Aula 3-1

Tema en 'Tercera planta' iniciado por Yugen, 9 Abril 2020.

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    quem

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    La campana sonó y, para mi sorpresa, apenas me inmuté. El ruido pasó casi desapercibido entre el torbellino de pensamientos que ocupaban mi mente. No presté atención a lo que ocurría a mi alrededor; estaba demasiado absorta en todo lo que había sucedido en mi vida durante esos últimos días. Y, aunque intentara negarlo, gran parte de ese caos tenía que ver con Enzo… y con esas chicas.

    Él, tan cobarde como siempre, aún no había sido capaz de decirles la verdad: que los responsables de todo lo ocurrido en aquel accidente habían sido miembros de su propia familia. Yo sabía perfectamente que ellas no reaccionarían bien al enterarse, pero también tenía claro que era necesario que lo supieran cuanto antes dejar que lo descubrieran por su cuenta solo haría que todo fuera mucho peor. Y ese desenlace parecía inevitable si Enzo seguía guardando silencio.

    Las vacaciones estaban cada vez más cerca, y con ellas mi viaje a Alemania. Tenía que atender ciertos asuntos con mi papá relacionados con unas gemas que querían que diseñara la idea me emocionaba más de lo que estaba dispuesta a admitir; diseñar joyas era algo que realmente me apasionaba. Sin embargo, había un detalle que no terminaba de convencerme: mi padre nunca me dijo para quiénes serían esos diseños yo no trabajaba con personas que no conociera del todo, así que me tomé el atrevimiento de pedirle a Jean que investigara por mí.

    Pero Jean aún no tenía ninguna información.

    Todo era un completo caos.

    Suspire con pesadez mientras recogía lo poco que tenía sobre la mesa y lo guardaba con movimientos lentos, casi automáticos. Tomé una botella de agua y bebí un sorbo largo; no tenía ánimo de salir. Jean había salido a comprar no sé qué cosa y dijo que me traería algo de comer. Se lo agradecí sinceramente, porque la sola idea de caminar hasta la cafetería me resultaba agotadora.

    Saqué una hoja grande, de esas que suelen usarse para lienzos, y la extendí sobre la mesa. Apenas tenía unos bocetos: joyas que había empezado a diseñar por puro placer, si es que podía llamarlo así. Al mirarlas, no pude evitar que mi mente viajara hasta el dibujo que le había entregado a Rowan. Me pregunté qué habría hecho con él.

    Recorrí el salón con la mirada y no tardé en divisarlo. Incliné ligeramente la cabeza, pensativa. ¿Debería acercarme? No creía que mi presencia le molestara; incluso me atrevería a decir que se veía más tranquilo que su amigo. Con el otro apenas habíamos intercambiado palabras, más allá de aquel día en que hablamos del proyecto… si es que podía llamarse así.

    Tomé una decisión antes de que el arrepentimiento se hiciera presente, algo que, curiosamente, no solía pasarme. Tomé la hoja, algunos lápices y colores, y caminé hacia él.

    Supongo que pedir un poco de ayuda no estaba de más, ¿no?

    No éramos enemigos.

    O al menos, eso quería creer.

    Cuando llegué a su lado, tomé asiento en la silla vacía frente a él. Lo observé unos segundos antes de animarme a hablar.

    —Hola, Rowan —dije, acompañando el saludo con un leve gesto de la mano, solo porque sí—. ¿Cómo estás? Antes que nada… espero que mi presencia aquí no te moleste.

    Una pequeña sonrisa se formó en mis labios.

    Holiss Zireael por aquí te dejo a la niña. Ahhh ya la extrañaba ✨
     
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    Era el dichoso viernes antes de vacaciones por fin y mi plan era... ¿Tenía un plan? La verdad era que no. En algún punto de las clases de la mañana Tora se levantó, se inventó que estaba indispuesto y se largó, suponía que a la enfermería, y cuando sonó la campana no dio señales de vida ni nada. Lo dejé estar, de por sí nos veríamos las caras más tarde como siempre, pero de pronto me dio una pereza inmensa salir de la clase y me quedé revisando algunos mensajes en el teléfono. Brennan me pedía que le llevara helados cuando llegara casa, mamá que la ayudara con la exposición de verano, Hinata decía que estaba en Tekné. Nada muy rato.

    Me puse a contestarle a cada uno, hacerle más preguntas a Hinata y así, sin darme cuenta, le di tiempo a Eda Diekmann de acercarse a mí. Alcé la vista al percibir su figura en el asiento vacío frente a mí, traía cosas consigo, pero no le di demasiada importancia y le sonreí. Me hacía algo de gracia seguir manteniendo conversaciones con esta chica, de toda la gente posible, pero de todo había en la viña del señor, ¿no?

    —Todo bien, ¿qué tal tú? ¿Te aburriste mucho en estas casi infinitas horas de clase? —pregunté y me guardé el teléfono en el bolsillo, negando con la cabeza al resto de sus palabras—. No me molesta.
     
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    Apenas y había notado que estaba siendo el chico antes de acercarme, podría decir ¿que era un poco extraño que estuviera buscándolo para tener alguna clase de práctica? Para nada.

    El dicho decía: “Ten a tus enemigos cerca y a tus amigos más cerca”, ¿no? ¿O estaba equivocada? No lo creía. Más que nada, nunca me declararía enemiga de nadie, y mucho menos de los apestados que había en esta escuela para nada común. No me lo iba a tomar tan a pecho.

    Lo miré fijamente por algunos segundos hasta que escuché su pregunta. Reí un poco por lo último que dijo; no lo creí posible. Lo que sí era cierto es que tenía pereza de salir de estas cuatro paredes hacia algún otro lugar que quedara abajo de esta tercera planta.

    —Todo bien igualmente —sonreí—. Aburrida, aburrida no; solo con algo de pereza de salir de aquí —le di un vistazo al salón—. ¿Y tú? ¿Ansioso de que este sea el último receso y ya salir a vacaciones?

    Solo me quedé al escuchar que dijo que no le molestaba mi presencia. Entonces, mi vista fue a dar a la puerta. Estaba esperando el regreso de Jean con lo que fuera que me trajera para comer, y solo me quedé sonriendo, pues Jean sabía cuándo aparecer, y más que nada justo cuando pensaba en ella.

    Y así fue.

    Noté toda su postura, sus cejas alzadas cuando me buscó y me vio donde estaba sentada. Ladeé la cabeza con curiosidad y reí por lo bajo ante su expresión indignada.

    Su mirada decía todo lo que no quería preguntar. Le hice un gesto para que se acercara, y la expresión que hizo… Dios, realmente estaba dando todo de mí para no reírme. Apenas se acercó, miró a Rowan por encima.

    —Perdón y permiso —eso salió tan caracterizado de ella, frío y sin emoción, me miró—. Aquí tienes, Königin des Brettspiels. No entiendo cómo comes tanto dulce y no te empalagas —apenas miró al chico—. Eres una rareza de la naturaleza, eso es seguro.

    Reí.

    —Gracias, ya me lo han dicho —miré el dulce—. Te lo agradezco.

    —Ajá, disfrútalo —como había dicho, no le prestó atención a Rowan, hizo como si nadie estuviera ahí, y me dio mucha risa, para no mentir.

    Sabía que a él le importaría poco pero como a mí me gustaba fastidiarle la existencia, lo hice.

    —Jean…

    Apenas hizo el ademán de irse, me miró por encima del hombro.

    —¿Puedo saber dónde están tus modales?

    Entrecerró los ojos antes de ver a Rowan y después volvió a verme, como si lo que le pregunté fuera en serio. Cosa que aceptó por mi forma de mirarla.

    —Ikari —lo saludó, para después mirarme—. ¿También deseas que le pregunte cómo está? Por que puedo hacerlo, aunque dudo que a él le importe.

    Apenas negué; la sonrisa estaba más que dispuesta a salir. Solo alcé la ceja cuando distinguí el tono con el que me habló, pero más allá de querer decirle algo, no lo hice.

    —Listo —sonrió fue falso—. Pueden seguir con su conversación antes de que apareciera.

    Negué en cuanto la perdí de vista.

    —Perdónala, Jean tiene un carácter algo peculiar —volví a verlo para después abrír el boceto; antes de eso moví una mesa para que casi no tocara la mesa de Rowan—. Aunque eso ya lo sabías, ¿no?

    Sí, se lo preguntaba porque ella me había contado lo que pasó en la terraza con Tora, y justo Rowan apareció para calmar a su tigre.

    Miré atenta todo lo que había hecho.

    —¿Qué te parece? Te iba a pedir ayuda, ya sabes, por si estás aburrido y tienes ganas de dibujar o algo —parpadeé antes de alzar un lápiz—. Por cierto, ¿puedo saber qué hiciste con el dibujo que te di ese día?
     
    Última edición: 28 Enero 2026 a las 6:44 PM
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    Zireael

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    —Ansioso por dormir, supongo —respondí a lo de las vacaciones, era una respuesta vaga a pesar de ser genuina.

    De pronto Bernard apareció y no me molesté en verla de más, porque de por sí ella tampoco lo hizo al llegar para dejarle de comer a Diekmann. Ni siquiera me interesó tomármelo personal, el numerito de la azotea que llegué a interrumpir me había dejado claro que era igual de... especial que Tora, tal vez. A pesar de ello me coloqué una sonrisa amable en el rostro, pues porque yo no era mal encarado por deporte ni nada y dejé que el intercambio sucediera.

    Me pareció un despropósito la intervención de la alemana, la verdad fuese dicha, no supe a qué servía ni qué cambiaba, pero me reservé el pensamiento para mí mismo. Lo que la gente de esta escuela hacía a veces desafiaba mi comprensión y de cierta manera era mejor así. No me interesaban sus embrollos, yo tenía los propios y de pronto se habían salido un poco de control, con Liam Dunn ofreciéndome mano de obra y todo.

    —Bernard —reflejé como si eso valiera de saludo.

    Total que al final la chica se fue y yo regresé la atención a Eda, que excusó el carácter de su amiga e hizo referencia al incidente de la azotea. Me reí por lo bajo y me encogí de hombros, pues porque tampoco era un secreto de estado ni nada. No vi que acotar algo valiera la pena en absoluto, de forma que no lo hice y alcé las cejas cuando dijo que quería pedirme ayuda. Eso sí era inesperado. Al comprender la clase de ayuda me reí de nuevo, la verdad no era que me estuviera muriendo de ganas por dibujar ahora, ¿pero cómo podría negarle ayuda a una dama?

    —Supongo que ayudar a alguien no está pegado al cielo... —reflexioné y anclé un codo al pupitre con tal de descansar el mentón en mi mano—. ¿Tu dibujo? Pues lo tengo guardado en casa, ¿qué esperabas que hiciera con él?
     
    Última edición: 28 Enero 2026 a las 11:13 PM
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