Takato le había entregado a Ruki un zafiro más azul que el cielo mismo, un regalo para un aniversario inusual.
¿Quién sabe? Tal vez Ruki y Takato estaban destinados a permanecer juntos hasta los últimos días de su lejana vejez.
Se había vuelto usual que Takato le sacara una sonrisa imprevista a Ruki, acompañada de un leve sonrojo. Desde entonces…
Para Takato su primogénita, la bebita tan parecida a su madre era el mejor obsequio que Ruki pudo haberle dado.
Jamás habría esperado que ese chico, cursi, ingenuo, infantil, inmaduro terminaría siendo su detallista, inocente, dulce, puro y entusiasta novio.
Takato nunca pensó que su novia, Ruki, podría verse aún más linda hasta que la vio festiva con ese Kimono.
Solo él atravesó sus defensas de hielo. Con su dulzura e ingenuidad captó sus ojos violetas y ganó su corazón.
Adoraba confrontar con su vista a esos ojos carmesí, que combinaban con el fuego de su cabello. Sencillamente lo amaba.
Le gustaba dormir. Y soñar con su cabello rojo. Para poder dibujarlo en cuánto se despertara y regalarle el resultado.
Cuando la vio recién levantada, despeinada, con el cepillo en la boca, supo que era bella. Supo que estaba enamorado.
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