FanficsLandia Érase una vez en un foro.

Tema en 'Literatura experimental' iniciado por rapuma, 14 Agosto 2019 a las 7:57 AM.

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    rapuma

    rapuma Fanático

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    Título:
    Érase una vez en un foro.
    Clasificación:
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    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    2803
    Prólogo: El último espacio en blanco del mapa.
    Eran casi las ocho de la noche y aún seguía en el baño de los vestuarios. El agua estaba fría y las agujas heladas atacaban mi espina dorsal y la nuca. Era una sensación placentera, aunque me quitaba el aliento.

    Cerré el grifo y caminé hasta el locker mientras me secaba. El baño era extenso y ordenado; un banco enorme delimitaba el sector izquierdo y el derecho.

    —Casi son las ocho, rapu. Vamos a llegar tarde.

    La voz me tomó desprevenido ya que no lo había escuchado llegar. Parado y con el móvil en su mano se encontraba Gigavelh vistiendo casualmente; una sudadera y unos jeans.

    —Estás hecho todo un hombre de negocios, ¿no? Pensar que cuando te conocí eras un simple rolero.

    —Esa palabra no existe. Además me gusta ser útil. Nunca me llegaban tantos mensajes en un día. Me invitaron a una fiesta de Orientadores está noche luego de los fuegos artificiales, ¿quieres venir?

    Me cambié lo más rápido que pude: una camiseta sin mangas, un short de baño con dibujos de piñas y palmeras,y por supuesto, las chancletas de Brasil.

    —Na. Seguro todos beben yogurt y se van a dormir a las diez. ¿Hay piña colada? Eso sí es volverse loco.

    Giga me lanzó un golpe que acepté con una sonrisa y salimos caminando de los vestuarios. Fuera el aire nocturno era simplemente increíble. Pleno verano, ideal para tomar una cerveza con unas patatas fritas.

    Estábamos en la sección de Rol del foro, dónde teníamos nuestros modestos negocios. Allí entrenábamos, comíamos y trabajábamos. Todo era una estructura bien lograda gracias a los administradores que mantenían un régimen exquisito. Ninguna queja, pero como todo negocio, a veces te iba bien y otras te iba mal.

    —¿Que tal con el Pueblo? ¿Va bien?

    —Recién empieza, la verdad. No le doy mucha esperanza. Pero gracias a Calígula puedo estar tranquilo. Eso sí que salió bien. Me llenó los bolsillos para tres o cuatro meses.

    En la entrada a la zona de Rol se encontraba Lova Ravengood. Una usuaria prometedora de mi época dorada de rol, pero que había caído en bancarrota hace tiempo y ahora trabajaba como guardia de seguridad.

    Ambos pasamos junto la garita de ella, que disponía de un televisor pequeño y un cuadro de Kurone, la moderadora de la zona. Saludamos al paso y ella nos hizo un ademán con la mano, concentrada en la novela japonesa.

    —¿Manejas tú o vamos en mi coche? —pregunté mientras buscaba mis llaves.

    —Vamos en el mío, me lo compré hace poco con un sueldo extra que me entra todas las semanas de los Críticos.

    Dejamos atrás mi ford k y me llevó hasta su nuevo automóvil: una Hilux 4×4. De verdad no me esperaba eso.

    —Bueno, parece que estoy perdiendo el tiempo solo en Rol. ¿Cómo pudiste comprarte esto?

    —Un poco de aquí un poco de allá. —sonrió y abrió la camioneta. —Es fácil escalar en el foro si te lo propones.

    —Creo que sí. Eres un buen ejemplo después de todo. Eres casi nuevo y ya ocupas un cargo en dos secciones importantes. Yo soy un dinosaurio que me quedo en el tiempo.

    Me senté y me relajé, era muy cómodo y espacioso. Puse el estéreo y pronto estuvo sonando "Guantanamera" de Compay Segundo.

    —¿Cuando vas a dejar atrás ese remolque triste en donde vives? Puedo darte coins si es que necesitas...

    —Tengo mis ahorros, gracias Giga. Pero en el tráiler me siento cómodo, no soy muy presuntuoso. Además siempre dije que viviría a orillas del mar.

    Y era cierto. El tráiler era pequeño pero cómodo para dos personas, aunque solo vivía yo. Y estaba ubicado en una de las mejores zonas del Foro, o al menos en la mejor zona para mí.
    Mientras todos preferían vivir en grandes rascacielos, casas lujosas o grandes departamentos, yo prefería lo sencillo: una casita a orillas del mar.

    Me gusta el surf y lo práctico con regularidad, me gusta nadar y puedo hacerlo libremente. Me gusta correr y puedo hacerlo viendo el amanecer o el atardecer, cosa maravillosa si me preguntan. Y aunque me faltará el perro, tenía mi propia compañía que era lo mejor.

    —Quizá una fiesta en mi nuevo departamento con unas usuarias te cambie el chip, rapu. ¿Sabes lo rápido que se consiguen chicas siendo de los Orientadores?

    —Eres jóven, está bien que te diviertas. Yo ya dejé esa etapa atrás. Prefiero tocar la guitarra en mi hamaca de palmera a palmera mientras suena una rola brasilera.

    —Estas viejo y aburrido, eso te pasa. ¿Cuando la olvidarás?

    Entonces mi expresión cambió y Gigavelh lo notó al instante.

    —Lo siento... no quise decirlo tan brusco. Lo siento, ¿vale?

    —Todo bien, Giga. No tienes la culpa después de todo.

    Gigavelh cambió el tema y hablaba sobre su nuevo rol en Críticos, que se ganaba un pastón de coins y era un trabajo relativamente sencillo. Pero mi mente se quedó en el pasado, recordando.

    Había pasado dos años desde que Amelie se había ido. Dos años donde pensé que mi felicidad había encontrado la llave de todo lo bueno e inundaba mi vida de ello.

    Vivíamos en el tráiler, con un perro de hecho, aunque ella amaba los gatos. Sultán era un ovejero alemán de raza, lo habíamos criado de cachorro y se metía conmigo al agua, aún debo tener alguna que otra foto que nos sacó Amelie sobre la tabla de surf.

    Amelie había sido mi primera game master de mi primer rol de aquí. Uno que trataba sobre Gladiadores y fue en donde yo me encontraba en mi mejor estado físico. Entrenábamos a diario y tres veces en un día, era hermoso. Y el amor vino desprevenido y cuando uno quiere darse cuenta ya es tarde, estás flechado y no sabes como ocurrió.

    El resto es historia, vivimos juntos, trabajábamos... hasta el momento de su accidente. Todo había sido tomado muy a la ligera, el caso se había cerrado pronto y todo el mundo me dió sus condolencias. Me dijeron que me darían el seguro de vida de ella en coins y que intente seguir con mi vida... a raíz de ello estuve casi un año ausente en el Rol, viviendo con mi duelo.

    Pero ahora había vuelto, a medias al menos, necesitaba trabajar.

    Finalmente llegamos al Aniversario del Foro. Estaba repleto de usuarios. Tuve un ligero cosquilleo, no me gustan los lugares tan repletos de gente.

    Aparcó en el estacionamiento y bajamos. El ambiente era festivo, se respiraba el jolgorio en el aire y por supuesto, la cerveza.

    —Es increíble... ¡Mira, allá en el escenario!

    El grito de Gigavelh casi me deja sordo, me empujó y comenzó a saltar mientras salíamos del parking. El escenario se veía a lo lejos y vimos justo cuando dos columnas de fuego salían de los costados del escenario y una banda de música tocaba en vivo. Otros usuarios bailaban y muchos saltaban repitiendo el estribillo de la canción.

    —Ahi viene Meowffin. Hey, hola, hola Meow. —mi compañero alzó el brazo y lo agitó. La aludida le vio y sonrió mientras se acercaba a nosotros.

    —¿Quién es? —pregunté mientras más usuarios entraban al sector de Aniversario.

    —La líder de Orientadores. —dijo cómo si fuera algo obvio. —Incluso te saludó para tu cumpleaños, ¿recuerdas?

    —Puede ser. —dije sin más, esperando que la chica se acerque.

    A decir verdad era un bombonazo de mujer; cabello largo y en rizo que caía sobre su espalda como una cascada de fuego. Ojos simpáticos y sonrisa grande. Abrazó a mi colega mientras yo no sabía cómo pararme.

    —¿Estás con los chicos?

    —Sip. Vinimos todos juntos, algunos están en la feria ganando peluches y dulces. —me miró y sonrió de oreja a oreja. —¡Hola!

    —Hola.

    Gigavelh me golpeó el hombro con el puño.

    —El es rapuma. Trabaja conmigo en la zona Rol. Es un cascarrabias pero logre que viniera.

    —Ya sé quién es. Conozco a todos... bueno, casi todos. ¿Cómo estás, rapu? ¿Van a ver los fuegos?

    —Bien, no me puedo quejar. Aunque me siento fuera de onda. —me señalé la ropa. —Ando de playa mientras ustedes de gala.

    —No te fijes, es motivo de festejo. Puedes estar cómo quieres. A mí me encantaría estar así como tú pero al ser líder tengo una apariencia que respetar. —ladeó la cabeza y me miró. —¿Quieres venir con nosotros? ¡Seguro te llevas bien con el resto!

    —Adelantense, yo iré por una cerveza y luego los alcanzo.

    Me despedí e ignoré las caras de Gigavelh, me alejé de ellos y me dispuse a esquivar los usuarios mientras iba hasta el primer puesto de cerveza que había visto. Mierda, habían montado incluso un parque de atracciones. Pasé por debajo de la montaña rusa y justo por al lado de los autitos chocones.

    Llegué a la tienda y pedí una cerveza fría. Sonaban diversas canciones depende la zona donde transitabas. Caminé tranquilo, bebiendo a sorbos y mirando la gente. Había muchas parejas, algunas oficiales otras que se escondían. El foro, después de todo, era un lugar donde tarde o temprano uno se enteraba de los chismes, aunque no quisiera.

    Me pareció ver a Liza White del brazo de Reual, pero no estaba seguro. Incluso vi a Nekita y EN Auditore de la mano, ella con un oso de peluche en la mano libre y él riendo y señalando las tiendas de juegos. Me pareció un buen momento para saludarlos, hacia mucho que no los veía ni sabía de ellos pero podría esperar, no quería arruinar el hechizo del momento.

    Terminé la cerveza y tiré el vaso de plástico a un basurero. Entonces alguien me empujó el hombro al pasar. Soy alguien de constitución fuerte, aunque ya no esté entrenando tanto, pero esta persona con solo empujar hombro con hombro pudo darme vuelta literalmente. Me lo quedé mirando y me pareció conocerlo.

    Lyon. Creo que su usuario es Lyon. Lo conocía de una mafia en la que había participado. Es un juego que no me gustó mucho pero era para mantener activo mis coins. No sé si me reconoció o no, pero siguió su camino.
    Decidí ignorarlo y para calmar la ansiedad de gritarle algo lo mejor sería otra cerveza.

    Fui hasta la tienda más cercana y cuando busqué mi billetera... no estaba. Volví a buscar mejor y no estaba. Mi billetera, seguro 300 coins, no era para tanto. Pero... ahí guardaba la única foto de Amelie que me había atrevido a mantener conmigo. Me desesperé y retomé mis pasos. Llegué hasta el basurero y entonces recordé. Lyon. No solo me había empujado, había colado su mano dentro de mis bolsillos.

    Me alarmé y comencé a buscarlo con rapidez. Está vez empujé a la gente al pasar, no veía a nadie, solo rostros borrosos. Y cuando lo ví el me estaba viendo. Seguro unos 30 metros nos separaban, sin contar la gente que iba y venía. Mis puños temblaron y esprinté a toda velocidad. Él se quedó estático, en el lugar; incluso me pareció ver qué sonreía.

    —¡Abran paso a los VIP! ¡Atrás señores, señoritas! ¡Den paso a los usuarios VIP!

    La gente entonces me golpeó al intentar acercarse a ver. Perdí el equilibrio y caí al suelo. Varios policías con moderadores a la cabeza escoltaban a los usuarios de color rojo. La gente gritaba y pedía autógrafos, otros mataban por una selfie.

    Desde el suelo vi a Bruno, un ex compañero de Rol, sonriendo y saludando con la mano. Le lanzaron una tanga y él la olió y la guardó dentro de su traje. También vi a Heros, siempre humilde, autografiando camisetas y autoretratos. Vi muchas celebridades pero ellos no me importaban en ese momento. Me levanté como un resorte y busqué nuevamente a Lyon.

    Allí estaba, el bastardo. Desde el otro lado de la valla que la policía había colocado con eficacia. Me sonreía y me mostró la billetera.

    Di un respingo e intenté colarme por la valla pero el moderador Reydelaperdicion me tomó del cuello de mi camiseta sin mangas en una fracción de segundo. Los moderadores vestían traje negro y portaban gafas de sol, no importa si fuera de noche o día; todos parecían agentes de la Matrix e igual de peligrosos.

    Actúe sin pensar, puro instinto y le golpeé el rostro con mi frente. El público gritó y los usuarios VIP comenzaron a ponerse nerviosos... pero no le había hecho nada; apenas había echado hacia atrás la cabeza y las gafas estaban rotas, nada más.
    Me miró y vi dos hilillos de sangre salir por su nariz. El golpe que le di al menos hubiera quebrado un tabique normal. Pero ellos no eran normales.

    En ese momento tuve miedo. Lo que se comentaba de los moderadores todo era tétrico, la fuerza armada del Foro.
    Me apretó el cuello con una fuerza desgarradora y me propinó el mismo golpe; con la frente en todo mi rostro. El dolor fue tremendo y vi pequeños puntitos blancos en un fondo gris, sabía que estaba al borde de la inconsciencia si no actuaba rápido.

    El mundo comenzó a dejar de existir por unos momentos hasta que recordé porqué estaba tan enfurecido. Abrí los ojos de nuevo y le golpeé con fuerza sus partes nobles (en la entrepierna); el agarre sobre mi cuello fue con menos presión y aproveché el momento para escapar: golpeé con ambos puños el brazo con el que me sujetaba y luego le golpeé la rodilla con el fin de desestabilizarlo. Cuando su mano me soltó le propine una fuerte patada directo a la sien y escapé.

    Sabía que todo eso me traería consecuencias desastrosas pero si explicaba la razón, quizá me podrían entender, quizá...

    Deje atrás el griterío y me adentré en un callejón para despistarlos. Aún el golpe de Rey me latía en el rostro pero la adrenalina se encargaba de que no me doliera demasiado.

    —Eres fuerte.

    Moví mis pies y describí un círculo completo al escuchar la voz. El callejón estaba a oscuras.

    —¿Quién eres? Si eres de la policía quiero pedir...

    —La policía se encuentra lejos. Un usuario agresivo atacó a un moderador de turno y puso en peligro la seguridad de los miembros VIP, el escalafón más alto del Foro. Supongamos que me atrapas e incluso puedes tener tu billetera contigo. ¿Sabes lo que te pasaría? ¿Sabes cómo Yáahl se comporta con los usuarios problemáticos?

    —¡Bastardo! ¿Dónde estás?

    Lyon cayó del cielo con una elegencia increíble, incluso sus pies parecieron no hacer ruido en el suelo. Es como una pluma.

    —Revisé tu monedero. No tienes una mierda. Una tarjeta de crédito, 300 billetes de coins... ¿Qué es lo que tanto te desespera perder? ¿Será esto? —me mostró la foto carnet de Amelie y no pude contenerme.

    Cada usuario tiene en su poder decidir qué camino seguir una vez iniciada la cuenta: o un literario inteligente, o un hombre de negocios o un hombre de acción. Yo me decidí por esta última y gracias a los roles en los que viví y fui parte, ese poder ficticio se arraiga a tu cuerpo físico en momentos caóticos. Es por eso que mi fuerza y velocidad podrían superar tranquilamente a un usuario normal.

    Mi velocidad es pasmosa y pude tomarlo por sorpresa, lo tomé de un brazo e intenté estrujarlo como si fuera un papel pero asombrosamente me quedé sujetando solo la gabardina marrón que Lyon portaba.

    —¿Este es el rolero legendario del que tanto se habla? Apenas eres una sombra de lo que fuiste ayer, viejo.

    —¡Esa palabra no existe!

    Me gire y le ataque: cinco golpes, cuatro patadas, pero ninguno tuvo contacto, me esquivó todo con una tranquilidad que me asombró. Lyon me golpeó el rostro con una patada alta y me lanzó varios metros atrás.

    —¡Devuélveme la foto!

    —Claro, hombre. No queremos que te pongas así.

    Y entonces percibí movimiento detrás mío. Quise girarme pero una fuerza desconocida me hizo una llave y comenzó a asfixiarme. Intenté moverme pero era imposible, me tenía bien sujeto. Levanté el rostro para ver quién era y alcancé a ver una nariz con sangre contra mí oreja. Así que esta era la fuerza de un moderador.

    —No queremos matarte, rapuma. Simplemente que vengas conmigo. Tranquilo, ya está todo hablado. Tu desapareceras y tu casa seguro será loteada. Gracias a ti tenemos una buena coartada y es el show que hiciste en público contra Reydelaperdicion. Podrán decir que estás preso, que huiste o que te suicidaste, me da igual. —rompió la foto de Amelie en cuatro pedazos y la lanzó al aire.

    Mis ojos lloraban por la ira o quizá por la presión bestial que ejercía Rey en mí. Poco a poco perdí las fuerzas de mis piernas y caí, también de mis brazos y dejé de forcejear. Todo se puso gris y finalmente negro.
     
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    Érase una vez en un foro.
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    Capítulo 1: Atado de pies y manos.

    Poco a poco abrí los ojos hasta que una luz me dejó ciego y sentí como se filtraba en mis retinas dañando directamente mi cerebro.
    Estaba en una celda pequeña con dos camas, una ocupada por una figura que no alcanzaba a ver bien.

    —Hasta que despertaste. Estuviste durmiendo 38 horas, pensé que estabas muerto.

    ¿38 horas? Me masajee la sien y cerré los ojos con dolor, como si procesar esa información me dañara el lateral de la cabeza.

    —Soy Hamsen y estamos en la Noche 6. Eres reemplazo de un usuario que fue banneado. Enhorabuena, llegas a tiempo.

    —¿Qué? ¿Noche 6?

    —Claro. Estamos en una celda porque fuimos bloqueados. No pude usar mi habilidad, maldita sea.

    —¿Habilidad? —me reincorporé lentamente, estaba mareado. —¿Dónde estamos?

    —Mafia "La Ciudad". Eres pueblo confirmado y ya se te agotó el Tipo Duro. Seguro vendrán a por tí.

    Lo miré sin comprender bien qué quería decirme. Observé la celda; los barrotes eran gruesos y estaban bien sujetos. No había forma de escapar.

    —Hamsen, ¿no es cierto? Dime, ¿seguimos en Fanficslandia?

    —¿Fanfic qué?

    Entonces una puerta se abrió en algún lugar dentro del mismo recinto nuestro. Hamsen se puso en alerta. Yo me mantuve firme, con una mano sobre la pared para no perder el equilibrio. Se escucharon pasos, de botas. Se estaban acercando.

    —¿Sabes pelear? —le pregunté con rapidez, en un susurro. Estaban casi sobre nosotros.

    —Mi habilidad no me lo permite.

    —¿Tu qué? —volví a preguntar contrariado.

    —Vaya. —la voz frente a nosotros fue como un golpe. Aún estaba medio adormilado, por lo que escucharle tan alto me molestaba. —Tenemos a dos pueblos a merced nuestra. El médico y el Tipo Duro que ya de duro no tiene nada.

    —¡Bien dicho, Gigi! —le alentó el otro a la mujer.

    —¿Qué haremos con ustedes? Prefieren morir rápido, o ¿que la Máster describa en el próximo día una muerte grotesca?

    Ataqué con rapidez, quizá podría tomarla del cuello de su camiseta y golpearle el rostro contra uno de los barrotes. Me lancé con velocidad e intenté tomarla pero ella, además del gesto de sorpresa, pudo evitarme con facilidad.

    —¿Viste eso, Kemero? Este chico piensa en hacerme daño. No tienes más habilidades útiles, chico nuevo.

    Era imposible. Mi fuerza y velocidad no eran las mismas. ¿Me habían sedado y eso afectaba mi fuerza? No lo creo, era algo más...

    El susodicho Kemero tomó un barrote con su mano y ejerciendo presión arrancó de cuajo toda la puerta de la celda. Hamsen gimió y yo caí de espaldas.
    Entre el polvo de ladrillo y el factor sorpresa, ataqué de nuevo. Está vez contra el masculino.

    Kemero me golpeó el pecho con la palma abierta y me hundió hasta los hombros en la pared de la celda. Escupí sangre y me quedé en el lugar, intentando respirar y contando cuántas costillas rotas tenía.

    Hamsen murió de un disparo en la cabeza. El cuerpo cayó como un saco de patatas. Luego la mujer me apuntó a mí y sonrió.

    —Nada personal, nuevo. Es solo un juego.

    Y disparó.

    Me desperté sobresaltado, cómo si hubiera vivido una pesadilla en carne propia. Me toqué el pecho y no tenía nada... Incluso me toque la cabeza, buscando el agujero de la bala. Había sido tan real... el dolor fue auténtico.
    Pensaba tanto en el sueño que tardé en ver dónde me encontraba. Parecía una especie de cueva donde miles de mineros iban y venían con carros guiados por las vías de tren.

    Me levanté y miré mi atuendo. Efectivamente, vestía de minero. Con casco y luz en él, respectivamente.

    ¿Dónde rayos me encontraba?

    Un usuario pasó junto a mi y lo detuve.

    —Oye, ¿dónde estamos?

    Me miró con cara rara y siguió su camino.
    Me empecé a desesperar: los caminos de vías no llevaban a ningún sitio, solo a más cuevas, profundas y oscuras. La gente picaba las paredes y todos estaban sucios de barro y lodo, como yo.

    Un hombre bien vestido a diferencia nuestra se paseaba por el lugar como si fuera el dueño total. Me dirigí hacia él y cuando reparó en mi presencia, ya a escasos metros, sacó un enorme látigo y lo azotó en el aire.

    —¡A trabajar, usuario! —el látigo hendió el aire y los usuarios se cubrieron como acto reflejo.

    Me detuve en seco y caminé hacia atrás con las manos en alto, expresión total de tranquilidad para no ponerlo nervioso.

    —¡Lo siento, jefe! Se perdió de nuevo, suele pasar con tantos túneles. Yo me lo llevo.

    Un usuario salió de la nada, pasó su brazo por mi cuello y juntos nos perdimos por uno de los caminos de la cueva.

    —¿Estás loco? Richi puede bannearte a latigazos, lo ví con mis propios ojos miles de veces

    Richi. Era bueno no olvidar ese nombre.

    —¿Quién eres? ¿Que es este lugar?

    —Sturmovick, a tu servicio. ¿Que qué es este hotel de lujo donde la comida sabe a mierda? Estamos en la Papelera, muchacho. La encantadora Papelera. Aquí lo único que importa es picar y picar hasta que de la pared salga una habilidad nueva interesante, si no es interesante el tipo del látigo se cabreara contigo. Si la habilidad es buena, se lleva hacia administración y el buen Articuno la colocará en habilidades básicas de una mafia, te dan un sueldo y dejas de vivir en la mierda, pero el olor no se te va.

    —¿Cómo terminaste aquí?

    —No me gustaba la gestión de arriba. Me enviaron aquí un mes... pero se convirtió en un año y medio, creo, si no perdí la cuenta. ¿Cómo es tu nick?

    —rapuma. ¿Dónde estamos?

    —rapuma. Rapu está bien, ¿no? ¿Dónde estamos? Mafialandia, chico. Dónde los sueños se cumplen... o quizá no todos.

    Abrí los ojos como platos. Estaba perdido, literalmente.
     
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