Mini-rol Ludi Harpastum | UA (Genshin Impact)

Tema en 'Salas de rol' iniciado por Gigi Blanche, 21 Diciembre 2021.

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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche r e l o a d a b l e Game Master handmade ego nadir

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    Cuentan entre los callejones y tabernas que Mondstadt, cuando todavía era un pequeño pueblo, estaba adornada con la pluma de un pájaro libre arrojada por Barbatos. Fue esa pluma la que permitió a Mondstadt convertirse en la ciudad que es hoy. Desde entonces, todos los años ha tenido lugar una conmemoración para agradecer al Arconte Anemo por su bendición. Con el tiempo, esta conmemoración se convirtió en el gran festival de Ludi Harpastum. Las calles se llenan de regocijo y vitalidad, son quince días llenos de exquisito vino, poesía, música, flores y rituales. En esta época del año, toda la ciudad estalla de alegría y libertad.

    Cada rincón de Mondstadt abre sus puertas. Las tabernas y los restaurantes exhiben sus mejores platos a precios amables, la Catedral ofrece recorridos guiados, el Gremio de Aventureros organiza actividades lúdicas y el Viñedo del Amanecer provee muchos barriles llenos de cerveza artesanal y sidra, la mejor de todo Teyvat. La plaza principal danza junto al viento y la alegría de la gente, donde acuden los aromas de todo tipo de queso, carne a la parrilla y fruta fresca. Cada familia cuelga un Harpastum hecho a mano en sus puertas, bardos inspirados de todo el continente son llamados por el ineludible encanto de la festividad y compañías de regiones lejanas arriban para deleitar al público con sus presentaciones.


    Este año en particular, los Caballeros de Favonius han decidido patrocinar a un grupo de artistas proveniente de las lejanas tierras de Liyue. Su música comenzó a resonar en las callejuelas del puerto hace ya un par de años, donde los marineros y vendedores se detenían para escuchar. Dicen que junto a la caída del sol, invocados por la caricia de la luna, una compañía de artistas enmascarados surgía de la neblina y animaba en su totalidad la escena mercante. ¿Quiénes eran? ¿De dónde venían? Con el tiempo ganaron gran popularidad y su éxito se consolidó apenas el Equilibrio Celestial, Ningguang, posó su interés en ellos. Se afiliaron entonces a la Casa de Té Heyu y comenzaron a llenar salas de teatro enteras bajo el nombre de Compañía de Ópera Huo-Yue.

    Ahora, los mismos artistas vagabundos que en algún momento contaron con las monedas lanzadas dentro de sus sombreros están a punto de presentarse en uno de los festivales más importantes de todo el continente.


    La ciudad de la libertad, así, le da la bienvenida al Ludi Harpastum a todos los habitantes de Teyvat.

    Rider hola wey AAAAA we drunk
     
    Última edición: 21 Diciembre 2021
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    Gigi Blanche

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    Dioses, no me lo estaba imaginando, ¿cierto? Todo esto era real, ¿cierto? Íbamos a presentarnos en el festival de Mondstadt, ¿cierto? ¡Venga, que alguien me pinchara! Llevaba sabiéndolo más de un mes pero era muy diferente recibir una carta de Ninnin de los mismísimos Caballeros de Favonius a empacar mis cosas, pillar la carreta y ver cómo el paisaje comenzaba a tornarse cada vez más verdoso y primaveral. El contraste con Liyue, la tierra del eterno otoño, era fenomenal, y la emoción prácticamente no me cabía en el cuerpo. ¡Si me pusieron un límite de bajadas de la carreta! Con la de imágenes que quería hacerme con todo, gracias al daguerrotipo que me habían regalado tras una de las presentaciones de la compañía. ¡Estas cosas salidas de Fontaine o Sumeru eran más extrañas!

    Nuestra llegada a la ciudad no causó mucho revuelo, si en definitiva seguíamos siendo una compañía incipiente y nuestro nombre no resonaba fuera de Liyue. Incluso me atrevería a decir que probablemente no nos reconocieran en la Aldea Chingtsé, ¡en especial la gente mayor! Pero eso no me desanimaba ni un poquito, claro que no, ¡era la oportunidad perfecta para expandir nuestro público! Además, siempre había querido venir a Mondstadt.

    Era la ciudad de la libertad, al fin y al cabo.

    Habíamos arribado unos pocos días antes de la presentación, y obviamente usé todos y cada uno para recorrer la región lo más que me fue posible. Tanto así, que mis compañeros comenzaron a preocuparse de que no acabara pillando un resfrío o peor, ¡que me olvidara mis líneas! Pero venga, eso no era posible~ ¡Ni toda la aventura del mundo me distraería de mi trabajo! Eso no quitaba, claro, que siguiera siendo un poquito despistada y que el tiempo hubiera volado recorriendo Levantavientos. ¿Ven la ironía de la situación? Literalmente iba persiguiendo un crisalóptero, pues parecían pequeños diamantes voladores y me resultaban muy diferentes a los de Liyue, cuando noté que el sol comenzaba a desaparecer detrás de la enorme Espinadragón. ¡Ahí también quería ir, ya de paso! Aunque mis compañeros me la habían prohibido determinantemente. Pero va, va, una escapadilla nunca mató a nadie, ¿verdad~? Además, quién sabe, quizá topaba con un muy amable aventurero dispuesto a acompañarme.

    ¡Había tanto por conocer!

    El embrollo del asunto fue, entonces, que el tiempo había volado y la hora de la presentación estaba a la vuelta de la esquina. Me sobresalté, lo suficiente para que el crisalóptero por fin desapareciera, y eché a correr en dirección a Mondstadt. ¡Por los Siete! ¡Ahora sí que mis compañeros iban a matarme! En especial Yunyun, ugh.

    Yunyun enfadada daba mucho miedo.
     
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    Otro día, otra aventura ¿No? Y vaya aventuras había estado viviendo esta semana. No podía culpar a Bennet por la racha de peripecias que había ocurrido, después de todo, era mi amigo, y no planeaba dejarlo irse solo tras esos Cazadores de tesoros. Por los Arcontes, él tendrá mala suerte, pero yo es que a veces solo soy imprudente. Habíamos seguido por horas a esos tipos, se habían robado un cargamento de suministros que iban a la ciudad y nos habían asignado el encargo de recuperarlo. Traté de hacer un ataque aéreo sorpresa, pero acabé por hacer demasiado ruido y los granujas me vieron venir.

    ¿Qué rayos hacían cazadores de tesoros tan cerca de los limites de la ciudad? Aun más importante, ¿Qué hacían en Mondstadt en primer lugar? ¿Qué había en el cargamento? ¿Por qué no se habían encargado los Caballeros de Favonius? Seguro todos estaban muy ocupados con la preparación del festival.

    Ah, el precioso Ludi Harpastum, la mejor época del año por lejos. Donde la brisa es fresca, el clima tranquilo y se respira un aire de jovialidad y camaradería, incluso había escuchado que para este festival volverían a traer el juego de Cazadores y Rebeldes, y que incluso traerían a una compañía de ópera desde Liyue. Pensar en el evento era lo único que me hacía olvidar que por mi culpa Bennet y yo habíamos vuelto con las manos vacías. No solía tener tiempo para relajarme y disfrutar de un buen espectáculo. Aun cuando estos intérpretes aparentemente eran muy populares en la nación de los contratos, no era muy conocidos de este lado del continente; pero, si los contrataron para algo tan importante como Harpastum debían de ser muy buenos. Me moría de ganas por ver su obra.

    Aunque antes tendría que ir a contarle a Katheryne que tendríamos que pedir algo más de tiempo para completar el encargo. De momento mi única preocupación era llegar antes de que oscureciera más y Cyrus se molestara otra vez. Por Barbatos ¿Cómo había oscurecido tan pronto? Al menos me quedaba tranquilo al saber que Bennet había regresado a la ciudad antes. Estaba concentrado completamente en mi camino, cuando vi como detrás de mí salió volando despreocupado un crisalóptero que lograba iluminar la noche con su tenue pero reconfortante brillo.

    Me quedé completamente embobado por la belleza de la criatura, y hasta se me escapó una sonrisa. Había visto ya miles y miles de esas cosas durante mis aventuras, pero había algo en ellos que me resultaba simplemente imposible de ignorar. Quedé tan absorto en mis propios pensamientos, que no escuché a una voz gritarme desde atrás, hasta que finalmente sentí cómo alguien me derribo por la espalda, haciéndome caer al suelo.

    —¡Ay, ay, ay! ¿Pero qué...?—sobé mi cabeza para aliviar mi dolor, cuando entonces vi una chica que yacía en el piso junto a mí— O-Oye ¿Estas bien?
     
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    Gigi Blanche

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    Anna

    La luz ciertamente había desaparecido con bastante prisa, e incluso antes de lo estimado. ¿En Mondstadt anochecería más temprano? ¿Tenía sentido acaso? Pues mira, no me enteraba mucho de nada y de nada me servían tampoco esas divagaciones ahora mismo, con la prisa que llevaba. Mala idea, siendo francos, era recorrer regiones desconocidas casi de noche. Mala, pésima, terrible idea. Para mi fortuna (y su desgracia), pillé un desnivel del terreno y era tal la velocidad que me cargaba que no alcancé a frenarme a tiempo antes de chocarme con alguien.

    Todo fue muy rápido, sólo sé que dolió y que acabé en el suelo. Había cerrado los ojos por reflejo y apenas abrirlos reparé en la silueta junto a mí, era un muchacho joven.

    —Ah, Dioses —mascullé, echándome un vistazo, y resoplé antes de posar la vista en él—. Lo siento, lo siento mucho. Venía con prisa y no te vi. ¿Tú estás bien?

    La ropa se me había ensuciado con algo de tierra pero nada grave, sólo esperaba que el césped no hubiera manchado la tela, bueno, ahí atrás. Ya saben. Me incorporé con cierta lentitud, apoyando las manos en mis rodillas antes de erguirme, y tras suspirar una segunda vez le extendí una mano al muchacho junto con mi mejor sonrisa.

    —Menudo accidente, ¿eh? Deberíamos salir en la primera plana del Steambird.
     
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    La tacleada como tal no había sido muy contundente, pero la velocidad que llevaba la chica sin dudas supo hacer a un lado su tamaño para lograr tirarme con tanta facilidad. Supongo que me había dolido más el impacto contra el suelo, pero aun así, seguro que la espalda me dolería a la mañana siguiente. Al menos seguía agradecido de que no se tratará de algún Hilichurl u otro de esos cazadores de tesoros.

    La noche ya había caído por completo, y no se podía ver mucho más hayá de la negrura de las praderas, pero la luz de la luna era más que suficiente para iluminar la silueta de la chica frente a mí. Me sentía más aliviado al ver que aparentemente no le había ocurrido nada, aunque sus disculpas lograron descolocarme un poco.

    —¿E-Eh? Sí, sí. Estoy bien, no te preocupes. Yo fui quien se quedó en medio del camino sin prestar atención. —revisé mi atuendo de manera rápida, para mi fortuna la ropa no se había rasgado ni nada. Me aterraba la idea de que tendría que remendar mi conjunto otra vez. Para cuando volví a mirar a la chica, esta ya se había puesto de pie y de hecho me estaba mirando de vuelta, con una sonrisa encantadora y extendiendo su mano para ayudarme a poner en pie.

    Acepté su ayuda tomando su mano, devolviendo la sonrisa de igual manera, por suerte ninguno había sufrido mayores percances.

    —¡Y que lo digas! —contesté animado mientras me incorporaba por completo—. Ya puedo ver los titulares mañana: ¡Accidente en el camino al Ludi Harpastum! Seríamos populares —comenté entre risas.

    >>¿Pero donde están mis modales? Mi nombre es Aleck, ¡mucho gusto! Tú...No debes de ser de por aquí ¿O sí? Lo digo por tu ropa y...¡Oh! ¡¿Eres de la compañía de ópera que vienen al festival?!—Los ojos se me iluminaron un poco, siéndome imposible ocultar la emoción que me hacía pensar que acababa de chocar con una de las interpretes. Por muy extraño que sonara eso.
     
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    Anna

    El chico parecía no haberse molestado por mi torpeza y eso me alivió mucho, porque mira que arrancar con tan mala pata seguro era augurio de desgracia o algo. Siguió mi broma sin problema, de hecho su titular improvisado me arrancó una risa ligera que apenas cubrí con el dorso de mi mano. La luz era escasa, pero se había retirado de forma tan gradual que mi vista ya se había acostumbrado por completo; así fui capaz de distinguir las tonalidades tan características de su atuendo, lo que me echó encima una clara mezcla de emoción y sorpresa.

    —¡No puede ser! ¿Eres del Gremio de Aventureros? —Mi sonrisa se ensanchó a medida que hablaba y recogí las manos a la espalda, ladeando la cabeza—. Un gusto, Aleck, me llamo Anna~

    Estuve por confirmarle que no, no era de allí, cuando se le conectaron las neuronas y me reconoció como un miembro de la Compañía. La tontería me dio una alegría incalculable, pero el oficio me había enseñado también a ser una señorita y... por alguna razón me entraron ganas de ¿regodearme?

    —Vaya, ¿nos conoces? Me halagas~ —Había suavizado el tono y, básicamente, había adquirido el semblante y comportamiento que se me consideraba más profesional—. Sí, vengo con la Compañía, ¿tenías en mente ver nuestra presentación?

    Una chispa de picardía se me coló en la sonrisa y me incliné ligeramente en su dirección, tapando un costado de mi boca con la mano como si fuera a contarle un secreto.

    —Cuidado, es una pregunta trampa —murmuré.
     
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    En un principio estaba un poco confundido, parecía una chica muy relajada, pero se expresaba de una manera muy propia y cortes. Casi como lo hacían los Lawrence entre los de su clan. Pero ella no parecía esa clase de persona. Al menos se reía de mis bromas, la aristocracia no hacía eso. Me sorprendió un poco el ver como la chica analizaba mi atuendo con la vista, como si me estuviese escaneando o algo, aunque bueno, no era muy distinto a lo que yo había hecho en un primer lugar.

    —¿E-E? ¡S-S-Sí, sí lo soy? ¿Es algo malo? —di un saltito para atrás algo sorprendido por su pregunta, aunque bueno, mi atuendo verde me delataba. Claro, le había hecho mis propias modificaciones para que no pareciera una especie de elfo ayudante o algo— Oh, bueno, ¡el gusto es mío, Anita!

    La llamé por ese apodo como si la conociera de toda la vida, y hasta extendí mi puño para que lo chocara concretando así las presentaciones, pero tras ver sus movimientos y expresiones tan elegantes, pensé que quizás no le daría por hacer ese tipo de saludos.

    —Conocerlos como tal...No. Pero se nos aviso que vendría una compañía extranjera para presentarse en el festival —confesé con algo de pena en mi voz—. ¡Eso sí, sin dudas voy a ir a ver su actuación! hacía mucho que no venía un grupo extranjero a presentarse en la ciudad así que-

    Me interrumpí por un instante al ver que la chica se inclinaba en mi dirección para contarme algo.

    —¿Pregunta trampa? ¿H-Hay respuesta incorrectas?— contesté en voz baja, algo preocupado. Era muy despistado como para entender a que se refería la chica.
     
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    Gigi Blanche

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    Anna

    Mi sonrisa se permeó con una ligera nota de ternura al oírlo atropellándose tanto con sus propias palabras. A lo largo de mi estancia en Liyue pocas veces había llegado a topar con jovencitos del Gremio pero, si me permitían el atrevimiento, ciertamente compartían... algunas características curiosas. A ver, para ponerlo simple, ¿a que no habituaban conversar con señoritas de su edad~?

    —¿Malo? —repliqué, sorprendida, y volví a reírme—. No, no, para nada. Sólo me resultó increíble porque hace apenas minutos estaba pensando en eso, ¿sabes? —Mi sonrisa adquirió cierta nota de inocencia y le concedí un breve vistazo a la enorme montaña que se erguía al Sur—. ¿Has visitado Espinadragón, Aleck? En Liyue se habla mucho de ella, corren historias de todo tipo.

    Su apodo sí me sorprendió un poco, aunque no tardé nada en relajar mi semblante y chocar mi puño con el suyo. La tontería me lanzó una chispa de alegría por el cuerpo y solté una risilla. Era ligeramente extraño, desde que la Compañía había saltado a la fama me quedaba poco espacio para comportarme como... ¿una muchacha normal, quizá? Las personas se habían asentado en la imagen que transmitía sobre el escenario, como si esa fuera yo, y cuando quise acordar también había acabado comportándome como ella. No me molestaba, de cierta forma sentía que eran ambas mitades de una misma integridad, pero con eso y todo había una mitad que se había relegado al punto de prácticamente dejar de existir.

    Era agradable, en definitiva, volver a ser la Anna enérgica y despreocupada frente a alguien que no fueran mis compañeros.

    Por otro lado, me dio un poco de pena que no nos conociera, sino que sólo hubiera oído la noticia de nuestra presentación. Es decir, no dudaba que los Caballeros de Favonius se hubieran esmerado en publicitar el espectáculo luego de haber tomado la decisión de patrocinarnos. No éramos, en definitiva, un plato barato, no desde que contábamos con el apoyo de Ninnin. ¡Pero bueno! También era normal. Muchos locales me habían mirado raro pero eso, sin lugar a dudas, se debía a la ropa que llevaba. ¡Ya nos pedirían autógrafos! Sólo tenían que ver nuestra presentación.

    Renové mi sonrisa al saber que iría a vernos, pero ciertamente todo el aire profesional se me fue a la mierda apenas noté que el chico no había pillado para nada la intención de mi broma. Parpadeé, procesé sus palabras un segundo y me eché a reír. Me reí con ganas, volviendo a erguirme, y solté el aire de golpe justo antes de hablar.

    —Ah, cielos. Eres un encanto. —Sonreí con emoción, casi como un cachorro, y cacé su muñeca al vuelo para reanudar mi carrera y arrastrarlo conmigo—. ¡Pues si ibas a vernos debemos darnos prisa! ¡Que estoy llegando tarde a mi propia presentación!

    Era del Gremio así que un mínimo de estado físico tenía que tener, ¿verdad? El suficiente para seguirme el ritmo sin problema.

    Levantavientos no estaba muy lejos de la ciudad y por suerte encontramos el resto del camino despejado. No me había dado cuenta que el muchacho era un portador de visión, o de otro modo no habría dudado ni un instante de sus habilidades. Por mi parte, si prestaba atención podría llegar a ver la mía, que la llevaba cosida a la chaqueta negra que utilizaba frecuentemente, entre los omóplatos. Era una visión de la Arconte Pyro y, como tal, poseía un destello rojizo que sólo se percibía de noche.

    La sangre prácticamente se me congeló en las venas al notar en la distancia una silueta bastante conocida aguardando a las puertas de Mondstadt. Seguí corriendo porque ya traía el envión, aunque fuera correr hacia mi propia muerte. Tras alcanzar el puente relajé el ritmo y empecé a caminar como si nada, volteando el rostro para sonreírle a Aleck. Ya de paso le dejé su espacio, claro.

    —Bueno, estoy a diez segundos de ser secuestrada —le confié en voz baja, regresando la vista al frente. Yunyun me había identificado y su pie había empezado a golpear el suelo—. Tú sólo actúa normal y recuerda: píllate un buen asiento, que el espectáculo no tendrá desperdicio. Si encuentras a Jean y le dices que eres amigo mío seguro te ubica con ellos.

    O quizá no, pero por probar no perdía nada, ¿verdad? Me daba a mí que tenía más chances con Jean que con el pelirrojo amargado que también había estado presente al recibirnos en Mondstadt.

    —Nos vemos luego~ —me despedí, guiñándole un ojo, y abrí los brazos—. ¡Yunyun! ¿Viniste a esperarme? Qué bon-

    —Andando.

    Yunyun me jaló del brazo y básicamente nos desapareció tras las murallas de la ciudad. Yo no dije nada ni opuse resistencia porque, bueno, me lo tenía merecido. Ahora sólo quedaba dar el mejor espectáculo de todos, ¿verdad? ¡Y estaba segura que así sería!
     
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    Rider

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    Aleck

    La sonrisa en la chica era, en cierta forma, algo contagiosa. No sabría como explicarlo, pero se sentía tan honesta. Siempre procuro sonreír aun cuando estoy pasando por una mala racha. A veces sonrío por puro reflejo. Pero esta chica, su sonrisa parecía tan auténtica, como si no hubiera sonreído así en mucho tiempo. Ni ella ni yo. ¿Así eran todos los de la compañía? ¿Tan joviales? Sabía que Xiangling lo era, por las veces que había venido a la aldea agua clara, pero ¿era así toda la gente de la nación de los contratos? ¿O era cosa de la compañía de Anna?

    Tal vez ninguno de los dos, y ella simplemente era un caso excepcional. Y estaba agradecido de que lo fuera.

    Solté un suspiro aliviado y recuperé mi sonrisa al escuchar la primera respuesta de la chica, y acto seguido, miré por instinto al páramo nevado que yacía a espaldas de nosotros.

    —¿Oh? ¿Te refieres a esa montañota nevada de ahí? —señalé optimista con el dedo hacía el lugar—. No sabía que sus leyendas eran conocidas hasta Liyue, ¿La montaña es visible desde allá? Es un sitio bastante peligroso, aun para aventureros experimentados —regresé la mirada a la chica—. Yo solo he ido un par de veces: Una fue junto con el gremio para una sesión de entrenamientos y otra para abastecer con jamón a varios campamentos que estaban al pie de la montaña.

    Coloqué mis manos en mi cintura y me expresé algo orgulloso de mi historial.

    —Es un sitio frío. Muy frío —enfaticé—. Pero ya conozco algunas cuantas zonas seguras del lugar.

    Mi gesto se torno algo confundido al ver la reacción perpleja de Annie, reacción que pronto se tornó en un ataque de risa. Risa que acabé por asimilar de la misma manera. Ni siquiera estaba seguro de que nos reíamos, pero una risa tan genuina como esa no podía ir sola.

    —Y tú sin duda eres muy amable. Creo que...¿Eh? —me sorprendí al sentir como la chica sin previo aviso me tomó de la muñeca, y se dispuso a retomar su carrera nuevamente, esta vez conmigo como acompañante. Vaya que corría rápido. No me sorprendía que al chocar me hubiera logrado derribar. En un principio estaba algo confundido, pero en cuanto comencé a sentir el viento en mi rostro y pude ver a Anna tan contenta, sencillamente me olvidé de todo y comencé a correr con todas mis fuerzas. Estando casi al nivel de la chica. Estaba sonriendo, estaba contento.

    Podía ver como mi Visión Anemo, cortesía del Arconte Barbatos, comenzaba a titilar mientras tomábamos velocidad, brillando cada vez más y más sobre mi hombrera derecha. Que bien se sentía el viento acariciando mi cara.

    Cuando finalmente nos encontrábamos cerca de la ciudad, puede notar que había una persona, además de los guardias, esperando en la entrada, y parecía que Annie la conocía. Por su ropa, pude deducir que era parte de la compañía de ópera.

    —Espero que lo de ser secuestrada sea en sentido figurado... —comenté por lo bajo mientras la chica me soltaba y me recordaba que buscara buenos asientos para ver la función. No sin antes despedirse de mí y guiñándome el ojo antes de entrar a la ciudad. No supe reaccionar en ese instante. No estaba acostumbrado a esa clase de gestos en el gremio la verdad. Incluso hasta me había sonrojado un poco.

    Pero eso era lo de menos. Ahora tenía que conseguir un asiento. Anna creía que conocía a Jean, pero más allá de haberle dirigido un par de palabras, no diría que fuéramos conocidos, ella era una mujer muy ocupada después de todo. Pero estaba dispuesto a rogarle con tal de ver el espectáculo. Aun si eso significaba deberle un favor a los caballeros. Al menos había podido encontrármela antes de que llegará al lugar.

    —Bueno, supongo que puedes tomar el asiento del Señor Diluc. Él dijo que el vería el espectáculo desde uno de los balcones. —Mencionó la gran maestra intendente, quien ya estaba preparándose para ir a la función.

    ¡Vaya suerte, era un asiento en primera fila! Ya habiendo ocupado mi nuevo lugar, no me quedó más que esperar a que diese inicio el espectáculo. No iba a mentir, estaba un poco emocionado.
     
    Última edición: 23 Diciembre 2021
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    Gigi Blanche

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    Anna

    Mis orígenes eran bastante inciertos, a decir verdad. Lo poco que sabía era que mis padres habían provenido de Inazuma, que en algún punto del viaje yo había nacido y luego, desembarcaron en el puerto de Liyue. Los recuerdos eran borrosos, vagos y contradictorios de a ratos, así que nunca le di mayor importancia. Mi familia, después de todo, era la Compañía. Mi corazón estaba en Liyue, en sus inmensas columnas montañosas, en los colores otoñales y el aroma salado del océano. Su vida era la mía, su espíritu vibraba junto al mío. El paisaje desde lo alto de la cordillera Tianheng o la Posada Wangshu, el bullicio entre las callejuelas y las cientos de luces doradas decorando el cielo nocturno durante el Rito de la Linterna. Liyue era y seguirá siendo la inspiración de todas nuestras obras, es algo que como Compañía tenemos muy en claro.

    Llevar nuestra querida nación al rincón más lejano de Teyvat.

    Los Caballeros de Favonius habían dispuesto un escenario en la plaza frente a la Catedral, justo delante de la inmensa estatua de Barbatos. Yunyun me arrastró hasta allá, tras bambalinas, y mientras me ayudaban a prepararme y maquillarme recuerdo alzar la vista y apreciar la enorme presencia del Arconte Anemo. Una brisa susurró desde el Este, entonces, fue suave y meció mi cabello al tiempo que Yunyun depositaba la corona de gemas sobre mi cabeza. Fue como si nos diera la bienvenida a su ciudad.

    —¿Lista?

    Asentí, llena de confianza, y cerré los ojos. Me tomé un instante para agradecer la vida que tenía, las oportunidades que se me presentaban y la familia que había construido, y sobre esa inmensa oscuridad el murmullo general del público se aplacó de repente. Uno, dos, tres sonidos de llamaradas a la par fogonearon en diferentes direcciones. La plaza, entonces, se encendió de antorchas y mientras la gente se distraía con eso, el telón se abrió. Levanté la cabeza, sonreí y agité mi bastón con un movimiento amplio, a lo cual la Visión reaccionó y encendió una línea de fuego sobre el instrumento. Lo manipulé con presteza, girándolo y lanzándolo en el aire para golpearlo en mi talón y volver a sujetarlo. Tracé la amplitud de los cielos, la inmensidad de las montañas y corté el aire a mi derecha, alcanzando una enorme pira embebida en material inflamable. Ardió al instante, se alzó hacia Barbatos y ejecuté una profunda reverencia al tiempo que la música se acentuaba y el resto del elenco aparecía en escena.

    La ópera de Liyue era una fiesta, si debía describirlo de alguna forma. Podía resultar caótico al principio, pero apenas te permitías fluir junto a su ritmo y energía te dabas cuenta que, dentro de sí, conservaba profunda armonía. Los bailarines se alinearon al fondo, enormes guerreros agitaban banderas de colores que los acróbatas esquivaban de diferentes maneras. Los instrumentos retumbaban, la vida se enaltecía y alcé los brazos en profundo respeto a nuestras raíces, al lugar donde habíamos depositado nuestro corazón. Al alma de nuestra cultura.

    Quizá fuera una niña sin orígenes, pero eso sólo me había permitido elegirlos.

    Luego de una introducción llena de energía, Yunyun, quien estaba al otro lado de la pira, sonrió hacia el público con la mitad de su rostro oculto detrás de su abanico y luego lo agitó con fuerza, extinguiendo por completo la llama que se alzaba hacia el cielo. Su Visión Anemo titiló suavemente. La música cesó a la par, lo hizo de repente y el elenco se congeló en sus posiciones, como si el tiempo se hubiera detenido de repente. Yunyun, entonces, empezó a cantar dentro de la inmensa oscuridad. Su voz melodiosa, impulsada gracias a sus vientos, alcanzó hasta el último rincón de la plaza. La música regresó lentamente, acompañándola in crescendo, y un miembro de la Compañía ubicado en lo alto de las torres comenzó a encender las linternas dispuestas alrededor del escenario con flechas incendiarias. ¿Peligroso? Un poco, pero ya lo había dicho.

    Era la ópera de Liyue.

    Con cada linterna nuestros movimientos se descongelaron más y más, hasta recuperarnos por completo y dar inicio, por fin, a la obra. Era un guión sencillo, la historia de un pescador y una jovencita adinerada, hija del Presidente de uno de los Ocho Oficios; el de cerámica vidriada, para ser exactos. La dama vivía entre lujos y oro en lo alto de la Terraza Yujing, y desde allí veía atracar y partir a la inmensa cantidad de barcos que circulaban en el puerto de Liyue desde hacía ya cientos de años. Soñaba, sin embargo, con caminar entre esa gente. Visitar los mercados, los puestos de fruta, pescado y flores improvisados cerca del astillero, probar la comida del Restaurante Wanmin y deleitarse con los nuevos aromas de la Perfumería Aroma Primaveral. Una noche, con ayuda de su criada, logró escaparse de su casa. Era el Rito de la Linterna, las calles atestadas de gente la empujaron a perderse entre la muchedumbre y allí se topó con el joven pescador, de corazón tierno y humilde espíritu, que le ofreció mostrarle el puerto de Liyue en una de sus noches más deslumbrantes.

    Toda la historia se desarrolló mediante canciones, fiel a su estilo. Yunyun era nuestra cantante estrella, así que ella hacía el papel de la dama mientras yo lideraba las coreografías principales. Más tarde me incorporé como uno de los personajes, una fiel amiga de la joven burguesa que defendió sus deseos de conocer el mundo con el arte de la lanza. Usar nuestras Visiones siempre generaba un gran efecto en el público y esta no fue la excepción, mi arma se tiñó de llamaradas vivas y gracias al arduo entrenamiento logramos simular a la perfección una batalla donde salí triunfante.

    Al final, el padre de la joven cedió a sus deseos y le permitió integrarse a las caravanas mercantes que recorrían Teyvat periódicamente. No era una historia de amor, al menos no en el sentido tradicional, ya que la dama siguió su camino y aprendió el oficio que tanto ella como su padre amaban, mientras el pescador continuó con una vida sencilla y armónica. Se inspiraron mutuamente, se alentaron y se atesoraron en sus corazones por el resto de sus días. En la escena final se desplegó una energía similar a la de la introducción, con muchísimos bailarines, acróbatas y guerreros agitando sus banderas. Yunyun y yo estábamos al centro de la escena, danzando y maniobrando nuestros bastones en el aire, hasta que al final ella se integra a una caravana en marcha y se despide de todos, de nosotros y del público, para desaparecer tras bambalinas. Me volví hacia los habitantes de Mondstadt, entonces, la música ascendió a su punto álgido y los fuegos artificiales estallaron, provocando un juego de chispas que coroné con un movimiento amplio de mi bastón incandescente. Cuando todas las luces se extinguieron, apenas un instante antes, la Compañía ejecutó una reverencia y el espectáculo acabó. ¿El final de la historia?

    Bueno, si alguna vez la dama y el pescador volvieron o no a encontrarse, eso dependería de cada espectador.

    Nos retiramos fuera del escenario en lo que las luces de las antorchas se reavivaban, aprovechando la oscuridad repentina para que nadie notara nuestros movimientos. Vino, entonces, la presentación en solitario de cada miembro de la Compañía. La tradición dictaba aparecer, ejecutar alguna danza y alinearse al fondo del escenario. Ya al final, Yunyun pasó primera y luego vine yo, con el vestido tradicional y la gran corona de gemas del principio. Bailé con mi bastón, lo maniobré con suavidad y certeza y apenas acabé, extendí los brazos en dirección al público y sonreí.

    La Compañía, entonces, dio por finalizada su presentación.


    PEDAZO DE TRIP not a single fuckin regret
     
    Última edición: 26 Diciembre 2021
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    Rider

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    Siempre había tenido cierto gusto por ver la ciudad de noche, sobre todo durante épocas del festival. Las luces, los banderines y alfombras que recorrían las calles. Era simplemente encantador, como si si Mondstadt nunca durmiera durante el festival, y yo tampoco lo hacía, no con vistas tan hermosas como las que se podían apreciar desde la plaza frente a la catedral. Tomé mi asiento que quedaba justo en frente del escenario. Ahora entendía porqué el señor Diluc no se había molestado en acercarse demasiado. Había bastantes caballeros de Favonuis mirando el espectáculo.

    Y hablando de eso, me había parecido que alguien estaba mirando el espectáculo desde la parte alta de la estatua de nuestro Arconte, por los ropajes verdes me podía dar a una idea de quien se trataba. ¿Era acaso ese bardo simpático con el que hablaba de vez en cuando en la taberna? ¿Cómo había llegado él hasta ahí? Bueno, seguro que la vista debía ser grandiosa.

    El espectáculo comenzó con la mismísima Anna abriendo el espectáculo. Antes de pasar con la obra principal, todos los miembros de la compañía hicieron una breve demostración de sus habilidades. Si no fuera esto una obra perfectamente podría creer que se trataban de guerreros formidables. Y es que en el fondo lo eran.

    La obra fue simplemente preciosa, la historia del pescador y la jovencita adinerada era conmovedora, y no iba a negar que encontraba cierta empatía en a historia. Una persona que aun por su situación decide aferrarse a un sueño. Y la voz de aquella chica que había "secuestrado" a la pobre Annie al llegar a la ciudad tenía una voz hermosa, y realmente hacían de la obra un espectáculo único. Pero debía confesar que quien se llevaba las palmas era sin duda Anna, la manera en que se movía y dirigía a los demás era admirable, casi poética.

    Me quedé mirando toda la obra sin apartar la mirada ni por un segundo, completamente cautivado. En un principio me disgusto que el final de la obra fuese tan abierto, pero entendí que era para que el final de aquella historia quedara en manos del espectador. Luego de la presentación final y de ver a Annie bailar con ese elegante bastón, no pude hacer más que ponerme de pie y aplaudir eufórico tras la presentación, y poco después todos los presentes me acompañaron a hacer lo mismo, incluso hubo un par que lanzaron rosas al escenario. Sin dudas ya se habían ganado un buen grupo de admiradores, yo incluido.

    La gente comenzó a disiparse poco a poco, unos cuantos trataban de acercarse a la zona trasera del escenario para ver a los interpretes, pero los caballeros estaban impidiendo el paso, no querían que nadie molestara a la compañía, probablemente estarían exhaustos. Pensé en colarme a los vestidores, no sería la primera vez que me les escabullo a los caballeros, pero después de el gesto que había hecho la maestra intendente por mí, preferí no dar problemas y esperar junto a la estatua de Barbatos, esperando poder ver a la chica al salir.
     
    Última edición: 29 Diciembre 2021
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    Gigi Blanche

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    Anna

    El espectáculo había sido un éxito, ¿verdad? Es decir, si debía ser plenamente honesta no esperaba menos de nosotros. Éramos un equipo que trabajaba arduo, que no flaqueaba y, por encima de eso, éramos una familia. Con detalles más o detalles menos, no había ocasión donde pisáramos el escenario y no nos sincronizáramos en una armonía hasta estúpida. Quizá fuera cursi pensarlo, pero realmente sentía que habíamos nacido para encontrarnos.

    Cuando acabamos, nos retiramos del escenario y el sonido de los aplausos nos envolvió por completo. Había bastante oscuridad y aún así la luz nos bastó para vernos entre nosotros, formar un círculo y cerrar los ojos, simplemente disfrutando del instante. Agradeciendo, también. Aguardaron hasta que di la señal como ya era tradición, chasqueé los dedos y alzamos un brazo para cerrar el círculo, primero, y luego de cara al cielo. Al levantar el rostro fue que creí ver la silueta de una persona sentada al borde de las manos de la estatua de Barbatos, pero seguramente fue un juego de luces. ¿Quién llegaría ahí arriba y por qué?

    Fue en ese instante que recordé a Aleck y me pregunté si se habría quedado a ver el show. Confiaba que sí. Me excusé de mis compañeros con rapidez, alegando que esperaba encontrarme con alguien, y me alejé con sus bromas de fondo sobre cuán rápido conseguía siempre conocer gente. Ni modo, se podía decir que tenía un talento natural, incluso si eso implicaba chocármelos en medio de la nada y atentar contra su bienestar físico. Me había quedado algo prendada a la idea de la persona en lo alto de la estatua, la verdad, así que me acerqué sin un motivo demasiado concreto y, mira tú, acabé dando con el niño verde.

    —¡Aleck! —exclamé para llamar su atención, alegre y aún algo agitada por la obra, y me detuve frente a él con movimientos fluidos y teatrales—. ¿Y bien? ¿Qué tal la crítica del público~?
     
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    Rider

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    Aleck

    Olvidaba a veces lo tranquilizante que era pararse a la sombra de la estatua. Encontraba cierto alivio en el ideal que nuestro arconte defendía, en aquel por el que se había embarcado en un guerra contra la antigua deidad y contra la tiranía de los Lawrence. Hay cosas de infinito valor en este continente, pero ninguna puede compararse a la libertad. Podía sentirla en todos lados, en el viento, en la gente. Había sido la libertad la que me había permitido disfrutar de aquella obra, de conocer a Anna. De no ser por la lucha de la libertad, probablemente seguiría encerrado en casa.

    Esperé paciente junto a la estatua. Había tenido que saltar para evitar el pequeño estanque que la rodeaba pero nada excesivamente complicado. Solo esperaba no meterme en problemas con los caballeros.

    Tras un tiempo de haber estado distraído con mis pensamientos, una voz familiar y agradable llamó mi atención. Anna no había atenido ningún problema para encontrarme por suerte.

    —¡Hey, Annie! —saludé entusiasmado mientras la invitaba a hacer lo mismo que yo y saltar aquel pequeño estanque para que me alcanzara— ¡Todo estuvo increíble! Las luces, los pasos, tu amiga cantando. Por los siete, creo que nunca había visto nada así en mi vida. ¡Y cuando estabas dirigiendo la coreografía! ¡Y quemaste aquella pila de madera! ¡Los bailes! ¡Y la historia de la joven y el pescador! ¿Cómo pudieron dejarme con la duda así? ¡Quería saber más!

    Probablemente no me era posible ocultar el brillo en mis ojos al hablar del espectáculo. Simplemente me había dejado cautivado. Tras unos breves instantes logré recuperar la compostura.

    —Lo siento, lo siento, me exalté un poco —confesé un poco avergonzado—, pero, para eso se es aventurero ¿No? Para ver cosas que nunca has visto antes, y emocionarte como si aun fueras un niño...—Me interrumpí un segundo para mirar la parte alta de la estatua, mientras veía como un ave se alejaba volando del lugar. Entonces seguro que me había confundido, ¿Cómo iba a llegar el bardo hasta allá arriba él solo? Tal vez estaría en la taberna o algo.

    >>Oye Annie —clavé mi mirada en la chica con una sonrisa amplia y una idea— ¿Tienes planeador?
     
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    Gigi Blanche

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    Anna

    Me detuve justo frente al estanque para saludar a Aleck, aunque cuando me regresó el saludo y me invitó a saltar no dudé ni dos segundos en agarrarme de su mano para hacerlo. Se me coló una risa breve en el proceso y alisé la falda de mi vestido con ambas manos, atendiendo a sus palabras. Estaba genuinamente emocionado por lo que acababa de ver, se le notaba en cada centímetro del cuerpo y me dio una ternura inmensa. Además de satisfacción, claro. Pocas cosas se igualaban a saber que tu arte lograba alcanzar a los demás.

    Su disculpa se solapó con mi risa y meneé la cabeza suavemente, alzando una mano entre nosotros para invitarlo a guardar silencio un instante.

    —No te disculpes, por favor, yo encantada de oírte. —Me incliné un par de centímetros, solemne—. Me alegra mucho que la obra te haya gustado, Aleck.

    Luego regresé las manos a mi espalda, asintiendo al decir que parte de ser aventurero era aún emocionarse como un niño, y seguí la dirección de su mirada hasta lo alto de la estatua. Su pregunta me pilló ligeramente desprevenida y arrugué el ceño, regresando a sus ojos.

    —No, ¿por? —Una sonrisa se me dibujó en el rostro a medida que hablé, cargó consigo una chispa de ilusión—. ¿Qué se te ha ocurrido ahora?
     
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    Rider

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    Trataba casi siempre de ocultar mi lado excesivamente jovial, incluso lo llamaría infantil. A mi edad ya no se veía muy bien conservar ese tipo de actitudes, aunque agradecía que en el gremio jamás habían tenido problemas con esa parte de mí , incluso a algunos les agradaba y había logrado hacer un par de amigos gracias a eso. Pero aun así, no era una parte que procurara mostrar, generalmente hacía que la gente me tomara menos en serio o simplemente porqué me hacía sentir avergonzado.

    Pero la chica no pareció tener ningún problema, hasta me atrevería a decir que lo encontraba agradable en cierta forma. Y eso era un alivio. Sonreí nuevamente mientras rascaba mi nuca antes de dirigirme nuevamente con Anna.

    —He he, bueno, ¿qué puedo decir? Definitivamente es un espectáculo digno de verse. Espero que se presenten de nuevo, ¡volveré a conseguir un asiento en primera fila!

    Me detuve un segundo a contemplar la visión, que reposaba en mi hombrera, recordé lo mucho que agradecía tenerla, y las posibilidades que me brindaba.

    La duda en Anna me causo cierta gracia, pero no dije nada, me limité simplemente a sonreír y tomar su mano con fuerza, mientras con mi otra mano invocaba una mandoble enorme, producto de la energía elemental de mi visión, y la clavé con firmeza en el suelo, creando una fuerte corriente de viento que ascendía varios metros hacia el cielo. La corriente eran tan fuerte que casi era capaz de levantarnos por si sola del suelo, y de la misma manera el viento logró arrancar varias flores que habían en la base de la estatua, decorándolo de cierta manera.

    —¡Sujétate bien! —le mencioné sin previo aviso a la chica, apretando su mano con fuerza mientras desplegaba las alas celestes que la ciudad me había otorgado por mi ayuda durante aquella época en la que el dragón de los cielos había caído victima del control del abismo. No eran alas particularmente especiales, solo conmemorativas, pero ciertamente eran lindas y me gustaba como combinaban con mi atuendo.

    El planeador reaccionó de inmediato al viento, y logró despegarnos a ambos del suelo y elevarnos de manera vertiginosa. Annie se aferró a mi con fuerza, no podía estar seguro pero incluso parecía que había cerrado sus ojos. Una vez que habíamos llegado al punto más alto, comenzamos un descenso suave y calmado hasta llegar a las manos de aquella estatua de Barbatos, como si fuéramos simples plumas y hojas siendo gentilmente arrastradas por la brisa.

    —Disculpa lo abrupto del momento, pero, siendo que tú me mostraste el mejor espectáculo de Liyue, ¡pensé en mostrarte un humilde espectáculo propio de la ciudad de la libertad! —le sonreí a la chica mientras señalaba con mi mano la hermosa vista que se aperciba desde aquel lugar. Me acerqué con cuidado al borde de las manos y me senté dejando una pierna colgado y la otra sobre la mano, permitiendo colocarme mi mano sobre la rodilla, invitando a la chica a sentarse junto a mí—. ¿Qué te parece? Me gusta venir acá arriba antes de ir a dormir. Siempre he creído que es la mejor parte de la ciudad.
     
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    Gigi Blanche

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    Anna

    Asentí repetidas veces al entusiasmo de Aleck sobre una posible nueva presentación de la Compañía y repasé nuestra agenda mentalmente antes de responder.

    —Si volvemos aquí, me encargaré de hacértelo saber. —Busqué su mano para entrelazar nuestros meñiques y los agité de lado a lado, sonriéndole—. Es una promesa~

    Hasta entonces había notado que Aleck también era un portador de visión, concedida por el Arconte de su tierra natal. Hubo algo en su sonrisa que me ayudó a atar cabos, aunque siendo francos no tuve demasiado tiempo para procesar nada. Encontró mi mano, utilizó su energía elemental para materializar su arma y una fuerte corriente de viento apareció de repente. Me llevé la mano libre a la falda, preocupada por mi vestido, y estuve por abrir la boca cuando la voz de Aleck se antepuso a la mía. Ni siquiera tenía que pedírmelo, joder, me había pillado tan desprevenida que claramente me aferré al muchacho para no ir a salir volando o algo.

    Tuve que sacrificar el asunto de la falda, ya de paso.

    De un momento al otro, un par de alas turquesa aparecieron a su espalda y eso fue lo único que hacía falta para genuinamente despegarnos del suelo. Se me tensó el estómago y cerré los ojos por reflejo, aunque pocos segundos después su vuelo se estabilizó y eché un vistazo. Fue hacerlo y tener que abrir los ojos de golpe, absolutamente asombrada por la ciudad que se desplegaba frente a nosotros.

    Jamás había imaginado que apreciaría Mondstadt de esa manera.

    Cuando empezamos a descender bajé la vista, y quizá deseé no haberlo hecho por el ligero vértigo que se me revolvió en el cuerpo. Enderecé el cuello y poco tardamos en alcanzar las manos de la estatua, allí donde había creído ver a alguien. Si Aleck era capaz de subir con semejante facilidad, entonces no sonaba tan descabellada la idea de antes. Poco a poco me desprendí del muchacho, observé mis pies y recorrí el maravilloso mundo que se extendía frente a nosotros.

    Y una vez la sorpresa y el miedo amainaron, una sonrisa enorme se plantó en mi rostro.

    —¿Vienes aquí antes de dormir? —repliqué, algo burlona pero sin verdadera malicia—. Vaya hábitos.

    Avancé con delicadeza hasta el borde de las manos, allí donde él se había sentado y me invitaba a hacer lo mismo. Entrelacé los tobillos que colgaban sobre el vacío y recogí las manos en mi regazo, sin poder despegar los ojos del paisaje.

    —Es hermoso —suspiré, embelesada, y regresé la mirada a Aleck—. Un espectáculo por otro, suena a un intercambio justo.

    Me permití una risa breve y me prendí del escenario por un rato más. Desde allí arriba todo lucía tan... pacífico. Era un mundo hermoso, eso ya lo sabía yo, y observarlo desde las alturas no dejaba espacio a ninguna otra opinión. ¿Todos los portadores de Anemo contarían con este privilegio? Cielos, era increíble.

    —¿Alguna vez has estado en Liyue, Aleck? —le pregunté al cabo de unos minutos, volteando a verlo con una sonrisa tranquila.
     
    Última edición: 5 Enero 2022
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    Rider

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    Aleck

    El simple gesto del meñique que había hecho Annie había logrado conmoverme, ciertamente no esperaba esa manera de consolidar una promesa de alguien como ella, no porqué tuviera menos valor, sino porqué en el fondo creía que solo yo seguía haciendo promesas así. Me daba gusto ver ese tipo de gesto aun, me parecía que las promesas de esta manera eran más honestas, más sinceras. No sabía porqué, pero algo dentro de mí me decía que era una promesa que iba a cumplir.

    Aun pese a que sabía que la chica no había estado muy contenta con mis acciones tan repentinas, me alegro ver como su semblante cambiaba al contemplar todas las maravillas de la ciudad, como había dicho, era un espectáculo en sí mismo.

    —Sí, antes solía dar paseos por las calles de la ciudad, pero esto sin dudas era más relajante —confesé entre risas mientras buscaba la mirada de la chica, que yacía sentada junto a mí y continué respondiéndole—. Hey, esa es la naturaleza de los contratos ¿no es así? Que sean justos.

    Le guiñé el ojo a la chica antes de volver a clavar mi vista en la ciudad, hasta poco a poco levantar la mirada para contemplar la bóveda celeste. No conocía mucho de Liyue, pero al menos sabía un poco de su filosofía, muy, muy poco, pero eso sin dudas solo era un motivante para querer visitar la nación de los contratos algún día.

    —Jamás he ido por esos lares, he leído un par de libros y conocido a una cuantas personas que viene de allá. Por aquella taberna se coloca una simpática comerciante que vende porcelana, dice venir de por allá —señalé con mi dedo índice en dirección a la calle en donde se colocaba aquella simpática mujer, posando mi vistan por un segundo en la taberna Obsequio del Ángel.

    >>Hey Annie... —llamé a la joven con algo de duda— ¿Cómo es vivir en Liyue? Ya sabes...He escuchando que hay muchísimas más reglas que aquí.
     
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    Gigi Blanche

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    Cintita Anna.png

    La brisa allí arriba, pese a lo que habría podido ocurrir, soplaba con una gracia ajena a la altura a la cual nos encontrábamos. Mecía mi cabello lentamente, traía consigo los aromas que había aprendido a reconocer como insignias puras de Mondstadt, de sus tierras verdes y montañas de curvas suaves. Era el olor del césped tras una brisa matutina, la dulzura del Lago de Sidra y la nota fría, casi desapercibida, de los vientos que corrían desde Espinadragón. La noche acompañaba espléndida y las estrellas, rodeando Celestia, titilaban aquí y allá.

    Escuché a Aleck y solté una risa en voz baja, ya que no sentí necesidad alguna de alzar la voz. También asentí.

    —Sí, sí, muy bien~ Ya puedes ser un ciudadano honorario de Liyue, aunque la segunda regla básica es: saber regatear. —De repente me eché una seriedad encima que me hizo fruncir el ceño y alcé el índice frente a su rostro—. ¡Ten mucho cuidado si vas, Aleck! Los comerciantes te huelen el olor a turista y te exprimen como un hongo marino. ¡A los dos días estarás sin una sola mora! Recuerda mis palabras, no confíes en ellos. Especialmente los del puerto norte.

    Ah, pero las vistas desde allí eran increíblemente hermosas, ¿a que sí?

    Seguí la dirección de su dedo al indicarme una taberna lejana y entrecerré los ojos hasta divisarla, o al menos creer hacerlo. La idea de que su dueña fuera nativa de Liyue me hizo sonreír contenta, con una ilusión contenida que a duras penas canalicé moviendo los pies de adelante hacia atrás.

    —¿En serio? Me gustaría conocerla.

    Me distraje atendiendo al horizonte y pensando que, de hecho, pasar por una taberna no sonaba a mala idea, cuando Aleck llamó a mi nombre. Había enganchado las manos debajo de mis muslos y murmuré un sencillo "¿hmm?" antes de volver el rostro hacia él. Su pregunta me hizo pensar un par de segundos, hasta que creí dar con una respuesta satisfactoria.

    —Yo no creo que los conceptos de orden y libertad sean excluyentes, ¿sabes? Mira aquí, la gloriosa capital de la libertad, pero veo también muchísimo orden. No hay caos, no hay disturbios ni gente robando en los comercios. Cada quien hace lo que quiere y al mismo tiempo no, porque respetan la autoridad de los Caballeros de Favonius y temen a una reprimenda. —Sonreí, volviendo la mirada hacia él—. Reglas hay en todas partes, y así en Liyue sean unos fanáticos de los contratos, me atrevo a decir que gozamos de la misma libertad que cualquier ciudadano de Mondstadt.

    Eso también era gracias al impecable gobierno de las Siete Estrellas. Ahora que Rex Lapis había muerto, dando paso a una nación gobernada por humanos, la situación no creía fuera muy diferente a la de nuestros vecinos.

    —¡Eso sí! Tenemos muchísimos artículos legales. —Solté una risa liviana—. Tengo una amiga, ¿sabes? Es mitad adeptus y está increíblemente versada en el derecho legal, tanto que... Ah, ¿sí sabes lo que son los adeptus?

    mIRA MI CINTITA GEORGIE, MÍRALA MÍRALA
     
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    Aleck

    Mi apreciación de las vistas de la ciudad se vieron repentinamente interrumpidas por la voz de Anna luego de su segundo comentario tras haber mencionado aquello de la nación de los contratos. Más que una amenaza, parecía una justa advertencia lo que estaba haciendo la chica, aunque debía admitir que no estaba captando del todo lo que me trataba de decir. ¿Dijo que apestaba a turista? Tomé el cuello de mi camisa y la olí por un segundo tratando de ver si percibía algún olor. ¿A que se suponía que olía un turista?

    —Bueno, de igual manera tu me acompañarías en mis andas por Liyue ¿cierto? Porqué yo soy malísimo para regatear, incluso cuando en El buen cazador me ofrecen descuentos, simplemente no puedo, me es difícil aceptar la idea de pagar un precio que no sea el que los comerciantes pongan, por muy inflado que este pueda ser...

    Confesé mientras rascaba mi nuca y se me escapaba una risa avergonzada, para luego escuchar su explicación sobre el funcionamiento de naciones como Mondstadt, parecía que había entendido la raíz del ideal de nuestro hogar en un tiempo increíble.

    —¿Sabes Annie? No podía estar más de acuerdo contigo —giré hacía la chica sonriendo contento para luego clavar la vista en el cielo—, después de todo, ¿Qué significa realmente la libertad cuando es demanda de nosotros por un Dios? Eso no sería libertad en lo absoluto. Supongo que por eso algunos arcontes dejan a sus naciones ser dirigidas por otros humanos hacía un mejor mañana.

    Solté un suspiro calmado mientras escuchaba sobre la infinidad de artículos legales que había en Liyue, sin duda las bibliotecas en la nación de los contratos debían ser enormes, y no pude evitar sentir curiosidad por esta chica de la que Anna hablaba.

    —¿A-Adeptus? —coloqué el espacio entre mi dedo pulgar e índice debajo de mi barbilla, tratando de recordar, pues estaba seguro de que había escuchado esa palabra antes—. Espera, ¿te refieres a esos seres que ayudaron durante la guerra de los Arcontes? ¡¿Es tu amiga?! No puedo creerlo, si que te rodeas de gente de lo más sobresaliente ¿Eh?

    >>Mhmm...Hey, ¿Qué tal si me cuentas más sobre Liyue acompañándome con unos tragos en la taberna? —invité a la chica, aun recordando que le gustaría visitar el lugar—. No puedes irte de Mondstadt sin haber probado su vino, además —desplegué nuevamente el planeador sobre mi espalda—, conozco un atajo para llegar ahí~.
     
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