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One-shot Fanfic - Los cuentos del Coronel John

Tema en 'Fanfics Terminados Pokémon' iniciado por Mr Fey, 18 Julio 2010.

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    Mr Fey

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    Fanfic - Los cuentos del Coronel John
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    Los cuentos del Coronel John

    Titulo: Los cuentos del Coronel John.
    Personajes: Los pokémon.
    Summary: El coronel John es un retirado de la milicia, que disfruta de sentarse en una banca y contarle cuentos a los niños.
    Clasificación: K
    Advertencias: Son enseñanzas?
    Tipo: Oneshot.



    Los cuentos del Coronel John.



    Mamá siempre le había dicho que el anciano que cada tarde se sentaba en única banquilla negra de todo el parque, era un viejo coronel retirado de la milicia. Una tarde al jugar en los columpios, Andy notó como varios niños se sentaba alrededor de la banca, escuchando atentos al señor. El Coronel John los veía con diversión en sus ojos negros, se rascaba la barba blanca de vez en cuando, la cual era muy corta, apenas y cubría su barbilla. La curiosidad demandó en Andy, y con sus ojitos verdes observó su casa. No estaba nada lejos del parque y su madre podría verlo. Entonces no estaba mal acercarse, su madre nunca le dijo que no podría hablar con el jubilado, simplemente le dijo que era alguien mayor y que un niño tan inquieto como él le causaría problemas.

    —Buenos días—saludó cohibido. Desde la banca, John recostó su espalda con tranquilidad. Miró al niño con interés, y un sonido grave salió de su boca:

    — ¡Buenos tardes querrá decir soldado! —una escaza sonrisa se manifestó en su arrugado rostro. Los ojos verdes del menor se abrieron impresionados, tal vez el coronel era muy viejo. Su rostro se veía mallugado y con arrugas. Tenía la seguridad de que si lo tocaba, podría sentir su piel suave y con líneas graciosas. Algo asustado por el tono, asintió y se sentó cerca de Daniel, su vecino.

    —No te había visto por aquí, Andy—saludó con una sonrisa que correspondió su amigo—. Qué bueno que has venido, el coronel está a punto de contarnos uno de sus cuentos—informó alegre, la sonrisa en su piel morena provocó un grado de confianza en su compañero. Se a acomodó mejor, cruzando sus piernas, el viento sopló acariciando su cabello negro.

    —No estoy seguro que sean cuentos—Interrumpió el mayor. Todos los infantes voltearon a verlo, atentos. El viejo sonrió gustoso— Bienvenido, Andy—lo recibió sin moverse un centímetro.
    —Comience con la historia—insistió desde atrás Alejandro, el vecino de enfrente.

    —Silencio soldado—lo cayó. Carraspeó y miró al cielo un momento, pensativo—. Mis cuentos tratan sobre los pokémon—miró a Andy—. Ustedes dentro de algunos años, iniciaran sus viajes. Pero tienen que tomar en cuenta que existe el bien y existe el mal, aún dentro de ese mundo extraño—el pequeño pelinegro estaba concentrado escuchando cada palabra del ex militar. Una vez teniendo por completo su atención, continuó—Les contaré la historia de un Charmander que era muy perezoso.

    Cerró los ojos, dando un matiz sabio a su cuento.

    Charmander solía correr por los pastizales de las montañas escarpadas. Negándose firmemente ante sólo el pensamiento de subir.

    Como cada mañana se recostó en un empedrado, durmiendo con tranquilidad. Viendo de vez en cuando como sus compañeros preparaban un velero con ansiada rapidez. Aburrido y con una gran pereza, no quiso ayudarlos. Le insistieron bastante, pero él se negó todas las veces.

    —Tengo mucho sueño—decía, acomídanse mejor. Los demás lo veían molestos. Algunos murmurando lo flojo que era y otros pocos, indignados por trabajar tanto y tener que darle lugar a alguien que no había hecho nada.

    —Cálmense—habló un Charmeleon. Al instante el debatir general cesó, se paró frente al Charmander perezoso con un semblante serio—. Si no haces nada, no subirás. La montaña donde pasaremos las lluvias está pasando el rio. Es obligatorio navegar.

    —No me interesa, sólo quiero dormir—se quejó. Su evolución no dijo nada más pero se alejó, dejándolo solo.

    Estuvieron trabajando por horas, hiendo de allá para acá consiguiendo troncos fuertes. Una vez finalizado el trabajo, empujaron el bote más delante de la orilla del rio, subiéndose a el.

    — ¡No me dejen! —gritó desde la roca. Todavía somnoliento se acercó a sus amigos—. Llévenme con ustedes—pidió. El cielo estaba nublado, y seguramente una tormenta comenzaría.

    — ¡No! —Negó uno, tomando con fuerza el palo que ayudaría a desplazarlos—.No has ayudado en nada. Siempre es lo mismo, primero no haces nada y luego nos pides auxilio— pidió aprobación en los otros tripulantes y todos asintieron.

    — ¡Pues lárguense, yo sólo llegaré a la montaña! —exclamó con enojo, el fuego de su llama se avivó, con pasos decididos regresó a la roca.

    —Deberíamos dejarlo subir—pidió uno con timidez pero sólo recibió negatividad. Eran un equipo y los nueve completos, debían trabajar.

    Se distanciaron poco a poco, hasta perderse en el que parecía un interminable rio. Las gotas de lluvia cayeron y de un momento a otro, mas grandes y rápidas.

    Al ser sólo un atajo para la montaña, no había cuevas donde refugiarse. Cortó una rama y cubrió su cola, procurando que no se apagara.

    —Debí ayudarlos. Si lo hubiera hecho, no estaría sufriendo—murmuró. Su llama era apenas el fuego de una vela.

    Y entre la tormenta que se desató, la llama se apagó.

    — ¿Y qué pasó con el Charmander? —preguntó una niña de rizados cabellos. John vio a los pequeños, cada uno debía tener al menos ocho años. Lo pensó dos veces y rascó su barbilla.

    —Murió—dijo al fin, al ver sus rostros desconcertados agregó: —Cuando la llama de un Charmander se apaga, su vida también se extingue.

    —Murió por menso— se burló Alejandro, sus destellantes ojos amarillos mostraban ligera tristeza.

    — ¡No es verdad! —retó Andy—.Sus amigos lo abandonaron. Nunca se abandona a un compañero, ¿verdad general? —el susodicho distinguió un deje de esperanza en los orbes negros del chico.

    Suspiró con pesadez, poniéndose de pie. Sus botas negras estaban sucias por el lodo, las sacudió al igual que su camisa azul, su pantalón de mezclilla no parecía estar descuidado. Contempló a los niños que todavía esperaban una respuesta.

    —Nunca se abandona a un solado—respondió. Andy sonrió—.Pero si el soldado es un estorbo, sólo afectará la misión. EL pokémon murió sólo. Mucho antes, debió darse cuenta de lo importante que es el compañerismo. Y también, que no siempre obtendrás algo sin hacer nada. Ustedes deberían agradecer que sus madres aún los alimenten. Porque cuando salgan de viaje, tendrán que trabajar codo a codo con su pokémon o su amigo para conseguir comida o sustento—Se hizo paso entre los niños hasta quedar atrás del último. Todos giraron a verlo—Siempre tengan presente, que nadie quiere de compañero a un perezoso, porque es como si estuvieras solo.

    Se alejó a paso lento de los niños, observando con gracia las hojas del árbol caer.

    Aclaraciones:
    Es conjunto de oneshot, que cuenta diversos cuentos del Coronel John. Son enseñanzas para niños, este quizás me salió algo flojo pero quería hacerlo. Hay de todas las tematicas, incluyendo horror. Por supuesto, enseñando todo lo bueno y malo del mundo pokémon.
     
    Última edición por un moderador: 1 Agosto 2017
  2.  
    StarAcua

    StarAcua Usuario común

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    Pluma de
    Escritora
    Re: Los cuentos del Coronel John

    Soy primera jejeje^^!
    la verdad me gusto mucho
    las historia y deja una enseñanza
    muy cierta, si no ayudas a los demás
    estos se cansaran de ti y te dejaran de
    lado, no puedes salir adelante si tu
    compañero no te ayuda. Me gusto mucho,
    aunque no pude evitar sentir lastima por el
    pobre charmander (es uno de mis pokemons
    preferidos). Que haya visto no encontre ninguna
    falta pero si pudiste utilizar otras palabras para
    expresarte en algunas partes, pero aparte de eso
    estuvo bastante bueno.

    Island
     
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