Shinjuku Nekomata Café [Cafetería]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Gigi Blanche, 21 Octubre 2025.

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    Gigi Blanche

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    —¡Sí lo dijiste! —discutí, aún indignada—. Dijiste que no era oráculo, lo que significa que no tengo sexto sentido y, te recuerdo, hasta donde sé soy mujer, ¡así que negaste mi sexto sentido femenino! ¡Caso cerrado! Le diré a tu abuelo que te regañe en alemán. Por cierto, ¿tu abuelo sabe que ahora una adolescente usa su anillo de señor importante como collar junto a otros diez collares baratos de mostacillas?

    Yo ya estaba a punto de estallar de ternura frente a aquel mar de gatitos. Al me señaló uno jugando con su cola, lo que me arrancó una risilla, y me distraje allí hasta sentir el toque en mi cintura. Lo miré, sonriendo, y lo seguí hacia el interior del café. Mis ojos no paraban de viajar en todas direcciones como si me rodearan las ocho maravillas del mundo, y la información que soltó Al tras mi espalda me aflojó una risa en voz baja. Parecía un infomercial.

    Un muchacho, empleado del local, se acercó a recibirnos y lo miré con una gran sonrisa plantada en los labios, incapaz de bajarle a mi entusiasmo. Ser camarero con todos estos pequeñines cruzándose entre las piernas debía ser un auténtico desafío.

    —¡Hola! Claro, muchas gracias —respondí antes de que se alejara.

    Junté las yemas de mis dedos frente a mi pecho, repiqueteándolas unas contra otras mientras pensaba. La verdad, seguía distraída con los gatitos, pero sin importar cuánto los mirara ninguno mostró intenciones de acercarse. Predecible, ¿no? Seguían siendo gatos. Navegué entonces las mesas vacías y elegí una donde no diera el sol directo, cercana a la barra. Prefería no cocinarme como huevo frito.

    —¿Aquella te parece? —le pregunté a Al, señalándola.

     
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    —¡No es lo mismo predecir el futuro del mundo que la intuición femenina! Lo de las mujeres es más una cosa de... de brujería, yo qué sé —solté en mi defensa—. ¿Mi abuelo muy alemán y muy Sonnen? No, no sabe. Bueno, tengo rato de no llamarlo en sí, quizás debería, pero de saber sabe papá que tienes una especie de reliquia familiar con, ¿cómo dijiste? ¿Otros diez collares baratos de mostacillas?

    La tontería me sacó una risa, aunque pronto estuve distraído mirándola a ella y a los gatos. Le había dado vueltas y vueltas a este plan, pero sabía que le gustaban y que un lugar como este, donde pudiéramos estar entre un montón de gatos seguramente le haría mucha ilusión. Claro que la pobre Berta luego la olería y se preguntaría cómo se había atrevido a estar con otros en vez de ella, ¡pero ese no era mi problema!

    Pasamos, yo le solté el comercial no patrocinado y antes de eso la vi mirar a todas partes, lo que me dio algo de ternura. El mesero continuó con sus malabares luego de haber reflejado su sonrisa, como si le hubiese alegrado solo el entusiasmo de Anna en sí y se fue a seguir atendiendo a los clientes anteriores. Entabló una conversación con ellos de las que nos alcanzaron algunos cachos, hablaron de algunos de los gatos por nombre y de como extrañaban a otros que ya habían sido adoptados. Eran clientes regulares según parecía.

    Ninguno de los animales tuvo intenciones de acercarse, pero noté que varios nos miraban y, por desgracia, cuando di un paso para quedar más cerca de Anna uno se asustó y se zambulló debajo de un sillón, alertando a otros que estaban cerca de él. Más que ofenderme me preocupó haber puesto excesivamente nervioso al animal, así que retrocedí el paso que había dado y seguí los pasos de Anna.

    Al final se decantó por una donde no acabaríamos calcinados con el sol de las ventanas y cuando me preguntó si esa estaba bien asentí con la cabeza. Me adelanté a ella y, como aquí las cosas se hacían bien o no se hacían, moví una de las sillas para invitarla a sentarse.

    —¿La intuición femenina sirve para elegir buenas mesas o es una tarea muy burda para una habilidad tan noble? —dije por molestarla un poco con el tema de antes—. En otro orden de cosas, ahora ya ves por qué dije que el lugar era apropiado para Derpy.
     
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    —¿Estás insinuando que la intuición femenina es incapaz de predecir el futuro del mundo? —le volví a replicar, arrinconándolo cada vez más en una discusión que, honestamente, podría volverse eterna.

    Decían que uno de nuestros talentos era tergiversar, ¿no? ¡Pues ahí lo tenían, en su máximo esplendor! Resultó ser que don Sonnen desconocía el paradero actual de su anillo y eso a mí me alegraba, que la noticia sonaba a tener el potencial suficiente para provocarle una insuficiencia cardíaca al pobre anciano.

    —¿Tiene barriga cervecera? —le pregunté de repente y me reí al notar lo descolgado del asunto—. Tu abuelo, quiero decir, tan alemán y tan Sonnen. Suena a clan por cómo lo pones, ¿lo sabías? ¿Debería asustarme? ¿Acaso tu abuelo se opondrá a nuestra relación porque te distraigo de tus responsabilidades con la familia y jurará destruirme si no nos separamos y moverá sus hilos para que me denieguen la beca de Oxford?

    La reacción del gatito que desapareció bajo un sofá apenas Altan avanzó un paso me arrancó una carcajada directa del pecho. Aproveché la cercanía con su cuerpo para darle unas palmaditas en el pecho sin siquiera voltearme y seguí caminando. Alcanzando la mesa escogida tras un exhaustivo análisis de diez segundos, creí leer sus intenciones al verlo adelantarse y sonreí, siguiendo sus movimientos.

    Oh my, muchas gracias, joven caballero —agradecí con tono pomposo, exagerando mis ademanes al sentarme.

    Saqué a Derpy de la bolsa, la cual dejé apoyada bajo mi silla, y acomodé el peluche en un borde de la mesa, junto al servilletero.

    —Demasiado burda, en exceso, pero a mí nadie me dice cómo usar mis habilidades —bromeé y luego asentí varias veces con la cabeza, entusiasmada, acompañando el movimiento con el resto de cuerpo; miré en todas direcciones—. ¡Sí, sí! Tiene todo el sentido del mundo, aunque creo que no se me habría ocurrido ni con diez cuadras de adivinanzas. Ahora me pregunto si Derpy se llevaría bien con otros gatitos o se los comería a todos, tiene bastante cara de desquiciado.

    Le di un toquecito a su nariz y me reí en voz baja. Estiré los brazos sobre la mesa y esperé que me diera sus manos.

    —Me encanta —afirmé, viéndolo a los ojos y haciéndole mimitos con los pulgares—. Nuestra próxima misión es acariciar a un gatito, así que mantén los ojos bien abiertos... pero no tanto como Derpy, que se te secarán y asustarás hasta a los demás clientes.
     
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    Iba a replicar, porque no sabía quedarme callado en una discusión, pero su argumento me dejó como el meme este del muñeco que está con la boca abierta y la cierra al pensar en lo que iba a decir. Sí, bueno, entonces... Entonces que me predijera el futuro del mundo, ¿o no? Igual, ¿de dónde salían todas esas cosas deformadas de lo que yo estaba diciendo? No, ya ni modo. Había que saber perder.

    —A este paso la cita también tendrá que ser una compensación por haber ofendido sin querer el noble arte de la intuición femenina —solté, resignado a mi destino.

    La pregunta de la barriga cervecera del abuelo me hizo alzar las cejas, fue entre repentina y cómica, pero negué con la cabeza. Que bebía de lo lindo, lo hacía, pero no había ninguna barriga de esa índole. En sí el hombre era como nosotros, pero en viejo. Contextura tirando a delgada y cara de perro en bote, de los genes se medio había salvado papá, que tenía las facciones algo más amables de la abuela, pero el abuelo tenía la cara más amargada de los tres y eso era innegable. Después vino lo de que sonaba a clan y me reí, pero también me supo un poco amargo. Más allá de las características de personalidad, mucho en la historia de la familia sí respondía a una cuestión así.

    Estaban las raíces militares del bisabuelo, después de todo.

    —Un poco lo es —confirmé porque tampoco era como que un secreto de Estado ni nada—. Supongo que mi abuelo diría algo al respecto, pero como yo solito me distraigo de las supuestas responsabilidades familiares, no creo que haga mucha diferencia. No, es más, habrá que cuidar que no se vaya a infartar cuando se lo cuente. El pobre ya seguro se hacía a la idea de que iba a morirme solo o algo, sí, a mis flamantes diecisiete años. Incluso mejor, podemos mover los hilos de la beca a Oxford a tu favor justo por la alegría que le vas a causar al pobre hombre.

    ¿Y todos esos disparates? Ni idea. Esa charla de por sí acabó fundida con la llegada e ingreso a la cafetería, incluido el susto del gato que para nada estaba contento con mi cara. Anna lo notó y como consuelo me palmeó el pecho, aunque a mí me seguía dando pena haber asustado al bicho de esa manera. En cuanto a lo de mover su silla, ella claro que exageró todo el asunto y tuve que hacer un esfuerzo consciente por no reírme entre eso y la confirmación de que la intuición femenina era demasiado noble para usarla en elegir un asiento.

    —En tu defensa, no es que hubiese pista alguna para adivinar nada —dije ligeramente divertido y estiré las manos para tomar las suyas. Miré un momento al peluche—. Sin duda la cara no da mucha confianza, pero yo qué sé, todos los gatos hacen lo que quieren, imagino aplicará a Derpy también, con cara de desquiciado o sin ella.

    Parpadeé despacio al sentir la caricia de sus pulgares y sonreí al oírla de nuevo, desviando la vista a los alrededores. La misión de acariciar un gato era repentinamente complicada si teníamos en cuenta que yo acababa de asustar a uno simplemente existiendo.

    —Ya me daría miedo tener los ojos tan abiertos —bromeé—. Me alegra que te haya gustado, An. De verdad.

    Aprovechando el punto de contacto en nuestras manos, alcé una de las suyas y me incliné para dejarle un beso en el dorso antes de bajarla de nuevo. Lo hice porque sí, porque me apeteció, y solo me dio algo de vergüenza cuando el mesero del pelo de unicornio apareció de pronto a un lado de la mesa. Su sonrisa fue cortés, pero cualquiera se habría dado cuenta de que estaba encantadísimo con el cuadro de la parejita.

    —Es un gusto que hayan elegido visitar nuestro café. —Al hablar hizo una inclinación, allí noté que tenía varios piercings y seguía siendo un poco antinatural que trabajara en un lugar así—. ¡Ahora sí puedo atenderlos como corresponde! Soy Kairi y estoy para servirles, no son clientes regulares, ¿cierto?

    —Primera vez —confirmé y al muchacho una sonrisa le descubrió los dientes.

    —¡Perfecto! —Hombre, estaba realizado de verdad. Ni siquiera me di cuenta que tras de sí cargaba los menús hasta que los trajo frente a él, aunque no nos los dio de inmediato. Mientras hablaba alternó el contacto visual entre Anna y yo, para no dejar a ninguno fuera del intercambio—. En Nekomata tenemos dos modalidades, un menú común donde ustedes eligen lo que prefieren consumir y también una opción de omakase, donde los cocineros y yo preparamos una selección de comidas, postres o aperitivos y, por supuesto, también bebidas.

    >>Ah, no lo supieron por mí, pero a veces los gatos nos dan sugerencias también. Ustedes me indican qué prefieren.

    Al terminar el chico quedó pendiente, ya fuese para darnos el menú o retirarse. Estaba en eso cuando de la bolsa de su delantal se asomó un pequeño gato tuxedo, con las patitas blancas sujetas al borde de la prenda, y se le quedó mirando a Anna o bueno, algo así, porque parecía muy adormilado y muy... despeinado. Seguro tenía un par de horas de estar metido allí.
     
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    Gigi Blanche

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    El pobre Al acabó por resignarse a los disparates que estaba soltando y sonreí muy amplio, asintiendo junto a una risilla.

    —¡Más te vale! —exclamé, completamente convencida.

    La participación de don Sonnen en la historia no resultó ser tan trágica, al menos no para mí. ¡Todo lo contrario, de hecho! ¿El anciano iba a facilitarme el ingreso a Oxford? Tremendo negocio... si me interesara ir a Oxford.

    —¿Me imaginas sentadita en una sala de Oxford con los tipos haciéndome preguntas complicadísimas? —Me reí de mí misma—. O ellos o yo salen llorando, eso seguro. El otro día lo vi en una serie, estaban estos chicos haciendo las entrevistas de ingreso y de repente les preguntaban que qué opinaban de la monarquía y que fundamentaran con conceptos de, no sé, Durkheim. ¡Una pesadilla!

    Ni siquiera estaba segura de pronunciarlo bien, fue el primer nombre que rescaté de lo poco que recordaba haber leído de sociología en el Sakura.

    —Tú sí tienes más carita de Oxford boy —lo molesté junto a una sonrisilla, codeándolo.

    Luego llegamos al café, los gatos nos evadieron y ocupamos una mesa. Al tomó mis manos y me reí en voz baja, mirando al peluche mientras lo escuchaba.

    —Hay cosas tan feas que acaban siendo lindas —comenté distraída y regresé los ojos a Altan, esbozando una sonrisa ligeramente diferente—. No hablo de ti, por supuesto~

    El beso que dejó en mi mano me hizo sonreír como estúpida y siquiera me molesté en disimular lo contenta que me ponían esa clase de gestos; cuando quisimos acordar, el muchacho que nos había recibido dentro del café ya se encontraba a nuestro lado, listo para atendernos. Repasé brevemente sus pintas tan colorinches con una pequeña sonrisa suspendida en los labios y regresé las manos a mi espacio. Estaba muy concentrada en la información que nos daba, de verdad, pero todo se me fue al traste apenas el gatito asomó la cabeza de su delantal. Mi expresión se transformó como si tuviera ante mí a la criatura más adorable alguna vez percibida por el hombre, ¡y es que la tenía!

    —Ay, no, me muero —exhalé, cubriéndome la boca con una mano y luego llevándola a mi pecho; subí los ojos al camarero—. ¿De casualidad necesitan otra persona aquí?

    Nunca antes había necesitado tan fervientemente trabajar en un lugar. ¡Imagina vivir con un gatito dentro de tu delantal! ¡Era el paraíso!

    —Es precioso... —Me incliné ligeramente, apreciando su carita adormilada, y solté una risilla—. ¿Cómo se llama? ¿Es un gatito rescatado, también? ¿O nació aquí, quizá?
     
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    Lo convencida que sonaba no logró hacer más que sacarme una risilla baja y dejé el asunto estar, ya que no me quedaba más opción, y de pronto estuvimos con el tema de Oxford. Siendo sinceros no la imaginaba en un aula de esas, no porque la creyera incapaz, jamás sería por eso, simplemente me parecía algo demasiado rígido y limitante para ella. Igual no ponía en duda el hecho de que alguien acabaría llorando si se ponían a hacerle preguntas.

    —Espero que fuese una cosa de la serie, creo que incluso yo lloraría si me piden que fundamente mi respuesta que claramente sería en contra de la monarquía y que lo fundamente con teoría de quien sea. —Me quejé al aire y luego me reí de nuevo al oírla decir que yo sí tenía cara de Oxford—. ¿Por el tema de mi clan familiar o porque parezco inteligente?

    Lo pregunté por la tontería, ni más ni menos, y ella siguió metiéndose conmigo como si le pagaran por hacerlo. Negué con la cabeza, resignado una vez más.

    —Pues claro que no —reboté—. ¿Esperas que me crea que soy tan feo que acabé siendo lindo? No, ¿esperas que me crea que aceptarías a un feo cualquiera?

    Daba igual, para cuando le besé la mano noté su sonrisa y yo mismo aflojé los gestos sin darme cuenta. Me gustaba poder permitirme esto, estas demostraciones de afecto que claramente a ella también la tenían contenta. Con tanta mierda que había ocurrido en medio creía que ambos nos merecíamos esto por fin, lo bueno y agradable. De todas formas, cuando el mesero se apareció, la dejé retirar sus manos y le presté atención al chico que hacía su trabajo con más amor del que habría puesto yo en casi cualquier cosa en mi vida. No iría a decirlo en voz alta, pero de cierta forma era agradable ver a alguien disfrutar tanto lo que debía hacer.

    Mi plan era dejarle a Anna la decisión, pero obviamente ella se distrajo de todo en cuanto el gato se asomó y acabó derretida de ternura. El animal reaccionó a su voz moviendo las orejas en su dirección y se puso a amasar el borde del delantal, lo que hizo que el chico bajara la vista y soltara una risa. Aunque no pareciera, había prestado atención a Anna.

    —Ya tenemos a un reemplazo que cubre mis días libres, lo siento —dijo sosteniendo los menús bajo el brazo para poder darle un toquecito al gato entre las orejas—. Aunque todavía aceptamos voluntarios para el cuidado de los animales. Darles de comer, limpiar los areneros y sus cuartos. También para cuidar de los cachorros más pequeños.

    >>A este uno de los voluntarios le puso Morgana.

    —¿Cómo al del Persona 5 Royal? —apañé, ligeramente divertido.

    —El mismísimo. Nuestro chico era un friki de manual, pero esos son nuestros favoritos a veces —dijo Kairi junto a una risa que amenazó con convertirse en carcajada y con cuidado sacó al gatito de su delantal, alcanzándoselo a Anna—. ¿Quieres quedártelo mientras yo sigo trabajando? Es de los más calmados y le encantan las chicas, porque fue una compañera voluntaria la que se encargó de cuidarlo a él y a sus hermanos el primer mes. Luego la relevé yo.

    El muchacho se quedó esperando a que Anna aceptara para volver a sujetar los menús. Ahora que lo veía, el bichillo era bastante pequeño.

    —La camada entera fue un rescate. Suponemos que la gata murió, los encontramos solos y en muy mal estado en una callejuela aquí cerca.

    —¿No es muy pequeño? —cuestioné con algo de preocupación en el tono.

    —Muchas veces los gatos que son separados de sus madres tan pronto no crecen como los demás y tienden a quedarse pequeños, por una deficiencia de vitaminas y tal. Tiene tres meses, ya incluso está listo para adopción.


    this is so funny porque a veces nos hemos referido a Morgan como Morgana

    este es Morgana :D
     
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    Gigi Blanche

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    —¡Ambas! Aunque especialmente por tu clan familiar. Tienes tu cerebrito de niño genio, pero igual tampoco parece que te guste tanto usarlo en cosas académicas.

    Acompañé el comentario de una risa desenfadada y luego acabé frunciendo el ceño, pues no terminaba de comprender qué había comprendido él de mi broma sobre los feos. Había pretendido decírselo como un coqueteo, ¿acaso él...? ¿O era yo la que no entendía? Terminé ladeando la cabeza y sentí que no alcanzaría ninguna conclusión decente, así que renuncié.

    —Claro que no —negué, ofendida, y lo siguiente lo mascullé con una mezcla de molestia y bochorno—: Sólo dije que tú eras lindo a secas.

    Apenas el gatito apareció frente a mí olvidé todo lo que habíamos venido a hacer aquí. Escuché la conversación y no tuve idea qué era "Persona 5 Royal", así que me quedé en silencio y muy sonriente hasta que el camarero me ofreció quedarme al pequeñín. Alcé las cejas y abrí los ojos muy grandes, pero asentí al instante y recibí al gatito con ambas manos. Podía sentirle los huesitos bajo el pelaje.

    —¿Qué tendría que hacer para ser voluntaria aquí? —le pregunté a Kairi, alzando a verlo mientras apoyaba el minino en mi regazo sin soltarlo—. Ya empiezan las vacaciones y tendré muuuucho tiempo libre, puedo hacer hueco entre mis turnos laborales.
     
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    —Porque efectivamente no me gusta —confirmé respecto al asunto académico—. Me aburre, diría. Así que mal por mi plan familiar, supongo.

    Lo que dijo luego acabó medio hecho un nudo, pero así medio que aplicó a su lógica y en vez de preocuparme por ello, me hizo algo de gracia. No me reí en sí, pero al escuchar el halago directamente una sonrisa me alcanzó el rostro, amplia. Además, digamos que yo también había pretendido colar una suerte de piropo en mis palabras. En resumen, que ella era demasiado bonita para estar con un feo.

    —Y yo que tú eres preciosa a secas —repliqué, tranquilo.

    Frikadas a un lado, Anna obviamente aceptó al gatito y el animal por un segundo se hizo más pequeño de lo que ya era al dejar las manos a las que estaba acostumbrado. A pesar de ello, pronto pareció relajarse y se puso a olisquear sus dedos en lo que ella preguntaba por el tema del voluntariado, sosteniendo el argumento con que venían las vacaciones. Se me ocurrió una tontería, pero le di espacio a Kairi a responder y anclé un codo en la mesa, a la espera.

    —¡Te puedo alcanzar un formulario! No, espera, lo habíamos cambiado a un código QR... —respondió el muchacho que no perdía los ánimos por nada—. Antes de que se vayan te lo puedo conseguir para que lo escanees. Vamos rotando horarios, algunos por la mañana, otros mientras estamos abiertos y algunos bastante tarde por la noche. Si nos llegan camadas de gatitos demasiado jóvenes, los enviamos a... ¿Cómo se llama?

    Foster home? —dije yo al aire y el chico asintió.

    —¡Eso! Pero esos los enviamos con nuestros voluntarios más antiguos. En fin, que eres bienvenida a ayudarnos y usar todo ese tiempo de vacaciones en algo más que morirte de calor y mirar el techo.

    Le eché una mirada disimulada al colorín aquí presente.

    —¡Y con tu novio, claro! —apañó un poco atropellado, luego volvió a enfocarse en Anna y el gatito, que estaba bastante calmado en su regazo—. Se ve que le gustas a Morgana, ya se quedó de lo más pancho... Supongo que ni hará falta entrevistarte para que vengas. ¿Cómo te llamas?

    Como si entendiera lo que pasaba, el animalillo maulló luego de alzar los ojillos hacia Anna. El cuadro me quiso infartar de ternura y lo disimulé lo mejor que pude, que no fue demasiado, si debía ser honesto porque me estiré un poco sobre la mesa para husmear mejor. Se me ocurrió tomar una foto, pero ya lo haría cuando Kairi se retirara aunque ahora que caía, ni siquiera le habíamos dicho qué queríamos hacer respecto a la modalidad del menú, pero bueno en tanto él no se fuera, suponía que no estábamos obstruyendo su trabajo.
     
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    El halago me lanzó un inconfundible calor a las mejillas que me mantuvo callada y con la vista fija al frente, rogando que se me pasara rápido y que él no se metiera conmigo por eso. ¿C-cómo podía decir cosas así tan tranquilo? ¿No le daba vergüenza? ¡Se suponía que yo era la extrovertida! Bochorno a un lado, las palabras permanecieron rebotando en mi mente y poco a poco me dibujaron una sonrisa suave en los labios. Sentía que me quedaría grabado a fuego o algo.

    Asentí con entusiasmo cuando Kairi dijo que luego me conseguiría el QR y luego alterné la mirada entre ambos rápidamente al notar el pequeño silencio incómodo que se generó. La inclusión de Al en mis planes de verano me arrancó una risilla, en especial por haber oído la palabra "novio", y la idea me puso de lo más contenta. Cierto, tendríamos todo el verano para nosotros, ¿verdad? No lo había terminado de procesar hasta el momento.

    —Anna —me presenté al mozo, sonriente.

    El maullido del gatito en mi regazo se coló bajo mi respuesta, y al agachar la mirada noté que tenía los ojitos posados en mí. La imagen me derritió por completo y le acaricié la cabecita, encorvándome sobre él para decirle un par de tonterías, en voz baja y en español.

    —¡Bueno, la comida! —dije hacia Kairi—. No quiero quitarte más tiempo, aunque... ya me olvidé lo que nos dijiste. —Me reí—. ¿Podrías repetirlo, porfa?

     
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    ¿Debía considerar un triunfo que la pobre hubiese quedado como caballo con anteojeras? Ni idea, pero el bochorno sí era triunfo mío y me lo metería al bolsillo, incluso si elegí fingir demencia. Ni idea, digamos que en el halago en sí mismo iba algo de gusto personal incluido y por eso no me avergonzaba decirlo. Puede que sencillamente fuese que por fin me había dispuesto a decirle todo y punto, también. La verdad no le daba la suficiente cabeza al tema, simplemente quería decirle cosas bonitas.

    Quería que el cariño que sentía por ella la alcanzara todo el tiempo.

    La risa de Anna al verme incluido en el verano me hizo sonreír sin darme cuenta, pero no dije nada y seguí mirando a Morgana en su regazo. Para ser honestos, sí que entendía que se parecía al del juego, hasta tenía los ojos de un tono algo azulado y me distraje en eso mientras ella le daba su nombre al chico. Vete a saber hasta dónde era un performance de servicio al cliente, pero parecía bastante enérgico y un poco me daba la sensación de que se llevaría bien con ella incluso fuera del contexto café gatuno.

    —Es un placer conocerte entonces, Anna, siempre es bueno dar con otra fanática de los gatitos —lo escuché decir y de pronto sentí su mirada encima—. ¿Y tú cómo te llamas?

    —Altan.

    —¡Doble A! —exclamó como si fuera un gran descubrimiento—. Qué bonito~

    Me reí, no pude evitarlo, pero dejé espacio para el tema de la decisión de la comida. A Anna ya se le había volado la información a la mierda, claro, y Kairi pareció tan inalterable a ello que me causó un poco de gracia. El muchacho soltó la risa y balanceó el peso de una pierna a la otra; el mini gato, por su parte, se había hecho un bollito de pan en el regazo de Anna, contento. Lo que sea que le hubiese dicho parecía haberlo dejado derretido de amor.

    —No pasa nada, ni yo me acuerdo bien qué les expliqué, siempre lo digo diferente —confesó—. Debería tener como que un speech ensayado, pero eso es super aburrido, ¿o no? ¡En fin! Que me sigo yendo por las ramas. El tema es que tenemos la opción de omakase donde desde la cocina preparamos una selección de comidas y bebidas para ustedes, pueden indicarme si prefieren cosas dulces o saladas... Si tienen alguna alergia alimenticia y demás y lo tendremos en cuenta. Tratamos de prepararles una experiencia de temporada, pero podemos modificarlo según las necesidades de los clientes.

    Al terminar, volvió a sacar los menú de debajo de su brazo y nos los presentó.

    >>La otra opción era el menú de toda la vida, tenemos diferentes bocadillos, emparedados, postres, bebidas frías y calientes y demás. Así pueden pedir lo que ustedes prefieran sin pensar si puede llegarles algo que no les guste. Y creo que se me olvidó mencionar la tercera opción, que es no consumir nada y dedicarse a mimar gatitos, en cuyo caso les podemos servir agua sin costo y solo les pedimos una donación cuando decidan irse, así sea un par de yenes. El tema es que hace un calor terrible afuera... Mimar gatitos siempre viene bien con una bebida y algo de comer, ¿no les parece?

    Ah, ya decía yo. No podía trabajar en servicio al cliente sin tener un poco de labia, ¿verdad? Igual ni hacía falta, veníamos por la experiencia completa.

    —¿Tú qué prefieres, An? —pregunté volviendo a apoyar el codo en la mesa.


    en el caso del omakase yo me encargo de las cositas que vayan a traerles, obviamente, en el caso del menú normal tú tendrías libertad creativa uvu
     
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    La acotación de la "doble A" me arrancó una risa breve que se me coló en la voz al soltar el comentario tonto que se me había ocurrido.

    —Ya podemos fundar una empresa de pilas.

    Luego nos volcamos por fin, y ahora sí, al meollo de la comida. Mientras escuchaba al chico, distraje la mano acariciando al gatito por todas partes, aprovechando que era mansito y se dejaba.

    —¡Yo vine a comer y a mimar gatitos! —Técnicamente, no me había enterado adónde íbamos hasta topar con la puerta—. Del uno al diez, ¿cuánta hambre tienes, Al? A mí siempre me pasa en verano que vengo muerta de calor y con ganas de algo frío, pero apenas entro al lugar con aire acondicionado me arrepiento. Si me tomo un licuado ¡se me pone la piel de gallina! Y creo que tengo bastante hambre. No almorcé mucho.

    Imagina poder comer con los nervios que tenía atorados en el estómago, pero detalles. Apoyé los codos en la mesa, acuné mi rostro con ambas manos y miré a Al, haciéndole ojitos en toda regla. ¿Hacía falta? Probablemente no, pero ya que estaba...

    —¿Te parece si probamos el omakase?
     
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  12.  
    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    —Yo compraría de su empresa de pilas —apañó Kairi, muy convencido de la tontería.

    No acoté nada al respecto, simplemente me permití una risa nasal y dejé que nos pusiéramos en tema con el asunto de la comida. Anna afirmó que venía a comer y mimar gatitos a pesar de que en verdad no había tenido idea de a dónde veníamos hasta hace algunos minutos, pero pues claro que a eso veníamos. Cuando me preguntó cuánta hambre tenía lo medité unos segundos.

    —Diría que siete —dije entonces, porque había comido un poco en casa y en sí los nervios del inicio de la cita y el calor no era que me hubiesen abierto el apetito. Igual lo de la piel de gallina me sacó una risa—. Estando a gusto en el aire acondicionado pinta más un té que un licuado, pero quizás podamos balancear eso.

    Al decirlo le eché un vistazo al mesero, que pareció entender mis ideas y me sonrió, tranquilo.

    —Come lo que quieras, cariño —seguí después, apoyando mi rostro en la mano—. Digo, de acuerdo al hambre que tengas. Por mí está bien el omakase.

    —Si Anna no almorzó mucho entonces lo tendremos en cuenta y claro si alguno de los dos tiene más apetito, siempre pueden solicitarnos algo extra, ¡sin problema! —dijo el colorín, sacando una libreta pequeña y un bolígrafo del bolsillo—. Traeremos bebidas, bocadillos, una suerte de plato fuerte y un postre.

    —Suena bien.

    —¿Qué preferencias tienen? Digo, en cuanto sabores y demás.

    —A mí me gustan los bocadillos salados y el resto creo que no me importa mucho. Confío en el criterio experto de nuestro mesero.

    Kairi apuntó mi escueta respuesta con fluidez y sonrió con un dejo de satisfacción antes de mirar a Anna nuevamente. Al hacerlo pareció caer en cuenta de algo y dio un pequeño respingo.

    —Traeré un bocadillo para Morgana también, ya que quedó como el primer invitado de honor de la cita. Anna, te concedo oficialmente los honores de cuidar al pequeño.
     
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  13.  
    Gigi Blanche

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    —¡Más te vale! —amenacé a Kairi, carcajeándome—. Si no eres nuestro cliente estrella me ofendo, que fuiste la mente maestra de la operación. ¡Te haremos buenos descuentos, lo prometo!

    Pobre Al si acabara metido en una empresa conmigo, tendría que encargarse de todo el trabajo pesado de planificación y estrategias de negocios mientras yo... gastaba el dinero en tonterías, probablemente. Atendí a la charla, disimulé lo que sentí al oírlo llamarme "cariño" y luego me sonreí, divertida. Sonaba a que este plan de omakase podía llegar a dejarlos secos si no tenían cuidado con los clientes.

    —Yo prefiero cosas dulces —agregué, reiniciando las caricias a Morgana—. Pero un mix me parece bien, tienes cara de traer comida muy rica.

    ¿Y la lógica de eso? Inexistente, claro. Asentí con entusiasmo al oírlo decir que también traería algo para el gatito y solté una risilla, enternecida y contenta.

    —¡Déjamelo a mí! —afirmé, subiendo una mano para hacer un saludo militar, y caí en cuenta de algo—. Ah, ya entiendo todo. Esta es la prueba de voluntariado, ¿verdad? Quieres ver si Morgana sobrevive en mis manos lo que dure la merienda. ¡Qué astuto, Kairi! ¡Muy astuto!

    Por supuesto era una broma, pero la solté con mucha seriedad. ¿Ya me consideraba amiga del mesero? Pues... sí.


    ayer mientras cenaba me sonó EN LA RADIO el altanna theme de haevn and i felt so blessed
     
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