Kohaku Ishikawa "Tengo la misma sospecha, Kohaku: que esa mujer posee el poder de Kagatsuchi. Presumiblemente lo obtuvo de su Kirin; no sabría decir cómo lo hizo, pero no veo otra fuente de la cual conseguirlo." Por un tiempo permanecí meditabundo ante las palabras de Togashi y rememoré las sospechas que había intentado hilar hacía poco, de mi conversación con Byakko. —El Kirin apareció frente a Kaji Ishikawa en su peregrinación por los montes sagrados, su búsqueda por resucitar a Byakko, y en ese momento también lo interceptó un yokai, un zorro que intentó engañarlo para que atacara a Kirin. ¿Tal vez... siempre fue su objetivo? Pero... ¿esto significaría que Kyogi mató a Kirin? Habían matado a Amaterasu, así que no me extrañaba demasiado. Pero, así como en aquel caso, en este la energía de Kirin debía haberse trasladado a otro sitio. ¿Kyogi era quien tenía el poder de Amaterasu? ¿O lo salvaguardaba alguien más? Mi intento frustrado por comunicarme con Amanozako me recordó otras de sus palabras anteriores: había dicho que su hijo estaba en un lugar al cual ella no tenía acceso, como el infierno al cual habían invocado a Hachi... o como aquí. Eventualmente nos explicó un poco sobre el origen y la conformación de aquella extraña espada que poseía Akihito. El trabajo de los herreros me era por completo ajeno, y mi asombro fue evidente al descubrir que esta katana, también, era una creación de Hoshi Harima. Sangre de yokai en la aleación... Mi pregunta a Kyogi fue evidentemente ignorada y se burló. Sus intenciones me traían sin cuidado, sólo rescaté que parecía conocer los modos de Amanozako. ¿Por... Saizo Honda, tal vez? Los recordaba juntos en los recuerdos de la muerte de Hotaru, y Saizo fue uno de los yamabushi que ofrendó su ojo. Amanozako se había mostrado reticente a hablarme sobre Saizo. Poco después, otro hecho llamó ampliamente mi atención: no percibí mi energía disminuirse tras la creación del talismán. Miré alrededor, a esta extraña caverna de miasma. ¿Tan poderosa era aquí la energía oscura? En cualquier caso, eso me beneficiaba enormemente. Sin dudarlo, retrocedí y me dispuse a crear más talismanes, enrollando la manga del haori de Takeda y utilizando la daga de obsidiana para cortar un tajo en mi brazo del cual brotara la sangre suficiente. Dolía. Mientras estaba en eso, Kyogi invocó otra criatura y la degolló. Otro kami asesinado. El germen de una idea echaba raíces en mi corazón, en mi cuerpo. No podíamos permitir que esta mujer siguiera causando estos estragos a su antojo. No podíamos. Me incorporé, con los talismanes doblados sobre sí en una mano, y repasé a Riku y Hideyoshi con las facciones algo comprimidas. ¿Qué... se suponía que estaban haciendo? Me dispuse a repartir los papeles entre todos, implorándoles que los conservaran a buen recaudo, que Kyogi no pudiera verlos, y que tenían la opción de intercambiarlos si así lo deseaban. Estaba en eso cuando Akihito me habló. "¿Eres capaz de ver algún punto débil de esta estructura? ¿Puntos específicos en grietas, algo?" —Lo que puedo ver son los rastros de energía espiritual —expliqué, pese a todo con calma, y le señalé a los pies de Kyogi—. Por su cuerpo discurren... hilos, y esos hilos continúan por el suelo. Imagino que pueden considerarse concentraciones de energía espiritual, pero no estoy seguro de que sean puntos débiles. Sin embargo, si de alguna forma Kyogi es todo esto, ¿quizás esos hilos puedan ser como... sus venas? —Miré alrededor, pensativo—. No creo poder manipular el miasma, pero planeo intentar interactuar con él. Recorrí a mis compañeros con la mirada y alcé la voz para todos. Me daba igual que Kyogi me oyera, de todas formas ya debía conocer mis habilidades al ver los talismanes. —Necesito algo de su sangre —pedí, en general, guardándome el último talismán dentro de mis ropas—. Si consigo su sangre... tal vez obtengamos una ventaja. Kyogi posee control sobre Kioto y el miasma, pero la energía espiritual se ramifica en todas direcciones y acaba concentrándose en ella. Creo que debemos atacarla de frente. Contenido oculto Según mis registros, Kohaku aún tenía ocho talismanes disponibles de los diez totales. La distribución va así: Talismanes de protección en: Akihito, Ginko, Riku, Yuzuki, Kohaku. Papeles en blanco en: Togashi, Hideyoshi, Aoi. yo al ver que no pierde vida máxima con el talismán
Togashi Takemori Para dar otra gran muestra de su confianza, la mujer esquivó sus ataques con los ojos cerrados. Su katana ni siquiera logró rozar la Lanza de los Cielos, nada pudo hacer ante la velocidad perfecta de su oponente. Togashi miró de reojo la mano apoyada femenina en su hombro y luego conectó nuevamente con los ojos de Kyogi, cuando ella citó su nombre y luego le replicó con que no soportaría los secretos que le había reclamado. Y sin darle tiempo a más, los alejó a él, a Akihito y a Riku con una ola de miasma, que los depositó con amabilidad junto a los compañeros que se habían mantenido al margen. Ese trato consistió en otra burla hacia ellos, lo supo bien; un movimiento que se asemejaba a las olas del mar dejando caer algas en la orilla. Con eso, quedó neutralizada su idea de arrebatarle la lanza y, al mismo, verificar con ayuda de Akihito y Riku qué efectos podía tener Jinsei sobre ella, ahora que sabían que esa katana disipaba miasma. Kyogi tenía unos reflejos sobrehumanos. La mujer, tras responder entre risas a la curiosa acción de Ginko y la experimentación de Aoi con el suelo; procedió a amenazar a Akihito, lo que hizo que instintivamente interpusiera parte de su cuerpo frente al joven, ante la posibilidad de otra llamarada. Sin embargo, Kyogi no buscó dañar su físico, sino su moral, sus esperanzas. Aunque el rostro de Togashi se mantuvo impasible en todo momento, no pudo evitar abrir un poco más los ojos ante el ente que surgió, invocado por el miasma. Vio a un individuo humanoide de considerable tamaño, quizá de las dimensiones de un oni, pero que imponía con su presencia a pesar de lo terriblemente herido que se mostraba. Su cuerpo estaba magullado por una ardua batalla, y pensó que estertores de luz latían allí, en aquel cuerpo. Akihito, ahora a su lado, exclamó al ante lo que estaba por acontecer: había reconocido al ente, al cual habían mencionado hace unos instantes, contándoles que había intentado ayudarlos antes de que terminaran todos allí. Kyogi les dijo que era un kami, llamado Tenjin… Después de matarlo como si nada, para luego entregarlo al miasma. Togashi se quedó observando el lugar donde el cuerpo del dios fue tragado, procurando disimular la conmoción que la escena le había provocado. Volvió a tomar una larga bocanada de aire, mentalmente repasó las palabras de Keisho Okudera mientras regulaba su respiración. No importaba cuán fuerte fueran los golpes, qué tan impiadoso fuese el calor de la llama. En esa guerra, alguien debía mantener su alma templada, y aquello debía ser el peor enemigo de la cruel mujer que ahora les proponía un macabro juego de muerte y dolor. Siempre buscando quebrarlos, siempre queriendo arrastrarlos a la desesperación para su propio deleite. Mientras Riku se aproximaba al miasma para tocarlo en algo que pareció una caricias, Togashi observaba los movimientos de Hideyoshi, quien había empezado a moverse alrededor de Kyogi con actitud analítica, también experimentando con el suelo. En ese proceso, le hizo una pregunta que le pareció crucial: ¿Y de qué mundo viene ese tiempo del que dispones en tanta cantidad? Kyogi los tenía allí encerrados, pero… ¿Seguían en Kioto? ¿Habían estado todo ese tiempo en la auténtica Kioto, para empezar? Si en realidad habían sido arrastrados a otro mundo donde la voluntad de Kyogi era ley, ¿cuál era el punto de llevarlos a ellos? Si esa mujer controlaba todo con tanta facilidad aparente, ¿por qué no ir a por el último de los Minamoto, o por guerreros como Kato, que suponían un enorme peligro? Prestó atención a la pregunta que Akihito le hizo a Kohaku, aprovechando la cercanía. A Togashi tampoco lo había dejado ajeno la burla previa de Kyogi sobre la visión de Ishikawa, cuando mencionó la pérdida de su ojo y un nombre que no reconoció, Amanozako. Supuso que a eso se debió el interés de Akihito sobre su posibilidad de encontrar puntos débiles en la estructura que los rodeaba, aunque Togashi también pensó en la daga de obsidiana. Cualquiera fuese el caso, y tras guardar con disimulo un papel en blanco que Ishikawa le entregó; éste procedió a contarles que tenía la capacidad de ver rastros de energía espiritual y que, por otro lado, había visto hilos surgiendo de Kyogi, los cuáles se extendían por el suelo. Aquello le recordó al funcionamiento de su disco de obsidiana sobre los metales, pero no había visto cosas como hilos surgiendo de… aquel ser. Alzó una ceja cuando dijo que necesitaba la sangre de Kyogi, pero luego ésta descendió pronunciadamente a la propuesta de atacarla de frente; lo que dejó en evidencia su desconcierto. Atacarla de frente era exactamente lo que acaban de intentar Akihito, Riku y él, sólo para que Kyogi les demostrara con velocidad y gracia que aquella no era una vía de acción. —Las confrontaciones directas, ya sea físicas o verbales, han demostrado ser infructuosas —respondió, sereno, mirando a Kyogi desde la distancia; sus palabras fueron en parte también dirigidas a Yuzuki, que en ese momento también tocaba el suelo mientras respondía a Kyogi—. Un arma divina, el poder del fuego, el miasma que responde a ella: ni siquiera un Dios pudo hacerle frente… Conseguir su sangre es una misión colosal, si es que hay sangre en ese cuerpo… —se detuvo en los ojos de Kohaku con fijeza— ¿Para qué la necesitas? Si tenemos que obtener aquello, sólo puede hacerlo alguien de cuya presencia no sea plenamente consciente —se llevó una mano al mentón, pensativo... y preocupado—. Debimos haberla rodeado entre todos desde un principio, fragmentar su atención en varios oponentes... No para derrotarla, sino para recolectar información... >>Si algo de humanidad le queda... era cuestión de tiempo de que cometiera un error. Su poder no es absoluto, pues no ha podido hacerse con el cuerpo de Rengo... Kuroki... Él no está luchando a su lado... Y los espíritus de Jinrai Sasaki, Takami Azai y Kenshin Takemori le habían dado fuerzas para luchar, había elevado por lo alto la moral y el amor de su espíritu y el de sus hermanos. Kyogi, que sólo buscaba romperlos por dentro... jamás habría ideado algo como eso...
Kohaku Ishikawa —Lo sé, aún así creo que vale la pena seguir intentándolo —respondí a Togashi, correspondiendo su mirada, y me aseguré de hablar en voz baja al proseguir—. Creo que es buena idea comprobar que los talismanes funcionen. Si Kyogi efectivamente renació en un yokai como Kuroki, los talismanes deberían no sólo protegernos, sino volvernos indetectables. Quizá nos permitan trazar estrategias de distracción. Pero no lo sabremos a menos que nos acerquemos a ella. Y su sangre... Respiré con aplomo. ¿Cuánto se suponía que... dijera? —¿Has visto alguna vez los pactos de sangre de Rengo? Puedo hacer eso, con su sangre y con la mía. Forzar un contrato sobre ella. Si están conmigo, podemos intentarlo todos juntos.
Kyogi observó a Riku sobando el piso, sintió la caricia y la obligó a hacer una mueca de desconcierto; una voz nueva la hizo buscar de quién provenía —Ya se los dije antes. Sólo esperaba, y ustedes me han regalado la ventaja —lo miró asqueada por todo lo que hacía, tocar el suelo, escupirle. ¿Querían insultarla? ¿Ese era la táctica maestra en su contra? Kyogi negó al escuchar a Ginko, era un ser gracioso; lo vio acercarse a Yuzuki y atender a sus heridas. Y allí estaba Akihito, Kyogi sonrió, esas palabras eran valentía y se lo reconoció al muchacho —Aferrarse... —repitió en voz baja mientras lo observaba detalladamente. Su cuerpo era frágil, delicado; pero esa mente comenzaba a ser peligrosa. Kyogi negó —Sólo necesitaba algo de tiempo, me lo han dado —dijo en voz baja para después mirar hacia Yuzuki la cual le hablaba. ¿Qué insinuaba Yuzuki? Kyogi vio cómo otra persona acariciaba el suelo y se llevó la mano a la frente, sobando su frente para calmarse. Pues aquello parecía un alucín de ella. ¿O acaso todos se habían drogado antes de la guerra? Eso explicaría comportamientos tan extraños, y que ella pensara aquello era demasiado. Kyogi sonrió y rio un poco pensando en cómo le contaría esto a Saizo. —¿Por qué callarnos? —dijo ante Yuzuki — La falta de tu mano fue un castigo absurdo de un hombre que se sintió pequeño —Dijo Kyogi burlándose — Y ese hombre ya no está; tu si — le sonrió —Pero mi voz va a ser más fuerte que la tuya; siempre. Después miró hacia Aoi quién tiraba líquido en cantidades mayores. —Inteligente, pero...— Kyogi soltó una risa mientras el líquido quedaba regado en el suelo. Las grietas que decían ver seguramente eran una ilusión a consecuencia del opio del albino. Pues las cicatrices de energía sólo eran visibles para el joven Ishikawa; y no eran aberturas, no eran nada a simple vista; y ella sólo les siguió el juego para que malgastaran esfuerzos y le regalaran mucho más tiempo, y desperdiciando materiales —Lo entiendo, diferenciar la realidad a la mentira no es tarea fácil. Sus mentes no están con ustedes, están en otro lado, uno que yo no quiero ver. Después observó a Kohaku ¿Un Kirin? Kyogi negó, pero fue todo lo que le respondió con respecto a eso. Después habló de los hilos de energía, y sintió lástima por Kohaku —Te arrebatamos a Hana muy rápido — dijo suspirando — Menos mal fue así; o tú y Rengo hubieran hecho mucho más daño en sus peleas anteriores. Y su otro maestro... —sonrió mostrando todos los dientes — Qué caso tan más triste el suyo —se burló. ¿Pero a qué maestro se refería? —Tan... invisible. Escuchó lo de la sangre y después miró a Togashi —Si —admitió Kyogi a las deducciones de Togashi —debieron haberlo hecho en lugar de darme el tiempo para acumular energía suficiente — le sonrió cerrando los ojos, confiada. Togashi era otra mente de la que debía preocuparse. Y al parecer... Kyogi abrió sus ojos, se notaba molesta. Escuchó algo que no le agradó en lo absoluto. —¿Forzar un contrato? —preguntó Kyogi ante Kohaku —Si quieres mi sangre; yo exijo la suya —Levantó la lanza y una gran bola de fuego atacó a Hideyoshi; hiriéndolo mortalmente; después el miasma arrojó a Riku por los aires mientras Ginko comenzaba a sentir una fiebre. —Se acabó el juego — respondió Kyogi —Gracias por darme el tiempo suficiente para poder acabar con Tenjin. Pilares de miasma salieron del suelo por debajo de los pies de cada uno de ustedes; hiriéndolos mientras el miasma se adentraba en ustedes. Pero Kyogi relajó su postura, recargándose ligeramente en su lanza. —Ya no hay manera de que puedan derrotarme —sonrió victoriosa. Kyogi PV= 1,000 Ataque= 20 Amenonuhoko= +20 irrompible Protección= 36 Edad: adulto (dados lv.6) Escuela=???? Contenido oculto: Escuela Escuela= ??? Técnica= ??? Maestro= ??? Contenido oculto: Escuela Técnica secreta= ??? Daño por rebote de miasma= Siempre que reciba amenaza de ataque, el miasma responderá; causará un daño de rebote de -30 pc + el daño de ataque normal que daña pv [Deberás lanzar un d% y obtener un 40 o superior para acertar] Si acierta, deberás tirar d8 para decidir a qué personaje lanzar el rebote. Pilares= Al eliminar a un ser divino; utilizarás su energía que se ha convertido en miasma para dañar a todos los oponentes. Daño directo: 30 pv +10 pc. De ahora en adelante podrás atacar a todos consecutivamente; pero deberás recuperarte por 2 turnos antes de hacerlo. Contenido oculto: DAÑOS YA PONGAN SUS TABULADORES POR FAVOR. -103 a Hideyoshi. Eso nos despide de él John Whitelocke tienes un post para dar cierre a tu personaje; no puedes hacer acciones, sólo diálogo. -30 pv y -10pc de los pilares. Daño total de = 133 pv y 10 pc -30 pc a Riku por rebote. -30 pv y -10pc de los pilares. Monpoke -30 pv y -10pc de los pilares. Gigi Blanche -30 pv y -10pc de los pilares. Zireael -30 pv y -10pc de los pilares. Bruno TDF -30 pv y -10pc de los pilares. Slam -30 pv y -10pc de los pilares. Nekita -30 pv y -10pc de los pilares. Ayeah
Aoi Sintió cómo aquella columna la lanzaba por los aires y, a pesar de intentar guardar el equilibrio, calló de bruces contra el suelo. Se levantó tan rápido como pudo y buscó al enemigo con la mirada. Las últimas palabras de Kyogi habían llamado su atención: si no podía confiar en su mente, debería seguir algo mucho más potente que nunca la había fallado antes: su instinto. Sin pensar, tensó la cuerda de su arco y dejó que la flecha volara directamente al rostro de Kyogi. Ya habían perdido demasiado tiempo trazando planes y experimentando, era el momento de pasar a la acción.
Aoi Aoi Nivel 4 PV=60/90 PC=90 Fuerza: 15 Protección: 15 +10 (yoroi) 2/3 Intuitivo= +4 suerte Kunai (x14) (sólo se pueden equipar 6 por combate) Arco +15 ataque 43 flechas incendiarias. Flechas= 17 Escuela= Satsujin no kūki (aire de asesinato) Contenido oculto: Escuela Escuela= Satsujin no kūki (aire de asesinato) Técnica= Totsuzen no satsujin (asesinato fulminante) Ataque especial= ----- [d50] Maestro= Haku Técnica secreta= Sólo disponible para alumnos de la escuela grado maestro "Es algo indescriptible, sólo se siente en el interior cómo si emanara de uno mismo. O incluso del arma. Es abrigar el deseo oculto de asesinar a alguien, está en el aire.." Descripción= Tirar un dado de 10 caras No acumulable con otras técnicas No obtienes nada +1 de ataque +3 de ataque +6 de ataque +10 de ataque +15 de ataque +18 de ataque +20 de ataque +25 de ataque +30 de ataque
Contenido oculto: cálculos No entiendo bien por qué no salieron en el post anterior así que los vuelvo a poner XD Aoi lanza flecha normal. Ataque (Dado 12)+15fuerza+15arco+5suerte (porque aunque saque un 1 tiene +4 de suerte base)= 47 Defensa (Dado 1) + 15proteccion + 10 yoroi= 26 SEBD = esquive+bloqueo+suerte siempre ❤️
Soga no Hideyoshi 曽我秀吉 El único final de la guerra que vio el hombre El cuerpo ardía al son de las ondas flameantes que sus extremidades habían invitado al baile. El fuego lo consumía todo, luchó, golpeando con sus kodachis a un lado y otro y revolcándose en el suelo, intento desesperado de apagar el fuego, pero las llamas se avivaron, y su corazón cedió. —Humana... es humana—un balbuceo de sus últimas palabras, de rodillas, y con el cuerpo totalmente quemado—, ella sigue siendo... humana—y cayó. "Y todos los humanos, pueden morir", así su mente desvanecía el último flujo de sus pensamientos, lentamente, pero sin retorno. Sus dedos soltaron aquellas dos bailarinas que lo habían acompañado, el metal de sus manos finalmente fue libre de las ataduras de su espíritu y del amarre de sus dedos. Con un último suspiro, soltó un decir, un deseo. —La oscuridad nos devorará a todos, a menos... que triunfemos... y entonces... Japón tendrá un futuro—pero él no lo vería. Y con ello se fueron sus últimas palabras, junto con sus últimos pensamientos, que dejaron paso rápidamente a una sucesión de imágenes, incongruentes y móviles, como en un sueño, rostros sin nombre, momentos sin tiempo, y lugares sin tierra... pero de la misma manera que al navegar un río, con el oleaje y el estremecimiento de un fluir irregular y agresivo del agua, que no permite distinguir corrientes claras ni peces en el fondo, al llegar a la desembocadura del mismo, todo se volvió más claro y sereno, y las caras confusas, junto a los nombres sin silueta, abrieron paso a un repertorio familiar. Y ahí estaba Tetsuo, el señor de Azai, bajando el arco luego de soltar una flecha, y enseñando su amplia sonrisa. Más adelante estaba Kenzaburo, maldiciendo a alguien más, a quien no alcanzaba a ver. Se hallaba Murai, solo y ciego, en un salón abandonado, pero con una expresión tranquila. Takeda, con cada uno de sus brazos, señalando algo en el horizonte mientras el atardecer le quitaba su mejor color, prestándole un naranja muy especial. En otro tiempo y espacio sus maestros tomaban té a la orilla de un lago, Kato y Aoshi, que no habían tenido relación alguna en vida, degustaban antiguas hierbas de ryokucha en una ceremonia de té antigua, y tras ello se le sumaban Takano y Yuzuki, quienes se sentaron a su lado mientras se susurraban dulces incertidumbres al oído. Más atrás llegaba Kohaku, sin máscara, había olvidado su espada en algún lado para cargar con leña frente a la noche que se avecinaba. Desde lo alto de una torre de homenaje un rostro más peculiar aún, el de Natsu, observaba con desdén, pero esas facciones dejaron paso a otro gesto más pacífico, que me permitieron devolverle la mirada, y pedirle perdón. Y junto a Natsu aparecieron otros... las Montañas, todas ellas, quienes habían quedado con vida, y quienes ya habían partido. Genichi y Shinkai, hablaban tranquilamente, en lo alto. Yuta con una expresión cansada, observaba la gente pasar cuando Keitaro se le acercaba para traerle algo de sake, lo que Yuta rechazaba. Reijiro y Masaharu se veían del otro lado de la torre, discutiendo algo que no alcanzaba a distinguir. Y cuando Natsu se volvió al interior de la torre, la torre dejó paso al bosque... ... y en el bosque encontré a Mao, recostada en el césped, sin decir nada, con la mirada perdida. Y más allá el héroe que me salvó de Mito, a mí y a los otros, que se fundía con otros compañeros, como Gonsake y Togashi, que caminaban en dirección opuesta a la mía, como también lo hacían Akihito y Riku, y este último iba un poco más apurado que los demás. Luego acompañó Misato al desfile, que saludaba, sencilla y tranquila, mientras se acomodaba el pelo. También pasó Aoi por al lado, sin mirarme, pero su forma se había infiltrado en el último resplandecer de mi espíritu, a pesar de que casi no habíamos tenido intercambio alguno. Y tras Aoi, vino Ginko, cabizbajo, pero sus pies no cederían. Continué por el bosque, que se iba haciendo cada vez menos espeso, y ya nadie se animaba a aparecerse. Pasé un árbol, y luego entre unos arbustos y troncos mal colocados, que casi me hacían tropezar, para finalmente caer a los pies de Rengo, que me observaba... y me instaba a seguir caminando, con una expresión delicada. Con el fin del bosque... llegó la llanura, y el sol que se metía entre los montes, olvidando que nuestros ojos necesitaban seguir brillando. Y con ello Kuroki, tendió la mano hacia delante, y me dijo algo: —Tú también puedes verlo, el paisaje final. Así lo vi. El paisaje final... por el cual caminé otro poco, hasta que mis rodillas cedieron, y antes de que mis mejillas conocieran la tierra mojada de la pradera, estaba cayendo. Y al caer, muchos más rostros, a una gran velocidad, muchos más nombres, templos, pueblos, pero ya no podía discernirlos. Con el caer, llegó la oscuridad final. Cuando ya creía que podía ceder, se entrometía una voz aguda como la de una dama de compromiso de poca educación, que me decía que había fallado, que le había fallado a Takeda, a Japón, y a sus pueblos. Pero luego otra voz, me decía lo opuesto, haciéndome entender que ningún hombre, ni mujer, ni líder, ni campesino, nadie, por más fuerte que sea, por más gracia que haya obtenido de parte de un kami... o por más conocimiento haya reunido a lo largo de una vida de estudio y meditación; nadie, en absoluto, es capaz de torcer por sí mismo el rumbo de la historia, y que de las fuerzas colectivas llegaría el cambio, o la permanencia, pero que nuestras vidas no son más que un abrir y cerrar de ojos en el interminable sinfín de parpadeos que andan el sendero de la vida. Y entonces comprendí que mi rol había sido ese, y la historia ocultaría mi nombre en los anales infinitos de una crónica de fuerzas y poderes, como un gran castillo hace invisible a los ojos de los visitantes que una pequeña piedra posa en el interior de una pared, sosteniendo, junto a otro millar de pequeñas piedras, la vida milenaria de una estructura que cuenta muchas más historias que solo la nuestra. Y en la oscuridad total, la contradicción se hizo luz, y con la luz, llegué al final del río. Me bajé del bote, dejé los remos en la canoa, y yo ya no estaba ahí. El bote estaba solo, anclado, a la orilla del río. Y luego, cerré los ojos, una última vez. El cuerpo de Hideyoshi no volvió a levantarse nunca más, su chonmage se había deshecho, el pelo que no se había alcanzado a quemar se había esparcido ocultando el semblante plácido, sosegado y apacible del rostro del diplomático, testigo irremediable del fin de un clan legendario, los Soga, y un legado que en sus inicios protagonizó el sol naciente del Yamato, que ahora se despedía, en medio de la insondable oscuridad de la noche perpetua.
Kohaku Ishikawa ¿Kyogi no había matado a Kirin? ¿Podía confiar en lo que esta mujer dijera, para empezar? No así, no de este modo. En cualquier caso, guardé la información y lo siguiente que dijo me descolocó. ¿Un maestro... invisible? Sabía de los poderes espirituales de Hana; de hecho, estaba convencido de que había mucho más que desconocía. Mi padre probablemente no habría hecho un buen trabajo, entre sus ideas radicales y la manipulación de Tamano no Mae. Se me ocurrió pensar en Kaji, en lo extraño que me resultaba haber sido capaz de interactuar con él, como si... como si de alguna forma aún siguiera aquí. —¿A qué te refieres? —inquirí. Probablemente me ignorara, pero no perdía nada preguntando—. ¿Hablas de Kaji? Había escuchado lo que dije sobre el contrato. Suponía que incluso sus sentidos se ampliaban en este patio. Percibí su molestia y, contrario a amedrentarme, me brindó una pequeña chispa de esperanza. Una efímera y débil chispa. El fuego iluminó el espacio al atravesarlo con fiereza e impactar de lleno en Hideyoshi, tumbándolo al instante. Mi semblante se desencajó y mi respiración, perturbada, comenzó a arderme en el pecho. Ella decía que le habíamos dado el tiempo que necesitaba, pero ¿qué demonios podríamos haber conseguido tan rápido? Seguía jugando con nosotros. —No eres intocable —farfullé, y una sonrisa extraña brotó de mis labios; ni siquiera pude sentir el deseo de llorar—. Y no tienes idea lo que seríamos capaces de hacer. Comprobé rápidamente con la daga lo que ya había ubicado antes y pisé una de las cicatrices de energía. —¡Akihito-san! —exclamé, pisando con fuerza una de las cicatrices de energía, y luego empecé a caminar para rodear a Kyogi, alzando la voz hacia mis compañeros—. ¡Debemos atacarla todos, al mismo tiempo! Umineko ya había disparado su flecha y aproveché para arremeter casi a la par suya, desde la espalda de Kyogi. No sabía si algo de esto tenía sentido o si contábamos con alguna clase de oportunidad, sólo sabía que estaba dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias. Ataco a Kyogi con la escuela desactivada. Contenido oculto: Ficha Kohaku Nivel: 5 PV: 70/100 PC: 90/100 Fuerza: 20 Protección: 26 [10 + 10 (yoroi Ishikawa) + 3 (sode irrompible) + 3 (agilidad y resistencia física)] Arma: Katana Ishikawa +19 Inventario: - Katana Ishikawa: +19 ataque - Naginata +10 ataque - Katana +10 ataque - Yoroi Ishikawa: +10 defensa - Sode irrompible: +3 defensa + 2 suerte (Por combate podrás tirar un d3; si sale 3 se agrega un bono de +3 de defensa. Una vez en un combate por guerra) Contenido oculto: Escuela Escuela: Tengu Técnica: Migime (ojo derecho) Ataque especial: - [d50] Maestro: AMANOZAKO [kami] Técnica secreta: es secreta pa "Busca la bendición de Amanozako, entrégale la mitad de tu vista y ella te otorgará grandes beneficios" Descripción: Se pierde un ojo; pero a cambio de ello se otorga la bendición de la precisión. - Tienes un +5 de daño adicional a tu ataque (dado +adicionales) - Es ilimitado; no tiene número de usos por combate. - Tu personaje tendrá por siempre un dado de defensa de 5 (eliminando el usual dado de 10) Si no se utiliza la técnica, puedes usar el dado 10 de defensa. - Puede ser activada o desactivada en todo el combate.
Cálculos Kohaku Ataque: (20 + 19) + 20 + 5 = 64 Defensa: 29* + 6 = 35 Esquive/bloqueo: esquive Desarme/ruptura: no *incorporado el +3 del sode irrompible, la próxima vez que pegue la ficha lo actualizo.
Fujiwara no Riku Lo peor que podía pasar era hacer el ridículo, oh, pobre e ingenuo de mi. Todo podía seguir empeorando. Lo hizo demaciado rápido, o no, le dimos el tiempo para ello. Me levanté de dónde el impacto del miasma me había arrojado o donde aquel ataque desde el suelo... Ya no sabía. Ese miasma, estaba dentro de mi... De todos nosotros. Espere un segundo que pudo ser eterno, espere... Y no sé movía. Hideyoshi cayo, y en aquel silencio escuché sus últimas palabras. No las llamaria unas que me hagan redoblar mi vigor, pero era suficiente. Suspire, finalmente dejando caer el acto de desdichado. El temor seguía, las dudas me carcomian, solo regresaban al lugar donde pertenecen. Me alce de pie, sin palabras extras o conflicto. Contemplando a un mortal que bien podría estar más alta que cualquier montaña. Mortal. Todavía no inmortal, probablemente. Era lejano, un horizonte que bien podría ser inalcanzable... ¿Y qué? Solo quedaba pelear. No mas perder el tiempo, no más experimentar. Antes, así era, un rival que sería difícil de vencer, pero del cual probablemente algunos podríamos salir con vida. Sino la mayoría. ¿Ahora? Estamos acorralados, nuestra muerte está más asegurada que la victoria. Es diferente... Solo queda luchar o entregarnos a su juego. No le asentí a Akihito sobre lo del veneno, o le dirigi miradas ocultas a los demás. Me centre en el frente. Fuimos idiotas, demasiados temerosos de un rival que no comprendíamos en un lugar del cual sabíamos menos. Creyendo que podríamos desentrañar algún secreto que podría evitar nuestras muertes, que vuelva este un combate justo. Ya no. Libere mi saya de donde estaba sujetada, por ese instante teniendo ambas manos ocupadas. Arroje la saya a este extraño suelo. "¡Muerte o victoria!". Grité con esmero las palabras de un hombre muerto. Y corrí como nunca antes, recubriendo mi katana en mi veneno de Genbu restante, en una Epifanía que me hacía luchar más que por acabar al enemigo. Que por mi vida. Por todo Japón. Contenido oculto Velocidad divina (Esquivé) Tsubabe Gaeshi Ataque especial Veneno de Genbu Riku Nivel 5 PV= 100/100 PC: 60 Fuerza= 18 Protección= 12 Voluntad= +4 ataque Buena reputación= +2 suerte Borracho= -2 defensa Katana Hinode= +16 Katana Setsuzoku adaptada= +22 +1 kensei 3 Kunai Escuela= Ganryu
Riku Ataque= 45 + 10 + 6 + 18 + 46 + 5 (suerte): 130 Defensa= 22 + 3 (Remedio) + 1: 26 Velocidad divina Suerte/Desarme
Togashi Takemori Togashi sostuvo la mirada de Kohaku cuando éste insistió con su idea de atacar de frente. A pesar de los apuntes del herrero sobre la viabilidad de aquel plan, el joven mantuvo una voluntad y temple que, en principio, hicieron retroceder sus dudas iniciales. Pero tristemente, no comprendió del todo la información sobre los talismanes, pues Togashi no estaba versado en las técnicas espirituales ni en su funcionamiento. Kohaku explicó que, si Kyogi era una yokai como Kuroki, los talismanes los mantendrían protegidos y los volverían indetectables, lo que facilitaría tácticas de distracción. Togashi entornó su ojo ante esta última afirmación, no muy convencido; al tiempo que volvía a mirar de soslayo a Kyogi respondiendo a quienes acariciaron el suelo. La mujer se veía tan contrariada por estas acciones estrafalarias que, en un principio, pareció que su atención no estaba puesta en ellos. ¿Has visto alguna vez los pactos de sangre de Rengo? Regresó la atención a Kohaku y, algo avergonzado por su ignorancia, se limitó a negar con la cabeza. Sin embargo, empezó a hacerse una idea leve del asunto cuando el joven Ishikawa mencionó que podía “forzar un contrato” con Kyogi. La mujer, que hasta hace unos instantes había dado razón a sus deducciones previas, manteniendo sus ojos cerrados en conjunto con una sonrisa… En ese momento, desplegó repentinamente su mirada. Revelando una mortal molestia. Togashi aferró su katana, alarmado por su cambio de actitud, viendo cómo elevaba a Amenonuhoko mientras reclamaba la sangre de Kohaku. Una gran bola de fuego emergió del extremo del arma, pero… no fue Ishikawa el objetivo de ésta… —¡Hideyoshi! —exclamó, compungido, al ver cómo la silueta del diplomático se desdibujaba tras el manto de un estallido de llamas, cuyo calor azotó su rostro incluso desde aquella distancia. No tuvo tiempo de procesar nada. Primero, el miasma levantó a Riku del suelo con un poderoso impacto. Mientras Togashi lo veía caer, notó que aquella masa comenzaba a adoptar formas debajo de los pies de sus compañeros, al tiempo que Kyogi les agradecía por haberle dado tiempo de derrotar a Tenjin, el dios que había tratado de ayudarlos. Detectó tarde los pilares que estaban surgiendo bajo sus propios pies. Togashi apenas llegó a moverse con la agilidad suficiente para evitar una herida fatal. Aún así, pudo sentir un dolor punzante en unos de sus hombros, en el espacio entre su yoroi y uno de los sodes. El calor de la sangre impregnó las telas bajo la armadura, junto con una sensación extraña. Pero ningún quejido brotó de la garganta de Togashi, no hubo nada que rompiera su serenidad de un modo que satisfaciera a Kyogi. Cada adversidad eran como duros martillazos. Bajo los cuales Kyogi, irónicamente, le daba oportunidades para templar su alma. Oportunidades que, con todo, no dejaban de ser dolorosas… Cuando regresó la mirada hacia donde el fuego ardía… Hubo un hondo sentimiento en el nombre que volvió a pronunciar, como en un susurro: —Hideyoshi… Lo vio luchando contra la voracidad de las llamas, esgrimiendo las kodachis que tanto lo habían caracterizado, y casi al instante cedió ante aquel poder que lo consumía. Incluso entre las crueles danzas del fuego sobre su piel, Togashi pudo ver el movimiento de sus labios, escuchó sus últimas palabras… Humana... es humana, ella sigue siendo... humana. La oscuridad nos devorará a todos, a menos... que triunfemos... y entonces... Japón tendrá un futuro El cuerpo de aquel hombre, a quien llegó a considerar un amigo, permaneció inmóvil para siempre. Togashi, con la opresión en su pecho, luchó contra la tentación de ir a rescatar sus restos, al recordar cómo Tenjin fue absorbido por el miasma tras su muerte. Pero Kyogi se interponía, con una presencia aún más imponente que antes. Cerró los ojos, mostrando una expresión concentrada. Una larga bocanada fue retenida en su pecho, emergió como suave brisa entre sus labios y, cuando dirigió su mirada otra vez hacia Kyogi, ella pudo notar que el herrero estaba lejos de mostrar la desesperación que tanto buscaba. El herrero afirmó el agarre de su katana, sin quitarle los ojos de encima, mostrando un calmo espíritu de lucha. Togashi pensaba... Él no podía hacer mucho cuando de miasma, talismanes y energía espiritual se trataba. Había pasado por varios eventos paranormales además de esa guerra, e incluso el Dios de la Muerte y el Caso había llegado a considerarlo un amigo sin que él lo supiera; pero aquello no significaba que entendiera los secretos del espiritismo. Debía tratar de aportar algo desde el área en la que mejor se desenvolvía. El parche con la obsidiana seguía reposando sobre su ojo. Togashi corrió a la par de Kohaku, Riku y la flecha de Aoi, buscando sinergia con sus movimientos. Atacó desde uno de los flancos de Kyogi; más concretamente, del lado de la mano que sostenía a Amenonuhoko. En la distancia cada vez más corta, el herrero comprobó nuevamente la completa ausencia de puntos débiles… La imposibilidad de hacer algo útil… Sin embargo, Togashi tenía un lema personal, el cual había pronunciado frente a Masamune en Nagano: Allá donde vea un límite, lo romperé y seguiré adelante. “Si esta lanza no tiene puntos débiles…” pensaba, mientras su katana cortaba el espacio una vez más, buscando impactar tanto a Amenonuhoko como los dedos de Kyogi “...entonces, yo mismo tendré que generarlos” Tu lo hiciste sin ayuda de los Dioses Aquello se lo había dicho Kyuzo, refiriéndose a la creación de armas irrompibles. Tal vez... podría hacer algo contra un arma divina. Era su deber como herrero, como conocedor del metal y de las armas... Se aferraba a esa fe en sí mismo, implacable. Sin miedo al fuego, pues éste siempre había sido su aliado frente a la fragua. Togashi Nivel 4 PV= 60/90 PC= 90 Fuerza= 5 Protección= 25 +10 (yoroi) +3 (Sode irrompible: Sube tu habilidad de Agilidad a +5 defensa) +3 (segundo sode) +3 (defensa Asahi) +5 (Agilidad) +3 (Salud de hierro) +3 (remedio para la fatiga) Avaricia= -2 suerte ARMAS: -Katana Asahi adaptada= +16 ataque (en uso)- Naginata irrompible; baja calidad= +12 ataque Katana irrompible adaptada (+3 ataque); baja calidad = +14 Escuela= Ganryu Contenido oculto: Escuela Escuela= Ganryu (Estilo de piedra grande) Técnica= Tsubame Gaeshi (Corte de golondrina giratoria) Ataque especial= ----d50 Maestro= Sasaki Kojiro Técnica secreta= Sólo disponible para alumnos de la escuela grado maestro "El movimiento ligero y rápido de la cola de una golondrina, era difícil de ver a simple vista, es por eso que Kojiro se maravilló con el movimiento de esta ave; notó la longitud de su cola y decidió imitarla. Él tampoco era un hombre alto, así que utilizaba su nodachi con la misma ligereza que una golondrina usa su larga cola; ni siquiera el aire puede imitar tal movimiento sutil." Descripción= Esta técnica permite usar una vez por combate un ataque de doble movimiento; la katana sube al aire de abajo hacia arriba; para después regresar de arriba hacia abajo. El personaje podrá realizar dos críticos en un sólo turno. Tirar 2 dados de 20 para un impacto adicional a su ataque normal (dependiendo del nivel que tenga el jugador) En un sólo turno tirará sus dados correspondientes de nivel, mas 2 dados de 20 caras Es una vez por combate, no una vez por cada enemigo. El ataque le dará al jugador la ventaja ofensiva; pero le dará por ese turno -5 en defensa, pues el movimiento es tan amplio que deja descubierto áreas importantes del cuerpo. Si el jugador tiene esta habilidad de la escuela Ganryu, y es nivel 5; no sólo puede acceder a la técnica secreta de la escuela, sino que podrá utilizar en un sólo turno sus dados correspondientes de nivel 5, mas los 2 dados de 20 para el impacto adicional de Tsubame Gaeshi para después usar el ataque de 50 del ataque de la escuela
Cálculos -TOGASHI- ATAQUE: 17 (dado) +5 (Fuerza) +16 (katana Asahi) = 38 total DEFENSA: 10 (dado) +25 (Protección) +10 (yoroi) +3 (sode irrompible) +3 (defensa Asahi) +5 (Agilidad) +3 (Salud de hierro) + 3 (segundo sode) +3 (remedio para la fatiga) = 65 total -Togashi bloquea -Togashi obtiene Ruptura