Long-fic ¡bésame!

Tema en 'Fanfics Abandonados de Inuyasha Ranma y Rinne' iniciado por razon, 15 Diciembre 2014.

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    ¡Bésame!

    Dedicado a Misuzu y Dante Baudelaire, quienes, amablemente, quisieron jugar.

    Capítulo 1.
    Amor.


    Desde hace un rato la observaba apegado a la ventana de la cafetería, aquella ventana que le daba una perfecta vista panorámica de la veterinaria, aquella ventana que le permitía encontrarla cada día.

    Y sus ojos, concentrados en su figura, la perseguían como quien persigue a una hermosa ave que surca los aires sin darse cuenta de las miradas de aquellos que, como él, se tenían que conformar con la aspereza del duro suelo.

    Persiguió las graciosas ondas que se formaban, de inicio a fin, en sus suaves y azabaches cabellos.

    Capturo y guardo con recelo toda imagen que ella le proporcionaba de su hermosa sonrisa, de aquella muchacha que, con solo un gesto de sus gráciles manos, le hacían olvidar tomar su expreso con precaución.

    Suspiró y miró el fondo de la taza humeante, tratando de que su lengua se enfriara.

    Y así, mientras trataba de terminar su café y mirarla a ella, se le fueron los minutos.

    Supo que no podía seguir con esa dulce e irresistible tortura cuando sonó su celular y, su secretaría, totalmente histérica, le gritaba que la reunión estaba por empezar.

    Suspiró, otra vez, y, luego de un rato, resistiéndose a la tentación de regresar para verla otra vez, pago la cuenta y se marcho a paso lento.

    Durante el camino se vio a si mismo atrapado en la inclemencia de torrentosos pensamientos que, maldita sea, no parecían suyos, porque, aturdido como un niño, no paraba de pensar en la posibilidad de agarrar su mano y pronunciar su nombre.

    Era terrible y deleitoso, amargo y dulce.

    Frunció el ceño.

    ¿Acaso era amor?


    ---------------------------------


    Si se preguntan el porqué de la historia simplemente quise jugar un poquito con 3 cosas, cualquiera y a elección, que les pedí a Misuzu y Dante.

    Misuzu eligió un disco de música, una montaña helada y un peluche.

    Dante, mientras tanto, eligió amor, un carnero, aves y música. (Si, sé que les hice elegir 3, pero no había visto el “aves” de Dante cuando me lo envió, así que lo dejaré ser y quedaran como 4, cortesía de la casa.)

    Los capítulos, como intuirán, tendrán el titulo de lo que hayan elegido, y puede que juegue con las cosas y las junte.

    ¿Por qué?
    Pues, como bruja, aún trato de quitarme el mal hábito de hacer lo que quiera, juntar, crear, comprimir los capítulos e intensificarlos y dejar con la intriga a la gente, pero simplemente no puedo.



     
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    Misuzu

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    Gracias por dedicármelo <3

    ¿Pero qué pareja es? D: Sé que eres amante de los SesshoxKag, pero para confirmar.

    Primero unas faltas de acentos que vi por allí, veo que aún tienes problemitas con eso, linda bruja.

    De resto, impecable, la narración es tu madera ;_; es hermosa, elocuente, llega el sentimiento. Está muy bien, si pasar de palabras rebuscadas, sigues manteniendo tu esencia :3

    Qué más te puedo decir, fue un poco intenso. Son los momentos de su confusión sobre qué siente, sea lo que sea, tiene esa necesidad de verla al menos desde lejos y oprimirla, observándola minuciosamente, sin contar el tiempo, solo dejándose llevar.

    No sirves para una historia interactiva haha.

    Nos vemos, razon :3 un gusto tenerte de vuelta. Estaré al tanto de la actualización.
     
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    razon

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    Capítulo 2.
    Una gran Montaña Helada que podría no serlo.


    Cierto día, en el que el cielo estaba claro y el sol brillaba en su máximo esplendor, la tierra pareció temblar bajo el edificio de la prestigiosa empresa Taisho.

    Sango Royals tenía 24 años, era una mujer alta, esbelta y, si cabía decir, su reputación de excéntrica y paranoica por las armas, aunque cierta, la dejaba sin cuidado.

    Su padre era policía veterano y su madre una de las mejores Juezas en la Suprema Corte del país. Desde la más tierna infancia tuvo acceso a la mejor educación y a debates de mesa que versaban desde la economía del país a asesinatos seriales. A los 5 años ya era de temer con sus argumentos, a los 16, cuando cumplió la mayoría de edad, manejó su primera arma. No fue hasta los 19 años, cuándo un don juan le quebró el corazón, que Sango se formuló una mala impresión de los hombres que la seguiría hasta, según ella, la muerte.

    A Miroku Ralss, el astuto zorro de la economía, reconocido por toda la prensa nacional como tal, y encargado de la parte administrativa de la empresa Taisho, le tocó presenciar la entrevista de la mujer que, hoy en día, ocuparía su mente con sus desfachatadas ideas y porte magistral. Al principio Miroku, hombre de intuición, se puso tenso con la presencia de Sango en la sala de entrevista. Y no era para menos cuando, contradictorio a todo pronóstico, el propio señor Taisho, mayor accionista y dueño de la empresa, la contrato al abrir la muchacha su boca y pronunciar que mataría por conseguir el trabajo. Aún hoy, los encargados de encontrar una secretaría para Sesshomaru, exceptuando su padre que estaba completamente feliz con la decisión, se encontraban confundidos.

    A pesar de todo nadie dudaba de que Sango, como secretaría personal de Sesshomaru, hijo mayor de los Taisho, hacia un excelente trabajo. El problema consistía en que, para la desgracia de ambos, sus personalidades chocaban.

    Es por esto, que la mañana de un horrendo lunes, aunque brillará el sol, nada animaba a Sango Royals. Teléfono en mano empezó a moverse de una punta a la otra en el lujoso despacho personal de Sesshomaru cuyas paredes eran una grácil combinación de blanco y azul. Luego de 3 timbres, caminó hasta uno de los sillones de cuero que rodeaban una mesita hecha de vidrio con hierro. Se sentó mientras tamborrillaba sus dedos contra el respaldo de los sillones que eran de abanó tallado. La oficina ocupaba la cuarta parte del piso 7, se podía apreciar en ella una televisión Led de 60 pulgadas pegada a la pared; Un escritorio de abanó con su respectiva silla, hecha a medida para Sesshomaru, de hierro y cuero negro; Un papelero de metal; Una Mac en el escritorio; Y, como mucho, un hermoso estante caoba que ocupaba una pared completa que tenía la ventaja de hacer de armario y archivador. Alguna que otra revista en aparador, cercano a la ventana, daba a entender cuanto le gustaba las óperas, artes y, temas financieros actuales que leía por mera obligación.

    Sango suspiro por décimo quinta vez en la mañana y se apresuró a bajar, se sentía tan enojada que, incluso, el camino a la recepción se le antojaba refrescante.



    Sesshomaru observó desde su automóvil como, en una plaza cercana, había un perro inmenso y negro. Era ya entrado en años, pero tenía un vigor en la musculatura que se podía intuir bajo una capa de barro y garrapatas. Pensó seriamente en la posibilidad de llevárselo. A menos, así tendría una excusa fiable para ir a la veterinaria de la chica de pelo azabache. Puso a arrancar su coche mientras sospesaba la posibilidad.

    —Incluso lo podría llamar Misiffu.

    Al instante desecho la idea. Nunca había sido el mejor para elegir nombres.

    Cuando empezó a sonar el timbre de su celular, intuyo que debía tratarse de Sango. Aunque no quería contestarle, su sentido de la responsabilidad le pesaba y, al sexto timbre, Sesshomaru cogió el teléfono e, instintivamente, lo alejó un poco de sí. Sango, al otro lado de la línea, le gritaba a pleno pulmón. Al parecer, contaba con 15 minutos de retraso y 1 minuto para llegar. Antes de despedirse, lo amenazo amorosamente con volverlo eunuco.

    Se encaminó por la ruta larga por pura maldad. Se pasó los últimos minutos pensando en la cara enojada de Sango. El acuerdo, en sí, era fácil; Sesshomaru aguantaba las rabietas de Sango y Sango aguantaba las estupideces e impuntualidad de su Jefe. Easy.

    Divisó a Sango antes de aparcar en la acera frente a la empresa, y esta, sin duda, a él. Aún dentro del auto, Sesshomaru podía sentir el incesante taconeo de los zapatos de marca de Sango cada vez más cercanos.

    Cuando bajó del auto esta le miró con odio y, mientras llamaba al Chalé para que bajará el Audi de su jefe al estacionamiento, Sango le pegó un par de veces con la punta de sus zapatos. Sesshomaru lo soportó estoicamente y la dejo ser. Ya le haría pagar de alguna forma. Cuando las cosas estuvieron listas, Sesshomaru y Sango se encaminaron directo a la empresa. Por el camino Sesshomaru intuyó cómo Sango fruncía el ceño.

    —Está bien, suéltalo.

    —Sesshomaru, eres la persona más aborrecible del mundo—Tomó una pequeña pausa antes de proseguir—. Y para mi desdicha estoy segura de que tendré la mala suerte de tener que soportarte en todas mis reencarnaciones futuras.

    Sesshomaru la miró de soslayo sin detenerse. Antes de que se abrieran las puertas del ascensor, sonrió de forma casi imperceptible y le acarició la cabeza.

    —Lo sé. También pienso que en mis vidas futuras será divertido torturarte.

    Sango se quedó un rato parada, antes de reaccionar y entrar al ascensor. Respiró hondo y pulsó el botón 6 después de exhalar profusamente.

    Era la primera vez que Sesshomaru le sonreía.

    Y el problema era que lo hacía bien.

    —"Tal vez, y solo tal vez—Pensó Sango—, Sesshomaru no es tan frio como una montaña de hielo"

    Aún en estado de negación se dedicó a admirar la masculina silueta de su jefe envuelta en un elegante traje negro recto, marca Dior. Pero fue cosa de minutos para que la cabeza de Sango hiciera Clic.

    Sonrió profusamente.

    —Estás enamorado—. Sango creyó ver, por un momento, una pequeña agitación en los hombros de Sesshomaru. A Sango no se le podía engañar. Tenía olfato para el amor — ¿Quién…?

    La pregunta flotó en el aire sin ser terminada.

    Se abrió la puerta y la cara de Inuyasha Taisho los recibió apenas se bajaron.

    —Te he estado esperando un montón. — Exclamó, con furia, el chico albino.

    Sango miró atentamente al hermano menor de su jefe. Se veía apuesto con en ese traje color azul marino, pero tenía una inmadurez nata que le hacía parecer adorable y jovial. A veces pensaba que era una lástima que a ella le hubiesen asignado a Sesshomaru en vez de a Inuyasha, estaba segura de que su trabajo hubiese sido más tolerable, divertido y fácil.

    —De todas formas sé de lo que va esta junta.

    Sesshomaru enderezó su corbata antes de caminar sin prisa a la reunión. Por el camino contempló con ojo crítico la limpieza del pasillo. Las ventanas estaban pulcras, la alfombra se veía tan roja como debería y las paredes blancas despedían un agradable aroma a canela.

    La voz de Sango lo sorprendió en sus cavilaciones.

    —Sesshomaru, tú siempre lo sabes porque eres el sucesor.

    —Lo sé porque leo tus informes de la empresa, Sango.

    —Hoy estas bastante comunicativo, jefe.

    —Sango, solo cállate y vamos.

    Yes, Sir.

    Inuyasha se resignó con un movimiento de hombros. Tanto Sango como Sesshomaru se pasaban la vida ignorándolo. Supuso que así habían sido siempre las cosas, por lo cual no se lo tomo tan a pecho como antaño. Se dedicó a suspirar y arreglar su platinado pelo en una coleta alta, muy parecida a la que llevaba hoy su hermano, para mitigar el calor de la tarde.

    Sin duda, iba a ser un día muy largo.

    -------------

    Todos sabéis que amo el SesshomaruxKagome, así que es de ellos <3
    Igual puede que me surja la necesidad imperiosa de cambiar de pareja, una nunca sabe cuan mala puede ser hasta que relee sus escritos antiguos.

    En fin, siempre me equivocó en las Oes finales que, por regla, deberían tener acento pues estan en pasado.
    No sé, nunca me lleve bien con ellas. Somos algo enemigas (?). De todas formas intenté prestarles atención.


    Trato de esforzarme en ello, es duro volver y que, de repente, me de cuenta de que sigo intentando intensificar todo.
    Juró que me he intentado pegar en la mano cada que lo escribo así, igual debería hacerlo solo cuando esten narrando en primera persona o, cuando sea una parte romántica.
     
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    Bruja razon <3 Es una alegría inmensa tenerte de nuevo por acá. Más aún retomando ya la escritura por este forillo.


    Y aw, ha quedado impecable en narración, una sonrisa me acompañó mientras leía, y es imposible no hacerlo mientras se te lee, olvidando claro a tus enemigas declaradas <3 No por ellas el escrito pierde algo. Tu sabes dejarle esa estela elegante, implantarnos la emoción de querer más de lo que sea que escribas.

    Oh, el detalle de que se quemó con café, estaba tan embotada que a la segunda que leí es que lo agarré al vuelo. Hey, Misiffu? No sé por qué, pero me sonó en honor a Misuzu (?) Me corroe saber cómo es que se van a encontrar. Si Sessho se acercará, ella irá al café, en la calle, en una situación de peligro con algún can mientras la mira, ¡hay tantas posibilidades!

    El gesto con Sango de acariciarle la cabeza...lo vi tan Sesshorinesco (?)

    Saludos querida!
     
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    razon

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    Capítulo 3

    De música y otros males.


    Inuyasha sonrió cuando Miroku, pendiente del reloj, paraba de teclear, revisar y escribir, solo para chequear cuando venía su primer descanso.

    —Hombre, deberías dejar de ser tan impaciente.

    Miroku lo miró. Frunció el ceño y luego, con una sonrisa floja, se dirigió al sillón de cuero donde su amigo estaba cómodamente sentado. Tomo asiento a su lado.

    —Es el amor.

    —A veces me parece increíble que lo digas así, tan a la ligera.

    —No es a la ligera, Inuyasha—Miroku hizo un mohín, seguro de que Inuyasha se reiría de su expresión—, voy enserio esta vez.

    Inuyasha rodó los ojos, sonriéndole de forma amigable.

    —Está bien, está bien ¿Puedo preguntarle, al Don Juan de esta humilde empresa, qué lo hizo cambiar tan dramáticamente?

    Miroku le devolvió la sonrisa, mientras se levantaba para estirarse.

    —Un niño como tú no podría entenderlo.

    Esta vez, el del mohín fue Inuyasha.

    —Venga tío, que tengas 23 y yo 19 no tiene nada que ver.

    —Tal vez si, tal vez no —Hizo una pequeña pausa, pegándole suavemente en su cabeza—. Debo trabajar y tú estudiar. Cada uno a lo suyo, tío.

    —Sí, sí.

    Miroku fue de nuevo a su escritorio y, mientras tecleaba y tecleaba, le lanzo miradas furtivas a Inuyasha que estudiaba, con una concentración increíble, un macizo libro de Medicina.

    Aun pareciéndole irreal lo bien que se llevaba con el hijo de su jefe, recordó la errónea visualización que hizo de Inuyasha antes de conocerlo. Sin duda, siempre había esperado a alguien mimado o con un humor peor al de Sesshomaru, si es que eso existía dentro de la lógica humana.

    Agudizando la mirada en la plantilla contable, Miroku recordó perfectamente cómo se habían conocido. Todo se remontaba años atrás cuando Inuyasha cumplió la mayoría de edad e Inu no Taisho se decidió a presentarlo de forma púbica. El presidente hizo una reunión dentro de la empresa y anunció que Inuyasha pasaría tiempo en la empresa para aprender del negocio familiar y enseñarle algunas cosas que, su padre pensaba, le serían útiles en un futuro cercano. Luego del discurso, Taisho padre ofreció comida gratuita y, cómo Miroku no perdía la oportunidad de coquetear con mujeres bonitas, se dirigió rápido a hablar con, por la entonces, décimo cuarta secretaria de Sesshomaru que encontraba en la fase de desesperación tras conocer al Jefe más tirano de todos los siglos. Mientras hablaba y hablaba, un grupo de mujeres bonitas, reunidas en torno al hijo menor de los Taisho, llamó su atención.

    Ese pelo plateado de los Taisho, que lo hacía vistoso y reconocible a millas de distancia, se alzó grácil entre el mar de féminas y, con solo con ver una pequeña porción de él, le basto para confirmar su descendencia. Inuyasha estaba completamente cohibido, sonrojado levemente por la vergüenza. Como todo un caballero, Miroku se despidió de la chica con la que hablaba y se dirigió a ayudar al inexperto chico en el arte delicado de domar a las fieras.

    —Inuyasha Taisho, ¿Cierto?

    Inuyasha asintió en silencio, mientras ambos se daban un cordial apretón de manos. Observó a Inuyasha suspirar, cansado de las constantes preguntas, algunas obscenas, que le seguían cayendo como bombas a su alrededor. Inuyasha lo miró, aliviado de tener la presencia de un hombre entre tantas mujeres.

    —No te preocupes, yo me encargo.

    Sintiendo el instinto de hermano mayor que nunca pudo brotar al ser hijo único, se giró hacía las mujeres, dispuesto a ayudar al chico.

    —Señoritas, este joven y yo necesitamos hablar urgentemente sobre temas masculinos.

    Las chicas, enojadas a más no poder por aquel machismo obvio, lo miraron con intriga y odio.

    Miroku sonrió, con la seguridad de que le sería fácil salir de esta.

    —No me malinterpretéis, bellas damas. Simplemente quiero hablar con él para que se sienta más cómodo. Si le sacó información, prometo decirles hasta su número. —Con estas palabras acompañadas su un coqueto guiño, las mujeres rieron y se miraron unas con otras. Con lentitud, ellas se despidieron de los muchachos y se dirigieron a hablar a otro lado entre ellas.

    —Increíble —Inuyasha, con la boca abierta de la impresión, apenas pudo encontrar las palabras para adecuadas para expresarse. Nunca antes había visto a alguien que despachará a las mujeres tan rápido y sin herirlas.

    Miroku sonrió, inflando le pecho como una paloma.

    —Por supuesto.

    Las expresiones tan vivaces y alegres de Miroku lograron hacer carcajear al chico que, llamando la atención por su risa espontánea y melodiosa, provocó más de un suspiro.

    Miroku también le sonrió, seguro de que Inuyasha era un diamante en bruto.

    —Lo siento, no me he presentado—Haciendo una ligera pausa para llamar su atención, Miroku sacó una tarjeta de presentación y se la extendió—. Soy Miroku Ralss, jefe del departamento administrativo de la empresa.

    Inuyasha tomó la tarjeta y, guardándola entre su traje, hizo contacto visual con el chico pelinegro.

    —No tengo una tarjeta de presentación, pero al menos podría invitarte algo como agradecimiento.

    Ambos hicieron contacto visual y sonrieron, seguros de que esa nueva amistad iba a durar por mucho.

    Y, por supuesto, lo hizo.

    Miroku miró otra vez a Inuyasha, que no se había despegado de su libro.

    Suspiró mientras movía los hombros en un intento de aliviar la carga laboral de la mañana. Sin duda, mientras más veía Miroku a Inuyasha, más veía a un niño ejemplar.

    Cuando salieron a tomarse un café, luego da la asfixiante reunió, Miroku le había preguntado sobre la carrera que quería estudiar, seguro de que su ambición sería suceder a su padre pero, como siempre, Inuyasha lo sorprendió gratamente cuando le dijo que quería ser médico para cuidar de su enfermiza madre. Desde su punto de vista, era un deseo bastante noble y admirable.

    Miroku nunca había visto a la señora Taisho en persona, pero no fue hasta el año siguiente de haberse conocido que Inuyasha le mostró un álbum familiar con imágenes, por decir poco, interesantes. Entre ellas estaba la abuela materna de Inuyasha, Inu no Taisho e Izayoi en su boda, Inuyasha bebé y, guardándolo al final, Inuyasha le mostró el santo grial; Una colección completa de imágenes de Sesshomaru niño, y, entre ellas una foto de él llorando a los 5. Miroku, por supuesto, no pudo evitar tomar una copia de ese tesoro nacional.

    Ahora que caía en el tema, Miroku no pudo reprimir su impulso de desviarse del tema hacía lo extraño que siempre le había parecido Sesshomaru. Evitaba tanto a su hermano como a su padre y a pesar de ser buen parecido, nunca había tenido novia cuando, incluso con su pésimo carácter, le llovían las interesadas en su “misterioso, oscuro y solitario” corazón. Sin duda, desde que había llegado a la empresa, Sesshomaru emitía un aura innegable de líder innato, además poseía una sensatez admirable y pensaba con la cabeza fría las decisiones de la empresa. Pero, dentro de todo lo demás, nadie podía jactarse de conocer realmente a Sesshomaru Taisho, incluso el mismo Inuyasha tenía problemas en contarle sobre los gustos de su hermano o sobre lo que haría en un día normal. En resumen, Sesshomaru Taisho era un interminable rompecabezas al que había que descifrar si se le quería vencer.

    Por supuesto, Miroku no tenía intención de derrocar a Sesshomaru o algo por el estilo, simplemente le gustaba e intrigaba esa cualidad suya de ocultarlo y guardar todo para sí mismo que, si bien podría llevarlo lejos en el mundo de las negocios, también podría significarle su propia destrucción si existía un corazón dentro de todas esas capas de aparente hielo impenetrable.

    Suspiró y sonrió sin razón, intentando regresar a su trabajo, olvidando con ligereza un tema que, en realidad, no le interesaba resolver solo.

    Levantó la vista cuando el celular de Inuyasha comenzó a sonar.

    —Es mi padre.

    Miroku asintió, compresivo y entre miradas cómplices, se despidieron.

    Cuando se fue Miroku continúo tecleando, con la felicidad sórdida de saber que faltaba poco para su primer descanso.



    El trabajo de una secretaría consiste en planificar, dirigir, coordinar, supervisar y evaluar diferentes situaciones; Además esta debe sugerir sin ordenar a su jefe y, siempre con recato, obedecer sin interferir en el trabajo de sus superiores.

    Esta definición, sin duda, no existía en el mundo de Sango Royals que se pasó el día atendiendo a su Jefe con una burlona sonrisa en la cara. Sesshomaru, nada paciente, se vio en la necesidad de actuar de forma rápida.

    Mientras Sango caminaba por los pasillos de la empresa, pensó en cómo hacer ese dichoso un informe de las próximas depreciaciones que tendría el mercado para las inmobiliarias.

    Se dirigió lentamente por los amplios pasillos que daban hacia su oficina. Esta era de color beige y muebles negros, nada tan sofisticado como los relieves en el escritorio de su jefe, pero así le gustaba a Sango; Sencilla, útil y bonita. Esta hubiese deseado decorarla con algunas flores y plantas para darle vivacidad a la atmosfera, pero el problema consistía en que Sango no era buena cuidándolas; O les daba mucha agua o las achicharraba dejándolas al sol. Tanto así que hasta los cactus corrían peligro con ella.

    Sango suspiró y dejo el tema de lado. Había traído un café de la máquina de la cafetería y se dispuso a tomarlo con lentitud mientras ordenaba unos papeles.

    Se relamió los labios al acordarse del susto que le dio a Sesshomaru. Era la primera vez que Sango estaba tan segura de algo referente a su Jefe. Y lo mejor, sin duda, era que en los días que le quedaran de vida ya no tendría que pensar en cómo matarlo, sino cómo molestarlo con el tema.

    Sintió unos ligeros pasos dirigirse hacia su puerta. Miroku entró sonriente. Sango tragó su café y miró el reloj de gatito que tenía colgado en la pared de en frente; eran las 4:30 PM, el primer descanso de Miroku.

    —Sango, el día de hoy pareces una hermosa Dalila.

    — Una malvada Dalila, quisiste decir.

    Miroku no entendió la respuesta, pero de todas formas decidió dejarla ser. Sango a veces podía ser una chica muy misteriosa.

    Lo que le quedaba de descanso a Miroku, este lo desperdició de forma ostentosa admirando afanosamente la profunda y tenue figura de Sango; apaciguando su propia alma diciéndole a Sango Royals, el amor de su vida, el futuro pleno que les esperaba a ambos, lleno de hijos, dinero y fama, todo fruto de su mutuo amor.

    Sango, por supuesto, lo ignoró y, entre sorbo y sorbo de su café, meditó en la posibilidad de espiar a su jefe.

    El problema venía en cómo descubrir lo que su Jefe, estaba segura, ocultaba con el ahínco de un niño pequeño que protegía un juguete sin usar. Eso era, obviamente, su corazón.

    Sonrió otra vez.

    — ¿Entonces te gustaría acompañarme a comer?—Solo entonces Sango lo miró. Por supuesto, ella no tenía idea de lo que le había hablado Miroku en todo ese lapso, pero si de algo estaba seguro Miroku era que si mencionaba comida gratuita Sango lo seguiría hasta en su tumba.

    — ¿Dónde? ¿Qué comeremos?

    Miroku se rio brevemente. Amaba con locura esa pasión tan suya por la comida que, tratándose de otras mujeres que conocía, sería limitada a una ensalada y un café.

    —Se llama Motion y sin duda sirven la mejor comida tailandesa que he probado.

    —Está bien—Sango con un rápido movimiento ordeno las hojas y les puso un clip según el mes—, apelaré a tu buen paladar.

    —No te arrepentirás—Miroku le sonrió y se fue rápido a su oficina a terminar el papeleo que le quedaba—. Te veo en tu oficina a las 7.

    Sango rodó los ojos y omitió responderle. Observó un rato a Miroku, que no ocultaba su felicidad.

    Se rio de él cuando, con la cabeza en las nubes, lo vio cruzar el pasillo e imitar algo que parecía un baile lleno de chasquidos, vueltas, saltos y deslices.

    A veces, sin duda, Sango pensaba que Miroku dentro de toda esa estupidez, era un buen tipo.

    Un tipo realmente divertido y afanoso.




    —Sesshomaru, deja de escuchar eso.

    Sesshomaru, con los audífonos a máximo volumen, los pies sobre un banquillo y mirando hacia el ventanal de su despacho, que daba una vista hermosa del atardecer, no lo escucho en lo más mínimo a pesar de que Inuyasha, en un intento que le hiciera caso, acompaño sus palaras de movimientos básicos que fácilmente se entenderían.

    Cuando la canción terminó, Sesshomaru meditó severamente sobre si sería buena idea repetirla e ignorar a su hermano pero, con un acto de conciencia y sabiendo que debía volver a su trabajo, se sacó los auriculares.

    —Habla.

    Inuyasha lo miró con fastidio. Siempre le había molestado ese porte, orgullo e indiferencia magistral que mostraba Sesshomaru.

    —Padre me ha pedido que te diga algo—Hizo una pausa, dudando. En realidad no creía que él fuera la persona idónea para hablar sobre un tema así—. Padre quiere que…

    Sesshomaru se paró de su mullida silla y caminó por la habitación.

    — ¿Qué quiere ahora?

    A Inuyasha no le sorprendió estas palabras cargadas de tensión, de hecho, las esperaba.

    —Es importante para él, Sesshomaru.

    —Para mí no lo es.

    Inuyasha rodó los ojos y se masajeó el puente de la nariz mientras su mano disponible reposaba en su cintura. A veces, sinceramente y con creces, Inuyasha sentía la necesidad de matarlo.

    Decidió soltarle la bomba antes de que se le ocurriera salir y dejarlo hablando solo.

    —Quiere que te cases.

    El mensaje dio el efecto deseado; Sesshomaru paró en seco y lo miró.

    — ¿Qué?

    —Es lo que has escuchado.

    Inuyasha sonrió de soslayo. Si Sesshomaru se quedaba callado era porque la idea le gustaba poco o la sospesaba seriamente.

    —Además me ha pedido que vayas a su despacho. Dice que deben hablarlo de forma urgente.

    — ¿Cuándo?

    Inuyasha dudaba sobre si Sesshomaru realmente quería ir. Vio la cara estoica de su hermano y, poniéndose serio, carraspeó.

    —Ha dicho que esperaría a que lo procesaras. Cuando te calmes, eres libre de hablar con él sobre el asunto como “dos hombres serios” deberían.

    Sesshomaru se dio la vuelta y caminó en dirección al vidrio. Se quedó mirando el atardecer, meditando la situación.

    Inuyasha, lo observó en silencio, cuestionándose las razones de Sesshomaru para estar tan tenso. Su padre siempre había sido una persona amable y recta que los había tratado a los dos como iguales. Inuyasha pensaba diariamente que sus personalidades eran algo parecidas y que, incluso, sus opiniones en cosas relacionadas a la economía de la empresa concordaban.

    Observó la espalda de su hermano, tan firme y derecha que parecía que ningún viento o huracán podría derrotarlo. Sonrió de forma instintiva.

    Su hermano, sin dudas, era fuerte. Fuera lo que fuera que le pasaba con su padre, Inuyasha esperaba que lo solucionara pronto. Aunque le parecía bastante irreal y tonto el hecho de que su padre quisiera que su hermano se casara, Inu no Taisho se limitó a sonreírle y pedirle, amablemente, que no se burlara del tema cuando lo descubrió, algunas horas atrás. De todas formas, a Inuyasha le seguía pareciendo una idea loca, así que no se lo tomo muy a pecho. De seguro era una cosa conversable y ambos, en algún punto, lo olvidarían.

    El continuo movimiento de los autos logró atraer la atención de Sesshomaru que, exasperado, frunció el ceño.

    Desde la perspectiva de Sesshomaru su padre era una persona de cuidado. Ciertamente, no podía negar que era amable pero detrás de esa apariencia Ino no Taisho era una persona impaciente y, si algo sabía Sesshomaru sobre su padre, era que esperaba demasiado de su propia sangre.

    Cerró los ojos, sintiéndose repentinamente cansado. Quería masajearse la cien, pero debía mantener la compostura con su hermano allí, justo a su espalda, vigilándolo con atención.

    Respirando hondo, Sesshomaru se dio la vuelta y miró a su hermano, pretendiendo que todo estaba bien.

    —Entiendo, puedes irte.

    Inuyasha lo miró a los ojos, encontrándose con dos llamaradas violentas y frías como las de un halcón. Bajo la vista de forma rápida, cohibido por esos ojos tan imponentes y magníficos que parecían brillar como el oro.

    — ¿Irás?—Pudo soltar el chico con dificultad, extrañado. Por simple curiosidad, miró a los ojos de su hermano otra vez, encontrándolos tan calmos e indiferentes que creyó que había alucinado.

    Sesshomaru asintió silenciosamente e Inuyasha, aliviado con ese simple gesto, elevó sus hombros, quitándole importancia y se fue, seguro de que las cosas tendrían un buen final.

    Solo cuando ya no pudo divisar a Inuyasha entre los pasillos, Sesshomaru suspiró pesadamente intentando reprimirse a sí mismo.

    Con lentitud, procesando los hechos, pensó de forma instintiva en la chica del pelo negro y en su hermano, que quería estudiar medicina con el noble objetivo de aliviar a Izayoi, su madre. Se puso la mano en el pecho, sintiéndose dividido entre dos caminos que no le ofrecían la información necesaria que él hubiese requerido para tomar la decisión correcta.

    Le parecía duro de admitir, pero tendría que ceder, no estaba seguro de los rumbos que su vida y su padre tomarían si elegía a una desconocida.

    Con la vista clavada en el ir y venir de la gente, Sesshomaru sintió el duro contacto del vidrio en su frente.

    Huir tampoco era una solución viable. Ino no Taisho era demasiado astuto y él mismo era demasiado orgulloso como para pasar de algo que había planeado toda su vida; Dejar a Inuyasha libre de la opresión del apellido Taisho.

    Miró el cielo por última vez. Algunas estrellas ya estaban ahí, observándolo con la burla de aquellos que están arriba de los mortales. Sintiendo vergüenza sobre sí mismo por su indecisión sobre un tema que era claro, bajo la vista.

    ¿No sería hora de cantar “Vesti La Giubba” con el honor que le quedaba y continuar el acto?

    Sonrió. Esperando que la canción lo tranquilizara como antaño.

    “¡Recitar! Mentre preso dal delirio
    non so più quel che dico e quel che faccio!
    Eppure... è d'uopo... sforzati!


    Bah, ¿seti tu forse un uom?

    ¡Tu sei Pagliaccio!

    Vesti la giubba e la faccia infarina.
    La gente paga e rider vuole qua.

    E se Arelcchin t'invola Colombina
    ridi, Pagliaccio e ognun applaudirà!
    Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto;
    in una smorfia il singhiozzo e 'l dolor...


    Ho…

    Ridi, Pagliaccio, sul tuo amore infranto,
    ridi del duol che t'avvelena il cor!”



    Con un perfecto Italiano Sesshomaru dejó escapar la última palabra con un cierto dolor quemándole la garganta. Sabía que no había sido una interpretación perfecta, pero su voz grave y monótona le daba cierto aire desgarrador agradable al oído que, Sesshomaru intuía, gustaba bastante al ser cantado a Acapella.

    Se dirigió al armario y sacó una bufanda, listo para caminar y despejar su mente.

    Suspiró, sabiéndose resignado a su suerte y a su estúpido corazón.


    ----------------------------------------------

    Nota de autora;

    ¿Me habéis extrañado? Porque yo si, tengo tantas clases al día que algún día colapsare (En realidad, siento que no es mentira lo que acabo de contarles xD)

    En fin, he hecho un capitulo de larga duración, solo porque los/as tengo muy abandonados, chicos/as.

    Dios, ni siquiera lo había pensado de esa forma xD. Acabo de realidad tiene bastante parecido, a lo mejor lo hice sin querer pero queriendo (?).

    Les cito la regla de oro en mi experiencia de escritora: "Mientras más mala la bruja más gente la quiere."
    Así que les dejo el encuentro de los dos a su completa imaginación. >:3

    Para la curiosa que quiera saberlo o la que haya llegado hasta aquí, he de decir que no me fue para nada fácil hacer el capitulo en temporada de guerra (pruebas), a veces no me gustaba como iba quedando y lo borraba por partes o en su totalidad. He hecho este capítulo como 5 veces, por que, como intuís, me aburría arreglarlo en su totalidad y prefería hacerlo desde cero. (No sé si decir si soy floja o exigente conmigo misma xD)

    En fin, la canción que canta Sesshomaru me encanta, se llama "Vesti la Guibba". Les dejaré el lik al final de la nota para que sepan de que va la canción. Y bueno, para las que saben, entenderán mis razones para poner a Sesshomaru cantándola. Os digo que la letra lo dice todo, baby's.


    Bye-Bye!
    Bruja fuera x3 <3


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    Pluma de
    Escritora
    Ay, hace tiempo que necesitaba leerte, mujer.
    No sabes cómo extrañé ésas descripciones tan magníficas que sólo tú sabes hacer.

    Me encanta<3

    Hace tiempo que no leo fanfics de ésta pareja, años querré decir y hoy cuando me ha entrado la nostalgia, buscando a la que me enseñó todo lo que sé, encontré esta hermosura de escrito.
    ¡Demando una continuación!

    Quiero saber qué hará Sesshomaru, cuáles son los planes de su padre y cómo hará para salvarse.
    Esta idea no se puede perder.

    Te mando saludos, brujita mayor. Aún ocupas un gran lugar en mi corazón<3
     

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