Chiyoda Keshcorran [Pub]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Gigi Blanche, 3 Mayo 2026.

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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

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    Pub irlandés con más de veinticinco años de existencia. Se trata de un local relativamente pequeño, pero de aspecto reconfortante y cálido. Cuenta con una barra de madera oscura y mesas bajas con sillas o sillones empotrados en las paredes. Frente a la barra resaltan las botellas de licores, organizadas con cuidado. En las mesas y la barra descansan candeleros de vidrio ocupados por velas que desprenden un sutil aroma a enebro y se mezcla con el olor de la madera de los muebles.

    A pesar de lo reducido del establecimiento, cerca de la puerta de entrada, cuenta con una especie de tarima que es ocupada casi todos los fines de semana por diversos músicos e incluso cantantes cuyas carreras apenas inician. El Keshcorran forma parte de una familia de pubs administrados por la misma persona desde hace dos décadas, sin embargo, este ya existía al menos diez años antes de la apertura del siguiente más antiguo, a finales de los noventa, el Oweynagat en Shibuya.

    Keshcorran [Pub].png

    Barrio de Tokio: Chiyoda
     
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    Zireael

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    Después de haber haber hecho la llamada me quedé dándole vueltas al móvil en mi mano, pendiente de cuando el chófer de turno me avisara que estaba fuera. Al salir sentí el aire de verano lamerme la piel y solté el aire por la nariz, pues venía acostumbrado al frescor del salón. Liberarme del ambiente del interior también fue agradable en cierta medida, pues porque a la larga estos eventos siempre cansaban un poco mentalmente incluso si uno no hacía la gran cosa. Además, fue ya en el exterior que Suiren retomó mis comentarios.

    —¿Te lo imaginas? —atajé junto a una risa y asentí a lo siguiente, pues como ya estaba visto con la conversación donde Hubert, a veces me daba el venazo de leer sobre estas cosas—. Dos, de hecho. Acuario empezaba en el veintiuno, creo.

    Horóscopo o no, a pesar de lo caótico de mis amistades, todavía conservaba algunas de mi preadolescencia. Ahora todo se tambaleaba, sí, pero quería pensar... ¿Era ingenuo de mi parte? Quizás. Solo sabía que no quería perderlos, no así. No sin haberlo intentado antes ni sin haberme disculpado por lo menos.

    Guardé silencio, mirando la calle, y con la mano libre aireé un poco la camisa dentro del saco. Él me hizo otra pregunta entonces.

    —No. Soy hijo único —contesté sin más.

    De pronto me vibró el teléfono y tomé la llamada, el hombre me informó que estaba a un par de metros de la entrada y ubiqué uno de los característicos coches negros. Le di un toque en el brazo al albino, lo guié y abrí la puerta dejándolo pasar primero en el asiento trasero. Una vez estuvo acomodado, subí yo también, saludando al chófer con un "Buenas noches".

    —Buenas noches, joven Dunn —contestó, estoico.

    —¿Puede llevarnos al Keshcorran?

    —Por supuesto.




    Era un viaje corto de alrededor de diez minutos o doce minutos, como mucho. Los chóferes de mi padre hablaban entre poco y nada, habituados a él y a mí, por lo que el hombre guardó un respetuoso silencio todo el trayecto. Yo me excusé con Suiren para poder escribir un par de veces a mi madre con tal de hacerle saber que llegaría tarde a casa, que estaba con un amigo de la escuela. Ella me contestó que tuviera cuidado y que mañana a alguna hora por favor fuese a comprarle comida a los gatos.

    Nuestro destino era un local pequeño y que saltaba a la vista tenía tiempo de existir. Afuera, pegado a la pared, una pieza de madera rezaba el nombre del establecimiento con letras de aspecto celta. Keshcorran, como las cuevas de Irlanda. Bueno, había que reconocer que habían seguido una línea temática en la medida de lo posible. Aquí Kaoru y los mayores habían entrado más de una vez, usándolo como una suerte de guarida. Yo era demasiado pequeño todavía, pero mi viejo nos había prestado estos lugares o a ellos.

    Era incapaz de diferenciar los acuerdos de la protección y con el paso de los días, comenzaba a pensar que Liam también. Desconocía hasta donde su dichosa sombra, la que me había cubierto tantos años, era una manifestación distante de paternidad o un simple protocolo. No sabía si pensar en lo primero era venderme humo a mí mismo y por ello lo mejor era siempre esperar lo peor de él y punto. Volver a trazar el límite y borrarlo tanto como me lo permitiera.

    No tenía sentido esperar algo que nunca iba a recibir, ¿verdad? Y estaba bien.

    Así eran las cosas a veces.

    Sorteando mis pensamientos empujé la puerta, invitando a Suiren a pasar antes, y así el sonido del interior nos alcanzó. Era una guitarra solitaria acompañada por una voz. Era un cover, reconocí la canción o al menos parte de ella y aunque no se equiparaba a la original, conservaba la esencia incluso a pesar del acento que se colaba aquí y allá. Al mirar hacia la tarima vi al dúo, la chica era la que rascaba las cuerdas, un arreglo que debía haber pensado ella misma, y añadía una armonía delicada que no estaba en la versión original. Tenía el cabello, teñido de rubio, cortado en una especie de wolf cut desordenado y vestía de negro, mientras que el chico, alto y de cabello castaño, se mecía al ritmo de su melodía o más bien al ritmo de la energía que la canción generaba en su cuerpo. Ambos lucía jóvenes, si acaso algo mayores que nosotros. Quizás fueran estudiantes de música o artistas en sus tiempos libres.

    —Elige dónde quieras sentarte, sea la barra o una mesa —dije hacia el albino, metiendo las manos en los bolsillos.

    Había varios hombres mayores en algunas de las mesas, jugaban a las cartas, y también habían otras personas repartidas por el pub. Fuese solas o en parejas, bebían o atendían a la música. En la barra, un chico joven de cabello negruzco estaba secando vasos con paciencia aunque detuvo su tarea un momento al vernos entrar. Algo chispeó en su mirada, que dicho de paso era heterocroma, celeste y avellana. Quizás era simple y llana inquietud, en verdad lo fue, lo entendí cuando habló. Ya ni recordaba a cuántas personas de mi padre había visto en la suerte de spree que había tenido cuando busqué a Liam hasta debajo de las piedras, puede que este tipo fuese una de ellas, pero de todas formas daba lo mismo, si yo parecía una fotocopia del cabrón de Reaper y estaba el asunto de Kinryū.

    —Bienvenido, joven Dunn —saludó con la misma formalidad que el chófer—. Tome asiento donde se sienta más cómodo. Hoy tenemos música en vivo, espero que le agrade a su acompañante.

    —Gracias —respondí junto a una inclinación ligera.

    El chico regresó a su tarea después de un asentimiento. Yo le eché un vistazo a Craig, en espera de su decisión.


     
    Última edición: 5 Mayo 2026
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    Insane

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    A lo que respondía mi conversación de la noche aguardábamos el vehículo, pensé inicialmente que sería algún conocido que lo transportaba ocasionalemte, sin embargo al subirnos la forma en que el hombre se refirió a él me fue bastante formal -saludé de igual manera con un "buenas noches"-, lo cual no sería extraño, la gente del Sakura solía tener dinero, imaginaba que las becas eran pocas y en parte la pareja ausente de mi madre la había apoyado economicamente para mudarme de Rusia acá, por lo que imaginé -apenas ahora-, el que Cayden tenía modo de vida, aunque podía ser algo anticipado de asumir por lo que tan solo lo guardé en alguna parte de mi cabeza.

    Me pasé el rato mirando por la ventana las luces de la ciudad en lo que él texteaba en el móvil; la gente aún caminando en las calles por ciertas zonas sociales, uno que otro se veía paseando a su mascota -imaginaba y salían recién del trabajo o clases extras-, era algo particular de Japón, el como se mataban estudiando y demás, fue entonces que entre tanta divagación el auto se detuvo por completo, por lo que asumí que llegamos al lugar.

    Nos bajamos y contemplé el exterior del bar hasta que él alcanzó la entrada, siguiéndolo. Me invitó a pasar primero y así lo hice, escuchando la cuerda de la guitarra. Observé a quién la tocaba, la canción no la conocía realmente por lo que no me ubiqué, pero no sonaba mal, además de que la chica estaba entregada a su rol, tanto como el muchacho que estaba con ella. Ya regresando los ojos al espacio, era pequeño pero acogedor, parecía justo el sitio para conversar, tomar unas cervezas y pasar el rato. Dunn me dejó a cargo de elegir el lugar para ocupar, y bueno, la barra no me parecía mal.

    —La barra —respondí, escuchando al hombre de dicho espacio al percatarse de mi acompañante, invitándolo a sentarse en algún lugar, además de esperar una estadía agradable para él y de paso para mí. Me acerqué apenas, murmurando a su costado—. No sabía que eras tan influyente en estos lugares —lo decía enserio, digamos que parecía respetarlo como si fuese un trabajador suyo.

    No esperaba una respuesta real a mi comentaria, solo era algo que empezaba a notar.

    >>No había tenido la oportunidad de conocer un bar así, con música en vivo —hablé al empezar a caminar hasta la barra y tomar asiento en uno de los bancos, apoyando el codo en la superficie para girar ligeramente el cuerpo y visualizar a la chica que estaba tocando el instrumento—. Es agradable. Y la ambientación no es nada Japonesa, por lo que me siento en otro lado —murmuré suavizando las facciones sin notarlo.

    No era como sino disfrutase Japón y sus espacios, pero extrañaba bastante los míos, y esto se asemejaba más a ello, aunque fuese Celta y lo mío Eslavorusa.
     
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    Zireael

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    No me había puesto a explicarle a nadie que no me conociera de previo cómo vivía ni nada. Mi casa era bastante normal, mi madre tenía un trabajo académico y yo, bueno, no hablaba mucho de mi familia tampoco en líneas generales. Sin embargo, el dinero no faltaba y Liam había sido el que me hizo el favor de sacarme de la otra escuela cuando se lo pedí a través de mi madre aunque nunca dije el porqué. Él pagaba la escuela, él nos permitía usar los chóferes, él me daba dinero si se lo pedía. Él había firmado los papeles para que todo esto me perteneciera algún día.

    Siempre entregaba, sin chistar.

    Si era material, Liam me ahogaba en cuanto a disponibilidad y capricho. Si se trataba de brindarme seguridad, Liam me otorgaba su sombra y sus personas. Era complicado y vacío al mismo tiempo. No sabía bien cómo describirlo, ¿entonces por qué traer a Craig a uno de los pubs del viejo hijo de puta? Porque al final del día, al menos el de Chiyoda, de verdad era sólo eso: un pub. Sabía que la música sería decente y el ambiente igual, así que era simple y además nos quedaba de camino a Shinjuku.

    De cualquier manera, ingresamos y Suiren se decidió por la barra, ante lo que asentí y estaba por caminar para elegir una silla cuando el albino se me acercó a cuchichear. Su comentario me sacó una risa floja algo sin gracia, pero decidí no aclarar el porqué de la influencia por ahora. No venía aquí a alardear, así que no ganaba nada diciéndole que mi padre administraba estos lugares. Ya mucho era con que se hubiese comido el show en la entrada principal, si éramos sinceros.

    En fin, que avanzamos para elegir los bancos ahora sí y al sentarme descansé la postura en el respaldo. Me enderecé cosa de unos segundos después y con calma me quité el saco, pues estaba un poco sofocado la verdad. Lo acomodé en el respaldo, me arremangué la camisa y le fui contestando a Suiren. Los chicos seguían cantando y me di cuenta de que me relajaba oírlos.

    —Creo que aquí los fines de semana casi siempre tienen música en vivo. Les gusta darles la oportunidad —expliqué, tranquilo, relajando la postura nuevamente.

    —Es correcto —secundó el muchacho tras la barra—. Es una tradición que según me han contado se mantiene desde que se inauguró el pub, hace ya bastante.

    Curioso por demás.

    —Y pues sí. Es un pub irlandés, no es como que tenga con qué compararlo, pero supongo que mantiene la esencia de uno —continué—. Tienen un aire distinto.

    —Su lógica es similar a la de los izakaya. Un lugar para beber luego del trabajo, pero algunas cosas cambian... La música en vivo es una de ellas —añadió el bartender y después de acomodar un último vaso, se acercó a nosotros. Limpió la zona de la barra y colocó uno de los candeleros en medio de ambos, al hablar de nuevo miró a Suiren. La vela titiló suavemente en los ojos de los tres—. Keshcorran son un grupo de dieciséis cavernas en Irlanda. Se las asocia con el Otherworld, el Otro Mundo. Hogar de las deidades y de los muertos.

    Como la Oweynagat. La entrada estaba en Shibuya.

    —Disculpen que haya hablado tanto —apañó junto a una risa liviana—. ¿Qué les ofrezco de beber? Tenemos una variedad de cervezas europeas y diversidad de cócteles. También tenemos bebidas sin alcohol.

    No worries, siempre es buena una lección de folklore. Puedes ponerme el clásico.

    —Guinness?

    Asentí junto a una sonrisa ligera y di espacio para que Suiren decidiera.
     
    Última edición: 7 Mayo 2026
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    Insane

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    Al ocupar los asientos de la barra Cayden mencionó que les daban la oportunidad a los chicos, lo cual hacía que el lugar -desde mi perspectiva- se hiciese hasta más familiar, imaginaba los grupos de personas que venían a hacer karaoke, o algunos tributos contando con la libertad de poner su color de voz, como la persona que tenía el micrófono en este momento. El bartender afirmó dichas palabras, que era una tradición del lugar.

    —Solo me falta apreder a cantar para subir un fin de semana a una tarima —bromeé de manera floja.

    No era bueno ni cantando ni tocando instrumentos, podría decirse que lo que había logrado hasta el momento con cámaras y demás no se debía a nada más que a la génetica de mis ojos. Mi hermana decía que tenía suerta varios años atrás, ya luego lo consideré más una blasfemia como tal; como fuese. Asentí a la información que daba el chico para que se supiese escuchado en lo que él limpiaba la barra, explicando el ambiente del lugar, y si fue algo que pensé cuando vi un grupo de hombres jugar a las cartas, venían a desestresarse luego de una jornado, asumí.

    —¿Otherworld? Nuna lo había escuchado —me causó curiosidad, y eso que no solía ser un hombre curioso de por sí—, ¿es un mito, una leyenda o una fábula?

    Se disculpó y me sonreí apenas como quien agradecía antes por su intervención. Se podía decir que estaba aprendiendo algo y resultaba agrdable.

    —¿Baltika de casualidad manejan? —tanteé. Era una cerveza de mi país—, de lo contrario alguna cerveza oscura está bien.

    Me gustaban los sabores de malta de centeno, por lo que descarté los cócteles de entrada, para este calor suave de verano unas cervezas eran más que una buena compañía. Descansé la espalda en el respaldar y miré de perfil a Dunn, recordando que aquella tarde en el observatorio se ofreció a hacer un monólogo.

    >>¿Y tú cantas, actúas o te gusta algo relacionado al arte?
     
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    Zireael

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    Desconocía que la tradición se remontaba a tiempos de Flanagan Dunn y me extrañaba que, teniendo en cuenta lo que Mad Wolf me había contado, Liam hubiese elegido respetar una tradición suya. Suponía que al final del día habitábamos una suerte de limbo que, quisiéramos o no, era similar como bien había dicho Nozomu también. No queríamos parecernos al padre que nos rechazaba, pero lo hacíamos. No sabíamos dónde empezaba el abuso y terminaba el amor ni viceversa o si el amor existía siquiera.

    ¿El padre que golpeaba a su hijo era capaz de amarlo?

    ¿El que admitía no haberlo deseado, pero lo protegía, lo amaba sin saberlo?

    La duda posiblemente nunca encontrara una respuesta. Flanagan se habría muerto sin pedirle perdón a Liam y éste moriría sin pedirme perdón a mí. La cadena no terminaba y yo… ¿Qué esperaba? Romperla. Quería acabar esta maldición de una vez por todas. Era lo único que quería, por mucho que me costara, sin importar qué tanto retrocediera ni cuántas veces. Ya no más secretos ni mentiras. No más paranoia que me impidiera tocar a los que amaba. No más condenas ni este miedo inutilizante.

    —Bueno, algunos ni saben cantar y pueden subirse a una tarima. Depende de lo estricta que sea la tarima —bromeé de vuelta como si no tuviera la cabeza en otras cosas.

    En cualquier caso, el albino asintió a lo dicho por el bartender y lo picó el bichillo de la curiosidad, lo que me estiró una sonrisa. No podía culparlo en realidad. Había que ser un poco aburrido para no interesarse con temas como estos.

    —Mito —inicié con suavidad, cuando los artistas hacían una pausa en la música, finalizando la canción. El bartender ya se había puesto con nuestras cervezas después de asentir a su pregunta de la Baltika—. Como dijo él, el Otherworld, Otro Mundo, en la mitología celta es el lugar en que habitan las deidades y se cree que también los muertos. Una especie de reino de eterna juventud, belleza, salud y abundancia; existe más allá de la niebla del océano o bajo tierra, por eso la conexión de Keshcorran y otras cavernas con él.

    Al ir explicando eso, usé las manos para hacerlo. Coloqué una sobre otra al mencionar las cavernas. Al terminar, relajé las manos sobre la barra y después las estiré para servirle la cerveza en el vaso con calma, ya que el bartender las había colocado delante de nosotros con su respectivo vaso. Tuve cuidado de no derramar nada ni de hacerle medio vaso de espuma. Supuse que me había adelantado a la intención del chico de la barra, porque lo vi trastabillar, pero lo disimuló.

    —En la mitología irlandesa específicamente se llama Tír na nÓg o incluso Tech Duinn —continué para luego servirme mi propia cerveza—. Aunque este sí se refiere al reino de los muertos y es donde habita Donn, el ancestro del pueblo gaélico y dios de los muertos.

    —Donn. Ó Duinn, anglicanizado a Dunn —añadió el joven de mirada heterocroma—. El apellido los marca como hijos de Donn, el Oscuro.

    That's terribly egotistical —repliqué junto a una risa.

    Maybe —bromeó él también, habiéndose relajado—. Si necesitan algo más, estoy para servirles.

    —Gracias.

    Para este punto el dúo ya había iniciado con otra canción, no hubo guitarra, las cuerdas no sonaron y la muchacha de pronto comenzó a cantar. Había pasado de hacer las armonías a acaparar una canción completa y al oír su voz me callé a pesar de que había escuchado la pregunta de Suiren. El muchacho junto a ella entonces la relevó en las armonías, su voz se tornó dulce y la de ella ganó fuerza. Mientras los oía le di un sorbo a mi cerveza y suspiré después, regresando a nuestra charla.

    —Canté para ti en el observatorio —le recordé desviando la vista la pareja de cantantes—, pero lo hago porque me gusta y porque me calma o calma a otros. No es como que sea un cantante como ellos ni nada. Por demás soy un burro para el dibujo y ni idea, nunca se me ocurrió tocar un instrumento. Igual me vendría bien destrozar una batería, who knows, para drenar energía.

    La idea me arrancó una risa casi al mismo tiempo que la chica, ahora sí, rasgó las cuerdas en medio de su canto. Fue contundente y cambió el tono de la canción, dándole incluso más fuerza.

    —¿Tú? Más allá del arte y eso, ¿hay algo que te tranquilice hacer? Encerrarte en una torreja no cuenta, lo advierto de una vez.

    Estaba un poco jalado de los pelos bromear con este asunto, pero tampoco fui tan brusco al respecto o eso procuré. Habría que ver cómo salía.
     
    Última edición: 9 Mayo 2026
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    Insane

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    No me considera una persona que pudiese sentir vergüenza con facilidad, ni mucho menos temor, me movía más por el desinterés permándolo de amabilidad, cortesía y caballerosidad. No era que no me naciera serlo, era cuestión de que mi cuerpo simplemente no respondía de manera natural a situaciones que al final debía obligarme a procesar por lograr alguna adaptación social decente. El conflicto nunca me había llamado la atención, tampoco la evitación, era extraño, como si permaneciese congelado en algún lugar donde no lograba conectar más que por efímeros momentos.

    Otherworld era un mito.

    Lo memoricé en automático a ser el dato random del día, y a decir verdad aguardé esperando si informaban un poco más, y así fue; Cayden mencionó la mitología Celta, como mundo de Deidades y muertos, de repente pensé en la mitología nórdica, por el Valhalla, aunque eran escenarios distintos mi cabeza lo trajo a colación de una forma u otra. Asentí en lo que sujetaba la cerveza que me habían puesto al frente, lo sujeté y lo llevé a mis labios, bebiendo un sorbo, en lo que me sonreía tras el cristal.

    Sabía a casa.

    Continué escuchando, ahora sobre la mitología Irlandesa, el chico de la barra intervino ocasionalmente para reforzar los datos y todo sonó bastante peculiar. No había leído sobre eso hasta ahora, y tampoco lo había escuchado de nadie, así que bueno, tenía algo que si me aburría estas vacaciones buscaría para leer un buen rato. Cuando le pregunté a Cay sobre el canto y el resto la canción cambió, giré el cuello en dirección a la tarima, notando la modificación del tirmo y la ausencia del instrumento que tocaban recién, llegándome luego su respuesta.

    —No me molestaría si cantas otra vez para mí sin tener que estar ciego de por medio —lo recordaba, recordaba todo lo de esa tarde aunque no tocara el tema directamente, por lo que aliviané el comentario al decirlo con la liviandad usual—. ¿La batería? Bueno, si algún día te animas me avisas, la verdad es yo tampoco toco ningún instrumento hasta el momento, y mucho menos canto —agregué porque sí pensando a nivel artístico que hacía, y pues nada, solo posar lo que se me antojó gracioso.

    Bebí otro sorbo, moviendo luego los dedos sobre la madera de la barra al ritmo del instrumento que volvían a retomar.

    —Es una lástima, justo amo las jaulas —murmuré—. Antes practicaba parkour, pero lo dejé de hacer ya hace tiempo, de resto... —le miré de perfil—, me relaja hacer operaciones matemáticas, es extraño pero la mente no piensa en más que despejar X, así que me resulta fácil la materia y eso.

    Relajé los hombros.

    >>¿Qué más aburrido que eso haces tú?
     
    Última edición: 10 Mayo 2026
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    La lección de mitología de turno continuó sin muchos sobresaltos y Craig no hizo más preguntas o apuntes al respecto, de forma que el asunto murió allí y el chico de la barra siguió con su trabajo. Atendió a otras personas y otros pedidos, dados por un mesero que recién había notado cuando apareció por uno de nuestros costados a decirle algo. No me di cuenta, pero reflejé la sonrisa de Suiren en cuanto lo vi probar la cerveza. Pensé en el mito pues lo celta, lo nórdico y lo eslavo a veces convergían, pero también reparé en los caracteres en la botella y pensé, que sin pretenderlo en verdad, le había dado un fragmento de hogar a este chico.

    Me guardé el comentario y lo dejé vivir su momento sin más antes de que siguiéramos la conversación con el asunto del canto, las artes y tal. Su respuesta me arrancó una risa y me pregunté si este idiota no se tomaba el tiempo de pensar en cómo sonaban las cosas que salían de su boca tan siquiera. Al pensarlo, claro, me di cuenta que yo tampoco me había detenido a pensar en el orden de mis palabras, pues era yo el que había elegido hacer el wording así con lo de "canté para ti". De todas formas, digamos que mi broma con el incidente se medio había ido en limpio por su forma de contestarme.

    —Pide y se te concederá, dicen algunos —murmuré alzando mi propio vaso para darle un sorbo—. Honestly, lo de la batería se me ocurrió ahora mismo, pero creo que varias de mis amistades podrían certificar que serviría de algo. Según las malas lenguas soy un intenso de mierda, así que sí, hay energía que filtrar, sin duda, y golpear un montón de cosas al mismo tiempo suena como que serviría para eso.

    Lo dije como si nada, dándole otro sorbo a la cerveza. Intenso me quedaba corto últimamente. Era una tras otra, tras otra. Todo había ardido sin control y ahora lidiaba con el humo y las cenizas de un incendio que hace mucho se había salido de mis manos. Seguía sin poder controlar la fuerza que poseía, no lograba domar mi carácter ni mis emociones... Porque las adormecía, por las negaba y rechazaba como parte de mí mismo. Estaba demasiado asustado de lo que sentía y de quién era como para levantar las restricciones y por ello el fuego tras las puertas las reventaba tarde o temprano, arrasando con todo sin distinción. No me consumía yo solo.

    Todos pagaban por la sobrecarga.

    El comentario de las jaulas me hizo mirarlo por el rabillo del ojo, pues yo debía ser la persona menos indicada con la que decir una tontería del calibre. Enjaulaba a los otros fuese para mantenerlos a mi lado o para impedirles tocarme, me enjaulaba a mí mismo como si eso me impidiese enredarme a ellos y vaciarles el alma del cuerpo. Pensé en el hijo de Zárate y en si la forma en que nos habíamos conocido lo libraba de esa maldición o si yo ya estaba enjaulado para evitar cualquier estupidez justamente. Se me ocurrió que la gente normal siquiera se ponía a pensar en algo como eso.

    Que nada debía ser en verdad tan complicado.

    —¿Matemáticas? ¿Pero qué eres? ¿Un profesor en el cuerpo de un chico de instituto? —dije y me acordé de Hubert con su tablero de ajedrez, lo que me arrancó una risa que desde su perspectiva debía parecer salida de ninguna parte—. Igual y de pronto tengo algo con los hombres que no se comportan de acuerdo a su edad.

    Fue una broma sin importancia, no pretendía ofenderlo más de lo que me ofendía a mí mismo, que no era mucho para empezar. La canción de la joven continuaba y me descubrí a mí mismo siguiendo el ritmo con la mano libre contra la madera de la barra. No toqué el tema del parkour porque asumí que habría tenido que dejar de practicarlo por el asunto de su vista.

    —¿Más aburrido que eso? No, campeón, quédate el trofeo. Ganaste y ni era competencia.
     
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    Cuando mencionó que era un intenso poco me lo creí, digamos que hasta el momento su forma de ser -conmigo logicamente-, no era abrasiva, ni mucho menos insistente; hasta ahora me parecía un chico tranquilo, algo ansioso sí, gracioso también, pero tranquilo en rasgos generales, y con intención de ayudar a un medio muerto -como la tarde del observatorio-. Desconocía si llegaría a conocer la faceta que mencionaba, tampoco si aquello me haría alejarme de él, podía pasar de todo un poco, por lo que sería el tiempo quien dictaminaría dicho hecho futuro.

    —No quiero enseñar de adulto —aproveché a decir. Me entretenía cuando estaba estresado, por eso quizá hacía los deberes de la escuela con facilidad cuando no me atrasaba, quizá por lo mismo había ayudado a Pierce con su tarea en la enfermería y le había pedido los apuntes a Katrina hace un tiempo por mi ausencia, lo mismo con Dunn cuando estuve en el hospital.

    Cuando mencionó que quizá tenía algo con hombres que no se comportaban de acuerdo a su edad me reí, al no tomarlo personal, en sí me sucedía algo similar con las mujeres que no se comportaban de manera infantil, que no apresuraban las cosas ni las forzaban, fluía mejor con ese tipo de personas. Como fuese, gané nada en absoluto y seguí bebiendo de mi cerveza, siguiendo el ritmo de la música con la yema de los dedos aún.

    —Ya que estamos, ¿has pensado en la universidad? —. Ambos en tercero, ya prácticamente a mitad de año, por lo que cada vez se acercaba más ese punto de qué estudiar, dónde y demás, lo que llevó a que la pregunta surgiese con una naturalidad irrisoria, quizá porque últimamente mi entorno hablaba con mayor enfásis en eso.

    Incluso Paimon, que parecía tener la vida resuelta a nivel económico desde su nacimiento.

    Lo miré de reojo mientras esperaba su respuesta. La música seguía sonando de fondo, grave, vibrando apenas bajo las plantas de mis pies, y las luces cálidas del lugar hacían que el ambiente pareciera más espeso. Yo encajaba demasiado bien aquí, pensé de repente. Relajado. Como si nunca tuviera prisa por lograr nada, como sino me la pasara ignorando el reloj que atentaba mi salud.

    Di otro trago corto a la cerveza.

    —¿Estudiarías aquí o en el exterior? Ya que vivir del arte parece que está fuera de nuestro alcance.
     
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    Zireael

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    Me reí por lo bajo al oírlo decir que no quería enseñar, lo que era entendible. Consideraba que para dedicarse a la educación había que tener vocación para ello, al menos así debía ser en el escenario ideal, de forma que encontrar gusto en operaciones matemáticas no era necesariamente un indicador de algo como ser profesor. Eso a un lado, el tema murió allí y por un momento me concentré únicamente en la música y en beber. Sentí el móvil vibrar en mi bolsillo y lo ignoré de momento, pues asumí que no sería nada importante o que en su defecto podía esperar.

    La pregunta que me alcanzó después me hizo suspender el vaso de cerveza a medio camino y regresarlo a la mesa. Recordé el día del invernadero, cuando la charla se quebró hacia ese tema y entre el desorden emocional de turno, había acabado contestándole un poco mal a Ilana con tal de que diéramos el asunto por culminado. Lo cierto es que debía pensar en eso, sí, pero al hacerlo no encontraba una sola respuesta que valiera la pena o tuviera sentido. No creía ser bueno en nada que apuntara a una profesión específica ni había algo que me interesara profundamente, era un estudiante bastante regulero que podía lograr buenas notas si invertía una cantidad decente de horas en ello, pero me costaba. ¿Qué tenía en mi saco? La amabilidad aprendida de los Keane y la calculadora capacidad de observación de los Dunn. Luego pasatiempos corrientes de adolescentes y hábitos de moral cuestionable.

    ¿Qué? ¿Iba a quedarme en este nicho de trabajo toda mi vida?

    ¿Seguiría endulzando ricachones para sacarles lo que llevaban encima?

    ¿Seguiría pasando la hierba de Tajima y otras porquerías?

    No era la persona que era. No era lo mejor que podía ser.

    No contesté de inmediato, me quedé mirando la cerveza y por ello me interceptó una nueva pregunta de si estudiaría aquí o me iría al extranjero. Ya se me había desconectado el cerebro, por ello no reaccioné a lo del arte, y pensé que quizás... De hecho no tuviera sentido sentirme atado a nada en absoluto. Que la gente moría, que las personas se iban y yo la cagaba. Que incluso yo mismo me había arrancado del lugar que me habría pertenecido y por eso estaba aquí, en Tokyo, en vez de cualquier otro sitio.

    Que quizás no fuese una locura alzar vuelo de verdad, sin mirar atrás.

    —He pensado en la universidad y no saco nada en limpio —admití, levantando el vaso otra vez y dando un trago largo antes de regresarlo a la superficie de la barra—. No tengo idea de qué hacer con mi vida siquiera hoy mismo, imagina saber a qué dedicaré el resto de mi existencia. Es frustrante.

    Mi risa fue algo amarga, la verdad. Encajé el codo en la madera y usé la mano para apoyar mi rostro, esperaba que el bartender no le fuese con el chismecito a mi padre. Debimos tener un pensamiento similar, porque sus ojos encontraron los míos un instante e inmediatamente arrojó la mirada al suelo, fingiendo ajustarse la ropa. No le dije nada, esperaba que hubiese entendido el mensaje tácito de que más le valía tener la boca cerrada. Casi al mismo tiempo me di cuenta de que la canción del dúo terminaba y el pub se volcaba en un aplauso para ellos, de forma que deshice mi posición y me sumé al gesto. En cuanto se hizo el silencio y la chica empezó a tocar la guitarra, esta vez sin que ninguno de los dos empezara a cantar, regresé a nuestra conversación y nuevamente descansé el rostro en mi mano, suspendiendo los ojos en las botellas de licor en la pared frente a nosotros.

    —Tal vez debería salir de Japón o al menos de Tokyo. Tomarme un tiempo, trabajar, hacer cualquier cosa. Asumo que mi viejo me daría el dinero para irme a la mierda si se lo pido.

    Me daba cualquier cosa que pidiera y todo estaba desprovisto de afecto alguno.

    —¿Tú tienes idea de qué harás?
     
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    Insane

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    Luego de un rato en silencio interno mencionó que no tenía nada en mente -en otras palabras- sobre su futuro académico, no se me hacía algo raro en realidad, la mayor parte de mis amigos Rusos aún debatían consigo mismos siquiera si el estudiar era una opción, ya que la mayoría de ellos estaba pensado inclinarse por algo militar por como el gobierno iba direccionando su paso, lo cual era un punto para no regresar sin tener un cupo universitario en alguno de los dos países. Guardé silencio al notar la risa forzada que emergió de sus labios, también noté el movimiento torpe del chico de la barra y ya luego el cese de la música, abriendo paso a los aplausos.

    Me uní con lentitud a ello, cesando el movimiento de mis manos al volver a escucharse la guitarra en el ambiente.

    —Un año sabático como opción —murmuré como sugerencia—, o un orientador vocacional; en caso de que tengas ese poder adquisitivo, claro. Atendiendo tu pregunta, tengo un par de planes en mente, como por ejemplo inicialmente apuntar a una beca, o algún porcentaje de ella, un préstamo también

    Bebí el último sorbo de la cerveza, basicamente me la acabé y no había sido consciente de ello por el mismo disfrute del sabor.

    >>Con respecto a la carrera aún estoy pensándolo, quizá medicina sea una opción, pero de nuevo, dependo mucho de poder costearla sino logro un puntaje alto.

    También habían otras variantes, pero él no tenía porqué saberlas en realidad, sería una conversación muy larga sobre algo que no consideraba el espacio ni el tiempo para comentarle la sensibilidad de mi vida privada. Como fuese, miré al chico de la barra para llamar su atención y pedirle otra cerveza.

    —Supongo que seguiré promocionando marcas cuando pueda retornar al modelaje, me servirá para seguir ahorrando algún porcentaje.

    No era mal pago, quizá por eso era un poco terco en querer dejarlo, los horarios se ajustaban lo suficiente para continuar siendo un trabajo de medio tiempo, podía en ocasiones ocupar la noche para ello, y posar no me resultaba complejo, en sí el flash fastidiaba pero esperaba que luego de la cirugía, el tratamiento y las medicinas no me fuesen a privar de ello por completo, pues era lo único con lo que actualmente podía apoyar a mi madre y guardar una parte.

    —Aunque también puede ser una idea estúpida —dejé escapar una risa baja por la nariz—. Medicina es cara, tarda años y consume la vida completa de alguien. Quizá dentro de seis meses termine odiando siquiera haberlo considerado, quién sabe.

    No quería quedarme quieto, ya vivía lo suficiente en ese espacio confinado y me desesperaba pese a que no lo expresaba de ninguna manera, ese miedo constante a la incertidumbre, el verme obligado a permanecer con la duda de si vería o no al día siguiente. No profundicé más en ello. Ni en el hospital, ni en los medicamentos, ni en las veces que había considerado abandonar todo por puro cansancio. El ambiente del bar era demasiado ligero para arrastrar esas cosas hasta la barra.
     
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    Zireael

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    Volví a soltar una risa sin gracia por lo del orientado vocacional en caso de tener el poder adquisitivo para ello y pensé que, de nuevo, de pedirlo se me concedería. Puede que ni siquiera tuviese que decírselo a Liam en sí, podría ser algo que hablara con mi madre, para variar y seguir el camino del "hacer las cosas diferente". Entre todo el caos que había navegado, siquiera se me había cruzado por la cabeza sentarme a tener esta conversación con ella si tenía muchas otras pendientes o al menos las tenía hasta hace algunos días. Igual mamá era una santa, si le decía que quería irme a la mierda para reconectar con mi yo superior, lo posible era que me dejara y me dejara en manos de Dios.

    —Suena tentador el sabático —repliqué en voz baja, sin haber desatendido a sus palabras—. Una beca no suena mal, la verdad.

    Volví a beber, sin dejar de escucharlo, y no me di cuenta de que sonreí cuando dijo que medicina era una opción. No saldría de mi boca, pero pensé en su propia condición, en la escena que yo sin haberlo pretendido había encontrado y lo que implicaba para alguien como él elegir ese rumbo profesional. Sin embargo, tenía razón, era costosa en caso de no lograr ingresar a las opciones por puntaje. Pensé en Yuzu, en cómo se había quemado las pestañas luego de haber perdido a Kaoru para poder ingresar a la Universidad de Tokyo y mi sonrisa se tornó algo melancólica contra mi voluntad.

    A Yuzu le habían arrebatado todo y había seguido peleando.
    Mientras yo me echaba a llorar como imbécil sin que nadie se hubiese muerto.

    Me pasé la mano libre por la nuca y me quedé dándole vueltas a un rizo, analizando si me volaba el cabello o lo dejaba seguir haciendo lo que le viniera en gana. Igual estaba en período de cambio, así que cualquier mierda se valía. Con todo, había seguido oyendo a Suiren y fui asintiendo, despacio, pues habían otras cosas que tampoco había que modificar en tanto funcionaran. Era como esto, que pasar droga, información y robar no fuese lo mejor que podía hacer con mi vida tampoco quitaban que, bueno, fuesen una fuente de ingresos. Innecesaria, claro, pero pues la lógica se mantenía. Si a este chico el rostro le servía para lucrar, pues igual debía aprovecharlo.

    Hubo un paralelismo algo extraño en el asunto, me di cuenta tarde, y la voz de Zárate hizo eco en mi cabeza mientras el bartender le ponía la siguiente cerveza a Craig. Entonces había comprendido el tinte de su insinuación, o creí hacerlo, y por eso la rechacé. No pude evitar pensar cómo algunas mierdas eran solo deformaciones de labores lícitas, una terrible desviación de la norma y lo decente. ¿El problema? En cierta forma, había creído que abusar de los que intentaban abusar de otros nos volvía mejores, que me volvía a mí mejor, ¿pero era cierto? ¿No me había puesto en peligro por esa noción?
    Y tú, querido referente, ¿gustas trabajar conmigo?

    Nadie te pidió fuerza, Dunn. Manipulación… quizás.
    —Diría que toda carrera consume la vida de las personas —reflexioné después y me terminé la cerveza también, pidiendo la siguiente de inmediato—. Aunque entiendo lo que dices. No recuerdo mi amiga que entró a medicina durmió ocho horas seguidas. Cambiar de opinión a medio camino también es válido y parte del proceso, diría. Claro que entiendo que en este caso pues implica dinero y todo eso, así que es más complicado.

    Me serví la cerveza apenas el chico me la dejó delante y relajé la espalda en el respaldo del banco una vez más, pendiente del sonido de la guitarra. Suponía que habrían elegido dejar de cantar para descansar las voces algunos minutos y también para dejar espacio de conversación a las personas, los viejos de las cartas incluidos.

    Anyway, a mí me divertiría mucho decir que me fui de copas con el Doctor Craig —añadí junto a una risa floja, como para alivianar un poco esta conversación tan repentinamente densa—. No todos habrán tenido el honor, ¿o sí~?
     
    Última edición: 13 Mayo 2026
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    Insane

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    Había pensado en mi rumbo profesional más de lo que quisiera, de las posibilidades, había leído también sobre la taza de interés de los bancos actuales en Rusia y últimamente los de acá; en sí, estaba preparándome mentalmente con la libreta y el lápiz sobre el escritorio de mi habitación, El tiempo parecía agotarse al acercarse el final de este año escolar. Cada semana se sentía más corta que la anterior y cada conversación sobre “qué haríamos después” terminaba dejándome una presión desagradable en el pecho. Y eran cosas que, si no hacía yo, nadie haría por mí. No tenía a alguien acomodándome el camino ni diciéndome exactamente qué decisión tomar. Supuse que al final eso también era crecer: entender que nadie podía vivir tu vida por ti.

    Mencionó que todas las carreras consumían la vida de las personas. No estaba totalmente de acuerdo, aunque tampoco lo mencioné. Tal vez porque parte de mí sospechaba que tenía algo de razón. Había visto adultos agotados incluso haciendo aquello que alguna vez dijeron amar. Tan solo seguí escuchándolo mientras su voz se hacía más fácil de oír al ponerse en mute la de los vocalistas; parecían estar dándose una pausa. El murmullo del bar se volvió más evidente entonces: vasos chocando, risas lejanas y el zumbido constante de conversaciones ajenas que se mezclaban unas con otras.

    Sí, cambiar de opinión no era una opción, al menos no ahora.

    Cuando me decidiese esperaba no errar o al menos no equivocarme de una forma irreversible...


    Cuando recibí la reposición de la cerveza anterior me la serbí sin prisa, notando la espuma subir por el borde el vidrio sin derramarse; ya luego di un sorbo, disfrutando del sabor.

    —¿Te imaginas? —murmuré, confabulando—. Iría a verte con la bata luego del turno, como lo hacen todos los médicos, es raro que se la quiten —apunté a lo que había notado de los estudiantes y graduados de dicha carrera, riendo luego en lo que descansaba la espalda en el respaldar.

    Posé el codo del brazo derecho sobre el respaldar de mi propia silla, girando apenas hacia él.

    —Cambiando de tema, ¿tienes muchas amistades en la escuela? —pregunté ya que en realidad, pese a que este año habíamos estado en el mismo salón de clase no había sido muy consciente de su existir más allá del llamado lista, y desde el suceso en el observatorio pues me era notable totalmente—, me doy cuenta que es fácil hablar contigo, así que de curioso pregunto.

    Si fuese difícil conversar con él no me habría continuado acercando en realidad. También, sentía interés en conocerlo más, me agradaba e imaginaba que había posibilidad de terminar formando algún vínculo, como con Ilana, Sasha o quizá, como Paimon. Bueno, haciendo re-capitulación mental parecía que el que no tenía muchos amigos era yo.
     
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    Zireael

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    Mientras estaba yo que daba vueltas en el tema del futuro profesional porque no tenía ni puta idea de qué hacer, existían los que invertían muchísimo tiempo en cada posibilidad. Era parte de un todo, suponía, de un viaje hacia la madurez o lo que fuese. Estudiara o no, la verdad era una sola: tenía que empezar a ver por mí mismo. Por mucho que Liam accediera a darme cualquier cosa, no era esa la clase de vida a la que aspiraba. Quería hacer mi camino, ganarme mis propias cosas con mi esfuerzo, y por eso el no saber qué hacer se volvía tan persecutorio.

    Se me ocurrió que esa era otra conversación que, en vez de ser un imbécil y cagarme encima y por rebote arruinarlo todo, tendría que haber contemplado tener. Que igual yo no lograba sacar nada en limpio, pero las personas que más me conocían tal vez sí... Ahora no tenía mucho sentido. Había cortado la cuerda y me había desplomado desde un rascacielos.

    Bebí una vez más, solté el aire por la nariz en una especie de suspiro corto y la voz de Suiren me alcanzó de nuevo. Lo de no quitarse la bata me sacó una risa nasal. Habría dicho una tontería para seguir con eso, pero él le dio vuelta a la charla y yo me quedé pensando. Que era fácil hablar conmigo decía.

    Y los que se echaban la vida batallando porque yo no decía nada, ¿me los estaba imaginando?

    Su opinión tenía fundamento y a la vez hacía aguas. Era cierto que en tanto no me dieran motivos para lo contrario, hablar conmigo era relativamente sencillo, pues era tranquilo y fácil de llevar, incluso cuando era algo callado. Sin embargo, con ciertas personas era más cerrado y brusco, mientras que cuando no quería hablar de algo no había manera de sacármelo incluso si quizás debía. Era entonces cuando me tornaba convulso, intenso y distante a la vez.

    —Diría que este año hice más amigos —contesté luego de darle algunas vueltas—. He hablado con bastantes personas. Antes... bueno, era un poco complicado.

    Giré el vaso con aire distraído.

    —Tenía un grupo de amigos que hice a mis doce o trece años, todos teníamos distintas edades y quizás ni debíamos juntarnos, pero lo hacíamos. Después pasaron cosas y el círculo se desbarató y sólo mantuve contacto con algunos —expliqué, aprovechando que la guitarra seguía dejando mayor espacio de conversación—. Por muchos años me quedé así, con los escombros de ese tiempo y lamentando no haberme aferrado a nada lo suficiente. No hacía nuevos amigos hace casi cuatro años.

    Lo mismo que llevaba Kaoru muerto.

    Evadí ciertos puntos del tema porque aunque había soltado la sopa con Ikari y Sakai, más o menos, la verdad no quería sacarla ahora mismo con Suiren, ni siquiera cuando él se había comido parte del espectáculo sin saberlo. Era una noche de copas tranquila, no una sesión de depresión y ni un check de autocompasión. Las cosas eran lo que eran y tendría que ver qué haría al respecto de aquí a final de mes.

    Anyway, que he hablado con bastante gente nueva. Algunos de segundo, otros de tercero, incluso una chica de primero que es bastante tímida y parece que también tiene problemas haciendo amistades —seguí con calma y solté una risilla al pensar en Bea—. Aunque no quiero perder a mis viejos amigos por haber hecho nuevos.

    Eso lo dije en voz baja, tanto como lo permitía el sonido de la guitarra y el ruido ambiental. Era algo que había venido pensando recientemente, en estos ochos días de vacaciones y por la sensasión, extraña, que me había quedado en el pecho. Era un asunto pendiente

    —No debería funcionar así.
     
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    Respondió que este año había hecho más amistades, y me alegraba por él, siempre era agradable tener a quién llamar si se quería conversar de algo en concreto o de nada en especifico. Las amistades solían ser variables y los vínculos fuertes por una u otra razón, al menos así había sido en Rusia gran parte de mi vida, ya acá en Japón no me había esforzado realmente en formar algún tipo de vínculo emocional, quizá porque el mudarme había sido el motivo principal de que mi única relación sentimental hubiese concluido, además, seguía teniendo contacto con los chicos pero no era lo mismo.

    Con la llega de Paimon se me habían facilitado un par de cosas, como por ejemplo no sentirme tan solo en un país desconocido. Antes de ello había formado algún tipo de amistad con Pierce, luego apareció Rockefeller, que comenzaba a considerar como una amiga a futuro para no sonar pretencioso de contar de lleno con su amistad, y recientemente conociendo a Cayden; no sabía muy bien si se debía a un desinterés de mi parte el que ciertas relaciones personales no avanzaran o siquiera rozaran algo más allá de la cordialidad, probablemente sí, ya que no me solía interesar involucrarme con la vida privada de los demás, o quizá porque me sentía aún incapaz de conectar.

    Sus palabras continuaron ocupando espacio entre los murmullos ajenos, mencionó que basicamente su grupo anterior se disolvió y dejó de hacer amistades un tiempo prolongado, bueno, seguíamos teniendo cosas en común o eso parecía.

    —Parece que somos un grupo con la chica de primero que mencionas —intercepté en lo que volvía a tomar un sorbo, con un deje de gracia en lo que escuchaba su risa—, supongo que hacer nuevas amistades no significa a fuerza perder las anteriores. Aunque tampoco soy precisamente el indicado para hablar de conservar vínculos —añadí después de unos segundos, girando apenas el vaso entre mis dedos—. La mayoría de las veces desaparezco sin dar demasiadas explicaciones.

    Lo dije con naturalidad, sin dramatizarlo. Era más sencillo admitir ciertas cosas cuando se formulaban casi como datos clínicos; una observación ajena sobre uno mismo, como si observara las situaciones -incluyendo las propias- detrás de un vidrio.

    —Pero supongo que mientras exista intención, las personas encuentran maneras de volver —continué, encogiéndome apenas de hombros—. O de quedarse aunque no hablen todos los días.

    Tomé otro sorbo corto. El sabor amargo permaneció un momento en la lengua antes de desvanecerse.

    Quizá por eso todavía seguía escribiéndome con los chicos de Rusia a pesar de la diferencia horaria, o permitiendo que ciertas personas se acercaran aun cuando claramente no tenía ganas de sostener diálogos. No era alguien particularmente cálido, ni sociable, y últimamente mi energía apenas alcanzaba para cumplir con lo básico; clases, consultas médicas, dormir cuando el cuerpo lo permitía. Había días donde incluso responder mensajes parecía una tarea absurda y agotadora.

    >>Bueno, ahora siento que hablar conmigo es deprimente —murmuré con una risa fingida a tientas, cediendo el rumbo de la conversación al quedarme pensativo sobre mis propias palabras.
     
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    Mis nuevas amistades también eran un poco... particulares, si debíamos ser sinceros. Estaba el embrollo con Ilana, la reverenda cagada con Vero, estaban Anna y Emily, Beatriz con sus nervios, la eterna cara de póker de Melinda y los chocolates que debían ser más caros que, ni idea, tres tandas de almuerzo. Estaba Hubert con su eterna paciencia y cómo Hikari me había tirado a su apartamento con tal de no lidiar con mis mierdas. Seguro alguna otra mención se me quedaba por fuera, pero al final lo más normales serían justamente Bea y Hubert y eso era un lío en sí mismo.

    Bueno, suponía que no había una sola relación simple en este mundo. Nada era tan fácil ni tan rutinario ni tenía por qué. Estas conversaciones con Suiren podían parecerlo porque, de cierta manera, ni él ni yo cedíamos en verdad a contar nada demasiado complicado. Que sí, me lo encontraba sangrando y él me había visto tragarme una mierda en vivo y en directo, pero eso era todo. No era... no hacíamos más que brindarnos compañía el uno al otro, ¿cierto?

    Lo nuestro era una amabilidad distante.

    Una que habitábamos con frecuencia.

    —De hecho sí —apañé junto a una risa a lo que dijo—. Era una mocoso complicado, ¿sabes? Hablaba poco, pero me gustaba ayudar a los demás y si se metían conmigo, no decía nada. Le pedía a las maestras que no dijeran nada tampoco.

    Lo conté como si nada pues era verdad y volví a reírme, aunque fue una risa un poco sin gracia, al oírlo decir que desaparecía sin dar explicaciones y pensé que ya había oído y vivido esa historia antes. Era yo el que desaparecía o eran otros los que los hacían, por eso, tal vez, una parte de mí se resistía. Por eso y porque era el foco de los murmuradores, todavía recordaba los susurros en los pasillos hasta hace algunos meses, en la otra escuela, y ahora se revolvían con la voz de Kafuku, en casa de Hikari.

    ¿Tu amigo el okama está lloriqueando por esto?

    Me había recluido, sabiéndome solo e incapaz de procesar los duelos a medias, y había dejado de hablar con casi todo el mundo. Iba a la escuela, volvía, fumaba y me desconectaba. Era un ciclo, una rutina, y tuve que romperla pidiéndole a mi madre que me transfiriera de escuela sin darle explicaciones. Ella no preguntó, me vio a los ojos y aceptó, llamó a mi padre, llenaron papeles y me transfirieron. Por eso el nombre de Mad Wolf estaba en los documentos como... ¿Cómo qué? ¿Contacto de emergencia? Qué coño importaba.


    Supongo que mientras exista intención, las personas encuentran maneras de volver.
    —Supongo que sí.

    O de quedarse aunque no hablen todos los días.
    —Eso pensaba yo, pero a veces soy un poco ingenuo o elijo serlo, ni idea. Aunque... sólo la muerte no tiene remedio.

    Era extremista, pero era verdad. ¿Había simplificado todo demasiado? ¿Le había impedido a las cosas madurar? Seguramente, venía de mi ingenuidad, de mis anhelos. Estaba demasiado aferrado, lo había estado siempre. Le di vueltas al asunto mientras seguía bebiendo la cerveza. Estaba en medio de un trago cuando Suiren volvió a hablar y lo repentino de la sentencia me sacó una risa que fue más de sorpresa que de cualquier otra cosa, estuvo a poco de hacer que la cerveza se me fuese por el camino incorrecto y tuve que toser para acomodarla.

    —Suiren Craig, haz el favor de darte un descanso —dije negando con la cabeza—. Si fuese tan deprimente, no creo que te hubiese invitado a la dichosa cerveza para la que me diste tantas vueltas.

    Lo dije con un énfasis algo exagerado, como para quitarle peso al asunto, y solté una risa por la nariz. Alcé mi vaso en su dirección.

    —En cuyo caso, hablar con cualquiera de nosotros dos sería deprimente. Así que no sé, cheers to that.
     
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    ¿Un mocoso complicado? Me sonaba más a un mocoso sobreadaptado, no lo dije, claro, quedó en mi menta y continué escuchando sus palabras. Hubo unos pequeños momentos de silencio que él ocupó en alguna instancia sobre mi voz. Supuso que así era aunque no lo vi muy convencido de ello, quizá algo más resignado, al menos hasta que mencionó la muerte como punto de no retorno. Bebí otro sorbo de la cerveza en lo que asentía y sonreía con conformidad.

    —La muerte... quién sabe si harbá algo después de ella —fue más un pensamiento en voz alta que algo que hubiese querido decir en realidad.

    Su risa me hizo elevar las cejas y me sacó de una u otra manera del agujero negro que volvía a cavar lentamente en mi cabeza. El existencialismo me pasaba factura, el estar tan centrado en mí sin siquiera escuchar la realidad de mis emociones me pesaba hace años ya, parecía tratar de vivir el día a día sin disfrutarlo mínimamente, viviendo en automático, o dopado en cama.

    —¿Fueron muchas vueltas? —murmuré con una risa floja, que como pocas veces fue natural—, salud.

    Elevé la cerveza a la altura de mi cabeza y luego la acerqué a la suya, sonando apenas el vidrio entre el ruido ambiental, y ya luego tomé de nuevo.

    —Ya que estamos, hablemos de otra cosa a ver si animamos más esta noche, porque si seguimos por esa línea acabamos escribiendo nuestras memorias en una servilleta —añadí, ladeando apenas la sonrisa.

    Y no quería realmente que esta noche fuese otra noche deprimente, ya había mucho para eso, y ahora que estabamos en vacaciones de verano mínimamente divertirme y olvidar todo un poco, o crear nuevas memorias, como fuese, me acomodé mejor contra el respaldo, girando la botella entre los dedos mientras observaba las luces tibias del bar deformarse un poco sobre el vidrio. Mi vista llevaba días fastidiándome; no era exactamente dolor, ni tampoco ceguera, solo esa sensación rara de que el mundo estaba apenas desenfocado aunque pudiera distinguir cada cosa perfectamente. Como si mis ojos estuviesen cansados de mirar demasiado, pero era normal, y hasta bueno según la doctora.

    —A ver… —dejé salir el aire por la nariz—. Dame algo menos deprimente. Tu peor cita. O la pelea más absurda que hayas tenido. Algo que no implique crisis existenciales ni cadáveres metafóricos.

    Lo miré de reojo al decir eso, esta vez más relajado, dando vuelta a la página.

    —Aunque si te veo pensándolo demasiado, seguro tienes una historia vergonzosa buenísima y no quieres contarla.
     
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    No acoté nada sobre la muerte porque acabaríamos poniendo la conversación demasiado complicada una vez más y porque genuinamente no quería profundizar tanto en ese tema. No en estas fechas, no en estas condiciones. No se me apetecía pensar de más en los que no estaban y en lo injusto y cruel de sus muertes en particular. En la manera en que los que quedábamos atrás debíamos lidiar con los vacíos y las dudas.

    ¿Qué diría Kaoru?

    Estaba silenciado, bajo tierra.

    —Un poco sí —atajé a lo de las vueltas mientras brindábamos y me sonreí—. Mira que hacerme insistir a mí de toda la gente...

    Cuando solo los dejaba irse.

    Bebí luego del brindis que me había sacado de las pelotas y lo escuché decir que habláramos de otra cosa con tal de no acabar escribiendo nuestras memorias en una servilleta. La noción quiso hacerme gracia y recordé la sugerencia de Hubert de escribir de vuelta, pero no creía que sirviera de mucho, pues era algo que había que enfrentar cara a cara o las cosas seguirían desfigurándose de maneras extrañas. En fin, que me hizo gracia de todas maneras, aunque no solté la risa aunque me distraje un momento porque la guitarra se detuvo y giré el rostro hacia el dúo en la tarima.

    —La siguiente canción es un poco diferente a las que hemos estado tocando esta noche —dijo la chica reajustando el micrófono, su voz era suave y estable—. La hemos estado practicando últimamente y creemos que incluso si no la conocen, puede gustarles. De nuevo, me presento con ustedes, mi nombre es Eri Gallagher y mi compañero es Finley Boyle. Somos dos jóvenes universitarios que hacemos esto en nuestros tiempos libres, para ayudarnos con ciertos gastos, y agradecemos al Keshcorran por siempre abrirnos las puertas.

    Ella se puso de pie y ambos hicieron una reverencia ligera. El público les aplaudió, así que antes de contestarle a Suiren, me sumé a ello y la muchacha rasgó las cuerdas de nuevo y aunque faltaban los demás instrumentos, creí reconocer la base. Un aplauso se me quedó congelado a medio camino y esta vez quien empezó a cantar fue el varón, su timbre era más suave que en la canción original, pero de alguna forma eso solo le dio más peso o yo lo sentí así.

    Disimulé, bebí de la cerveza y ahora sí reconecté con la charla con Suiren. Giré el cuerpo de regreso al albino y apoyé el codo en la mesa con tal de descansar el rostro en mi mano, mirándolo. Una sonrisa un poco extraña me alcanzó el rostro y seguí la letra de la canción mentalmente, mientras abría la boca para contestarle al muchacho.

    —¿Te parece que tenga citas? —dije y la diversión en mi tono sólo yo sabría que era mentira. Había arrastrado a Verónica a algo así como una cita y había estado bien, ¿pero lo demás? Una cagada. ¿Y los otros dos? Me los había comido de pronto, incluso si el build up de una cosa había sido de, yo qué sabía, cinco años. Ni siquiera... Igual no habría tenido sentido, ¿verdad? Me habría gustado, pero no tenía sentido—. Y por desgracia todas mis discusiones están bien justificadas. La gente que discute conmigo tiene motivos de sobra para hacerlo y con los que yo discuto... Un poco lo mismo. Si te vale, con quien más peleo es uno de esos amigos que te mencionaba antes, de cuando era un mocoso. Nos peleamos por todo y por nada, pero al final del día, sé que... Sé que si lo necesito de vida o muerte, llegará y me llevará a casa.

    Ya lo había hecho más de una vez.

    —Aunque sí que tengo una historia vergonzosa y como soy tan bueno, te la voy a contar ya que te fallé con las citas y las peleas —continué luego de beber una vez más—. Perdí una apuesta jugando al beer pong y acabé comiendo césped. El asunto es que ahora tú vas a tener que compartir algo con la clase, no sólo yo puedo pasar vergüenza, ¿o sí?

    Suavicé la sonrisa y también las facciones, no fue necesariamente que le pusiera ojos de cachorro mojado ni nada, pero sí que le imprimí algo distinto a mis gestos. Un poco por la gracia, otro porque porque era esa clase de idiota.
     
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    Insane

    Insane Maestre Comentarista empedernido

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    Cuando la chica protagonista del escenario habló su voz resonó con suavidad por las paredes del lugar, por lo que de una u otra forma terminó captando mi atención. Inició diciendo que tocarían algo diferente, aprovechó también para agradecer al establecimiento el cual no les había cerrado el paso de tener el ingreso extra que podría generarse, por lo cual de una u otra forma sumé puntos al lugar por permitir este tipo de cosas; había mucha gente buscándose la vida o un apoyo en ella, y era grato saber que habían otros tantos que apoyaban dicho camino.

    Me uní unos segundos después a Cayden con respecto a los aplausos, disminuyendo el movimiento al escuchar la voz varonil. No reconocía la pista, el ritmo ni la canción a decir verdad, por lo que miré de reojo a Dunn, pero sus aplausos parecieron interrumpidos al escuchar la música, supuse que podía recordarle algo o simplemente gustaba mucho de dicha melodía, por lo que no dije nada referente a ello.

    —¿Quieres que te mienta? —respondí con lentitud sobre su pregunta, adelantándome un poco con la sutilidad usual, diciendo la verdad en sí—: sí, creo que eres de los que puede tener citas.

    Aunque ya tener malas citas no lo sabía, suponía que todos teníamos algún encuentro desfavorable o poco agradable, o depronto era tan suertudo que todas sus citas habían sido amenas, pero por la gracia fui honesto en mi observación. Alcé ligeramente las cejas sin dejar de mirarlo ante la observación de que sus discusiones más comunes eran con su amigo cercano, luego fui suavizando mis facciones ante lo último mencionado.

    —No te ves conflictivo en sí, me es extraño imaginarte discutiendo —murmuré mientras mis dedos jugaban con la humedad de la botella de cerveza, siguiendo el ritmo del vocalista en el proceso.

    Me sonreí con gracia al oírlo acceder a la historia vergonzosa en vista que las dos anteriores fueron descartadas. Era cómico, porque pensaba que evitaría contarme algo que le avergonzara, pero no fue el caso.

    —¿Césped? —solté una risa nasal, negando suavemente con la cabeza—, no te veo en ese plan —murmuré, pestañando con lentitud, casi como si el cambio de ritmo de la música me arrullara al empezar a ser totalmente lento—. Te ves muy pulcro para imaginarte arrancando césped y metiéndotelo a la boca, pero bueno, el peso de la palabra debe predominar, supongo —divagué referente al significado de la apuesta.

    Bebí otro sorbo en lo que repasaba recuerdos viejos, alejando luego la botella al estar bebiendo directamente de ésta y terminar dejando el vaso de lado, saborenaod aún el frío entre mis labios, y fue entonces que recordé algo.

    —No creo que sea peor que lo del césped, pero bueno, algo es algo.

    Incliné apenas el rostro hacia él, apoyando un brazo sobre la mesa, basicamente como si fuese a contar un secreto. El murmullo del bar, las botellas chocando y aquella canción lenta detrás hacían que todo se sintiera extrañamente distante, como si estuviéramos encapsulados en una burbuja pequeña dentro del ruido.
    Giré apenas la botella entre mis dedos y finalmente lo observé otra vez de reojo. La luz cálida del escenario le daba un contorno más suave al rostro. Pensé, distraídamente, que era injusto que alguien pudiera verse tan compuesto incluso sentado en un bar cualquiera tomando cerveza.

    —Esta no la sabe casi nadie —admití, ladeando apenas la cabeza hacia Dunn—. Y si te ríes demasiado, me voy a ofender un poco.

    La amenaza era vacía; ambos lo sabíamos. Me acomodé mejor sobre el asiento antes de continuar.

    —Hace unos meses acepté una sesión de fotos para una marca pequeña. Nada enorme. Solo ropa casual y esas cosas. El problema es que la sesión era temprano… absurdamente temprano —suspiré apenas. —Fue unos días antes de que me vieses en el observatorio; Semanas atrás por momentos veía borroso, pero literalmente borroso. La cuestión es que llegué medio dormido al estudio, tratando de actuar profesional. Había maquillaje, luces, gente moviéndose por todos lados… un caos.

    Deslicé el pulgar por la humedad de la botella.

    —La fotógrafa me dijo que fuera “natural”, lo cual ya es una instrucción horrible porque nunca sé qué significa exactamente. Pero bueno, empecé a hacer poses y todo iba relativamente bien, como de costumbre.

    Hice una pausa corta.

    —Hasta que vi a alguien haciéndome señas desde el fondo.

    Fruncí apenas el ceño al recordarlo.

    —Pensé que me estaban indicando hacia dónde moverme, así que seguí caminando mirando a la persona… muy concentrado… muy seguro de mí mismo —sonreí, resignado—, y me llevé por delante un ventilador industrial.

    No pude evitar reírme entre dientes.

    —Pero no fue un golpecito elegante, no. Lo choqué tan fuerte que el ventilador cayó hacia atrás, tumbó una luz y casi arrastra parte del fondo de papel de la sesión.

    Negué lentamente con la cabeza.

    —Todo el estudio se quedó callado. Ese silencio horrible donde sabes que acabas de destruir tu dignidad —tomé otro sorbo antes de seguir—, y aquí viene lo peor: como estaba nervioso, pensé que la mejor solución era actuar como si nada hubiese pasado, así que seguí posando.
     
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  20.  
    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    La risa nasal que se me escapó cuando afirmó que sí, que creía que era de los que podía tener citas, fue inevitable. Miré hacia el frente, a las botellas en la pared al fondo de la barra, los líquidos claros, ambarinos u oscurecidos, las botellas verdes, transparentes, negras, ámbar o azules. Fue un gesto de rendición, de rechazo o pura y llana resignación ni yo lo supe bien. Para hablar por experiencia tendría que haber tenido citas para empezar, debidamente acordadas y claras, pero no tenía una sola en el registro ni creí tenerla pronto. No estaba preparado para ello ni nadie merecía comerse mi embrollo, mismo motivo por el que le había confesado los pecados a Verónica.

    Lo que rentaba ahora mismo era Yuno Zárate y ya. Servía para ambos por motivos similares y estaba clarito como el agua. Nada de grises, nada de líos complejos, nada de mentiras de mierda de mi parte. Straight to the point, quick and easy.

    No dije nada, no tenía sentido siquiera y seguí escuchando a Suiren. Llamé al chico de la barra le pedí otra cerveza y la serví en el vaso con calma. La música había seguido y sin darme cuenta, empecé a seguir la letra en voz baja, ya habiendo confirmado la canción que era. Era como una patada al hígado, pero ya qué.

    —Quizás debería discutir más, de hecho —dije terminando de servir el líquido, algo desconectado—, pero sí, soy evitativo que te cagas. Bueno, es como relativo. Hay con quienes discuto como idiota, el amigo que te decía, mi viejo como viste el otro día... Y otros con que no discuto, no lo hago porque los amo muchísimo, ¿sabes? Los amo tanto que quisiera no tener desacuerdos con ellos jamás porque siento que puedo perderlos, pero es una noción infantil, ¿verdad? Lo entendí a la fuerza. Discutir a veces también es una muestra de amor.

    Regresé la mirada a la tarima, todavía con el rostro anclado a la mano.

    I can wait for years if I gotta —seguí la canción, bajito—. Heaven knows I ain't getting over you. I know the pain that you hide behind the smile on your face...

    El chico de la tarima me ubicó en su recorrido visual por las personas del bar y entre las estrofas se oyó su sonrisa, supuse que por haberme notado siguiendo la letra. Me dio algo de vergüenza, la verdad, pero fingí demencia y volví a Craig como si nada para seguir la conversación sin dificultad. Mira que pasábamos de un extremo al otro.

    —Césped —afirmé, derrotado—. Estaba borracho ya obviamente. Cero recomendado y sí, soy... Me gusta el orden y tal, pero pues no hay peor idiota que un borracho, so.

    Me veía como el de las citas, me veía muy pulcro para ciertas cosas, como masticar césped, pero era el mismo desgraciado que se había intoxicado. En mis recuerdos borrosos por la sedación aparecieron las pastillas, las cervezas y el resto de alcohol, el tabaco y la hierba. Apareció el llanto desconsolado, las palabras de Kafuku y la silueta oscura de Hikari. Había vomitado hasta las entrañas en su baño y de pronto los brazos de Hubert habían aparecido para sostenerme. Pulcro, decía Suiren, y por semanas había apestado a humo, alcohol y, finalmente, vómito. De pronto comer césped era lo más normal que me había pasado y hasta lo más decente que me había metido a la boca últimamente, en más de un sentido.

    En fin, que luego se puso a cuchinear y atendí con cuidado. Me amenazó que si me reía mucho se iba a ofender y sentí que el mismísimo Papá Dios me miraba en plan: no te rías. Tomé aire, concentrándome, y luego bebí del vaso. Arrugué los gestos y me ahorré el regaño que caería en saco roto por ir a una sesión viendo borroso y pensé que lo de posar natural definitivamente no tenía sentido, porque nadie posaba natural, por algo se llamaba pose. Anyways.

    Cuando llegó a la parte de las señas me llevé la mano que había usado de apoyo al rostro y me enjuagué los ojos. Qué desastre de hombre, por favor. No, encima, podía llevarse cualquier mierda por delante, un foco, un banco, lo que fuera, pero no. Se llevó el ventilador industrial, lo tiró a la mierda y ahí sí tiró una luz y casi hasta el papel.

    Intenté contenerlo, pero acabé soltando la risa y me cubrí la boca con la mano, más que por no reírme de Suiren fue para no joder el mood de los muchachos en la tarima. Me costó un esfuerzo titánico no soltar la carcajda al imaginarlo fingir la más absoluta de las locuras y seguir posando sin más, tomé aire y lo solté, forzándome a mantener la compostura.

    —¿Y la cara que se te cayó de vergüenza la levantaste al final de la sesión o cómo estuvo eso? —lo molesté, no pude evitarlo.
     
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