Tienes razón…—respondió una voz, que no era la del Dios del Inframundo. Si no, la de un extraño, pero que no se hacía presente ante ellos—Pero a la vez no… Sí, está vivo… Pero bajo mi control—El Dios atacó a Alexandra y ésta lo esquivó.

    —¡No puedo pelear contra ti! ¡Soy tu guardiana! —gritó y salió corriendo por al lado del Dios. Entró al departamento del pelirojo y lo tomó de la parte de atrás de la manga del cuello y saltó junto a él por la ventana, desplegó nuevamente sus alas y salió volando.

    —¡¿Qué ocurre?! ¡No terminé de empacar! —gritó quejándose.

    —¡Cállate! ¡Alguien ha revivido a los Dioses! ¡O lo está haciendo! Y si es así… Creo que ya sé por qué quieren las posesiones divinas… Ahora más que nunca debemos mantenernos unidos… Todos los guardianes pronto deberemos enfrentarnos contra nuestros Dioses…—explicó con la cabeza baja. Otaru no entendió hasta que vio hacia la ventana y notó la figura de Hades. Se asustó un poco y la azabache volteó un poco. También tenía miedo, pero eso no significaba que no iba a pelear contra su Dios, ni siquiera iba a dejar que él le quitara la posesión divina.

    Continuará...

    Espero que les haya gustado, bye n.n
     
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    Trick Kosh

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    Capítulo 4: Combate de Belleza y Fuerza, contra Demonios y Almas.
    Por otra parte, no muy lejano a donde se encontraban Alexandra y Otaru, se encontraba una pareja de novios. Wakari y Beto, se hacían llamar ellos.

    Wakari era una chica, de cabello plateado, tez carne y ojos azules, como el mismísimo cielo. Beto, por otra parte, era un chico castaño, tez blanca y ojos marrones claros. Cada uno también cuidaba una posesión divina.

    Wakari cuidaba la Diadema y las Prendas de Afrodita. Beto cuidaba los Guantes y el Hacha de Ares. Tanto Wakari, como Beto, eran los Guardianes más buscados por las criaturas malignas. Pero ahora se iban enfrentar a algo peor… La ira del Dios del Inframundo… Hades.

    La peli plata caminaba al lado de su amado Beto, por las calles de Crisly Down, una ciudad muy activa, casi nunca dormía. Agarrados de la mano, pero viendo a todos lados. No se sentían seguros, y tenían razón en sentirlo, pues el peligro los asechaba por todos lados.

    Cruzaron por un callejón y se encontraron con uno sin salida.

    “Oh, oh” Fue lo primero que pensaron al ver varias sombras rodeándolos.

    Saltaron hacia un tejado de un mercader que había cerca y empezaron a correr; la peli plata mirando hacia adelante, y el castaño mirando hacia atrás.

    Wakari podía utilizar la magia y tenía una velocidad increíble, al igual que Beto. Pero el castaño no controlaba la magia, sino el agua y el viento, por lo tanto lanzaba vientos cortantes a sus atacantes.

    La ojiazul seguía corriendo, y esta vez había tomado al castaño de la manga del cuello. Saltó, con él agarrado y cayeron en un tejado de un edificio, rodaron por el mismo y cuando por fin se levantaron… La sorpresa que se llevaron.

    Entréguenme esas divinidades—ordenó el Dios del Inframundo, Hades. Quien se encontraba rodeado de demonios y calaveras.

    La peli plata y el ojos marrones se miraron y negaron con la cabeza. Ese no era el Dios del Inframundo, es decir, esa no era su actitud, nunca pediría que le dieran posesiones que no eran de él.

    Sí, era un poco ambicioso con lo del poder, y rencoroso contra su hermano, Zeus, el Dios del Trueno. Pero nunca se atrevería a pedir tal cosa.

    Acto seguido de negar con la cabeza, los dos sacaron sus armas. Wakari combatían con unas cadenas, por otra parte, Beto combatía con unas tonfas.

    Hades sonrió y ordenó a sus demonios, calaveras y almas, que controlaba, que atacaran a sus dos enemigos. Atacaron y Beto fue el primero en contraatacar, con sus tonfas, se posicionó en frente de la peli plata y dio un giro que ocasionó un vórtice de agua. Waka, por su parte, antes de que él atacara, dio un breve salto hacia atrás.

    El vórtice hizo que varios demonios quedaran atontados, pero igualmente atacaron a la ojiazul. La peli plata contraatacó agarrando a esos demonios, que la comenzaban a fastidiar con sus molestos ataques, con sus cadenas y los lanzó contra el vórtice, haciendo que desaparecieran, re-muertos.

    El castaño paró con el vórtice y vio que aún quedaban demonios, almas y calaveras. Miró a la ojiazul y ella asintió. La misma se posicionó delante de Beto y con unas palabras hizo un tornado de color rosado con negro, haciendo que de una vez desaparecieran todos los enemigos, excepto, Hades.

    Veo que han… mejorado… —rió—pero… ¡Eso no es suficiente contra mi ira! —atacó a Beto y lo golpeó en el abdomen, después lo agarró y lanzó contra Wakari, ésta lo atrapó, dejó a un lado y comenzó a atacar al Dios.

    —¡Muere, desgraciado! —Continuaba atacando, y el Dios seguía riendo, en verdad que para él era un simple… Juego.

    Decidió dejar de esquivar y contraatacar, pero una de las cadenas de la ojiazul lo atrapó y empezaron a apretarlo. Wakari, al ver que su pareja despertaba, le dijo que huyera, él por su parte le dijo que no… Pero ella contestó que no era tiempo para estar discutiendo, debía huir y punto, ella pronto iría con él.

    Beto, miró hacia el suelo y luego la volvió a mirar y asintió, murmurando unas palabras.

    Te amo… Por favor… cuídate… confío en ti—Ella entendió perfectamente las palabras y asintió, y él, huyó.

    Miró de nuevo al Dios, lo miró con odio y desprecio, y empezó a apretarlo más fuerte con magia, las cadenas cada vez se pegaban más y más al cuerpo del Dios. Pero después de un grito, Wakari recobró la conciencia, pues estaba bajo un trance de odio. Lo tiró contra una pared y salió corriendo para llegar a donde su amado.

    Por otra parte, Beto no se sentía seguro de la decisión tomada, así que se posó en un tejado y vio pasar corriendo a Wakari por otro. Detrás de ella estaba Hades, persiguiéndola en silencio para asesinarla, se movía entre las sombras.

    El castaño tomó la decisión de atacar a Hades, emboscándolo. Corrió un poco más rápido que su amada, Wakari, y golpeó a Hades por la espalda con sus tonfas, haciendo que éste cayera un poco más adelante.

    ¡Pelea, imbécil, pelea! —gritó enojado y Hades lo comenzó a atacar con unas calaveras envenenadas y malditas que creaba alrededor de Beto con un solo chasquido de dedos, pero él con su alta velocidad las esquivaba rápidamente.

    La peli plata se detuvo y oyó el combate, corrió rápidamente devuelta y agarró a Hades con sus cadenas, y lo lanzó contra Beto, que rápidamente, lo golpeó en la barbilla cuando lanzaron al Dios contra él, y lo mandó a volar hacia arriba. La ojiazul de nuevo lo agarró con sus cadenas, dio unos giros con el Dios en sus cadenas y lo mandó a volar lejanamente.

    El castaño se posó al lado de Wakari, y ella lo miró, con sólo una sonrisa bastó, para que se unieran en un dulce beso y comenzaran a caminar de nuevo, rumbo… Al Templo del Olimpo…

    Continuará…
     
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