"No es lo que imaginaba" Mencionó Mara con dolor, cómo si una gravedad superior los clavara en el suelo "No, esto no debería ser así. Esto... todo esto es muerte..." Dijo ante Kuroki mientras en su mente se escuchó una voz lejana "¡Basta!" Se quejó Mara al ver su energía disminuir en aquel reino de manera brutal "Sólo tenemos una oportunidad... nosotros... nosotros somos inútiles aquí" Pequeñas mariposas de luz volaban hacia la luz en la lejanía. Volaban torpes, cansadas.
Kuroki Lo sé... sabía que esto sería muy duro para ella, decir lo que dije era delicado, pero también lo sentí necesario... Si no apurábamos esto, el mundo podría acabarse antes de lo esperado, y era eso lo que también me mantenía presionado. Afirmé en silencio cuando escuché la corrección de su nombre, no discutiría con ello, admito que me sentí mal por verla reaccionar así, no hacía falta ser avispado para verla vulnerable como ahora expresaba, pero con todo eso parecía suficiente para que se convenciera que esto iba en serio, por lo que aseguró que haría lo posible por ayudarnos, y de nuevo le afirmé en silencio. Observé cómo comenzó a escalar, y solo me quedó replicar como mejor podía sus movimientos, no me era complicado hacerlo, ya que después de todo como Humano podía escalar hasta las paredes más complejas, había escalado en el pasado la enorme muralla de Nagoya, después de todo. Pude ver en el proceso cómo alrededor habían más humanos que desesperadamente trataban de alcanzar el final del camino para alcanzar el Tendō... Cada uno fallaba a su modo y solo perdían avance, no reconocí a nadie; ni tampoco quise entretenerme mucho, pues debía seguir de cerca a Aki. Cuando alcanzamos a escalar el último tramo pese que nos llevó su rato, no evité mirar detrás mío... la enorme altura que debimos subir para llegar hasta este punto, luego volví a ver a Aki y avanzamos hacia un santuario, ahí dentro no nos recibió nadie... Solo había un enorme arco torii y un incensario, yo de todos modos miré alrededor, tratando de comprender qué estaba pasando... ¿Acaso habíamos llegado demasiado tarde? ¿El Kami de aquí también habría muerto? Cuando alcé la vista hacia el techo, pude ver una máscara de zorro con miasma, y las palabras de Mara solo confirmaron lo peor... ¿Y ahora qué se supone que deberíamos de hacer? <<Maldición... debe haber alguna manera, no creo que los kami dejen así como así esto, deben existir alternativas pero... si es energía lo que abre el portal>>. Comenté, volviendo a mirar el arco, preocupado... Nosotros usábamos Miasma, pero la energía contraria... eso era un gran problema. Sin embargo, fué la misma Aki la que decidió avanzar y comenzar a colocar tres inciensos para hacer un breve pero preciso ritual para, asumí, hablarle al kami que mencioné. Mara me explicó brevemente lo que la mujer hacía, y yo simplemente me quedé parado, observando en silencio. Yo jamás había visto estas acciones en el pasado, al final de cuentas, jamás me versaron tanto en estos temas. Aún así, Aki aplaudió una sola vez y con fuerza, volviendo a reverenciar y repitiendo el proceso, ahí me dí cuenta que la máscara reaccionaba, el miasma se iba disipando, y no fué que lo hizo en su totalidad que el arco se iluminó... Y el acceso fué abierto, cosa que me dejó sorprendido, tanto por la reacción como por la breve intriga de si genuinamente la misma Inari había accedido. Definitivamente los zorros no me agradaban, me habían hecho demasiado mal; inclusive a Mara, era irónico que yo acabase convertido, al menos en apariencia, en uno como Yokai, pero ver esto también me dejó aturdido por lo mismo. Aquello me hizo avanzar por mero reflejo hacia el portal, viendo que genuinamente el acceso estaba disponible, cuando estaba por decirle a Aki que todo estaba en orden y podía volver con mi ayuda, una sensación que hacía mucho que no sentía me invadió... Era... esa vibra en específico que solo como Shinobi reconocías, y al voltear, ahí estaba... Alguien más, alguien a quién reconocí gracias a las memorias de Aki, era Ogen. Me puse a la defensiva, pero una flecha fue hacia la mujer de improvisto, al mirar el origen, fué la misma Aki quién había disparado y ahora se interponia entre mí y Ogen. Las palabras fluyeron, pero no evité sentir tensión ante la petición de Aki... ¿Dejarla aquí? Pero si hacía eso... Yo... —¡Pero-! Traté de hablar, de decir que aún debía haber un margen, sin embargo, Mara habló y... y tenía razón, maldita sea, tenía razón y me negaba a dejar esto así, hasta ahora había cumplido a todos que los devolvería a su plano, yo quería traer y devolver a Aki, nunca había sido una mentira aquello, sin embargo... la presencia de Ogen lo torcía todo, y la explicación de Mara de su actual aspecto solo daba una sensación mucho peor, al menos eso aclaraba mi duda de si era una yokai o no, pero... tener ahora que ceder esto, tener que dejar a Aki así... No la conocía, no al menos a nivel personal, y aún así, esto era muy incómodo. —Aki, no será en vano... Lo prometo—. Dije hacia la misma, antes de dar media vuelta y comenzar a correr hacia el portal, gruñendo de frustración por este giro de los acontecimientos, pero... cierto es que no veía más opción. Alcancé a escuchar las últimas palabras de Aki, las cuales parecían citar a alguien, y para cuando pude cruzar al fin, volteé por sobre mi hombro, alcanzando a ver un último gesto de amabilidad de su parte, a la par que Ogen gritaba frustrada y el portal se cerró abruptamente... Solo me quedó retroceder, lo cual era seguir avanzando pues estaba caminando de espaldas, aquello me hizo llevarme la diestra a la frente y a un costado, tratando de procesar lo que acababa de suceder. Igualmente me dí la vuelta, con intención de avanzar cuando me empecé a sentir cada vez más y más agotado, en un inicio pensé que por el pesar de esto, pero pronto me alarmé, preocupado que fuese similar a mi fallecimiento por el veneno, pero en realidad era algo peor, era como si la gravedad del sitio fuese miles de veces más fuerte, y acabé arrodillado debido a aquello, gruñendo entre confundido como frustrado... ¿Qué era esto? —N-No puedo moverme... No lo entiendo—. Dije profundamente intrigado, era... era como si el mala de nuevo nos estuviese aprisionando, no podía avanzar, siquiera levantarme, y peor aún, sentía la energía de ambos disminuir a una velocidad tal como quien tiraba el agua de una cubeta sin más, lo cual solo me asustó demasiado... No, no podía ser. ¿Acaso habíamos llegado tarde? ¿La influencia del Eclipse nos había alcanzado? Contenido oculto Gemí, entre intrigado como alarmado, tratando de poner todavía más empeño de la normal para levantarme, pero... Era inútil, simplemente inútil. Nada de lo que hacía o pensara funcionaba, aquello me hizo alzar la mirada para observar alrededor, algo que me ayudase a entender lo que sucedía, pero... No había nada, en especial al mirar enfrente, aquél panorama tan extraño, el cual en otro contexto tal vez hasta habría sido relajante, pero ahora... Era desolador a su modo. Mariposas de luz volaban con agonia y esfuerzo hacia la luz del fondo, mientras Mara me hablaba una vez más, a la par que negué. ¿Y si genuinamente ya era muy tarde? ¿O algo más podría estarnos obligando a estar aquí arrodillados? No lo entendía, por una vez estaba inseguro de todo, no solo por temor, ya que estábamos en terreno de los kami con la energía contraria a nosotros, si no que... simplemente, ambos no sabíamos lo que nos esperaba aquí. No parecía haber nadie, solo teníamos una oportunidad pero... Así... ¿Cómo se supone que actuaramos así? Escuché la misma voz que Mara, una que me provocó una sensación adversa pero aunque quisiera responder, la energía se nos iba de las manos... Volví a gemir, esta vez más desolado, llevando las manos a las rodillas, tratando de concentrarme. —... Ya había sentido esto antes... En dos ocasiones, pero siempre había sido interno. Ahora, es tan extraño sentirlo también de forma física—. Dije, en lo que trataba de pensar en algo. Las dos ocasiones a las que me refería, era precisamente al genocidio de mi hogar... Y posteriormente la muerte de Shiori ante Taiki. Sí, tal como sucede ahora, me había sentido exactamente así, como si algo drenase por completo mi ser, no sabría definir si la voluntad, la determinación, la inocencia, la bondad de uno o tal vez todo lo que te volvía persona. A pesar de ser esta la tercera ocasión, seguía sin poder entenderlo, y la sensación era mucho peor, porque sabía que de seguir así, seguramente seríamos los próximos en morir, ahora no solo era un drenado brutal de forma metafórica por... simplemente, sufrir una tragedia tan extrema en tu contra que te hacía sentir como ahora, si no que en estos instantes, al ser un drenado espiritual... era, extraño, abrumador... desesperante. —Tiene que haber un modo... Siempre la hay, siempre la hay. Me... me niego a creer que solo seremos unos inútiles ahora, más ahora. Maldita sea, no llegamos tan lejos solo para quedarnos aquí, al fin estamos en el último de los Reinos, al fin estamos a punto de dar con Rengo, me niego a dejar esto así—. Dije como pude, la sensación era asfixiante, y aún así, Mara podía ver una vez más la clase de determinación que cargaba conmigo, la misma que me ayudó tanto a anteponerme a Kyogi y sus planes, la misma que me ayudó a conocer más a Rengo, la misma que me ayudó a comandar a no uno, si no dos escuadrones en Shizuoka... La misma que fué capaz de ver el rostro de la muerte varias veces a lo largo de este viaje por la Guerra. >>Esperanza... Siempre debe haber esperanza. Fe en que todo puede cambiar en el último segundo. Es lo que siempre anhelé ser y comunicar a todos. Y si por una maldita vez puedo hacerlo... Eso es ahora, no pierdas la Esperanza, Mara—. Añadí poco después, en parte desvariando un poco, pero es que ahora más que nunca debía aferrarme a ese término tan variado y que podría significar muchas cosas para según qué persona le preguntabas. Al final, hice un esfuerzo enorme por alzar los brazos y comenzar con el ritual de invocación. En esos instantes traté de pensar qué opción podría ser mínimamente viable, ya que sin información, con este escenario tan extraño, realmente... era imposible adivinar nada. Estaba sometido por completo al mero azar, esperando que el que viniese pudiera ayudar en verdad. Nosotros simplemente no podíamos hacer nada, así que asumía que alguien con energía espiritual podría ser contraproducente, por lo tanto, aunque pensé en Byakko... Creí que no sería bueno. Luego hice esfuerzos por pensar en alguien más, unos pocos pasaron por mi mente, pero con este brutal agotamiento costaba demasiado inclusive pensar con claridad, por lo que acabé gruñendo, sin saber exactamente qué hacer. Gruñí, esto era tan humillante y frustrante, pero igualmente no me quise distraer demasiado, aún habían unos pocos que podrían servir, aún así, con este, digamosle, clima... Iba a acabar antes desmayado a poder lograr algo. <<S-Sé... que sobra decirlo pero... Ayúdame en esto, me está costando la vida realizarlo>>. Dije a Mara, refiriéndome a la invocación, ya tenía a alguien en mente, pero la elección era más por el agobio del clima que por otra cosa, solo rezando en silencio que genuinamente fuese lo mejor ahora mismo, todas las decisiones, hasta cierto grado, estaban más inclinados a lo que yo conocía y podría representarme... En esta ocasión, sentía que era justo que a Mara también le tocase algo, aún si eso implicaba un riesgo enorme también, tampoco es que se me ocurriese una mejor opción igualmente. Al final, la invocación fué realizada, y terminé soltando un muy pesado suspiró por el esfuerzo, bajando un momento la mirada... Agotado. —Lo... lo logramos. Al fin alcanzamos el Tendō, aquí tiene que estar Rengo, y la manera de restaurar el Sol. No estás muerto, a pesar de que también no deberías estar aquí—. Inicié, terriblemente agotado, alzando como pude la mirada hacia la persona invocada. >>Hay algo aquí... que nos resulta abrumador, y nos está drenando demasiado poder, no sé qué sea, no sabemos lo que nos espera aquí, lo siento, no pude pensar en nadie más. Solo... Creí que era lo mejor—. Añadí, haciendo un enorme esfuerzo por hablar, no hubieron presentaciones porque no hacía falta, y luego volví a mirar hacia el horizonte, en ese extraño escenario. >>El tiempo... se agota
Ambos agonizaban en aquel ambiente. ¿Sería por la energía luminosa? ¿Por no ser merecedores de pisar ese reino? ¿Por un cúmulo de desgaste? No importaba pensar aquello, debían llegar a últimas instancias, gastando mucho miasma en un sitio en dónde no había demasiado, aún. La figura comenzó a materializarse; el miasma se alejó y dejó ver a Akihito; quién al adentrarse en aquel reino también sintió la presión en su cuerpo; a pesar de ello, él podía caminar con dificultad en aquel reino. Jinsei se volvió pesada; tan pesada que quedó clavada en el suelo. Kuroki explicó a Akihito mientras mariposas doradas volaban cansadas a su alrededor, dirigiéndose hacia un pilar de luz tenue. Intentaron buscar un voz en aquel sitio; pero no había mentes las cuales respondieran a sus palabras. Contenido oculto Nekita Bienvenida al Tendo. Esto sucede después de tu ataque a Kyogi, el cual aun no he narrado; pero podemos irle avanzando por acá. Gigavehl En cada reino ha habido una actividad a realizar; esto se debe a que Mara conocía los retos. Pero no sabe nada del Tendo, así que no queda más que explorar un poco y averiguar lo que se pueda. El único que puede moverse "libremente" es Akihito. Pero Mara y Kuroki podrán acompañarlo en mente, esto les irá drenando energía; yo les avisaré si llegan a un punto crítico. ¡Éxito!
Akihito Shishio Y entonces, en la parte más tensa de lo que sentía que podía ser aquella pelea por la caída de Kohaku, escuchó algo que le causó gran preocupación con todo el plan que había preparado: Riku no podía ver, no podía ver y aun así se había lanzado contra Gendo. Maldijo internamente, tratando de pensar si algo de lo que él tenía podía ayudar a curar una ceguera y tratar de formular quién podía tomar el lugar de Riku para quizás delegarlo mejor a las labores de curación, pero no tuvo tiempo de nada. El miasma se abrió de repente y su corazón se aceleró con un miedo de sentir que Kyogi ya había tenido suficiente de sus habladurías y por eso iba a enviarlo a su muerte. Lo que quería decir se quedó atrapado en su garganta y solo pudo mirar en pánico a Yuzuki una última vez antes de que todo se volviera oscuro. Por esos cortos segundos estuvo pensando en todo lo que sentía que le había fallado a sus compañeros por tratar de mantener a Kyogi centrado en él hasta que el miasma se disipó y todas sus dudas y arrepentimientos se convirtieron en una total confusión al no estar donde su mente creía que iba a ser mandado. El peso en su cuerpo y su arma que prácticamente fue arrancada de su mano por el peso que obtuvo, la luz que lo rodeaba, todo el escenario que estaba frente a él. ¿D-Dónde...? "Lo... lo logramos. Al fin alcanzamos el Tendō, aquí tiene que estar Rengo, y la manera de restaurar el Sol. No estás muerto, a pesar de que también no deberías estar aquí." La voz tan familiar lo hizo girar rápidamente para encontrar de donde venía y verlos en el suelo genuinamente lo asustó, sentía que incluso sus ojos llorosos de antes solo habían empeorado con esa escena y de inmediato comenzó a romper la distancia para llegar hacia ellos, pese a la inexplicable presión que sentía en su cuerpo y extendió su mano hacia ellos, posándola sobre su cabeza una vez que se puso de cuclillas —E-Esta bien, no hables... Estaba en el Tendō... No estaba muerto... Pero no debía estar allí... —No te disculpes... en serio... —Continuó simplemente dando pequeñas caricias en la cabeza del nuevo cuerpo de Mara y Kuroki para tranquilizarlo y al mismo tiempo calmarse a si mismo, tratar de comenzar a adaptarse a esa situación desconocida —Somos un equipo... l-lo resolveremos... todo estará bien, no gasten mucha fuerza. Lo arreglarían de algún modo, estaba seguro. Se levantó y luego de mirar a su alrededor comenzó a andar hacia donde las mariposas lo guiaban. —Hace mucho que no veía mariposas de cerca... —Comentó al aire, le había pedido a Mara y Kuroki que no gastaran fuerzas así que no esperaba que le respondieran pero aun así quería compartirlo —Mi madre solía decir que las mariposas blancas podían representar al espíritu de las personas... —Extendió su mano derecha hacia algunas de ellas, tratando de que pudieran aterrizar en su palma para ahorrarles su cansado aleteo un tiempo. Contenido oculto Luego, con su mano libre sacó del interior de su haori el frasco que contenía el listón de Rengo. —Rengo... voy a encontrarte, solo espera por mí un poco más.
Mara y Kuroki no podía moverse; pero siguieron con dificultad la mente de Akihito. Ambos sentían que su cuerpo se hundía poco a poco; y más al sentir un temblor tan poderoso que los envolvió en un dorado cegador; pero aquello era... Akihito avanzó siguiendo un rastro en una eternidad; pero la búsqueda fue mucho más fácil de lo que cualquiera hubiera esperado. Akihito sintió un mano sujetando su hombro Contenido oculto Pero al voltear no había nadie, sólo una pequeña mariposa en su hombro. Una mariposa a la cual le era muy sencillo diferenciar a las demás mariposas de un cuerpo humano. Un fuerte temblor hizo caer a Akihito; y al caer una cama de hojas doradas amortiguó su caída; al principio aquello fue agradable, fue hasta que tanto Akihito como Mara y Kuroki pudieron darse cuenta que aquel manto dorado eran mariposas que ya habían muerto. Las pocas que aun volaban se mantenían, y la que estaba al hombro de Akihito avanzó con sus patitas a la nariz de Akihito, intentando sacudir sus alas para levantar vuelo; ya no podía. "Los kami, uno a uno han muerto; la energía luminosa desaparece por completo" Aquella voz era inconfundible; Rengo era esa pequeña mariposa. "Al morir... yo... yo desperdicié la energía que Amaterasu había ocultado en mí. Sólo queda la de Takeda; deben protegerlo o..." Un temblor tan fuerte hizo que todas las mariposas cayeran al suelo. La luna se tornó en completa oscuridad. "Ha muerto, el protector de Amaterasu...Tsukuyomi también ha caído"
Kuroki Cuando pude por fin ver a Akihito, una mezcla extraña de pena como misma extrañeza me invadió, quería creer que su gesto de un silencioso llanto era por ver a Mara como estaba; no tanto por mí, aunque recibir sus caricias en la cabeza es algo que me descolocó, ya que genuinamente no me esperaba algo así, de todos modos, seguí hablando y también me puse un tanto apenado, creo... que después del genocidio a mi gente, que realmente no había recibido mucho afecto físico, por ello, ahora que recibía otro, a estas alturas de la situación, se me hizo tan extraño... Fuese como fuese, el mismo Akihito pidió que no hablara, que estaba bien, y de alguna manera con eso me tranquilizó un poco, aunque el malestar por esta gravedad tan pesada y el drenado de energía eran tan aplastante que era difícil intentar hallar genuino consuelo, pero de cualquier modo, el chico decidió ser optimista, y yo simplemente afirmé, sabía que como tal yo había "vuelto" muy de repente, sobretodo a este equipo, pero entendía porqué lo decía y simplemente quise que entendiera que estaba de acuerdo con ello. Lo vi sacar un frasco, y se determinó a avanzar en soledad, ahí donde fuese que estuviese Rengo, inclusive comentó lo que su madre le decía acerca de las mariposas, las cuales volteé a ver brevemente... ¿Podría ser? ¿Que fuesen espíritus de personas? <<... Inari ha muerto también, ¿cierto?>>. Pregunté a Mara, solo a él, no es que no confiase en Akihito, pero no quería agregar todavía más tensión al asunto. <<Sé... que tal vez esta pregunta esté de sobra pero... El yokai al que me convertí por mi psique, ¿me hace en verdad un kitsune, Mara? ¿O solo es la apariencia sin más?>>. Añadí, la respuesta dudaba que nos ayudase ahora, la verdad. Pero mi intención era terminar de confirmar aquello... Lo que nos habían dicho en Shima, y lo que había visto recién en el Nindo. Claro, la duda ya se la había hecho a Kyogi, pero sabía que ella bien me pudo haber mentido, y sabía que Mara no haría eso, por la sencilla razón que, al final de cuentas, solo era una pregunta. Pero... ahora que estábamos aquí, sin poder hacer nada, también habían un par de preguntas finales que no quise hacer para mantenerme enfocado, aunque ahora, con Akihito caminando ahora en la distancia, sentía que ya era el momento... <<Dijiste algo... curioso ante tu hermano, Ashura. Que estabas consciente lo que ibas a tener que pagar por traicionar a tu naturaleza. ¿A qué te refieres exactamente? ¿Es... algo genuinamente crucial lo que pierdes?>>. Pregunté, manteniendo relativamente la calma, pero aquello era más para no terminar de desesperarme por la severa inacción que nos asolaba ahora. No sabía qué clase de cosas podría perder un Dios, especialmente ahora estando yo en su lugar. Básicamente lo tenían todo, Mara y sus hermanos estaban exiliados, ¿qué otro castigo podría haber? ¿La muerte? ¿Pérdida de divinidad? ¿Algo peor? <<Y... si logramos recuperar esto y ya no me necesites. Dime, Mara. ¿Vas a deshacerte de mí?>>. Pregunté como último, serio, pero también resignado como en un inicio. Al final de cuentas el mismo Dios me había revelado que me dejó a su lado porque básicamente se quería mantener enfocado, y por nada más. Cuando le dije a Takeda que ahora temía morir, era en serio, así como cuando dije que temía al resultado final de todo esto. Me sentía al fin capaz de remediar todo el daño que hice, al menos, parte del mismo... pero, mi pregunta era clara gracias a la fusión... Cuando todo esto acabase... ¿Mara decidiría matarme en definitiva? ¿Exterminarme esencialmente y dejarme en la nada misma? ¿Sin posibilidad a nada más? Lo merecía, no me oponía, no respondía a ello. Sabía que un final así era justo después con todo lo que hice, pero... al menos, quería saberlo. Saber de una buena vez... si en verdad al final, después de todo, podría ver un nuevo amanecer. En esos momentos, poco después de mis preguntas, Akihito dió con Rengo, lo sabía porque pude escuchar su voz, las palabras que nos dedicó solo me dejaron tenso, no podía ser... el tiempo se estaba agotando. Para colmo, ahora entendía yo la mirada de Takeda, un remanente de Amaterasu estaba ahí, en él, maldición, debíamos actuar ya. Sin embargo, poco después se produjo otro temblor, uno especialmente poderoso, ahí me di cuenta que nos estábamos hundiendo, cosa que inicialmente me asustó aún más junto con el temblor, terminé perdiendo el equilibrio y caí sobre un manto dorado que amortiguó la caída, sin embargo, pronto me di cuenta que no era un manto salido de la nada... Eran... mariposas, miles y miles... muertas... De nuevo intente moverme, especialmente porque había acabado boca abajo, pero fue inútil, y en esos momentos, Rengo habló por última vez... El individuo que creí acabaría confrontando ahora mismo por mis acciones contra la Diosa... había muerto, acababa de caer. Gruñí, presa de la presión como de la frustración. "De verdad lo siento... Maldita sea... ¡¿Cómo pude ser tan idiota?!". Dije no solo hacia Mara, si no también hacia Akihito, y con suerte, a Rengo también. "Yo solo quería ser útil para todos... Quería vengar a mi gente, quería... Quería ser tan útil en todo porque me obcequé tanto en creer que nadie de los míos volvería jamás que... que ahora era mi labor suplir todas las virtudes de los Fusatada. Esa siempre fué mi intención, y ahora... por esa maldita visión mía el mundo está muriendo, todo por mi maldita culpa". Exclamé, verídicamente dolido, tal vez igual o más cuando recién había muerto y no había percibido mas que dos latidos. "El odio que sentí esa noche jamás pude medirlo ni quitarlo... Tal vez Yuzuki tenía razón... tal vez debí morir hace tanto". Añadí poco después, sollozante, a lo que volví a hacer esfuerzos, ya no tanto para levantarme, si no para quitarme de ese manto dorado de mariposas. "Akihito... Regresa, regresa con Rengo, tengo conmigo... una katana en especial. E-Es una larga historia pero en resumidas cuentas es una katana con el poder de la Resurrección. Ahora sabemos dónde está Amaterasu, y ya tienes a Rengo contigo, es hora de volver a Kioto, nuestra encomienda aquí está hecha... lamentablemente es muy tarde para los Dioses ya". Anuncié tal vez con una frialdad impropia de la situación, pero era la cruda verdad... ese último temblor... Me hacía temer que solo uno más, y ahora todo el Tendo y los reinos se caerían en pedazos ya. "Su nombre es Kenmyōren, es una katana que Mara tenía guardado. Hoshi ya nos dejó la puerta abierta para que Rengo regrese, es ahora o nunca que deben volver con nosotros, rápido, el tiempo se acaba". Dije, básicamente como una orden, más producto de la presión que otra cosa, por lo que gruñí para hacer más esfuerzo y conseguir ponerme boca arriba, a lo que ahora hice esfuerzos por llevar la diestra a la saya de la katana, y después, desenfundarla con gran trabajo. No sabía cómo utilizar esto, además, la parte de que tocaba volver a Kioto con ellos era en parte mentira, podría devolver a Akihito, claro, sin embargo... Nosotros seríamos el problema... "Rengo...". Dije como último, riendo un instante, entre con dolor y angustia. "Tenías razón... Yo era luz, es... irónico que ahora termine siendo clave en todo esto. Gracias por decidir confiar en mí... una última vez". Dije, soltando una silenciosa lágrima, mirando hacia el infinito cielo. "Eso... era todo lo que necesitaba". Finalicé, ahora esperando a verlos a ambos pronto. Ya casi estaba hecho... ya faltaba muy poco.
Akihito Shishio Tener aquel listón en sus manos lo hacía caminar con seguridad incluso aunque no conociera el espacio donde se encontraba, si antes Rengo había podido volver a él porque se había aferrado a su listón, ¿por qué él no iba a poder hacer lo mismo en ese momento? Su esencia sería la misma incluso aunque estuvieran en ese reino, de eso estaba seguro y si ponía toda su confianza en sus habilidades de rastreo estaba seguro que eventualmente se toparía con algo que lo llevaría de vuelta a su hogar, a Rengo. Lo que nunca esperó es que ese algo fuera físico. No dudó en girarse al instante que sintió aquel contacto sobre su hombro a la par que su corazón se aceleraba con adrenalina de pura emoción contenida hasta que vio que no había nadie detrás suya y por un momento creyó que lo había alucinado, tan solo una de las mariposas se había posado en su hombro. —¿Sintieron eso...? —Preguntó en un murmuro, y de inmediato se sintió algo tonto, Mara y Kuroki no deberían poder sentir lo que él sentía, ¿no? Iba a preguntar algo más cuando ese nuevo temblor lo hizo caer al suelo, dando su mayor esfuerzo de caer en el lado contrario para evitar dañar a la pequeña mariposa que había decidido descansar en él. Por suerte para él la caída no fue dura y de hecho fue sorprendentemente suave, cosa que agradeció hasta que lo notó, debajo de él solo era una cama de mariposas muertas. Sintió su cuerpo congelarse en shock, procesando que seguramente todas esas eran almas que no regresarían nunca, almas que incluso en su descanso debieron seguir luchando hasta que cayeron del cansancio. No notó la escalada de esa mariposa hacia su cara hasta que lo vio justo allí, posado en su nariz tratando de aletear sin ninguna clase de éxito, con cuidado la posó sobre uno de sus dedos para guiarla hacia la palma que sostenía el frasco con el listón para que estuviera un poco más segura y en ningún momento esperó escuchar de nuevo su voz de aquella forma. "Los kami, uno a uno han muerto; la energía luminosa desaparece por completo" —Rengo...—Murmuró con voz temblorosa, eso confirmaba que todas esas mariposas en efecto eran personas que ya se habían perdido por todo ese desbalance y tuvo un rezo silencioso para todas ellas y rogar que Kohaku se encontrara en algunas de las que seguían volando. Pensó luego en los dioses caídos, el que vio morir mientras trataba de ayudarlos y los que Kyogi mencionó que ya no se encontraban con ellos acompañados de los lamentos de Kuroki en su mente. —El mundo está muriendo pero no morirá, estamos aquí para evitarlo... —Dijo con seguridad, porque ahora allí con Rengo en sus manos se sentía más tranquilo pese a que no tenía idea de cuál sería el plan de acción —No podemos cambiar el pasado, pero si podremos forjar el futuro con lo que aprendimos... así que, por favor... no... digas eso. Intentó levantarse pero otro temblor nuevamente lo hizo tropezar, junto con todas aquellas mariposas que aun habían intentado seguir volando. Su corazón comenzó a acelerarse nuevamente aunque ahora fuera por miedo y no pasó ni siquiera un segundo de que le pidieran que regresara para que volviera a iniciar a correr, impulsándose una vez más para levantarse del suelo para regresar al lado de la fusión de Mara y Kuroki. —Takeda estará bien... tú estarás bien... lo arreglaremos, verás que sí. —Decía hacia Rengo en un tono conciliador aunque las manos que lo sostenían temblaban ligeramente, no entendía siquiera cómo Kuroki tenía esa katana o como podía haber descubierto que tenía esa cualidad pero tampoco podía cuestionarlo, Togashi había entendido que hacer perfectamente en el momento que le dio la katana de Hoshi así que... no iba a cuestionar el cómo ni el porqué en esa situación. "lamentablemente es muy tarde para los Dioses ya" Kuroki y Mara se iban levantando mientras él volvía a romper las distancias, luchando contra la presión que ellos también combatían para intentar ponerse de pie y esa frase de Kuroki se repetía una y otra vez en su cabeza, porque no podía aceptarlo. —Si Kyogi pudo hacerse una diosa no es tarde para ellos, si todavía hay luz en Jinsei para dañarla, fuego en Amenonuhoko y allá fuera siga existiendo la silueta del sol no es tarde... los levantaremos, todavía muchos no nos hemos rendido. Si nosotros les rezamos, nosotros podremos levantarlos, de algún modo... ¿Sacrificio? ¿Drenando a Kyogi de la energía que tenía? Debía haber alguna respuesta, pero no podía existir la oscuridad sin la luz y por mucho que Kyogi lo quisiera torcer él sabía, sentía que todavía había luz para pelear contra esa oscuridad. Se hincó para tomar el mango de Jinsei, con su mano libre teniendo a la mariposa de Rengo cerca de su corazón y su listón enfrascado —Estoy seguro que ustedes también verán el sol de nuevo... haré... lo que pueda para que su espíritu llegue a su cuerpo. Y... llegar de vuelta a la pelea, porque tan solo le quedaba imaginar que Mara quizás los acercaría donde los espíritus cuidaban el cuerpo de Rengo.