¿Cómo sería conocernos?

Tema en 'Literatura experimental' iniciado por Syel, 22 Febrero 2014.

  1.  
    Syel

    Syel Extraña

    Cáncer
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    Título:
    ¿Cómo sería conocernos?
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Amistad
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    448
    Bueno. Cómo la mayoría de los self-insert aquí es para la actividad ¿Acaso te conozco?
    Mi pareja publicará la siguiente parte: @Delirium
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    Estaba cansada, el sol quemaba mis pupilas cafés y mi piel tostada pensaba en ponerse morena. La fuente en la que acordamos vernos me tentaba a meterme en ella.

    —Contrólate— me dije a mí misma viendo como el agua subía para caer en la misma.

    —Así que eres tú— escuché la voz de una chica, su tono era serio. Volteé a verla y la miré: tenía el cabello corto y lacio, me daban ganas de molestarla como hacia como mis hermanas.

    —Si, ¿no te lo esperabas? —estaba un poco triste, tal parecía que no le agradaba.

    —A decir verdad no— contestó con la misma seriedad. Me sentí incómoda así que inicié nuevo tema, acerca del clima y que le gustaba hacer. Realmente la conversación no abordaba mucho, preguntas simples: respuestas cortas. No sé porqué se tornaba así el ambiente.

    —Bueno...Tengo siete medias hermanas y a ellas les gusta fastidiarme por lo que yo las molesto también, a decir verdad me encanta fastidiar a las personas— sonreí y temí que hubiera dicho algo que le provocara más incomodidad.

    —¿Enserio? Me gusta hacer lo mismo pero solo con las personas que quiero— dijo un poco más confiada. Sonreí más ampliamente, tal parecía que había tocado un buen tema.

    —Lo mismo me sucede— comenté animada y comencé a contar más experiencias de mi vida. Ella se había abierto mucho más conmigo, sonreía de vez en cuando y comenzaba a hacerme bromas. Yo me divertía con ella. Le dije que la molestaría revolviendole el cabello pero ella se defendió diciéndome que su cabello era tan lacio que se acomodaría en su lugar. No me deje y acerqué mi mano a su cabello revolviendoselo mucho y una maraña quedo en su coronilla.
    —Creo que he ganado— dije orgullosa mientras me cruzaba de brazos. Inmediatamente ella dejo de reír y se me acerco con las mismas intenciones, sin pensarlo me eche a correr, lo bueno era que me había puesto los tenis.

    —Ni creas que vas a huir— se quejó. Yo sin parar de reír seguía corriendo.

    —Entonces alcánzame— pasaba entre algunas personas evitando que me alcanzara.

    —¡Devuélveme las fotos donde estoy casi desnuda! ¡Eres una pervertida! —gritó de manera que me quede parada. Todos nos miraban y yo solo podía verla a ella ¿Estaba bromeando? Sonreí, yo podía hacer lo mismo.

    —Si por eso estoy huyendo de ti. Eres tú la pervertida ¿Cómo me ofreces esas fotos? —le seguí el juego y así continuamos. Tal vez la distancia ya se había cortado sin que nos diéramos cuenta.
     
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  2.  
    Delirium

    Delirium Entusiasta

    Aries
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    Notas: Lamento haber tardado tanto, Syel. Habría querido que nos conociéramos así.

    __________________________________

    Segundo Capítulo
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    Las vivaces casas con techos triangulares me rodeaban hacia cualquier parte que viese. Parecía estar en una pintura acuarelada; casi podía tocar las pinceladas del artista que manipulaba mi entorno.

    — ¡Ah!— chillé, dando un brinco para evitar caerme al tropezarme con una roca en medio del camino. Con el vestido que traía, si me caía podía ir añadiendo más cicatrices a mi colección.

    Los latidos de mi corazón desaceleraban y me puse a reír. Bien merecido me lo tenía; iba a llegar a tarde y aun así me distraía con la facilidad de un niño de cuatro años. No ayudaba mucho que ya me fuera perdiendo unas cuantas veces. Suspiré con resignación. Las primeras impresiones no eran lo mío.

    La calle se ensanchaba y por fin, la plaza se abrió ante mí. Con facilidad, esquivé a la maraña de personas que se detenían a tomarse fotos, o se dirigían a las tiendas que encerraban el enorme círculo de cemento cuyo centro era una pileta. Al llegar, entrecerré los ojos buscando a la persona con la que debería encontrarme.

    Estúpidos lentes. A punto de echar mano a mi bolso para sacarlos, me doy cuenta de una chica que luce tan ansiosa como yo. Una extraña sensación burbujea en mi estómago, la mando a callar y respiro profundamente. ¿Qué tan malo puede ser?

    —Así que eres tú. — Tan pronto como lo pronuncio, me doy cuenta de lo cortante que soné.

    Giró hasta enfocarme. Me sentí cohibida por su belleza simple: pantalones, tenis y una camiseta. ¿Qué estaba pensando al ponerme un vestido? Qué estúpida. Al menos no me había equivocado de persona.

    Me sentía tangiblemente incómoda, y con cada intento de mantener la conversación, la sensación aumentaba. Me alivió notar que Syel tampoco estaba disfrutando el momento. Tenía ganas de inventar una excusa y retirarme lo más rápido posible. No funcionará. La decepción inundó mis pensamientos; en verdad quise tener una experiencia diferente con esta especie de cita a ciegas.

    —… a decir verdad me encanta fastidiar a las personas—, dijo con una sonrisa conciliadora. Me dio la impresión de que con ese último comentario dio por perdido el encuentro. Se equivocaba.

    Le sonreí también y le seguí la corriente. El tema me hizo entrar en confianza; también me caracterizo por ser un dolor en el trasero. Las siguientes líneas fluyeron cada vez con mayor facilidad. No terminaba de asombrarme de lo fácil que estaba resultando después de una frase tan simple.

    Después de corretear por toda la plaza, gritándonos y bromeando entre nosotras, terminamos riendo a borbotones y jadeando. Tiré de su brazo hasta entrar en una cafetería con aire antiguo y nos acomodamos en una esquina.

    —Así que… , ¿vas a querer esas fotos? — Guiñé el ojo y le mandé un beso volado. Nos encogimos de la risa, ignorando a la mesera que nos miraba irritada.

    Pedimos algo refrescante para atenuar el calor del clima y del ejercicio involuntario que recién hicimos.

    —Debo decirte, adoro que seas plana, así no te tomas mis comentarios tan a pecho —, le dije sin poder controlarme, todavía sofocando las últimas carcajadas.

    Alzó la ceja y me miró con suspicacia. Se me cayó el alma al piso; había ido demasiado lejos.

    — Con razón corres tan lento. No sé cómo no te caes de frente con tanto peso. —Soltó sin inmutarse. Su sonrisa me retaba.

    —Años de práctica. —Le saqué la lengua y nos reímos de nuevo.

    Pasaron las horas con rapidez. Antes de despedirnos, fuimos por última vez a la pileta. Nos sentamos al borde y nos quedamos calladas por varios minutos. No podía creer que podría sentirme tan bien junto a otra persona sin tener que hablarle todo el rato.

    La distancia se había cortado sin que nos diéramos cuenta.

    __________________________________________

    FIN.

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    Última edición: 22 Febrero 2014
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