Pasillo (3º piso)

Tema en 'Tercera Planta' iniciado por Yugen, 9 Abril 2020.

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    No esperaba verme allí, ¿no? Noté la sorpresa y la ligera tensión al vuelo y aunque no le culpaba en absoluto, aunque ni siquiera lo reflejé en mi rostro, no podía negarme a mí mismo que dolió. Asentí ante su confirmación, enterrando las manos en los bolsillos sin sacarle la vista de encima.

    —Tan solo quería disculparme apropiadamente. Por todo. Me hubiese gustado hacerlo en el dojo pero la vida da muchas vueltas —A pesar de todas las mierdas que habían sucedido en esos días necesitaba sacarme la espina de encima, y era esa la razón por la que estaba allí. Ya lo había dicho, ¿no? Estaba cansado de huir—. No me parecía justo que fueses la única en sincerarte. Sé que lo que diga a estas alturas es papel mojado pero nunca fue mi intención dañarte. No a ti; no lo mereces.

    Pero lo había hecho y aún me arrepentía de ello, ¿huh? En cualquier caso no estaba allí para lograr que todo fuera como antes, no era tan optimista. Tan solo sentí que merecía una respuesta clara y... ya. No planeaba desaparecer tampoco, no era tan estúpido. Siempre que me necesitase estaría para ella, eso jamás cambiaría, pero ya no me sentía con el derecho de esperar nada a cambio. De forzar ni presionar nada.

    >>Eso sería todo. Si necesitas cualquier cosa, lo que sea, no dudes en decirme —me encogí de hombros, restándole importancia al enorme espectro que eso abarcaba. Le debía mucho después de todo, aunque nunca pudiese compensar todo lo que pasó por mi culpa. Desvié la atención hacia la ventana conteniendo un suspiro—. También quería hacerte una propuesta con respecto al club de esgrima, pero podemos dejarlo para otro día.
     
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    ¿Qué si esperaba una disculpa? Realmente no, ni siquiera sabía si la quería o si me servía de algo, porque sin duda no estaba ayudando a quitarme ningún peso de encima. Todavía tenía el asunto que me había dicho Yule dándome vueltas, el de la carta de la beca deportiva y no sé qué. Le había armado una bronca sin tener idea de nada, pero en gran parte era porque... Shawn no me contaba nada.

    Presioné el asa del maletín mientras lo seguía escuchando y al final terminé por bajar la mirada para clavarla en algún punto del suelo, cuando soltó que no era su intención hacerme daño.

    No tenía idea de si lo que me estaba moviendo era la culpa, el hecho de que estaba comenzando a cansarme de tenerlo lejos de mí o simplemente el miedo de que aunque estaba diciéndome que podía acudir a él siempre que lo necesitara simplemente un día, no sé, se esfumara. Me había enojado, había llorado como una cría y todavía no sabía si servía de algo, pero Dios, no quería ese sentimiento.

    Estaba cansada del miedo.

    Me incliné para dejar el maletín apoyado contra la pared y mientras me enderezaba alcancé su muñeca, envolviéndola con cuidado, y tiré suavemente para atraerlo hacia mí. Le eché los brazos sobre los hombros, abrazándolo, su cuerpo era tibio y me aceleró el corazón en el pecho.

    —¿Y cuándo serás tú quien me diga que necesita algo? —murmuré, afianzando el agarre porque ahora prefería eso a que me viera la cara.


    She talked to me y estoy chillando porque no estaba en mis planes esto
     
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    No esperaba que mis palabras solucionasen nada, pero al menos necesitaba sacarlas de mi pecho. Sacar aunque fuera eso ya por mera necesidad, porque no me cabía nada más dentro. Me separé de la pared con movimientos lentos, casi perezosos, como si me costase la vida misma moverme o me hubiesen drenado la energía y aguardé apenas unos segundos de cortesía.

    Iba a cumplir fielmente mi palabra de los dos minutos y marcharme, pero la respuesta no llegó como esperaba o simplemente no esperé nada a secas, porque todos mis movimientos se congelaron cuando sentí el agarre, el suave tirón y luego sus brazos rodeando mi cuerpo.

    De repente me sentí pequeño, tan pequeño y frágil que temí romperme en mil pedazos hasta desaparecer. Había vivido toda mi vida subido en mi trono, en mi propio pedestal de papel que ahora que no me quedaba nada todo se veía diferente desde abajo. Se vivía con mayor intensidad. Sentí los ojos arderme detrás de las cuencas y contuve la respiración por un instante, deslizando lentamente las manos hacia su espalda.

    —No lo sé —murmuré; la voz me tembló. Había intentado alejarme, cortar los hilos que me unían a ella con tal de ahorrarle más desgracias pero había detenido mis movimientos, me había sacado las tijeras de encima y quedé completamente en blanco. Hundí mi rostro en su hombro, negando ligeramente con la cabeza—. Creí que no lo necesitaba.

    Quizás me equivocaba.

    Porque no era consciente de cuánto necesitaba un simple abrazo hasta ese preciso instante. Y quizás era esa sensación de sostén la que me aflojó la lengua lo suficiente como para soltárselo al fin a alguien.

    >>No creo que vaya a la universidad el próximo año, Laila.
     
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    No creía que Shawn fuese a apartarme, es decir, aunque fuéramos un par de imbéciles que la habían cagado por todos lados desde el inicio no lo veía en la capacidad de hacer eso. Tampoco lo creía capaz de tensarse bajo mi tacto de ninguna manera, porque con todo digamos que nos movíamos en cierta sincronía, lo que pasaba era que estábamos malditamente fuera de tono.

    Cuando me correspondió el gesto cerré los ojos, solté el aire contenido y entonces lo escuché, le había temblado la voz antes de que hundiera el rostro en mi hombro. Lo dejé hacer, le dediqué un par de caricias en la espalda y lo seguí escuchando admitir que creía no haberlo necesitado, cuando al menos ahora era claro que sí.

    No creo que vaya a la universidad el próximo año, Laila.

    Oh, Dios.

    No, cielo.


    Aumenté un poco más la fuerza de mi agarre antes de dejarlo ir con cuidado, le dediqué una caricia en la nuca cerca del cabello y tomé su mano, luego levanté el maletín mientras le echaba un vistazo a mi clase, todavía quedaba algo de gente. En el reflejo de las ventanas del pasillo pude notar que en la suya estaba Tolvaj, así que quedaba descartada también, no tenía demasiadas opciones y tampoco quería arrastrarlo hasta el dojo porque capaz que le sacaba el impulso; así que no me quedó más que guiarlo al rellano de las escaleras que llevaban a la azotea, para sentarnos allí.

    Le eché el brazo sobre los hombros para atraerlo a mí y caí en que había tardado exactamente cero segundos en tirar todo por la borda cuando me di cuenta que me necesitaba, que debía prestarle mi compañía.

    Vaya tonta.

    Exactamente igual que Jez.


    —¿Quieres contarme qué pasó exactamente? —murmuré. Allí al menos no estábamos a ojos del pasillo de tercero y si quería hablar podía hacerlo—. Si no quieres puedo solo hacerte compañía, eso está bien.

    No iba a cantar al pobre Yule, que me había contado de la carta y por su sentencia de no ir a la universidad estaba asumiendo que no había recibido el resultado que esperaba.
     
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    Cerré los ojos por reflejo al soltar aquello, tensando los labios por la propia expectativa. Me avergonzaba sobremanera admitir mis fracasos, exponerme de esa manera, pero descubrí una seguridad extraña en los brazos de Laila. Me aflojó la lengua sin siquiera controlarlo, y cuando quise darme cuenta los labios se movieron solos.

    Lejos de juzgarme, como sabía que era incapaz de hacerlo, afianzó el agarre y acarició mi cabello antes de separarse. Tomó su maletín y mi mano y me dejé guiar sin oponer resistencia, con la misma docilidad con la que Cathy había logrado comprobar mis heridas o Yashi me había arrastrado al club, y me senté, casi me dejé caer en uno de los escalones. Me estrechó contra sí y apoyé la cabeza en su hombro, a pesar de que no creía merecer aquel cuidado cuando yo no había hecho más que darle problemas.

    Pero de nuevo el agotamiento me ganó, y simplemente me dejé hacer sin más. Me preguntó por el tema y dejé escapar el aire por la nariz. ¿Cómo no iba a concederle siquiera eso?

    —Mis padres me ofrecieron dos posibilidades al entrar al Sakura para pagarme la universidad: buscar un empleo o tratar de aplicar para una beca deportiva. Creí que no me costaría nada conseguirla y opté por lo segundo —murmuré, con la vista clavada en algún punto indefinido del pasillo. Mi mano de manera inconsciente dio con un mechón de su cabello y lo enredé con suavidad entre mis dedos—. Me maté estos tres años para acumular logros y sacrifiqué mucha materia e incluso mi propio tiempo libre, pero se ve que no fue suficiente. Nada fue suficiente.

    El golpe de realidad pareció querer decirme que no era tan perfecto como me creía pero ya ni gracía tenía, la verdad. Había pillado la indirecta de sobra. Alcé ligeramente la mirada desde abajo, soltando el mechón al rato.

    —No quiero que pienses que no me gusta contarte nada, ¿sabes? —le confesé de repente, casi sin venir a cuento. Estar abriéndome como un crío torpe me había hecho darme cuenta de que en todo este tiempo apenas habíamos hablado realmente. Se lo debía, ¿no?—. No lo hago con nadie, ni siquiera mi hermano sabe nada aún. Soy... demasiado malo con esto.

    Pero espero que lo entiendas.

    Que lo estoy intentando de verdad.
     
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    Una parte de mí se preguntó si él sentía merecer ese cuidado, ese espacio, y por rebote me pregunté si yo tenía derecho alguno a intentar servirle de soporte cuando le había soltado un montón de cosas encima de un día para otro. No quería la respuesta a ninguna de las dos preguntas si era honesta, pero tampoco tenía tiempo de buscarla como tal así que, como tantas otras cosas, lo dejé correr.

    Mi mano volvió a su cabello cuando echó la cabeza en mi hombro y de dediqué a acariciarlo con mimo, era un movimiento rítmico y suave. No me detuve mientras él hablaba, porque de por sí nunca me había hablado de sus cosas y ahora estaba haciéndolo por fin, ¿cómo no iba a prestarle toda la atención del mundo.

    Empleo.

    La beca deportiva.


    Noté su movimiento al tomar un mechón de cabello y lo dejé hacer, sin detener lo que yo estaba haciendo ni un segundo. Era tan diferente del Shawn lleno de confianza, arrogante y estirado que conocía que resultaba doloroso, pero ahora parecía más real o algo así, ya no tenía su fachada de príncipe del Sakura y estaba bien, estaba bien que se sintiera mal, que rabiara, que se sintiera perdido, era su maldito derecho. Todo eso seguía siendo parte de él, aunque debía sentirse horrible.

    Como si no lo supiera yo.

    También había cosas que Shawn no sabía, que no tenía idea de si se las contaría.


    —Sé que no le cuentas nada a nadie —murmuré y dejé de acariciarlo para regresar el brazo a su hombro, presionándolo suavemente—. No hay que ser muy avispado para saberlo, pero ya diste un paso al frente, ¿no crees, cielo? Estás hablando conmigo, estás diciéndome qué pasó y te lo agradezco mucho.

    Reinicié las caricias antes de seguir hablando.

    —A veces así son las cosas, no siempre triunfamos o conseguimos lo que queremos a la primera. —Lo cierto era que a veces no se conseguía a la segunda o la tercera tampoco pero no lo iba a decir así—. Pero creo que lo importante es que luego de que sientas todo lo que debas sentir, sigas intentándolo. Lo importante es no quedarnos estáticos incluso si creemos estar perdidos.
     
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    Fue como si encontrar una pequeña fuente de calor me devolviese a su vez todo el cansancio acumulado, toda la pesadez que había arrojado al fondo de mi mente y por un momento los párpados me pesaron. El estrés de Shinjuku, la intervención de Astaroth e incluso el asunto con Nakagawa, todo se revolvió sin orden ni concierto. Había pasado de buscar rodearme de personas a rehuir de ellas en cuestión de días y aún así, a pesar de todo, no podía decir que me encontrase mal del todo allí.

    Parpadeé, removiéndome un poco con cuidado, pero no aparté sus caricias en ningún momento. Sus palabras me recordaron un poco a las de la castaña en la mañana, cómo decía que había dado un diminuto paso y ahora parecía estar haciendo lo propio con Laila, solo que con mayor profundidad.

    Quizás más adelante lo viese como un logro, pero sencillamente aquel día no me generaba nada. Quería gritar, quería llorar y romper el nudo en mi garganta.

    Pero en su lugar no salía nada.

    —Suena a que sabes de lo que hablas —No pretendía sonar jocoso ni condescendiente, era genuino y guardaba cierto interés implícito. Si lo decía o no a través de la experiencia era algo que no había tenido la oportunidad de saber, como tantas otras cosas, pero no era quién para preguntar. No ahora—. Lo he tenido todo siempre a mi alcance y de repente la burbuja explotó. Sé que las cosas no funcionan así, lo sé bien. Pero no creí que doliera tanto.

    Solté un suspiro bajo al escuchar su consejo. Sabía que era lo adecuado, lo que debía hacer si quería evitar acostumbrarme a la oscuridad del fondo del pozo. Y aún así no podía evitarlo. No encontraba las ganas de intentarlo de momento, de siquiera tocar el deporte que tanto amaba. De nuevo la nada misma.

    Mi voz salió en un murmullo.

    >>¿Está bien querer permanecer estático un rato más? ¿Aunque no sepa cuánto tiempo sea?
     
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    And if I wasn't so afraid
    I'd shine a light up to space.
    Then my soul could be
    strong enough to see your face
    one more day.
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    Una parte de mí también entendía que ahora pareciera desconectado, rozaba el desligue o la apatía directamente, y es que a veces los sentimientos eran así también. No siempre terminaba uno deshecho en lágrimas o insultando cuanta cosa le pusieran al frente, había ocasiones en que quizás para defenderse el cerebro parecía desconectarse, bajar los interruptores y dejarte con una sensación de vacío que casi era peor.

    Su comentario me arrancó una sonrisa bastante amarga que no pude disimular, si no fuese porque lo estaba envolviendo con el brazo hubiera encogido los hombros. Recordaba bien la de veces que había rabiado, llorado hasta el agotamiento o solo quedado vacía de emoción, habían sido tantas que no creí que pudiese volver a ser yo nunca.

    Pero allí estaba.

    Hundí los dedos en su cabello con cuidado y giré el rostro para dejarle un beso en la cabeza.

    —Duele muchísimo y a veces también da mucho miedo —secundé en un murmuro, sin despegarme de su coronilla, y escuché su pregunta—. Está bien, sí. Nadie dijo que tuvieras que levantarte ya y seguir con la vida como si nada. Está bien quedarse así hasta recuperar fuerza, incluso si no sabes cuándo lo harás.

    Despegué los labios de su cabello pero apoyar la mejilla en su lugar, todavía con los dedos hundidos en sus hebras blancas, dedicándole la misma caricia de tanto en tanto. Era un arrullo, un consuelo, un punto de tierra o lo que hiciera falta; solo importaba que era una señal de que estaba allí con él. Que sí, había estado molesta, había llorado, había gritado... pero lo había dejado ser, que doliera lo que tuviera que doler, y era por eso que todavía podía estar allí.

    ¿Si me hubiese guardado todo estaría haciendo eso ahora o lo habría dejado irse?

    ¿Mi resentimiento me hubiese hecho dejarlo ir?

    —Y mientras tanto aquí me tendrás, como siempre.
     
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    Probablemente si supiese lo que había pasado aquel día en los baños, si hubiese sabido que no había estado allí para ella cuando más me necesitaba y en ese momento en cambio estaba recibiendo su consuelo me sentiría como la mierda. Quizás a veces era mejor vivir en la ignorancia. Así y todo, mientras Laila me mantenía anclado al mundo, mientras escuchaba con una atención absurda sus palabras y recibía sus caricias de tanto en tanto, supe que no me permitiría cometer ninguna otra estupidez si estaba en mi mano poder evitarlo.

    Porque era esa clase de persona, ¿no? De las que se descuidaban a sí mismas con tal de mantener a flote al resto. Había tardado literalmente un segundo en ignorar su tensión inicial con tal de servirme de soporte y quizás esa era una de las razones por las que jamás podría tensarme ante su presencia, pero ni de puta coña. Tenía un efecto extraño en la gente, o quizás solo era yo siendo demasiado débil a las muestras de cariño genuinas, qué se yo.

    Mientras la escuchaba llevé mi mano sobre la que reposaba en mi hombro, y acaricié su dorso con el pulgar. Era casi un agradecimiento silencioso, si se quiere. Saber que no estaba obligado a volver sobre mi eje tan pronto, que podía permitirme rabiar y lamentarme un tiempo más y estaba bien me quitaba algo del miedo de encima.

    "Y mientras tanto aquí me tendrás, como siempre"

    Inhalé con un poco más de fuerza, mordiendo el interior de mi mejilla en silencio.

    Espero poder demostrar lo mismo pronto.

    —No vayas a reírte, ¿de acuerdo? —comenté de repente, dejando escapar el aire por la nariz. Laila seguía con la mejilla apoyada en mi coronilla, y mi pulgar continuaba deslizándose de tanto en tanto con suavidad—. Pero te compré una cajita de dorayakis, como las de la otra vez. Iba a dejártelas en tu casillero a modo de disculpa por si no lograba acercarme, pero me entretuvieron y mi plan secreto falló.

    Algo de sangre se me subió al rostro al ser consciente de lo infantil que sonaba eso y desvié la mirada casi por reflejo, a pesar de que no me estaba mirando. No iba tampoco a darle detalles de que un tipo me arrastró en medio de un arranque de ira hacia la sala de un club y que una kohai me salvó de una conversación que no necesitaba tener de momento. No quería preocuparla más y de momento estaba bien así, no le estaba contando ninguna mentira tampoco.

    >>Me alegra haberme animado a hacerlo en persona.
     
    Última edición: 25 Febrero 2021
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    Era una estupidez, bueno a mí me lo parecía, pero en ese momento llegué a preguntarme si Jez se hacía ese tipo de cuestionamientos en su día a día, sobre qué pasaría si hubiese negado la ayuda o suporte que alguien necesitaba o a secas no se le pasaba por la cabeza. Creía que era el segundo caso, estaba casi segura, porque tampoco me podía imaginar a alguien como ella viviendo con ese eterno miedo que yo sentía. La ansiedad palpitante, el temor de hacer algo mal o ser reemplazada.

    Vete a saber por qué andaba pensando esas mierdas a la vez que estaba tratando de ayudarlo, pero no era como si mi cabeza se callara en algún momento realmente. No se trataba de un archivo continuamente en funcionamiento, era un monstruo que a veces deseaba arruinarme hasta el mínimo momento de paz. Era precisamente ese monstruo el que me había dejado destrozada en un baño de la escuela.

    Su tacto en mi mano me detuvo la respiración un segundo, creo que no fui consciente hasta ese momento de que llevaba ya un rato allí, mimándolo como si fuese un niño y algo de color me subió a la cara de golpe. De cualquier manera no me moví, me quedé allí y recibí su caricia.

    Pensé que iba a guardar silencio entonces, que nos íbamos a quedar allí solo con la compañía del otro pero volvió a hablar y enarqué una ceja.

    ¿Que no me fuese a reír?

    Mi expresión se suavizó de inmediato cuando continuó. Podía haber llorado como desquiciada, haberme molestado y haber rabiado hasta el cansancio, pero fue quizás hasta ese momento que de verdad pude convencerme de que no había sido su intención lastimarme, que solo era un idiota de dieciocho años, evitativo como él solo y tampoco había pretendido ayudarle demasiado con su misión de dejar de serlo.

    Él había dado un paso al frente, así que quizás debía darlo yo también.

    Un paso para dejar de vivir con miedo.

    —Shawn. —Lo llamé mientras despegaba la mejilla de su coronilla y me separaba un poco de él—. ¿Cómo me voy a reír de eso? Será una caja de dorayakis pero me hace feliz.

    Llevé mis manos a su rostro, las posé en sus mejillas y lo hice girar el rostro con cuidado para poder dejarle un beso en la frente, sobre el flequillo. Me quedé allí porque tampoco me apetecía que me viera la cara con la estupidez que estaba por hacer, que me había guardado por tanto tiempo como si fuese un pecado externalizarlo.

    —Te quiero, idiota.


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    La tontería de los dorayakis lejos de hacerle reír le causó ternura, y fui yo quien soltó el aire por la nariz con algo de gracia, encogiéndome de hombros ante su pregunta. Ahora que había dado un pequeño paso al frente, y lejos de caer al vacío me habían sostenido con firmeza, me resultaba absurdo haber intentado seguir evadiéndolo con una idea de ese calibre. Pero le había hecho feliz y aún tenía los dulces en mi mesa, así que podía darme por satisfecho suponía.

    Abrí un poco más los ojos cuando sostuvo mis mejillas con ese mismo cuidado, y dejó un beso sobre mi flequillo. Me arrancó una suerte de sonrisa notar que permanecía unos segundos allí, nacida de la más profunda ternura y me di cuenta entonces, por la sensación de calidez que se extendió por mi pecho, que llevaba demasiado tiempo sin sonreír de verdad.

    "Te quiero, idiota"

    Permanecí unos segundos allí, bajo su tacto, procesando quizás el peso de sus palabras. Después de todo lo que había pasado entre nosotros se sentía irreal, que hubiese tenido la paciencia de esperar por mí de esa forma. Que hubiese logrado regresar a ella. Pero lo hicimos, y eso era todo lo que importaba en ese instante.

    Le permití unos segundos para recomponerse, allí oculta sobre mi flequillo, y lentamente me separé para poder encontrar sus ojos. Posé una de mis manos sobre su mejilla con mimo, le brindé la misma sonrisa que me había arrancado segundos antes, la sonrisa de niño, y me incliné hacia ella hasta presionar mis labios sobre los suyos con suavidad. Fue un roce leve, pero estaba cargado de palabras no dichas.

    Me separé no mucho después, y rodeé sus hombros con mi brazo para estrecharla contra mí, como había hecho antes conmigo. Había intentado mantenernos a flote a ambos durante demasiado tiempo, quizás era momento de que pudiese descansar también. Brindarle, quizás, su propia suerte de refugio en caso de que lo necesitase.

    Convencerle de que ya no había nada que temer.

    —Yo también te quiero —murmuré. Mi mirada se posó en el techo, y me pregunté si podría escuchar los latidos desaforados de mi corazón en ese instante. Me permití cerrar los ojos por un momento, allí tan solo con la compañía del otro, y entonces fui consciente de ello.

    De que mis hombros ya no pesaban.

    He talked to me too and im so soft right now wth??? i didnt expect anYTHING FROM THAT

    Si estás muy ocupada estos días y tal yo por mí me doy más que satisfecha por aquí babe <3
     
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    Inmediatamente después de que lo dije sentí que me cayó encima una cubeta de agua fría, había pretendido sacarme el miedo de encima pero en su lugar lo había invocado. Sentí un deseo terrible de levantarme, echar a correr y encerrarme en el baño de nuevo, aterrada de su respuesta aunque me había hecho a la idea de no esperar ninguna.
    Pero me daba horror, la sola posibilidad de que no respondiera o solo consiguiera terminar de apartarlo me aterraba de una forma espantosa. Era ese miedo el que me había hecho estar callada tanto tiempo, hasta que aparecieron los monstruos y temí no ser más que un fantasma.

    Si permanecí allí fue porque me forcé de forma consciente, porque sabía que decírselo y dejarlo no era correcto, digamos que era mi versión de la terapia de choque. Pero estaba tan asustada que sentí que me iban a comenzar a temblar las manos en cualquier momento y el tiempo que le tomó reaccionar me pareció eterno, cuando se removió, encontrando mis ojos, estuve por desviar la mirada hacia cualquier parte con tal de no enfrentarlo. Al menos tuve el impulso hasta que vi su sonrisa, era la sonrisa de un chiquillo, y el miedo desapareció de golpe. Notarlo me hizo sentir ganas de llorar.

    Y el imbécil me besó, allí en el rellano luego de haber estado hecho un desastre.

    El corazón se me descontroló en el pecho, sentí que amenazó con subirme escapárseme por la garganta incluso, pero el cuerpo me respondió en automático correspondiendo el gesto. Fue apenas un roce breve, pero Dios, cargó consigo un montón de cosas y tuvo esa capacidad de silenciar el miedo, de mantener el silencio por fin.

    Lo dejé pasarme el brazo sobre los hombros, básicamente invirtiendo los papeles, y casi que me acurruqué en su pecho sin siquiera pensarlo. Cerré los ojos mientras soltaba el aire despacio y en los labios se me formó una sonrisa de idiota cuando lo escuché decir que también me quería.

    Gracias.

    —Bueno más vale que esos dorayakis no hagan que ya no quepa en el vestido de mañana —murmuré mientras me enderezaba lo suficiente para dejarle un beso en la línea de la mandíbula, mientras volvía a acurrucarme me pensé un rato la estupidez que iba a preguntar. La voz me salió bastante más baja, con cierta cuota de nerviosismo—. ¿No quieres acompañarme?


    Us: sí sí es rápido
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    I'm chillando ;-; Por mí no hay problema con seguir bby uwu pero si tienes muchas cosas abiertas y tal dejamos por acá y todo bien ♥
     
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    Era bastante irónico, si me preguntaban. Había tenido que perderme a mí mismo y todo lo que creía importante en mi vida para darme cuenta de lo que realmente necesitaba, de lo que permanecía aún fuera en las malas. Estaba hecho un completo desastre, no tenía idea de qué iba a ser de mí en un futuro próximo e incluso tenía deudas y demás mierdas pendientes, pero en ese momento no podían importarme menos. Mis problemas resultaban insignificantes si podía seguir allí, acurrucado en el rellano con ella aunque fuera un rato más.

    Era increíble cuánto tiempo había estado huyendo de mi propia felicidad. ¿Podía siquiera ser más estúpido? Lo dudaba.

    Le permití acomodarse sobre mi pecho y la mano que la atrajo hacia mí comenzó a acariciar su cabello, con movimientos suaves y rítmicos, invitándola a relajarse y quizás relajarme a mí en el proceso. Lo estaba disimulando como un campeón pero había temido que dejarme llevar fuese un error. Que no correspondiese el gesto, que la abrumase o no fuese el momento indicado. Pero aunque fugaz lo había hecho y todas las dudas y los remordimientos se esfumaron, dejándome respirar con libertad de nuevo.

    —¿Hm? —Despegué la mirada del techo, con un movimiento perezoso cuando su voz me alcanzó. Depositó un beso sobre mi mandibula que amenazó con arrancarme otra sonrisa estúpida y la estreché con algo más de fuerza cuando volvió a acurrucarse—. Si no puedes comerlos puedo sacrificarme yo por los dos, solo digo.

    Pareció dudar por un momento y cuando su pregunta me llegó, algo más insegura que el resto, no pudo evitar asemejarse a una niña. Sentí el impulso de dejarle un beso sobre el cabello, mientras reflexionaba mi respuesta. No es que me encontrase con el mejor humor para una fiesta, la verdad, pero no me importaba hacer el esfuerzo por ella.

    —¿A qué hora quieres que me pase a recogerte? —respondí su pregunta con otra pregunta, con algo de gracia en la voz. Era una fiesta de gala, ¿no? Había que hacer las cosas bien, o no se hacían a secas—. Me vendrá bien para distraerme un rato. Además que no es algo que tengamos la oportunidad de hacer a menudo. Juntos, quiero decir.

    Andy: que a mely no le importa seguir? Hold my softness for a second
     
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    No sabría decir si éramos caóticos o tercos como mulas nada más, porque habíamos tenido que hacernos trizas por separado para terminar allí por fin. Porque ninguno de los dos era idiota aunque podíamos aparentarlo sin problema, era evidente desde hace tiempo el espectro por el que nos movíamos a pesar de no decirlo nunca, a pesar de seguir tratándonos entre compañeros de club, desconocidos o rivales.

    También podíamos decir que solo éramos estúpidos.

    Su caricia fue casi un arrullo, siguió sacándome tensión y miedo de encima y me hizo repentinamente consciente de que estaba agotada. Estaba absolutamente exhausta porque llevaba días tensa y asustada, negándome a dar un solo paso al frente por ello. Sin embargo había bastado una caricia para destrabarme las articulaciones, aflojarme los músculos y que mi propia cabeza me dejara en paz.

    —¿Qué? —solté a los de los dorayakis—. ¿Tanta complicación para dármelos y ahora voy a dejar que te los comas tú en mi lugar? ¡Son míos!

    Lo solté con fingido tono de molestia, no me lo creía ni yo la verdad. Bueno, tampoco era que me los tuviese que zampar todos de una sentada, ¿verdad? A ver si tenía la fuerza de voluntad para dejar algunos para el desayuno por lo menos, ya con eso valía.

    Solté el aire de golpe cuando preguntó que a que hora pasaba por mí porque realmente le pregunté porque sí, no creía que estuviese de humor para ir a una fiesta pero tampoco consideraba muy bueno que se quedara en casa o lo que fuese, si al menos íbamos juntos podía distraerse un rato.

    —La invitación esa dice que comienza a las siete, ¿una media hora antes? Podemos pasar a comprar más dorayakis —comenté a modo de broma mientras le daba un codazo suave en el costado—, y si nos aburrimos de la fiesta nos escapamos por ahí a comerlos.

    Me aflojé un poco de su agarre, llevé la mano a su mejilla y le busqué sus labios de nuevo, lo besé con algo más de firmeza que antes. En realidad era solo como si le estuviera repitiendo que lo quería sin tener que decirlo directamente, no hubo ansiedad alguna ni nada, lo besé con calma y como si pretendiera terminar de creérmelo quizás. No buscaba abrumarlo tampoco, lo dejé tranquilo poco después y estiré la mano para tomar la suya, entrelazando nuestros dedos antes de dejar caer la cabeza en su hombro.

    —Gracias por aceptar.
     
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    Se me escapó una risa baja que me vibró en el pecho y me destensó aún más el cuerpo si cabía. Era un detalle insignificante en comparación a todo lo que realmente se merecía, la cajita de dulces, pero lo apreciaba de verdad y me parecía realmente hermoso. Alcé las palmas de mis manos en señal de inocencia desde mi lugar, un poco por seguirle la gracia.

    —De acuerdo, de acuerdo, lo capto. Todos tuyos.

    Al parecer la fiesta empezaba a las siete, y en teoría el lugar era... ¿Chiyoda, había leído por encima? Media hora me parecía más que suficiente. Sabía que la casa de Laila no quedaba realmente lejos y podía pillar el coche de papá, después de todo su condición para que me sacase el carnet a los dieciocho era que conduciese a menudo así que ahí lo tenía. La idea de ir a comprar más dulces por si luego nos aburríamos, aunque fuera una broma en sí me pareció buena y asentí, satisfecho con el plan en general.

    —Procuraré llevar servilletas o algo. No queremos ninguna catástrofe sobre los trajes de gala, ¿verdad? —bromeé. A mí me daba un poco lo mismo porque tenía varios trajes que había heredado de papá, de cuando aún nos movíamos por las élites y teníamos que ir de etiqueta la mayor parte del tiempo, pero dudaba que en general la gente pudiese permitirse manchar un vestido o un traje de ese tipo así por las buenas. Me costó unos segundos reaccionar cuando volvió a buscar mis labios, casi como si yo también necesitase un momento para creer que aquello era cierto, pero correspondí el gesto con la misma calma. Entrelacé mis dedos con los suyos, negando con la cabeza en mitad de un susurro—. No tienes que agradecerme nada.

    Me di cuenta en ese momento de que quizás la postura era un tanto incómoda para ella, allí sentados en un rellano cualquiera, y tras soltarle una disculpa breve me removí sin soltar realmente su mano en ningún momento. Me arrastré con cuidado hasta apoyarme en la pared de atrás, atrayéndola también conmigo, y flexioné las rodillas para permitir que inclinase la espalda sobre mi pecho. Le deslicé un mechón de cabello detrás de la oreja, estampándole un beso en la mejilla antes de rodearla con ambos brazos de nuevo.

    —Mucho mejor, ¿no? —comenté, echando un vistazo al pasillo de abajo bastante desierto en general—. Ahora que lo pienso quizás venga cierto renacuajo en el asiento de atrás cuando vaya a recogerte. Debería hablar con él.
     
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    No era tanto que creyera que los salidos que se habían inventado la fiesta nos fuesen a dar tiempo para aburrirnos, en sí el plan de respaldo medio en broma medio en serio lo había dejado al aire más por sí de repente se sentía abrumado o los supuestos anfitriones se les iba mucho la pinza, qué sé yo. Siempre era mejor prevenir que lamentar digamos.

    Solté una risa floja ante el comentario de las servilletas, algo de razón llevaba obviamente, ya me jodería a mí arruinar el vestido que me había conseguido mi hermanastro de esa manera. No era que Richard pudiera andar despilfarrando dinero de aquella manera, ya mucho había hecho ayudándome con ese asunto y solo faltaba que fuese manchar ropa fina.

    Parpadeé un par de veces con cierta confusión cuando soltó una disculpa de repente antes de acomodarse y arrastrarme consigo. No me había parado a pensar que en realidad la posición de antes era algo incómoda hasta que la corrigió, me dejó inclinar la espalda sobre su pecho y me corrió algo de cabello tras la oreja. Toda la cuestión me subió el color al rostro bastante de golpe, me cosquillearon las mejillas y sentí la piel caliente, sobre todo luego del beso. Asentí apenas con la cabeza, la verdad es que sí estaba más cómoda.

    Su cuerpo era tibio y la cercanía me reconfortaba.

    Di un respingo cuando mencionó a Yule.

    —Quedé con Yule para ir a buscar las máscaras hoy, así que sí, más te vale hablar con él más tarde. —Me hice pequeña allí entre sus brazos y se formó una sonrisa ligera en los labios—. Me ayudó mucho estos días, es un buen chico.
     
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    Me hacía algo de gracia ver cómo habían cambiado los papeles en comparación a hacía cuánto, ¿quince minutos? Mimándome como un chiquillo en un intento por sostener mis fragmentos, y ahora era ella la que se hacía pequeña entre mis brazos sin más. Todos y cada uno de mis gestos eran una especie de recordatorio implícito, de que la quería y tenía mucho que agradecerle como para dejarle siquiera cargar con todo ella sola.

    Yo más que nadie sabía lo que era eso, ¿no?

    —¿Ah, sí? —Imaginar la ilusión que debía hacerle a Yule hacer algo así con Laila me arrancó una sonrisa pequeña sin ser apenas consciente—. Eso explica por qué no encontré ninguna máscara en su cuarto cuando me colé para ver su outfit. ¿Tienes algo en mente para ti?

    Me alivió saber que dentro de toda la mierda de esos días al menos se habían tenido el uno al otro. Yule no era bueno para hacer amigos, por eso los pocos que había conseguido hacer los atesoraba realmente y Laila era uno de ellos. La verdad es que no podía dejarlo en mejores manos.

    Dejé caer un poco los hombros y suspiré con pesadez.

    —Lo haré antes de la fiesta, pero de momento voy a seguir recuperando energías. Mucho esfuerzo por hoy —exageré un poco el cansancio en mi voz, y miré el reloj en mi muñeca desde mi lugar. El receso estaba a punto de acabar—. No te olvides de venir a recoger tus dulces luego.
     
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    Hace unos días había estado encerrada en un baño rabiando, al borde de gritarle al aire hasta de lo que se iban a morir Tolvaj y Astaroth, pero bastaban dos mimos y ya estaba allí, como si nada y tan tranquila que fácilmente me podía quedar dormida. Asentí a la primera pregunta un poco porque sí, no era que hiciera falta en realidad, y tomé un mechón de mi cabello para enrollarlo alrededor de mi dedo.

    —Podría decirse, pero ahora será sorpresa~ solo te adelanto que al menos el vestido es rojo, solo para que lo tengas en cuenta. —Casi daba risa que hubiéramos estado evitándonos y ahora yo estuviera soltándole eso, pero no era que fuese a quejarme—. Vale. Si te pone alguna pega dile que yo te mandé a hablar con él, supongo que eso debería bastar.

    Dejé ir el mechón de cabello despacio para volver a tomar su mano sin ninguna intención más allá de buscar contacto. Lo cierto es que nunca lo había externalizado, lo había dejado correr por el maldito miedo, pero una parte de mí ansiaba poder tocarlo. Que me dejara abrazarlo, tomar su mano, besarlo, lo ansiaba de forma estúpida y casi podía decirse que yo misma me había privado de ello al nunca hacer nada, pero ahora el paso estaba dado y podía hacerlo.

    —Ahora que regresemos me los alcanzas. —Acaricié el dorso de su mano con el pulgar—. Ojalá no tener que regresar a clase.

    Solté un suspiro bastante pesado, no era la clase de cosas que admitía con frecuencia teniendo en cuenta que trataba de mantener mi aspecto de chica aplicada y toda la cosa, pero ese día en particular no quería dejar ese rellano, quizás una parte de mí creí que el espejismo que había logrado formar iba a destrozarse apenas tuviéramos que volver al pasillo.
     
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    No esperaba que me fuese a soltar la información como si nada, tampoco es que la fiesta me emocionase especialmente ni nada y por mí le soltaba lo que pensaba llevar pero respetaba que le hiciese ilusión. De hecho parecía un evento al que mucha gente de nuestra edad se moriría por ir, y al que incluso yo mismo hubiese acudido con la fachada de príncipe francés o vete tú a saber solo por seguir con la imagen de todos estos años.

    Pero ahora simplemente iba por Laila, y lo sentía bien así. Era mucho más genuino que seguir puro teatro, si se quiere.

    —Conque rojo. Nada mal —Aunque lo comentase un poco porque sí, era la primera vez que podría verla con algo que no fuese el uniforme escolar y el salto a un vestido de gala era bastante grande. La idea digamos que me dio un motivo más para quitarme la amargura que me cargaba de encima—. Podría buscarme algo para ir a juego. Una corbata, por ejemplo.

    Asentí a lo de Yule de manera vaga, ya sería un problema con el que el Shawn del futuro tendría que lidiar. El tacto de su mano era cálido y volvió a tener ese efecto de silenciar el ruido en mi cabeza, de restarle importancia y recibí su caricia con gusto. No dejé de abrazarla en ningún momento, y si no fuera por la campana no lo haría en un buen rato.

    —Te diría de quedarnos aquí, pero no quiero ser una mala influencia y ya tenemos suficiente con un negado de la escuela entre los dos —Apoyé mi mentón en su hombro, afianzando ligeramente el agarre. Tenía mucha materia atrasada igual, pero la idea sonaba demasiado tentadora—. Podemos saltarnos el club e ir a cualquier otro lado. Hay un parque bastante bonito cerca de aquí. ¿Te parece?
     
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    ¿Todo el asunto de la fiesta me había hecho esa ilusión antes, en el momento en que vi la invitación? No realmente, había pensado en ir para distraerme de la mierda un rato, solo si Jez iba y luego pensando también en la posibilidad de pasar tiempo con Yule, que le estaba agarrando mucho cariño y me agradaba la idea de vernos fuera de la escuela.

    ¿Ahora? Bueno, todo lo anterior se mantenía pero las posibilidades se habían ampliado un poco, ir con Shawn no estaba en los planes pero ahora pensaba que podía ser divertido al menos un rato, luego teníamos el plan de los dorayakis por cualquier cosa. No pensaba arrastrarlo pensando en que se metiera en su papel de príncipe de nuevo, ni de coña, aunque iba a dar toda la pinta con un traje y tal, pero la idea era que fuese... Pues como era y ya está, que pasáramos el rato junto y poco más.

    Se me formó una sonrisa de idiota en los labios cuando escuché lo de que podría buscarse algo para ir a juego, era una tontería tal vez, pero ese solo detalle aumentó la ilusión que había comenzado a sentir. Asentí suavemente con la cabeza, todavía con algo de color en el rostro.

    Lo sentí apoyar el mentón en mi hombro luego de contestarme y solté un suspiro algo resignado, porque la verdad tenía razón, además tenía que tomar apuntes para el proyecto ese que teníamos, para compensar el día que me había saltado las clases. Además no podía darme el lujo de andar haciendo el vago de semejante forma, por más que quisiera.

    Incliné la cabeza para apoyarla suavemente en la suya, así como estaba, y seguí acariciándole la mano como la tonta que había sido toda la vida, cuando afianzó el agarre solo consiguió que mi sonrisa se ampliara algo más.

    Dios, ni me había dado cuenta cuándo había comenzado a quererlo tanto.

    —Suena bien, cariño —respondí tan bajo que no supe si me escuchó, aunque con lo cerca que estábamos tampoco debía costarle demasiado—. Debe ser bonito para mirar el atardecer y eso. Mira, hoy que estoy tan generosa hasta te puedo invitar a una soda de la máquina para beberla en el parque.


    Me crying all over the floor for my babies
     
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