*- O l i m p o -* [Kaidoh Kaouru]

Tema en 'Prince of Tennis' iniciado por ~Gris Ootori Fuji~, 19 Agosto 2010.

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    ~Gris Ootori Fuji~

    ~Gris Ootori Fuji~ Usuario popular

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    *- O l i m p o -* [Kaidoh Kaouru]
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    *- O l i m p o -* [Kaidoh Kaouru]

    Fujiwara Hikaru se ajustó la falda para sentarse bajo la sombra de un árbol de sakura. Una vez consiguió sentarse y acomodarse adecuadamente, sacó un libro para seguir leyendo; estaba interesante el librito este…
    ¿En dónde se había quedado?
    Ah sí, página cinco.
    “… No podré olvidar esas piedras que se encuentran colocadas en un círculo, sobre la llanura de Salisbury. Aunque quién las colocó allí es difícil de decir, los romanos, o Merlín o los daneses…“
    ¡Listo!, hasta aquí había llegado.
    No podía continuar más, tenía en su mente algo o alguien.


    NO, era más bien un peculiar sonido “Fshhh” un siseo, sí, eso era.
    Se recostó contra el árbol, cerró los ojos, respiró profundo y cuando los volvió a abrir vio a pocas distancias a alguien que se le hacía conocido…

    “Ah claro, sempai”

    Por supuesto que lo había visto antes, claro. Era el Inui-sádico-loco-espeluznante-sempai-Sadaharu… pero…
    ¿¡Qué demonios!?
    ¿Acaso era un escarabajo lo que estaba tomando entre sus manos?
    “Puaj”

    … Hikaru estaba observando al sempai cuando los anteojos rectangulares horribles resplandecieron ante la mirada de ella, se asustó, era difícil no asustarse, porque…
    ¡Qué rayos!
    ¿Acaso la estaba mirando?

    Mejor no arriesgarse, así que tomó la mejor decisión de su vida: guardó su libro en la mochila y tan pronto como se levantó, giró para salir tras del árbol. Sin embargo, eso nunca sucedió porque lo siguiente que sintió fue a alguien que estaba encima de ella. Hikaru aún sentía los pajaritos girar sobre su cabeza y abrió los ojos y…
    … era Hombre,
    …y era
    …Musculoso
    … y…
    “Un adonis como pocas veces se ha visto”.

    — ¡Por Zeus! — exclamó audiblemente la pelirroja una vez clavó sus pupilas verdes en los ojos oscuros de él —. ¿Eres un Dios griego o algo por el estilo?
    —… Fshhh
    — Porque creo que estoy en el…


    *- O l i m p o -*



    Fujiwara Hikaru salió de su aula de segundo año y caminó apresuradamente por los pasillos de la Seigaku con la esperanza de llegar a la salida sin importar a quién se llevara en su camino…

    La pelirroja giró para encontrarse con que su compañero Kaidoh Kaoru miraba al piso aparentemente avergonzado y de alguna manera experimentó cierta congoja al notar su pesar.

    ¡Mierda! ¡¡¿Qué rayos?!! ¿Por qué le había dicho eso?
    Aún recordaba ese día…
    Dios! ¡Qué estúpida!
    “¿Eres un Dios griego o algo por el estilo?” se burló de sí misma…

    ¿Cómo demonios se le ocurrió decir eso? Pero al verlo girar y marcharse hacia, supuso ella, su entrenamiento de tenis de la tarde, lo encontró encantador, todo un adonis.

    El sonrojo que apareció en el rostro de la muchacha fue de tal grado y agudeza que empezó a correr para encontrar un poco de agua que le bajara el bochorno, lo que no se esperaba era…

    — ¿Qué le pasa a Mamushi? — Momoshiro Takeshi se encontraba intrigadísimo, es que era realmente sorprendente… ¿Cuántas veces Kaoru Kaidoh había fallado el boomerang snape en el entrenamiento de la mañana? Estamos hablando de Kaoru Kaidoh ¡Dios!
    — Creo que es pelirroja, con ojos verdes y una figurita… — El tono de voz sensual y maliciosa que le aplicó Fuji Syusuke a sus palabras dejó curioso al morocho de ojos violetas, quien abrió los ojos tan grandes que no cabía en su cara. Syusuke empezó a secar su rostro con la toalla esperando la obvia respuesta de su kouhai.
    — ¡Fuji-sempai! ¿Qué es lo que sabe? — ¡Ah no!, Momoshiro no se podía quedar con el chisme a medias y se acercó más al castaño —. Cuéntemelo todo y exagere.

    Syusuke sonrió más pronunciadamente cuando notó a Kaoru acercarse hacia donde estaban ellos. Esto iba a ser divertido, sin duda.

    — Fujiwara Hikaru-san le dijo a Kaidoh que le gusta—
    — ¡ESO NO ES VERDAD! — el grito que pegó Hikaru provocó la atención de todos los presentes y, dicho sea de paso, que Kaoru Kaidoh escupiera toda el agua que hace tan sólo unos segundos había empezado a beber.

    Syusuke articuló su sonrisa maliciosa y sus ojos azules se hicieron presentes.
    Hikaru frunció el ceño. ¡Demonios!

    — Pero… miren a quién tenemos acá — Syusuke parecía disfrutar de la situación y con sólo una mirada delineó a la muchacha de pies a cabeza. A Hikaru esa mirada la dejó nerviosa.
    — ¿Eh?

    Kaidoh se había quedado paralizado en su lugar. Hikaru al ver a Kaoru con su mirada hecha mármol, había girado sobre sus talones y había empezado a caminar hacia… qué-sé-yo.

    Momoshiro se acercó a Mamu-… Kaidoh y le dio varios golpecitos en la espalda porque Kaoru había empezando a toser y golpearse el pecho.

    — ¡Qué suerte tienes, Mamushi! — Momoshiro envidió al de la bandana mientras las palmadas suaves que le estaba aplicando en su espalda iban aumentando de fuerza.
    — A… a… — Kaoru estaba a punto de replicar algo como a quién le dijiste mamushi pero se encontraba tan contrariado que no puedo evitar no decir nada. Syusuke se acercó…
    — ¿Cuánto tiempo nos ibas a ocultar que Hikaru-san es tu novia, eh? — Syusuke reía divertido por dentro. La expresión que se había formado en el rostro de Kaidoh parecía como si… le hubiesen dicho que habían ganado los nacionales o algo parecido.
    — ¡Pícaro! — esta vez fue Momo quien agarró los cachetes de Kaidoh y los empezó a presionar.
    — ¡CALLA! YO NO SOY NOVIO DE—
    — ¡Nya! ¿Kaoru tiene novia? — ¡genial! Para que la situación sea completa no podía faltar el entusiasmado Eiji Kikumaru que se prendió del cuello de Kaoru.
    — Y es bonita — apoyó Syusuke.
    — Entonces tenemos que arreglarte para una cita con ella… ¡Hoi, hoi! — Kikumaru mostró dos dedos en un símbolo de victoria y le guiñó un ojo.
    — Ustedes no saben nada de chicas — Inui apareció tras de todos causando que Momo y Eiji saltaran de la impresión.
    — ¿¡Pero como…

    Inui se ajustó los anteojos.

    — Hay 95% de probabilidades de que no sepan nada de chicas.
    — ¿Por qué dices eso, Inui? — Momoshiro y Kikumaru se veían realmente ofendidos. Inui se aclaró la garganta y seguidamente abrió su libreta para dar paso a su información.
    — Kikumaru, en tu cita de la semana pasada derramaste todo el helado en el vestido de la chica — los anteojos de Inui resplandecieron. Eiji tragó saliva y el color carmín de su rostro se elevó de la vergüenza —. Y Momoshiro ¿No estrellaste tu bicicleta en la bici de ella?

    Momoshiro se rascó la cabeza sonriendo, nervioso.

    —… y eso es lo que tienes que hacer, Kaidoh — Syusuke había finalizado.
    — ¿Eh? ¿Qué le dijiste, Fujiko? — Kikumaru estaba haciendo puchero por no haber escuchado la conversación entre Kaoru y Syusuke.
    — Nada —Admitió Syusuke, aunque nadie le creyó.
    — ¿A dónde vas mamushi?
    Cuestionó Momoshiro una vez vio a Kaoru tomar su cosas y dirigirse hacia cualquier parte menos a las canchas de tenis.
    — Fshhh — Kaoru concluyó que no era necesario dar explicaciones, pero se sabía su cuento y tenía que ir a hablar con Hikaru Fujiwara así que…
    — ¡Pero el entrenamiento aún no termina!

    ¡Mierda! Entonces tendría que esperar… ¡Maldito entrenamiento!

    *+

    ¡Genial! ¡Genial! ¡Genial! ¡Genial! ¡Genial! ¡Genial! ¡Genial! ¡Genial! ¡Genial!
    Un montón de ‘genial’ pasaban por la cabeza de Hikaru… esto era ¡genial! No en el sentido de ¡genial! bonito, más bien en un ¡genial! Desganado y asustado, ¡maldito genial! Era el fin del mundo, estaba muerta, dead, morte, extinta, era el Armagedón, el Apocalipsis… era… ¡Genial!

    “Vamos Hikaru, no puede ser tan malo, simplemente tu… No, no, no. Cálmate, Hikaru, cálmate. Ya descubrieron que me gusta Kaidoh Kaoru. Esto arruinará mi vida social…” no dejó de recordarse eso durante el resto del día, yendo de camino a casa abstraída en sí misma, discurriendo la mejor forma para huir de un futuro que a esas alturas se mostraba axiomático e infalible. Y ahora que lo pensaba mejor… “Eres un Dios griego” se transformaba en “Me gustas”
    ¡Demonios!
    ¿Habrá sido más estúpida para revelar el SE-CRE-TO de toda su vida?…

    Bueno, lo admitía, el chico sí le gustaba y mucho, por eso todos los días se ubicaba bajo la sombra del mismo árbol, con un libro de… quién-sabe-qué-libro, la idea era disimular y, en ese lugar, tenía la mejor vista, siempre era un cuadro irremediablemente atractivo, quizá tantos libros que había leído sobre mitología griega la había llevado a decir que era un Dios aunque pensándolo bien, Kaidoh Kaoru lo era.
    En fin.

    El cuadro que todos los días ella presenciaba y observaba era de un chico con una bandana en la cabeza, en bivirí negro mojadito por el sudor claro, unos short blancos y obviamente sus zapatillas, que trotaba y trotaba con un gesto de malhumor incuestionable y levemente agotado con la toalla colgando por el cuello… sin duda, la mejor hora de la tarde, claro hasta que lo veía perderse al final del camino, momento que le indicaba que era hora de marcharse a su casa.

    Hikaru se detuvo frente a aquel árbol de Sakura. Los ojos verdes resplandecían con preocupación y tuvo que tragar saliva para desarmar el nudo que se había formado en su garganta.
    ¿Acaso su rutina se había terminado?
    Suspiró.

    *+

    Fujiwara Hikaru, ante el llamado de su nana desde las afueras de su habitación, se envolvió con sus sábanas… no quería ir a la Seigaku, no hoy. Tenía que impedir su ruina social.

    ……
    ………
    “No sabía que Fuyume-san era tan violenta” bufó con resignación, evidentemente nunca jamás había necesitado de alguien para levantarse temprano, era responsable, no obsesiva.

    Entró con nervios a la Seigaku, arrastrando reticentemente sus pies por los pasillos bulliciosos y revueltos del colegio, caminó, caminó, un paso, uno más… puerta-segundo-año y…

    Hikaru se sentó abatida en su lugar, completamente desamparada ante las miradas que recibía por parte de todos sus compañeros de aula. Sólo podía preguntarse una cosa: “¿Eso quiere decir que todos saben mi SE-CRE-TO?”
    Tragó saliva perceptiblemente. ¡¡Merlín!! ¡¿Podría haber sido más estúpida?! Se mordió el labio inferior, gesto que la caracterizaba cuando se ponía a pensar o estaba nerviosa. Apoyó su rostro en la palma de su mano y se fijó en… Perfil/Kaidoh/Kaoru ¿En qué momento su mirada se había desviado? Rápidamente volvió a posar su vista en su libro… necesitaba el apoyo moral de alguien…

    *Beeeep, beeeep, beeeep*

    Eso fue el celular de Fujiwara, que causó que la pelirroja saltara del susto, recibiendo nuevamente las miradas de sus compañeros y la sonrisita nerviosa por parte de ella, cuando se fijó en su aparato tecnológico pudo leer lo siguiente dos puntos.
    “Hika-chan!!!! Ya stoy aki asi k vuelat las clases o mueret… vengo desd Kanagawa x ti”

    ¡Bien! El apoyo moral estaba aquí.
    ¡Momento! ¿Quién demonios era? No tenía remitente, no ubicaba el número en su registro… pero claro, este sms ‘Tan cariñoso” era evidencia de nada más y nada menos…
    OMG!!!
    Ootori Gris.

    Hikaru se puso de pie y empezó a caminar con sigilo, midiendo cada paso que daba para no producir ni el más ínfimo sonido. Su cara estaba tensada en una mueca ceñuda gracias al gran esfuerzo que hacía para que Kaidoh Kaoru no la oyera. El alivio fue ganando volumen en su pecho a medida que se acercaba a la puerta. Ahogó un grito de júbilo cuando finalmente se encontró fuera.
    *+
    — ¡Hika-chan! — chilló Ootori Gris desde las afueras de la Seigaku pero sin intensión de moverse de su sitio. Hikaru respiró profundo, uno, dos, tres.
    — ¡GRIS! — lloriqueó Hikaru corriendo hacia su amiga para abrazarla. Gris la miraba entre divertida y curiosa, jamás había notado a Hikaru tan ‘fuera de sí’ en toda la vida que se habían conocido y claro, eso aún no lo recordaba… ¿Desde cuando la conocía? Bah! Que importaba.
    — Ya, ya, ya, deja tanto cariño — Gris la tomó de los hombros y la miró fijamente a los ojos medio llorosos de la pelirroja —. Te veo taaaan acabada.
    — Efectivamente. — Hikaru puso ojitos de perro apaleado —… No sabes lo que me pasó.
    — Déjame adivinar — Gris revolvió sus ojos y entonó —. Kaidoh Kaoru.
    — Es el fin del mundo… — la pelirroja hizo puchero —… ya sabe que me gusta.
    — ¡Perfecto!
    — No, nada de perfecto… — Hikaru zarandeó a su amiga de atrás para adelante una y otra vez —. Tu no tienes idea de quién es Kaidoh Kaoru… Jamás se fijaría en… Fujiwara Hikaru… JAMÁS.
    — ¡Bah! ¡Qué idiota! — habló Gris por lo bajo un tanto seria, pero luego volvió a articular una sonrisa que no traía nada bueno, nada —. Cuéntame lo que pasó.

    Por lo que le había dicho su joven amiga desde hacía como un año atrás, Gris se atrevía a calificar la relación que tenía Kaoru con Hikaru como una relación simbiótica, platónica, mutua, y que ninguno de los dos se atrevía a reconocer. Se conocían aunque no lo aceptaran, su mutismo era de tal grado que se acercaban y se alejaban al mismo tiempo, tal vez había que presionarlos un poco para que… llegaran a darse cuenta de que ambos se gustaban, bueno sólo un poco, lo necesario para que sea funcional.

    *+

    Caminar… trote… correr… Empapado en sudor… Correr… Pensar… Correr…
    Esa era la rutina del joven Kaidoh Kaoru, esa era la forma de ejercitar sus músculos. Quizá esa era una de las razones, pero no la principal. Solía trotar por el mismo lugar para poder verla
    ¿A quién? ¡Qué pregunta!

    Es pelirroja, ojos verdes, con un aire calmo e intelectual, esa era Fujiwara Hikaru a quien no conocía demasiado porque nunca se animó a acercarse mucho.
    Le parecía más interesante que el resto de las chicas por su carácter reservado, su respeto por las personas y su inteligencia. Sabía perfectamente que se sentiría cómodo a su lado pero al mismo tiempo se sonrojaba cuando la miraba, cuando sentía que le sonreía.
    Le gusta como es.

    Es la chica a la que más atención le había prestado durante sus últimos dos años en Seigaku. Ella para él era un MIS-TE-RIO.
    Encontraba encantador verla todos los días bajo el mismo árbol leyendo un libro que al parecer se le hacía interesante, adoraba eso. De cierto modo se había transformado en rutina, una manera de acercarse a ella, era como estar en el olimpo de cierto modo.

    Ambos se habían acostumbrado a las condiciones del otro como un lazo que los conectaba y un pilar que los sostenía: el árbol de sakura, el camino pavimentado, el canturreo de los pájaros, el libro…
    Ahhh pero ya basta de cursilerías…

    Fuji Syusuke palmeó la espalda de Kaoru, era hora de… comer sushi con wasabi, ¿A que era la cosa más deliciosa del mundo? Bueno… Kaoru fue técnicamente obligado a caminar junto a Syusuke acompañando al aludido con un exabrupto-siseo, cuando pasaron por el mismo árbol Syusuke recordó algo que había olvidado.

    — Kaidoh… — Fuji se detuvo misteriosamente justo a la altura del árbol de sakura—… lo siento, tengo que ver a Ootori Gris.
    — ¿EH?
    — Nos vemos.

    Se despidió dándose vuelta para emprender rumbo de regreso a quién-sabe-dónde. Kaoru bufó, ¿Había dejado su rutina de correr para que lo dejaran así? ¡Demonios! Estaba lanzando improperios al viento cuando vio el árbol y dudó un minuto, dio un último respingo y se acercó hacia él, tocó el troncó sutilmente y sonrió minucioso. ¡Bendito árbol! Lo observó unos segundos más y se sentó al pie de él sin saber que al otro lado del árbol, totalmente abatida y confusa con miles de sentimientos encontrados y unos ojos acuosos que contenían las lágrimas a duras tientas se encontraba Fujiwara Hikaru, sentada tal cual como Kaidoh Kaoru.

    — “Tal vez Gris-chan tenía razón”
    — “Quizá Fuji-sempai tenía razón… fshhh”
    — “Debo hablar con Kaidoh-san”
    — “Debo hablar con Fujiwara-san”
    — “¿Será que él siente lo mismo?”
    — “¿Será que ella siente lo mismo?”
    — “Debo descubrirlo” — los dos pensaron sincronizadamente y acto seguido se levantaron de donde estaban.

    Hikaru se levantó violentamente, estaba ciertamente dispuesta a salir corriendo pero con el impulso y la violencia con qué Kaoru rodeó el árbol cayó sobre la pelirroja.

    — ¡Ouch! — soltó Hikaru adolorida mientras sacudía su cabeza para que su cerebro lograra canalizar lo que sus ojos estaban viendo —. ¡Ay por Dios!
    — No soy un Dios griego — devolvió casi automáticamente sin querer Kaoru. Una sutil sonrisa apareció en los labios del chico.
    — Por supuesto que no — mintió la pelirroja en un desesperado intento por mantener oculto su más oscuro y mal guardado secreto.
    — Pero… — Kaoru se fijó en los ojos de ella, no entendía pero se sentía muy bien estando sobre ella porque era difícil la idea de dejarla escapar, finalmente concluyó con la cara a pocos centímetros de la de ella —. Siento que estoy en el olimpo.
    — …

    Hikaru en ese momento se quedó petrificada literalmente, en otras palabras, abrió sus ojos, como el mármol, muy grandes; su respiración se aceleró, y… y… y… no hubo respuesta alguna.

    Kaoru tomó eso como un total rechazo a su cuasi declaración…
    ¡Demonios!

    Esto era vergonzoso, por eso y sólo por eso, su rostro se tornó escarlata y cuando tuvo el valor de levantarse de donde estaba, la pelirroja tomó al muchacho que tenía enfrente por las solapas de su camisa y lo atrajo a ella.

    — ¡Momento! — Hikaru comenzó a acercarse peligrosamente a su atónito compañero pero antes de que sus labios pudieran toparse —. Yo también me siento en el olimpo.

    Un atisbo de picardía iluminaba los ojos de la pelirroja y… Respiró hondo para tomar fuerzas y robarle un beso con urgencia.
    Bueno, seamos francos, Kaoru se entregó a los labios de Hikaru con la misma desesperación con la que estaba siendo besado.

    — Ejem, ejem — ¡genial! Ese ‘ejem’ se le hacía conocido a la pelirroja pero no le prestó la menor importancia y continuó en la tarea de acariciar la espalda del chico mientras claro, seguían besándose apasionadamente. Kaoru, en cambio, no oyó nada.
    — Cough, cough — ¡fshhh! ese ‘cough’ a Kaoru no le pareció irreal era… era un cough de… ¡mierda! ¡Fuji-Sempai! Pero bah! ¡Qué importaba!

    Perezosamente, la pelirroja fue levantando los párpados aunque no pudo evitar empujar con fuerza al chico de la bandana cuando la imagen que avistó por encima del hombro del mencionado fue la de Ootori Gris cruzada de brazos sonriéndole pícaramente y la misma imagen era la de Fuji Syusuke quien mantenía en su rostro un esbozo de sonrisa bellaca.

    Kaoru y Hikaru parecían un tomate rojo, demasiado rojo, el tono rojizo que sus rostros expedían provocó que Gris llegara a una conclusión.

    — ¡Ajá! Bonito color.
    — Eh, ¿Qu-qué demonios hacen acá? — se expresó Hikaru, ofuscada, una vez se dio cuenta de que… ¡Habían arruinado su espectacular beso con Kaidoh Kaoru!
    — Ehhh, bueno, lo que pasa es que Syusu-kun y yo nos preguntamos si ustedes quisieran ir a… otro lugar en vez de dar escenitas… porque creí que ibas a hablar con él pero no pensé que las palabras dejaran de ser conceptos de manera que pasaran a ser cruzadas lingüísticas, es decir, de lenguas.
    — ¡¡NO!! — Contestaron ambos chicos con la misma voz escandalizada y el mismo color rojo apresando sus mejillas. Syusuke y Gris intercambiaron miradas y sonrieron divertidos.
    — Fshhh — desvió la mirada Kaoru llevándose la sorpresa de que a unos metros de distancia asomaban por la cerca de arbustos una cabeza roja, otra de pelos pinchudos azabaches, una gorra demasiado familiar (Sin duda había sido obligado, no que sea chismoso, nada que ver)… y unos anteojos relucieron ante su mirada y se perdió en la cerca de arbustos que lindaba el lugar.

    “Fshhh… No se puede tener privacidad” se lamentó Kaoru frunciendo el ceño al tiempo que se percataba de que habían sido descubiertos besándose y no sólo eso, NO, sino que él estaba encima de ella.

    *+

    Los días habían pasado, Gris había regresado a Kanagawa, Hikaru había retornado a su rutina habitual al igual que Kaoru, aunque ciertamente había una diferencia.

    Una chica permanecía sentada bajo la sombra de un árbol de sakura, aparentemente leyendo un libro que decía “El reino de las tres espadas” y comenzó “El Sol acariciaba el horizonte de las tierras aún dormidas de la larga noche. Los somnolientos ojos de Lancelot se apresuraban a abrirse. El frío del alba no entumecía al viejo soldado sino al joven hombre que todavía era…”

    Hikaru detuvo su lectura con una indeleble sonrisa impresa en su rostro, es que no podía creer su buena suerte, estaba en el olimpo. Kaoru se acercaba a ella, de hecho estaba en su rutina del trote y trote pero… ¿Por qué no darse una escapadita?

    Justamente, en estos últimos días, cuando llegaba al árbol y encontraba a la chica allí se desviaba de la rutina para sentarse un momento junto a ella. Kaoru dejó el trote y se acercó hacia dónde ella estaba y se sentó a su lado mirándola con aquella pícara sonrisa todavía en el rostro. Hikaru se tensó en su asiento.

    — ¿No…no deberías estar en el entrenamiento? — balbuceó nerviosa la pelirroja ante la repentina cercanía del chico de la bandana.
    — Va a llover, así que lo cancelé… fshhh — admitió Kaoru con una sonrisa en sus labios, aquella sonrisa que sólo una Hikaru Fujiwara lograba arrancar.
    — Ah — atinó a decir tontamente mientras sus cachetes cobraban un rosado excesivo.
    — Bien, vamos — Kaoru le extendió la mano, Hikaru lo miró un momento y seguidamente la tomó.
    — Sí.

    Acto seguido la chica-pelirroja-Fujiwara-Hikaru-ahora-novia-de-Kaidoh-Kaoru, se acercó al morocho robándole un beso, de esos que son inevitablemente tiernos, y caminaron tomados de la mano por el mismo camino que semanas atrás ella lo veía perderse en el horizonte. Una menuda garúa acompañaba a la pareja en su recorrido. Sin duda, esto era el olimpo.


    ~ Ĝ r I § •



    Y esto es para las fanáticas de Kaidoh Kaoru ^o^


    Espero que les haya gustado y si no, no escribiré más de Kaoru jojo xD


    Ok no._____.
     
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