Two-Shot ¡Hay un tipo raro en el patio! [Ayúdame a Volver]

Tema en 'Fanfics sobre Videojuegos y Visual Novels' iniciado por Paulijem, 14 Febrero 2019.

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  1. Threadmarks: Parte I
     
    Paulijem

    Paulijem HIJA DE ASLAN

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    Título:
    ¡Hay un tipo raro en el patio! [Ayúdame a Volver]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    881
    Bueno no tengo mucha, mucha experiencia con los videojuegos (por no decir nada xD) pero me pareció una idea muy creativa la de Rhaegal con respecto a la actividad Ayúdame a volver. El juego (Halo, Halo 5) y el personaje lo elegí por mi hermano que lo vive jugando (? :ewww: espero que les guste este primer capítulo :dontstap:

    Hay tres cosas para un gamer que -o al menos así lo encontraba Luke- eran completamente inaceptables. La primera, era que un jugador de menor rango le ganara una partida al de mayor rango. La segunda, es que el juego falle y el jugador experto se gane una bala en el cráneo como un novato idiota y la tercera, y como una de las cosas más importantes, que hubiera un apagón antes de pudiese guardar una partida ganada como en ese momento.

    El grito rabioso de Luke Blair desde el segundo piso, sólo logró que su hermanita rodara los ojos mientras coloreaba unos feos dibujos de Disney mal impresos, seguramente de alguna compañía de productos baratos que vendían en el supermercado de su cuadra. Pero, ¿a quién le importaba? A ella no, por supuesto; escuchó un par de improperios contra las empresas de energía, los mismos que intentó memorizar para acusarlo más tarde con sus padres. Tenía que sacar partido, ya saben, tal vez para conseguir más dibujos baratos para colorear. Sin embargo, mientras pensaba en todo lo que podría pintar con sus crayolas, se sobresaltó cuando un par de golpes que, supuso, debían ser patadas contra la puerta los cuales provocaron un feo eco en el silencio que se había establecido dado al corte de luz.

    Era una especie de adolescente muy rara, más de lo que su inocencia como una niña de seis años podría comprender. Pero era su hermano y a veces le preocupaba que esa actitud fuese a matarlo de un infarto algún día. No le importaba ser oficialmente hija única, claro que no, pero sucedía que tenía más ventajas siendo la hija menor.

    Era quizá, la única razón por la que no deseaba perder ese privilegio.

    —¡Malditos bastardos de porquería!

    Suspiró profundamente alejando su crayola verde de la cara de Mike Wazowski. No se había pasado de la línea, pero se veía horrendo. Chasqueó la lengua y alejó el libro para después bajarse de la silla, en ese mismo instante Tony, un joven y travieso labrador parado frente a las puertas vidriadas que daban al patio trasero, comenzó a ladrar como un maniático hacia afuera. La niña no dudó en ir hacia él, tal vez habría alguna ardilla y ella amaba las ardillas. Sin embargo, se llevó una espeluznante e increíble sorpresa.

    —¡Luke!

    —¡¿Qué quieres?!

    —¡Hay un tipo raro en el patio!

    Estaba maravillada, más que asustada; desde allí se parecía un astronauta, ¡un hombre de la luna! Pensó extasiada mientras esperaba que su hermano bajara a la planta baja.

    —¿Qué dijiste que hay? —Luke ya estaba a su lado mirándola con una expresión áspera. El problema no era con ella, eso lo sabía, pero su actitud sólo era una bomba a punto de estallar. Así que prefirió guardar silencio y sólo apuntarle hacia el extraño. El mismo que en un pestañear ya estaba frente a ellos y lo único que los separaba era un delgado vidrio que parecía querer ceder ante aquella intensa presencia —. ¿Qué demonios? —soltó casi sin aliento agarrando a su hermanita del cuello de su remera para obligarla a retroceder.

    —¡El astronauta quiere entrar, Luke!

    El vidrio explotó en millones de pedazos, lo que provocó que ambos se ocultaran detrás de un lindo sofá blanco y que Tony desapareciera desparborido por las escaleras como el buen perro guardián que era; los pasos del extraño retumbaron en el interior de su hogar, Luke no sabía exactamente qué pensar excepto lo más obvio que uno podría sacar como conclusión sin mucho esfuerzo: que él no era un astronauta y, no sabía qué broma pesada era aquella, pero también ponía en duda que fuese su mejor amigo Roberto.

    Él no se hubiese atrevido a tanto ni hubiera gastado tanto dinero para representar con exactitud a SPARTAN-117, el grandisímo e inigualable Jefe Maestro para matarlo de un susto. Sin embargo, no podía negar que se veía tan real...

    —Luke volvió a ocultarse detrás del sofá con el corazón en la boca.

    Estaba a un paso de orinarse en los pantalones.

    —Creo que te está hablando, deberías responderle, no eres cortés susurró su hermanita regalándole.

    —Cierra la boca, Rosie, shh —su voz era un pequeño hilillo de histeria y un grito, salido de alguna parte de su alma, se le escapó inevitablemente cuando el sofá voló hacia algún rincón de la casa que no se atrevió a espiar. Estaban expuestos, completamente expuestos y si morían allí, dudaba que alguien se atreviera a socorrerlos —. ¡No tenemos dinero, todo lo que nos dejan nuestros padres no alcanzaría para sus necesidades! ¡Por favor no nos mate, no me mate. Sé que he sido un asco de persona y que digo muchas groserías, pero juro que cambiaré! —suplicaba de rodillas con sus manos en lo alto y lágrimas en los ojos.

    ¿Dónde está Cortana?
     
    Última edición: 16 Febrero 2019
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  2. Threadmarks: Parte II
     
    Paulijem

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    Parecía que algo iba a explotar en él cada vez que analizaba lo vivido minutos atrás mientras intentaba hacer funcionar los transformadores de luz de emergencia que su padre había instalado hacía ya bastante tiempo. Su cabeza, no obstante, giraba entorno al sujeto que estaba con su hermanita. ¿Habría sido prudente dejarlo solo con ella? Le preocupaba mucho más que el Jefe Maestro estuviera solo con esa criatura. No sabía qué salvajadas se le podría ocurrir mientras él estaba allí luchando con esos malditos circuitos completamente fritos, como todas las instalaciones generales de su casa. Algo extraño para no haberse usado jamás. Quizá, el apagón no había sido ni por asomo uno de aquellos que normalmente ocurrían y subió a la sala de estar con aquella idea en mente.

    Era lo más lógico después de todo el maniático giro de circunstancias que estaban viviendo tan repentinamente, porque... ¿Qué rayos hacía un personaje del Halo allí? Debía ser una locura, debía estar en un sueño o tal vez, debía estar muerto. De cualquier forma necesitaba entender con claridad toda aquella situación, en especial, descubrir qué había provocado ese apagón y si era realmente la razón de que él estuviese ahí.

    Decidió hacer algo razonable, dependiendo de cómo se lo viera, pero debía buscar a Roberto.

    Roberto Altamirano era un tipo mucho más raro que Luke y no sólo porque aún seguía compartiendo su hogar junto con su madre a sus veintiséis años, sino porque siempre había vivido creyendo que todo lo que los rodeaba tenía relación con algún tema conspirativo y secreto del gobierno. Claro, no había llegado a cubrir su cabeza con papel de aluminio, pero no salía de su sótano a menos que fuese realmente necesario cargando con artilugios de índole desconocida que según él, bloqueaban las señales de los satélites espías.

    Nadie lo comprendía más que Luke y puede que su madre en ciertos aspectos. Sin embargo, fuese como fuese al primero en verdad le importaba un comino, necesitaba a alguien como él, loco y desquiciado capaz de darle un sentido al pequeño inconveniente que había aparecido en su patio; apareció en casa de los Blair con sus sandalias de caucho, su habitual chaqueta de cuero de un marrón gastado y viejo, pantalones caquis manchados por malteadas de fresas, gafas oscuras, cabello corto y desordenado y un ligero temblor en sus manos de tanta azúcar y videojuegos. Rosie estaba a su lado comiendo galletas, seguramente de parte de la señora Altamirano y una expresión que denotaba claramente que no estaba cómoda con aquel deplorable mejor amigo de su hermano mayor.

    Aunque, ¿quién era ella para juzgarlo?

    —¡Lo sabía! —soltó sacándose su anteojos de sol —. Tantos años de investigación y aquí está la evidencia de lo que muchos llamaron «locura» y «pérdida de tiempo» —caminó al rededor de John y golpeó su armadura con su puño para luego pegar su oreja esperando escuchar algo que jamás llegó a percibir —. Me pregunto si alguien intentó sacarlo del juego. Ya sabe, un científico loco obsesionado con usted para implementar su modo de combate al lamentable ejército que tenemos —no sabía si lo estaba mirando, pero por alguna razón supo que, de tener sus ojos descubiertos, estos estarían sobre él en ese mismo instante —. Supongo que no debe saber de qué estoy hablando.

    Entiendo perfectamente —su voz sobresaltó a los Blair como en el principio, era profunda, grave, extraña. No lo sabían con seguridad, pero aquel casco debía provocar esa terrorífica vibración que le atravesaba sus flacuchas extremidades. Además, su altura y su armadura no ayudaban en lo absoluto en calmar sus temblores. No eran precisamente valientes, sin embargo, nadie los hubiera culpado —. Y necesito ayuda, ahora.

    —Sí, yo también, en lo posible de un psicólogo —murmuró Luke para sí mismo metiéndose un par de papas fritas en la boca —. Por cierto, no te invité aquí para que te saques selfies con él, Roberto —este lo miró por encima de su teléfono celular y le guiñó un ojo —, ¿y cómo es que te funciona? El mío pareció haberse muerto.

    —Porque no es de ninguna compañía basura, lo hice con mis propios diseños y estos hermosos dedos que ves, con todos y cada uno de mis caprichos, obviamente —besó su celular y lo guardó dentro de su chaqueta —. Ya te expliqué una vez que nos controlan, nos vigilan y nos escuchan, ¿no? —aclaró su garganta y se apuntó con su dedos gordo hacia atrás —. ¿Cómo llegó aquí?

    —No lo sabemos. Lo único que sabemos con exactitud es que apareció después del apagón.

    —Portales —susurró pensativo —, es claro que estamos hablando de un nuevo nivel de tecnología humana o bien de algo mucho más cósmico y desconocido.

    Tecnología extraterrestre.

    —¡Exactamente! —canturreó dándole una palmada en la espalda al soldado —. Oye, si no lo quieres, ¿puedo quedármelo?

    —Él quiere volver, buscar a Cortana y ser feliz. No puedes quedártelo, fin.

    —Es una pena —chasqueó la lengua y luego miró al joven —. Sugiero que lo llevemos a mi sótano. Allí tengo lo necesario; si alguien lo trajo, debe tener en su sistema alguna codificación que pueda guiarnos al lugar desde donde fue traído a la fuerza.

    ¿Crees qué puedes hacerlo?

    —Claro, pan comido —Luke mordió su labio inferior y luego asintió en acuerdo —. Debemos darnos prisa, estoy seguro de que lo están buscando.

    Rosie se había encargado del camuflaje de John, un par de sábanas blancas y un sombrero ridículo de Vaquero que encontró entre las cosas viejas de su padre. Pero había funcionado, al menos la señora Altamirano no le encontró nada raro al sujeto que les sacaba más de medio cuerpo y tampoco hizo preguntas al respecto, al contrario, les había ofrecido más galletas.

    Pero ya debajo del sótano, las cosas tomaron un color un poco más serias. Las computadoras, programadas por Roberto, estaban completamente enloquecidas a lo largo y ancho del recinto. Algo había sucedido en su ausencia y trataba de comprender qué de todas ellas implicaban al personaje de videojuegos. Y resultó que, de la cuantiosa cantidad de datos que habían ingresado, todos apuntaban a John-117 y una búsqueda intensiva.

    —¿También tienes energía? Es imposible, ni siquiera los generadores de mi padre funcionaban.

    —Luke, la única explicación que puedo darte es que nunca he dependido de este sistema capitalista en el que vivimos. Claro, a excepción de sus hipnotizantes videojuegos en línea —sus ojos claros brillaban con la luz azul que desprendía el monitor frente a él —. Creo que salimos justo a tiempo de tu casa, amigo —en la pantalla de al lado aparecieron varios cuadros, pertenecientes a una cámara de vídeo, Luke no podría explicarlo, porque nada tenía sentido al fin y al cabo. Su casa estaba siendo allanada por personas con un aspecto rudo y misterioso —. No nos encontrarán aquí, así que no hay nada de qué preocuparse —se alejó de allí con su silla giratoria y quedó frente a otra computadora —. Bueno, creo que sé dónde comenzó todo. Lo que resulta increíble es que no estamos lejos del centro científico del que vino. De hecho, ni siquiera sabía que existía uno en este pueblo desértico.

    —¿Cuántos kilómetros?

    —Cincuenta, quizá menos —se giró hacia ellos con entusiasmo —. ¿Quién quiere ir?

    ~•~​

    —Te quedas aquí, estarás segura en esta casa —Rosie suspiró y se cruzó de brazos con molestia.

    —Yo quería ir. A parte, yo encontré al astronauta.

    —No es un astronauta, niña —comentó Roberto al paso llevando consigo una mochila en el hombro —. Estaremos en contacto, necesito a un miembro allí abajo, así que estarás encargada de guiarnos, ¿no es genial? —dijo de regreso desparramando su cabello —. Ahora, todos los que irán conmigo suban a la furgoneta.

    —Que alguien me aclare por qué va la señora Altamirano.

    —Resulta que reprobé mi examen para sacar la licencia de conducir y, aquí entre nos, es la única que puede manejar a esa cosa —Rosie volvió a bufar con molestia, sin embargo, no objetó nada más y sólo se quedó observando como todos subían al vehículo sin ella —. Mamá, arranca.

    —Ajústense los cinturones.

    John miró a su alrededor con cautela para luego descubrir que allí no había ni un solo maldito cinturón. Aunque, todos ya parecían haberlo sabido desde un principio. Estaba intrigado por aquellos humanos de aquella rara dimensión, no eran como los de la Tierra que él conocía, pero estaban siendo de ayuda a pesar de que no existía la tecnología que él esperaba para conseguir regresar.

    Y regresar había sido su única necesidad desde que había caído por ese agujero; sin decir más que unas cuantas palabras, ellos habían sacado sus propias conclusiones que no habían estado lejos de su realidad. No había pasado por alto que esos dos jóvenes sabían mucho sobre él y luego de espiar entre las cosas de quien parecía un vagabundo, supo de alguna manera el porqué.

    No le hacía gracia ser alguien ficticio, y sólo por eso sabía que debía volver a su lugar de origen. Odiaría ser usado para el mal, eso no formaba parte de su código. Claro, si es que esa había sido la razón por la que estaba con esas sábanas encima.

    Los tres miraron hacia el campo abierto. No había nada más que matorrales secos, cráneos de vacas y un buen número de lagartijas tomando sol. Se preguntaron si ya los habían detectado, después de todo, si ahí estaba la supuesta base científica sabrían que ellos estaban ilegalmente en sus terrenos.

    Está camuflada. Debe ser algún tipo de campo ilusorio.

    —Sí, me preocupa que ya nos estén apuntando en las cabezas.

    —Levanten el ánimo, muchachos —Roberto tomó una roca del suelo y la pesó con su mano —. Tenemos que entrar cueste lo que cueste. Averigüemos qué hay frente a nosotros.

    —¿Con una roca?

    Él sonrió y la lanzó con confianza, en un pestañeo, la misma se desintegró en el aire quedando de ella sólo partículas de polvo. Luke giró su cabeza hacia su derecha encontrándose con John sin las sábanas y su arma en sus manos. De repente, al mismo tiempo y sin darle un segundo para recuperarse de la sorpresa, se escuchó un crujido seguido de una explosión que no llegó a tocarlos.



    —Los malditos han estado aquí desde hace un buen tiempo y nunca lo supimos —Roberto negó asqueado para después saltar la cerca que los había estado separando de la base todo ese tiempo —. ¿No vienes, Luke? —preguntó después de notar que sólo el Spartan lo seguía.

    —Estoy bien aquí —a lo lejos se escucharon unas sirenas y el sonido de un par de helicópteros romper el silencio del cielo —. Pensándolo mejor, creo que los acompaño.

    Comenzaron a correr, esquivando las rocas y los arbustos de espinas que obstruían el paso. La base no estaba lejos, pero eso significaba que el peligro tampoco y tan pronto como cruzaron el segundo perímetro de la misma, las balas, reales y verdaderamente mortales, comenzaron a caer como lluvia sobre ellos. Sin embargo, el Jefe Maestro los cubrió con agilidad y respondiendo a los ataques con naturalidad. Luke quería detenerse a observar esa gran hazaña, Dios sabía que lo deseaba más que ninguna otra cosa en el mundo. Aunque si lo hacía, lo más seguro es que una de esas balas perdidas le darían de lleno.

    No era un juego, era real y aún no podía creerlo. ¿Cómo era posible? No dejaba de preguntarse eso. Todo había estado excelente horas atrás cuando lo único que lo llenaba de adrenalina aquel día, había sido una batalla contra ejércitos que no lo dañarían en lo absoluto.

    Y ahora estaba ahí, corriendo por su vida sin que ninguno de sus padres lo supiera, con su hermanita sola en un sótano de un extraño, un personaje ficticio del Halo disparando contra gente real y Roberto sacando selfies con su teléfono como si nada sucediera. No superaría jamás lo que estaba viviendo ni él, ni sus nervios, ni su corazón que latía como un salvaje.

    Se ocultaron detrás de un contenedor color plata. Los helicópteros los rodeaban y ya comenzaban a escuchar voces muy cerca, si había escapatoria no debía ser fácil llegar hasta ella.

    —¿Tienes un plan?

    Necesitamos una distracción.

    —¿Qué tan grande?

    Lo suficiente para llegar vivos a esa puerta —el Jefe Maestro apuntó con su arma hacia su izquierda. No había edificios, el lugar estaba rodeado de contenedores y casillas de vigilancia. Pero aquella puerta parecía esconder algo y claramente en lo subterráneo —. Creo que sé por donde comenzar.

    Sin previo aviso, salió del escondite caminando con seguridad mientras los disparos comenzaban a caer nuevamente a su lado. Pero parecía que nada podía tocarle, o al menos Luke y Roberto, maravillados y boquiabiertos, así lo encontraron. John levantó su arma y apuntó con ella hacia un tubo de gas, pareció haberse detenido el tiempo un instante, hasta que su dedo índice apretó el gatillo y el rayo azulado atravesó el tubo haciéndole explotar. La alta llamarada obligó a los helicópteros desviarse a un lado y el polvo encegueció a los vigilantes de tierra, la oportunidad perfecta para escabullirse hasta la puerta de acero.

    Una escalera inclinada hacia abajo, engullida por la más temible oscuridad, les dio la bienvenida cuando John pateó la puerta para abrirla. Mas, no dudaron en bajarla como alma que se lleva el diablo, opciones no tenían y las respuestas tenían tintes de estar allí abajo. John iba adelante con las luces de su casco encendidas y su arma en posición. Luke intentaba calmar su respiración agitada intentando no fallar los escalones que bajaba con rapidez, de vez en cuando vigilando por encima de su hombro que nadie viniese siguiéndolos. Estaba casi seguro de que su preocupación se haría realidad tarde o temprano.

    —Por aquí —la voz de Roberto hizo eco en el pasillo al que habían llegado, apenas iluminado por luces rojas de emergencias —, rastreé la señal y me guía hacia aquí —los tres miraron hacia la izquierda —. Para ser una base científica no tiene mucho movimiento.

    No significa que no exista el peligro.

    Buen punto —escucharon un estruendo y varios pasos apresurados por las escaleras —, y es tiempo de volver a correr. ¡Es emocionante, en verdad parece un escenario del Halo!

    —¡No puedo pensar lo mismo!

    ¡Deténganse o nos veremos obligados a disparar!

    El pasillo comenzó a aclararse y las paredes a ensancharse al mismo tiempo. El ruido de máquinas los ensordeció y la gente de bata blanca que caminaban de un lado a otro con prisa por allí, se detuvo en seco para entender lo que estaba pasando en ese momento. Pero ni Luke ni mucho menos Roberto notó aquello, sino que su atención se había quedado prendida en lo que había en medio de aquel lugar de inmensidades monstruosas.

    —Es el portal... —susurró Roberto completamente incrédulo.

    —No se detengan.

    John se giró para dispararle a unos tubos de nitrógeno para despistar a los guardias, creando un muro de hielo seco sin ninguna dificultad. O, pasó por el medio de ambos chicos para caminar hacia la especie de gelatina azul flotante sostenido por un círculo ovalado de metal blanco. Guardó su arma y miró a través de su casco a la gente que se corría despavorida de su camino.

    —No pueden pasar, no están autorizados para estar aquí —Roberto, saliendo de su estupor, arrugó su entrecejo con enojo y miró con amenaza al ingeniero —. E-es una orden.

    —Cerdos asquerosos, ¿cuándo iban a decirle a los habitantes de North Valley que tenían esta porquería debajo de sus propios pies? Sabía que eran una porquería —lo esquivó y a grandes zancadas alcanzó a John. Luke lo siguió en silencio, no tenía palabras para decir algo inteligente. Apenas podía explicarse lo que sus ojos estaban mirando —. ¿Qué necesita que hagamos?

    —¿Lo puedes hacer andar?

    —No lo sé, tendré que comprobarlo.

    Entre forcejeos, dispuestas y algunos lamentables heridos, Roberto logró que aquella cosa anduviese. Un viento huracanado destruyó y desordenó todo a su paso, pero el Jefe Maestro apenas sí se inmutó. La despedida no fue tan épica como se hubieran imaginado, no después de toda aquella desquiciada aventura; la frialdad del personaje del Halo apenas le permitió regalar un afable asentimiento de cabeza a los jóvenes que le habían ayudado arriesgando sus propias vidas, para luego darles la espalda y perderse para siempre a su mundo ficticio.

    Los problemas claramente no terminaron allí, después de todo. El portal se destruyó, la base fue evacuada por los gases tóxicos, tal vez hubieron muertos y ambos quedaron rodeados por policías y militares al final del día en un fallido intento de fuga. Fueron a la cárcel, sin embargo, salieron días después. Nunca supieron el porqué, después de toda la destrucción que provocaron. Aunque no se quejaron y no quisieron indagar luego de que todo regresara mínimamente a la normalidad.

    Los meses fueron pasando: Luke siguió jugando a sus videojuegos, Rosie siguió coloreando sus dibujos de Disney y la señora Altamirano no dejó de hornear sus galletas. En cuanto a Roberto, nadie sabe de él. Dicen por ahí, que fue secuestrado por extraterrestres o bien, que fue succionado por un videojuego luego de un experimento fallido.


    De cualquier forma, no importaba ninguno de los dos destinos, igual hubiese cumplido uno de sus tantos sueños desquiciados...

     
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    Leviatán

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    Increíble como Luke no disfrutó para nada el encuentro con Master Chief, tal vez en algunos momentos se le fueron los ojos admirando las hazañas que hizo, pero seguro hubiera preferido sólo verlas detrás del televisor. Aunque, ese tipo de personajes tan sombríos llegan a dar miedo y admiración más que ganas de conocerlos.
    Por otro lado, sólo una persona tan loca como Roberto podría haber disfrutado el encuentro, seguro se metió de lleno en el tema de los portales después de lo sucedido y ahora encontró la manera para ir a alguna otra dimensión (puede ser, después de todo se cumplieron sus locas teorías de conspiración).
    Ojalá el corazón de Luke pueda descansar y no se repita algo tan loco como esto, pues sin Roberto no sé si llegue tan lejos como esta vez. Y que Rosie consiga dibujos más lindos, jaja.
     
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