Torcí el gesto. La verdad que Tancy no había mentido en cuanto mencionó que todo el terreno había sido transformado a algo llano y aburrido. Un par de colinas, pura llanura, y los campos de cultivo del pueblo. No era mucho para iniciar. Además, tampoco parecía haber ningún lugar en donde esconder tanta gente, que era mi miedo princpal. Mi mirada se posó por unos segundos en aquel punto a la distancia, la ciudad por encima del acantilado. ¿Nuevo Alfonso? ¿Nueva Alfalfa? Algo así, no recordaba bien el nombre. Me froté la barbilla, pero luego meneé la cabeza. Incluso para mí era una idea estúpida. Cargar con tantas heridos a una ciudad del enemigo. En lo que estaba observando el panorama, pude sentir una voz en mi espalda. Al darme vuelta, pude ver al chico que había aparecido en la taberna la noche anterior. Tenía los brazos levantados, como si quisiera demostrar que no era ninguna amenaza. Lo miré curioso. Siendo sincero, no parecía ninguna amenaza de por sí, la verdad. Fruncí un poco el ceño al escuchar lo que me decía, pero tampoco me dio mucho tiempo a responder, ya que se alejó de mi lado apenas terminó de hablar, mencionando que también iba para la cantina, en busca de su pokémon. Dediqué una última mirada alrededor, y suspiré, dejando caer los hombros. Suponía que tampoco estaría mal pasar por allí. Podría disculparme por la manera abrupta con la cual había salido anoche, y también preguntarle a la mujer si sabía de alguien que pudiera vendernos algún carro o vehículo. Lo íbamos a necesitar si íbamos a cargar con tanta gente. Así que, silbando bajito sin ninguna melodía en particular, seguí los pasos del otro chico, hacia la cantina de Tancy.
Givan Velren Parecía que me había demorado algo más de lo esperado, porque veía al otro sujeto dar un par de vueltas por el sitio, me hizo cuestionarme un momento el fin... Fuese lo que fuese que le pasó, ¿estaría afectado aún? ¿O era simple reconocimiento por el área? No sabía yo si aquello pudiesen tomarlo a bien los residentes de este lugar a decir verdad, pero no quise darle más vueltas y me acerqué a él cuando me fué posible, le conté lo sucedido y no lo entretuve más, por lo que me encaminé a donde debía, sin dejar de mirar alrededor, estaba preocupado por Quaxly, quiero decir... cualquiera podría decir porque estar aquí sería un suicidio sin un Pokémon, y sí que era así, sin embargo, en lo personal genuinamente estaba preocupado por saber dónde estaba; acababa de conocerlo y no me gustaba la sola idea de pensar que andaba por ahí por su cuenta. Ya había cometido muchos errores en el pasado con respecto a mis propios compañeros Pokémon... si había alguna vez que pudiera redimirlo, ese era con Quaxly. Contenido oculto El primer dado lo haré como Suzaku lo dejó, es decir, el primero va para Nikolah y el segundo para Quaxly
Parecía que la gente de la villa ya se estaba preparando para hacer la ceremonia de entierro, aunque no estaba seguro de si ese sería el termino apropiado para lo que tenían que hacer; se me revolvía el estómago de la rabia solo de escuchar lo que estas personas eran obligadas a hacer para poder darles un lugar digno de descanso a los demás. Una cosa ya era controlar casi cada aspecto de la vida de esta villa, pero, ¿desenterrar los cuerpos? cuando pensé que esto ya no podía ser más miserables. Emperador...Antes me sorprende que no se haya proclamado así mismo cómo un Dios. —Ya hemos causado suficientes problemas, pero si lo puedo pedir a cuenta de un favor personal, así lo haré —coloqué mi mano derecha sobre mi pecho—, necesito saber quién era ese sujeto. Me mortifica pensar que quizás pudo haber sido alguien que yo conocí, e incluso si suena un tanto ridículo, no me perdonaría si no viera a la persona por la que el pequeñín luchó tanto y trató salvar. Contenido oculto Una disculpa por la demora ESTAMOS LISTO PARA ACABAR EL AÑO O QUÉ, solo para dejarlo claro, me gustaría tirar el dado de empatía yes uwu
Viola te siguió con paso firme, andando a un ritmo bastante aceptable al inicio, pero se iba ralentizando al escucharte hablar, quedando solo ligeramente rezagada. Era como si tuviese dificultades en concentrarse en dos cosas a la vez: como si, al hablarle, parte de la concentración en la marcha se esfumase y eso hiciese que tuviese que bajar el ritmo. —Bien, entonces no debería ser un camino muy complicado... qué alegría. —Sonrió, mirando a Dina a su lado, que sonrió también. Quizá no entendía lo que decían, pero sí percibía bien la expresión aliviada. Poco después le preguntaste por su procedencia, y al escuchar que eras de Teselia, se animó bastante. Fue un punto en común entre vosotras, y eso pareció alegrarla mucho. Se la veía una chica algo introvertida, quizá, y agradecía esas pequeñas cosas. —Ah, ¡yo también! Vivo en Ciudad Porcelana. Supongo que el noventa y nueve por ciento seremos, al menos actualmente, de Teselia o de Hoenn, ¿no? Después de todo, la operación ha sido organizada por ambas regiones, aunque, bueno... no haya salido muy bien. Pero... yo soy de Teselia desde el inicio, eso sí. Original de ahí. Por suerte para mí, no he tenido que refugiarme ni que mudarme a ningún sitio. Me siento muy afortunada por eso. ¿Tú... eres también original de Teselia, has vivido allí siempre? En lo que hablabáis, pudiste ir mirando al horizonte, y solo cuando subisteis una ligera pendiente divisaste a lo lejos el avión. La columna de humo ya no estaba, eso sí, pero aun así se veían los restos del mismo allí, a lo lejos. ¿El problema? Bueno... Rrrrrrruuuuuuuum.... Como una exhalación, algo que parecía una rueda, a lo lejos, se iba acercando más y más. Venía a toda velocidad, en una diagonal frente a vosotros. Con suerte, pasaría de largo, pero... —¡¿Q-Qué es eso?! —exclamó Viola, asustada—. ¿Crees que puede ser algún vehículo? ¿Quizá es algún agente de Chance...? Encina asintió, poniendo sus manos a modo de "prismáticos" y analizando con gesto concentrado y decidido los movimientos de los robots. Tú hiciste lo mismo. Desde vuestra posición, no parecíais correr ningún riesgo: las máquinas eran metódicas, con patrones extremadamente cerrados, aparentemente. Solo se movían en los mismos círculos una y otra vez, y ni siquiera miraban en vuestra dirección. Al poco tiempo, Encina habló. —Seis. Miraste en la dirección a la que él miraba. ¿Seis? ¿Seis qué? Como si hubieses hecho en alto esa pregunta, Encina respondió: —Hay seis de esos "Volcarona". Te fijaste de nuevo. Desde luego, tú no habrías podido deducir eso, al menos no tan rápido. Quizá con algunos cálculos y analizando el tiempo que tardaban en moverse, sí, pero... Encina lo supo pronto. Pese a que los robots pasaban frente y se alejaban del campo visual constantemente, haciendo difícil saber si el que pasaba más cerca era uno nuevo o el mismo de antes, él lo tuvo claro, aparentemente: eran seis. Muchos, quizá. Seguisteis analizando por un tiempo. Mankey, sobre los hombros de Encina, parecía aburrirse e impacientarse. Pawniard no, sin embargo, él estaba con ojos bien abiertos, mirando en todas direcciones, como si fuese un vigía más. Te diste cuenta de dos cosas: primero, lo más obvio, que los "Volcarona" no activaban sus "láseres" todo el tiempo. En lo que claramente era una función de escaneo, aquellas máquinas solían patrullar emitiendo una luz rojiza hacia delante, pero en esta ocasión, parecían activarlo intermitentemente. Era difícil saber si había algún patrón concreto o era una activación aleatoria, porque no lo hacían siempre en el mismo punto. Parecía que... no tuviesen como prioridad examinar el terreno, como en otras ocasiones. Quizá la prioridad no era encontrar nada, sino impedir que nadie entrase o saliese. Servir, como Encina dijo, de muralla móvil. Lo segundo que notaste era más sutil: la separación y los tiempos. Seguro que Encina también fue consciente, viendo su capacidad de observación para esas cosas. Había unos quinientos metros aproximadamente entre robot y robot, más o menos. Todos estaban separados entre sí a la misma distancia, muy calculado, muy metódico. Y se movían en círculos alrededor de un punto... por lo que, si eran seis, el círculo que formaban tendría aproximadamente un kilómetro de diámetro. Era un área grande... pero no tan grande. Estaba claro que ejercían de "cinturón" alrededor de la aldea. —Van relativamente lento —observó Encina, ceño fruncido, quitando sus "manos-prismáticos"—. Tardan unos cinco minutos en pasar por aquí. Unos... treinta en girar por el círculo entero. Así que si queremos pasar entre uno y otro, tenemos un margen pequeño, pero razonable. Tres, cuatro minutos. Y, con la observación sobre los escáneres, y siempre asumiendo que los robots no os verían sin estos activos, quizá ese tiempo es algo mayor. Ahora, si el azar determina que un robot que se acerca mientras pasáis lo activa... quizá esos tres minutos se aprietan bastante. La ventana es reducida, y habría que calcularlo muy bien, pero... —Yo digo que vayamos. Que nos la juguemos —propuso Encina, decidido—. ¿Qué dices tú, Cayden? Si están rodeando a la aldea con tanto ahínco... quizá hay algo en ella que les interesa. Algo que no quieren que escape; o quizá algo que no quieren que entre. *** El chico rubio pareció seguirte cuando regresaste al bar. Mientras volvías desde la muralla improvisada de la aldea hasta el interior de esta, sin embargo, fue como si una pequeña chispa de recuerdos volviese a ti repentinamente. Sí, aquella vez, hace años, en Gérie... coincidiste hace un tiempo con ese mismo hombre. Cierto que estaba menos fuerte, y tenía menos barba, pero la altura, el rubio del cabello... no engañaban. ¿No era Nikolah Cruz su nombre? Fue como si te viniese de repente. Lo reconociste; un viejo conocido del pasado, coincidiendo contigo allí, en mitad de Valthyria tras una operación fallida. ¿Cuál era la probabilidad, eh? En todo caso, te preocupaba demasiado Quaxly, así que en el camino de regreso, no dudaste en tratar de ubicarlo. No hubo suerte, sin embargo: el pequeño se había esfumado de repente, como por arte de magia. Preocupaba que hubiese salido de la aldea, porque no lo veías en ninguna parte, y... ... entonces notaste algo. Era una pista minúscula, pero tu ojo la captó al acercaros a la taberna de Tancy. Allí, cerca de la puerta, había una pluma blanca. Probablemente, de Quaxly. ¿Era posible que el pequeño... hubiese pasado por allí? ¿Quizá Tancy sabría dónde estaba? Entraste en la taberna, seguido de Nikolah, y... Fuiste detrás del chico de pelos largos casi por inercia, tal vez. Ya en tus pensamientos rondaba la preocupación acerca de cómo iban todos aquellos heridos a sobrevivir una vez tuviesen que irse de la aldea... y a ello se le sumaba que le debías disculpas, explicaciones, o siquiera algo a Tancy, especialmente después de lo amable que fue contigo. Así pues, allí caminaste, yendo detrás de aquel hombre, y aproximándote a la taberna de Constance. Viste cómo el tipo se detenía cerca de la puerta a mirar algo, pero no pudiste ver bien qué era. Y, al final, ambos entrasteis al lugar. Allí visteis al que reconocías como uno de los guardias que el día anterior estaban en la puerta, vestido de paisano. Se sentaba en la barra con una jarra de lo que parecía una especie de cerveza en mano. Tancy, al otro lado de la misma barra, frotaba algunas tazas, pero lo hacía con un gesto evidentemente preocupado. —¡Ah! Vaya, mira por dónde. —Pese a la preocupación, al hablar procuró esbozar esa sonrisa confiada suya y pone un cierto tono socarrón que nunca parecía perder. Darse cuenta de que actuaba así incluso estando claramente preocupada daba que pensar: ¿Cuánto callaba esa mujer, cuánto se permitía mostrar a los demás?—. Mis dos mejores clientes acaban de regresar. —¿Todavía por aquí —bufó el otro, alzando las espesas cejas negras—. Bueno, me da igual, hoy es mi día de relevo... no voy a reñiros, que se encargue otro. Tancy medio tapó una risita burlona. —Ignorad a Rob; en sus días libres, solo le importa su cerveza. —¡Amén a eso! —exclamó él, alzando la jarra. Acto seguido, Tancy se acercó a la barra, inclinándose ligeramente hacia delante en ella, y carraspeó antes de decir: —Por cierto... ¿Habéis visto a Charcadet al venir aquí? El muy pillo se escapó esta mañana. A veces lo hace, se va por ahí él solo, pero... normalmente vuelve a la media hora, como mucho. Ya lleva algo más de tiempo de lo habitual, y... Zarandeó entonces la cabeza, haciendo un aspavientos con la mano para tratar de quitarle importancia. —Oh, bueno, da igual, seguro que está bien; sabe bien que no debe salir de la aldea, estará por ahí. En fin, ¿cuál es vuestro plan, amigos de la Coalición? ¿Dónde caminarán vuestros pies en suelo enemigo cuando os vayáis de esta humilde aldea? Contenido oculto Sois libres de incluir alguna interacción entre Givan y Niko por el camino hasta el bar, el hecho de que haya ido directamente hasta allí en mi narración no significa que no podáis meter nada en medio de la acción que narro. Solo quería aclararlo por si acaso uwu *** El doctor expulsó aire por la nariz, mirándote con el ceño algo arrugado. Frotó luego su mentón, y terminó haciendo un gesto con la cabeza, señalándote a un lugar concreto. —Anda. Ven. Te lo mostraré. Aparentemente, habías ablandado el corazón del hombre con tus palabras, y ahora te acompañó hasta lo que eran pilas de sábanas enrolladas. Sábanas que, imaginabas, contenían lo que antes fueron personas, y ahora solo eran cascarones vacíos. Y había al menos una decena. No, un par más, una docena. Una docena de fallecidos... pocos eran, para lo que pudo ser. Quizá eran pocos porque solo esos lograron llegar a la aldea antes de morir, o arrastrados por sus compañeros vivos. La Provincia debía seguir llena de cadáveres... El doctor se acercó a una, la retiró cuidadosamente, y empezó a desenvolver el cuerpo con movimientos estudiados y meticulosos. Se veía que era el único doctor de la zona, o que, al menos, era el único que se había ocupado de todos esos cuerpos: la forma en la que desenvolvió el mismo era tan ágil y precisa que saltaba a la vista que fue él mismo quien lo envolvió antes, y que había desarrollado memoria muscular al embalsamar un cuerpo tras otro. —Era un tipo grandote, de unos cincuenta, o quizá menos y estaba estropeado, no lo sé —explicó mientras seguía desenredando sábanas—. No tuve ocasión de preguntarle su nombre, sin embargo, tristemente. Pero si no recuerdo mal, un herido me comentó que se apuntó a esta operación de rebote, a última hora, por un impulso final. Qué pena. Esa decisión quizá impulsiva acabó en tragedia. Te miró entonces, algo apurado. —No me malinterpretes, chico, comprendo vuestros motivos. Arceus sabe que en vuestro lugar, de haber encontrado alguna forma en la que poder pelear contra todo esto, quizá la habría tomado, por absurda que sonase. Para nosotros habríais sido salvadores si hubiese salido bien. "Si hubiese salido bien..." Empezaste a ver las piernas del hombre. Y un escalofrío te recorrió el cuerpo. Dejaste a Cetoddle a cargo de un cliente habitual del bar... un hombre que encajaba en la breve descripción que dio el doctor: unos cincuenta, grandote. Eran rasgos muy generales, sí, pero la hendidura en los dientes del Cetoddle, su cercanía contigo, y el hecho de que, según el médico, el entrenador que iba con él fue una incorporación de última hora... te hacían pensar que quizá... Viste entonces el torso, poco a poco. Y el doctor desenvolvió finalmente la cabeza. Le viste la cara. Cejas espesas, algo grisáceas. Arrugas nasolabiales muy pronunciadas. Los ojos, cerrados, eran pequeños y algo separados. Estaba claro para ti, tan pronto como lo viste. No era él. No era. No era tu cliente. Era alguien a quien no conocías, un... anónimo. Pero ¿entonces? ¿Ese Cetoddle, su parecido, era... pura casualidad? ¿Eso era siquiera posible? —¿Todo bien? —preguntó el doctor—. ¿Le conoces...?
Mente: 27/30 El ranger asintió a mi sugerencia y pronto ambos estuvimos observando desde nuestra posición segura. El patrón era cerrado, claro, y cuando Encima dijo "seis" de pronto me quedé desconcertado, pero él respondió como si me hubiese leído el pensamiento. No es que fuese imposible deducir cuántos eran, pero lo suyo fue demasiado rápido, a mí me habría costado cálculos y más tiempo, encima los bichos no era que tuvieran algo que los diferenciara a los unos de los otros, como para adivinar cuándo el círculo llegaba de nuevo al mismo individuo. Retomamos la observación, Mankey se estaba muriendo de aburrimiento, pero Pawniard se había sumado a la vigilancia. El caso era que los Volcarona de metal no tenían los láseres, escáneres suponía uno, activados de forma continua, sino de manera intermitente o en apariencia intermitente. Si eran máquinas sus funciones, aunque en apariencia carentes de patrón, estaban programadas. Igual más que rastrear algo, tenía pinta de que pretendían que nada entrara. Lo que sí pude deducir fue la separación, la misma distancia, y con eso volvía a lo de su programación. El comando era claro, más allá de que romperían o cambiarían la formación en caso de que detectaran algo intentando ingresar a la aldea. Cubrían un área grande, pero controlada, con poco espacio para el error. Fue Encina quien dijo aproximadamente cuánto era nuestro margen y suspiré, rascándome las raíces del pelo. Puestos en ello, esta maraña me daba calor... —Estamos asumiendo que si no nos apuntan con los escáneres no pueden vernos —dije luego de una exhalación, algo frustrado—. Y que incluso de activarlo, el tiempo, aunque justo, nos alcanzará para pasar. Él apostó por pasar, a mí no me convencía mucho el margen que teníamos, pero tampoco era que hubiese trabajado con grandes límites de tiempo cuando decidí quedarme para ayudar con el desastre en Gérie y Galar. No sería la primera vez en la vida en que tenía que colarme en un lugar donde no debía estar, ¿verdad? Y una cosa era cierta, si tenían semejante perímetro era por algo. —No dudo en que la información de los aviones caídos ya llegó —comenté un poco al aire—. ¿Somos lo que quieren dejar afuera? Quién sabe. Vamos entonces, confío en tus habilidades, eso sí, la última vez que yo hice una maniobra de estas fue hace mucho tiempo.
La caminata hasta la taberna la pasé casi en automático, la cabeza rondando entre todos los problemas que íbamos a tener en unas horas, y el que iba a tener en unos minutos, es decir, disculparme con Tancy. La verdad que todo el tema de los enfermos hacía que una simple disculpa se volviera una complicación mucho más entreversada de lo que de verdad era. Aunque también, ¿cómo Giratinas encararlo? "Ah, disculpa por lo de anoche Tancy, lo que pasa es que me recuerdas a alguien que ya no está en mi vida, a quien amaba mucho, y tu comentario sobre compartir cama trajo recuerdos a flor de piel que aún después de años no logré enterrar. Ah, sí, el guiso estaba muy rico, por cierto". Meneé la cabeza. Por Arceus... Tan ensimismado estaba en mis pensamientos que casi me llevo puesto al otro muchacho, que se había detenido en la puerta de manera brusca. Lo miré algo confundido, intentando ver que había encontrado para frenarse así, pero no pareció darle importancia y entró a la taberna. Me encogí de hombros y lo seguí al interior. Allí dentro, uno de los guardias del día anterior parecía estar empecinado en acabar el día de la manera más rápida, ya que tomar cerveza a estas horas no parecía lo más recomendable. Tancy también estaba allí, tras la barra, limpiando una jarra de manera ausente, con un dejo de preocupación en el rostro. Uno que pudo borrar rápidamente con una sonrisa y un tono socarrón con el que parecía tener bastante práctica. No me dio mucho tiempo a responder al saludo, antes de que el guardia y ella intercambiaran un par de palabras, y luego la tabernera nos tiró la noticia de que Charcadet había desaparecido. Eso si me tomó por sorpresa. Hice un vistazo rápido por mi mente, pero la verdad no recordaba haberlo visto mientras ejercitaba y escaneaba el lugar, aunque me había concentrado en los alrededores, y no en la aldea propiamente dicha. Y a decir verdad, Charcadet era minúsculo en comparación a mi tamaño. Tancy intentó quitarle importancia al asunto cambiando de tema, pero si Charcadet no había aparecido luego de tanto tiempo, puede que algo malo hubiera pasado. Y tal vez ayudarla iba a servirme un poco como disculpa. — No sé, la verdad, y es algo de lo quería hablar contigo, Tancy. Pero primero, ¿dices que Charcadet no ha vuelto todavía? ¿Hace cuánto? ¿Sabes de algún lugar a donde le guste ir, o por donde le guste esconderse? —dije, mientras me acercaba a la barra y tomaba asiento.— Puedo ayudarte a encontrarlo, si quieres. No podemos irnos aún hasta que al menos todos los enfermos se despierten, y además hay que procurar transporte. Mi compañero puede ir haciendo eso mientras yo busco al pequeño.
Asentí un poco ante la afirmación de la chica, algo más tranquila al saber que mi respuesta había conseguido aliviarla, y no tardamos en emprender la marcha en la dirección que había mencionado. Intenté sacarle algo de conversación mientras caminábamos y el tema que escogí para ello resultó ser todo un acierto, pues pude ver como Viola me respondía con bastante más entusiasmo del que podría haber esperado. Una pequeña sonrisa me alcanzó los labios ante la mención de Porcelana, pues recordé la vez que Ethan y yo fuimos a cenar a la ciudad para celebrar que se había convertido en Ranger, y me permití disfrutar de la memoria durante un segundo, antes de que la desesperación de estar ahí sin él volviera a apoderarse de mi cuerpo. —Nací en Galeia —le contesté, sin poder esconder la melancolía que sentí al mencionar mi antigua región—. Me refugié en Teselia gracias a un amigo y he estado viviendo con su familia en Ciudad Arcilla desde... bueno, ya sabes. Él también venía en unos de los aviones, pero... Dejé salir un suspiro pesado, pausando mis palabras para evitar caer de nuevo en aquella espiral negativa, y aproveché que los restos del avión aparecieron en el horizonte para llevar la atención de la muchacha en esa dirección. No pudimos alegrarnos demasiado por el avance, sin embargo, pues a los segundos escuchamos lo que parecía unas rueda acercándose hacia nosotros. ¿Una única rueda...? >>Mierda —farfullé, mirando alrededor en busca de algún posible escondite incluso sabiendo que lo único que había era una explanada vacía—. Vamos a intentar alejarnos en dirección contraria lo máximo posible y esperar a pasar desapercibidos... —propuse, sin ser capaz de pensar otra idea mejor.
Al final el doctor acabó por ceder, no podía negar que me sentía un poco culpable al respecto por hacerlo trabajar más, pero si había una mínima posibilidad de que aquella persona que trajo ese Cetoddle era alguien que yo conocía tenía que saberlo, no podía dejarlo al aire. Ambos nos acercamos a la zona donde tenían listos el resto de cuerpos, una docena de ellos, no hacía falta ser un genio para intuir que ese numero era una ilusión comparado con la cantidad real que había fallecido en esta misión. Varias docenas, ahí afuera, si lo que decía el galeno era cierto, quizás esos cuerpos perdidos en las praderas ya habrían sido interceptados por esas cosas que nos atacaron y arrastrados lejos de aquí. Me quedé inmóvil mientras desenvolvían el cuerpo, apenas reaccionando a la palabras del doctor solo para soltar una efímera risa nasal al enterarme de las circunstancias en las que este individuo se había unido a la misión. Alguien allá arriba tiene un gran sentido del humor. Mis pensamientos se desviaron hacia Niko, pensando que quizás había sido yo el detonante para que ambos acabáramos metidos en este embrollo...¿Ha quien engaño? Nosotros dos hubiéramos acabado en toda esta lucha de una manera u otra; eramos un imán para los problemas y eramos muy idiotas cómo para evadirlos. Sentí un sudor frío a cada venda que era retirada mientras escuchaba la descripción del cuerpo. Podría ser él, podría serlo, pero no lo era. —Lo siento —negué seguro con la cabeza—, nunca antes lo había visto. Di un pasó adelante acercándome más al cuerpo, ahora frío y pálido de un pobre hombre que quizás tenía fe en un cambio de verdad, o que quizás era un inconsciente que no dimensionó la gravedad de todo este asunto. ¿Que tan diferente era yo? —"Si hubiese salido bien..." Deberían poner eso en mi epitafio, si tengo la suerte de al menos tener una tumba —solté tratando de ocultar mi desasosiego y un suspiro resignado—. Duerme tranquilo, compañero, y que encuentras paz a donde quiera que vayas. Yo me encargo del cetáceo. Me alejé del cuerpo después de aquella suerte de despedida, me lamentaba de no poder conocer su nombre y agradecerle por haber cuidado de su Cetoddle, pero eso era todo lo que podía hacer por ahora, aun había asuntos que atender. —Siento mucho el inconveniente, doc —dejé al profesional encargarse de volver a envolverlo mientras miraba al pasillo donde estaban el resto de heridos—, y también quiero agradecerle por todo lo que ustedes hicieron por nosotros. Si necesitan ayuda para trasladar a los heridos o alguna otra cosa saben que cuentan conmigo, o si tiene sugerencia de como proceder soy todo oídos.
Givan Velren Continué el camino mientras me quedaba a reflexionar sobre la apariencia de ese sujeto... juraría que en serio, en verdad, de algo se me hacía familiar. Pronto llegué al fin a la conclusión... ese porte, la forma de ser, el cabello. Me recordaron a hace años en Gérie, cuando... lo del Laboratorio y las ilusiones por la energía Dinamax. ¡El elevador, claro! Debía ser... Nikolah Cruz, ¿No es cierto? Aquél que nos decía algo de que nos habíamos sacado el billete para ir de ida y sin regreso a ser los nuevos héroes del mundo y el destino o algo así recordaba... ... Cielos, cuánto tiempo ha pasado ya... y cuántas cosas. Ahora que me detenía metafóricamente a pensarlo... me era un alivio como pesar tenerlo aquí, era un alivio porque sabía y recordaba que era de fiar pero... al mismo tiempo un pesar, porque saber que estaba aquí teniendo que sufrir la misma pericia nuestra pues era problemático. ¿Qué probabilidad había de encontrarnos de nuevo? Aunque él no parecía reconocerme... tal vez... era mejor así. De cualquier modo, no quise distraerme mucho, pues tenía algo más urgente entre manos, y esa era la desaparición de mi Pokémon... ¿A dónde habrá ido? Centrarme en aquello me hizo enfocarme en el entorno, cualquier pista, por pequeña que fuese, serviría, pero no parecía haber suerte... Aún así, no hallar a Quaxly no era sinónimo a no hallar justamente la pista que tanto quería, pues casi llegando a la taberna pude ver algo que captó mi atención... una pluma... y encima una blanca. Eso me dejó confundido; incapaz de pensar en otra cosa por ese instante, por lo que acabé recogiendo y guardando dicha pluma al ver cómo Nikolah simplemente ingresaba al edificio, sin haberme percatado que él no había percibido lo que tenía en la mano. Al ingresar, pude ver a Tancy y a otro sujeto, no tardaron en decir que era uno de los guardias pero que estaba en su día libre, bebiendo, aún así, no se me pasó por alto que la mujer se veía preocupada... como si algo la inquietase. La bienvenida me hizo reír con un deje de pena, pues no supe cómo reaccionar a eso. Aún así, aunque le quería meter humor al asunto de irnos... supe aún menos el cómo responder. La imagen no era nada agradable ni alentadora... ¿cómo se suponía que nos iríamos con los heridos? Lo que sí me sorprendió como preocupó fue el que Tancy nos dijera que su Pokémon estaba extraviado también, dijo que en la mañana había salido pero que en media hora era su tiempo regular para volver... y ahora se había demorado más de la cuenta. Nikolah fué el primero en hablar, por lo que me quedé reflexivo... ¿y ahora que estaba sucediendo? Entre tanto pensamiento y el recién salir de aquella tienda me dejaron todavía atontado, pero caí en cuenta un poco tarde. —Ay no...—. Anuncié hacia ambos, llevándome la diestra a la cabeza para mirarlos—. ¿Creen que Charcadet se haya ido a echarle bronca a mi Quaxly? hallé una pluma blanca hace poco en la entrada de este lugar. Mi Pokémon... no sé donde está tampoco—. Dije al fin, mostrando también bastante preocupación. Ambos se habían quedado cebados contra uno y el otro... ¿no? Tenía sentido pero... Pero... ¿No estarían ahora mismo peleándose por aquí? La pluma estaba en la entrada, Tancy debió haber visto o escuchado algo. Si ahora estaban luchando; debía notarse. >>Lo siento, tengo que buscar a mi amigo, si esos dos andaban de malas no quisiera tampoco ver que se hacen daño—. Dije, a lo que me dispuse a moverme, quería escuchar a Tancy, pero si era verdad que su Pokémon no aparecía, pues habría que encontrarlo. Lo sentía por Nikolah, pero salir de aquí sin Quaxly, quién encima recién venía de su propio duelo, no lo veía adecuado.
Zireael Decidiste así seguir el plan de Encina, uno que quizá era arriesgado, pero no parecíais tener mucha alternativa. Así, decidiste dejarte guiar por él, y seguiste sus pasos. Al verlo aproximarse lentamente, con los ojos verdes analizando cada movimiento repetitivo de aquellos robots, supiste que no había duda: realmente ese tipo era un soldado, un policía, o algo similar. Y ya no solo en la operación: en general. Memoria perdida o no, la memoria muscular no la perdía, eso seguro, y sabía deslizarse y controlar movimientos de forma innata. —... En tres. Uno. Dos. ¡Tres! Salió corriendo justo con la señal, y te pareció anti intuitivo, porque empezó a correr directo a la línea de visión de uno de esos "Volcarona", que en ese momento pasaba justo por allí. Pero seguiste confiando, y le seguiste. Resultó salir bien, claro. Pese a que ibais hacia la línea de visión, Encina había calculado la carrera para que, cuando llegasteis, el robot justo acababa de pasar de largo, y os deslizasteis rápidamente tras su espalda, huyendo así del escáner del que iba detrás. Tú te rezagaste un poco más, sin embargo, y el robot que seguía al primero activó su escáner instantes después de que cruzases. Encina tiró de ti a última hora, para asegurar la distancia prudencial, y os arrastrasteis ambos por el suelo. En ese momento, Encina se llevó una mano a la boca para ordenar silencio, su cuerpo totalmente bocabajo sobre la hierba ligeramente alta. Y fue porque los Volcarona se pararon del todo. Claro. Que no os viesen con los escáneres no significaba necesariamente que no notasen nada. Quizá se alertaban por el ruido, también; o por la presencia cercana de alguien. No había forma de saberlo. Observasteis, agazapados como pudisteis, cómo los robots, detenidos en seco, giraban sobre su eje, activando el escáner tras cada giro de noventa grados. Era como si, efectivamente, hubiesen notado algo raro, pero no supiesen qué era. Cuando se cansaron, al no encontraros... reiniciaron su rutinaria marcha. Y Encina respiró con tranquilidad. Mankey, sin embargo, fue el primero en salir del "escondite". Contento del éxito, empezó a dar saltitos, y Pawniard, algo más tímido, pareció ¿sonreír? al verlo motivado. Encina también suavizó un poco la tensión en ese momento, levantándose poco a poco y tendiéndote una mano para ayudarte a hacer lo propio. —Bueno, parece que sí que lo conseguimos... vamos, dejemos las celebraciones para después, la aldea está- Pero, en ese momento... Boom. *** Rider Después de ver el cuerpo de aquel hombre y confirmar que no era tu cliente, ofreciste tu ayuda al doctor para asistir a los heridos, y pasaste parte de la mañana ayudando a moverlos de camas y hacer otras tareas similares. Poco después, sin embargo, el doctor te dijo algo. —Están preparando fuera el "funeral" de los caídos. Ya sabes, lo que te expliqué. Si quieres, podrías ir allí y asistir con lo que necesiten. Seguramente puedas ayudar más allí, aquí me las apaño yo ya, no te preocupes. Todo sea por hace el entierro lo más digno posible a tus compañeros, ¿no? Seguramente con un sabor amargo en tu boca, decidiste hacer caso al doctor, y, siempre seguido de aquel vivaracho Cetoddle, te encaminaste al exterior de la aldea, saliendo por la salida este y desviándote hacia el norte. Los cultivos por los que entrasteis al llegar allí Niko y tú estaban al sur, y según las indicaciones que te dio el doctor, iban a "plantar" más al norte ahora, aprovechando eso para enterrar secretamente los cuerpos; así que giraste nada más salir, y te encaminaste hacia dichos cultivos. Viste entonces la tierra arada, agujeros cavándose, aldeanos trabajando codo con codo para hacer aquel entierro posible, pese a todos los inconvenientes. No tardaste en ofrecerte a ayudar, y, pala en mano, cavaste algo más, ayudado por Cetoddle, quien era sorprendentemente bueno en la labor, usando su cola para arrastrar los restos de tierra con facilidad. El tiempo pasó... y cuando estabas preparándote para ir terminando, junto al resto de aldeanos que ayudaban, de preparar los nichos... Boom. *** Amane Pudisteis evadir aquellas... cosas que rodaban rápidamente sin mucha dificultad. Lo cierto es que no parecían estar preocupadas de seguiros o de buscaros, parecían, más bien, ir en líneas rectas muy definidas; solo con apartaros de las mismas, estabais a salvo. Aunque sí os fijasteis en algo, algo que Viola hizo notar cuando, más adelante, cruzasteis sobre el recorrido que dejó una de las "ruedas". —M-Mira, Emily. Dejan el campo... como podado. Era cierto: la hierba quedaba destrozada, arrancada, pero la zona por la que pasaban esas ruedas no quedaba del todo hecha polvo: simplemente eliminaban todo lo que había sobre el terreno, al margen de una pequeña parte de vegetación que ahora tendría que volver a crecer. Como si... lo dejasen todo limpio. —¿Serán robots de esa división de limpieza que mencionó Damián...? —teorizó Viola. En fin, el viaje continuó sin más inconvenientes que esas cosas, que a veces os obligaban a tomar desvíos, pero que, además de escandalosas, no eran demasiado problemáticas, por el momento. No os cruzasteis con ningún pokémon ni persona por el camino, eso sí: se podía intuir que el ruido y el movimiento que provocaban esos robots o lo que fuesen enturbiaban el ambiente y asustaban a todos los pokémon de la zona, que se debían alejar o esconder. En cierto modo, eso hacía vuestro viaje más sencillo, también. Al final, llegasteis al avión donde se suponía que estaba Amy, el avión de los enfermeros. Viola se aprovisionó con botiquines que había allí, justo en la parte en la que cayeron cuando lograsteis abrir, si bien de forma escandalosa, la bodega del avión, cumpliendo esa parte de la misión. Y tú, claro, buscaste a Amy, intentando ver si seguía dentro del avión, mirando por todas partes, pero... nada. No parecía estar allí. ¿S-Se habría marchado? ¿Se la habrían llevado? ¿Estaría...? La mano de Viola en tu hombro trató de ser tranquilizadora. —Seguro que Amy logró huir, Emily. Flittle, como si hubiese entendido las palabras de la chica, flotó a su alrededor, dando una vuelta en círculos a Amy, y luego se apoyó en tu hombro, golpeando levemente su cabeza contra tu mejilla. Era... su forma de decirte lo mismo, probablemente. O quizá de darte las gracias pro volver a por ella y buscarla. Pero no la encontraste, eso sí. Ni a ella ni a Ethan, por el momento, lograste encontrarlos. Con la misión de recuperar provisiones completada, el segundo paso inició: había que ir a la aldea más cercana, cruzando el río y aprovechando para reorganizarse y dirigirse al próximo destino, que debía ser la zona cercana a la ciudad, ¿no? Ese era el plan de Damián, al menos. Así que... dicho y hecho, ambas cruzasteis el río, junto a Dina y a Flittle, y visteis a lo lejos la aldea. Pero también visteis el "cinturón" de Ferropolillas, claro. —¿Q-Qué? Parecen estar... vigilando —musitó Amy. Desde la distancia, era difícil distinguir nada; no podíais saber qué estaba sucediendo en la aldea, solo visteis a los Ferropolilla, a una distancia prudencial de la misma. Y, de pronto, todos se pararon en seco. Luego, instantes después, retomaron la marcha. —Me pregunto si- Y, en ese momento... Boom. *** Reual Nathan Onyrian Tancy te miró con un suspiro, como si no quisiese expresar o compartir sus preocupaciones. Pero terminó respondiendo, con gesto más serio de lo habitual. —... no sabría decir, ese es el problema. Siempre pulula por la aldea, pero estoy segura de que no está por aquí, así que ha debido ir fuera. Es raro que salga, y si sale, no se aleja mucho, pero... en fin. Si me acompañas afuera, lo agradecería; el bar estará bien solo, no te preocupes, si me roban algo sabré quién ha sido. Pero en estos tiempos, una tiene miedo incluso de dar un par de pasos sola ahí fuera, qué te puedo decir. Gigavehl Tancy, en ese momento, abrió mucho los ojos. —Ah... ¡Eso tendría sentido! Si el otro pequeñajo ha desaparecido, también, es posible que los dos se hayan alejado para pelear o algo parecido. Curiosamente, pensar que su pokémon podría estar peleando pareció generar una innegable tranquilidad en Constance. Prefería una pelea inofensiva entre dos pokémon que cualquier otro riesgo. —A mi Charcadet le gusta pelear, pero digamos que no tiene muchas ocasiones de hacerlo... y claramente tenía ciertos "problemas" con ese Quaxly tuyo. Si se han ido a pelear, lo habrán hecho fuera de la aldea; espero que no muy lejos. Podemos separarnos para buscarlos, creo que si encontramos a uno, encontraremos a ambos. Así, Nikolah y Tancy se fueron por otro lado, y te alejaste de ellos, tus pasos llevándote de nuevo a la pluma que viste antes. Era de esperar que si se le había caído una pluma, hubiese otras cerca, ¿no? Quizá al pokémon se le caían al alterarse, enfadarse o estresarse, algo muy normal. Si estaba peleado con Charcadet, todo encajaba. Miraste, así, por los alrededores, tratando de buscar más plumas que construyesen un rastro a seguir. Y terminaste encontrando otra en una de las salidas de la aldea; justo la señal que buscabas para saber que la teoría de Tancy era probablemente cierta: los dos pokémon tenían bronca y se la habían llevado fuera, ¿eh? También resultaba curiosamente tranquilizador, a decir verdad. Así, caminasteis algo más por la parte de fuera de la aldea, y... *** Reual Nathan Onyrian —¿No has visto pasar a los pequeñajos, entonces? Menudo guardia estás hecho. Tancy estaba echándole una regañina al único guarda aposentado en la puerta. Debía ser el compañero del guardia que bebía cómodamente en la taberna de Tancy. —¡Qué puedo decirte! Con todos estos tipos que llegaron, los funerales... no estamos teniendo mucho tiempo para nada, la verdad. —Ah. Los funerales, cierto. —Tancy te dedicó una mirada de soslayo, pero pronto zarandeó la cabeza—. Venga, andando. Dejemos a nuestro guardia del mes aquí, y salgamos, solo un poquito, ¿sí? Avanzasteis así por campo abierto. La aldea estaba cerca del río (eso lo sabíais bien tú y Aleck) y se ubicaba entre pequeñas colinas, en una ligera depresión del terreno. Así que lo más obvio era moverse por los campos de cultivo hasta subir a la colina más cercana, una bajita, pero lo bastante alta para otear bien los alrededores. Subisteis con prisa y sin pausa, y desde arriba, mirasteis a vuestro alrededor. Quizá no visteis a Charcadet, no. Pero sí otra cosa. A aquellos Volcarona... girando a vuestro alrededor. Alrededor de la aldea, a varios cientos de metros, patrullando en círculos. Tancy tragó saliva. —¿Q-Qué significa esto? Esto no suele pasar... los Ferropolilla no hacen eso. No así. A no ser que... vengan a por vosotros. Te miró. Su mirada, antes siempre cargada de sarcasmo y un toque socarrón, ahora estaba llena de una mezcla de preocupación y miedo. Y, con todo, se mantuvo firme. —No pasa nada. Tenemos inmunidad, tranquilo. Es el acuerdo que hicimos con el Imperio. Si os marcháis hoy, no nos pasará nada. Pero... para marcharos lo vais a tener complicado. Creo que es posible que os busquen. ¿Os buscaban? No perdían el tiempo... Pero, ¿cómo sabían que estabais allí? *** Gigavehl Una tercera pluma fuera de la aldea te dio la pista que necesitabas, y seguiste avanzando un poco por el exterior hasta encontrarlos. Tal y como Tancy predijo, allí estaban Quaxly y Charcadet, peleando entre ellos ferozmente; o todo lo ferozmente que podían pelear esos dos pequeños, claro. Quizá hubiera sido buena idea intervenir en la pelea, pero, pese a que ellos se lo tomaban muy en serio, lo que estaban haciendo era muy parecido a un juego entre chiquillos. No hacían daño a nadie y, mientras no excediesen, no se hacían tampoco daño a sí mismos. Así que te quedaste allí, a una distancia prudencial, observando el encuentro con cierta diversión. Y pasaron unos cuantos minutos, hasta que... ... viste acercarse algo. Algo ominoso, que venía flotando. Plateado en cuerpo, robótico. Malos presagios, desde luego. Fuiste rápido, y te alejaste de aquella criatura todo lo que pudiste, preocupándote por acercarte a Quaxly y Charcadet para llamar su atención en el proceso. Lo hacías, claro, sin perder de vista a esa cosa. Cuando se hubo acercado más aún a la aldea, lo identificaste. No lo habías visto nunca, cierto, pero tenía una forma muy similar a un Dusknoir, pero... totalmente robótico, y plateado. Y no solo eso; no estaba solo. Le seguían otros dos pokémon, otros iguales que él, pero con colores ligeramente diferentes, y más pequeños en tamaño. Contenido oculto Contenido oculto Llegaste hasta Quaxly y Charcadet, quienes, ignorantes a la situación hasta entonces. Al verte, ambos pokémon, ya magullados y cansados por su combate, pararon y, extrañados, te miraron primero a ti, y luego en la dirección a la entrada de la aldea. Tú te giraste también, y lo viste. Nada más llegar a la puerta, encarando a un guardia solitario que se apostaba allí, el pokémon plateado alzó la mano, apuntando con ella al frente. Una energía oscura empezó a formarse en ella, y... Disparó. Disparó algo que parecía ser una especie de bola sombra, pero diferente. Como un pequeño agujero negro, el ataque se desplazó lentamente hasta el interior de la aldea, perdiéndose a tus ojos allí, y... en ese momento, explotó. Una gran explosión sacudió todo, y la columna de humo negro y las llamas se hicieron presentes rápidamente. ¿Qué había pasado? ¿Por qué... de repente hacían eso? *** Reual Nathan Onyrian Boom. La explosión sucedió tan repentinamente y tan cerca que casi perdéis el equilibrio. Tancy se tambaleó de la impresión, manteniéndose en pie solo porque tú estabas ahí y pudo aferrarse a tu brazo. Y se hubiese vuelto a caer de no haber sido por eso, porque cuando vio el humo y las llamas... fue como si toda su vida pasase ante sus ojos. —No... no... ¿q-qué ha pasado? ¿Por qué? —Tiró entonces de tu brazo. Incluso entonces, incluso pese a estar claramente angustiada, trataba de conservar una expresión serena; y, aunque no lo lograba, sí que había una clara disonancia entre la gravedad del asunto y su expresión—. H-Ha debido ser un accidente, algo debe haber fallado en una caldera y ha estallado —se dijo más a sí misma que a ti. Pese a que lo que decía no era algo liviano, para su mente era mucho más fácil de procesar que la probable realidad: un ataque directo—. V-Vamos, ¡tenemos que comprobar qué ha pasado! P-Pero Charcadet... Indecisa, Tancy parecía estar reprimiendo una fuerte ansiedad en ese momento. Ansiedad, confusión... y miedo se mezclaban en su mente. *** Rider La explosión te hizo cae rodando. Pasó muy cerca, en la aldea. Y el humo empezó a elevarse rápidamente. Junto a muchos otros aldeanos, habías caído en uno de los agujeros que cavasteis, y cuando te pudiste incorporar viste a Cetoddle, preocupado, justo a tu lado, como queriendo protegerte, o quizá ser protegido por ti, una de las dos. Pronto empezó a haber cuchicheos preocupados a tu alrededor, que no tardaron en escalar hacia el pánico. —¿Una explosión...? —Hay humo. —¡Fuego! —¡La aldea! ¿Fuego...? *** @Cayden Lo visteis prácticamente en primera fila. Encina, Pawniard, Mankey y tú estabais en la parte sur de la aldea, y aunque no pudisteis ver por qué sucedió, sí visteis el breve destello y apreciáisteis perfectamente la explosión, acompañada del tremendo estruendo, el fuego y el humo. Encina quedó paralizado unos segundos, pero pronto reaccionó. —... han llegado. Los robots. Tiene que ser eso. Están atacando. Lo dijo con tal convicción que fue difícil llevarle la contraria. Se giró para mirarte, sus ojos muy abiertos. —Cayden, ahora lo entiendo. Los Volcarona no estaban evitando que entrásemos; procuraban que nadie saliese. Porque estaban ganando tiempo para que llegase quienquiera que ha hecho eso. Dicho y hecho, señaló luego a los Volcarona, que quedaron detrás de vosotros. Y los visteis quedarse parados de nuevo, con las miradas enfocadas a la aldea, quietos, rígidos, como esperando nuevas órdenes. —T-Tenemos que ayudar... ¡a este paso, todos esos aldeanos morirán si no hacemos nada! *** Amane Amy gritó cuando la explosión se produjo, y, por instinto, se abrazó a tu costado. —¿¡Q-Qué ha sido eso!? ¿Qué ha pasado? Los Ferropolilla se habían parado de nuevo, en seco, esta vez sin volver a moverse nuevamente. Completamente estáticos, permanecieron quietos, mirando a la aldea. Y de esta visteis que salía humo, y el fuego centelleaba incluso desde la distancia. —Fuego... Emily, ¿qué está pasando? Otra vez una columna de humo, como los aviones. Otra vez... más destrucción. Contenido oculto Para que nos ubiquemos, posiciones actuales de los personajes; estáis todos fuera de la aldea, y todos salvo Emily estáis dentro del cordón hecho por los Ferropolilla. En la foto os adjunto las posiciones de todos ahora mismo. La aldea tiene entradas oeste y este (no recuerdo ahora si en otro punto dije que estuviesen en otro sitio, si fue así, hagamos como que no lo fue (?)); los puntos rojos son Ferropolillas, y el punto verde son los Dusknoir. Este es el punto al que quería acabar trayéndoos de una u otra forma a todos viendo cómo ibais avanzando, so, como advertí en el mensaje en comentarios, lo he acelerado un poco todo para llevar a todo el mundo aquí y poder darle el final ya a este "tutorial". Desde este punto, todos podéis ir haciendo, como suele ser costumbre, lo que os plazca, y volveré a requerir dados si fuese el caso (para los posts que habéis hecho antes los he omitido por no ralentizar más).
Mente: 27/30 No tardé en acabar de confirmar que podía confiar en el amnésico para este tipo de trabajos, habría olvidado su nombre, su pasado y quién sabe qué más, pero su cuerpo no olvidaba su entrenamiento. Era curioso cómo los músculos no olvidaban aquello que la memoria sí, siempre lo había sido, y pensé si de alguna forma ocurría lo mismo conmigo a pesar de los años recluido en edificios militares. Si todavía recordaba por qué había resistido y cómo. Logramos cruzar incluso cuando yo me quedé algo rezagado, aunque también tuvo que ver que Encina tirara de mí con tal de seguir con la operación y sacarme del rango de los escáneres de forma definitiva. El silencio al que nos vimos obligados estuvo justificado, los Volcarona estos tan raros se habían quedado mortalmente quietos y por un momento temí que de alguna forma hubiesen notado alguna otra irregularidad y que nos pescaran de todas formas. Al final parecieron renunciar a la búsqueda y solté el aire en una exhalación repentina. Mankey fue el que reaccionó con más entusiasmo, yo todavía estaba ocupado tratando de no sufrir un evento cardíaco, pero incluso así noté la... El concepto de una sonrisa en Pawniard y me dio algo de ternura. Me quedé en el suelo, procesando lo que acababa de suceder, pero acepté la mano de Encina cuando me la ofreció para que me levantara. Me anclé a él, que de por sí no era que un palo de dientes como yo fuese a tirarlo, y le di las gracias en un murmuro algo avergonzado. No sabía realmente qué tanto se me notaba el hecho de que me había querido infartar por la posibilidad de que los Volcarona nos descubrieran. Él estaba estaba hablando cuando de pronto se oyó el estruendo de una explosión y sentí el corazón presionarme las costillas, no fui de todo consciente de ello, pero el estruendo me hizo buscar refugio detrás del ranger y me llevé las manos a los oídos. El sonido y la imagen gatillaron recuerdos que creí eliminados, más allá de la pérdida de mi escuadrón y de buena parte de mi equipo, había sepultado el ruido de la guerra. Debía estar aquí, con las fuerzas que habíamos enviado, las personas que habíamos condenado, pero no había dimensionado de forma consciente qué tan carcomida estaba mi propia psique. El destello fue breve, pero abrió paso al fuego y el humo y pensé en Gérie, pensé en la casa que había convertido en refugio, en las personas que procuraba ayudar, en la sangre que me había empapado las manos y el fuego que me había consumido la piel, negándome a ceder ante el Imperio, pensé en mi huida y los que habrían quedado atrás, consumidos por el cataclismo de Chance. Era un maldito cobarde, ¿verdad? Lo era, tendría que haber caído en Gérie, pero hui, me escondí y alimenté mi resentimiento hasta las últimas consecuencias, forcé mis capacidades y me revolví con los militares ansiando algún día regresarle a Chance el daño que le había hecho a mi región por rebote al volar Galar. Ni siquiera pude escuchar qué fue lo primero que dijo Encina, pero sí lo segundo, cuando me miró. No supe si lo que me alcanzó los ojos fue terror, impotencia o furia directamente. Los habían encerrado aquí. Y habían detonado una bomba. No dije nada, pero lo pesqué del brazo y tiré de él hacia la aldea, hacia el oeste. Supuse que Mankey y Pawniard nos seguirían, aunque no sabía qué tan prudente era eso. Ahora todo lo que sabía era que teníamos que hacer algo, lo que fuese. —Tenemos que acercarnos. Determinar si hay una ruta que permita que saquemos a las personas de la aldea y guiarlos allí. La explosión tiene que haber colapsado estructuras, no podemos entrar en ninguna que vaya a desbaratarse sobre nuestras cabezas o seremos inútiles si quedamos noqueados o muertos allí dentro, pero hay que ubicar a los heridos que sí podamos sacar sin causarles incluso más daño. —Fui diciendo. Era mi propia memoria activándose, me di cuenta—. Si hay que ayudar a quienes no puedan moverse por sí mismos, puedo encargarme de los más livianos. Que Mankey y Pawniard nos ayuden a mapear el área, reconocerla y encaminar a los que puedan moverse por su propio pie.