Long-fic de Naruto - Renacimiento

Tema en 'Fanfics de Naruto' iniciado por Hakuno, 2 Mayo 2022.

  1.  
    Hakuno

    Hakuno Entusiasta

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    2
     
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    ¡Ey! Me desaparecí un rato pero estoy de vuelta. Y ahora con un fic de Naruto.

    Descripción rápida: Naruto vuelve en el tiempo a su infancia. Tras percatarse de la oportunidad que tiene, tomará la decisión de hacer lo posible por cambiar las cosas para bien. ¿Lo conseguirá?

    Advertencia: Este fic contiene spoilers de todo Naruto y todo Boruto. Usaré también algunas cosas de los rellenos, pero no todo, así que pueden haber algunas inconsistencias. Pero sean conscientes de que desde el primer capítulo soltaré un montón de spoilers. Así que, si no han visto Boruto (que entiendo que no lo hayan hecho, la vdd) puede que les sorprendan algunas cosas.

    En fin, sin más preámbulos, les dejo el primer cap. ¡Disfruten!





    Capítulo 01. De Vuelta al Inicio

    Naruto se despertó con un jadeo. Todo estaba oscuro. ¿Se había quedado dormido otra vez? Se sentó y estiró los brazos. Desde que Kurama había… desaparecido… Naruto había desarrollado un insomnio terrible. Eso, aunado a su ya destrozado reloj interno, habían provocado que cayera dormido en casi cualquier momento y lugar. Desafortunadamente, esta vez parecía que alguien lo había encontrado y llevado a su casa.

    Qué vergüenza. No podía permitirse causarle más problemas a las personas que dependían de él. Tenía que superar lo sucedido y seguir adelante. Por la aldea, por su familia… Y por él mismo.

    Se giró para colgar los pies al borde de la cama, e inmediatamente se dio cuenta de que algo andaba mal. Sus pies estaban colgando en lugar de tocar el frío suelo de madera. Se inclinó para ver mejor, y, sí, no alcanzaba a tocar el suelo. Extrañado, Naruto miró a su alrededor y se forzó a concentrar su vista.

    Era una noche sin luna, por lo que era más oscura de lo usual. Sin embargo, logró percatarse de los detalles más generales.

    Esta no era su habitación.

    De hecho, no era ninguna de las habitaciones de su casa. El lugar era increíblemente pequeño. Desde la cama podía ver la cocina, que no era más que una parrilla doble sobre un gabinete viejo, un lavabo y un refrigerador pequeño. Entre la cocina y la cama había una mesa de plástico, sobre la que había restos de comida, y una silla. Era un apartamento pequeño. Por algún motivo, le parecía extrañamente familiar.

    ¿Shikamaru lo había encontrado y llevado a su casa? Pero eso no podía ser. La casa de Shikamaru era al estilo clásico de clanes, y este lugar se veía más moderno, aunque no tanto como su propia casa.

    Fue entonces cuando se dio cuenta. Este apartamento le resultaba familiar porque ya lo conocía. ¡Era el lugar donde había crecido!

    Naruto se levantó de un salto que le pareció demasiado alto. ¿Cómo era posible? El edificio había desaparecido, junto con el resto de la aldea, tras el ataque de Nagato. ¿Por qué estaba aquí otra vez? Parpadeó un par de veces.

    Quizá sea un Genjutsu, pensó. Inmediatamente realizó el sello del tigre, activando el flujo correcto de su Chakra. Se concentró, y entonces, —¡Liberar!— dijo, deteniendo su flujo de Chakra.

    Pero el Genjutsu seguía ahí. Naruto seguía en su viejo apartamento. Miró a su alrededor, pero no podía sentir peligro alguno. ¿Quién lo había metido en un Genjutsu tan poderoso y con qué motivo? Naruto decidió que no tenía tiempo que perder en esas preguntas, así que tomó el siguiente método anti-Genjutsu.

    Sostuvo un puño en el aire y se golpeó a sí mismo en el rostro tan fuerte como pudo.

    El dolor se esparció mucho más rápido que el sabor a metal de su sangre. Cayó con un sonido sordo al suelo, donde se golpeó el codo. Las oleadas de dolor recorrieron su cuerpo y terminaron de despertarlo por completo. Rápidamente se antepuso al dolor y saltó para ponerse de pie.

    No había nadie, no había peligro. Y seguía en su viejo apartamento.

    ¿Por qué seguía el Genjutsu activo? Tampoco podía ser un sueño, pues el dolor aún estaba presente, y sus pies aún tocaban el frío suelo. Que él supiera, habían muy pocos usuarios de Genjutsu capaces de crear ilusiones tan poderosas que no pudieran ser sobrepasadas con los dos intentos que había hecho.

    Su única otra deducción, entonces, era que de algún modo había saltado entre dimensiones mientras dormía.

    Lo cual tampoco tenía mucho sentido. Kurama lo habría des—

    Sintió una punzada de dolor en el pecho y un horrible malestar en el estómago. Maldición. Era como si le hubieran arrancado una parte de su alma, de su identidad. Era incluso peor que cuando Jiraiya había muerto. Esta vez, una parte literal del ser de Naruto había muerto también.

    Sacudió la cabeza y niveló la mirada. No. Debía detener lo que fuera que estuviera sucediendo. Ya tendría tiempo de lamentar la pérdida de su amigo en otro momento.

    Caminó un poco hacia la mesa y la observó. Estaba decorada con restos de ramen de tienda, cartones de leche y envolturas de varios dulces. Restos de al menos dos días de comida. Su hábito de comer ramen y dejar los recipientes en la mesa aún continuaba, pero al menos ya era mucho más ordenado ahora.

    Se giró y se vio en el espejo de cuerpo completo que estaba entre la mesa y la cama.

    —Qué demonios…— susurró. Su cuerpo también había cambiado. ¡Era un niño de nuevo! Y bastante pequeño. Si Naruto tuviera que adivinar, diría que parecía de unos cuatro o cinco años.

    Eso sí que era raro. Nunca había escuchado hablar de un Genjutsu que modificara la percepción de uno mismo. Aunque teóricamente era posible, nadie nunca se había molestado en explorar esa posibilidad. Después de todo, si el cuerpo del objetivo cambiaba, se daría cuenta rápidamente de lo que estaba sucediendo, contradiciendo por completo el propósito de un Genjutsu.

    Bueno, al menos eso explicaba el por qué todo se veía tan grande.

    Naruto resopló y se acercó más al espejo. Todo se sentía demasiado real. Aún en el mejor de los Genjutsus, siempre había cierta sensación de desconexión. Aunque claro, era difícil darse cuenta de eso en medio de un combate. Pero Naruto no estaba combatiendo, o al menos no lo había estado cuando se quedó dormido. Y de todas formas, no sentía nada raro en el ambiente. Era una noche fresca; podía oír a los grillos en la distancia.

    —¿Qué está pasando?— Caray, hasta su voz era la de un niño pequeño.

    Oyó el silbido del viento y el rasgueo de las hojas de los árboles fuera de su ventana. Podía oler el aroma residual del ramen sobre su mesa. Podía sentir la rugosa textura de su pijama azul. Aún saboreaba el metal de la sangre en su boca.

    Todo era demasiado real. Todos sus sentidos estaban siendo estimulados al mismo tiempo. Ni siquiera el Tsukuyomi Infinito había logrado ser tan poderoso como lo que estaba experimentando en ese momento. O al menos esa era la declaración de cientos de miles de personas que lo habían vivido. Tras despertar y analizarlo, todos tenían la sensación de que, dentro de aquél Genjutsu masivo, había algo raro de lo que nadie se había dado cuenta hasta que despertaron.

    Pero Naruto se daba cuenta de lo extraña de su situación. No sólo eso, había moldeado su Chakra, detenido su flujo por un instante, y aún así nada había pasado…

    Y entonces lo recordó. ¿No había Boruto viajado al pasado con un extraño artefacto Ootsutsuki? Quizá era algo similar. Quizá, tras quedarse dormido, algún miembro de ese maldito clan lo había atrapado con otro de esos artefactos. Uno que no sólo lo había enviado al pasado, sino que también había modificado su cuerpo. Un viaje más literal que el de su hijo.

    Tragó saliva al ocurrírsele una idea sobre cómo corroborar esta teoría.

    Se levantó el pijama para descubrir su barriga. Moldeó un poco de chakra y se concentró.

    ¡Ahí! Podía verlo con una claridad terrorífica. ¡El Sello de los Ocho Trigramas! Naruto dejó escapar un suspiro y cerró los ojos. Se notaba temblando, pero tenía que hacerlo, tenía que concentrarse y averiguar…

    Se encontró en su subconsciente. En aquél espacio que sólo un Jinchuuriki conocía. Una suerte de sótano inmenso y semi inundado. Lo primero que sintió fue el odio. El profundo resentimiento que emanaba desde lo más profundo de su ser. Naruto caminó hacia la fuente de ese rencor y rápidamente se encontró frente a la gigantesca puerta que encerraba dentro de él a uno de los entes más poderosos y peligrosos de todo el mundo.

    Kurama lo miró con sus enormes ojos rojos. Naruto podía sentir que lo odiaba, porque Kurama odiaba a todo y a todos. Sin embargo, no pudo evitar sonreír. Lágrimas escaparon de sus ojos mientras observaba a aquella descomunal bestia. Al que antaño conocían como el Zorro Demonio.

    —Mocoso… —dijo Kurama, y a pesar del odio que bañaba su voz, Naruto pudo fácilmente detectar la sorpresa que sentía su amigo. —¿Qué haces aquí?

    —Me alegro tanto de verte… —murmuró Naruto. Y era verdad. Podía ver a su amigo otra vez. Podía sentirlo y estar con él.

    —¿Te alegras? —preguntó Kurama. —¿Es que no te das cuenta de lo que soy? ¡Soy odio encarnado! Maldito niñato. ¡Retira este maldito sello de una vez!

    Naruto resopló, conteniendo su llanto de alegría. Parecía que de verdad había regresado al pasado. De verdad estaba ahí, con cuatro, tal vez cinco años de edad. Y, hasta donde sabía, no había ningún artefacto Ootsutsuki ni ningún Genjutsu al qué culpar. Naruto de verdad estaba de vuelta en su niñez.

    Y eso significaba que, de alguna forma, por algún motivo que desconocía, tenía una oportunidad de salvar a Kurama… Quizá, si se esforzaba, podría salvar a todos los que había perdido. A Neji, a Jiraiya, incluso al viejo Tercero…

    Naruto miró desafiante a los ojos de Kurama y sonrió.

    —Ahora no es el momento, amigo —dijo.— Pero pronto. Ten un poco de paciencia y te salvaré.

    Y eso planeaba hacer. Naruto usaría esta oportunidad para ser mejor. Para evitar grandes tragedias.

    Para salvarlos a todos.
     
  2.  
    Hakuno

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    ¡Ey!

    Capítulo 2. Decisión.

    Los rayos del sol comenzaron a iluminar el apartamento, y Naruto despertó cuando estos tocaron sus ojos. Aún seguía en el apartamento de su infancia, aquél que había sido de su madre alguna vez y que el viejo Tercero había luchado porque Naruto pudiera hacer uso de él.

    Se concentró y sintió el leve arremolinamiento del chakra de Kurama en su interior. Suspiró de alivio.

    Tras decidir que de verdad estaba de vuelta en su infancia, Naruto se había ido a dormir, asustado de que pudiera ser sólo un cruel sueño o ataque enemigo. Pero aquí estaba, despierto, admirando el viejo techo del apartamento de su infancia y sabiendo que su amigo seguía con vida.

    Naruto se levantó de la cama con un salto. No había tiempo que perder. Si quería hacerse más fuerte que en su vida anterior, primero tenía que ser consciente de sus propias capacidades actuales. Ahora que contaba con el conocimiento y la madurez de su yo adulto, Naruto definitivamente pasaría cada momento entrenando en lugar de ir a jugar con los niños que no estaban listos para aceptarlo.

    Se preparó un ramen para desayunar, deleitado de poder volver a probar el clásico sabor de miso y sal que había sido descontinuado cinco años atrás a favor de sabores más potentes y complejos. Las nuevas generaciones definitivamente no apreciaban, o mejor dicho, no iban a apreciar los elegantes sabores originales.

    … Demonios, de verdad se había convertido en un señor mayor si eso pensaba mientras saboreaba su ramen de vaso favorito.

    Tras terminar, Naruto tiró la basura y recogió un poco el desorden que no había visto durante la noche. Más que nada ropa sucia y limpia tirada por doquier. Se sintió un poco avergonzado de sí mismo por haber sido tan desordenado, pero luego recordó que nunca tuvo a nadie que le enseñara cosas. Todo lo había tenido que aprender por su cuenta hasta el momento en que se convirtió en ninja. Además, ahora tenía la mentalidad de su yo de más de treinta años. Tenía la oportunidad de ser mejor esta vez.

    Una vez que su apartamento estaba medianamente limpio, se vistió con su playera grisácea con un dibujo de un remolino y unos pantalones que ya le venían un poco cortos. Se puso sus sandalias y se colocó frente al espejo.

    Antes de empezar a entrenar, tenía que analizar sus capacidades ahora que era un niño pequeño de nuevo. Un vistazo al calendario le indicaba que había cumplido cinco años hacía unos días. La noche anterior había realizado la liberación de un Genjutsu sin problemas, la cual era una técnica que pocos Gennin eran lo suficientemente hábiles para hacer. Eso significaba que había retenido al menos un poco de su control de Chakra.

    Cruzó dos sellos del tigre, en una pose de cruz, y acumuló su Chakra alrededor de su cuerpo. Mantuvo la imagen en su mente con tantos detalles como fue capaz. —¡Transformación!— dijo. Una nube de humo, que era su Chakra al evaporarse tras ser utilizado, se levantó a su alrededor. Cuando ésta desapareció, el espejo reflejó a Naruto habiéndose transformado en una versión muy adulta, muy femenina, y muy desnuda, de sí mismo.

    Canceló el flujo de su Chakra y regresó a la normalidad. Su corazón latía con intensidad. ¡Había hecho su Jutsu Sexy! Y además sin ningún esfuerzo real. Recordaba haber desarrollado su técnica unas semanas después de ingresar a la Academia Ninja, cuando tenía siete años. Pero aquí estaba, recién cumplidos los cinco, y activando esa técnica con la misma facilidad que a sus treinta.

    Pero aquí no terminaba su prueba. Colocó los sellos nuevamente en posición, pero esta vez se concentró para tomar una parte de su Chakra, lo suficientemente grande como para que la técnica funcionase, y la separó de sí mismo. La acción le vino tan casualmente como lo era respirar.

    —¡Jutsu de Clon de Sombras!— anunció. Una pequeña nube de humo apareció a su lado y, tras disiparse, dio lugar a una copia perfecta de sí mismo.

    —Puedo hacer clones de sombras— dijo, sintiendo una oleada de asombro en su pecho. Había temido que, al ser un niño nuevamente, había perdido todas sus capacidades. Que la técnica de liberación le había salido bien por pura suerte. Pero a su lado estaba la prueba de lo contrario.

    —Tengo el conocimiento que adquirí durante toda mi vida pasada— dijo el clon en completa sintonía con sus propios pensamientos.

    Naruto cerró los ojos y se concentró para sentir sus reservas de Chakra. A pesar de haber anticipado lo que podía encontrar, de todos modos se sorprendió al sentir que esas dos técnicas habían acabado con una parte importante de sus reservas. Si activaba la técnica masiva de clones, calculaba que le quedaba suficiente Chakra como para producir sólo cincuenta clones más.

    Supuso que era algo obvio. La influencia de Kurama había forzado que sus reservas se expandieran de manera monstruosa a lo largo del tiempo. Pero sólo tenía cinco años, por lo que aún no llegaban al nivel que tenían cuando aprendió la técnica de clones de sombra a los doce años.

    Estos datos indicaban que, aunque poseía los recuerdos, conocimientos y experiencia de su vida pasada, su fuerza física y espiritual eran las de un niño pequeño.

    … Bueno, de un niño pequeño con la misma cantidad de Chakra que un Jonin promedio.

    Alzó la mano derecha y la sostuvo. Sólo quedaba una técnica que quería probar. Era la única técnica en su repertorio que no requería sellos. Una técnica que significaba mucho para él, pues aunque se la había enseñado su maestro y guardián, la había creado su padre.

    Concentró su Chakra en un punto de la palma de su mano y lo hizo girar. Después de años de entrenamiento, había logrado dominarla a tal punto que ya no requería clones para hacerla. Y así, expulsando tanto Chakra como se atrevía, pudo observar cómo su Chakra moldeaba el aire, haciéndose tan visible que casi parecía brillar. Miró la esfera de Chakra arremolinándose con la misma fascinación con la que la había visto la primera vez.

    En su diminuta mano de cinco años, Naruto sostenía un poderoso Rasengan.

    Su clon se giró de pronto, pero no necesitó hablar. Naruto también lo había sentido. Había alguien fuera de su apartamento.

    Dejó de alimentar su técnica con Chakra y permitió que el Rasengan se difuminara en el aire sin mayores complicaciones. Entonces escuchó el sonido de nudillos contra madera. Su clon desapareció por decisión propia, así que Naruto fue a abrir la puerta.

    Tuvo que alzar la cabeza a un ángulo incómodo sólo para ver el rostro del Tercer Hokage, quien le sonreía amablemente. Naruto casi lo abrazó. Su muerte le había dolido en el alma. Pero se contuvo. Aún no había decidido si debía contarle a alguien su situación o no. Así que debía actuar lo más natural posible de momento.

    —¿Puedo pasar? —preguntó el viejo Tercero.

    Naruto se hizo a un lado, permitiendo que el viejo entrara a su apartamento. Cerró la puerta y lo siguió en silencio.

    —Sé que debe ser una sorpresa —dijo el viejo,— pero sí, soy el Hokage de la Aldea Oculta de Konoha. Lamento si te sientes engañado. Sólo estaba comprobando cómo te estaba yendo.

    Naruto frunció el ceño, tratando de entender lo que el viejo Tercero le estaba diciendo. Se estaba presentando, lo cual significaba que en este momento Naruto nunca lo había visto, excepto que…

    Claro, ahora recordaba. Había sido un día duro, tantos años atrás. Naruto se había quedado sin dinero, por lo que había ido a pescar al río. El viejo Tercero había aparecido y Naruto había compartido uno de sus pescados con él.

    —Veo que sí me recuerdas.—

    —Sí, —respondió Naruto.

    El viejo Tercero asintió con la cabeza y produjo un sobre amarillo de su gabardina.

    —Antes te dejaba el dinero uno de mis subordinados, pero él… ya no está en servicio, —explicó—. Así que ahora seré yo quien te lo traiga personalmente.

    Naruto observó al Tercer Hokage dejar el sobre con dinero sobre la mesita de plástico. Honestamente, Naruto no recordaba a nadie más que al Hokage llevándole dinero cada mes. Aunque claro, tampoco recordaba casi nada de sus años antes de la Academia Ninja.

    —Gracias, —dijo Naruto.

    Los ojos del Tercer Hokage parecieron tintinear bajo su expresión estoica. Aunque pronto ofreció una cálida sonrisa.

    —Espero que otro día volvamos a comer pescado juntos, —dijo el Hokage con una risita.

    Naruto asintió y vio al Hokage retirarse. No se movió hasta que la puerta se cerró. Por un momento se preguntó qué había pensado en aquél entonces. Había sido demasiado pequeño como para entender realmente lo que sucedía, quizá. Después de todo, incluso él mismo tenía que admitir que había sido bastante denso durante toda su juventud.

    Sacudiendo la cabeza para sacar esos pensamientos de su mente, se dirigió hacia el sobre y lo abrió. Eran doce mil ryo. Sinceramente, Naruto se sintió bastante insultado, pero luego se preocupó. Claro, estaba acostumbrado ya al generoso estipendio que recibía por ser Hokage, con el cual podía fácilmente mantener a su familia y además ahorrar para dejarle a sus hijos una muy generosa herencia. Pero aún así, ¿doce mil? Eso a duras penas le alcanzaría para comprar comida.

    Supuso que no podía hacer nada al respecto. Tendría que ingeniárselas para ahorrar lo más posible. Después de todo, de algún lado tendría que comprar ropa y armas para entrenar. Se rehusaba a tener que robar de tendederos descuidados, y no podía esperar hasta entrar a la Academia para el paquete básico ninja que le entregaban a todos los nuevos estudiantes.

    Unos días, quizá un par de semanas pescando y recolectando su propia comida debería ser más que suficiente para comprarse aunque fuese un paquete de shuriken. Tenía la impresión de que podría lanzarlos con precisión, pero su fuerza sería mínima. Además de que, si descuidaba su entrenamiento por demasiado tiempo, rápidamente saldría de forma.

    ~~~~~~~~​

    —No te acerques a él, —susurró un señor mientras halaba de la mano a su hijo, alejándolo de donde Naruto estaba viendo el escaparate de la tienda de armas.

    Era increíble lo acostumbrado que estaba de recibir nada más que admiración de todos los que lo rodeaban. Casi se había olvidado ya de las miradas de odio y desagrado que le lanzaban todos los adultos, especialmente aquellos que habían perdido seres queridos durante el ataque de Kurama.

    A nivel intelectual, Naruto entendía perfectamente por qué lo trataban así. Pero a nivel emocional, aún dolía. Y dolía bastante.

    De niño no había entendido, pero ahora, con todo lo que sabía, se sentía incluso peor. Era una situación en la que nadie tenía la culpa. Kurama había estado siendo controlado, pero aún así había matado a muchos ninjas. Naruto no podía culpar a la gente por resentirlo, pero tampoco podía condonar el cómo trataban a un niño que no había hecho nada malo.

    Suspiró y entró a la tienda.

    —¡Bienvenido! —Saludó el vendedor. Pero en cuanto vio a Naruto, su expresión cambió para lanzarle esa misma mirada de odio. —¿Qué quieres aquí?

    Naruto frunció el ceño, pero decidió tragarse el enojo y en su lugar señaló a un paquete de cinco shuriken en el mostrador.

    —Quiero eso.

    —¿Para qué quieres tú armas, eh?

    —Porque seré ninja, —respondió Naruto—. Quiero empezar a entrenar desde ahora.

    El vendedor lo miró por unos muy largos tres segundos.

    —Mil doscientos ryo, enano.

    Naruto asintió. Había temido que no quisieran venderle cosas, o que incrementaran el precio sólo para fastidiarlo. Pero el Tercer Hokage había prohibido por completo semejantes prácticas. Especialmente hacia Naruto. De verdad que el viejo se había tomado demasiadas molestias para que Naruto nunca supiera la verdad.

    Sacó los billetes de su bolsillo y los puso sobre el mostrador. Había pasado dos semanas recolectando comida del bosque, pescando y cazando animales pequeños. Había sido difícil con nada más que palos y piedras, pero estaba orgulloso de sí mismo.

    A regañadientes, el vendedor tomó el dinero y luego le entregó el paquete a Naruto. Cinco shuriken por mil doscientos ryo. Era un precio más que razonable, pero con lo poco que él recibía al mes… Bueno, al menos ahora sabía que podía ahorrar bastante. Y con los shuriken podría cazar mucho más rápido.

    Salió de la tienda y decidió pasearse por la calle de negocios. Todo había sido destruido tras el ataque de Nagato, así que Naruto disfrutaba ver las cosas como eran antes.

    La librería cuyo dueño era un viejo verde que siempre estaba leyendo una de sus propias revistas porno, mal escondida tras un libro de historia. Los baños termales, donde la encargada siempre buscaba excusas para golpear a Naruto con la escoba. Anoche había sido porque supuestamente había mirado mal a los clientes, y eso los ponía incómodos. También estaba la confitería de la vieja que apenas podía ver. Sus dulces eran tan amargos que los niños se retaban entre ellos para ver quién podía resistir el sabor por más tiempo.

    Naruto compró una bolsa de las bolitas de colores sólo para recordar los viejos tiempos. Sorpresivamente, se encontró disfrutando del sabor.

    De manera casi instintiva, Naruto llegó a su lugar favorito en todo el mundo. Ichiraku ramen. Después de dos semanas, estaba desesperado por volver a probar su comida preferida, en su lugar preferido. El dueño de Ichiraku siempre fue de los pocos aldeanos que jamás había tratado mal a Naruto.

    Antes de entrar, sin embargo, Naruto vio algo por el rabillo del ojo. Se giró y, ahí, a tan sólo dos metros de distancia, estaba Itachi Uchiha, frente a un puesto de verduras. En su espalda estaba Sasuke, hablando muy animadamente.

    Naruto sintió que se le caía el estómago. Estaban a tan sólo dos años, quizá menos, de que Itachi fuese forzado a matar a todo su clan. Pero eso significaba que había tiempo. ¿Debía Naruto avisarle? ¿Tratar de crear un plan para evitar la tragedia? Sasuke se veía tan feliz, tan inocente… Pero, ¿cómo podría hacerlo? No podía simplemente acercarse a Itachi y decirle que en dos años le iban a forzar a cometer genocidio.

    ¿Y si… Y si Naruto avisaba al Tercer Hokage?

    Naruto podía confiar en el viejo Tercero. Él había protegido a Sasuke de las garras de Danzo, y luego había dado su vida para proteger a la aldea. Si Naruto le contaba la verdad, que estaba reviviendo su pasado y que tenían tiempo de prevenir el desastre…

    Itachi terminó de comprar y comenzó a alejarse. Naruto vio cómo Sasuke apuntaba emocionado hacia una u otra tienda.

    Mejor pensarlo y meditarlo. Naruto ya había decidido cambiar el futuro, pero no quería hacerlo peor por accidente. Si los Uchiha cometiesen el golpe de estado, eso traería caos a la aldea y más sufrimiento. Pero Naruto tampoco podía no hacer nada. Toda la aldea era su familia, después de todo. Tenía que buscar la forma de protegerlos a ellos también, de algún modo.
     
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  1. Raimor
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