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One-shot de Pokémon - ¿Qué le voy a dar?

Tema en 'Fanfics Terminados Pokémon' iniciado por Mr Fey, 18 Julio 2012.

  1.  
    Mr Fey

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    Escritora
    Título:
    ¿Qué le voy a dar?
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Comedia
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
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    Titulo: ¿Qué le voy a dar?
    Resumen: Harley sólo quiere disfrutar de un día relajante en una estética, hasta que pisa mierda y se le ocurre limpiársela en una piedra.
    Género: Comedia.
    Desclaimer: Los personajes de pokémon no me pertenecen.
    Nota: ¡Sufrí!Deben decirle si realmente eso da risa, lo metí a un concurso en otro foro, es de un liga pokémon donde tienes que escribir un fic de un género para pasar determinado gimnasio, espero que me den mi medalla. =) Les comparto el fic.


    ¿Qué le voy a dar?


    Harley caminaba moviendo de un lado a otro sus caderas. Ese día gastaría todo lo que ganó en el ultimo concurso de coordinación para arreglar su cabellera violeta, ¿y porqué no? Quizás también cambiaría de guardarropa, le hacía falta algún otro color donde destacará algo más allá del verde o el morado. Ese día era una mierda pero ni eso lo detendría, ni la lluvia bastarda que había arruinado su perfecto alaciado o su falta de orientación para encontrar esa nueva estética de la cual todos hablaban.

    Ni el hecho de que justo en ese momento había pisado algo muy parecido a la mierda de pokémon. Respiró profundamente, incluso pensó que tal vez era su responsabilidad pasar primero al gimnasio o hacer cardio para no tratar de culpar a Arceus por lo que le acontecía. Sonrió nuevamente mientras limpiaba disimuladamente su bota blanca contra una piedra cercana a una banca.

    El viejo que estaba sentado lo miró fijamente.

    —¿Qué cosa crees que haces delincuente? —acusó el desconocido anciano de ojos rasgados. Harley rodó los ojos, ¡Genial, gracias Dios! Lo que le faltaba, un viejo procurador de los derechos del medio ambiente.

    —Nada que le importe abuelo —comentó, mirándolo de arriba a bajo de forma despectiva—, ya no tiene edad, pero quítese esa barba por favor. No es navidad para que le copie el look a Santa Claus.

    El hombre mayor se rascó la barbilla, pronunciando cuidadosamente las siguientes palabras:

    —Oh dulce jovencito, ¿no te gustaría comprarle algo a este pobre viejo necesitado? —le mostró la canasta que había permanecido a su lado y de la cual Harley no había reparado en su presencia—; tengo paletas, ferrero rocher, milckey way, palomitas, dulces de sabores, bolas explosivas, palos de chile, chicles, nueces y pistaches. ¿Qué te voy a dar?

    —¡Absolutamente nada! —gritó, girando sobre sí mismo para continuar su camino. El anciano comenzó a caminar tras él, gritando sin parar.

    —¡Para tu novia traigo poemas, bolsas de dulces, bombones, rosas, poesía, chocolates con licor, un condón u otro de sabor, pastilla para el día de mañana, algún rubor o simplemente dulces de menta para el besucón, revolcón! ¿Qué te gustaría?

    Harley estaba rojo de la vergüenza. El viejo no paraba de alardear y la gente empezaba a voltear a observarlos con fastidio, ¿qué tal si pensaban que era un pervertido que sólo pensaba en sexo? ¡Cuando él sencillamente era un joven bello y hormonal con modales que sostenía relaciones sexuales sanamente! Una larga y cuestionable diferencia. Volvió furiosamente sobre sus pasos, susurrándole en voz potencialmente amenazadora alguna que otra palabra suficientemente maldita para que lo dejase en paz y pudiera tener su día renovador en la estética.

    —¡Me vale mil mierdas que tenga para vender! —Pronunció, susurrando la frase muy cerca del rostro arrugado y moreno de su receptor —, no quiero nada que vaya más allá de un perfecto tratamiento para el cabello, ¡así que deje de joderme!

    El señor asintió bajando la mirada al suelo y cargando sobre su hombro la gran canasta marrón. Harley casi sintió culpabilidad, por un segundo llegaron a él cosas cómo el hecho de que el pobre hombre no tenía algún trabajo estable y debían sustentar sus gastos vendiendo de aquí allá objetivos comunes, que quizás sus familiares eran unos malagradecidos. Enserio, casi sintió pena, hasta que recordó que era un puto viejo molesto que por poco y lo hace quedar mal.

    Siguió su camino.

    Los profundos ojos azules del coordinador observaron con profunda admiración la estética. ¡Al fin la encontró! La jodida estética estaba ubicada cerca al puerto. Era grande y de un diseño de hongo de colores. No había ningún anuncio afuera que le dijese que el establecimiento era precisamente un para embellecer, si no fuese por el personaje vestido completamente con un traje blanco y máscara del mismo color que saluda expresamente a otros clientes que iban llegando.

    —¡Oh, muchacho, bienvenido! —le saludó abrazándolo. Harley dudó un poco, esa voz gruesa se le hacía eternamente familiar, cómo si antes la hubiese escuchado, pero no sabía donde—, disfruta mucho de tu estancia en esta estética, somos reconocidos. Pero me gustaría que me hicieses un favor antes, si fuese posible para usted elegante joven —pidió, sonriendo por debajo de la mascara siendo imperceptible por el cliente. El enmascarado era algo delgado, probablemente tal cual él.

    —¿En que puedo ayudarlo? —preguntó con cortesía. Podría tratarse de alguna encuesta que le permitiese algún descuento.

    —¡Oh veras! En cuestiones de cuidado personal —inició, dándole la espalda a Harley para sacar alguna cosa que guardaba —. ¡Traigo bloqueador solar, shampoo, acondicionador, gel para hombres, rasuradora, rastrillo para la barba, y para su novia traigo jabón de olor, cremas hidratantes para las piernas, para los labios, para ahí abajo o cualquier lugar! ¿Qué le voy a dar?

    ¡Con un demonio, viejo de mierda! Harley le azotó un golpe con su mano derecha, quitándole la mascara. Era el mismo anciano que encontró en la banca y que ahora disfrutaba molestándolo en cualquier momento; más no le compraría nada. ¡Jamás! Además, ¡cómo jodia con lo de la novia!

    —Mire, respetable señor —dijo, procurando mantener la calma —, no me interesan sus productos. Y le diré de una vez, tampoco tengo una novia, así que… ¿por qué NO me deja en paz? —gritó, dándole un golpe brusco al suelo con la bota derecha.

    —Oh, no lo sabia, que desastroso —pronunció el hombre de cabello canoso. Las personas continuaron pasando dentro del lugar, ignorando al anciano encorvado y al chico que ahora tenia un semblante tenebroso—; ¡No pensé que usted fuera gay! —gritó, asombrado. Harley se quedó estático y posteriormente una risilla macabra surgió desde su estomago hasta salir de su boca.

    ¡Hijo de puta! ¿Por qué coño pensaba que él era homosexual? Está bien, le encantaba andar cuidando su imagen, poseer un cabello saludable, largo y sedoso. Menear la cadera con un toque sexy, sí le gustaba, pero eso NO significaba que le atrajeran los hombres. Existía la posibilidad de que fuese algo afeminado, pero eso no quería decir que fuera gay.

    —Sí es por mi cabello, déjeme informarle que en los años setenta muchos hombres lo usaban de esta manera porque eran rockstar y…

    —¿Es usted una estrella del rock?

    —No.

    —Entonces es gay —respondió con simpleza. Harley deseó patearle el culo muy fuerte—, nadie en este tiempo lleva el cabello así y no tiene novia, definitivamente usted es homosexual. ¿Sabe? Aceptarlo es difícil, pero no imposible. Sus padres lo apoyaran, se lo aseguro —prosiguió, dándole unas cuantas palmadas en la espalda a un petrificado coordinador.

    —¡No lo soy! —contradijo, rechinando los dientes.

    —Bueno señor, los hombres prefieren las peluquerías a las estéticas.

    —¡Comprenda, no soy gay! Las estéticas tienen mejores tratamientos.

    —Pero déjeme decirle algo más señor y lo dejaré entrar a la estética. Después de todo, ahí pertenece usted —una ligera sonrisa de tolerancia se asomó en el rostro envejecido. Harley se planteó la idea de irse sin más, incluso sin ofender de forma creativa al anciano pero consideró el dinero que ahorró con tanto tiempo, ¿qué más iba a decirle el viejo? Indudablemente le hablaría de moralidad y de lo lamentable que era su caso en la sociedad, no lo mataría escuchar ese sermón. No lo desaparecieron ataques de pokémon o accidentes en entrenamientos, menos un viejo decrepito.

    Asintió dispuesto a escucharlo.

    —Para los gay —susurró, haciéndole una señal con la mano para que el chico se agachara. Harley lo complació, dispuesto a terminar con esa conversación lo más pronto posible —; traigo lubricante, el kamasutra gay, ropa de colegiala, de enfermera, de arquitecta, de policía. También traigo Malboro, condón de sabor, paletas de colores, folletos de los mejores moteles de la ciudad, lápiz labial, frases calientes, artículos sexuales y una botella de licor. ¿Qué me va a comprar?

    —¡Vayase a la mierda! —exclamó. ¡Por dios!, ¿no pensaba en otra cosa más que en vender sus estúpidos artículos? —, ¿qué tiene en contra de mi, por qué solamente a mí molesta?

    —No es sólo a usted, de hecho elijo a las personas conforme a lo que hacen. ¿No cree que debería devolverle el favor al mundo? Ha pisado mierda y manchado una piedra, ¿no debe ayudar a un viejo que trabaja y aun así no le alcanza para sustentar sus gastos?

    —¡Claro que no! —Maldijo unas cuantas veces más antes de darse la vuelta para regresar a casa. Que se joda la estética, el anciano, el día, la semana, ya gastaría su quincena en algo mejor. ¡Cómo si él fuese a gastar su dinero en algo innecesario!

    Una vez en la comodidad de su cama individual, Harley se permitió suspirar detrás de la sabana blanca; la humedad de la lluvia había provocado un delicioso estado de frio en la cama, lo que trajo de consecuencia una deliciosa sensación de frescura. Giró la cabeza, quedando de costado y miró el teléfono inalámbrico, pediría una pizza. No gastó nada, así que darse ese gustillo no estaba mal. Su cabello aún seguía sedoso y delicado, no perfecto, pero sobreviviría una semana más.

    Cogió el objeto gris y llamó a la pizzería. Algún masaje tampoco estaría mal, tomaría en cuenta que la feria llegó a la ciudad e ir en la noche. Total, era joven, no es cómo si fuera un viejo abandonado que tendría que vender artículos en la calle para subsistir.
    —Pizzas Portual, buenas tardes.

    Esa voz.

    Se confundió, seguramente que sí; el señor le dejó un mal sabor de boca y por ello actualmente el sonido vocal al otro lado del teléfono se le hacía jodidamente conocido. Un poco tembloroso, cuestionó:

    —¿De qué pizzas tiene?

    —¡Oh señor! Sobre eso, ¡tenemos la Pikachu, la Squirtle, la clásica Portual, la japonesa, la de Alemania, una sabrosita, la liga pokémon, para coordinación, especial de temporada, arcoíris de medallas, hawaiana, mexicana, tailandesa, japonesa, peligrosa, ponzoñosa, venenosa! ¿Qué le vamos a dar?

    —Una sabrosita, por favor —respondió, dejándose llevar por el dolor de cabeza. ¡Dios no lo quería!

    —¿De qué tamaño? Tenemos…

    —¡Chica, chica, chica!

    —¡Oh muchas felicidades! ¿Así que ya tiene novia? Entonces déjeme decirle que para su primera novia; traigo chocolates, rosas, pastelillos, serenata, tarjetas, poemas, consejos de amor, osos de peluche, algunos pokémon, bolsas y monederos, perfumes, esclavas, collares, aretes, zapatillas de marcas, descuentos en tiendas…

    Harley colgó. No, él no iba a enfadarse, a provocar algún accidente con sus pokémon. No, él no era de ese tipo de personas, no buscaría al anciano, no quemaría hasta dejar en cenizas cada uno de los artículos en venta y después se reiría en su cara hasta que se desmayara de la risa. Nunca, él haría algo más sencillo y que apenas aprendió; siempre es bueno practicar.

    Marcó el número de May, dejando de lado su típica voz cantarina y eligiendo una más grave, mucho más grave a la usual; definitivamente él debía desquitarse.

    —¿Hola?

    —Si, buenas tardes. ¿Señorita no desea comprar un artículo?

    —¿Artículos, sobre qué? No sé si mi madre…

    —Oh bueno, para su novio coordinador traigo carteras, vida social, alguna tarjeta de celular, pila para pokénav, lentes de sol, consejos para tener una novia mejor, muchos condones de sabores, juguetes sexuales, contactos para trio, huevos pokémon. De artículos de coordinación traigo mallas para pokéball, ropa de pokémon, algunos juegos artificiales, manuales, folletos y viajes a campamentos, sobornos a jueces, estrategias, mujeres que no parezcan Tentacruel, ¿Qué le voy a dar?
     
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    Plushy

    Plushy PokéWriter Usuario VIP Comentarista destacado

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    A ver, a ver... ¿Por qué carajos este fic tiene un like mio y no un comentario de tres hojas llenas con gifs de Tumblr? PLUSHY DEL PASADO!!! POR QUÉ!!!
    Pero la Plushy del futuro lo puede arreglar (?)

    Literalmente todo el pinche fic
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    Y ahora nada me quitará de la cabeza que ese viejo es el padre del vendedor de Magikarps... y como diría lord Rangu... ¡Anciano, guárdese eso! Oh sheeeet yo sí se lo que es sufrir el acoso de los venderores ambulantes y más los 14 de febrero, hacen que tu día se vuelva una peli de terror y esta historia en efecto lo fue... para Harley... pero... karma bitchA xD

    Hora de los quotes!
    Es horrible pero sí son así... no mms vas por la calle con alguien del sexo opuesto y ya te quieren vender afrodisíacos :truehistory:

    This! Sólo en un fic he encontrado esa observación sobre lo hormonal que puede llegar a ser el personaje... pero era un yaoi bien mindfuck que me dejó secuelas emocionales (?) y bueh... más que obvio que la loca no se andaría de manita sudada en cualquier clase de relación... aunque mi headcanon es que en realidad ya borracho se tira lo que se mueva y hasta lo que no también (?)

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    Final epiquísimo para semejante historia.

    Y ahora no descansaré hasta lograr una historia con estos niveles de win así me tarde otros tres años en lograrlo, porque el mundo necesita más fics de Harley!!! y de Nando... y de Mondo... y de Hunter J... y de... pfft tengo trabajo para un montón!!!
     

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