Kanagawa Kamakura

Tema en 'Prefecturas' iniciado por Amelie, 2 Noviembre 2020.

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    madarauchiha

    madarauchiha Gracias Andy!!! TWT Orientador

    Aries
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    No sabría organizar las ideas que tuve desde que inició aquella batalla, ocurrieron tantas cosas que incluso con el tiempo me acabaría precisamente olvidándome de todas aquellas atrocidades que se vivieron. Sobreviví a la misma, lo cual se podría tildar de seguramente un capricho del destino, como si realmente el mismo buscara que sobreviviera por alguna razón pese a estar siendo una evidente lacra para mis compañeros, afortunadamente Rokujou me salvó la vida... o al menos impidió que me la arrebataran y eso definitivamente era algo que no iba a olvidar. A medio camino hacia Kamakura vino una inesperada tormenta, la cual fue en realidad bastante desafortunada para todos pues tampoco podíamos detenernos ni cobijarnos, por lo que, sumado al estrés que ya tenía encima una debilidad generalizada en mi ser me hizo ver que una fiebre se avecinaba y no me equivoqué, nada más llegar a la ciudad y en una locación segura me dejé caer incapaz de verme involucrado en alguna conversación, especialmente notando como quizás a mí me había afectado de forma más fuerte que al resto así que, puse la poca atención que tenía a lo que el resto podía llegar a hablar pero sin acabar de entender exactamente lo que llegaban a debatir.

    Kuroki se llevó la gran parte de mi atención. Le preguntó a su padre si una vez se recuperara podía ayudarle con lo que le pidió en Shimotsuke, así que en un intento de que mi débil voz llegara a sus oídos, también quería decir algo.

    N-No quiero... meterme donde...no me llaman más ¿Te incomodan un par de brazos más? yo... quiero ayudar...te Kuro—.Comenté con toda la fuerza que mi voz me permitía, la cual obviamente no era demaisada.
     
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    Satou afirmó ante Kuroki mientras se dirigían al castillo; se notaba bastante cansado, incluso no mencionó nada cuando Shiori se ofreció a ayudarlos. Y antes de llegar, Ginko los interceptó, diciéndoles que se veían fatal, era cierto.

    Todos avanzaron hacia el castillo menos Kato, quién se separó del resto.

    Sasaki levantó la visto viendo como su hijo llegaba con un grupo nuevo de enfermos.

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    —Tendré que preparar más remedios —mencionó Sasaki contando a los presentes, quedándose mirando hacia Sho —Kamino Sho.

    Señor Harutomo; es bueno volver a verlorespondió Sho con voz baja.

    —¡Bienvenidos!— una voz fuerte se escuchó de los pasillos — Mi nombre es Jiin Harima; para aquellos que no me conozcan.

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    —Siempre es bueno recibir aliados a Kamakura ¿Pero cuál es su objetivo aquí?

     
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    Ginko Harutomo

    —En principio, su objetivo es que les atiendan esa fiebre— mencionó Ginko, mientras preparaba unos paños de agua fría —Estos paños les ayudarán a aliviarse, tienen agua de Kamakura, tan fría como el corazón de Kato— bromeó, percatándose luego de que estaba hablando, entre otros, con Jiin —Sin ofender ¡HAHAHA! soltó una risa nerviosa y se agarró la cabeza.

    Luego ayudó con las atenciones y en un momento, aprovechó que estuvo con Kuroki para transmitirle el mensaje de la falsa Sora —¡Hola, joven Kuroki! Sabe, ayer me enfrenté a una mujer extraña y me dijo que le envíe el siguiente mensaje "dile a Kuroki que no puede dormir tranquilo porque sigo en este mundo"expresó con un tono que intentaba ser tétrico y las manos hacia adelante —Tenía una espada horrible que le hablaba, si la quieres eliminar, cuenta conmigo... a la espadaaclaró —No es prudente que un objeto así ande suelto y demandando a inocentes que maten a otros inocentes...— propuso en privado, pues no pretendía que su padre lo supiera ni los emishi lo siguieran, pero le interesaba colaborar en dicha misión, sólo que sin arriesgar a quienes no tenían nada que ver con ella.
     
    Última edición: 7 Septiembre 2022
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    Ginko y Sasaki atendieron a los presentes.

    Jiin no pudo evitar reírse ante la broma de Ginko —¡Y es verdad! Es el agua más fría que yo he probado jamás. No puedo creer que mi hermano soportaba bañarse en los ríos de Kamakura — miró hacia Ginko, sin corregirlo sobre su propio padre, nada de lo dicho fue un insulto. Después Jiin levantó la vista al notar que el mencionado no estaba con los presentes.

    —No te preocupes, Jiin —mencionó Sasaki —Iré después a cerciorarme que no muera.

    Jiin negó —No estaba preocupado por eso. Siempre sobrevive...

    Pero cuando Ginko mencionó lo de la espada; muchos de los presentes calvaron la mirada en él; pero fue Satou quién prácticamente se abalanzó sobre Ginko tomándolo del cuello de su kimono —¿Quién se llevó esa espada?

    Sasaki tomó del hombro a Satou y lo empujó ligeramente para que se separara de su hijo —Estás arrugando su nueva ropa; ten más respeto —dijo dándole la espalda para acomodar el cuello mal doblado de la ropa de Ginko.

    —Fue Kyogi

    Aquella fue la voz de Sora; estaba de pie en la entrada con una simple Yukata; no portaba la típica venda en su frente; revelando una cicatriz que recorría de una de sus sienes hasta la mitad de la frente; era una cicatriz profunda; que seguramente cuando estuvo fresca, dejó expuesto su cráneo, una herida que podría ser fatal, la cicatriz tenía un fuerte color rojo; cómo si de un tatuaje se tratara.

    Jiin fue el primero en correr a su lado, ofreciéndole su brazo para caminar; Sora le sonrió y lo abrazó —Soy tan feliz de volver a verte; Jiin —acarició la mejilla de Jiin. Mientras este desviaba la mirada.

    —No pude reconocerte; estuve creyendo que eras esa mujer... —la vergüenza de Jiin lo obligaba a mirar el suelo; pero Sora lo tomó del mentón para que levantara la vista.

    —Siente vergüenza si has cometido un acto fuera de tus propias convicciones; no bajes tu mirada por cometer un error tan humano — besó su mejilla — Mis errores son mucho más grandes; te dejé solo tanto tiempo; perdóname por haber tardado tanto en volver.

    Jiin la abrazó al instante —Podrías no haber vuelto jamás y aun así yo te perdonaría siempre.

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    Kuroki Fusatada

    Solté un bostezo cuando alguien me habló casi que al punto de desmayarse, se trataba de Shiori, al que, después de pensar que más bien estaba delirando y tal vez se estaba empeñando demasiado en apoyarme, acabé por ayudarle a avanzar cuando llegamos al Castillo, cuando menos me dí cuenta, Kato se fué, y otro sujeto albino nos atendió, mencionando que estábamos asquerosos... Pues... Sí, en efecto.

    Ingresamos al castillo, dónde otras personas estaban presentes, demasiadas, algo que genuinamente me sorprendió, parecía que Kamakura se había levantado pese a todo, miré curioso la interacción entre otro hombre albino que parecía apellidarse Harutomo... Harutomo... Me sonaba ese nombre...
    Luego el propio Sho interactuó con el médico, a lo que miré a este.
    —¿Se conocen?—. Pregunté con curiosidad cuando aquél hombre parecía otro médico, pues el que nos recibió decía llamarse Ginko Harutomo. Ah... Debe ser algún familiar entonces.

    No me sorprendía que conociera mi nombre, después de todas mis acciones a lo largo de los soles y lunas dudaba mucho que hasta mi rostro fuese desconocido, así que no le dí relevancia, era patético intentar ocultarse.
    Ginko comenzó a bromear un poco, aliviando el ambiente junto con Jiin, cosa que no evité reír ligeramente por el breve evento, iba a responderle a Jiin que yo venía acompañando a los presentes más que hacer algo, cuando Ginko se me acercó no solo a atenderme, si no a hablarme directamente, ya estando más recuperado y aliviado, miré con más ánimo al albino cuando abrí los ojos con impresión... ¿Eh? ¿Que no podría dormir tranquilo?

    Más que temor me despertó confusión... ¿Quién enviaría un mensaje así para mí? Parecía... Muy personal...

    Sin embargo, cuando mencionó la parte de una espada que hablaba y rasgos demasiado específicos palidecí un instante... No, esto, tiene que ser una maldita broma...

    Por supuesto no fuí el único que reaccionó a eso, aunque antes Ginko se había acercado a susurrarme algo más, mi padre sobre reaccionó, tanto que no pude verlo venir, por lo que me puse de pié cuando el otro médico se acercó a intervenir, y llamé a mi padre pidiéndole calma, más preocupado por él que por lo que parecía ser evidente, por supuesto, el nombre que mencionaron lo confirmó todo, de parte de una mujer que jamás había visto antes y me sorprendí al verla... Especialmente por una cicatriz tan profunda.

    —¿Kyogi... Está... Viva?—. Balbuceé, no pudiendo centrarme en la interacción de Sora y Jiin, bajando la mirada en claro shock, un impulso de severa preocupación me invadió... Primero pensé en Rengo, luego en Kawa... Maldita sea...

    Aunque recordé lo que dije hace mucho, y poco después empecé a reír, pasado el shock inicial, esto lo tomé tal vez con demasiada ligereza de la que debería.
    —Por favor, calma, yo sé lo que está ocurriendo... Bueno, más o menos. Es una larga historia, esa mujer tiene un asunto personal conmigo el cual con gusto acepto, pero deben saber que es muy poderosa y maneja la magia... Atacarla directamente sería un suicidio—. Comenté tratando de aclarar posibles dudas, realmente desconocía qué tanto sabían, pero a pesar de todo me mantuve centrado, una guerra, un secuestro y haber sido asediado casi a solas por esa mujer bien o mal ya me habían curtido...

    Quién lo diría, esa desgraciada estaba con vida...

    Solté un suspiro mientras me rascaba tras la cabeza.
    —Puedo ayudarles con lo que sea que les haya podido hacer, temo ya no está cerca un amigo... Bueno, tres, que podrían ayudar más, pero pueden contarme todo lo que tuvieron que pasar, pero les pido mucha precaución con ella así como algo de paciencia, tengo un asunto pendiente aquí y... Quiero solventarlo cuánto antes—. Dije, mirando a mi padre.

    >>Sin embargo, me llama la atención que parezca que vienes de mensajero... ¿Porqué? Esa mujer no es que le guste dejar cabos sueltos que digamos—. Añadí como último mirando a Ginko.

    Cabía señalar que parecía realmente dispuesto a indagar en este asunto... Pero no sabía que tan de fiar era, más que confianza; era desconocer qué tan fuerte e informado podría estar...
     
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    Ginko Harutomo

    Lo sorprendió el arrebato de Satou, pero su padre lo defendió en un santiamén, como si fuera un niño. Aunque acababa de decirle que no lo era, a veces no lo entendía... —Gracias— le dijo igualmente con una sonrisa, mientras Sasaki le acomodaba el cuello.

    Luego apareció Sora, quien se había recuperado antes de lo esperado, la reputación de Sasaki era comprobable... aunque tal vez se tratara más bien de la fuerza de voluntad de la paciente. Tampoco pudo evitar notar la gran cicatriz en su cabeza, pero le daría su espacio para el reencuentro con Jiin antes de hacerle unas preguntas sobre la espada, ésta le preocupaba más que la mujer que la portaba.

    Ginko prosiguió, entonces, hablando con Kuroki —Según sus palabras, tanto los emishis como yo moriremos pronto a causa de idiotismo y por eso no gastaría energía en matarnos, creo que no entendió bien cómo funciona esa enfermedad...— comentó riendo, mientras limpiaba sus agujas —Pueden pasar por mí cuando estén listos para ir tras esa espada, yo también debo hacerle unas preguntas a Sora antes de partir, por lo que esperaré aquí mismole propuso al chico de pelo blanco, igual que ellos los Harutomo, mientras se preguntaba si por ahí no había andado su tío.
     
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    Kuroki Fusatada

    Escuché la respuesta de Ginko con calma, mientras afirmaba... Desconocía por supuesto que había tocado a Shi, si no de seguro ya lo habría interrogado con un poco más de vehemencia, pero tampoco era el lugar, no quería que la tensión siguiese...

    Ahora que lo pensaba... ¿Qué los albinos estábamos destinados a meternos en estos asuntos? Que también estaba ese otro hombre que estaba a lado del Emperador... Esto era en cierto modo incómodo.

    Reí un instante con Ginko por la parte de idiotismo, parecía que Kyogi nos seguía subestimando, pero bueno, en cierto modo tenía sus razones.
    —De acuerdo, aunque antes debo vestirme... De verdad lo necesito, desde Mito que mi ropa está para el olvido—. Comenté un poco apenado, pues estas prendas habían sido regalados por Rengo desde Shizuoka, en ese momento descendí un poco los párpados, reflejando mucha tristeza... ¿Cómo se encontrará? Estaba muy preocupado por él.

    Solté un suspiro para despejar ese breve episodio.

    Miré a los presentes, y antes de que hicieran algo; hablé de nuevo, pero me estaba dirigiendo a Ginko:
    —Sé que esto podría ser inusual pero... Señorito Ginko... ¿Me permitiría probar su fuerza? Quiero ver qué tal lucha, si, quisiera que tuviésemos un enfrentamiento como entrenamiento. Que alguien sea un médico no implica que no se sepa pelear...—. Dije calmado, mirando con cierto aire desafiante al otro albino, no es que estuviera confiado, pero antes quería ponerlo a prueba si tan decidido estaba de dar con Shi...

    Quería conocer un poco sus límites.

    >>Incluso, si lo desean... Podrían ustedes dos luchar contra mí—. Dije ahora mirando a Shiori.

    madarauchiha si, Kuroki te propone como a Ginko entrenar ahora mismo (?

    Si vamos por la loca, necesitamos EXP (???
     
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    Amelie

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    Sora miró a Kuroki y negó —No es magia, es energía espiritual —mencionó con seriedad — Si fuera magia, no tendríamos oportunidad alguna; pero tratamos con energía de nuestros cuerpos, hay límites mortales. Nunca seremos Dioses — después señaló a Ginko — Si Kyogi supiera que sabes bloquear el Qi, posiblemente no te hubiera dejado con vida —volvió hacia Kuroki —No es bueno tener asuntos pendientes con esa mujer. Créanme. Pero también su confianza puede ser el sello de su derrota.

    Satou apretó sus puños, se le notaba muy molesto con toda esa situación.

    Jiin sonrió ante las palabras de Kuroki —¿Entrenar? ¡Vaya! Si el joven Harutomo está cansado de entrenar, yo puedo entrenar contigo.

    Yorokubi levantó su palita al aire con emoción —¡Papá e muy fuerte!

     
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    Ginko Harutomo

    —Está bien— sonrió sobre el ofrecimiento de Jiin —Pueden entrenar ustedes. Yo esperaré y seré tu oponente después si aún estás para otra ronda, Kuroki. Mientras tanto hablaré con Sora...dijo acercándose a ésta y realizando una leve reverencia para saludarla antes de dirigirle la palabra

    —Es bueno ver que te has recuperado rápidamente—
    observó —Necesitaba hacerte unas preguntas... bueno, más bien solicitarte toda la información que tengas sobre esa espada, es preocupante. Por más que venzamos a quien la porte, ¿cómo lidiamos con ella? ¿Cómo la tomamos y trasladamos sin que nos afecte? ¿Es posible destruirla?— lanzó una batería de interrogantes, rogando por alguna respuesta positiva y alentadora.
     
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    Amelie

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    Sora afirmó; se le notaba cansada; pero aceptó responder, invitando a Ginko a sentarse. No era una plática secreta; los presentes también podían escucharla, no limitaría su conocimiento sabiendo al enemigo al que se enfrentaban.

    —Shi, la espada de la muerte —mencionó Sora — Esa arma fue creada en esta misma ciudad, por Hoshi Harima; el tío de Kato. Permítanme develarles una historia muy oculta de Kamakura, la historia inicia con el espiritista Hoshi; posiblemente el hombre más ambicioso que ha engendrado el apellido Harima; quienes siempre han prestado su fuerza al servicio del clan Minamoto. Hoshi era distinto, no buscaba poder, no buscaba destrucción o armonía; él sólo quería conocimiento...

    —Te lo digo Kaito; escucho esta voz constantemente. Es una especie de kami o demonio mismo; su poder parece ser sorprendente

    —Debes detenerte, Hoshi. Puede ser algo que no seas capaz de controlar.

    —No lo entiendes, Kaito; ya fue hecho. Y tú me ayudaste. ¿Recuerdas la espada que te pedí? Bueno...


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    Hoshi le mostró la espada; la cual ahora brillaba de un color rojo intenso.

    —¡¿Pero qué has hecho?!— Kaito se mostró enojado con su hermano Hoshi

    —No debes preocuparte; la mantendré a salvo, debes confiar un poco más en mi, hermano. Sé que no te interesa el conocimiento; pero con Mara he logrado entender tantas cosas; he empezado a recabar información e incluso ahora soy capaz de crear shikigamis, es cómo tener un maestro. Uno que nunca tuve. Tu sabes que nuestra madre simplemente cree que estoy loco por ver y escuchar lo que los demás no pueden entender. Kaito, puedo ser útil, yo...

    —Hermano; no necesitas estas cosas para ser fuerte. Has cometido un error y te ayudaré a remediarlo —Al instante Kaito le arrebató a shi, colocándola en el yunque para golpearla con fuerza y quebrarla; pero fue imposible.

    —Nadie puede destruirla más que yo. Y jamás lo haré

    —Hoshi....

    —Kaito tomó a shi a escondidas; queriendo alejar esa influencia de su hermano menor. Pero cometió un gran error. Shi no influenciaba a Hoshi, su dualidad le permitía tomar aquella arma sin sufrir ningún efecto secundario —mencionaba Sora hacia los oyentes — Pero en Kaito... Kaito perdió el control; porque era Mara quien tenía el control. No dejaría que nadie más que Hoshi utilizara su fuerza, y la mente de Kaito se nubló. La ya difícil actitud de servicio de Kaito, empeoró cuando su razón se esfumó y la locura lo consumió. Era un hombre imparable, y asesinaba a quien se cruzara en su camino. Incluso...

    —¡Kaito!—

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    La mirada de Kaito no era la misma de antes.

    —Hermano... Entrégame a shi, déjame ayudarte

    —¡ALÉJATE!


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    —Mara, detenlo. Has que se detenga...

    —ESTÁS ESTORBANDO

    —Hoshi había creado el sello que contenía a Mara en la espada; y creyó que podía romperlo destruyendo el arma. Pero sus esfuerzos fueron inútiles; el creador no pudo detener su creación. Los sobrevivientes de esa guerra dónde Kaito perdió el control, asesinando tanto a enemigos como aliados, mencionan que no se detuvo en eliminar a Hoshi; quien incrédulo pensaba que Mara frenaría a su hermano; pero no fue así. Ese día le dieron el nombre de Shinku no Akuma, el demonio carmesí; convirtiéndose en el creador del estilo Shi no hate, el filo de la muerte. Junto a su katana: shi —Sora cerró los ojos —La locura de los Harima, esa fue la maldición que impuso Mara sobre la familia, empezando por Kaito. Por ese motivo, Kato tuvo que asesinarlo; pero la desgracia no acabó allí, pues Kato tomó a shi... y cayó en una espiral de odio y locura— se llevó la mano a su cicatriz— Esta vieja herida fue causada por ese filo...

    Sora trató de convencer a Kato (21 años), pues parecía ser a la única que escuchaba; decidió hablar con él en el puente de Kamakura, allí podrían estar en un lugar donde nadie los molestara, ya que al no haber comercio, el puente de entrada estaba desolado.

    —Escucha mis palabras; las cuales provienen del amor que te profeso. No puedes seguir de este modo. Tu rencor está nublando la toma de decisiones. Mira el estado de la ciudad, su gente ha comenzado a huir, todos...

    —Todos son unos traidores, Sora; los que abandonan Kamakura son débiles, no están preparados — la miró, esos ojos los recordaría Sora para el resto de sus días, una mirada maniaca, no era la misma mirada del Kato que conoció, ni siquiera era la mirada del Kato sin emociones en el que se había convertido — Una guerra se acerca a Kamamura, yo lo sé Sora, y nadie está preparado para ella —la tomó de los hombros con fuerza —Debemos estar preparados ¿Me has escuchado? Debemos seguir entrenando, no importa las consecuencias, moriremos luchando, eso hace un guerrero.

    —No todos son guerreros, Kato— mencionó Sora — Tratas a todos como si fuera su obligación sostener un arma

    Kato, quien no había soltado sus hombros —Es la obligación de todos los habitantes morir por su ciudad, sean ancianos, niños o mujeres, estén enfermos o desvalidos, todos van a levantarse, todos entrenarán hasta que sus cuerpos sangren. Y si mueren en el proceso, será porque son débiles, y Kamakura no necesita a los débiles, Kamakura será el nido de los guerreros más fuertes. Guerreros perfectos.

    Así como Sora recordaría aquella mirada de locura en Kato, Kato no olvidaría jamás la mirada del miedo en los ojos de Sora, quien comenzaba a ver la vida futura de su propio hijo, una vida que no deseaba.

    —¿Vas a abandonarme también?— Preguntó Kato aun sujetando a Sora

    Sora levantó sus manos colocándolas en el rostro de Kato—Jamás Kato —acarició su mejilla —Tú eres quien me abandonará a mi— su voz era serena pero melancólica —Porque te pediré que abandones esa maldita espada que ha contaminado tu mente; y no lo harás.

    Kato la soltó, sujetó el mango de shi, un arma que jamás había usado; la desenvainó. Sora entendió de inmediato que su vida corría en peligro.

    —Hay una leyenda que dice que aquellos que somos devotos a los Dioses, nuestras almas viajarán a la montaña en Yoshino, dónde la lluvia de los árboles de cerezo nos envolverán en esa danza y nos llevarán al Cielo —miró a Kato, conocía la fuerza de aquel hombre, sabía que no escaparía a su juicio —Nos reuniremos nuevamente en Yoshino — mencionó Sora antes de que Kato la atacara con shi; dirigió el filo a la cabeza; Sora reaccionó tarde, logró desarmar a Kato pero la herida en la cabeza ya había sido infringida; sólo eso la dejó en el suelo.
    Kato comenzó a respirar con dificultad viendo lo que había hecho; había matado a su esposa a sangre fría; recuperó su arma.

    Y cuando adquiere la mirada de un demonio, será capaz de derrotar al otro; así su sangre trasciende, el legado sigue.


     
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    Kuroki Fusatada

    Volteé hacia Sora cuando se dirigió a mí, diciendo que si fuese magia sería imposible lidiar con ello... Entonces sí eran cosas muy distintas, veía que englobarlo no era acertado.

    Al escuchar su último comentario, gemí reflexivo...
    —¿Nos ayudarás?—. Pregunté, aunque noté la tensión de mi padre, por lo que llevé una mano a su hombro, mirándole con pena...
    >>Lo siento... Yo solo quería ayudar a alguien que lo necesitaba... De verdad... Solo era esa mi intención—. Comenté realmente triste, pues genuinamente esa había sido la principal y poderosa razón de todas por las que me había involucrado en esto... Solo quería ayudar a un chico que actuaba raro y parecía necesitar ayuda.

    Jamás pensé que me metería en todo esto, especialmente cuando pensé que solo era una excusa para alejarme de un asunto de vergüenza... Y lamentablemente no fué así.

    Miré a Ginko y afirmé, para escuchar la propuesta de Jiin, por lo que estuve de acuerdo, no me agradaba la idea de entrenar contra alguien que parecía más fuerte, pero siempre era bueno probar. Miré a un niño que estaba allí, me sonaba un poco su presencia, pero no sabía de dónde, era tan poco que lo omití y solo le sonreí.
    —No lo pongo en duda pequeño... ¿Quieres ver dicho combate?—. Pregunté hincandome un poco a su altura cuando Ginko pidió hablar con Sora, esta no tenía muchas ganas, pero igualmente se puso a narrar...

    ... La historia como era de esperarse no era nada alentadora, los inicios parecían ser... Extraños, pero malinterpretados, y así, cómo una decisión tan noble como haber intentado ayudar a un hermano, acabó perjudicando de forma brutal a muchos más... Por un momento sentí una punzada, una que me hizo gemir de tensión y culpa, una que fué bastante obvia... ¿Qué sería ahora de todos si no me hubiera involucrado con Rengo? Muchas cosas que sucedían en torno a esto... Eran mi culpa, si, Natsu tuvo mucho que ver, pero yo continué con aquello... Y, en cierto modo, no dejaba de culparme cómo Kohaku parecía terriblemente abrumado por todo esto...

    A veces... Quisiera ser yo el que cargue con ese peso...

    Aún así, puse atención, y todo parecía solo ir a peor, culminando con la cicatriz y el cómo Shi había acabado en manos de Kato...

    Bajé la mirada, serio y reflexivo, para después suspirar y avanzar unos pasos hacia ellos.
    —Está claro que Shi es un error... Uno que parece, no importa quién lo porte, está condenado a ser repudiado cómo lo fué Rengo... O enloquecido, como Kato, como Kaito... O cualquiera que Mara no decida prestarle su fuerza. Me lo han dicho, ni siquiera un Shijin podría manejar esa arma... No me quiero imaginar qué pasaría si yo la sujetara... No le tengo miedo al dios de la muerte, si no a la influencia. Y es aquí, dónde repudio todo esto, porque ni sé a dónde apuntar o qué hacer... No importa si me dedico a esto en serio, parece que no hay manera...—. Dije firme pero apenado, aunque mi vista estaba posada sobre Sora.
    >>Sé que no es bueno tener asuntos pendientes con Kyogi... Pero temo que ella no dejará de acosarme, ya no. Rengo, el hijo menor de Kato, me lo advirtió, y no le hice caso creyendo que solo eran excusas para alejarme de algo por pena, tarde me dí cuenta que era un asunto muy en serio, y a pesar que fingí dejar de ser Minamoto, no titubeé, nunca lo abandoné, aún si Kyogi me estaba pisando los talones. Yo lo sé perfectamente porque también me lo dijo... Repudia mi insistencia, mi determinación, mi preseverancia con todo esto, me dió la oportunidad de vivir a cambio de abandonar al chico del que ya me hacía muy buen amigo... Y aún así, seguí peleando; salvando a otra niña de paso, una que solo era una víctima más de todo esto. Eh-

    Me corté un instante, no porque no supiera qué decir, si no porque hasta ese momento no había caído en cuenta de algo, pero sacudí la cabeza y me aclaré la garganta, volviendo al asunto.
    —Si me consideran estúpido por mi accionar, lo admito, lo fué, pero para entonces, Rengo tenía lo suficiente para saber que la lucha valdría la pena, no por los conocimientos, si no por ser un alma atormentada, una que en cierto modo me ví reflejado en él, perdiendolo todo, o es lo que al menos se dedicó a pensar. Debo confesar que si llegaba el punto de tener que portar a Shi con tal de llevarlo a algún otro sitio para ocultarlo, lo haría, no me importaría perder algo de cordura si con eso se evita más caos y muerte innecesaria... Lo hice con un joven que tantas veces me quiso alejar de esto e insistí, creo que es tarde no solo para dar vuelta, si no para arrepentirse por lo que hice y de las consecuencias de mis decisiones—. Añadí, mirando un momento a mi padre, volviendo la vista a Sora.

    >>No soy bendecido de ninguna deidad, pero eso no me impide conocer más de esto, Rengo es mi amigo, y tanto Shi como Mara son cosas que es mejor estén sellados. Por eso, si hay algo que pueda hacer para poder tener una posibilidad contra esa mujer y esa espada... Se lo pido, señorita, ayúdeme en esto—. Dije, haciéndole una reverencia.

    >>No me importa perder más cosas... Después de todo, antes de siquiera hallar a los Minamoto, me hicieron perder demasiado—. Concluí, para erguirme, respuesta o no, creo que todos allí eran de confianza para decir eso, tal vez era innecesario, tal vez no era el momento, tal vez fué un impulso por querer desahogar algo de todo eso al fin a ausencia de Rengo o de Kohaku o cualquier momento que no fuese mi padre, al ser evidente que esto solo le dolía... Pero con Kyogi de vuelta, lo mejor era dejarlo todo ya de una buena vez. Ya no hacía falta guardar nada...

    Suspiré, respuesta o no, miré a los presentes para disculparme brevemente por el monólogo, mirando a Jiin.
    —Dioses, lo siento, creo que eso fué de sobra. Necesito despejarme, han sido un vaivén de cosas últimamente... ¿Vamos?—. Pregunté al hombre, dispuesto a entrenar.
     
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    Escuchó el relato sobre la espada, encontrando finalmente conexiones con el juego de memoria que tenía. Era todo muy interesante, pero lamentablemente no parecía haber ni un indicio de cómo detenerla.

    ¿Alguien sabe entonces qué haremos con la espada, incluso si se la ganamos a sus actuales portadores? No creo que sean tan improvisados de ir sin al menos algún plan de contingencia... los insto a que, de lo contrario, pensemos ahora en esas posibilidades— les propuso.
     
    Última edición: 22 Septiembre 2022 a las 10:14 AM
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    Sora escuchó las últimas palabras de Kuroki y negó —No sé cómo detener la espada; lo he tratado de entender y me ha sido imposible, mi conocimiento es insuficiente —dijo con seguridad.

    —Hay maneras; yo lo sé. Debe haberlas, esto no puede quedarse así, dejarlo ir como si no fuera nada —insistió Satou — Ese niño debe saber más cosas de las que ha dicho, oculta información, es peligroso.

    Jiin escuchó a Kuroki y por unos instantes titubeó, dejó que terminara de hablar y luego intercedió antes de que Satou continuara —Mi hermano siempre ha huido; nunca ha sido bueno insistirle de algo. Crecí con él, sé cómo es. —dijo acercándose a Kuroki — Yo no se nada de esas cosas sobrenaturales —miró de reojo a Sora y sonrió avergonzado — No quiero entenderlas para ser sincero, si puedo ser útil en algo lo haré; pero no me meteré en ello, no soy hábil con los estudios, soy más de los golpes —observó a su pequeño Yoro y le sacudió suavemente su cabeza — Y siempre defenderé a las personas detrás de todo este embrollo, sin importar que sea lo que hay detrás.

    Jiin volvió hacia Kuroki —Intenté acercarme a Rengo cuando era pequeño, Yuzuki también lo hizo; pero Rengo siempre terminaba huyendo, así él vivía feliz. Pero yo no estaba tranquilo, lo seguía de vez en cuando, nunca fue alguien de mucha fuerza y tenía miedo que cayera en alguna trampa de Shinrin... de nuevo... —bajó la mirada y después volvió hacia Kuroki —Escondía muchos secretos, demasiados. Y cuando lo enfrentaba sólo se alejaba más de mi, hasta que lo perdí por completo. Jamás me ha buscado para que yo lo ayude; pero si acudió a mi cuando yo lo necesitaba y no lo sabía —miró a Yoro —Él es mi hijo, mi orgullo; Yorokubi. Tiene el mismo don que Rengo; pero este lo protegió para que tuviera la infancia que él no pudo tener. Con esto me refiero a que hay que confiar un poco en ese niño —cargó a Yorokubi y besó su cabeza — Él no está pensando en él; porque sólo piensa en los demás, a su manera. Él está haciendo con nosotros lo que todos queremos hacer con él... protegerlo —Jiin sonrió a Yorokubi —Confié en él mi mayor tesoro.

    Sora escuchó a su hijo hablar y sonrió.

    —¿Y esa es tu respuesta?—preguntó Satou —¿No hacer nada?

    —Mi respuesta es confiar en mi hermano— mencionó Jiin.

    —Sus acciones han sido erradas; ahora está en manos del enemigo, seguramente no sobrevivirá cuando terminen de usarlo. Y la espada, no supo defenderla, comete error tras error y ustedes lo perdonan porque es un alma atormentada —dijo Satou mirando con severidad a Kuroki — No estamos hablando de un niño que se robó algo; estamos hablando de un niño inmaduro e inestable con la posibilidad de crear un caos severo —señaló a Jiin — Y el amor no es la respuesta, a veces se deben tomar medidas más drásticas.

    Jiin estaba a nada de brincar a Satou; pero Sasaki intervino.

    —Nadie sabe que hacer, eso me queda claro; y reventarse las caras no va a solucionar nada, sólo nos pondrá a los médicos a trabajar — dijo con tranquilidad.

    Oki afirmó para después mirar a Ginko —Yo también creo que debemos de ser más astutos. Si vamos contra entes que no conocemos, si no sabemos que daño puedan causar, si no tenemos idea de su verdadero objetivo. Ir en contra de ellos será como entrar a las montañas Hakkoda sin saber que buscas —pausó por unos instantes, entendiendo que no estaba rodeada de emishis — las montañas Hokkoda en Aomori, albergan algunos kamis. A esas montañas se adentraron Ukita y Rokujou buscando la joya llamada, el ojo de hielo. Si la conseguían, Ukita se volvería el nuevo líder elegido para el Norte, y así fue. Tal vez esto sea algo así —miró a Jiin —¿Kamakura no tiene un sitio sagrado como ese?

    Todos se miraron sin obtener respuesta. Incluso Sora quién había conocido al viejo Kamakura, cuando aun había monjes.

    —Tal vez debamos explorar

    —¡Si! ¡Exploremos!


    Dos voces nuevas irrumpieron en la conversación eran dos pequeñas.

    [​IMG] [​IMG]

    —Somos Kyoko y Himawari Minami —se presentaron —hermanas de Yuzuki —ambas sonrieron. Eran las hermanas gemelas de la familia Minami

    —Podemos ayudarles con sus nuevas ropas —dijo Himawari señalando a Ginko —Fuimos nosotras quienes no encargamos de las tuyas

    —Y también podemos unirnos a la exploración de Kamakura —dijo Kyoko

     
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    —¡Eso es!— exclamó al escuchar a Jiin, refiriéndose a que lo suyo eran los puños —Deberíamos buscar a gente muy débil con los puños, pero con mucha fuerza de voluntad en sus almas, si usáramos a personas así para trasladar la espada, probablemente se reduciría mucho el riesgo de una tragedia... pero sigue siendo peligroso, no sé qué opinas de esa opción, Sora— dirigió la última frase a la mujer, pues la consideraba la más sabia y prudente entre los presentes, al menos para esas cuestiones.

    Sin embargo, a Oki se le había ocurrido algo mejor, buscar algo externo y más poderoso que un simple plan que los ayudara. Algo que podría estar en Kamakura, en algún lugar con la mística suficiente, una equivalente a las montañas de Aomori que la emishi mencionaba. Sin embargo, a Ginko le preocupaba primero el dejar de seguir involucrando a más gente en asuntos peligrosos —Oki, Resak, Bikki, Auta...— se dirigió a todos los emishi, pero haciendo énfasis en la identidad particular que cada uno encarnaba, con sus vidas y anhelos personales que él no tenía ganas de truncar —Ya oyeron a mi padre, no se les puede pagar por más servicios, pero han sido una buena compañía e hicieron un gran trabajo aquí, ahora deberían regresar a sus hogares. Gracias por todo— realizó una reverencia en agradecimiento y ya los liberó de sus obligaciones.

    Luego entraron las hermanitas gemelas y Ginko se llevó una mano al rostro —No sé si debamos seguir involucrando niños en estas misiones...— él mismo había estado cerca de matar a Yorokubi cuando la voz de la espada le ordenó que hiciera eso mismo —De lo contrario estaremos a un intento de uxoricidio de ser básicamente Kato... sin ofenderse dirigió a la familia del susodicho.

    Lo que Ginko propone e intenta lograr es que ni los emishi ni las gemelitas ayuden en la misión, por cuestiones suyas de principios... sí, Ginko es el verdadero enemigo (?
     
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    Los emishi se miraron entre sí. Después sonrieron —Éste cree que si nosotros va a sobrevivir, con ese cuerpo flaco y sin voluntad de matar— mencionó Resak.

    —Sus habilidades van más allá de la simple fuerza —aclaró Oki separando a los tres emishi, los cuales negaban; no estaban de acuerdo con esa decisión.

    —Nosotros no respondemos a nadie más que Ukita — replicó Auta —Pero tampoco nos quedaremos en un sitio dónde no nos quieren .

    —Partiremos de inmediato; seguramente Ukita nos podrá asignar una nueva misión —Culminó Bikki.

    Los emishi comenzaron a salir no sin antes golpear ligeramente al hombro de Ginko, una despedida simple. Oki también lo hizo —Buena suerte, ardilla albina —dijo dejando escapar una ligera risa.

    Sora miró a las pequeñas y asintió —Señoritas; tal vez puedan ayudarnos con la ropa del joven Kuroki —dijo señalando al joven y ellas se acercaron a investigarlo —Es una misión peligrosa si deciden aceptarla como suya; si ese es el caso, tal vez deban hablar con Kato.
     
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