Capítulo de Despedida 忍耐 Nintai- Paciencia La calma en la tormenta. El coraje de seguir cuando todo duele. Nintai va más allá del significado paciencia. Es resistencia activa, la capacidad de sostenerse en medio de lo difícil sin perder el rumbo. No es esperar que algo pase. Es seguir construyendo mientras pasa. Y fue así como cada uno de los supervivientes a la guerra en Kioto lograr seguir adelante. 忍 Nin, significa soportar. 耐 Tai, significa resistir. Nintai es cómo el bambú, durante años no ocurre nada visible. Las raíces crecen bajo la tierra en silencio, sin señales, sin resultados aparentes. Y cuando finalmente emerge, lo hace con una solidez que no se improvisa. El crecimiento que no se ve también es crecimiento; sostenerse cuando todo cansa también es avanzar.
[Umineko; Dozan; Ryoshi] Las estaciones pasaron, una a una. En mar abierto el sol resplandecía mientras el barco navegaba despacio. —No hay mucho viento— reclamó Dozan mientras bajaba de mástil principal. Aquel barco había sido un regalo de la flota de los Minamoto; era suficientemente grande para poder cruzar de Japón a China o Corea; la tripulación armada de viejos comerciantes y piratas; la gran mayoría de la unión de Sakata quienes aun admiraban el nombre de Jinrai. Cuándo esta tripulación supo que aquellos piratas eran los responsables de la muerte de aquel hombre pelearon en el mar por una venganza que jamás llegó; Ryoshi; Umineko y Dozan no cedieron, no dejaron que aquel odio los sobrepasara; habían ganado el respeto de aquellos que en algún momento los odiaron por la simple razón de que el mar parecía siempre protegerlos. —¡A remar! — se escuchó el grito de Ryoshi. Uno de los tres capitanes a bordo. La tripulación obedecía entre gritos y abucheos; pues cada sector tenía a su capitán favorito. Dos gaviotas sobrevolaron el barco mientras Dozan las miraba —Almas de hermanos caídos vienen a entregar sus almas al mar. Pues se dice que las gaviotas que vuelan en mar abierto, lo hacen para dar su último vuelo. Contenido oculto Ayeah
Umineko El sonido de las gaviotas en la lejanía la sacó de su pequeña ensoñación justo antes de que la paz del entorno fuera rota por el alegre grito de "¡A Remar!". Con la calidez del sol en el rostro, volvió a cerrar los ojos recordando las palabras de Ryoshi aquella vez que le otorgó un nombre del que enorgullecerse: "Umineko. El sonido de una gaviota es la mejor música que un marinero puede oír después de perderse en el mar." "La guía de los barcos a puerto" habia añadido Dozan. Dejó escapar un levísimo suspiro nostálgico y sonrió. Cada día que pasaba su sonrisa se volvía más fluída y natural hasta el punto que, a veces, le costaba recordar por qué siquiera se había molestado en ocultarla en otros tiempos. A veces. Acomodó el pequeño fardo que portaba entre sus brazos y caminó con seguridad por la cubierta de aquel inmenso barco, acercándose hacia la popa donde un concentrado Ryoshi manejaba el timón mientras azuzaba a los remeros. —¿Estáis seguros de ésto? — Preguntó, alzando la mirada hacia Dozan que se deslizaba por el mástil tras sustituír su adorada bandera pirata por una mucho menos ajada por el uso con el flamante emblema de los Minamoto ondeando orgulloso. Bajó los ojos con ternura hacia su carga y retiró un mechón rebelde de cabello azabache del rostro aún dormido de la pequeña. — Me pregunto si a nuestra pequeña Kaori le gustará la tierra firme. Jugueteó con uno de sus pequeños dedos y su corazón se aceleró cuando la diminuta mano de la bebé se cerró a su alrededor con una fuerza descomunal para alguien tan pequeña. Jamás hubiera imaginado que un corazón tan cerrado pudiera albergar emociones tan intensas como aquella. Se acercó a Ryoshi y, juntos, esperaron a que Dozan se reuniera con ellos. Un graznido molesto hendió el aire cuando Cuervo se posó sobre sus cabezas reclamando su parte de atención y Umineko lo acarició con su brazo libre. Un brazo se deslizo sobre sus hombros y otro en torno a su cintura mientras oteaban el inmenso mar ante sus ojos. Libres, sin ataduras, sin deudas ni maldiciones. Sin más misión que la de vivir plenamente su día a día. Únicamente ellos cuatro: como la primera parvada. — Es bonito pensar que ayudamos a crear un mundo donde ella pueda vivir a salvo. — Susurró, dejando reposar su cabeza en el hombro de Ryoshi. — Cumplimos nuestra promesa.
[Ginko; Sasaki; Asakura] Ginko había viajado con los Asakura hacia Niigata; por petición personal de Toshikage y Kaori, Takeda y Oki los acompañaron en ese recorrido junto a sus acompañantes; en el trayecto fueron explicándole a Ginko que ellos no eran sus padres y también explicaron lo que era el género masculino y femenino, aunque para Ginko al principio fue difícil de digerir, lo aceptó cuando Sasaki llegó a Niigata, entendiendo lo que era el concepto de un padre. Takeda y Oki tuvieron que irse nuevamente; Takeda viajó a Kioto a supervisar la reconstrucción y logística del nuevo Imperio del sol naciente; mientras que Oki se dirigió con los emishi al Norte siguiendo a su líder Ukita. Ginko pudo notar la despedida entre Takeda y Ukita, quienes habían compartido entrenamiento bajo el mismo maestro varios inviernos atrás, y justo antes de partir habían hecho un viaje a Sado, la isla al norte de la prefectura dónde Takeda le pudo contar a Ginko como había perdido el brazo. Ginko se quedó con su padre en Niigata, recordando viejos tiempos junto a los Asakura; honraron la muerte de Hinata y en esas ceremonias pudo conocer nuevamente a Rei; el primogénito de Kaori y Toshikage; también a Gon, el hermano menor de Hinata; Jotaro el hermano menor de Rei quién había estado en Shibata, una ciudad también de la prefectura de Niigata. Kiseki, otra hermana de Rei y de Jotaro a la cual habían escondido todo ese tiempo de inestabilidad. Por último, conoció a Kenichi, hermano menor de Gon y Hinata; quién había estado practicando para ser herrero y así forzar a Hinata a usar un sable en lugar de un bokken. Ginko pudo recuperar solo un recuerdo al descubrir que el cuaderno que heredó de su tío podía albergar memorias; pero Ginko sólo había almacenado una y era el cómo curar a aquellos que sufren de abstinencia por opio; algo que le fue útil para sí mismo al olvidar que él también fumaba opio. Poco importó pues volvió a consumirlo pensando que aquello le traería memorias. No lo hizo. Las estaciones pasaron y la población cada vez se notaba más alegre y relajada gracias al cuidado de los Minamoto sobre Japón; abriendo nuevas rutas comericiales que beneficiaron a Niigata haciendo que la prefectura estuviera más viva que nunca. Ginko pudo volver a aprender de medicina junto a su padre en la clínica donde ahora eran muy conocidos; eso les dio espacio para contratar a más médicos y así tener medio día libre para relajarse a la orilla del mar. Ginko y Sasaki miraban al horizonte, donde pudieron ver a lo lejos un barco el cual les obligó a sonreír por casualidad. Ginko encendió su pipa. —El vicio al opio era lo único que me alegraba que olvidaras — se sinceró Sasaki pero a pesar de ello sonrió —Pero espero la vida me de mucho más tiempo contigo para poder ayudarte a recordar. —¡Ginko! — Gritó Rei apresurándolo —Tienes que venir a ver lo que ha hecho Gon. Se cayó en el templo y regó todo el incienso y ahora todo huele raro — Allí estaba, el próximo señor de Niigata burlándose de la desgracia de su primo, e invitando a su amigo para que también viera tal acontecimiento —¡Corre! Antes de que levanten todo, seguro aun vez a Gon todo lleno de incienso; y seguro olerá así por cinco soles. —Soles... — dijo Sasaki en voz baja cerrando los ojos y sintiendo el calor del sol —Ve con el, Ginko. También es esencial formar nuevas memorias. Contenido oculto Slam
[Togashi; Yoshio] [Akihito; Tamura; Rengo; Matahachi] Togashi despidió a sus compañeros después de la pelea en Kioto tras ser contactado por el pequeño Amanosaku, este le pidió que lo esperara en Tateyama dónde un hombre llamado Yoshio lo recibió entre las tormentas de nieve. Yoshio era un hombre serio, no compartía muchas palabras; por ello, él y Togashi formaron una amistad en silencio. Togashi recolectaba madera, Yoshio preparaba la comida, ambos se sentaban frente al fuego a comer. Una rutina disciplinada llevada a cabo todos los días hasta que algo cambió. Tamura ingresó al shukusha dónde Yoshio y Togashi ya estaban limpiando los trastes, ambos hombres miraron al joven en silencio antes de que Tamura rompiera esa armonía con sus gritos y estruendo. Dejando caer sus zapatos al pie del fogón creando al instante un charco de agua; pero Tamura no fue el único que entró a aquel sitio, también lo hizo Rengo con una actitud casi idéntica a la de su medio hermano. Vaya... sus sonrisas eran muy parecidas después de todo. Después de los medios hermanos, también entraron otros dos hermanos de palabra... Akihito acompañaba a un Matahachi de ojos hundidos y mirada ausente; junto a ellos entró Kousei y Chiasa; quienes se sacudieron la nieve de encima. Akihito ayudó a Matahachi a sacudir la nieve de su ropa para después saludar a los presentes y sorprenderse de ver a Togashi en aquel sitio. Rengo se emocionó al ver a Togashi, a quién por fin pudo devolverle su mala, el cual había usado en la guerra. Tamura sirvió comida a los presentes sin importarle que Yoshio y Togashi iban a guardar aquel sobrante para su comida de la semana, Yoshio no lo detuvo y sólo se contuvo sonreír brevemente al ver a aquel joven de nuevo. Yoshio se enteró de todo lo sucedido en la segunda comida del día gracias a las palabras incesantes de Tamura y Rengo mientras los demás guardaban silencio. Explicaron que antes de venir a Tateyama habían pasado un tiempo con los Sugita; Akihito había podido hablar con Murai y Shino sobre el peso que cargaba por la muerte de Noishi y sólo había recibido adulaciones de parte de Murai y comprensión de parte de Shino; en ellos no existía el odio hacia Akihito, en quién habían entregado tantas altas expectativas, las cuales había cumplido con creces. Tamura había podido consolidar su relación con Yume, la cual fue aplaudida por todos los Sugita e incluso por Kumo y Fukuro quienes se alegraban que sus jefes por fin entendieran su amor mutuo. Matahachi había permanecido al cuidado de Tomoe antes de que avanzaran hacia Tateyama, pues este no quería comer; justo como lo demostraba ahora. Fue entonces cuando la conversación se volvió más silenciosa, pues explicaron como antes de llegar con los Sugita, Yume; Reijiro; Matahachi y Tamura viajaron a la villa de Kohaku, dónde pudieron enterrar sus restos y honrarlo. Yoshio se levantó de su lugar y trajo buen sake, el cual repartió ante la incredulidad de Tamura; y obligó a todos a brindar por el alma de Kohaku. Tamura le había dicho a Matahachi que antes de morir, tenía un asunto que resolver en Tateyama y era por esa razón que estaban allí. Tamura explicó como Kohaku había visto el espíritu de Seiji en la montaña y es por eso que ahora traían a Hachi, para que Seiji pudiera descansar al verlo con bien. Los ojos de Yoshio se nublaron mientras veía a Matahachi, quién miraba su cuenco con arroz sin mover los palillos. La montaña reclamaba al hijo que desapareció... Todos subieron a la montaña siendo guiados por Yoshio; quién gracias a Kohaku y Tamura había localizado el último sitio de descanso eterno de Seiji Tachibana. Y allí, miraron hacia abajo, hacia el abismo de la caída. El viento helado golpeaba en el cabello descuidado de Matahachi mientras el resto esperaba poder ver aquel espíritu; pero Rengo lo sabía, si Seiji estaba allí ya nadie podría verlo ni escucharlo. Pero aquello poco importaba, pues el espíritu de Seiji estaba de pie junto a su hijo, llorando de alegría al verlo vivo, para después desvanecerse por completo, por fin en un descanso verdadero. Hachi... El destino era caprichoso y cruel, pero para Hachi todo debía ser planeado meticulosamente; y aquel viaje no fue la excepción. Separarse discretamente del resto, dar aquel paso hacia el vacío helado, dejarse caer hacia el acantilado dónde alguna vez debió haber marcado su fin sobre el hielo en el fondo, sólo que esta vez no fue alcanzado por los brazos de su padre, esta vez el impacto fue certero; pero en la mente de Hachi no hubo silencio, no; fue una estruendosa risa la cual reconocía perfectamente... El grupo apareció en un parpadeo en el santuario de Amanozako. Hachi se levantó confundido y Amanozako comenzó a explicar mientras jugaba con un ojo en sus manos, el ojo de Seiji. Amanozako confesó que el deseo de Seiji siempre sería el más difícil; pues había hecho un pacto eterno por un simple ojo. Amanozako reía mientras limpiaba el rostro de Hachi quién había vuelta a la vida. Amanozako tenía límites de espacio y cantidad para cumplir deseos; no podía prometerle a Seiji que nadie moriría en la montaña; pero si podía prometerle salvar a una de esas almas... "Que la montaña perdone una vida al menos... una sola" Y así lo hizo la montaña. Salvó a Hashimoto; salvó a Yoshio; salvó a Kohaku; salvó a Hachi... Amanozaku abrazó a Hachi con los ojos empañados; ambos entendieron en aquel momento el corazón del otro; ninguno había podido hacer nada para ayudar a Kohaku, poder rescatarlo. Si Hachi hubiera llegado a tiempo a combatir con Saizo, si Amanozako hubiera resistido un poco más antes de morir; si hubiera una manera de doblar las normas del mundo para traer a una sola persona del otro mundo sin ninguna energía oscura de por medio; pero ya no había manera. Ambos lloraron en los brazos del otro, demostrando lo que verdaderamente eran y no aquel cascarón duro que hacían creer tener. La presencia del pequeño Amanosaku fue el que rompió aquella tensión; pues en su manera de darle su momento a Hachi y a su madre para que pudieran desahogarse, él explicó que los kami ya habían sido restaurados gracias a la energía que acumuló Jinsei, un arma que ahora consideran tan sagrada como Kusanagi o Amenonuhoko. Amanosaku invitó a Togashi a quedarse; pues le presentaría a sus amigos los monos de la montaña y junto a ellos, la fragua secreta al oeste de la montaña, en el santuario de los monos. Allí, Togashi aprendería de joyería y vidrio soplado bajo la tutela de un pequeño kami. Los demás regresaron a la montaña, dónde pudieron organizarse para permanecer un par de soles más en Tateyama, antes de partir nuevamente; pero Hachi se negó a irse, permanecería en Tateyama un tiempo más mientras volvía a fortalecer su mente y honrar la memoria de Kohaku. Akihito se despidió de un Hachi nuevamente con vida en aquella mirada; ambos eran hermanos por culpa de Rei a quién Hachi consideró como una segunda figura paterna. Tamura también se despidió de Hachi y Chiasa, pues él viajaría de vuelta con los Sugita; mientras tanto, Rengo acompañaría a Akihito a visitar por fin a su familia quienes aun seguían en Aomori pues al parecer Ukita estaría organizando a todos los refugiados de las distintas prefecturas; un barco ya los esperaba en Toyama; junto a Takano, Yuzuki y Hayato, así que era tiempo de moverse. Contenido oculto Bruno TDF Nekita aun no posteen, que sigo en sus intros jajajaja porque fueron muy específicos.
[Togashi; Miyuki; Kojiro; Makino; Tetsuo; Gonsake; Oori; Satoshi] Togashi había pasado cuatro estaciones perfeccionando sus habilidades como joyero y artesano junto Amanosaku; bajando de la montaña sagrada a acompañar a Hachi y Yoshio al almuerzo y recolección de materia prima. Junto a Hachi aprendió de cacería avanzada, además de vieja política y economía; pues Hachi incentivó a los yamabushi que aun vivían marginados a asentarse en Tateyama, y gracias a sus conocimientos de política y economía de Kioto pudo crear un sistema de gobierno propio para ese sector marginado de la población japonesa. La montaña volvió a llenarse de vida y Yoshio volvió a sonreír, recordando a sus viejos amigos y viendo a Seiji en cada paso de Hachi. Cuándo Togashi partió de Tateyama, lo hizo dejando una pequeña aldea llena de furin de vidrio; los cuales sonaban como pájaros a la distancia, dándole vida a una población que crecía fuerte ante el viento. Yoshio se quedó con los mejores regalos para su shukusha que ahora siempre estaba lleno, y más ahora que habían logrado entre él, Togashi y Hachi armar unos balnearios a su lado dónde Chiasa siempre nadaba alegremente. Togashi no tardó en llegar a Nagano gracias a la proximidad con Toyama; allí sería recibido en la capital con grandes celebraciones. Kojiro había sido el primero en recibirlo, presumiéndole que ahora tenía un dojo y cada cambio de estación se llevaba a sus alumnos a su querida Iwata para que supieran dominar el cambio de olas, y esto lo hacía desde el río Chikuma, dónde les enseñaba a controlar pequeños botes. También le dijo con gran orgullo que ahora él y Makino habían establecido una relación formal, ella ahora atendía la herbolaria local. Gonsake y Oori fueron los siguientes en recibirlo en su hogar, Tetsuo les había ofrecido una estancia en el Castillo pero ellos prefirieron una pequeña casa cerca del río. Ambos recibieron a Togashi con un gran abrazo, y Togashi pudo notar el pequeño bulto en el vientre de Oori, el cual Gonsake no dejaba de acariciar, anunciándole que estaban embarazados y que esperarían a su bebé que estaba próximo a nacer; si era niña sería Narumi a sugerencia de su futuro tío; pero si era niño, se llamaría Seikanji; pues querían honrar al héroe que evitó que Oori muriera en Kioto. Después de un pequeño receso en casa de Gonsake y Oori, Togashi decidió dirigirse hacia el castillo; allí se encontró con un banquete privado en su honor orquestado por Satoshi quién se alegraba de ver al herrero. Cuando Satoshi dejó la mesa preparada e irse, no tardó en volver a ver los rostros de Tetsuo y Miyuki quienes se colgaron de él en un abrazo sincero. —No sabes cuánto hemos hablado de ti — admitió Tetsuo hacia Togashi. Miyuki afirmó — Estábamos por mandar a un informante para que nos dijera por qué estabas tardando tanto en Tateyama. —¿Y bien? ¿Nos extrañaste?— preguntó Tetsuo invitándolo a sentarse junto a ellos mientras degustaban un poco de sake. Contenido oculto Bruno TDF ahora si puedes postear
[Akihito; Rengo] Ya habían viajado de Toyama junto a Yuzuki, Takano y Hayato; con ellos pudieron recordar momentos en Kamakura, y entre risas y lágrimas recordaron a Jiin; pensaron en Kotono y Yorokubi quienes habían despedido un esposo y padre con los mayores honores; pues la gente en Kamakura admiraban a Jiin al grado de guardar luto por toda una estación antes de que la regencia de la prefectura fuera otorgada a Sho Kamino, quién junto a Momoka Ashikaga pudieron afianzar alianzas con la prefectura de Gunma la cual había mantenido una postora neutra en el conflicto de las Guerras Genpei. Y en aquel viaje desde Toyama a Aomori debían zanjar detalles con el señor de la prefectura; Ukita, antes de que Takano, Yuzuki y Hayato regresaran a Kioto, junto a Takeda y Shinrin los cuales ya preparaban próximas nupcias. Al llegar a Aomori, Akihito buscó a sus medios hermanos y tíos para hablar de lo sucedido, entregarles las cosas pertenecientes a Mei junto al mensaje final de Rei; aquel reencuentro no fue difícil como Rengo hubiera esperado; la familia lo recibió con un abrazo y llantos, pues las noticias de su participación en la guerra por Japón llegaron a cada oído de los nipones. Insistieron en que se quedaran con ellos un tiempo mientras se decidía a dónde enviarían a cada familia de refugiados; pues el conflicto interno era que varios hogares cayeron por culpa de la guerra y ahora se estaban distribuyendo riquezas para no dejar a nadie sin hogar gracias a la benevolencia del gran Emperador Takeda Minamoto. Akihito se negó a permanecer con sus hermanos, pues debía buscar a su madre, a la cual lograron encontrar gracias a la ayuda de los emishi quienes ya la conocían bien. La reunión con Sana fue emotivo, reconoció al instante los pasos de su propio hijo, tan delicados y firmes a la vez. Pudieron hablar de Rei, pudieron volver a bailar juntos mientras Rengo los veía con lágrimas mientras contenía sus ganas de salir a buscar a Yuzuki para abrazarla por millonésima vez desde que salieron de Kioto. Sana habló de música y compartió no sólo con Akihito sino también con Rengo varios de sus recuerdos, les habló también de la tela en la danza, la importancia de las capas en cada prenda; remendó la ropa de ambos y en todo el tiempo que estuvieron con ella les fabricó nuevas prendas que podrían portar con ligereza, respetando las personalidades de cada cual. Tela fina y detalles intrincados para Akihito; tela delgada y de buen movimiento para Rengo. Allí estuvieron por una estación hasta ser reubicados a Tottori, dónde permanecieron una estación más junto a Sana antes de despedirse de ella para iniciar a viajar por Japón, un sueño que ambos compartían. Esa mañana que partieron, Rengo sonrió hacia el sol como ya era su costumbre; pues ahora que recordaba a Mara o Kuroki sonreía antes que el dolor llegara; porque el amor siempre llega primero. Viajaron hasta regresar al sur, a la isla de Kyushu dónde se asentaron por dos estaciones en la prefectura de Kumamoto en un pueblo llamado Oguni; visitando las cascadas Meoto constantemente, la colina Oshitoishi dónde habían construido un pequeño templo para Mara; para después visitar el manantial volcánico Suzume Jigoku dónde siempre dejaban ofrendas para Mara y Kuroki, imaginando si aun podían verlos, si aun existían. —No me gusta creer que han desaparecido por completo — dijo Rengo arrojando flores al agua —Están en cada rayo de sol, en cada brillo del agua...— Rengo miró a Aki y sonrió, se acercó a él y besó su mejilla — Gracias por nunca dejarme solo. Contenido oculto Nekita ahora si, puedes postear.
Ginko Harutomo —El día que me quitaron mi memoria y volví de la guerra tenía opio en mi mochila— le comentó a su padre —Me dio curiosidad y pensé que me ayudaría con mi amnesia... no lo hizo, pero sabe muy bien y desde entonces se me terminó pegando el hábito— volvió a mirar unos momentos al horizonte —Lo que nadie supo decirme fue por qué había comenzado la fumar la primera vez ¿Tú sabes?— En ese momento, Rei los interrumpió y les contó que Gon se había caído y causado un desastre en el templo. —Definitivamente eso es algo que quiero guardar en mi memoria— exclamó Ginko con una sonrisa, levantándose para irse con su amigo —¡Vamos a ver!—