Él lo cambió todo

Tema en 'Fanfics abandonados sobre Libros' iniciado por JessCullen, 6 Julio 2011.

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    JessCullen

    JessCullen Usuario común

    Virgo
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    6 Julio 2011
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    216
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    Escritora
    Título:
    Él lo cambió todo
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    5749
    *Canción recomendada: Higher- Erik Grönwall.*
    EdwardPOV


    Capítulo 21: Luchar por lo que quieres, a veces, está mal

    Mi maldita suerte. Mi maldita vida. Mi maldito yo.

    Bella se había encerrado en su habitación, ese amigo suyo estaba más que furioso justo en frente de mí y yo no podía hacer otra cosa que repetirme la misma frase.

    “Eres igual que tu padre”

    Ella tenía razón, no debía enfadarme porque me hubiese asaltado con la pura verdad. Pero justamente había tenido que salir de sus labios; eso era lo que más dolía. Quería explicárselo todo, encontrar cualquier cosa para que me perdonase. ¿Pero qué estoy diciendo? No merecía el perdón de un ángel como ella. Agh, ¡había tantas cosas de las que preocuparse últimamente! Pero en mi cabeza solamente estaba Bella.

    —Te juro que acabaría contigo aquí mismo Cullen. —bramó el chico de piel cobriza, conteniendo la furia que le embargaba.

    Hice una mueca irritada y, por una milésima de segundo, quise estamparlo contra la pared. Luego me arrepentí de ello, ya que era el mejor amigo de Bella y no quería hacerle más daño del que ya le había hecho.

    Suspirando contra la puerta y sin poder oír nada en el interior de la habitación de Bella, di media vuelta.
    Hice callar a una voz que me decía: “Ve con ella”, haciendo caso a otra que gritaba: “Ya le has hecho suficiente daño”. Dejé al muchacho de piel cobriza en medio del pasillo mientras él me acribillaba con pensamientos encolerizados.

    No voy a dejar que Bella se quede con este imbécil. Ojalá desapareciera, ¡maldito asesino!—gritaba Black internamente.

    Ojalá yo desapareciese... Sí, estaba de acuerdo en eso. Bajé las escaleras y me prohibí a mi mismo volver a leer la mente de alguien. No quería ni imaginar qué pensarían de mí si, además de tener la sangre de un asesino, se enteraban de que poseía un extraño don. Mi vida era un constante martirio...

    — ¿Te largas? ¿Así, sin más? —esa grave voz seguía persiguiéndome a mis espaldas.

    —Vete, Jacob. —fue lo único que pude pronunciar sin salirme de mis casillas. Llegué al hall y paré en seco justo frente a la puerta de entrada, esperando a que el chico saliese de casa.

    —No. —contestó tajante.

    Mi paciencia se iba agotando y más cuando le vi frunciendo el ceño, cruzado de brazos amenazante. No se escuchaba nada allí, salvo nuestros bufidos enfurecidos.

    —¿Tu padre mató a los padres de Bella?

    —Está conversación se ha acabado, Black. —sentencié, girándome para no verle.

    —A mí me parece que no ha hecho más que empezar.— respondió Jacob, sin abandonar su tono desafiante. Supongo que, al ver que no obtenía reprensión por mi parte, decidió continuar:— Mira, Cullen, dejémonos de peleas. Hablemos como adultos, ¿de acuerdo?

    ¡“Hablemos como adultos” y él era el primero en perder los nervios!

    Está bien, está bien, Edward guarda las formas.

    —Tengo prisa. —me limité a decir, aún sin darme la vuelta.

    —No tengo pensado interrogarte durante una hora.— Jacob bufó y ahí fue cuando me volteé para observar con detenimiento sus reacciones.— Explícame todo eso de tu padre, ¿vale?

    —Ni hablar. —respondí, negando con la cabeza y riendo amargamente por tal idiotez.

    —Quiero ayudar a Bella. Quizá pueda animarla de alguna manera si conozco toda la historia.

    Lo más racional es que hubiese sido feliz porque su mejor amigo estuviese con ella en estos momentos. Pero no. Sinceramente, no podía pensar en ver a alguien a su lado, haciéndola reír. Es más, deseaba que ese alguien pudiera ser yo. Claro que eso eran pensamientos egoístas; yo no la merecía. Por mucho que doliese, Jacob Black era el adecuado para Bella y debía aceptarlo.

    Asentí levemente, frunciendo el ceño y exhalando con fuerza.

    —Mi padre... —me embargaba un tremendo odio cuando recordaba su rostro. Odiaba a ese hombre con toda mi alma.— Seré breve Jacob, porque no me es fácil hablar de esto.— expliqué, mientras él apoyaba su espalda contra la pared. —Mi padre se llamaba Edward, al igual que yo. —expliqué al verle sorprenderse.— Él era un borracho, un hombre desquiciado que no me quería ni a mí, ni a mi madre. Yo tendría 6 años cuando una noche apareció en casa ebrio y me pegó. Mi madre se interpuso y al final acabó matándola a ella. He vivido en orfanatos des de entonces, ya que a mi padre lo condenaron a 20 años de cárcel después de su homicidio. A mí me siguen pareciendo muy pocos...

    —Pues como a mí. —alcé la mirada y vi que Black mantenía la suya clavado en mí.

    Tragué saliva y continué:

    —Supe muy poco de mi padre de ahí en adelante. Carlisle y Esme me adoptaron al cumplir los 16. Tan solo recibí noticias de él una madrugada, cuando llamaron de la comisaría. Tuve que ir y fue entonces cuando me enteré de lo que había sucedido. Mi padre había participado en una carrera de bólidos ilegal en Port Ángeles y la cosa no había acabado bien. Me comunicaron que había muerto a un agente de policía y a su esposa, dejando a su hija adolescente huérfana. Nunca me había sentido más avergonzado por ser su hijo que en ese momento... Sobre todo tras ver a una chica derramar lágrimas en una de las sillas de la comisaria. Supuse que sería la hija de la que me habían hablado.

    —Es clavado a lo que me contó Bella en el orfanato. Sobre la muerte de sus padres. ¿Era ella?—intervino Jacob, después de estar inusualmente callado un buen rato.

    Asentí despacio, luchando por no derrumbarme. La imagen que vi aquella noche me torturaba por dentro cada día, no podía soportar verla como la vi; desolada, triste, con los ojos enrojecidos por el llanto...

    Gruñí sin poder evitarlo.

    —Meses más tarde, mis padres adoptivos decidieron ampliar la familia y para su mala suerte, fue Bella quien tuvo que llegar aquí.

    —¿La reconociste?—preguntó Black, con cierta curiosidad en la voz.

    —Sí...—volví a sentir la rabia que me consumió el primer día que ella entró por la puerta. No podía creer que yo le fuese fastidiar la vida aún más. ¡Me odiaba a mí mismo!

    —Cientos de personas y tuvo que ser justamente ella... —comentó Jacob, negando con la cabeza.

    —Eso fue lo que pensé también. Sabía que si cogíamos confianza acabaría descubriendo quien era yo y de donde provenía. Luego se mudaría a cualquier otro lugar lejos de aquí. No podía soportarlo... Así que decidí hacer lo imposible para que no se acercase a mí, pero supongo que no fue tan sencillo como esperaba... —apreté la mandíbula recordando.

    —Por eso siempre que os veía estabais cabreados... —parecía que todo cuadraba ahora para Jacob.

    —Me comporté como la persona más mezquina del mundo. Debía hacerlo. —estaba seguro que mi cara se contraía en una mueca de dolor.— Pero nada ha sido suficiente...— suspiré apesadumbrado.

    —Ella te gusta. Como algo más que como una hermana, ¿cierto? —miré a Black cuando dijo aquello. Sus puños se cerraban con fuerza y las aletas de su nariz estaban dilatadas por la cólera.

    —No. —recé para que si lo decía abiertamente pudiese creérmelo, pero no fue así. Bella no me gustaba; estaba enamorado de ella. Y eso no hacía nada fácil mi tarea por evitarla.

    —¿A quién quieres engañar, Cullen?— rugió el chico.

    A mí mismo.

    Decidí que ya era suficiente y me marché hacia el comedor. Mientras caminaba oí un bufido y un golpe seco. Seguro que Black estaba descargando su rabia contra algún mueble.

    Llegué a la cocina sin encontrar a nadie a mi paso. ¿Pero a donde me dirigía? Ni lo sabía, ni me importaba.

    Suspiré.

    Como deseaba que las cosas fueran algo más fáciles para nosotros. Como deseaba no haber conocido nunca a Bella. Espera, no. Eso último era imposible, porque si jamás la hubiese conocido ahora mismo no conocería lo que es la felicidad. Porque eso era lo que sentía cuando estaba con Bella; felicidad. Lo que sentí las pocas veces en que nos tratamos como amigos, la noche anterior cuando... Los labios de Bella, su exquisito sabor, la electricidad que me recorrió la columna. Todo regresó a mi mente.

    Golpeé la mesa con rabia y después me metí las manos en los bolsillos sin dejar de caminar por la casa.

    Apreté los dientes. No podía creer que aquello se acabase, que cada hora que pasaba era una hora menos que tenía para estar con ella.

    Volví a golpear una pared tras pasar junto al segundo comedor.

    La imagen de Bella sonrojada pasó como una estrella fugaz por mis recuerdos.

    El pecho se me encogió en un instante. No, no podía marcharse. ¡La necesitaba para respirar, para vivir! ¡Maldita sea!

    Llegué hasta la tarima de mi piano, subí las pequeñas escaleritas y acabé sentado en el taburete negro frente a las teclas. Me quedé absorto un buen rato, luchando por hacer desaparecer el nudo que tenía en mi garganta.

    Dirigí un momento los ojos hacia las estanterías con libros que resguardaban mi posición y pareció como si volviese a ver a Bella rebuscando entre ellas. Sonreí instantáneamente. Era adorable.

    ¡¿Por qué el destino tenía que arrebatármela?!

    Di un manotazo a las teclas del instrumento que hizo resonar una terrible y tétrica nota musical por todo el primer piso.

    Tenía que encontrar a Carlisle. Él había estado investigando los progresos, había estado haciendo pruebas, tendría que tener la solución a estas alturas. Bella necesitaba que la tuviese.

    Caminé apresuradamente hacia las escaleras, las subí y entré al despacho de mi padrastro sin llamar antes.

    —Carlisle. —dije, viendo que se encontraba ensimismado con algún documento sentado en su escritorio.

    —Edward. —se sorprendió, levantando la mirada.— ¿Qué ocurre?

    —¿Qué pasa con Bella? ¿Ya hay solución? —pregunté a la carrera.

    Carlisle regresó a sus documentos, pensando las palabras que iba a escoger. Fisgué en su mente (a pesar de haberme prometido no hacerlo) pero tan sólo encontré lo que estaba leyendo en ese momento: el historial de un tal Ian McGregor. ¡Me importaba un carajo ese Ian!

    —Carlisle dilo ya. —presioné con mis nervios a flor de piel. Generalmente yo era un persona paciente, pero era de Bella de quien estábamos hablando.

    —Su tumor es... algo más complicado de lo que me esperaba.—dijo, calculando bien la frase. La respiración se me entrecortó poco a poco. Él, viendo mi expresión aterrorizada, se levantó de su silla y me hizo un gesto con la cabeza para que me sentase en las butacas de la esquina del cuarto. Hice caso y me encontré acomodado frente a él.

    —Pensé que sólo era cuestión de unas cuantas pruebas y un tratamiento adecuado. Tú dijiste...

    —Sé lo que dije, Edward.— me interrumpió, inspirando. Percibía que estaba triste y eso no era buena señal.— Lo hemos comprobado a la perfección y no hay duda de que es un tumor mediastinal. Su cuerpo no aguantará mucho más si no intervenimos pronto.

    —¿Tumor? —me sorprendí en exceso al escuchar una voz femenina demasiado familiar.

    Unos pasos retumbaron por el despacho hasta detenerse a mi lado. No me atreví a alzar la cabeza, que se mantenía quieta y con la mirada ausente.

    —Bella, calma.— reaccionó mi padrastro, abandonando su posición en la butaca y agarrando a mi hermana por los hombros.— Arreglaremos esto más tarde, ahora vuelve a..

    —No, no. Quiero saberlo. —exigió, empezando a entrar en pánico. Aún a sabiendas de que mi ángel lo estaba pasando mal, yo no podía articular palabra. Tanto esmero porque Bella no se enterase de nada, no se alarmara antes de tiempo… Ahora se había fastidiado.

    —Bella no te preocupes, te prometo que estarás al tanto de todo muy pronto. —el tono sosegado de Carlisle no pareció tranquilizar a mi hermanastra, que se removía inquieta entre su agarre.

    —¿Que no me preocupe? Carlisle, ¡tengo un tumor! Mierda... ¡Tengo un tumor y nadie se ha molestado en decírmelo! ¿De-desde cuando lo sabíais?— por ese “sabíais”, supe que se estaba refiriendo a los dos.

    —Tranquilízate. De verdad, resolveremos esto mañana. Bella, te prometo que te lo explicaré con detalles.— insistió Carlisle, con su impasible tono sereno. Se notaba que era médico y estaba acostumbrado a escoger el momento adecuado y las palabras adecuadas para decirle a la gente que se estaba muriendo.

    Un escalofrío me recorrió el cuerpo y al fin volví en mí. Con extrema lentitud, me recobré del trance y me coloqué detrás de mi padrastro. Los ojos de Bella estaban irritados y rojos, aún con algunas lágrimas alrededor. Hubo un segundo en que nuestras miradas perturbadas se encontraron y, fugazmente, volvieron a alejarse.

    —De acuerdo... Y-ya...—Bella se aclaró la garganta y procuró serenarse.—Estoy bien. Sólo quiero saber qué me está pasando. Por favor. —suplicó.

    Se me partía el corazón tan solo con verla en ese estado.

    Carlisle pareció ceder cuando regresó a su butaca de cuero, teniéndonos a Bella y a mí expectantes, también sentados en butacas.

    —Comprendo que lo que voy a decirte no es fácil de asumir, pero antes de nada debes entender que estamos haciendo lo posible por tu caso.— comenzó mi padrastro, dirigiéndose a Bella.

    De reojo, vi como mi ángel asintió con la cabeza. Admiraba su entereza en estas situaciones, una entereza que a mí se me estaba agotando.

    —¿Cuál es el problema? Un tumor mediastinal. Es raro que esta clase de tumores les sucedan a jóvenes sanas como tú, por lo que te encuentras entre las excepciones a la norma.

    —¿Y qué es exactamente ese tumor?— preguntó Bella. Justo lo mismo que quería saber yo.

    —Es una alteración en tus tejidos. Un aumento de células nada bueno para tu cuerpo. En tu caso, se ha colocado en la parte anterior de tu tórax. Es decir, al lado del corazón.— percibí que mi padrastro intentaba utilizar un lenguaje menos médico para que pudiésemos entenderle bien.

    Un jadeo involuntario salió de los labios de Bella y tuve ganas de cogerla de la mano, asegurarle que todo saldría bien a pesar de no conocer realmente si eso era cierto o no.

    —¿Por qué no me lo dijisteis?— ella soltó la quistión que yo más temía. O quizá lo que más temía era su reacción por nuestra respuesta.

    —Quería estar totalmente seguro de no estar equivocándome con otro tipo de alteración. Lo hablé con Edward y acordamos que era mejor no confesarte nada hasta que mi teoría fuese inequívoca . —Carlisle tiró la bomba, lanzó toda la información sin miedo. Aunque claro, se había saltado la parte en la que justificaba por qué habló conmigo sobre aquello antes que con cualquier otro. En realidad él no me quería meter a mí también en el ajo, fui yo quien husmeé en su cabeza hasta encontrar lo que buscaba: el problema de Bella. Mi padrastro no tuvo más remedio que revelármelo, sabiendo que me había enterado de prácticamente todo el tema.

    Bella tenía el ceño fruncido y sus ojos corrían de un lado a otro. ¿Qué estaría pensando? Odiaba que ella fuese la única persona la cual su mente me estaba restringida. Era un completo misterio, por mucho que me esforzara era imposible oír sus pensamientos. Me frustraba ese hecho.

    —Entonces qué... ¿Qué me va a pasar? —Bella pretendía mostrarse dura, pero en el fondo sabía que estaba asustada. Podía verlo en sus ojos achocolatados.

    —El tumor ya ha dejado ver sus primeros síntomas. Primero el paro cardíaco en la playa, después la subida de temperatura inmediata. No podemos arriesgarnos más, Bella. —explicó nuestro padrastro.

    —Pero tienes una solución. La tienes ¿verdad? —intervino ella, muy atenta a la expresión de Carlisle.

    —Las cosas no son tan sencillas... —reprendió él.

    —¿Eso qué quiere decir? —repliqué por primera vez, antes de que Bella pudiese hacerlo.

    —Hay que extirpártelo.— volvió a dirigirse solamente a mi hermana.— Se necesitará intervención quirúrgica.— Carlisle hablaba como un profesional en la materia, como si le estuviese hablando a un paciente rutinario.— Seré franco, es una operación complicada. El corazón, los vasos sanguíneos... Hay demasiados órganos vitales cerca.

    —¿Qué porcentaje de riesgo tiene la intervención? —necesitaba saberlo, necesitaba que la respuesta fuese positiva. Por favor, por favor. No podía perderla para siempre.

    —Un 90%. —el rostro de Carlisle se mantenía frío.

    —¿De qué viva? —la voz de Bella tenía un tono esperanzando que no le había escuchado hasta ahora.

    Los dos conteníamos la respiración, esperando que nuestro padrastro contestase. Él se dedicó a negar con la cabeza y ahí se me vino el mundo a los pies.

    —De que mueras. —sentenció.

    No, no, no, NO. Noté como si Bella estuviese colgada de un precipicio, como si cada vez estuviera más cerca del vacío y más lejos de mí.

    —Pero tiene que haber otra manera. Algún medicamento, ¡cualquier cosa! —bramé de repente, alzando en cuestión de segundos de mi asiento.

    —Hijo, cálmate. Sabes que he hecho todo lo que he podido. Si existiese cualquier otra alternativa la llevaría a cabo, pero no la hay. —las palabras de Carlisle eran como balazos directos a mi pecho.

    Miré desesperado a Bella, tan frágil, sentada en la butaca sin moverse un centímetro. Se había quedado en shock, seguro. A mí me hubiese sucedido lo mismo, pero al parecer mi furia había sido más rápida en llegar.

    —¡Carlisle, no puedes arriesgarla de ese modo! ¡Lo más probable es que muera! —gruñí, moviendo las manos de un lado a otro.— ¡Conoces la probabilidades, tienes que encontrar otro remedio viable!

    —Edward lo he intentado. Yo también desearía que hubiese otra opción, créeme.— mi padrastro no perdía las formas y continuaba sentado.

    —Bella no se arriesgará a algo así. —concluí, apretando los puños a mis costados.

    —Creo que eso lo decido yo. —la aludida había recuperado la concentración y se había levantado para encararme.— Ya has oído, es la única solución que tenemos.— se resignó ella, testaruda como siempre.

    —¡No! ¿Y ese 90%? ¿Qué me dices de las posibilidades de morir? —mi alma se iba haciendo pedazos con todo aquello.

    —Me asustan, sí. Pero... ¡Mierda! ¡¿Qué voy a conseguir quedándome aquí quieta?! ¡Si tengo alguna posibilidad de luchar quiero intentarlo! —Bella también había perdido los nervios, frunciendo el ceño, bufando y moviéndose de un lado para otro rápidamente.

    —¡Deja de ser tan cabezota y escúchame! —grité rogando porque me hiciera caso.— Bella, por favor, no hagas esto.

    —¿Por qué? Ya te he dicho que no vuelvas a meterte en mi vida, que me olvides. —ella habló entre dientes, haciendo caer una lágrima por su mejilla.

    Extendí la mano para secársela, como un acto reflejo, pero Bella dio un paso atrás. Mi cara se encogió en una mueca abatida.

    —Chicos, no es hora de peleas. —Carlisle hizo de mediador, posicionándose entre los dos.— Bella debes decidir. ¿Quieres que se lleve a cabo la operación?

    —¡No! —gruñí, en busca de los ojos de mi ángel. Quería que se quedase, ella debía vivir.

    —S... S-sí. —suspiró Bella.

    —De acuerdo. —asintió mi padrastro.— Yo mismo te operaré, estaré ahí contigo. Puedes confiar en que mis compañeros y yo somos unos de los mejores del mundo.

    Bella afirmó una vez y luego abandonó la habitación a paso rápido, mientras que yo la seguí sin echarle un último vistazo a Carlisle. Cerré la puerta del despacho a mi paso y recorrí el largo pasillo hasta llegar a la cima de las escaleras que bajaban al primer piso. Ella se había dado cuenta de que la seguía, porque de repente paró en seco antes de bajarlas.

    —No puedo creer que me mintieras también en esto...—murmuró de espaldas a mí.

    —Lo hice porque pensé que era lo mejor. —me defendí, no soportando ver como se entristecía por mi maldita culpa.

    De repente, ella se giró y avanzó hasta colocar un dedo en mi pecho.

    —Primero lo de tu padre, ahora lo de mi enfermedad. ¿Qué más me estarás ocultando? A veces siento como si no te conociese para nada. —decía todo aquello con repugnancia en la voz.— ¿Qué estoy diciendo? Yo no te conozco absolutamente nada. Cambias de un día para otro. ¡Aclárate de una vez!— sus orbes chocolate destilaban odio a mares.

    Con repentino fervor, atrapé su cuerpo entre mis brazos e hice chocar su espalda contra la pared. Me mantuve frente a ella, impidiéndole salir de mi encierro con un brazo colocado a cada lado de su cabeza.

    —Está bien, ¿no quieres que haya más secretos? No los habrá.— aseguré.— Bella, me he comportado así solamente para que no te acercases a mí y no descubrieras la verdad sobre mi padre. No debí hacerlo y lo siento. Pero no podía soportar la idea de que te marcharas si te enterabas de todo.— no me di cuenta hasta que acabé de que mi cabeza había quedado a escasos centímetros de la suya.

    —Si tanto querías evitarme, ¿por qué narices me besaste aquel día en el karaoke?— supuse que estaba al borde del llanto. ¿Es que yo sólo la hacía llorar y llorar? Era un monstruo.

    —La fastidié completamente. No debería haberme permitido estar a solas contigo, porque des del principio me atraías y eso era inaceptable. Pero entonces llegó la feria, mis hermanos nos dejaron solos y yo no paraba de replantearme la misma pregunta: ¿Tan malo sería que me dejara llevar por mis impulsos? Gracias a Dios llegaron Jessica y los demás para devolverme la cordura. — mascullé.

    —Oh, ya veo. ¿Qué hubiesen pensado los demás si veían al gran Edward Cullen saliendo con…? —se señaló a si misma sin poder terminar la frase.— Entiendo.—suspiró.

    — No entiendes nada… —me lamenté.— Te esquivaba siempre porque… Dios, ¡tenía miedo de mi mismo, Bella! ¿Y si llegase a ser igual que mi padre? No podría perdonarme jamás el hacerte daño algún día.

    Ella se mostraba asombrada, pero yo continué sin parar:

    —Sin embargo todo pensamiento lógico en mí se disipó después de cantar en el pub. Tú… Tú me deslumbraste por completo y ya no pude hacer nada para sofocar mi deseo.

    Bella pestañeó sin para varias veces, aún analizando lo que le acababa de decir. O al menos eso creía yo. Pero de la nada, sus ojos se transformaron en algo más calculador.

    —¿Y qué me dices de tu novia? ¿También tienes alguna excusa para eso? —me reprendió.
    —Nunca te he dado una excusa.— reí amargamente.— Después de aquel beso me di cuenta de que las cosas ahora serían diferentes entre tú y yo. Y esa clase de relación no podía existir para nosotros. Así que en cuanto tuve oportunidad ideé el primer plan que encontré: besar a otra.— aún no había acabado y Bella hizo ademán de querer responder. Seguí hablando sin dejarle intervenir:— Lo sé, ¡fue una idea de lo más cruel! ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Eres muy perceptiva y nada fácil de engañar. Debía realizar un buen movimiento, algo tan lamentable que dejases de hablarme para siempre.

    —Si tan claro tenías eso, ¿por qué no parabas de hacerme creer que…?— Bella tragó saliva audiblemente y se ruborizó.— Esto… Yo entendía que tú te preocupabas…— tartamudeó, aún roja como un tomate.

    —Un día actuaba como si me preocuparas y al día siguiente era como si no existieses. ¿Es eso a lo que te refieres?— adiviné.

    Bella asintió, recuperó la seriedad.

    —Por qué he sido un estúpido. Siempre buscaba pretextos para poder acercarme a ti, estar contigo. Luego lo consideraba mejor y me prohibía volver a sucumbir ante mis deseos. Lo que yo quisiera o no era lo menos importante aquí.— los recuerdos me abrumaban uno a uno.

    —¿Cómo sé que puedo confiar en ti? Me has contado trolas desde que te conozco y eso no puedes negarlo.— Bella tenía razón.

    —Porque, ¡diablos!, me muero de celos cada vez que estás con cualquier chico que no sea yo; cada vez que Jacob te abraza y te hace sonreír. Me recuerda a que podría ser yo quien estuviese a tu lado y sin embargo me es imposible.— me lamenté, entre gruñidos.

    —No, tú y Jake no os lleváis bien por las absurdas clases sociales.— afirmó Bella.

    Alcé una ceja. ¿Cómo no se había dado cuenta de la atracción que sentíamos hacia ella? ¿De verdad creía eso?

    —¿Cómo puedes estar tan ciega, Bella?— me reí sin pizca de alegría.— Eres tú la razón por la que nos comportamos de ese modo. Solamente tú.

    Ella inspiró y exhaló varias veces.

    —¿Y qué se supone que he de hacer ahora?— preguntó Bella, con algo de ironía en la voz.— ¿Tirarme a tus brazos?

    —Por supuesto que no.— dije rápidamente. Dios santo, esa era la peor idea que podría tener.— Tan solo te pido que me odies. Ódiame tan profundamente que no pueda volver a mirarte a la cara nunca más.— le pedí, sintiendo el dolor que me producía esa petición.

    —Tú me quieres, pero al mismo tiempo deseas que te odie…— se repitió para sí misma.— Pues no le encuentro lógica. Alguien me dijo una vez que hay que luchar por lo que quieres.— frunció el ceño.

    —A menos que luchar por lo que quieres esté mal. Como en este caso.— rectifiqué. Bella seguía sin entenderlo, dado su semblante confundido.—No se me ocurre como explicarte esto para que me entiendas… —cavilé para hallar la manera adecuada de confesar lo que sentía.— Toda mi vida he ido siguiendo la corriente, sin saber por qué existía. He pasado por muchas pruebas durante estos años y las he superado solo. Pero cuando te conocí… Cuando te vi… Es algo en lo que, no sabes cómo ni por qué, pero al mismo tiempo estás seguro de que ni tú, ni tu vida va a volver a ser la misma. Tu felicidad tan solo depende de esa otra persona y es entonces cuando te levantas por las mañanas sabiendo que tienes algo por lo que vivir un día más. Pero en mi situación, se trata de que tú encuentres tu camino lejos del mío. No mereces al hijo de un monstruo, proveniente de su misma sangre… Aspiras a mucho más y todo lo que quiero para poder seguir viviendo en paz conmigo mismo es conseguir que tú seas afortunada.

    Bella se mordía el labio y cerró los párpados. Quedé parado en la misma posición, esperando que hablase de nuevo. No lo hizo. Se limitó a desahogarse derramando lágrimas por doquier y arreándome algunos manotazos directos a mi pecho. Era tan débil su fuerza que más que golpes se asemejaban a caricias. Pero sabía que estaba cargada de rabia y la dejaba ir contra mí. No me enfadaría por ello; lo merecía.

    —¡E-eres un-n id-diota!— sollozó, pegándome todavía.

    Lentamente, apoyó su peso de espaldas contra la pared y tardó unos instantes en recobrarse, sorbiéndose la nariz.

    —S-sea como sea… —Bella exhaló un gran trago de aire, sin mirarme directamente a la cara.— Ahora ya no tiene sentido todo esto. Me es imposible marcharme tan sólo porque conozca tu… secreto.— vaciló.— ¿Qué importa que yo te ame a ti o que tú me ames a mí? Estoy en las últimas, mi única esperanza es salir del hospital con el corazón aún latiendo.

    Me huebiese puesto por las nubes tan solo porque ella había vuelto a confesar que me quería (a pesar de que no era lo correcto) pero estaba demasiado pendiente de su última frase.

    —Si esperases un poco más, quizá…

    —No.— su testarudez iba más allá de su propia seguridad.

    —Si dejases que los médicos trabajasen en otras opciones, encontrarían una cura menos peligrosa.— argumenté, acercándome más a su rostro.

    —¡Se me acaba el tiempo! ¿Es que no lo entiendes?— bramó ella, colocando sus brazos uno a cada lado de su cuerpo.

    —No tienes que precipitarte, si somos pacientes la cosa se acabara arreglando de otro modo.— rogué porque, al menos, considerase la idea.

    —Edward apártate.— ordenó con un tono débil.— Quiero irme a mi cuarto.

    Ni si quiera se había parado a pensarlo un segundo. Mi desesperación por mantenerla con vida estalló.

    —¡Por Dios, Bella! ¡Ódiame por favor, ódiame! Pero te lo suplico, no entres en el quirófano. Carlisle es un buen médico, encontrará otra salida. —era la última oportunidad que tenía de que me hiciese caso.

    —Voy a luchar por mi vida, Edward. Lo tengo decidido.
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    He vuelto de mi viaje por la galaxia!! xD
    Ni yo puedo creer que haya dejado esta historia parada tanto tiempo=( En fin, ya os expliqué por qué ha sido. Mi vida es una odissea jeje
    Bueno, aquí teneis un capítulo con mucho contenido que asimilar jaja Edward se ha confesado claramente a Bella, ella... Ella es testaruda O_O Todas conocemos a Bells xD Pero ha sido duro escribirlo mientras Carlisle le decía de forma muy sutil que se estaba muriendo... Me ha dado tanta pena!!
    Me he documentado sobre el tema eh=) El tumor de Bella sí existe, por desgracia para las personas que lo tienen =( Guardemos 1 minuto de silencio por los millones de enfermos que duermen cada dia en nuestros hospitales, chicass. En serio, me dan muchiisima pena...
    Si alguna ha escuchado la canción que he puesto al principio: ¿Qué os parece? A mí personalmente me encanta!! La escuché durante días y días jajaja
    Un beso enorme y millones de gracias por seguir apoyándome!! Sois las mejores, pero sé que ya lo sabeis ^^
    JessCullen
     
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    Aomecita

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    Hola amiga mil gracias por el aviso en serio que bueno que al fin hayas regresado con nuevo capítulo
    de esta historia que en serio ya la hechaba mucho de menos pero con mucha mucha alegría admito que
    valio la pena la larga espera por que además de que fue muy extensa como es tu costumbre estuvo llena
    de emociones muy intensas y fervientes que me hicieron emocionar quedarme helada que mi corazón latiera
    fuerte he incluso que derramara un par de lagrimas en serio mi Edward bello hermoso tierno sabia sabia que
    desde el primer momento había quedado prendado de Bella de su hermoso ángel... Nooooooooooooo ¡Un tumor!
    Nooooooooooo tiene que vivir tiene que vivir... Ahora que sabe que la ama... Waaaaaaaaaaaaaaaa conti pronto
    pronto por favor cuídate sayo...
     
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  3.  
    Moliry

    Moliry Fanático

    Tauro
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    Escritora
    Ahhhh, que capitulo tan tan increíble amiga!
    Claro que valió la pena la casi eterna espera. Que felicidad que ya estés de regreso!
    Desde principio a fin fue maravilloso este capítulo. Ahora comprendo porque cuando Bella llego a la casa Cullen Edward se comportó así.
    Pensé que el del tumor iba a ser Edward, por como se puso cuando Bella se puso mal, me engañaste, muy bien! Jajaja
    Ahhhhh, tumor! Que triste y que grave, se que Bella saldrá adelante, tiene que, pero no tengo ni idea como y eso me pone cada vez mas nerviosa por querer saber mas.
    Edward, por fin confesó que la ama y vaya que si la ama, que intensidad de amar! Que hermoso!
    Amiga, felicidades, excelente, unos cuantos errores de dedo, pero nada grave y que opaque esta hermosa historia.

    Te quiero mucho!!!

    Kiss
     
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  4.  
    St Jimmy

    St Jimmy Entusiasta

    Aries
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    Holaa!! Graciaspor avisarme ;))
    Se ha declarado,que bonito, ojala nos pasara a todas jajajajja
    Pobre Bella es muy serio lo del tumor.... aunque tiene razon, tiene que luchar por lo que quiere....
    Avisame, este capitulo ha sido increible, espero que haya mas como esta o mejores, felicidades por tu fic, es muy bueno ;))
     
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  5.  
    airam

    airam Iniciado

    Sagitario
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    me encanto este capitulo bueno todos me has gustado mucho espero que bella entienda a edward y lo perdone y salga bien de su operacion bella..... y espero subas pronto otro capitulo mas lo estare esperando ansiosa saludos.....
     
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  6.  
    Nelcys Cullen

    Nelcys Cullen Fangirl empedernida

    Libra
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    Jess, Jess... WOW! Este capítulo... Me ha encantado..! De verdad, si que valió la pena la espera..!:D
    Edward le dijo que la quería...!!:D. Pero Bella tiene un tumor..!:( Y la operación es muy peligrosa..!:S.
    Me encanto poder ver tu historia, Jess, desde el punto de vista de Edward. Hizo que este mucho más clara, en cuanto al porque de sus decisiones..!:)
    Así que Edward lee mentes... Por eso es que sabía lo de la clase, aquella vez... Y entení..! Jejeje..!
    Espero, de verdad, de que Bella pueda vivir mucho más tiempo, que la operación salga bien, que todo salga bien. También de que Bella perdone a Edward, que comprenda el porque de sus acciones..! Eso espero... Eso quiero..! Jejeje..!:D
    Bueno Jess, perdona la tardanza... De verdad, discúpame. Pero como creo que ya sabes... Estoy en exámenes y bueno... Tú me entiendes..!;). Espero que publiuques pronto, Jess...!
    Atte. Nelcys!
     
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  7.  
    Alix Cullen Bellamy

    Alix Cullen Bellamy Entusiasta

    Virgo
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    Hola!
    ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh Jess regreso (bailecito de la victoria) hahahaha
    awwww Edward es tan tan tan Edward! hahaha echandose la culpa de todo y creyendose un monstruo
    debo admitir que ODIO a su padre en verdad, pedazo de gillipollas!
    pero bueno Ed debe entender que el es diferente y OMG! porbre Bella
    porque todo lo malo le pasa a esa chica?
    pffff y para variar el bendito tumor esta cerca del corazon joder!
    bueno esperemos que Bella sea ese 10% y no del 90,
    y OMFG! Edward puede leer la mente aqui! me lo sospechaba pero no lo sabia a ciencia cierta,
    gracias Jess por tan lindo capi,
    Oceanos de amor y millones de besos.​
    P.d. por cierto me tienes abandonada en mi fic =( hahaha ntc xOxO​
     
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  8.  
    genesis

    genesis Guest

    hola hola de verdad tengo que admitir que al principio la historia me parecia un poco extraña pero de verdad me gusto mucho y quisiera volver a leer tu historia!! de verdad te pido que cuando puedas la termines tengo mucha curiosidad de saber en serio en que termina edward y bella esta muuuuyyyy buenaaaaa!! saludo para ti y suerte en el proximo capitulo!!
     
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  9.  
    Eliizabeth

    Eliizabeth Iniciado

    Acuario
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    Como siempre..
    Genial me encanta..
    Pobre Bellz.. Lo que esta pasando en estos momentos :( me dan ganas de llorar..
    porfaaa la continuacion prontooooo....
     
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  10.  
    JessCullen

    JessCullen Usuario común

    Virgo
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    6 Julio 2011
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    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Él lo cambió todo
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    5715
    Capítulo 22: Últimas oportunidades

    Nunca he creído posible el poder llegar a mezclar tantos sentimientos juntos:
    Miedo: la operación de mañana me traía con los nervios de punta. Des de que mis padres habían dejado este mundo, jamás le he tenido miedo a la muerte hasta ahora. No era la clase de miedo como el que podrías experimentar en una película de terror, era algo más intenso, más real.
    Culpabilidad: si algo fallara en el quirófano; dejar a Carlisle, Alice, Emmett y Esme de esta manera me parecía cruel.
    Odio: cierta persona (y no pienso volver a pronunciar su nombre) estaba al corriente de toda esta locura del tumor. ¡Ni si quiera se había dignado a decírmelo!
    Confianza: en Carlisle y su equipo de médicos del hospital. Sabía que mi padrastro era bueno en su oficio, por lo que yo hacia todo lo posible por creer en sus habilidades.
    El último, por mucho que intentase negármelo a mí misma, estaba clarísimo y quizá era el que latía más fuerte en mi sesera:
    Amor.
    En efecto, amor por ese imbécil que me había estado engañando tanto tiempo; que tenia la sangre del culpable de la muerte de Renée y Charlie; que me había decepcionado una y otra vez; que se comportaba como la persona más mezquina del mundo en ocasiones, pero que me robaba el aliento en otras. Ese chico que había creado cantidad de complicaciones porque me amaba después de todo.
    Y aún quedaba la pregunta más importante:
    ¿Debía perdonarle?
    Este tema, señoras y señores, era el que no me dejaba dormir por las noches. Sé que debería estar pensando en mi posible muerte, que se avecinaba sin poder retrasarla, pero era imposible apartar esas cavilaciones.
    Suspiré. Me alcé en mi cama después de 2 días de fin de semana sin prácticamente salir de la habitación. Supongo que Carlisle ya habría dado la noticia a la familia, porque cada vez que bajaba para comer mis hermanos y mi madrastra me miraban con compasión. Ninguno sacaba el tema, por supuesto, pero yo sabía que todos lo tenían presente. Los rostros de Edward no me pasaban desapercibidos. Es más, eran los más duros de soportar. Ya no tenía sentido seguir engañándome, asique reconocía internamente que su pena me dolía a mi más que a él. Claro que eso no indicaba que yo hubiese olvidado sus mentiras.
    En fin. De repente, me acordé de un viejo cuaderno rojo que estaría tirado por algún lado del cuarto. Miré a izquierda y derecha, encontrándolo en una esquina. Me acerqué y lo recogí, recordando la escena en que yo lo había tirado por los aires hacia unos días, cuando estaba llena de rabia.
    Abrí la portada y busqué entre las páginas hasta encontrar lo que quería leer: «10 razones para odiar a Edward Cullen»
    Mujeriego: Ha besado a todas las chicas del instituto, pero a la hora de reconocerlo, les echa las culpas a ellas.
    Mentiroso: Jamás se debe creer en Edward, porque sabe mentir muy, pero que muy bien. Por mucho que intentes persuadirle para que explique algo, siempre consigue evadirse de la cuestión con alguna mentira (que, por suerte, soy capaz de reconocer).
    Traicionero: No sé lo que significará la bondad o el ser buen samaritano para él, pero se dedica a jugar con los sentimientos de la gente, mostrándose falsamente arrepentido después.
    Bipolar: Me es imposible entender los cambios de humor de Edward. Lo mismo se encuentra perfectamente tranquilo, como furioso al instante. Tiene serios problemas de personalidad múltiple este chico.
    Reservado: No es capaz de compartir sus pensamientos con nadie. Puedes probar a sacarle algo de información sobre su anterior familia, pero rápidamente cambia de tema. ¡Ni siquiera he podido entrar en su habitación todavía! ¿Qué tendrá allí? ¡¿Un cadáver?
    Infantil: Su idea de pelearse es enfadarse con la otra persona e ignorarla por completo. O, por el contrario, hacerle la puñeta día tras día.
    Insensible: Edward dice las cosas a la cara, por mucho que pueda herir los sentimientos de los demás.
    Le amo: Ni yo misma me creo esto. Me están causando demasiados problemas mis hormonas. Pero sí; amo al idiota de Edward Cullen.
    Agh. Solamente había llegado a escribir 8 motivos. ¡8! Tenía que haber más, muchísimos más. ¿Por qué no se me ocurrían?
    — ¡Maldita sea! —refunfuñé, guardando el cuaderno en el cajón de la mesita de noche con demasiada fuerza.— Bella, tienes un serio problema. Él t-te hace todo eso y tú... ¡Tú quieres perdonarle! —gesticulé con los brazos de aquí para allá.— ¿Pero por qué? ¡No-tiene-sentido! ¡Nada tiene sentido!
    Me dejé caer en la cama y tapé mi rostro con la almohada (¿Cuántas veces habría hecho esto ya des de que vine a casa de los Cullen?).
    Se escuchó un tock-tock en la puerta.
    — ¿Bella? ¿Se puede? —era Esme.
    Me recompuse en un abrir y cerrar de ojos, sentándome en el colchón y musitando un "Adelante".
    — Pensé que había llegado tarde y ya estabas durmiendo. —rió suavemente, acercándose y colocándose a mi lado. Después me acarició el pelo enmarañado que caía por mis hombros.— ¿Estás bien, pequeña?
    Por un momento sólo se escuchó mi respiración entrecortada debido a la frase de Esme. Me recordó tanto a Renée que algo dentro de mí se derrumbó y me eché a llorar en su hombro. Pretendí esconder mis sollozos, pero fue tarea imposible. Ella me arropaba y abrazaba en silencio, sin dejar de acariciarme el cabello y la espalda. No sé cuanto rato estuvimos así, pero se me acababan las lágrimas y cada vez hipaba menos.
    — Bella te queremos, ¿si? —me susurró Esme con una voz algo quebrada.
    Fruncí el ceño y la miré sin entender el por qué de su tono. Entonces comprendí que ella también había estado llorando y mantenía el brillo de las lágrimas en sus ojos.
    — Si pasa algo no quiero que os sintáis mal por mí, por favor. —supliqué, doliéndome el mañana que estaba por llegar.
    — No, no, cariño. Confía en Carlisle, él te traerá de vuelta a casa. ¿De acuerdo? Va a ir todo muy bien. Confía, Bella. —volvió a apresarme entre sus brazos, diciendo aquello como si intentase convencerse a si misma.
    Asentí con la cabeza como pude. Confiaba en Carlisle, pero no tanto en mi misma. Había escuchado a mi padrastro decir que no sabía si mi cuerpo resistiría mucho más. Eso quería decir que estaba débil y esta operación era complicada. Tuve un escalofrío tan sólo de pensar en ese 90% de posibilidades de morir.
    — Te quiero, Esme. —puede que esta fuese mi última oportunidad de despedirme de mi madrastra.
    — Yo también preciosa. Muchísimo. —sentía sus lágrimas en la mejilla.
    Cerré los ojos. El destino estaba sellado; pasaría lo que tuviera que pasar. Y yo debía aceptarlo.
    --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
    Reconocía la habitación de hospital (todas eran idénticas). La cómoda y fría camilla en la que me tumbaba, las butacas pálidas en una esquina y los ventanales con las cortinas corridas de la pared. Como la última vez que estuve aquí, los cachivaches que emitían sonidos seguían estando al lado de mi almohada. Por suerte, ahora no tenía ventosas pegadas al cuerpo.
    Esperaba. Eso era lo único que podía limitarme a hacer. Esperar a que llegasen las enfermeras confirmando que el quirófano estaba totalmente preparado para mí. Me llevarían y mi vida colgaría de un fino cordel. Si éste no se rompía, yo despertaría; pero si el cordel no resistía y se cortaba... Tragué saliva, obligándome a pensar en otra cosa.
    Me habían traído aquí muy temprano, a las 7 en punto de la mañana. Esa noche no había conseguido dormir absolutamente nada. Llevaba encarcamada a esta camilla unas 4 horas y aún nadie había venido de visita (a excepción de las enfermeras, que pasaban a hacer algún que otro reconocimiento médico). ¿Edward se despediría? No, no. Quiero morir en paz, no preocupándome por memeces.
    — ¡Bien dicho!
    Sonreí. Echaría de menos a la mini-Bella.
    — Yo también voy a echar de menos regañarte. —el personaje de mi subconsciente me contestó.
    — Eres increíble. —reí.
    — ¿Quién es increíble?
    — ¿Jake? —me levanté de golpe, quedando sentada en la cama.
    Mi mejor amigo en el mundo apareció por la puerta sacándome una ancha sonrisa.
    — ¿Creías que te ibas a librar de mí tan fácilmente? —bromeó, caminando hacia mi cama. Me fijé en su brazo derecho, escondido tras su espalda. Él pareció notar que mi atención se posaba en ese detalle.— Mi regalo para la chica enferma. —y sacó una pequeña cajita envuelta en un papel que tenía dibujados globos rosas.— El de la tienda no tenía algo menos estúpido.— se explicó, rascándose la nuca con vergüenza.
    Me carcajeé, aceptando el presente sin rechistar. Quería arreglar las cosas con Jacob antes de marcharme, quería saber que me iba dejando feliz a mi mejor amigo.
    Rompí el papel infantil con rapidez y descubrí el marco de madera colocado alrededor de una fotografía. En ésta se nos veía a Jacob y a mí cuando asistíamos al internado; yo estaba subida a su espalda y él me miraba riendo.
    — ¡Gracias Jake! —dejé el regalo a un lado y estiré los brazos. Él se acercó para que pudiéramos darnos el abrazo que tanto necesitábamos.— Eres el mejor amigo del mundo mundial. Lo sabes, ¿cierto?
    Jacob rió de esa manera que lo caracterizaba. Mi amigo irradiaba calidez allá a donde iba. Entonces sacó su móvil del bolsillo y me lo entregó.
    — ¿Aún hay más? —le pregunté, mirándole a la cara.
    — Observa. —señaló la pantalla del aparato y el corazón me dio un vuelco.
    Mis amigos del internado se habían reunido en casa de Jake, supuse por las paredes rústicas, y se apelotonaban en el pequeño sofá de tela. Habían gritado un "¡Sorpresa!" a coro y se habían carcajeado juntos.
    Los saludé uno a uno, diciéndoles lo especiales que eran y lo que esto había significado para mí. Me prometieron que volveríamos a la playa. Deseé saber a ciencia cierta que para ese entonces yo aún seguiría respirando.
    Pasaron unos minutos y la video llamada iba cada vez peor. No había demasiada cobertura des del hospital. Ingresada y encima incomunicada. La cosa pintaba cada vez mejor (Wou; ¡mi primer sarcasmo del día!). Me despedí (quizá hasta siempre) de mis amigos y Jacob cortó la conexión. Después de retornar el móvil a su pantalón, me abrazó nuevamente.
    — Te quiero Bells. —me susurró en la oreja. Yo suspiré, sin saber cómo reaccionar ahora. ¿Aún no había entendido que... — Como amiga, ya sabes. —me sorprendió el que dijese eso.— Si... pasa algo... —se separó de mis brazos y evitó mirarme.— Vas a ser mi amiga siempre y quiero que las cosas acaben bien entre nosotros. —clavó sus ojos en los míos. Jacob había madurado con todo esto, estaba segura.
    — Esto no va a acabar...
    — ¡Claro que no! ¡Tú aún tienes mucha guerra que dar! —me guiñó un ojo con su habitual tono socarrón.
    — Por supuesto. —pretendí sonar convincente y entusiasta. Jake me inflaba de coraje pero temía que, en cuanto él se marchara, todo ese coraje desapareciese.
    — Eh... El abrazo y demás... ¿Quiere decir que me has perdonado? —preguntó, aparentemente temerario de mi respuesta.
    — No soy yo quien te tiene que perdonar. —respondí, borrando mi sonrisa.
    — He hablado con Leah. —comunicó. Abrí los ojos en exceso, curiosa por saber qué había dicho. ¿Se había enfadado? —Al principio no le sentó muy bien. —Ups... — Pero ha entendido lo que me sucede.
    Necesito tiempo para aclararme, eso es todo. —me sentí mal por Jake, aunque me gustaba que Leah no la hubiese tomado con él.— Si dos personas no están hechas la una para la otra, no tendría por qué estar juntas.
    Respiré hondo. Tenía razón.
    — Ey, será mejor que me vaya. Las enfermeras son algo refunfuñonas y creo que el horario de visita para mí se ha terminado. —Jacob se acercó a mi cara y depositó un beso en mi mejilla.— Nos vemos en la salida. Guárdame una sonrisa para después, ¿vale? —caminó hacia la puerta despacio, mirando hacia sus pies con la cabeza gacha.
    — Jake si no saliera... — mi amigo me interrumpió antes de que pudiese contestar.
    — Vas a salir. —se giró bruscamente con los brazos tensos y los puños cerrados.
    Me mordí el labio. Verle así me mataba. ¿Si me tenía que morir no podía ser rápido y ahorrarle el dolor a mis seres queridos?
    Jacob salió de la habitación finalmente.
    Recosté la cabeza en la almohada, intentando visualizar la cara feliz de Jacob para tenerla presente los últimos minutos en que estuviera consciente. Verle me había alegrado el día, sin duda. Pero, ¿y los...
    — ¡Hola campeona! —gritó alguien muy conocido.
    — ¡Emmett! —reí, viendo como el grandullón, Rosalie, Jasper y Alice entraban por la puerta uno a uno.
    — Te hemos traído chocolates y peluches. —en uno de los brazos de Emmett había 5 cajas de chocolates, creí contar, y en el otro brazo traía un gigantesco oso de peluche con un mensaje grabado en la barriga: "Es un niño". Alcé una ceja.
    — Oh, las letras ni las mires. Sólo tenían peluches para embarazadas que acaban de tener hijos. —comentó Rosalie, arrebatándole el oso a su novio y dejándolo junto a mi cama.— Y el oso de peluche lleva un mp4 incluido. Cortesía de Jasper. —éste me sonrió amablemente.
    — ¿Podrías dejar esto también con el muñeco? —les pregunté, entre risotadas, alzando la fotografía de Jacob.
    Rosalie la cogió y Jasper se curvó para contemplarla. Ninguno hizo comentarios y la rubia hizo lo que le pedí. Ya que nadie hablaba de nuevo, decidí romper el hielo.
    — Alice está muy callada, ¿no creéis? —la aludida alzó la cabeza en cuanto pronuncié su nombre. Esperé a que saliera de detrás del cuerpo de Jasper y cuando lo hizo quedé sin aliento.— ¡Estás...!
    Mi hermana salió corriendo hacia mi persona y me apretujó entre sus pequeños bracitos, sollozando y soltando pequeños gemidos que delataban que todo este tiempo había estado autocontolándose para no llorar.
    — Hoy es un día de llantos. Me vas a hacer llorar a mí. —me lamenté, un poco haciendo broma. Pero Alice no me soltaba.
    — ¡Perdóname Bella! —sollozó. ¿Cómo?— ¡Por no estar siempre contigo! No hemos pasado el suficiente tiempo de hermanas. —las lágrimas bañaban mi camisón blanco de hospital.
    — Alice no necesito esas cosas. Sé que eres mi hermana; no biológica, claro. —me di cuenta, pero continué enseguida:— Siento que es como si realmente fueses mi hermana de verdad. ¡En serio! —prometí, aguantando las lágrimas. Era la primera vez que veía llorar a Alice y se hacía raro no verla tan hiperactiva como siempre.
    — ¡Abrazo en grupo! —gritó Emmett amistosamente.
    Mis amigos me apretujaron entre sus cuerpos tan fuerte que me costaba respirar.
    — Ejem. —carraspeó una voz femenina des de la puerta.
    — Creo que nos hemos pasado. —reconoció Jasper, mirando de reojo a la enfermera regordeta que se cruzaba de brazos en la entrada.
    — Os quiero. A todos. —me daba igual parecer una maldita cursi. Era la verdad y se la haría saber antes de que ya no estuviese más con ellos.
    — ¡Te queremos Bella! —sollozó Alice, quien estaba contenida por los brazos de Rosalie, que me sonreía melancólica pero enfundándome valor. Ésta la sostenía mientras mi hermanastra seguía con su llanto y se despedía de mí con la mano.
    Los chicos me sonrieron. Emmett me guiñó un ojo, bromista, y Jasper me sonrió de esa forma serena que hacía tranquilizarse a cualquiera.
    Después de que la enfermera los hubiese echado, algo gracioso de ver, entré en pánico de nuevo. Cada vez estaba más cerca del final; más lejos de la vida. Me había prometido no perder la calma, irme con dignidad. Pero había algo que aún me removía las tripas: Edward. ¿No iba a venir a verme? Bueno, tal vez no lo merecía. Después de cómo le traté ayer, ahora no podía esperar que apareciese como un ángel frente a mi ventana y entrara volando con sus alas.
    Apreté los dientes, sintiéndome idiota por haberle tratado tan mal y ni siquiera hacerle saber que le había perdonado. Porque lo había hecho. Ya no tenía sentido guardarle rencor a nadie. Puestos a morir, mejor morir sin remordimientos de conciencia.
    Pasé el resto de las horas deseando que mi imposible sueño se hiciese realidad. Pero las horas pasaban y nadie abría la puerta, ni si quiera los doctores. Empezaba a impacientarme y los nervios me traían loca.
    Suspiré y me agaché hacia mi osito, que en su pierna sostenía un pequeño mp4 plateado.
    — Tu eres mi única compañía... —le hablé al aparato. Me estaba volviendo majara, pero ya no tenía importancia supongo.
    Me puse un solo auricular y rebusqué entre las pistas que había grabado Alice. Las conocía casi todas, excepto tres o cuatro demasiado movidas para un momento como este. Necesitaba relajarme. Entonces comenzó una melodía que tocó mi fibra sensible. Era una canción algo remixada, pero aún bonita. Leí el título: "Far Away- Nightcore". Me concentré en entender la letra y no pude evitar imaginar a Edward cantándomela.
    Agarré el oso de peluche y lo apreté contra mi pecho fuertemente. Las máscara de indiferencia que tanto me había costado construir se deshizo con esa música y derramé lágrimas sobre la cabeza del suave peluche.
    — Te quiero... —susurré, consciente de a quién iba dedicada esa frase.
    — Todo listo, preciosa. —apareció una enfermera. Di un salto en la cama y me sequé la cara con la manga del camisón.— ¿Estabas relajada? No te preocupes, puedes llevarte el aparatito hasta el quirófano si eso te tranquiliza. —me alegró que la mujer fuese tan agradable. Asentí en respuesta y dejé mi peluche en el suelo, diciéndole adiós a él también.
    La enfermera fue desactivando los cachivaches médicos de mis costados y finalmente arrastró mi camilla con ruedas, colocándose tras ella para conducirla.
    — ¿Lista? —ese tono maternal me recordó a Esme.
    — Eso creo. —tragué saliva y miré a mi alrededor.
    Al final Edward no había venido. Solté otro suspiro.
    La camilla se movía y sentía el sonido de las ruedas contra las baldosas. Yo me tumbaba, tapada hasta la cintura con la sábana médica, y sólo atisbaba a ver el techo del centro lleno de fluorescentes encendidos.
    La canción seguía sonando y yo me mordía el labio para no arrepentirme y salir corriendo de aquí.
    — ¡Espere! —el corazón casi se me sale del pecho en cuanto esa voz retumbó por las paredes.
    La camilla se detuvo al instante y unos pasos se aproximaron a toda velocidad hacia nosotras.
    — ¡Espere! —pidió de nuevo esa voz masculina, respirando apresuradamente.— Bella. ¡Dime que eres tú, por favor! —y ahí le vi.
    Su rostro estaba igual de perfecto que siempre; con esos ojos verdes llenos de preocupación y sus labios abiertos para permitir entrar el máximo aire posible a sus pulmones. Había estado corriendo. ¡Corriendo para poder verme! No lo podía creer.
    — ¡He llegado a tiempo! —su cuerpo se junto con el mío, fundiéndonos en un abrazo que no pude corresponder porque aún estaba en shock. Edward estaba aquí.— Pensé que no llegaba... Pensé que no podría verte... Que... ¡Oh, Bella! —me estrechó con más fuerza, sintiendo nuestros corazones latir apresuradamente el uno al lado del otro.
    — Tú has... —susurré, sin poder acabar la frase.
    — No me importa que me digas que me aparte, que no quieres verme más, que te he hecho daño y que soy un imbécil. Sé todo eso y estoy de acuerdo. Pero no pienso dejarte hasta haberte dicho esto a los ojos, Isabella. —que me llamara por ni nombre completo era una novedad. Me cogió por los hombros, posicionándome frente a su rostro. Ya no pude escapar de su mirada.— Te amo.
    Hubo silencio y luego...
    Le besé.
    Sus labios llamaban a los míos y sabía que si no hacia esto moriría incluso antes de haber entrado a la sala de operaciones. Tener su aliento entremezclándose con el mío era la mejor sensación del mundo, no lo cambiaría por nada. Los dos nos besamos con pasión, deseosos de colisionar el uno con el otro de una vez por todas. Porque este era mi destino; Edward Cullen era mi destino.
    En el pasillo se escuchaban aplausos, muchos aplausos, pero no me giré para saber de quienes eran.
    Edward acarició mi mejilla mientras seguía moviendo su boca contra la mía. Yo pasé mi mano por su cabello, acercándome más. Su contacto quemaba y al mismo tiempo parecía una cura contra todas mis heridas. Mi corazón y la mini-Bella parecían estar aplaudiendo también. Reí mientras seguía besando a Edward y él lo sintió, ya que sus labios se curvaron también. Sentir eso fue una de las mejores sensaciones de mi vida.
    Cuando nos separamos por la falta de oxigeno, Edward apoyó su frente contra la mía. Abrí los ojos y divisé de reojo a los Cullen, a Esme, a Jacob, a Carlisle, al personal del hospital, a la enfermera que conducía mi camilla e incluso a los pacientes que había en el pasillo, todos aplaudiendo. Me sentí bien por dejar ver mis sentimientos, aun que hubiese sido frente a mis padrastros y mis hermanos. Parecía ser que ellos lo entendían.
    — Te he amado, te amo y siempre te voy a amar. —le confesé a Edward, acurrucándome contra su pecho.— Y por si aún no lo has notado... Te perdono. —sentí sus brazos en mi cintura.
    — Vas a poder con esto, Bella. Sé que vas a poder. —me besó en la cabeza.— Mi corazón va a estar allí contigo. —sonreí por su comentario.
    — Bella es una chica fuerte. —Carlisle apareció de repente, colocando una mano sobre mi hombro.— ¿Preparada?
    Me giré despacio hacia él, aún entre el agarre de Edward, el hombre al que amaba.
    — Preparada.
    Era ahora o nunca.
    <><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><>​
    Capítulo intenso! *_* Al menos ha sido bastante intenso de escribir.
    Chicas siento muchísimo haber estado desaparecida tanto tiempo, pero ¿me creerían si les digo que últimamente estoy estresada a más no poder? Justo ahora debería estar saliendo de casa porque faltan 10 minutos para que mi clase de Ingles en una academia comience O_O Pero yo les tengo tantísimo aprecio por hacer que esta historia sea posible!! =D
    Espero que os guste y, supongo que ya se sabe: este es el último capítulo. Sólo nos queda el Epílogo. La verdad es que me da pena poner punto y final a este Fic; mi primer Fanfic :') Aishh... Como pasa el tiempo ¿no? Jaja
    No me demoraré demasiado en subir el Epílogo :)
    Gracias a las que lean y dejen su comentario. Las adorooooo!! <3
     
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    Aomecita

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    8 Agosto 2009
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    Hola amiga mil gracias por avisarme que al fin continuaste esta maravillosa historia en serio que
    ya la extrañaba muchisímo pero como lo presentía ha valido la pena la larga espera has hecho brotar
    en mi muchas emociones pero la principal fue gritar de alegría y que mi corazón latiera mil veces
    ¡Si si y más siiiiiiiii! ¡Por fin mi amor declaro que me ama! Digo... :eek: Por fin Edward a admitido
    que ama a Bella muerete de colera Jessica XD Nooooo amiga no me creo que este sea el final waaaaaaa
    T-T espero el Epilógo cuídate sayooooo
     
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  12.  
    YayahuiQui

    YayahuiQui Iniciado

    Virgo
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    Hola Jess!! me fascino! es grandiosa esta historia! por fin se confesaron mutuamente que se amaban. Ojala todo salga bien en la operación de Bella. Lastima que ya este terminando. Muero de ganas de leer el epilogo, se que sera grandioso. Valió la pena esperar este capitulo. :D Amo a Edward aunque sea un bipolar y ¡wau! nunca me habia imaginado a Alice llorando, ella siempre tan alegre.
    No te preocupes por la tardanza, se lo que es estar estresada y mas estos dias, que ya casi termina el año escolar, entregando trabajos y haciendo examenes.
    Saludos y suerte.
     
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  13.  
    St Jimmy

    St Jimmy Entusiasta

    Aries
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    Holaa!!
    Simplemente,me encanto todo estuvo genial.
    Me da mucha pena que se acabe pero todo tiene que acabar, si se alarga mucho luego queda mal.
    Espero que no tardes mucho es subir otro , muchas felicidades de tu fic otro vez, puesdes esstar orgullosisisisisima de el ;)
     
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  14.  
    Yubi de Cullen

    Yubi de Cullen Guest

    Ahhwwss Muy buen capitulo jess quiero llorar porq ya solo queda el epilogo pero bueno espero que sigas escribiendo asi de bueno :)
     
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  15.  
    Heros

    Heros Usuario VIP

    Piscis
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    Me encanta la forma en que lo has narrado ha sido, como has dicho intenso. Muy descriptivo, con frases que fácilmente pueden pertenecer a la obra de Meyer y has utilizado bastante bien a los personajes. De acuerdo con alguna variación pero en eso consiste los fanfics, ¿no? :)

    Esperaré a la siguiente actualización.
     
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  16.  
    Nelcys Cullen

    Nelcys Cullen Fangirl empedernida

    Libra
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    Jesss..! Perdona la tardanza, de verdad perdóname... Pero bueno, mejor tarde que nunca, no? Jejejeje, igual disculpa.
    Este capítulo tuvo de todooooo, increíble, maravilloso, hermoso, PERFECTO. Me ha encantado, qué capítulo no? Jajajajaja, todos los capítulos los he adorado, unos más que otros pero todos me han encantado, has logrado engancharme con tu historia, y es muy triste que ya halla llegado a su final, pero espero que sigas escribiendo, adoro la manera en que lo haces, es increíble, eres de esas pocas personas que tienen ese don.
    Bueno, con este capítulo... Hermoso, triste, con preocupación y sorpresas, de todo un poco :D. Llegó un momento en el que pensé que Edward no la visitaría antes de que comenzaran la operación, pero fue perfecto y hermoso ese momento, que tierno... Fue lo que más me gustó de este capítulo, y Alice me dio cosita, todos están pasando un momento difícil, pero sobretodo Bella, lo bueno es que tiene una familia que siempre estará con ella :D. Ojala que Bella salga bien, y que pueda continuar con su vida... Junto con Edward, y claro, con su familia. Bella tiene que vivir, no puede abandonar a los Cullen, ahora no y mucho menos a Ed...
    Bueno Jess, me tengo que ir... Avísame cuando hallas publicado el epilogo (es algo triste que esta historia halla llegado a su final :() Pero todo tiene un final, bueno... Menos la vida de los vampiros y el amor de Edward y Bella, pero bueno... Hay muchas cosas en la vida que tienen que tener un fin, jajajaja. Como ya te dije espero que sigas escribiendo, y que si lo haces me avises para poder seguir leyendo tus hermosas creaciones... :D.
    Atte. Nelcys!
     
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  17.  
    Vampire Twins

    Vampire Twins Guest

    Wou, tu historia nos atrapó des del principio!! O_O
    Somos nuevas por aquí des de hace un día y poco más, claro que ya habíamos pasado por aquí como lectoras fantasma :P Ahora que por fin tenemos cuenta, hemos decidido dejar nuestro comentario, por supuesto.
    Simplemente INCREIBLE :O En cada capítulo las cosas se iban poniendo más interesantes. Hubo algunos en los que quisimos matar a Jessica¬¬ Agg, como la odiámos!! Otros en los que nos sabíamos que carajo le pasaba a Edward por la cabeza O_o Algunos en que quisimos que Jacob desapareciera de una vez!! >.< También nos partimos de risa con los Cullen xD Y otros en los que morimos de amor!!!:$
    Los últimos capítulos han sido los más intensos. Tanto drama!! Moríamos por saber qué le ocurría a Bella :O Hasta Ness lloró con este último cap. :'( jejeje
    Y ahora que sólo nos queda el epílogo.... :( Por favor, Bella no puede morir ahora que sabe que Edward y ella se quieren!!!!!! Nooooooo! (ah, disculpa. Nos emocionamos un poco... :')
    Avísanos cuando tengas el Epílogo y aquí tienes a dos fans incondicionales que te siguieron de principio a fin <3
    Un saludo!
    Bells&Ness
     
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  18.  
    SanCullen

    SanCullen Iniciado

    Tauro
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    Hola Jess, Me gusta tu historia un principio muy interesante... Aunque Bella no es tan rebelde xD Bueno me gusta en general y espero que sigas con tu historia!!!!! :)
    Pero pones muy juntos los diálogos... xD Pero sino contamos ese detallito está todo hermoso :)
    BESOS Y ABRAZOS :)
     

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