Instalaciones Recepción general

Tema en 'Sakura Inn' iniciado por Gigi Blanche, 3 Marzo 2026.

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    Gigi Blanche

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    Primera edificación de la posada y su carta de presentación. Su fachada respeta el estilo de las ryokan tradicionales, mostrándose suntuosa y exuberante. El primer espacio consiste en una amplia recepción finamente ambientada, con un extenso mostrador de bienvenida y diversas zonas de descanso. Contra las paredes descansan bibliotecas rebosantes de libros, decoraciones japonesas e ikebana. Conecta con los dos comedores de los que dispone la posada, los cuales ocupan hasta la primera planta del edificio.

    El comedor Yoshino se ubica al oeste y está preparado para albergar hasta sesenta personas, mientras que la capacidad máxima del comedor Tesshu es de veinticinco personas. Este último es un espacio privado que se reserva con anticipación para ocasiones especiales.


    Recepcion general.png
    Recepción general

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    Comedor Tesshu

    Incluye:
    Comedor Yoshino

    Conecta con:
    Jardín Forestal
     
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    Gigi Blanche

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    De una u otra forma, Agosto se había deslizado con la velocidad de una ventisca y las pasantías laborales, finalmente, se presentaban a la puerta de los estudiantes. Aquellos inscriptos en el programa habían recibido las instrucciones con una semana de antelación: debían reunirse en la estación de Shinjuku y desde allí harían las conexiones necesarias en grupo hasta llegar al pueblo de Hayama, siempre acompañados y asistidos por el plantel docente. La hora de encuentro pautada era las siete de la mañana.

    Tokio los recibió, como era lo usual, con una jornada agobiante y calurosa. Sin embargo, a medida que fueron alejándose de la capital rápidamente pudieron notar el cambio en el aire. Tras dos conexiones de trenes y un bus que los llevó de Zushi a Hayama, descendieron en una apacible y agradable zona residencial del pueblo. Aspiraron el aire marino y advirtieron la ligera llovizna que descendía del cielo. Sachi Kazami, una de las tutoras de primer año, se cubrió la cabeza con una carpeta pasta dura y rodeó al grupo de estudiantes hasta ubicarse al frente.

    —Apenas llegamos y el clima ya ha cambiado —comentó, en un tono alegre y despreocupado—. ¿Se encuentran todos bien? Estamos a pocas cuadras de la posada, no se mojarán demasiado.

    El equipaje de los estudiantes había sido despachado de forma paralela directamente desde Tokio. Tal y como Sachi había prometido, tras unos breves minutos de caminata ligera se adentraron por un camino bordeado por piedras, vegetación y linternas de piedra tōrō. La fachada del edificio evocaba el estilo de las ryokan tradicionales, posadas japonesas primariamente dedicadas a la administración de aguas termales onsen. Una vez ingresaron a la recepción, los abrazó el silencio y la inmensa calma que inundaba el lugar; todos los sonidos se intensificaban allí adentro, desde las respiraciones hasta las pisadas.

    Sachi tuvo la precaución de detener al grupo aún en el genkan, aquella pequeña sección inmediata a la puerta donde encontraron ya dispuesto en hilera el calzado necesario para todos los presentes.

    —Todos, recuerden cambiarse los zapatos antes de entrar —pidió, habiendo bajado la voz.

    —No querrán ser regañados apenas empezar sus trabajos, ¿o sí? —comentó Linda Patterson a la pasada, ingresando a la recepción ya con el calzado de interior puesto.

    Al ser un grupo de más de treinta personas tuvieron que ir turnándose. Mientras estaban en eso, desde uno de los laterales se aproximó un hombre de tez clara, cabello castaño y expresión relajada. Llevaba una coleta baja, dentro de la cual se apreciaban un par de pequeñas trenzas intercaladas con el resto del pelo. Su vestimenta, holgada y de colores llamativos, parecía una curiosa mezcla entre prendas tradicionales y elementos modernos.

    —Deben ser el grupo de la Academia Sakura, ¿correcto?

    —Correcto —confirmó Kanade Shinzo, el tutor de la 3-3, efectuando una ligera reverencia frente al sujeto—. Gracias por recibirnos.

    —¿Viajaron bien? ¿La lluvia no los molestó?

    —No, sólo es una llovizna leve.

    —Me alegro. —De brazos cruzados, dio unos pasos hacia el grupo de estudiantes y su sonrisa se ensanchó; tanto su tono de voz como su semblante permanecieron serenos—. Bienvenidos a Sakura Inn. Mi nombre es Iori Indou y soy el encargado general de la posada. La mayor parte del tiempo podrán encontrarme aquí, en la recepción general, por si necesitan evacuar cualquier clase de duda; si no estoy yo, de todos modos siempre encontrarán a alguien dispuesto a ayudar en el mostrador. —Señaló el espacio hacia su derecha con un ligero movimiento de barbilla—. No se preocupen por su calzado, será despachado a sus habitaciones así como su equipaje. Tal vez les resulte un poco molesto, pero recuerden, por favor, calzarse y descalzarse en cada genkan que encuentren: siempre habrá sandalias limpias para ustedes.

    >>Sus habitaciones estarán listas en un momento, les ruego que aguarden aquí mientras tanto. ¿Hay algo que pueda hacer por ustedes?


    ¡Bienvenidos a Sakura Inn! Pueden ir posteando aquí con quienes ustedes deseen y recorrer la recepción, hablar entre ustedes o hablarle a algún npc. Libertad absoluta :D

    A medida que aparezcan NPCs, estos se irán desbloqueando en el apartado de empleados de la posada. A su vez, les dejo linkeado el registro de profesores de la Academia para refrescar la memoria.

    Amane Gigi Blanche Zireael Insane quem Reual Nathan Onyrian
     
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    Maze.png

    Habría hecho planes, pero mamá apareció con los propios y no se me ocurrió rechazarlos. Fue así como me eché casi quince días de vacaciones en el hotel de turno a un precio risible para la temporada y de paso pude pasar tiempo con ella, cuando sus turnos acababan o antes de que comenzaran e incluso cuando no estaba con ella, daba vueltas por las instalaciones, me la echaba en la piscina o en los jardines o simplemente comía. La vida de un campeón, ¿no? Vete a saber cuándo volvería a vivirla con tal nivel de despilfarro. ¿A la mujer no se le habrían ido los ahorros? Me dio vergüenza preguntar.

    De todas formas quería participar de las pasantías, así que aquí estábamos. Bien acompañaditos, bien preparados y... ¿Estaba lloviendo en verano? Dios mío. Igual no era que importara mucho, la temperatura estaba bien y tampoco era un diluvio ni nada. Una buena parte del trayecto me lo eché dormitando a excepción de cuando debíamos movernos. Para cuando llegamos por fin seguí las indicaciones que se nos fueron dando, aunque me distraía con relativa facilidad mirando el lugar al que habíamos llegado. Todo muy tradicional, la verdad.

    Mientras estábamos en la misión de cambiarnos los zapatos siendo más de treinta personas, apareció un hombre que preguntó si éramos los del Sakura y Shinzo lo atajó, pero claro que luego se dirigió a nosotros. Almacené su nombre, dónde encontrarlo y otras breves indicaciones. No tuve grandes dudas que externalizar, la verdad, así que no dije nada y ya habiéndome quitado los zapatos de calle, me moví entre los demás por la recepción. El lugar era silencioso, como toda buena recepción, y en mi pequeño tour descubrí a Ilana algo camuflada ojeando los libros en las bibliotecas contra las paredes. ¿Siquiera le había prestado atención a Indou? Solo Dios sabría, al menos se había quitado los zapatos para, como había dicho Patterson, no comerse un regaño el primer día.

    —¿Ya empezaste a divertirte? —La molesté en voz baja y la pobre criatura dio un brinco—. Eso es la conciencia, Ilana.

    Oh, shut up. Mi conciencia está perfectamente —me respondió en un murmuro algo avergonzado, girándose hacia mí y tuve que esquivar el arco que trazó su cabello. Me di cuenta que traía puestos lentes oscuros.

    —¿Sirviendo outfit además?

    —Salí con una amiga y me desvelé una barbaridad —se lamentó—. Parece que llevo sin dormir tres vidas. Sacrifiqué mi sueño de belleza, ¿a ti te parece bien, David?

    Lo del sueño de belleza me quiso sacar una risa que tuve que tragarme para no interrumpir la calma del espacio, pero también me hizo gracia que fuera lo bastante impulsiva para irse de jerga la noche antes de un viaje. Incluso yo había elegido irme a la cama temprano, como la gente coherente, pero suponía que eso se emparejaba un poco con la Ilana que recordaba. Era inquieta, se escapaba para ir al bosque y se llevaba a alguien con ella si podía o se dejaba llevar por otros. En sí daba la sensación de hacer siempre lo que le venía en gana, a pesar de lo aparentemente tranquilo de su carácter.

    —¿Qué te parece el lugar?

    —Está precioso. Ya quiero ver el resto de instalaciones y las habitaciones —contestó claramente entusiasmada. La vi mapear de forma indiscreta al resto de personas, como si buscara a alguien y yo la imité—. ¿Qué hiciste en las vacaciones?

    —Me la pasé con mi madre en un hotel de playa, fue muy divertido. ¿Tú?

    La pregunta por alguna razón pareció enfurruñarla, la vi fruncir los labios y después relajar las facciones a conciencia. Me dio la sensación de que tuvo que forzarse a no hacer un alborotín en voz alta.

    —Pues me desvelaron, ya te lo dije. También pasé tiempo con mi mamá, I had fun as well.

    ¿Y por qué entonces seguía luciendo molesta? Quería decir, más allá del desvelo. No continuó y en su lugar se puso a señalarme libros y los ikebana, cuchicheando cosas sobre las flores. La escuché con gusto, la verdad, pues de alguna forma me recordó a casa. La casa que había dejado atrás, en Estados Unidos. Aún así, me invadió cierta nostalgia y deseé poder hablar con los demás como estaba hablando con ella, incluso si no tenía sentido pretender retomar contacto con ninguno. Puede que me hiciera más mal que bien.


    oh no the libertad absoluta once again *sticker de los 20 cigarros* okno

    nada, inauguro con estos porque :D ahí los dejo cuz why not Maze e Ilana
     
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    Amane

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    Alisha 2.png

    Ugh... ¿podía alguien pedirle al sol que dejase de brillar tanto? ¿Y podía alguien explicarme por qué habíamos tenido que quedar a las SIETE DE LA MAÑANA? The head was killing me and, quite honestly, I wanted to die right there and then. Suponía que parte de la culpa era mía, sabía que no tenía que haberme tomado ese último chupito, ¿pero iba admitirlo alguna vez en voz alta? Claro que no. Así pues, los profesores iban a ser el objetivo de todas mis maldiciones mentales en lo que quedaba de día.

    Restaba decir que me había pasado todo el viaje durmiendo. No había sido la siesta ideal, considerando que tuve que despertarme tres veces para cambiar de transporte, pero oye, peor era nada, ¿cierto? No era como si fuese una persona con complicaciones para quedarme dormida en unos pocos minutos, de todos modos. Llegamos así a nuestro destino, y aunque el mismo nos recibió con una lluvia atípica, yo no me quité las gafas de sol en ningún momento; el mundo seguía siendo demasiado luminoso para mis pobres ojitos...

    Me llevé la mano a la boca en cuanto nos adentramos en la recepción, tapando el bostezo que me alcanzó mientras esperaba mi turno para cambiarme los zapatos. Una vez eso hecho, me crucé de brazos y miré alrededor con curiosidad, hasta que el empleado del hotel se nos acercó y me bajé apenas las gafas para inspeccionarlo con la mirada de arriba abajo. Not bad, huh? Me coloqué las lentes sobre la cabeza y me acerqué a él, dándole un par de golpecitos en el hombro para llamar su atención.

    —¿Tenéis aspirina? —le pregunté, sonriendo con inocencia.

    con resaca, pero siempre slutty uwu7
     
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    Gigi Blanche

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    [​IMG]

    Iori permaneció cerca de Nakano-sensei conversando animadamente, un cuadro de por sí curioso para quienes tomaban clases con él. ¿Serían conocidos previos? El encargado se encontraba a mitad de una risa modesta cuando percibió la cercanía de Alisha. Su semblante se relajó al instante para concederle una sonrisa más formal, pero al escucharla sus cejas se acercaron con un dejo de preocupación.

    —¿Te sientes mal? Tenemos medicamentos, claro, ¿querrías sentarte por allí mientras esperas a que los traigan?

    Le señaló una zona de descanso dispuesta contra la pared contraria conformada por tres sofá individuales y una mesa de té. Detrás de los asientos colgaba una pintura sumi-e de amplias dimensiones, un paisaje boscoso sutil y lúgubre que respetaba la armonía más bien sencilla del espacio con sus trazos delicados y monocromáticos. Iori se retiró al mostrador, intercambió unas pocas palabras con la mujer sentada allí y regresó junto a Alisha. Su andar reflejaba serenidad y compostura, y en ningún momento quitó las manos de las mangas de su haori.

    —¿Quieres un vaso de agua? —ofreció, de pie.




    [​IMG]

    Caminé con orgullo y sin prisa hasta la entrada de la posada, viendo cómo los demás intentaban cubrirse con lo que podían o directamente se les humedecía el cabello. ¿Quién se burlaría ahora de mis gorros de pescador? Acababa de cambiarme el calzado y erguirme cuando una mano cayó con fuerza sobre mi hombro, arrancándome un leve respingo. Al girar el rostro topé con la sonrisa amplia y alegre de Kakeru; estaba más bronceado.

    —¡Hombre! Estabas escondido bajo ese gorro —comentó, animado, dándole un golpecito al alero—. Ni siquiera sabía que vendrías aquí, ¿cómo estás?

    Su entusiasmo me resultó contagioso y me reí, quitándome el dichoso gorro ahora que habíamos ingresado a la recepción. Había regresado a Tokio hacía pocos días y me había reunido con Rei, pero la falta de aviso anticipado provocó que los demás no tuvieran tiempo o directamente no se enteraran. En mi defensa, no le veía sentido a anunciarlo con bombos y platillos y, de todos modos, había imaginado que los vería aquí.

    —Todo bien —respondí, tranquilo, y al desviar la mirada a uno de sus brazos alcé las cejas—. Tú anduviste ocupado, veo.

    Esta vez fue Kakeru quien se rió.

    —Sí, bueno, mucho tiempo libre y pocas ganas de pensar. Y requerimientos laborales.

    —Imagino, sí.

    —¡Mini Ishi!

    Anna se materializó venida de Dios sabrá dónde y lo próximo que supe fue que estaba colgada de mi cuello. Retrocedí un pie, estabilizándome, y oí sus manos chocar contra el estuche de mi guitarra. No pareció inmutarse.

    —¡Ishi, Ishi, Ishi! ¡Volviste! —Tras regresar a su espacio rebotó varias veces sobre sus talones, desbordando alegría, y giró el cuello—. ¡Emi! ¡Encontré a mini Ishi! —Y al instante regresó a mí y me soltó un golpe en el brazo, molesta—. ¡Te perdiste mi cumpleaños, Kohaku! ¡No te lo perdonaré nunca!

    —Lo siento...

    —¿Me trajiste un regalo, al menos?

    Compartí un vistazo resignado con Kakeru. Oh, bueno, al menos me alegraba ver que nada aquí había cambiado.


    Amane emi terminó arrastrada por la narración, no tenía planeado llamarla y ni siquiera te mencioné esto JAJAJAJA therefore, eres libre de ignorarla if u wanna

    Outfitssss

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    Amane

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    Alisha 2.png

    —Me duele la cabeza —admití en voz algo baja, antes de asentir un par de veces y llevar la mirada hacia la zona que me había señalado.

    Me acerqué al lugar de descanso con paso tranquilo, con las manos tras la espalda, y me quedé observando el cuadro que había colgado con la cabeza ladeada. Estuve así unos pocos segundos, hasta que dejé salir un suspiro de nada y me giré sobre mis talones. Lo había hecho con intención de sentarme, pero justo en ese momento volvió el encargado y pensé que hubiera estado feo de mi parte hacerlo delante de sus narices.

    >>Sí, gracias... —acepté su ofrecimiento, y esperé a tener el vaso de agua entre mis manos para mirarlo con los ojos ligeramente entrecerrados, curiosa—. Indou-san, ¿conoce a Nakano-sensei? En los años que llevo en el Sakura, nunca lo había visto hablar con otra persona por voluntad propia.

    Emily 3.png

    Casi no podía creerme que hubiera llegado el momento de las pasantías de la escuela. ¡Sí que se habían pasado rápido las vacaciones! Aunque, si tenía que ser honesta, de a ratos se me había hecho eterno por culpa del trabajo; juraría que el encargado de la tienda se volvía más insoportable con el pasar del tiempo. Podía entender que no hubiera recibido bien la noticia de que iba a trabajar una semana menos para él, claro, aun si para mí había sido todo un alivio que así fuera; ni siquiera me importaba si acababa sacando menos dinero.

    Con todo eso quería decir que me había despertado muy contenta aquella manera, a pesar de tener que madrugar. ¡Iba a re-encontrarme con todos, además! Era cierto que había quedado con Anna durante las vacaciones, pero con Kakeru no había tenido oportunidad y Kohaku se había ido de viaje y... bueno. Ni siquiera sabía si tenía planeado participar en aquellas prácticas, honestamente, pero estaría mintiendo si no dijese que lo había echado de menos, que había tenido la esperanza de verlo durante el verano y que deseaba, quizás con demasiada fuerza, que se hubiera apuntado.

    Lo de superarlo estaba siendo un camino muy complicado.

    El trayecto junto a Anna fue lo que podía haber esperado y, por supuesto, disfruté cada segundo de su compañía. El pueblo nos recibió con una llovizna que me hizo mirar al cielo, sonriendo con algo de diversión, y no fue hasta que llegamos al interior del hotel que sentí como mi corazón daba un respingo. Vislumbre la melena de Kohaku en cuanto este se quito el gorro y me sentí muy, muy estúpida por quedarme paralizada ante la imagen. Fue una fortuna que Anna también lo viera y gritara en mi dirección, pues eso me permitió volver en mí antes de que mi reacción fuera demasiado evidente.

    —Buenos días, chicos —saludé a ambos en cuanto me acerqué al grupo, levantando la mano y dedicándoles una sonrisa alegre a los nombrados—. ¡Por fin os veo! ¿Qué tal han sido vuestras vacaciones?

    how dare you?? en qué universo ignoraría a mi novia?????
    outfit de emi-chan

    Riamu 5.png

    —¡Thiiii! ¡Cuánto tiempo! ¡Te he echado tanto de menos! —lloriqueé en cuanto la nombrada abrió la puerta del coche, lanzándome a abrazarla antes de que siquiera pudiera tomar asiento dentro.

    —¿En serio? —replicó, dejando salir una risilla divertida entre mis brazos—. A mí me ha parecido que estabas demasiado ocupada con Shinomiya-san como para acordarte de mí.

    —¡No digas tonterías! —exclamé al separarme, llevándome la mano al pecho con aire ofendido—. ¡He estado pensando en ti todo el tiempo! Bueno, quizás no todo el tiempo, si sabes a lo que me refiero...

    Ella me dio un golpecito en el brazo y el coche finalmente retomó la marcha hacia la estación de tren. Estuvimos todo el trayecto poniéndonos al día, tanto el del coche como el del transporte público, por lo que casi ni me di cuenta de cuando llegamos a nuestro destino. Era curioso lo fácil que podían cambiar los planes de una, ¿eh? A Kakeru le había dicho que haría un montón de cosas durante el verano, pero en cuanto Kouchii me invitó a su casa... ¿debería preocuparme por lo poco que me había importado cancelarlo todo con tal de aceptar la invitación? No, ¿cierto? Al fin y al cabo, un 75% de mi motivación había sido por tener acceso a su piscina privada.

    >>¿Y tú? ¿Quedaste al final con el actor que...?

    Mi pregunta se quedó en el aire, pues cuando me quise dar cuenta, Thi había desaparecido de mi lado. ¡Había huido, la pequeña...! Me calcé rápidamente los zapatos que habían dejado para nosotros y la seguí, habiendo distinguido su cabello en una de las bibliotecas que había por la recepción. Intentó ignorarme, claro, pero mi mirada fue tan insistente que no le quedó más remedio que rendirse a ella.

    —Sí, me ha invitado a cenar un par de veces —admitió en voz baja, su vista todavía fija en los lomos de los libros—. Y me ha dicho que le gustaría invitarme a su casa un día, para enseñarme su colección de películas de ciencia ficción.

    —¡Thi! —exclamé, llevándome las manos a la boca.

    —¡Cálmate! Todavía no me ha dicho nada y... no sé si voy a aceptar.

    —Claro. Tú y yo sabemos que lo que en realidad quiere es aterrizar su nave espacial en tu pista...

    —¡Ri! ¡Qué soez!

    No pude aguantar la risa que me burbujeó en los labios, tanto por su exabrupto como por el sonrojo tan poco común de sus mejillas, aunque poco después decidí dejar de molestarla al respecto. Giré la cabeza tras haberme calmado, pues, y me di cuenta de que habíamos acabado cerca de otro par de alumnos. Entrecerré los ojos al fijarme mejor en la chica, inspeccionando su rostro hasta que finalmente me iluminé: ¿acaso no era esa...?

    —¡Hola! —les saludé con una sonrisa animada, alzando la voz lo suficiente como para llamar su atención—. ¿Os gusta leer?

    mássssss gente
    outfit de ri-chan y chipe-chan uwu
     
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    Gigi Blanche

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    En la recepción misma, junto al mostrador, había dispuesta una pequeña mesa redonda donde ofrecían pocillos de cerámica similares a yunomi y una jarra llena de agua cristalina. Iori dispuso de un recipiente y se lo entregó a Alisha con una sonrisa afable. La pregunta elevó sus cejas en espontánea sorpresa y giró el rostro hacia el sitio que ocupaba Nakano-sensei, que era, francamente, el mismo donde lo había dejado: estaba solo, ligeramente encorvado y con expresión somnolienta, sin reparar en nada ni nadie.

    —Algo así, sí —respondió, regresando los ojos a Alisha, y en su tono se percibió una chispa de diversión—. ¿Ni una sola? Bueno, tampoco me sorprende.

    —Indou-san. —Una mujer había aparecido silenciosamente junto a ambos, llevaba el cabello oscuro recogido bajo una cofia y un amplio haori blanco sobre la yukata negra, aunque... de yukata no tenía mucho, la verdad—. Aquí está lo que pidió.

    El cuello de la prenda era amplio y hundido, y lo había atado tan suelto que una de sus piernas asomaba por los pliegues de la tela. Sostenía con ambas manos una bandeja rectangular lacada y, sobre ella, un único sobre de papel doblado sobre sí en tres partes. Iori lo recogió y le sonrió ampliamente.

    —Gracias, Yano-san. ¿Me esperarías, ahora que estás aquí, así aprovecho y te presento con el grupo? —Le extendió el sobre a Alisha y giró el cuerpo hacia la recepción; la mujer había afirmado con movimientos lentos, casi ceremoniales, y se ubicó a su lado—. ¡Chicos! Creo que esta información le será útil a más de uno.

    Su tono había virado ligeramente al decir aquello, como si le provocara una diversión muy, muy sutil.

    >>Esta de aquí es la señorita Kiyoko Yano —presentó a la mujer, apoyando suavemente una mano en el centro de su espalda—. Es la médica a cargo de la posada. Si tienen cualquier problema o malestar basta con que pidan por ella aquí, en la recepción general, o en cualquiera de los otros mostradores, y Yano-san acudirá a ustedes.

    La expresión de Kiyoko permaneció solemne, inmutable, a todo momento. Se la veía incluso algo adormilada. Se inclinó frente al grupo lentamente y, sin mediar palabra, giró sobre sus talones y se retiró.






    [​IMG]

    Imaginaba que Anna y Emily se habían echado todo el viaje juntas por la familiaridad que manejaban, eso y el tiempo que habrían compartido durante las vacaciones. Al parecer, con Kakeru tampoco habían quedado. Miré al muchacho, quien le concedió una sonrisa despreocupada y asintió.

    —Mucho tiempo, sí. Es raro que pasen semanas sin vernos ni por los pasillos —respondió—. Yo bien, tranquilo. Nada que reportar. Imagino que el que viene con un montón de historias es este de aquí, ¿no?

    Me echó un brazo a los hombros y me zamarreó, ensanchándome la sonrisa.

    —Emi-chan —la saludé, echándole un vistazo a su atuendo—. Qué bonito overol.

    —¡Eh! ¿Y a mí no me dices nada? —se quejó Anna.

    —Pero tú llevas un short y una camiseta.

    —¡Pero es de Snoopy!

    —Y tampoco dijiste nada bonito de mi ropa —completé mi frase tras su interrupción.

    —Sólo tienes puestos... tres cachos de tela, pareciera que te soplan y sales volando. ¿No estás más flaco, mini Ishi? ¿Seguro no perdiste peso?

    Kakeru me observó con mayor atención.

    —La abuela dijo lo mismo... —Suspiré, resignado—. Tal vez sí adelgacé un poco, es que estuve caminando y andando muchísimo. Pero no pasa nada, en unas semanas recupero.

    —Más te vale. —Kakeru me palmeó la espalda y le lanzó un vistazo a Emily—. O aquí con mi amiga cocinera te atiborramos como cerdo. Te atamos a una silla, licuamos la comida, te ponemos un embudo en la boca...

    —Okay, suficiente —lo frenó Anna, agitando las manos, y se enganchó al brazo de Emily—. ¡Qué emoción, vinimos todos! ¡Esto será super divertido!
     
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    Amane

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    Alisha 2.png

    Seguí el camino que hizo la mirada del encargado, sin poder evitar ladear la cabeza y alzar una ceja al ver como se había quedado plantado ahí donde lo habíamos dejado. Pobrecito, ¿acaso le había quitado a la única persona con la que parecía poder hablar? Pero era todo un adulto, ¿no debería... no sé, socializar con otras personas? Suspiré, volviendo la vista hacia el otro hombre, y negué un par de veces ante su pregunta.

    Después se nos acercó una mujer que, como pude suponer, traía mi tan preciada pastilla. Me la tomé mientras Iori se encargaba de presentarla con el resto, aprovechando el momento en el que terminé de beberme el agua para repasarla con la mirada. No sabía el resto, pero yo estaba convencida de que aquella no iba a ser la última pastilla que le pidiese durante la estancia. De todos modos, ella se alejó y yo había recibido lo que había pedido, así que me volví a bajar las gafas de sol y me dejé caer sobre uno de los sofás. ¿Me daría tiempo a echarme otra siestecita...?

    Emily 3.png

    Asentí con la cabeza tras escuchar a Kakeru, queriendo darle la razón a su razonamiento, y después centré la atención en Kohaku, ya que coincidía en que seguramente tenía muchas cosas interesantes que contarnos. En lugar de eso, el chico decidió halagar parte de mi conjunto y, claro, la sangre no tardó en subirme a las mejillas; una vez más, agradecí que Anna se llevara la atención de los chicos con sus quejas. Dejé salir el aire poco a poco, obligándome así a calmar esos nervios tan estúpidos que sentía, y pude recuperar la sonrisa a tiempo para aportar mi opinión a la conversación.

    —Yo creo que todos habéis venido vestidos muy bonitos. Y gracias, Ko... —añadí al final, bajando un poco la voz.

    Fruncí un poco el ceño cuando Anna recalcó que se veía más delgado, haciéndome pasar la mirada por su cuerpo con evidente preocupación. Decía que iba a recuperar el peso, pero me alegró oír a Kakeru amenazándolo con nuestras comidas si no lo hacía; asentí con la cabeza unas cuantas veces, muy convencida. No de manera tan gráfica, por supuesto, pero no dudaría en obligarle a comer si lo consideraba necesario.

    >>También me alegra que estemos todos —dije tras el aporte de Anna, sonriéndole con emoción mientras apoyaba mi mano sobre el brazo que había entrelazado al mío—. ¿Cómo creéis que repartirán las habitaciones? ¿Quzás tres personas, como en el campamento? ¡Ojalá me tocase contigo, Annie!
     
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    Mira en lo que había acabado aceptarle la salida a la Pésima Influencia, ¿Mei acaso era un búho? No recordaba la última vez que me había desvelado así por las risas, encima al llegar a casa me choqué con papá que venía terminando un turno de esos infinitos suyos y me regañó como cuarenta minutos más en mute para no despertar a mamá. Supuse que le habría gustado castigarme o algo, qué sé yo, sin móvil o lo que fuese, pero las pasantías empezaban en unas horas y ya no había mucho que hacer.

    Me mandó a dormir y yo, con un par de cervezas en el sistema, me noqueé. Al menos había dejado todo listo, porque en caso contrario se me habría hecho tarde. Ni hacía falta decir que cabeceé todo el camino y sentía los ojos conservados en vinagre de sueño, por eso me había encajado los lentes oscuros. Al llegar a la recepción me espabilé con tal de husmear, me sacudí las gotas de agua del cabello y del cuerpo y escuché y a la vez no a quien nos dio la bienvenida. Al menos pude guardar su nombre.

    Que David apareciera casi me infarta, distraída como estaba, pero nos pusimos a hablar. Mis vacaciones habían sido una cosa un poco extraña, entre la fiesta fancy, el tiempo con mamá y los planes que no pude concretar, además de que a cierto loco se le había ocurrido invitarme a salir para levantar el dichoso pacto de silencio y pedirme perdón por una sarta de cosas. Sentía que había varias cosas sucediendo a la vez, pero al final, digamos, elegí fingir demencia con todas ellas. Al menos había podido practicar bastante con la guitarra y la kalimba y había podido aprender la canción que quería.

    Mientras le parloteaba a David de los libros que reconocía o no y de la decoración de la recepción, había notado a un par de muchachas cerca de nosotros. ¿Qué si oí su conversación? Un poco sí, ¡el chisme venía a mí! Fingí no oír nada y seguí con mis cosas, David continuaba escuchándome y de pronto una de las chicas nos habló. Me salvé de llevarme otro susto ya que había estado conversando junto a nosotros, y giré el rostro para poder encararla a ella y a su amiga.

    —Hola —saludó el pelirrojo, tranquilo, y aunque estaba detrás de mí estuve segura de que sonreía—. De vez en cuando. ¿Y a ustedes? Estabas mirando los lomos.

    Su comentario fue hacia la muchacha de cabello azul. Otro que disimulaba no haber parado la oreja, claro.

    —A mí igual, de vez en cuando —respondí y después de mirar a las chicas unos segundos extra, una sonrisa bastante amplia me alcanzó el rostro. Le hablé primero a la cabello rosa, luego a su amiga—. ¡Me encantan los colores que elegiste! Y tu vestido está hermoso.

    David soltó una risa liviana, pero no comentó al respecto como tal. En cualquier caso, fue entonces que reparé en que no me había presentado ni nada, bueno, ellas tampoco.

    —Ah, soy Ilana. Nunca habíamos hablado, ¿verdad?

    —Mason —añadió el chico detrás de mí.

    Ambos desviamos la atención un momento, cuando Indou presentó a una nueva persona, pero volvimos a la conversación apenas terminó.


    omg the girlsss uwu

    usé todas mis neuronas tratando de recordar si Maze había hablado con Thi y Ri antes, pero no fui capaz de acordarme JAJAJ si sí, me chiflas y lo edito nomás

    Arata1.png

    —¿Te parece a ti que fue una buena idea reunir a Dumb and Dumber el día antes del viaje? —reté a Cayden que se estaba acomodando los lentes oscuros sobre una mata de cabello bastante incontrolable.

    Después de cambiarnos los zapatos, nos habíamos quedado en cualquier lugar en tanto no estorbáramos ni nada por el estilo. Yo estaba ocupado tomándome el atrevimiento de gastarme los ojos observando el lugar, Cay se medio distrajo con la decoración y Altan estaba tratando de terminar de despertarse, pues se había dormido en el camino.

    —Si estábamos durmiendo a medianoche y ni tomamos nada, ¿qué dices? —Me contestó y pausó la música que salía de los cascos que colgaban en su cuello— Y fue más fácil salir y llegar juntos, ¿o no? Por tu cuenta habrías llegado tarde.

    —¡Soy un anciano! Si no trabajé ayer era para dormirme a las nueve. Además, eres terriblemente incómodo para dormir, ¿te lo dijeron alguna vez?

    —¿Sabes que puedes decirme que no? El incómodo eres tú, a mí nadie me dio quejas hasta ahora. Eres demasiado grande y duermes como un muerto, ¿sabes? Me eché toda la noche pegado a la pared como una mosca aplastada.

    —¿No somos como que exactamente igual de altos? Y pues claro, imbécil, tenías que hacerme la cucharita...

    La cosa era que había estado viéndome con Cay cada vez que se le antojaba y ayer la criatura me había dicho que si quería quedarme en su casa y así por la mañana salíamos juntos a la estación. Acepté, le pregunté si podíamos sumar a Altan a la reunión pues porque me dio la gana básicamente y accedió, extendiéndole la invitación medio porque sí. No había contado con que Sonnen aceptara, pero lo hizo, aunque apareció con sus cosas cuando ya era de noche. Total que nos echamos hasta las once y pico haciendo el tonto con las frikadas de Cay y de Altan. Al segundo lo mandamos a dormir al sillón, yo me quedé con Cayden y me morí. Ni supe que lo había incomodado, la verdad, aunque él a veces sí que me estorbaba, bueno, al parecer era yo el que estorbaba.

    —Preferiría que no alcanzáramos ese nivel de confianza —murmuró, echándome un vistazo incómodo.

    —Y yo quisiera no escuchar estas intimidades —se quejó Altan detrás de nosotros—. Gracias por darme la privacidad de un sillón y un gato durmiendo en mi pecho.

    —¿Qué? Podemos stackear cucharitas y darnos un beso los tres... Ah, no, cierto. Que eres hombre casado ahora —interrumpí y le lancé un par de besos ruidosos al aire, ante lo que me hizo cara de asco aunque se le tiñó un poco la cara de vergüenza.

    —Nadie va a stackear nada en mi casa —me regañó Cay enjuagándose la cara con una mano—. Ni vamos a darnos un beso de tres, idealmente...

    —¿El límite es la casa o el beso de tres? —cuestioné, acusador.

    —Prefiero no contestar, de hecho.

    La atención del grupo viró un momento, aunque la mía fue por chismoso más que nada. Fujiwara estaba con Ko, Hiradaira y la amiga de la chiquilla. Le eché un vistazo a Cayden, que de pronto estaba zambullido en su teléfono y me pregunté cómo querría resolver sus embrollos ya que había tenido prácticamente un mes entero para pensarlo, Altan había suavizado los gestos hasta formar una sonrisa al reparar en Anna, pero se quedó con nosotros y di por asumido el motivo. Como fuese, esto apenas iniciaba, así que tampoco valía mucho la pena rushear nada ni sobrepensar cosas.

    —¿Crees que podamos consumir alcohol aquí? —preguntó Cay en un murmuro, tapándose un bostezo con la mano.

    —Creo que eres el menos apropiado para preguntarlo. Para ti debería ser semana seca.

    That's boring as hell —apañó y lo vi mirar hacia Indou un momento, que había hablado aunque yo no le llevé el apunte.

    —Mejor medita un día completo en las aguas termales —sugirió Altan, la idea nos sacó una risa a los tres.


    and here we go

    Altan
    Arata
    Cayden con shorts negros nomás
     
    Última edición: 13 Marzo 2026 a las 5:04 PM
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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

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    Había tenido las mejores vacaciones en mucho tiempo, la verdad. Me aburrí de incordiar a Emi, me cansé (no) de incordiar a Al, y por si eso ya no fuera idílico, había conseguido la oportunidad de rodearme de gatitos. Gatitos en todos los colores, en todos los tamaños y todos los temperamentos. Ya no le pediría nada a la vida. Ahora nos quedaba la semana completa en una posada que jamás podría costear bajo la excusa de hacer, probablemente, trabajos como el que siempre manejaba en el gimnasio. ¡Esto sería pan comido!

    Me mensajeé con Emi y nos encontramos en la estación, y de allí compartimos todo el viaje conversando y mostrándonos cualquier tontería que nos topáramos en las redes. Sabía por Rei que Kohaku había regresado de su viaje espiritual o la mierda que fuera, pero había omitido el pequeño detalle de que asistiría a las pasantías. Aunque, pensándolo fríamente, puede que ni él lo supiera. ¿Casi un mes de autodescubrimiento y seguía sin abrir la boca para verbalizar sus pensamientos? ¡Habrase visto!

    Ya en la posada, de un momento al otro reconocí su cabello celeste y le salté encima como koala. Al regresarle su espacio noté que estaba más bronceadito y que las raíces castañas le habían crecido un par de centímetros por sobre lo usual. De por sí tenía el pelo ligeramente más largo. ¡Sólo le faltaba la barba! Kakeru estaba allí, claro, pero me convencí de que no había nada de malo en interactuar con él y que... definitivamente... no me odiaba por no haberlo invitado a mi cumpleaños. O, bueno, al menos esperaba que no lo hiciera. Emi se unió a nosotros y la conversación fluyó como si nada hubiera ocurrido, ni el tiempo, ni la distancia, ni los conflictos.

    Emily halagó nuestros atuendos y sonreí, contenta, apretujándome contra ella al engancharme de su brazo.

    —Vaya —dijo Kakeru, viéndose a sí mismo—, me alegra que te parezca bonita mi ropa de entrenamiento.

    —¡No la molestes! —me quejé, estampando la mano en la mejilla de Emily y acercándola a mí—. Sólo intenta ser amable.

    Él se rió y lo dejó correr. Por delirante que sonara, hubo algo en el gesto que no me pareció... demasiado propio de él, pero pensé que me había echado mucho tiempo sin verlo y que debía ser eso.

    —¡Ay, ojalá! —exclamé, rebotando sobre mis talones—. ¿Crees que estemos a tiempo de sobornar al Indou este? No traje mucho dinero, pero puedo trabajar gratis si me deja dormir contigo.

    —Como si fueran a pagarnos —se mofó Kohaku, echando un vistazo por las ventanas.

    —En la reunión del último día dijeron que nos pagarían.

    —Si no recuerdo mal, usaron la palabra simbólica, paga simbólica. Eso equivaldrá a los yenes que te cuesta un udon.

    —Yo creo que tres es un número decente —reflexionó Kakeru—. Dos suena a desperdicio de espacio y cuatro a cuasi hacinamiento.

    —Pues quedará ver si la explotación laboral viene acompañada de precarización.

    —Uh, la, la —molesté a Kohaku, viéndolo de arriba abajo—, ¿y ese lenguaje tan intelectual? ¿Lo aprendiste en tu viaje espiritual? ¿Te lo enseñó Buda?


    [​IMG]

    Dios sabría cómo me las había arreglado para convencer a Frank. O, más bien, por qué había sido tan sencillo. Ni siquiera tuve que sacar las cartas que había preparado de "es mi último año escolar" y "no tendré otra oportunidad de vivir estas experiencias", bastó comentarle los planes de la escuela y mostrarle el lugar para que me recomendara "tomarme la semanita" y venir a divertirme. Vaya... Vaya bicho raro, en serio, jamás conseguía predecirlo.

    Había intentado convencer a Sugawara, le sacó el tema una noche que nos topamos los tres cerca de la barra y Haru, con su simpatía usual, alegó no poder hacerlo ni aunque quisiera y se fue. Bueno, allá él. Aquí dentro eran todos raros. Yo, por mi parte, estaba más que contenta de poder tomarme una semana lejos del caos de Tokio. Aquí podría relajarme, divertirme, surfear... Era perfecto para cerrar las vacaciones.

    Al ingresar a la recepción me quité las gafas, pues ya no las necesitaba, y las dejé caer dentro de mi cartera. Recorrí el espacio, admiré la decoración y atendí a los mensajes del encargado. Cuando me hube aburrido, me acerqué a Arata por su espalda y colé los brazos bajo los suyos, abrazándolo por la cintura. Fue más o menos en paralelo a que Cayden preguntara si podríamos consumir alcohol.

    —¿Ustedes no trajeron alcohol? —pregunté, apoyando la barbilla en su hombro, después de que Altan le recomendara irse a una onsen.

    ¿Lo dije con una ceja enarcada y la evidente intención de juzgarlos? Pues sí. En ese momento, y básicamente de la nada misma, Morgan apareció y dejó caer su parasol en las manos de Altan, resoplando.

    —¿Quién diría que llovería por estas fechas? —murmuró, anonadada, y abrió un abanico negro para empezar a darse aire. Recién entonces nos recorrió con la vista uno a uno y sonrió—. Morning. ¿Oyeron la leyenda de Kannon?


    :D

    Lowkey this is an excuse para poder usar los outfits que les pickeé:

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    Zireael

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    La aparición de Sasha no me tomó por sorpresa, cuando sentí brazos en mi cuerpo asumí que era ella, así que mis brazos encontraron los suyos y dejé ir algo de peso en su dirección. Noté a los otros dos mirarme, sólo les faltó una taza para ser alguno de todos los memes de "Sips tea". Siempre lo mismo, ¡ya les valía dejar de sorprenderse! No dijeron nada porque ella preguntó si no habíamos traído alcohol y el mismo borracho que preguntó, fue el que contestó. De todas formas, ambos le habían sonreído a forma de saludo.

    —Preguntaba más por tener el placer de beberme el alcohol en un bar agradable sin tener que pagar un yen y no escondido por ahí —aclaró, rascándose la cabeza, y trató de amansar los rizos más largos sin éxito.

    —Cosas que solo piensan los borrachos, ¿a qué sí, linda? —le pregunté a Sasha y me solté despacio de ella, solo para poder acomodar el cuerpo y abrazarla bien. Los segundos previos había alcanzado a recorrerla con la vista—. ¿Cómo estás? A parte de guapísima, como siempre.

    —Y hablando de casados antes...

    El comentario fue de Altan, quien de pronto tuvo un parasol en las manos, de hecho maldijo al aire cuando el objeto casi le pasó directo al suelo y los tres volteamos a ver a la suerte de presencia oscura que se había manifestado. Sonnen se quedó mirando el parasol como preguntándose qué mierda hacer con él, pero al final sencillamente lo sujetó por el mango y atendió a la pregunta de la chica.

    Summer rain is pretty much a thing —lo escuché decir, sin contestar lo que había preguntado. Igual, ¿qué forma de abrir una conversación era esa?

    Y Morgan tan pancha, abanicándose.

    —¿Kannon? ¿La diosa de la misericordia? —rebotó Cayden, sin reaccionar una pizca a lo excéntrico del asunto. Noté que la miraba unos segundos—. I like your dress.

    —¿De qué leyenda hablas? —Quiso saber Altan.

    A ver, ¿y esta reunión de raritos de pronto? Le piqué un costado a Sasha, como para advertirle que pusiera atención.


    y quién soy yo si no estoy rodeada de mujeres hermosas, honestly u///u (?
     
    Última edición: 13 Marzo 2026 a las 7:54 PM
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    La vida seguía, y yo apenas estaba intentando descansar después de un viaje absurdamente largo, pero sabía que no podía dejar de venir. Más que nada, porque se lo había prometido a Fiorella.

    Apenas ingresamos a la recepción, hice todo tal como nos habían indicado escuché con atención cada instrucción, memoricé lo que debía tomar en cuenta y me aseguré de no olvidar nada importante. Mi vista recorrió cada rincón del lugar con una curiosidad disimulada; observé los detalles, la decoración, la gente moviéndose de un lado a otro, y también traté de ubicar rostros conocidos entre la multitud.

    Eso sí, evitaba mirar a Jez.

    ¿Habría venido?

    No quería admitirlo, pero la duda me estaba carcomiendo desde que puse un pie ahí. Aun así, no me atreví a buscarla con la mirada lo único que logré notar fue a sus dos amigos. Vi también a Arata —o como él mismo me dijo que otro significado de su nombre, Gran Tormenta… o algo así—. ¿Así me lo había dicho? ¿No? Ni idea. Tampoco es que me importara demasiado.

    Les quité la mirada casi al instante y seguí con mi pequeño recorrido, aunque en realidad no me moví de lugar. Todo lo hice únicamente con los ojos, observando cada rincón por puro aburrimiento y curiosidad el lugar se veía bonito, elegante incluso, bastante llamativo. Supongo que esto terminaría siendo interesante.

    Pero antes que nada, necesitaba encontrar a Fiorella.

    Y, como si me hubiera escuchado pensar en ella, giré sobre mí misma para mirar hacia otro lado y casi terminé chocando con su cuerpo.

    —Hasta que apareces —soltó apenas la vi.

    —¿Perdón? —respondí, parpadeando
    confundida.

    —Perdonada.

    —No te estoy pidiendo perdón, roja. Era sarcasmo, ¿no lo escuchaste?

    Fiorella sonrió apenas y negó con la cabeza, como si ya estuviera demasiado acostumbrada a mi forma de hablar después, hizo el mismo recorrido visual que yo. Observó el lugar entero, pero su expresión se iluminó mucho más cuando vio a su amigo Kohaku a lo lejos supuse que también habría divisado a otras personas conocidas, aunque no pregunté. Como fuera.

    Escuché algunos murmullos a nuestro alrededor, conversaciones sueltas, saludos, risas. No presté demasiada atención; apenas capté fragmentos de información por encima.

    —¿Cómo has pasado las vacaciones? —preguntó de pronto, girándose hacia mí.

    Alcé una ceja ante la pregunta.

    —Viajé a Grecia —respondí, mientras mi mente se iba por un momento a todo lo que había vivido allá—. Visité las tumbas de mi mamá y de mis abuelos, ayudé a mi papá en la empresa y pasé casi la mayoría de los días con migraña. Esa fue básicamente mi vida, si no estoy mal.
    Ya sabes, no le presto mucha atención a lo que me pasa. —La miré de reojo—. ¿Y tú? ¿Qué hiciste?

    Fiorella entrecerró los ojos, como si estuviera decidiendo cuánto contarme.

    —Nada demasiado emocionante. No viajé a Italia, aunque según yo pensaba que sí. Mis padres dijeron que cuando termine por completo todo, regresaremos. Estoy esperando la beca de la academia, pasé mucho tiempo en la sala de música y… bueno, aprendí nuevas cosas sobre el piano.

    La observé por un segundo antes de bufar suavemente.

    —Como siempre. ¿Tus padres no tienen vida social?

    —¡Adara! —se quejó de inmediato, abriendo los ojos.

    —¿Qué? Es la verdad. Tus padres adoptivos no tienen vida social. Te mantienen demasiado tiempo encerrada. —Me encogí de hombros, restándole importancia—. Pero ya, dejemos de hablar de eso estamos aquí y te vas a olvidar de tus padres por algunos días, ¿entendido?

    Asintió, aunque con cierta duda.

    —Palabras, roja. Necesito palabras.

    —Entendí… —murmuró al fin.

    Pero fue interrumpida por algo… o, mejor dicho, por alguien. Era Enzo, en todo su esplendor.

    Su presencia se sintió antes incluso de que hablara su mirada gris recorrió primero a Fiorella y luego a mí, de pies a cabeza, con una calma casi irritante.

    —Aquí están mis dos personas favoritas —dijo, observando a Fiorella antes de volver a clavar sus ojos en mí—. Están hermosas, por cierto.

    Arqueé una ceja, pero no dije nada.

    —Gracias, tú también te ves muy bien —respondió Fiorella con una sonrisa genuina—. Te extrañé. ¿Cuándo fue la última vez que hablamos?

    Lo abrazó con naturalidad, como si ese gesto fuera lo más sencillo del mundo. Yo no me moví seguía ahí, quieta, con el rostro completamente inexpresivo, sin inmutarme lo más mínimo.

    —Hace algunos días, rojita… hace algunos días —contestó él, rodeándola con los brazos antes de soltarla un par de segundos después.
    Todo en él se veía extraño.

    Desde los tatuajes que apenas se asomaban bajo la ropa, hasta la forma en la que se expresaba había algo distinto, algo que no terminaba de encajar tal vez era porque estábamos nosotras ahí, o porque se estaba conteniendo. Pero me daba la impresión de que, si estuviera frente a otra persona, no mantendría esa misma expresión ni ese tono de voz tan… controlado.

    Fiorella decía que él era mi karma pero eso era algo con lo que nunca iba a estar de acuerdo.

    Jamás.

    —¿Están emocionadas? —preguntó después de separarse de Fiorella.

    —Sí —respondió ella al instante.

    —No —decidí hablar al fin, cruzándome de brazos—. Todo iba bien hasta que apareciste.

    —Adara… —murmuró Fiorella, como queriendo frenarme.

    No la miré mis ojos seguían fijos en el chico que tenía enfrente la sonrisa que me dedicó me provocó unas inmensas ganas de golpearlo. ¿Quién se creía? En serio, ¿quién demonios se creía?

    Y yo que había pensado que estos días los pasaría tranquila…

    —Así me saludas después de la última vez, ¿así me pagas, Cara? —dijo con una diversión descarada.

    Fruncí el ceño ante el apodo, hasta que recordé que él me había ayudado durante aquel ataque de pánico apenas pensé en eso, se movió lo suficiente como para invadir mi espacio personal.

    Entrecerré los ojos y retrocedí unos pasos.
    O al menos, lo intenté.

    Porque antes de que pudiera alejarme, atrapó mi brazo con rapidez y me jaló hacia él parpadeé, sorprendida e indignada al mismo tiempo, aunque si tenía que elegir, definitivamente lo más fuerte era la indignación. Me removí de inmediato, intentando que me soltara, pero no lo hizo y por la forma en la que me sujetaba, parecía que tampoco tenía intención de hacerlo.

    —Creo que no es el mejor momento para un escándalo, ¿no lo crees, bonita? —murmuró con esa voz calmada que solo lograba irritarme más—. Bájale dos rayas a tu ferocidad, fiera.

    —¿Cómo me llamaste? —espeté, fulminándolo con la mirada.

    —Fiera. —Su sonrisa se ensanchó apenas—. Ahora devuélveme el abrazo.

    Bajó la cabeza hasta acercar sus labios a mi oído y susurró: —Porque si no lo haces, no te voy a soltar.

    Solté un suspiro pesado y, aunque me cueste admitirlo, tardé varios segundos en reaccionar. Tal vez más de los que debería.

    Yo odiaba que invadieran mi espacio personal.
    Siempre lo había odiado pero eso nunca me había importado cuando conocí a Jez. Nunca. Con ella era distinto con ella no existía esa necesidad de retroceder, de marcar distancia o de poner barreras. Jez era… esa otra parte segura de mi mundo. La única persona que había conocido tan pronto y que aparte de Fiorella podía acercarse demasiado sin que mi cuerpo se pusiera en alerta.

    Con Enzo, en cambio, era todo lo contrario con él siempre estaba esa necesidad constante de querer mantenerlo lejos, de empujarlo, de marcar un límite invisible entre ambos.

    Y, aun así, terminé devolviéndole el abrazo con torpeza, con inseguridad. Con fastidio, incluso.

    Mis brazos apenas se movieron al principio, rígidos, dudosos, como si mi propio cuerpo estuviera protestando por cada segundo de contacto después intenté relajarme un poco, aunque fuera solo por apariencia.

    Supongo que no me quedaba de otra si quería que todo en este lugar se mantuviera en paz… tenía que hacer ese esfuerzo.

    Por Fiorella solo por ella.

    Levanté la mirada y vi a Fiorella observándonos con una sonrisa demasiado satisfecha, como si acabara de presenciar la escena más adorable del universo tuve que resistir el impulso de rodar los ojos. Supongo que, por ella, también podía fingir que esto no me estaba torturando.

    Pero por dentro ya sentía el peso de todo encima en ese momento, mientras seguía atrapada en ese abrazo que no había pedido, solo pude pensar una cosa: Ojalá apareciera alguien conocido alguien, cualquiera, alguien que me sacara de ahí de inmediato, antes de que mi paciencia se agotara por completo.

    Bueno que emoción, por aquí los dejo, escribí mucho ajam pero ha mi parecer ellos solos se escribieron uwu.

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    Gigi Blanche

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    Me hizo bastante gracia la cara con la que Cayden y Altan apreciaron nuestro cuadro, como si no lleváramos ya meses comportándonos así. Al sentir las manos de Arata le dejé un beso en la mejilla y deposité mi atención en Cayden.

    —Habrá que ver cuán estrictos se ponen con los mayores de dieciocho, aunque yo en su lugar nos prohibiría el alcohol a secas. ¡Por eso había que traerlo! We can drink by the beach, it's fun.

    El comentario de Arata me arrancó una risa floja y me amoldé a su movimiento. El cumplido dibujó una sonrisa encantada en mis labios y lo achuché con ganas.

    Thank you, baby. Tú también estás muy guapo~ —murmuré cerca de su oreja y al instante me separé y miré a Altan, abriendo los ojos—. ¿Casados? ¿Casados quiénes?

    Mi radar de chisme se había encendido y entonces apareció Morgan, irrumpiendo en el flujo de la conversación. Nada de lo que había dicho o hecho se alejaba de como solía comportarse, pero eso no significaba que terminara de habituarme. Me enfoqué en no poner mala cara, aunque una leve sonrisa asomó en mis labios al oír la respuesta de Altan sobre la lluvia.

    Don't say —respondió ella, con una suavidad tan indiferente que, de identificar el sarcasmo, sería pura y exclusivamente por la construcción de la idea, no su tono.

    Y mencionó una leyenda, a lo que Cayden contestó y ella le dedicó una sonrisa sedosa, satisfecha, asintiendo lentamente. Su expresión no mutó al recibir el cumplido, en sí ya lucía encantada, y sólo se limitó a ladear la cabeza un par de centímetros.

    My, thank ye, lad. Es de Kioto. Y sí, hablo de esa Kannon. —Su ritmo con el abanico disminuyó al mirar a Altan—. En el siglo VIII un monje llamado Tokudō talló dos estatuas de Kannon ridículamente grandes de un árbol de alcanfor. Una se consagró en Nara y la otra se liberó en el océano bajo la creencia de que arribaría en las costas que la diosa eligiera, donde fuese mayor su conexión kármica. Adivinen dónde apareció quince años después.

    Cruzó sus brazos y siguió abanicándose, aunque el movimiento ya fuera sereno y más bien mecánico.

    —¿Se imaginan una estatua de nueve metros flotando en el mar durante tanto tiempo? Total que la llevaron a Kamakura y allí le construyeron un templo. Desde entonces, sin embargo, siguieron corriendo historias de marineros, pescadores y aldeanos que avistaban en la bruma matutina, en la densidad del crespúsculo, una silueta amorfa e inmensa flotando en el agua. Quieta, silenciosa, amenazante. A veces desaparecía al caer la noche, a veces permanecía días y días en el horizonte. Sin importar cuántas embarcaciones intentaran acercarse ninguna lo lograba, y muchas ni siquiera regresaban. Entonces se propagó la pregunta: ¿realmente extrajeron a Kannon del agua? ¿O la diosa, eternamente a la deriva, decidió maldecir las costas de la península?
     
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    —Oh vaya, pasamos del libertinaje de la eterna borrachera a un esquema directamente dictatorial. ¿Dónde quedó la diversión de beber en el bar agradable que decía este otro? —apañé señalando a Cay con un movimiento de cabeza luego de que Sasha dijera que ella nos prohibiría el alcohol a secas—. Eso a un lado, ¿vas a decirme que tú de toda la gente no metiste nada en la maleta? Te vi acomodando demasiadas cosas ayer.

    —De nuevo, prefiero no contestar —murmuró desviando la mirada a cualquier lado—. Habrá que averiguarlo en la playa, como sugiere Sasha. ¡Y es ella la que insinúa que trajo algo!

    La reacción de ella al cumplido me hizo sonreír y la mantuve cerca de mi cuerpo, haciéndole mimos en la parte descubierta de la cintura. Que me regresara el cumplido de la forma en que lo hizo me estiró una sonrisa distinta en el rostro, aunque no dije nada, y a ella la consumió el deseo de chisme. Los otros dos ya estaban ocupados con las cosas extrañas de Morgan, así que yo activé el modo chusma.

    —Ah, llegaste tarde. Me estaba peleando con Cay porque no me hizo cucharita anoche y le decía a Altan que podía sumarse, luego me acordé que este —dije señalando a Altan con la mano derecha, luego estiré un poco el cuello hasta volver a ubicar el grupito conformado por Fujiwara, Ko y las niñas y señalé hacia Hiradaira—. Se puso de novio con Hiradaira, la que está con Ko-chan y cierto muchacho con complejo de Batman. La de shorts, no la otra. Entonces queda por fuera, porque ahora es una papa casada.

    —Pero el casado siempre ha sido Arata —rebotó él, ligeramente divertido—. Al menos desde que te conoce.

    —Y yo quedo por fuera porque tengo libre albedrío —masculló Cay sin desviar su atención de Morgan.

    —¡Muy digno de pronto! ¿Tú sí me aceptas el beso, cariño? —le dije aunque no esperé, le pesqué la cara con la mano y le estampé uno en la mejilla.

    Sonnen balanceaba el parasol en su mano, ocupado escuchando toda la repentina clase de folklore japonés donde estaba metido y sin haber reaccionado ya más a mi sesión de chisme. Cay también estaba un poco absorto en todo lo que la chica estaba diciendo, ni siquiera se había regresado el teléfono al bolsillo, lo tenía en la mano dando vueltas, bueno, ¿era bruja o qué? Tenía todas las vibes y estos dos eran demasiado impresionables o qué sabía yo.

    —La península de Miura —atajó Altan cuando al parecer recordó la información.

    Un poco más y lo dice sobre las palabras de la chica, que había continuado con la clase mientras seguía abanicándose. Todo este cuadro hasta quería darme risa, ¿acaso Sasha y yo éramos, de pronto, los adolescentes normales del grupo? Al fin. Casi deberíamos celebrarlo.

    —¿Y por qué habría elegido maldecir a las costas de forma tan gratuita? —intervino Altan una segunda vez, incapaz de seguir la línea de pensamiento de... de una diosa.

    —¿Porque lo que extrajeron era solo un cuerpo de madera que llevaron a Kamakura mientras su esencia sigue atada al lugar exacto de su conexión kármica en la costa en Miura? —apuntó el pelirrojo encogiéndose de hombros.

    —Bueno es problema del monje que se le ocurrió aventar una estatua al mar. En todo caso, era su silueta supuestamente, ¿por qué traducirlo en maldición?

    Asumí que las preguntas de Sonnen se pusieron demasiado cuadradas para su gusto, porque sencillamente pasó de su existencia, eso y que lo de las embarcaciones que no regresaban sonaban bastante a maldición. Realmente daba lo mismo, en lo que a mí me concernía, supuse que Morgan sencillamente hizo dos más dos son cuatro al llegar a Miura y se habría acordado de todo el rollo de Kannon y las estatuas.

    —¿Has visitado el Hase-dera de Kamakura? —preguntó Cayden que seguía dándole cuerda en sus excentricidades.
     
    Última edición: 13 Marzo 2026 a las 10:05 PM
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    Reual Nathan Onyrian

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    El vuelo de Tokyo a Viena duraba, como mínimo, catorce horas. Por lo tanto, ida y vuelta eran veintiocho, sin contar el período de espera en los aeropuertos, y cualquier conexión que los vuelos hiciesen. Había ocho horas de diferencia entre los dos países, Japón más adelantado en el futuro que Austria. Así que, haciendo todos los cálculos, volar desde un lugar hasta el otro solo para pasar una semana de vacaciones era bastante idiota, en especial si teníamos en cuenta que A) el jetlag que le podía agarrar a uno era suficiente como para perderse al menos un día descansando, B) que el vuelo de vuelta iba a básicamente comerse un día, debido a la diferencia horaria, y C) que el avión aterrizaba horas antes de que uno tuviera que salir del centro de Tokyo en dirección a un resort en donde alguien iba a hacer pasantías durante una semana. ¿Quien podría ser el idiota que había decidido que todo ese plan era una buena idea?

    Yo. Yo era el idiota.

    Aunque no me arrepentía, la verdad. Hacía mucho que no veía a Oma y Opa, así que volver a visitarlos estuvo lindo. Esos días se sintieron como un suspiro, y ya estaba de vuelta en el avión. Las vacaciones en Europa iban a solventarse, al menos en parte, con lo que ganara en este trabajo de medio tiempo, así que no me quedaba de otra que llegar a tiempo. Había intentando dormir en el avión, para combatir el jetlag, pero teniendo mi altura y mi pierna fue una odisea imposible. Además, apenas tuve tiempo de pegarme un baño en casa antes de volver a salir corriendo hacia la estación. Por suerte, mis padres ya me habían dejado la valija preparada (que casi me olvido, por supuesto), y además llegué a la estación literalmente al último minuto.

    Intenté recueprar sueño en el trayecto hasta el restort, pero por muy increíble y sofisticado que sea el sistema de transporte público japonés, no estaba preparado para alguien de mi tamaño. Y los nervios y las ansias tampoco me ayudaban. Amaba los viajes y las experiencias nuevas, pero siempre me agarraba un retorsijón en la panza.

    Logré sobrevivir con suficiente consciencia el viaje, y la fina llovizna fue un hermoso regalo que me permitió despabilarme un poco, así que la disfruté de camino a la recepción. Iba a terminar todo mojado, pero poco me importaba, la verdad. Suponía que adentro habría toallas. O si no, yo tenía en mi equipaje. Creo.

    Me cambié de calzado, y me pregunté si no tendrían problemas en que anduviera descalzo. Nada mejor que sentir el suelo en la planta de los pies. Fui uno de los últimos en pasar al hall propiamente dicho, y la verdad es que el lugar era precioso. Era toda una mezcla entre lo que suponía el estilo tradicional japonés y algo más moderno, y aunque no tenía ni la más pálida idea de diseño y arquitectura, había que decir que todo quedaba muy bien.

    En cuanto entré, había un hombre dando una pequeña charla. Llegué justo a escuchar su nombre (o más bien, una parte; ¿se llamaba Iodo?), presentándose como el encargado del lugar. Dio un par de indicaciones, nos dijo que esperáramos aquí, y se puso a charlar con uno de los profesores. Una chica, que prontamente pude reconocer como Ali, se acercó a Yolo-san y le preguntó algo. Este señaló un rincón, en donde habían tres sillones y una mesita, y yo dejé de prestarle atención a todo mi alrededor, con mi vista enfocándose cien por ciento en lo cómodo que se veían esos almohadones.

    Esperé a que ambos terminaran de conversar, no iba a pasar por el medio como un maleducado, pero apenas el encargado (¿Ahora-san?) terminó de presentar a la enfermera, me dirigí rengueando hacia los asientos, me dejé caer sobre uno (olvidándome en el momento que aún seguía húmedo por la lluvia), y literalmente me derretí, soltando un suspiro de alivio. Giré el cuello, para mirar de soslayo a Ali, y le dediqué una sonrisa.

    If it isn't my favorite blonde? —dije, para luego saludarla con un gesto vago de la mano.— Wassap, lass?

    Yo voy a ser lúdico y detergente y voy a usar fanart para el outfit porquesoyhorribleparaelegiroutfitsMilameloseligeami
     
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