Two-Shot —La travesía del Angeluss — (Warhammer 40.000)

Tema en 'Fanfics sobre Videojuegos y Visual Novels' iniciado por Armanian Kenshi, 23 Febrero 2014.

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    Armanian Kenshi

    Armanian Kenshi Iniciado

    Aries
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2011
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    81
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    Título:
    —La travesía del Angeluss — (Warhammer 40.000)
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    913
    La travesía del Angeluss



    —Prologo—




    Solo faltaban pocos metros para que el crucero de combate Portus alcanzara el portal de Disformidad que le llevaría lejos de Baal, el planeta natal de los Ángeles Sangrientos, y los condujera hacia su primera batalla. Los motores de inducción rugían al mismo tiempo que el portal gruñía guturalmente de manera más violenta cuanto más se adentraba el crucero en el hasta que, al final, ya no se pudo ver de entre las densas nubes disformes la silueta de la nave de combate.

    Dentro de esta marchaban cincuenta hombres de la octava compañía de los Ángeles Sangrientos, un capítulo de los Marines Espaciales de su Emperador, dios del Imperio y protector de la humanidad, padre de todos aquellos soldados sobrehumanos que allí esperaban. Estaban impacientes por saborear la adrenalina y la sangre enemiga, aunque esta sed de combate no era natural, sino su maldición.

    Maldición que a veces era muy bienvenida por algunos resignados.

    —Al final partimos hacia la batalla, amigo mio — Decía en el puente de mando una figura alta, robusta por su armadura e intimidante por su rostro amenazante, aunque sonriente — no me gustaría hacer esperar a la horda orka demasiado tiempo.

    Esté Marine Espacial observaba maravillado las mezclas de colores que el portal de Disformidad les regalaba, tonalidades rojas escarlata y rosas fucsias se mezclaban con los azules más suaves y los verdes más naturales. Era un espectáculo para la vista de aquellos quienes supiesen apreciar lo que ven, cosa que no se aplicaba al acompañante del Marine en esos momentos: más bajo, robusto y con una faz más amable que su capitán, el comandante Adolphus no confiaba de lo que le mostraba el exterior. Aquellos colores eran claramente llamadas de los demonios, ecos de sus gritos intentando embaucar a las almas que se atrevieran a escuchar, o en este caso preciso, a ver.

    —La batalla debería centrarse en el enemigo interior, Hectus — Añadió Adolphus con un tono de voz algo amargo.

    —¿El mutante?

    —El hereje, amigo mio.

    La respuesta dejó algo pensativo al capitán, era extraño que un Ángel Sangriento se centrara en otros asuntos aparte de la batalla en aquellas circunstancias. Aquello demostraba su gran capacidad de controlarse y la fuerza de su alma. Hectus cerró los ojos, meditando sus palabras.

    —Te persiguen los eventos de Khartas, mi amigo — Respondió el capitán, haciendo uso de un elegante gesto de mano para demostrar la poca importancia del asunto— pero el pasado debería quedar atrás.

    —Últimamente los asaltos han sido muy pocos, no se han rebelado ningún tipo de cultista desde hace semanas, y Baal parecía muy tranquila, ademas de que las actividades de los demonios han sido prácticamente nulas estos dos días en el subsector. Es preocupante que nos…

    —¿Envíen a una misión de asalto contra una lanzadera orca cuando podrían haber demonios pensando en atacar Baal? amigo mio, vamos a donde se nos necesita, no a donde queremos ir. Debemos acabar con las amenazas más inmediatas para asegurar la seguridad a largo plazo del Imperio por el bien de la humanidad.

    El veterano Adolphus abandonó la compañía de su superior dando media vuelta y adentrándose en el laberíntico lugar que eran los pasillos del crucero, mientras maldecía mordiéndose los labios en señal de desaprobación.

    —Pero las amenazas que envenenan nos serían imparables si no se detienen a tiempo.









    El portal de Disformidad se abrió lentamente a varios años luz de distancia, dejando ver como salía la enorme silueta del crucero Portus. Sus paredes rojas y sus placas metálicas reflejaban la luz de un sol rojo cercano que le hacía coger a la nave aspecto de navío en llamas, portadora de la muerte, en cuyo caso era el más probable contenido.

    Sin embargo otra luz, más amarillenta llamaba la atención de las decenas de Marines que se encontraban en el crucero. Allí se ubicaba una flota orka entera, diez o veinte naves de combate mas de las que habían sido informados. Sin embargo lo que extraño a la mayoría de los allí presentes no era el hecho de la cantidad, sino el estado de aquellas naves, pues ardían en el vacío del espacio, destruidas y carbonizadas en mayoría.

    El crucero de combate Portus se encontraba ahora en una trampa: El portal de disformidad se había cerrado, y múltiples tentáculos multicolor se abalanzaban sobre ellos procedentes de las naves destruidas. Al acercarse bien uno podía distinguir mejor que no se trataban de tentáculos.

    El grito de un cañonero que se había percatado a tiempo de la amenaza lo dijo todo. Fue gracias al hermano Jhosue que la mayoría de los tripulantes sobrevivieron a una catástrofe y destino similares a los cruceros orcos.

    —¡Demonios! ¡Abran fuego!

    La alarma emitida por radio llego también a oídos de los módulos penitenciarios del crucero, donde sombras de armadura negra maldita estaban encadenados y encerrados para ser liberados como balas de cañón en la guerra. La mayoría no había atendido dado a que estaban más atentos a su locura, pero varios escucharon claramente la primera palabra del aviso. Había llegado su hora.

    Aquella noche rodarían las cabezas de los herejes y demonios que atentaban contra la seguridad de la humanidad y del Trono Dorado, pues la Compañía de la Muerte se había liberado a la fuerza para desencadenar el terror una vez más bajo el nombre de la rabia y la locura.


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  2.  
    Armanian Kenshi

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    —La travesía del Angeluss — (Warhammer 40.000)
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    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    1357
    La travesía del Angeluss



    —Primer contacto con el horror—




    Los cañones laterales escupían ráfagas de munición rociada de fuego al espacio como dragones escupiendo sus llamaradas hacia la noche. Los tentáculos formados por las hordas de demonios se abalanzaban sobre el crucero sin piedad, donde predominaban los Horrores de Tzeenech, cambiando de forma constantemente para que el vacío no les afectara lo más mínimo y poder atravesar el espacio con facilidad.

    Sin embargo lo primero que llegó a hacer contacto con el navío espacial no fue un guerrero maldito hecho de carne. Un ser metálico se dirigía a toda velocidad hacia el crucero Portus como si fuese un proyectil. Fue impactado por una de las descargas de los cañones laterales principales, haciendo que el hierro que lo formara se tornara en un color amarillo intenso por el calor del impacto incandescente. Aún así siguió su rumbo hasta aterrizar, más que impactar sobre el navío y, recuperándose del golpe, buscó su siguiente objetivo.

    Se encontraba en una zona con gravedad artificial, la cual le permitía mantenerse en pie sin problemas, también notó que no era la superficie misma del crucero de combate, más bien era una especie de hangar donde se ubicaban diferentes cazas de su mismo tamaño e incluso más grandes. Además también se podía observar frente a él la presencia de varios Marines Espaciales, invocados allí por los destrozos de la caída.

    El demonio quiso rugir y mostrar sus desafiantes zarpas, pero en vez de ello disparó inconscientemente varias descargas de plasma incandescente que carbonizaron a los dos Marines presentes. Había llegado el Diablo de la Forja, que finalmente redujo a cenizas y metal fundido el hangar en pocos minutos.









    Se podría decir que los demonios arrasaban con lo que veían y que inundaban la nave, pero a excepción de unos pocos de estos la mayoría eran exterminados por las numerosas medidas de defensas del navío: Torretas automáticas y lanzamísiles ligeros acoplados hacían mella en sus filas sin apenas dañar la superficie metálica del campo de combate. Mientras las ráfagas de los cañones principales eliminaban un gran número de demonios a larga distancia. El problema se ubicaba a la hora del numero, pues llegaban infinidad de demonios y no había señal de que dejaran de llegar más.

    Tras haberse declarado el estado de emergencia, las posiciones de combate habían sido declaradas y se había preparado el escenario para que la Compañía de la Muerte, los Marines malditos destinados a morir en su propio corredor de la muerte perecieran a manos de aquellos Horrores multicolor. Las negras armaduras de estos Marines disponían del oxigeno suficiente como para combatir durante unas horas antes de perecer por falta de combustible natural. Además, el resto de Marines Espaciales disponibles se dedicaban al ataque a largo alcance desde lugares cubiertos apoyando a sus hermanos enfermos con fuego de bólter.

    Fue el sargento Castle Danniels el primero en darse cuenta de que algo iba mal. Podía comunicarse con sus hermanos de batalla cercanos, pero al intentar contactar con un rango superior para reportar la situación no detectaba señal ninguna. Pronto se dio cuenta de que habían desactivado la señal de radio interna, o mejor dicho, que esta había sido destruida. Ordenando a su escuadra que limpiara la zona para comenzar un asalto de emergencia hacia la central de comunicaciones se abalanzó con su espada sierra sobre el primer demonio que encontró, rebanándole lo que parecía un cuello deforme y bulboso manchando el rosa de su piel con el azul brillante e intenso que parecía ser su sangre.

    Tal fue su sorpresa al llegar a la central de comunicaciones externa que sus ansias de combatir se reprimieron. Una gran antena cercana al puente de mando en la superficie de la nave hacia de soporte de comunicaciones entre los Marines allí presentes y el resto del Imperio. Dicha antena estaba ahora en llamas, casi al punto de salir volando con el vacío del espacio, todo obra de un gigantesco perro de metal que parecía haber llegado allí escalando por su propia cuenta.

    Junto al monstruo se encontraba una figura roja que, debido al brillo azul que emitía su gran martillo de energía, cobraba un aspecto morado sombrío cada vez que uno de sus directos ataques impactaba en la armadura del monstruo estallando en un impulso de energía azulada. Cada movimiento del Ángel Sangriento que allí arriba combatía hacía retroceder a la bestia.

    Finalmente el demonio sincronizó sus fauces vestidas de cañón de ectoplasma con los cañones que se ubicaban en sus patas delanteras y disparó una llamarada azul contra su adversario. Sin ver ninguna escapatoria dado a la rapidez del disparo, saltó toscamente, alzando el gran Martillo de energía sobre el Diablo de la Forja.

    Todo sucedió muy deprisa: la ráfaga de plasma no fue disparada certeramente hacía el Marine, por lo que solo le rozó el costado de la armadura. Sintiendo el calor del impacto, el comandante dirigió con presteza su arma sobre la cabeza del monstruo para que no pudiese disparar más. Con un solo golpe el rostro de la criatura quedó reducida a metal dañado y carne quemada mientras el cañón que se ubicaba en sus fauces se empezaba a sobrecalentar por el mal funcionamiento provocado por el ataque.

    Un segundo impacto en lo que se definiría como el pecho de la bestia hizo retroceder al titánico ser de la plataforma en la que se encontraban, haciendo que se precipitara al vacío. En pocos segundos se hubo estrellado contra el suelo dejando tras de si grandes rastros de batalla mortal y una antena de comunicaciones inservible por el momento.

    Quien bajó del ya destrozado lugar de combate no fue otro que el comandante Adolphus, haciendo gala de su poca gracia para el diálogo entre camaradas, sin antes dejar ver algo de su poco gracioso humor.

    —En vez de poneros a observar como soldados de la guardia atónitos por el combate de un superior podríais haberos dedicado a darme fuego de cobertura. ¡No queda tiempo, es hora de expulsar a estos demonios al infierno del que provienen!

    Sin embargo, para el momento en el que llegaron a una zona en la cual hubiesen demonios que despedazar en nombre del Emperador, las hordas de criaturas se alejaban del crucero, como si su cometido allí ya se hubiese consumado. En la punta elevada más cercana a ellos se distinguía una silueta oscura iluminada tétricamente por la espada flamígera que la portaba. Su capa ondeaba por el rozamiento del poco aire existente en el exterior, causa del humo de las explosiones.

    Aunque no se viera el rostro del soldado debido a la presencia del blanco casco, Adolphus supo que el que allí se mantenía en pie era el capitán Hectus, quien seguramente sonreía de placer tras haber liderado falsamente aquella defensa en contra de la horda del señor de la transformación.

    —Hemos vencido, es hora de proseguir nuestro camino e informar a los señores del capítulo de este evento — Anunció el capitán.

    El comandante veterano Adolphus dio un paso adelante como acto de desacuerdo.

    —¡Pero eso implicaría abrir de nuevo el portal y abandonar este subsector! Se que no disponemos de comunicaciones, pero no podemos permitirnos dejar las cosas como están, ¡Debemos investigar que es lo que ha pasado y eliminar a esos demonios! — Contestó el veterano.

    —Poco o nada haremos aquí, lo más sabio es retirarse por el momento, los demonios se han cebado con los orkos y por eso se han ido antes de que pudiésemos exterminarlos completamente — Intentó explicar Hectus — estaban medio llenos de acción para cuando llegamos, y los saciamos lo suficiente como para hacerlos huir. No hay mas que investigar.

    Acto seguido se ejecutaron las ordenes del capitán, y tras dos horas de reparaciones improvisadas por los tecnomarines allí presentes el crucero de combate abandonó aquel lugar, desvaneciéndose de nuevo como una sombra en el portal de disformidad. Adolphus ya sospechaba que una sombra se cernía sobre el corazón del capitán, pero no llegaba a imaginar que era más tenebrosa de lo que cabía esperar.




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