Historia larga Una misión; Un futuro mejor [Parte 1]

Tema en 'Novelas' iniciado por Kay Greenwish, 28 Julio 2013.

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  1. Threadmarks: Capítulo 19.- Más dudas y la decisión definitiva
     
    Kay Greenwish

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    Una misión; Un futuro mejor [Parte 1]
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Acción/Épica
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    22
     
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    Bueno, después de tanto tiempo esta historia vuelve. ¡Yay! Sé lo que se preguntarán, "Pero Kay, ¿algún día leeremos el final de esta magnifica obra?" Y yo te responderé, "Ah, mi querido lector, eso espero, eso espero." En fin, les dejo el capítulo. Solo una nota para mis anteriores lectores (si todavía están interesados en leer y siguen por aquí), les recomiendo que lean el capítulo 18 porque es el único capítulo que tiene cambios drásticos: para que cuadrará con lo que viene.

    Sin agregar más, disfruten la lectura.



    Capítulo 19
    Más dudas y la decisión definitiva


    Amber se dirigió hacia Preciosa y subió a ella preparada para ir en busca del grupo de Brad. Antes de emprender el viaje le dio indicaciones a Edwin de que tuviera mucho cuidado con cualquiera que viniera, como él no podía diferenciar a los Poewo, estuviera muy pendiente. Una vez aclarado eso, lista para irse, se dio cuenta que el joven y Stanley se iban acercando al campamento, Amber se alegró de verlos, así que bajando de la yegua se lo informó a Edwin.

    —¿Estás bien? —Fue lo primero que preguntó Amber, preocupada, al ver el yeso de Brad.

    —¿Qué fue lo que sucedió? —inquirió Edwin mirando a Stanley, sorprendido.

    —Es una larga historia —respondió Brad intentando sonreír para cambiar los rostros preocupados de sus compañeros, sin embrago, se sentía muy avergonzado.

    —Estás muy mal herido. Tienes que descansar, Brad. ¿Qué sucedió?

    Brad borró toda sonrisa al comunicarles:

    —Se llevaron al White.

    Pensar en eso le provocó una rabia interna y a la vez le entristecía; no sabía como reaccionar, que sentir. Al observar el estado del castaño, Stanley pidió a Amber y a Edwin que lo dejaran descansar y aunque ella deseaba saber lo que había sucedido, comprendió. Ya después le preguntaría lo que pasó. La mujer deseaba saber cómo había luchado el enemigo para saber cómo defenderse cuando se enfrentaran de nuevo a ellos.

    —Estoy bien —dijo mirando a Stanley—. Descansaré después, le contaré todo a Amber.

    —¿Estás seguro? —inquirió ella, no quería presionarlo.

    Brad asintió, era lo único que podía hacer, así que les contó todo a detalle. Tanto Amber como Edwin estuvieron atentos a cada palabra. Al terminar y notar el estado negativo de Brad sobre el White, lo animó, diciéndole que hizo bien en estar atento a Stanley y preocuparse por él. Brad sonrió, asintiendo. Posteriormente, la maestra les contó lo que les sucedió a ella y a Artur, también contando su estado. Sabiendo todo eso, debían de pensar en una mejor forma de enfrentarse a los Poewo y capturar a los White. Al parecer, los Poewo estaban muy atentos a sus movimientos, ahora debían estar más atentos a cualquier anomalía. Sin embargo, algo que realmente preocupó a la mujer fue lo que más temía; el séptimo White que nunca encontró, probablemente ellos lo tenían.

    —¿Y qué hacen con ellos? —preguntó el joven curioso mirando a Edwin. Le habían pedido que se fuera a descansar mas él se rehusó, quiso estar en la reunión.

    Edwin negó como respuesta porque desconocía lo que les hacían. Aunque sabían que debían esperar lo peor. Brad comprendió eso y se entristeció todavía más. No era estricto recolectar a los siete White, les hizo saber Rules, pero si les informó que entre más fueran, sería mucho mejor. Todo el día Brad estuvo muy distraído, pensativo y su estado cambió un poco al recibir la visita de Lana; ya Edwin le había contado que ella fue a buscarlo. Se alegró de verla. Por otro lado, ella también se alegró de verlo, no obstante, no evitó preocuparse al ver el yeso en su brazo.

    —¿Ésto? —respondió al ver el rostro lleno de preocupación de ella—. Fue un pequeño accidente, pero no te preocupes, sanará pronto... así que no te preocupes.

    Ella lo miró como quien no creyendo, intentó animarlo pues lo notó algo distante y aunque él intentaba demostrarse animado, ella sabía que no lo estaba.

    —Yo… yo solo vine para hacerte saber que mañana por la mañana las chicas y yo nos iremos de Garza ha trabajar a otra ciudad.

    —Oh, ¿de verdad? —Esa noticia lo entristeció más—. Bueno, trabajo es trabajo así que no se puede hacer nada.

    —Tal vez no nos veamos por mucho tiempo.

    —Qué mal...

    No le agradaba esa idea. Se llenaba de energía cada vez que la veía y el pensar que no la tendría cerca, lo afligía. Era cierto, a penas se habían conocido pero Brad sintió que él no podría vivir sin ella y Lana se sentía de la misma manera. Ella que quisiera quedarse ahí donde podía ir a verlo más seguido pero, su trabajo le obligaba a viajar a otros bares. Lana frunció el ceño mientras dirigía su vista al brazo enyesado de Brad, se sintió incomoda y luego recordó el estado en que estaba el otro, desmayado. ¿Qué era lo que hacían? ¿A qué se dedicaban realmente Brad?

    —Brad, no me gusta —dijo—. No me gusta lo que hacen. No estoy segura de lo que haces pero mira lo que ese trabajo te hizo.

    —Ya te dije que…

    —¡Pues no me gusta! —alzó la voz pues le dolía tener que verlo de esa forma. Ya no era el energético Brad que conoció, se le veía cansado y afligido—. Brad —Lo obligó a que la viera porque rehuía a su vista porque temía ceder a sus palabras. Temía verla con aquella preocupación—. ¿De verdad tienes que hace eso?

    No supo que contestarle porque dudó; ¿era capaz de hacerlo? Tragó saliva y titubeó al responder:

    —Es… es mi trabajo, Lana, alguien tiene que hacerlo.

    —¿Y no hay nadie más que lo pueda hacerlo? —Ella lo tomó de la mano, sorprendiéndolo. Ella tampoco quería dejar de verlo—. ¿Y si nos vamos?

    —Dices, ¿escaparnos, juntos?

    Ella sonrió a la vez que asentía.

    —La verdad es que no quiero irme —admitió la chica—. No quiero dejar de ver.

    Él tampoco. Ahora fue el quien la agarró de las manos y se aferró a ellas, le agradaba la idea, realmente… pero…

    —Lana, ¿está bien hacer eso?

    —¿Por qué no? ¿No quieres estar conmigo? —Lle entristeció pensar en ello.

    —¡Claro que no! Quiero... pero...

    Lana era muy atrevida a pesar de no parecerlo, y eso le gustaba de ella.

    —¿Qué dirán tus amigas y compañeras? ¿Qué dirían los míos? ¿Dónde viviríamos? Aun así… no mentiré, me atrae la idea.

    La miró detenidamente. Estaba dudoso. Por un lado fantaseaba con estar al lado de Lana y comenzar vivir con ella, pero por otro, estaban Amber y los demás. ¡Les fallaría si se fuera! Aunque se dio cuenta de algo al enfrentarse con aquellos poewos, tal vez nunca estuvo listo para luchar. Sintió admiración por Atur quien a pesar de estar cansado a más no poder y teniendo a un White en sus manos derrotó a cuatro poewos, ¿y él? A duras penas pudo derrotar a uno.

    Nunca fue bueno en eso. En ves de ser una ayuda en un futuro, les sería un estorbo a Amber y a Atur.

    —Bueno, olvidada lo que dije —habló Lana sonrojada al haber dicho esas cosas. No eran propias de ella, se dejó llevar por sus sentimientos porque no tenía derecho de entrometerse en la vida ni en el trabajo de Brad.

    Lana estaba dispuesta a irse de ahí pero fue detenida por Brad al tomarla de la mano y decirle algo que la hizo brincar de emoción.

    —Huyamos juntos; está misma noche.

    Lo decidió y ella lo miró con ojos asombrados. Sería su secreto, ella no les contaría nada a sus compañeras y él tampoco mencionaría nada. Un poco más animados por esa decisión, hablar un poco antes de que cada quien regresara a su hogar.

    —No te preocupes, Brad —habló Amber al notarlo todavía distraído, creyendo que estaba así por lo del White, y aunque en cierta forma era cierto, en realidad estaba ausente debido a lo que planeaba hacer Lana y él—. Hiciste lo que pudiste y, ya veremos como enfrentarnos a ellos.

    Intentó disimular al sonreír.

    —Espero que Atur se ponga bien —respondió en un intento de cambiar la conversación.

    —Yo también —dijo en susurró Amber mientras bajaba la mirada al caldo de sopa, se le había quitado el apetito, notó que al joven también.

    En realidad, los cuatro que estaban en la mesa no tenían hambre. Amber dejó el plato y se levantó.

    —Descansen. Mañana planearemos la forma más fácil de atrapar a los White y cuidarnos de los Poewo.

    Brad asintió para posteriormente bajar la mirada, comenzó a jugar con la cuchara, para mañana ya no iba a estar ahí. Ya más tarde, el joven se dirigió a la tienda que compartía con Atur, lo miró todavía acostado, inconsciente y agradeció que estuviera de esa forma. Comenzó a empacar sus pertenencias, las que por fortuna no eran tantas.

    —¿Qué es lo que tienes en la mano? —La repentina e inesperada voz del rubio sobresaltó a Brad.

    —¿Esto? Es un yeso —contestó mirándolo—. Me fracturé la mano, aunque el médico dijo que sanaré bien.

    —Me refería a la otra mano.

    Brad comenzó a sudar, desvió la vista hacia el bulto al que se refería Stan.

    —Nada —Era caso perdido, seguro se dio cuenta.

    —Ya sabía yo que no dudarías por mucho —comentó Stan, con voz débil, todavía estaba agotado—. ¿Ella lo sabe?

    Brad no respondió nada.

    —¿Huirás con la cola entre las patas, sin decir nada? —Sonrió, más que nada decepcionado por eso—. Al parecer resultaste ser más cobarde de lo que pensé.

    Brad apretó el puño. Sus palabras le calaron mucho porque era difícil para él, le fue duro tomar. No era como él, no pudo si quiera ganarle a un par de Poewos como lo había hecho él. Se vería con Lana en un par de horas y deseó escapar en silencio porque no deseaba escuchar precisamente lo que escuchó de Stan. Antes de salir de la tienda, miró por última vez a Atur.

    —Es algo que decidí hacer —dijo en susurro.

    Pero antes de irse, escuchó a Stan decir:

    —En primer lugar, nadie te obligó a venir.

    Supo a lo que se refería. Se alejó y volvió a mirar el campamento y luego el cielo estrellado. Las últimas palabras de su compañero taladraron su cabeza. Dio un paso y se volvió a detener y observó, ¿qué culpa tenían Edwin y Amber? Imaginó la decepción que sentirían cuando se dieran cuenta que había huido. En primer lugar, ¿quién lo obligó a ir a ese lugar? Él mismo, entonces, también tenía derecho a renunciar si lo deseaba. Se giró y suspiró, no podía solo irse y ya, Artur tenía razón, tenía que enfrentarse cara a cara con Amber y con Edwin y decirles que ya no quería estar ahí y ahora deseaba tener una vida normal.

    Sí. Tenía que armarse de valor y expresar lo que le afligía. Se fue en busca de los dos.

    —Amber… Edwin… —los llamó, ellos estaban planeado algo porque había un mapa extendido sobre la mesa.

    —¿Qué haces despierto tan noche? Debes descansar —dijo Amber mientras Edwin supo a lo que iba.

    —He tomado la decisión de irme de esta misión —habló con claridad.

    —¿Qué? —dijo Amber levantándose de la silla, impactada—. No puedes hacernos esto… te necesitamos.

    —Honestamente, no me importaba morir —continuó Brad—. Después de todo, no tenía a nadie, mamá murió, papá también, si moría qué importaba, ¡nadie lloraría por mí! Ahora… ahora es diferente porque haría llorar a alguien, y es lo último que deseo.

    —¡Eres un cobarde! ¡¿Cómo piensas abandonarnos de esa forma?!

    Brad agachó la cabeza mientras Amber acortaba distancia entre ambos.

    —Amber… —Edwin intentó detenerla porque se le vio tan molesta que por un segundo pareció que lo golpearía o algo similar.

    —Solo quiero vivir para ella y tal vez… ¡no! Quiero formar una familia —aclaró él, decidido.

    —¿Crees que los Poewo te dejarán en paz si solo dejas de entrometerte? ¡Eso es una estupidez! A ellos no les importa si estás o no contra de ellos. Te buscarán y te matarán. ¿Crees que dejarían vivo a alguien que posea Energía?

    —¡Pues me hubiera gustado no desear tener Energia! ¡Ahora maldigo mi herencia!

    Sus palabras golpearon el corazón de Amber.

    —¡Yo también! —dijo Amber con voz ahogada—. ¡Yo también maldigo y odio tener Energía! ¿Crees que eres el único que se ha sentido de esa forma?

    Hubo un silencio sepulcral. Brad miró a los ojos a Amber y pudo ver en ellos odio, pero más que nada, un sentimiento de melancolía.

    —Soy la primera en desear con corazón no haber poseía esta maldición llamada Energía —Observó sus manos—. Sé que quieres ser feliz, lo entiendo, y que deseas vivir con esa muchacha, pero créeme cuando te digo que ni ella estaría a salvo mientras tú estés a su lado. Desde el momento en que naciste con ese poder, tu destino se marcó… tarde o temprano ellos te encontrarían y matarían a cualquier persona involucrada.

    Brad quedó en shock ante las palabras de ella porque vio rencor en cada una de ellas.

    —¡Vete! Si quieres hacerlo, vete —Brad se quedó inmóvil y Amber lo tomó de los hombros para zarandearlo y decirle—: ¡Vete si crees que con irte conseguirás una vida feliz!

    —Pero Amre… —Ella levantó la mano para indicarle a Edwin que guardara silencio y luego añadió:

    —¿Y qué hago? No se le puede obligar, si no quiere hacer eso, no podemos hacer nada.

    —Lo siento —dijo Brad antes de apartarse—. En verdad lo siento —susurró.

    Brad salió corriendo hacia la oscuridad de los árboles. Corrió hacía el lugar de encuentro.

    “Cuando alguien es algo, no se puede esconder de ellos hasta que se le de un fin.” Brad se detuvo al recordar esa oración de su padre. Las había dicho aquel día en que lo vio empacar su ropa en la maleta para irse a pelear en al guerra. Su madre suplicó que no fuera, él también lo hizo porque le dolía ver a su madre sufrir de esa forma. No obstante, Brad lo sabía, supo cuando los soldados americanos fueron exclusivamente a hablar con él para decirle que luchara en el ejercito. Brad estaba presente y recordó como ellos lo querían exclusivamente a él porque era bueno en lo que hacía.

    ¿Los protegió de alguna forma?

    Poco después él se enteró que su padre fue conocido como un excelente asesino, actuaba de forma muy sigilosa y el gobierno lo quería por sus dotes, “Iré a darle fin y volveré.” Finalizó al cruzar la puerta.

    Las palabras de Amber y las palabras de su padre le hicieron recapacitar mejor. Se dio cuenta que huir del problema no solucionaría nada. Tenía que enfrentarlo. Luchar por su liberación y cómo lo haría si corría de él. Tenía que ponerle fin a lo que había comenzado porque si no se enfrentaba a él, nunca se liberaría de él.

    Había estado confundido, pero por primera vez, vio una pequeña luz entre ese caos que ahora era su mente.

    Brad llegó al lugar de reunión y esperó a la joven quien no tardó en llegar. En su mano tenía una bolsa llena de sus prendas y por primera vez sintió sentimientos encontrados.

    —Lana… —Acortó distancia entre ambos—. Lana.

    Deseaba irse con ella, lejos de todo el peligro pero aun así, dudas crecían en su interior. ¿Esa decisión sería la correcta? Si lo que le dijo Amber era cierto, ¿no estaría poniendo en peligro a Lana?

    —¿Sucedió algo, Brad? —inquirió ella al verlo cabizbajo, pensativo.

    —He tomado una decisión —habló el joven acercándose más a ella y la tomó de las manos y aquel acto hizo que ella se sorprendiera y se sonrojara—. Pienso que huir sería un acto de cobardía —Sus palabras la dejaron asombrada—, y que si en verdad deseamos entra juntos, debemos . Claro que me pondré triste no poder verte en este viaje, pero también tengo que ayudar a mis amigos, ellos me necesitan y no puedo dejarlo con toda esa carga.

    Lana bajó la mirada y recordó el rostro de todas sus amigas antes de venir, desconocían que ella se escaparía por ende todas antes de irse a dormir le dijeron buenas noches porque se volverían a ver el día siguiente.

    Brad la tomó de las manos y luego le dijo:

    —Iré a darle fin a mi misión y volveré. Así que espérame, Lana.

    Lana lo miró con una sonrisa al asentir, estaba de acuerdo con él. No podían huir de sus responsabilidades. Los dos se quedaron un rato a charlas un poco antes de volver a sus hogares. Se prometieron que se comunicarían por telegrama o carta. Brad regresó a la tienda de dormir, y se acostó hasta la mañana que escuchó a su compañero levantarse.

    —Buenos días —saludó el joven.

    —Así que, al final ni siquiera tuviste el coraje de huir, ¿eh?

    —La verdad es que medité en todo y, creo que lo mejor que puedo hacer ahora es quedarme aquí.

    —Aunque con ese brazo no podrás hacer mucho, debiste irte.

    Brad no evitó sonreír.

    —Perdí por no dar lo mejor de mí —admitió al mirar su brazo enyesado—. Por dudar. Pero ahora lo tengo claro, ahora no dudaré más.

    —Menos charla y más acción —dijo Atur saliendo de la tienda.

    Afuera, Amber se alegró de ver a Atur despierto y aspecto mucho mejor, se acercó para preguntarse si se sentía mejor, luego se percató de Brad, ella lo miró con seriedad.

    —¿Tú aquí? Te veía lejos.

    —Me disculpo por lo que dije ayer. Quiero continuar aquí y terminar con mi misión.

    —¿Estás seguro? —preguntó con total seriedad—. No quiero a nadie débil en mi equipo.

    —Sí —Brad apretó su puño más decidido que nunca—. Esto es lo que quiero hacer. Darle fin a todo.

    —Bienvenido de vuelta —sonrió Amber—. Y ya que estamos todos reunidos, quiero aprovechar para decirles que nuestro próximo movimiento sea planeado porque los poewo siguen nuestros pasos.

    —Existe una cosa que me ha estado molestando un poco —mencionó Irik y luego miró a Edwin para preguntarle—. ¿Cuántos Poewo nos atacaron la noche en que íbamos a Gram?

    —Si no mal recuerdo fueron nueve o diez.

    —¿Y la noche del bar? —preguntó ahora a Atur.

    —Fueron seis.

    —Y esta vez, a ustedes los atacaron dos y a nosotros ocho —mencionó Amber al comprender el punto en que iba Brad.

    —No nos han atacado más de diez, así que por lógica, solo hay diez poewos.

    —¿Y eso en qué nos ayuda? —inquirió Atur, no comprendiendo el saber ese dato.

    —En más de lo que crees —dijo Amber viéndolo con una sonrisa en su rostro—. Saber la exactitud de nuestros enemigos nos facilitará en estar más alerta. Conocer el número de enemigos es bueno a la hora de planificar algo. Y se me ocurrió que hacer, nuestro próximo movimiento.

    Todos estuvieron prestaron mucha atención a lo que dijo Amber a continuación, les agradó la idea. Su plan no era malo, al contrario era bueno, ella se dispuso a responder todas las dudas que tuvieron y una vez entendieron todo. Decidieron ir por el próximo White. No obstante, aunque era primordial buscar a los White, debían descansar así que descansarían primero por dos día y al tercer día muy por la mañana irían por el próximo White.

    —¿De verdad puedo ser de ayuda? ¿Estará bien que los acompañe? —preguntó Stanley con tono preocupado.

    La mujer lo tomó del hombro para darle animo antes de responderle:

    —Tener más manos siempre es de buena ayuda. Claro, si estás de acuerdo con ello.

    Stanley miró a Edwin y éste solo asintió con la cabeza dándole a entender que contaban con él y como respuesta el hombre asintió varias veces; mientras fuera de ayuda, los ayudaría en lo que pudiera. Brad lo miró de reojo y sintió admiración por él pues a pesar de ser una persona normal sin poderes y haber vivido aquella tragedia, estaba dispuesto a continuar. Él si era un hombre de verdad.

    Por ese día, descansarían. Mañana por la mañana emprenderían su viaje. Brad y Atur entrenaban un poco, hasta Stanley practicaba su tiro, y Amber repasaba su plan junto con Edwin detalle a detalle para ver que no existiera la posibilidad de errar. Todos estaban concentrados en sus cosas que nadie se imaginó que alguien inesperado llegaría al campamento. Eduardo Fave bajó del caballo sobre esa colina al ver que ésta estaba muy empinada, como no estaba seguro de que más adelante hubiera algún campamento, decidió dejar a su caballo en ese lugar para no cansarlo. El resto del camino andaría en pie. Había decidido seguir a Edwin una vez este último se fue. Siempre cruzó por su cabeza esa idea, más nunca la efectuó más que nada por sus padres, pero como ahora tenía la mayoría de edad, pero esa vez sintió que si no lo hacía esa vez, perdería su oportunidad de conocer a su madre. Sabía, o mejor dicho, esperaba que siguiendo a Edwin, lo llevara hasta su madre.

    Si bien no alcanzó el rastro de Preciosa y Rules, si llegó hasta ese lugar preguntando, fue en el último poblado al que llegó, le informaron que por esa zona había un campamento. Al llegar se sorprendió de, efectivamente, ver un campamento en ese lugar tan remoto. El joven comenzó a observar dicho lugar. Estaba nervioso y un sinfín de preguntas o invadieron; ¿y si había llegado a otro lugar? ¿Estaba aquí su madre? ¿Estaba siquiera Edwin?

    Sin darse cuenta, Brad, quien decidió descansar un poco (después de todo con el yeso en su brazo no podía hacer mucho) e ir a tomar agua. Se extrañó de ver a un joven merodeando, por un momento pensó que quizás se trataba de algún poewo, aunque al verlo bien, aquel joven se parecía mucho a Atur, por lo que pensó que tal vez se trataba de un familiar.

    —Hey, hola —saludó el castaño, acercándose al rubio.

    —Ho-hola —contestó un tanto nervioso al pensar que lo regañarían por estar en ese lugar.

    —¿Vienes a buscar a Atur? No tenía ni idea de que él tuviera un familiar, ¿hermano?

    Eduardo ladeó la cabeza, extrañado.

    —¿Primo, entonces? —Al notar que el rubio no parecía entender, terminó preguntando—: ¿No eres familiar de Arturo Stan?

    Eduardo negó para añadir:

    —No,no conozco a ningún Arturo Stan. Permíteme presentarme, mi nombre es Eduardo Fave, soy un simple granjero y, en realidad estoy buscando a alguien más y creí que estaría aquí. Ella se llama Amber.

    Al escuchar el nombre de su maestra, Brad se pudo serio y comprendió algo.

    —¿Ella no será tu…?

    No terminó de formular la pregunta cuando Edwin se colocó detrás de él, lo tomaba del hombro.

    —Brad, olvida lo que acabas de oír.

    Brad se giró sorprendido al verlo aparecer tan de repente.

    —Edwin…

    —¿Qué estás haciendo aquí, Eduardo? —preguntó con voz muy seria, después tomó a ambos jóvenes del brazo y los arrastró lejos del campamento.

    Edwin suspiró, se llevó las manos

    —En serio, ¿qué estás haciendo aquí? —comenzó a ponerse nervioso—. Se supone que no deberías estar aquí —Empezó a moverse inquieto de un lugar a otro como si fuera un león enjaulado—. No ahora. No ahora. No ahora —Miró a Brad—. Y tú… —Exhaló aire—, ¿qué estas haciendo aquí?

    —¡Tú me arrastraste!

    —Ya… pero… ¡no me refiero a eso! Más bien a… demonios. Eduardo, tienes que irte. No puedes estar aquí.

    —¿Por qué? ¡No pienso irme hasta ver a mi madre!

    “Entonces es verdad” razonó Brad, “Él es hijo de Amber y él se parece a...”

    —Atur es… —susurró, impactado. Pero era lógico, en realidad, si se observa bien a ambos; Atur tenía un parecido a Amber.

    Entonces los tres escucharon la voz.

    —¡Edwin! ¿Dónde estás, Edwin?

    —¿Esa voz es de mi madre? —preguntó Eduardo, emocionado deseoso de dar un paso hacia adelante para poder verla, conocerla.

    —No —lo detiene poniendo su mano sobre el pecho del joven. “Si Amber lo ve seguro que me matara”.

    —¿Cuándo lo será? —Lo vio con seriedad—. ¿Crees que voy a desistir de conocerla estando ya aquí? —Estaba muy decidido a no irse de ese lugar hasta poder verla.

    —Edwin —Se interpuso Brad—, no comprendo la razón de todo esto, pero si él quiere ver a Amber, deberías de dejarlo.

    Ahora Edwin se sintió entre la espada y la pared al ver la determinación de los dos jóvenes. El mayor bajó los hombros en forma de rendirse. Suspiró una última vez. Antes de decirles un, “De acuerdo”. No tenía ni idea de cómo reaccionaría Amber por ver a Eduardo ahí, pero tampoco podía hacer algo al respecto. El joven ya estaba en ese lugar ¿qué más podía hacer?

    Edwin salió y Amber se extrañó de verlo en ese lugar, se acercó para preguntarle qué ocurría y luego se detuvo al ver que Brad se dejaba mostrar, al lado de él otro joven.

    —¿E-eduardo?




    Fin del capítulo
    . . . ​
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  2. Threadmarks: Capítulo 20.- Un sacrificio para un futuro mejor
     
    Kay Greenwish

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    Bienvenidos a esta nueva actualización. Un capítulo un poquito largo, pero espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo. Es, personalmente, mi capítulo favorito de esta primera parte.

    Capítulo 20
    Un sacrificio para un futuro mejor


    Amber miró por unos segundos a Edwin y luego pasó la vista a su hijo. No podía creerlo. Aquel joven era aquel pequeño bebé que dejó años atrás y sabía que era Eduardo porque se parecía a Emer, su marido. En realidad, los dos se parecían a él; aunque Arturo era su viva imagen. Sin embargo, ¿por qué estaba allí?

    —¿Mamá? —preguntó mientras se acercaba a ella, un poco dudoso—. Eres tú, mamá —Sonrió y la abrazó.

    —¿Qué estas haciendo aquí? —preguntó ella con dificultad, sin recibir el abrazo de él debido a la sorpresa, en ese momento su cabeza era un caos y no fue la intención de herir a Eduardo, quien borró toda alegría de su rostro ante las frías palabras de ella.

    —Quería verte —respondió—. Conocerte.

    Amber tragó saliva con dificultad, a pesar de que era su hijo se le hacía tan difícil, y hasta cierto grado hipócrita, comportarse como una madre en ese punto. Eduardo era un muchacho muy inteligente por lo que descifró la incomodidad de ella y se alejó un par de pasos, mas en ningún momento dejó de mirarla, deseaba guardar aquel rostro en sus recuerdos.

    —Esto… es incomodo. Lo siento.

    “No te disculpes” deseó decirle pero no pudo y solo lo pensó. Quien debía disculparse era ella, además, Eduardo comprendía hasta cierto grado el ambiente que los envolvía; una gran incomodidad. Aunque a ella le nació el deseo de abrazarlo, pero se obligó a desistir antes esos deseos porque no se sintió con el derecho de hacerlo.

    —Brad —Edwin se acercó al joven para llamar su atención, en voz baja. Brad se dio cuenta que tenían que dejarlos a solas. Siguió al mayor y una vez estuvieron lejos. Brad deseaba de corazón que entre los dos se sanjaran las cosas porque él y también Atur.

    —Es cierto —Miró a Edwin—. Hay que aprovechar para decirle a Atur, que...

    —Brad —Lo interrumpió con seriedad pero con voz tranquila—, quiero que mantengas este secreto, sobretodo a Atur, ¿lo entiendes?

    —Pe-pero ¿por qué? —No lo comprendía y frunció el ceño para demostrar su inconformidad. Atur tenía todo el derecho de saber que Amber era su madre y a su mente vino aquella vez en que él habló sobre ese tema; a pesar de todo deseaba conocer a su madre, y no le agradaba la idea de que se lo ocultaran.

    —Entiendo tu punto —Le hizo saber el mayor—. Estoy de acuerdo contigo, pero debemos recordar que ésto es cuestión familiar y que no debemos meternos en esos asuntos. Podría decirse que fue mi culpa, el que la familia de Amber terminara de esa forma...

    Como Brad ya había descubierto el secreto de su maestra decidió contarle todo, además confiaba en él porque ha demostrado ser de mucha confianza.

    Todo sucedió muchos años atrás, cuando llegó a esa época. Sabía que existían linajes en la que sus antepasados y descendientes poseían un poder oculto; el que llamaron Energía. Mediante información llegó a saber de esas contadas familias; mas el único inconveniente era saber dónde se encontraban. Por esa misma razón, en los próximos días se la pasó investigando en la biblioteca los árboles genealógicos hasta que por fin dio con uno de esos linajes.

    Sin perder más el tiempo, él se dirigió con la acaudalada familia Stan. Una vez allí se presentó con el señor Emer, el cabeza de familia, como Edwin Rules; un forastero que había llegado a esas tierras a pedir trabajo. El bondadoso corazón de la familia le abrieron los brazos y con el tiempo lo aceptaron como alguien más de la familia. La idea de Edwin era primero ganarse la confianza de ellos. Convirtiéndose poco a poco en mano derecha de la familia Stan, para de esa forma poder contarles a lo que había ido en realidad.

    En ese tiempo, Arturo, su primer y único hijo, tenía cuatro años de edad, y Edwin estaba jugando con él en el enorme patio trasero que la casa poseía. Amber se mantenía en la casa, observando desde la ventana, divertida ante el corretear de aquí para allá de su pequeño. Emer se acercó por detrás, abrazándola por la cintura, sorprendiéndola.

    —Esta noche te tengo una sorpresa —le susurró mientras recargaba su barbilla en su hombro.

    —¿Sí? ¿Qué es?

    —Si te lo digo no será sorpresa.

    Ella sonrió, se giró para verlo al rostro.

    —¿A cuál restaurante me llevaras?

    —¿A sí de obvio soy? —Se sorprendió el hombre.

    —Amor, por favor, ¿a dónde más podrías invitarme? Tenemos un niño pequeño y no pienso despegarme de él por tantos días —Volvió a mirar afuera.

    —Pero ahora tenemos a Edwin, él puede cuidarlo mientras nosotros nos vamos a un crucero, por ejemplo.

    —A mi no me despegas de mi niño. Sé que estará bien con Edwin, pero… no, no puedo imaginarse estar lejos de él. Menos dejarlo tan pequeño.

    —Eso lo sé —Exhaló aire un tanto resignado. Así era el amor de una madre—. Pero, además de llevarte a comer, te llevaré a otro lado, y no será a un crucero. Eso sí, por esta noche te robaré.

    Ella sonrió, estaba ansiosa de saber a dónde la llevaría. Y estaba bien, era bueno que de vez en cuando los dos disfrutaran de la soledad. Amber observó detenidamente a su marido. Él era cinco años mayor que ella, lo conoció en la plaza del centro cuando ella cumplió los dieciocho años de edad. En ese momento, Emer desconocía que ella era la única hija de los Reza, una familia dueña de mucha fortuna. Ambos cruzaron la mirada, él era atractivo y humilde; ella era guapa y atrevida. Comenzaron a conocerse más hasta que ese gusto se convirtió en amor y luego se casaron.

    —Procuraré llegar más temprano —le dijo—. Tan solo tengo que llenar papeleo y regreso.

    Se despidieron con un beso y luego él se volvió a su trabajo. Emer trabajaba como gerente en un banco. Era un día habitual, que transcurría con total normalidad. Sin embargo, aquella tarde-noche cambiaría completamente para la familia.

    Edwin fue al despacho de Amber, aprovechando que Emer se había ido, decidió que era el tiempo de contar la verdad. La puerta estaba abierta por lo que pudo observarla, como siempre, sentada leyendo, siempre le gustó la lectura. Tocó la puerta para llamar su atención.

    —Señora, si me permite, necesito contarle algo.

    —Por supuesto —dijo ella, cerrando el libro para ponerlo en su regazo—. No tienes que ser tan formal, sabes que ya eres parte de esta familia. ¿Qué ha pasado? ¿Te molesta algo?

    Edwin no evitó sentirse un poco mal porque había estado observando la felicidad de esa familia, y sabía que lo que le contaría a continuación cambiaría completamente a la familia y por uno momento dudó en contarle su verdadero cometido y mejor se iría a buscar a más familias, pero ¿y si las demás eran así? ¿Y si no llegaba a encontrar a más? Le doliera, tenía que hacerlo por el bienestar de las generaciones futuras.

    —Tengo algo muy importante que contarle —Se mostró muy serio, tan serio que Amber percibió esa severidad en el ambiente. Escucharía con total atención lo que fuera a decir, no creía que fuera algo grave, en esos meses llegó a creer en él—. Yo… yo vengo de un futuro en el que la raza humana se ve invadida por extraterrestres sanguinarios...

    La primera reacción de ella fue arrugar el ceño, confundida para después aquel ceño fruncido convertirse en una media sonrisa, incrédula.

    —¿No puedes estar hablando en serio?

    —Me gustaría, pero, es la verdad. Vine a este tiempo para poder detener a esos malos seres y evitar que la tierra sea conquistada y destruida por ellos. Es una larga historia, y estoy dispuesto a contarle todo a detalle; todo lo que este en mi poder contar.

    —Ah… —Estaba en shock porque no sabía como reaccionar.

    El hombre ante su presencia se había convertido en un hermano y ahora, ante sus ojos había perdido el juicio, pensó que lo que iba a decirle sería cualquier otra cosa, estaba preparada para otro tipo de cosas, no para eso.

    —Edwin, la verdad es que no sé que decirte en este momento, estoy impactada. Confiaba en ti.

    —Lo entiendo, de verdad… —Dio un paso como mero reflejo y Amber levantó la mano en forma de decirle que no se acercara y ese gestó provocó que Edwin comprendiera que era posible que desde ese momento perdería la completa confianza en la familia.

    Estaba listo para esa reacción.

    —Bien —dijo poniéndose de pie, y continuó algo dudosa—: Digamos que eso es cierto, ¿por qué me cuentas esto?

    —Porque usted viene de un linaje que posee Energía y esa fuente de poder puede capturar a los White… —Y le contó todo. Todo lo que le fue permitido hasta que Amber, un poco cansada de escuchar aquella historia que a sus oídos era fantasía, lo detuvo.

    —Mami —Amber escuchó a Arturo, se giró para ver como el pequeño entraba a la habitación—. ¿Puedo jugar con Edwin?

    —Señora...

    —¿Puedo jugar yo contigo, hijo? —pidió ella, acercándose al pequeño rubio. Arturo asintió gustoso—. Es posible que Edwin no pueda hacerlo más.

    —¿Por qué no?

    Ella sonrió para animar a Arturo porque él se había encariñado mucho con Edwin y no quería que se fuera.

    —Porque Edwin tiene un compromiso y tendrá que irse —le respondió y luego se volvió a Rules—. En verdad lo siento pero te voy a pedir que empaques tus cosas y te vayas de esta casa.

    —Señora, necesito que…

    —Edwin —Lo llamó con esa voz tan calmada que tenía—. No hagas esto más difícil, por favor. Arturo, ve a tu cuarto por un momento, iré a jugar contigo más al rato, ¿de acuerdo?

    El niño asintió y luego se fue, dejando a los adultos a solas. Hubo un silencio de un par de segundos, pero fueron los segundos más largos para los dos.

    —Mi esposo llegará en un momento, si pregunta por ti, le diré que tuviste una emergencia familiar y tuviste que ir.

    —Si usted no captura a los White, quién terminara haciéndolo será Arturo.

    —No metas a mi hijo en esto —dijo sin evitar mostrarse enojada por meter en la plática a su hijo—. ¿Me estás amenazando o algo así, Edwin?

    —No es mi intención —añadió—. Es solo que si no es usted, será él. Alguien tiene que hacerlo, Arturo es su hijo, él heredo esa Energía de usted.

    Amber lo miró con seriedad, si bien pareciera ser una simple ama de casa, en realidad, tenía un fuerte carácter, pero debía admitir que cuando quería hacerlo, Edwin parecía ser de roca y no sentía intimidación. Fuera quien fuera, necesitaba que alguien que tuviera Energía capturara a los siete White que había esparcidos en ese país. Por el contrario, Amber quería hacer eso de la forma más fácil sin tener que sacarlo a la fuerza.

    —Disculpe molestarla, señora Amber —llamó la ama de casa—, pero hay dos hombres en la puerta que desean hablar con usted.

    Amber se extrañó porque no esperaba a nadie. Miró fugazmente a Edwin y luego se volvió a dirigir a la sirvienta.

    —Pásalos a la sala, ahora voy —le ordenó.

    Edwin no evitó sentir una corazonada y mientras veía como la señora se alejaba, le dijo:

    —Amber, tenga mucho cuidado.

    Si estaba un poco ansiosa, aquellas palabras no la animaron nada, así que más que nerviosa, Amber se dirigió a la sala, y fue una vez ahí que su corazón se comprimió en su pecho al observar que aquellos hombres eran en realidad policías.

    —Buenas noches —dijo ella mostrándose tranquila—. ¿Puedo ayudarles en algo?

    Los hombres se levantaron y la saludaron formalmente.

    —Tome asiento, señora Stan —le invitaron.

    Escuchar esa oración provocó que se pusiera todavía más nerviosa, pero así lo hizo, volvió a mirar a los hombres que parecían pensar en lo que dirían y aquel incomodo y sofocante silencio la volvería loca, ¿qué había sucedido? Deseó gritar que le dijeran lo que pasaba pero a la vez no porque sus labios simplemente temblaron con nerviosismo. Uno de los hombres la observó y aquella mirada le dijo todo que para cuando escuchó a lo que iban, sus ojos se cristalizaron.

    —Encontramos a su marido muerto —le dijeron.

    Todo a su alrededor se derrumbó. Se llevó la mano al pecho, estaba muda, las reprimidas lágrimas comenzaron a salir y resbalar por sus mejillas. Intentó limpiarlas pero era en vano porque éstas continuaban emanando como si fueran una cascada. Se sintió mareada.

    —No puede ser cierto —susurró con la voz quebrada—. Debe haber una equivocación, oficiales. Mi marido no puede… él no puede… hoy íbamos a… —Su cabeza estaba nublada y llena de caos que no podía completar las frases.

    Los dos hombres se miraron y ese gesto solo hizo que ella rompiera a llorar, continuaba negándolo porque rehusaba a creer que en realidad su esposo estaba muerto cuando aquella misma tarde, estaba bien, la hora de la comida, antes de que se fuera él estaba con ella. Estaba bien. ¿Cómo era posible? ¿Qué sucedió? ¿Cómo murió? Eran tantas preguntas que se hacía pero que no podía articularlas.

    —¿Tuvo un accidente?—Fue Edwin quién preguntó.

    —En realidad, el señor Stan no murió por un accidente, alguien lo asesinó.

    Desde su posición Edwin tragó saliva con dificultad ante tal noticia. No solo para ella fue impactante, también para él. ¿Emer? ¿Quién pudo haberle quitado la vida aquel hombre de tan buen corazón? Al ver el estado de Amber, una de las sirvientas se apresuró al lado de ella para abrazarla y consolarla e intentar tranquilizarla un poco, por otro lado, Edwin levantó la vista para ver como los dos policías se acercaban a la desconsolada mujer.

    —Sé que es difícil para usted —habló uno de ellos con voz calmada. No era la primera vez que veían a una mujer triste ante tal noticia, sin embargo, nunca se acostumbraría a darlas—. Deseamos que nos acompañe a la morgue para llenar unos papeles. Cuando se sienta un poco mejor, por supuesto —No era el momento para decir eso pero necesitaban hacer tramites y papeleo.

    Iban a dejara sola, así que se irían y estaban dispuestos a hacerlo cuando Edwin los detuvo.

    —¿Están seguros de que se trata del señor Emer Stan? —También tenía esperanza de que se hubieran confundido.

    —Nos gustaría que la señora lo confirme —contestó uno de ellos—. Por eso la citamos a la morgue.

    —También encontramos los documentos de él en su cartera, así que suponemos que debe tratarse del señor Stan —finalizó el otro.

    Edwin les agradeció por la información y los guió hasta la salida.

    Esa noche fue la noche más larga de su vida. Amber deseaba con todo su ser escuchar la puerta principal ser abierta y escuchar la voz de su marido. Todo el resto estuvo al lado de Arturo, intentó jugar con él un rato en un intento de despejarse.

    —¿Y papá?

    La pregunta de Arturo la despertó. El niño miró a su madre, extrañado porque a esas horas él ya se encontraba en casa.

    —Él… —reprimió un llanto—. Él tardara en venir hoy.

    Arturo no volvió a preguntar más, desconocía lo que ocurrió, aun así, percibió que su madre estaba profundamente triste, como nunca la había visto aunque aparentaba estar bien. Por el contrario, Amber tragó saliva con fuerza al notar lo tarde que era. Durmió a su hijo e intentó dormir ella. La cama fue una tortura mientras que su almohada era el contenedor de lágrimas. Se levantaba y se volvía a acostar. Miraba por la ventana y luego bajaba al vestíbulo donde observaba la puerta principal. No podía estar quieta, con un pequeño ruido su corazón brincaba con la ilusión de que fuera Emer pero no ya no era posible, ya era muy tarde y Emer nunca llegaba tan tarde y mucho menos esa noche que le prometió llegar temprano. Volvió a llorar y lloró hasta que se quedó dormida.

    Durmió por tres horas y luego, resignada, se levantó de la cama, se arregló un poco. Tenía los ojos hinchados y grandes ojeras, pero no le daba importancia a su aspecto así que con el pecho oprimido se dirigió a la morgue. Edwin la acompañó porque ella no quería ir sola, no podría hacerlo, necesitaba la compañía de alguien cuando lo viera. Todo el trayecto de la mansión al destinatario fue en silencio. Al llegar, los encargados comenzaron a hacerle preguntas sobre su marido y ella comenzó a impacientarse porque deseaba terminar con aquel tormento, así que exigió ver el cadáver, sería duro pero necesitaba hacerlo para que su alma descansara.

    Amber se adentro al cuarto mientras las encargada detrás de ella intentaba detenerla porque existían reglas.

    —Señora Stan, por favor, antes de entrar debe llenar...

    Amber estaba en ese lugar para verlo, no para hacer nada más. Encontró a dos policías, uno de ellos era de los que lo visitaron anoche, bajó la mirada hacia la camilla que ambos varones miraban, pensó que era donde estaba el supuesto cadáver de su marido. Los dos oficiales se sorprendieron de verla en ese lugar.

    —¿Es él? —interrogó sin dejar de ver la blanca sábana que cubría el cuerpo. Estaba exaltada.

    —Señora, antes de hacerlo necesitamos advertirle algo...

    —¡Exijo verlo, ahora! —gritó al momento que forcejeaba con los hombres quienes intentaron detenerla.

    —Entendemos como se siente pero antes debe saber que…

    No pudieron retenerla por mucho tiempo así que ella se zafó del agarre de ellos y, con rapidez destapó el cuerpo para ver si en verdad se trataba de él, de su Emer, porque a pesar de todo, aún se encontraba esperanzada, sin embargo, al levantar la cobija se llevó el peor golpe de su vida.

    —Todavía no hemos encontrado todas las partes del cuerpo —finalizó el sargento con tristeza, había sido tarde, ella lo había visto.

    Amber se tapó la boca con la mano y cubrió un grito ahogado, retrocedió realmente aterrada. Sí, era él. Quien estaba ahí era Emer. Estaba su cabeza, y su cadáver… estaba en pedazos. Lo habían desmembrado y todavía faltaban partes de su cuerpo. Eso no fue un simple asesinato; quién lo asesinó no lo hizo para robar dinero, lo hizo por diversión.

    Edwin observó el cuerpo, o mejor dicho, las partes de Emer antes de volver a ser cubierto, estaba impactado.

    —¿Quién fue? ¿Quién lo hizo? —preguntó Edwin acercándose al detective, exigía una respuesta.

    —No lo sabemos —informó el oficial—. ¿Usted es familiar?

    —Soy amigo intimo de la familia Stan.

    —No tenemos ni idea de quien pudo haberlo hecho. Es un caso raro porque toda su documentación y dinero estaba en su billetera, así que no fue un ataque de robo. Creemos que fue por venganza…

    Edwin tal solo negaba a las palabras del hombre. No, sabía que no fue un ataque de venganza, ni siquiera de ira.

    —¿Conoce a alguien que quizá odiara al señor Stan?

    Volvió a negar. Eso era imposible, Emer era varón recto y de buen corazón, procuraba no meterse con nadie. El autor de tal horroroso crimen no era humano y él lo sabía; aquel acto no fue por venganza u odio, había sido por sadismo, por diversión. Hasta los mismo policías de la ciudad estaba asombrados porque nunca había sucedido algo de tal magnitud. Si bien había asesinatos eran más bien entre borrachos, no obstante, desmembrar a alguien de esa forma no era nada común, ese era el primer caso.

    Por otra parte, una terrorífica idea cruzó por a cabeza de Edwin haciéndolo temblar ante tales pensamientos. Fueron los Poewo. Ellos estaban allí y descubrieron que la familia Stan poseía Energía, creyeron que Emer era el descendiente del linaje de dicho poder pero en realidad era la familia Reza; Amber era usuaria de Energía. Asesinaron a un inocente y ahora, ahora irían por Arturo.

    Con el más grande de sus pesares, días después de preparar el funeral del Emer, Edwin le contó a Amber que ella y su hijo estaba en peligro y también, le contó todo y tendido; desde quienes eran los Poewo, los White y por qué necesitaba su ayuda. Tardó dos días y medio para tenerla al tanto de todo, dejándola que descansara para que ingiriera la noticia. Amber simplemente lo escuchaba como si ya no le importara nada. Lo escuchó y no hizo ninguna pregunta, dejándolo que él contara lo que tenía que contar.

    Amber nunca dudó sobre esa dichosa Energía porque desde niña, especialmente cuando jugaba con sus amigos, sintió que algo fluía dentro de ella. Una vez se lo contó a su madre, ella no le creyó pero cuando se lo contó a su padre si la comprendió, porque él se sintió de ese modo, aunque pensaban que era algo natural y que venía de familia. Nunca le dio tanta importancia hasta ese momento.

    Lo único que le importaba era el bienestar de su hijo. Terminó creyendo a Edwin por la convicción de sus palabras y ante la extraña muerte de su marido. Lo último que deseaba era que Arturo se involucrara en todo eso, por lo que decidió que entrenaría su Energía para poder capturar a los White. Tomó esa resolución para proteger el futuro de su hijo. Sería ella quien se arriesgaría.

    —No quiero que le digas nada a Artuno, nada —Amber estaba empacando un par de ropa.

    —Pero si él pregunta...

    —Miéntele —respondió antes que finalizara la oración—. Dile... cualquier cosa. Realmente no deseo que él se involucre en esto. No quiero que tenga el mismo destino de su padre, ni el mio —Dirigió su vista a Edwin—. ¿Cuento contigo? Sé que puedo contar contigo. No olvides que es posible que esos engendros del demonio —Le daba tanta rabia pensar en esos seres que aunque no conocía, los aborrecía—, estén buscándolo, muévanse por todo el país, no se queden en un mismo lugar.

    Edwin asintió. Él estaba ahí con un único objetivo; que capturaran a salvo a los White y si cuidando a Arturo, Amber podría trabajar bien, lo haría con gusto. A pesar de eso, Rules continuó buscando a más linaje de Energía para que pudieran ayudar a Amber.

    Esa misma noche, Amber tomó sus bolsas dispuesta a irse cuando escuchó a Arturo bajar del segundo piso a toda prisa.

    —¿A dónde vas? —preguntó el pequeño—. ¿Te vas? ¿Por qué?

    Él comenzó a llorar mientras rogaba que no se fuera, aferrándose a ella. Él no lo comprendía; su padre los abandono y ahora ella lo abandonaba. Amber, respirando con fuerza y creyendo que lo que estaba haciendo era para mantenerlo a salvo, se inclinó y lo abrazó con fuerza, aguantando todo su dolor para que no la viera llorar, le susurró algo y luego lo despegó de ella con fuerza mientras Edwin lo agarraba para que no la siguiera se fue, dejando a un Arturo desolado, siendo sus llantos lo último que escuchó de él y fue hasta que subió al carruaje que ella no pudo más y se desahogo, lloró.

    La comunicación nunca faltó. Ella preguntaba por Arturo y le daba dinero a Edwin para que lo mantuviera bien y aunque Arturo nunca lo supo, él siempre estuvo al cuidado de su madre. No obstante, semanas después que comenzó con su entrenamiento para mejorar y conocer su Energía, se dio cuenta que su cuerpo ya no le pertenecía solo a ella; estaba embarazada. Como desconocía si era bueno o no para el bebé utilizar Energía, decidió mejor posponer su entrenamiento para dedicar a los próximos meses a descubrir dónde se escondían los White.

    Así transcurrieron los siete meses siguientes hasta que estaba a punto de dar a luz y, como nunca dejó de moverse por todo el país, y al no tener en cuanta que daría a luz un mes antes de lo previsto, aquello la tomó por sorpresa, así que se encontraba en una zona aislada. Afortunadamente, Edwin la acompañaba ese día.

    Edwin conducía el carruaje, deseaba llegar a un pueblo o por lo menos a una casa, estaba nervioso ante los gritos de Amber pues estaba a nada de parir, la fuente se había roto.

    —¡Edwin! —gritó al mujer desde el interior—. ¡Para este maldito trasto! —gritó, adolorida, los movimientos bruscos del vehículo provocaban que las contracciones fueran peores. Necesitaba estar recostada—. ¡Voy a parir aquí y ahora, así que detente!

    —¡Espere un minuto, Amre! —gritó Rules, nervioso, no estaba preparado para la llegada de un niño terrícola. No sabía que se hacía en esas circunstancias. ¡No estaba listo para eso!

    —¡¿Crees que… es fácil?! ¡¿Cómo me pides… ¡qué espere!?!

    A lo lejos Rules observó una granja. Era el lugar perfecto para que ella pudiera descansar. Se acercó a dicho lugar, los dos dueños se extrañaron al ver como un carruaje desconocido se estacionaba, así que curiosos se acercaron y se sorprendieron de ver a una mujer embarazada.

    —¡Esta mujer va a tener un bebé, necesitamos ayuda! —alzó la voz Edwin mientras ayudaba a Amber bajar del vehículo.

    El hombre y la mujer ante las palabras del varón se apresuraron a ayudarlos. La llevaron hasta una de las habitaciones y fue ahí donde la mujer hizo de partera, ayudando a Amber a dar a luz.

    —¿Qué es lo que estaban haciendo tan retirados de un pueblo o una ciudad? —interrogó el hombre a Edwin—. Sin la atención adecuada madre e hijo hubiera corrido peligro.

    Edwin solo asintió, estaba de acuerdo pero la tenacidad de Amber era muy fuerte.

    —La llegada del bebé fue imprevista —Terminó por decir Rules.

    —Aún así —Lo miró con rostro un tanto molesto, por la negligencia de ambos—. A esas alturas ella no debería estar viajando —Edwin no podía estar más de acuerdo—. ¿Usted es el padre?

    —¡No! No lo soy. —La pregunta lo tomó por sorpresa—. Soy amigo de la madre.

    Segundos después la casa se llenó del llanto del bebé.

    —¡Ya nació! —gritó emocionado el hombre mientras observaba a Edwin—. ¡Nació bien!

    Aquel matrimonio eran los Fave. Y les dieron una calurosa bienvenida a Eduardo y a Amber. Aquel matrimonio no pudo tener hijos así que poco a poco se encariñaron con el bebé y, ese afecto lo estuvo observando la madre. Se dio cuenta que hizo bien en quedarse en esa granja, era una pareja muy trabajadora y amable, haberle dado un techo a una desconocida solo hizo que ella los apreciara más.

    Los meses pasaron y Amber tomó una decisión; dejaría a Eduardo con esa familia. Aunque esa resolución no fue sencilla. Eduardo ya había cumplido los doce meses y creía que era el momento perfecto para irse. Sabía que viviría bien con los Fave. Aquella noche en la que se marcharía, Amber estaba muy pensativa, dudaba un poco. Estaba acostada en la cama teniendo al niño a su lado, entre las almohadas y ella, estaba durmiendo plácidamente. La mujer se giró para observarlo, su pequeño, lo acarició de la frente mientras cerraba los ojos al pesar en lo que haría; le dolía tener que volver a abandonar esa vida. Se le cruzó por la mente quedarse ahí, con la familia Fave, sin embargo, no podía hacerlo. A sus veintiséis años, Amber solo deseaba tener una vida normal, estar al lado de sus hijos, mas sabía que no podía quedarse en un mismo sitio. Por temor a que aquellos seres infernales la estuvieran buscando.

    Con gran pesadumbre se levantó, cargó a Eduardo con cuidado y lo puso sobre la cuna.

    —Te deseo una vida feliz —susurró para luego darle un beso en la frente—. Adiós, hijo mío.

    Rápidamente guardó sus pertenencias en una bolsa, y con sigilo salió de la casa de los Fave. Intentando no hacer ninguna clase de ruido al abrir la puerta.

    —¿Amber?

    La mujer se sobresaltó al escuchar la voz de la señora Fave, exhaló aire al momento que cerraba los ojos quería hacer esa huido en silencio.

    —¿A dónde vas? —inquirió la mujer al no obtener respuesta de Amber. Esta última se giró para verla y luego soltar:

    —Cuide de Eduardo, se lo encargo.

    —¿De qué estás hablando? —Se apresuró ella, susurraba para no despertar a su esposo—. ¿Cómo me pides hacer eso? —preguntó, no porque no lo quisieran cuidar sino porque era algo impensable, observando que ella amaba a su hijo.

    —Ustedes lo aman, ¿cierto?

    —Por supuesto que sí —Desde la llegada de los dos, ese lugar se había animado. La verdad es que la llegada de aquella indefensa criatura fue la felicidad para ellos, pero a pesar de todo reconocían que Eduardo necesitaba de su madre. Él necesitaba estar con ella y se lo hizo saber al decírselo—. No entiendo por qué estar apunto de hacer eso.

    —Es… —Amber respiró hondo porque le ere difícil explicar—. Es complicado. Tengo que irme y a donde voy no puedo llevarlo. Por eso les pido que cuiden de él.

    —No sé que es lo que está sucediendo, pero no puedes abandonar a un hijo. No puedes hacerlo eso.

    Cuando lo decía se escuchaba tan mal, pero no tenía otra elección.

    —Le prometo que —Su voz tembló—, le prometo que volveré. Volveré por él, por mi hijo.

    La mujer vio en los ojos de ella una gran tribulación, como si algo ajeno a ella le obligara a hacer eso. El hecho de que una madre abandonara de esa forma a su hijo debía ser por algo realmente importante, la señora Fave no se imaginaba otra razón.

    —Te esperaremos, Amber —dijo la señora dándole un fuerte pero fortalecedor abrazo pues era lo único que podía hacer por ella.

    —Gracias —Fueron las últimas palabras. Amber estaba muy agradecida por la cordialidad de los Fave y nunca olvidaría sus hospitalidad.

    ”Los Fave la esperaron y continúan esperándola aunque ya han pasado diecisiete años desde esa promesa y porque confiaban en que Amber volvería, nunca le ocultaron a Eduardo la verdadera identidad de su madre. Por el contrario, Amber, sabiendo que Eduardo estaría en buenas manos, continuó con su misión. Entrenó y continuó entrenado su Energía, los años pasaron hasta la actualidad...

    —… y así es como se convirtió en la maestra de Energía. Además, para su mala suerte, se dio cuenta que no podía capturar a los White sola, si se puedo, capturó a uno pero, era más complicado. Mientras tanto yo, continúe buscando a más descendientes de Energía y luego di contigo, con la familia Irik."

    Brad prestó una gran atención a la historia contada y si todavía tenía alguna duda, en ese preciso momento en que Edwin terminó de contar el pasado de ella, desaparecieron por completo. Ante la verdad solo pudo respetar más a Amber. Ella sacrificó mucho, ¿por qué él no sacrificaría una sola cosa?

    Además, Atur estaba ahí, ¿cuán difícil era para ella ver a su hijo involucrado? Debía de admitir que Amber era fuerte, no físicamente también emocionalmente. No la tenía fácil.

    Una motivación lo invadió, ahora ya no solo lucharía por él, también por su maestra, para que su sacrificio no fuera en vano.



    Fin del capítulo.
    Gracias por llegar hasta aquí.
     
    Última edición: 25 Diciembre 2018
    • Ganador Ganador x 1
  3. Threadmarks: Capítulo 21.- Cuarta fase: Recolectar a los White Parte 2
     
    Kay Greenwish

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    Una misión; Un futuro mejor [Parte 1]
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    22
     
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    Capítulo 21
    Cuarta fase: Recolectar a los White Parte 2

    El ambiente se volvió incómodo. Ni hijo ni madre decían nada pero sabían que debían romper aquel silencio. Se debía romper el hielo que se formó hace años, ahora era el momento de hacerlo. Todavía no era demasiado tarde; por lo menos para Eduardo quien estaba dispuesto a olvidar y perdonar, por eso había ido hasta ahí. El joven amaba a los Fave porque los consideraba sus padres reales, sin embargo, siempre deseó conocer a su madre biológica porque desea conocer su orígenes.

    Por otro lado Amber, a pesar de mostrarse como una mujer fuerte, su debilidad siempre fueron sus hijos y, aunque si deseaba volver a verlos, nunca creyó que sería de esa forma tan repentina. Al final exhaló aire, rendida, ya no podía mantener su forma seria.

    —Bueno —dijo dibujando en sus labios media sonrisa—, en inevitable. Ya sabes quien soy, Eduardo. ¿Cómo has estado, hijo?

    Escuchar la palabra hijo alegró al joven pero aquella alegría no se comparó a cuando Amber lo escuchó decir:

    —Muy bien, mamá…

    Escucharlo decir mamá le trajo dos sentimientos diferentes, pues se dio cuenta que madre era una palabra que le quedaba muy grande, mas le hizo tan feliz escucharlo decírselo. Fue de esa forma que el ambiente se aligeró un poco y empezaron a hacer una plática, que aunque empezó un poco apagada con los segundos se volvió una conversación más relajada. Pese a que el joven deseaba preguntar la razón de su adopción, al notar la situación, decidió que lo más correcto sería preguntarlo más tarde, o en su defecto cuando hubiera más confianza.

    Y hubieran continuado con esa amena plática sino fuera porque la mujer se inquietó al escuchar la voz de Arturo, quien preguntaba dónde estaban. No era el momento de estar de forma tan tranquila, sin contar que lo último que deseaba ahora era que Atur preguntará quien era él y no estaba de humor para ninguna clase de drama, por lo que tuvo que decirle a Eduardo que le en ese momento estaba ocupada. Él, por supuesto, al principio se negó en irse porque necesitaba saber muchas cosas, pero comprendió que al haber llegado de improvisto ella estaba ocupada.

    Amber descifró su rostro y le prometió que cuando terminara con ese trabajo, los visitaría; a él y a los Fave para hablar de forma más tranquila.

    —¿De verdad? —preguntó el joven rubio, emocionado ante la idea de por fin reunirse todos, era su ilusión—. ¿Tú y Edwin irán?

    —Claro, y llevaré a alguien más —finalizó.

    Así era, también le contaría a Arturo. Estaba consciente que al contar la verdad no llegarían a ser una familia feliz o unida, pero era cierto que Arturo debía saber la historia de su padre, de su hermano y la de ella. Tenía derecho a conocerla. E independientemente de como reaccionara, lo seguirá amando porque era su hijo. Nunca dejó de verlo como tal.

    Confiando en las palabras de su madre biológica, por ahora Eduardo se iría, aunque primero iría a buscar a Edwin para despedirse, sin embargo, Amber, nerviosa de que se encontrara con Arturo le dijo que no era necesario, que ella se despediría por él. Sin comprender su reacción, Eduardo no le dio tanta importancia y al final se fue. Una vez sola, la mujer dejó salir un suspiro enorme mientras su corazón volvía a latir con normalidad. Y a pesar de haberse puesto un poco intranquila ante la llegada de Eduardo, no pudo ocultar su felicidad por lo que el resto del día se le observó alegre, sonriente y hasta tarareando canciones, contagiando a Brad, a Edwin y a Stanley, excepto a Atur, quien se extrañó porque era la primera vez que la veía así.

    Aprovechando el resto del día, Reza terminó por contarles los detalles del plan y cuando el cielo comenzó a dar indicios de que estaba anocheciendo, el grupo se fue temprano a descansar pues se levantaría muy de madrugada. Debían estar lo más descansados y frescos posibles.

    Amber se dio cuenta de su negligencia al haber separado al grupo en dos, creyendo que si se dividían sería más rápido capturar a los White, pero en realidad fueron un blanco fácil para el enemigo, arriesgándose. Por lo que esa vez todos irían juntos.

    Amber, Brad, Atur, Edwin y Stanley arribaron a la zona en la que uno de los White descansa. Se trataba de uno de los bosques del país. El lugar no era tan profundo pero si muy extenso. En esa ocasión Brad y Atur serían quienes se encargarían de atrapar al White; Stan siendo quien lo agarraría mientras que Irik sería quien lo acorralaría hasta llevarlo a las manos de su compañero. Rules y Stanley se mantendrían en el noroeste del bosque, teniendo cerca una colina con una pared rocosa, ambos vigilarían las cercanías; el oeste y norte mientras que Amber se posicionaba en el este para vigilar el noreste y sureste.

    Brad, Amber y Edwin tenían un radio con el que se mantendrían comunicados. Los dos jóvenes se acercaron para observaron el terreno duro, Brad, quien poseía un mapa que marcaba esa zona con un circulo rojo, lo miró para cerciorarse que estaban en el lugar indicado.

    —Según el mapa, debe estar cerca de esta zona.

    Atur clavó la pala en el suelo, sus manos temblaron al notar la dureza de la superficie. Sería difícil palear todo eso.

    —Creo que lo mejor sería primero limpiar el lugar —opinó Brad al notar la mueca de disgusto de su compañero—. Hay muchas piedras y raíces.

    —Mi pregunta es, ¿cómo demonios llegaron a esos lugares esos animales?

    Brad rio por el comentario mientras limpiaba y recogía un poco el suelo con la pala.

    —Por cierto, quiero hablar contigo de algo.

    Brad se sorprendió al escuchar eso por parte de Atur pues lo conocía y era muy raro que quisiera hablar con él de algo. ¿Qué podría ser? Imaginando por su carácter debía tratarse sobre esa misión o algo relacionado, cual fue su sorpresa al no ser así.

    —¿Está pasando algo? —preguntó el rubio—. Desde esta mañana he notado que no has dejado de comportarte de forma extraña —Por un momento el castaño no supo a lo que se refería—. Y colaboré que algo pasa cuando viajamos hasta acá. No dejabas de mirarme a mi y a Amber. ¿Por qué?

    Brad se puso nervioso pero continuó limpiando, fue inevitable ocultar lo que sabía porque al saber la verdad, él ya no podía ver a Amber y a Atur de la misma forma. Verlos de tan cerca pero saber que están tan lejos le parecía extraño.

    —Me están ocultando algo, ¿verdad?

    Comenzó a molestarle el silencio de Brad.

    —Estas exagerando. Claro que no —Brad tuvo que ocultar su inquietud y hablar con claridad—. No sé porqué lo preguntas. Todo está bien.

    —¡Ah! ¿Qué por qué? La culpa es de Edwin y de todos —Comenzó a palear con fuerza, ya había comenzado a cavar. Se sentía ofendido de ser la última persona en enterarse de las cosas—. Es obvio que me ocultan algo.

    —Bueno —No sabía que contestar—, no puedo hacer nada si piensas en que se te esta ocultando algo —Lo admitió, era un pésimo mentiroso y Atur se dio cuenta de ello.

    Y mientras continuaban escavando, se detuvieron cuando dos comenzaron a sentir la leve aura del White. Afortunadamente no estaba tan enterrado como los anteriores dos. Al rubio se le ocurrió algo, dejó la pala mientras que se preparaba para juntar Energía en sus manas y de esa forma se mostró amenazante.

    El White despertó de su letargo y salió a la superficie a una velocidad que Irik se sorprendió mientras que Atur recordó la noche en que Amber y él fueron a capturar a su primer White, había salido disparado de esa forma. Era más practico asustarlo de esa forma. Y sin pensárselo dos veces ni perderle de vista, Brad se fue tras de él al igual que Atur. Esa vez estaban más confiados y sería más sencillo capturarlo.

    —Oye, Brad, todavía no terminamos la discusión —le advirtió.


    * * *​

    Entretanto, Satnley y Edwin continuaban vigilando. Como ninguno de ellos tenía la capacidad de detectar a los Poewo no dejarían pasar a nadie, no existiría ninguna excepción y si alguna persona se acercaba o deseaba visitar los alrededores sospecharían de él o ella. Stanley estaba ahí en apoyo. Desde su posición, a unos diez metros alejados de su compañero, Rules observaba por unos binoculares su alrededor, el que aparentaba estar todo en orden. Lo único a destacar era que alguien acampaba a varios metros de ellos, lo supuso al detectar el humo de una fogata elevándose por el aire. Quitando ese detalle (que no ignorarían) todo parecía estar bien.

    —Debemos estar atentos a cualquier ruido o movimiento —dijo Edwin acercándose a Stanley—. Teniendo en cuanta que tenemos desventaja para detectar a los Poewo —Lo bueno era que él tenía los cinco sentidos muy desarrollados por lo que podía sentir cualquier ataque sorpresa.

    —Si tú dices eso, ¿dónde me dejas a mí?

    —Por lo menos tú si puedes ver a los White, eso todavía me deja a mí con más desventaja.

    —Así que ahora nos pelearemos por ver quien está con más desventaja, ¿eh?

    Sin perder la concentración ambos adultos se enfrascaron una amena charla. Tenían tiempo en que no lo hacían. Edwin le preguntaba por la esposa, hija y el pequeño que aún no nacía. Todo parecía ir viento en popa y hubiera continuado de esa forma si no fuera porque escucharon el crujir de ramas y hojas, los dejaron de hablar y guardaron silencio. Las pisadas de un hombre de no más de cuarenta años se iban acercando a donde ellos. Poco después un varón se hizo ver, llevaba una escopeta.

    —Oh, no pensé encontrar a gente aquí —dijo asombrado el hombre.

    —¿Quién es usted y qué hace aquí? —interrogó inmediatamente Edwin.

    No quería sonar agresivo pero las circunstancias lo ameritaban. El hombre dio un paso hacia atrás, anonadado.

    —¿Y por qué quieren saber eso? ¿Quienes son ustedes y qué hacen aquí? —Ahora exigió saber él, frunciendo el ceño, desconfiado.

    —¡Responda! Necesitamos saber que hace aquí —Volvió a preguntar. En esos momentos todos eran sospechosos hasta que se mostrara lo contrario.

    El hombre exhaló aire, si no tenían más remedio les diría.

    —No sé quienes son usted ni por qué quieres saber quien soy. Mi nombre es Ditry, soy cazados y como es temporada de caza solo he venido a cazar algunos venados, así que si me disculpan…

    —¡No se mueva y quédese donde está! —gritó Stanley, sorprendiendo a Edwin, si bien no pensaba dejarlo pasar por precaución, le asombró su repentina actitud—. Baje la escopeta —ordenó.

    —¿Pero de qué…?

    —¡Baje el arma! —Interrumpió al cazador para luego efundir su arma y apuntarla—. No lo volveré a repetir, baje el arma.

    —Oye, amigo, ¿qué sucede? Tranquilo —El hombre por nombre Ditry arrojó la escopeta y levantó las manos, miró a Edwin y luego la posó a Stanley—. Quien debería bajar el arma eres tú —añadió.

    —Stanley —Edwin se acercó todavía más a él—. ¿De qué me perdí?

    —Es cierto, es temporada de caza —comentó Stanley sin quitarle ni un segundo la vista al hombre—. No es mi profesión pero adoro la caza por lo que me sé los mejores lugares para hacerlo en su temporada. Él ha dicho que es cazador, pero me pareció extraño que lo digera teniendo en cuanta que en este bosque no hay venados. En este lugar se cazan las aves, conejos y jabalís. Este bosque es famoso por éstos animales.

    —¿Viniste a cazar venados? —Edwin dirigió sus vista al supuesto cazador.

    —¿D-de qué hablan? —Ditry miró a uno para luego ver al otro, estaba confundido y comenzó a ponerse nervioso y a sudar. No entendía por qué habían llegado a esa conclusión ni la razón de su comportamiento.

    —Si es amateur —continuó Stanley—, debería estar acompañado de alguien experimentado. Si ya es un “cazador” debería tener conocimiento de los animales de cada zona. Si en verdad eres un cazador, muestre su licencia.

    Ante las palabras de su compañero, Edwin empezó a dudar de aquel hombre que aparentaba estar confundido.

    —¿Puedes mostrar la licencia?

    —Lo admito, no soy un cazador profesional ni tengo licencia, ¿bien? —admitió mientras levantaba la voz, alterado—. ¿Pero a ustedes que les importa eso? ¡No saben nada de mi situación! Ustedes son los más sospechosos. Sa-saben, no quiero meterme en ningún problema, me voy a ir, ¿de acuerdo?

    —¡No te muevas! —ordenó Rules al ver que el hombre bajaba las manos.

    Como no estaba seguros de que Ditry era un simple civil, y que probablemente era quien estaba acampando cerca, o en realidad era un Poewo disfrazado de cazador, tampoco era prudente actuar bajo suposiciones y a la vez no querían dejarlo ir. Lo mejor era llamar a Amber para asegurarse.


    * * *​

    Amber cerró los ojos y se concentró para sentir lo que había a su alrededor. Concentró el poder de su Energía para ampliar todavía más su alcance y de esa forma sentir a cualquier enemigo por muchos metros más de lo que en una situación normal podría. Todo parecía estar en orden. No había nadie sospechoso; solo pudo notar levemente un aura; la de Atur.

    “Está desperdiciando demasiada Energía” pensó, “Le dije que Brad tenía que ser quien acorralara al White” Intuyó que Atur era quien estaba haciendo el trabajo que Brad debía hacer. Bueno, a esas alturas ya no importaba quien fuera el que lo capturara. Estaba ansiosa por que todo terminara y esperanzada de que la captura fuera fácil y no involucrarse en una confrontación.

    Ya habían pasado más de media hora, y pensó que continuaría de esa forma hasta que escuchó la radio, al principio pensó que se trataba de sus pupilos, pero al segundo escuchó la voz de Edwin.

    Amre. Tenemos a un sospechosos aquí y no estamos seguros de que sea quien dice ser. Dice ser un cazador pero Stanley dio un par de puntos que nos hace pensar que no lo es. Cambio.

    —No le quiten el ojo de encima. Ahora me dirijo para allá. Cambio —contestó.

    La mujer inhaló y exhaló, realmente deseaba que dicha persona fuera alguien normal, comenzó a caminar hacia dirección de los varones, iría solo a cerciorarse y preparada para luchar.

    Al caminar unos cuantos metros se detuvo pensativa, repasando el comentario de Rules. Se giró para ver el lugar que había dejado atrás mientras que una corazonada creció en su interior. Algo no cuadraba. Algo no estaba bien.

    ¿Sería correcto dejar su puesto? Volvió a cerrar sus ojos para volver a ver si había alguien a su alrededor, solo sintió a los muchachos, y muy tenuemente. Todavía Stanley y Edwin estaban lejos de su rango, por lo que no podía sentir si la persona era o no un Poewo. Dudó sobre dejar su puesto, tomó la radio para comunicarse de nuevo con Rules y decirle que mejor mantuvieran al sospechoso en la mira… y entonces un repentino pensamiento vino a su mente al comprender la situación.

    “Es… ¡es una trampa!” pensó Amber y se apresuró a donde ellos.



    * * *​


    Brad escuchó la conversación desde la radio que tenía.

    —Al parecer Stanley y Edwin se han encontrado con un sospechoso —Brad comunicó la noticia a su compañero.

    —Presta atención, Brad —refunfuñó el rubio cuando pensó que había acorralado al animal pero este fue más veloz y volvió a escapar. Miró al castaño para decirle—. Lo que a continuación pase solo determinará lo que va a ocurrir, solo existen dos opciones; que susodicho sea o no un Poewo y en cualquier caso, es probable que sea una trampa. Nuestra prioridad es capturar al White y cuando lo hagamos, debemos ir con ellos.

    —¿A qué te refieres? —inquirió el castaño.

    Atur se limpió el exceso de sudor.

    —Amber debió darse cuenta ya, claro, si es que es perspicaz. Si susodicho es uno de esos alienígenas atacará a ambos; teniendo como ventaja que ellos no pueden herirlos de gravedad, o en su defecto, esa persona ser alguien normal y aprovechándose de esa confusión, los extraterrestres los atacarán. Así que Amber irá para ayudarlos, ¿y adivina qué?

    —La zona que Amber custodia estará sola —Brad se giró para ver dicha dirección.

    Ahora comprendía lo que estaba diciendo. Ese lado sería un blanco fácil para acercarse y atacarlos.

    Edwin. Iré inmediatamente para allá. Cambio —Escucharon la voz de Amber—. Muchachos. Atentos. Cambio.

    —Entonces nuestro trabajo es atrapar cuanto antes al White.

    Esos bastardos planearon bien la jugada; fuera lo que ocurriera, Amber iría hacia donde Edwin y Stanley y por ende, Brad y Atur lucharían contra los Poewo sí o sí por eso debían atrapar al White antes de que llegaran. Debían de admitir, planearon muy bien esa jugada, aunque ellos no estaban en desventaja pues descifraron el plan con tiempo. Los estaban subestimando, tampoco es que Edwin fuera tan débil. Nadie del equipo lo era.



    * * *​


    Ni Edwin ni Stanley le quitaban la vista al cazador, quien comenzaba a mostrarse impaciente y nervioso por ser apuntado con un arma, aunque tenía miedo de ser disparado.

    —Ésto me parece absurdo —intentó llegar a un acuerdo con ellos—. No sé que está pasando, pero ¿podrían dejar de apuntarme? Me pone nervioso. Es ridículo, ¿saben que puedo demandarlos por ésto? Esto es abuso.

    —También es delito cazar y portar un arma sin licencia —informó Stanley.

    —¿Por lo menos puedo bajar los brazos? Es que ya me canse.

    —De acuerdo, pero lentamente —dijo Stanley.

    Edwin prestaba detenida atención a su alrededor, atento de cualquier “ataque sorpresa”, imaginándose el peor escenario que era estar rodeado por varios Poewos. Pero tanto silencio lo estaba incomodando demasiado. Si iban a ser atacados que fueran atacado ahora.

    —Y díganme, ¿por qué están aquí? —preguntó Ditry, ya que lo tenían de “rehén” pues mínimo aprovechar el tiempo para charlar o algo.

    Stanley se limitó a arquear la ceja. Comenzó a dudar que ese hombre fuera un enemigo. Entonces los tres escucharon un rugir extraño y para cuando Edwin se giró, un lobo se levantó contra él, sorprendiéndolo y tirándolo al suelo pues no se esperaba que semejante animal estuviera vagando por ahí, su reacción fue tomarlo del hocico, de esa forma evitó ser mordido.

    Satanley, impresionado, disparó al canino, hiriéndolo.

    —No tenía ni idea de que hubiera lobos aquí —dijo Edwin, apartando el cuerpo del lobo y luego poniéndose de pie.

    —No debe haber —susurró Stanley llamando la atención de Rules—. Solo hay lobos en la montaña y la montaña ésta lejos, es imposible que haya bajado hasta aquí.

    El lobo se levantó de golpe, como si la bala de la herida no le hubiera afectado y fue entonces que se dieron cuenta de la verdadera naturaleza de dicho animal.

    —¡Ten cuidado, es un Poewo! —advirtió Rules, esquivando al animal, sacando un pequeño cuchillo.

    —¿También pueden poseer cuerpos de animales?

    —A mi también me sorprendió —admitió—. Pero los animales también son seres vivos así que por lógica sí, es posible.

    El lobos gruñó y volvió a atacar, de nuevo Stanley disparó, no le atinó a diferencia de la primera vez, pero lo alejó de ellos. Los habían acorralado. Edwin miró a ambos lados en busca de algún otro animal o persona pero sin quitarle por mucho tiempo la vista al feroz lobo. Entonces el ojo de éste miró a Stanley, atacaría al más débil del grupo. Stanley comenzó a temblar porque sabía que en cualquier momento lo atacaría y Edwin no deseaba actuar antes de previsto, observó lo nervioso que estaba Stanley, los ojos del lobo volvieron hacia Edwin, estaba calculando. ¿A quién atacaría primero?

    El ambiente se volvió muy tenso. El lobo se inclinó poco a poco, listo para atacar y cuando lo hizo, se giró hacia su derecha, hacia donde estaba Stanley, quien disparó y aunque le dio, el Poewo ignoró y continuó pero como Edwin leyó el movimiento se acercó hacia su compañero, metiéndose como escudo. En un movimiento brusco la radio salió volando y fue a caer lejos de ellos. El temor del Lkijo era que fuera destruido así que se apresuró a tomarlo, sin embargo, el Poewo se balanceó sobre él, atacándolo.

    Intentó golpearlo pero se movió de forma muy ágil. El Poewo lo rodeaba, atento mientras que Lkijo lo seguía con la mirada. Él golpeó y su corte fue esquivado mientras esquivaba las balas de Stanley, quien a su vez estaba preocupado de gastar las balas porque aunque cargaba con muchas, temía desperdiciarlas.

    Los golpes de Edwin no eran certeros, se dio cuenta que era más difícil luchar contra un animal (o por lo menos contra un lobo) que con un humano. El lobo evitaba los movimientos del Lkijo, tenía mejores reflejos que en versión humana, pero recibía uno que otra corte; herida que sanaba a los minutos.

    El Poewo los estaba cansando tanto física como emocionalmente y todavía estar preocupados de ser atacados por otro Poewo.

    Edwin. Escuchame bien. Probablemente el tipo si sea un Poewo.

    Miró la radio, intentó burlar al enemigo para poder agarrarla e informarle que el hombre no era el enemigo, pues éste, al ver al feroz animal salió corriendo, el verdadero enemigo era un lobo.

    Intentó tomarlo pero el canino no lo dejó al irse contra él, Edwin se vio en la obligación de desviar el ataque tomando la dirección contraria a la radio, escuchó un par de disparos uno de ellos rozó al animal pero éste continuó detrás del Lkijo. Edwin volvió a encararlo, el lobo saltó y lo mordió en el hombro. Rules le enterró el cuchillo en el estómago. El canino cayó al suelo.

    —¡Edwin!

    El nombrado comenzó a sangrar mucho, la mordida de un perro grande no era poca cosa y si hubiera sido un lobo normal él sería el vencedor pero como no, el lobo se puso de pie, quien estaba en desventaja era él.

    —Estoy bien —le hizo saber—. Agarra la radio y… comunícate con Amber. Dile lo que ésta pasando.

    El lobo se pudo de pie y volvió a atacarlo. Si estuviera peleando con un humano la cosa sería diferente. Lo esquivó y volvió a esquivarlo; tenía que pensar en algo para detenerlo, no podía luchar contra la agilidad y el mordisco de un temerario un lobo.

    Edwin. ¿Por qué se han movido? Cambio. —preguntó Amber desde la radio.

    —¿Qué acaba de decir? —inquirió Edwin confundido. ¿Qué estaba sucediendo?




    Fin del capítulo
     
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