Long-fic de Naruto - Renacimiento

Tema en 'Fanfics de Naruto' iniciado por Hakuno, 2 Mayo 2022.

  1.  
    Hakuno

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    Renacimiento
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    Aventura
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    ¡Ey! Me desaparecí un rato pero estoy de vuelta. Y ahora con un fic de Naruto.

    Descripción rápida: Naruto vuelve en el tiempo a su infancia. Tras percatarse de la oportunidad que tiene, tomará la decisión de hacer lo posible por cambiar las cosas para bien. ¿Lo conseguirá?

    Advertencia: Este fic contiene spoilers de todo Naruto y todo Boruto. Usaré también algunas cosas de los rellenos, pero no todo, así que pueden haber algunas inconsistencias. Pero sean conscientes de que desde el primer capítulo soltaré un montón de spoilers. Así que, si no han visto Boruto (que entiendo que no lo hayan hecho, la vdd) puede que les sorprendan algunas cosas.

    En fin, sin más preámbulos, les dejo el primer cap. ¡Disfruten!





    Capítulo 01. De Vuelta al Inicio

    Naruto se despertó con un jadeo. Todo estaba oscuro. ¿Se había quedado dormido otra vez? Se sentó y estiró los brazos. Desde que Kurama había… desaparecido… Naruto había desarrollado un insomnio terrible. Eso, aunado a su ya destrozado reloj interno, habían provocado que cayera dormido en casi cualquier momento y lugar. Desafortunadamente, esta vez parecía que alguien lo había encontrado y llevado a su casa.

    Qué vergüenza. No podía permitirse causarle más problemas a las personas que dependían de él. Tenía que superar lo sucedido y seguir adelante. Por la aldea, por su familia… Y por él mismo.

    Se giró para colgar los pies al borde de la cama, e inmediatamente se dio cuenta de que algo andaba mal. Sus pies estaban colgando en lugar de tocar el frío suelo de madera. Se inclinó para ver mejor, y, sí, no alcanzaba a tocar el suelo. Extrañado, Naruto miró a su alrededor y se forzó a concentrar su vista.

    Era una noche sin luna, por lo que era más oscura de lo usual. Sin embargo, logró percatarse de los detalles más generales.

    Esta no era su habitación.

    De hecho, no era ninguna de las habitaciones de su casa. El lugar era increíblemente pequeño. Desde la cama podía ver la cocina, que no era más que una parrilla doble sobre un gabinete viejo, un lavabo y un refrigerador pequeño. Entre la cocina y la cama había una mesa de plástico, sobre la que había restos de comida, y una silla. Era un apartamento pequeño. Por algún motivo, le parecía extrañamente familiar.

    ¿Shikamaru lo había encontrado y llevado a su casa? Pero eso no podía ser. La casa de Shikamaru era al estilo clásico de clanes, y este lugar se veía más moderno, aunque no tanto como su propia casa.

    Fue entonces cuando se dio cuenta. Este apartamento le resultaba familiar porque ya lo conocía. ¡Era el lugar donde había crecido!

    Naruto se levantó de un salto que le pareció demasiado alto. ¿Cómo era posible? El edificio había desaparecido, junto con el resto de la aldea, tras el ataque de Nagato. ¿Por qué estaba aquí otra vez? Parpadeó un par de veces.

    Quizá sea un Genjutsu, pensó. Inmediatamente realizó el sello del tigre, activando el flujo correcto de su Chakra. Se concentró, y entonces, —¡Liberar!— dijo, deteniendo su flujo de Chakra.

    Pero el Genjutsu seguía ahí. Naruto seguía en su viejo apartamento. Miró a su alrededor, pero no podía sentir peligro alguno. ¿Quién lo había metido en un Genjutsu tan poderoso y con qué motivo? Naruto decidió que no tenía tiempo que perder en esas preguntas, así que tomó el siguiente método anti-Genjutsu.

    Sostuvo un puño en el aire y se golpeó a sí mismo en el rostro tan fuerte como pudo.

    El dolor se esparció mucho más rápido que el sabor a metal de su sangre. Cayó con un sonido sordo al suelo, donde se golpeó el codo. Las oleadas de dolor recorrieron su cuerpo y terminaron de despertarlo por completo. Rápidamente se antepuso al dolor y saltó para ponerse de pie.

    No había nadie, no había peligro. Y seguía en su viejo apartamento.

    ¿Por qué seguía el Genjutsu activo? Tampoco podía ser un sueño, pues el dolor aún estaba presente, y sus pies aún tocaban el frío suelo. Que él supiera, habían muy pocos usuarios de Genjutsu capaces de crear ilusiones tan poderosas que no pudieran ser sobrepasadas con los dos intentos que había hecho.

    Su única otra deducción, entonces, era que de algún modo había saltado entre dimensiones mientras dormía.

    Lo cual tampoco tenía mucho sentido. Kurama lo habría des—

    Sintió una punzada de dolor en el pecho y un horrible malestar en el estómago. Maldición. Era como si le hubieran arrancado una parte de su alma, de su identidad. Era incluso peor que cuando Jiraiya había muerto. Esta vez, una parte literal del ser de Naruto había muerto también.

    Sacudió la cabeza y niveló la mirada. No. Debía detener lo que fuera que estuviera sucediendo. Ya tendría tiempo de lamentar la pérdida de su amigo en otro momento.

    Caminó un poco hacia la mesa y la observó. Estaba decorada con restos de ramen de tienda, cartones de leche y envolturas de varios dulces. Restos de al menos dos días de comida. Su hábito de comer ramen y dejar los recipientes en la mesa aún continuaba, pero al menos ya era mucho más ordenado ahora.

    Se giró y se vio en el espejo de cuerpo completo que estaba entre la mesa y la cama.

    —Qué demonios…— susurró. Su cuerpo también había cambiado. ¡Era un niño de nuevo! Y bastante pequeño. Si Naruto tuviera que adivinar, diría que parecía de unos cuatro o cinco años.

    Eso sí que era raro. Nunca había escuchado hablar de un Genjutsu que modificara la percepción de uno mismo. Aunque teóricamente era posible, nadie nunca se había molestado en explorar esa posibilidad. Después de todo, si el cuerpo del objetivo cambiaba, se daría cuenta rápidamente de lo que estaba sucediendo, contradiciendo por completo el propósito de un Genjutsu.

    Bueno, al menos eso explicaba el por qué todo se veía tan grande.

    Naruto resopló y se acercó más al espejo. Todo se sentía demasiado real. Aún en el mejor de los Genjutsus, siempre había cierta sensación de desconexión. Aunque claro, era difícil darse cuenta de eso en medio de un combate. Pero Naruto no estaba combatiendo, o al menos no lo había estado cuando se quedó dormido. Y de todas formas, no sentía nada raro en el ambiente. Era una noche fresca; podía oír a los grillos en la distancia.

    —¿Qué está pasando?— Caray, hasta su voz era la de un niño pequeño.

    Oyó el silbido del viento y el rasgueo de las hojas de los árboles fuera de su ventana. Podía oler el aroma residual del ramen sobre su mesa. Podía sentir la rugosa textura de su pijama azul. Aún saboreaba el metal de la sangre en su boca.

    Todo era demasiado real. Todos sus sentidos estaban siendo estimulados al mismo tiempo. Ni siquiera el Tsukuyomi Infinito había logrado ser tan poderoso como lo que estaba experimentando en ese momento. O al menos esa era la declaración de cientos de miles de personas que lo habían vivido. Tras despertar y analizarlo, todos tenían la sensación de que, dentro de aquél Genjutsu masivo, había algo raro de lo que nadie se había dado cuenta hasta que despertaron.

    Pero Naruto se daba cuenta de lo extraña de su situación. No sólo eso, había moldeado su Chakra, detenido su flujo por un instante, y aún así nada había pasado…

    Y entonces lo recordó. ¿No había Boruto viajado al pasado con un extraño artefacto Ootsutsuki? Quizá era algo similar. Quizá, tras quedarse dormido, algún miembro de ese maldito clan lo había atrapado con otro de esos artefactos. Uno que no sólo lo había enviado al pasado, sino que también había modificado su cuerpo. Un viaje más literal que el de su hijo.

    Tragó saliva al ocurrírsele una idea sobre cómo corroborar esta teoría.

    Se levantó el pijama para descubrir su barriga. Moldeó un poco de chakra y se concentró.

    ¡Ahí! Podía verlo con una claridad terrorífica. ¡El Sello de los Ocho Trigramas! Naruto dejó escapar un suspiro y cerró los ojos. Se notaba temblando, pero tenía que hacerlo, tenía que concentrarse y averiguar…

    Se encontró en su subconsciente. En aquél espacio que sólo un Jinchuuriki conocía. Una suerte de sótano inmenso y semi inundado. Lo primero que sintió fue el odio. El profundo resentimiento que emanaba desde lo más profundo de su ser. Naruto caminó hacia la fuente de ese rencor y rápidamente se encontró frente a la gigantesca puerta que encerraba dentro de él a uno de los entes más poderosos y peligrosos de todo el mundo.

    Kurama lo miró con sus enormes ojos rojos. Naruto podía sentir que lo odiaba, porque Kurama odiaba a todo y a todos. Sin embargo, no pudo evitar sonreír. Lágrimas escaparon de sus ojos mientras observaba a aquella descomunal bestia. Al que antaño conocían como el Zorro Demonio.

    —Mocoso… —dijo Kurama, y a pesar del odio que bañaba su voz, Naruto pudo fácilmente detectar la sorpresa que sentía su amigo. —¿Qué haces aquí?

    —Me alegro tanto de verte… —murmuró Naruto. Y era verdad. Podía ver a su amigo otra vez. Podía sentirlo y estar con él.

    —¿Te alegras? —preguntó Kurama. —¿Es que no te das cuenta de lo que soy? ¡Soy odio encarnado! Maldito niñato. ¡Retira este maldito sello de una vez!

    Naruto resopló, conteniendo su llanto de alegría. Parecía que de verdad había regresado al pasado. De verdad estaba ahí, con cuatro, tal vez cinco años de edad. Y, hasta donde sabía, no había ningún artefacto Ootsutsuki ni ningún Genjutsu al qué culpar. Naruto de verdad estaba de vuelta en su niñez.

    Y eso significaba que, de alguna forma, por algún motivo que desconocía, tenía una oportunidad de salvar a Kurama… Quizá, si se esforzaba, podría salvar a todos los que había perdido. A Neji, a Jiraiya, incluso al viejo Tercero…

    Naruto miró desafiante a los ojos de Kurama y sonrió.

    —Ahora no es el momento, amigo —dijo.— Pero pronto. Ten un poco de paciencia y te salvaré.

    Y eso planeaba hacer. Naruto usaría esta oportunidad para ser mejor. Para evitar grandes tragedias.

    Para salvarlos a todos.
     
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    Hakuno

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    ¡Ey!

    Capítulo 2. Decisión.

    Los rayos del sol comenzaron a iluminar el apartamento, y Naruto despertó cuando estos tocaron sus ojos. Aún seguía en el apartamento de su infancia, aquél que había sido de su madre alguna vez y que el viejo Tercero había luchado porque Naruto pudiera hacer uso de él.

    Se concentró y sintió el leve arremolinamiento del chakra de Kurama en su interior. Suspiró de alivio.

    Tras decidir que de verdad estaba de vuelta en su infancia, Naruto se había ido a dormir, asustado de que pudiera ser sólo un cruel sueño o ataque enemigo. Pero aquí estaba, despierto, admirando el viejo techo del apartamento de su infancia y sabiendo que su amigo seguía con vida.

    Naruto se levantó de la cama con un salto. No había tiempo que perder. Si quería hacerse más fuerte que en su vida anterior, primero tenía que ser consciente de sus propias capacidades actuales. Ahora que contaba con el conocimiento y la madurez de su yo adulto, Naruto definitivamente pasaría cada momento entrenando en lugar de ir a jugar con los niños que no estaban listos para aceptarlo.

    Se preparó un ramen para desayunar, deleitado de poder volver a probar el clásico sabor de miso y sal que había sido descontinuado cinco años atrás a favor de sabores más potentes y complejos. Las nuevas generaciones definitivamente no apreciaban, o mejor dicho, no iban a apreciar los elegantes sabores originales.

    … Demonios, de verdad se había convertido en un señor mayor si eso pensaba mientras saboreaba su ramen de vaso favorito.

    Tras terminar, Naruto tiró la basura y recogió un poco el desorden que no había visto durante la noche. Más que nada ropa sucia y limpia tirada por doquier. Se sintió un poco avergonzado de sí mismo por haber sido tan desordenado, pero luego recordó que nunca tuvo a nadie que le enseñara cosas. Todo lo había tenido que aprender por su cuenta hasta el momento en que se convirtió en ninja. Además, ahora tenía la mentalidad de su yo de más de treinta años. Tenía la oportunidad de ser mejor esta vez.

    Una vez que su apartamento estaba medianamente limpio, se vistió con su playera grisácea con un dibujo de un remolino y unos pantalones que ya le venían un poco cortos. Se puso sus sandalias y se colocó frente al espejo.

    Antes de empezar a entrenar, tenía que analizar sus capacidades ahora que era un niño pequeño de nuevo. Un vistazo al calendario le indicaba que había cumplido cinco años hacía unos días. La noche anterior había realizado la liberación de un Genjutsu sin problemas, la cual era una técnica que pocos Gennin eran lo suficientemente hábiles para hacer. Eso significaba que había retenido al menos un poco de su control de Chakra.

    Cruzó dos sellos del tigre, en una pose de cruz, y acumuló su Chakra alrededor de su cuerpo. Mantuvo la imagen en su mente con tantos detalles como fue capaz. —¡Transformación!— dijo. Una nube de humo, que era su Chakra al evaporarse tras ser utilizado, se levantó a su alrededor. Cuando ésta desapareció, el espejo reflejó a Naruto habiéndose transformado en una versión muy adulta, muy femenina, y muy desnuda, de sí mismo.

    Canceló el flujo de su Chakra y regresó a la normalidad. Su corazón latía con intensidad. ¡Había hecho su Jutsu Sexy! Y además sin ningún esfuerzo real. Recordaba haber desarrollado su técnica unas semanas después de ingresar a la Academia Ninja, cuando tenía siete años. Pero aquí estaba, recién cumplidos los cinco, y activando esa técnica con la misma facilidad que a sus treinta.

    Pero aquí no terminaba su prueba. Colocó los sellos nuevamente en posición, pero esta vez se concentró para tomar una parte de su Chakra, lo suficientemente grande como para que la técnica funcionase, y la separó de sí mismo. La acción le vino tan casualmente como lo era respirar.

    —¡Jutsu de Clon de Sombras!— anunció. Una pequeña nube de humo apareció a su lado y, tras disiparse, dio lugar a una copia perfecta de sí mismo.

    —Puedo hacer clones de sombras— dijo, sintiendo una oleada de asombro en su pecho. Había temido que, al ser un niño nuevamente, había perdido todas sus capacidades. Que la técnica de liberación le había salido bien por pura suerte. Pero a su lado estaba la prueba de lo contrario.

    —Tengo el conocimiento que adquirí durante toda mi vida pasada— dijo el clon en completa sintonía con sus propios pensamientos.

    Naruto cerró los ojos y se concentró para sentir sus reservas de Chakra. A pesar de haber anticipado lo que podía encontrar, de todos modos se sorprendió al sentir que esas dos técnicas habían acabado con una parte importante de sus reservas. Si activaba la técnica masiva de clones, calculaba que le quedaba suficiente Chakra como para producir sólo cincuenta clones más.

    Supuso que era algo obvio. La influencia de Kurama había forzado que sus reservas se expandieran de manera monstruosa a lo largo del tiempo. Pero sólo tenía cinco años, por lo que aún no llegaban al nivel que tenían cuando aprendió la técnica de clones de sombra a los doce años.

    Estos datos indicaban que, aunque poseía los recuerdos, conocimientos y experiencia de su vida pasada, su fuerza física y espiritual eran las de un niño pequeño.

    … Bueno, de un niño pequeño con la misma cantidad de Chakra que un Jonin promedio.

    Alzó la mano derecha y la sostuvo. Sólo quedaba una técnica que quería probar. Era la única técnica en su repertorio que no requería sellos. Una técnica que significaba mucho para él, pues aunque se la había enseñado su maestro y guardián, la había creado su padre.

    Concentró su Chakra en un punto de la palma de su mano y lo hizo girar. Después de años de entrenamiento, había logrado dominarla a tal punto que ya no requería clones para hacerla. Y así, expulsando tanto Chakra como se atrevía, pudo observar cómo su Chakra moldeaba el aire, haciéndose tan visible que casi parecía brillar. Miró la esfera de Chakra arremolinándose con la misma fascinación con la que la había visto la primera vez.

    En su diminuta mano de cinco años, Naruto sostenía un poderoso Rasengan.

    Su clon se giró de pronto, pero no necesitó hablar. Naruto también lo había sentido. Había alguien fuera de su apartamento.

    Dejó de alimentar su técnica con Chakra y permitió que el Rasengan se difuminara en el aire sin mayores complicaciones. Entonces escuchó el sonido de nudillos contra madera. Su clon desapareció por decisión propia, así que Naruto fue a abrir la puerta.

    Tuvo que alzar la cabeza a un ángulo incómodo sólo para ver el rostro del Tercer Hokage, quien le sonreía amablemente. Naruto casi lo abrazó. Su muerte le había dolido en el alma. Pero se contuvo. Aún no había decidido si debía contarle a alguien su situación o no. Así que debía actuar lo más natural posible de momento.

    —¿Puedo pasar? —preguntó el viejo Tercero.

    Naruto se hizo a un lado, permitiendo que el viejo entrara a su apartamento. Cerró la puerta y lo siguió en silencio.

    —Sé que debe ser una sorpresa —dijo el viejo,— pero sí, soy el Hokage de la Aldea Oculta de Konoha. Lamento si te sientes engañado. Sólo estaba comprobando cómo te estaba yendo.

    Naruto frunció el ceño, tratando de entender lo que el viejo Tercero le estaba diciendo. Se estaba presentando, lo cual significaba que en este momento Naruto nunca lo había visto, excepto que…

    Claro, ahora recordaba. Había sido un día duro, tantos años atrás. Naruto se había quedado sin dinero, por lo que había ido a pescar al río. El viejo Tercero había aparecido y Naruto había compartido uno de sus pescados con él.

    —Veo que sí me recuerdas.—

    —Sí, —respondió Naruto.

    El viejo Tercero asintió con la cabeza y produjo un sobre amarillo de su gabardina.

    —Antes te dejaba el dinero uno de mis subordinados, pero él… ya no está en servicio, —explicó—. Así que ahora seré yo quien te lo traiga personalmente.

    Naruto observó al Tercer Hokage dejar el sobre con dinero sobre la mesita de plástico. Honestamente, Naruto no recordaba a nadie más que al Hokage llevándole dinero cada mes. Aunque claro, tampoco recordaba casi nada de sus años antes de la Academia Ninja.

    —Gracias, —dijo Naruto.

    Los ojos del Tercer Hokage parecieron tintinear bajo su expresión estoica. Aunque pronto ofreció una cálida sonrisa.

    —Espero que otro día volvamos a comer pescado juntos, —dijo el Hokage con una risita.

    Naruto asintió y vio al Hokage retirarse. No se movió hasta que la puerta se cerró. Por un momento se preguntó qué había pensado en aquél entonces. Había sido demasiado pequeño como para entender realmente lo que sucedía, quizá. Después de todo, incluso él mismo tenía que admitir que había sido bastante denso durante toda su juventud.

    Sacudiendo la cabeza para sacar esos pensamientos de su mente, se dirigió hacia el sobre y lo abrió. Eran doce mil ryo. Sinceramente, Naruto se sintió bastante insultado, pero luego se preocupó. Claro, estaba acostumbrado ya al generoso estipendio que recibía por ser Hokage, con el cual podía fácilmente mantener a su familia y además ahorrar para dejarle a sus hijos una muy generosa herencia. Pero aún así, ¿doce mil? Eso a duras penas le alcanzaría para comprar comida.

    Supuso que no podía hacer nada al respecto. Tendría que ingeniárselas para ahorrar lo más posible. Después de todo, de algún lado tendría que comprar ropa y armas para entrenar. Se rehusaba a tener que robar de tendederos descuidados, y no podía esperar hasta entrar a la Academia para el paquete básico ninja que le entregaban a todos los nuevos estudiantes.

    Unos días, quizá un par de semanas pescando y recolectando su propia comida debería ser más que suficiente para comprarse aunque fuese un paquete de shuriken. Tenía la impresión de que podría lanzarlos con precisión, pero su fuerza sería mínima. Además de que, si descuidaba su entrenamiento por demasiado tiempo, rápidamente saldría de forma.

    ~~~~~~~~​

    —No te acerques a él, —susurró un señor mientras halaba de la mano a su hijo, alejándolo de donde Naruto estaba viendo el escaparate de la tienda de armas.

    Era increíble lo acostumbrado que estaba de recibir nada más que admiración de todos los que lo rodeaban. Casi se había olvidado ya de las miradas de odio y desagrado que le lanzaban todos los adultos, especialmente aquellos que habían perdido seres queridos durante el ataque de Kurama.

    A nivel intelectual, Naruto entendía perfectamente por qué lo trataban así. Pero a nivel emocional, aún dolía. Y dolía bastante.

    De niño no había entendido, pero ahora, con todo lo que sabía, se sentía incluso peor. Era una situación en la que nadie tenía la culpa. Kurama había estado siendo controlado, pero aún así había matado a muchos ninjas. Naruto no podía culpar a la gente por resentirlo, pero tampoco podía condonar el cómo trataban a un niño que no había hecho nada malo.

    Suspiró y entró a la tienda.

    —¡Bienvenido! —Saludó el vendedor. Pero en cuanto vio a Naruto, su expresión cambió para lanzarle esa misma mirada de odio. —¿Qué quieres aquí?

    Naruto frunció el ceño, pero decidió tragarse el enojo y en su lugar señaló a un paquete de cinco shuriken en el mostrador.

    —Quiero eso.

    —¿Para qué quieres tú armas, eh?

    —Porque seré ninja, —respondió Naruto—. Quiero empezar a entrenar desde ahora.

    El vendedor lo miró por unos muy largos tres segundos.

    —Mil doscientos ryo, enano.

    Naruto asintió. Había temido que no quisieran venderle cosas, o que incrementaran el precio sólo para fastidiarlo. Pero el Tercer Hokage había prohibido por completo semejantes prácticas. Especialmente hacia Naruto. De verdad que el viejo se había tomado demasiadas molestias para que Naruto nunca supiera la verdad.

    Sacó los billetes de su bolsillo y los puso sobre el mostrador. Había pasado dos semanas recolectando comida del bosque, pescando y cazando animales pequeños. Había sido difícil con nada más que palos y piedras, pero estaba orgulloso de sí mismo.

    A regañadientes, el vendedor tomó el dinero y luego le entregó el paquete a Naruto. Cinco shuriken por mil doscientos ryo. Era un precio más que razonable, pero con lo poco que él recibía al mes… Bueno, al menos ahora sabía que podía ahorrar bastante. Y con los shuriken podría cazar mucho más rápido.

    Salió de la tienda y decidió pasearse por la calle de negocios. Todo había sido destruido tras el ataque de Nagato, así que Naruto disfrutaba ver las cosas como eran antes.

    La librería cuyo dueño era un viejo verde que siempre estaba leyendo una de sus propias revistas porno, mal escondida tras un libro de historia. Los baños termales, donde la encargada siempre buscaba excusas para golpear a Naruto con la escoba. Anoche había sido porque supuestamente había mirado mal a los clientes, y eso los ponía incómodos. También estaba la confitería de la vieja que apenas podía ver. Sus dulces eran tan amargos que los niños se retaban entre ellos para ver quién podía resistir el sabor por más tiempo.

    Naruto compró una bolsa de las bolitas de colores sólo para recordar los viejos tiempos. Sorpresivamente, se encontró disfrutando del sabor.

    De manera casi instintiva, Naruto llegó a su lugar favorito en todo el mundo. Ichiraku ramen. Después de dos semanas, estaba desesperado por volver a probar su comida preferida, en su lugar preferido. El dueño de Ichiraku siempre fue de los pocos aldeanos que jamás había tratado mal a Naruto.

    Antes de entrar, sin embargo, Naruto vio algo por el rabillo del ojo. Se giró y, ahí, a tan sólo dos metros de distancia, estaba Itachi Uchiha, frente a un puesto de verduras. En su espalda estaba Sasuke, hablando muy animadamente.

    Naruto sintió que se le caía el estómago. Estaban a tan sólo dos años, quizá menos, de que Itachi fuese forzado a matar a todo su clan. Pero eso significaba que había tiempo. ¿Debía Naruto avisarle? ¿Tratar de crear un plan para evitar la tragedia? Sasuke se veía tan feliz, tan inocente… Pero, ¿cómo podría hacerlo? No podía simplemente acercarse a Itachi y decirle que en dos años le iban a forzar a cometer genocidio.

    ¿Y si… Y si Naruto avisaba al Tercer Hokage?

    Naruto podía confiar en el viejo Tercero. Él había protegido a Sasuke de las garras de Danzo, y luego había dado su vida para proteger a la aldea. Si Naruto le contaba la verdad, que estaba reviviendo su pasado y que tenían tiempo de prevenir el desastre…

    Itachi terminó de comprar y comenzó a alejarse. Naruto vio cómo Sasuke apuntaba emocionado hacia una u otra tienda.

    Mejor pensarlo y meditarlo. Naruto ya había decidido cambiar el futuro, pero no quería hacerlo peor por accidente. Si los Uchiha cometiesen el golpe de estado, eso traería caos a la aldea y más sufrimiento. Pero Naruto tampoco podía no hacer nada. Toda la aldea era su familia, después de todo. Tenía que buscar la forma de protegerlos a ellos también, de algún modo.
     
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    rapuma

    rapuma Maestre

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    Primero que todo y antes que se me olvide... ¡Gracias a todos los cielos por esa alerta mágica sobre un fic de Naruto que trate un tema tan interesante! ¿Quién no pensó alguna vez en qué haría si viajara al pasado con todo lo que uno sabe? Yo sí! Y me encantó el enfoque, de verdad.

    Para Naruto no debe ser fácil volver a revivir un gran trauma que fue el rechazo y odio de la comunidad; si no lo recuerda es porque la mente es sabia y barre los recuerdos agrios y heridas grandes bajo la alfombra del gran inconsciente. ¡Pero ya quiero verlo aprobando todos los exámenes y robándole los cascabeles a Kakashi! ¿Pero cambiará el curso de la historia con sus acciones? Ya veremos.... ya veremos.
     
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    Keilani

    Keilani Lectora Promedio Comentarista empedernido

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    Esperaba que tuviera más capítulos . Bueno, es buen comienzo, me agrada la idea de Naruto en el pasado, aunque creí que sería un poco mayor.
     
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    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

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    He amado ambos capítulos y eso que no soy gran fan de Naruto. Más que nada, amo tu redacción y tu narrativa, es hermoso todo. Hay coherencia y secuencia a los personajes reales y no cuesta imaginar las escenas.
    Mil gracias por la alerta ❤️
     
  6.  
    Sylar Diaz

    Sylar Diaz Sei mir gut Sei mir wie du wirklich sollst

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    no sé porque me apareció notificación de esto... pero ¡HOLA MAMI!
     
  7.  
    Hakuno

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    ¡Ey! Gracias por sus comentarios. Espero que este fic llegue a sus espectativas.


    Capítulo 3. Advertencia

    Kurama nunca quería responder cuando Naruto le hablaba. El viejo zorro era astuto; sabía que había algo raro en Naruto, pero no sabía exactamente qué. Naruto tampoco había querido contarle mucho, ya que, en ese momento, Kurama era demasiado volátil.

    Eso no impedía, claro, que Naruto lo visitara a diario para intentar platicar un poco con él.

    —Esta mañana conocí a Hinata, —dijo Naruto. Estaba sentado contra uno de los masivos barrotes de la puerta que contenía a Kurama. Como quien se sentaba contra un árbol cualquiera—. Estaba sentada en un banco fuera de su casa. Había acabado de entrenar, y le dolían un poco las piernas. Creo que le caí bien.

    Kurama gruñó. Con el sello manteniéndolo encerrado, el zorro tenía muy poca visibilidad sobre lo que Naruto veía y experimentaba, o eso le había dicho después de hacerse amigos. Así que Naruto decidió que debía contarle un resumen de su día a día. Quizá así podría calmar un poco el odio que Kurama sentía. Su objetivo era poder liberarlo antes de la guerra para así poder entrenar juntos.

    —Algún día será mi esposa, ya lo verás.

    —¿Por qué me cuentas esto? —preguntó Kurama con un gruñido—. ¿A mí qué me importa?

    Naruto sonrió. Vaya que era difícil hacerlo hablar.

    —Vives dentro de mí, así que creo que podríamos ser amigos.

    —¿Amigos? —Kurama soltó una carcajada tan fuerte que resonó en todo el lugar—. ¡Jamás seré amigo de un mero humano! Mucho menos de un mocoso como tú.

    Naruto cerró los ojos y sacudió la cabeza. No podía culpar a Kurama por su actitud, pero tampoco podía evitar verlo como una rabieta de un niño.

    —Tendremos que trabajar en tu actitud, amigo —dijo Naruto con un suspiro—. Supongo que habrá que empezar con ese odio tuyo, ¿eh?

    Antes de que Kurama pudiera responder, Naruto abrió los ojos de nuevo. Ya no estaba en su propio subconsciente, sino en la realidad. Estaba encima de un poste de luz, en medio de la zona comercial. La gente había comenzado a notar su presencia, por lo que era hora de comenzar su plan.

    Había intentado obtener una audiencia con el Hokage por una semana, pero nunca dejaban que se acercara demasiado a la oficina, y estaba seguro que no relegaban su mensaje al Hokage de querer verlo. Así que se vio forzado a intentar otro plan. Un poco arriesgado, debía admitir, pero tenía que hablar con el Hokage de un modo u otro.

    Así que se bajó la máscara de zorro que había tomado prestada de la tienda de máscaras y tomó aire.

    —¡Muaja, ja! ¡Inclinense ante mí, su nuevo amo! —La gente empezó a asustarse, como esperaba. De todas formas sintió una punzada en el corazón ante tal reacción. Bueno, ya cambiarían de opinión otra vez, con el tiempo. Por ahora, tenía que seguir con su actuación—. ¡Haré que me respeten!

    Tomó aproximadamente cinco minutos de gritar cosas similares para verse rodeado por al menos diez ninjas. A juzgar por cómo se movían, ocho de ellos eran Chunnin y los otros dos eran Jounin. Pensó que era demasiada atención para un niño haciendo bromas, pero sabiendo lo que ellos sabían, quizá en realidad era muy poca atención. No sabía si sentirse menospreciado o no.

    —¡Naruto Uzumaki! Baja de ahí inmediatamente, —dijo uno de los Jounin.

    —¿Quienes se creen ustedes que son para hablarle así a su amo? —respondió Naruto con tanta altanería como pudo proyectar.

    —¿Acaso lo está influenciando el zo… —Comenzó a decir uno de los Chunnin.

    —¡Cállate, idiota! —le dijo su compañero.

    Naruto resistió el impulso de golpearse la frente con la mano. Supuso que la razón por la cual ese Chunnin de mediana edad no era un Jounin era por su incapacidad de guardar secretos.

    Al otro lado del grupo, sin embargo, un Chunnin que se veía apenas lo suficientemente mayor como para haber vivido el ataque de Kurama tomó un kunai y se abalanzó contra Naruto.

    —¡Ryusei, espera! —le gritó el otro Jounin, pero ya era demasiado tarde. El tal Ryusei apuntaba su kunai directo al corazón de Naruto.

    Qué lástima, para él, que se moviera tan exageradamente lento.

    Naruto saltó en el momento justo, impulsándose con una mano en la cabeza del Chunnin y girando en el aire para caer sobre los cables de alta tensión. El Chunnin se estampó contra el poste, pero logró recuperarse rápidamente, sujetándose a este con una mano.

    —¡Oye! —le gritó Naruto—. ¡No deberías jugar con armas! Podrías sacarle un ojo a alguien.

    El Chunnin lo miró confundido. Parecía no entender que un niño de cinco años hubiera evitado su ataque con tanta destreza. Claro, Naruto no era tan fuerte ni tan ágil como para hacerle frente a un adulto entrenado, pero su cerebro aún seguía acostumbrado a las velocidades vertiginosas a las que sucedían las batallas más grandes. No podría derrotar a ninguno de estos ninjas con Taijutsu, pero sí que estaba seguro de poder esquivarlos sin mayores problemas.

    —¡Naruto! ¡Baja inmediatamente! —volvió a ordenar uno de los Jounin.

    Como respuesta, Naruto se giró para mostrarle el culo y se lo azotó varias veces. Los ninjas parecieron ofenderse con eso tanto como si hubiera insultado a sus madres. Aunque Naruto jamás llegaría a esos extremos.

    —¡Oblígame a bajar! —le respondió, y con eso, saltó hacia el siguiente poste de luz.

    Los ninjas no perdieron el tiempo y comenzaron la persecución. Ninguno de ellos se atrevería a usar Ninjutsu en medio de la aldea, así que no les quedaba más remedio que jugar al juego de Naruto. Y vaya juego que les esperaba. Naruto saltó de un lado a otro, evitando a los Chunnin cuando se abalanzaban hacia él. A ojos de Naruto, se movían tan lento que parecían estar cargando cientos de kilos en el cuerpo.

    Naruto podía sentir la frustración que ellos sentían al estar perdiendo contra un niño. Quizá era por sus movimientos cada vez más atrevidos, o quizá porque habían pedido refuerzos, y ahora eran veinte los ninjas que lo perseguían.

    De cualquier modo, tenía que forzarlos a llamar al Hokage pero sin que nadie resultase herido.

    Así que pegó algunos papeles a las paredes de un callejón al que entró. Cuando tres ninjas se lanzaron desde el techo hacia él, Naruto realizó el medio sello del tigre. Todos los ninjas que lo perseguían inmediatamente detectaron los sellos explosivos y se apartaron, maldiciendo entre dientes.

    Pero la explosión nunca llegó. Naruto escapó por un pasadizo estrecho mientras los escuchaba quejarse. Los sellos explosivos eran falsos, claro. Pedazos de papel en los que Naruto había dibujado con crayón. Salió hacia la calle de nuevo, donde lo esperaban ocho ninjas. Naruto sonrió, aunque nadie podría verlo por la máscara, y comenzó a correr entre la multitud, tocando levemente la espalda de todos los adultos que estaban en su camino. Cuando llegó al final de la calle, realizó el doble sello del tigre en forma de T.

    —¡Ja, ja! ¡Todos a los que toqué son ahora mis sirvientes! —La mitad de los transeúntes lo miraron con ese típico odio al que le estaba costando acostumbrarse de nuevo. La otra mitad sólo parecían estar desconcertados—. ¡Ataquen!

    En cuanto dio la orden, el grupo de ninjas aterrizó en medio de la calle. Su presencia de algún modo dio validez a las palabras vacías de Naruto y todos comenzaron a huir en pánico. Los ninjas tuvieron que quitarse de en medio para evitar que la gente se lastimara. Naruto usó la distracción para saltar hacia el tejado de un edificio y seguir huyendo.

    La mayoría de los Chunnin se quedaron completamente confusos en la calle, mientras que el resto de ellos, junto con los ahora cinco Jounin, continuaron con la persecución.

    No pasó mucho tiempo hasta que llegó al hospital general de Konoha. Ahí se colocó encima de uno de los tanques de agua. Sólo un segundo después, Naruto ya estaba rodeado por más de veinte ninjas. La verdad es que debía darles crédito por recuperarse rápido y por ser tan insistentes.

    —¡Ríndete, Naruto! ¡Ya fue suficiente! —le gritó el mismo Jounin de antes.

    —¡Nunca será suficiente! —Naruto gritó—. ¡Todos serán mis súbditos y me respetarán y me darán todo el ramen de la aldea!

    Con su amenaza en pie, Naruto comenzó la larga secuencia de sellos para activar una de las técnicas más poderosas del Arte de Fuego que podía aprender un ninja. Todos los presentes lo miraron con ojos abiertos. Una técnica de este calibre fácilmente calcinaría todo el edificio en el que estaban y más. Pero claro, Naruto no pretendía hacer nada por el estilo.

    Cuando hubo acabado la secuencia, los Jounin se prepararon para contrarrestar con algún Jutsu de agua. Sin embargo, Naruto simplemente tomó una bola de tela de su bolsillo, la cual había rebozado en aceite. Luego tomó un cerillo, lo encendió, y le prendió fuego a la bola. Antes de que su propia mano fuera víctima de las llamas, la lanzó hacia el Chunnin que había intentado matarlo con un kunai.

    Estupefactos ante el engaño, ninguno de los ninjas se movió. El Chunnin desvió la bola de fuego con facilidad, y esta se apagó ni bien tocó el suelo.

    Hubo un silencio incómodo entre todos los presentes. Parecía que finalmente habían entendido que Naruto no era ninguna amenaza y estaban intentando decidir cómo proceder. Pero Naruto aún tenía que continuar.

    —¡Malditos! —exclamó—. ¡Son más fuertes de lo que pensaba! ¡Pero no se saldrán con la suya! ¡Dominaré esta aldea y deberán obedecerme!

    Los ninjas se miraron entre ellos, inseguros de cómo reaccionar. Afortunadamente para Naruto, llegó en escena a quien había estado esperando.

    —Ya fue suficiente, —dijo una voz avejentada detrás de él. Naruto se giró calmadamente para ver al Tercer Hokage, mirándolo con una expresión de molestia pero un tintineo de diversión—. Yo me ocuparé de esto.

    —Lord Tercero, es nuestro deber… —comenzó a decir uno de los ninjas.

    —Oye, viejo, —dijo Naruto, interrumpiendo al ninja—. Llevo queriendo hablar contigo por días.

    —¿Y por eso hiciste esta broma, Naruto? —preguntó el Tercero. No era un tono de regaño. Sonaba genuinamente curioso—. Podrías haber esperado una semana más a que te visitara.

    —Es urgente. Tenía que llamar tu atención a como diera lugar, —luego señaló a la multitud de ninjas con una mano—. Aunque debo admitir que esto es un poco exagerado. ¿De verdad necesitan tantos ninjas para detener una simple broma?

    Tanto el Tercero como los ninjas se tensaron, temiendo que Naruto pudiera descubrir la verdad debido a la reacción tan desmesurada ante una travesura. Que Naruto recordase, cada vez que hacía travesuras de niño, lo perseguían como mucho tres Chunnin, y nunca con armas, como lo había hecho aquél que podría haberlo matado.

    —Tienes razón, es algo exagerado, —dijo el Tercero con una sonrisa—. Tendrás que disculparlos, Naruto. Acaban de regresar de una misión y aún están un poco tensos. ¿Te parece si te invito un té en mi oficina?

    Esa era una excusa bastante genérica, pero creíble.

    —¡Lord Tercero! No puede…

    —Está bien, está bien, —dijo el Tercero—. No todas las travesuras merecen castigo. Además, ya necesitaba tomarme un descanso. Ven, Naruto.

    Naruto asintió. Se quitó la máscara y se la lanzó a la multitud. Ya ellos se encargarían de regresarla a la tienda.

    ~~~~~~~~​

    El viejo Shikaku llevó las tazas y la tetera. Parecía estar completamente confundido por la solicitud del Hokage, más aún porque Naruto estaba allí. Pero no dijo una sola palabra de queja y simplemente se fue en cuanto hubo terminado. De verdad que Shikamaru se parecía mucho a su padre.

    —¿Y bien? —preguntó el viejo Tercero, tomando su taza y soplando un poco el vapor de su té—. ¿De qué querías hablar?

    Naruto frunció el ceño. Aún sin acceso al poder de Kurama, podía sentir el Chakra del viejo Shikaku esperando fuera de la oficina. También había varios ninjas ocultos fuera. Unos cuatro, aproximadamente. Parecía que su pequeña travesura había molestado el panal de abejas más de lo que había esperado. Bueno, no podía culparlos. Cinco años era muy poco tiempo para pasar página tras una tragedia como la que Kurama había provocado.

    —Preferiría que esto quedara entre nosotros dos, —dijo Naruto, tomando su taza y oliendo el suave aroma del té—. Tú ya decidirás a quién más se lo confías, pero de momento, yo sólo confío en ti.

    El Tercero sorbió un poco de té con calma. Era muy bueno escondiendo la intriga y la curiosidad de su rostro. Aunque no tan bueno como el Capitán Yamato. Tras una leve pausa, el viejo Tercero lanzó cuatro papeles hacia los cuatro puntos cardinales dentro de la oficina. Naruto reconoció los sellos. Creaban una barrera que no dejaba pasar el sonido. Los ninjas fuera de la oficina aún podrían detectar el Chakra, pero no podrían escuchar.

    Naruto sonrió agradecido y sorbió el delicioso té.

    —La verdad es que estoy intrigado, Naruto, —dijo el viejo Tercero, y sus ojos mostraron una seriedad poco usual en él—. Hasta hace un mes nunca habías entrenado, y sin embargo, hoy pudiste despistar a veinte talentosos ninjas sin muchos problemas. También puedo ver en tu expresión que algo en ti cambió. ¿Esto tiene que ver con lo que me quieres decir?

    —Sí, —respondió Naruto.

    —Jum, pensaba que intentarías negar las cosas.

    —La verdad es que lo pensé, —dijo—. Todavía no sé qué tanto debería decirte, pero algún tipo de explicación debo darte antes de decirte lo importante.

    Eso hizo que el viejo Tercero alzara una ceja. Naruto dejó la taza sobre la bandeja y se inclinó hacia adelante.

    —Sé cosas que van a suceder, —explicó—. Tengo algunas teorías del por qué, pero de momento, basta con decir que conozco el futuro cercano.

    —¿El futuro cercano?

    Naruto asintió.

    —Viví en el futuro, y por algún motivo regresé al pasado, —dijo, rascándose la cabeza. Era bastante complicado de explicar—. Sé lo que sucedió, sé lo que sucede, y sé lo que sucederá. Y vengo a advertirte, porque así podría cambiar el futuro para mejor.

    El viejo Tercero se tomó su tiempo sorbiendo su té antes de dejar la taza sobre la bandeja.

    —Esto que me dices, seguro que entiendes que es difícil de creer. Cualquiera podría tomarlo como otra broma.

    —Las únicas pruebas que puedo ofrecer son conocimiento. Por ejemplo, puedo decirte exactamente por qué me persiguieron veinte ninjas por una simple broma, y por qué hay cuatro ANBU fuera de tu ventana.

    Los ojos del viejo Tercero se abrieron, sorprendidos. En otro momento, Naruto se habría sentido orgulloso de tomar por sorpresa al sabio Hokage. Pero este no era uno de esos momentos. Había cosas importantes que discutir.

    —Sé todo sobre el zorro de nueve colas, —continuó diciendo Naruto. Al Tercer Hokage le falló la mano y dejó caer la taza que había comenzado a llevarse a la boca—. No me lo contó nadie, si eso es lo que estás pensando. Como dije, sé lo que sucederá. Y lo que sucederá, sucedió, es que supe, o sabré, de su existencia a los doce años. —Demonios, sí que era difícil hablar de estas cosas. Seguro que Shikamaru sabría usar las palabras correctas—. Kura… quiero decir, el zorro de nueve colas, atacó Konoha hace cinco años. El Cuarto Hokage lo selló dentro de mí, que apenas había nacido. Por eso es que tantos ninjas me tienen en la mira hoy. Pensaron que mi broma era el zorro atacando de nuevo.

    El viejo recogió su taza, ignorando el líquido derramado, y la colocó de vuelta en la bandeja.

    —Y-ya veo… —el viejo se quitó el sombrero de Hokage y lo dejó sobre el escritorio—. Ahora que sabes eso… ¿Qué es lo que harás?

    —Como dije, ya viví el futuro, —respondió Naruto—. He tenido ya muchos años para aceptar esta situación. Sólo te la digo para que sepas que sé cosas… Porque ya las viví… Como sea, no tienes que preocuparte de que me vuelva loco y destruya la aldea.

    El viejo Tercero se reclinó en el respaldo de la silla y dejó salir un pesado suspiro.

    —Entiendo. Eso es un alivio, seré honesto.

    —Ahora, lo que quería comentarte… —dijo Naruto y se preparó. No era fácil lo que estaba por decir—. Es sobre el clan Uchiha.

    El Tercero lo miró inquisitivo, pero no dijo nada. Así que Naruto prosiguió.

    —Seguro que ya sabes que hay mucha tensión entre los miembros del clan. Quizá ya han discutido la posibilidad de que intenten rebelarse. Bueno, la verdad es que sí que planean un golpe de estado.

    —¿Estás seguro de esto que dices, Naruto? —preguntó el viejo Tercero—. Estas son acusaciones muy graves.

    Naruto asintió.

    —Te lo digo porque aún hay tiempo para limar asperezas. Por favor, haz un mayor esfuerzo por convencer a los Uchiha de que son parte de la aldea. También intenta convencer a los altos mandos de que los Uchiha no son nuestros enemigos. Si con esto no te basta, entonces créeme cuando te digo que necesitaremos su poder para enfrentar lo que está por suceder.

    El viejo Tercero entrecerró los ojos.

    —Hablas de una forma extraña, Naruto. Como si, en el futuro del que hablas, los Uchiha no existieran.

    —Porque no lo hacen, —respondió, y le dolió decir esas palabras. No era del todo cierto, por supuesto, pero dos personas difícilmente conformaban un clan entero—. En el futuro, las tensiones llegaron a punto de quiebre. Los Uchiha estaban hartos de ser tratados como criminales, atrapados y vigilados en ese rincón de la aldea. Así que estaban ya preparándose para un golpe de estado. Por supuesto, los altos mandos de Konoha estaban al tanto de esto. Creo que puedes deducir quién de los dos ganó.

    Con un gruñido, el viejo Tercero comenzó a acariciar su barba.

    —Así que los Uchiha realmente planean eso…

    —No todavía, —le corrigió Naruto—. Quizá haya comentarios aquí y allá. Tal vez una amenaza vacía de vez en cuando. Pero si no hacen nada al respecto, te aseguro que esos sentimientos se volverán tan fuertes que actuarán sobre ellos. No lo permitas, viejo Tercero.

    Por un largo rato, el viejo Hokage se mantuvo en relativo silencio, gruñendo mientras consideraba la advertencia. Naruto pensó que era tal vez muy fácil el que le creyera de buenas a primeras, pero supuso que al tener tanta información ultra confidencial era la mayor prueba de todas.

    —Necesitaré unos días para meditar esto que me acabas de decir, Naruto… Y también para aceptar que a tus cinco años conoces toda esta información…

    —No puedo salvar a los Uchiha por mi cuenta, —confesó Naruto—. Si fuera mi yo adulto no tendría muchos problemas, pero como estoy ahora… —sacudió la cabeza—. Por eso vine contigo. Quizá es difícil de aceptar, y quizá te acabo de maldecir con estas preocupaciones. Pero eres el único con el poder de ayudar.

    El viejo Tercero asintió lentamente.

    —Bien, veré qué puedo hacer por ellos… Pero luego necesitaré que me des más detalles de ese futuro que conoces. Si es cierto que hay una amenaza que requiera el poder de todos, entonces debería saberlo.

    Naruto asintió. Si había un ninja en todo el mundo en el que podía confiar, ese era el Tercer Hokage. Si trabajaban juntos, estaba seguro de que podrían prevenir muchas de las desgracias que caerían sobre Konoha.
     
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  8.  
    Keilani

    Keilani Lectora Promedio Comentarista empedernido

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    No estoy segura de que tan bueno sea remover el pasado y las consecuencias que podría traerle a Naruto mismo, pero de esa apuesta va este fan fic.

    Me agrado ver la travesura de Naruto, después de todo esas bromas fueron parte de él en el pasado.

    En fin, estaré leyendo lo que viene.
     
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  9.  
    Dembles

    Dembles Iniciado

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    Muy buena historia hasta ahora... pero solo encontré un fallo un poco minúsculo, es sobre la mente...
    Es sierto que la mente de naruto podria ver con facilidad los ataques el problema radica en el cuerpo aunque la mente pueda ver los ataques con facilidad el cuerpo no tiene la misma velocidad que el cerebro, te dare un ej.

    yo practico hace muchos años muay thay pero s1 falto 1 mes por cualquier razon, a la hora de pelear el cuerpo no reacciona de la misma manera que puede actuar el cerebro, mi mente en esos momentos puede leer a la velocidad que esta acostumbrado pero mi cuerpo no esta acostumbrado a tal velocidad, a lo sumo tal vez esquive 1 o 2 golpes pero aduras penas y esto va acompañado por la memoria muscular... el naruto que presentas en esta historia tiene la experiencia menta pero el cuerpo carece de la preparación adecuada sobre todo la experiencia que conlleva para estar a la par con su mente, como lo explicaste en el capitulo 1...

    De todos modos esta muy bien explicado y la actitud de naruto se apega al personaje... sigue así me agrada como lo estas escribiendo
     
  10.  
    rapuma

    rapuma Maestre

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    ¡Primero que nada, qué alegría que el capítulo sea tan largo! Sonreí mientras leía la parte en que Naruto corría y hostigaba a los ninjas con puras bromas, sellos explosivos pintados a crayón y más travesuras para tomárselas tan en serio. Aún tiene la esencia, siempre será una mente activa y de resolución de conflictos, pero sigue siendo Naruto.
    Otra cosa que quería decir es que los diálogos me encantan, fluyen solos, nada forzados y hasta casi puedo leerlos con la voz de cada personaje en mi mente: mítico, gracias por eso.

    La parte en que Naruto se revela al Tercero fue increíble! El misterio me ponía de los nervios, ¿cómo actuará el Tercero en consecuencia de lo que dijo Naruto? Me explotó el cerebro!!

    Esperando la continuación!!
     
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  11.  
    Hakuno

    Hakuno Entusiasta

    Aries
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    Ey. Tienes razón con lo que dices. Por eso es que traté de mencionar que si cualquiera de esos ninjas lo hubiera forzado a pelear, Naruto habría perdido. Sólo pudo esquivar aquél ataque porque fue muy directo y de frente. Trataré de mantener las cosas lo más "realistas" posible. c:

    Me alegra que te esté gustando C: Espero que lo que sigue también sea de tu agrado
     
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  12.  
    Hakuno

    Hakuno Entusiasta

    Aries
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    Título:
    Renacimiento
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    4
     
    Palabras:
    2732
    Capítulo 4. Primer Vínculo

    Había pasado ya un mes desde que Naruto habló con el viejo Tercer Hokage y le había contado la verdad sobre su situación, y le había advertido sobre la inminente rebelión Uchiha. No había recibido ningún tipo de actualización al respecto. Incluso cuando le visitó para dejarle el dinero del mes, el viejo se mantuvo callado al respecto y simplemente le dijo que estaba trabajando en ello.

    Así que Naruto decidió observar a los Uchiha mientras patrullaban por la aldea.

    Lo primero que notó fue que eran ninjas muy disciplinados, todos ellos. Hacían cumplir las leyes sin importar quién las estuviese rompiendo. Sin embargo, no eran agresivos ni altaneros. Trataban a todos los demás aldeanos con respeto y profesionalismo. Eran ninjas a toda regla.

    El problema era precisamente el miedo que los altos mandos de Konoha le tenían al clan. Al confinarlos a todos a una pequeña zona al este de la aldea, hacían que su trabajo fuera increíblemente ineficiente, pues tenían que trasladarse grandes distancias sólo para cubrir sus zonas de patrullaje. Era increíble lo mucho que se estaba afectando a la aldea sólo porque un montón de viejos miedosos querían sentirse mejor consigo mismos.

    Naruto se encontraba en la copa de un árbol, observando un parque cercano a la Academia Ninja. Los niños estaban jugando alegremente sin ninguna preocupación. Durante unos momentos, Naruto quiso unírseles. Tenía ganas de aprovechar que era un niño de nuevo y dejarse llevar por el juego. Sin embargo, sabía lo que sucedería si nada cambiaba, si no se llegaba a un acuerdo entre los Uchiha y la aldea. Simplemente no podía quedarse tranquilo, y definitivamente no podía permitirse distraerse.

    Aún si estaba ahí observando, tenía un clon en el bosque sur, entrenando sin descanso. No era tan efectivo como hacerlo él mismo, y desde luego no si era sólo un clon, pero tenía que hacer algo, y tampoco podía arriesgarse a crear más clones y que la gente empezara a notarlo. No ahora, al menos.

    Itachi Uchiha apareció de una esquina, cargando a su hermanito a la espalda. Naruto se esforzó por no sonreír ante la imagen. No porque no le alegrara ver a los hermanos juntos, sino porque Itachi lo estaba mirando fijamente. Varias veces, Naruto había visto a Itachi por la aldea mientras observaba a los Uchiha, y todas las veces Itachi se daba cuenta y lo volteaba a ver. ¿Se daba cuenta que Naruto lo observaba? Todos los que alguna vez lo conocieron decían que siempre fue demasiado astuto.

    —Observas mucho a ese Uchiha, —dijo la voz de Kurama en su interior.

    Esta vez, Naruto no pudo evitar sonreír. Era la primera vez en casi dos meses que iniciaba él la conversación. Naruto cerró los ojos y se vio a sí mismo frente a la gran puerta que mantenía a su amigo sellado. Con el paso de las semanas, el zorro había dejado de manifestarse como una nube gigantesca de odio puro, y simplemente se mostraba como era él mismo en realidad. Quizá ya se había dado por vencido de intentar asustar a Naruto.

    —Observo a todos los Uchiha, —respondió Naruto.

    —Más a esos dos, —contrarrestó Kurama—. Más al mayor, el que siempre te mira de vuelta.

    Eso era un poco extraño. Kurama no debía ser capaz de siempre ver lo que Naruto veía. Aunque, quizá el hecho de que se concentrase más en ellos ayudaba a que Kurama pudiera forzar un poco el sello. Quién sabe.

    —Lo miro porque me mira, —dijo Naruto—. Pero es al pequeño al que observo. Su nombre es Sasuke. Creo que podríamos ser buenos amigos, él y yo.

    Kurama gruñó, pero no respondió más. Aunque cada vez respondía más a las conversaciones, al final terminaba por simplemente ignorar a Naruto.

    Ya terminaría por ceder.

    ~~~~~~~~​

    La primera nevada del año cayó sobre Konoha, pintando la otrora verde aldea de un blanco azulado que a Naruto le parecía bastante bonito. El cielo estaba cubierto de nubes grises, levemente iluminadas por el amarillo de las farolas. No hacía mucho frío, y tampoco mucho viento, por lo que los copos de nieve caían perezosos a su alrededor.

    Aún no recibía ninguna noticia del viejo Tercero, y su pseudo vigilancia a la fuerza policial Uchiha tampoco le había dicho nada sobre sus intenciones. Era bastante frustrante carecer de ninguna autoridad, realmente. Después de haber sido Hokage y nombrado héroe, Naruto se había acostumbrado demasiado a que todos escuchasen lo que tenía que decir. Ahora, siendo un niño al que casi toda la aldea odiaba nuevamente, se sentía impotente.

    —¿Por qué sigues intentándolo? —preguntó la voz de Kurama—. Sólo estás perdiendo el tiempo.

    Naruto abrió los ojos y suspiró. Desde que regresó en el tiempo, había estado intentando entrar en modo sabio. Al concentrarse, podía sentir la energía natural arremolinándose a su alrededor, lista para otorgarle poder. Sin embargo, había una especie de bloqueo, como una barrera, que impedía a Naruto absorber esa energía. No importaba cuántas veces lo intentase, y lo intentaba todos los días, simplemente no era capaz de absorber la energía natural.

    —No tengo contrato de sangre con ninguna criatura, —dijo Naruto, más a sí mismo que como respuesta—. Supongo que eso es lo que permite acceso al Senjutsu en primer lugar. —Kurama gruñó y Naruto no pudo evitar sonreír—. Aunque no pueda, tengo que seguir practicando. Cuando haga el contrato de sangre podré entrar en modo sabio inmediatamente.

    Hubo una pausa en la que Kurama simplemente lo observó.

    —¿Cómo sabes todo eso?

    Naruto se giró para mirarlo a los ojos. Tras mucho debatirse, finalmente había decidido contarle todo a Kurama. Ya era duro que sólo el viejo Tercero supiera la verdad, siendo que lo veía una vez al mes durante sólo un par de minutos. Odiaba ocultárselo al amigo más cercano que tenía, literalmente hablando.

    —¡Ja! Esa sí que es la historia más estúpida que he escuchado, —dijo Kurama con una carcajada—. No lo de viajar en el tiempo. Sino lo de que tú y yo seamos amigos. ¿Seguro que no te golpeaste la cabeza?

    La burla no afectó a Naruto, pues ya se la había esperado. Kurama había pasado cientos, incluso miles de años, odiando a los humanos, siendo desconfiado de ellos. Por mucho que Naruto insistiera, no iba a convencerlo con sólo palabras.

    —No tienes que creerme si no quieres, —dijo Naruto con un encogimiento de hombros—. Pero sé que no eres una bola de odio ni un demonio como piensan y como quieres que piensen. Hay un gran corazón dentro de ti. Yo lo sé.

    Kurama resopló con molestia.

    —Tonterías.

    —De lo único que me arrepiento, —continuó Naruto—, es de haberte odiado. Claro, no sabía lo que eras, ni quién eras, y te culpaba por el odio que todos los aldeanos me mostraron durante años. Pero ahora te conozco, y pienso tratarte mejor.

    —No me hables como si fuera un niño cautivo, —exigió Kurama—. Y no me conoces, por mucho que me cuentes esta idiota historia de viajes en el tiempo. No soy tu amigo y nunca lo seré.

    Naruto le ofreció una sonrisa triste. A pesar de contarle la verdad, había un dato que Naruto pensaba no contarle jamás, pues planeaba entrenar y prepararse para evitarlo. No iba a dejar que Kurama muriera otra vez.

    —No te obligaré, —dijo Naruto—. Si quieres odiarme, hazlo. Puedo soportar tu odio, Kurama. Lo soportaré y te ayudaré a ser más honesto contigo mismo.

    Kurama bajó la cabeza y lanzó a Naruto una mirada de sorpresa.

    —¿Cómo sabes mi nombre?

    Naruto se mordió el labio. Maldición. Había querido que Kurama se lo dijera él mismo, como muestra de su confianza. Naruto sacudió la cabeza y suspiró.

    —Fuimos amigos, en el futuro, —respondió—. Lo quieras creer o no, así son, fueron, las cosas. Aunque hubiera preferido que me dijeras tu nombre por tu propia cuenta. La vez pasada me lo dijo alguien más, ya que antes de ese momento jamás me había puesto a pensar en que pudieras tener un nombre.

    —¿Dices que te dijeron mi nombre? ¿Quién fue?

    Naruto lo miró a los ojos. Parte del odio en ellos había remitido, reemplazado más que nada por sorpresa y un poco de confusión. Bueno, ya había llegado tan lejos, Naruto supuso que podía ser totalmente honesto.

    —Fue Son Goku, aunque me lo dijo habiendo asumido que yo ya lo sabía.

    —¡¿Cómo es que conoces ese nombre?! —gritó Kurama.

    —Ya te lo dije, —respondió Naruto con voz baja—. Regresé en el tiempo. Conozco a todas las bestias con colas por nombre. Nos unimos todos para derrotar a un enemigo en común.

    Eso hizo que Kurama se quedara callado por un momento. Cuando habló de nuevo, su voz ya no reverberaba en la cabeza de Naruto.

    —¿Qué clase de enemigo nos forzaría a las bestias con colas a cooperar?

    Naruto sonrió y se recargó en los barrotes de la puerta-sello.

    —Ponte cómodo, amigo. Estaremos aquí un rato largo.

    ~~~~~~~~​

    —Dijiste que derrotamos a Kaguya, —comentó Kurama, quebrando la concentración de Naruto—. Si eso es verdad, realmente no necesitas hacer nada diferente. Entonces, ¿por qué intentas crear un nuevo jutsu? Con los que ya conoces debería ser suficiente.

    Naruto mantuvo los ojos cerrados y se concentró en la presencia de Kurama en su interior. Se vio a sí mismo en aquél sótano metafísico que compartían los dos. Había pasado un mes desde que le había confesado casi toda la verdad sobre lo que sucedería en el futuro a Kurama. Excepto, claro, el hecho de que se sacrificaba y moría. Desde entonces, el zorro se había vuelto muy platicador. Aún se rehusaba a aceptar a Naruto como amigo, pero cada día emanaba menos y menos odio. Eso era bueno.

    —No estoy creando un nuevo jutsu, —le corrigió Naruto—. Estoy intentando recrear uno. Sé cómo funciona, pero nunca intenté aprenderlo porque siempre pensé que mi fuerza era más que suficiente para enfrentar cualquier peligro… Y aunque derrotamos a Kaguya, eso no significa que las cosas vayan a suceder igual otra vez, especialmente ahora que sé lo que sucederá, todo puede ser diferente. Debo estar preparado.

    Esa explicación era sólo en parte mentira. Estaba seguro de poder detener los planes de Zetsu negro de revivir a Kaguya, y si no podía, él y Sasuke iban a poder sellarla de nuevo. No le preocupaba eso, no realmente. Era todo lo que sucedería después de eso. Naruto se había confiado, y esa confianza había resultado en la muerte de Kurama. No iba a permitir que sucediera de nuevo.

    Por ese mismo motivo, había decidido intentar replicar la técnica de la vieja Tsunade. Un sello que constantemente guardaba cierta cantidad de su Chakra en un punto de su cuerpo que podía liberar en cualquier momento. Si Naruto lograba activar el sello, podría comenzar a guardar su propio Chakra ahí, durante las más de dos décadas que le quedaban hasta ese momento.

    Según Sakura, a ella le había tomado todo un año aprender a usar el sello, y a la vieja Tsunade le había tomado tres más para desarrollar la técnica. Naruto no quería imaginarse cuánto tiempo tardaría él… Si sólo fuera él, claro. Kakashi-sensei y el Capitán Yamato le habían hecho darse cuenta de la grandísima ventaja que poseía.

    Los clones de sombras.

    Así que, mientras mantenía un clon entrenando Taijutsu en el bosque, su apartamento estaba lleno de casi treinta clones. No había más porque no cabían. Todos estaban concentrándose, intentando desesperadamente encontrar el modo de crear el sello. Si a Naruto le iría a costar diez años de su vida simplemente replicar el jutsu de la vieja Tsunade, entonces con treinta clones debería tomarle como mucho un año. Definitivamente no era lo ideal, pero era mejor que nada.

    Después de todo, no era como si pudiera escaparse de la aldea y buscar a la vieja Tsunade. No es que lo tuvieran en constante vigilancia, pero sabía que si lo hacía, no tardarían en darse cuenta y crearía un revuelo en toda la aldea. Mejor no ocasionar más problemas de los necesarios.

    Alguien tocó a su puerta, y sus clones inmediatamente deshicieron la técnica en una gran nube de vapor. Naruto sintió toda su experiencia y cansancio inundarlo de golpe. Casi cayó fatigado a su cama, pero logró componerse lo suficiente como para ir a abrir. Como era de esperarse, era el viejo Tercero. Era el único que lo visitaba, después de todo.

    —Has estado ocupado, por lo que parece, —dijo el viejo Tercero mientras tomaba asiento en la única silla.

    Naruto frunció el ceño. ¿Había el Hokage sentido a sus clones desaparecer? La sonrisa que le estaba enviando parecía sugerir que así era. No podría saber que eran clones específicamente, pero sí que había estado moldeando una gran cantidad de Chakra.

    —No te preocupes, —continuó diciendo—. No le he contado a nadie tu secreto, y me parece que nadie se ha dado cuenta tampoco. Aunque claro, eso ha hecho más difícil explicar cómo estoy tan seguro de la rebelión Uchiha.

    —No es que de pronto quiera que dudes de mí, —dijo Naruto—. Pero, ¿por qué estás tan dispuesto a creerme?

    El Tercer Hokage tomó una de las galletas que estaban en el centro de la mesa y mordió una.

    —Bastante buena, —dijo—. No creo haber comido algo así antes.

    Pues claro que no, pensó Naruto. Hinata había creado esa receta tras probar algunas golosinas importadas de la Aldea de la Roca. Había sido varios años antes de volverse Hokage, así que Naruto había tenido tiempo más que suficiente para aprender la receta.

    —Como dije, —prosiguió el viejo Tercero—, prácticamente de la noche a la mañana te volviste tan hábil, diría yo, como un Chunnin experimentado. Además de la información que compartiste conmigo, que debería ser ultra secreta. ¡Y estas galletas! ¿Qué niño de cinco años sabe hornear tan bien sin jamás haber tomado clases?

    Naruto no pudo evitar sonreír.

    —Así que fueron las galletas, ¿no?

    —Unas muy buenas, —respondió el viejo Tercero mientras tomaba otra galleta—. De cualquier forma, vine a comentarte cómo se están desarrollando las cosas. Desafortunadamente, no puedo darte muchos detalles, pero sí puedo decirte que he logrado convencer a los altos mandos de intentar reevaluar cómo se ha estado tratando a los Uchiha.

    Naruto sintió que un peso se levantaba de sus hombros.

    —Eso es bueno.

    —Dijiste que los Uchiha perdieron, —prosiguió el viejo Tercero—. ¿Cómo fue? ¿Exactamente qué pasó en tu futuro?

    Con un suspiro, Naruto se sentó en el borde de su cama.

    —Todos murieron.

    Eso hizo que el Hokage abriera los ojos de par en par y soltara la galleta que tenía en la mano. Naruto lo miró directamente a los ojos con el ceño fruncido.

    —Esa fue la forma, o será la forma, que Danzo y los otros altos mandos creen correcta para proteger a la aldea.

    —Pero… ¿Quién podría deshacerse de tantos ninjas, especialmente ninjas tan hábiles como los Uchiha, de forma que nadie más en la aldea supiera lo que pasó?

    Naruto cerró los ojos.

    —No te lo diré.

    Hubo una pausa, y el Tercero pareció aceptar esa respuesta como final. Al cabo de un rato, tomó un sobre de su gabardina y lo colocó sobre la mesa. Luego se puso de pie.

    —El dinero de este mes, —dijo—. Te mantendré informado, en rasgos generales, sobre cómo se desarrollan las cosas con los Uchiha—. Le ofreció a Naruto una sonrisa de oreja a oreja—. A cambio, me gustaría que me prepares más de estas galletas, la próxima vez que venga.

    —Claro.

    Una vez que el viejo Tercero se fue, Naruto creó treinta clones más y los puso a seguir desarrollando la técnica de la vieja Tsunade. Él, sin embargo, se acostó sobre su cama y miró el techo. Odiaba no poder hacer nada más para cambiar el destino de los Uchiha, pero tenía que confiar en que el futuro estaba cambiando. Con el Tercer Hokage de su lado… Bueno, sólo el tiempo lo diría.

    —¿Todos los Uchiha asesinados? —preguntó la voz de Kurama.

    —¿Estabas escuchando? Pensé que no te interesaban las vidas de los humanos.

    Kurama gruñó.

    —No me puedo creer que un clan tan poderoso fuera aniquilado sin que eso afectara al resto de la aldea.

    —No importa si lo crees o no, —respondió Naruto—. Si todo sale bien, esa tragedia nunca pasará, y nunca habrá pasado.
     
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    rapuma

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    Las luchas por el poder interno de viejos ávaros y egoístas siempre terminan por lapidar un país o en este caso una aldea ninja. Los Uchiha siempre fueron un poder en constante expansión, una etnia disciplinada y no conflictiva, pero con un poder que sobrepasaba el entendimiento general del mundo ninja. Los ancianos, viejos ciegos y envidiosos, sepultaron al clan Uchiha por un miedo ignorante, un miedo que pensaban que los destruiría simplemente porque para esos líderes ése sería el pensamiento común; los Uchiha se revelarían y acabarían con Konoha... cuando en realidad eso mismo sucedió por aprobación unánime de ese cónclave de ancianos.

    La interacción de Kurama con Naruto me enterneció. Mmm, ¿quizas Itachil Uchiha no será también un buen aliado para poder contar su historia? ¿O sería un arma de doble filo? Se me vino a la cabeza Pain; ¿podrá también cambiar el curso de la historia con ése trío especial? Me intriga.

    Al capítulo me lo devoré, no sé en qué momento pero llegué al final en un parpadeo. ¡Gracias!
     

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