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Fantasía Soldado, Poeta, Rey III: La Balada del Mago y la Muerte

Tema en 'Novelas' iniciado por Dosmilveintiuno, 28 Agosto 2020.

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    Qué felicidad me da pensar que a partir de este post voy a poder reaccionar a un solo capítulo por vez y no a doce a la vez JAJAJA. Y qué alegría poder estar al día al fin, sabiendo la de cosas que tienes aún por soltar.

    Siento que tengo muchísimas cosas que decir y no me voy a acordar de todo ni de coña, pero antes de nada felicidades por mantener siempre el listón tan alto. Las expectativas después de las otras dos historias eran altas y aún así sabes cómo superarte, metiendo nuevo lore y atrayentes personajes, que suelen ser la receta perfecta para atar al lector afectivamente a la historia. También tuve la sensación de que eché de menos a Freyja, sus comentarios sarcásticos, sus maneras irrespetuosas y sus misterios, y fue una alegría volver a saber de ella. Aunque el resto de nuevos personajes no se quedaron atrás: Lahnla (que me encanta la sonoridad de su nombre, por cierto, muy accurate con el bardo) con tan hermosas descripciones de su magia, de su capacidad de crear imágenes a través del propio sonido, y el corazón de un niño en un cuerpo de gigante.

    Y sobre todo Null, de quien admito no me fiaba un pelo al principio con tanta amabilidad encima pero luego fue cobrando sentido con su historia, y pues quiero que me envíen uno por correo, por favor y gracias. Me da todas las vibes, viendo su aprensión por darle un entierro digno a los muertos, que en su otra vida ha acumulado demasiadas víctimas atrás como asesino, y ahora después de renacer se encuentra arrepentido y en deuda con el mundo. Me resultó muy linda la reflexión sobre por qué sonreía tanto, como aquella persona que después de haber sufrido tanto ve con otros colores el mundo.

    Ya metida en la historia, me tienes muy enganchada sobre todo por el lugar en el que se encuentran, las Tierras de Nadie. Tus descripciones son magníficas y es fácil verlo todo en tu cabeza como una película (no creo que se me olvide la escena de los gnolls y las hienas, gracias), tensándote ante la posibilidad de que tus personajes favoritos resulten asaltados y heridos por el camino. Las batallas como siempre te dejan al borde del asiento (highlight a la batalla del primer capítulo, la super disfruté) y ahora que se internan en ese lugar lleno de bruma y peligros acechando en cada esquina sufro por lo que pueda sucederle a mi pobre Null.

    También decir que de todas las criaturas, el golem Colectacadáveres fue mi favorito. Amé la descripción, la imagén mental, las lucecitas que te analizan así bien creepys y frías, el aspecto metálico y reforzado. Encima bien perturbadora la imagen, con los montones de cadáveres encima. Va a ser difícil recolectarlos sin que se den cuenta, pero eso solo lo hará aun más emocionante. Y me encantó la escena con el archimago, no me esperaba para nada que lo encontrasen allí xDDD Qué capullo es, pero me encanta (?)

    Ya te chillé por privado lo CUTES que se me hacen Freyja y Null y mira no me podés hacer eso de asustarme con que se van a separar y luego regresa, a punto de ser golpeado por una pava (me reí demasiado ahí, lo admito). JUEGAS CON MIS SENTIMIENTOS WE. Y me agrada, por masoquista que suene (???)

    En fin, estoy orgullosa de ti y de tu mundo taaan completo, cada vez me sorprendes más con las criaturas, detalles, idiomas y culturas que van saliendo. Procuraré estar atenta cada viernes, que a estas alturas es un poco difícil desengancharme de la historia. GIMME A NULL, PRIMER AVISO.

    PD: Freyja hablando argentino y tomando mate es algo que no me esperaba (???)
     
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  2. Threadmarks: Parte XIII
     
    Dosmilveintiuno

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    Soldado, Poeta, Rey III: La Balada del Mago y la Muerte
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    Fantasía
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    La Balada del Mago y la Muerte - Parte XIII

    Desde el principio se había sentido atraído hacia ellas. Lo llamaban, lo invitaban a internarse en su lechosa consistencia, a perderse en sus difusos cuerpos. Las brumas lo seducían con cada paso que daba, penetrando más y más en ellas. Desde que había entrado a los lindes del pueblo había sentido esa sensación de que algo tiraba de él, pero lo había atribuido simplemente a la ansiedad de lo que estaban a punto de hacer. Después de todo, nadie podía sentirse tranquilo cuando su tarea era exhumar cadáveres.

    Sin embargo, el tirón no hizo más que crecer cuando se había visto rodeado de esa pesada y extraña niebla. Había algo en ellas, una presencia. Se movían de manera innatural, retorciéndose y revoloteando alrededor de él, empujándolo como si la corriente de un río se tratase. Un sonido rítmico, débil, se colaba por sus oídos, depositado en su cabeza por la niebla que lo atravesaba. Latidos. Latidos que lo llamaban, que tiraban de él. Latidos que lo conminaban a seguir adelante. Null fue sintiendo como, cada vez más fuerte, una necesidad comenzaba a crecer dentro de su pecho. Tenía que llegar hasta ese corazón que latía. Tenía que ir hacia donde las brumas lo llevaban.

    Agitó la cabeza, resistiendo el impulso. No sabía qué era lo que lo llamaba, pero no podía ser bueno, si su posible origen era un pueblo que fue masacrado de forma extremadamente violenta por no-muertos. Miró a los costados, a sus compañeros, pero ellos no parecían afectados. Se los veía nerviosos, sí, pero podía atribuirse más a lo intranquilo de la situación de estar en un pueblo fantasma rodeado de niebla, que a una sensación de tirón que pudieran estar sintiendo por culpa de esa misma niebla. Freyja se detuvo de inmediato, haciendo una seña para que ellos hicieran lo mismo. En ese momento, el joven sintió al fin el peso del carro de vuelta en sus manos, y lo dejó caer, exhausto. No se había dado cuenta de lo sudado que estaba, hasta que comenzó a sentir frío en la nuca. Parecía como si esa extraña sensación hubiera desaparecido por completo.

    Pero no, seguía allí. Simplemente se había ocultado en una parte recóndita de su mente, pulsando siempre de manera calmada, rítmica, pero constante. El essino apretó los dientes, haciendo un esfuerzo por contenerse, para volver a empujar el latido de vuelta a los lugares oscuros de su cabeza. Su boca comenzó a secarse, como si estuviera sufriendo las consecuencias de una prolongada abstinencia. Las palmas de sus manos y pies sudaban profusamente, y sus dientes comenzaron a castañear. El latido se hacía cada vez más y más fuerte, llenando toda su cabeza de un único y terrible sonido. Las brumas lo empujaban paciente pero firmemente hacia una dirección desconocida, una corriente constante contra la que era casi imposible luchar. Intentó tragar saliva, pero el paso de la misma por su garganta le supuso una agonía que apenas pudo disimular. La cicatriz de su garganta ardía.

    Ahora no solo el corazón latía, su cerebro lo hacía con él, en un macabro y terrible dueto que no hacía más que confundirle los sentidos, impidiendo que pudiera pensar con claridad. El dolor se volvía insoportable, y por un segundo, pensó que su cabeza se partiría en dos. Quiso caer de rodillas, pues sentía como las piernas le fallaban, pero una fuerza (la niebla, quizás) evitó que pudiera hacerlo, manteniéndolo en pie. Las venas de su frente comenzaron a marcarse. Iba a gritar.

    Y el dolor desapareció.

    La claridad de la realidad le pegó tan fuerte como una trompada en la nariz, y tuvo que hacer un esfuerzo para no trastabillar y caer al suelo. En su cabeza ya no se escuchaba ningún latido, y el empujón de las brumas se había desvanecido. Tragó saliva tentativamente, y soltó un suspiro de alivio al sentir como esta le acariciaba la garganta. Se limpió el sudor de las manos en su ropa, y le dedicó una sonrisa tranquilizadora a Lahnla, que lo veía algo preocupado. Ahora solo tenían que esperar que Freyja volviera, y podrían continuar su camino. Cuanto antes salieran de ese lugar, mejor.

    Una pared se derrumbó.

    Las brumas volvieron a empujar.

    El latido volvió.

    Y su mente se partió en dos.




    Lahnla, a diferencia de sus compañeros, se sentía sumamente cómodo entre las brumas. Estas eran pesadas, sí, y también difíciles de atravesar con la vista y el caminar, pero eso tenía una razón de ser. Pues estaban cargadas de historias. Y como jarín que era, las historias eran algo bueno para él. Algo necesario. Podía entender el nerviosismo que presentaban Null y Freyja, pero no lo compartía.

    Sin embargo, seguía estando atento a sus alrededores. No porque se sintiera cómodo iba a dejar de tener cuidado. Había tantas historias allí, mezcladas en un torbellino etéreo, que uno fácilmente podía perderse. Cientos de voces podían escucharse en la niebla, cada una intentando ganar sobre la otra, ansiosa por contar sus memorias. Y muchas de ellas estaban teñidas de dolor, tristeza o agonía. Navegar entre ellas era sumamente complicado, y poder escucharlas a todas era imposible, a menos que uno quisiera enloquecer. A Lahnla se le encogía el corazón que esto pasara. Pero no podía permitir que su mente se embargara con crudos sentimientos primarios. Así que, si bien las oía a todas, seleccionaba tan solo a algunas, a las que escuchaba con atención, y resguardaba en su mente. Eso era simplemente la primera parte del trabajo. Las historias llegaban todas rotas, fragmentadas, y era su tarea unir cada pieza del rompecabezas. Y como todo rompecabezas viejo, a todas ellas le faltaban piezas. Por eso, había aprendido a siempre tomarse cierta libertad cuando las recolectaba. Y era algo necesario. Siempre imprimía una parte de él en cada historia que recogía. De ellas provenía su magia, y por lo tanto, si no las imbuía con su propio poder, le sería imposible recurrir a ellas cuando le hicieran falta.

    También mantenía un ojo avizor en sus compañeros. Ellos no podían ver las historias a su alrededor, pero eso no quería decir que no les afectaran. Null parecía ser el más alterado de los dos. Sudaba, cada tanto sus dientes castañeaban, y su expresión de esfuerzo daban a entender que se estaba debatiendo con fuerzas externas. Aunque quería, Lahnla no podía ayudarlo. No era su deber. Esto también era parte de la historia del essino, y por lo tanto, no se le tenía permitido intervenir, tan solo atestiguar. Pero no le quitaba el ojo de encima, atento a sus reacciones. Y esa fue la razón por la cual, después de que el derrumbe y la enorme mole oscura que se movía a través de la niebla desviaran su atención por unos segundos, se preocupó sobremanera al notar que el joven había desaparecido. No podía dejarlo solo, rodeado de tantas historias de muerte y aflicción. Tenían que encontrarlo.

    Llamó a Freyja con un silbido, la cazadora acudiendo rápidamente a su llamado. Por la forma en la cual se movía y miraba hacia todos lados, se podía notar lo nerviosa que estaba. No la podía culpar, el ambiente era completamente opresivo para aquellos que no pudieran discernir su verdadera naturaleza. Por suerte, no hizo falta demasiada explicación para que la elfa se diera cuenta de la ausencia de Null, y se pusiera a llamarlo en voz alta, con un dejo de desesperación en la voz. Lahnla suspiró, la tomó por los hombros, y la zarandeó. Esta lo apartó de un manotazo, mirándolo confundida y molesta a través de la visera abierta de su casco. El ulalmarano pudo notar otro sentimiento reflejado en sus ojos color miel: miedo. Le dedicó una sonrisa tranquilizadora, y señaló hacia delante, hacia la dirección en las cuales las brumas convergían en una corriente antinatural. Allí seguramente habría ido Null. Al menos, es lo que las historias le decían. Y él siempre confiaba en las historias.

    La oscuridad dio paso a una luz mortecina y pálida, colándose por los párpados de Null. Este los apretó con fuerza, y se frotó la cabeza. Sentía como la frente le latía intensamente, impidiéndole pensar con claridad. No tenía idea de donde estaba, ni lo que había ocurrido en los últimos minutos. Los momentos recientes eran simplemente retazos en su memoria, líquidos como agua, imposibles de agarrar con sus manos. Sentía como alguien decía su nombre, pero el sonido le llegaba amortiguado. Tenía la sensación de que no había recuperado todavía completamente el control de su cuerpo. En cuanto se apoyó para intentar incorporarse, la sensación enfermiza de tocar carne podrida hizo que los recuerdos lo abofetearan con fuerza.

    —Zwafell...

    Se encontraba rodeado de cadáveres, todos en distintos grados de putrefacción. Algunos estaban resecos y la piel apenas lograba contener las costillas que se demarcaban contra ella. Otros estaban inflados de gases, globos hinchados a punto de explotar. Sus heridas infestadas hasta el tope con gusanos y larvas, pestes prosperando en la repugnancia de la muerte. Suspiró. Era en momentos como este que agradecía haber perdido el olfato.

    Sus oídos captaron esta vez de forma nítida la voz que lo llamaba, así como también los silbidos que la acompañaban. Una parte de él se tranquilizó al saber que sus compañeros estaban bien. Temía que les hubiera pasado algo cuando su mente se dividió en dos y perdió el control de su cuerpo. Los podría haber lastimado. También estaba la posibilidad de que hubiera pasado mucho tiempo inconsciente.

    — ¡Freyja! ¡Lahnla!— gritó, ahuecando sus manos alrededor de su boca.— ¡Aquí abajo! ¡Creo que ya encontré la fosa!

    En cuanto escuchó la voz del essino, el corazón de la elfa pudo al fin latir más despacio. Chistó la lengua en cuanto se dio cuenta. Niebla de porquería, haciendo que sus emociones fluctuaran de forma extraña. Pero si era cierto que se alegraba de que el anoriano estuviera al menos vivo. Le había caído bien después de todo.

    Las brumas habían actuado de forma extraña, como podía darse cuenta ahora que estaba cerca del pozo. Parecían fluir hacia él, como la corriente de un río que se dirige al mar a morir, retorciéndose como si tuviera vida propia, o al menos, algo viviera dentro de ella. Sintió como un escalofrío le recorría la espalda. Cuanto menos pensara en ello, mejor.

    Se asomó al borde de la fosa, y le hizo señas a Null, que respondió con una sonrisa aliviada.

    — Esperá ahí. Vamos a acercar el carro al borde y luego te lanzaré una soga. Atá los cuerpos de los Malditos y nosotros los izamos.— instruyó, quitándose el casco para que el anoriano la escuchara bien.

    — ¿Y cómo voy a saber cuál es cuál?— inquirió Null, levantando una ceja.

    — No sé, vos sos el médico.— se burló la arblur, pero luego agregó.— La magia entrópica suele dejar marcas en el cuerpo de un cadáver afectado. Suelen tener manchas oscuras en la piel, o presentar una descomposición acelerada. La masacre no ocurrió hace demasiado tiempo, eso debería darte una pista.

    — Esto está lleno de cuerpos, Freyja. Es imposible hacerlo a simple vista.

    La elfa apretó los dientes. Tenían que hacer esto rápido. Cada segundo que pasaba era un segundo en el cual las chances de enfrentarse al gólem colectacadáveres aumentaban. Se preguntó por qué todavía no se había hecho cargo de la fosa. Tal vez las brumas la protegían, desorientando los sentidos del constructo. Como sea, eso no quitaba que tenían que actuar con rapidez.

    — Está bien, esperá. Bajaré yo y te ayudaré. No puedo creer que tengo que hacerme cargo de esto también.— espetó.

    Null simplemente puso los ojos en blanco, mientras una soga caía por las pendientes de la fosa y chocaba contra la pila de cuerpos. Prontamente, Freyja comenzó a descender por la misma. Se había puesto el casco de vuelta, e incluso se había atado un pañuelo que Lahnla le había prestado para taparse la nariz. Si bien el hedor no estaba tan concentrado ni era tan fresco como en el sótano de Wuulfgarth, el aroma a muerte seguía siendo potente en la fosa.

    — ¡Freyja, no bajes, sube, sube!

    El grito, seguido de un alarido de dolor, la tomaron tan por sorpresa que se detuvo a medio camino. Se giró, perpleja, y pudo notar como Null se encontraba en ese momento pateando algo que lo tenía firmemente agarrado de la pierna derecha, clavando sus dientes con tanta fuerza que al parecer había mellado y hasta hundido la placa de metal de las grebas. De un potente patadón, el essino logró desalojar la cabeza del cuello del cadáver, aunque poco hizo esto en pos de detenerlo. El cuerpo decapitado comenzó a esforzarse para salir de la pila en donde estaba, mientras el anoriano, con una daga, hacía palanca para quitarse las mandíbulas del Condenando de la pierna.

    Domoch, ¡Null, rápido, subí!— exclamó Freyja, en cuanto notó que el que había atacado a su compañero no era el único cuerpo que se movía.

    Varios otros habían comenzado a reanimarse, algunos luchaban por quitarse de encima los otros cadáveres inertes que los tapaban, e incluso unos pocos sobresalían de las paredes de tierra. Atraparratas idiotas, era obvio que no habían acabado de manera adecuada con los no-muertos. Por eso nunca se podía confiar en aventureros.

    Null se acercaba rengueando hacia ella, que le tendió la mano en cuanto estuvo a su alcance.

    —- ¡Lahnla, ahora!— exclamó la cazadora, aferrando firmemente a su compañero.

    Se escuchó un silbido, y luego fueron izados con un tirón hacia la salida de la fosa, cayendo en el suelo. Ambos rodaron un par de veces, la elfa terminando en cuatro patas y el essino de espaldas. Esta lo fulminó con la mirada.

    — ¿Qué mierda hiciste?

    — ¡Absolutamente nada!— se defendió el acusado, para luego hacer una mueca de dolor.

    La cazadora se mordió el labio al notar la herida que el joven tenía en la pierna. Se había quitado la greba abollada, y se notaban los huecos que los dientes habían dejado en su carne. Se la habían desgarrado y sangraba profusamente. Sin perder tiempo, ya había sacado tela limpia y se la había puesto sobre la herida, para luego vendársela y hacer presión.

    — ¿Podés pararte?

    — Creo que sí.— descorchó un pequeño frasco de líquido verdoso y espeso, que tragó con dificultad.— Gracias a esto, obvio está.

    Lanzó el frasco a un costado, y con ayuda de Freyja, logró incorporarse. Lahnla parecía estar mirando hacia el interior del pozo, atónito. Antes de que pudieran preguntarle qué le ocurría, la tierra bajo sus pies tembló, y una mano gigantesca apareció en el borde de la fosa. Aunque llamar mano a eso era ser generoso. Parecía estar compuesta por piernas, brazos y manos más pequeñas, todas recubiertas de una membrana grisácea y muerta. El horror al cual esa extremidad retorcida pertenecía emergió prontamente.

    Era enorme. Tan grande que la elfa se preguntó cómo era posible que algo de ese tamaño hubiera entrado en la fosa. Esta era profunda, sí, pero nada como el gigante masivo que tenía al frente. Tres cabezas minúsculas, cada una de ellas con forma de calavera, coronaban a la criatura, cuya piel membranosa y elástica constantemente parecía retorcerse, como si cosas vivas se encontraran atrapadas debajo. La peste del ambiente se incrementó en cuanto la abominación entropista salió completamente del pozo, y lanzó un rugido espectral, que heló la sangre de las tres minúsculas personas a sus pies.

    — ¡Todo esto es tu maldita culpa!— gritó Freyja, mientras le pegaba un puñetazo en el hombro a Null.

    — ¡¿Cómo mierda va a ser mi culpa?!— se defendió el otro, sobándose el hombro.

    — ¡Que se yo! ¡No fui yo quien desapareció entre la jodida niebla y terminó metido en una… !

    La elfa no pudo terminar la frase, ya que sintió como todo el aire desaparecía de sus pulmones al salir disparada hacia atrás, debido al tremendo manotazo que la criatura le había pegado. Null se quedó estupefacto, sin poder reaccionar, mientras veía como Freyja desaparecía entre las brumas. El sonido de varias paredes rompiéndose fue lo único que podía indicarle la dirección general en el cual su compañera había sido lanzada. Deseaba con todo su corazón que el mote de “Erinia de Hierro” tuviera mucha verdad dentro suyo. Nadie que conocía podría sobrevivir un golpe de tal calibre.

    Quiso ir corriendo para socorrerla, pero el dolor en la pierna se lo impidió. Los pelos de su nuca se erizaron, y con los instintos de una pantera, saltó hacia un costado, la deforme pierna del behemoth pisoteando en donde él había estado milésimas de segundos antes. El sonido de la carne putrefacta al ser aplastada le revolvió el estómago. Agradecía que él se había salteado el almuerzo, incómodo como estaba con su misión, pues probablemente estaría en serios riesgos de devolverlo en estos momentos. Una sombra se irguió sobre él, y pudo notar como ambas manos del monstruo caían, intentando aplastarlo de un golpe. Un silbido cortó el aire, y el golpe pasó a milímetros de su rostro, impactando en el suelo y haciendo que toda la piel de la bestia temblara como si fuera gelatina. Al estar tan cerca, podía notar como varias manos y rostros se imprimían en ese pellejo grisáceo, luchando por salir. Eso no hizo más que aumentar sus náuseas.

    Otro silbido, esta vez acompañado de la nota de un bandoneón, dio lugar a una explosión sónica que impactó contra la espalda de la abominación. Esta se tambaleó, intentando mantener un torpe equilibrio. Antes no había podido notarlo, cuando se habían enfrentado a la abominación demoníaca, pero ahora Null pudo vislumbrar como lo que había ocasionado aquellas explosiones parecía ser un monje de claustro, con una enorme campana de cómicas proporciones unida a un bastón. Probablemente se debía a que comenzaba a entender un poco más cómo funcionaba la magia de Lahnla.

    Miró a la criatura y apretó los dientes. Sus armas no iban a servir de nada contra esa mole. Bueno, no le iba a quedar más que improvisar. En cuanto antes pudieran neutralizar esa amenaza, antes podría constatar que Freyja se encontraba bien. Haciendo un esfuerzo e ignorando el dolor, se escabulló de allí, y fue corriendo hasta donde estaba Lahnla.

    — Tengo un plan, que es bastante impulsivo, pero no se me ocurre nada más. En cuanto te diga, vuelve a lanzar otra explosión.— comentó, tomando la soga que habían utilizado antes para escalar la fosa.

    El ulalmarano, ante la sorpresa, no pudo más que asentir. Con la soga en la mano, Null corrió hacia el behemoth, que ya se estaba recuperando. Un par de grietas se habían abierto en su piel, revelando brazos y piernas que luchaban por salir. El essino les hizo caso omiso, y comenzó a corretear entre las patas como columnas de la criatura. Su inmenso tamaño (él apenas le llegaba a la rodilla) le facilitaba el proceso, además de lo engorroso de sus movimientos. En cuanto pudo formar una gruesa red alrededor de las patas de la bestia, le hizo una seña a Lahnla, que volvió a contar la historia del monje para convocar una explosión que sonaba como un trueno, impactando en la espalda del gigante. Este se tambaleó una vez más, y debido a la soga, perdió el equilibrio.

    Pero contrario a lo que el anoriano podía haber planeado, la criatura no cayó. Técnicamente sí lo hizo, pero dejó sus piernas en donde estaban, desgarrándose la piel que las unía al resto del cuerpo. El temblor que el cuerpo de la mole liberó al impactar contra el suelo hizo que casi se cayera de culo. Y lo que ocurrió luego tan solo hizo que su piel se volviera tan pálida como la de la bestia. La membrana de las patas, al no estar atada a nada, se cayó como si fuera una media a la que uno le quedara grande. Y con ella, casi una decena de cuerpos se desparramó por el suelo. Cuerpos que prontamente comenzaron a moverse. El horror corpulento ya se había recuperado, y se estaba arrastrando hacia él, mientras más cuerpos salían de su torso rasgado.

    Y cuando ya el joven no podía pensar una forma en la cual su situación empeorara, un chillido metálico hirió el aire a su alrededor, así como el sonido de vapor siendo expulsado a alta presión. Y por irónico que sonase, le recordaban a la pava de Freyja sobre el fuego. Curioso recuerdo al que acudía.
     
    Última edición: 20 Noviembre 2020
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  3. Threadmarks: Parte XIV
     
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    La Balada del Mago y la Muerte - Parte XIV

    Los oídos de Freyja captaron el débil sonido de alguien mordiendo metal al lado de su oreja. Lentamente volvió a la consciencia, con su cabeza latiendo como un tambor. Si había tenido suerte, el golpe y todas las paredes que había atravesado no le habían quebrado tantas costillas. Debía agradecer que los aldeanos hubieran utilizado madera que podía pudrirse en las condiciones de pantano en donde vivían. Sentía un peso en su brazo izquierdo, en donde tenía su escudo. Maldijo, pensando que se le había quedado atrapado bajo escombros, pero se sorprendió al notar que el responsable de esa sensación y de también el sonido de mordidas era un cadáver revivido, que se encontraba en proceso de querer atravesar el metal que cubría su hombro. Le faltaba el cuerpo de la cintura para abajo, probablemente producto de la violenta despedida que tuvo. No sabía cómo diablos había llegado allí, y tampoco le interesaba. Porque cuanto más lo veía, más odio sentía.

    Le tomó la cabeza con la mano libre, y apretó lo suficiente para quebrarla como si fuera una cáscara de nuez. Se incorporó lentamente, bufando. Había perdido su lanza, y un par de frascos que tenía guardado en su escudo se habían roto, desparramando los contenidos por el suelo y sobre ella misma. Sus puños crispados comenzaron a temblar y apretó los dientes con tanta fuerza que su mandíbula terminó quejándose. Por último, soltó un grito tan recargado de furia y odio que hubiera acobardado a un gnoll hambriento y hubiera hecho que una banshee huyera despavorida. Desalojó el hacha de su cinto, y comenzó a caminar en dirección a la fosa, con andar tranquilo. Ya no estaba temblando. Su frustración había llegado a un pico, y ahora todo su cuerpo se encontraba lleno de ella. Estaba extrañamente calmada. Podría estar dirigiéndose a desayunar, y tendría exactamente la misma paz. Sin embargo, su interior se hallaba en tal punto de ebullición que un huevo se hubiera fritado por la simple cercanía.

    — ¿Por qué soy tan idiota? Me pregunto por qué mierda soy tan idiota. “Oh, es un trabajo fácil, solo tenés que buscar cadáveres y te pagaré mucho dinero”. “No vas a tener que enfrentarte a ningún otro gnoll, esto es mucho más seguro”. “Oh, es tanto dinero que tranquilamente podría tomarme una vacaciones y descansar por al menos una semana”. Oh, pero Wuulfgarth, mi pequeño Wuulfgarth, mi gran hijo de mil y una perras Wuulfgarth, te olvidaste un pequeñísimo, minúsculo, y simple detallito.— hablaba sola, a medida que caminaba y gesticulaba de manera teatral.— Hay una puta niebla que cubre todo el puñetero pueblo. Además de que los malditos cuerpos que teníamos que buscar, oh, ¿a qué no adivinás? No estaban tan muertos como creíamos. No, no. Es más. En realidad, en esa fosa del demonio hay una horrenda piñata de porquería, llena hasta el tope de caramelos rancios y putrefactos. No, no, sí es una situación ideal. Hasta hilarante diría. Extremadamente jocosa. Como me voy a reír después de todo esto. Sí, eso voy a hacer. Reírme mucho. Porque si no lo hago, lo único que me queda hacer es llorar.

    Se detuvo, y extendiendo los brazos, gritó al cielo.

    — ¡A QUÉ MALDITO DIOS OFENDÍ! ¡QUE VENGA ACÁ ABAJO, ASÍ PUEDO PARTIRLE LA PENDEJA CARA DE UNA VEZ POR TODAS! ¡NO IMPORTA CUÁNTAS CARAS TENGA QUE PARTIR, LO VOY A HACER! ¡AUNQUE SEA LO ÚLTIMO QUE HAGA EN ESTE PERDIDO Y PUTREFACTO PUEBLO!

    El sonido de varios pasos acercándose hacia ella, así como también de gemidos y quejidos, hizo que callara su afrenta divina y volviera su vista a la superficie. Varios cuerpos tambaleantes se acercaban por entre las brumas, emergiendo como si la niebla misma los diera a luz. Freyja se relamió los dientes y les dedicó una sonrisa sádica, sedienta de sangre. No iba a poder liberar sus frustraciones contra los dioses. Pero al menos, tenía varias bolsas de carne para desquitarse. Y vaya que aprovecharía esa oportunidad.

    El primer zombie recibió un hachazo en la frente, haciendo que su cabeza se partiera en dos. El jugo de sesos chorreó por la grieta del cráneo, y el elfa desalojó el arma con un sonido húmedo. Giró rápidamente, el hacha mordiendo el brazo de otro no-muerto, cercenando la extremidad desde el hombro. Un rápido movimiento le cortó el cuello, el cuerpo inerte cayendo, esta vez para siempre. Sintió un peso en la espalda, signo de que una de las criaturas se había abalanzado sobre ella. Enterró el hacha en el esternón de un cuarto enemigo y la dejó allí, para liberar su mano. Podía sentir el aliento fétido de la criatura que tenía sobre los hombros, que frenéticamente intentaba quitarle las placas de metal que la protegían, para llegar a su suculenta carne. Tomó uno de los frascos sanos que tenía en la cara interior de su escudo, mientras con el mismo mantenía alejado a otro zombie. Sin detenerse siquiera a descorchar el recipiente, lo estrelló contra el intruso que tenía en la espalda. El líquido transparente, que poseía un leve brillo dorado, bañó a la criatura hasta los hombros, junto con las esquirlas de vidrio. El olor a carne quemada inundó las fosas nasales de la elfa, mientras el no-muerto chillaba con cuerdas vocales desgarradas. El cadáver reseco cayó al suelo, soltando vapor y completamente consumido, como si hubiera estado expuesto al inti del desierto durante una semana. Con satisfacción, Freyja le aplastó la cabeza de un pisotón.

    Continuó brindándole el descanso final a todos los enemigos que tenía alrededor, cercenando extremidades, cortando cabezas, quebrando torsos, perforando estómagos. Y algunas veces, los terminaba rematando con sus propias manos, o aplastaba sus cráneos contra el suelo o una pared, en un grotesco despliegue de furia. Su armadura estaba cubierta de vísceras, sangre y larvas que se retorcían. Y eso solo la ponía más frenética. Si no fuera por una pequeña voz en su cabeza que le decía que todavía necesitaba los cuerpos, los hubiera transformado a todos en una pulpa. Habían podido morderla y arañarla en algunas partes, hundiendo y marcando las placas externas de su armadura, pero nunca habían superado la cota de mallas que tenía debajo. Si las mandíbulas de un gnoll no habían logrado atravesarla, las de un zombie, no importa cuanto la energía entropista las fortificara, no iban a poder superarla. Tenía el peto abollado por el tremendo golpe del gigante, pero por suerte, podía respirar de manera normal.

    Clavó el hacha en el hombro del último zombie, e hizo fuerza para hender el arma hasta la última costilla. El monstruo cayó, y por seguridad, le aplastó el cráneo de un pisotón. Se dispuso a limpiar el filo del hacha, pero se detuvo al contemplar cómo pequeñas criaturas se retorcían en el filo de esta. Se la acercó al rostro, para observar con atención, y maldijo al notar que eran larvas blancuzcas, similares a sanguijuelas, con una boca llena de minúsculos dientecillos filosos. Larvas de carne. Se acercó a un cuerpo para revisarlo mejor. Sí, su interior estaba poblado de estas minúsculas criaturas, toda una colonia entera sacudiéndose y enroscándose. Domoch, si todos los zombies estaban infectados, eso significaba problemas. No temía por ella, los gusanos no serían capaces de atravesar toda la protección que tenía encima. Sin embargo, ese no era el mismo cuento para sus compañeros. El recuerdo de la mordida de Null hizo que su rostro palideciera momentáneamente. Las larvas de carne horadaban incluso los dientes de sus huéspedes, e ingresaban de esa manera en las heridas que sus mordiscos causaban. Tenía que volver lo antes posible.

    Un sonido húmedo se escuchó detrás suyo, suplementado por un ruido enfermizo, como si trozos de carne volvieran a unirse y a reformarse. La elfa se dio vuelta lentamente, para poder contemplar como uno de los zombies a los cuales le había reventado la cabeza contra el suelo volvía a levantarse. Sin embargo, ahora presentaba una nueva cabeza, hecha totalmente de larvas, que se retorcían y agitaban. La cazadora soltó un bufido molesto. Debía habérselo esperado.

    Se alejó un par de pasos de allí, al ver que otros cuerpos comenzaban a levantarse nuevamente. Iba a tener que repensar su estrategia. No le quedaban más frascos de agua bendita, y tampoco de aceite santificado. Hizo una mueca. Solo le quedaba una opción. Una que no tenía ganas de usar. Porque era demasiado cara. Tanteó el interior de su escudo, buscando un frasco en particular, mientras su mirada se mantenía en los cuerpos tambaleantes que se le acercaban. Su corazón se cayó al suelo al no poder encontrarlo. Domoch, ¿había estallado cuando atravesó todas esas paredes? ¿Se le habría caído en el viaje, quizá? ¿Tal vez…?

    La tierra tembló, devolviéndola a la realidad. Algo muy grande y pesado había caído al suelo. Segundos después, un chillido metálico pudo escucharse, retumbando en todo el pueblo fantasma. Apretó los dientes. No tenía ni un solo momento que perder. Bueno, a la mierda. Vería cómo lidiar con los zombies luego. Debía volver con sus compañeros. Levantó su escudo, y con un rugido, cargó contra los no-muertos, abriéndose paso. Uno logró aferrarse al escudo. Tenía el cráneo partido en dos, y por la grieta, podía ver como se asomaban decenas de gusanos. Freyja simplemente sonrió, saltó hacia el suelo, aplastó al Condenando con el peso de su cuerpo, y con una vuelta carnero, se levantó, para seguir corriendo, dejando una pasta carnosa detrás.

    La escena que encontró parecía haber salido de un relato apocalíptico. El gólem colectacadáveres se encontraba en ese momento rodeado de docenas de no-muertos, que trepaban por sus piernas, su espalda y sus brazos. El constructo se los quitaba de encima como podía, ensartándolos en sus púas, quemándolos con el vapor que soltaba o poniéndolos en la canasta, pero eso no era suficiente para matarlos. Sin embargo, los Malditos tampoco podían atravesar la dura piel del escarabajo metálico. “Probablemente esté hecho de thochka”, pensó la elfa, viendo como apenas lograban arañarlo. Del behemoth solo quedaba la piel grisácea, tendida en el suelo, como si fuera una bolsa de arpillera enorme y macabra.

    La confrontación podría darles algo de tiempo para escapar. Pero ella no quería tiempo. Ella solo quería matar.

    Un sutil silbido transportado por el viento desvió su atención hacia una de las casas derruidas que estaban allí cerca. Pudo ver como Lahnla movía la mano, haciéndole señas. Se acercó hacia allí lentamente, ignorando la pelea titánica que ocurría a unos escasos metros de distancia. No había podido darse el gusto de matar completamente a todos los zombies que se había encontrado anteriormente, así que estaba bastante enojada. Al llegar, pudo notar que Null estaba recostado contra una pared, pálido y sudando profusamente. Se había hecho un torniquete en la pierna herida, que ahora tenía al descubierto. La herida había tomado un color negro enfermizo, como si la piel se hubiera necrotizado. Y cómo confirmando sus peores sospechas, pequeños bultos parecían moverse por debajo de su piel, casi llegando al muslo. Ese torniquete no haría nada para detener el avance de las larvas de carne. Sin embargo, al contemplar al essino, su rostro se iluminó. Recordó dónde había quedado ese frasco que tanto había buscado anteriormente. Se lo había dado a él, para que al menos sus armas fueran un poco más efectivas contra los horrores de las Tierras de Nadie.

    Se agachó, ignorando completamente la sonrisa aliviada que este le dedicaba, y comenzó a palparlo y a rebuscar en él su objetivo.

    — ¿Qué estás… haciendo?— preguntó confundido el essino, con un rictus de dolor.

    — Acá estás.— dijo triunfante, extrayendo un recipiente lleno de lo que parecía un aceite color rubí.

    — ¿Frey... ja?

    — Callate. ¿Tenés agua bendita?— el joven negó débilmente con la cabeza.— Domoch. Bueno, entonces tengo que apresurarme.

    Descorchó el frasco y vertió parte del contenido en la hoja de su hacha, brindándole un brillo carmesí. Tapó el vial y volvió a guardarlo en la cara interna de su escudo.

    — Necesito fuego.— dijo, incorporándose.

    — ¿Qué vas a… ?

    — ¡Escuchame bien, pedazo de involker! ¡Este viaje no podía haber empezado peor, y estoy completamente abocada a que no termine de la misma manera! Lo único que puedo ver en estos momentos es rojo, y voy a matar a todo lo que se me ponga al frente. ¿Seguro que querés interponerte en estos momentos?— le espetó furiosa. Null, tomado por sorpresa ante el arranque de la cazadora, tragó saliva, negando con la cabeza.— Bien, ahora dejá de hablar y concentrá toda tu energía en evitar que las larvas de carne te suban por el muslo. Si llegan a un órgano vital, podés despedirte de vivir.

    Si era posible, la cara del essino palideció todavía más al escuchar el nombre del parásito que lo afectaba. Bueno, al menos lo conocía. La elfa se giró hacia Lahnla, que también la miraba algo cohibido. Podía haber resultado algo cómica la imagen de un grandulón asustado por una elfa pequeña, pero el ambiente no invitaba a pensar nada de ese estilo.

    — Necesito fuego. Y lo necesito ahora.

    El bardo asintió rápidamente, y con un silbido, una pequeña figura espectral apareció al frente suyo. Parecía una representación caricaturesca de niño, vestido con un camisón de noche y un gorro. Tenía una vela en la mano. Fue corriendo hacia Freyja, como si se encontrara bajando por una escalera, pero en el proceso, se tropezó con su camisón y cayó por escalones imaginarios. La vela se escapó de su mano y cayó sobre el hacha de la cazadora, haciendo que el aceite con el que la había cubierto entrara en ignición de inmediato, soltando llamas de un intenso color escarlata. Esta no pudo si no pestañear algo impresionada. Todo eso había transcurrido en menos de seis segundos.

    Se dio media vuelta y lentamente, salió de la casa, el hacha prendida fuego en su mano, exagerando su forma gracias a la danza de luces y sombras que generaba. Un gemido cercano hizo que Freyja girara la cabeza, desviando su atención del combate principal. Sonrió de forma sádica. Sus viejos amigos al fin la habían alcanzado. Con una carcajada demente, se lanzó al combate. Null la vio arrojarse contra un grupo de zombies que recién llegaba, mientras parecía reírse. La verdad que sí daba bastante miedo cuando se enojaba. Ahora entendía la parte de “Erinia” de su apodo.

    El primer no-muerto recibió un hachazo directamente en el esternón, en el cual Freyja apoyó todo su peso, logrando así atravesar todo el torso de la criatura, el filo del hacha asomando por la espalda del monstruo. El olor a carne quemada, así como también el chillido de los gusanos al ser rostizados, tan solo la emocionó más. Había decidido dejar de lado todo razonamiento, y simplemente dejarse llevar por las emociones del momento. Y las emociones del momento eran ira, frustración, y sed de sangre. Y vaya que la arblur estaba familiarizada con ellas. Desalojó el hacha del cuerpo, cercenó el brazo de otro zombie, hecho completamente de larvas, y con el mismo envión, cortó otro a la mitad por la cintura. Se relamió los dientes afilados, para luego abalanzarse sobre un cuarto enemigo. Nada de allí iba a quedar con vida. O con no-vida.

    Siguió acabando uno a uno con los zombies, procurando siempre partirle la cabeza o el torso con el hacha, quemando así a los gusanos del interior, impidiendo que regeneraran partes del cuerpo huésped. Lahnla la observaba, la cabeza apenas asomando por una pared derruida. Varias concepciones que tenía sobre la elfa cambiaron en esa noche. En cuanto hubo terminado de acabar con todos los zombies que la rodeaban, Freyja desvió su atención hacia la enorme pelea que transcurría al lado de la fosa. Sonrió. Ahora venía la mejor parte.

    Mientras la cazadora se deleitaba en la masacre, Null había pasado su atención a su herida. Puso una mano sobre la mordida y recitó la misma historia que había contado en la taberna, para curarle el ojo a Freyja. Sonrió sin darse cuenta. Había pasado tan solo poco menos que semana y media, pero parecía una eternidad. Habían estado al borde de la muerte tantas veces durante estos días que uno perdía la noción del tiempo. La energía que salió de sus dedos le brindó algo de tranquilidad y comodidad, al ver cómo las criaturas que se movían bajo su piel se detenían y se retorcían, como si esta los hubiera afectado de manera especial. También el color de su herida cambió a uno más saludable, lo cual era un consuelo. Procedió a quitarse el torniquete, ya que la sangre se había secado y convertido en costras, y este no iba a impedir que las larvas de carne ascendieran por su pierna. Se mordió un labio. Odiaba tener que atenderse a sí mismo, pero debía actuar rápido si no quería morir. No le quedaba otra que operarse la pierna allí mismo.

    Llamó a Lahnla con voz débil, el bardo acudiendo al instante a su lado. Intentó explicarle cómo pudo lo que planeaba hacer, mientras su compañero lo escuchaba atentamente. El ulalmarano asintió y se incorporó, con el rostro algo pálido por lo que se planteaba su compañero, pero decidido. Tenía que buscar varios elementos que el joven le había pedido, y todas esas cosas quedaban en el carro. Si tenían algo de suerte, la batalla entre aquel gigante de metal y los Malditos no lo había tumbado a la fosa. El trovador tomó aire para prepararse, y luego salió corriendo hacia donde la trifulca ocurría. Notaba destellos rojos que emergían de la bruma cada tanto, así como también los gritos de júbilo de la elfa. Freyja se la debía estar pasando en grande.

    Por suerte, todos parecían ocupados peleando, lo cual le evitaba tener que preocuparse porque lo atacaran. El problema estaba en que el carro había quedado justo detrás de la mole férrea, y acabar aplastado entre las piernas de un escarabajo de cuatro metros de alto no era precisamente un prospecto interesante para el ulalmarano. Sin embargo, parecía que la Dama Fortuna estaba de su lado, pues en ese momento, el constructo comenzó a chillar y a chirriar, mientras se golpeaba a sí mismo frenéticamente. Parecía como si algo hubiera ingresado dentro suyo. En su loca danza por deshacerse de lo que sea que le estuviera causando esa agonía, el monstruo trastabilló y terminó cayendo en la fosa, con un rugido metálico. El suelo tembló cuando el cuerpo impactó contra el suelo desprovisto de cadáveres. Perplejo, pudo notar como la elfa también se acercaba al borde. Al parecer, había perdido el casco, y su rostro estaba completamente desfigurado, en una extraña mueca de éxtasis y furia. Giró la cabeza, notándolo, y la sonrisa colmilluda que le dedicó le envió un escalofrío por la columna. Si hubiera estado más cerca, hubiera notado que un líquido verde chorreaba entre sus labios y manchaba sus dientes. Sin previo aviso, saltó hacia el pozo, la llameante hacha en la mano. Un grito de pura alegría fue lo único que la siguió.

    Con un estremecimiento, Lahnla decidió ignorarla y se dirigió veloz hacia el carro. Recogió rápidamente las cosas de Null, y estuvo a punto de irse, cuando se le ocurrió una idea. No sabía si la elfa iba a poder salir luego fácilmente de la fosa. Tomó toda la cuerda que encontró, así como también la que había quedado bajo la piel del no-muerto gigante, y luego se dirigió hacia el refugio. Allí dejó cuidadosamente todas el equipamiento del essino a su lado, y volvió a correr hacia el carro, uniendo distintos tramos de sogas para aumentar su tamaño. Había viajado en un barco durante un par de meses en alta mar, así que había aprendido como hacer buenos nudos. Luego, aseguró la soga a una de las patas del carro, y la lanzó por la fosa. Hecho eso, volvió sobre sus pasos, para encontrarse a Null con un mortero en la mano, mientras parecía masticar una pasta verdosa en la boca. Escupió la pasta en el mortero, vertiendo luego un líquido parduzco en el mismo, así como también cristales amarillentos de otro frasquito, y se dispuso a moler y mezclar todo.

    — Lahnla… necesito que busques trapos y telas. Para apoyar bajo la pierna.— indicó de manera algo entrecortada el anoriano, para luego tomar lo que sea que hubiera preparado en el mortero.

    Mientras su compañero hacía lo que le decían, acomodándole la pierna para que estuviera separada del suelo, Null rebuscó un vial que contenía un líquido rojizo, y se lo tomó de un trago, haciendo una mueca. Ingerir tantas substancias no iba a ser para nada bueno, pero estaba en una situación de emergencia. Agarró un trozo de madera, se lo puso entre los dientes, y tomó un bisturí que sacó de su kit de sanador. Miró a Lahnla a los ojos, apoyó el filo del instrumento sobre la mordedura, y volvió a abrir la herida.




    Un hacha apareció al borde de la fosa, seguido de una mano, y por último, el rostro cubierto de vísceras y con los ojos inyectados de sangre de Freyja. A duras penas logró terminar de subir los últimos tramos de la soga, acostándose en el límite del pozo, intentando recuperar el aliento. Su rostro había ganado nuevas cicatrices, y estaba segura de que un sinfín de moretones decoraban su cuerpo. Su estómago empezó a convulsionar, y rápidamente se puso en cuatro patas. Devolvió todo lo que tenía en el estómago directo hacia la fosa, cayendo sobre los cuerpos inertes de tanto los Malditos como el del gólem colectacadáveres. Se limpió los labios con el guantelete, soltando un par de eructos. Odiaba los efectos secundarios de los mutágenos, pero había sido necesario si quería tener una chance de poder acabar con la bestia de metal. Por suerte, varias larvas habían logrado infiltrarse dentro, dañando su mecanismo interno. De no ser así, le hubiera sido imposible derrotarlo. Se apoyó con su hacha para poder levantarse, y se dirigió renqueando hacia la casa derruida que sus compañeros habían utilizado como refugio. Su corazón se tranquilizó al ver como ambos salían ilesos de allí. Null se encontraba apoyado en Lahnla, rengueando de manera pronunciada. La elfa hizo una mueca al notar la cruenta herida cosida que este tenía ahora en la pierna.

    Notando su mirada preocupada, el essino le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

    — Para ser la primera vez que me aplico cirugía a mí mismo en medio de un pueblo fantasma, no salió tan mal.— bromeó, todavía débil y haciendo pequeñas pausas, con la cara pálida.

    — ¿Pudiste extraer todas las larvas?— preguntó la elfa, acercándose lentamente.

    — Así es. Cada una de ellas. Tuve que incluso cortar músculo para llegar a algunas. Se habían enterrado bastante profundo las malditas. Pude ver mi hueso.— miró al bardo y le sonrió.- Si no hubiera sido por la magia de Lahnla, probablemente no hubiera podido realizar esa hazaña médica.

    Freyja sonrió débilmente por toda respuesta. Su mirada no podía despegarse de la terrible herida y los hilos de sangre reseca que caían del muslo de Null.

    — Oye, tranquila. Ya estoy… — su sonrisa dulce desapareció por completo, siendo reemplazada por una expresión de pánico.

    Se llevó una mano al estómago, y de improviso, se arqueó en un rictus de dolor. Lahnla lo agarró como pudo, asustado, y la elfa se quedó paralizada. Null levantó unos ojos inyectados en sangre, sus pupilas esmeralda contrastando fuertemente con el escarlata.

    Zwafell

    Fue todo lo que salió de su boca, antes de desplomarse en los brazos del ulalmarano.
     
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    NOOOOOO Espera espera espera qué. No me puedes dejar así. NO PUEDES HACERME ESTO. NO DE NUEVO. QUÉ MANÍA CON NULL CSM.

    Gosh, que yo había decidido toda tranquila leer mientras desayunaba sin recordar que seguían en el pueblo fantasma con la fosa cargada de cadáveres putrefactos. Y luego empecé y dije mira, tampoco es para tanto. Pero luego me pones a Freyja modo sádica y una descripción demasiado precisa de cómo estripaba cabezas y chorreaban sesos y adiós al colacao. Okno.

    Fuera bromas, me hizo mucha gracia imaginarme la expresión demente de Freyja istg xDD Cuando estalló de la ira y empezó a gritar como loca me arrancó una risa, me la pude imaginar bastante bien descargándose con los sacos de carne, que tenía para rato. Toda la escena me mantuvo expectante de principio a fin, pero creo que lo que más me angustió fue el momento en el que nos hablaste de las larvas de carne. Dios mío, qué asco (espero que de esto no tengas foto (?) y que horror imaginarme el miedo de Null al verse infectado por ellas. Ha debido ser SUPER fuerte para tomar la iniciativa de operarse a sí mismo, de verdad que de solo imaginarlo me da algo. Lahnla super soft como siempre, ayudando a sus amiwis todo lo que puede. La animación del fuego me pareció super cute xD Y el temor que sintió al ver a Freyja demente, justificado (??)

    Y cuando todo parecía volver a su cauce luego de que el colectacadáveres se fue a la B por avaricioso, bam. Yo ya estaba viendo venir que se le podía haber escapado alguna larva, que debía ser ultra difícil controlar algo así. Y ahora seguro que ha alcanzado algún órgano vital o casi y mira la que se va a morir soy yo. No puedes hacerme esto, deja de tomarla con mi bebé aaaaaa. En cualquier caso fueron dos capítulos cargados de emoción, seguiré esperando al viernes :D

    #PrayForNull ;-;
     
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    La Balada del Mago y la Muerte - Parte XV

    El suave crepitar de las llamas acarició los oídos de Null como si se tratara de la dulce caricia de una madre. Lentamente, abrió los ojos, dejando que estos se llenaran de la luz de las estrellas sobre él, esas luciérnagas que brillaban constantemente en el pelo de Noctaleya. Se sentía… en paz. ¿Acaso había muerto? ¿Las larvas lo habían derrotado? Inspiró profundamente, pero el movimiento le envió una oleada de dolor que se originó en su abdomen y le recorrió toda la columna hasta el cuello. “Eso confirma que sigo vivo”, pensó, mientras soltaba un gruñido quejumbroso.

    — Yo no me movería mucho si fuera vos. Tuvimos que abrirte la panza y extraer el gusano que se estaba dando un festín con tu hígado. Se ve que tu hazaña médica no fue tan impresionante después de todo.— comentó una voz, algo apagada.

    Null giró el rostro, y pudo notar como la dueña de esa voz se encontraba de espaldas a él y a la fogata, contemplando las inmensidad de la noche. Era raro ver a Freyja con el pelo desatado y sin armadura. Desde que habían salido de La Lechuza Plateada que no la veía vestida simplemente con su camisa sin mangas y su pantalón de cuero. Incluso andaba descalza. Pero lo que lo dejó completamente perplejo fue el hecho de que esta giró su cabeza para verlo, y le sonrió levemente. No era una de sus típicas sonrisas irónicas o burlonas, más bien, parecía una de alivio. Sin embargo, esta visión duró tan poco que el joven se terminó preguntando si no lo había soñado.

    Se levantó la camisa, para inspeccionar la herida, y toqueteó suavemente los puntos que tenía en el estómago. Se sorprendió al ver que estaban expertamente cosidos, y la herida parecía haber acelerado su proceso de curación. Probablemente le habían administrado pociones o más magia. Eso explicaría también por qué se sentía tan cansado.

    — ¿Quién se encargó de quitarme el gusano? Abrirle el abdomen a alguien, extraer un parásito, y luego volver a cerrárselo, asegurándose de que nada quede infectado o maltrecho, es casi un milagro médico, teniendo en cuenta las condiciones en donde lo hicieron.— cada tanto, tenía que detenerse en una mueca de dolor.

    — Ni un jodido gusano en las entrañas va a hacer que dejés de hablar, ¿verdad?

    Null frunció el ceño levemente, pero luego lo relajó. De nuevo, su tono no había sido burlón ni hiriente. Freyja tardó unos segundos en responder su pregunta.

    — Lahnla lo hizo. Me acordé de lo que dijiste cuando tuve mi pelea con el demonio. Y tenés razón. La magia bárdica es muy difícil de explicar. Tal vez vos podrías haberlo entendido mejor, ya que parecía estar contando, o más bien silbando, una historia.— dijo la elfa, mirando hacia el cielo.— Por un segundo, creí ver como una de sus clásicas caricaturas aparecía detrás de él, pero la visión duró nada. Podía jurar como esta aparición parecía estar controlándolo, como si fuera un titiritero con un muñeco. Realizó todos sus movimientos con una precisión increíble. Obviamente, terminó exhausto después. Cayó inconsciente luego de desinfectarte y coserte la herida. Me tocó a mí esta vez cargarlos a ambos luego hasta este campamento.

    Soltó un bufido, pero no parecía un bufido molesto. Sonaba más como si simplemente hubiera exhalado aire por la nariz porque ya no tenía fuerzas para reír. Null intentó mirar alrededor, pero estando acostado, su periferia de visión era bastante reducida, y no quería encorvarse. La sutura era muy reciente, y cual movimiento brusco podía volver a abrir la herida. Hizo una mueca. Ahora tendría una cicatriz que le atravesaría casi todo el flanco derecho de la panza.

    — Oye, ¿y al final qué pasó con el trabajo?— preguntó, luego de unos segundos. Sabía que si él no hablaba, la elfa no rompería el silencio.

    — ¿Qué? Oh, cierto, eso. No te preocupés, cargué todos los cadáveres que podía en el carro.— respondió, apuntando hacia delante con la mano.— Lo estoy vigilando para que ningún carroñero se acerque y nos robe el botín. Y disculpá, pero no me iba a poner a decidir si un trozo de cuerpo pertenecía a un aldeano o a un no-muerto. Según pude notar, todos fueron infectados por larvas de carne, así que en teoría, todos eran Malditos. Oh, y como yo fui la que los mató a todos, me corresponde la mayor parte del dinero. Ustedes dos principalmente estorbaron.

    La cazadora se encogió de hombros, dando por terminado el asunto. El essino simplemente puso los ojos en blanco, y dedicó su mirada hacia el cielo estrellado. Inspiró lentamente, y luego suspiró con la misma parsimonia, para intentar reducir el dolor al mínimo.

    — Todo esto me recuerda a algo.— la elfa lo miró algo confundida, por encima del hombro.— A una canción de mi niñez, que solía cantar mi madre.

    — ¿Hablaba sobre quitarle gusanos del estómago a la gente?

    Null rió, aunque ese movimiento le envió más ondas de dolor por el cuerpo.

    — No, no era sobre eso. Se llamaba La Balada del Mago y la Muerte. Contaba la historia de un mago que se había obsesionado con la muerte, hasta tal punto de que, en su soledad, terminó enamorándose de ella. Le enviaba regalos y le escribía poemas, y trabajaba día y noche para poder materializarla.

    — ¿Materializar la muerte? ¿Acaso intentaba invocar a Tyndran, o una de las Mártires que lo asisten?— preguntó la cazadora, frunciendo el ceño.

    — No, quería materializar el concepto de la muerte. Volverlo una persona, darle un cuerpo, para así poder unirse a ella y estar juntos por siempre.

    — Me parece que se quería suicidar, y eso es bastante deprimente.

    — Puede que haya sido eso, sí.— rió el essino.— El mago supuestamente era inmortal, entonces nunca iba a poder conocer su abrazo. Tal vez toda la canción era una alegoría sobre la soledad que viene con la inmortalidad, y el hecho de que la muerte es una de las pocas cosas que nos transforma en personas.

    — Qué canción tan tétrica. Vos ya te moriste y te trajeron de vuelta, ¿seguís siendo una persona?— se burló la arblur, sacándole la lengua.

    Null simplemente se mordió el labio, intentando contener la risa, evitando que otra oleada de dolor le recorriera el cuerpo. Sinceramente, se alegraba del mero hecho de estar vivo. Sin embargo, las últimas palabras de Freyja habían calado hondo en él, sin que su interlocutora lo supiera. Después de todo lo que había hecho y por lo que había pasado, ¿de verdad podía considerarse una persona? Lanzó esa incógnita a las estrellas, de manera silenciosa, pero por toda respuesta, obtuvo simplemente un titileo de luces débiles.

    — Oye, Freyja, cuéntame sobre Nidohueco, sobre el pueblo de dónde vienes.— soltó, de la nada.

    — ¿Eh? ¿A qué diantres vino esa petición? ¿Acaso un gusano se te enterró en el cerebro?

    — No, tan solo quiero matar el tiempo y distraer mi cabeza del hecho de que casi muero por segunda vez. Yo no necesito dormir y creo que tú también tuviste tus horas de sueño. Pero si no quieres contarme, no hay problema. Lo entenderé.— dijo, girando la cabeza y dedicándole una sonrisa tranquilizadora, a pesar de que la cazadora seguía de espaldas.

    Los músculos de la fornida espalda de Freyja se habían tensionado levemente, y su cola se movía de un lado para el otro, nerviosa. Era obvio que era un tema complicado para ella, fuera cual fuera la razón. El essino se sintió en ese momento mal por preguntar.

    — ¿Sabes? Olvida que pregunté. No era mi intención…

    Pero se calló al ver que la cazadora se levantaba, para luego acercarse y sentarse a su lado, mirando directamente a las llamas. Su rostro era… contemplativo. Había un brillo de añoranza en sus ojos gatunos color miel, que tan solo aumentaba por el reflejo de la hoguera.

    — Tené en cuenta que el Nidohueco que yo conozco bien podría ser distinto al actual. Hace ya más de medio siglo que no voy por allá.— comentó.

    Null simplemente se quedó en silencio, paciente, expectante. No la iba a apurar. Tenían toda la noche por delante. Freyja cruzó las piernas y apoyó las manos tras su espalda. A pesar de su pose relajada, su cola la envolvía de manera instintiva, como si tratara de protegerse sin darse cuenta.

    — Nidohueco es un pueblo ubicado en la Franja de Uleared, perdido en los mapas. Literal. No suele aparecer en ningún mapa. Y no porque sea un pueblo minúsculo o de poca monta. Es bastante famoso en la región, de hecho. La razón de este fenómeno es bastante curiosa. Verás, mi pue… — hizo una pausa, pensando lo que iba a decir y retorciendo levemente los dedos de los pies, y luego agitó la cabeza.— Nidohueco se encuentra en los lindes de los Grandes Bosques de Argeliath, una gigantesca arboleda que recorre toda la Franja de Uleared de norte a sur, y es un lugar plagado de magia sidhé. Como estos son muy protectores de sus territorios, su magia impide que ningún mapa del lugar pueda ser trazado. Y al estar al borde, Nidohueco se suele ver afectado, por lo que suele desaparecer de los mapas cada tanto.

    Hizo una pausa, mientras contemplaba el firmamento nocturno. El anoriano simplemente la observaba, sonriendo. Freyja parecía ya ignorarlo, pero a él no le importaba. Porque por primera vez desde que la conoció, podía sentir que había un atisbo de felicidad en ella.

    — Es un pueblo muy pintoresco, la verdad. Tranquilo, no suele ocurrir demasiado. Hay un árbol enorme, como a trescientos metros del pueblo, tan grande que diez personas no podrían abrazar su tronco completamente. Y lo más curioso es que como fruto, da zapallo. Pero estos zapallos son particulares, pues tienen rostros. Según cuentan, son los espíritus de los habitantes del pueblo, que cuando mueren, pasan a habitar el árbol Samuin. Nadie sabe que estuvo allí primero, si el árbol o el pueblo. Es una relación casi… simbiótica. Uno no podría vivir sin el otro, de eso estoy segura. Al árbol lo cuida una bruja llamada Jaqueline, aunque todos le dicen Jack. También hay un gólem enorme, como de nueve metros, que se llama Ichabold. Tiene un zapallo gigante por cabeza, y todo su cuerpo parece un enorme tronco de árbol. Es muy amable y educado, la verdad. Nunca lo vi enojarse.

    “El esposo de Jack es el alcalde, Taliesin. Es anoriano, como vos, pero no tengo idea de dónde viene. Sólo sé que era miembro de los Halconcanción, una organización secreta. Estaba allí como embajador entre ese grupo y una banda de aventureros. Debes haber escuchado el nombre de esa banda, si escuchaste hablar de mí. Yo no tengo nada que ver con ellos, igual. Son los Siete Desastres Naturales. Son una de las razones por el cual el pueblo es conocido en la zona.

    Null asintió levemente. El nombre le resultaba vagamente familiar. Era un grupo de aventureros que se habían enfrentado a un culto dracónico que adoraba a Heidensuge, y que planeaba traerlo a Erä, para que sembrara el caos y la destrucción. Los Siete Desastres Naturales habían sido los encargados de detenerlo. Freyja continuó.

    — La gente del pueblo los llama los Héroes de la Linterna, porque los ayudaron a recuperar varios espíritus de ancestros que se habían fugado a una sección de Sidharia Syrnea, junto con un niño. Hay una estatua en el centro del pueblo que los conmemora.— rió en voz baja.— Es un goblin, con cabeza de zapallo, y una linterna en la mano. Era parte del grupo original, si mal no recuerdo. Fue el primero que murió, en un asalto contra una fortaleza de gran trasgos. Era muy curioso, tenían rotaciones de miembros bastante constantes. Creo que solo dos miembros originales quedaban vivos. Erä puede ser muy despiadada.

    “Oh, y la razón de la fuga de los espectros y demás fue por causa de un festival que se celebra anualmente, el veintiuno de Eteil, cuando comienza Amanecer de la Cosecha. Se celebra a la noche, y todo el pueblo participa. Jack toma zapallos del árbol Samuin, y crea, con un método secreto, lámparas que pueden albergar espíritus. La gente se pone máscaras, que representan a seres queridos o importantes para ellos, y sale a pasear por el pueblo a la noche. Los espíritus de los muertos dejan el árbol Samuin, y toman la forma de fuegos fatuos, que los niños luego atrapan en las linternas de zapallo, que son utilizadas para iluminar el pueblo. Es una manera de... celebrar a los difuntos, y... alegrarse de que su memoria todavía... todavía existe entre nosotros. Es… precioso, la verdad.

    La voz de la elfa se había ido quebrando a medida que narraba lo que ocurría en el festival. Tragó saliva, intentando calmarse. Sus ojos se habían cristalizado, brillando ante la luz de las llamas. Un par de lágrimas se escaparon y rodaron por sus mejillas antes de que se diera cuenta. En cuanto las notó, su expresión se transformó, pasando a una de molestia, el ceño fruncido. Se restregó la cara y recogió sus piernas, rodéandolas luego con sus brazos, mientras chistaba con la lengua.

    — Ya está, suficiente.— graznó, sorbiéndose los mocos.— No quiero seguir.

    Ninguno de los dos dijo más nada, mientras el sonido de minúsculos habitantes de la noche llenaban el vacío que había quedado entre ambos. Null no sabía qué decir, la verdad. Se había quedado atónito. Quería disculparse por haberle traído recuerdos seguramente dañinos de vuelta a flor de piel, pero tampoco creía que lo mejor sería hablar en estos momentos. Así que dejó que los minutos pasaran, escuchando como la elfa sollozaba, a pesar de que esta intentaba disimularlo. Tuvo el impulso de levantarse y poner su mano en el hombro, para tranquilizarla. Porque a pesar de que su rostro estaba lleno de cicatrices y que tuviera más de doscientos años, la elfa debía estar apenas dejando la adolescencia. Había tal vez madurado demasiado rápido.

    Freyja descubrió al essino mirándola, con una sonrisa dulce en el rostro, los intensos ojos esmeralda con un pequeño brillo de bondad. Sintió cómo la punta de sus orejas se encendía.

    — ¿Qué mierda me ves?— escupió, molesta.

    — Nada, tan solo me preguntaba si esto se iba a volver costumbre.

    — ¿Qué cosa?

    — Que uno de los dos vuelva a la vida después de estar en serio riesgo de morir, y que el otro lo espere al lado de una fogata. Suelen salir conversaciones muy interesantes.— desvió su mirada y la posó en las estrellas.— No sé que tiene la noche, pero… te sientes seguro, como si estuvieras rodeado de los brazos de tu madre. Sientes que puedes confiarle a la otra persona cualquier secreto tuyo, y seguirás estando a salvo. Tal vez Noctaleya de verdad está ahí arriba, observándonos de forma amorosa con sus dos enormes ojos.

    La elfa también miró hacia el cielo, esta vez hacia las dos killas que les brindaban luz. Se decía que eran los ojos de Noctaleya, la Progenitora de los Elfos, que siempre estaba vigilando el bienestar de todos, protegiéndolos con el manto oscuro de la noche. Chistó la lengua. La verdad que la religión la traía sin cuidado. Sin embargo, en cierta manera, compartía lo que decía el essino. No sabía si era tanto la noche en sí, como la tranquilidad que esta traía. El mundo entero se iba a dormir, y uno podía actuar como quisiera, sin que nadie lo juzgara. Tampoco es como si eso le importara mucho durante el día, pero la noche se sentía más… liberadora.

    — Mirá, mientras no sea yo la que se levante del coma, no creo tener problemas.— comentó, sacándole la lengua.

    Giró el rostro al mismo tiempo que su expresión se ensombrecía. Esperaba que el humano no lo hubiera notado. Al parecer, este seguía absorto con las estrellas.

    — Me gustaría visitarlo alguna vez.— dijo, sorpresivamente.

    — ¿Qué cosa, el cielo? Te puedo pegar una patada en el culo, a ver que tan alto volás.— comentó de manera burlona la cazadora.

    — No, tu pueblo. Nidohueco.— Null ignoró la puya.

    — ¿Eh? ¿Y a qué vino eso, cerebro partido?— inquirió la arblur, extrañada.

    — Lo describiste como un lugar muy bonito. En los lindes de un bosque, tranquilo, con un árbol inmenso y un gólem igual de impresionante. Tienen, según me contaste, al menos una bruja, ¿y encima mencionaste que la Magia Extraña tiene influencia en el pueblo? Hasta tienen una estatua de un goblin con cabeza de zapallo y una linterna. Suena como algo que tienes que ver al menos una vez en tu vida. Y hey, si tú saliste de ahí, no puede ser tan malo, ¿eh?— comentó, con una sonrisa.

    Freyja, que había abierto la boca para preguntarle si no estaba delirando, la cerró de golpe al escuchar la última frase, mientras sentía como sus mejillas se teñían de rojo. Desvió la mirada abochornada hacia el suelo y enterró su rostro entre sus rodillas, la punta peluda de su cola retorciéndose nerviosamente.

    — Callate de una vez, involker.— espetó, molesta.

    El aludido simplemente sonrió, soltando una leve risa, e hizo lo que le mandaban. Entrelazó las manos detrás de la cabeza, y se quedó observando el cielo nocturno, las estrellas titilando con su hermosa luz plateada.

    Y protegida por sus propias piernas del mundo exterior, Freyja también se permitió sonreír suavemente.
     
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    Hygge

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    Amo que hagas estos capítulos entre batallas importantes, de verdad que son un alivio para el alma y sobre todo si me juntas a estos dos charlando frente a una fogata de noche. Ya amé su primera conversación pero en esta los sentí aún más cercanos y mira no puedo, fangirleo demasiado hazme la ship canon o te pego, primer aviso.

    No solo me agradó el hecho de que estos personajes se abriesen al otro y evolucionasen en su relación, si no que después de tres historias hemos podido saber bastante más del misterio que rodea a Freyja. Al menos, de donde procede. Nidohueco me recuerda a Hollow Knight cada vez que lo leo, me encanta el nombre. Pero bueno, todo lo que lo rodea parece estar cargado de misticismo: el árbol que establece una relación simbiótica con el lugar y sus habitantes, las almas que van a parar a él, la festividad similar al día de los muertos. Jack así de Jack-o-lantern, desho? (??)

    Me pareció hermosa y pude visualizarla en mi cabeza mientras Freyja se emocionaba :( Me dan más ganas de saber qué es lo que ha pasado para que ya no pueda regresar o no lo considere su pueblo como tal. No sé si se habló de ello por encima, ya no recuerdo bien. El caso es que she deserves better y quiero que Null la consuele más veces, hmpf.

    También amé la metáfora del cabello de Noctaleya y sus luciérnagas, toda la info que metiste de tu mundo se sintió natural y me ayudó a hacerme una mejor imagen de algunas partes.

    Esperemos que la calma no se rompa demasiado rápido, aunque tú y yo sabemos la respuesta a eso (??)
     
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