Poco después de que el señor Bin nos diera unos consejos para mejorar nuestra técnica, Hino-san se nos acercó con un par de adolescentes que parecían ser gemelos. Nos explicaron que habían acabado apiñados con otros alumnos en una única habitación y, claro, eso les había hecho dormir de cualquier manera. Sonreí con algo de ternura al escuchar la historia, ignorando que tan solo nos diferenciaban tres años, y asentí con la cabeza cuando uno de ellos nos preguntó por las pasantías, procurando aguantar la risa que el comentario del otro me quiso provocar. —¿Qué dices, Thi? Parece que los dos necesitan un masaje tailandés, ¿no? —le pregunté al rato, en voz algo más baja para que los hermanos no nos escucharan. —Yo también lo creo... —me contestó, asintiendo un par de veces con la cabeza—. En cuyo caso deberíamos asegurarnos antes de que no tengan otras lesiones, como nos ha enseñado Bin-san. Dicho y hecho, nos volvimos a acercar a los niños tras nuestra breve reunión. >>Antes de empezar, ¿podéis confirmarnos que no tengáis problemas articulares severos o alguna otra lesión importante, por favor?
Hino asintió levemente con la cabeza, avalando la decisión de las chicas con discreción. Los gemelos se miraron entre sí ante las preguntas de Alethea y negaron al mismo tiempo. —Hará dos semanas le golpeé en la cabeza con una tabla de surf, ¿cuenta? —dijo uno de ellos, el de los comentarios sarcásticos, y su hermano se ruborizó ligeramente. —¡Hikaru! —se quejó, inclinándose hacia él. —No deberían tener problemas con ellos, son dos muchachos jóvenes y saludables —apuntó Hino, y le sonrió a las pasantes—. ¿Todo listo para arrancar, entonces?
No pude evitar que algo de diversión permeara mi sonrisa ante la respuesta del gemelo que parecía ser más rebelde, si bien procuré disimular la misma lo más rápido posible. Negué un par de veces con la cabeza a modo de respuesta, queriendo mantener la profesionalidad a pesar de todo, y correspondí a la sonrisa de Hino-san con una similar, agradecida por su intervención. —Síp, ¡estamos listas! Fue Riamu la que contestó, su ánimo aparentemente recuperado, y yo asentí con la cabeza para afirmar que me sentía de igual manera. —Muy bien. Os daremos un masaje tailandés a cada uno, ¿vale? Eso debería ayudar a relajar vuestros cuellos. ¿Vamos~? Contenido oculto estos pinches dados.................
Así, las pasantes se dispusieron a tratar a sus clientes. Pese a la sesión de práctica inicial, Riamu no se topó con mayores dificultades al tratar a Kaoru, quien, pese a sus titubeos y miradas esquivas, de tanto en tanto disponía su propio cuerpo para ayudar a la muchacha. Parecía tener ciertos conocimientos de la tarea. Alethea, por otro lado, se encontró músculos curiosamente rígidos para tratarse del hermano desenvuelto; un vistazo a su rostro bastaría para dar cuenta de las facciones tensas. ¿Estas situaciones, quizá, lo pusieran nervioso? Fuese responsabilidad de Alethea o de la predisposición de Hikaru, lo cierto es que la sesión de masajes se dificultó. Al final del turno los roles parecían haberse invertido. Kaoru le sonrió a Riamu, contento, y se inclinó ligeramente en señal de gratitud. Su hermano se bajó de la camilla intentando destensar brazos y cuello. —Este chico... —protestó Hino cerca de Alethea, meneando la cabeza—. Me imaginé que algo así ocurriría. Probablemente haya venido aquí para acompañar a Kaoru, nunca lidió muy bien con que un extraño lo toque demasiado. En fin... Hino buscó a Bin con la mirada, quien se mantenía al tanto de la situación desde el otro extremo de la sala. Parecieron sostener un breve debate sin palabras hasta que el hombre, resignado, sacudió la cabeza. —¿Te gustaría quedarte un poco más con nosotros? —le sugirió Hino a Alethea, sonriéndole—. Después de esta ronda cerramos, de todos modos. Contenido oculto Masajes Tailandés: Hikaru [18] > Alethea [10.8] Tailandés: Kaoru [0] > Riamu [13.7] F chipe-chan. Lo mismo de antes, bebi, puede quedarse o irse. Si se queda, sería el último intento de la jornada. Riamu gana +1 de experticia en el masaje realizado
No me consideraba una persona especialmente testaruda, pero incluso alguien como yo tenía un orgullo que defender. Fallar dos veces seguidas con los masajes cuando creía haberlos entendido tan bien en la teoría era... algo descorazonador, a decir verdad. No... no solía costarme tanto hacer las cosas bien y, quizás, estaba empezando a descubrir que me molestaba un poco cuando pasaba lo contrario. En fin. Me despedí de Riamu con una expresión tranquila, asegurándole que me encontraba bien al notar la ligera culpabilidad de su rostro, y me dirigí hacia Bin-san con una sonrisa tímida decorando mis labios. —Si no es mucha molestia... —comenté, antes de asentir con la cabeza. Contenido oculto pues ya qué JAJAJA no quiero que los dados me ganen (?)
Bin le dedicó una sonrisa tranquilizadora a Alethea, contento, en verdad, de que la muchacha eligiera no rendirse. Sintió la leve caricia de la nostalgia al recordar sus primeros pasos en la disciplina, hace ya muchos años. Entre tanto, Hino recibió a la nueva tanda de clientes y escogió particularmente uno para acercarse a la pasante: una muchacha joven, que llevaba ropa deportiva, el cabello recogido en una coleta tirante y una gran sonrisa. —¡Hola! —saludó a Alethea. —Ethans-san, esta es Masako. —Ya me conocen de memoria, ¿eh? —bromeó junto a una risa fresca—. No los culpo, llevo viniendo todos los días desde hace, ¿cuánto? ¿Dos semanas? Me lesioné bastante feo jugando al pádel, ¿te lo crees? Y me he tenido que hacer mejor amiga de los masajistas y fisioterapeutas. Ahora ya estoy prácticamente recuperada pero, vaya, nobleza obliga. —Está finalizando su tratamiento —complementó Hino—. La lesión fue en el tobillo izquierdo, pero hemos estado trabajando con todos sus músculos para que no pierdan movilidad con la inactividad física. Es toda tuya, Ethans-san. —¡Soy toda tuya! —afirmó Masako, contenta—. Oye, te ves super jovencita, ¿qué edad tienes? Contenido oculto go go chipe-chan cmonnnn
Recibí la sonrisa de Bin-san con una expresión de alivio, incapaz de esconder lo mucho que me tranquilizaba no ser una carga, y poco después vi como la nueva tanda de clientes entró al establecimiento. Esperé a Hino-san con las manos tras la espalda, mi expresión mutando a una de amabilidad en cuanto la misma se acercó con una de las pacientes; me incliné tras recibir su saludo y escuché con atención la situación en la que se encontraba. —Entiendo... en ese caso, parece que daré otro masaje tailandés hoy —comenté, en voz algo más baja de lo normal. Paseé la mirada entre Bin-san y Hino-san, buscando su aprobación antes de continuar, y poco después volví a sonreírle a Masako, indicándole que me siguiera hacia la zona donde le daría el masaje. >>Tengo dieciocho. Estoy aquí por unas pasantías de mi escuela —le expliqué con calma, asumiendo que aquel sería el motivo de su pregunta—. No parece que usted me saque más de un par de años, de todos modos. Contenido oculto todo el mundo cuenta contigo, chipe-chan!!!!
Bin se encontraba ocupado recibiendo y organizando a los demás clientes, por lo que sólo fue Hino quien captó la mirada de Alethea y asintió, sonriente. Conforme se acercaban a la camilla asignada, la pasante advirtió que la mujer las seguía de cerca. —Ah, me halagas, jovencita. Muchas gracias —respondió Masako, fabricando voz de anciana, y de inmediato rió—. ¡Dieciocho! Qué linda edad. Extraño la prepa de vez en cuando, aunque la uni también es muy divertida. ¿Ya sabes qué te gustaría hacer? Mientras la muchacha parloteaba y disponía del espacio, ya habituada a las sesiones, Hino se inclinó hacia Alethea con disimulo. —Aunque no lo parezca, Masako puede ser un poco... complicada. Me quedaré cerca por si acaso. Durante el transcurso del masaje, Alethea comprendió la advertencia. Masako era simpática y charlatana, motivo por el cual tendía a distraerse y obviar las indicaciones del masajista. Además de eso, también parecía cargarle demasiadas expectativas al trabajo de los profesionales. De vez en cuando sus incesantes anécdotas se interrumpían por breves y mordaces vistazos que no desencadenaban ninguna clase de conflicto, sólo agregaban tensión innecesaria. En esos momentos, Hino intervenía y ayudaba a Alethea con sus movimientos o redoblaba las preguntas para Masako, buscando distraerla. —Eso sería todo por hoy —anunció finalmente la mujer. —¡Al fin! ¿Cuántas sesiones me quedan, Hino-san? —Sólo dos, Masako-chan. Un poquito más de paciencia y serás libre. —Libre como un ave —suspiró la muchacha, resignada, y tras acomodarse la ropa le dedicó una sonrisa enorme a Alethea—. ¡Muchas gracias! Me gustó mucho conocerte. Si te cruzo por la posada me aseguraré de molestarte. Su risa acompañó su retirada. Hino se acercó a Alethea, cruzada de brazos, mientras Bin despedía a cada uno de los clientes con una profusa reverencia. —No te tomes a pecho su actitud —la tranquilizó—. Le molesta mucho el tratamiento y se desquita con el masajista durante el masaje. Como los gatos, ¿no? Que se enfadan cuando les echas mano encima pero a los cinco minutos se les pasa. —No es apropiado hablar así de nuestros clientes, Hino-san... —suspiró Bin, ya con el spa vacío. La risa de Hino rebotó en el silencio. —Pese a eso los gatos son adorables, y Masako-chan también. Felicidades, Ethans-san, cerraste tu primera jornada satisfactoriamente. Espero que no te hayas cansado demasiado. —La belleza de los árboles no se mide por cuán rápido crecen, sino cuánto consiguen acercarse al cielo —reflexionó Bin, reuniéndose con ellas, y le sonrió a Alethea—. Gracias por tu tiempo, paciencia y esfuerzo. Nos encantaría tenerte de regreso si te apetece. Contenido oculto Masajes Tailandés: Masako [26] > Alethea [26] Costó pero se pudo JAJAJA. Chipe-chan es libre :D y gana +1 de experticia en el masaje realizado