La tontería de Tora-sama bastó para sacarle una risa baja al susodicho, fue más bien un sonido nasal, y supuse que aunque viviera siempre con esa cara de perro en bote confiaba en Sasha y ya. No era algo que fuese difícil de hacer, el carácter de la muchacha, incluso si apartábamos el motivo esencial por el que nos conocíamos, era bastante cálido. Tora era un poco como un gato feral, acababa acostumbrándose a la gente que no se iba. Cuando ella detalló la fila, yo hice lo mismo por darle un plus de efecto dramático como si los tres no hubiésemos visto ya las proporciones que tenía y suspiré, resignado, el sonido también fue algo exagerado. Después preguntó por los chocolates y me acordé de los reclamos del otro día. Tora había estado mirando a la gente en la cafetería, sin más, pero entonces posó la vista en Sasha. —Rorin no paraba de llorar porque dejaste mis chocolates con los suyos —soltó olvidándose de la privacidad y, ni idea, mis derechos civiles—. No me dejó en paz por días... —¡Tora! —reclamé escandalizado. —¿Qué? ¿No fuiste tú el que se lamentaba? —Ladeó la cabeza—. Debo estarme volviendo loco. Ese chiste era muy de nicho, técnicamente calificaba como loco. —¡Mejor cállate! —dije y le tapé la boca con una mano, luego miré a Sasha, sonriéndole—. Estaban riquísimos, muchas gracias. De milagro pude terminar la frase, porque lo que sentí en la palma de la mano me hizo quitarla del rostro de Sakai y mirarlo absolutamente asqueado. ¿Acababa de babearme la mano? ¡Era un cavernícola! Me limpié en el pantalón, él se limpió la boca en la manga y habló de nuevo, su agradecimiento fue sincero. —A mí también me gustaron. Gracias por regalarme algo a mí también. —¿Recibiste muchos regalos, Sash~? —dije más que todo por picarla un poco.
Había asumido que la respuesta provendría de Rowan, por lo que al escuchar a Tora viré el torso en su dirección, alzando levemente las cejas en señal de atención. Me carcajeé apenas y no tuve tiempo de intervenir, pues Rowan se quejó y allí se enredaron. Abrí la boca para responder al agradecimiento y, sorpresa, tampoco pude. El puro horror del chico me arrancó una risa directa del pecho y seguí disfrutando la escenita mientras cada quien se secaba su respectiva parte del cuerpo... babeada. Era adorable verlos, como dos hermanos peleándose. —Lamento no haber hecho una caja para cada uno, las cantidades iban un poco comprometidas y de todos modos me hacía gracia darles una compartida. You know, since you're always together. —Miré a Tora—. ¡Y claro que a ti también! Por si aún no se enteraron, ya son mis niños y no acepto quejas ni devoluciones. Asentí, muy convencida, y me contuve de jalarles la mejilla sólo porque no estaba segura de que fuera a hacerles gracia; bueno, a Tora. La pregunta de Rowan suavizó mi sonrisa y me encogí de hombros, exagerando la indiferencia al quitarme el cabello del hombro. —A few —bromeé, volviendo a reír y regresando al tono de voz usual casi al instante—. Mis amigos me regalaron, sí, así que estoy super contenta... y un poquito pasada de peso, ¡justo a las puertas del verano! Can you believe it? ¿Por qué creen que San Valentín es en invierno? ¡Porque la ropa disimula todo! Buscaré al creador de la White Week y lo obligaré a pagarme el gimnasio. Nos movimos lo que la fila avanzó, o sea, dos pasos, y alterné la mirada entre ellos con una sonrisilla. —¿Y ustedes~?
Si Rowan pensaba que iba a desaprovechar la oportunidad de dejar sus dramas infantiles en evidencia frente a la chica guapa estaba muy equivocado, siquiera lo pensé antes de abrir la boca y eso resultó en una nueva serie de quejas. El imbécil me tapó la boca y como a mí me daba igual todo, le estampé la lengua en la palma de la mano, su horror puso a reír a Sasha y él se limpió la mano totalmente asqueado. El argumento de la chica de poner ambos regalos juntos era lógico, pero Ro era un poco egoísta a veces y suponía que una parte de sí de verdad habría querido un regalo solo para él, incluso si la cantidad de bombones era la misma. A veces me sorprendía un poco lo quejumbroso que era con tonterías cuando ni siquiera era hijo único, pero ni modo. Igual, quejas o no, sabía que el regalo de Sasha había sido de las pocas cosas que lo había sacado del mindset de "encontremos al que apaleó a Brennan y dejémoslo peor", no decía que no hubiese que hacerlo, sino que... Quizás no era bueno para él dejarse consumir tanto. Cuando llegara el momento, yo me encargaría de eso. —¿Estaba en adopción y no lo sabía? No era la primera vez, curiosamente. —Aunque puedes devolver al adoptado si ya no te gusta —soltó Rowan, mirándome. —¿Por qué me devolvería? —repliqué, serio—. Yo no me quejo, no como otros que conozco. Claro que me dejó hablando solo y le preguntó a Sasha por los regalos que había recibido, porque chismoso sí que era. La escuchó con atención y claramente entretenido con la indiferencia impostada de su respuesta, aunque como era un poco cabrón también, cuando la chica mencionó lo del peso él la repasó con la vista. —Yo no veo nada fuera de lugar —soltó con una sonrisa pegada en la cara—. Yo diría que acusemos al del la White Week más porque los chocolates se nos iban a derretir... Nos regresó la pregunta, pero creía que en mi caso se respondía sola y me encogí de hombros, sin más. Rowan asintió, contento, y me acordé del regalo de la chiquilla, Luna. Otra distracción para el asunto de Brennan. —La amiga de primero que mencioné la otra vez, Bea, me regaló chocolates. Estaban muy ricos también. —Echó un nuevo vistazo a la fila y regresó a la pelirroja—. ¿Qué vienes a comprar? ¡Yo invito!
—No puedo devolver ni a Tora-sama ni a mi compañero de negocios —repliqué, riéndome entretenida—, ¡ambas serían una gran ofensa! Una al orden celestial y la otra al orden... capitalista. Rowan había decidido tomarse la broma con un poquito más de seriedad. Advertí el recorrido visual que hizo y esperé a recibir sus ojos de vuelta, sin preocuparme en disimular nada concreto. Me gustaba cierta atención en general, y ahora, con el tiempo que llevaba en la banca, digamos que la disfrutaba aún más. Acepté el cumplido con una sonrisa pegada al rostro y su comentario me arrancó una risa nasal. —También. Por donde lo mires es mala idea hacer estas cosas en verano, but oh well. Al menos tuve una excusa para preparar bombones, que me divierte mucho. Tal vez este finde haga más... —Solté el pensamiento al aire y junté las palmas frente a mi pecho, dando un respingo repentino—. ¡Oh! Para que me envidien un poco: me dieron el finde libre. Rowie habló de los chocolates que una niña de primero le había regalado y luego agité la mano, restándole importancia a la necesidad de su oferta. —Nah, no te preocupes, sólo venía a buscar un agua fresca. Y hablando de trabajo... ¿Estábamos hablando de trabajo? Pues no, pero ya que estaba. Me acerqué un poco a ambos y bajé la voz, aún manteniendo un tono casual. —We may resume our duties —anuncié, mirando a Rowan.
Tora asintió casi con aire solemne ante lo de que devolverlo sería una ofensa al orden celestial y yo alcé una ceja, cuestionándolo en silencio, aunque de todas formas lo de la ofensa al orden capitalista me sacó una risa. Ya verías tú cuál sería más importante al final del día, cuando hubiera que pagar cuentas y pedirle la comida a Hinata una noche más. En fin, que me tomé la liberta de repasarla con la vista dado que ella había sacado el tema, solté al cumplido y luego la queja pública por el tema de organización del evento. Igual que dijera que preparar bombones la divertía me hizo sonreír, pues volvía a lo mismo de su personalidad cálida, aunque me distraje un poco de eso al oírla decir que el fin de semana haría más. Fue después de eso que nos dio la noticia foco de envidia. —Ya podrías darme libre un finde —acusó Tora, picándome el brazo con el índice. —Ya podría darme a mí mismo un finde libre —repliqué junto a un suspiro algo extenso antes de volver a Sasha—. ¿Ya hiciste más planes fuera de los posibles bombones? ¡Hay que aprovechar este evento paranormal! Al final resultó que venía por agua y me encogí de hombros, dejando el asunto estar. Nos quebramos hacia el trabajo aunque lo único que habíamos dicho era, de hecho, que no trabajaría, y entonces ambos pescamos la señal de poner atención. Lo que nos dijo finalmente me estiró una sonrisa satisfecha en el rostro. —Fucking finally —dije en voz baja—. Me iban a crecer hongos. —Eres un exagerado. —Me reprendió Tora en un susurro—. Aunque es cierto que te viene bien. Es mejor que te ocupes, digo, más de lo que ya te ocupas por pura diversión. Le dediqué una sonrisa un poco resignada y le hablé a Sasha. —Estoy a sus órdenes, estimadísima socia.
—Mucho trabajo los va a estresar, niños, dense un finde libre —acoté, como si tuviera la menor idea de su negocio, y la pregunta de Rowan estiró una sonrisa tan grande en mis labios que acabó acompañada de una risilla—. ¡Sí! Tengo en mente un montón de cosas, hoy estuve armando el itinerario en clase. Estaba pensando en llevar al parque a los niños, o incluso podría ser un parque de diversiones, también salir a tomar un helado, visitar alguna feria, ir al acuario... De repente abrí un poco más grandes los ojos y me frené. Ah, cielos, debía sonar como una anciana. —También había pensado comprarme algo de ropa —agregué, disimulando la vergüenza. Eso sí sonaba a algo que haría una chica de mi edad... ¿cierto? Los muchachos captaron mi intención y la primera reacción de Rowan me hizo sonreír de forma ligeramente diferente. Atendí al intercambio y avanzamos en la fila. —De momento puedes reanudar sin más el prototipo en el que habías estado trabajando. ¿Te gustaría que te consiga algún otro modelo? Y para compensar el tiempo perdido... se me había ocurrido una idea. —Me mantuve atenta a los alrededores con el debido disimulo—. Las primeras semanas podríamos simplemente reemplazar las joyas de los accesorios originales por piedras falsas. Eso sería más sencillo y tomaría menos trabajo, ¿no? Y con el dinero de las piedras reales financiaríamos los materiales de las réplicas. O incluso... Sonreí. —Podríamos saltarnos el paso de las réplicas y vender tus modelos originales. I'm sure they gorgeous.
No acoté nada a lo de darnos libres, mis libres eran siempre involuntarios y hospitalarios, al menos una mayoría, así prefería ocuparme. Además, en el bar hablaba con los chicos, podía estar atendo a Hinata y demás. Quizás Tora sí se merecía un descanso, así que podía considerarlo. Que se quedara en casa, que saliera o hiciera lo que quisiera, ya me lo pensaría. Le pregunté a la chica por sus planes que incluían a los niños, sus hermanos, y sonreí sin ser consciente de ello. Siquiera se me ocurrió juzgar ninguno de ellos o si eran o no lo que esperaba uno oír de una muchacha de su edad; luego sumó lo de la ropa y el contraste me quiso hacer reír, pero me contuve para no ofenderla. Era su tiempo, ¿no? Y si trabajaba como lo hacía... Entendía que quisiera pasar tiempo con su familia. —El acuario es de mis lugares favoritos —comenté un poco al aire—. Si me preguntas, a veces prefiero estar en el acuario que comprarme ropa. —Y eso es mucho decir —apañó Tora detrás de mis palabras—, el cabrón es un poco vanidoso. Me encogí de hombros y no busqué defenderme, de manera que pasamos al asunto del trabajo. Ella me dijo que podía continuar el prototipo, pero ya estaba listo de puro trabajar en las noches, como el diseño era un bucle había podido continuar el patrón incluso luego de regresarle el objeto. En sí faltaba cerrar el brazalete nada más, la soldadura final quería decir. El punto era que estaría bien tener otro modelo para ir empezando la nueva tarea, sobre lo otro... Reemplazar incrustaciones de joyería de esa categoría era un poco tricky, las soldaduras iban a costarme trabajo, pero además de eso necesitaba algo que fuese barato, pero convincente para reemplazarlo. ¿No era trabajo de Shimizu lo de buscar proveedores decentes de materias primas? ¿Acaso andaba durmiendo en los laureles? Bateé el pensamiento de inmediato, al recordar lo de su viejo, y la forma en que lo había visto a punto de echar humo en la ventana del pasillo. Si no nos había dicho nada era porque no había logrado concretar algo que fuese seguro, eso era lo que quería pensar. —Es un poco tedioso igualmente, pero rentable —confirmé—. Nunca descarto vender originales, es la meta final incluso. El tema es que siempre producirá más dinero una réplica que un original mío, no tengo un nombre que me respalde todavía y aunque mi madre ha sido una gran maestra joyera, no fue finalmente el foco de su carrera como para escudarme detrás de su legado o algo así. Venderlos tomaría más tiempo, incluso engatusando viejos coleccionistas, así que tendremos que apegarnos a la primera versión del negocio un tiempo o combinar ambas cosas.
—You got a good style, Rowie~? —lo molesté, y me reí—. I need proof! Show me some pics. Había tomado nota mental de su preferencia por el acuario, quizá el plan se elevara a la cabeza de las prioridades. Además, era un lugar que Danny seguramente disfrutaría mucho más. Sin mayores dilaciones cambiamos de tema, aunque sí me dio un poco de pena ver que la conversación moría ahí. Últimamente no tenía nada de suerte con los muchachos, ¿eh? ¿Alguna de mis acciones habría ofendido a mis antepasados? Oh, well. —Sure —accedí sin complicaciones al plan de Rowan, sonriéndole—. Tú eres el experto, tú decides. Yo sólo hago brainstorm. Acompañé la broma de una risa floja y les señalé el frente, puesto que ya le tocaba a ellos para comprar. Les habría preguntado qué sería, pero ya lo vería con mis propios ojos. —Entonces te lo dejo a ti y si llegas a necesitar cualquier cosa me avisas. Las joyas están empezando a circular finalmente, así que no tendré problema en conseguirte nuevos modelos de lo que te apetezca.
Llegué a preguntarme si este par de pelirrojos debían estar hablando de esto aquí, en la putísima fila de la cafetería, y de pronto recordé que eran los mismos salidos que habían elegido entrevistar al sargento del Metropolitana así que dudaba que pensaran mucho nada o, en su defecto, les gustaba ponerle adrenalina innecesaria a sus vidas. Aún así estuve mirando aquí y allá a nuestros alrededores, algo incómodo con la idea de ser oídos. —Proof? —rebotó Ikari y creí ver que su sonrisa se torcía ligeramente—. Oh, dear. ¿Cómo podría yo enseñarte fotos sin que tú me enseñes algunas? Lo miré de reojo, respiré con cierta pesadez y no dije nada. Ella dijo que él decidía, de forma que lo oí hacer un sonido afirmativo. Era cierto que vender originales costaría, así que de momento sería mejor apegarse al negocio como se había planteado inicialmente, al menos para que consiguieran un colchón del que ir sacando dinero. De pronto nos tocaba a nosotros en la fila y como Rowan estaba en media conversación, nos pedí dos bentos y las botellas de agua, incluida la de Sasha pues por lo mismo, era solo un agua y no estaba pegada al cielo. Le alcancé su comida a mi amigo y una de las botellas a Sasha, para así por fin tomar mis propias cosas y hacernos a un lado. —Para trabajar una réplica en sí me gustaría un collar —lo oí decirle en voz baja y supuse que era eso, un mero capricho de trabajar en un tipo específico de joyería—. Para reemplazar piedras puedes traerme lo que gustes y yo hago los malabares necesarios.
Podía parecer una tontería, pero lo cierto era que el recordatorio de Kakeru consiguió sacarme una sonrisa animada. A veces se me olvidaba porque era algo que no había experimentado, pero a Kou no parecían gustarle mucho las personas en general, ¡así que definitivamente éramos unos afortunados! ¿Acaso no debería estar más orgullosa del poder que mis ojitos albergaban? ¡Ya lo creía que sí! —Yo digo que deberíamos aprovecharnos más de él por eso —comenté, en un evidente tono de broma, y sentí como mi tono de voz se hacía incluso más liviano después de abrazarle, haciendo que mi sonrisa se suavizase tras su comentario—. Es su culpa por andar provocándonos —sentencié, con la más absoluta convicción al respecto. Permití que moviera mis manos sin poner ninguna resistencia y mantuve su mirada en lo que me las apretaba, hasta que escuché su propuesta de ir a tomar algo dulce y pude notar como los ojos se me iluminaban. ¿O había dicho algo rico? ¡Pero solo un dulce podía ser algo rico, claro! Me puse en pie de un salto, prácticamente, y tuve que hacer un esfuerzo enorme por no tirar de Kakeru antes de que el pobre pudiera ponerse los zapatos; cuando por fin lo hizo, me enganché de su brazo para emprender la marcha hacia la tan preciada cafetería. >>Oh, pues... ¡a ver! Primero voy a ir un fin de semana a Kioto, para ver a Thi actuar, y luego me quedaré una semana en Cerdeña con mis padres. Normalmente nos quedamos más, pero este año están bastante ocupados con el trabajo, así que... ¡ah! Pero estaba pensando en aprovechar esos días para ir a Los Ángeles, que además coincidiría con un concierto al que quiero ir. El resto de días me quedaré aquí, jugando videojuegos~ —enumeré, a medida que íbamos acercando al interior de la academia—. ¿Y tú? ¿Tienes algún plan emocionante?
—Pero ¿y de qué querrías fotos? —me carcajeé, genuinamente divertida—. Sí sabes que en casa me la paso de sweatpants y camiseta, ¿no? Y si salgo a hacer las compras sólo lo cambio a un jean, and then... and then that's it. —Lo miré, adelantándome a la posible brecha en mi argumento—. Y en el trabajo no me hago fotos. No regularmente, al menos. Al principio sí había sacado un par con el entusiasmo de la novedad, pero entre una cosa y la otra me había desencantado a la velocidad de la luz; por el mismo motivo no me apetecía mostrárselas, más allá de que me gustara mi aspecto en ellas. En resumen, era menos problemático condensar el dilema entero en un "no me hago fotos". Mientras pulíamos los últimos detalles de la misión "Retomar el negocio", noté que Tora se ocupaba de hacer los pedidos. Asentí hacia Rowan y sonreí. —Thanks, baby —le dije a Sakai, recibiendo la botella de agua, y regresé a Ikari conforme nos movíamos de la fila—. ¿Collares? Got it. No bien pueda te mando foto de las opciones y tú eliges uno, ¿qué te parece? Prefiero que trabajes en algo de tu elección, imagino que te la pasarás mejor. Entonces volví a Tora. —¿Cuánto te debo? —Lo que estás proponiendo, Ri, es una misión peligrosa —resalté, y me reí—. Estoy adentro. Nada mejor que una quest arriesgada para ponerle chispa a la vida, ¿no? Mi propuesta tardó cero segundos en entusiasmarla y la miré desde abajo con una sonrisa impresa en los labios. Me alegraba verla mejor. Su chute de energía me coló una risa en la voz e intenté apresurarme saliendo del agua y todo lo demás, aunque no me concedí demasiado tiempo para que se me secaran los pies y el contacto con los calcetines fue... fue bastante desagradable. Ni modo, las consecuencias de mis propias decisiones. Además, era mi culpa por sucumbir a la presión social. Apenas estuve en pie, Ri se enganchó a mi brazo y tomamos el camino externo hacia la cafetería aprovechando el buen clima. El breve paso por el patio norte nos acercó el sonido dulce y metálico de cierto instrumento que creí reconocer e identifiqué la espalda de Ilana, ligeramente encorvada sobre... No la detallé tal cual, sólo hice dos más dos y entonces ingresamos a la cafetería, dejando atrás la luz del sol. Ajusté mi vista y atendí a los planes vacacionales de Riamu. ¿Kioto? ¿Cerdeña? ¿Los Ángeles? ¿Dónde quedaba Cerdeña, para empezar? —A veces me olvido que voy a una escuela de ricos —bromeé—. ¿Qué concierto es? Yo... ¿un helado cuenta como plan emocionante? Claro que no. Mientras nos ubicábamos en la fila (relativamente corta, por suerte), se me ocurrió que quizás estuviese en posición de pedirle consejo. —Oye, Ri... Si tuvieras un obsequio para alguien y descubrieras que la persona ya consiguió exactamente lo que pensabas regalarle, ¿qué harías? ¿Se lo darías igual?
—Oh dear Lord! —exclamó Rowan, entre divertido e indignado—. ¿Y qué tienen que ver los sweatpants o los jeans con la belleza natural de una mujer? Más allá de que tuviera facilidad para comerle la oreja a la gente, yo mismo sabía que su comentario era real de aquí al otro lado del mar. De la misma forma, sabía que no iría a rascarle fotos a la chica si ella simplemente declinaba, no era ese tipo de persona. Claro que intentó aprovechar la suerte de bug, pero también era cierto que la contestación de ella le había hecho gracia. Me ocupé de los pedidos, los entregué y asentí ante el agradecimiento de Sasha. Ellos volvieron al tema de las joyas y yo seguía paranoico por estar en un espacio que era casi igual de público que el cruce de Shibuya. —Me parece maravilloso —apañó él—. No hay nada como un trabajador contento, right? Cuando me preguntó cuánto me debía fruncí el ceño un poco confundido. —¿Nada? —reboté, extrañado—. Es una botella de agua, no me haré más rico ni más pobre por ella. Además somos amigos o algo así, creo. Escuché a Rowan reírse por lo bajo y luego pareció unir neuronas. —Pero si al final vas al acuario, al menos envíame fotos de los peces. ¡Fotos de algo! De inspiración para tu artista favorito... ¿Y desde cuándo se autoproclamaba su artista favorito? Este hombre era un idiota, de verdad.
Que Kakeru estuviera tan dispuesto a aprovecharse del punto débil de Kouchii me hizo un montón de gracia, por lo que no tuve más remedio que sonreír con diversión en lo que asentía un par de veces con la cabeza, animada. Observé al detalle los movimientos del chico, sin ser capaz de esconder la ligera impaciencia de mi rostro, y no pasó mucho hasta que estuve arrastrándolo en dirección a la cafetería. Mientras avanzábamos por el patio, sin embargo, me percaté de la presencia de Yuta en medio de un grupo de chicas y fruncí el ceño, antes de tironear del brazo de Kakeru para llamar su atención. —Ese de ahí es el tonto de Yutarín —le dije al oído en voz bajita, compartiendo la información de la manera más confidencial posible, y justo después retomé el tema de las vacaciones como si nada, aunque su posterior comentario me hizo mirarlo con algo de vergüenza—. Oh, lo siento, no quería... bueno, ¿sabes? El viaje a Italia va a ser muy aburrido, de hecho, preferiría ir a tomarme un helado contigo... ¡oh! ¿Quizás podríamos? Puedes decirme que no, claro, pero... ¿te gustaría quedar conmigo algún día que esté aquí? ¡Ah! El concierto es de Olivia Rodrigo, por cierto. ¿Te suena? Liberé el brazo del muchacho cuando alcanzamos la fila, aprovechando que no había mucha gente en la misma para echar el cuerpo hacia delante y cotillear qué postres se habían quedado disponibles. Fue cuando volví a mi sitio que escuché de nuevo la voz de Kakeru, lo que me hizo girar el cuerpo en su dirección para prestarle toda mi atención. >>Uhm... interesante pregunta —reflexioné, llevándome una mano a la barbilla—. Yo creo que se lo daría aun así. Sería una pena que esa persona no supiese que le he comprado un regalo, y no es tanto por el objeto en sí, ¿eh? Es para que sepa que has pensado en ella y así. ¡Además! Puede simplemente guardarlo como recuerdo, ¿no? A mí me haría mucha ilusión que me regalasen algo, incluso si ya lo tengo, y cien por cien lo guardaría con mucho cariño. ¿A quién le quieres regalar algo, Keru-chan~? —cuestioné con una sonrisa pícara, levantando la mano para picarle la mejilla con el dedo índice.
—Si de belleza natural hablamos, entonces el uniforme escolar tampoco importa, ¿no? Abrí los brazos al replicar y los dejé caer de regreso. No era una discusión real, claro, sólo mi manía competitiva y de alimentar el intercambio con lo que tuviera a mano. La resolución de Rowan sobre los trabajadores contentos me ensanchó la sonrisa y arrugué el ceño, lista para debatirle a Tora mi deber de pagarle la botella de agua, cuando la palabra "amigos" salió de su boca. Parpadeé, sorprendida, y mi cuerpo se embargó con una mezcla de ternura y alegría... y una pizquita de diversión. —¡Claro que somos amigos! Yo no hago negocios con no-amigos —argumenté, como si tuviera algún sentido, y me tomé, ahora sí, el atrevimiento de engancharme al brazo de ambos—. Tora-sama ha dicho que somos amigos, Rowie, can you pinch me? I might die of happiness. Mientras hablaba nos empecé a dirigir hacia la salida de la cafetería. Rowan pidió fotos del acuario y solté una risilla, reflotando la idea que había tenido antes. Suponía que ahora sí podía decirla. —Mira, podemos subir a nuestra clase a comer y mientras tanto nos mostramos fotos vergonzosas, ¿qué te parece? Y si voy al acuario, lo prometo, le saco fotos a los peces. ¡Odiaría decepcionar a mi artista favorito! Contenido oculto Por acá voy cerrando. Gracias por la interacción, tuvo bonita uwu En lo que recorríamos el patio, Riamu llamó mi atención y me indicó un grupo de estudiantes entre los cuales se encontraba Ilana. Reparé en ella, en la kalimba, y ya de paso en el único muchacho que podía ser el famoso "Yutarín". Si le caía tan mal, ¿por qué le llamaba por un apodo tan... simpático? Uno le diría así como a su amigo de la infancia, ¿no? Intenté contrastar nociones, entre la imagen despreocupada que daba aquí, con su uniforme de preparatoria, y la idea de que su aparición en el club de los Lobos hubiese sido motivo suficiente para que Kou interrumpiera su cita con Riamu. ¿Quién era? ¿Sería de Shibuya? ¿Por qué su existencia no me sonaba ni remotamente? Recordé, también, la escenita entre Ilana y Shimizu en la piscina. Tal parecía que, aún sin pretenderlo, la peste seguía mordiéndome los talones hiciera lo que hiciera. —Tiene cara de tonto —afirmé por la gracia, adecuándome a su volumen, y después solté una risa fresca; su reacción me dio ternura—. Ya decía yo que un viaje a la toscana italiana sería aburridísimo, sí. Mi sonrisa delataba que sólo bromeaba con ella, de todos modos, y ésta se suavizó al recibir su oferta. Asentí, pestañeando despacio. —Claro que podemos, cuando tú quieras. Probablemente me quede en Tokio casi todo el verano. Y... sí. —Me desinflé los pulmones—. No la he oído pero sí la conozco. Es una artista bastante popular, ¿no? Nunca fui a un concierto tan grande. ¿Tú sí, Ri? Recordaba a Anna mencionándola aquí y allá, incluso mostrándome algún video; había llegado a pensar que el estilo le sentaba. Nos colocamos en la fila y yo conservé mi posición mientras Riamu husmeaba los postres, aguardando a que finalizase para soltarle mi dilema del día. Imaginaba cuál sería la respuesta, la verdad, pues en sí era consciente de que sólo había una alternativa correcta. Sólo... Tenía la esperanza de que me ayudara a convencerme o a sentirme menos ridículo. Claro que también aprovechó para buscar cotilleo. Una sonrisa danzó en mis labios y la dejé picarme la mejilla como le diera la gana. —Una compañera me había mencionado que le gustaba un instrumento, y el otro día vi uno que no era caro y... lo compré, sin más. —Me encogí de hombros—. Planeaba dárselo mañana, pero justo hoy descubrí que ya se hizo de uno. Increíble mi suerte, ¿no crees? Ve acostumbrándote si quieres ser mi amiga, Ri, porque estas cosas me ocurren todo el tiempo. Ya nos tocaba a nosotros. La mandé a que eligiera su postre mientras yo me dirigía a la caja y, ya que estaba, pedí también un par de bebidas. Podríamos disfrutar el solcito sin deshidratarnos (o atorarnos con la comida) hasta que la campana sonara. Contenido oculto por acá cierro, bebi. Gracias por la interacciónnnn estuvo preciosa y los quiero muchito
—¡Pues no, pero te vemos cada día en uniforme! Por eso se llama así, ¡uniforme! —replicó él habiendo ya perdido el hilo inicial del asunto. Me pregunté de repente si no serían hermanos lejanos o algo, porque a veces parecían igual de tontos o simplemente se ponían a discutir por tonterías cuyas especifidades no le importaban a nadie más que a ellos en un "yo gano" sin fin. Lo dejé con su tontería hasta que pasó lo de la botella y estaba preparando una respuesta por si ella decía algo, pero en su lugar la reacción que tuvo me hizo algo más consciente de lo que dije y de pronto sentí a Rowan picarme las costillas y al encontrar su rostro, le noté la diversión en toda la cara. No dijo nada, ella nos tomó de los brazos y aunque no puse resistencia, sí que suspiré con resignación. —¿Será que nos moriremos hoy? —dijo Rowan para sumarle a la estupidez—. ¡Quizás ya estamos muertos, Sasha, por eso tienes un finde libre! Tora, ¿estamos muertos? —No. —¿Y sí somos amigos? —Sí, grandísimo idiota —respondí sin molestia real. Nos dejamos llevar por ella, que contestó lo de las fotos del acuario con otra idea tonta que puso a Rowan a reírse. Sí, bueno, al menos esta chica había logrado con honores distraerlo, ¿cierto? No iría a quejarme. De pronto estábamos metidos en un intercambio de fotos vergonzosas al que Ro, para variar, accedió como si fuese la cosa más divertida que se le habría ocurrido a nadie nunca. —Go go go! Tenemos un almuerzo que inhalar y fotos que ver —soltó poniéndonos prisa—. Ya lo verás, puede que mi siguiente obra maestra salga de la foto de un pez. Contenido oculto Por acá cierro as well uwu no planeaba que me saliera un circo, pero fue un circo en medio del negocio JAJAJ i had fun so thank uuu
Su nueva confirmación sobre lo tonto que era Yuta me renovó la sonrisa satisfecha, aunque no pasó mucho hasta que tuve que acentuar el puchero de mis labios. No lo decía por decir, la verdad era que viajar con mis padres acababa siendo más un decepción que otra cosa, pero... bueno, al menos las playas eran bonitas. No le vi mucho sentido a entrar en esos detalles con Kakeru, quien de por sí era obvio que solo pretendía bromear conmigo, y en su lugar preferí centrarme en el hecho de que aceptó vernos durante el verano, lo que me hizo volver a la sonrisa animada de antes. —Sí, es bastante conocida —acordé, asintiendo un par de veces con expresión de conocimiento—. ¡Síp! ¡Me gusta mucho ir a conciertos! He ido a unos cuantos, tanto pequeños como grandes. Mis padres trabajan en entretenimiento, ¿sabes? Así que suelen recibir entradas cuando son aquí en Japón y, claro, al final las aprovecho yo. ¡Es muy divertido! Si alguna vez te apetece ir a alguno, me lo puedes decir y yo te consigo entradas, ¿vale? Después de eso, escuché la explicación que me dio sobre el regalo con toda la atención del mundo, incluso llevándome las manos a las mejillas cuando mencionó que se trataba de una compañera. ¿Una simple compañera a la que le andaba comprando instrumentos? ¡Sí, claro! ¿A quién pretendía engañar? Aun así, esperé a que terminara de hablar para intervenir, dejando primero salir una risilla ligera ante su comentario final. >>¡No sufras, querido Keru-chan! Mi buena suerte contrarrestará tu mala suerte, ¡y me voy a asegurar de que se te pegue un poco! —sentencié con la más absoluta convicción del mundo—. Por otro lado, definitivamente tienes que entregarle el regalo. ¡No puedes desaprovechar el ganar puntos con esta chica! Y, de todos modos, ¿qué vas a hacer con un instrumento que no sabes tocar si no se lo das? Contenido oculto gracias a ti por dejar que le cayese a nuestro pisces boy uwu it was adorable and i love them very much, indeed <3
Su réplica fue instantánea y yo en mi eterna ignorancia a gran parte de lo que me rodeaba, volví a reírme por lo bajo. El gesto no cargó culpa ni gracia real, fue más bien una incredulidad repentina y de forma casi tan inmediata como su respuesta, yo negué con la cabeza. Morir era ridículamente sencillo, el trabajo de papá, los funerales de policías y las personas, culpables o inocentes, me lo habían enseñado. —¿Morir? Sí. ¿Matar a otro con planificación? No tanto, requiere más tiempo y recursos que la meta final —apunté balanceando la bolsa en mi mano—, pero de todas formas sabes que no planeo, no sé, secuestrarte y lanzarte en un agujero... Aunque ya que lo digo, si fuese el caso, no pusiste una pizca de resistencia. No sé si sorprenderme o sentirme halagada. El quiebre en la conversación fue algo extraño, puede que hasta un poco ominoso, pero tampoco le di la importancia que quizás ameritaba y volví sobre los reptilianos. Él por supuesto que se acopló a mi tontería y pronto estuvimos cuchicheando, como si de verdad la profesora fuese a escucharnos y entonces los desaparecidos seríamos los dos, por locos conspiranoicos. Entre todo, mi fallo neuronal típico del pobre cerebro bilingüe con todos los cables cruzados lo hizo mirarme y al recibir su rostro, además de sus palabras de aliento que sin duda tuvieron alguna intención de molestarme, arrugué las cejas y fruncí los labios. Mi pobre cerebro quiso echar humo por un momento, pero logré recordar las palabras que necesitaba y así pudimos continuar. Su pregunta fue de lo más válida y como yo no tenía un máster en reptilianos, me encogí de hombros. —¡No sé! —confesé casi encima de sus palabras. La mención a los Malfoy me sacó una risa y usé el codo para darle un golpe sin fuerza en el costado. Después dijo lo de los pigmentos estos, los que cambiaban de color con la temperatura, y me llevé una mano al mentón, pensativa. Podía ser, ¿pero cómo replicábamos las uñas y el pelo de las Barbie en manos de gente de verdad? Además, ¿no debería tener un color más o menos constante? Si no tenía fiebre o un aire acondicionado directo en las manos, en teoría el color no debía fluctuar de manera evidente. Hasta con los esmaltes de uñas tenían que usar agua caliente o con hielo para que cambiara. —¡Mejor culpemos de todo a los Malfoy, ya no tengo idea! También está el maquillaje que cambiar de color por el pH o los pigmentos que deforman la luz, ¿qué diablos habrá estado haciendo? No, ¿sabes qué? ¡Mejor no saberlo, luego me desaparece sea reptiliana o no! Cuando estuvimos abajo y se detuvo, entendí que ahora sí era mi momento de brillar (secuestrarlo). Lo de las preferencias homicidas me hizo reír otra vez, pero no dije nada y comencé a guiarlo hasta que alcanzamos la cafetería y así, la salida al patio norte. Allí me detuve con cuidado de no estorbarle a nadie y como si la cosa fuese parte del ritual, me adelanté a él y busqué sus ojos para sonreírle. —El lugar a donde vamos es una pequeña sorpresa y tú que tienes el hábito de dejar regalos sin siquiera ponerles tu nombre, imagino que entiendes que hay algo agradable en poder sorprender a los otros. Quizás no te guste tanto como a mí, pero este será mi regalo para ti, quiero compartirlo contigo —dije con suavidad y estiré mi mano en su dirección, ofreciéndosela—. Puedes seguirme con tus propios ojos o, si confías en mí, dejarme llevarte. No te caerás, te lo prometo. Contenido oculto mente de tiburón, i don't mind más bien gracias JAJAJA porque aquí iba a tener que hacer pausa para que tuviera sentido narrativo (?
—Hmm, tienes razón. Asesinar es más difícil que morir. Por eso los mejores asesinatos son los que más se acercan a una muerte accidental, ¿no crees? O los más sencillos, al menos. —Mi fuente eran los documentales y pelis de suspenso, claro, y al oír de mi resistencia mi sonrisa se amplió—. Si planearas arrojarme a un agujero probablemente no me enteraría hasta estar cayendo, así que puedes tomarlo como un cumplido. La precaución se la dejaba a la calle y a mis trabajos con Frank, y desde esa perspectiva no me interesaba guardar cautela de la chica de preparatoria pija. Sonaba directamente absurdo, tan absurdo como la charla sobre reptilianos. Recibí su codazo con un "auch" actuado y alcé las cejas, sorprendido. ¿También había maquillaje que reaccionaba a... al pH de la piel? —Los científicos a veces me asombran y me asustan a partes iguales —comenté, riéndome, y abrí los ojos de repente—. Ah, tu mamá entraba en la categoría, ¿no? ¿Sabes qué hace dentro del laboratorio? ¿Alguna vez te lo preguntaste? ¡Mira si convierte a la gente en reptilianos y lo de Draco es una tapadera! Primero pensé que compraríamos algo en la cafetería, pero Ilana pasó la fila de largo y nos detuvimos frente a la puerta que nos escupía al patio. ¿Por qué nos deteníamos, para empezar? Percibí una intención diferente en sus movimientos, como si estuviera a punto de confiarme la receta de la Coca Cola, y le presté atención con una leve sonrisa danzando en mis labios. Quise decirle que mi primer regalo anónimo había sido accidental y el segundo por mero bochorno, pero me intrigaba más adónde pretendía ir con todo esto. ¿Un lugar que era una sorpresa? ¿Un obsequio, incluso? ¿Qué rincón de esta Academia podía significar eso? —Ahora sí empiezo a temer por mi vida... —bromeé, alzando el brazo. Alcancé su mano y la envolví despacio, y recién entonces solté una risa mientras cerraba los ojos. Siempre había sido un niño bien aprendido, ¿no? —¿Segura que el reptiliano no eres tú?