Long-fic de Inuyasha - Él no cambia

Tema en 'Inuyasha, Ranma y Rinne' iniciado por Kourei, 17 Septiembre 2010.

  1.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    Título:
    Él no cambia
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    1314
    Título: Él no cambia

    Sumary: Post-Manga. Aunque había abandonado su época y a su familia por estar con él, las cosas no son como Kagome las imaginaba. Todo por culpa de un estúpidamente tímido semi-demonio. Todo seguía como antes, porque él no cambia…

    Ranking: K+

    Género: Romance/Humor/Comedia/Drama

    Advertencia/Recomendación: Quizás un poco de OoC.

    Cantidad de palabras: 1,084

    Disclaimer: InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… Tan sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)

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    Prólogo

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    La chica soltó un leve suspiro, completamente resignada.

    Esa era su dulce tortura personal de cada mañana, mientras respiraba el aire antiguo de la naturaleza.

    Aunque casi había pasado un año desde que regresó de su época para quedarse a vivir en la era feudal las cosas no habían salido para nada como había imaginado, empezando por el hecho de que un estúpido medio demonio no se había acercado a ella para hablar sobre temas importantes entre ellos…

    ¿Acaso quería que ella fuera a declarárselo?

    Bueno, tampoco debía precipitarse tanto… No es como si en realidad estuviera segura que InuYasha estuviera enamorado de ella…

    Sus manos de porcelana jugaron un poco con las altas hojas del césped. En esa época no existía quien se encargara de cuidar esa clase de zonas para evitar riesgos de animales peligrosos. Kagome sonrió irónicamente, no debía ser lógico preocuparse por ello teniendo en su entorno a seres demoníacos que buscaban dañar por diversión.

    Y un problema mayor en que pensar.

    Desde aquél instante en que había regresado era lo mismo de cada día y temía que siempre sería igual, anhelaba un cambio importante, y aunque la esperanza moría al último, era desalentador saber que eso era lo único que conservaba de ese sentimiento. Como tal nunca vendría.

    No necesitaba ser algo grande o fuera de todo lo convencional, se contentaba con sólo algo pequeño y accesible que facilitara su situación diaria y de por vida.

    Suspiró pesadamente, el calor la estaba deshaciendo literalmente, el sudor ya perlaba su cuerpo casi por completo. Las brisas frescas de la mañana parecían tan lejanas al caer el Sol por el horizonte, como cada día desde que llegó.

    A su derecha la canasta que le encomendara la anciana Kaede lucía repleta de hierbas medicinales; recolectadas con sumo cuidado eran de gran importancia en caso de emergencia, algunas paraban los dolores de cabeza, otras los estomacales, unas más detenían ciertos síntomas relacionados con la edad. Todas y cada una de ellas yacían sobre la cesta de medidas considerables, bordada de algún extraño material de la época.

    Su labor había terminado y la hora de volver a su nuevo hogar había pasado mucho atrás, pero no se sentía con la fuerza suficiente para regresar a la cabaña.

    No es que la detestara, si los aldeanos tan bondadosamente se la obsequiaron como recompensa por haberlos salvado, incluso era inmensamente feliz pues significaba también que ahora la querían y reconocían como su nueva sacerdotisa, les estaba muy agradecida desde el fondo de su corazón y trabajaba arduamente para compensarles en algo. Pero el llegar a ese lugar la embargaba en un torbellino de emociones y deseos que la mareaban.

    El Sol estaba haciéndose el difícil al no quererse ir, aunque no lo acusaba de ello, por el contrario le encantaba cuando ese precioso atardecer se extendía más allá de unos cuantos minutos y ofrecía el tiempo necesario para excusarse de su llegada tan tardía. Agradecía que ese sitio fuera perfecto para observarlo todo.

    Los fulgurantes tonos del ocre, el anaranjado, los destellos ámbar y unos pocos rojizos se entremezclaban en un tinte de belleza sobrenatural. La calma que otorgaba el conjunto de esencias abrumaba sus sentidos y la detestó, lágrimas ligeras se agolpaban en sus ojos y resultaba difícil contenerlas.

    Odiaba ponerse sentimental por cualquier cosa.

    Cada objeto, cosa o persona…

    Incluso el simple recuerdo del dorado de aquellos ojos despertaba un sufrimiento que a veces consideraba irrazonable. Después de todo, ambos estaban juntos, no existían más obstáculos, él por fin la había escogido a ella del modo en que fuere, había regresado para quedarse a su lado y ser felices para siempre… ¿Qué más podría pedir? —Kagome, de nuevo te has quedado aquí… Tonta, sabes que es peligroso estar tan alejada y sin protección. —Aquellas palabras contestaron su pregunta, y de nuevo quiso llorar.

    —Deseaba ver el atardecer…—Comentó con calma, tratando de esbozar una sonrisa. — ¿No te parece hermoso? —Al parecer, disimuló bien la tristeza, además de encontrar la mentira perfecta para disfrazar el hecho de que no quería volver, pues InuYasha mostró poco interés.

    —Feh, como sea…—Dio media vuelta y comenzó a andar sin esperar un segundo más a la joven sacerdotisa que ahora pasaba por un cambio radical en sus emociones. Ya no quería cambiarlo… Quería matarlo. Desde que regresara a esa época su actitud a pesar de ser algo más tolerante era la misma. InuYasha era el mismo. —Muévete ya. —Y cumplió la orden con una sonrisa perversa en los labios, mil ideas de un semi-demonio ahorcado por sus manos, enterrado cien metros bajo la tierra o en lo profundo de un pozo parecían perfectamente aceptadas en esos instantes.

    —InuYasha…—Su voz escapó sombría pero él no pareció percatarse. Eso o no le importó. — ¡Abajo! —Un estruendo se escuchó frente a ella y le arrancó una sonrisa, por suerte aún poseía ese conjuro rodeando su cuello.

    La carta perfecta para desquitar aquellas actitudes tan frías.

    Sin importarle demasiado cuán herido resultó el dueño de su atormentado corazón pasó de lado. Total, nunca parecía dolerle lo suficiente para hacerle entender el verdadero motivo de su enfado, y por supuesto ella nunca se lo confesaría sólo por orgullo de pedirlo.

    Deseaba que fueran una pareja en toda la extensión de la palabra y no sólo compañeros con sentimientos declarados en la mirada, eso no era suficiente.

    Los primeros días con eso vivió feliz, a pesar de que la palabra que siempre él lograba ocultar era el amor. Los momentos que pasaban juntos los dos, sus miradas cuando se fundían la una entre la otra, chocolate derretido en el ámbar puro, la indiferente amabilidad, nada de eso le bastaba ahora.

    Se detuvo unos segundos en su apurada carrera y lo volteó a ver, con el ceño fruncido y sus labios apretándose tenuemente en una mueca de reclamo, esperaba los gritos, los insultos y reclamos pero nada llegó. InuYasha se levantó y continúo sin decir nada, aunque si le dedicó una significativa mirada de rencor. Para su desgracia las cosas seguían igual que antes, nada cambiaba.

    InuYasha siempre sería InuYasha…

    La batalla entre emociones se desató de nuevo, era aquello por lo que buscaba el modo de perderse en el bosque la mayor parte del día. Porque amaba a InuYasha tal y como era, a la vez que lo detestaba por ser él mismo. Una sonrisa dulce y amarga se dibujó en sus labios entreabiertos mientras lo veía partir rumbo a su hogar. —Él no cambia…

    OoOoOoOoOoOoOoOoOooOoOoOoOoOoO

    N/Kou: See, heme aquí para resubir y reeditar este fic que estaba casi-casi en su final. Pero después de tanto tiempo sin actualizar ni publicar y darle una releída he decidido que puedo mejorarlo un poquito más… O al menos corregir aquellos errores que pasaron inadvertidos antes.

    Sé que no lo merezco su apoyo, pero creo que esto es lo correcto. Y espero no me odien xD (Ni se nota mi estado "emo" ¿verdad?) Ya que el fic en su mayoría está completo iré actualizando cada cuatro o cinco días, o si hay respuesta puede que más seguido…

    Les mando un enorme saludo y besos de Galleta ;D
     
    Última edición: 6 Julio 2014
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  2.  
    Kyouko Kiryuu

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    Re: Él no cambia

    ¡Konbanwa amiga! :rosa:

    Wow que buen fic, se nota que le pusiste empeño y te felicito. ^^
    Me encantó la manera en la que redactaste lo que sentía Kagome y es cierto Inuyasha nunca cambia, pero no importa así lo quiere ella y nosotras. ;)
    Me gustó mucho esta parte:

    Bueno yo me despido, nos vemos luego.

    Sayonara... :rosa:
     
  3.  
    Nopal

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    Re: Él no cambia

    Hola Iza linda...
    Me gusto mucho wow, es verdad nunca cambia...
    pero deberia hacerlo asi sea un poquitin, un te quiero, o ven que se hace tarde no haria mal, pero bueno Inu es Inu...
    Asi lo amamos y lo odiamos...
    Al menos Kag tiene el rosario Kotodama para desquitarse, yo siendo ella aprenderia a hacer los conjuros mas fuertes y dejarlo 10m bajo tierra con un buen tortazo..que le duela y aprenda..bueno...ella*nosotras* lo amamos y lo odiamos asi siendo Inuyasha
     
  4.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    Él no cambia
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    Título: Él no cambia

    Sumary: Post-Manga. Aunque había abandonado su época y a su familia por estar con él, las cosas no son como Kagome las imaginaba. Todo por culpa de un estúpidamente tímido semi-demonio. Todo seguía como antes, porque él no cambia…

    Ranking: K+

    Género: Romance/Humor/Comedia/Drama

    Advertencia/Recomendación: Quizás un poco de OoC.

    Cantidad de palabras: 2,605

    Disclamer: InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… Tan sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)

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    Razones para llorar

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    El chico albino la miró de reojo por enésima vez en lo que iba del trayecto.

    Parecía molesta y a la vez muy triste, como dolida con él. Sólo por eso no le reclamaba la utilización del conjuro para desquitarse de algo que no sabía que era… Eso, y aquella mirada rencorosa que tanto detestaba en esa mujer.

    Los ojos de chocolate y canela siempre tan expresivos no lo engañaban porque eran como de agua limpia, sus orbes desbordaban cada emoción sin que ella lo lograra evitar. Y no es que la viera constantemente cuando estaba distraída, ni que observara cada movimiento a detalle para conocerla mejor, simplemente le gustaba ese rasgo tan especial que le permitía conocerla mejor y se notaba sin dificultad.

    Se diferencia mucho de la mujer algo fría e indiferente que fue Kikyou cuando recién lo conoció, su Kagome era muy distinta.

    Sí, lo había pensado bien y ella era su Kagome en (casi) toda la extensión de la palabra. Le

    pertenecía cada uno de sus suspiros, cada una de sus palabras por más ruines que fueran, eran suyas las expresiones y gestos de su rostro y sobretodo era dueño de sus ojos. Aunque claro, él no era ningún egoísta y a ella le dejaba quedarse con sus enfados, lo demás le pertenecía sólo a él.

    No lo fue el día en que tuvo que dejarla en su hogar, con las personas que la necesitaban tanto como él. Ella se quedaría con su familia, a pesar de que quien más la necesitaba era él mismo.

    Sin embargo, si en aquella ocasión no fue egoísta… ¿Por qué ahora decían que sí?

    Sus actitudes no eran para nada posesivas, simplemente protegía lo suyo.

    Antes, mientras permanecía en la cabaña que compartían por decisión mutua, veía que la noche estaba llegando y su preocupación por ella subió proporcionalmente a cada segundo, por lo menos la tarde había esperado en caer un poco más. Y aún así salió decidido a encontrarla.

    Con su gran velocidad y sentido desarrollado del olfato no tardó demasiado en llegar hasta ese campo de hierbas medicinales donde solía esconderse de él.

    La sacerdotisa miraba distraídamente el ocaso. Furioso se aproximó hasta su sitio preparado para regañarla por una conducta tan irresponsable, esa chica era una tonta, era peligroso bajar tanto la guardia. Ella debía entender que si algo le pasaba la culpa recaía en su mente teniendo motivos o no, porque la consideraba su responsabilidad y la debía proteger hasta del aire que respiraba.

    Eso no era posesión, era algo común de una persona que protegía algo preciado.

    Pero cuando la llamó se quedó corto de palabras.

    La conversación que tuvieron no era precisamente lo que tenía en mente, cuando la regañaba y ella contestaba con una frase para evadirlo no sabía que más agregar, a él no le interesaba el atardecer…

    La figura de ella le parecía mejor vista.

    Sin embargo a la joven no le agradó escuchar el desdén en su respuesta, no parecía entender que lo único que pretendía el semi-demonio era llevarla a su lado lo más pronto posible y que ella no volviera a escapar.

    Ahora caminaban rumbo a la aldea aguardando distancias. O mejor dicho ella le huía a cada intento de InuYasha por acercarse, hablar o respirar su aire. Rabioso aceleraba su paso cada vez que ella corría literalmente para apartarse, no lo entendía, llevaba días huyendo de su presencia y no le decía de frente lo que sucedía. Eso le dolía.

    Lo lastimaba cada vez que le rechazaba de tajo, lo hería con esas miradas llenas de angustia y pesar y le hacía sufrir cuando se marchaba desde el alba y regresaba al anochecer para no verlo. Estaba desesperado por entender su conducta tan hosca.

    Cuando la pelinegra regresó, de verdad estaba feliz, tan feliz que sus ojos brillaban con luz nueva y le dedicaba cada segundo para que ella también lo sintiera. Le daba vergüenza aceptar sus sentimientos abiertamente y eso era un problema, creyó decírselo con sus acciones y que bastaba. Al principio pareció que sí. —InuYasha, me voy a dormir… Hasta mañana. —De lejos le hizo una seña y se marchó del cuarto donde él permanecía.

    —Kagome…—Atrajo su atención y se sintió demasiado nervioso para hablar. Quería preguntar las razones que tenía para ser así, para tratarlo de ese modo cuando era obvio que había algo entre ellos, pero… En intenciones se quedaba y no se atrevió a abrir la boca. —Buenas noches. —Intentó ser amable regalándole una sonrisa, no sirvió, la sacerdotisa huyó rápidamente y le dejó un escozor en los ojos muy parecido a la sensación de llorar. —Maldita sea…

    OoOoOoOoOoOoOoOoOooOoOoOoOoOoO

    La mañana no trajo ningún cambio en su interior, de hecho fue de las peores noches en sus escasos dieciocho años de vida. Parecía una enorme crueldad del destino de alimentarla con esperanzas cuando más vulnerable se sentía, la noche anterior él le sonrió y decía algo que le pareció tierno en mucho tiempo. No lo soportó y corrió a su habitación a llorar toda la noche.

    Era una idiota por exagerar las cosas y pensar que no había esperanza para su sueño: Palabras de amor de InuYasha.

    Desahogándose toda la noche dejó ir muchos temores antiguos que cargaba sin saberlo, la posibilidad de que siempre recordara más a Kikyou, el hecho de que quizás lo que ella vio en sus ojos no fue lo mismo que ella sentía, que era cariño para alguien especial y nada más. Todo se fue de su mente por conducto de las lágrimas.

    Cuando hubo posibilidad de ir analizando las cosas con frialdad eso no era posible, de lo contrario InuYasha no la procuraría tanto a cada momento, ni se encargaría de vigilarla noche y día. —Si lo pienso, él nunca le dijo a Kikyou que la amaba a pesar de todo, parece que…—Sonrió. —…En realidad es como si él no conociera esas palabras. —Aliviada por sus propias conclusiones se levantó para vestirse, iría con una vieja amiga para platicar y contarle lo que pasó por su mente. —Necesito ver a Sango.

    :-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:- :-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

    No esperó ni siquiera al astro rey para irse, Kagome se ausentaba en el alba y él no quería enfrentarla tan temprano. Si antes se iba él por lo menos se consolaba con que salió temprano y no que ella lo abandonaba como cada mañana. Iría a ver a un viejo amigo, o eso se decía ese monje que era, para ver si le ayudaba entender su situación con la joven.

    La cabaña estaba relativamente cerca, siendo la persona (o medio persona, era igual) educada, responsable y atenta que era no tardó más de cinco minutos en llegar y entrar sin considerar la hora que era.

    Encontró al hombre budista aferrando el cuerpo de su mujer por la cintura y la otra mano sobre el trasero. Ella tenía su mano sobre el cachete de su marido, demasiado rojo por llevar horas en un pellizco para controlarlo. Miroku no parecía querer cambiar nunca…

    Bueno, a él realmente le daba igual si los encontraba durmiendo, comiendo o jugando, el medio-demonio venía a despertar al monje y no se marcharía sin llevarlo a rastras hasta la copa del árbol más lejano para evitar humillaciones que pudieran ser presenciadas por ciertas amigas de Kagome.

    Las precauciones nunca faltaban, y quizás también debiera considerar amenazarlo, se tragaba el orgullo al ir a hablar con alguien de sus problemas, y mucho peor con el pervertido de la aldea.

    Avanzó dos pasos antes de percatarse de dos pequeños bultos que salían de entre las sabanas muy sonrientes.

    Dos niñas idénticas tomaron los rostros de los esposos y se dispusieron a colorear como si fuera una obra de arte de la mejor calidad. Los labios de Miroku fueron verdes y sus parpados naranja, la nariz roja y sus cachetes rosados, las cejas y un bigote invisible resaltados con marcador permanente que consiguieron de Kagome.

    Su madre quedó algo más presentable, labios rojo carmín, párpados como el que solía usar siempre, mejillas levemente sonrosadas, en realidad parecía maquillada como comúnmente lo hacía. —Mamá hermosa. —Aseguró orgullosa una de las niñas.

    —Papá… Casi—Se decidieron a borrar el bigote con saliva, escupiéndole en la cara para lograr su cometido. El peli-plateado allá atrás no quiso romper la interesante escena. —Sin bigote mejor. —Las dos asintieron, estando de acuerdo.—Papá poder ser hermosa mujer algún día…

    —Sólo… —Sus ojitos se iluminaron llenos de malicia e InuYasha se asustó de los alcances de esas niñas. Las conocía bien y ese brillo no era inocente, sino todo lo contrario.

    Instintivamente dio dos pasos atrás cuando de entre sus telas sacaron un extraño artefacto que reconoció como tijeras. Esa cosa se quedó con ellos desde que la sacerdotisa se fuera hace tres años. —Mamá y papá igual deben pelo ¿Quitaremos a papá o mamá?

    —Mmm…—Pareció meditarlo. — ¿Y si poner pelo en pintura a papá? —La otra joven no pareció entender. —Verde papá.

    —Ah, sí. —Se levantaron rápidamente para buscar la dichosa pintura, esas pequeñas acosadoras de sus orejas pretendían hundir la cabeza del monje en un bote con pintura de la época. El ambarino no desaprovechó la oportunidad, se aproximó hasta el monje y le susurró al oído.

    —Despierta, si no quieres algo peor de tus hijas…—La sola mención de las pequeñas gemelas despertó de golpe al hombre, quien desconcertado buscaba por todos lados a las susodichas, no las vio pero frente a él estaba su amigo de traje rojo muerto de risa. —Deberías ver lo que querían hacerte, intentaban cortarte el pelo y pintarlo.

    —Listo, a señor mujeriego lo…—Su voz decayó al ver que su padre estaba despierto. Y las miraba molesto. Agacharon la cabeza en señal de pedir disculpas y él les extendió una sonrisa cómplice, le gustaba las travesuras de sus pequeñas y hasta ser participe, aunque no se imaginaba que serían capaz de hacerle porque a pesar de ser tan jóvenes hablaban casi a la perfección y comprendían bien el lenguaje de los adultos. —Sentirlo mucho, hombre infiel…

    —Creo que aprenden mucho de la madre. —Se burló el entrometido que fue a despertarlo en la madrugada para su propio beneficio. Cuan significativas podían ser las miradas de un monje molesto a un híbrido arrogante. O esa expresión era tan única que el mensaje podría ser captado por cualquiera.

    —No me gusta que Sango me hable así delante de ellas…—Suspiró, —Niñas, saben que no deben llamar así a su papá porque se oye mal, sólo mamá puede hacerlo ¿me entienden?

    —Si, pervertido.

    —Me entrar en cabeza, monje lujurioso.

    —A veces creo que lo hacen a propósito. —Suspiró pesadamente y ellas huyeron afuera para jugar, el Sol aún no llegaba y la mujer a su lado seguía ajena de la situación tan extraña entre sus gemelas. Divagó por unos momentos en esa silueta antes de recordar que su amigo con orejas de perro esperaba iracundo frente a ellos. — ¿A que has venido que no puede esperar a la tarde?

    —Vístete que te espero en las orillas del río. Me la debes por salvarte de ellas…

    Lo dejó como orden y salió campante de cumplir su principal cometido. No tardó mucho el monje para llegar al lugar pactado u obligado, dependiendo del punto de vista de él o del ambarino. A la lejanía observaba el traje morado y negro acercarse siendo ataviado por un hombre de rasgos inconfundibles, la cara de perversión nadie podría quitársela. —Dime de una vez, porque de verdad me muero de sueño y…

    —Es Kagome. —Interrumpió, asombrando al pelinegro por la confesión tan sincera y repentina, lo miraba con una expresión que claramente le preguntaba que quien era él y que había sucedido con InuYasha. — ¡No me veas así! —El pelinegro se tranquilizó, ahí estaba su amigo. —De verdad estoy desesperado.

    —Lo sé, claramente me lo gritas al venir a verme. —No hizo comentarios porque sabía que era la maldita verdad, aguantó una vergüenza que empezó a recorrerle por el cuerpo entero.

    —InuYasha, sabes que no sólo cuando estés sin salida puedes hablar conmigo, estoy en todo momento…

    —Calla Miroku.

    —Yo también te quiero, y agradezco la confianza. —Ignoró la penetrante amenaza que eran esos soles pues lo conocía, le costaba admitir la verdad simplemente por orgullo. Compadecía a su amiga por soportarlo toda la vida, o lo que ella aguantara si el peli-plateado nunca se le declaraba. — ¿Me contaras que sucede o puedo irme a dormir con mi hermosa Sango?

    —Ella estuvo llorando toda la noche…

    — ¡¿Mi Sango?! —Dramatizó Miroku.

    — ¡No! —Gritó molesto y luego tomó un poco de calma. Siempre le era difícil expresarse delante de las personas, pero realmente se sentía acorralado. Prefería morir a seguir viviendo de esa manera. —Kagome lloró anoche, me evade todo el tiempo, rechaza cualquier cosa que tenga que ver conmigo… Me hace sentir mal.

    —Eso es normal si la amas amigo. —Desde la raíz de sus orejas hasta la base de su cuello se pigmentaron en un tono rojizo que delataba la vergüenza. Miroku quiso reír por la timidez de su compañero, demasiado fiero para las batallas, increíblemente torpe en el amor. Su cara se horrorizó ante la idea que vino de pronto, si él era así de cerrado a hablar…— ¿Se lo has dicho?

    — ¿Decirle qué? —La cara del pelinegro se puso realmente pálida y el semi-demonio se preocupó. ¿Qué le causaba tanto horror como para alterarse de ese modo? —Oye, ¿Qué te sucede?

    —InuYasha… No lo puedo creer que tú, después de tanto tiempo aún no… —Hizo una pausa para calmarse, lo que temió era cierto. Era por eso que su amiga no lucía tan feliz como debería estar, ni siquiera le cruzó por la cabeza la idea de que ese idiota frente suyo no se atrevería a confesarse todavía. — ¡¿Por qué no le has dicho a la señorita Kagome que la quieres!?

    — ¡Cállate! —Su sonrojo se extendió más, ese monje gritaba todo pulmón cosas de las que sí ni él mismo era capaz de decir solo en la copa de un árbol, menos las hablaría con la azabache. —Alguien puede escucharte… Pero ese no es el tema, dime ¿Por qué crees que llore tanto?

    —Yo haría lo mismo de ser mujer y enamorarme de un idiota. —Él lo miró sin entender. —Ella debe sentirse mal porque piensa que llegó a esta época en vano, ya que nunca le aclaraste tus sentimientos, piensa que la ves como a una amiga y nada más, o quizás llegue a pensar que no te gusta la idea de que ella volviera…

    — ¡Eso nunca! —Exclamó indignado. — ¡No esperé a esa tonta por tres años para que ahora me diga que quiere irse porque yo no le digo nada! —El monje bufó exasperado, ese era el problema.

    —A eso me refiero, la tratas como siempre y a ella le duele, es por eso que te evita la mayoría del tiempo. —El albino asintió. —Sin embargo, siempre vuelve al final ¿no?

    —Sí, pero ella ya lo debería saber.

    — ¿Cómo quieres que sepa algo que nunca le has dicho? —Preguntó recuperando algo de su paciencia, con el terco de ése mitad-demonio debía ser cauteloso y manejar las posibles reacciones si quería hacerlo entrar en razón. Si lograba que él se confesara se lo echaría en cara todo lo que tuviera de vida humana y le diría a la joven para que le agradeciera y lo protegiese, no fuera que a su salvaje compañero le diera por acortar esa vida humana que ahora tanto disfrutaba. —Tienes que decírselo InuYasha, te aseguro que no pierdes nada.

    OoOoOoOoOoOoOoOoOooOoOoOoOoOoO

    N/Kou: Inu-hermoso es un baka xD
     
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    exel

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    Leo
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    Re: Él no cambia

    si inuuuu dile dile dile D: pobechito inu vale como kag le pudo decir eso ._. , tan cute Rin cuidando q su tonto bro haga mas estupideces --" me encanto tu fic me deprime un poco D: peroigual es muy bueno espero contiiii *0* cuando pongas conti avisame plisssss
    bye kiss :*
     
  6.  
    Nopal

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    Re: Él no cambia

    Konichiwa Izalinda...

    Me gusto mucho el capi....si me pude reir con las gemelas...
    Inuyasha no cambia vale...que titulo mas acertado.
    Que se lo diga...o al menos que lo escriba no es mucho pedir...?

    PD. No vi errores mayores, ademas no soy muy buena detectando los menores...el unico fue un error de dedo en el par"si" eso es todo...
    Matta nee
     
  7.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    Título: Él no cambia

    Sumary: Post-Manga. Aunque había abandonado su época y a su familia por estar con él, las cosas no son como Kagome las imaginaba. Todo por culpa de un estúpidamente tímido semi-demonio. Todo seguía como antes, porque él no cambia…

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    Género: Romance/Humor/Comedia/Drama

    Advertencia/Recomendación: Quizás un poco de OoC.

    Cantidad de palabras: 2,605

    Disclamer: InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… Tan sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)

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    Una pequeña ayuda

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    No siguió escuchando las palabras de ese monje por más tiempo.

    Odiaba que él tuviera la maldita boca llena de razón, sin embargo no era tan fácil como lo hacía sonar. Jamás había sido muy elocuente con las palabras, si ya le resultaba un gran esfuerzo abrazar a Kagome sin sentirse completamente avergonzado, una confesión de ese tipo costaría lágrimas, sudor y mucho, pero mucho esfuerzo.

    Se encaminó a la aldea mientras el Sol ya estaba naciendo por el horizonte, no sabía que sentir sobre su situación. Vagamente recordaba que alguna que otra vez intentó decírselo, justo después de que regresara con él pero las palabras se atascaban en su garganta y sólo atinaba a abrazarla, e incluso a veces los balbuceos que decía tenían resultados desastrosos.

    Y, aunque se negara a admitirlo, también esperó de ella la confesión por mucho tiempo…

    "Alrededor de una semana." Pensó.

    Sin embargo el momento nunca llegó y se deprimió un poco al pensar que ella quizás no sentía lo mismo que él.

    Aunque la mirada de ella no decía lo mismo. Sus ojos de agua limpia y transparente, lagunas de chocolate y canela, mostraban esa ansiedad que él reconocía como la misma que cuando él la veía. Anhelaba cada palabra que escuchaba salir de su boca, observaba cada pigmento de color en sus ojos, grababa a fuego en su mente las risas suaves que esa mujer le regalaba.

    Pero a pesar de que todas esas señales que él creía reconocibles, no podía asegurar los sentimientos de ella sin una confirmación.

    ¿Y si se equivocaba?

    Poco a poco los días fueron pasando hasta completar un mes y la situación entre ellos no cambiaba.

    Al principio temía que fuera por ser un semi-demonio y que al final ella no soportara lidiar con su carácter de híbrido, imaginaba que ella en realidad se arrepentía y ahora deseaba volver a su casa. Las inseguridades aumentaban conforme ella lo rechazaba.

    Su paso distraído no le permitió advertir el momento en que fue jaloneado por una fuerza realmente menor, en realidad, con facilidad podría quitársela de encima pero le dio curiosidad la razón por la que ella lo llevaba. Ataviada en su traje de tonalidades naranjas, con un obi delgado en el mismo tono y su sonriente rostro era la pequeña Rin que lo tironeaba de su hakama rojo.

    Caminó dejándose llevar hasta que estuvieron cerca de la casa de Sango. Unos arbustos cubrían el paso hasta ese lugar y ahí fue donde lo soltó, dejándolo desconcertado de esa sonrisa entre dulce y maliciosa, como era la pequeña niña en el tiempo que llevaba de conocerla y tratarla. Con un ademán de su mano ella le indicó que se escondiera y así lo hizo, curioso por saber. —Oye Rin… ¿Qué hacemos?

    —Espiamos —Contestó como si fuera lo mas natural del mundo. —La señorita Kagome y la señora Sango están por conversar de usted…—El ambarino quería preguntar como lo sabía pero fue silenciado por la pequeña niña sonriente que lo miró cómplice. Él sabía que siempre podía contar con ella, porque le tenía un enorme cariño a Kagome por su parecido, e InuYasha… Bueno, algo de ese ser le caía bien.

    La taza de té humeante resultó ser una tentación ante su estómago vacío. Su amiga le ofreció un poco pero no se sentía capaz de tomar una gota sin devolverlo antes de que llegara a digerirlo. Aunque juraría que el humo le tomaba por el mentón y la guiaba hasta el líquido apetecible. — ¿Segura que no quieres? —Preguntó por quinta vez la exterminadora, no estaba convencida con las miradas que le daba Kagome a cada sorbo.

    —No puedo tomar. —Cerró los ojos para despejar su mente un poco, no vino para distraerse con ese aroma, ella necesitaba alguien que la escuchara en sus problemas y la aconsejara. Para eso nadie mejor que Sango a quien veía como a una hermana. —Vine por otra razón…

    — ¿Entonces no viniste a visitarme? —Hizo un mohín de disgusto que le sacó una sonrisa a la azabache, la castaña correspondió. Se veía como una niña chiflada con esos gestos, pero necesitaba aliviar un poco a su pequeña amiga que traía una cara de funeral desde hace varios días. —Creí que me extrañabas. —Kagome negó nerviosamente con la mano derecha en respuesta a su comentario.

    —No me malinterpretes. —Contestó olvidando un poco sus problemas, pero tratando de asegurarse de a la próxima no dejarse llevar por los chantajes de Sango. —Además vine ayer a visitarte…

    —Pero sólo fueron dos horas y me siento desplazada. —Realizó una sonrisa picara, haciendo sonrojar a la joven al comprender que pensaba. —Debes estar muy ocupada con InuYasha, tanto que ya casi no me visitas. —Ella no fue la única sonrojada, también lo fue un semi-demonio que gruñó molesto a lo lejos por los comentarios tan dignos de la esposa de un monje pervertido. —Cuéntame… ¿Qué tal te va con él?

    —En realidad… —Su semblante ensombreció y los dos entrometidos de los arbustos se dieron cuenta de ello, las orejas caninas pusieron especial énfasis al instante. —Nosotros no nos llevamos nada bien, me siento muy mal cuando estoy a su lado. Es por eso que le he estado huyendo todo este tiempo.

    —Kagome… eso me sorprende de ti. —Dio un sorbo a su té y la miró inquisitivamente, sabía de lo mucho que su amiga amaba al terco del medio-demonio, por ello le era difícil comprender su actitud. —Miroku y yo siempre supimos cuanto lo amabas, no te entiendo.

    —Si te dijera que yo tampoco ¿me creerías? —Sango asintió levemente, instándole a continuar. —Sé que InuYasha no puede cambiar porque él es así, lo amo tal y como es… Un terco, obstinado y completamente InuYasha.

    —Entonces ¿Cuál es el problema? —Tomó su mano para brindarle apoyo al notar el escozor de sus ojos, ella deseaba llorar. Debía ser muy grave lo que le sucedía para hacerlo después de tanto tiempo. —Kagome, en serio me estás alarmando.

    —Perdón. —Con el dorso de su mano limpió las pequeñas gotas que querían escapar de sus orbes de canela. La reconfortaba el saber que siempre tendría una amiga en quien confiar, alguien que la apoyará a pesar de lo que haga o decida. Y eso lo intuía con ver la expresión acongojada de la castaña. —Lo que sucede es que yo… espero algo más de él.

    — ¿Algo más? —Los murmullos de aquellos arbustos cesaron para escuchar mejor lo que le ocurría a la sacerdotisa. Incluso Rin comprendía que se trataba de algo delicado, por lo que se alejó un poco para no escuchar de más. Aunque el ambarino no se salvaría de la sarta de preguntas que tenía para hacerle.

    —Lo conozco mejor que nadie y me avergüenza reconocer que yo dudé de lo que sentía por mí. —InuYasha creyó escuchar mal por lo que alzó un poco el rostro para verla. Grave error porque eso tan sólo le demostró lo cierto que eran sus palabras, no podía creerlo, Miroku tenía razón. —Nunca me dijo que me amaba, nunca me lo demostró con un beso, lo único que tenía eran sus miradas y eso es todo.

    —Eso es lo que te duele. Que a pesar de lo que han vivido juntos él no sea capaz de decir ni siquiera un "te quiero" —Las silenciosas lágrimas fueron su respuesta inmediata. La castaña casi se abalanzó sobre la mesa para acortar distancias y abrazarla en una asfixiante caricia para su alma. Le dolía verla de esa manera y juraba que le daría sólo un par de días al híbrido para confesarse, de lo contrario lo buscaría para castrarlo aunque eso le llevara el rencor de su amiga.

    —Que lo dijera aunque fuera por primera y única ocasión…—Sollozó entre los brazos femeninos, sintiéndose algo más calmada. —Me gustaría que él me lo dijera…

    El híbrido no soportó mucho más de la escena. Salió a toda velocidad sin importarle los reclamos que le daba la niña por largarse sin la menor explicación o lógica de su acción, aunque no llegó muy lejos. Avanzó justo hasta la sombra del árbol sagrado cercano al pozo.

    A los pocos minutos la pequeña alcanzó su sitio y prestó atención a su semblante confundido.

    Con todo el tiempo que lo había tratado no era común verlo así de asustado, sorprendido o lo que sea esa emoción en su rostro. Lo detalló pensativo, enojado, alegre y como un niño malcriado, siempre que podía le gustaba platicar con él sobre lo que pensaba, que eternamente resultaba ser Kagome. Por eso se alegró mucho cuando ella volvió y se hicieron amigas, porque ahora InuYasha era feliz, ese hombre que veía como a un hermano mayor recuperó la sonrisa sincera.

    Lo apreciaba casi tanto como a su señor Sesshoumaru.

    Vio al semi-demonio que trepó hasta la rama del árbol sagrado de un salto y pensativo se perdió entre la espesura de las hojas. Bueno, para él resultaba más fácil hablar si no veía a la persona, un punto a favor de la conversación que le brindaría. —Señor InuYasha ¿Qué fue lo que pasó?

    —Algo muy extraño, Rin. —Contestó sin dudar. Esos tres años había entablado una relación amistosa con la niña por su temperamento tan parecido al de Kagome, aunque tenían sus marcadas diferencias. A ella nada se le negaba o la vida de esa persona sería un catástrofe con el protector de pelo plateado y mirada fría que se encargaba de mimarla y hacerla caprichosa.

    — ¿Es algo que me puede contar? —Preguntó dulcemente. Necesitaba tacto y paciencia con ese hermano mayor o no sería capaz de hacerlo hablar. Él era un cabeza hueca y difícil de hacerlo entender, pero lo lograría, si no era por las buenas entonces tendría que usar los malos modos. — ¿Me tendrá confianza? —InuYasha bajó de un salto y un golpe hueco junto con las hojas que volaron fueron quienes anunciaron su aterrizaje.

    —Sabes que no me gusta hablar de mis problemas. —Le tendió una mano sobre el hombro, instándola a sentarse a su lado. Ella sonrió feliz, normalmente tardaba más en dejarla conversar. —Pero hoy estás de suerte.

    —Cuénteme señor InuYasha. —Sus manos recogieron las rodillas para apoyar su rostro en ellas, necesitaba estar cómoda por si fuera preciso, deseaba que fuera una charla larga en la que pudiera ayudar. — ¿Qué escuchó decir a la señorita Kagome?

    —Ella lloraba porque dice que nunca le he dicho lo que siento. —Rin pareció sorprendida pero siguió escuchando atentamente. Ninguno lo sabía pero ella entendía más de lo que les hacía creer, sobre todo la situación de ambos. Kagome quería que se le declararan como cualquier mujer lo desea, pero su amigo era demasiado tímido para hacer tal cosa. —No me gusta verla llorar, no lo soporto. Dime Rin… —Suspiró fuertemente y enfrentó sus ojos en un segundo de valentía. — ¿Tan importante es para la mujeres que se les declaren?

    —Bueno, eso es lo que toda mujer normal desea. Que la persona que quieren les confiese su amor. —Su compañero a un lado pareció mudar su piel del leve tono bronceado al rojo del atardecer. En verdad le divertía la forma de ser que poseía, para los combates era el primero y en cuestiones personales el último. No le extrañaba que Kagome se comportara reticente a hablarle de esos temas. —Señor InuYasha, usted debería decirle a la señorita Kagome todo lo que siente, si no quiere que ella llegue a odiarlo.

    — ¿Crees que haga eso? —Cuestionó aterrorizado. Si eso llegaba a pasar no conseguiría vivir con ello, yacería en un estado de tristeza eterna y depresión constante. —Kagome no es capaz de odiar a alguien, incluso perdonó al bastardo de Naraku y a Kikyou… a mí…—Más que motivos para justificarla lo declaraba para convencerse a sí mismo.

    —Vaya ahora…—Lo animó. —Antes de que ella siga sufriendo, ¿no lo cree?

    —Pero… —Sus garras comenzaron a jugar nerviosamente entre sí. Lo que ella decía sonaba fácil y lógico, advertía ahora un poco del comportamiento de la pelinegra y sus constantes huidas. Sin embargo la realidad era otra. —Yo no soy muy bueno expresando mis emociones, lo sabes mejor que nadie. ¿Cuánto tiempo no me llevó hablar contigo como con una hermanita? —El sonrojo se extendió a la pequeña que agradecía que la considerara igual. —No sé decir "te quiero"

    —Podría ayudarte, hermano. —Sorprendido por la forma de llamarlo le regaló una sonrisa sincera y autentica. Una de las que sólo su sacerdotisa había podido contemplar. —Te enseñaré a decirlo.

    — ¿En serio? —Preguntó emocionado, si eso pasaba y aprendía aquellas palabras que nunca valoró, su Kagome sería feliz de nuevo y se quedaría a su lado. No le dejaría solo y le querría, su sueño hecho realidad.

    —Claro, aunque habrá que esperar un poco…—Giró su rostro extrañamente maliciosa, claramente dirigía su mirada a algo que estaba en su espalda. —Estarás muy ocupado durante un buen rato. —No alcanzó a preguntar la razón, fue jalado por las orejas de manera brusca y dos pesos pequeños se situaron a cada lado, sosteniéndose únicamente por las orejas. —Me dan envidia, siempre he querido hacer eso…

    —Perrito…—Susurró guturalmente una vocecita chillona.

    —Orejas de perrito… —Las gemelas de Miroku estaban al ataque de nuevo y tardaría demasiado en quitarlas de su cabeza, despejarlas de sus orejas y desenredarlas del cabello platinado en donde una se colgaba y poco a poco empezaba a hundirse en la inmensa melena. Era la odisea de cada día. —Me tragar cabello…—la otra acudió en su auxilio y juntas se enterraron en el pelo del joven. Día difícil para InuYasha.

    :-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:- :-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

    N/Kou: :D
     
    Última edición: 6 Julio 2014
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    Nopal

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    Re: Él no cambia

    Iza bella...
    Me gustó mucho el capi...me encantan las gemelas y lo de la ayuda de Rin me fascino...
    ES verdad Rin se parece a Kagome y por ello se le resulta fácil hablar con ella.
    Me encanta que se trague un poquito su orgullo y marullo para poder decir lo que tiene que decir...espero que no te digan que hay Ooc por qué en realidad no sabemos cuál fue el cambio de actitud de Inuyasha después de el final...por ello no sabemos si se volvió un patán. un tierno empedernido..o siguió siendo el mismo tonto de siempre...Sayo...
     
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    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    Título: Él no cambia

    Sumary: Post-Manga. Aunque había abandonado su época y a su familia por estar con él, las cosas no son como Kagome las imaginaba. Todo por culpa de un estúpidamente tímido semi-demonio. Todo seguía como antes, porque él no cambia…

    Ranking: K+

    Género: Romance/Humor/Comedia/Drama

    Advertencia/Recomendación: Quizás un poco de OoC.

    Cantidad de palabras: 2,605

    Disclamer: InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… Tan sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)

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    Primeros intentos

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    Primero escuchó un grito femenino demasiado histérico.

    Luego de ello, una mujer de cabellos castaños se arrinconaba en una esquina llorando amargamente mientras su joven esposo corría a su lado a consolarla, sin saber la razón.

    Lamentablemente el pobre hombre sólo consiguió entorpecer la situación con eso. La exterminadora le gritó que era un desgraciado por hacerle aquello y que no quería volver a verlo en el resto de su vida, y aunque el hombre de ojos azules intentó -sudando frío- acercarse a ella, le dio un manotazo.

    Kagome se preguntaba como había llegado a presenciar ese escenario, sin entender. Antes, aún platicando en la cabaña donde habitaba su mejor amiga vieron llegar a al esposo de ésta, pintarrajeado de verde, naranja y rojo.

    La imaginación de Sango voló a niveles insospechados creando fantasías donde él volvía a las andadas con otras mujeres, que ellas lo habían maquillado en broma y un sinfín de planes extravagantes donde el más grave era que a su querido marido ahora le gustaban esas mañas de las mujeres.

    La azabache observaba la escena y le pidió al hombre que se mantuviera unos metros a distancia para poder calmarla, aunque le extrañó lo sensible que estaba la mujer. Ni siquiera ella logró convencerla de que lo dejara explicarse, por lo que se vieron en la necesidad de llamar a la anciana Kaede para que la revisara y le diera un té para los nervios.

    Ahora esperaban afuera mientras la castaña era atendida.

    Hablando con su amigo encontró la razón de su extraña apariencia, resulta que las pequeñas fueron las culpables de pintarlo, pero se le olvidó lavar la cara y al llegar ocasionó todo el escándalo de su esposa.

    Se veía muy gracioso de esa manera; aunque no entendía como podría olvidarse de hacer algo para lavarse, si decía que incluso fue al río. Lo cuestionó un rato en el que se mantuvo reticente a hablar por lo que optó por cambiar de tema. —Sango exageró un poco las cosas…—Inició con esas palabras para atraer su atención.

    —Creo que esta vez se excedió demasiado. —Kagome le dio la razón. —Mira que tacharme de mujeriego e incluso con mañas extrañas… —Ella le envió una significativa mirada que el hombre contestó con una sonrisa angelical para tratar de liberar sus culpas, no funcionó. No era libre de ningún pecado y el peso de sus anteriores deslices con las mujeres aún le afectaba a su esposa. —Bien, lo admito… Pero yo no tengo la culpa de la belleza de las mujeres. Sin embargo, esto ha sido a mi parecer una conspiración en mi contra…

    —Sango exageró las cosas. —Expresó tratando de defender a su amiga. —Pero debe tener algún motivo para actuar como lo hace, no se olvide de lo infiel que era durante nuestro viaje en busca de la Perla.

    —Es raro, ha estado demasiado sensible en estos días. —La interrumpió él pero a la pelinegra poco le importó, estaba más ocupada divagando en las razones del comportamiento de la castaña que en los desvíos del tema por parte del pelinegro para no admitir su pasado. Vieron acercarse a la figura de la sacerdotisa mayor de la aldea que gesticulaba una felicidad y diversión extraña.

    —Debe ser por su estado. —Le escucharon decir a la lejanía. Sus pasos eran lentos y acompasados como cualquier persona de su edad por lo que ambos decidieron caminar hasta ella para ahorrarle camino a la anciana y a ellos tiempo. —Es lo más normal.

    — ¿Estado? —Preguntó la azabache, comprendiendo poco a poco a lo que se refería. Sin embargo no lo podía creer, estaba frente a un hecho que era el reflejo perfecto de la época antigua pero en la suya era casi ilógico. Bueno, la mayoría de las veces… — ¿Se refiere a que está…? —Compadeció a su amiga que no disfrutaría su juventud si se la vivía embarazada.

    — ¡Seré padre otra vez! —Miroku empezó un baile que nadie comprendió, su cuerpo se retorcía como si quisiera quebrarse cada hueso de su columna. Nerviosas le sonrieron para no amedrentarlo en su felicidad. — ¡Quiero que esta vez sean trillizos!

    —Tri-trillizos… —Susurró incrédula, ya tenía gemelas, un hijo y ahora esa persona deseaba trillizos. Sintió lástima por las mujeres de antes que vivían embarazadas, aunque para esa pareja en particular no fuera ningún problema y les trajera un mar de inmensa dicha. Por el dolor de esa época al momento del parto, no deseó para nada que ese sueño del monje se viera cumplido, de lo contrario aquella que cargaba los niños sufriría largo y tendido por varias horas sin la útil anestesia de los nuevos tiempos.

    —No festejes tanto monje. —Habló la anciana Kaede para llamar la atención del lunático que ahora bailaba encima de un animal que arreaban unos viajeros.

    El inocente ganado sufría de las patadas y pisotones del calzado de madera mientras sus dueños se mordían el labio y apretaban los puños para no golpear a una figura sagrada.

    Casualmente la misma que días atrás en su aldea les cobró una cifra extraordinaria por un simple pergamino. —Primero debes convencer a tu mujer de que te permita verlos, a ella y a tu hijo.

    El hombre frenó en seco, ocasionando un fuerte golpe en el costado del animal quien corrió dejándolo caer. Los dos aldeanos se alejaron burlándose y felices de que en algo sufría ese estafador.

    Sin embargo para Miroku eso nada le importó con tal de ir corriendo a donde estaba su amada y explicarle a su mujer la verdad, a Sango quien estaba en espera de poder darle muerte con sus propias manos.

    Después de unas buenas cachetadas, disculpas por las perversiones de su mano que seguía maldita a pesar del tiempo y finalmente un apasionado beso que las gemelas –las cuales habían llegado despeinadas y agitadas por alguna razón- animaron incluso con arroz que lanzaron al aire, todo entre ellos regresó a la normalidad.

    Ya sólo quedaba Kagome y sus problemas con InuYasha.

    OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    Le costó mucho trabajo sacar a las pequeñas de su enmarañado cabello.

    El por qué consistía en que ambas gritaban auxilio pero cuando las pescaba del borde del kimono tomaban un mechón y se abrazaban con fuerza para no ser arrojadas a un lado. Ellas acababan de encontrar un nuevo juego, mientras estaban ahí pintaron un cabello de color morado y propusieron que quien lo encontrara primero sin ser sacada ganaba.

    Pero ninguna lo encontró porque, a costa de arrancarse algunas hebras, las tiró a un lado y se marchó sin contemplaciones. No estaba de humor para regañarlas, al contrario, era feliz. Tanto que los tirones no dolían y sus orejas inflamadas se movían ávidamente al compás del viento. La dirección a la que marchaba era precisamente donde detectó a Rin con su olfato, le urgía verla para empezar las clases de una buena vez.

    Ella estaba en la sombra de un árbol dormida, con una pieza de tela de vivos colores sobre su mano izquierda que descansaba en el regazo y una sonrisa en el rostro. A su alrededor el aroma de su medio hermano le irritó la nariz e hizo una mueca de fastidio, ese objeto sobre sus manos debía ser un nuevo regalo de él. Se acercó para despertarla pero ella entreabrió un ojo sorprendiéndolo. —Sabía que no podía tardar tanto señor InuYasha. —Resopló algo somnolienta y volvió a cerrar su ojo.

    —Así que no estabas dormida, mocosa. —A Rin no le molestó la forma en la llamó porque lo conocía, a decir verdad ese apelativo era como una muestra de afecto extraña proviniendo de él. Ella le sonrió para corresponder a su confianza y con su mano libre le instó a sentarse a un lado para comenzar con lo pendiente. —Bueno, yo…

    —Por lo que veo le urge mucho decirle. —Él consintió con la cabeza, sonrojándose hasta la raíz del cabello anteriormente maltratado. Urgir era algo corto en el término que necesitaba para explicar su desesperación, si en ese mismo instante no conseguía desquitar un poco sus emociones juraba que se tiraría a un pozo lleno de agua, con una roca pesada amarrada al tobillo. —En realidad quería decirle dos cosas antes de iniciar.

    — ¿Cuáles? —Rin bufó fastidiada y volvió a sonreír. La paciencia era una gran virtud que ella poseía… a veces. Pero necesitaba demostrarle a ese semi-demonio que debería intentar conocerla, eso facilitaría muchas cosas en su vida. Además de que estaba cansada y necesitaba dormir un poco por el desvelo que tuvo con su señor ayer. Y el rato que estuvo a su lado hace unos instantes.

    —Bueno, ya son tres…—InuYasha la miró curioso y sin comprender demasiado. — Primero: sea paciente. Segundo: Yo podría darle una ayuda, más no puedo hacer mucho cuando usted lo tenga que hacer. Y finalmente el tercero: ¿Puedo hablarle de tú?

    —De acuerdo, Rin. —No tenía problemas en que lo llamara de esa manera, aparte de conseguir una pequeña amiga incondicional por sus propios méritos fastidiaba a su medio hermano con compartir la atención de ella. —No garantizo lo primero. —La pelinegra quiso reír pero se contuvo de ello, la seriedad de su voz acallaba las sospechas de una posible broma. Su hermano postizo en realidad no aseguraba ser paciente, sería mejor adelantar las cosas para ayudarlo.

    —Bien, iniciemos. —Se puso frente a él llevándolo al extremo del nerviosismo, temblando le hizo frente para prestar atención a sus instrucciones. —Míreme a los ojos imaginando que soy Kagome e intente decirlo.

    —Feh. —Un suspiro pesado y luego a seguir ordenes. Se concentró en el color de ojos de Rin para imaginarse a Kagome, ya conseguido el tenerla cara a cara en su mente ahora venía que las palabras salieran por sí mismas. —Ka-Kagome… yo… —La imagen de la sacerdotisa llenó sus orbes de anhelo y los labios se le entreabrieron listos para contestar a lo que se supone diría. —Esto, yo… —Balbuceó de nuevo, los nervios crecieron cuando esa sacerdotisa se colocaba en cuclillas para estar cómoda. —Yo te… yo… Kagome…—Tanto InuYasha como Rin comenzaban a desesperarse, las palabras se atascaban en su garganta y no poder liberarlas le causaba la sensación de hiel recorriéndola. Poco a poco la ilusión que creaba de la azabache dejaba de mirarlo ansiosa. —Ka-Kagome…

    —InuYasha, vamos… ánimo. —Susurró algo frustrada. Lentamente proseguía con la oración, pero casi al llegar al final retrocedió abruptamente. En verdad le costaría mucho esfuerzo decirlo. Rin comprendió que esto iba para largo.

    —Antes… bueno, ahora yo… bueno tú… los dos… —La frase comenzaba a desarticularse y dejaba de tener sentido. Lo peor de todo es que las dos únicas palabras que importaban ya no tenían ni el mínimo rastro en las incoherencias que salían de los labios masculinos.

    —InuYasha, creo que hasta aquí lo dejamos por hoy. —Le tomó por el mentón para hacerlo reaccionar, su cara estaba roja por completo y creía que en cualquier momento vería humo salir por sus orejas caninas. —Sin embargo debería practicarlo ¿De acuerdo?

    —De-de acuerdo…—Balbuceó mareado, le parecía imposible que ni siquiera estando frente a otra persona que no fuera ella esa frase se negara a salir. Tantas veces que no medía sus palabras y ella le regañó, muchas ocasiones en que lastimó sin intenciones a las personas, en especial a ella, y esas dos palabras le eran negadas tanto como la posibilidad de ser feliz.

    Sin Kagome no era feliz. Si la azabache le seguiría huyendo hasta que fuera capaz de confesársele

    ¿Ahora que haría? Definitivamente practicaría el resto de la vida, de ser necesario, sólo para lograr gritárselo un día. El mismo en que de seguro saldría corriendo a esconderse de la vergüenza apenas confesado.

    OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    Escasamente corría el mediodía y necesitaba perder tiempo; caminó rumbo al bosque para meditar tanto sus acciones como lo que le aguardaba en esa época. Ver la familia feliz que formaban Miroku, Sango, las gemelas, su hijo y él o los que venían le daba mucha envidia. —Hasta pensarlo parece un trabalenguas. —Suspiró exhalando ese sabor a derrota amarga que se condensaba en su paladar. Le gustaría algún día tener una familia igual de hermosa que llenara el vacío de alejarse de los suyos, obviamente con InuYasha.

    Criar pequeños con orejitas tan adorables como las de su padre, incluso deseaba que heredaran absolutamente todo de él. Los ojos con vividas tonalidades del ámbar, su cabello con magnificas hebras de plata, la agilidad y fuerza de ese semi-demonio que amaba con todo su corazón.

    Su mayor ilusión le arrancó una sonrisa como las que no demostraba en mucho tiempo; ahí estaba Kagome que seguía viva y alimentándose la esperanza de que llegará el momento cuando ambos puedan declarar sus sentimientos y decidan llevar su relación más allá de lo actual. Algo más romántico y comunicativo.

    ¿A dónde había ido su fortaleza? Siempre la consideraron una chica valiente e intrépida y actualmente se la pasaba llorando por cualquier cosa hasta el punto de huir siempre. Kagome Higurashi no era así, cambió mucho en esos tres años.

    Se suponía que ahora era más madura y ciertamente la separación le ayudaba a creer en el futuro. —Desde hoy… —Levantó sus manos en puño, mostrando su actitud decidida. —No importa lo que pase no me dejaré vencer, y si ese tonto de InuYasha nunca se me confiesa no me importará, seré feliz por estar a su lado.

    Quería convencerse a sí misma aunque no dejaba ese pesar de lado. Cada palabra era cierta, tenía que aprender a disfrutar lo que poseía ahora y no añorar algo que sería bienvenido si sucedía, de lo contrario no debería sufrirlo. Aunque pensarlo y llevarlo a cabo eran cosas tan distantes; su corazón parecía dolerle, se apretó el pecho con la mano derecha para intentar apaciguarlo.

    Tomó asiento sobre el césped del bosque y encontró a su lado unas hojas filosas que se veían hermosas, le atraían a tocarlas y cortarse con el delgado borde de la hoja verde que fácilmente pasaba por pasto.

    Unos días atrás recordaba haber visto una hoja parecida y jugar con ella entre sus manos hasta cortarse, la pequeña cicatriz en su dedo meñique lo demostraba.

    Siguió delineando la hoja hasta el atrayente filo se hundió en su carne, provocando un corte más o menos profundo. —Auch…—Exclamó suavemente; pero una repentina opresión en su pecho le hizo olvidar la diminuta herida, ¿Tan triste se sentía por su situación?

    No, aquello dolía, en verdad le lastimaba, tanto que comenzaba a creer que no era una simple sensación de tristeza. Se abrió la tela de su hakama blanco y en el medio de su pecho se formaba una especie de tatuaje que simulaba a la Luna Nueva. Quemaba su piel cuando intentó palparlo con la mano, la cabeza le daba vueltas y el cuerpo se sintió muy pesado. Perdía lentamente la noción de su alrededor hasta que cerró sus ojos dejando caer su figura al suelo del bosque.

    OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    Abrió pesadamente los ojos tratando de enfocar su alrededor, el color café de la madera y el aroma de alguna comida hirviendo al fuego le hizo instar que estaba en una cabaña, quizás en su casa. Sin saber el motivo era consciente de que algo faltaba a su lado, como si se acabara de retirar repentinamente; era una especie de calor absorbente y reconfortante que le brindó tranquilidad durante su sueño.

    Un suspiro escapó de sus labios cuando recordó lo que sucedía. Estaba caminando al medio día en el bosque para perderse por un rato, luego se cortó y un dolor incomprensible se adueñó de su cuerpo haciéndola caer en la inconsciencia. Una persona la debió haber encontrado y llevado hasta un lugar seguro sin el valor de abandonarla en el bosque. Necesitaba agradecerle a esa persona.

    Se inclinó en su sitio siendo víctima inmediata de los mareos, nauseas y escalofríos correspondientes a su estado de convalecencia. Su visión, borrosa por instantes, enfocó a una silueta de cabellos argentados que momentos antes parecía dormir ligeramente por velar su salud y sueños. Lo reconoció como InuYasha lo que no pudo evitar arrancarle una sonrisa de oreja a oreja, él estaba a su lado como siempre cuidándola de todo peligro, ¿Quién más que ese semi-demonio para encontrarla? —Tú me…

    —Rayos, duérmete de nuevo que estoy cansado…—La interrumpió bruscamente provocándole enfado; su voz no fue dura pero tampoco cortés lo que decepcionó a la sacerdotisa de gran manera. Cada acción que realizaba ¿Por qué siempre las estropeaba con sus palabras? Deseaba que se quedara callado por una vez en la vida.

    —De acuerdo. —Atinó a contestar con su voz quebrada, no quería llorar y que la volviera a regañar por hacer algo así. Tan sólo se giró en su sitio para volverse a recostar y taparse de nuevo con las sabanas, necesitaba fingir por un rato que se quedaba dormida para poder salir y llorar a gusto en las lejanías. No contó con que al cabo de unos quince minutos unos pasos sobre la madera se acercaban hasta ella y el cuerpo de un hombre se posesionara egoístamente de su silueta.

    —Creí que me descubriría…—Murmuró quedamente mientras se acomodaba de nuevo entre las sabanas. —Tonta, no sabes lo que me asusté cuando detecté el aroma de tu sangre. —Kagome no entendió a que se refería por lo que siguió haciéndose la dormida entre sus brazos. —Si se entera de que la tuve abrazada toda la noche seguro me mata o algo peor, no puedo quedarme dormido de nuevo…

    —InuYasha…—Balbuceó contra su pecho sonriendo feliz, arrancándole un furioso sonrojo que le hizo quedar petrificado por segundos.

    La observó de reojo cerciorándose de su estado, parecía seguir durmiendo tranquilamente; relajó su cuerpo y suavemente se dejó atrapar e internar al magnifico mundo de los sueños, uno donde era capaz de decir lo que quisiera libremente. Kagome había logrado engañarlo, cuando éste quedó dormido se dispuso a contemplar su perfil de medio lado que enmarcaba una tenue sonrisa.

    A veces podía ser tan imbécil ¿Cómo creer que ella lo asesinaría si la abrazaba? Era algo de lo que más deseaba, junto con su declaración. Su cabeza fue venciendo el soporte de su mano y contra su pecho descansó, tranquila de saberse protegida, amada y sobretodo ilusionada; no importaba ya que pasara al día siguiente, sólo con que estuvieran juntos todo estaría bien.

    OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    Se frotó los ojos somnolientos con el dorso de su mano; cuando volvió a despertar en la mañana no lo encontró por ningún lado y eso le estimuló la tristeza de la que era presa las últimas semanas, días, noches y segundos…

    En ocasiones que a su mente llegaban las evocaciones del pasado recordaba aquél juego de niños que tanto odiaba porque le hacían burla con su nombre. Tanto antes como ahora se sentía plenamente identificada; ella era como la gaviota cautiva de la que siempre cantaban, por más que quisiera escapar la vida le cerraba las puertas y ventanas confabulándose con el destino que le comprimía su espacio vital hasta hacerlo justo a sus medidas. Asfixiada con la nula libertad que sentía adherirse a su piel para apresarla.

    Sacudió la cabeza para deshacerse de tantas ideas absurdas ¿Por qué siempre sentía todo el mundo en su contra? Requería dejar de suponerse la peor situación de todo o finalizaría como una psicópata que en el pueblo les diera por linchar…— ¡No! ¿Ahí va mi imaginación otra vez? —Desesperada se cuestionó de haber reincidido en lo que se supone no debía hacer, dejar volar muy alto a su imaginación. —Eres desesperante, Kagome Higurashi…—Parecía una discusión interna. Ya puesta de acuerdo consigo misma, ahora debía retomar otro tema para no estresarse.

    Entre tantas cosas vino la imagen de esa noche cuando se cortó con la hoja filosa de una hierba y luego el corazón le oprimió. Abrió un poco su hakama blanco para vislumbrar el tatuaje de Luna Nueva, aprovechando que estaba sola. Efectivamente la marca de una Luna casi completamente oscura, exceptuando una delgada línea blanca naciente, que se extendía justo a la mitad del valle entre sus senos y laceraba al contacto de sus dedos.

    Examinándola con detalle le recordaba algo que le mencionó la anciana Kaede cuando le daba sus enseñanzas para ser una verdadera sacerdotisa de la época, algo sobre una hierba con nombre relacionado a la Luna. Esa tarde se aseguraría de ir a visitarla para preguntare que era esa marca, no fuera que resultara peligrosa y ella de tonta, por jugar en el bosque, lo provocó. InuYasha seguro la mataría por ponerse en peligro, claro, después de saberla curada.

    Tan concentrada estaba que no se percató de un semi-demonio completamente colorado que desviaba la vista inmediatamente para ser respetuoso… Aunque por dentro se golpeara de no aprovechar la oportunidad. Parecía haber sido invocado por su mente, siempre estaba ahí en las situaciones más injustas para la sacerdotisa. —Ka-Kagome…—Carraspeó para atraer su atención, cosa que consiguió al instante en que ella se dio media vuelta apresurada en subirse la ropa. —Perdón, fui por algo para comer y yo no…

    —No te preocupes. —Se escuchó triste ¿De qué? Se preguntaba en su mente él. La estaba respetando, muy a su pesar, y se preocupaba tanto que incluso iba por comida para ambos. Aún cuando ella no diera el menor indicio de querer verlo. —Yo sé que tú no querías…

    —Come para que te recuperes. —Le lanzó unas cuantas frutas y alimentos que le hicieron agua la boca, completamente ajeno al doble significado de esas palabras. —Iremos con la anciana Kaede para que te revise. —Ordenó originando el despertar de la ira latente en sus venas, ¿Quién se creía para ordenarle? Nadie, eso era, nadie porque él muy estúpido no tenía el valor de declararse. Era cierto que lo mismo planeaba ella pero el que se lo ordenara, o más bien, el hecho de que él no quisiera ni tocarla lastimaba su orgullo.

    — ¿¡Y quien te crees que eres para darme ordenes?! —Espetó furiosa, los resentimientos volvían a ocupar su lugar frente a la melancolía. El odio y rencor son sentimientos que surgen con mayor facilidad en la frágil humanidad que el cariño e incluso el amor. Contra ellos, un amor implícito que no recibía el menor cuidado de ambas partes no podría hacer frente.

    — ¿Qué quien soy? —Escupió furioso. —Eso deberías decírmelo tú. En tu maldita vida no significo algo más que problemas y peleas que ni siquiera entiendo… No sé quien eres desde que volviste de tu época.

    — ¡Pues no sabes cuanto me estoy arrepintiendo de ello! —Rabiosa se le echó en cara e inmediatamente se arrepintió. A veces lo pensaba, lo soñaba ¿Qué sería de ella si nunca hubiera regresado? La respuesta llegaba contigua a la pregunta, sin haber vuelto su vida sería un infierno. Prefería mil veces pasar el tiempo a su lado aún sin un cambio en su trato que añorando los días en que le decía tonta o le sonreía con arrogancia. Su mano se dirigió sola al frente para tratar de alcanzarlo pero él dio un paso atrás. —InuYasha, yo…

    — ¡Yo no te obligué a volver, te dejé en tú casa y quisiste regresar! —El golpe bajo que recibió era determinante en su orgullo, si ella se arrepentía tanto él se lo haría aún peor. —Tonta humana, tus miserables emociones me están volviendo loco. —Su voz apagada hirió a la azabache que sólo se mantuvo en pie para escuchar el resto de reclamos. Se lo merecía, eso y mucho más por hablar sin pensar. —A veces me sonríes, me gritas y me miras con decepción sin decirme por qué. Eres un maldito fastidio…

    —InuYasha… —Cada palabra le hería, en su mente se aferraba a la idea de que la rabia y humillación hablaban por él, sin embargo eso no amenizaba la mirada tan fría y despiadada que clavaba en sus orbes. —Perdón, yo…

    —Cállate, no me importa escuchar tus razones ahora para odiarme…— El escozor de esos orbes canela pasó desapercibido hasta que empezó a derramar las detestadas lágrimas, no quería seguir pero ya era tarde para detener el torrente de palabras que se mantenían en su garganta. Si la hería ahora se arrepentiría después porque ahora las emociones estaban dominando su lengua.

    —Yo no te odio, yo te…

    —Vamos con la anciana Kaede para que te revise. —Sentenció con semblante serio. Nunca en su vida había observado tal faceta de dureza y crueldad enmarcada en sus facciones varoniles, le inspiró absoluto miedo y preocupación; quizás aún no lo conocía tan bien como decía hacerlo.

    —No iré…—El ambarino no se movió de su sitio, estaba desconcertado. Estaba seguro de que aunque ella se molestara acataría su orden si se mostraba tan severo; en realidad ¿Cómo no estarlo? Estaba herido más que en su orgullo, en el corazón. Había realizado ridículos esfuerzos frente a Rin para ahora descubrir que ya era odiado y de la manera más cruel. La vio ponerse seria y sentenciar algo que le resultó demasiado cruel. —No me siento segura de ir con alguien que no conozco…

    OoOoOoOoO

    N/Kou: Brrrr… Sean felices por siempre (?) ¡Besos de galleta!
     
    Última edición: 6 Julio 2014
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  10.  
    InunoTaisho

    InunoTaisho Orientador del Mes Orientador Comentarista destacado Morir es nada cuando por la patria se muere Patrocinador Nº1

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    Re: Él no cambia

    bien amiga te felicito, la historia de problemas romanticos entre esos dos no termina por la dificultad de inuyasha de ser un poco "cursi" a las mujeres les gusta que se los digan, no nada mas que se sobreentienda. Miroku como siempre divertido y pervertido con su adorada Sango, el si fue muy cursi y por ello ya lleva tres hijos en tres años, y los que vienen jajaja (yo solo les dare 5, pues Sango no es coneja), asi lo tengo reflejado en mi fic "pasado mañana" Inuyasha debe de aprender un poco, y me parece fantastico que Rin le de consejos jajaja continua con tu historia
     
  11.  
    Silk Maid

    Silk Maid Guest

    Re: Él no cambia

    Hola!!! No te parece que ya es hora del que pobre de Miroku deje de pagar por sus pecados del pasado??? Sango se parece a esas mujercitas que odio, se enamoran de un tipo con defectos ostensibles y despues viven perseguidas por fantasmas...Bauh!!!!
    Lo que me gusta de este fic es que todos arrancan la historia de Kag&Inu sin tratar el interludio, que paso cuando ella volvio a la aldea despues de tres años, y aca encaras esa duda de frente, y de una manera increible...
    Las mujeres somos asi, nos enamoramos y cuando los conseguimos queremos cambiarlos jajaja Podra Kagome lograr algun cambio en Inuyasha??? Eso corre por tu cuenta, yo simplemente leo y espero impaciente la continuacion...
    Y quien hace de Rin una niña caprichosa y consentida??? Como me gustaria a mi ser consentida por Sessh jajajaj lo ammmooooooooo
    Saludos!!!
     
  12.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Título: Él no cambia

    Sumary: Post-Manga. Aunque había abandonado su época y a su familia por estar con él, las cosas no son como Kagome las imaginaba. Todo por culpa de un estúpidamente tímido semi-demonio. Todo seguía como antes, porque él no cambia…

    Ranking: K+

    Género: Romance/Humor/Comedia/Drama

    Advertencia/Recomendación: Quizás un poco de OoC.

    Cantidad de palabras: 2,605

    Disclamer: InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… Tan sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)

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    La táctica de Miroku

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    Kagome tuvo el coraje de enfrentar su inquisitiva mirada, más no pasó el término de cinco segundos cuando ladeó la cabeza, avergonzada; había un extraño tinte en esa mirada, desconcertante. Como si de la nada el problema quedara olvidado y dentro de él existía un inconveniente de mayor relevancia.

    Ciertamente desconocía varias de las actitudes del ambarino pero no a tal grado como lo había hecho sonar y mucho menos como para decir eso, estaba sumamente avergonzada por su comportamiento tan infantil. Al instante quiso decir algo para retractarse pero la frase correcta no parecía venir a su cerebro.

    Se sentía la más estúpida por ser capaz de decir algo así de grave sólo por herirlo, cosa que por su esquiva expresión parecía haber funcionado.

    Se le veía sumamente lastimado y deseó abrazarlo para consolarlo, susurrarle que todo era una absurda mentira y que la perdonara. Su mano se guió sola hasta su hombro pero él rápidamente la retiró de un extraño movimiento, pero el resto de su cuerpo permanecía inmóvil.

    A pesar del daño InuYasha no consideraba querer retirarse.

    Kagome imaginaba la razón por la que eso le causaba tal impresión, sin embargo no la acertaba. Su mente se hacía a la idea de que a ese medio-demonio el ser llamado "desconocido" le ocasionaba el daño, pero en realidad lo que él pensaba distaba de cierto modo de aquella conclusión.

    Su compañero quedó con un sabor amargo de derrota, esa mujer nunca comprendería la verdadera naturaleza de lo que sentía si no lo expresaba; justo donde radicaba el problema de no poder hablarlo.

    Ese era el verdadero punto que le hería al híbrido, no ser capaz de ser sincero con la mujer que estaba al frente. Tanto era su enclaustro en sí mismo que a su alrededor esa joven empezaba a llamarlo "desconocido"

    Apretó el puño hasta enterrar el filo de las uñas a medio centímetro de su piel. Ni el dolor ni la sangre emergente conseguían sacarlo de ese estado de depresión profunda del que necesitaba escapar, requería ayuda…

    Aunque su cuerpo se movía por sí solo para evitar el contacto de aquella a la que hirió no era su intención, esperaba la ayuda, que ella reconociera el error en sus palabras y le tendiera la mano.

    Una mano que nunca llegó.

    Ambos seguían perdidos en el reconocimiento de sus propios males, exhortos de la realidad conjunta que dejaba entre ellos el peor malentendido que habían tenido hasta el momento. Ninguno era capaz de detener la situación que poco a poco se guiaba a un punto crítico, cada día crecía entre ellos el abismo de un absurdo que sólo se aclararía con diálogos. Con palabras que hasta ese instante los dos seguirían sin proferir. —Tengo sueño, iré a dormir…

    —Adiós…

    Con esa simple y sencilla palabra acabó la pequeña discusión silenciosa entre ellos. Así quedó esa conversación, sin aclarar ningún asunto. InuYasha sintió que necesitaba aire puro para aclarar sus emociones y prefirió salir que intentar hablar de algo que pronto se agravaría.

    OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    No estaba muy al pendiente de su situación hasta que escuchó el correr de la puerta, dejándola solitaria en la habitación de la cabaña que se supone compartían. Fue ahí que entendió la falta de palabras que hubo hace instantes entre ellos. Ni siquiera había hecho el intento de disculparse con él por haberlo llamado desconocido.

    En el pecho un agudo dolor le hizo saber que a veces lo veía así, esperaba que él le siguiera gritando, reclamando y demás pero nada sucedió. Ni siquiera la miró. Le hería que fuera tan cruel y despiadado…

    No… ¿En qué pensaba?

    InuYasha seguía siendo el mismo que conoció, algo indiferente, egoísta, torpe… Adorable, fuerte, solidario… Imbécil, idiota, arrogante… Protector, sorprendente, admirable… — ¡No soporto este caos en mi cerebro!

    Todo lo que sentía era tan contradictorio que no podría sola, ella era la única que perfectamente sabía lo difícil que eran las emociones humanas para ese terco semi-demonio. Kagome lo entendía, no sería sencillo aceptar si la quería o la odiaba, no era capaz de decirlo abiertamente. Al igual que no fue capaz de decir cuán herido se sentía.

    Lo conocía como a la palma de su mano, jamás pensó estar con un extraño y eso sólo salió por lastimarlo, pero InuYasha el único que no lo sabría. Necesitaba aclarárselo. ¿Por qué si ella lo conocía tan bien él no era capaz de entenderla? Definitivamente un diálogo era lo faltante en su relación para poder seguir adelante y conseguir lo que siempre deseó: una vida a su lado, una familia con él.

    OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    No soportaba el ambiente tan pesado que había ahí dentro, porque se sentía el causante de toda esa situación. Si tan sólo fuera capaz de confesar sus sentimientos tan abiertamente como lo hacía aquel lobo sarnoso y apestoso…

    Apretó los puños y gruñó por instinto, pensar en ese idiota le hervía la sangre de celos y furia; a cómo eran las cosas si ese imbécil pasaba por ahí sabiendo terminado a Naraku y Kagome tan molesta ¿Sería ella capaz de abandonarlo por ése? —Primero se va jodido a su cueva… Maldito lobo…

    —No deberías usar ese lenguaje tan vulgar, hermanito InuYasha…—De entre los arbustos apareció de sorpresa la pelinegra, tomada de la mano de una mujer castaña que le frunció el ceño y reconoció al instante como la esposa del pervertido del pueblo. —Tu hermana mayor está muy molesta contigo…

    —Oh claro, discúlpame hermana. —Contestó sarcástico y Sango se burló de ambos, era bueno que ese malcriado aprendiera modales, sólo le preocupaba que si no cambiaba él le cambiara a la niña a un modelo parecido. Su expresión fue inmediata de pensar a una niña tan dulce y bondadosa como Rin y la misma actitud del salvaje ése…

    —Sango, ¿En qué rayos estás pensando? —Preguntó molesto y con una vena resaltante en la sien, ella sonrió nerviosamente.

    —Nada, nada.

    —Entonces… ¿Qué hacen espiando por aquí? —Interrogó con su mejor cara de intimidación, ella tenía suerte de ser mujer o ya estaría pescada por el cuello y siendo azotada con una piedra. Su mal genio iba en aumento, ¿Dónde estaba el monje cuando necesitaba desquitarse?

    —Monje Miroku, ¿No piensa salir? —Del mismo arbusto donde ellas estaban la figura de un hombre que trataba de escabullirse por las ramas fue detectada e inmovilizada por el semi-demonio, con una tétrica sonrisa en el rostro.

    —Muchas gracias Rin. —Y la pequeña sonrió gustosa. Los esposos comenzaron a intuir porque era que esa niña se llevaba tan bien con su amigo, comprendía su modo de pensar y siempre le ayudaba hasta en sus más oscuras intenciones, como la de torturar al monje en nombre de todos los usurpadores al jardín de su cabaña.

    — ¿De qué lado estás? —La mujer de de cabellos castaños se cruzó de brazos algo molesta, pero la deslumbrante sonrisa de la menor del grupo la abochornó y le obligó a darle algo de razón. Empezaba a creer que esa sonrisa tenía algo porque sólo era cuestión de ponerla para que cualquiera en la aldea se le olvidara lo demás. —Bueno, tortúralo un poco InuYasha…

    —Pero, mi Sango…

    —Nada, las niñas han tomado varias de tus malas costumbres y tienes que aprender a no decirles que pueden venderles a sus amigos sus juguetes por un alto precio. —Tanto el híbrido como la menor vieron a la mujer seriamente, para después voltear a ver al padre malvado que pervertía a sus hijas.

    —Ya me hartaron, díganme a que han venido todos…—Apretando un poco más el cuello de su atuendo InuYasha presionó a las mujeres para que hablaran.

    —Tranquilo y no mates a mi marido o te juro que te mato a ti. —Agresivamente caminó hasta un costado de él y le instó a soltarlo, el híbrido aceptó de mala gana y prosiguió. —No te molestes pero Rin nos contó lo que sucedía y vinimos a ver.

    —La verdad es que deben tener cuidado amigo, se han convertido en el entretenimiento de una mujer embarazada. —Recibió un golpe en la cabeza con una rama del bosque. —Cielos, estos cambios de humor terminaran matándome…

    — ¿A qué te refieres con que les contó Rin? —Nervioso, empezó a retorcer sus manos en una de las cuales se encontraba la sangre seca de su herida anterior y la piel reestructurada de su resistencia sobrenatural. Estaba completamente rojo como un jitomate, la vergüenza le impedía amenazarlos con la simple mirada.

    —Nos dijo que habían peleado y tenían constantes malentendidos…—Declaró Sango.

    —Veo que aún no te has podido declarar. —Consintió Miroku.

    —Creí que…—Repuso nervioso. No soportaba la idea de que esos entrometidos supieran de la ayuda que Rin le estaba brindando, sería demasiada humillación. Instintivamente rodó los ojos dorados hasta la pequeña joven que seguía sonriente, por lo que no se atrevía a preguntar.

    — ¿Me crees capaz de traicionarte, hermano? —Cómplices se sonrieron gratamente mientras los esposos seguían sin comprender. ¿Cómo pensó que ella lo delataría? Sencillamente quería ayudarlo y por eso llamó a los metiches que siempre querían resolver los problemas de los demás. Aliviado de que el secreto de las clases estuviera a salvo prosiguió con su intimidación característica, aunque sonriendo internamente por las tonterías de sus amigos.

    —Claro que no, hermanita. —Ella hizo un mohín, sorprendiéndolo por el reproche. Sin embargo pronto recordó que ella decía ser su hermana mayor por las actitudes que ambos tenían. —Perdón, hermana mayor. —Esta vez sí consintió el llamado y le volvió a sonreír, la facilidad que tenía para cambiar constantemente de humor le recordaba mucho a Kagome.

    —Bueno, aunque no entendemos absolutamente nada hemos venido a ayudarte. —Habló Miroku, escapando de los hostigamientos pequeños de su esposa embarazada. —Ya antes Kagome me había pedido hablar conmigo y creo que este es el momento adecuado.

    — ¿De verdad? —Cuestionó incrédula la castaña. Miroku le guiñó un ojo y pareció comprender que era lo que pretendía.

    —Así es, así que permítanme entrar por favor y observen desde aquellos arbustos. —Señaló los que quedaban frente a la habitación de Kagome, donde una puerta lateral residía por cualquier emergencia.

    Los tres asintieron y prosiguieron a cumplir la orden, InuYasha no entendía que era lo que quería hacer ese monje pervertido ni de lo que iban a hablar pero no se confiaba demasiado, después de todo ese hombre siempre estuvo detrás de todas y cada una de las mujeres hermosas que se le cruzaran en el camino.

    Después de algunos momentos él se acercó a abrir la puerta, justo para que todos vieran la escena, en especial InuYasha. Seguía con la mirada cada movimiento, cada reacción de la pelinegra que pasaba entre angustia y penumbra a sencillas sonrisas que le despertaban la sensación de querer abrazarla.

    Peligrosamente el acercamiento del hombre a la mujer que lloraba le alborotaba la sangre, estaba ridículamente celoso de que él la fuera a consolar, debía entenderlo porque eran amigos. Debía pero no quería, porque no evitaba ese sentimiento de posesión casi obsesivo que le ordenaba ir a arrebatar lo que le pertenecía de los brazos de ese hombre que empezaba a arrullarla… a estar más cerca…

    A darle un beso…

    Un beso que, lamentablemente, desde el ángulo de visión del ambarino parecía ser en los labios.

    OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    La extraña marca en su pecho seguía igual, o al menos a la vista de su ojo humano. No recordaba haber escuchado sobre ninguna brujería, conjuro o algo similar que causara la aparición de una seña con parecido a una Luna Nueva, e inclusive la lenta metamorfosis de ésta a una casi completa con una delgada línea de plata que brilla incesante.

    No se había percatado de aquella hasta que decidió cambiar sus atuendos para intentar dormir, el descanso necesario que ocupaba luego de una discusión tan fuerte como la anterior con InuYasha.

    No había palabras en ella pero eso era lo menos importante, la cuestión en sí era la falta de ella, el abismo inamovible en el que perecían las más mínimas señales de querer arreglar su situación. Entre más gritaba, más retrocedían sus palabras en las paredes del abismo oscuro y ni siquiera lograban regresar; bien podía asegurar que no existía diferencia entre gritar al vacío y a esa persona con quien intentaba comunicarse.

    InuYasha ni con su sentido tan desarrollado por sobre el humano parecía entender las señas de sus manos al otro borde del precipicio, las lágrimas que rozaban su piel de tanto descender por sus hinchadas mejillas y sus ojos enrojecidos que suplicaban ser comprendidos. Al final todo era un vano esfuerzo de su cuerpo, algo que siempre terminaba pagando ella sola, sin ninguna recompensa o mérito por lograr algún avance.

    Sus sentidos le indicaban que estaba de nuevo sola en su cabaña, la de ambos, lo que incrementaba la depresión. Se hundía cada vez que intentaba salir a flote, era como mantenerse a flote muy trabajando muy arduamente por liberarse de la pesada cadena que la internaba al fondo del océano. Decir no es lo mismo que hacer, pero querer es poder y esas lágrimas sólo eran una manera de desahogarse, mientras la verdadera fuerza emergía del centro de su ser para finalmente dejar atrás el dolor. —Quería prometer no volver a ser infeliz, pero…

    —…InuYasha no hace el trabajo fácil…—La puerta de su habitación fue corrida para dejar entrar a la conocida silueta de su amigo de viajes, compañero pervertido y casado. Quizás en otro sentido era como un hermano para ella, aunque a veces se pasara de listo con sus bromas e intromisiones. —Lo siento Kagome, no pretendía molestarte.

    —No te preocupes, quizás así no me sienta sola. —Rápidamente se secó las gotas saladas y sonrió lo más dulce que consiguió, de verdad le vendría bien algo de compañía no obstante costaba su esfuerzo sonreír en el exterior tanto como en el interior. Cuerpo y mente no coincidían en particular sobre esa opción.

    —Estar aquí sólo la hará llorar más. —Avanzó a los laterales del cuarto con una pícara sonrisa, desconociendo sus verdaderas intenciones ella le cedió el paso libremente por la habitación. Ni la más remota idea pasaba por su mente del plan de esa noche que se delataba en la sonrisa de un amigo dispuesto a ser asesinado por conseguir la felicidad de dos de sus seres queridos de la especia más terca e ingenua que hubiera en la época. —Permítame…—La puerta trasera que se anexó por cualquier situación de emergencia fue abierta de par en par, la pelinegra juraría haber visto algo extraño en los arbustos más próximos pero inmediatamente Miroku interrumpió su vista sonriendo algo más nervioso.

    — ¿Qué le sucede, monje Miroku? —Cuestionó algo más calmada la sacerdotisa por derecho, a quien el hombre sólo volvió a sonreír y pidió con un ademán que guardara silencio por el momento.

    Él se acercó a su lado y tomó asiento, abrazándola de una manera cariñosa y efusiva que logró incomodarla un poco sin embargo no rechazó el consuelo. Su cuerpo suavemente se fue acurrucando contra el pecho masculino del de su casi familia para encontrar alivio y esperar a que él se decidiera a dar la respuesta que buscaba de su estancia ahí, precisamente en la noche.

    Cuando Kagome hubo tomado confianza Miroku se encargó rápidamente de cubrir su cuerpo y su rostro con la posición de sus brazos para mantenerla lejos de la vista de InuYasha, bien podría estar firmando su sentencia de muerte con estas actitudes pero era por el bien de sus amigos. Con ese híbrido tan terco necesitaba tomar medidas drásticas.

    Inició por un abrazo, ahora estaba arrullándola en sus brazos mientras ella sonreía como una niña pequeña, se veía tan inocente y tierna que le pareció por un instante estar viendo a la hermana que nunca tuvo, el mismo sentimiento de paternidad y necesidad de brindar protección por sus hijas. Que Sango lo perdonara por lo que iba a hacer, pero era lo definitivo para consolidar en algo la relación de esos dos. —Señorita…—Proclamó suave para evitar ser escuchado por el semi-demonio. —Confíe en mí.

    Mansamente se aproximó hasta la mejilla derecha de la chica, ante su fuerte sonrojo por tal acción tan repentina, por instantes ella iba a reaccionar con un fuerte embiste para alejarlo, pero recordó lo dicho anteriormente y lo dejó ser. Miroku depositó un delicado beso en su mejilla cuidando el ángulo de visión de los de atrás para que aparentara algo más. Cuando se retiró le sonrió y cerró los ojos en una expresión fúnebre. —Miroku, ¿Qué le sucede? —Inocentemente lo tomó de la mejilla para tratar de que la viera a los ojos pero en ese preciso instante, sin saber cómo ni cuándo, el hombre le fue arrebatado de las manos.

    — ¡InuYasha, déjalo! —Gritó una mujer que reconoció al instante, su amiga y esposa del mismo involucrado venía a toda velocidad con la pequeña Rin detrás, realmente su rostro denotaba preocupación por la seguridad del pelinegro. Ella seguía sin comprender hasta que sus ojos se sintieron fuertemente atraídos por una furiosa mirada de ámbar.

    — ¿Inu… Yasha? —Ante la pronunciación de su nombre soltó un bufido y no se digno a mirarla más. No sabía contra quien estaba más rencoroso, contra el maldito seudo amigo que la había besado o contra ella que se dejo tocar por otro hombre que no fuera él. Por no rechazarlo a tiempo y permitir que un humano que no era su dueño tocara sus labios, algo que ni él que sí era su dueño había hecho.

    —Humana…—Soltó tan crudo como le fue posible. Quizás conseguía herirla de la misma manera en que ella lo estaba logrando. —Maldito miserable, ¡¿Cómo te atreves a tocar algo que me pertenece?! —El filo de sus garras comenzó a pasearse provocando el sudor frío de todos, estaba fuera de sí y la violencia pronto no se haría esperar, el monje estaba en problemas.

    — ¿De verdad te pertenece? —Incrédulas ladearon el rostro para buscar la justificación a una alucinación que creían tener, pero era cierto. Miroku desafiaba con la mirada al híbrido por una respuesta. Sango llevó las manos a su rostro para sollozar en silencio, su marido estaba llegando demasiado lejos con su plan, incluso estaba en peligro de muerte. —Amigo, ella ni siquiera tiene idea de que te pertenecía, no eres capaz de decírselo en la cara…

    — ¡Cállate bastardo! —Gritó acercando más sus garras al cuello. Decir que no tenía miedo era falso pues su tono de piel era cada vez más enfermizo, pero por nada del mundo se echaría para tras, ya estaba al filo de la muerte, seguir adelante no ocasionaba más que traspasar ese límite. Sólo esperaba que sí llegara a ocurrir Sango fuera capaz de perdonarlos a ambos, a él por desafiarlo y a InuYasha por no dominarse.

    —InuYasha, ella es libre de escoger a quien quiera porque no tiene nada que la ate a ti. —El cuello de su traje fue estrujado con mayor fuerza restringiéndole la entrada de aire a sus pulmones. Poco a poco se comenzaba a asfixiar, pero su sonrisa autoritaria de una figura sagrada no se marchaba. Él permanecía en silencio con el ceño fruncido y sus ojos inyectados en sangre, es verdad que nada los unía y eso lo enfurecía, no ser capaz de decir nada. Ni un simple "te quiero" —Mátame si no quieres seguirme escuchando.

    — ¡No te atrevas, InuYasha! —Gritó la castaña completamente horrorizada, instintivamente llevó las manos a su vientre donde el nuevo integrante de su familia se gestaba, sin su esposo no sabría que hacer. Igual pedía perdón a Kagome porque ella estaba dispuesta a asesinarlo si algo le pasaba a su marido. —Miroku, deja de provocarlo… Por favor…

    —Hermanito InuYasha, no le escuches… Estás muy molesto. —Replicaba Rin a punto de romper en llanto, entendía que ese señor se había pasado de la línea pero el ambarino también debía controlarse.

    Dio un vistazo a su alrededor, Sango no sabía cómo mirarlo, si molesta con él o con ambos pues sabía que Miroku tenía gran parte de la culpa.

    Lo que no llegaba a comprender es que se molestara más por provocarlo que por ese beso que le dio a su mejor amiga ¿Acaso no le afectaba? A él en cambio lo llenaba de rabia contra sí mismo y contra Miroku.

    Rin lloraba ya prácticamente, no le gustaba verla triste pero era incapaz de detenerse. Por su mente pasó la idea de saber la reacción de ella, hasta el momento era la única que no había dicho nada.

    ¿Estaría molesta? ¿O quizás ahora lo odiaba?

    No, eso no lo soportaría, que por una ocurrencia estúpida del monje le hubiera robado todas las oportunidades que le quedaban con la sacerdotisa.

    Sus ojos de ámbar la enfocaron inclinada sobre el suelo, en la misma posición. Sus orbes de chocolate no dejaban de desbordar miles de lágrimas que le hirieron, saberse el causante una vez más sólo resultaba peligroso para el hombre sostenido entre sus garras por ser su único medio de desquite. Repentinamente ella se alzó de su lugar y caminó hasta su lado, sin expresión alguna en su rostro o en sus ojos.

    Indescifrables los destellos de sus ojos de canela y chocolate que estaban absortos en su propio mundo, sumidos en la desesperación. Una profunda opresión se mezcló en su pecho con el sentimiento de amargura ¿de verdad lo creía capaz de seguir adelante con lo que amenazaba? Recordó entonces ser llamado extraño y la herida creció, cada paso dado disminuía los centímetros de separación entre una catástrofe o la salvación de sus intentos, los de ambos, por construir una relación.

    No tardó demasiado en llegar hasta su costado y sin esperar una palabra lo abrazó firmemente convirtiendo el brazo masculino en el único soporte de todo su peso. El agarre de Miroku se fue desvaneciendo y éste cayó al suelo tosiendo por la asfixia, inmediatamente pasó a segundo plano, pero para su buena suerte su esposa y la niña acompañante lo socorrieron. —Kagome…

    —InuYasha…—Sus ojos se conectaron por milésimas antes de volver a iniciar con su llanto, parecía como si esta situación le afectara de sobre manera, tenía deseos de consolarla y decirle que no era capaz… sin embargo su cuerpo parecía completamente petrificado. —Perdóname. —Receloso intentó volver a ver sus ojos al sentirse incapaz de creer lo que escuchaba; no obstante ella no se lo permitía, seguía aferrada a su brazo sin permitirse verlo.

    — ¿Querías detenerme?

    —No, yo sé que tú no lo harías… —Inclinó un poco más su cabeza para apegarla lo más posible a la cálida piel masculina que se empapaba en lágrimas. —No era verdad que desconfiaba, estaba herida y quise herirte a ti… perdón. Sé que eres incapaz de hacerle daño al monje Miroku porque te conozco, pero me duele que ni siquiera seas capaz de preguntarme que pasó antes de intervenir así…

    —Maldita sea, Kagome…—No tenía el corazón de dejar tirada así de sencillo, pero tampoco soportaba más sus palabras tan acertadas. Intervino sin saber más de lo que vio, cuando ella confiaba en él a pesar de las circunstancias; la tomó suavemente de las manos y la colocó en el suelo.

    Sus ojos infinitamente tristes le fueron incapaces de soportar y salió del lugar, a buscar algo más que una simple ayuda.

    Fue seguido por la persona que precisamente necesitaba, la nueva hermana "mayor" que le aconsejaba como una completa adulta. Se había quedado sin palabras ante la ocasión pero acababa de comprender algo más: si el corazón sigue sin querer hablar no importaba nada, no hay manera de saber la verdad…

    Las palabras que se habían dicho aquella vez seguían lastimando y quizás unas horas de separación eran muy pocas…

    OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

    N/Kou: Ewww…
     
    Última edición: 6 Julio 2014
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  13.  
    Nopal

    Nopal Usuario VIP

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    Izalinda !!!!!!!!!!!!!
    Hola mi adorada sempai..pensé que te habían abducido los aliens....jejeje.
    Es que no te veia por ningun lado ni asomada...y meno spor mis historias...ya está bian.

    Con respecto al capi, me gustó mucho, es tan inesperado. Ese actuar de InuYasha me desconcierta y de cierta manera no sé para que lado tirarle si con Kagome o con InuYasha, es que a los dos les veo algo de razón y me frustá bastante no poner en orden mis emociones. Me pongo en los zapatos de ambos -en este caso pies- y los entiendo a los dos, y no puedo tomar partido favorito.
    Espero que con gran esfuerzo las cosas mejoren e Inu decida poner las cosas como son, es decir el hecho de que ahora vivan juntos les hizo ver muchas cosas pero espero que no olviden los momentos tan divertidos que pasaron como los recolectores de la perla y puedan revivirlos y forjarlos de una manera hermosa...
    Me deje llevar es que las emociones me gana.
    Sayo.
    PD: Soy la primera jujuju. Te quiero;)
     
  14.  
    InunoTaisho

    InunoTaisho Orientador del Mes Orientador Comentarista destacado Morir es nada cuando por la patria se muere Patrocinador Nº1

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    Saludos y de verdad ya te extrañaba. La miserable humanidad... a veces somos tan orgullosos y mas las mujeres cuando no expresamos a los hombres lo que queremos o sentimos porque tambien pensamos que es evidente... y, aunque no quiera admitirlo, Inuyasha también se deja dominar por la sangre humana, por el orgullo, y por la vergüenza de hacer el ridículo, no entendiendo que si Kagome regresó es porque lo ama... ay me desesperan!!! En mi fic también le será complicado sincerarse con ella, porque él es así... algo inseguro en sus emociones y sentimientos para con su amada... le costó admitirlo jajaja Esperamos conti con ansias pero toma tu tiempo para que salga bien. Sayonara
     
  15.  
    Silk Maid

    Silk Maid Guest

    Wow me encanto!!!
    Y si, las mujeres somos asi, cuanta indecision!!! Pero ellos con su estupido orgullo no se quedan atras!!! Espero impaciente el proximo capitulo, es muy emocionante ver como estiran la cosa esto dos chicos... Podrian dejar de lado cualquier miedo y tirarse de una, pero no, dan vueltas y vueltas... Inu es un amor!!! Un poco mal encarado pero un amor al fin...
    Besos... Nos leemos la proxima...
     
  16.  
    Rainbow

    Rainbow Entusiasta

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    Me encantó todo!!
    inuyasha me pone de malas con su actitud tan pesada, digo... ¿mas genti no podria ser el hombre?
    he estado leyendote desde hace tiempo solo que en modo de VISITA porque no recordaba mi password en esta pagina

    Y que inuyasha ya se decida!! Tanto como Kagome y él son un par de indecisos D: me dan ganas de agarrarlos y zaradearlos.

    escribes bien, veo que eres cuidadosa con tu ortografia. No tengo mucha experienca en notar FALLAS asi que no dire nada, tan solo
    que lo contnues

    saludos!!:cool:
     
  17.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Escritora
    Título:
    Él no cambia
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    2327
    Título: Él no cambia

    Sumary: Post-Manga. Aunque había abandonado su época y a su familia por estar con él, las cosas no son como Kagome las imaginaba. Todo por culpa de un estúpidamente tímido semi-demonio. Todo seguía como antes, porque él no cambia…

    Ranking: K+

    Género: Romance/Humor/Comedia/Drama

    Advertencia/Recomendación: Quizás un poco de OoC.

    Cantidad de palabras: 2,199

    Disclamer: InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… Tan sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)

    .

    .

    .

    La confianza en una sonrisa.

    .

    .

    .

    InuYasha retrocedía a grandes pasos sin saber como actuar ahora.

    Kagome le había prácticamente rogado perdón por atreverse a lastimarlo y el… Tan sólo huía como un imbécil y cobarde…

    ¿Así, o más idiota?

    "Como si pudiera serlo" Se respondió mentalmente.

    A pesar de tantas cosas, su estupidez lo hacía resistirse a dar la media vuelta y arreglar esta situación de una vez por todas.

    ¿Por qué no era capaz de decidirse y volver a la cabaña, a decirle a Kagome sobre sus sentimientos?

    Cuanto extrañaba sus momentos juntos, las conversaciones que nunca terminaban, las miradas cruzadas, esas veces en que sus manos se encontraban y el calor escalaba al rostro de ambos sin tener el valor de soltarse…

    Todo era tan distinto en sólo tres años. Ni siquiera ahora podían asemejarse a tan sólo unos meses atrás, cuándo aún por lo menos se hablaban. Extrañaba el cielo azul de esos días, el cielo de ambos. En medio de la penumbra de sus recuerdos ya no importaba nada: ni la desconfianza, los celos, los planes absurdos de un monje o las intervenciones de una embarazada metiche o las ingenuas esperanzas de una infante…

    Se sentía capaz de olvidar todo por volver a estar bien con Kagome.

    Un sonido en seco lo hizo detenerse, alertándolo de inmediato. Un suave aroma embriagó el aire y le hizo bajar la guardia unos momentos, reconociendo a la intrusa como conocida. Ahí, en medio del campo decidió que aunque aún no era capaz de tragarse su orgullo podía aparentar que así era con esa mujer. —Vaya, creí que nunca te alcanzaría…—Exclamó ella, en tono cansado. — ¿Por qué huiste de esa manera, tonto? —Fue su voz aproximándose lo que le hizo dar la vuelta para enfrentarla. Era un tonto, eso ya lo sospechaba medio mundo pero seguiría sin confirmar ese dato; aunque también jamás admitiría que por cobarde escapó de ver llorar a Kagome.

    —Sango…—Llamó él con recelo, su aparente sonrisa tranquila seguía sin causarle demasiada confianza. — ¿Acaso quieres que regrese a matar al esposo tuyo, ése hijo de…?—Y lo más aterrorizante que consiguió ser la castaña lo mandó a callar con la simple mirada.

    —No, pero me preocupas. —No esperaba eso, tuvo que consentir. Pero eso de ninguna manera la excluía de ser un objeto de su arrogancia y orgullo, aunque la castaña fuera una mujer necesitaba desquitar su enfado con alguien, si no la hería con algún comentario no se sentiría satisfecho con la ira que cargaba.

    —Deberías preocuparte más por ese monje lidibinoso. —Señaló. Sango frunció el ceño, pero siguió escuchando como si nada. ¿Qué no se enteraba? Conocía a ese semi-demonio de varios años antes y reconocía cada faceta, por ahora tan sólo buscaba pleito sin importar el costo. Obviamente ella no le daría el gusto. —Están casados, se supone que debe respetarte y no andar detrás de Kagome…

    —En todo caso…—Se acercó tocándolo por sobre el hombro, ignorando su último comentario; InuYasha reaccionó en un pequeño sobresalto que casi logra arrebatar una sonrisa a la exterminadora. Por suerte, la seriedad seguía en su rostro para lograr el efecto deseado de sus siguientes palabras. —Es mi problema… ¿No lo crees? Lo dicho por Miroku es verdad, tú no tienes ningún lazo que la ate a ti, lo único que has conseguido es ser una especie de amigos compartiendo una vivienda…—Masculló sin delicadeza, estudiando las expresiones del ambarino. Su rostro era sombrío, difícil de descifrar y comenzó por causarle escalofríos. —Sin embargo es lo más lejos que puedes llegar. No debería de…

    — ¡Si me importa! —Explotó irascible, empujándola con apenas una pizca de delicadeza. Maldita labia de esa mujer que conocía su punto débil para contraatacar. Nunca debió busca pelea con una mujer, y menos si esta te conoce desde hace cuatro años; lo que ningún ser humano había durado con él, excepto por la pelinegra. — ¡Kagome debe estar conmigo porque…!

    — ¿Por…? —Cuestionó ella, alzando una ceja, deteniéndolo de decir cualquier sarta de estupideces. Sus labios se movieron, más ninguna palabra quería salir por sí misma. ¿Qué iba a decir? Ni él mismo entendía sus emociones cuando tenía a la chica cerca; eran nervios, ansiedad, angustia, rabia… Todo se arremolinaba en su interior sin una solución coherente sabía porque ella debería estar junto a alguien que no se entendía a sí mismo.

    —No entiendo porque te interesa más saber de mí que de tu esposo…—Intentó desviar el tema de nuevo a ella, sin embargo la pregunta de Sango iba más allá de simple curiosidad y motivos sencillos.

    —Porque confío en él. —Sentenció, impresionando tanto al semi-demonio que incluso se dignó a dar media vuelta y confrontarla con una expresión de incredulidad en el rostro. Ella sonrió y prosiguió a explicarse. —A pesar de todo he aprendido que la confianza en una relación es imprescindible y yo confío en que pronto obtendré una buena explicación por parte de mi marido. —En realidad, más le valía tenerla y una muy buena. Esa mirada de tendencia asesina en Sango alertaba todos los instintos del ambarino. —Y tú…—Interrumpió sus pensamientos. — ¿Confías en Kagome?

    ¿Confiar?

    InuYasha quedó en blanco.

    La verdad era que… No lo sabía.

    ¿De verdad confiaba en ella? Hace tan poco tiempo no conocía mucho de esa palabra inútil y vana en su estilo de vida; había creído confiar en Kikyou hace mucho tiempo y resultó en una tragedia dónde ambos se traicionaron por no creer en la persona que decían amar.

    Todo había sido un plan para quebrarlos desde dentro, utilizando los sentimientos que tenían el uno por el otro. Jamás se arrepintió tanto de ceder a los caprichos de un psicópata.

    Entonces… ¿Qué era la confianza?

    Sango le hablaba sobre sentirse segura sobre los sentimientos de un hombre que siempre había sido infiel, mujeriego y un pervertido con cualquier falda que se le cruzase en el frente. Parecía inconcebible… Porque, aún sin tener la explicación de su boca ella ya suponía los motivos y aceptaba que Miroku actuase de esa manera porque sabía que él no la iba a traicionar.

    ¿Y ellos? Apenas hace unos minutos entraba a la cabaña creyendo lo que sus ojos le presentaban sin considerar nada. Si lo pensaba unos segundos con frialdad, el hecho de que Miroku había dejado expuesta la escena, que Kagome estaba llorando, que quien la mecía era ese hombre… Todo pudo ser tan claro…

    Sólo vio lo que quería ver, un beso entre la pelinegra y el azulino.

    Sin embargo, en el medio de la confusión y el desespero, Kagome lo había tomado por la camisa y pedía perdón por sus palabras.

    A ella no le importaba que tuviera sujeto por el cuello al monje hasta el punto de la asfixia. ¿Por qué? Sencillo: confiaba en que no era capaz de hacer daño a un amigo. No obstante el tonto era él por no esperar una explicación de los labios femeninos. — ¿Y bien? —le apuró la exterminadora, lucía molesta al percatarse que se había olvidado de ella.

    —No. —Fue sincero, no era capaz de confiar porque no estaba seguro de ella. Más bien, no se sentía seguro de él mismo. —No sé lo que piensa, me siento inseguro… Siempre me pregunto: ¿me odiará? —Preguntó sin esperar la respuesta, extrañamente el viento pareció pronunciar "No, jamás lo haría InuYasha" ¿Imaginación, delirio o era su voz? Quizás se estaba volviendo loco. —Sango, tu eres capaz de hablar abiertamente con Miroku, pero yo con Kagome… Bueno, con nadie hablo.

    —Lo sé, incluso me sorprende que te hayas abierto conmigo.

    — ¡Feh! No digas tonterías. —Parecía terriblemente adorable con ese enorme sonrojo sobre su rostro, la castaña tenía que admitir que ese idiota era lindo cuándo sonreía de esa manera tan avergonzada.

    —Lo que me gustaría saber es ¿que sientes por mi amiga…?—No, demasiado pedir para él.

    Sango estaba sospechosamente amigable y platicadora, incluso parecía mirar seguido a los arbustos laterales.

    No le prestó demasiada atención a la pregunta ya que aún no tenía la respuesta ¿Qué sentía? Pues egoístamente la quería pegada a él todo el tiempo, no quería que hablara con nadie más –esencialmente otros hombres- y deseaba que dejara de llorar y le sonriera sólo a él. Según los humanos eso era el cariño, entonces él la quería… Sin comprender que es lo que realmente abarcaba.

    No podía dar una definición al sentimiento que aceleraba su corazón cuando estaba cerca de ella.

    Una furtiva mirada, esta vez más descarada, hacia el arbusto que se movía demasiado le hizo caer en cuenta de los hechos. Lo mismo que había hecho Miroku instantes atrás para reconciliarlos, según él, y al parecer ahora Sango era la enviada.

    Olfateó el aire percibiendo la dulce fragancia de su sacerdotisa y la del otro odioso y metiche que sentía era incapaz de tolerar a escasos metros.

    Sus sospechas se habían confirmado, Kagome estaba escuchando detrás de ese arbusto. Gruñó un poco sin embargo luego se calmó, quizás era mejor así, porque jamás sería capaz de decirle todo eso a la cara y menos ahora que su rostro ardía en vergüenza. Menos mal que no pensaba en voz alta…

    ¿Cómo explicarle? No confiaba en ella ni en sí mismo y creía que la quería como todos los humanos lo hacen con alguna persona que llega a ser especial. Su sentimiento era parecido al que tuvo por Kikyou, y a la vez era tan intenso y diferente; deseaba protegerla, estar a su lado y seguirla a dondequiera que vaya, inclusive formar un hogar de humanos.

    Y si Kagome se iba… Si se iba, se sentía desolado, si sonreía y hablaba con alguien más le hervía la sangre de furia, si lloraba por su culpa le daban ganas de estrellar su propia cabeza contra un árbol. Más fuerte, más penetrante que antes… ¿El cariño entre humanos era siempre tan abrumador? Apretó fuerte su puño, preocupando a la castaña. — ¿Qué te sucede?

    —Sango, yo… a Kagome…—Avanzó hasta los arbustos ante una mirada nerviosa de la castaña. No se había percatado de nada por la inmensa felicidad de creer que al fin conseguiría la confesión de InuYasha, gracias al cielo que no se entretuvo pidiendo explicaciones a Miroku de "ése" hecho y siguió sus consejos. Kagome, detrás de aquellas ramas, escucharía todo.

    — ¿Si? —Inquirió ansiosa la castaña, parecía que fuera a ella a quien se le estuvieran declarando.

    —La he visto aquí detrás. —Y con sus garras destazó cada rama y hoja hasta destapar las tres figuras frenéticas que buscaba un escape por cualquier medio. Miroku, Rin y Kagome sonreían intentando apacigua la vena saliente y la ira latente del ambarino con los ojos entrecerrados. —Incluso están tu esposo y Rin. —"La quiero" quería decir "Yo a Kagome la quiero" pero la vergüenza de una situación donde todos estaban presentes lo impidió.

    — ¡¿Qué hacen ahí!? —Sango intentó parecer sorprendida, pero el plan estaba descubierto y no había marcha atrás.

    —Bueno, yo estaba preocupada por InuYasha…—Rin fue la primera en alzar la voz, al igual que correr al lado de Sango.

    —Eh, yo… ¡Vine por mi esposa! —Igualmente escapó con su mujer, Sango aunque estaba aturdida tenía una fiera expresión de batalla por si se atrevía a tocarlos.

    —InuYasha… yo…

    —Kagome…—Se vio interrumpida bruscamente.

    Ni hablar, suspiró pesadamente preparándose para la sarta de insultos, grosería y reclamos que seguro soltaría por haber estado espiando. Después de todo, él dijo no confiar en ella. —Lo siento…

    InuYasha abrió los dos soles que eran sus ojos, parecían una visión irreal de la miel bañando un ocaso y extinguiendo todo matiz duro y frío, sólo quedaban los tonos dulces y de empalago que le dedicaba a la azabache. Inuyasha se colocó en cuclillas, musitando sobre su oído. —Per-Perdón por hacerte llorar. —Tartamudeó un poco, la verdad es que estaba realizando su mejor esfuerzo por ser entendible. —Mejor sonríe…

    —InuYasha, tú…—Con lágrimas en los ojos se abalanzó para abrazarlo.

    —Una vez te lo dije…—Dudó un poco. —N-no me escuchaste por quedarte dormida pero… m-me gus-gusta mucho t-tu sonrisa…—Y provocó un sonrojo en ambos, por lo que se separaron abruptamente.

    Y a pesar de lo dulce del momento el híbrido salió huyendo avergonzado por semejante confesión, que a su parecer, era demasiado para un par de vidas. Por más que fuera una verdad le costaba decirlo, aunque el hecho de verla sonreír resultaba una grata recompensa.

    Así, surcando rama tras rama para alejarse veía como esa sonrisa adorada se extendía por sus labios hasta el máximo punto, adoraba verla sonreír.

    Sus piernas cesaron al momento en que una nueva idea surgió en su mente; sí, había sido vergonzoso decirlo pero esperaba con sus palabras verla sonreír.

    De un modo u otro estaba mintiendo antes, quizás no se había percatado todo este tiempo al no entender el significado de esa palabra, pero al fin reconocía que confió en que ella sonreiría después de eso. Si entre ellos existía la confianza, sería la de ver siempre en ella una sonrisa.

    Ese tonto de Miroku… Pero gracias a su ayuda esta vez había logrado un avance; lástima que por orgullo esta noche se vería obligado a buscar otro lugar para dormir.

    .

    .

    .

    N/dp: :3
     
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  18.  
    Cinderella

    Cinderella Usuario común

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    Ugh, por fin comento este fic. Waoh, me encanta la idea, es un poco dramatica y me gusta.
    Ahm ¿Por que Inuyasha no puede decir lo que siente? Porque no es facil, eso lo se y lo comprendo; Kagome, deberia ser un poco mas flxible y comprender que Inu no es muy abierto. Waoh, espera ¿Miroku besando a Kagome? Eso es un poco raro..
    Me encanta tu forma de narrar, he leido otras historias tuyas pero se me olvida comentar :c
    Saludos^^

    Sayonara~
     
  19.  
    InunoTaisho

    InunoTaisho Orientador del Mes Orientador Comentarista destacado Morir es nada cuando por la patria se muere Patrocinador Nº1

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    Miroku besando a Kagome, y delante de su amigo, por no decir de su mujer??? claro que solo es algo de buen amigo verdad??? porque si los pones a los dos, a Kagome y a Miroku como infieles traicioneros te mato y te abandono por malvada!!!En serio que me enfermaria pensar eso, claro que tal vez Inuyasha vea moros con tranchete, como los estamos viendo varias verdad? No serías capaz de hacerle eso a la dulce Sango, bueno Miroku, porque si fuera asi lo mato y que Sango sea autoviuda!... y a ver si el hanyó aprende a tratar a una mujer con cariño... espro conti y no me los vayas a desviar del buen camino plis
     
  20.  
    Nopal

    Nopal Usuario VIP

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    Kyaaaa
    Dudo que Iza linda quiera ponerles de infiel. Supongo yo por que ya lo leí-creo-
    Pero aun así sorprende mucho lo que está haciendo Miroku...

    Sango con sus cambios de humor-que linda y mala-jejeje.
    Rin andado de compinche (amiga) de Inuyasha y hasta de hermanos se tratan ¡que lindura!
    Supongo que Miroku hace eso para que Inu reaccione y se declare de una ¡#$%Q&$&@ vez!
    Me desespera mucho que ande de miodoso, no sé a que le teme, Kagome lo ama, él la ama. POr Kami todo esta hecho solo falta decirlo....
    Gracias Izalinda por el capi....y bueno mañana es 15 espero que llegue lo tan esperado que esperas.
     

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