Hola, hace mucho que no pasaba por acá y menos escribiendo, llevo casi un año de sequía de inspiración con el anime. A diferencia de mis otros fics este lo hago en solitario, es un drama, me inspire casi completamente cuando vi El curioso caso de Benjamín Button, claro que cambie muchas cosas, vamos a ver si les gusta pensé a ver perdido chispa para esta clase de fandom. Título: Lo mejor de una vida Autor: Niphedil Serie: Inuyasha Género: Drama/Romance Advertencia: Ooc en algunos de los personajes. ______________________________________________________________________ Prologo Una tormenta azotaba la hermosa casa como un barco por las olas, aunque las personas adentro del lugar solo se preocupaban por cerrar las ventanas y tratar de que nada se mojara ni que el agua traspasara por debajo de las delicadas puertas de la residencia japonesa. No era un lugar muy grande, no se calificaba como una gran mansión pero tampoco como una pequeña casa de aldea. Dentro de una de las habitaciones había dos mujeres, ambas con cabello canoso con unos pocos tildes de negro, ancianas, una de ellas estaba de rodillas con un libro entre las manos, era de estatura pequeña y menuda, vestida con un kimono de flores, con sus ojos verdes escudriñando sus paginas y debes en cuando echando una mirada a su acompañante. La otra señora estaba acostada en un colchón en el medio de la pieza, el cabello gris y largo se esparcía por la almohada, su rostro cansado, pálido y arrugado, estaba tapada con una frazada hasta el pecho, respiraba con dificultad. De pronto la mujer abrió sus ojos, iguales que pulidas esmeraldas, se movió unos segundos y le habló con voz débil a su acompañante. —Ka... Kagome—musitó, luego tocio fuertemente haciendo que ella se alarmara, Kagome se acercó mirándole con preocupación. —No te esfuerces, por favor—suplicó acomodando las sabanas. Un rayo tronó e iluminó la habitación y los ojos de la enferma relampaguearon, luego volvió la cabeza hacía un armario en la pared. —Traé a mí hija—le pidió observante con intensidad.
Bueno, por lo corto estoy suponiendo un viaje en búsqueda de la hija o algo sobre "encárgate de ella" etc... aunque claro, es muy pronto para suponer algo así ¿Verdad? Creí que sería más largo pero como es pequeño puedo comentar rápido amiga :D Me gusta, estaré al pendiente a ver que haces, ya que tenias mucho rato de escribir xD (Y eso estamos iguales...)
Bueno acá esta el primer capitulo... se que es horriblemente corto, tratare de que próximo sea más largo. Gracias a Iza-chan y a las personas que respondieron aunque sea con spam. Capitulo I: El diario Los cascos de un caballo sonaban contra el camino mojado, la capa gris se ondeaba mientras el jinete se sostenía con todas sus fuerzas de las riendas, rogando por llegar rápido, la carta que le habían enviado no tenía muchos detalles de el por que se le necesitaba en la casa. En el porche le espera una anciana, con una sonrisa amable en su rostro mayor abrazó a la recién llegada. —Que bueno que has llegado, querida—dijo Kagome a su acompañante, quien se sacó la capucha dejando ver su identidad. Ella era una mujer cuarentona, de cabello negro, largo y lacio, su piel era pálida como la nieve, unas orejas extrañas, como en punta, los ojos ámbar eran brillantes y hermosos pero cargados de tristeza por aquella situación. —¿Cómo esta?—preguntó entrando a la casa y quitándose la capa—Vine lo más rápido que pude. —No muy bien, cada vez pasa más tiempo dormida—le contestó bajando la mirada—, pero sabes que tu madre no te llamaría si no fuera algo importante. Le guió por los pasillos hacia la habitación de su madre. Había crecido entre esas paredes, ya llevaba años de estar ahí más que de visita pues se había casado ya hacía bastante tiempo cuando se enteró de la enfermedad de la señora que venía a verla cada mes si era posible. Cuando llegaron Kagome se despidió de ella y se marchó. El cuarto de su madre estaba iluminado por velas y la anciana estaba sentada tranquilamente en la cama, una leve sonrisa se asomó por sus labios y los ojos esmeralda brillaron al ver a su hija. —¡Sara!—exclamó suavemente, la joven se acercó a la cama desprendiéndose de la capa, revelando ricas ropas color azul oscuro. —Lamento no haber venido antes, mamá—dijo bajando la mirada y arrodillándose a un lado del colchón—, la tormenta es muy fuerte. —Descuida cariño—sonrió, pero rápidamente borró la expresión poniendo su manos en la boca y torciendo fuertemente, una mueca de dolor pasó por los ojos de Sara. —Mamá...—comenzó tratando de evitar que lagrimas salieran de sus ojos—una amiga me dijo que no tuvo tiempo de despedirse de su madre... y... —No... hija—suplicó con voz cansada. Dos grandes lagrimas salieron de sus orbes color ámbar, le abrazó fuertemente. Su madre era muy fuerte, poco le importaba la muerte, había tenido una hija hermosa y dulce, y otra oportunidad, eso le había bastado, Sara sabía conocía que su progenitora no era de rendirse fácilmente, pero en ese momento estaba vieja, cansada sentía que llegaba el momento de irse. —Te voy a extrañar mucho—susurró con voz cortada por el llanto. —Hay algo que quiero que busques—señaló una puerta en lado izquierdo de la habitación—. En mí armario... hay una caja. La pelinegra se levantó, abrió la puerta corrediza del armario entre los kimonos de la señora encontró una bella caja de porcelana fina pitada delicadamente con motivos de campanillas y rosas blancas tomo entre sus manos pálidas y largas aquel precioso objeto, luego volvió a su lado mirándole con curiosidad. Al abrir el cofre divisó un libro, viejo y desgastado, sobre la tapa una hermosa y pequeña perla color borgoña. Abrió el bello libro, leyendo unas caligrafiá, firme y cuidadosa, nunca la había visto. —No creo que esto sea una buena idea—opinó entrecerrando los ojos. —Es para... oír tu voz hija—murmuró, de nuevo acostada. Sara asintió, comenzando a leer entre los párrafos. —“Esta es mí ultima voluntad y testamento, lo que tengo que dejar, posesiones y tierras, ahora sinceramente no me importan. Solo tengo mí historia o al menos lo que pienso en este momento para contar... espero que este libro llegue a la persona adecuada... mi nombre es Sesshomaru...—empezó.