Saint Seiya Malentendidos con un helado

Tema en 'Fanfics de Anime y Manga' iniciado por Arkannos, 24 Mayo 2022.

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    Arkannos

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    Título:
    Malentendidos con un helado
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Comedia
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    3312
    Advertencia; Personajes OoC, vulgaridades y albures.

    ¡Hola, hola! Aquí Safiro, después de mucho tome la decisión de volver a escribir este fic. Bueno, apenas llevo este primer capitulo y el resultado me ha gustado, espero que a ustedes también. No prometo cambiar las próximas dos historias, quizá solo las edite y ya n.n Espero les agrade la lectura.

    Les dejo la primera parte de la trilogía "Las tres H´s" : D

    Los personajes pertenecen a Masami Kurumada

    Helado

    El calor era insoportable. Si por los Santos Dorados fuera, ellos estarían en Antártida o la misma Siberia para no soportar el inclemente sol que atacaba al Santuario y a sus pobres habitantes.

    Se habían autoimpuesto la tarea de ahorrar suficiente entre todos para comprar ventiladores para cada una de las Casas Zodiacales -excepto Acuario- y de paso regalar desodorantes a la mayoría de los residentes del Santo lugar. Porque si no se morían de calor lo harían de asco.

    Nuestros queridos y apuestos Santitos se habían metido en la Casa de Acuario, pues como es bien sabido, el gran Camus además de ser frío en su trato también lo era en su cosmos. Y que decir de su magnífica y elegante casa, esa parecía un refrigerador, pero amueblado.

    Dentro del lugar Ángelo se encontraba sentado cómodamente en el sillón individual. Los otros chicos estaban ya sea en los sillones restantes o en el suelo, como Kanon que descansaba su cabeza en las piernas de Saga mientras este hojeaba un par de revistas al azar o Dohko que creyéndose dueño de la casa junto a Afrodita fueron por un par de mantas a la habitación de Camus y las acomodaron en el suelo, para poder sentarse.

    Camus al verlos reprimió un bufido y solamente se sopló los flequillos. En sus manos portaba una charola de plata y en ella había trece vasos con limonada recién preparada. Solo faltaba que llegara Milo a fastidiarle el día también. Y conociendo bien al Bichejo, no faltaba mucho para que entrara por la puerta dando gritos como loco.

    —¿No tienes whisky, Gelato? —pregunto el crustáceo tomando con desgana el vaso que le ofreció.

    —No, y así lo tuviera no te daría, Petit Ange. —respondió con fingida sonrisa. Detestaba que el estúpido Ángelo le llamara "Helado" en su natal idioma. Lo bueno es que había descubierto que llamar "Pequeño Angel" al peliazul lo hacía rabiar, y que se lo dijera en francés era jodidamente mejor.

    —Entiendo. —dijo entre dientes el cuarto guardián —Gracias de todos modos, Michoacana.

    Camus apretó con fuerza la bandeja ¡Maldita sea la hora en que a Milo se le ocurrió decirle así frente a todos! Y también culpa de él, por llevar a Milo a su excursión a México, de ser así jamás se hubiera enterado de esa heladería y tampoco lo hubiera comparado con la pintoresca muñequita de vestido rosa -Milo juraba y perjuraba que se parecían, aunque él no vio ninguna similitud de sí mismo con esa cosa-.

    El grito que se escucho desde la Sala de Batallas le interrumpió cuando apenas iba abrir la boca y decirle unas cuantas palabras al Santo de Cáncer. A veces se preguntaba si podía llamar a Milo con el pensamiento pues apenas le recordaba o algo y ese bichejo aparecía en cuestión de minutos.

    —¡Camus! —se escucho nuevamente, haciendo eco en la salita —¡Caaaaamuuuuuus! ¡Caaaaaaaaaaaaaaaaaamuuuuuuuuuus! —el mencionado rodo los ojos, le entrego con rudeza la bandeja a Ángelo que apenas y pudo equilibrarla para que no se cayeran los vasos.

    —¿Por qué no simplemente entra? —pregunto Afrodita, dándole una mano a Ángelo al tomar un par de vasos y entregárselos a Shura y Aioros.

    —Porqué le prohibí entrar sin mi permiso. —respondió el francés, caminando hacia la salida de la sala.

    En el Salón de Batallas, Milo se balanceaba sobre sus pies hacia adelante y hacia atrás, impaciente. El odiaba esperar, así fueran diez segundos, por ello siempre que llegaba a algún sitio y no estaba la persona con la que se había citado la llamaba por vía cosmos, por teléfono o a gritos, como era el caso en esos momentos.

    —¡Caaaamuuus! —volvió a gritar —¡Camuchurruminino! ¡Camuchislimpuchus! —su voz cantarina resonó en el salón, sabia que Camus odiaba que hiciera eso —¡Helado andante! ¡Hielera con patas! —agudizo el oído, escucho los pasos de alguien que se acercaba a él por el pasillo a su derecha —¡Congelador! ¡Nieve de limón! ¡Muñeco de nieve! ¡Camuuuuus! ¡Michoacanaaaaa!

    —¿Quieres hacerme el favor de cerrar la boca, Milo? —el frío recibimiento del Santo de la Ánfora le hizo sonreír socarrón.

    —Oh, Camuchislimpuchis. —con un par de saltos de planto junto al Acuariano, le asió por los hombros, dándole un efusivo abrazo, ignorando olímpicamente la mirada de odio que recibió —Necesito tu ayuda. —se aparto un poco para mostrar el bote de helado que portaba en su mano derecha y lo sacudió juguetón frente al rostro del galo.

    —No, Milo. —dijo alejándose lo más que podía del Escorpión, pues este aun lo tenia prensado en un medio abrazo. Milo al ver sus intenciones le apretó mas fuerte por los hombros.

    —¡Por favor! —alargo de más la letra "O"—La hielera de mi refrigerador ya no funciona. —soltó una especie de gruñido mezclado con gemido —Anda… Me urge tener algo super frío y delicioso en mi boca —gimió, colgándose de manera dramática de los hombros de Camus, el pobre apenas pudo cogerle de los brazos para no caer de bruces al suelo por su peso —Tu mas que nadie sabe que él calor provoca que mi cerebro no funcione como debe.

    —Tu cerebro no funciona haga frío o calor. —logro decir el galo, cuando Milo estuvo sobre sus pies le propino un suave empujón, se acomodó su camisa y se aparto un par de cabellos del rostro.

    —Andaaaa, Camus hermoso, lucero de mi vida y mi corazón. —le miro con tanta ternura que fue capaz de aparentar.

    Camus por su parte le miro como si estuviese frente a un hombre recién salido del manicomio.

    El francés gruño y con rudeza le arrebato el bote de nieve y lo tomo entre ambas manos. Un halo de un suave color azul y blanco rodeo la nieve y sus manos, varios copos de nieve comenzaron a danzar alrededor, se adherían al plástico haciendo que brillasen cual diminutas estrellas. Camus mantenía la mirada entrecerrada, concentrado en su labor. Milo solamente miraba embelesado el hermoso -aunque pequeño- espectáculo frente a sus ojos.

    Poco a poco el cosmos que rodeaba la nieve se fue extinguiendo hasta desaparecer.

    —Ya, aquí tienes. —le entrego el bote una vez que termino.

    —Gracias Camus…Aunque debo confesarte algo, cada que haces ese tipo de demostraciones de poder, por muy pequeñas que hagas me dan ganas de cantar "¿Y si hacemos un muñeco?" o ya si se o puede "Libre soy"

    —¡Vete al diablo, Milo! —vocifero, dándose la vuelta, emprendiendo el regreso a la sala donde le esperaban —Y si me disculpas, tengo invitados no deseados que atender.

    —¡Uh, uh, uh! —rápidamente le dio alcance al de cabellos color cerceta —¡¿Puedo ser otro invitado no deseado?!- pregunto, dando saltitos alrededor del hombre —¡Di que sí, amigo!

    —Por amor de Athena, compórtate Milo. —rodo los ojos, fastidiado —Compórtate como el adulto que se supone que eres,

    —Me pides imposibles. —le respondió alegremente el Escorpión.

    —Vete a la sala. —indico de mala gana, ignorando la sonrisa de Milo —Yo voy al baño. —dijo, yendo por otro pasillo.

    —¿No quieres que te acompañe? —Camus negó con la cabeza sin voltear a verle —Oye, pero que tal que no hay papel y no tienes quien te lo pase.

    —¡Que ya te largues a la sala! —grito Camus, su paciencia tenía un límite.

    —Ya escuché, ya escuché…Necesitas que te cojan…

    —¡Milo!

    —¡Que te cojan de la mano y te digan que te aman! A ti te hace falta amor, comprensión y ternura… Y que también cojas.

    —¡Ya vete Milo!

    Milo volvió a sonreír ampliamente, como le gustaba molestar al francés. Soltando un suspiro emprendió el camino a la sala, donde es escuchaban las voces de sus amigos. En el camino destapo su nieve, dejando la tapa sobre una mesita -Camus lo mataría por dejar basura en sus muebles- y cuando vio el resultado de la congelación en su rica nieve de vainilla hizo una mueca.

    Era lo malo de pedirle a Camus que congelara las cosas, había veces que se le pasaba la mano y congelaba de más -a veces lo hacía queriendo y otras sin querer-. Ahora su nieve era una replica exacta de los hielos eternos de Siberia.

    —¡Demonios! —se quejó en cuanto estuvo en la puerta de la sala. No observo que sus compañeros alzaron el rostro al escucharle, él Bicho intento meter la cuchara que traía en su bolcillo en esa roca de nieve y bufo, sabiendo que era un caso perdido —¡No podre enterrársela al helado! —volvió a quejarse. Con calma se sentó en el reposa brazos del sillón individual donde estaba Ángelo.

    En ningún momento levanto la vista de su nieve, así que no vio las miradas sorprendidas y confusas que le obsequiaron los chicos.

    Todos observaron a Milo con los ojos abiertos ampliamente, ¿O era su perversa imaginación o Milo si dio a entender lo que quiso dar a entender? El tono en que lo dijo y el gemido lastimero que soltó después les dio a entender algo muy diferente.

    —¿Qué dijo lo que dijo que dice Milo? —cuestiono Shaka, parpadeando con lentitud y ladeando el rostro.

    —Que no voy a poder encajársela al helado. —le respondió, haciendo un puchero.

    —¿Es porque estamos presentes? —pregunto con picardía Afrodita, para luego llevarse el vaso con limonada a los labios.

    Milo le observo confundido ¿Qué significaba eso? ¿Qué estuvieran presentes que demonios tenia que ver con su nieve congelada? Apenas iba a responder y cuestionar al sueco cuando Camus entro, con la tapa de su nieve en la mano.

    —¿Cuántas jodidas veces te he dicho que no dejes basura en cualquier lugar? —Camus le lanzo la tapa y Milo logro atraparla antes de que le diera en la cabeza. Le regalo una tímida sonrisa a manera de disculpa y se guardo la tapa en el bolcillo trasero.

    —Ya, ya, perdona. —replico, alzando los brazos en señal de paz —Te pasaste, Camuchis. —dijo, cambiando de tema rápidamente —Hace rato que la tomaste entre tus manos en lugar de ablandarla la pusiste muy dura.

    Un incomodo silencio se instalo en la sala, no se escuchaba ni la respiración de los chicos. Nada.

    —Y lo peor de todo es que no voy a poder encajarla, Camus. —prosiguió el Escorpión, recostándose como pudo en el sillón. Ángelo a su lado seguía sin parpadear y con la boca ligeramente abierta.

    —Si puedes Milo. —respondió con calma el Acuariano —Pícale con fuerza antes de meterla.

    —¡¿Si te dejarías?! —pregunto Aioria completamente sorprendido.

    Camus ladeo el rostro y parpadeo un par de veces. Su mente empezó a trabajar a la velocidad de una babosa.

    —¿Me dejaría qué? —pregunto el galo. Milo dejo de prestarles atención, siguió concentrado en tratar de obtener, aunque fuera un pedacito de hielo.

    —Que te pique.

    "¿Qué me pique qué? ¿De que hablan?"

    En cuanto la comprensión le ilumino el cerebro, abrió los ojos ampliamente, asustado ¡¿Qué carajo estaban pensando esos imbéciles?!

    Jamás dejaría de sorprenderle lo mal pensados que eran sus compañeros -aunque él no se quedaba atrás, bueno, a veces-.

    —¡Alto! No sean mal pensados… —exclamo Camus —Milo se refiere a…

    —Oye, Milo —Cáncer le palmeo el hombro, llamando su atención —¿Es cierto que se la encajas al Gelato? —preguntó socarrón. Era buen momento de cobrarse por el bonito apodo que le había puesto Camus.

    Milo le observo por un segundo para luego volver a picar su nieve. Era obvio que se refería al helado, una vez se puso a investigar que significaba esa palabra, pues se la decía a Camus a cada rato.

    La pregunta estaba cargada de doble sentido, pero Milo ni cuenta se dio.

    —¿Al helado dices? —comenzó a raspar la superficie de la nieve, pues intentar que se trozara era imposible —Sí y a veces lo hago con mucha rudeza. —explico sin voltear a ver a nadie —Hay veces que está bien dura y tengo que esforzarme para metérsela y no se me doble en el proceso. —los Santos abrieron los ojos ampliamente estupefactos. Camus por su parte estaba sufriendo un tic en el ojo.

    Las palabras de Milo a pesar de carecer de malicia y doble sentido estaban siendo tomadas de una forma total y completamente diferente. Si Milo no explicaba que se refería a la nieve que traía en sus manos él se encargaría de meterlo en un Ataúd de Hielo.

    —Explícate bien, Milo. —logro articular el francés, trago saliva.

    —¿Pues que más quieres que diga? La meto duro Camus. —arqueo una ceja, confundido pues muy raras veces escuchaba al galo tartamudear —Tu mismo has visto como me esfuerzo por meterla, así que no me dejaras mentir.

    —Ay Athena mía. —Shion había terminado totalmente acostado en la manta que había traído Dohko. Mu a su lado le empezó a abanicar con una revista que le entrego Saga —Me va a dar algo, me va a dar algo. —Dohko le empezó a tomar el pulso.

    —Es… —Camus busco desesperadamente por las palabras correctas para explicar que se refería a la nieve y sacar a Milo del estúpido juego de Ángelo. Más la inteligencia que bien presumía brillaba por su ausencia —Milo, yo jamás lo he visto… —no solo Milo iría a parar a un Ataúd de Hielo, también él, por idiota ¡Y Ángelo igual!

    —Lo has vivido en carne propia. —se carcajeo Ángelo. Era el único que seguía divertido por todo ese embrollo.

    —¡Cállate! —vocifero —¡Milo, dile a Ángelo que no es verdad! ¡Y explícale a que Helado te refieres!

    —¡Claro que es verdad! —respondió el griego, ignorando la última petición —Recuerda que la última vez que te lo pedí —"Trágame Tierra" rogó Camus —para poder aflojarle —"llévame Hades" rezo —metí mi lengua y le di unas lengüeteadas —"Secuéstrenme marcianos, yo siempre eh creído en ustedes" pidió Acuario —para que se volviera blando y poderla meterla para disfrutar más a gusto.

    Eso ultimo fue lo que cabo las tumbas de ambos Santos.

    Shura y Aioros comenzaron a toser sin control. Saga dejo caer su vaso al suelo, rompiéndose en varios fragmentos y Kanon se había levantado tan rápido también había volcado su vaso.

    Mu carraspeo, murmuro una despedida y salió seguido de un incómodo Aldebarán y espantado Aioria.

    —Esas cosas, Milo… —Shaka trago saliva, buscando las palabras adecuadas a la situación —Nunca se dicen a terceros. Eso es en pareja. —Milo parpadeo confundido y el hindú salió, tratando de alcanzar a sus compañeros. Saga y Kanon hicieron lo mismo, sin voltear ni despedirse de nadie. Ambos iban completamente sonrojados.

    Los Santos emprendieron la huida de ahí, valiéndoles madre el calor.

    Afrodita sonrió nerviosamente, susurro una despedida y palmeo el hombro de Camus, que se había apoyado en una mesilla para no caer de culo al suelo.

    —Shion, Shion ¡Shion! —Dohko zarandeo al Patriarca, este yacía inconsciente en el suelo —¡Es su culpa! —el viejo maestro señalo a los tres santos de Acuario, Escorpión y Cáncer.

    En la sala solo quedaban Aioros, Shura, Dohko, Shion, Ángelo, Milo y Camus.

    —¿Por qué mi culpa? —cuestiono Milo, mas confundido que antes. ¿Pues que paso? Ahora Camus le miraba como si quisiera matarlo y los que quedaban parecía que acababan de ver a Hades en tanga de elefante.

    —Porqué dijiste que te gusta encajársela a Camus y lamerle cierta parte de su cuerpo... —Ángelo trago saliva nervioso, el juego que empezó siendo divertido se había tornado muy escabroso. No se atrevía a mirar a Camus pues sabia que si las miradas mataran el estaría bien muerto.

    —¿Camus? —pregunto alzando una ceja ¿Camus que tenía que ver? —Yo estoy hablando de mi helado de vainilla. —alzo el bote de nieve, mostrándoselos a los aun presentes —Camus a veces congela mis nieves al grado de dejarlas como una roca. —dijo, como si esa información fuera lo más obvio del mundo —Por eso le doy unas cuantas lengüeteadas a la parte de arriba o lo raspo y así se ablanda porque si lo meto, así como así se dobla la cuchara ¿A que pensaban que me refería?

    Al ver que nadie le respondía empezó a sumar dos y dos…Abrió los ojos ampliamente y una mueca de desagrado se formo en su rostro ¡¿Pero qué demonios tenían en la cabeza esos locos?! Pensar que él y Camus… Ugh, ¡No!

    Petit Ange… —dijo Camus en un susurro, Ángelo se puso rápidamente de pie —¿Tan pronto te vas? —cuestiono cuando este se dirigió con rapidez a la puerta que daba al pasillo.

    —Eh… Si… Tengo que ir a Rodorio por unas cosas… —y sin detenerse a ver si le creía hecho a correr en dirección a la salida, con Camus siguiéndole los talones.

    —Ustedes… —Milo abrió la boca —¿Por qué no me explicaron que estaban mal entendiendo mis palabras?

    —Lo decías con tanta seguridad que ya no era de mal entender. —susurro Dohko, tratando de despertar al desmayado Shion —Parecía que nos estabas contando como preparabas a tu pareja

    —¡MAESTRO!

    —Perdona Milo, pero es verdad. —se excusó, Aioros y Shura asintieron dándole la razón —Solo te diré una cosa, Milo. —el viejo maestro se puso de pie, viéndole directamente a los ojos —Hay preguntas mal intencionadas y respuestas inocentes, como la tuya… aunque parecía que no, ahora que lo analizo estaba carente de malicia y doble sentido. —Milo asintió —Pero descuida, no tienes la culpa de ser tan inocente para unas cosas e idiota para otras. —el Escorpión abrió la boca para protestar, pero el maestro no le dejo hablar —Ahora mismo voy a reparar lo que Ángelo, Camus y tu causaron, ya fuera consciente o inconscientemente.

    —¡Yo debo reparar ese daño!

    —No, Milo, así como eres para hacer las cosas vas a ser capaz de dar a entender que le quitaste lo virgen a Camus.

    Antes de que Milo volviera a protestar, Dohko salió de la onceaba casa, tenía que aclarar cierta situación a los Santos.

    Y de paso impedir que Camus matara a Ángelo.



    Ángelo miro asustado sus piernas, ya no las sentía. Apenas llevaba un por de horas en el Ataúd de hielo… Bueno, la mitad, pues solo estaba atrapado de la cintura para abajo.

    Su cosmos apenas y le podía mantener despierto -eran las doce de la noche- y de paso vivo.

    —Ya Camus, ya entendí, no volverá a pasar. —dijo al hombre que estaba a un par de metros de él. El galo estaba envuelto en una abrigadora frazada y bebiendo chocolate. Los días en Grecia eran calurosos pero las noches, Dioses, casi podías congelar una paleta. Sumado al frío cosmos de Acuario, era un infierno—Te lo juro. —suplico.

    —Ya te dije que yo no te sacare de ahí. Hazlo tú mismo. —susurro el francés, bebiendo del rico y tibio chocolate.

    —¡Ya Acuario, me estoy meando!

    —Me vale. —dijo indiferente —Te di la herramienta necesaria para que salgas por ti mismo. Así que, en lugar de estar rogando, empieza a picar. —una leve sonrisa nació en sus labios.

    Ángelo bufo, pero ya no protesto. Sin más remedio comenzó a raspar la helada superficie con la cuchara grande de peltre que le había entregado el francés.

    Una cuchara pequeña y un cuchillo totalmente doblado yacía en el suelo de la Cuarta Casa.

    Definitivamente Ángelo jamás volvería a intentar vengarse de Camus.



    -x Fin x-


    ¡Muchas pero muchas gracias por volver a leer mis disparates!

    SafiroBipolar
     
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    Arkannos

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    Hipo
    El viento frio de esa mañana de diciembre anunciaba sin demora alguna que el invierno estaba llegando ya al Santuario. Los rayos del Sol apenas y se veían por escasos minutos, pues las nubes caprichosas impedían que tocaran la superficie.

    Con pasos presurosos, los guapos Santos de Géminis, Kanon y Saga se dirigían al templo papal, ya que llegaban tarde al desayuno y para la repartición de tareas para ese día.

    Aunque de buen humor no iban. En especial Saga, que tenía cara de querer matar a alguien y ese alguien iba a su lado con una mano en la boca, tratando de callar los hipidos que escapaban de sus labios. Desde que llegó de hacer ejercicio el gemelo menor tenía hipo.

    Una vez que estaban delante de la puerta, Saga la abrió con más fuerza de la necesaria, asustando a los dos soldados que estaban apostados a un lado de esta y también a los demás Santos Dorados que estaban desayunando. Ignorándolos, Saga se aparto a un lado para que entrara su gemelo que se abrazaba a si mismo para darse algo de calor pues solamente vestía su típica camisa azul desgastada y su pantalón café claro. Cuando entrenaba prefería usar sus ropas viejas, no iba a arruinar sus buenas ropas nada más porque sí.

    —Entra, pedazo de idiota. —murmuró, propinándole un ligero empujón en la espalda a su hermano. Saga a diferencia de Kanon, vestía abrigadoramente como si fuera de misión al polo norte.

    —¡Ya vahicle, Saga! —le encaro el menor, dando un escandaloso hipido.

    —¡Cállate! —con el dedo índice le golpeo el pecho un par de veces —Te dije que te pusieras un suéter antes de irte al Coliseo, un abrigo, una manta ¡Lo que fuera! —exclamo alzando ambos brazos al cielo —¡Bien sabes que te lo dije! Por tu estupidez de no abrigarte traes un maldito hipo desde que llegaste a casa ¡Y ya me tienes harto!

    —No hic te estoyc obligando a que me escuhiches ¡hic! —Saga rodo los ojos.

    —Sí por mi fuera no te escucharía. —replico esbozando una sonrisa irónica.

    —Pero ¿Qué maneras son estas de saludar? —la voz de Shion resonó en el lugar, haciendo que los gemelos voltearan a verle.

    —Lo siento, Padre. —se disculpó el mayor, dirigiéndose al lugar que le correspondía en la mesa, sentándose de manera elegante, Kanon hizo lo mismo solo que se dejó caer sin gracia sobre la silla—Buenos días. —murmuró paseando su mirada por sus compañeros y percatándose que ninguno le hacía caso ya.

    Afrodita observaba su reflejo en una cuchara, acomodándose el cabello.

    Camus no despegaba la mirada de su periódico, seguramente era de Francia.

    Shura y Aioros conversaban tranquilamente entre ellos, de vez en cuando comían de sus hot cakes.

    Milo picaba con desgana su plato con frutas, no tenía ningún interés en comérselo ya que odiaba las frutas. Milo las odiaba desde que era niño, prefería las cosas dulces, pero por órdenes de Shion solo debía desayunar eso.

    Shaka probablemente estaba dormido, ya que un hilito de baba resbalaba por su barbilla. Más bien, estaba dormido.

    Aioria estaba igual que Milo, jugando con la comida. Tampoco le gustaban ¡Al minino puras Whiskas! Digo ¡Pura carne de primera!

    Ángelo se llevaba con desgana la comida a la boca, masticándola lentamente. No le gustaban los emparedados con Nutella, pero como siempre, Shion metía sus narices donde no le importaba. Recodo con una mueca como él viejo Lemuriano le dijo que de ahora en adelante debía comer chocolate para que se endulzara su vida.

    Aldebaran y Mu platicaban animadamente sobre las reparaciones de algunas armaduras.

    Un fuerte hipido le hizo voltear lentamente a su igual que estaba sentado a su izquierda.

    Hic. —apenas ese insignificante sonido salió de la boca de su hermano, las miradas de todos se dispararon en su dirección, principalmente la de Shion y Dohko, que estaban sentados en la cabecera de la mesa.

    —¿Qué? —el peliverde parpadeo confundido, para luego hacer una mueca de rabia —¡¿Acaso estas borracho?! —grito apuntando a Kanon con el dedo índice, acusador.

    —¿Yoc? —pregunto, haciendo un gracioso sonido debido al hipido —Obvio no hic.

    —¡¿Cómo diablos no?! —espetó Shion furioso, alzándose de su lugar —¡Ven aquí y sóplame! ¡Ahora!

    —¡Quec no eshictoy borracho! —gruño Kanon, apretando los puños con fuerza, sintiendo el mal humor empezar a asomar su feo rostro.

    —Es verdad lo que dice Kanon. —salió en su defensa Saga —No está borracho, solamente tiene hipo. Un maldito hipo. —rodó los ojos con fastidio.

    —De seguro lo estas encubriendo. —farfulló Shion, mirándole fijamente —Para comprobar si estas borracho —miro a Kanon —debemos hacer la prueba de fuego. —su mirada se posó en el cabrito dorado, el cual asintió.

    —Kanon, —el mencionado le observo —di mi nombre completo.

    Más de uno contuvo la respiración. Decir el nombre de Shura en estado de ebriedad. Un verdadero reto. Todos los presentes lo habían sufrido, incluso el mismo Shura cuando se les había ocurrido ir a tomarse sus copitas al bar de Rodorio.

    Si Kanon estaba borracho, no atinaría a decir ni mu. Si estaba sobrio lo diría completo y de corrido.

    —¿Tocdo? —pregunto Kanon perplejo, Shion asintió —Bien hic. —tomo aire e inflando sus mejillas dijo —Shura José Manolo Monte Espinoza de los Monteros Maldonado.

    —Bien. —asintió el español —No está borracho. —informo con voz segura.

    —Ya les dije que tiene hipo. —resoplo Saga, apartándose de un manotazo los flequillos que le molestaban la vista.

    —¿Y porque no tratas de quitárselo de las maneras tradicionales? —pregunto Camus mirándole sobre su periódico.

    —Ya lo intenté. —alzo su mano, comenzando a enumerar —Le...

    —¿Le diste agua? —le interrumpió Aioros —Cuando a mi hermano —señalo a Aioria que ni se molestó en verle —le da hipo yo le doy un vaso de agua.

    —Sí, sí, sí, le di a tomar tres litros de agua. —Kanon asintió a sus palabras —No funciono. —meneo la cabeza con resignación —También...

    —¿Ya intentaste asustarlo? —preguntó Aldebarán, interrumpiéndolo por segunda vez.

    —Sí, ya lo intenté. Le puse la película de la Niña del Aro y no funciono ¿Verdad, Kanon? —miro a su gemelo que le respondió con un escandaloso y simple;

    Hic. —"En realidad no funciono porque no abrí los ojos en ningún momento" se dijo para sí mismo.

    —Se nota. —ironizo Ángelo, llevándose un pedazo de emparedado a la boca. Hizo una mueca de asco en cuanto el sabor del dulce chocolate toco su lengua.

    —También le hice...

    —¿Le hiciste retener la respiración por determinado tiempo? —pregunto Camus sin despegar la vista de su periódico.

    —¡Joder! —grito Saga, ya desesperado —¡Dejen de interrumpirme! —bufó —Sí, sí y sí. Le hice retener la respiración durante toda la película de Buscando a Nemo. —todos le miraron extrañado —Y no se le quito.

    —¿Cómo que Buscando a Nemo? —Aioria le miro de reojo, con una ceja alzada —¿Eso qué?

    Antes de que Saga abriera la boca, Kanon tomo la palabra.

    —Es quec cuando veo hic películas que se desarrocyen debajo del mar retengo la respiración para ver hic cuanto tiempoc aguanto hic...—explico —Casi muero hic. —murmuró con pesar el gemelo menor.

    Todos le miraron con cara de fastidio.

    —Total. —Saga recargo los codos en la mesa, sosteniendo su cabeza entre sus manos —Intentamos de todo y nada funciono.

    Hic Digo, sic.

    —No todo. —respondió Milo que seguía jugando con su comida —Te falta un método más...

    —¿Cuál hic? —pregunto Kanon ladeando el rostro, curioso y desesperado por el remedio ¡Ya estaba harto del maldito hipo! ¡Harto!

    —Picarte el hoyito. —dijo con simpleza Milo sin alzar la mirada de su plato.

    Un silencio pesado se instalo en el comedor. Nada mas se escucho el caer de una cuchara.

    Kanon trago saliva, podría soportar un poco más con el hipo. Es más, hasta podría vivir así de por toda la eternidad.

    —¿Qué? —balbuceo Mu, mirando fijamente a Milo.

    —Dioses. —Afrodita hizo una mueca de asco —Estamos comiendo. —alejo su plato con fuerza.

    —¿Qué? —repitió Saga, perplejo. Kanon a su lado era la réplica exacta de la pintura llamada El Grito. Ojos abiertos de par en par y la boca formando una perfecta "O"

    Aunque los demás no estaban demasiado lejos de la expresión de Kanon.

    —Que se pique el hoyito. —dijo como si nada —O pícaselo tu.

    El silencio se tornó más incómodo.

    —¿Qué? —balbuceo, con los ojos más abiertos que antes, Kanon había salido de su sorpresa hace unos escasos segundos —¿Picarse el hoyito?

    —Si. —respondió con calma —Con estos dos dedos —alzo el índice y el dedo medio de su mano derecha —Te lo picas. Camus hace eso cuando me da un ataque de hipo.

    Las miradas volaron al francés que seguía leyendo su periódico, aunque la manera en que apretaba las hojas, sus preciosos ojos abiertos expresando terror y su hermosa piel se había tornado demasiado pálida, se mordía tan fuertemente los labios que pensaron se haría daño, demostraba perfectamente que Camus estaba al pendiente de lo que decía el octavo guardián. La expresión de Camus era como si acabase de ver al mismísimo Hades bailando oppa gangnam style con un tutú rosa.

    —Camus me lo pica —continúo hablando el bicho dorado, atrayendo la atención nuevamente hacia su persona —porque dice que no le dejo leer tranquilo. —se sopló los flequillos con desgano —Pero cuando a él le da hipo, yo no puedo picárselo porque dice que lo hago muy feo, que no tengo delicadeza con esas cosas y que soy capaz de clavarle una aguja Escarlata. —suspiro, ya resignado —Así que ya saben; picándose el hoyito se quita el hipo. Yo puedo jurarles que es cierto, porque a mí se me quita cuando Camus me lo pica con suavidad, aunque ejerciendo algo de fuerza y… ¡Mph! —Aioros le tapó la boca impidiendo que siguiera hablando.

    —Athena mía. —susurró Shion juntando ambas palmas.

    —Milo —tartamudeo Aioria, mirando sobre la cabeza de Shaka que seguía en el mundo de los sueños — ¿Hablas enserio?

    —Sí. —asintió con la cabeza, apartando de un manotazo la mano del Sagitario —Camus me pica el hoyo que tenemos aquí, bajo la manzana de Adán. —señalo el pequeño hueco que se formaba en la unión de las clavículas y la primer vertebra dorsal, acaricio con delicadeza su piel y hundió con lentitud ambos dedos índice y medio en su piel, mostrando como debía hacerse ese remedio—Así es como se hace, ¿verdad Camuchis? —no recibió respuesta alguna —¿Camuchis? —se inclino hacia adelante para alcanzar a verle, pues Dohko, Aioros y Shura le entorpecían la vista —Ey, Cabra Loca, dile a mi Camuschurrumino que me haga caso.

    Shura obedeció automáticamente, pues estaba en shock todavía, y dio un par de palmadas en la bien formada espalda del francés, pero este se fue de bruces contra la mesa. Aunque nuestros amados santos dorados se muevan a la velocidad de la luz y posean mejores reflejos que un gato, ninguno de los que estaba junto a Camus pudo sostenerle a tiempo. Su rostro cayo directo en su deliciosa croque madame -que aun ni siquiera probaba-. Afrodita lo asió por los brazos con ayuda de Shura, dejándolo recostado en su silla. Camus de Acuario estaba inconsciente con restos de huevo frito, queso y salsa bechamel en cara y cabello.

    Antes de que pudieran reaccionar los demás sobre lo que había pasado, Milo se levantó como un relámpago de su lugar, asustado a mas no poder.

    —¿Qué le paso? —pregunto Milo, dando ligeros golpes en las pálidas mejillas del francés —¡¿Qué le paso?!

    Ninguno respondió a su pregunta, solamente los siguieron observando con las mejillas teñidas de rojo y su mirada avergonzada.

    Afrodita parpadeaba varias veces, abría la boca y la volvía a cerrar sin saber que decir o hacer. Aun traía la cuchara, que le sirvió de espejo ese día, en su mano derecha, apretándola con fuerza.

    Camus obviamente seguía inconsciente, no sabían si por la escena minutos atrás o porque tenia un par de horas que había llegado de una misión. Era algo que no se atreverían a preguntarle al hombre, jamás en sus vidas. No querían terminar como el pobre Ángelo que tuvo que cavar con una cuchara el maldito hielo de la temible técnica de Camus.

    Milo seguía al lado de su amigo, dando golpecitos en sus cachetes y de vez en cuando abanicándole con el periódico de Francia, llamándole por los mil apodos que le había puesto.

    Shura y Aioros se miraron uno a otro, ambos se decían con un solo vistazo que necesitaban terapia. Todos, sin excepciones.

    Shaka seguía dormido. Ignorante de lo que paso a su alrededor.

    Aioria abría y cerraba la boca una y otra vez, como un pececito.

    Ángelo seguía con el tenedor sin comida frente a su boca abierta. En ningún momento de la conversación parpadeo una sola vez.

    Aldebarán tosía una y otra vez, golpeándose el pecho con bochorno.

    Mu sonreía nervioso, mientras varias gotas de sudor bajaban por su frente.

    Dohko yacía apoyado con ambos codos sobre la mesa, su frente descansaba sobre su palma extendida, inhalaba y exhalaba, de vez en cuando negaba con la cabeza. Mucho trabajo había tenido con arreglar lo del helado como para que ahora le saliera Milo con esto. Aunque ahora el Bicho había arreglado el asunto. Demasiado tarde, pero ya lo había arreglado.

    Shion permanecía con las palmas juntas, murmurando algo sobre la salvación de sus almas por sus mentes tan pervertidas y sucias. Pero sabía bien en el fondo que para eso no hay salvación alguna, los Santos Dorados tienen su lugar reservado en el Inframundo. Mientras Milo ira con todo y su inocencia a los Campos Elíseos donde lo atenderían bellas Ninfas -inocencia o idiotez en el caso de Milo venían siendo lo mismo-.

    Saga ahora lucia el mismo gesto que antes tenía Kanon, los ojos abiertos de par en par y la boca -sonara trillado, pero sensual, jodida y hermosa boca- formando una "O"

    Y Kanon... Kanon ya no tenía hipo.

    Fin
     
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