Ciencia ficción Regente Kairos

Tema en 'Novelas' iniciado por Manuvalk, 25 Marzo 2026 a las 5:29 AM.

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    Manuvalk

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    Regente Kairos
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    Ciencia Ficción
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    Saludos y bienvenidos a una nueva historia secundaria ambientada en el universo de Los Viajeros Vol. 2 (tenéis los links a las partes ya completadas en mi blog, junto a guías de personajes, cronología y demás).

    Quiero agradecer, primero que nada, a mi buen amigo Reydelaperdicion por todo el tiempo que lleva siguiendo esta historia de mi autoría y por ver que la disfruta leyendo tanto como yo escribiéndola. Y por supuesto, agradecer a cualquiera que haya llegado hasta este punto; significa mucho para mí.

    Sin más que añadir, os dejo con la lectura.







    Sinopsis: Seis meses después del fin de la Guerra de los Dos Días, la reconstrucción del nuevo gobierno y el regreso a la normalidad en Ibos se siente como algo extraño para Kairos y su grupo de ‘mercenarios’, acostumbrados a luchar por causas justas por y para las especies aliadas. Cuando el neoniano es vetado de las elecciones a representante de su especie para postularse como miembro del Consejo, su decisión lo lleva a explorar una posibilidad ambiciosa a la vez que arriesgada, con tal de consolidar su poder en la estabilidad política de la Alianza Interestelar de Especies.





    Ceti Nosea



    — ¿Recuerdas ese favor que me debías? Ha llegado el momento de cobrármelo.

    Kairos miró fijamente a los ojos de la persona que tenía enfrente.

    La poca luz de la sala y el resto de gente que se encontraba allí parecían ser una medida intimidatoria, pero lo que confirmaba ese dato eran las armas que todos llevaban consigo. El líder de los mercenarios había vuelto a la que era su casa y con quiénes eran su ‘familia’, tras haber formado parte de la expedición de exiliados que Akkor formó para entregar un cargamento de tecnología y armas anixis a los kharaket.

    Eso fue hacía medio año exacto; el tiempo volaba.

    — No sé si podré hacer algo por ti, Kairos.

    — No me vengas con excusas — El neoniano frunció el ceño y se incorporó de su silla, cara a cara con dicha persona — No te saqué de la bodega del arca ni te escondí y te di forma humana para que luego no me correspondieses.

    Oda, quién era la persona —más bien robot— que estaba al otro lado de la mesa, apenas gesticulaba con su rostro. Era prácticamente imposible intuir cuál iba a ser el próximo movimiento de la inteligencia artificial humanoide, fuese a ser una palabra o una acción.

    Ni siquiera se podía leer a través de sus ojos, siendo estos una gran imitación y poco más.

    — Me aseguré de que sobrevivieras en la expedición y de que Jackon no volviese a encerrarte cuando regresamos — La máquina con aspecto femenino buscaba rebatir esa solicitud de favor — ¿Eso no nos deja en el mismo punto?

    — ¡En absoluto! — Bastante molesto, Kent evidenció que no estaba de acuerdo con ese pensar — En la expedición nunca necesité tu maldita ayuda y de todas formas Jackon no podría haber cumplido con su magnífica idea de mantenerme en una cárcel. Mi gente no le habría dejado y él no estaba en condiciones de enfrentar otro conflicto tras lo que ha sucedido con sus amigos.

    — Eso no lo sabes.

    — ¡Lo que sí sé, es que me debes una, Oda! — Exclamó el líder de los mercenarios, golpeando la mesa con sus dos puños — Y no te estoy pidiendo ningún sacrificio. Solo quiero una nave, provisiones y armas.

    — ¿Te quieres marchar de Ibos? — La IA no parecía esperarse un motivo así — ¿Por qué? Tú mismo dices que nadie puede encerrarte y tu grupo es considerado como una extensión de la milicia de la Alianza. ¿Por qué quieres irte con todos ellos? ¿Hacia dónde?

    — No es asunto tuyo. En este mundo ya no tenemos nada que hacer — Murmuró el neoniano con el semblante serio y la mirada gacha — Lo he hablado con mis mercenarios y está decidido. Cumple con tu palabra y estaremos en paz.

    Oda no compartía la pérdida de activos tan valiosos como Kairos y sus mercenarios, siendo especialmente útiles si volviese a haber un conflicto en Ibos, ya fuese con otra especie o con los operativos espías que quedaron con vida tras la batalla en las tres ciudades del planeta.

    Las autoridades estaban en alerta y vigilando constantemente, persiguiendo a los sospechosos de haber sido cómplices de Akkor para terminar con el remanente de una posible amenaza a futuro. Pero el neoniano sonaba totalmente convencido y sus camaradas parecían estar dispuestos a seguirle hasta el fin del cosmos.

    — Si te consigo todo eso que me pides, será la última vez que te ayude — Dijo Oda, sonando bastante tajante al respecto — No podrás coaccionarme.

    — Tranquila, tal vez será la última vez que me veas.

    En cuestión de una semana, Kairos consiguió mediante Oda todo lo que le pidió: una nave y suministros para varios meses a bordo. La IA tuvo que manipular información de la base de datos de la Casa Superior e informar al neoniano de cuándo sería el momento oportuno para irse, pues éste no quería que nadie supiese de su espantada.

    Aprovechando que el mundo y que gente como Jackon, Echo y Omnius estaban demasiado ocupados restaurando el orden en las ciudades, los mercenarios de Kent se marcharon de Ibos con el rumbo bastante definido y el destino muy claro: el planeta de los exiliados.

    Ceti Nosea seguía siendo la prisión de los delincuentes y criminales expulsados de la colonia anixis, con diversos grupos de bandidos viviendo en condiciones lamentables, conflictos sin ley y un planeta en el que si diluviaba podías terminar muerto debido al ácido corrosivo en su agua. Sin embargo, Kairos estaba decidido a personarse en el único lugar del globo en el que había cierto orden: el Puesto de Talon.

    Gobernado por el conocido Regente Robur —el primer delincuente expulsado de Ibos—, lideraba con puño de hierro pero con cierta humildad a todos aquellos que buscaban prosperar en dicho mundo, con el propósito de formar una colonia de verdad pese a depender de los suministros bianuales del Consejo.

    La nave que llevó a Kairos, Vorta y su grupo a Ceti Nosea tuvo que ser escondida en lo alto de unas montañas rocosas, alejadas del Puesto de Talon y de cualquier zona poblada con la intención de evitar que su única vía de escape del planeta la tomasen los bandidos. Habiendo monitorizado la meteorología planetaria con los sensores del navío, el grupo tenía tres días exactos para llegar hasta la pequeña colonia fundada por Robur si es que no querían que la lluvia ácida les alcanzase.

    El plan consistía en dirigirse a pie hasta el Puesto de Talon, lo que les tomaría cerca de esos tres días que tenían como límite, antes de que se formase una precipitación sobre ellos. Recogiendo todos los suministros para equiparlos en sus mochilas y con parte de los mercenarios portando armas —porque no habían tantas como para que todos tuviesen una—, el grupo descendió por las montañas y emprendió rumbo a la colonia liderada por un anixis.

    […]

    La primera noche en el planeta la tuvieron que pasar bajo las estrellas, al aire libre y en el bosque más próximo. Apenas habían recorrido cerca de tres kilómetros y el grupo —que eran un total de cincuenta personas aproximadamente— recibió la orden de acampar por parte de la que había sido su líder durante los últimos meses hasta el regreso de Kairos.

    Vorta era la segunda al mando cuando el neoniano estaba presente, pero tenía total libertad para dar órdenes, especialmente porque tenía la confianza de todos los presentes. De no ser por la syleriana y sus decisiones, la facción podría haber sido historia hace tiempo.

    — ¿Todo en orden?

    La pregunta provino de Kent, quien se encontraba sentándose en el mismo suelo frente a una fogata improvisada. A su alrededor, la gente se estaba empezando a poner cómoda, a excepción de unos pocos que tenían turno de vigilancia.

    Formando un círculo próximo al campamento pero a cierta distancia de este, los mercenarios que custodiaban la zona mantenían la mirada fija en las profundidades del bosque bajo la noche oscura de Ceti Nosea.

    Por suerte para ellos no había animales salvajes en el planeta, pero la vigilancia era indispensable, pues al final del día se encontraban en un mundo lleno de criminales. Y la posibilidad de que hubiesen visto el descenso de la nave era real.

    — Todos bien, sí — Confirmó Vorta, sentándose al lado de su compañero y amigo — Cada uno tiene una función que cumplir.

    — Perfecto — Musitó él, mostrándose reflexivo — Necesitan estar ocupados, esto es un cambio grande.

    — Kairos, ellos están aquí porque han querido venir contigo — La syleriana trató de consolarle al haberle notado deprimido — No lo dudes.

    — Cierto, pero no todos han venido — El líder de los mercenarios recordó a algunos de sus camaradas — Algunos han preferido quedarse en Ibos.

    — No los culpo, allí tienen la seguridad que aquí nosotros no tenemos.

    — De momento — Contestó Kent, mirándola fijamente a los ojos mientras el fuego jugaba a hacer sombras — En cuanto lleguemos al Puesto de Talon, estaremos bien.

    — ¿Crees que ese tal Robur acceda a aceptarnos? — Vorta no lo tenía muy claro — Tú lo has llegado a conocer, así que…

    — Lo hará, más le vale — Volviendo a clavar los ojos en la fogata, el neoniano parecía sumirse en sus pensares — De lo contrario… le arrebataremos el Puesto.

    La syleriana asintió, convencida llegado el caso de tener que hacer algo así, pese a que un nuevo conflicto no era lo que más le apetecía. Si bien Kairos buscaba la libertad y el libre albedrío que no tendría en Ibos —especialmente tras ser descartado como postulante a representante de su especie en el Consejo Superior—, era consciente de que tal vez el actual regente no le quisiese allí.

    Pese a ello, Kent estaba dispuesto a realizar un último esfuerzo, sabiendo que en la colonia podían haber humanos, sylerianos y neonianos —quizá incluso anixis— dispuestos a un cambio de liderazgo, sobre todo tras ver lo que sucedió cuando él y el resto de la expedición tuvieron que disuadir a un grupo de bandidos que amenazaron con matar a los habitantes de la aldea.

    — Oye — La fémina captó la atención de su superior — ¿Recuerdas cuándo nos conocimos?

    — Claro — Kairos esbozó una media sonrisa que pareció sacarle de su mundo de pensamientos — En los años previos a entrar en criogenia.

    — Así es, en aquel entonces las cosas parecían ser tan diferentes… — Vorta alzó la vista al cielo, quedándose hipnotizada durante unos instantes por el brillo de las estrellas — Tú eras un soldado de la Alianza y yo una simple manifestante contra el abusivo control de Omnius y Jackon sobre la población del arca.

    — Se les subieron los rangos a la cabeza, eso seguro — Asintió él — Encima tenían a Eeron con ellos y el apoyo de la gente.

    — Sí, pero nuestras protestas sirvieron para que tomasen medidas ante un posible enfrentamiento contra los anixis.

    — Cierto, tras ello, todos los ciudadanos recibieron lecciones de tiro.

    — Y tú acabaste en la cárcel por orden del comisario Xom.

    — Kendall se creía un policía de verdad como su tío Ender, pero nada más lejos de la realidad — El neoniano no le tenía mucha estima al chico de rasgos asiáticos — Interpretó que fui muy violento y agresivo en una de las protestas y me encerró durante meses en esas celdas ridículas hasta que fue la hora del letargo.

    — Pese a ello, cuando él y Owen fueron a buscarte para pedirte ayuda contra Akkor, accediste a hacerlo. ¿Por qué?

    — Om pagaba bien, consideré que nuestro objetivo no tenía que ser simplemente robar comida de los invernaderos para los distritos hambrientos sino también defenderlos de las leyes anixis. Sabía desde el principio que vivir en Ibos no iba a ser una maravilla, como otros se esperaban.

    — Ya… Pensábamos que los anixis iban a ser demasiado generosos pero tenían, mejor dicho, tienen sus propios planes.

    — No nos engañemos, todos tenemos nuestros propios planes — Murmuró Kairos, calentándose las manos en el fuego — Lo importante es compartirlos con quiénes están dispuestos a llevarlos adelante.

    Vorta asintió, compartiendo el pensar del neoniano.

    Aquello la hizo replantearse el porqué había ido a Ceti Nosea, ya que consiguió que la Alianza —por palabra de la comandante Mercer— reconociese a los mercenarios como soldados y que Kairos quedase impune de su historial delictivo, pese a que eso último se vio truncado por Jackon al ser conocedor de que el neoniano intentó cerrar un acuerdo con Ebran a espaldas de la expedición del Explorario.

    Sin embargo, ella estaba liderando a su gente con absoluta maestría en ausencia del propio Kairos y cuando éste regresó y optó por querer irse al planeta de los exiliados, la syleriana acató la orden sin dudarlo. Hasta ese entonces no se había planteado el porqué lo había hecho, siguiendo como siempre al líder por inercia.

    Pero en aquel instante, su pensar la hizo reflexionar con el propósito de saber si estaba haciendo lo correcto. Sin embargo, el divagar se vio interrumpido por dos disparos en la lejanía, los cuáles alertaron a todo el campamento.

    — ¡¿Qué ha sido eso?!

    — ¡Viene de allí!

    — ¡¿Estamos en peligro?!

    — ¡Bandidos, bandidos! — Uno de los vigilantes alertó a sus compañeros — ¡Se acercan por todas direcciones! ¡Es una embosc…!

    El mercenario humano no pudo acabar la frase porque una lanza le atravesó el torso completamente, terminando brutalmente con su vida. Aquello significaba que se estaba sucediendo un ataque en mitad de la noche por parte de bandidos.

    Kairos y Vorta empuñaron sus armas, al igual que aquellos que poseían una, mientras el resto permanecían en el interior de un círculo de mercenarios armados que trataban de ver venir a sus enemigos, quiénes jugaban astutamente con la baza de la oscuridad en el bosque, al ser de noche.

    La iluminación de un par de fogatas era lo que mantenía al grupo unido y con cierto control de la situación, pero aquello empezó a ser un caos cuando los mercenarios iban cayendo uno a uno debido a flechas y lanzas que eran lanzadas contra ellos.

    — ¡Disparad para ahuyentarles, no tienen armas de fuego! — Exclamó Kairos a sus camaradas, mientras hacía lo propio.

    — ¡Ahora sí, escoria del Consejo Superior! ¡Moriréis todos!

    Uno de los bandidos logró obtener un Striker de parte de un mercenario caído, al igual que algunos otros.

    El conflicto pasó a ser un tiroteo armado entre dos facciones en mitad de la noche y del bosque, con los troncos de los árboles como la única cobertura viable. Vorta veía caer a sus compañeros y una sensación de ira empezó a emerger en su interior, parte de ella hacia los bandidos, pero la parte restante hacia un Kairos que estaba consiguiendo que sus mercenarios sucumbiesen ante un asalto no tan inesperado pero sí bien ejecutado por parte de los habitantes de Ceti Nosea.

    Consciente de que la balanza se estaba inclinando hacia la clara derrota, Kent optó por la opción más sensata en ese instante.

    — Vámonos de aquí — Le ordenó a la syleriana, tomándola del antebrazo — ¡Rápido!

    — ¡No pienso dejar morir a mi gente! — Vorta apartó violentamente la mano de su superior, evidenciando un rostro lleno de tristeza e ira — ¡¿Cómo puedes siquiera sugerir la huida?!

    — ¡Vamos a morir si no nos vamos! ¡Ahora!

    — Vete tú — Le recriminó ella — Si esta es tu verdadera cara, huye y abandona a la gente que ha venido contigo sin motivo alguno.

    El neoniano se veía entre la espada y la pared.

    Viendo que su grupo estaba siendo estratégicamente destruido por parte de una emboscada táctica de esos bandidos y que sus probabilidades de supervivencia eran muy bajas, Kent decidió mostrar la verdadera cara de su persona.

    Opacando sus emociones con un semblante extremadamente serio, Kairos se dio media vuelta y se marchó corriendo de la lucha, bajo la atenta mirada de Vorta y de los demás, quiénes se veían cada vez más superados por una ingente oleada de bandidos, los cuáles iban recogiendo las armas de fuego tiradas para inclinar la balanza a su favor.

    Conforme se alejaba del tiroteo, el ruido de este iba menguando como la corta noche de Ceti Nosea, que empezaba a dar luz a un nuevo día en el planeta de los exiliados.

    Kairos corrió fácilmente dos kilómetros en dirección al Puesto de Talon, más por puro instinto que por conocimiento exacto de su posición. Aún le quedaba cerca de un día y medio para llegar, por lo que le tocaría pasar otra noche a la intemperie. Sus piernas empezaban a flojear, especialmente por la carrera que se había pegado pero también por llevar una mochila pesada y un Striker con munición muy escasa en sus manos.

    Con el paso de las horas, el sol empezó a calentar la superficie del planeta y este era un sol potente debido a que la estrella del sistema Cancri era conocida como una ‘estrella de la muerte’ y se estaba inflando con el paso del tiempo, llegando con más fuerza a los planetas de su sistema solar y por ende, eventualmente, subiendo las temperaturas de estos.

    Visiblemente agotado, el neoniano creía tener alucinaciones cuando vio una especie de torre construida de piedra con una caseta de madera en lo alto de esta, tras haber estado horas y horas avanzando por bosques y llanuras vacías de vegetación. Conforme se aproximaba al lugar, pudo verificar que no era una ilusión óptica sino una torre de verdad, lo que le daba a entender que se encontraba cada vez más cerca del Puesto de Talon.

    Decidido a aprovechar el sitio para pasar la noche, Kairos empezó a buscar la escalera de dicha torre, pero esta estaba recogida en lo alto. Sin fuerzas para escalar, el neoniano se echó en el suelo, exhausto y abatido. Sin embargo, cuando parecía que su suerte solo iba de mal en peor, una voz desde lo alto le hizo levantar tímidamente su cabeza.

    — ¡Eh! ¡¿Quién eres y qué haces aquí?! — La voz era femenina — ¡Como seas uno de esos bandidos, te aniquilo aquí mismo!

    — N-no… No soy uno de… — Kairos tuvo que cubrirse los ojos con su mano, pues el sol le daba de lleno al levantar la cabeza — No soy un bandido. Yo…

    — Das pena, honestamente — Esa mujer lo observaba desde lo alto — Y ahora que te veo bien, no pareces uno de ellos.

    — Es que no lo soy…

    — Anda, sube.

    — ¿De veras?

    — ¿Quieres hacerme cambiar de opinión?

    El líder de los mercenarios no se encontraba en posición de negar una ayuda en ese momento, por lo que no dudó en tomar la escalera de cuerda que esa misteriosa persona le había dejado caer. Con sus fuerzas bastante bajas y limitadas, el neoniano se las vio consigo mismo para llegar hasta arriba de la torre, donde la esperaba una neoniana de aspecto delgado, con una especie de hacha apuntando hacia el rostro del visitante.

    Kairos enmudeció al ver el arma blanca a escasos centímetros de sus ojos mientras su símil le observaba con detenimiento.

    — Tú no vives en el Puesto de Talon — La tipa desconfiaba notablemente — Habría reconocido la cicatriz de encima de tu ojo en cualquier parte.

    — ¿Puedes quitarme el hacha de la cara, por favor? — Kent demostró parte de su carisma revelando una media sonrisa, pese a su evidente cansancio tras haber andado muchos kilómetros a pie.

    — Sí… pero como intentes cualquier cosa, te la incrusto en el pecho como una maldita pegatina, ¿entendido?

    — Vaya, que duro ha sonado eso — El neoniano, que tuvo todo este tiempo las manos levantadas, las bajó — Sí, entendido.

    — Genial, entra dentro.

    El día había ido avanzando hasta el punto de que cuando Kairos se dio cuenta, ya era el atardecer.

    Sus pensamientos le llevaron a preguntarse que había sido de Vorta y el resto de mercenarios. Una parte de él se sentía mal por haberles abandonado y haber huido de la escena, pero por otro lado consideraba que de no hacerlo, probablemente estaría muerto en esos momentos. Pero la realidad es que nadie podía saber eso, pese a que él creía firmemente que sus camaradas estarían muertos.

    El recordar el rostro de su compañera syleriana mirándole fijamente y visiblemente furiosa le hizo estremecerse un poco, gesto que notó esa neoniana que le había ayudado a subir a la torre.

    — ¿Por qué estás en ese estado tan lamentable? — Le preguntó ella, viendo como él se sentaba en una silla frente a una mesa — Creo que voy a dejar que te duches, porque también hueles bastante mal.

    — Es lo que tiene haber caminado durante horas — Murmuró Kairos, con la mirada perdida en algún punto de la mesa — Fui atacado anoche por los bandidos, al sur de aquí.

    — Eso es algo bastante frecuente en estos lares, genio — La neoniana seguía con el hacha en la mano, pero en una postura más relajada — Y eso solo me confirma que no vivías aquí. ¿De dónde diablos vienes?

    — De Ibos, supongo que como todos — Musitó Kent — Técnicamente fui exiliado, pero sea como sea, decidí venir aquí.

    — ¿Y quién en su sano juicio querría venir a este estercolero lleno de ladrones, asesinos e inútiles? — Viendo que no obtenía respuesta a esa pregunta, la mujer decidió tomárselo con tranquilidad — Me llamo Tabitha Ezals. ¿Y tú?

    — Soy Kairos Kent.

    — Me suena tu nombre. ¿Nos hemos visto antes?

    — Quizá en la gran arca, en Ibos… quién sabe.

    — Ya, bueno, da igual — Tabitha le restó importancia — Ve y dúchate, me harás un favor, créeme.

    Pese a que Kairos no quería dejar su mochila y su arma expuestas para Tabitha, sabía que en ese contexto le convenía seguirle el rollo a la neoniana y mostrarse todo lo vulnerable posible, pues toda ayuda que recibiese en esos instantes con el propósito de llegar al Puesto de Talon iba a ser necesaria.

    La ducha le tomó cinco minutos rápidos, momento que aprovechó la neoniana para comprobar la mochila del líder mercenario, encontrando apenas ropa, comida y un poco de munición para el Striker que llevaba consigo. Aunque sin duda, lo más llamativo era la propia arma, pues en los cargamentos bianuales del Consejo Superior no repartían armas de fuego para los habitantes de Ceti Nosea, por lo que estas eran muy escasas, lo que despertó cierta alarma en ella.

    Cuando Kent salió de la ducha, se encontró con Tabitha apuntándole con el arma de origen humano, llevándose una desagradable sorpresa.

    — Sabía que husmearías en mis cosas, pero, ¿esto? — El neoniano llevaba una toalla que le cubría todo el cuerpo — En fin… ¿puedo coger mi ropa?

    — Antes me vas a decir qué es lo que haces aquí. Y quiero la verdad.

    — Ya estuve aquí una vez — Musitó él, recordando cuando llegó con la expedición del Explorario — ¿Tú no sabes nada de eso?

    — Si te refieres a los emisarios de guerra que aparecieron aquí para convencer a Robur de pelear contra Akkor, sí, lo sé.

    — Pues yo estaba entre ellos — Reveló Kairos, decidido a ser sincero con la única persona que podía ayudarle en ese momento — Y este sitio me pareció idóneo para vivir, especialmente porque el nuevo Consejo Superior tiene planes de convertir Ceti Nosea en una colonia reconocida. Eso sí, con restricciones.

    — ¿Cómo sabes todo eso?

    — Porque vengo de Ibos, como ya te he dejado claro.

    — Según tengo entendido, Robur no quiere…

    — Lo sé, pero eso da igual — El neoniano se mostró bastante confiado al respecto — De una u otra forma, el Consejo Superior vendrá aquí y se asegurará de contar con todos en caso de un conflicto futuro. Digamos que, políticamente hablando, este cárcel planetaria pasará a ser controlada en su totalidad por el Consejo Superior desde Ibos. Y eso significa que terminarán enviando soldados y a un nuevo ‘regente’ para que ponga orden en esta cloaca.

    — Mientes, no me lo creo…

    — Tú decides, Tabitha, yo solo te digo lo que sé — Pese a que sonaba falso, la realidad era esa misma y Kairos la conocía de primera mano — Pero se me ocurre una idea para evitar que nos ninguneen los bastardos de Ibos.

    — ¿Qué cosa?

    — Dime algo, ¿la gente está contenta con las entregas bianuales del Consejo?

    […]

    Al día siguiente, Tabitha decidió llevarse consigo a Kairos, tras haber acabado su turno de vigilancia en la torre. Soplaban vientos de lluvia ácida y debido a ello, no era necesario contar con vigías en las torres de alrededor de la colonia, pues ningún bandido se atrevería a moverse en mitad de una precipitación que te quemaba la piel hasta dejarte en los huesos.

    Con varias horas de ventaja sobre la tormenta que se avecinaba, ambos neonianos emprendieron el camino hacia la aldea, encontrándose en sus proximidades con algunos habitantes del lugar, quiénes realizaban labores de defensa en los alrededores del Puesto; desde asegurar trampas hasta cavar fosas, todo debido a los incesantes ataques de las distintas facciones de criminales que vivían en el planeta.

    La presencia del líder mercenario no pasó desapercibida, captando algunas miradas y murmullos entre la población de la zona. Sin embargo, Kairos se vio sorprendido por un humano que se acercaba a él con una expresión de extrañeza en sus ojos, hasta que repentinamente sonrió y se acercó con evidente efusividad, sorprendiendo incluso a la propia Tabitha.

    — ¡Joder, eres tú! — Exclamó el chico, saludando cordialmente a Kent — ¿Me recuerdas? ¡Te felicité por defender el pueblo de los bandidos!

    Un syleriano yacía sin vida en el suelo a la vez que un humano se acercaba a él, arrodillándose ante su cuerpo abatido. Los llantos del tipo generaron una sensación de incomodidad entre todos los presentes, pero la sorpresa fue ver como dos neonianos y otro humano se acercaban a Kairos.

    Buen movimiento — Dijo uno de ellos, ofreciendo un saludo de codos.

    Sí, bien hecho, hay que actuar con mano dura contra esos malnacidos que vienen aquí a robarnos — Indicó el humano.

    Ojalá más gente como tú por aquí, defendiendo con garras en lugar de con pactos de no agresión — Uno de los neonianos lanzó una mirada seria a su regente mientras le decía esto a Kent.

    — Creo que te recuerdo — El neoniano hizo memoria — Vaya, no esperaba…

    — ¡Tabitha Ezals!

    La exclamación provino de la casa más grande del Puesto de Talon, la cual resultaba ser aquella en la que habitaba su regente. Sus dos guardaespaldas anixis salieron acompañándolo, mientras parte de los habitantes se quedaron quietos al ver como su líder salía de su vivienda con cierto enfado.

    — Regente Robur — La neoniana mostró sumisión al líder anixis, algo que no hizo Kairos — Sé que no aceptamos extraños, pero…

    — ¡Pero no te importan mis normas, visto lo visto!

    — No es eso, señor…

    — ¿Y tú…? — Robur miró detenidamente a Kairos durante unos segundos, hasta finalmente reconocerlo — ¡Os dije que no regresarais, maldita sea! ¡¿Qué queréis ahora?!

    — No he venido con los demás, sino solo — Kent optó por desmarcarse de Vorta y de su grupo de mercenarios — Quiero vivir aquí, si se me permite.

    — ¿Y por qué permitiría tu estancia en mi colonia? — Robur se veía molesto y no iba a ser fácil convencerle — ¡La última vez que estuviste aquí, te pusiste a matar gente como si nada! ¡Actuaste por tu cuenta!

    — ¡Eran bandidos, señor! — Aquel humano que saludó a Kairos no dudó en defenderle — ¡Hizo lo que debía!

    — ¡Sí, así es!

    — ¡Exacto!

    Robur empezó a enfurecerse al escuchar como algunos habitantes del Puesto le llevaban la contraría y le recriminaban aún aquel suceso, habiendo pasado más de medio año de aquello. Sus dos guardaespaldas clavaron su mirada en el neoniano, mientras Tabitha temía que haberlo llevado a la aldea consigo le fuese a generar algún problema personal.

    No obstante, el regente decidió mantener la compostura y calmarse, indicándole con un gesto a sus dos guardaespaldas que hiciesen algo que nadie presente podía intuir. Los dos anixis se marcharon de regreso al interior de la vivienda mientras su líder se quedaba allí ante Kairos.

    — Entonces, ¿dices que has venido solo?

    — Así es — El neoniano decidió mantener su mentira — ¿Por qué esa insistencia?

    — Vaya, o sea que esa nave que sobrevoló el área hace más de un día solo te traía a ti, ¿no? — Robur se aproximó a Kairos — Que curioso…

    — La escondí en las montañas, para que ningún bandido me la arrebatase — Indicó el líder de los mercenarios, que tampoco quería vivir de tanta mentira viendo el contexto desfavorable con el que contaba — Quizá podría sernos útil a todos los de aquí, de cualquier forma.

    — Seguro que sí, neoniano, me será muy útil en algún punto — El regente sonrió de una forma poco agradable — Tabitha, ¿de verdad te has creído a éste tipo?

    — Regente, no sé lo que quiere decirme con eso — La neoniana se sentía entre la espada y la pared, pues Kairos le parecía legal pero Robur le parecía molesto.

    — Sé quién eres, Kairos Kent — Repentinamente, Robur se encaró con el neoniano, revelando detalles que él nunca esperaba que el regente supiese — Y sé cuáles son tus planes aquí. Ni en tus mejores sueños liderarás el Puesto de Talon, ni negociarás nuevos términos y condiciones con el Consejo Superior que se haya formado en Ibos. Con el maldito Akkor encerrado, seré yo quién decida lo que hacer aquí y seré yo quién se comunique con el nuevo Consejo. ¿Y sabes por qué, malnacido?

    Los dos guardaespaldas del regente salieron de la vivienda de éste, acompañados de una multitud de personas que le resultaron bastante familiares a Kairos, quién conforme los veía acercarse, los iba reconociendo más.

    Sus ojos se abrieron al máximo, su pulso empezó a acelerarse y Robur solo pudo sonreír al ver como el neoniano se veía auténticamente jodido. Tabitha miraba la escena sin saber muy bien cómo reaccionar, mientras observaba como una syleriana se aproximaba al líder del Puesto de Talon y al líder mercenario.

    — Porque cuando salvamos a tus amigos de los bandidos que os atacaron, se mostraron bastante amables y me comentaron la clase de persona que eres — A escasos centímetros del rostro del neoniano, Robur se contenía por no golpearle allí mismo frente a todos — Y déjame decirte que un líder como tú jamás podría gobernar en un sitio como este.

    Kent tragó saliva, frunció el ceño y apretó los puños al escuchar esas palabras del regente anixis, pero sus ojos se fueron directos a los de su vieja amiga, quién se acercó a él con el semblante sonriente y un claro as en la manga que solo él pudo intuir en ese preciso momento.

    — Las cosas siempre vuelven a su sitio — Dijo Vorta de pronto, sin apartar la vista del que fuera su líder hasta hacía muy poco — Yo, al mando de los mercenarios, y tú, a ser el cobarde egoísta de antes.
     
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