Fantasía La Tierra al borde del Cataclismo

Tema en 'Novelas' iniciado por Jhosep Zar, 5 Junio 2019.

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    Jhosep Zar

    Jhosep Zar Usuario popular

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    Escritor
    Título:
    La Tierra al borde del Cataclismo
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    4195
    En mi mundo lleno de fantasías fui derrotado ante la magia más poderosa, la realidad.
    Me preguntaba si realmente perdí esa batalla y simplemente me dejé vencer
    .





    — No puedo, un humano no puede hacer esto — Dijo aquel joven caballero de rodillas mientras observaba al anciano.
    — Tienes razón, un humano no podría contra todo esto — El viejo sonrió mientras rascaba su barba — Pero, un dragón talvez si podría…








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    — Tengo mucha tarea el día de hoy — Dijo aquel abrumado joven quien caminaba de regreso a casa— Cumplir 19 y estudiar en la universidad es un dolor de cabeza.


    La noche se hacía presente mientras las lámparas del camino se encendían, el horizonte ya solo era una franja naranja junto al mar con colores oscuros. Caminaba algo apresurado por la costa cuando pudo ver que cerca del bosque había un letrero algo viejo.


    — Un toque de magia en tu vida — Repitió esas palabras, pues las había memorizado durante todo el mes que solía pasar por ahí. Nunca le había importado ese letrero y lo ignoro como de costumbre.


    Su hogar estaba a 20 minutos de caminata de la escuela en una pequeña ciudad, un lugar turístico por su tranquila y ambiente acogedor. Un pequeño pueblo cerca de la costa.


    — Estoy en casa — Aquel chico entraba por la puerta.
    —¡Jhuen volviste! — Una voz dulce y suave la recibió.
    — Hana, ¿Cómo has estado?
    — No he sentido mareos desde la mañana.


    Lo decía con una enorme sonrisa en su cara. Hana era una chica con una fuerte enfermedad, una que ha combatido junto al joven desde siempre.

    Al entrar se encontró con una deliciosa cena sobre la mesa, sabía que ella la había preparado al notar ciertas heridas en sus manos. No era muy buena cocinera, pero esa comida casera era una de las cosas que más apreciaba.


    Después de cenar, hacia su tarea con el poco tiempo que le quedaba. Había noches en las que dormía pocas horas y esta era una de ellas ya que aprovechaba de todo para estudiar junto a Hana. La chica no solía asistir a una escuela por su padecimiento, hacia lo mejor que podía desde casa. Era bastante buena aprendiendo y eso facilitaba las lecciones que él solía enseñarles.

    — Ya es muy tarde — decía Hana al mirar que el chico estaba a punto de caer sobre el escritorio debido al sueño.
    — Si tienes razón —golpe sus mejillas recobrando su sentido de orientación.

    Recogió las cosas sobre la mesa y entre los artículos pudo ver un libro algo viejo.

    — El caballero y el ultimo dragón— Leyó el titulo — ¿Aun conservas este libro?
    — Sabes que es mi favorito — tomo el articulo mientras se mostró nostálgica — Cuando los dragones aparecieron, el mundo estallo en guerra y al final de la catástrofe, un valiente caballero lucho a muerte contra el último de los dragones.
    — El dragón al estar al borde de la muerte, fue ayudado por el caballero quien le pedía su ayuda desesperadamente.
    —Y el dragón miro en los ojos del caballero, todo el dolor y desgracia que la guerra le había dado, comprendió porque el dragón también había perdido a sus amigos, entonces le otorgo un deseo único y especial. Aquel caballero deseo tener el poder suficiente para llevar al mundo sumido en el caos hacia un nuevo amanecer — Ella sonrió — ¿Aun lo recuerdas?
    — Lo leímos juntos el día en el que llegue a casa.
    — Dime Jhuen, si un dragón te concediera un deseo, ¿Que pedirías?

    El chico lo pensó por unos segundos y finalmente encontró en deseo adecuado.

    — Que tu salud mejore… ese sería mi deseo. ¿Qué pedirías tú?
    — Estar junto a ti para siempre.

    Era la primera vez en su vida que el chico había escuchado esas palabras que sonaban tan sinceras y dulces, su sonrisa era la cosa más hermosa que tenía en su vida.
    — Pero que dices — sonrió mientras despeinaba su cabello — Claro que vamos a estar juntos para siempre… Te lo prometo, después de todo somos hermanos.

    Rieron mutuamente y después de ello descansaron en sus respectivas habitaciones. Esa noche Hana abrazo más que nunca su almohada; era la actitud de una chica enamorada.



    La mañana siguiente el cielo crujía por una tormenta que se avecinaba. El joven estudiante preparo el desayuno y suficiente comida para su hermana.


    Aquel día fue uno bastante normal, hacia frio y a los estudiantes se les helaron los huesos durante las clases deportivas. Finalizaron sus actividades y Jhuen era el encargado de guardar los balones de futbol; debido a esa tarea le era permitido llegar tarde a su próxima clase. Recogió su mochila del casillero y antes de salir su teléfono comenzó a sonar.


    — Diga — atendió al llamado.
    — Hola Jhuen.
    — ¡Señor Erick!, es una sorpresa que me llame durante la escuela.
    — Si, lo siento, pero necesito que me escuches.
    — ¿Sucede algo? — podía sentir la preocupación en la voz de aquel sujeto.
    — Sabes que viaje al extranjero para poder pagar el tratamiento de mi hija, logre conseguirle un médico privado… pero los resultados no son buenos. Hana no está mejorando, mi hija no está mejorando.

    La llamada se entrecortaba, pero no era por una mala recepción de señal, el padre de Hana trataba de no ahogar su voz en un llanto.

    — El médico me informo que no tendrá menos de medio año de vida. Hicimos todo lo que pudimos, pero no logramos salvar su vida… Lo siento Jhuen.
    — No… Eres un buen padre y ella lo sabe.
    — Tomare un vuelo de regreso mañana en la mañana, quiero estar con ustedes.
    — Lo estaremos esperando.


    El guardo su teléfono y se disponía salir, pero no pudo caminar. La lagrimas comenzaron recorrer sus mejillas mientras evitaba el deseo de poder gritar, estaba realmente al borde del infortunio, la persona más importante en su vida se iría dentro de poco y era inevitable. Golpeo brutalmente su casillero, el metal quedo torcido y su mano sangraba. Salió del vestíbulo y apenas podía caminar por el pasillo, se reposo de espalda sobre una pared para sentarse en el suelo y abrazar sus rodillas. Lloro como nunca lo había hecho: la promesa que le hizo a su hermana el día anterior, no podría cumplirse.




    No volvió a su salón de clases, decidió pedir permiso para retirarse temprano; no dio explicaciones. El día se hacía más largo ya que había decidió tomar el camino más extenso a casa.


    Llego a casa y ahí lo esperaba Hana. Sentía que no podía mirarla a la cara y aquella expresión negativa llamo la atención de la joven.


    — ¿Sucede algo? — pregunto ella.

    Jhuen levanto la mirada he hizo lo que considero lo más lógico posible. Sonrió.

    — No pasa nada, hoy pasan la película del hombre araña, preparemos la cena y después la veremos.
    — Si.


    El chico guardo silencio tanto en palabras y expresión durante la cena y la película, esa alegría era totalmente fingida, era lo mejor que podía hacer, pero decir la verdad era lo peor. La noche había llegado y Hana se durmió sobre el sofá de la estancia, el chico la cubrió con una manta y acaricio su cabello. La hora de fingir se había terminado y estaba a punto de llorar, salió hacia el pasillo para inclinarse sobre la puerta únicamente para derramar más lágrimas.


    Hana podía escuchar los susurros del llanto de su hermano. Sabía que esa expresión en su rostro era falsa.



    En la mañana siguiente fue a la escuela y las clases habían terminado tarde ya que los exámenes escolares estaban cerca. Caminaba apresuradamente a casa por las calles vacías del pueblo para disfrutar del fin de semana en compañía de su hermana. Sus pocos ánimos se vinieron abajo al ver a un trio de lo que podría llamar desgraciados. Delincuentes comunes molestaban a un vagabundo que sostenía una bolsa de botellas plásticas.


    — Viejo préstame unos cuantos dólares — El jefe del grupo, el más gruñón y gordo parecía dispuesto maltratarlo.
    — Pedirle dinero a un sujeto como yo — El vagabundo le respondió sin temor alguno— No creo que seas de los sujetos que les gusta robar, sino un simple idiota que abusa de los demás para enorgullecer su estupidez.
    — ¡¿Que dijiste basura?! — Le tumbo a la fuerza la bolsa de botellas.

    Jhuen sintió un enorme trago amargo en su garganta el mirar la escena, sabía que no podía serle de ayuda ante esos matones y que tomar otro camino era la mejor opción. No lo pensó dos veces y sus pies se movieron.

    —Escúchame viejo, el dinero que recaudes por recoger esas botellas será mío, entendido— Amenazo con severa agresividad mientras tomo el cuello del abrigo de la víctima.
    —No me gusta tu actitud — respondió con frialdad.


    Su mirada no estaba asustada, al contrario, estaba realmente irritado por su actitud. Preparaba su puño he iba a golpear a su agresor.

    — Alto — La voz de Jhuen llamo la atención de todos.
    — ¿Y este mocoso? — El matón soltó al viejo — ¿Quién eres un héroe o un estúpido?
    — Yo…— No pudo hablar, sus rodillas le temblaban tanto que no sabía si se desmayaría. No tenía la fuerza ni coraje para actuar como un héroe, así que hizo lo que pareció correcto.

    Tomo su mochila y de ella saco algo de dinero.

    — Les daré dinero… 80 billetes, serán suyos pero por favor déjenlo en paz.

    El gordo era como una abeja ante algo dulce. Le arrebato con fuerza los billetes y seguidamente los contos. Para el viejo era visible todo el miedo que traía el joven.

    — No quiero pelea, es un trato justo— Añadió.
    — Bien mocoso, muy bien me parece un trato justo, pero no la cantidad correcta.
    —¿Qué?
    —Me lo pensare por 100 billetes.
    —N-no tengo más dinero.
    — Entonces haces mal — Le dijo al darle una bofetada en la cara — Quieres comprarme con esta mísera cantidad de dinero.


    Jhuen se había metido en un serio problema que parecía no tener salida, se maldijo por hacer algo estúpido, no había salida al darse cuenta que el gordo intento darle un golpe en la cara. Reaccionó por instinto esquivado el golpe y se dispuso a contratacar de la misma manera. Jamás en su vida había tenido una pelea seria y eso fue un grave problema, aquel golpe no tenía suficiente fuerza porque el abusivo atrapo su puño.


    Estaba molesto con él, tanto que le dio un fuerte puñetazo en el estómago y antes de poder siquiera reaccionar, recibió aquel golpe en el rostro que había esquivado. Jhuen estaba en el suelo y al viejo eso le molesto.

    — Levántate mocoso— pisoteo la cabeza del chico sobre el pasto — Mañana me traerás los 100 billetes, me oíste.

    El joven estaba tan asustado que lagrimas comenzaban a recorrer su rostro. Sabía que, si no lo mataban, lo golpearían si lo volverían a ver.

    — Suficiente — el vagabundo intervino quien atrajo la atención de todos.
    — Estorbas — El matón trato de darle un golpe y antes de poder tocarlo, sintió un fuerte rodillazo en el estómago.
    — Te dije que fue suficiente.

    Sus amigos notaron dicha acción y no se quedaron de manos cruzadas, uno de ellos intento darle una patada en la cabeza. El viejo como todo un experto en kung fu, se agacho y tomo de la pierna al sujeto para arrojarlo contra su compañero. Fue un golpe tan fuerte que tumbo a ambos. El jefe de la pandilla furioso arremetió contra su víctima y este atrapo el brazo como si de una pelota de béisbol se tratase. Presiono y trituro el puño el granuja el cual no tuvo tiempo de gritar porque el anciano lo tiro del brazo lanzándolo contra sus compañeros.

    Como un superhéroe había acabado con los malhechores sin esfuerzo alguno, aquella paliza era suficiente por ahora. Tomo sus cosas del suelo y decidió ayudar al chico.

    — ¿Estas bien? — preguntaba mientras lo levantaba. El chico no respondía debido al dolor y lo mejor que hicieron fue marcharse a un lugar mejor.


    Caminaron por algunos minutos saliendo de la calle y adentrándose en el bosque cercano, Jhuen pudo darse cuenta que seguían el sendero donde veía ese letrero que solía ignorar todos los días. Llegaron a la cima de la colina

    Aquel viejo se adentró en una choza de aspecto rupestre. Era extraña ya que las paredes tenían gran parte de ellas cubiertas de ramas y hojas verdes, como si llevara años construida. Una casa de cuentos de hadas en medio del bosque, bastante extraña pero a la vez linda, sostenía en su puerta un letrero de “Cerrado”. El viejo no parecía mala persona así que decidió aceptar su invitación.

    Al entrar en la morada el lugar estaba algo desordenado, pero no parecía una casa de locos, tenía un estante de libros algo desordenada y una mesa con materiales de escritura y dibujo. Decidió sentarse en la mesa principal ya que aún le dolía el cuerpo.

    — Te preparare algo para el dolor.
    — Lamento molestarlo — trato de disculparse mientras el viejo encendía su vieja estufa. El chico observo más detenidamente aquella morada. Sobre la mesa se encontraba el libro favorito de su hermana. Lo agarro.
    — Aquí tienes — coloco una taza de agua caliente frente a al chico. Se acercó a uno de sus percheros donde saco un frasco con un líquido brillante azul, coloco una gota sobre el agua caliente y este emitió un leve vapor — Vamos bébelo.

    Apenas conocía a ese sujeto y aceptar aquel regalo era demasiado apresurado para tener confianza, talvez eran drogas o veneno lo que le había puesto en el vaso.

    — Lo siento, tengo que irme — Puso la taza sobre la mesa mientras se ponía en pie.
    — Ja ja, si creo que te entiendo — dijo entre carcajadas — Está bien que desconfíes de alguien que penas conociste, pero confía un poco en mí, si no quieres beberlo solo olfatéalo un poco.


    Con algo de desconfianza Jhuen decidió olfatear el contenido. El aroma más dulce que nunca había sentido estaba tocando su nariz. Lo estremeció.

    —Dime niño ¿Cómo están tus heridas?


    Tras despistar el olor de su nariz, el dolor muscular casi había desaparecido, jamás en su vida se había sentido así. Decidió beber un pequeño bocado. Su lengua se retorció debido al amargo sabor del contenido. El viejo continúo riendo mientras Jhuen pudo pasar aquel bocado amargo. Fue la sensación más extraña de su vida y el dolor desapareció de inmediato, pero lo que más le sorprendía era que el moretón en su mejilla parecía nunca haber estado ahí.

    —¿Que es esta cosa?
    — Es un remedio mágico.
    — ¿Mágico? La magia no existe.
    — Es raro que me digas eso aun cuando tomaste ese libro de fantasía — agarro el libro y le dio una pequeña revisada
    — Solo me pareció una extraña coincidencia— Sus pensamientos pesimistas lo invadieron— Un caballero que derrota a un dragón y él le concede un deseo. Todo suena tan ilógico y absurdo.
    — Algo malo debe de haberte pasado para que hables tan negativamente de un libro como este — Se acercó
    — Vamos puedes contarle tus problemas a este viejo.


    Era demasiado pronto para confiar en aquel extraño, pero decirle no afectaría en mucho su situación actual.

    — Recibí una mala noticia y eso no me ha dejado pensar bien estos días — Volvió a mirar el libro y dijo seriamente — Si esta historia fuera real, haría lo que fuera por ese deseo.
    — Sabes me recuerdas a alguien que conocí hace mucho tiempo —alejándose, el anciano preparaba otra taza de medicina — Una persona muy loca, y para tranquilizarla le di algo muy especial — uso la taza sobre la mesa y en ella agrego una especie de hoja dorada, la cual se disolvió inmediatamente — Un té de escama de dragón.
    — Enserio —dijo escépticamente.
    — Es para el estrés, bébelo.

    El chico bebió el contenido y era más suave que la amarga medicina que había probado.

    — Lo siento señor, tengo que irme — Se disponía a salir.
    —Es muy pronto para partir, pero si así lo deseas — El viejo comenzó a buscar entre la cantidad de objetos de su estante, coloco varias cosas sobre la mesa, entre ellas cosas simples como hojas viejas y libros sucios. Algo que a Jhuen llamo su atención fue una caja metálica que al agarrarla podía sentir el olor a plomo.

    El vagabundo coloco en una bolsa algunos frascos con hierbas; le mostro una pequeña navaja de doble filo y agrego la caja metálica, todo en la bolsa.
    —Dijiste que harías lo que fuera por tener un deseo, entonces demuéstralo — Le abrió la puerta de su morada y le entregaba el saco— Esto es un regalo, por haberme ayudado, y si deseas puedes visitarme cuando quieras.

    Cerro la puerta y dejo a Jhuen con tantas preguntas y respuestas confusas, talvez solo era aún viejo loco, fue lo que pensó cuando guardo la bolsa que le dio en su mochila y decidió marcharse al notar que el sol casi se ocultaba.

    Decidió volver al camino, pero pensó en recorrer la montaña y evitar encontrarse con los abusones que dejo atrás. Salió hacia el pueblo y comenzó a correr. Estaba a pocos minutos de llegar a casa, pero se detuvo frente a una panadería; no era el dulce aroma del pan por el cual miraba el cristal del bazar, sino el hecho de que su herida realmente había desaparecido. Tenía tantas preguntas que hacer, pero las ignoro al sentir que su celular comenzaba a sonar. Un enorme escalofrío recorrió su cuerpo después de responder el llamado. Comenzó a correr desesperadamente.


    Atravesó la puerta de casa y al llegar al pasillo, sobre el sofá se encontró a una mujer me edad mayor, era su vecina quien se veía algo alterada. Recibió una explicación rápida del motivo de su llamada. Hana había sufrido un fuerte desmayo debido a la falta de su medicamente, explico que la había encontrado desmayada un par de cuadras lejos de ahí y que había tratado de contactarlo para mantenerlo informado. Jhuen descuido a su hermana y se sentía como basura al cometer semejante error. Subió de inmediato a su habitación y al entrar ahí estaba ella reposando en cama. Toco su frente y tenía una severa fiebre. Busco entre las cosas de su escritorio, reviso los medicamentos y memorizo lo que necesitaba.

    — Perdóname Hana — Estaba apunto de romper en llanto mientras sujeto la mano de la chica — dije que siempre iba a estar a tu lado. Lo siento.
    — No, no es tu culpa — Alcanzo a susurrar mientras abría los ojos — Es mía por ser así… por ser una carga para ti. Perdón.


    Hana no era una chica que se mostrara negativa ante su situación, era frágil en cuerpo pero no en espíritu, siempre mostraba esa sonrisa carismática y era la misma que mostraba en aquella situación mientras sostenía con fuerza de la mano de su hermano. Sus palabras lo atravesaron como un trago amargo.

    — No eres una carga para mí — presiono con más fuerza su mano — Yo siempre voy a cuidar de ti.

    Tras soltarla, encontró en su mochila suficiente dinero en la billetera para la medicación. Salió de la habitación.

    El chico bajo del segundo piso y se encontró la señora Doroti, quien le dijo que tenga cuidado de camino hacia la farmacia y que no se preocupara tanto ya que le prepararía una de sus bebidas de hierbas medicinales. Acepto mientras salió de su casa a toda prisa.



    Había tardado al menos una hora y media en tomar el autobús y llegara hacia la ciudad directo en la clínica en donde Hana recibía atención, logro conseguir la medicación necesaria y se disponía volver a casa. Sabía que tardaría mucho si regresaba caminando, pero la estación de autobús solía tener largos retrasos esos días. Decidió usara el tranvía, no era tan rápido, pero nunca se retrasaban, el transporte más preciso de esa ciudad.


    Estaba a punto de llegar a la estación y antes de poder sentir algo de calma, todo fue derrumbada al tener la peor de las suertes. Los matones que lo había golpeado, se encontraban en la estación bebiendo cervezas que probablemente le robaron a alguien. Se había acercado hacia ellos sin haberlos reconocido. Se dispuso a regresar, pero accidentalmente pateo una lata de cerveza que probablemente fueron ellos quienes la dejaron ahí. Se percataron de su presencia.

    — Maldición — Susurro mientras retrocedió rápidamente.


    Apenas dio un paso y chocó contra una persona. El miedo no fue lo único que lo ataco en ese instante, sino que el jefe de la pandilla sujeto fuertemente el cuello de su camisa.

    — Es mi día de suerte — Decía mientras lo arrastraba hacia donde se encontraban sus compañeros sujetándolo fuerte mente del cuello.

    Jhuen trataba de liberarse, pero era un fuerte agarre. El tipo lo lanzo contra el suelo sirviéndolo en bandeja de plata a sus camaradas.

    — Por favor, no, no hagamos esto, hay que tomarlo con calma.
    — Primero tu amigo nos golpea y ahora me pides que me calme — El sujeto estaba realmente irritado tanto que escupía mientras pronunciaba sus palabras — NIÑO QUIERO MI DINERO.
    — N-no, no lo tengo —El dinero lo había gastado en los medicamentos para su hermana y sujeto su mochila con fuerza esperando no perderla.


    Sabía que el sujeto no lo dejaría escapar después de darle una paliza y que posiblemente iría al hospital, o peor, a una la morgue. Ir con Hana ero todo lo que importaba.


    Las luces de la estación señalaban que el tranvía estaba a punto de llegar a la estación y el chico miro su reloj, se le ocurrió un plan de escape y eso era darlo todo en esa situación.

    — Así que no tienes mi dinero, dime que debo hacer contigo — saco una navaja de su bolsillo y no parecía estar jugando.

    Sus compañeros sujetaron al chico mientras su jefe coloco el filoso cuchillo sobre su mejilla.
    — De ahora en adelante tu harás lo que te diga, trabajaras para mí, Entendido.
    — E-entendido — Alcanzo a responder mientras sus labios temblaban del miedo.

    El sonido del vehículo se hacía más fuerte mientras se acercaba a la estación.

    — Aun tengo el dinero en mi mochila.

    Los tipos lo soltaron para recibir el dinero.

    Jhuen era un sujeto que evitaba el conflicto, pero también era alguien que nunca se dejaría dominar por personas así.


    Presiono su puño con fuerza aventó su mochila hacia el líder del grupo. Giro su brazo y le dio un fuerte codazo a el sujeto que estaba a su derecha y antes de que el líder y su amigo reaccionaran, Jhuen agarro una de las botellas de cerveza y se la aventó directo en la cara al jefe de la pandilla; la botella logro golpearle en la nariz y soltó la mochila. Su otro camarada intento atraparlo y antes de poder ponerle las manos encima, fue impactado por una fuerte patada en la entre pierna. Los delincuentes estaban en el suelo y el tren estaba muy cerca. Tomo su mochila.

    — A donde crees que vas — el tipo gordo quien sangraba por la nariz atrapo de la mochila al chico quien estaba a punto de lanzarse a los rieles del tren.
    — No te la lleves — El joven forcejeo al sentir que su mochila estaba siendo arrebatada.

    Uso no solo la adrenalina que sentía, sino toda la fuerza que podía tener para lograr recuperar los medicamentos de su hermana. Logro quitársela y caía hacia los rieles del tren.

    Su tiempo comenzó a detenerse, lentamente todo a su alrededor comenzaba a moverse más lento y lo único que pudo mirar con atención fue ver que el tren estaba a tan solo un metro cerca del él. Su plan de escape había funcionado, pero salió fuera de tiempo. Lentamente el tren se acercaba e iba a arrollarlo.




    —Tengo mucha tarea el día de hoy, Cumplir 19 y estudiar en la universidad es un dolor de cabeza. Y jamás pensé que este sería mi último día de vida, aun había muchas cosas que quería hacer…Lo siento Hana… creo que…


    Este es mi destino




    El fuerte sonido del tren se escuchó en la estación.








    Las aguas frías de un riachuelo, golpeaban las piernas de una persona que parecía estar inconsciente sobre la orilla, esas piernas eran de Jhuen.


    — HAAAAAAA— grito mientras despertó totalmente agitado y atormentado.


    — HAAAAAAA— grito mientras despertó totalmente agitado y atormentado. Se puso en pie y tropezó contra una roca del rio; comenzó a orientarse mientras salía del agua, se hecho de rodillas sobre el pasto para calmarse.


    Espero a que su respiración se controlara. Su primera impresión fue darse cuenta de que el sol estaba en medio cielo, a pesar de que hace poco había anochecido. Se puso en pie y lentamente se dio cuenta de que no se encontraba en su pueblo natal y lo que veía era un mundo totalmente diferente; a primera vista la gran ciudad vecina había sido remplazada por enormes bosques y empinadas montañas. En el camino había un letrero que decía “Ciudad Anegror.


    ¡¿Qué?¡… ¿Dónde estoy?






    LA TIERRA AL BORDE DEL CATACLISMO



     
    Última edición: 5 Junio 2019
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    Poikachum

    Poikachum Usuario VIP Comentarista empedernido

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    ¿Te gusta hacerme sufrir? T_T, pobre niña...me ha gustado como ha iniciado esta historia, tengo muchas ganas de saber como va a continuar y espero que eso ocurra pronto. Hana, Hana me cae de maravilla y es tan...dulce...

    Tengo una ligera idea de quien puede ser ese vagabundo pero me reservo mi teoría para mas adelante. Espero tener pronto la alerta de que has continuado.

    Sigue asi :D
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola, Jhosep. Creo que es la primera vez que comento una historia tuya que pertenece a esta parte del foro. El título me llamó la atención, así que decidí entrar. Tengo que admitir que fue una historia un poco predecible. Tras ver la situación de Jhuen y Hana, y el libro de fantasía que trata sobre el caballero y el dragón, ya me estaba imaginando lo que iba a ocurrir. La única pregunta en mi cabeza era el cómo y el cuándo.

    Tal parece ser que Jhuen tiene la oportunidad que quería, ya que, imagino que si logra salvar a la Tierra de ese “cataclismo” que se menciona, él obtendría un deseo que de seguro usaría para poder curar a su hermana. Sin embargo, si fuera tan simple, le habrían dado el deseo directamente. Imagino que deberá pasar varias pruebas, o bien superar una aventura para poder obtenerlo.

    Ciertamente, tratándose de un primer capítulo, ha estado bien, pero tengo ganas de conocer más, sobre todo, acerca del hombre al que Jhuen decidió ayudar. Una duda que tengo, que quizá se responda más adelante, es: mientras Jhuen está en ese mundo extraño, ¿cómo transcurre el tiempo en su mundo? Quizá tengas pensado revelarlo más adelante, pero me da curiosidad saberlo.

    Me pregunto si los tres delincuentes que atacaron a Jhuen también fueron llevados a ese mundo como una representación de una prueba que él debe superar. Supongo que ya lo veré.

    Te marcaré algunos errores que noté, aunque hay más.

    Creo que está mal expresado. Deberías haber puesto un ‘o’ en vez de un ‘y’. Ya que perder y dejarse vencer no son lo mismo, aunque se termine de la misma forma.

    Faltó un sustantivo después de “tranquila”.

    Se dice ‘e’ y no ‘he’.

    Falta una tilde y sobra una ‘s’.

    Hay muchos más errores con las tildes, pero ese es el más grave. La forma correcta es “continuó”.

    Sugiero que le des una revisada al capítulo antes de publicarlo. Por lo demás, creo que puedes hacer una buena historia. Será hasta el siguiente capítulo, saludos.
     
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