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    • Microrrelato para historias de entre 21 a 100 palabras.
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Fanfic - Ouran High school host club

Tema en 'Ouran High School Host Club' iniciado por Aerith, 26 Marzo 2013.

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  1.  
    Aerith

    Aerith Seed

    Aries
    Miembro desde:
    26 Marzo 2013
    Mensajes:
    553
    Puntos en trofeos:
    331
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Fanfic - Ouran High school host club
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    49
     
    Palabras:
    3277
    Halo ._./

    Lo sé, sé que dirán "Eres una mala escritora, irresponsable" y bla bla bla...

    Lo siento D:

    Ya casi... ¡tan sólo una semana y media! ¡una semana y media de clases! y así, saldré de esto *O* ouh yeah è_é *Party Hard*

    Profundo Cielo azul

    *Narra Kichiro*
    Un día cualquiera, tal y como otros, frío, seco y aburrido.

    No había nada que....

    Saciara esa ansiedad que tenía tan dentro de mí.

    Si tan sólo... eso.

    Deseaba encontrar algo que le diera color a mi vida.

    Kaito Kichiro... 11 años, 6 año de primaria.

    El día estaba oscuro, estaba lloviendo...

    Podía observar cada detalle. Cada gota de agua cayendo desde el cielo, y llenando mi ventanal.

    Soplé un poco, y pude ver como se hacían figuras en el ventanal.

    —Kichiro, despierta —mi madre abrió la puerta, ya era normal que hiciera eso, era su costumbre, a pesar de que yo me levantaba más temprano que ella.

    —Ya voy, ya voy —suspiré. Ella sonrió, esa sonrisa era especial, enmarcaba sus ojos negros dándole un brillo especial, esa era mi madre, una mujer hermosa, tanto como una princesa.

    Típica rutina en las mañanas, ir al baño a acicalarme, ponerme el uniforme del instituto, tender mi cama, ordenar mis cosas en mi mochila, ayudar a mi mamá a hacer el desayuno, esperar el autobús y ir a la escuela.

    Pero por alguna razón, todo salió al revés hoy.

    1. No había agua.
    2. Mi uniforme estaba sucio.
    3. No había sabanas limpias.
    4. No encontraba mi mochila.
    5. Mi mamá había olvidado hacer las compras de la semana.
    6. Como me tardé haciendo un montón de cosas el autobús se fue sin mí.

    —Hoy no será un buen día.
    Sin desayuno, con una bolsa como mochila y el uniforme lleno de tierra, me encaminé hacia aquél sendero por el cual pasaba todos los días. De niño, paseaba mucho por ahí, mi hermano, mis padres y yo, jugábamos con la nieve. Esos días... los extraño demasiado.

    Después de 30 minutos de caminata larga, logré llegar, desgraciadamente; cerraron la puerta antes de que pudiera entrar.

    Me sentía tan frustrado...

    Cerré mi puño, y alcé mi cara al aire, sentí las gotas de lluvia traspasar mi rostro, como si no quisieran posarse en él, era tan deprimente.

    Comenzó a llover, y ya habían pasado 20 minutos, luego... ocurrió un milagro, el conserje, abrió la puerta.

    —Hey, ¿no deberías estar en clase? —me preguntó.

    Lo ignoré por completo y corrí hacia mi salón.

    —Buenos días —saludé a todos.

    Y al parecer... no era el único que llegaba tarde.

    Una chica se aproximaba rápidamente, tanto, que me cayó encima.

    —¡Ay! perdóname —se disculpó y se levantó, tendió su mano sonriendo.

    Ambos entramos, nos disculpamos y pasamos a sentarnos, al parecer; la chica que me había caído encima era nueva en el colegio.

    —Ella es Kouki Sanadá, estará con nosotros a partir de este grado, sean buenos con ella —dijo la maestra sonriendo.

    —P... ¡Por favor, cuiden de mí! —exclamó con una sonrisa que extendió su calidez a través del aire.

    Ese día todos estaban alegres, pues la chica nueva le contagiaba sonrisas a todos.

    Ya habían pasado 2 horas y estábamos en la hora del recreo, me dieron ganas de hablarle a la chica nueva, parecía que no estaba muy adaptada.

    —Hola —la saludé—. ¿Puedo sentarme?

    —¡Claro! —dijo moviendo la cabeza en muestra de afirmación—. Ya debes saberlo, pero me llamo Sanadá.

    —Sí, yo me llamo Kichiro. Un placer.

    Me senté a su lado, al principio hubo algo de silencio, pero después ella decidió romperlo.

    —¿Desde qué grado estudias aquí?

    —Desde tercero —dije mirando a los chicos que jugaban en el patio.

    —Ah, bastante tiempo.

    —Así es, dos años y medio —sonreí un poco, y sin saber por qué, pues, me sentía algo feliz al recordar cuánto tiempo llevaba con esos chicos—. ¿Por qué has venido a éste instituto, Sanadá?

    —Es el más cercano a mi casa, además, ¡me parece bonito! —comentó riendo de una forma bastante coqueta.

    —Si gustas, puedo darte un tour por la institución.

    —¡Me encantaría! —exclamó, parecía tan feliz... incluso estaba algo roja.

    —Bien... —sonreí.

    La chica y yo salimos del aula, y fuimos a los pasillos, empecé mostrándole el patio.

    —¡E-Es grande! —dijo feliz.

    —Lo viste desde el aula, ¿y ahora es que te das cuenta?

    —¡Se ve mejor desde cerca! —reprochó haciendo un puchero.

    —Jaja, calma, era sólo una broma —era la primera vez que me reía de esa forma, nadie a demás de mi madre había logrado hacerme reír de esa forma.

    Luego de mostrarle el patio, paseamos un poco por el campus, luego la biblioteca, después el gimnasio, los laboratorios; la sección de secundaria y preparatoria...

    —¡Este instituto es enorme! —dijo sorprendida mientras miraba el lejano y profundo cielo azul.

    —Sí... tu instituto es enorme —la miré y le brindé una sonrisa llena de emoción.

    La pelirroja me miró con una mirada pasiva y tierna que no pude evitar voltear la mirada por el sonrojo que tenía en la cara.

    —¿Sucede algo? —preguntó preocupada.

    —N... no...

    Finalmente, las clases acabaron normalmente, y todos los estudiantes se dirigieron a sus casas.

    Me sentía completamente distinto ese día, todo cambiaba, no podía expresar la felicidad que sentía.

    Tanto así... que esa misma noche; no dormí nada.

    *Meses después* (muchos -w-)

    Ella y yo habíamos hablado mucho, era tanta la confianza que nos teníamos mutuamente, y también existía el cariño.

    Ese día habíamos salido de picnic juntos, despreocupándonos por los trabajos y tareas de la escuela.

    Ella se acostó en el césped, yo fui a su lado y hice lo mismo.

    —Oye... Kichiro... —susurró.

    —¿Sí?

    —Sabes... falta poco para nuestra graduación.

    —Lo sé. ¿Qué sucede con eso? —la miré con tranquilidad mientras ella suspiraba.

    —Tengo algo de miedo ¿sabes?... es doloroso dejar una etapa tan linda como ésta y pasar a otra diferente.

    —Sí... yo también, algo... pero... mamá me ha dicho, que si pudiera, desearía volver a la secundaria, porque después de todo, es una de las mejores etapas que puedes vivir, tan sólo con hacer amigos, enamorarse, planear tu futuro y prepararse para seguir adelante lo hace algo hermoso.

    —¡Sí! ¡tienes razón! —rió dulcemente y me miró—. Eres lindo ¿sabías?

    Me sonrojé. Sólo unas pequeñas palabras... de ella, hacían que mi cuerpo se estremeciera.

    —Y... yo...

    Me fijé un poco, y ella se había quedado dormida, su cabeza estaba en mi hombro.

    Mi corazón latía tan rápido ¿por qué?

    ¿Por qué ella me producía esos sentimientos?

    *Meses después* (En la graduación)

    Unos lloraban, otros reían, y a algunos simplemente les daba igual, pero uno a uno, los alumnos iban, tomando sus diplomas y abrazando a sus maestros.

    —¡Kyah! ¡ya me toca! —gritó Sanadá, que parecía estar nerviosa.

    La pelirroja de ojos negros subió los escalones, caminó hasta el altar, pero desgraciadamente, tropezó con sus pies y cayó.

    —¡Sanadá! —grité.

    Lo que me preocupaba a mí: que estuviera lastimada.

    Lo que le preocupaba a ella: ser el hazme reír de todos.

    Sólo podía hacer algo...

    Tomé valor... y grité desde muy lejos.

    —¡Mamá, papá, soy homosexual! —grité.

    —¿Q... Qué? —pude ver la expresión de mis padres, desde lejos.

    Había funcionado, toda la atención estaba en mí, se reían, sólo por eso... son increíbles.

    —¡Silencio alumnos! —gritaba una profesora.

    Definitivamente... la peor graduación de mi vida...

    Luego de eso, mis padres charlaron conmigo, yo sólo les dije la verdad.

    La peor charla que había tenido con mis padres.

    Tenía que aceptarlo, si había hecho algo así, algo... que no haría por nadie, ya era obvio.

    Me gusta Sanadá.

    *Un año después*

    Estaba listo, más que listo para confesármele a ella, ya estábamos en primero de secundaria, ella tenía 12 y yo 13.

    La invité a la terraza del instituto, por la tarde, para confesarme.

    —¡Kichiro! —dijo entrando.

    —Sanadá... —volteé al verla, algo sorprendido por el impacto que me dio su saludo.

    —¿Me necesitabas? —se apoyó en uno de los muros en la orilla de la terraza

    —Sí...

    Me preparé, moví mis labios y dije:

    —M... me gustas... ¡Te quiero Sanadá!

    Me miró extrañada, y luego entendió el mensaje... pero su expresión denotaba algo de tristeza.

    —Kichiro... yo... ya salgo con alguien... perdón...

    Ella sólo salió corriendo, se llevó mi corazón, y lo hizo pedazos...

    Quisiera... quisiera...

    Apreté mi puño con dolor.

    Traté de decírselo, que no me importaba que su novio fuera un bravucón, no me importaba nada, sólo ella.

    Un día, estaba a punto de salir de la escuela, pero había olvidado mi mochila en el aula, así que fui por ella.

    —¡Aquí estás! —exclamé para mí mismo.

    Me di la vuelta y habían 5 tipos adentro, ni si quiera sabía cómo habían entrado.

    —¿Tú eres Kichiro? —preguntó uno de los chicos apretando sus puños mientras me mostraba una sonrisa burlona.

    —No, no soy yo —creo... que quieren algo de mí...

    —Tu mochila dice tu nombre.... ¿nos ves cara de idiotas?

    Traté de huir, y en lugar de eso, obtuve una dolorosa paliza.

    Tanta crueldad, y dureza... ¿por qué me habían hecho esto?

    —No te juntes con mi novia, ¿está claro? —cuestionó mientras se iba.

    Quedé en el suelo. Sin poder moverme. No me llegaba aire, incluso si trataba no podía.

    Hasta que finalmente quedé inconsciente.

    Incluso tuve un pequeño sueño, en él, todos decían que debía olvidarla, a Sanadá. Pero....

    ¿Cómo iba a hacer eso?

    Abrí los ojos, y me encontraba en una sala de hospital, con mis padres, la verdad no sé como llegué hasta allí.

    —¿Mamá... papá? —me recosté rápidamente en el espaldar de la camilla.

    —¡K... Kichiro! —mi madre derramaba lágrimas sin cesar.

    —¿¡Quién te hizo esto!? —mi padre estaba más que enojado.

    —Mamá... no llores, papá... yo... —no sabía si decir la verdad.

    —Y... yo... —dijo una voz desde afuera.

    Una pequeña, de como unos 11 años de edad entró a la habitación.

    —Yo vi a unos chicos salir del aula en donde él estaba, debieron ser ellos —confesó la pequeña, jugando nerviosamente con sus deditos.

    —¿Quién es ella? —pregunté mirando a mi madre.

    —Ella es quien te salvó —mi madre miró a la niña dulcemente, como si estuviera agradeciéndole.

    —Me llamo Kotoki, Kouyama Kotoki —dijo con una pequeña sonrisa inocente.

    —Yo soy Kaito Kichiro.

    —Y bien Kotoki, ¿qué fue lo que sucedió exactamente?

    La pequeña Kotoki se sentó a explicarles lo que había pasado.

    —Yo estaba con mi tía, ella estaba firmando los papeles de admisión, pues voy a estudiar en el Instituto Enimarú.

    —Qué casualidad... —comenté yo.

    —Y entonces fui a darle un pequeño recorrido, visité todas las aulas, laboratorios, bibliotecas, y todo eso, en una de ellas, lo encontré a él —dijo señalándome.

    Reí un poco por la forma en que la pequeña relataba los hechos. El hecho de su dulce vocecita lo hacía más lindo.

    —Ya veo, ¿qué año estudiarás? —le pregunté sonriendo.

    —Primero de secundaria —dijo.

    —¿Qué edad tienes? —le pregunté sorprendido.

    —Doce —dijo ella extrañada, debido a mi expresión.

    Entonces...

    Ella debe de ser una niña muy inteligente, a la que la han adelantado.

    Como sea, gracias a ella yo estaba bien, por lo que le contó a mis padres, gritó pidiendo ayuda innumerables veces.

    —Kotoki, debemos irnos —dijo una señora que estaba afuera, hablando por teléfono.

    —Sí tía... —obedeció Kotoki desanimada—. ¡Adiós!

    —¡Adiós! —me despedí yo sonriéndole.

    Por suerte, las heridas no habían sido muy graves, pero uno de los golpes me lo dieron cerca del pulmón, lo cual fue peligroso.

    Después de todo me salvé.

    Pasaron los días, la pequeña niña ya estaba en nuestro salón, era tan inteligente que me sorprendía... hacía las sumas algebraicas tan rápido y fácil que incluso... algunos le pedían ayuda.

    Ella siempre almorzaba conmigo, ya que traía algunas cosas y le gustaba compartirlas conmigo, lo más raro, es que era sólo conmigo...

    —Ey... —le lancé un lápiz a la cabeza.

    —¡Ay!

    —¿Nunca te he presentado a mi hermano?

    —No —dijo mirándome confundida.

    —¿Quieres ir a mi casa hoy? —le pregunté mirándola directamente a los ojos.

    Analizó la información por un momento, luego sonrió y luego dijo:

    —¡Sí! —exclamó alegre.

    Las clases habían pasado más rápido, y cuando no me había dado cuenta, ya habíamos salido.

    El autobús vino, pero preferimos ir a pie. Sólo nos levó unos 20 minutos, bastante sencillo, la verdad.

    Llegamos a mi casa, y ella estaba muy alegre.

    Abrí la puerta, eran muchas llaves, me había llevado algo de tiempo.

    Y ahí estaba él, sentado...

    —Kichiro, tengo hambre —mi hermano gemelo no había almorzado—. ¿Eh? ¿quién es ella?

    —¡Soy Kouyama Kotoki, el placer es todo mío! —exclamó haciendo reverencias.

    Él la observó de pies a cabeza, y de cabeza a pies... luego, puso su dedo índice en su frente.

    —Ñoña.

    La pobre Kotoki se espantó y se sintió ofendida, tanto que se aisló de nosotros, quedando en un rincón mientras lloraba.

    —Kichiro, hazme de comer —ordenó y se sentó a ver televisión.

    Maldito seas Sae...

    Casi nunca le hacía caso, pero como no quería que arruinara la visita lo hice.

    —¡Está bueno! —exclamó Kotoki—. Deberíamos cocinar juntos.

    —S... sí... —dije contento.

    —¿Dónde aprendiste a cocinar así? —me preguntó mi hermano sorprendido.

    —En la clase de cocina —dije sin más.

    —Ah... —se llevó su pollo a la parmesana a la boca.

    Ella se quedó unas horas en mi casa, por lo cual, pudimos divertirnos.

    —¡Juguemos Tekken Kichiro! —dijo mi hermano emocionado.

    —No, no pienso dejar a Kotoki sola.

    —Pff, todo por esa niñita tonta —nos dio la espalda.

    —Oye... Sae- san... ¿puedo jugar contigo? ¿por favor? —insistió ella.

    —Las niñas juegan con muñecas.

    —¡Oye! ¡No es cierto! ¡Las niñas podemos hacer lo que hacen los niños, e incluso más! —se levantó. Era la primera vez que la veía tan "dominante"—. ¡Te reto, estúpido!

    —¿A quién llamas estúpido? ¡Enana!

    —¡No me llames enana! ¡imbécil!

    Así comenzaron una ronda de... esa cosa.

    (Mi hermano es Gamer)

    —¡TOMA ESTÚPIDO, TE LO DIJE, TE LO DIJE, TE LO DIJE, TE LO DIJE, TE LO DIJE! —y siguió y siguió y siguió. Pero, por alguna razón, me agradaba ésta Kotoki.

    —¿Te gustan mucho los vídeo-juegos? —le pregunté mientras salía de la cocina con unas palomitas, íbamos a ver un película.

    —¡Sí! sobre todo los de acción —dijo riendo.

    —Entiendo —le devolví una sonrisa.

    No me había dado cuenta... de que había olvidado a Sanadá.... ¿Por qué?

    ...

    No es posible.

    Me fui corriendo de allí, que idiota soy al dejarla con el maldito de mi hermano.

    —¿Qué le pasó?

    —No lo sé... pero oye....

    —¿Sí...?

    —Eres buena en los vídeo- juegos.

    Me encerré en mi habitación. Sólo eso...

    Pasó un mes, nos habíamos distanciado un poco, pues desde que llegó su prima algunas cosas se arruinaron.

    —¡Hey, tú, el plebeyo! —la mandona prima de Kotoki, llamada Kouyama Makuto, me estaba llamando.

    —¿Qué quieres? —cuestioné sin mirarla.

    —Ven acá un segundo.

    —Ni de coña.

    —¡QUE VENGAS! —me haló del brazo y me llevó a un armario.

    —¡¿QUÉ PASA CONTIGO?! ¡PSICÓPATA ASESINA MANDONA!

    —Te gusta mi prima.

    —¿Eh?

    —Admítelo, te gusta.

    ¿Cómo...

    —Sí...

    Lo había sabido?...

    Me gustaba ella...

    Sanadá había terminado con el bravucón, y se volvió muy amiga de Kotoki y Makuto.

    —Kichiro —corría Kotoki hacia mí—. Se te quedó esto en la clase de Geografía.

    Me entregó mi libreta.

    —Gracias.

    —¿Conoces a Sanadá? —me preguntó mientras ellas llegaban hacia mí, como queriendo presentarla.

    —Sí, hola Sanadá.

    —H... Hola.

    No nos habíamos visto desde hace mucho.

    A ella le había crecido el cabello, ese cabello rojizo oscuro, ahora le llegaba hasta los hombros.

    —Has cambiado —le dije sonriendo.

    —Tú también —me respondió devolviéndome la sonrisa.

    La campana sonó.

    Ese día, mi mente estaba hecha pedazos.

    —Hey... Sae.... ¿sabes?

    —¿Sí?

    —Me gusta una chica.

    —¿En serio? ¿quién? —mi hermano se veía bastante emocionado nunca le había visto así—. Oh ya sé, Akatsuki, la de la clase B, está buenisíma, lo malo es que sus dientes están torcidos.

    —No, ella no.

    —¿Yui?

    —No.

    —¿Allyson?

    —¡No!

    —¿Rinka?

    —¡Me gusta Kotoki!

    —¿Qué? ¿¡Esa ñoña!?

    —Sí, y no es una ñoña, es muy linda.

    Si tuviera que decidir... en lo que más me encantaba de ella... diría que sus ojos.

    Esos ojos, tan grandes y profundos, sé que hay más allá a través de ellos.

    (El cumpleaños 13 de Kotoki) Hecho 1: La Tragedia.

    Allí estábamos, los más grandes amigos, en la terraza, celebrando en cumpleaños de ella.

    —Nanananananananana ¡BATMAN! —decía Sae jugando con una figurita de Batman.

    —Pareces un bebé —dijo Makuto mandando mensajes.

    —¡Cállate niñita rica!

    —¡Maldito plebeyo, no me llamas así! —empezaron un round.

    —¡Basta! ¡No quiero que peleen, y menos en el cumpleaños de Kotoki! —dije yo echándoles las chucherías encima.

    —¡Dulces! —dijeron ambos comiéndoselos.

    —Dios... —susurré yo.

    Después de unos minutos, Kotoki entró a la terraza. Me sorprendí al verla.

    Llevaba puesto un Yukata de color Lila, y su cabello estaba recogido en un moño. Parecía un ángel.

    —¡Koto-chan se ve linda! —comentó Sanadá.

    —¡Te ves muy linda! —dijo Makuto.

    —Te ves... hermosa —dije sonrojado.

    —Te queda muy lindo ese Yukata —comentó mi hermano riendo.

    —Gracias —agradeció mientras reía algo sonrojada.

    En ese momento encendimos las lucecitas (o estrellitas) y jugamos con ellas. Pudimos apreciar también.

    —¡Fuegos artificiales! —exclamó Sanadá con felicidad.

    —Son hermosos... —comentó Kotoki, mirando el cielo nocturno. Mientras éstos corrían por él...

    Le tomé de la mano, sólo eso pude hacer, la quería, eso estaba claro, pero no me iba a sobrepasar.

    Ella sólo me sonrío tiernamente.

    —¡Kichiro! —una horrenda voz arruinó el momento—. Se acabaron los refrescos, ve a comprar más.

    Maldita prima asesina de Kotoki.

    Y así lo hice, fui a comprarlos, emprendiendo un largo camino en taxi hacia la pastelería (se nos había olvidado comprar el pastel)

    —¡Rápido, un pastel bonito, y escríbale "Kotoki"!

    —Su Kanji es muy complicado —se quejó el pastelero.

    —¡SÓLO HÁGALO!

    Y aunque el cocinero le haya escrito "Kitiki" eso, valió la pena.

    De nuevo, de recorrido en taxi.

    —¿Por qué tardamos tanto? —pregunté angustiado mirando mi reloj.

    —Parece ser que ha habido un accidente —explicó el taxista.

    —¡Qué mal! ¡Pero sólo quiero llegar! —dije frustrado.

    Hasta que lo logré por fin, caminé y estaba a punto de entrar.

    —¿Q.... qué pasó?

    Me acerqué y vi a un montón de personas. Rodeando algo que parecía el cuerpo ensangrentado de...

    ...



    ....

    ¿¡KOTOKI!?



    Sentí algo en el pecho... ella estaba en el suelo, sangrando... tanto...

    Solté el pastel y corrí hacia ella.

    —¡KOTOKI! ¡KOTOKI! —le sacudí buscando una reacción, y fue en vano—. ¿¡Qué le pasó!?

    —Ella... estaba corriendo y un auto la arrolló —le escuché decir a mi hermano.

    Una ambulancia llegó y se la llevó, Sanadá y Makuto lloraban... Sae estaba tan asustado como yo...

    Yo la acompañé dentro de la ambulancia.

    ¿Y si moría...?

    No...

    No quería pensar, en perder a la persona a la que amo.

    (Hospital, 12:05 am)

    —¿Qué le pasó? —preguntó la tía de ella, quien estaba muy calmada ante la situación.

    —Salió corriendo, no sabemos porque, pero, un auto la arrolló.

    Sae me miró, mientras de sus ojos brotaban unas pequeñas lágrimas, sólo fui a su lado a apoyarle.

    —Cuando...

    La escuchamos de inmediato, y volteamos a verla.

    —Cuando ella despierte, nos iremos de aquí.

    Todos nos miramos, buscando algo, o a alguien que evitara eso...

    (Horas después)

    Makuto entró a la sala de golpe.

    —¡DESPERTÓ, KOTOKI!

    No lo pensamos ni dos veces, y fuimos a verla.

    Pero había un problema.

    —¡Kotoki! —todos fuimos directo a abrazarla.

    —¿Quién...?

    —¿Eh? —dije yo.

    —¿Quiénes son ustedes?

    El doctor explicó, que el choque le había tocado un nervio.

    Lo cual le había causado...

    Amnesia.

    Ella se fue.

    Sin dejar rastro, para acompañarla.


    Es sólo otra persona importante que se fue de mi vida.
     
    Última edición: 26 Noviembre 2013
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    Aerith

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    Holi :3 qué emoción, ya son vacaciones navideñas -cofcofnoheusadotiempoparaescribircofcof-

    xD Saludos



    Cita, Rompe corazones y confesiones

    **Narra Kotoki**

    Kichiro se veía triste, había estado así ya por un rato...

    —Kichiro, ¿Estás bien? —le pregunté

    —Perdió la memoria... —musitó.

    —¿Eh? —cuestioné extrañada.

    —Ah... perdona, estaba recordando algo —trató de sonreír, pero pude ver en sus ojos algo de tristeza.

    —No sé lo que te pase... pero en todo caso, no dejes que te afecte ¿bien? —le sonreí, él hizo lo mismo.

    —¡Bien! en todo caso.... Kotoki... —me miró fijamente a los ojos.

    —¿Sí? —le regalé una sonrisa esperando su respuesta.

    —¡Ten una cita conmigo!

    Hikaru y Kaoru, quienes estaban muy melosos comiendo sus helados (como si estuvieran en su propio mundo) salieron de aquél trance, escupiendo los helados. Sae por otro lado miró a su hermano espantado, luego me miró a mí, para ver qué respondía.

    —¡¿QUÉ?! —gritó Hikaru exaltado—. ¡¿CÓMO SE TE OCURRE?! ¡ME PARECÍAS MUY AGRADABLE PERO YA HAS METIDO LA PATA!

    Kaoru lo agarraba, el gemelo se había puesto muy molesto.

    —Ehm... Hikaru, no te está pidiendo la cita a ti —lo miré con una sonrisa desvergonzada.

    —¡Pero... pero...! —se quejaba Hikaru.

    —Ya déjalo Hikaru... no es asunto nuestro —dijo Kaoru, mientras miraba el suelo con algo de enojo.

    —¿Entonces... vamos? —Kichirro me guió con su sonrisa.

    —Ehm... sí, espérame afuera.

    Los gemelos se sentaron, y Sae... estaba en shock.

    —Chicos... nos vemos en la mansión —los miré sonriendo.

    No obtuve ninguna respuesta, ni de parte de los gemelos ni de Sae.

    Kichiro me invitó a un restaurante.

    **Narra Hikaru**
    Estaba realmente furioso...

    ¿Está de broma... O...?

    Salir con un chico que apenas acaba de conocer, tiene que estar loca... y mi hermano, se lo toma tan a la ligera.

    —Kaoru... tú...

    —Vamos tras ella.

    Me quedé sorprendido ante las palabras de mi hermano, ¿acaso yo había escuchado bien lo que dijo?

    —¿No escuchaste lo que te dije? ¡vamos detrás de ella!

    Sae despertó de su trance y nos acompañó.

    —¡Están en ese taxi! —señaló mi gemelo.

    Sin pensarlo ni dos veces, tomamos el primer taxi que tuvimos a la vista.

    —¡Siga a ese auto! (siempre quise decir eso)

    El taxista obedeció.

    Llegamos al destino bastante rápido, era un restaurante bastante elegante.

    "Jan Beux Cornett"

    —Qué nombres se inventan los africanos éstos... —comenté yo entrando.

    —Ehh, Hikaru, no creo que sean africanos, y además, no seas racista —mi gemelo me pegó "cariñosamente" en la cabeza.

    —¿Eso es ser racista? —preguntó Kichiro.

    —No tanto... —dije yo.

    —¿Qué es ser racista para ti Sae? —le preguntó mi hermano a éste.

    —Pues, creo que es, juzgar a las personas por los nombres de sus restaurantes.

    —Eh, no de hecho...

    —¡HEY! ¿van a entrar o se quedarán allí todo el día? —dije yo.

    —Vale... entremos Sae.

    Finalmente entramos...

    —Éste lugar es bonito —comenté yo.

    —No Hikaru, no lo es...

    —Pero Kao...

    —¡QUE NO! —su expresión me asustó bastante (por fin parecía un Hitachiin)

    De pronto, allí estaban, charlando tranquilamente.

    —Tengo una idea... —comentó mi hermano.

    Mi hermano... tenía un plan... ¡Kaoru estaba cambiando!

    —Hikaru, tú vas a entrar a la cocina, te pondrás el uniforme de cocinero y vas a sabotear la comida de esos dos.

    —Eh... vale (¿desde cuando él mandaba?)

    —Sae, tú... irás a la tienda a comprar unos walkie talkie para elaborar el plan.

    —¡Siempre yo, todo yo...! —se quejaba Sae.

    Estuvimos minutos observando aquella mesa, se veían tan tranquilos...

    —Listo —dijo Sae.

    —Al fin —dije yo.

    Mi hermano tomó los aparatos y los repartió entre los tres.

    —Ahora, Hikaru, debes entrar a la cocina... pero... ¿cómo?

    A un lado de unas cuántas mesas más allá, estaba un hombre, era un camarero que trabajaba allí, la gente se quejaba de él, puesto a que estaba sentado jugando con un Ds.

    —Amigo... ¿te sientes frustrado e ignorado completamente porque nadie aprecia tu duro trabajo? —Kaoru estaba a un lado hablando con el hombre.

    —Sí...

    —¿Desearías que una persona tomara tu turno para que tú descanses? —esto se ve claramente como un chantaje.

    Y así, le quitó el uniforme y lo dejó semi desnudo. Pobre hombre.

    —Póntelo Hikaru —me ordenó mi hermano—. Sae, tú te disfrazarás de mujer.

    —¿EH? ¡ah! por eso me habías mandado secretamente a comprar cosas de mujer —dijo Sae.

    —¿Y tú qué harás Kaoru? —le pregunté yo.

    —Vigilaré la escena entre ellos dos, y te daré las coordenadas. A ambos.

    —¿Cómo? —preguntamos Sae y yo a la vez.

    —Hikaru, antes de que te vayas, necesito que pongas esto en la mesa —me enseñó un extraño aparato.

    —Nos ayudará a escuchar su conversación. Ahora, ¡ve! y tú Sae, ve a cambiarte.

    Ambos fuimos hacia donde nos dijeron. Kaoru me empezó a hablar por el Walkie Talkie, tuve que meterlo en mi camisa y bajarle algo de volumen para que no nos descubrieran.

    —Acércate a su mesa, y dales el menú...

    Seguí las instrucciones de mi hermano.

    —¿Qué vas a pedir Kichiro? —le preguntó Kotoki a éste.

    —Me gustaría probar un Filete ruso, crepés japoneses y pudin de natillas. Oh pero al filete, no le agreguen pimienta, soy muy alérgico...

    —De acuerdo —comenté—. ¿Qué le gustaría ordenar a la hermosa señorita?

    —Ah, por favor, un Espagueti Carbonara, con pollo frito, y una gelatina de leche y mango.

    —Entiendo... —anoté todo.

    Qué platillos más extravagantes y exóticos sirven aquí...

    —Hikaru, entra a la cocina...

    Entré a la cocina, algunos platos ya estaban hechos, pero debía esperar por los principales.

    —Ahí está, el Filete ruso —tomé el plato, estaba a punto de salir—. Hikaru, agrégale pimienta al filete.

    ¿Qué le sucedía a Kaoru? el Kaoru que yo conocía jamás haría eso.

    —No.

    —¿Qué has dicho? ¡debes hacerlo!

    —No pienso lastimar a un amigo nuestro Kaoru, al menos, no con mis manos, si quieres hacerlo, entonces ven tú y hazlo.

    Mi hermano suspiró.

    —Cambio y fuera.

    Salí de la cocina con los platos y se los entregué, luego de eso me senté al lado de mi hermano.

    —¿Por qué Sae se ha tardado tanto? —le pregunté.

    —Las mujeres se demoran mucho en el baño —me dijo.

    —Pero Sae es hombre —dije yo.

    —Da igual —dijo desinteresado.

    La escena se estaba volviendo aburrida, puesto a que sólo estaban comiendo. Pero... de pronto...

    —¿Sabes Kotoki? hay algo que siempre he querido decirte —pudimos escuchar a Kichiro desde lejos, gracias al aparato.

    —¿Ah sí...? ¿qué es? —ella estaba muy ansiosa.

    —Bueno.... yo...

    Él tomó aire, y la miró a los ojos.

    —Me gustas Kotoki.

    Mi hermano se quedó mirando la escena, sólo eso, se veía sorprendido, y yo, me había congelado.

    —¿Eh? ¿yo...?

    —Sí, tú.

    —Pero... ¿por qué yo? es decir... wow... casi ni te conozco.

    —Te equivocas... ya nos conocíamos antes, pero, me olvidaste.

    —¿Eh? eso es imposible, yo sería incapaz de olvidar a un amigo.

    —Kotoki, te amo.

    Eso rebasó los límites.

    Comencé a sentir algo en mi pecho, un remordimiento, como su alguien tomara mi corazón y lo estrujara. Me sentía furioso... pero.... ¿por qué?

    —Me lo temía... —musitó mi hermano—. ¡Ahora Sae!

    Sae salió del baño...

    Realmente... parecía una mujer.

    —Kotoki, quiero estar contigo —Kichiro tomó a Kotoki de la mano.

    ¡AHHG! ¡¿por qué la toca?!

    Sae estaba detrás de Kichiro, éste se dio la vuelta.

    Y Sae le pegó una bofetada.

    —¡Maldito idiota! —gritó con voz de mujer—. ¡Me dijiste que me amabas, que harías TODO por mí, y que nunca me dejarías! ¡¿y qué es esto?! ¡te encuentro con otra mujer!

    —¡¿QUIÉN RAYOS ERES TÚ? —él estaba espantado.

    —¡OOOOH CLARO! ¡ahora el señorito finge que no me conoce! ¡¿sabes qué?! ¡TOMA TU MALDITO ANILLO, NO PIENSO CASARME CONTIGO!

    —¡¿Qué demonios?!

    Kotoki observaba la escena con normalidad, Sae actuaba bien, Kichiro estaba horrorizado y mi hermano y yo disfrutábamos de la escena comiendo palomitas.

    Cuando Sae se fue...

    —Kotoki, la verdad yo...

    —Jajaja, no te preocupes Kichiro... —le dijo ella riendo.

    —Ella... te lo juro, no la conozco.

    —Lo sé... pero... de todas formas... lo siento, no puedo corresponderte —hizo una reverencia y su expresión denotaba algo de tristeza.

    —Vaya...

    —¡Lo siento mucho! —hizo otra reverencia—. Kichiro... tú mereces a alguien que te ame y valore tal y como eres, no por lástima, no por cosas materiales, la persona indicada para ti llegará, estoy segura.

    Ella sonrió, ahora que me doy cuenta....

    Kotoki es realmente muy hermosa.

    —Respeto tu decisión y tu opinión Kotoki... pero a pesar de todo... —él tomó su mano y la beso gracilmente—. Todavía te amo...

    —Ese chico... —Kaoru parecía... —. No me gusta su actitud.

    Kaoru parecía totalmente furioso.

    Salimos del restaurante. Y Sae se dirigió a su casa rápidamente tomando un taxi. Nosotros hicimos eso.


    (En la mansión Hitachiin)

    Yo estaba acostado en un mueble, mientras leía una revista, y Kaoru estaba sentado en el sofá simplemente esperando.
    —Ya llegué —dijo Kotoki en una voz algo baja.

    —Bienvenida —dijo Kaoru—. ¿Qué tal te fue en tu cita?

    —Muy bien, aunque hubiese preferido que Sae no hubiese venido a pegarle bofetadas a Kichiro.

    ....

    ¡¿Cómo demonios lo supo?!

    —Ahm...Kotoki... —me levanté del mueble.

    —Sé que ustedes también me siguieron —por alguna razón, ella no estaba molesta.

    —Lo siento... —dijo mi hermano sin siquiera mirarla a los ojos.

    Yo me acerqué a ambos...

    —Yo...también lo siento, sé que mereces tu privacidad y hacer tu vida, pero nosotros, nosotros... la verdad...

    Ella...

    Nos abrazó fuertemente.

    —Sé que sólo querían protegerme... —susurró—.Los quiero mucho chicos.

    Me sentía aliviado...

    En partes, sí, habíamos ido a espiarlos, pero por otro lado. También nos preocupaba ella.

    Ella es muy especial para ambos...

    Mi hermano se quedó fijo, viéndola, subiendo lentamente cada escalón, ella lo hacía de una manera divertida....

    Le sonrió un poco.

    Y luego dijo:

    —Kotoki... —respiró un poco, alzó su mirada buscando sus ojos azules—. Te amo.
     
    Última edición: 19 Diciembre 2013
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    Aerith

    Aerith Seed

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    Genteeeee x3 (si es que hay alguien ahí ._.) ¿cómo están? bueno, éste capi, será algo corto, pero, bueh, estoy de regreso.

    Y en exámenes ._.

    La duda

    *Narra Kotoki*

    Me había quedado helada al oír a Kaour decirme eso, la verdad, estaba en shock.

    —¿Te la creíste?

    —Eh- eh... ¿eh...?

    En ese momento, Kaoru tuvo un ataque de risa.

    —¡JAJAJAJAJAJAJA! D-de.... ¡¿de verdad te la creíste?!

    Será...

    —¡Imbécil! —lo empujé y me fui hacia mi cuarto.

    Idiota....

    —¡Maldito idiota! —golpeé varias veces las almohadas que decoraban mi cama. Destendí el edredón y lo lancé por la ventana, rompí cada uno de mis perfumes y arraqué las hojas de mis libros.

    —¿Ehm... Kotoki? —Hikaru abrió un poco la puerta y asomó la cabeza—. Estás b...

    No pudo terminar, pues le había lanzado una almohada.

    —Ay... bueno... voy a entrar de todas formas.

    Entró y me encontró tirada en la cama boca abajo.

    —¿Pasa algo?

    —¿Tú qué crees? —dije sentándome, mientras tomaba uno de las almohadas y la abrazaba.

    —Que te lo estás tomando demasiado mal.

    —¿Demasiado mal? ¡¿DEMASIADO MAL?! —Me acerqué a su cara tanto, que podía sentir su respiración.

    —Eh... —Se alejó un poco—. Kaoru... Kaoru tuvo un ataque de nervios. Y ¿sabes? quizá de verdad te ame.

    Lo que dijo me dejó perpleja. Podía ser verdad, quizá el haya tenido nervios, y trató de retirar lo dicho, pero no pudo y por eso actuó de esa forma.

    —Tienes razón. Kaoru jamás jugaría con los sentimientos de alguien.

    —¿Tú crees? —dijo mirando hacia el suelo.

    —Sí... lo que me deja en duda es... si me ama como amiga, o...

    Hubo un minuto de silencio, sentí que fue una eternidad, pero llegué a una conclusión.

    —¡Como amiga, pues claro! ¿quién podría enamorarse de mí? —concluí riendo como niña rica.

    El gemelo me miró extrañado por dicha acción.

    —Bueno, me voy a dormir ya —lo tomé de la mano, abrí la puerta y lo saqué a patadas—. ¡Qué descanses!

    Cerré la puerta, sin dejarle si quiera que pronunciara una palabra.

    Qué día...

    Y ya no sé que pensar...

    Todavía estoy en duda con lo de Kaoru...
     
    Última edición: 9 Mayo 2014
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    Sakura Berlitz

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    Yeeeey♥ me encantó! !! Increíble todo!! Se nota que te lo curras mucho :3
    Eres genial!
    sigue así!
    Viva Honey! Y los gemelos ♥
     
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    Aerith

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    Uhm... Hola (? Bueno, bueno. ¿Qué puedo decir? Un año sin publicar D: No tengo excusas, andaba de vaga (?

    Veamos qué sale de todo esto.

    ¡Vamos al zoológico! Parte 1 (?

    **Narra Kaoru**

    Extendí mi mano y sentí el otro lado de la cama frío, ¿Hikaru se había levantado antes que yo, cómo era posible?

    Me senté en el borde de la cama y suspiré. No había podido dormir muy bien en la noche, me la había pasado en vela pensando en todo lo que dije, en lo cobarde que fui.

    —Kotoki casi me descubre —al pensar en ese hecho, sentí un leve ardor en las mejillas.

    Oí pasos, me metí rápidamente entre las sábanas y cerré mis ojos fingiendo dormir.

    La puerta se abrió y los pasos cada vez se hacían más cercanos, sentí curiosidad por saber quién era, pero a la vez... pánico.
    De pronto lo sentí, el dolor, el impacto... el susto, me iba asfixiando poco a poco.

    —¡Kaoruuuuuuuuuuuuuuu, vamos al zoológico! —dos personas se habían lanzando sobre mí, el peso y el poco oxígeno que tenía me hacían tener una horrible sensación de insuficiencia.

    —Hoy será un día duro...

    *Continuará* (?



    Extremadamente corto c: pero es mi regreso ;-;
     
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