FanficsLandia Érase una vez en un foro.

Tema en 'Literatura experimental' iniciado por rapuma, 14 Agosto 2019.

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    rapuma

    rapuma Fanático

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    Érase una vez en un foro.
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    2803
    Prólogo: El último espacio en blanco del mapa.
    Eran casi las ocho de la noche y aún seguía en el baño de los vestuarios. El agua estaba fría y las agujas heladas atacaban mi espina dorsal y la nuca. Era una sensación placentera, aunque me quitaba el aliento.

    Cerré el grifo y caminé hasta el locker mientras me secaba. El baño era extenso y ordenado; un banco enorme delimitaba el sector izquierdo y el derecho.

    —Casi son las ocho, rapu. Vamos a llegar tarde.

    La voz me tomó desprevenido ya que no lo había escuchado llegar. Parado y con el móvil en su mano se encontraba Gigavelh vistiendo casualmente; una sudadera y unos jeans.

    —Estás hecho todo un hombre de negocios, ¿no? Pensar que cuando te conocí eras un simple rolero.

    —Esa palabra no existe. Además me gusta ser útil. Nunca me llegaban tantos mensajes en un día. Me invitaron a una fiesta de Orientadores está noche luego de los fuegos artificiales, ¿quieres venir?

    Me cambié lo más rápido que pude: una camiseta sin mangas, un short de baño con dibujos de piñas y palmeras,y por supuesto, las chancletas de Brasil.

    —Na. Seguro todos beben yogurt y se van a dormir a las diez. ¿Hay piña colada? Eso sí es volverse loco.

    Giga me lanzó un golpe que acepté con una sonrisa y salimos caminando de los vestuarios. Fuera el aire nocturno era simplemente increíble. Pleno verano, ideal para tomar una cerveza con unas patatas fritas.

    Estábamos en la sección de Rol del foro, dónde teníamos nuestros modestos negocios. Allí entrenábamos, comíamos y trabajábamos. Todo era una estructura bien lograda gracias a los administradores que mantenían un régimen exquisito. Ninguna queja, pero como todo negocio, a veces te iba bien y otras te iba mal.

    —¿Que tal con el Pueblo? ¿Va bien?

    —Recién empieza, la verdad. No le doy mucha esperanza. Pero gracias a Calígula puedo estar tranquilo. Eso sí que salió bien. Me llenó los bolsillos para tres o cuatro meses.

    En la entrada a la zona de Rol se encontraba Lova Ravengood. Una usuaria prometedora de mi época dorada de rol, pero que había caído en bancarrota hace tiempo y ahora trabajaba como guardia de seguridad.

    Ambos pasamos junto la garita de ella, que disponía de un televisor pequeño y un cuadro de Kurone, la moderadora de la zona. Saludamos al paso y ella nos hizo un ademán con la mano, concentrada en la novela japonesa.

    —¿Manejas tú o vamos en mi coche? —pregunté mientras buscaba mis llaves.

    —Vamos en el mío, me lo compré hace poco con un sueldo extra que me entra todas las semanas de los Críticos.

    Dejamos atrás mi ford k y me llevó hasta su nuevo automóvil: una Hilux 4×4. De verdad no me esperaba eso.

    —Bueno, parece que estoy perdiendo el tiempo solo en Rol. ¿Cómo pudiste comprarte esto?

    —Un poco de aquí un poco de allá. —sonrió y abrió la camioneta. —Es fácil escalar en el foro si te lo propones.

    —Creo que sí. Eres un buen ejemplo después de todo. Eres casi nuevo y ya ocupas un cargo en dos secciones importantes. Yo soy un dinosaurio que me quedo en el tiempo.

    Me senté y me relajé, era muy cómodo y espacioso. Puse el estéreo y pronto estuvo sonando "Guantanamera" de Compay Segundo.

    —¿Cuando vas a dejar atrás ese remolque triste en donde vives? Puedo darte coins si es que necesitas...

    —Tengo mis ahorros, gracias Giga. Pero en el tráiler me siento cómodo, no soy muy presuntuoso. Además siempre dije que viviría a orillas del mar.

    Y era cierto. El tráiler era pequeño pero cómodo para dos personas, aunque solo vivía yo. Y estaba ubicado en una de las mejores zonas del Foro, o al menos en la mejor zona para mí.
    Mientras todos preferían vivir en grandes rascacielos, casas lujosas o grandes departamentos, yo prefería lo sencillo: una casita a orillas del mar.

    Me gusta el surf y lo práctico con regularidad, me gusta nadar y puedo hacerlo libremente. Me gusta correr y puedo hacerlo viendo el amanecer o el atardecer, cosa maravillosa si me preguntan. Y aunque me faltará el perro, tenía mi propia compañía que era lo mejor.

    —Quizá una fiesta en mi nuevo departamento con unas usuarias te cambie el chip, rapu. ¿Sabes lo rápido que se consiguen chicas siendo de los Orientadores?

    —Eres jóven, está bien que te diviertas. Yo ya dejé esa etapa atrás. Prefiero tocar la guitarra en mi hamaca de palmera a palmera mientras suena una rola brasilera.

    —Estas viejo y aburrido, eso te pasa. ¿Cuando la olvidarás?

    Entonces mi expresión cambió y Gigavelh lo notó al instante.

    —Lo siento... no quise decirlo tan brusco. Lo siento, ¿vale?

    —Todo bien, Giga. No tienes la culpa después de todo.

    Gigavelh cambió el tema y hablaba sobre su nuevo rol en Críticos, que se ganaba un pastón de coins y era un trabajo relativamente sencillo. Pero mi mente se quedó en el pasado, recordando.

    Había pasado dos años desde que Amelie se había ido. Dos años donde pensé que mi felicidad había encontrado la llave de todo lo bueno e inundaba mi vida de ello.

    Vivíamos en el tráiler, con un perro de hecho, aunque ella amaba los gatos. Sultán era un ovejero alemán de raza, lo habíamos criado de cachorro y se metía conmigo al agua, aún debo tener alguna que otra foto que nos sacó Amelie sobre la tabla de surf.

    Amelie había sido mi primera game master de mi primer rol de aquí. Uno que trataba sobre Gladiadores y fue en donde yo me encontraba en mi mejor estado físico. Entrenábamos a diario y tres veces en un día, era hermoso. Y el amor vino desprevenido y cuando uno quiere darse cuenta ya es tarde, estás flechado y no sabes como ocurrió.

    El resto es historia, vivimos juntos, trabajábamos... hasta el momento de su accidente. Todo había sido tomado muy a la ligera, el caso se había cerrado pronto y todo el mundo me dió sus condolencias. Me dijeron que me darían el seguro de vida de ella en coins y que intente seguir con mi vida... a raíz de ello estuve casi un año ausente en el Rol, viviendo con mi duelo.

    Pero ahora había vuelto, a medias al menos, necesitaba trabajar.

    Finalmente llegamos al Aniversario del Foro. Estaba repleto de usuarios. Tuve un ligero cosquilleo, no me gustan los lugares tan repletos de gente.

    Aparcó en el estacionamiento y bajamos. El ambiente era festivo, se respiraba el jolgorio en el aire y por supuesto, la cerveza.

    —Es increíble... ¡Mira, allá en el escenario!

    El grito de Gigavelh casi me deja sordo, me empujó y comenzó a saltar mientras salíamos del parking. El escenario se veía a lo lejos y vimos justo cuando dos columnas de fuego salían de los costados del escenario y una banda de música tocaba en vivo. Otros usuarios bailaban y muchos saltaban repitiendo el estribillo de la canción.

    —Ahi viene Meowffin. Hey, hola, hola Meow. —mi compañero alzó el brazo y lo agitó. La aludida le vio y sonrió mientras se acercaba a nosotros.

    —¿Quién es? —pregunté mientras más usuarios entraban al sector de Aniversario.

    —La líder de Orientadores. —dijo cómo si fuera algo obvio. —Incluso te saludó para tu cumpleaños, ¿recuerdas?

    —Puede ser. —dije sin más, esperando que la chica se acerque.

    A decir verdad era un bombonazo de mujer; cabello largo y en rizo que caía sobre su espalda como una cascada de fuego. Ojos simpáticos y sonrisa grande. Abrazó a mi colega mientras yo no sabía cómo pararme.

    —¿Estás con los chicos?

    —Sip. Vinimos todos juntos, algunos están en la feria ganando peluches y dulces. —me miró y sonrió de oreja a oreja. —¡Hola!

    —Hola.

    Gigavelh me golpeó el hombro con el puño.

    —El es rapuma. Trabaja conmigo en la zona Rol. Es un cascarrabias pero logre que viniera.

    —Ya sé quién es. Conozco a todos... bueno, casi todos. ¿Cómo estás, rapu? ¿Van a ver los fuegos?

    —Bien, no me puedo quejar. Aunque me siento fuera de onda. —me señalé la ropa. —Ando de playa mientras ustedes de gala.

    —No te fijes, es motivo de festejo. Puedes estar cómo quieres. A mí me encantaría estar así como tú pero al ser líder tengo una apariencia que respetar. —ladeó la cabeza y me miró. —¿Quieres venir con nosotros? ¡Seguro te llevas bien con el resto!

    —Adelantense, yo iré por una cerveza y luego los alcanzo.

    Me despedí e ignoré las caras de Gigavelh, me alejé de ellos y me dispuse a esquivar los usuarios mientras iba hasta el primer puesto de cerveza que había visto. Mierda, habían montado incluso un parque de atracciones. Pasé por debajo de la montaña rusa y justo por al lado de los autitos chocones.

    Llegué a la tienda y pedí una cerveza fría. Sonaban diversas canciones depende la zona donde transitabas. Caminé tranquilo, bebiendo a sorbos y mirando la gente. Había muchas parejas, algunas oficiales otras que se escondían. El foro, después de todo, era un lugar donde tarde o temprano uno se enteraba de los chismes, aunque no quisiera.

    Me pareció ver a Liza White del brazo de Reual, pero no estaba seguro. Incluso vi a Nekita y EN Auditore de la mano, ella con un oso de peluche en la mano libre y él riendo y señalando las tiendas de juegos. Me pareció un buen momento para saludarlos, hacia mucho que no los veía ni sabía de ellos pero podría esperar, no quería arruinar el hechizo del momento.

    Terminé la cerveza y tiré el vaso de plástico a un basurero. Entonces alguien me empujó el hombro al pasar. Soy alguien de constitución fuerte, aunque ya no esté entrenando tanto, pero esta persona con solo empujar hombro con hombro pudo darme vuelta literalmente. Me lo quedé mirando y me pareció conocerlo.

    Lyon. Creo que su usuario es Lyon. Lo conocía de una mafia en la que había participado. Es un juego que no me gustó mucho pero era para mantener activo mis coins. No sé si me reconoció o no, pero siguió su camino.
    Decidí ignorarlo y para calmar la ansiedad de gritarle algo lo mejor sería otra cerveza.

    Fui hasta la tienda más cercana y cuando busqué mi billetera... no estaba. Volví a buscar mejor y no estaba. Mi billetera, seguro 300 coins, no era para tanto. Pero... ahí guardaba la única foto de Amelie que me había atrevido a mantener conmigo. Me desesperé y retomé mis pasos. Llegué hasta el basurero y entonces recordé. Lyon. No solo me había empujado, había colado su mano dentro de mis bolsillos.

    Me alarmé y comencé a buscarlo con rapidez. Está vez empujé a la gente al pasar, no veía a nadie, solo rostros borrosos. Y cuando lo ví el me estaba viendo. Seguro unos 30 metros nos separaban, sin contar la gente que iba y venía. Mis puños temblaron y esprinté a toda velocidad. Él se quedó estático, en el lugar; incluso me pareció ver qué sonreía.

    —¡Abran paso a los VIP! ¡Atrás señores, señoritas! ¡Den paso a los usuarios VIP!

    La gente entonces me golpeó al intentar acercarse a ver. Perdí el equilibrio y caí al suelo. Varios policías con moderadores a la cabeza escoltaban a los usuarios de color rojo. La gente gritaba y pedía autógrafos, otros mataban por una selfie.

    Desde el suelo vi a Bruno, un ex compañero de Rol, sonriendo y saludando con la mano. Le lanzaron una tanga y él la olió y la guardó dentro de su traje. También vi a Heros, siempre humilde, autografiando camisetas y autoretratos. Vi muchas celebridades pero ellos no me importaban en ese momento. Me levanté como un resorte y busqué nuevamente a Lyon.

    Allí estaba, el bastardo. Desde el otro lado de la valla que la policía había colocado con eficacia. Me sonreía y me mostró la billetera.

    Di un respingo e intenté colarme por la valla pero el moderador Reydelaperdicion me tomó del cuello de mi camiseta sin mangas en una fracción de segundo. Los moderadores vestían traje negro y portaban gafas de sol, no importa si fuera de noche o día; todos parecían agentes de la Matrix e igual de peligrosos.

    Actúe sin pensar, puro instinto y le golpeé el rostro con mi frente. El público gritó y los usuarios VIP comenzaron a ponerse nerviosos... pero no le había hecho nada; apenas había echado hacia atrás la cabeza y las gafas estaban rotas, nada más.
    Me miró y vi dos hilillos de sangre salir por su nariz. El golpe que le di al menos hubiera quebrado un tabique normal. Pero ellos no eran normales.

    En ese momento tuve miedo. Lo que se comentaba de los moderadores todo era tétrico, la fuerza armada del Foro.
    Me apretó el cuello con una fuerza desgarradora y me propinó el mismo golpe; con la frente en todo mi rostro. El dolor fue tremendo y vi pequeños puntitos blancos en un fondo gris, sabía que estaba al borde de la inconsciencia si no actuaba rápido.

    El mundo comenzó a dejar de existir por unos momentos hasta que recordé porqué estaba tan enfurecido. Abrí los ojos de nuevo y le golpeé con fuerza sus partes nobles (en la entrepierna); el agarre sobre mi cuello fue con menos presión y aproveché el momento para escapar: golpeé con ambos puños el brazo con el que me sujetaba y luego le golpeé la rodilla con el fin de desestabilizarlo. Cuando su mano me soltó le propine una fuerte patada directo a la sien y escapé.

    Sabía que todo eso me traería consecuencias desastrosas pero si explicaba la razón, quizá me podrían entender, quizá...

    Deje atrás el griterío y me adentré en un callejón para despistarlos. Aún el golpe de Rey me latía en el rostro pero la adrenalina se encargaba de que no me doliera demasiado.

    —Eres fuerte.

    Moví mis pies y describí un círculo completo al escuchar la voz. El callejón estaba a oscuras.

    —¿Quién eres? Si eres de la policía quiero pedir...

    —La policía se encuentra lejos. Un usuario agresivo atacó a un moderador de turno y puso en peligro la seguridad de los miembros VIP, el escalafón más alto del Foro. Supongamos que me atrapas e incluso puedes tener tu billetera contigo. ¿Sabes lo que te pasaría? ¿Sabes cómo Yáahl se comporta con los usuarios problemáticos?

    —¡Bastardo! ¿Dónde estás?

    Lyon cayó del cielo con una elegencia increíble, incluso sus pies parecieron no hacer ruido en el suelo. Es como una pluma.

    —Revisé tu monedero. No tienes una mierda. Una tarjeta de crédito, 300 billetes de coins... ¿Qué es lo que tanto te desespera perder? ¿Será esto? —me mostró la foto carnet de Amelie y no pude contenerme.

    Cada usuario tiene en su poder decidir qué camino seguir una vez iniciada la cuenta: o un literario inteligente, o un hombre de negocios o un hombre de acción. Yo me decidí por esta última y gracias a los roles en los que viví y fui parte, ese poder ficticio se arraiga a tu cuerpo físico en momentos caóticos. Es por eso que mi fuerza y velocidad podrían superar tranquilamente a un usuario normal.

    Mi velocidad es pasmosa y pude tomarlo por sorpresa, lo tomé de un brazo e intenté estrujarlo como si fuera un papel pero asombrosamente me quedé sujetando solo la gabardina marrón que Lyon portaba.

    —¿Este es el rolero legendario del que tanto se habla? Apenas eres una sombra de lo que fuiste ayer, viejo.

    —¡Esa palabra no existe!

    Me gire y le ataque: cinco golpes, cuatro patadas, pero ninguno tuvo contacto, me esquivó todo con una tranquilidad que me asombró. Lyon me golpeó el rostro con una patada alta y me lanzó varios metros atrás.

    —¡Devuélveme la foto!

    —Claro, hombre. No queremos que te pongas así.

    Y entonces percibí movimiento detrás mío. Quise girarme pero una fuerza desconocida me hizo una llave y comenzó a asfixiarme. Intenté moverme pero era imposible, me tenía bien sujeto. Levanté el rostro para ver quién era y alcancé a ver una nariz con sangre contra mí oreja. Así que esta era la fuerza de un moderador.

    —No queremos matarte, rapuma. Simplemente que vengas conmigo. Tranquilo, ya está todo hablado. Tu desapareceras y tu casa seguro será loteada. Gracias a ti tenemos una buena coartada y es el show que hiciste en público contra Reydelaperdicion. Podrán decir que estás preso, que huiste o que te suicidaste, me da igual. —rompió la foto de Amelie en cuatro pedazos y la lanzó al aire.

    Mis ojos lloraban por la ira o quizá por la presión bestial que ejercía Rey en mí. Poco a poco perdí las fuerzas de mis piernas y caí, también de mis brazos y dejé de forcejear. Todo se puso gris y finalmente negro.
     
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    rapuma

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    Érase una vez en un foro.
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    5
     
    Palabras:
    965
    Capítulo 1: Atado de pies y manos.

    Poco a poco abrí los ojos hasta que una luz me dejó ciego y sentí como se filtraba en mis retinas dañando directamente mi cerebro.
    Estaba en una celda pequeña con dos camas, una ocupada por una figura que no alcanzaba a ver bien.

    —Hasta que despertaste. Estuviste durmiendo 38 horas, pensé que estabas muerto.

    ¿38 horas? Me masajee la sien y cerré los ojos con dolor, como si procesar esa información me dañara el lateral de la cabeza.

    —Soy Hamsen y estamos en la Noche 6. Eres reemplazo de un usuario que fue banneado. Enhorabuena, llegas a tiempo.

    —¿Qué? ¿Noche 6?

    —Claro. Estamos en una celda porque fuimos bloqueados. No pude usar mi habilidad, maldita sea.

    —¿Habilidad? —me reincorporé lentamente, estaba mareado. —¿Dónde estamos?

    —Mafia "La Ciudad". Eres pueblo confirmado y ya se te agotó el Tipo Duro. Seguro vendrán a por tí.

    Lo miré sin comprender bien qué quería decirme. Observé la celda; los barrotes eran gruesos y estaban bien sujetos. No había forma de escapar.

    —Hamsen, ¿no es cierto? Dime, ¿seguimos en Fanficslandia?

    —¿Fanfic qué?

    Entonces una puerta se abrió en algún lugar dentro del mismo recinto nuestro. Hamsen se puso en alerta. Yo me mantuve firme, con una mano sobre la pared para no perder el equilibrio. Se escucharon pasos, de botas. Se estaban acercando.

    —¿Sabes pelear? —le pregunté con rapidez, en un susurro. Estaban casi sobre nosotros.

    —Mi habilidad no me lo permite.

    —¿Tu qué? —volví a preguntar contrariado.

    —Vaya. —la voz frente a nosotros fue como un golpe. Aún estaba medio adormilado, por lo que escucharle tan alto me molestaba. —Tenemos a dos pueblos a merced nuestra. El médico y el Tipo Duro que ya de duro no tiene nada.

    —¡Bien dicho, Gigi! —le alentó el otro a la mujer.

    —¿Qué haremos con ustedes? Prefieren morir rápido, o ¿que la Máster describa en el próximo día una muerte grotesca?

    Ataqué con rapidez, quizá podría tomarla del cuello de su camiseta y golpearle el rostro contra uno de los barrotes. Me lancé con velocidad e intenté tomarla pero ella, además del gesto de sorpresa, pudo evitarme con facilidad.

    —¿Viste eso, Kemero? Este chico piensa en hacerme daño. No tienes más habilidades útiles, chico nuevo.

    Era imposible. Mi fuerza y velocidad no eran las mismas. ¿Me habían sedado y eso afectaba mi fuerza? No lo creo, era algo más...

    El susodicho Kemero tomó un barrote con su mano y ejerciendo presión arrancó de cuajo toda la puerta de la celda. Hamsen gimió y yo caí de espaldas.
    Entre el polvo de ladrillo y el factor sorpresa, ataqué de nuevo. Está vez contra el masculino.

    Kemero me golpeó el pecho con la palma abierta y me hundió hasta los hombros en la pared de la celda. Escupí sangre y me quedé en el lugar, intentando respirar y contando cuántas costillas rotas tenía.

    Hamsen murió de un disparo en la cabeza. El cuerpo cayó como un saco de patatas. Luego la mujer me apuntó a mí y sonrió.

    —Nada personal, nuevo. Es solo un juego.

    Y disparó.

    Me desperté sobresaltado, cómo si hubiera vivido una pesadilla en carne propia. Me toqué el pecho y no tenía nada... Incluso me toque la cabeza, buscando el agujero de la bala. Había sido tan real... el dolor fue auténtico.
    Pensaba tanto en el sueño que tardé en ver dónde me encontraba. Parecía una especie de cueva donde miles de mineros iban y venían con carros guiados por las vías de tren.

    Me levanté y miré mi atuendo. Efectivamente, vestía de minero. Con casco y luz en él, respectivamente.

    ¿Dónde rayos me encontraba?

    Un usuario pasó junto a mi y lo detuve.

    —Oye, ¿dónde estamos?

    Me miró con cara rara y siguió su camino.
    Me empecé a desesperar: los caminos de vías no llevaban a ningún sitio, solo a más cuevas, profundas y oscuras. La gente picaba las paredes y todos estaban sucios de barro y lodo, como yo.

    Un hombre bien vestido a diferencia nuestra se paseaba por el lugar como si fuera el dueño total. Me dirigí hacia él y cuando reparó en mi presencia, ya a escasos metros, sacó un enorme látigo y lo azotó en el aire.

    —¡A trabajar, usuario! —el látigo hendió el aire y los usuarios se cubrieron como acto reflejo.

    Me detuve en seco y caminé hacia atrás con las manos en alto, expresión total de tranquilidad para no ponerlo nervioso.

    —¡Lo siento, jefe! Se perdió de nuevo, suele pasar con tantos túneles. Yo me lo llevo.

    Un usuario salió de la nada, pasó su brazo por mi cuello y juntos nos perdimos por uno de los caminos de la cueva.

    —¿Estás loco? Richi puede bannearte a latigazos, lo ví con mis propios ojos miles de veces

    Richi. Era bueno no olvidar ese nombre.

    —¿Quién eres? ¿Que es este lugar?

    —Sturmovick, a tu servicio. ¿Que qué es este hotel de lujo donde la comida sabe a mierda? Estamos en la Papelera, muchacho. La encantadora Papelera. Aquí lo único que importa es picar y picar hasta que de la pared salga una habilidad nueva interesante, si no es interesante el tipo del látigo se cabreara contigo. Si la habilidad es buena, se lleva hacia administración y el buen Articuno la colocará en habilidades básicas de una mafia, te dan un sueldo y dejas de vivir en la mierda, pero el olor no se te va.

    —¿Cómo terminaste aquí?

    —No me gustaba la gestión de arriba. Me enviaron aquí un mes... pero se convirtió en un año y medio, creo, si no perdí la cuenta. ¿Cómo es tu nick?

    —rapuma. ¿Dónde estamos?

    —rapuma. Rapu está bien, ¿no? ¿Dónde estamos? Mafialandia, chico. Dónde los sueños se cumplen... o quizá no todos.

    Abrí los ojos como platos. Estaba perdido, literalmente.
     
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    Acuario
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    Palabras:
    3099
    Interludio: Detrás de las apariencias.


    Removía los pies bajo el asiento de aquella extravagante limusina, inquieta, mientras deshacía mi coleta y sacaba mi estuche de maquillaje con presteza, haciendo que varias pinturas acabasen saliéndose de su interior al girar en una curva. Dejé la ropa de recambio en mi bolso y procuré recoger todo antes de armar un desastre. Mascullé entre dientes, revisando una vez más la hora en el teléfono por quinta vez en lo que llevaba de minuto.

    Maldita sea, llegaba tarde.

    —Disculpa, ¿podrías ir un poco más rápido? —casi supliqué, inclinándome en mi asiento hacia la ventanilla que el conductor dejaba entreabierta—. Tengo algo de prisa.

    —Por supuesto, señorita White. En seguida.

    Tuve que contener un bufido ante la respuesta pomposa que aquel hombre me había dirigido, enfocándome una vez más en el espejo de mano. Apenas llevaba un año dentro de las filas del staff de Fanficslandia, pero sabía que nunca acabaría por acostumbrarme ante el trato especial que parecían estar obligados a mantener con nosotros. Odiaba el protocolo, el hecho de tener que vestir elegante las veinticuatro horas del día porque debíamos mantener la imagen que siempre se había tenido de aquellos que ocupaban la cúspide. Pero lo cierto era que la mayor parte de las personas que conformaban aquel grupo en especial, al menos en mi generación, estaban lejos de compartir aquellos ideales de antaño.

    Las cosas habían cambiado y aún así, allí me encontraba, cambiándome a topa prisa para presentarme en la playa del foro, ante la reunión de emergencia que el Staff había decidido concretar a última hora de la mañana. Había tenido que abandonar mi trabajo como supervisora de los Grandes Juegos de Fanficslandia en la zona del Aniversario, y dejarla a manos de cualquiera de los chicos, sin tiempo de buscar un sustituto adecuado. Que esa persona acabase siendo The Papuh, pues... Bueno, parecía hacerle especial ilusión, y no iba a ser yo quien se la quitase. Pero lo cierto era que mientras aquel hombre aparcaba en los límites del camino de madera que llevaba hacia la playa, me pregunté si había hecho bien en tomar aquella decisión. Sobre todo si tenía talco a mano.

    Sea como fuere, aquel no debía ser el mayor de mis problemas en aquel instante.

    Mientras caminaba hacia el tráiler desmantelado de Rapuma que hacía las veces de hogar, con los zapatos de tacón en mano y disfrutando del suave contacto de la arena sobre mis pies, no pude evitar fruncir el ceño ante el grupo de personas que se encontraban reunidas allí. Parecía ser algo verdaderamente grave, si es que incluso personas de negocios como Pire o Gold habían decidido aparecer por allí. Apenas había tenido tiempo de informarme de la razón por la que nos encontrábamos en aquel lugar, pero intenté disimularlo lo mejor posible.

    Esquivé con cuidado a un grupo de usuarios que parecían sacar del lugar las pertenencias del desaparecido. Una tabla de sur, una bicicleta, incluso una cocina pequeña. Parecía vivir con lo justo y necesario, sin lujos, pero ver cómo le arrebataban lo único que tenía me generó cierta sensación en la boca del estómago.

    Nadie se merecía algo así en su ausencia.

    —Disculpad la tardanza, el tráfico a estas horas es imposible de evitar.

    Apenas parecieron inmutarse. Rey parecía relatar algo con sumo detalle, y no pude evitar asombrarme al ver la venda que ahora decoraba su nariz. ¿Qué demonios le había pasado a aquel grandullón? Por suerte pronto sentí una mano en mi brazo, disimulada, y al girarme pude ver que Amane me dirigía una sonrisa de bienvenida, que no tardé mucho en devolver. Me apoyé con cuidado en ella para colocarme los zapatos y parecer algo más presentable, porque después de aquella carrera debía estar echa un desastre.

    —¿Habéis hablado mucho en mi ausencia? —susurré, para que solo ella me escuchase.

    —No realmente. Tan solo Rey quejándose una y otra vez de que al parecer le han pegado una paliza —murmuró, desinteresada. Me alegraba saber que alguien compartía mi postura ante todo lo que parecía estar sucediendo.

    Alcé la mirada, notando cómo Yáahl, a pesar de su aparente interés forzado en seguir la charla como líder del grupo, desviaba durante unos segundos la mirada de Rey y me observaba, tocándose la mejilla repetidas veces. Al imitar su gesto, confusa, noté que una pequeña mancha de pintura había escapado de mi vista, y aún permanecía en mi mejilla. Le agradecí con la mirada, conteniendo una pequeña risa nerviosa, pero apenas tuvimos tiempo de volver la atención hacia nuestro interlocutor.

    —¿Y bien? ¿Qué se supone que haremos al respecto? —Kurone, cruzada de brazos, intercambiaba miradas entre las tres líderes de foro con cierto recelo—. No podemos pasar por alto el hecho de que un usuario quebrantase las reglas de esa forma, atentando contra la integridad física de un miembro del staff de esa forma.

    —Welp, al menos podrá presumir de cicatriz cuando deje de chorrear —bromeó Gold, arrancando sin un ápice de remordimiento los trofeos que Rapuma atesoraba entre sus pertenencias, como si de un niño con sus juguetes se tratase.

    Arrugué la nariz, asqueada; ¿acaso eso era necesario?

    —Nadie está diciendo que pasaremos por alto su actitud, Kuro —Amane, alzando una ceja, se dirigió hacia la moderadora de rol, inquisitiva—. Pero no puedes pretender que te demos una solución repentina. Deberías responsabilizarte de los actos de uno de los usuarios de tu zona.

    Kurone desvió la mirada, chasqueando la lengua con disgusto.

    —Basta. Es responsabilidad de todos los presentes resolver el caso que nos concierne —Yáahl, una vez más, fue la voz de la razón del grupo. Solté un pequeño suspiro, agradeciendo internamente el esfuerzo de ambas chicas por mantener la calma—. Lo primordial será mantener las partidas de búsqueda un par de días más, hasta que hayamos asegurado todas las zonas de Fanficslandia. Si por ese entonces Rapuma no da señales de vida...

    —...Se avisa a los usuarios, lo hemos entendido~ —dijo como toda respuesta Pire, con aquella actitud despreocupada que en momentos como este no nos servía de nada.

    —Ese malnacido no querrá estar vivo cuando lo encuentre. Aunque suficiente desgracia tiene ya con que le desalojen la casa —comentó con un deje de sorna, echando un rápido vistazo al grupo de usuarios que recogían la hamaca colgada de las palmeras más cercanas. Parecía disfrutar de las vistas.

    Me mordí el labio inferior, contrariada.

    —¿Esto es totalmente necesario? —cuando quise darme cuenta, había alzado la voz lo suficiente para ser escuchada.

    —¿A qué te refieres, Liza? —Kurone me observaba atentamente, y aquello solo incrementaba mi incomodidad al respecto.

    —Quiero decir... —Sabía que algo estaba mal. Que le retirasen sus bienes sin un juicio previo, con la imposibilidad de Rapuma de defenderse y contar su versión de los hechos... Eso no estaba bien. Pero por la mirada significativa que Amane y Yáahl me dirigieron, a la espera de mis palabras, supe que no debía reflejar mi malestar al respecto—. ...Las pertenencias de Rapuma deberían ser confiscadas y, en el peor de los casos, dadas a usuarios que lo necesiten. No deberíais romperlas sin previo aviso —y mi mirada, por supuesto, se dirigió sin piedad hacia Gold, quien tragó saliva al percatarse de ello.

    —Estoy de acuerdo —concedió Yáahl, ojos cerrados—. Por el momento mantengamos esto dentro del Staff. Cuando llegue el momento sabremos lo que debemos hacer.

    —Supongo que eso es todo, ¿cierto? —Amane revisó la hora, algo impaciente.

    —Así es. Gold y yo llevaremos las cosas en la furgoneta de los Críticos, que nos han prestado su coche. Deberíais encargaros de mantener el Festival del Aniversario en orden —y tras un último vistazo, Rey dio media vuelta y se dirigió con los chicos de la mudanza, con Gold siguiendo sus pasos—. Espero tener noticias pronto.

    Kurone, sin decir nada más, decidió partir en su coche. Y tras una despedida rápida de Pire, acabamos quedando las tres solas, con una gran responsabilidad y el cansancio del día sobre nuestros hombros. Me permití soltar un largo suspiro, destensando el cuerpo finalmente. Aquellas reuniones me ponían muy tensa.

    —Creo que están haciendo un mundo por una tonteria como esa. Algo habrá hecho Rey para ser atacado de esa forma, ¿no? —comentó Amane, haciéndonos un gesto con la cabeza para que caminásemos de vuelta, hecho que ambas no dudamos en aceptar—. No sé, ojalá podamos cerrar esto pronto.

    —Por como va la cosa, creo que tenemos noticia para rato. Sobre todo en el caso de que tengamos que hacerlo público —Yáahl se llevó los dedos al puente de su nariz, visiblemente hastiada. Y no la culpaba.

    —Bueno, ya hemos tenido suficiente tema por hoy —adelantándome un par de pasos detuve su caminata, dirigiéndoles una breve sonrisa en busca de calmar los nervios—. ¿Os apetece cenar en algunas de las casetas del Festival del Aniversario? Ya que toca echarles un vistazo, habrá que aprovechar.

    No fue difícil que ambas se apuntasen, y no esperaba menos de ellas. La vida como miembro del Staff era ajetreada, pero de alguna forma sabíamos aprovecharla. Sin embargo, cuando ya nos dirigíamos hacia el coche de Amane, una llamada de improvisto hizo que detuviese mis pasos.

    —¿Qué pasa, Reual?

    Te tengo una buena y una mala noticia, ¿cuál prefieres primero?

    —Eh... —hice una mueca cuando ambas me miraron, preguntándose de quién se trataba—. ¿La buena?

    —Ya se acabaron los Grandes juegos de FFL, eres libre.

    —¿Tan rápido? Wow... ¿Y la mala? —no pude evitar tensarme. Por alguna razón todo aquello parecía demasiado irreal para ser cierto.

    —Que... bueno, una turba enfurecida está persiguiendo a tu husbando por el festival —escuché una pequeña risa detrás del teléfono—. Ese tipo sabe cómo escabullirse, es mi ídolo.

    Palidecí de súbito al escuchar sus palabras, despegando el teléfono de mi oído a pesar de que seguían hablándome al otro lado del teléfono.

    —Oye, tengo que colgar, yo...

    Pero ese no fue el primer teléfono en sonar.

    —¡Wea 1, azopotamadre llevo intentando llamaros desde hace medio siglo! Oye no preguntes pero te he cogido prestado varios drabblines y algo de talco, es para una buena causa.

    —¿Qué mierdas estás delirando ahora, calabazo? —Yáahl tuvo que hacer un esfuerzo para poder entender lo que decía—. ¿Y en qué lío te has metido ahora?

    —Es una larga historia de la que definitivamente hablaremos luego si no estoy muerto. Si no regreso dile a mi waifu que la quie...


    Pero se colgó. Y Amane, a quien parecían haber contactado a su vez, nos dirigió una expresión que nos representaba a todas en aquel momento.

    —Juanjo me acaba de decir que seguridad está persiguiendo a un grupo de usuarios enfurecidos por el festival... Y que Gold-kun y Factummale han bebido demasiado y están armando lío con los orientadores.

    En ese momento ya no sabíamos si reír, llorar o tirarnos al agua, que nos quedaba más cerca.

    —...Creo que la cena tendrá que esperar.



    ***​


    La vida de un miembro del staff, sin duda, era mucho más de lo que aparentaba ser. Puedo ver desde mi lugar a los usuarios convivir felices en aquel ambiente festivo, disfrutando de sus seres queridos junto a los espectáculos que aquel aniversario había organizado para ellos. Algunos curiosos alzaban sus cabezas al escuchar las lejanas hélices de un helicóptero, pero no parecían preguntarse realmente a qué se debía algo así. Probablemente se pensasen que eran parte del cuerpo de seguridad.

    Grande sería su sorpresa al saber que en su interior estaba una líder de foro a punto de hacer de carnada.

    —Vale, repíteme el plan una vez más.

    —Hemos perdido la pista de Pacman en la pequeña zona de mafias. Ese sitio es bastante peligroso para un usuario común. Y tú, cada vez que juegas una partida, eres mafia —GalladeLucario, el usuario más rico del foro, se alzó de hombros mientras pilotaba aquel helicóptero de su compañía rolera—. No hay nadie mejor que tú para colarse allí y sacarlo de su escondite, eres uno más.

    —Oye, que yo he también he sido pueblo varias veces —fruncí ligeramente el ceño con cierta molestia fingida.

    —Asúmelo Liza, hay gente que está encasillada en un bando. Bruno por ejemplo, y tú también —Lucas me dirigió una sonrisa burlona desde el asiento del copiloto—. Lo harás bien, ya estás acostumbrada.

    Le di un pequeño golpecito en la nuca al que reaccionó con una breve risa, y me enfoqué en atarme el arnés con cuidado, asomándome a la ventana. Un gran grupo de usuarios enfurecidos rodeaban el barrio de mafias en cada una de sus entradas, cerrando por completo su huída. Por lo que había podido entender, a Pacman se le salió de control masterear el juego y prometió recompensas enormes que no pudo pagar si no con más talco. ¿P-Pero era necesario tanto jaleo por ello?

    —Prepárate. Vamos a aterrizar sobre aquel edificio. Pacman no debe andar muy lejos.

    Asentí, no muy segura de todo eso. Encendí mi walkie-talkie, intentando contactar con Amane antes de aterrizar.

    —¿Cómo va todo por allí, Amane?

    —Pues... Lo cierto es que no demasiado bien —podía escuchar gritos de fondo, aquello definitivamente no marchaba bien—Escúchalo por ti misma.

    Amane inclinó el walkie, acercándolo hacia el lugar donde dos chicos parecían entablar una conversación bastante particular con algunos miembros de los orientadores. Gold-kun balanceaba una botella vacía de vodka, amenazando con golpear a cualquiera de los guardas que se le acercaban para intentar calmarle, mientras Factum parecía haber entrado en la etapa depresiva dentro de la fase de ebriedad que sufría.

    —¿¡Por qué yo nunca tuve un orientador cuando vine al foro!? —la chica agarraba del cuello del traje a Meowffin entre lágrimas, sollozando por algo que no parecíamos entender con claridad—. ¿¡Por qué yo tuve que crecer solita cuando todos los usuarios tenían uno!? ¿Qué les hice para merecer esto? ¿Por qué me odiaaaan?

    —¿Alguien me puede decir quién es esta chica en los roleros? —preguntó la líder de orientadores, sumanente desconcertada. Ya había dejado un charco de lágrimas en su hombro, por lo que apenas supo palmear su cabeza intentando consolarla—. Ya, ya... Es que viniste en una mala época, el grupo es mejor ahora.

    —¡Pero ya nada será lo mismooo! —exclamó, agitándola de un lado al otro—. ¡Gold diles algo! ¡Quiero un orientador, me dio la wea!

    —¡Ya la habéis oído weón, dadle un orientador para que se quede tranquila, la puta madre!

    Apenas alcancé a escuchar cómo varios miembros de seguridad se abalanzaban para intentar reducirle, mientras los gritos y llantos de la pobre Factum seguían escuchándose al otro lado de la transmisión.

    —Yo apuesto una moneda a que Gold noquea a tres guardias —reconocí la voz de Juanjo vitorear a su contraparte junto a Amane, que parecía aguantarse la risa por el comentario.

    —Yo te apuesto un beso a que son cuatro —bromeó la chica.

    —Ah bueno, en ese caso voy a echarle una mano.


    Fue una lástima que la transmisión se cortase, ahora me había quedado con la intriga. Sin embargo ya era el momento de que bajase del helicóptero, y una vez en la terraza tras hacer una señal a los chicos de que volvería a por ellos pronto, eché a correr hasta internarme entre las callejuelas, intentando pasar desapercibido entre los transeúntes molestos. Yáahl, desde el otro lado del festival, parecía intentar solucionar otra disputa que se había producido al mismo tiempo.

    Definitivamente no dábamos a basto.

    —¡Los roleros también somos escritores! —exclamaba uno de los chicos, molesto por su supuesto sueldo en la zona de rol.

    —Vamos a ver, que nadie ha dicho lo contrario, por dios —la líder, por séptima vez, tenía que intentar aclarar los hechos—. Repito que el tema de los sueldos aún está siendo tratado, la anterior admin lo dej...

    —¡Están atentando contra nuestra libertad! ¡Es hora de rebelarnos!

    Un coro de voces le siguieron, y no me hizo falta estar allí para saber que alguno había bebido de más.

    —Pero chicos... —la voz dulce de SweetSorrow, que acompañaba a Yáahl en la faena, alzó la voz entonces—. Eso no tiene mucho sentido, ella también es roler...

    —¡Seguro que todo es un plan para quedarse con nuestro dinero! ¡Con Heros todo funcionaba mucho mejor!

    —¿Qué demonios...? ¿Queréis hacer el favor de dejarnos hablar?

    —Tita Mely está intentando hacer lo mejor para que todos estéis contentos, por favor no...

    —¡Ella también está compinchada! ¡Le han lavado el cerebro, a por ellas!

    Y aquello fue la gota que colmó el vaso.

    —Se acabó, voy a empezar a repartir ban al próximo que abra la boca.

    —¡Atrévete! —no sabía si el pobre había sido muy valiente o muy estúpido. Había que tener huevos, desde luego.


    Apenas pude escuchar cómo el walkie caía al suelo y la banda de alarmistas echaba a correr, probablemente perseguida por una Yáahl enfurecida. Los gritos de Sweet intentando seguirle el paso fueron lo último que escuché antes de frenar en seco, habiendo notado un extraño movimiento al final de la calle. Apenas fui consciente que se trataba de Pacman, asomándose desde detrás de un contenedor para hacerme una señal, buscando sacarle de allí. Lo malo de todo fue entender que su señal me indicaba que aquello era una trampa, y que al acercarme lo suficiente, una tropa de usuarios con sus respectivas antorchas aparecieron de cada una de las callejuelas, y lo único que nos quedó fue echar a correr calle abajo. Ni qué decir tiene que los tacones acabaron muy lejos de mi para cuando reaccioné y eché a correr.

    Y ahora que estábamos en el helicóptero, con nuestros trajes hechos jirones, el cabello completamente alborotado y todo un festival por atender, me preguntaba lo que pensarían al conocer nuestras surrealistas labores al cabo de nuestros días en el foro, más allá de las reuniones elitistas y las visitas a las celebraciones realizadas en los momentos claves del foro. Probablemente muchos de ellos quisiesen seguir en la ignorancia de pensar que el foro era un lugar mucho más simple de llevar, y que no se daban aquellos casos como el pan de cada día.

    Pero aquello, de alguna forma, era lo que le daba vida al foro. Sin embargo, mientras observaba por la ventana el cielo estrellado con aire distraído, no podía dejar de pensar en el aviso que nos comunicó Yáahl en la mañana. Que muy pronto se haría oficial la desaparición de Rapuma. Aquel tema seguía escamándome demasiado, y no podía evitar preocuparme por él, desear que estuviese bien allá a donde hubiese decidido ir.

    ¿Dónde estás ahora, Rapuma?
     
    Última edición: 23 Agosto 2019
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    Capítulo 3: El entrenamiento de la Fuerza.

    Los tres meses siguientes pasaron demasiado deprisa y me gustara o no, me adaptaba demasiado rápido. Además contaba con un amigo y guía que me conducía en este bajo mundo de Mafialandia.

    Sturmovick me contó que lo primero que viví cuando caí en Mafialandia fue un reemplazo express de un usuario baneado. Eso pasaba casi siempre, era como estar en un mundo distinto al nuestro dónde cada uno contaba con ciertas habilidades que ayudaban al bando perteneciente. Pero la vivencia era de ensueño, uno sentía el dolor en carne viva pero jamás moría; al contrario, despertabas y volvías al trabajo.

    Aprendí los distintos grupos jerárquicos que condicionaban la ciudad. Nosotros éramos los eslabones más bajos, los obreros encargados de buscar habilidades importantes e innovadoras para la ciudad, los cuales no salían nunca de la cueva hasta dar con una importante, el cual era el pase de salida. También servíamos como reemplazos esporádicos de mafias sin avisarnos y totalmente al azar.

    Luego están los que viven en la gran ciudad, justo por encima de nuestras cabezas y a dónde Stur perteneció en algún momento de su vida. Había celebridades, cómo en Fanficslandia; Gigi Blanche era una, la usuaria que me asesinó en mi primer reemplazo; Kemero era otro, un user muy querido entre los suyos; Santygrass era otro; NJAC; Dartan; y un largo etcétera componían la espina dorsal de Mafialandia.

    Luego estaba el equipo administrativo; Facto o Usernemo era uno de los más peligrosos moderadores, despiadado y el responsable de mi reemplazo en mi primer mafia aquí; había baneado al usuario que me tocó suplantar. Ichiinou era cariñosa y una de las principales Orientadoras de los newbies, pero tenía una cara mala y nadie que la hubiera conocido había vivido para contarlo. Zereffu parecía el más receptivo de todos, encargado de los juegos principales para lograr interacción entre los usuarios; Richi era el destinado a encontrar nuevas habilidades, claro, a costa nuestra. Poco a poco aprendí a mantenerme apartado de él y su látigo.

    Finalmente estaba Velli, el administrador principal. Un hombre de negocios, sin escrúpulos, el cual piensa que el fin justifica los medios. Y endiabladamente poderoso. Bajo su ala tiene dos soldados de temer. Kreuz es uno de ellos, un soldado que sólo sirve para la guerra y un pitbull de difícil temperamento llamado Nobody, el mercenario encargado de erradicar golpes de estado y trolls. Peligroso como la viruela.

    —¿Cómo es que nadie hace nada por los que estamos aquí? ¿Hacen la vista gorda o qué? —le pregunté en algún momento a Sturmovick mientras picabamos la pared.

    —Lo saben todos, desde el administrador hasta el último newbie. Pero así funciona el sistema capitalista, mientras otros sigan consumiendo esto, nosotros nos dejamos la vida aquí en la roca.

    Mis manos estaban débiles y con callos duros en toda la palma. Mi constitución también había cambiado, estaba macizo, duro como una patada de allanamiento de la policía. Me sentía fuerte.

    El timbre del almuerzo nos alegró a todos. Dejé mi pico clavado en una roca y me sequé el sudor de la frente con el dorso de la mano.

    —Bueno colega, hora de nuestro bocata. ¿Mierda con pan o solo pan está vez?

    —Me quedo con el pan. —dije con un apetito voraz. Los primeros días estaba rehusado a comer la mierda que servían en el comedor, pero luego de unos días débiles y con mucha fiebre entendí que era necesario comer.

    Arribamos al comedor como ganado, hambrientos y cansados. Me senté en una mesa con mi bandeja y Stur frente a mí. Él me había dicho mucho sobre si mismo; había sido miembro honorífico del foro, incluso había servido como moderador auxiliar en un momento crítico del mismo. Su relación con la administración cambió cuando Velli asignaba más trabajo fuerte y contraproducente con la clase obrera, muchos morían y eran olvidados sin gracia. Sturmovick demostró su negativa ante este movimiento y Velli, ya consumido por el poder, lo mandó al exilio.

    Yo le conté mi verdad, de dónde venía y que Lyon me había raptado pero ese nick no le sonaba de nada a mi acompañante. También le conté de mi vida en la zona de Rol.

    —¿Que qué? ¿Eres roler?

    —Creo que se dice rolero, pero no estoy seguro. Y sí, desde la ceja a la uña del pie.

    —Cielos, hacía mucho tiempo no veía un... rolero. Aquí tienen un grupo, una familia. Desde hace tiempo.

    Ese dato me interesó y decidí ahondar más.

    —¿Quién lo creo? A este grupo o familia... y lo más importante, ¿dónde se encuentra?

    —Aquí mismo, escondido claro. Cualquier reunión o familia fuera del ámbito de la ciudad es sinónimo de conspiración contra la administración. Richi nos mataría a todos.

    —¿Eres parte de este grupo?

    —¿Y por qué no? Max me enseñó el poder de la Fuerza. —dijo misteriosamente.



    —¿La Fuerza? —repetí demasiado fuerte.

    Stur llevó un dedo a sus labios y se acercó más a mí, estirándose en la mesa para que solo yo escuche.

    —La Fuerza es el poder que reside en tu interior. No el físico, esa fuerza animal, casi instintiva. Esto va mucho más allá. —se tocó la sien. —Comprende desde la primer neurona hasta tu última célula. Es el poder que...

    —¿Como Star Wars?

    —Bueno, sí. —volvió a tomar el aire misterioso de segundos atrás. —Max me dió este poder. Nos ha dado este poder. Él estaba esperando a alguien y creo que finalmente llegó. Alguien que pudiera traer equilibrio en este foro.

    —Cuidado con esos derechos de autor.

    —¿Quieres aprender o no? —preguntó enojado.

    —¡Claro que sí!

    Nos escabullimos del comedor y tomamos un desvío por uno de los túneles de la cueva, atravesamos una vía que se cortaba justo en una intersección.

    —Esto es para despistar a los trabajadores y sobre todo a Richi. Nunca toman el camino sin vía. Vamos.

    Nos adentramos en la cueva oscura y recurrimos al tacto contra una de las húmedas paredes para no tropezar. Caminamos varios minutos hasta que llegamos a lo que parecía un enorme Dojo de artes marciales.

    —Aquí es. Bienvenido a la famila de roleros.

    El Dojo tenía dos pisos y bastante concurrencia; muchos adeptos entrenaban dando puñetazos al aire o contra otro usuario. Nadie me miró mientras Stur me guiaba hacia el interior.

    Dentro de la sala principal había un hombre sentado sobre sus pies y en clara posición de estar meditando; sus palmas descansaban sobre sus muslos y su espalda estaba tan recta como un palo contra una silla.

    —Sensei, él es... —comenzó Sturmovick mientras me daba un empujón por la espalda.

    —rapuma, lo sé. Gracias Sturmovick, puedes retirarte.

    El aludido bajó la cabeza con respeto y nos dejó solos en la sala, la cual consistía simplemente en una gran sala de entrenamiento, con diversos muñecos para golpear.

    —rapuma de Fanficslandia; siento tu corazón turbio por una promesa de sangre. Si sigues alimentando al lobo oscuro tu razón se perderá, al igual que tus ideas. Siéntate frente a mí.

    El sujeto no abría los ojos y eso me desesperó. Caminé lentamente e intenté imitarlo; me senté sobre mis pies lo mejor que pude.

    —¿Lobo oscuro? No entiendo...

    —Todos tenemos un lobo oscuro que se alimenta sin necesidad de darle alimento. También tenemos un lobo blanco, el de la cordura, la razón y equilibrio emocional. Si descuidas a uno el otro fácilmente tomara su lugar. Tú decides cuál alimentar el resto de tu vida.

    Creo que eso lo había escuchado en la radio hace mucho pero decidí no hacer comentario al respecto. Nos quedamos en silencio un largo rato.

    —¿Quién creó este lugar? —pregunté y noté que mi voz no había salido con demasiada fuerza.

    Entonces el hombre abrió los ojos y descubrí que era ciego. Él se permitió una ligera sonrisa, como si me hubiera visto la expresión.

    —Una mujer fue la fundadora. Una usuaria que aún se encuentra entre nosotros.

    Me quedé pensando otra pregunta pero la verdad es que tenía miles. ¿Quién era Lyon? ¿Por qué me habían secuestrado? ¿Cómo sabían sobre Amelie? Y lo más importante... ¿cómo podría volver a Fanficslandia?

    —¿Quieres aprender lo que es la Fuerza?

    —Sí, quiero saber. Quiero ser fuerte, poderoso. Tengo un hogar esperándome y un usuario al que encontrar.

    Max extendió una mano y abrió la palma. Vi sus dedos y estos parecieron cubrirse de un aura azulada. Me maravillé con ese juego de luces hasta que una fuerza desconocida me empujó contra la otra punta de la sala. Salí despedido tan rápido que no tuve tiempo de girarme en el aire; mi espalda chocó contra uno de los muñecos de entrenamiento y me arrancó un quejido.

    El sensei se levantó lentamente mientras yo me quitaba el muñeco de encima.

    —Eso es la Fuerza, rapuma. El usuario que buscas es mucho más poderoso que ti. ¿Serás capaz de aprender el significado de la Fuerza misma? Muchos usuarios se volvieron locos y murieron en su camino al éxito. Otros se cortaron las manos porque no aguantaron el dolor. ¿Cómo será tu camino?

    —Un hombre fuerte no necesita saber su futuro. Crea el suyo propio. —cité a Solid Snake y me preparé para pelear, aunque no sabía bien contra qué.

    Max afirmó con la cabeza antes de decir.

    —Soy MaxPower y bienvenido a la familia de roleros. Tu camino hacia la Fuerza comienza hoy.

    Sonreí mientras apretaba mis puños. No me imaginaria que esto solo duraría pocos días hasta que los sabuesos de Velli nos dieran caza.
     
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    Capítulo 4: El Dojo de la Familia.

    —De nuevo.

    Esquivé un ataque con mi sable láser, salté hacia atrás esquivando dos más y finalmente bloqueé un cuarto. Pero otro golpe me dió en la espalda.

    —De nuevo.

    Intenté percibir el ataque, pero fue inútil. Eran tres contra uno y yo no estaba tan familiarizado con la Fuerza. Slam, una jóven promesa del Dojo, me atacaba sin respiro y yo bloqueaba sus ataques lo mejor que podía. Zeek, otra promesa, siempre me tomaba por la espalda, desprevenido. Y Xeon, un pupilo de Max, obligaba a que esquive sus ataques con la Fuerza, ya sea saltando lejos de allí o ladeando el cuerpo para evitar que una fuerza me empujara.
    Otra vez Zeek me golpeó por la espalda.

    —De nuevo. —dijo MaxPower, a pocos metros de nosotros. Apoyado en un bastón de madera.

    Me quité las vendas de los ojos y la lancé al suelo.

    —Es inútil. No veo nada, estoy completamente ciego y no puedo percibir el ataque, tampoco prevenirlo.

    Apagué mi sable láser con un ronroneo eléctrico y colgué la empuñadura en mi cintura. Me dolían las manos de usarlo y también tenía los dedos cortados y quemados ahí donde la luz del sable me había golpeado. Fue un regalo de Sturmovick hacia mí. Dijo que todo fanático de Star Wars tenía que tener uno.

    Mis tres compañeros de entrenamiento también apagaron sus sables mientras Max caminaba hacia nosotros. A pesar de ser ciego tenía una increíble orientación y siempre que hablaba lo hacía mirando a los ojos.

    —Nadie está ciego realmente. Solo está ciego aquel que no quiere ver. —me golpeó con el bastón en la cabeza y se situó entre medio de Slam, Xeon y Zeek.

    Xeon volvió a activar su sable láser, al igual que los otros dos. Rodearon a Max como tres panteras rodean a un conejo indefenso. Pero este conejo no tenía nada de indefenso.

    El primero en atacar fue Slam y le siguió Zeek. Slam realizó unas maniobras con el láser pero Max lo detuvo al propinarle un golpe con el taco del bastón en el muslo interior, que lo obligó a arrodillarse del dolor y lo fulminó con un revés del bastón en toda la cara. Zeek gritó y atacó con ambas manos pero Max ladeó el cuerpo y Zeek siguió de largo.

    Xeon saltó en el aire y atacó desde las alturas y Max detuvo el sable con su bastón; que se partió en dos. Xeon hizo tres estocadas precisas que Max esquivó con el cuerpo y le realizó una llave de jujitsu que lo obligó a soltar el sable. Cuando Zeek volvió a la carga Max utilizó la Fuerza y envío a Xeon como si fuera un muñeco contra Zeek, culminando de este modo la demostración.

    Yo tuve que cerrar la boca porque sentía la carretilla de mi mandíbula en el suelo. Max caminó sin calma hasta mí y me tocó el hombro, enfrentándome con esa mirada blanca.

    —Si puedes ver en ti, nunca estarás realmente ciego, rapuma. Recuérdalo. Fin de la lección.

    Slam se levantó adolorido y Xeon le dió una mano a Zeek, el cual rechazó y se levantó por medios propios.

    —Hora de trabajar. —indicó Xeon al mirar su reloj de muñeca. —Nos perdimos el almuerzo y nos quedan pocas horas de picar piedras.

    Zeek fue el primero en salir del Dojo y pasó por mi lado, empujándome con el hombro. Lo miré.

    —¿Y qué le sucede a Miss simpatía?

    —Desde que llegaste al Dojo siente que perdió el favor de Max. Está celoso, pero se le pasará. Es lo necesario para que siga madurando.

    Salimos del Dojo y nos dirigimos a las minas para trabajar. Me ubique junto a Stur y platicamos sobre mi mejoría en las artes de Max. Pero siempre entre susurros, no era algo que se podía contar a voz viva.

    La primera regla sobre el Dojo de la Familia de Roleros era no hablar sobre el Dojo de la Familia de Roleros.
    Y la segunda, mucho más importante, no utilizar ninguna habilidad frente a moderadores o policías. Nadie podía saber ni sospechar que poseiamos poderes... atraería la atención de administración y sería peligroso.

    Estaba pensando en Lyon cuando una alarma empezó a sonar por las cuevas. Dejé el pico y me di vuelta; todos los mineros corrían y abrían paso a varios vehículos negros que atravesaron la zona a toda velocidad. Miré a Sturmovick que a su vez me miró serio.

    —Ven, tenemos que irnos. —me tomó del brazo justo cuando Richi apareció dando latigazos a diestro y siniestro.

    —¡Abran paso, escoria! —el látigo cortaba el aire. —¡Abran paso a los moderadores!

    En pleno caos nos separamos y yo corrí por mi vida junto a diversos usuarios. Había pánico en masa y me vi atrapado por él. Mi pánico aumentó cuando noté que los vehículos se dirigían por la puerta secreta que daba al Dojo. Me quedé quieto intentando pensar, sintiendo los usuarios empujarme en su frenesí de escapar de los látigos de Richi.

    —¡Eh, tú! ¡Muévete!

    Sentí el látigo de Richi por golpearme la espalda y me gire, tomé la punta del látigo con mi puño y a pulso empezamos una pequeña pelea para ver quién se quedaba con el.

    Me di cuenta de mi error demasiado tarde, lo adiviné por la expresión de Richi. Había demostrado tener un talento especial frente un moderador siniestro. Solté el látigo y me eché a correr en dirección al Dojo.

    Fue mi primer error.

    Divisé a Kreuz con una gabardina negra ladrando órdenes a unos policías que echaban la puerta abajo e ingresaban. También divisé a Zereffu, observando todo mientras comía una manzana. Los vehículos negros pronto comenzaron a llevarse detenidos, muchos usuarios con los que había entrenado, pero ninguno demostraba su potencial, apenas unos golpes simples antes de ser reducidos.

    Kreuz sacó una pistola y disparó a un usuario en el pecho. ¡Era Anna Inuk! ¡La había asesinado! Apreté los dientes y me eché a correr contra él y cuando extendí mi brazo para utilizar la fuerza sentí un enorme candado apresarme ambas manos. Miré hacia mis puños,y efectivamente, un candado verde de moderador me imposibilitaba utilizar mis poderes. Zereffu me apuntaba con su mano abierta; él me había apresado. Me incorporé y sentí entonces un dolor atroz en toda mi cara. Un dolor tan fuerte que me ahogó con mi propia sangre y sentía que no podía respirar.

    Richi me había dado con el látigo en pleno rostro. Ordenó a unos policías que me aporren y me metieran en el interior de uno de los vehículos. Con un ojo cerrado por la sangre apoyé mi cabeza contra el vidrio para ver el exterior. Sentía mi corazón casi salirse de mi pecho. Mis pulsaciones rozaban los límites, bordeando la taquicardia. Los usuarios de administración prendieron unas molotov y las dirigieron contra el Dojo. Las llamas lamian las paredes como si fueran cartón y leña; lo consumían todo.

    Vi que Richi hablaba con Zereffu y con Kreuz y de vez en cuando señalaba en mi dirección. Lo maldije en voz baja, no tenía fuerza y el dolor era tan opresivo en mi rostro que no me dejaba pensar. Finalmente, cansado y exhausto, dejé de mirar cómo el fuego trepaba y ocupaba toda la residencia. Escuché los cristales de las ventanas explotar por las llamaradas del fuego que lentamente ocupaban todas las habitaciones. Nunca noté cuando dos policías ingresaban al vehículo y lo ponían en movimiento. Estaba casi ido, sintiendo que perdía la consciencia... mirando por la ventana vi otro coche negro que pasaba por nuestra derecha y vi al acompañante, vestido de moderador. Una mujer.

    Y cuando mis ojos se encontraron con los de ella, el bullicio del exterior se apagó, y el tiempo pareció detenerse, y se perdió de vista todo lo que no fuera la oscura intensidad de aquella mirada y el latido desbocado de mi propio corazón. Era Amelie.

    Y cuando un camión nos chocó por el lateral izquierdo apenas noté como perdía la consciencia; era como si el letargo en donde había entrado me hiciera perder la noción del tiempo y el espacio... hasta que todo se volvió oscuro. Muy oscuro.
     
    Última edición: 28 Agosto 2019
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    rapuma

    rapuma Fanático

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    Érase una vez en un foro.
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    Capítulo 5: Moderación.


    Abrí los ojos despacio cuando recupere la consciencia. Mi cabeza me daba vueltas y noté sabor a sangre en mi boca. Cuando mi vista logró enfocarse pude ver en donde me encontraba: estaba en una habitación totalmente blanca, postrado en una camilla de hospital. Me toqué con la mano los labios y sentí una costra. Seguro por el choque me había mordido accidentalmente. Mis dedos recorrieron mi rostro y sentí una venda húmeda sobre mi mejilla,específicamente en la parte izquierda. Me senté con dificultades y mi espalda entera crujió. Noté unos cuantos cadernales en mis brazos, pecho y seguramente en mi cara, que sentía donde se encontraba la venda hinchado y caliente. Quise ponerme de pie pero las piernas me fallaron y caí al suelo. La situación era penosa, estaba mareado, con ganas de vomitar y la peor resaca de mi vida parecía inundar mi cabeza. Aguanté todo lo que pude pero fue imposible; vomité y tosí estrepitosamente hasta que pude recuperar la dignidad y ponerme en pie por mi cuenta. Estaba desnudo y como tal seguí viendo heridas cerradas en mis piernas, estómago y pecho.

    Cuando sentí la puerta abrirse intenté, sin éxito, ocultar los partes íntimas.

    —Te debes sentir mucho mejor, ¿no? Te administramos morfina para dormir un elefante por un día entero. Me sorprende verte en pie.

    Miré a la mujer con escepticismo, no la conocía, pero su grabado en el traje de enfermera que llevaba pude leer "Monroe".

    —¿Qué...? ¿Qué lugar es éste? —pregunté

    —La Clínica. Tienes suerte de estar vivo. Tuviste dieciocho puntos en la cabeza y otros más por todo el cuerpo. Además casi te perdemos durante el proceso.

    Me senté en la camilla, tapando mi cintura con la sábana. Monroe acortó distancia y dejé que me palpara el cuerpo; se fijó en mis pupilas, abrió mi boca y observó mis heridas recién curadas. Asintió para sí e hizo unas anotaciones en un cuaderno que llevaba bajo su brazo.

    Mi mente, más despierta, se puso a recapacitar los incidentes en el Dojo. Mi nueva Fuerza y... Amelie.

    —Amelie murió. Murió hace mucho. Yáahl dijo que había desaparecido... —mis manos se convirtieron en dos puños macizos. Me temblaban de rabia. —Quiero saber por qué mintió. Quiero saber dónde está Amelie ahora. ¡Exijo saberlo! ¿Qué le hicieron? —la tomé por sorpresa y la cogí del cuello del uniforme y la atraje hacia mí.

    —¡Guardias! —no lo gritó. Más bien fue como el llamado de una madre a sus niños para la cena. Su temple estaba tranquilo y no dejaba de observar mis pupilas. Mis fuerzas me abandonaron tan rápido que me volví a marear; un letargo inundó mi cuerpo. Si Monroe no me hubiera sujetado hubiersdo caído de bruces. Me acostó gentilmente en la camilla mientras me colocaba los amarres en las muñecas. Intenté resistirme pero no tenía fuerzas necesarias; la mujer me ató firmemente mientras tres hombres me sujetaban.

    —Necesito un poco de sedante y vía intravenosa. —ordenó con frío liderazgo.

    Apenas sentí el pinchazo en mi brazo pero si sentí el líquido entrando en mis venas; frío, tan frío que sentí que mí aliento olía a menta. Sentí diversos efectos en mi organismo: primero frío, luego calor y finalmente sueño, mucho sueño. Las personas sobre mí hablaban pero yo apenas oía sonidos graves y distantes. Giré la cabeza y vi a un hombre apoyado en el marco de la puerta abierta; vestía como moderador. ¿Era acaso Zereffu?

    ...
    ...
    ...

    —¿Cuánto seguirá así?

    —Le administramos una dosis no demasiado fuerte. Tuvo un pico de estrés y afectó su organismo. Estará como nuevo cuando despierte.

    —Lo necesitamos activo y despierto en dos horas. El tiempo sigue corriendo y el tiempo nunca espera. Necesitamos que...

    —Mira, si no despierta, realmente nada podemos hacer. Y si mejor esperamos... ¿qué te parece?

    Hubo algo parecido a un gruñido o alguien que exhala demasiado fuerte, claro ejemplo de alguien perdiendo una discusión. Las voces eran apenas audibles, demasiado graves para distinguirlas; pero la segunda voz tenía una matiz diferente

    —Ni bien pueda caminar lo mandas conmigo.

    Luego la oscuridad volvió a envolverme por completo y me sumí en sueños escalofriantes.
    Soñé con Velli, el jefe supremo del foro. Soñé con él y veía como devoraba todo a su paso: empresas de Mafias, usuarios, coches, árboles… devoraba todo con una malicia absoluta. Donde tendrían que estar sus ojos solo veía un manto de oscuridad absoluto. Era una masa uniforme, gigante, y que no reparaba en comer tanto a usuarios newbies como veteranos. Yo veía todo desde donde estaba, aún en el coche donde los policías me llevaron. El rostro gigante de Velli se detuvo y giró lentamente la cabeza para mirarme. Sentí miedo cuando su rostro, carente de humanidad, me enfocó.

    Me desperté con un grito, sobresaltado y sentándome en la camilla. Me encontraba solo en la misma habitación que antes. Mis muñecas estaban sujetadas a los costados de la camilla y no podía tener más movimientos que el de sentarme y esperar como un infeliz a que vengan por mí. Llevaba esta vez una bata de paciente, pegada a mi cuerpo a causa del sudor. A mi lado unos paneles informaban mi ritmo cardíaco y pulsaciones.

    —No eres para nada silencioso, ¿lo sabías? —Monroe entró por la puerta con una libreta en sus manos. Caminó hasta los paneles y anotó algo en su cuaderno.

    —Desátame las muñecas. —ordené sin saber muy bien como sentirme al respecto. No sabía si era un prisionero o un rehén… o algo peor.

    —¿Estarás tranquilo? —preguntó aún sin mirarme.

    No supe qué responder, por lo que asentí mientras murmuraba:
    —Sí.

    Monroe aflojó mis agarres y controló mis pupilas una vez más. Registraba mi cuerpo con una eficacia absoluta, sin detenerse en el pudor de sacarme la bata y estar completamente desnudo frente ella.

    —Estás bien. Te recuperas rápido. ¿Te sientes mareado?

    —No. Estoy bien…

    —Prueba caminar de aquí al vestidor de la esquina. —se separó un poco y me miró con la cabeza ladeada.

    Obedecí en silencio, intentando mostrarme fuerte. Cómo no entendía de qué iba todo esto, bueno… decidí lo más prudente. Bajé de la camilla y mis rodillas temblaron un poco pero el efecto duró poco. Caminé como caminaría un recién nacido por primera vez y logré llegar al vestidor. La risa de Monroe me hizo fruncir el entrecejo.

    —Ahí dentro tienes mudas de ropa nueva. Quieren verte y te recomendaría no asistir con la bata. Tu trasero estará al aire. —sonrió.

    Intenté ahogar el color rojo que me subió a la cara como una manguera a presión y fruncí aún más el ceño.

    Me saludó con una leve inclinación y cerró la puerta, dejándome solo. Corrí las cortinas del vestidor y vi unos pantalones azules, con unas botas de combate. Un chaleco negro y una camiseta sin mangas también azul, con un pequeño logo en el costado del pecho. Recogí la camiseta y acerqué el logo a mi rostro. Era un triángulo invertido amarillo dentro de un círculo rojo.
    Me cambié y terminé de abrochar mis botas justo cuando la puerta se abría.

    —El azul te queda bien.

    —¿Sturmovick? ¿Qué haces aquí?

    —Querían que veas una cara conocida antes de llevarte a la sala de reuniones. Me alegro verte en una pieza, rapu.

    Lo abracé con fuerza. Si él estaba en este lugar al igual que yo, significaba que no me mandarían al patíbulo o algo por el estilo. Me reí, descargando la tensión acumulada.

    —Cielos hombre, qué bueno verte, de verdad.

    —Lo mismo digo, compañero. ¿Estás listo? —preguntó Sturmovick.

    —Claro, vamos. Pero, ¿a dónde vamos precisamente?

    —Espera y verás. —sonrió y abrió la puerta, invitándome a salir.







    Caminamos por unos pasillos serpenteantes; cruzamos a hombres y mujeres, usuarios que no conocía y otros tanto que me sonaban a la vista. Todos saludaban a Sturmovick y me miraban a mí con curiosidad, como si fuera la mascota que saca a pasear. En el camino hablamos de cosas sin importancia, no quería tocar el tema que me había vivido pasar, suponía que él estaba al tanto y la verdad que no quería revivir el suceso dramático.

    Mientras avanzábamos noté que estábamos en una especie de base, parecida a esas bases secretas del gobierno de los EE.UU. Noté muchos científicos, operarios y militares que patrullaban los largos pasillos con sus rifles preparados.
    Finalmente llegamos a una puerta blindada, custodiada por dos hombres uniformados y armados hasta las cejas. Sturmovick pulsó el código en el panel eléctrico y la puerta se abrió con un leve zumbido eléctrico. Me invitó a pasar.

    —Ahora que estamos todos presentes… —dijo un hombre situado en el centro del cuarto, levemente oscurecido. Detrás de él había un mapa holográfico del foro, computadoras y muchas sillas ya ocupadas por usuarios que voltearon a verme. Distinguí a Slam, a Xeon… MaxPower… dios mío, ¿qué sucedía aquí?

    —Señor Rapuma, le estábamos esperando. —el hombre señaló una silla para que tomara asiento. —Sus colegas de Rol estaban ansiosos de verte en pie. Hoy es día de los milagros. Los muertos vuelven a caminar entre nosotros. —tardé en darme cuenta de que era Zereffu quien hablaba. —Y los muertos que reviven, son los héroes del mañana. Bienvenidos todos a operación Libertad.
     
    Última edición: 30 Agosto 2019
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