Chūō Salón Cristal [Salón de eventos]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Gigi Blanche, 20 Febrero 2026.

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    Zireael

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    Asentí a su preguntar de reconfirmación del significado de mi nombre y reí al escucharla decir que parecía un sol y que éste bañaba los árboles. Me dio la sensación de ser pura asociación libre, la verdad, y la dejé ser. Me dijo el significado del suyo y lo siguiente fue un poco sobrado. Pero bueno, todas teníamos momentos, ¿o no? No opiné al respecto, sencillamente le dediqué una sonrisa. Al mostrarle las uñas dijo que había sido víctima de la música y volví a reírme. No me consideraba una víctima como tal. Como fuese, mi risa mutó a sonrisa por el comentario del contraste y negué con la cabeza a su siguiente pregunta.

    Además, si mal no recordaba, el último tour de Britney había sido en Estados Unidos en 2018, ¿no? Para entonces ya estaba aquí en Japón. De todas formas, incluso antes de eso era muy pequeña como para imaginar ir a un concierto siquiera, quería decir, mis padres posiblemente no accederían a llevarme porque potencialmente tendríamos que salir de la ciudad y demás y estábamos con el asunto de los ahorros para migrar y una larga lista de etcéteras.

    —En realidad nunca he ido a un concierto de ninguna clase —admití cuando ella terminó de hablar.

    Cuando me mostró la foto de Pai pequeñito tuve que llevarme una mano a la boca para cubrir físicamente la risa que se me habría querido escapar, porque no me habría esperado que su expresión hubiese cambiado tan poco con el paso de los años. Igual daba ternura, la verdad, pero me reservé el comentario. Su contestación a lo que yo le respondí me hizo apartar la vista de la foto un momento y solté el aire por la nariz.

    —No es sencillo, supongo —reflexioné en voz baja teniendo presente nuestra charla de hace un momento—, pero se hace lo que se puede.

    La nueva voz que se abrió paso con firmeza quiso tensarme, pero logré atajar mi reacción a tiempo y al notar que incluso Alika había apaciguado su personalidad, en mi rostro suspendí una expresión bastante neutral y al recibir sus ojos esta no cambió en ninguna dirección. La conversación que abrió con su hijo frente a mí me pareció la clase de tema que no se habla en una fiesta ni frente a una invitada, pero yo qué sabía, ¿no?

    Pasé saliva al oírla decirle que no era negociable y forcé a que la molestia que se había instaurado en mi garganta bajara al estómago y se quedara allí. Había que ser muy idiota para abrir la boca en un asunto familiar como ese. Alika lo alcanzó con su tacto y él entonces me habló a mí, de forma que le dediqué una sonrisa suave.

    —Tómate tu tiempo. Te espero —le dije con calma a pesar de lo que sentía y al verlo alejarse detrás de su madre solté el aire por la nariz antes mirar a Alika—. Por ahora quedo en tus manos, supongo.

    Podría haber preguntado más por su madre, pero me parecía muy abrupto. Si el asunto se tomaba un rato, entonces vería la posibilidad de mapear un poco más, aunque con lo que iba viendo... Bueno, no me estaba formando la mejor de las opiniones.

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    Mi comentario lo hizo reír y me di por servido. Si justamente hacía lo que hacía y me mandaba las cagadas que me mandaba porque sabía que no lucía peligroso ni raro ni nada, digamos que era sencillo acercarse a las personas si tenía esa intención. La tontería que dije iba apuntando más hacia otra cosa, pero eso sólo yo lo sabía, ¿verdad? Al menos era la sensación que me daba.

    Como fuese, al llegar a la mesa me di cuenta que los postres eran distintos e incliné un poco para husmear antes de decantarme por alguno o de tomar una botella de agua. Él había tomado un mochi y había girado el rostro para atender a mi respuesta antes de decirme algo en consecuencia, sus palabras me hicieron sonreír y negué suavemente con la cabeza, como si así decretara que no tenía remedio. Había mencionado a la chica porque ella le había entregado los chocolates frente a mí y yo pues le había regalado uno de los que llevaba conmigo a ella, así que era obvio que al menos nos tratábamos.

    —Los suficientes dice, como si me estuvieran haciendo la caridad —dije con molestia impostada y ya luego suavicé la voz para darle una respuesta honesta—. No me di cuenta cuándo me hice un grupito de amigas, si te soy sincero, pero bueno me regalaron más de los que esperaba.

    Más de los que merecía, también.

    Todavía recordaba la caja de chocolates de Vero envuelta en la chaqueta.

    Me tomó por sorpresa ver que me ofrecía del mochi que había mordido, preguntándome si me gustaba el lychee, el dejo de extrañeza se me debió notar en los ojos pues fui consciente de que no pude filtrarlo a tiempo. Para cuando forcé a la emoción a retroceder ya había chocado con otra y recordé toda la mierda del invernadero y pensé que justo por lo desdibujado y borroso de todo lo que rodeaba a Craig, quizás lo decente fuese trazar alguna clase de límite. Algo que no había hecho en los meses anteriores. Quizás no fuese tanto el límite... si no tratar de arrojar luz sobre el asunto, al menos desde su lado.

    Por consecuencia, no cedí al impulso por el que me habría guiado y en su lugar usé la mano libre para tomar el mochi de la suya. Me comí el dulce, me quité cualquier resto de los dedos con la lengua y solté suavemente su brazo con la excusa de tomar una botella de agua. La abrí sin prisa y aunque no diera esa sensación, permanecí atento a sus posibles reacciones ante el camino por el que me había decantado, por llamarlo de alguna forma.

    —Me gusta —afirmé y me pregunté si sólo a mis oídos habría sonado así de ambiguo, ¿seguíamos hablando del lychee o yo estaba loco? Lo segundo era perfectamente posible—. Y por lo que veo tú estás dispuesto a comerte todos los postres de Japón.

    Lo dije en tono de broma, por supuesto, y ahora sí le di par de sorbos a la botella de agua que me vinieron bien para ordenar ideas o eso quise pensar. La dejé en un borde de la mesa y pesqué una porción de cheesecake, pues porque uno tenía sus favoritos después de todo. Tenía su cuchara, obvio, así que tomé un poco y me lo llevé a la boca. Elegí tampoco ceder a la otra tontería que había pensado y en su lugar, ni idea, seguí tratando de sacar algo en limpio. ¿Todos los hetero eran así de complicados? En mis recuerdos no.

    —Me consuela no haberme quedado entre el tumulto de chocolates ánimos ya que estamos —comenté un poco al aire, antes de comer un poco más y le eché un vistazo albino—. Habría sido tristísimo, ¿no crees? Aunque igual fue muy patético darte galletas de la cafetería.
     
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    Alika Paimon.

    Ya imaginaba que esto pasaría. Orn no solía responderle el celular a mamá, la tenía bloqueada por casi todos los medios, y la presencialidad era casi -por no decir-, nula. Me daba un poco de pena el hecho de que justo, cuando había invitado a alguien, ese alguien tuviese que presenciar situaciones que a ojos de él eran bochornosas y fuera de lugar. Quise pensar que ella, era tan buena gente como lo parecía, y que no lo comentaría con nadie que pudiese causar incomodidad en él.

    —Eso parece —me mantuve ligera, echando un vistazo por el espacio—, ¿has comido algo? Es decir, ¿quieres probar lo que han preparado en la mesa de snacks? Hay dulces y algunas entradas saladas, también agua. Si quieres igual puedo pedir que te den una soda —pestañeé, como cayendo en cuenta de al—, ¿eres mayor de edad o...?

    Depronto quería algo con licor y yo ofreciendo bebidas azucaradas o simples; preferí curarme en salud y preguntar para no verme o muy aburrida, o muy irresponsable. Aunque sabía que en sí, se tenía la percepción de que todos los presentes lo eran, a fin de cuentas ya habían repartido licor. Bueno, nada qué hacer.

    —¿Y qué tal Japón? ¿Te ha gustado más que estados unidos? —hice una pausa, invitándola a caminar conmigo por el espacio, esquivan algunas personas que estaban por ahí—. Estás en tercer año con Orni, ¿cierto? Por eso fue lo del tour que mencionaste, supongo. ¿Has pensado qué estudiar en la universidad, O tienes proyectos que no incluyen academia? —pregunté debido a que mencionó que le gustaba la música, era un nicho muy difícil y demás si hablabamos de ganar dinero en ello pero pues mejor preguntar qué asumir.

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    Mencionó que había terminado haciendo un grupo de amigas, lo cual era positivo para no andar sólo por la escuela, y más que eso, una red extra de apoyo o simplemente personas con las que se tenía gustos a fines, o conversar sin más, me alegraba por él. Como fuese, noté la extrañesa en sus orbes ante mi ofrecimiento y fui consciente de la incomodidad que había causado, se soltó por sujetar alguna botella de agua y yo regresé la vista a los postres, los colores eran de tonalidades pasteles, pero preferí no probar ninguno más, y en su lugar lo escuché, respondiéndole:

    —El azúcar y yo tenemos una relación algo dependiente —pestañeé con liviandad, y volví a mirarlo, porque no a diferencia de otros no solía ser nada evitativo para excusarme si lo creía viable—, creo que te incomodé de alguna manera, si es así discúlpame.

    Estiré la mano también por una de las botellas de agua y recosté la cadera en el borde, la abrí con parsimonia y di un par de sorbos. Agradecía el aire acondicionado del lugar, pese a ser de noche el aire caliente del ambiente se sentía fuera, digamos que era una complicación adicional al estar acostumbrado a tierras muy frías desde que tenía consciente.

    Me sonrí y negué con la cabeza. Era el más feliz entre "tumultos" de caramelos, aunque bueno, los compartía en casa, y en parte había guardado en el cajón de la alacena unos tantos para cuando mi hermana llegase a casa, imaginaba que se pondría contenta por ello.

    —Japón ha sido mi resguardo de caramelos. En Rusia se come muy fermentado y salado, así que estoy aprovechando el tiempo que permanezca aquí. Tienen mejores cosas en chocolates y helados, bueno, es mi percepción —asentí, dándole la razón con respecto a las galletas, por tontear más que nada—, bueno, a mamá le gustaron tus galletas de la cafetería, le compartí por si acaso.

    Saqué el móvil del bolsillo al vibrarme, vi un mensaje de mi madre preguntándome si estaba bien y demás, le respondí, preguntándole por ahí derecho si quería que le llevase algo de acá. Me salí de la app y vi mi fondo de pantalla, estiré el móvil para que Cayden tuviese visual.

    —No te había mostrado fotos de Copito —hice referencia al gato que estaba conmigo en la imagen del fondo de pantalla—, comparte el mismo nombre que la mascota de Vero —hice el apunte porque se me vino a la cabeza aunque eso él ya lo sabía—, parece que los albinos pensamos medio igual, quién sabe —no lo decía enserio. Regresé mi mano a mi bolsillo con el aparato—, ¿y tus gatitos cómo están?
     
    Última edición: 7 Abril 2026 a las 7:54 PM
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    Zireael

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    Que hubiese hablado con Orn no significaba que eso aliviara de alguna forma la sensación de extrañeza e incomodidad que sentía con este asunto en particular. No creía que fuese lo suficientemente cercana a él para que me correspondiera estar en medio de esto e incluso de serlo, la verdad era que a nadie le gustaba que viesen sus embrollos familiares. Eso y que yo era un tipo de idiota. Puede que de hecho no fuese la única.

    Quería ofrecerle la mano a quienes quizás me hundirían consigo.

    ¿Y para qué?

    ¿De qué quería salvar a la gente? ¿De sí mismos?

    La idea me hizo mantener la esquina de la mirada en dirección a donde Pai había desaparecido con su madre y también, al mover los ojos fuera de allí, busqué la mata de cabello roja de Cayden. No lo encontré a él ni a Suiren por ninguna parte y aunque me pregunté dónde se habrían metido, la verdad fue que tampoco le di mucha importancia. Este era un espacio grande y para no aburrirse había que moverse.

    —Ah, no. Estuve conversando con Orn afuera un rato, recién volvíamos —respondí a lo de la comida—. Algo salado estaría bien y... Bueno, quizás una soda. La verdad es que cumplo los dieciocho a finales de año.

    La suerte de confesión la hice sin que me pesara ni un poco en la moral haberme bebido lo que ya me habían servido. Como ya había dicho, no era que fuese a intoxicarme ni nada por un inocente trago en una fiesta elegante. Si acaso aceptar la bebida venía con la etiqueta, pero no mucho más.

    —¿Japón? No está mal ni nada, pero no. En Estados Unidos no vivía en la ciudad, era de un pueblo, así que no me acostumbro a... pues a la jungla de concreto. El aire es denso, la vida acelerada y ruidosa —contesté luego de pescar mi cartera de donde la había dejado para seguirla como me instó a hacer—. Y sí, soy de tercero. En la universidad...

    Una risa me sacudió el pecho.

    —El último día de clase antes de vacaciones bromeaba con un amigo sobre qué elegiría ser si... Si pudiese adoptar la forma y papel que quisiera y pues en comparación a elegir algo de gente poderosa y eso, mi respuesta fue un poco simplona. Me gustaría ser actriz o compositora y cantante. —Mira nada más cómo había resumido yo lo de los reptilianos con tal de no sonar como una loca—. He pensado en estudiar Artes Dramáticas, ya que lo de la música es como que muy complicado.

    Tomé una pausa antes de continuar.

    —Eres mayor que Orn, ¿vas a la universidad? ¿Qué estudias?

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    Lo vi regresar la vista a los postres y me quedé recalculando cómo interpretar eso. El comentario del azúcar me hizo reír por bajo, pues lo mismo me pasaba a mí, aunque la verdad era así con varias cosas. Azúcar, cafeína, hierba. Lo cierto era que había sido una estupidez meterme pastillas si ya de por sí tenía una tendencia ridícula a caer en exceso de cualquier clase, pero no hacía falta mencionarlo ni nada. No esperé que, bueno, nos enfrentáramos al asunto de una vez.

    No supe bien qué contestar de inmediato así que, sorpresa, no lo hice. Bebí más agua y lo noté apoyar la cadera en el borde de la mesa; lo imité, tomé otro mochi, lo comí y cuando tuve la mano libre de nuevo me puse a darle vueltas al dije que me caía sobre el pecho. Me limité a oír lo siguiente que tenía para decir y volví a reír, me hacía algo de gracia. Había oído opiniones de otras personas de que los caramelos, postres y cosas azucaradas en Japón y en países asiáticos en general no eran tan dulces en verdad. Era un poco relativo, suponía.

    —Supongo que si al compararlos con fermentados, pues claro que es un paraíso —contesté por la tontería y antes de darle otro sorbo al agua atendí a lo de las galletas—. Si hago algo casero te comparto. Aunque no sé cuándo vuelva a cocinar.

    La repartija atropellada, desgastante y fallida de la White Week me había dejado agotado, no quería ni pensar en preparar nada complicado en un rato. Eso y que cocinar solo para mí era tremendamente aburrido. Así fueran unos nuggets, siempre tenía más sentido si era para otra persona. Hombre, si viviera solo quizás me marcaría un Arata y me la pasaría a punta de ramen instantáneo. Era un poco deprimente.

    Todavía seguía dando vueltas en qué diablos contestarle a este hombre cuando se puso a mostrarme fotos de su gato y me tragué la amargura que se me quiso atorar en la garganta a la mención de Vero. Que justo apuntara al tema de los albinos tampoco ayudó mucho, pues ya lo había pensado al llegar, como que no estaba ampliando mucho mis horizontes ni nada. No opiné sobre eso ni de chiste y a tientas pesqué otro mochi.

    He's so cute —comenté respecto a su mascota y después contesté su pregunta sobre los míos—. Están bien. Siendo los mismos vagos de siempre.

    Lo cierto era que Nyx había estado tanqueando como una campeona, desde que llegaba a casa no me soltaba. En la cama, el sillón, en la cocina, hasta en la ducha. La conocía lo suficiente para saber que notaba mi estado emocional, incluso si yo me percibía tranquilo. La pobre criatura había quedado espantada del sábado pasado y no la culpaba, vaya numerito me había montado. Como siempre.

    Guardé silencio y frené mis pensamientos. No era que estuviese pensando muy rápido ni nada, era que seguía tratando de llegar a alguna parte.

    —No me incomodaste —dije en voz baja y solté el collar que había vuelto a girar entre los dedos luego de comerme el otro mochi. Mis ojos estaban suspendidos en cualquier lugar del espacio—, pero no estoy muy seguro de que darle cuerda a algo como eso sea... necesariamente correcto. No desde mi posición.

    ¿Debía entrar en ese terreno? Por un lado yo me lo encontraba sangrando solo, por otro él había visto mi reacción del otro día y también habíamos tenido algunas conversaciones algo densas. Por otro lado, tampoco era como que lo escondiera mucho. Si lo sabía el pueblo entero en el Sakura seguramente, al menos si me habían visto doblarme como silla de playa. Aunque, bueno, estaba el asunto de Vero paseándose con mi chaqueta también. Era todo confuso que te cagas visto de fuera (y desde dentro también).

    Despegué la cadera de la mesa, dejé la botella allí y ocupé la mirada en los postres. ¿Quizás se lo debía? En plan, para qué él también eligiera si con sus cosas debía sentirse incómodo o no. Lo cierto es que nunca había estado en esta suerte de predicamento. Mis amigos eran bastante homosexuales, si debíamos ser sinceros, y los que no eran un poco muy varoniles como para tontear de esta manera y obligarme a pensar en límites. También era cierto que no pensaba mucho en límites en ciertos casos y por eso las cosas estaban como estaban.

    Yo también había hecho lo que había querido, sin más.

    —Hasta donde yo sé, lo tuyo son las mujeres —escupí entonces, no fue brusco ni incómodo, fue más como... si estableciera un hecho objetivo.
     
    Última edición: 11 Abril 2026 a las 9:19 AM
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    Alika Paimon.

    —¿Salaro? Ah, sí, sé que prepararon trocitos de carne, son muy delgadas y están bien condimentadas —la fui guiando en lo que continuabamos hablando. No podría ocultar que estaba preocupada, no sabía realmente cómo iría la conversación con mi hermano y mi madre, pero esperaba que papá también estuviese presente.

    Orn no era un hombre que se callaba cuando las cosas no iban acorde a lo que esperaba, o cuando no estaba de acuerdo en algo que lo afectara de alguna manera, y mi madre... era demasiado difícil de llevar, y más cuando Orni no quería verla ni en pintura, a diferencia de mí que estaba buscando ocasionalmente su atención así fuese por whatsapp, aunque solía dejarme en visto y cuando estaba en Rusia no me visitaba en realidad. No era su favorita por decirlo de alguna manera, y a diferencia de mi hermano mis notas no eran perfectas, ni destacaba a gran escala en alguna cosa que ella considerase valiosa. En fin, me di cuenta que me quedé pensativa, escuchando con eco las palabras de Ilana atrás de mí. Asentí para que se viese escuchada aunque me quedé con la mitad de lo que dijo.

    —¿Un pueblo? —giré el cuello para mirarla sobre el hombro por rebote—, ¿cómo es vivir en un pueblo? —era curiosidad genuina. Nunca había conocido a alguien que viniese de un pueblo.

    Acostumbrarse a las grandes ciudades era consecuencia de ello, y el privilegio lo acrecentaba aún más. Me dediqué a ponerle atención auditova, barriendo la preocupación, o al menos, forzándome a hacerlo.

    Habló de arte, mencionó ser cantante o compositora y de repente causó disonancia con nuestra familia, no es que fuese algo negativo, tan solo sonaba...

    —Te escuchas muy libre, Ilana —no pude evitar decirlo, aunque fue más como un susurro que se perdía inmediatamente con las voces de fondo. Se escuchaba libre y soñadora, y no recordaba un momento en el cual yo me hubiese escuchado igual. Sentí algo de envidia llegando a la mesa de comida.

    Con esta información no sabía si sentirme preocupada o tranquila de que Orn la hubiese conocido...

    >>Mira, ahí están los trocitos de carne, ah, también hay caviar, si quieres comerlo te recomiendo una cuchara chiquita con un poco de crema agria —señalé con el dedo la crema que estaba apartada en una esquina—, pruebas primero un poco de la crema y luego un poquito del caviar, para que sepa mejor —recomendé por si quería degustar.

    Por mi parte sujeté un trozo de bocadillo con queso añejo, comiéndolo con calma. Tragué y sujeté otro pedacito, sin llevarlo aún a mis labios.

    —Sí, dos años. Tengo veinte, actualmente estudio negocios internacionales en Rusia, no era lo que quería pero —suspiré—, tocó por dilemas familiares —forcé una risa para no hacer tenso el ambiente.

    [​IMG]

    Mencionó que si hacía luego algo casero me lo compartiría. Sonreí más para mí mismo, como agradeciendo que me tuviese en cuenta para algo así, aunque quién sabe si sucedería en algún momento en realidad, o siquiera si lo recordase él en un futuro. Por mi parte, solía cocinar bastante en casa, en sí, mi madre y yo nos repartíamos las tareas al igual que las cenas cuando ella no se encontraba en el trabajo, de lo contrario por rebote debía prepararme algo. No compraba mucho en la calle, y ya era una rutina que tenía establecida. No lo parecía, pero solía ser apegado a las rutinas, era una forma de control simple para sentirme en el presente y metas cortas, "fáciles" de cumplir. Aunque para lo de la semana de chocolates no había preparado nada, más bien había comprado en una chocolatería.

    Era gracioso, preparar dulces o pasteles, postres en sí, no me nacía en absoluto, pese a ser mis platos favoritos de degustación.

    Giré el cuello apenas para volver a mirar los mochis, sujeté uno y lo comí, traía trozos de pistacho en el relleno y crema pastelera, por fuera era tan solo verde pastel. Tomé otro sorbo de agua para pasarlo y me decidí llevarle un par de esos a mamá. Más tarde le diría a Paimon para que me hicieran el favor de empacarlos en alguna cajita.

    —Ya que hablo de la gastronomía de mi país, ¿qué tal es el tuyo? ¿qué suelen comer allá normalmente?

    Ya tomándome el tiempo para mostrarle fotos de Copito, donde en algunas tenía puestas mis gafas negras mencionó que era Cute, y pues sí, mi compañero de vida era bastante fotogenico, parecía que el destino lo había llevado a mi puerta cuando chiquito para dedicarme medianamente también a los reflectores, aunque hacía ya semanas que no había regresado por indicación médica. Debía conseguir otro trabajo de medio tiempo para suplir mientras me daban el alta para regresar. Pagaban bien, y era lo que necesitaba para ayudar en casa, pero por el momento no me limitaría más que a esperar.

    Retomó lo que pensé que había dejado de lado, por lo que regresé mi atención visual a él. Se recostó en la mesa, como había hecho yo hace unos segundos. Mencionó que no veía el que le diese cuerda a algo como esto, y me pregunté a qué se refería, y entonces recordé como le compartí del mochi que había mordido antes de extendérselo. Lo apunté en mi cabeza, para no volver a hacerlo. Guardé silencio, más porque estaba esperando si decía algo más y no quería interrumpirlo; y así fue, tajó con mis preferencias sexuales y miré su perfil.

    Era homosexual, o es lo que estaba entendiendo con esto. Digamos que lo pensé, o sospeché, pero a la vez con el trabajo tenía varios compañeros que se paseaban entre espectros que uno podría determinar a vista pero en ocasiones me daba cuenta que me equivocaba. Si bien era cierto que estaba midiendo límites, no me había sentido incómodo con él, aunque me lo hubiese dicho desde el principio o más adelante, no concebía lugar en que me fuese a comportar diferente.

    Era una persona a fin de cuentas, y como persona me agradaba. Me reí entonces, con suavidad y sutileza, sin intención de ofenderlo, claro, fue más algo natural al no esperarme que me lo dijese así, tan directamente.

    —Supongo que así es —solté el aire por la nariz con liviandad—, me recordasta la cena que tuve con una amiga, habíamos hecho preguntas de asociación libre para conocer más uno al otro —lo contextualicé del por qué mi reacción. Ya había pasado tiempo de la salida con Sash, pero de una u otra manera me había recordado las preguntas que nos hicimos, y bueno—. ¿Y lo tuyo son...?
     
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    Le di las gracias cuando me dijo que había carne entre los aperitivos aunque mi mente siguiera en otras divagaciones, en las conversaciones ajenas incómodas, en lo que me correspondía o no o lo que esperaba hacer por otros. A la chica obviamente le llamó la atención lo del pueblo y sonreí para mí misma, pues no podía ser de otra forma. Igual era un poco gracioso porque suponía que cuando decía que venía de Estados Unidos todos imaginaban las grandes ciudades, no las montañas ni las zonas de menos de trescientos habitantes a la orilla de una carretera.

    —Más tranquilo que vivir en la ciudad —resolví con simpleza—. Y se siente más... humano. Es sencillo conocer a todos y hablar con la mayoría.

    La oí decirme que sonaba muy libre y no supe si para ella eso era algo malo o algo bueno, mucho menos porque fue en realidad un murmuro que quiso acabar perdido entre las conversaciones a nuestro alrededor. Suponía que lo era por mucho que siguiera atada, como todo adolescente, a las decisiones de mis padres y por eso estuviera aquí. Agradecía que mis padres no quisiera inculcarme el mismo estilo de vida que ellos tenían. Mamá no me impulsaba a seguir su rama de estudio y papá me dejaba claro los peligros o desventajas de ser un servidor de la justicia. No me imaginaba a mí en una carrera de nombre complicado ni usando una placa de policía.

    No respondí a su comentario que parecía pensamiento en voz alta y al llegar a la mesa de comidas, pesqué primero un trocito de carne. Después de masticar le agradecí la recomendación para el caviar, pero prefería no ponerme a jugar de fina con las cosas que probaba. Mi paladar no estaba necesariamente acostumbrado a este nivel de lujo ni nada, así que tampoco quería pretender que sí. Podía actuar hasta cierto punto.

    Cuando pasé la carne, la imité con un trozo de queso y la escuché con atención. Tenía veinte y estudiaba... lo que le habían encomendado. Pensé en lo terriblemente limitante que sonaba esta familia y en sí lo asfixiantes que debían ser estos legados importantes y demás. No podía imaginar a mis padres diciéndome lo que debía estudiar ni lo que debía generar en las personas tener que entrar en ese molde. Alika había forzado una sonrisa, pero tampoco era que hubiese servido de mucho.

    —No es la vida familiar más sencilla —tanteé, tomando otro trozo de carne—. Mi libertad debe parecer otro mundo, supongo. Sabes si... ¿Qué es lo que quiere Orn?

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    —¿El mío? —reboté algo extrañado—. Mi país es este, no nací en Irlanda. Aunque a los japoneses les gustan las cosas irlandesas, por eso los pubs son relativamente comunes. Anyway, a mamá la gusta sentirse cerca del hogar que dejó atrás preparando lo que pueda, que yo sepa la comida irlandesa comparte similitudes con la de otras partes de Europa. Estofados, carnes, papas, quesos madurados... Por eso supongo que soy fan de todo lo que tenga papas.

    El desvío a las mascotas fue temporal antes de regresar a lo otro y llegué a preguntarme, bueno, a qué conclusiones estaría llegando este muchacho en su cabeza. Me daba un poco igual compartir comida con las personas, la verdad fuese dicha, era más bien el underlying context del asunto por todas las estupideces con las que bromeábamos previamente. Que lo de preguntar qué éramos, lo de quedarnos solos, lo del bailecito y tal. Mejor quedar como un loco que cagarla, llegados a este punto.

    Lo noté mirar mi perfil, pues yo seguía con la vista al frente y preferí no seguir pensando en lo que le estaría cruzando la cabeza con tal de no caer en ninguno de los espacios de mi miedo. Recordaba la angustia que había sentido cuando, sin querer, había terminado confesándome con Hubert... En este caso no era tan importante, porque Suiren no era una persona cercana todavía, pero pues de nuevo, mejor prevenir que curar.

    Su risa fue suave y de alguna manera me quitó algo de preocupación de encima. Me contestó que suponía que era así lo que me pareció extrañamente ambiguo, pero cada loco con su tema, suponía. Dijo también que le había recordado a la cena que tuvo con una amiga y me arriesgué a asumir que quizás se trataba de Sasha, pues no era que este chico tuviera un gran círculo de amistades. Igual me hizo gracia que asociara esto a eso.

    —¿Lo mío? —Por salir de dudas imaginaba que la pregunta no estaba fuera de lugar. De todas formas, tomé aire y lo solté lentamente—. Hombres, la mayoría del tiempo, pero agradezco todavía poder apreciar y disfrutar la belleza femenina, ¿sabes?

    Lo dije con un tono jocoso, porque era un poco surreal estar teniendo esta charla junto a la mesa de la gala de los Paimon y con Suiren de toda la gente posible. Quedaba para una anécdota futura, claro, tipo "¿Te acuerdas cuando hablamos en la fiesta de tu mejor amigo sobre cuáles son nuestras preferencias?". Hombre, qué circo era esto.

    Actually, conocí a un muchacho hace poco, aunque es un rollo casual nada más —conté pues medio como dato de color y me reí—. Me estaba mensajeando cuando venía de camino, pero pues yo ya tenía una cita para hoy.

    ¿Y eso a cuento de qué venía?
     
    Última edición: 12 Abril 2026 a las 5:15 PM
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