Aún recuerdo la primera vez que te sentaste en mi regazo, fue un accidente, estábamos en nuestro salón de clases, no había profesor, me quitaste mi teléfono y al tratar de recuperarlo te jalé del brazo y caíste en mis piernas, de espaldas a mí. Te sentía, pero no me pesabas, no te moviste, por lo cual yo tampoco, estábamos nerviosos, ambos, puse un vídeo en mi teléfono para aliviar la tensión y estuvimos ahí, en silencio, de vez en cuando te miraba, veía tu mechón blanco, que resaltaba sobre el paliacate negro que ningún profesor podía hacer que te quitases, tus pulseras de bandas de rock, tus gafas color negro, tu piel pálida en contraste con mi tez morena, tu figura esbelta, contraria a mi cuerpo robusto, nunca entendí qué vio un chico tan perfecto como tú en un bruto como yo.