Un dolor punzante en la sien hace que te remuevas en el lugar, zozobrando de forma intermitente entre el sueño y la vigilia. Al abrir los ojos con lentitud, como si los párpados te pesasen de más, te cuesta un par de segundos acostumbrarte a la luz de la habitación, a pesar de ser realmente tenue. Te recibe un techo blanco y aséptico, y unas paredes que te resultan... más curvas de lo normal. El olor de la habitación te transmite una mezcla de humedad, metal, goma y... cierto toque a agua salada. El lugar, completamente insonorizado, impide que ningún ruido llegue a ti. Y, por si fuera poco, no estabas solo. Un hombre de cabello castaño aún dormitaba en la cama contraria, ajeno a que habías recobrado la consciencia. ¿Siquiera... sabías quién era él, en primer lugar? Contenido oculto Al incorporarte, tu primer pensamiento es tratar de recordar dónde se supone que te metiste. Pero decenas de lagunas negras te responden con un silencio pesado y frustrante. Al mirarte los brazos, notas un reloj extraño, que no recuerdas tener ahí anteriormente. Red Pair... ¿Qué significaba eso? En esas te encuentras, reflexivo y desorientado sobre la incómoda cama donde dormías hasta hace un instante, cuando la tímida caricia del agua te lame los pies. La realización te golpea con contundencia en ese preciso instante. Tenías que salir de allí. Y rápido.