Chūō Leshy Tattoo Studio [Estudio de tatuajes]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Yáahl, 29 Noviembre 2022.

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    Yáahl

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    Quizás sonara a pura mierda, pero por las... costumbres que poseía había aprendido a afilar el oído incluso cuando parecía que se me había volado la pinza. Era un instinto de supervivencia que nunca me había molestado en explicar, pero lo cierto era que me había mantenido más o menos limpio hasta el momento. Quería decir, no tenía por qué dejar que los demás se comieran los numeritos de gratis, ¿o sí? Que había gente cobrando por eso y todo, a mí la caridad nunca se me había dado muy bien.

    No era más que un imbécil egoísta justificando todo con la vida que me había tocado.

    Su respuesta a la pregunta que le había regresado me venía en gracia, porque la verdad era que solo seguía demostrando por qué insistíamos en revolvernos a pesar de las circunstancias. Había líneas en nuestras personalidades que tal vez nunca fueran capaces siquiera de tocarse, mientras que otras parecían haberse enredado sobre sí mismas, casi como un puto torniquete. Apretaban lo suficiente para detenernos, eso seguro.

    Porque a la larga aquí solo nos quedaba el entretenimiento o la locura.

    Por eso muchos nos convertíamos en bufones.

    Con todo y que me contuve, no le quedó más que retroceder un poco al recibirme, la estupidez me hizo sonreír un segundo contra sus labios antes de que recuperara terreno. Su mano se coló en mi cabello, la tontería de colar apenas los dedos bajo la tela la hizo arquear la espalda quemando la distancia que quedaba y ladeó el rostro. Lo siguiente que sentí fue que coló la mano que se había quedado suspendida en la idea inicial del baile, navegó el espacio, mi mejilla y siguió su camino, dejando una línea de fuego tenue.

    Lo que murmuró prácticamente encima del desastre me regresó la sonrisa al rostro y también me hizo vibrar una risa en el centro del pecho. Sentí el roce de su rodilla, me pegué más a ella un poco en automático y antes de que continuara el espectáculo apenas me dio tiempo de decirle algo.

    —¿Era una lista? ¿Qué más anotaste ahí, como para que la historia comience a ponerte orgullosa~?

    Independientemente del comentario estúpido de turno, me atrajo hacia sí de nuevo aunque lo hizo más lento, contacto visual y toda la cosa hasta el último segundo. Me tragué una risa que cargaba una cuota extraña de orgullo ajeno, pero la recibí de nuevas cuentas atajando las señales, por llamarlas de alguna forma; enredó los brazos detrás de mi cuello y con eso me pudo echar algo de peso encima, profundizando el contacto.

    Me había dejado la otra mano libre ya, así que la enredé a ella también y aunque mantuve una en su cintura, donde se había quedado de por sí, la otra viajó a su espalda y se coló bajo el top sin demasiado disimulo, pero así también pude presionarla contra mí con mucha más insistencia. Mantuve el ritmo del beso lento, ni siquiera me molestó, y ajusté la posición para deslizarme dentro de su boca despacio.

    ¿A qué estábamos jugando precisamente? La verdad no alcanzaba a importarme lo suficiente.
     
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    La risa que vibró en su pecho se propagó a mi cuerpo en una frecuencia baja y fue por la tontería quizá que se me quiso asemejar a un ronroneo, de ahí que previera la estupidez de turno. Era un muchachito simple, no hacía falta ninguna locura para dejarlo contento. Su pregunta me vino en gracia, estiró mi sonrisa y me mantuve en sus ojos, como si pretendiera decirle que le respondía luego, que ahora había otras prioridades en orden; comerle la boca, por ejemplo.

    También me gustaba eso de meter suspenso, ni idea.

    Se amoldó al ritmo que marqué, la tontería me lanzó una chispa de satisfacción por el cuerpo y sentí el camino de sus manos, las delgadas líneas de pólvora. Una se portó bien, pero la otra se coló debajo del top y genuinamente estuve a punto de decirle que me lo estiraría si hacía eso cuando presionó, mi pecho encontró el suyo y el movimiento me mandó a tomar aire con fuerza, justo encima de su boca. La energía chispeó, pestañeé despacio y usé el aire que acababa de pillar para ahogar un suspiro en el beso.

    Seguía enredada a su cuello, ajusté la posición para hundir una mano en su mata de cabello y lo sostuve allí. Ladeé el rostro, se coló dentro de mi boca y le correspondí el gesto. Me di el gusto de matar varios segundos más hasta que recuperé algo de decencia y, despacio, deslicé los labios por su mejilla. Tenía un objetivo, claro, pero me distraje con facilidad. Le dejé un beso allí, inhalé y descendí un poco más. Otro beso en la línea de su mandíbula, debajo de ésta, relajé los brazos para permitirme el espacio y alcancé su cuello. Una mano fue del otro lado, la restante en su hombro, y le dejé unos cuantos besos sencillos antes de, finalmente, buscar su oreja.

    Let's get out of here.
     
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    Así como le había dicho sobre la tontería del regalo, lo cierto es que no pedía demasiado en ningún ámbito y me conformaba con cosas de lo más sencillas, como cualquier imbécil. Puede que precisamente esa falta de expectativas o límites concretos me permitiera conseguir algunas cosas que mis contrapartes más ajustadas a la sociedad solo pudieran desear. Si yo no esperaba nada, las personas me daban lo que estaba a su alcance, ¿no?

    Como fuese, me miró como diciéndome que no iba a responderme la pregunta porque estaba bastante ocupada ahora mismo y lo dejé correr sin más. Si luego de eso pensó en decirme algo, bueno, no le di demasiado tiempo, la movida hizo que su pecho encontrara el mío y la pobre tuvo que tomar aire encima de mi boca, porque no tenía espacio para nada más.

    El suspiro que ahogó en el beso me lanzó una correntada de electricidad por el cuerpo, si la contuve fue por el simple hecho de que estábamos metidos en el espacio de Tessa todavía y sabía que en el momento en que quitara el pararrayos todo se iba a la mierda. Igual me permití disfrutar el beso como un hijo de puta, no me importó disimularlo en lo más mínimo y deslicé la mano con que la había pegado a mí hacia su espalda baja.

    La que recuperó algo de decencia fue ella, para sorpresa de absolutamente nadie, y me dejé hacer como si nada. Sus labios pasaron a mi mejilla, me dejó un beso allí, luego continuó a la línea de la mandíbula y relajó los brazos para dejarse espacio, como era de esperarse. Mi mano navegó sin fin claro el borde de su pantalón y parpadeé con pesadez al sentir que alcanzó mi cuello, justo antes de que regresara para alcanzar a soltarme algo al oído.

    Si había un lenguaje universal era del "salgamos de aquí" y me podía matar a hostias con cualquier que me dijese lo contrario. No importaba si lo soltaban en chino, inglés, francés, español o la mierda que fuese, porque lo que uno entendía como tal no era la frase en sí, era el tono.

    Seguí haciendo el imbécil en el borde de su pantalón, tomé un montón de aire y contuve una risa deslizando el pulgar por el pasador. Fue todo lo que hice antes de separarme de ella un poco de repente, pero sin necesidad de ser brusco y encontré sus ojos en el preciso momento en que la puerta de Tess se abría de nuevas cuentas, como si lo hubiese previsto.

    Puede que lo hubiese hecho, quién sabe.

    —Tess, ya nos vamos —anuncié como si no acabara de estarle comiendo la boca a Sasha y recogí la chaqueta de donde la había dejado, tomé también la de Sasha para alcanzársela—. Luego te escribo. Gracias por atender a Sasha.

    —No fue nada. Además fue un placer, Sash —concedió con calma dirigiéndose a ella antes de volver a mí, si se dio cuenta lo disimuló—. Pasen cualquier otro día. Conduce con cuidado, imbécil, llevas a una chica contigo.

    —¿Puedes dejar de hacerme pasar vergüenza frente a la señorita? Yo creo que ni mis hermanos me avergüenzan así. Nos vemos. —Me quejé mientras caminaba hacia la puerta y desvié la vista a Sasha una vez estuve allí, dedicándole una sonrisa—. ¿Lista?
     
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    Las manos de Arata seguían divirtiéndose aquí y allá mientras yo, bueno, también hacía lo mío aquí y allá. Era una gran definición. Lo sentí en mi espalda baja, tanteando el borde del pantalón, y me pregunté si habría nacido así de cabrón o se había entrenado para serlo. De la forma que fuera, no reaccioné visiblemente a nada y encontré también sus ojos cuando retrocedió, un poco de repente. Casi al mismo tiempo, Tess volvió a escena y tuve que tragarme la gracia. Perfect timing, ¿eh?

    Arata anunció nuestra retirada, acepté mi chaqueta y fui hasta la mesita donde había dejado las cosas. Por suerte había unas bolsitas ahí cerca, de modo que lancé dentro de una la crema y las membranas antes de voltear hacia la chica. Le sonreí, me acerqué y sostuve una de sus manos entre las mías.

    —El placer fue mío —concedí, en tono suave, y le di un apretón amistoso antes de soltarla—. Que estés bien, linda, y muchas gracias por el tatuaje.

    En lo que retrocedía hacia la puerta, la chica volvió a meterse con Arata y éste se quejó. Me reí, reuniéndome junto a él, y salí al pasillo en cuanto recibí su sonrisa. Las luces y la música del estudio desaparecieron de repente, el pasillo lucía algo opaco y avancé un par de pasos antes de girar sobre mis talones.

    —No me queda lejos del club, quizá sí pueda pasar a visitarla de vez en cuando si me contratan. —Fue más un pensamiento en voz alta, y esperé a que se me pusiera al corte para engancharme de su brazo y básicamente pegarme a su costado—. ¿Sí dices que le caí bien? Tú que la conoces mejor.

    Antes de alcanzar las escaleras, sin embargo, se me ocurrió una tontería y me separé de él, apresurándome hasta un interruptor en la pared. Le metí todo el suspenso del mundo, como si aquel botón fuera a abrir un portal interdimensional o algo, pero al final me salió mal. Pensé que era la luz del pasillo, y al presionarlo sonó el timbre de uno de los apartamentos. Di un respingo, me congelé medio segundo y me apresuré hacia las escaleras. En el proceso, claro, había pillado la muñeca de Arata y me lo arrastré hacia abajo.

    Una vez en planta baja, solté la risa y me callé al oír cómo abrían la puerta de arriba. Tampoco hacía falta, pero empujé al chico hasta la sombra que hacían las escaleras y me quedé allí, con la oreja parada, aún esforzándome por no reír.
     
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    Así como yo me entretuve haciendo mis cosas, lo hizo ella y todo me siguió haciendo la debida gracia. La fiesta no iba a durar para siempre y, de nuevo, para evitar espectáculos gratuitos era que había afilado el oído; con ese tipo de evidencia podíamos decir que había nacido cabrón, sí, pero también me había entrenado para serlo aún más.

    Total que nos montamos el teatro como si nada, Sasha recibió la chaqueta y se despidió de Tess como correspondía. La mayor le dio un apretón suave a una de sus manos, negó suavemente con la cabeza y le sonrió con genuina calidez, algo que yo no veía demasiado seguido.

    —No fue nada, cariño. Cuídate —respondió sin más mientras se ponía a recoger los bowls donde habían traído las papitas y eso.

    Ya afuera del local de Tess, en el pasillo que era bastante sin gracia, escuché a la pelirroja pensar en voz alta primero y preguntarme algo directamente después. Me permití una risa floja antes de responderle, cosa de nada.

    —Así como la ves, lo cierto es que Tess tiene muy mal carácter. Bueno, era peor antes la verdad —comencé mirando al frente y dejándola enredarse en mi brazo—. Le caíste bien, no te preocupes, te habrías dado cuenta si no. Se veía contenta por conversar con una chi-

    Me callé cuando se separó de mí con un suspenso digno de Hollywood y antes de que me dejara advertirle que no eran las luces del pasillo, la cabrona presionó el interruptor. El timbre del pobre desgraciado sonó, a Sasha no le quedó más que arrastrarme y así tan fácil tuvimos que salir pitando como críos de seis años por andar tocando timbres.

    A la otra se le aflojó una risa, arriba abrieron la puerta y ella siguió metida en el papel, porque me empujó a la sombra cuando no era ni necesario. Me di cuenta que estaba haciendo el esfuerzo de no reírse, así que tuve que hacer lo mismo, pero tenía una neurona y el numerito de antes me la había dejado estropeada.

    —Oye, no me andes empujando a lo oscurito así porque sí —advertí en un murmuro, repasando su silueta con la vista—. Mira que luego te malinterpreto y eso estaría muy feo.
     
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    Me sorprendió bastante que dijera que Tess solía tener mal carácter, ya que no me lo había parecido en absoluto. Tampoco iba a creer que la única razón de ello hubiera sido mi presencia, pero considerando que se había quejado de los hombres que frecuentaban el local quizá fuera cierto que no veía muchas caras femeninas on a daily basis. De la forma que fuera, se sintió bonito. Me quedé procesando la información unos pocos segundos con una pequeña sonrisa pegada al rostro, casi como una cría ilusionada. Quizá no tuviera mucho sentido, pero con las estructuras inestables me sentaban bien los mini boost de cariño. La tinta aún latía, por muy empeñada que estuviera en ignorarla.

    Igual el momento de calidad duró poco gracias a mi estupidez de turno. Acabamos abajo, escondidos de absolutamente nadie, mientras aguardaba a que la persona de arriba se cansara y volviera a cerrar la puerta. Cuando Arata habló, ya su tono me hizo consciente de la situación y lo miré justo cuando me andaba repasando de arriba abajo. No había demasiada luz, la justa para discernir sus facciones y el color de las mismas. ¿Estaría feo que me malinterprete? Sí, suponía que sí.

    —¿Cómo osarías dudar de las intenciones de una dama? —repliqué, fingiendo ofensa, aunque la sonrisilla divertida ya la tenía pegada al rostro.

    La luz del apartamento de arriba finalmente desapareció, oí al tipo echarle el pestillo, la doble cadena o la mierda que fuera, y el silencio se presionó contra mi cuerpo. Si a él la neurona le había quedado estropeada por el show de recién, digamos que yo no contaba una historia muy diferente. Aún podía sentirlo, incluso si no me estaba tocando.

    —¿Y cuáles podrían ser las intenciones del caballero? —proseguí, relamiéndome apenas en lo que me inclinaba lentamente sobre su oído. En una mano llevaba la chaqueta y la bolsa, así que me valí de la otra para tantear el borde de su camiseta—. ¿Debería recordarte el voto de castidad y todo el rollo?
     
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    Lo cierto es que así cómo me aprovechaba de los más buenitos que me encontraba, también tenía cierta insistencia por juntarme con gente que cualquier día se despertaba con ganas de ser un grano en el culo. Tess entraba en esa categoría, se le había ido pasando con los años, pero la verdad era que cuando se quitaba de encima la máscara de atención al cliente podía ser bastante ácida. Suponía que el hecho de que se pasara tatuando puros hombres tenía que ver con su mala hostia, pero digamos que por eso mismo podía dar otras cosas por asumidas. Que le había caído bien Sasha era la más básica de esas, para ser honestos.

    Además luego del bonito incidente apenas íbamos superando, lo cierto es que tampoco se me apetecía mentirle a Sasha, así que a la pobre desgraciada seguro le habría soltado que lo de Tess era pura fachada de haber sido el caso. Como fuese, me di cuenta que le había sentado bien, aunque no nos duró prácticamente nada el momento porque la otra quiso hacer una gracia y le salió un sapo.

    Había dejado los oídos atentos a la puerta de arriba incluso si no era necesario, pues porque las costumbres no se perdían, y mientras soltaba la tontería ella me miró. ¿Qué si me importó que se diera cuenta que la andaba repasando con la vista? La respuesta era la misma de siempre, me daba exactamente lo mismo.

    —Con todo el respeto que te mereces, es posible que dudara de las intenciones de la mismísima reina de cualquier lado —respondí tragándome la gracia.

    Arriba la puerta se cerró por fin lo que no implicó ninguna diferencia esencial, quería decir, más de que ya yo había tirado la decencia a la mierda. La muy tonta soltó cerca de mi oído luego de inclinarse hacia mí y suspiré como si no me lo hubiese visto venir, porque el cerebro le había quedado casi igual de descompuesto que a mí. Su mano libre tanteó el borde de la camiseta y giré el cuerpo en su dirección, recortando bastante la distancia.

    —¿Y yo debería recordarte que dije que eso debía retirarse porque estaba obsoleto? —pregunté en voz baja, deslicé los ojos a sus labios y regresé a sus ojos para dedicarle una sonrisa, a sabiendas de que la poca luz le daría otro tinte—. Además, no sé con qué cara me hablas tú del voto de castidad~

    Me incliné en su dirección lo suficiente para poder alcanzar su oído de la misma forma que ella había hecho conmigo. Puede que le respirara encima a conciencia, puede que no.

    —¿Vas a decirme ahora que no fuiste tú la que marcó el ritmo arriba?
     
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    Suponía que una de las mejores cualidades de Arata podía ser esto de endulzarte la oreja o escupirte las verdades a la cara si se le antojaba. Mi orgullo podía resultar delicado en determinadas ocasiones, pero a grandes rasgos me iba bien con los golpes de realidad. Ya me había endurecido, quizá, o encerrado; para el caso daba igual. Ahora era una tontería, por supuesto, eso de que dudaría hasta de la reina, pero por un breve instante pensé que con la misma crudeza podría decirme cualquier mierda y no me desestabilizaría lo suficiente. La creía una de mis fortalezas.

    A la debida distancia los golpes no te alcanzan, ¿cierto?

    Mi mano se había quedado sujeta al borde de su camiseta en cuanto se giró hacia mí, el movimiento me resultó ligeramente brusco y acabé reajustando también la posición, girando apenas sobre mis talones. El silencio presionaba, las sombras palpitaban, su recordatorio me vino en gracia y lo observé, cómo bajaba a mis labios y de regreso a mis ojos. Jugué vagamente con la tela entre mis dedos, la poca luz cayó sobre su sonrisa y parpadeé despacio al inclinarse hacia mi oído. Sentí su respiración cerca del cuello, era cálida y me erizó parte de la piel.

    —Sólo quería darte el cariño que me habías pedido —justifiqué en un murmullo, haciendo alusión al numerito en el parque sin moverme ni un centímetro.

    Deslicé la mirada a su silueta o lo que llegaba a ver de ella, su cabello, la curva del cuello y la poca tinta alcanzando su hombro. Exhalé por la boca, retrocedí lentamente y lo jalé con cuidado de la camiseta, allí donde nunca lo había soltado. Esbocé una sonrisa suave.

    —Pero si no te gustó, podemos hacer las cosas diferente. —En cierto punto busqué sus ojos, lo hice justo antes de desaparecer completamente bajo la sombra de la escalera y encontrar la pared con mi espalda. Inhalé por la nariz y le solté la camiseta, trazando la piel de su abdomen con la punta de los dedos—. Como dije: me gusta malcriarte, after all.
     
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    Me había pasado la vida vaciando bolsillos y vendiendo información, de allí que no tuviese ningún máster en hablar con tacto. En general con esa brusquedad uno se aseguraba dos cosas, la primera que una buena parte de la gente mantuviese su sana distancia y la segunda que los restantes que no, nunca esperaran nada diferente. A su vez puede que fuese mi manera de arponearle el pecho a los demás, al menos si era lo que quería.

    Era como tener un arma cargada y el dedo en el gatillo todo el tiempo.

    Mi movimiento la hizo tener que ajustar su posición, como era de esperarse, y noté que sus dedos seguían haciendo cualquier cosa con el borde de la camiseta pero se negaba a soltarme. Sumado a eso se refirió al espectáculo del parque de que ya ni me acordaba y la estupidez me sacó una risa baja, casi ronca.

    —Vaya, qué considerada —respondí y bajé el tono a posta.

    Me repasó con la vista, no le interrumpí el gusto y para cuando quise darme cuenta retrocedió jalándome de la camiseta, ese punto de contacto que ni ella cortaba ni yo le quitaba. La poca luz me permitió notar su sonrisa, fue suave, pero con los recortes de sombras ya a mí todo me parecía igual. Cuando la luz se reducía hasta los gestos más normales adquirían otro tinte, ¿no?

    Lo que soltó al encontrar mis ojos de nuevas cuentas me hizo reír otra vez y una chispa me corrió por la espalda cuando sus dedos encontraron mi piel, ni siquiera me molesté en disimular porque una sonrisa de las de antes volvió a alcanzarme el rostro. Que le gustaba malcriarme decía la muy cabrona, en semejante contexto.

    No dije nada de primera entrada, encontré su muñeca con la mano izquierda, la rodeé suavemente y la insté a colar más la mano bajo la camiseta, afianzando el contacto contra mi piel. La sonrisa se me estiró sin permiso de nadie y avancé en su dirección luego de soltarla, apenas para que su espalda encontrara la pared de atrás con algo más de insistencia.

    —¿Ya ves? —pregunté en voz baja, aunque se me coló la diversión en la pregunta—. Por eso nos llevamos tan bien, cielo.

    Ya que había dejado ir su muñeca colé la mano entre nosotros, la encajé justo bajo su mandíbula sin ser brusco en sí, pero sí que la sujeté con cierta firmeza y la hice girar ligeramente el rostro, dejándome espacio. Me incliné para respirarle encima el cuello, le dejé un beso que fue más un roce que otra cosa y solo después de hacer un poco el tonto deslicé la lengua por su piel, lo hice despacio por la pura gracia y antes de medio regresarle su espacio le dejé otro beso allí mismo, húmedo.

    Se me escapó una risa cuando pretendí encontrar sus ojos otra vez, como si no me hubiese montado ese numerito porque sí.
     
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    Suponía que cada quien se armaba su propio paquete de herramientas y recursos para alcanzar objetivos, ¿no? Fueran los que fueran. Mi historial era un poco caótico, se me dificultaba rastrear cualquier clase de intención concreta hasta hace pocos años; como si hubiera vivido sin propósito o como si los recuerdos se me hubieran destrozado. Llevaba dos años con los pies en la tierra, puede que demasiado, y quizá dentro de diez también olvidaría los objetivos que perseguía hoy día. ¿Importaba? Tan poco como echar un vistazo al pasado. De hacerlo habría notado que, estando Eloise viva, probablemente jamás habría llegado aquí. Jamás me habría interesado en este imbécil, ni habría robado un par de móviles, ni me habrían encerrado en un cuarto oscuro, ni invitado a un club privado, y así la lista seguía.

    Otra vez, no importaba.

    Por eso no me cuestionaba absolutamente nada, ni estar allí, a la salida de un estudio de tatuajes, bajo unas putas escaleras, ni que el imbécil conmigo fuera perfectamente capaz de soltar un cuchillo y comerme la boca, quizás incluso al mismo tiempo. Envolvió mi muñeca para afianzar el contacto, alcancé su piel con la palma entera y me sonreí, deslizándola suavemente hacia su costado; estaba tibio. Avanzó, la pared era fría contra parte de mi espalda, la que el cabello no cubría, y básicamente seguí siendo una buena niña. Su comentario estúpido me arrancó una sonrisa y giré el rostro en cuanto me indicó hacerlo, perdiendo la vista en cualquier punto del pasillo tras él.

    Ya la firmeza del gesto me había lanzado un chispazo, con el roce en mi cuello separé los labios y el resto de la cuestión terminó de hacerla. La expectativa me había erizado la piel y aún así no esperé que el imbécil fuera tan lejos. Deslizó la lengua despacio, el aire se me atoró en la garganta y le presioné los dedos en la cintura; una sensación cálida se me revolvió cerca del vientre. Con el beso cerré brevemente los ojos y exhalé por la boca, si acabó pareciéndose a un suspiro no planeaba hacerme cargo. Le clavé las uñas apenas.

    Y encontré sus ojos.

    Havin' fun, baby? —murmuré, deslicé la mano a su espalda baja y lo empujé hacia mí, rozando sus labios antes de echar la cabeza contra la pared y desde allí mirarlo; la sonrisa me descubrió la dentadura, mientras no dejaba la mano realmente quieta—. ¿Recuperando el tiempo perdido, quizá? No complains, tho. Después de todo, los caballeros también deben cumplirle los caprichos a sus damas, ¿no?
     
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    A la larga puede que todos tuviésemos nuestra navaja suiza personalizada, de hecho era algo que daba por sentado, y a veces esas armas tan particulares lograban fusionarse entre sí dando lugar a productos defectuosos, pero significativamente más útiles que sus primeras versiones. Las pandillas eran un ejemplo excelente de semejante cosa, puede que las amistades fuesen solo la versión mejorada de lo mismo y lo que sea que pasaba aquí, entre Sasha y yo, era más de lo mismo.

    Porque así no dimensionara la realidad de esta chica.

    Una cosa era cierta y es que haber tenido una vida ejemplar no estaría aquí.

    Por eso había dejado de pretender sacarla de las sombras en el momento en que vi la puñetera foto y había optado por la opción de fusionar dos armas defectuosas. En un mundo donde ya no solo existía yo, sino los que replicaban mis manías a la luz del día, ¿qué caso tenía correr ya? Era inútil y eso sabía aceptarlo, justamente por eso estaba allí. Le había ofrecido acompañarla al club de mierda, la había traído con Tessa y estábamos aquí en la sombra de las jodidas escaleras.

    Atendió cuando la hice afianzar el contacto, la palma de su mano encontró mi piel y se deslizó, erizándome apenas. Siguió metida en el papel de niña buena; giró el rostro, sentí sus dedos presionar en el momento en que mi lengua encontró su cuello y respiré con algo de pesadez contra ella. Si lo que soltó después fue un suspiro o una exhalación, bueno, era casi indiferente, pero sentí sus uñas en la piel y reí por lo bajo.

    —¿Se nota mucho? —pregunté un instante antes de que su mano alcanzara mi espalda baja y me empujara en su dirección; la condenada sonrió que dio gusto luego de echar la cabeza contra la pared y me relamí los labios de nuevas cuentas, quizás por culpa suya también—. Bueno, ahora que lo dices quizás sí me estoy poniendo al día. Digo, se puede hacer un dos por uno, ¿no? Me doy el gusto yo y le cumplo los caprichos a la señorita~

    Había aflojado el agarre bajo su mandíbula, aunque no la dejé ir del todo hasta ese momento y al dejar caer el brazo deslicé los dedos casi de forma accidental por su cuello, puede que también por la curva que describían sus pechos bajo el top y cuando pretendí regresar la mano a mi espacio, cambié de planes y encontré su cintura, donde me quedé haciendo el tonto así como ella no dejaba la mano quieta en mi espalda.

    Enredé el brazo allí, más o menos como me lo permitió el hecho de que seguía pegada a la pared, y me pegué incluso más a ella que ya de por sí se había encargado del tema. La miré con la sonrisa bien pegada al rostro, bajé los ojos a sus labios y básicamente me le volví a ir encima, encontrando su boca. Ladeé la cabeza, profundicé el contacto y presioné los dedos en su cintura con cierta fuerza.
     
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    El numerito que se había montado sobre mi cuello me había dejado con el cerebro lleno de aire, para qué negarlo; tampoco había sido nunca una mojigata, por muy rígida y correcta que pareciera. El show con Maze frente al Sayama y que hubiera arrastrado a Daute al puto armario de enseres de la escuela eran suficientes pruebas de ello, así que esto... se excedía un poco de los parámetros pero no demasiado, digamos. Al menos por ahora.

    El imbécil me respiró con pesadez sobre el cuello, de por sí húmedo, y me quedé un poco fixated en la tontería cuando subió para volver a molestarme y todo lo demás. Preguntó si se notaba mucho y lo pegué a mí, quizás en respuesta a la cuestión; su cuerpo seguía tibio. Bajé la vista a sus labios en cuanto se los relamió, la oscuridad no permitía discernir demasiado pero eso fue evidente. Su resolución de los hechos me hizo asentir, sedosa, y deslizar la mirada de regreso a la suya.

    —Suena bien —susurré, sintiendo su mano rozar mi cuello, el top, dibujando una sutil línea de pólvora hasta mi cintura. Arqueé la espalda, cosa de facilitarle la intención, mientras se pegaba aún más a mí; el contacto me chispeó en el cuerpo—. Trabajo en equipo, ¿no?

    La tontería acabó prácticamente ahogada contra sus labios, que el cabrón buscó los míos de repente y me siguió llenando de aire el cerebro. En cierto punto volví a suspirarle encima, quizá fue al ladear la cabeza y colar la lengua dentro de su boca, pero qué coño sabría yo. Sentí sus dedos presionarse en mi cintura y dejé caer la chaqueta y la bolsa, cosa de alzar la mano libre y anclarla a su cuello. La otra, aún dentro de su camiseta, se afianzó apenas unos centímetros por encima del borde del pantalón y le clavó los dedos.

    —¿Sólo tengo que pedirlo, entonces? —murmuré algo agitada contra sus labios, mi respiración rebotó y deslicé la mano hasta empuñar su cabello con cierta fuerza, instándolo a bajar—. Regresa aquí, cielo, me gustó lo que hiciste.

    shes talkin about her neck, obviously, aunque ahora que lo pienso, puesto así suena super dirty JAJSJA
     
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    Yáahl

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    Puede que llevara todo el rato tensando cuerdas, tanteando el terreno y esperando encontrar el pedazo de tierra falseado, pero ya para este punto no iba a poner en duda que a esta chica se le medio iba la olla en cualquier momento. No era una queja, la verdad, rozaba más bien el reconocimiento y no me molestaba admitirlo. Cuando dejaba de huir también me quedaba sentado esperando ver por qué ciertas personas no parecían reaccionar, como si me quedara mirando el momento exacto para dejar ir un montón de aire sobre un incendio con tal de atizarlo. Tenía su gracia.

    La tonta soltó la estupidez del trabajo en equipo, volví a reír y agradecí en silencio que me facilitara la tarea de rodearle la cintura y con ello lo de pegarla a mí. En ese otro mundo donde Sasha no debía recurrir a la oscuridad del corazón de Japón era posible que no pegáramos ni con cemento industrial, pero aquí parecíamos acoplarnos los suficientemente bien, al menos para puras mierdas.

    Se me ocurrió una tontería que responderle, pero mi cuerpo reaccionó antes y prácticamente me tragué el final de sus palabras sin acabar de procesarlas. Sentí su suspiro más de lo que lo escuché, lo recibí cuando ladeó la cabeza y coló la lengua; ni siquiera me molesté en disimular, la busqué de inmediato y con ello le dejé ir el primer suspiro encima. Si contuve el impulso de regresar la mano bajo su mandíbula fue porque ya me había enredado en su cintura.

    Escuché las cosas caer, su mano ya libre encontró mi cuello como un ancla y la que seguía bajo mi camiseta presionó los dedos un poco por encima del borde del pantalón, enviándome un chispazo a la columna.

    ¿Solo tengo que pedirlo, entonces?

    ¿No era ya bastante evidente?

    Claro, pero escuchar la afirmación nunca estaba de más.

    No respondí, pero solo la pregunta y la agitación de su voz me estiraron la sonrisa, jodidamente oscura de repente, y le dejé ir el segundo suspiro encima cuando empuñó mi cabello instándome a continuar lo que había cortado de repente. Atendí el pedido, claro, pero también mi chaqueta terminó en el suelo porque la traía en la otra mano desde que salimos de donde Tess, y reafirmé el agarre en su cintura, la empujé ligeramente hacia arriba por la pura gracia y apoyé la mano ahora libre a un costado de ella. Antes de bajar prácticamente la dejé encerrada entre la pared y mi cuerpo.

    —Lo que pida la señorita, por supuesto —murmuré.

    Le dejé un beso liviano en la línea de la mandíbula, comencé a bajar rozando apenas su piel con los labios y respirándole encima; un beso ligero, otro y volví a deslizar la lengua, aunque esta vez también presioné con algo de insistencia. Empecé a repartir besos húmedos, lo hice lento que dio gusto, bajé a su clavícula y repetí el numerito allí antes de subir de nuevo. Volví a presionar la lengua en su cuello, la besé y cuando retrocedí pesqué suavemente su piel con los dientes, no tuve intenciones de marcarla, fue obvio, pero sí de molestarla e incluso me reí al hacerlo. A la vez volví a presionar su cintura un segundo antes de relajar el agarre para deslizar la mano por su espalda baja, le encajé los dedos y la empujé en mi dirección, como había hecho ella conmigo.


    Arata y yo like: *gasp in horny* that's nasty

    and i have no shame por estar aquí a estas horas que solo le pertenecen al maligno
     
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    Gigi Blanche

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    Fui estúpidamente consciente del suspiro que me dejó ir encima, con el cerebro lleno de aire y todo, y la puta mierda me lanzó una satisfacción como la que había manejado, otra vez, con Maze frente al lago. Era una tontería sinsentido, pero que precisamente se tratara de Arata, el idiota que de primera mano me había rechazado, lo volvía aún mejor. Su lengua encontró la mía al instante, la colé sin vergüenza dentro de su boca y nos mantuvimos en esas un buen rato, hasta que se me ocurrió una nueva mierda. Hasta que se me antojó, más bien.

    Porque de pensar, no estaba pensando mucho nada.

    Su sonrisa era un manchón de tinta negra, ya el hijo de puta ni lo disimulaba y peor la tenía yo, que verlo así sólo me fundía aún más las neuronas. Ya ni me importaban las razones. Me hice con su cabello, otro suspiro suyo y otra ola de satisfacción para mí. Oí el sonido de su chaqueta al caer, me instó hacia arriba y medio acabé con el cuerpo arqueado, básicamente atrapada entre él y la pared. Por alguna razón el movimiento se sintió aún más caliente, cargó aún más de su aroma, y perdí la vista en el techo cuando me privó de sus ojos. Sus palabras dibujaron una sonrisa floja en mis labios.

    Míralo nada más, qué diligente.

    Seguía con una mano revuelta en su cabello, la cual relajé a consciencia. Besos simples, su aliento tibio, los párpados me pesaron y el mundo se desenfocó de a tramos con cada segundo que pasaba. Volvió a deslizar su lengua, me aferré a su pelo y el aire que había pillado se escapó en un suspiro tembloroso. Podría haberlo modulado, pero francamente me importaba una mierda. Empezó a repartir besos húmedos, el cuerpo me cosquilleó y me removí contra él, en el nulo espacio que tenía, intentando canalizar la energía o acentuar el contacto. Ya no sabía. Para el caso, mis caderas acabaron encontrando las suyas y no me apeteció deshacerlo, el imbécil bajó a mi clavícula, sentí la presión del aire dentro del top y respiré con pesadez. Le había dejado prácticamente el cuello entero para que se divirtiera, con la movida relajé la cabeza hacia el otro lado y acabé apoyándome de costado en su brazo, ese que conectaba a la pared. Unas hebras de cabello me cosquillearon en la mejilla y quité la mano de su camiseta.

    Lo sentí presionar la lengua, pellizcarme apenas la piel con los dientes y por fin retroceder. Recibí sus ojos de soslayo, con la mirada entornada y una sonrisa de pura satisfacción pegada al rostro. No me apeteció despegar la sien de su brazo.

    Well done, hon —murmuré, se me coló una cuota pesada del acento y alcé la mano libre para empezar a recorrer su brazo apenas con las uñas, cosquilleándole—. Aunque, siendo honesta, te tenía... ¿un poco más osado~? Está bien eso de complacer a la señorita, pero ¿eres de los que lo hacen? ¿En serio?

    Una risa me vibró en la garganta y acerqué el rostro a su hombro, acompañando el movimiento con mi mano del otro lado de su brazo. Le dejé un beso ahí, otro más adentro, sobre la clavícula y la base del cuello. Por la gracia, le corrí el tirante de la camiseta hacia afuera y separé los labios, presionando ligeramente la lengua en un beso húmedo. Le clavé los dedos sobre el omóplato, colé lentamente una pierna entre las suyas y subí a su oído, sonriendo amplio.

    —No te creo.
     
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    Yáahl

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    En ese momento no lo estaba pensando, pero sí lo había hecho en otros momentos y es que el asunto de que se hubiese quedado tan fijada en el pseudo-rechazo de cuando nos conocimos tenía toda la puta gracia del mundo. Entendía su necesidad de, digamos, salir exitosa y también el hecho de que hubiese sido una suerte de patada en el orgullo, pero desde mi lado del charco tampoco entendía la decencia que me había dominado ese día. ¿Tal vez fue porque supe que Mason iba a morirse de un venazo si se comía el numerito? No por celos, si no porque era yo y punto, y vivía cagado hasta las patas con mi presencia. ¿Acaso fue porque la otra tenía un par de tragos encima y se notaba? Ni puta idea, porque nunca me había puesto tan moralista.

    El caso era que como la empatía de antes, no me había durado mucho más.

    No llegó ni al final de esa noche, con el numerito en Taito.

    La gracia de estas mierdas es que todos nos revolcábamos en los resultados, ni más ni menos, y por eso prácticamente me grabé en la cabeza el suspiro tembloroso que se le escapó y ni siquiera buscó modular. Me fundió varias conexiones de tirón, ni siquiera me sorprendió su efecto como tal, y continué con el espectáculo como correspondía aunque la respiración se me quedó atorada en la garganta un momento en cuanto sus caderas encontraron las mías.

    Fue instintivo que te cagas, pero me removí un instante antes de seguir haciendo el imbécil, fue cosa de poder volver a llevar algo de oxígeno a la sangre y no ceder por completo a la presión que comenzaba a acumularse. Cuando volví a mirarla tenía la cabeza echada contra mi brazo, no se movió de allí, y al hablarme el acento se le coló en la voz y la estupidez me gustó un poco más de lo que iría a admitir.

    Contuve la risa que me provocó su comentario porque el cosquilleo de sus uñas me distrajo, luego el movimiento hacia mi hombro y tomé aire despacio al sentir el primer beso, la mano que tenía en su espalda baja la acarició en respuesta. El beso húmedo me erizó la piel, para qué negarlo, y la sensación solo se acentuó al sentir su pierna colarse entre las mías, pero aún así la risa de antes acabó por escapárseme.

    —¿Qué intentas? —le dije en voz baja mientras la mano en su espalda bajaba, describiendo las curvas de su cuerpo hasta llegar a su muslo—. ¿Tocarme el ego de macho? Qué linda~

    Presioné los dedos en su pierna, volví a subir la mano siguiendo la forma de su cuerpo y en vez de regresarla a su espalda, seguí por su vientre aunque significó regresarle algo del espacio que le había quitado antes, deslicé los dedos por el tramo de piel expuesta de su costado y le ajusté la mano allí, prácticamente en las costillas. Colé los dedos bajo el top porque me vino en gana, la posición dejó mi mano casi en la base de su pecho.

    Despegué el brazo que me seguía haciendo de soporte en la pared, volví a colarme en el espacio entre nosotros y le encajé la mano bajo la mandíbula de nuevas cuentas, firme. La insté a regresar a su posición, a devolverme el espacio que había consumido y relajé la mano hacia el costado de su cuello antes de írmele encima al lado contrario. Volví a morderla, a besarla y bajé hasta la curvatura de sus pechos. Le respiré encima con pesadez y rocé la piel, tierna, con los labios antes de ponerme a hacer el imbécil al borde de la tela.

    —Ahora que lo pienso, llevas toda la noche distrayéndome con ese condenado top. ¿Te parece bien a ti? —murmuré casi encima de su piel, seguí al camino por el límite de la tela, le eché la respiración justo a mitad del camino y presioné la lengua al llegar al lado en que le había anclado la mano—. Uno con tan pocas neuronas y la niña tan tranquila con su ropa corta.

    Subí la mano que estaba en su costado, el movimiento presionó apenas su pecho hacia arriba y volví a repartir besos allí, en el punto muerto entre la tela y su piel. Me tragué la gracia, supe que estaba tensando demasiadas cuerdas ya para estar en la sombra de unas putas escaleras, pero sonreí para mí mismo y bajé más, todo para dejarle ir una mordida suave por encima de la tela, pero peligrosamente calculada.
     
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