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Historia larga Fanfic - Aquel

Tema en 'Originales' iniciado por Gabrieluchini, 8 Diciembre 2014.

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  1.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

    Leo
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    Fanfic - Aquel
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    Para todas las edades
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    26
     
    Palabras:
    1140
    DIOS TE AMA.

    - El malandreo de la calle. Es lo que se vive. Una pistola... - comenzó cantando uno.

    - Se serio, Menol - lo interrumpe su compañero al llegar, y palmear su espalda. El primero se ríe. - Háblame, Samuel, ¿todo bien, o qué? ¿Me trajiste la broma? - se suena la nariz como si aspirara coca.

    - Tranquilo que ahi esta el beta, papá

    - Más nada, menol. Ta hablao, ¿oyó? Pendiente pal beta de hoy, ¿o qué? ¿Fuego?

    -¿Qué beta es ese?

    - Bueno, menol, pendiente e busca la platica. Robando, papá.

    - No sé, chamo. Yo te lo voy a decir tipo serio, ya yo toy cansao ya desto.

    - Ah, no vale - se ríe - ¿A estas alturas e que tu te va a regenera? Si esto es lo que nos ta dando plata, menol. Ademá, actívate que ahí viene uno. ¡Mira, mira, mira! - señala hacia una pareja que entra en escena - Pégale un quieto. Ese es tuyo. Pa que seas serio.

    De pronto pude ver a Tony reflejado en los dos chicos gansters. Además, el sacudimiento incontrolable continuaba en mi. Nunca antes nada como eso me haba pasado. Y yo no paraba. Estaba demasiado avergonzado para preguntarle a otros si sentían lo mismo, pero yo sí que poda sentirlo en mis rodillas.

    Uno de ellos apuntó con un arma a la pareja cuando esta estaba cerca suyo. Su compañero se aparto, y la música sonó. Comenzó el rapeo...

    - Hey! Manos en alto. No te muevas. No tienes salida. Dame lo que tienes, sino acabara yo con tu vida.

    No me mates, hermano, que yo soy cristiano - habla el hombre de la pareja.

    - No me importa si eres Musulmán, Católico, o Mundano. No te creas que por eso te vas a escapar. Aquí cualquiera muere sin importar la clase social.

    - Tú no mereces esta vida, puedes ser alguien mejor. -responde el hombre que está siendo apuntado - Lo material no tiene valor busca del SEÑOR.

    - No escogimos esta vida, pero por las circunstancias aprendimos a robar para tener en abundancia. En el barrio, donde mueren personas a diario. Una cueva de lobos llamada Cuna de sicarios - dice el ganster - La familia tiene hambre, y cada día a mi me estresa el problema después de llevar el pan a la mesa. Mejor quédate callao, y dame todo lo que tienes. Si quieres vivir, ser obediente te conviene.

    - Ok, dame un segundo que yo quiero hablarte de alguien que te ama y su propósito es salvarte. El sistema de este mundo solo quiere engañarte, pero Dios ha venido a salvarte y a rescatarte.

    - Ya basta! No quiero escuchar tu palabrería. Me colmaste la paciencia. Este es tu último día. Sin tu darte cuenta, el tiempo se consumió. Mejor vete despidiendo, y a tu vida dile adiós.

    Vuelve el compañero del gánster, y apunta a la pareja cristiana, también.

    - ¿De qué me vale creer? Si no tengo para comer - dice - Antes de que te vayas solo algo quiero saber. ¿Dónde está tu Dios? Antes de que a mejor vida pases. Si esta detrás de ti mirando todo lo que haces.

    Entonces, para sorpresa de todos los que estábamos ahí, Jesús, bueno, un actor vestido como Jesucristo, paraliza el tiempo en escena. Mientras la obra pasaba, me di cuenta de que estaba temblando más que al principio. No paraba. Las vibraciones iban a través de mis piernas como si yo estuviera conectado a alguna clase de motor. Toda esta experiencia era muy rara para mí. El corazón me martillaba fuerte contra las costillas. En realidad, estaba asustado hasta las metras. Y entonces el Jesucristo que había salido a escena comenzó a hablar:

    - Cada día que te sentiste solo. Yo estuve contigo - nos decía, y todo lo que yo podía pensar era en que el temblor se incrementaba en mi cuerpo. - Cada vez que atentaron contra ti. Yo te salve. Yo pague cada uno de tus sufrimientos, por amor a ti. Y aunque muchos te han menospreciado, yo cuento contigo para salvar esta nación. - el Jesús me miró. No como si yo fuese un simple espectador. De hecho, me veía como si se tratara del mismísimo JESÚS. Era una sensación rara que no parecía real del todo. - Sin importarme tu pasado, ni lo que hayas hecho: Ven a mí, y no endurezcas tu corazón. Soy el único que te mostrara el camino, y te daré la salvación.

    En ese instante, la atmosfera de ese lugar se cargó de paz. No se para los demás. Al menos para mí lo fue. Y no es como se ve en las películas, o en los documentales narrados de tv. Yo no sentía a nadie sobrenatural alrededor de mí. Ni voces. Ni ángeles celestiales cantando en varias octavas. Ni una paloma blanca. Ni nada. Todo lo que sentía era el temblor en mi cuerpo, y una sensación fuerte y hermosa en mi pecho que me empujo incontrolablemente a llorar. Nunca antes habían salido lágrimas de mis ojos de ese modo. Ni siquiera cuando era niño. 87 Ni siquiera cuando murió mi madre, y el dolor era tan intenso que me daba ganas de vomitar. Yo estaba llorando con todo mí ser. Con necesidad. Con hambre. Tan ido de todo lo demás, que me tomo unos minutos para darme cuenta de que mi temblor había parado completamente. No sé si alguien más lo sintió o no, pero yo lo estaba viviendo. Ni siquiera me importo cuantas personas habían ahí al rededor mirándome. No pude contener lo que invadía mi pecho. Por un momento, creo que deje de respirar. Las lagrimas fueron saliendo solas cada vez más por mis ojos. Mis rodillas fueron a dar al piso, y los sollozos salían heridos por mi boca. Necesitaba desahogarme. Tenía sed. Como si una represa que me tomo toda mi vida construir, hubiese sido destruida en un instante por aquel sentimiento poderoso que me invadía. ¡Por Dios! ¡Yo nunca había llorado delante de nadie! Ahora estaba gimoteando como una niña, frente a un grupo grande de gente desconocida en la universidad. La obra continuo. Lo sabía porque seguía sonando la música, muy en el fondo de mi extraño estado emocional. Pero no conseguí ver que paso al final. No podía parar. No sabía cómo hacerlo. No quería hacerlo. Al cabo de un rato, sentí unos brazos que me sujetaban con ternura. No supe quien era, pero me aferre a ellos como si de eso dependiera mi vida.

    - Está bien, David - me susurraban amorosamente - Dios te ama.
     
  2.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    1679
    “Soy yo quien te hago lejos cuando estás tan cerca. Y te hago ajeno cuando eres yo. Aunque te conozco dudo, y me sorprende tu presencia aunque eres lo ms real que conozco. Entonces calmo; pero no del todo porque sigo pensando en que mis dudas también formen parte de ti. Y es por eso que escribo, pienso, oro, hablo, canto, lloro, rio, callo... Para expresar la verdad. T eres la verdad! Lo ms real, lo ms hermoso, lo absoluto. Eres todo. Eres yo. Eres la fuente de vida."

    OFICIALMENTE RETIRADO.

    - Holy. Estoy bien ahora. - me froté la nariz fañosa, con una servilleta que ella misma me había dado - Gracias.

    - ¿Por qué? - respondió, sonriente - Está de nuestra parte secar los mocos de la gente con nuestras franelas, luego de cada presentación.

    Me eche a reír con ella.

    Según lo que Holy me había explicado, luego de que parara de llorar como un bebé y descubriera que era ella quien me abrazaba, había vivido una... bueno, algo así como una experiencia cristiana: Dios había tocado mi vida. Ni siquiera sabía que Dios podía tocarnos. Bueno, en realidad hace unos meses atrás comenzaba a creer que ni siquiera Dios existía. No iba a una iglesia desde... ok, ya olvide la última vez que había ido a una iglesia, pero nunca me había sentido como en este día. Arrastrado por una ola de paz. Aun la sentía un poco. Como las secuelas de una explosión.

    Mientras estaba sentado junto a Holy en uno de los bancos de las áreas verdes, comencé a mirar alrededor, porque súbitamente no sabía que haría ahora. Me encontraba extrañamente desorientado. Sacudido. ¿Qué rayos me había pasado allí? ¿Tendría yo alguna vez el valor para decirle a alguien lo que estaba sintiendo? ¿Pensarían que perdí la razón? Yo lo creía. Por lo que pareció diez minutos, las olas de aquel tornado de paz continuaron lavándome. Una forma muy dramática de desintoxicarme.

    - Wow, David, ¿estás bien de verdad? - dijo Holy medio divertida - Por un minuto pensé que ibas a desmayarte ahí - rió - No es en serio - aclaró - Quiero decir que en realidad no pensaba seriamente en que te ibas a ...

    - Lo sé. Entiendo - le sonreí - Estoy bien. No necesito ir a un hospital.

    Pareció divertirle mucho mi comentario.

    - No tuve la oportunidad de agradecerte aquella noche, Holy - repuse sincero. Tenía que aprovechar este momento, antes de volver a sentirme una cucaracha - Gracias por quedarte conmigo a estudiar hasta tarde, y disculpa que te haya echado después. Aunque lamento decirte que no sirvió de nada - me encogí de hombros - Soy un bruto para muchas cosas.

    Holy parecía poco convencida de eso último. Obvio. No me conocía.

    - Bruto o no, creo que deberíamos intentarlo nuevamente - Inclinó su cabeza hacia atrás con aire pensativo - Tal vez mañana, si quieres.

    Recordé a la pelirroja, e inevitablemente eso me puso de buen humor.

    - Gracias, nuevamente, Holy. Pero... - sonreí como bobo - ya me ofrecieron otra oportunidad para ingresar en un curso, y comenzare mañana temprano.

    Holy asintió comprensiva. Sin rasgos de nada más. Como si de verdad supiera de qué estaba hablando. Miré a los demás que pertenecían al grupo de Holy. Recogían sus vestuarios, y los cajones de sonido. Reían y hablaban como Holy lo estaba haciendo conmigo, ahora. Otros comían. Y otros parecían ensayar los bailes de las siguientes obras. Todos parecían gentes comunes. Muchachos normales de la Universidad. ¿Por qué me había impactado tanto entonces lo que habían hecho?

    Sentí a Holy moverse. Comenzó a avanzar hacia su gente dando por terminada nuestra conversación, pero yo no estaba tan seguro de si deseaba realmente que se fuera esta vez.

    - Holy - la llamé con ansiedad. Ella se dio la vuelta hacia mí.

    - ¿Si? - me sonrió. Por supuesto.

    ¿Se molestaría si le preguntaba? Hasta ahora nunca la había visto molesta. Pero no tenía mucho tiempo conociéndola, tampoco. Nunca se sabía con las mujeres. Religiosas, o no.

    Sentí que era algo que necesitaba preguntarle.

    - ¿Qué son ustedes? - demandé verdaderamente intrigado.

    En mi cabeza no había sonado tan loco. En realidad, lo que quería decir era que ellos no se veían ni actuaban como los “Aleluyas” que comúnmente las gente rechazaba. Pero no supe explicarme bien.

    Una cruda comprensión se expandió por la cara de Holy. Como cuando te hacen la pregunta que más te estudiaste para un examen.

    - Personas, David - respondió con calma - Si nos puyas, botamos sangre. Te lo aseguro. Una vez caí de un ...

    Negué con la cabeza. - No. Me refiero a...

    – ¿Religión? - volvió a sonreír. Ella me había entendido desde el principio, solo jugaba conmigo. Al menos, no se lo tomo mal. - Se a que te refieres, David, y no. No pertenecemos a ninguna religión - levantó una mano apaciguadora, cuando vio que intentaba protestar - Es decir, somos Cristianos, si. Pero es porque creemos en CRISTO, como tú. No por costumbres, y normas raras - hizo muecas locas con la cara - Solo lo amamos - sonrió - Como el nos ama a nosotros. Eso es todo.

    Sus ojos permanecieron puestos en mí, hasta que asentí, y entonces ella se fue dando brincos hacia los demás.

    Siempre se veía muy feliz. Me caía bien, aunque parecía un poco loca. Recordé que mi madre decía que “los locos son los que cambian el mundo” Vi al grupo de Holy. Tal vez mi madre tenía razón.

    - Olvídenlo – respondí en medio de un bostezo, mientras examinaba la serie de deportes en el periódico - No cuenten conmigo. Todo lo que necesito esta noche es un merecido descanso - me rasqué la barbilla con pereza - Algún lugar donde tirarme como una morsa hasta el día siguiente.

    - Bien, ¿cuál es el problema? - Jake pegó un brinco de su silla, entusiasmado. Tal vez por el hecho de los dos tragos de Whisky que se había tomado - Luego de dos submarinos poderosos perderás tanto la conciencia que quedaras tirado como una morsa hasta el día siguiente, en cualquier lugar.

    Bass se echo a reír antes de darle otro trago a su cerveza. Esta noche, para variar, habían cinco sillas colocadas afuera del negocio. Jake, Matt, Steve, Bass y yo las ocupábamos. Justo hoy se acababa de organizar la bienvenida a los nuevos ingresos, y Jake nos incitaba a participar en la descontrolada celebración.

    Algo me decía que si se lo hubiesen sugerido al yo de hace más de un mes atrás, la respuesta habría sido completamente diferente.

    - Tengo mis llaves - indicó Matt, paseando la mirada por el rostro de todos con aprensión - Las de la camioneta, ¿entienden? Vayamos por unas chicas, ¡y regresaremos como si nada en la mañana!

    Todos parecían estar de acuerdo con Matt, puesto que levantaron las botellas y vasos brindando animados, a modo de respuesta. Note que no se había acordado que significado le daban a “como si nada”.

    -Vamos, David - protestó Steve con impaciencia - ¿cómo es que no puedes ver una grandiosa noche cuando te cae de frente?

    - Sin contar que ahora es oficialmente un hombre libre - añadió Bass, en un tono de burla - Ya saben, se está iniciando en ese raro experimento del rompimiento amoroso.

    Se echaron a reír.

    - ¿Es por eso que no te animas a venir? - preguntó Steve. - Sí, bueno, se te ha ido una - El rostro de Jake se iluminó con morboso interés - Pero en seguida caerán otras, hermano. Mira, irán las del equipo de voleibol - siguió esperanzado - Eso es lo más parecido a porristas locas, que tiene esta universidad. No puedes rechazarlas.

    - Mi respuesta sigue siendo no - tire el periódico a un lado, y me pase las manos por el cabello con cansancio - Estoy oficialmente retirado.

    Todo el mundo miro a todo el mundo, luego de mi respuesta. No los culpo, yo también me había escuchado y de verdad sonó raro saliendo de mi boca. Se limitaron a protestar cada uno en su idioma ebrio.

    - ¡¿Por qué?! - Matt gritó al cielo, con teatralidad - ¡No, Señor! ¡Llévame a mi!

    - ¿Cuándo fue la última vez que te fuiste de rumba con nosotros, David, cuando fue? - Steve protestó - Siempre das alguna excusa - Bass asintió, en apoyo.

    - Mantengo lo que dije - repuse tranquilo. - Creo que es hora de una explicación - indicó Jake, apuntándome borracho con un dedo – Desde la tarde no haz sido tú mismo.

    Asentí seriamente, dispuesto a compartir mi reciente experiencia espiritual con un montón de borrachos - Ya que todos parecen tan interesados en ...

    Fui interrumpido por el sonido de ráfagas de tiros secos, lanzados al aire. Nos colocamos de pie en el acto. Los clientes que estaban bebiendo junto a los diferentes negocios, comenzaron a correr y gritar asustados hacia diferentes partes de la universidad. Mire el reloj. Faltaban cinco minutos para las 8:00 pm.

    - ¡Guarden todo! - nos gritó Bass entre la bulla que hacia la gente - ¡Bajen la Santa María. Cierren el negocio!

    Los chicos comenzaron a hacerle caso, y yo también. Aunque algo de esto no me gustaba. Ya hace rato me estaba preguntando por Jony, y el por qué de que no se encontrara reunido con nosotros. No hacía falta rogarle a Jon para que se reuniera en cualquier sitio a beber lo que fuese. Lo había llamado varias veces al móvil, pero no contestaba. No sabía nada de él desde que se mudo nuevamente a su casa. De eso ya hacía tres días. No sería sorpresa enterarme de que tenía las manos metidas en todo esto.

    - ¿De dónde vienen los tiros? - salió Steve, guardándose un arma bajo la camisa.

    - Del edificio - la voz de Bass sonó peligrosa, y con un estremecimiento me reafirmo las sospechas - Esto tiene que ver con el decano.
     
  3.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    1995
    VOLVI A PREOCUPARME POR ELLA.

    - Eres un infeliz idiota de porquería. ¡Sabia que eras tú! - grite indignado, por el móvil - Dime, Jon. Ayúdame a entender ¡¡¿Qué estúpida cosa se supone que estas intentando hacerte?!!

    - Estoy bien, mamá - respondió con su fastidioso tono de burla, al otro lado del teléfono - De verdad, Dave, te explicaré mas tarde. Lo prometo.

    - ¡¿Lo prometes?! - grité - ¿Cuántos años tienes? ¿Seis? - bufé - Púdrete, Jon.

    Luego de que escucháramos las ráfagas de balas en los edificios de la facultad, se cerraron todos los negocios, y nadie se hizo más preguntas. Unas horas después, Matt se fue por su camioneta, Steve se llevó aparte a una chica que había venido a comprar unos tragos, y Jake se fue a orinar hacia atrás del negocio. Yo, por otro lado, intenté llamar a Jon varias veces, y en todas me enviaba al buzón.

    No se me había quitado de la cabeza la noche en que encontré a Bahd intimidando a Jony en la casa. No sabía por qué, pero esto parecía tener relación con ese día. Y, por supuesto, yo tenía razón. Ahora, mientras que Jon me confesaba su acto terrorista por teléfono, me encontraba en donde se suponía que debería estar viendo clases con la pelirroja desde hace una hora, y para colmo esta no había llegado.

    ¡Genial!

    Jesús, por favor, ten misericordia de mi!

    Muy bien. Tal vez estaba equivocado. Salí hasta ver detrás de la puerta del aula, y miré el papel que ella me había dado en el gimnasio. No. Yo estaba en lo correcto: 10:00 am. Aula 203. Con la diferencia de que eran las 11: 00 am, y yo estaba solo en la 203. Si no fuera porque Fol sabía de mi curso con la pelirroja, y me había dado un horario más flexible de entrenamiento, yo estaría ahora muy molesto. Dejé entonces de protestar cuando algo corrió suelto por mi mente. Tal vez ella no recordaba nuestra cita. Si podía llamarle a esto cita, ¿verdad? Como sea. Recordé que ella nos había informado muy amablemente que era la Directora de Escuela el otro día en el gimnasio, así que me apresure en casi todo el camino hasta llegar a la segunda puerta a la izquierda de la zona de las oficinas del tercer piso. Se podía ver el luminoso cielo desde aquí. Gracias al atrio que quedaba en el centro de los edificios. Haciendo que el rojo fuego del cabello de ella, brillara con hermosura. Cerraba las puertas de lo que al parecer era su cubículo. Inspeccione rápidamente mi aspecto. Gruñí hacia mis adentros cuando note que sudaba como un cerdo, y la camisa se me había pegado incómodamente al cuerpo. Debía estar apestando también. ¿Me había echado desodorante? No lo recuerdo. A pesar de que solo subí unos escalones, el calor afuera era insoportable. Igual no tenía tiempo para olerme tampoco. Me acerque a ella, y carraspee lo mejor que pude. Se giro a verme sorprendida, y entonces pude ver que le había impedido ir a verme.

    - Sr... David - dijo nerviosa - Lo siento - efectuó un gesto doloroso de disculpa, y continuó casi con timidez - Olvide nuestra reunión, y ...

    - ¿Estás bien? - pregunte alarmado, cuando note su labio roto y ambos pómulos hinchados debajo de unos lentes negros de sol.

    Su cabello se extendía por ambos lados de sus hombros, y en su cara tapando quizás otros moretones. ¡Por Dios! Parecía que se hubiese dado de cabeza contra el piso. Algo me decía que ocultaba sus ojos, por algo peor. Me sorprendió darme cuenta cuanto me desesperaba ver aquellos moretones en esa piel tan suave y blanca. La pelirroja desvió inútilmente su rostro de mi, sobresaltada.

    - Estoy bien, Sr. Fling - soltó esquiva, con su voz chispeante - Será mejor que pospongamos la reunión para otro día.

    Perfecto. Yo volvía a ser el Sr. Fling

    - Si al menos lo supiera - susurré sin pensarlo.

    Algo de lo que llaman “pensar en voz alta” La pelirroja titubeo visiblemente ante eso.

    - ¿Si al menos supieras qué? -pregunto extrañada.

    - Si al menos supiera que de verdad estas bien - me apresuré a decir - No pareces poder cuidar de ti misma - Y cerré la boca en cuanto me di cuenta de que había hablado de mas.

    La pelirroja estaba genuinamente impresionada, esta vez. Yo también. Quiero decir, ¿no se supone que el hombre es racional porque razona lo que piensa y dice?

    - Supongo que eso no es asunto tuyo - escupió molesta, antes de darme la espalda e irse contoneándose.

    Y ahí iba mi sexy oportunidad de pasar los exámenes. Simplemente tenía que abrir mi bocota y acabar otra vez con el bendito curso que había visto un solo día. ¿La chica tenia instintos suicidas? Si. ¿Yo tenía que vociferarlo? Claro que No. Bien hecho, David. ¿Y si supiera que no quería decir lo que al final dije? No me importaría tener que humillarme. No me importaría nada de lo que sucediera ahora, si eso me devolvía las esperanzas de ver el curso, y... está bien, si, de verla a ella.

    Hice todo mi esfuerzo de atleta para alcanzarla. No me costó mucho, en realidad.

    - ¡Ruth! - grité desesperado, esquivando unas sillas para alumnos en el pasillo - ¡Ruth, espera!

    Gritar por la facultad detrás de una chica, de verdad era estúpido. Pero pasar día tras día sin estar seguro de poder aprobar las materias pendientes era espantoso. Ella continuaba ignorándome descaradamente mientras caminaba. Estaba seguro de que podía oírme. Todo la chismosa facultad podía oírme. Pero claro, ella era mujer, así que debía hacerse la rogable. Sin conocerla, comenzaba a odiarla.

    - ¡Ruth! - la intercepté colocándome frente a ella justo en el descanso del segundo piso, y fue la única manera de detenerla. ¿Había dicho que antes estaba sudado?

    - Permiso, Sr. Fling - discutió molesta, recogiéndose un riso hacia atrás - Necesito pasar, y ...

    - Mira, Ruth, lo siento - me disculpe, respirando agitado, luchando por dimitir a mi enojo - Sé que no es asunto mío, ni nada. De verdad no quise meterme en tu vida. Aunque eso no me quita la razón. Pero ... - añadí apresuradamente cuando su frente se pobló de arrugas - no lo haré mas - levanté una mano, como en un juramento - Sólo será sobre trigonometría y lógica.

    Mantuvo su postura tensa, sin articular palabra, por no sé cuánto tiempo. ¿De verdad no pensaba decir nada?

    - Esta es la parte en la que tú dices que me ayudaras - la acusé precavido.

    Sabía que no poda tentar a mi suerte con sarcasmos que la hicieran estallar en diatribas descontroladas, y me mandara a freír monos.

    - Te ayudaré - se limitó a decir, frunciendo sus carnosos labios - Sólo porque se lo mucho que necesitas aprobar. Pero... - dudó, y advertí que vendría una condición - pondremos las cosas en claro.

    Me sentí manipulado. Pero lo enfermo es que me gustó que viniese precisamente de ella.

    - Deja que lo adivine...

    - No - respondió ella, aun detrás de los lentes de sol - Jamás lo harías - aseguró - Nos reuniremos cada mañana, tres veces a la semana, por lo que resta de semestre. Yo no perderé mí tiempo ensenándote, y tu no perderás tu dinero pretendiendo que entiendes.

    Presté atención. Esto se ponía interesante.

    - Sigo escuchándote.

    - Te traeré lo que te pondrán en cada evaluación - continuó en un tono más bajo - Practicaremos solo eso. Y así podrás pasar.

    Uff... Esta mujer me volvería loco si seguía actuando como una mafiosa asesina al estilo de Angelina Jolie. Esperen un momento... ¿Me traería lo de cada evaluación? Peligroso. Fácil. ¿Que teníamos que perder? Ingenioso. Esta chica era de cuidarse.

    - ¿Estás diciendo que me darás los resultados de los exámenes? - sonreí, sin poder creerlo. Definitivamente, Dios era bueno.

    - DIJE, que te ayudare en cada evaluación - parafraseo, en el mismo tono bajo.

    Aun me preocupaban sus moretones, pero sentí que quería abrazarla.

    - Sé lo que dijiste - me frote la mejilla pensativamente - Y en todo caso, funcionará - asentí complacido - Estoy de acuerdo.

    La pelirroja paseó la mirada por nuestro alrededor. Se veía extrañamente nerviosa, pero al mismo tiempo bastante asustada. Volví a preocuparme por ella. ¿Qué sería lo que le había pasado? Por primera vez me incomodo horrorosamente saber que no podía meterme en sus asuntos. Quería preguntarle que le pasaba, decirle que contara conmigo, ¡¿qué se yo?! Cualquier ridícula cosa que me permitiera verla en mejor estado.

    - Bien - repuso profesional. Se irguió muy tiesa, y con expresión de falsa dureza se fue.

    La observé durante todo el trayecto que hizo. Sus rizos casi anaranjados rebotando bajo el sol, hasta que se perdió en una esquina. La causa de que tenía una solución para no perder las asignaturas pudo haber sido razón mas que sufriente para irme feliz de regreso al gimnasio, pero no podía sacarme de la mente aquellos moretones.

    - Los equipos nacionales de campo deben ser verdaderos equipos - sermoneaba Fol. No sabía que ms decir para prepararnos para lo que nos venía en la maratón - No solo son montones de corredores con buenos tiempos que se lanzan a correr en una competición, son un mismo cuerpo.

    Todos aguardábamos sentados en la pista, mientras Fol nos hablaba. El entrenador podía sentir las asperezas que aun quedaban dentro del equipo, como si pudiesen palparse. Y no era el único. Cualquiera que se involucrara el suficiente tiempo con nosotros, podía notarlo. Estoy seguro de que el maestro Spitz lo sabía también, y por eso había sugerido para hoy la carrera de relevos. Un genio. Para mí ya estaba claro que no continuaría siendo el resentido de antes, y que los chicos sentían haberme dado la espalda. Pero eso no parecía ser suficiente. Es decir, algo dentro de mi ya no los odiaba, la paz que había sentido hace unos días en lo de Holy continuaba dentro de mí, sin embargo no conseguía portarme con ellos como lo hacía antes. Con la misma comodidad y confianza. Por más que lo intentara, me era muy incomodo. Claro, Fol no nos lo decía directamente, iba en contra de su papel rudo de entrenador. En vez de eso nos sermoneaba.

    - Por eso los quiero entrenando juntos durante esta semana para la maratón - continuo Fol desafiante - Nada de estupideces de niñitas mimadas. Quiero que las águilas veteranas den apoyo a los pichones debiluchos. Quiero ánimo, sudor, y pasión, ¿Entendido?

    - Si, entrenador - dijimos a coro.

    - Bien - nos miro silenciosamente por un momento - Los quiero a todos en 10 minutos en la pista.

    En la carrera de relevos se ponían a prueba muchas habilidades. Sin embargo la más importante, como el entrenador lo había mencionado, era el trabajo en equipo. Si uno fallaba, al igual que la torre de cartas todos podíamos venirnos abajo. Por eso estábamos atentos a cada movimiento que hacían los demás compañeros.

    Andrew fanfarroneaba dando largas zancadas con su agiles piernas de salteador, Joe se comprometía tanto con el entrenamiento que te daba risa, Yo era el más veloz de todos sin importar cuánto se esforzaran en superarme, y Daniel... bueno, para ser el seleccionado de carrera en ruta no parecía muy audaz.

    - Se supone que debería lucirse. No lo entiendo - dijo Joe a Andrew, mientras yo me acercaba a ellos - No se sabe cuando vengan nuevamente de las Federaciones de Atletismo .

    Fol tambien lo notó, y se acercó corriendo hacia donde Daniel estaba. Este se detuvo, quieto, hasta que Fol le dijo algo, y luego se lo llevo hacia las oficinas del gimnasio.

    - Raro - dijo Joe, frunciendo el ceño. - Esto no pinta nada bien - Andrew se llevó las manos a la cabeza. Y Joe asintió.
     
  4.  
    Gabrieluchini

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    “El amor de Dios que sobrepasa todo entendimiento”. Son más que palabras. Muchísimo más que sentimientos. Creo entender que se trata de tu característica, tu ser, tu identificación. Es por eso que es indescriptible, e inimitable. Imposible de comparar. Inigualable...

    Mas que un sentimiento (fragmento) Junio 2013

    LO DE EL DECANO.

    - ¿A qué te refieres con que has cambiado de parecer? - Jony preguntó indignado, de pie frente a mi asiento - Esta bien, sentiste a Dios. Te felicito. Pero a él no le debe molestar que te diviertas un rato, ¿o sí?

    El salón de clases estaba frio y silencioso, a excepción de los reclamos de Jon, luego de haber terminado las dos horas más largas de los miércoles en Historia de la región. ¿A quien rayos le importaba la vida y obra de cada tipo sobresaliente de este lugar? Por mi parte, yo no veía la hora para mudarme de este estado sobrepoblado.

    - Cállate, Jon. No te dije que sentí a Dios, fue... algo más complicado de decir - recogí mis cosas - Y ya sabes que Fol no me permite beber, estúpido.

    - Pues no lo hagas, entonces - Jony se giró para salir del aula - No es un requisito indispensable. Lamentable, si. Pero no indispensable.

    Hubiera sido más fácil, tratar de que no lloviera en invierno. La insistencia de Jon porque cambiara de opinión en acompañarlo a una estúpida fiesta comenzaba a irritarme.

    - ¿Has pensado en que tal vez no quiera ir a ese toque porque no quiero, y ya?

    Jon resoplo. - Ponlo de esta manera, compañero: Desde que dices haber experimentado un encuentro cercano del tercer tipo con Dios, te has comportado de una manera rara - levantó una mano para enumerar - Ya no sales de rumba. No te emborrachas conmigo. Dejaste a Pride. ¡A Pride! Como si fueras a encontrar a una igual al doblar la esquina. ¡Y no te he visto salir con otra mujer! Y eso, mi amigo - estrechó sus ojos - es lo más raro en ti.

    Puse los ojos en blanco. Jony desesperado, o ebrio se portaba incómodamente ridículo.

    - Si alguien se preocupa por mí, déjame que sea yo, ¿está bien? Nadie más, gracias - fuimos bajando las escaleras - Y para que no queden dudas, sigo siendo el mismo, te lo aseguro.

    - Ya, ya, muchachon - dijo Jony, volteándose con ojos brillantes de esperanza - Entonces, ¿eso quiere decir que te anotas?

    - Nop.

    Jon respiró hondo y soltó todo el aire con frustración.

    - ¿Por qué pierdo mi tiempo? - refunfuño - Conseguiré un nuevo amigo, ya que a ti, David, te hemos perdido.

    Me dio risa su cara furiosa. Le pase un brazo por la espalda. - Seh, como si fuera tan fácil conseguir a alguien que luego de conocerte bien, aun así decida ser tu amigo.

    Me sacudió de una patada. Me eché a reír aun más fuerte.

    La universidad se ponía interesante en esta temporada. No solo porque fuese inicio de semestre, sino porque se acercaba la navidad y todos se entusiasmaban del contagioso espíritu del bochinche y la flojera que traen las vacaciones. Ya estaban pasadas las 4:00 pm, y me daba de todo pensar en que tendría que ir a atender el negocio de Bass en dos horas. No tanto por Bass, el era un buen hombre. Y la rutina en el local, bueno, era más o menos. Se trataba más de la idea de trabajar indiscretamente para Bahd. Comenzaba a molestarme el tener que ver con ese tipo y su gente.

    El aire se encontraba frio de vez en cuando, como si quisiera llover. Pocas personas quedaban por los pasillos de la universidad, porque si ya no habías entrado a clase entonces habías salido, ¿y para que te quedabas en la universidad? Solo los vagos como nosotros, nos quedábamos como búhos vigilantes por los espacios de la facultad. Y los ratones hacían como si no nos veían, o simplemente se alejaban de nosotros.

    Por supuesto, dentro de ellos no encajaba Holy.

    - ¿Tienen un momento, chicos? - preguntó, a un lado de Jony.

    Note que cargaba su biblia en la mano, como la primera vez que la vi.

    - ¿Para? - contestó Jon sin mirarla, lanzando las cenizas de su cigarro en el piso.

    - Hola, Holy - dije, sobresaliendo por un lado.

    Ella no parecía haberme reconocido. Su sonrisa se ensancho al verme.

    - ¡David! - se acercó a mí para saludarme con un beso - Lo siento, no te vi.

    - Jon, ella es Holy - la señalé con una mano - Una nueva amiga.

    ¿Amiga? Si, podía decir que eso era. Aunque sonaba raro saliendo de mí.

    Jon le echó una mirada curiosa.

    - Hola - fue todo lo que medio soltó, antes de volver a mirar cualquier otra cosa.

    Ninguna mujer que no dejara ver su escote o piernas lo suficiente, no merecía más de su tiempo y dedicación. Un poco bastardo, pero era mi mejor amigo.

    - Holy, el es un tumor cancerígeno que he tratado de extirparme desde que tenía ocho años - presente a Jony.

    A ella le causo gracia, y él rolo los ojos.

    - Un placer - respondió Holy de lo más divertida. - Una pregunta - levantó la mano hacia mí, como niña a mitad de clase.

    - Una respuesta - sonreí.

    - ¿Quisieras acompañarme a una celebración? - pidió encantadora - Habrá música, y obras teatrales. Sera a beneficio de los niños, por ser navidad, pero puedes venir si quieres.

    Umm... No era mi estilo, pero...

    - ¿Cuándo será?

    - El 17. Dentro de dos semanas.

    Negativo.

    - Lo siento, Holy - puse mala cara - Tendré un maratón en esa semana, y debo prepararme.

    Jon la observó con asombro, para luego verme a mí con enojo. - Pero irías si no, ¿verdad?

    No entendí la pregunta, ni el tono quejumbroso con el que la hizo. Así que me encogí de hombros y él soltó un jadeo de amargura.

    - ¿Qué? - demande.

    - Pienso que deberías haber considerado mi invitación, también – soltó Jon caprichoso.

    No aguanté la carcajada que salió por mi boca. Jony me vio con ganas de caerme a golpes.

    - No lo creo, Jon - sacudí la cabeza - Como es posible que estés celoso de Holy? - volví a

    reír - ¿Viniste a relevar a Pride?

    - Vete al infierno - me escupió.

    - ¿Me perdí de algo? - intervino Holy, sorprendida.

    - Jon - solté como pude mientras reía - Está. Celoso.

    Mis carcajadas retumbaron por todo el espacio. Debía de tener la cara roja de tanto reír. Jony permaneció callado sin defenderse, pero sabía que esto lo pagaría después con un puñetazo en la mandíbula. Se frenaba para no mostrarse débil frente a una mujer.

    - Puedes estar tranquilo, amigo de David - soltó Holy con su acostumbrada naturalidad - No soy de las que destruyen relaciones - bromeó - De verdad.

    Eso me provocó otra tanda más de carcajadas. El estomago me dolía al no parar de reír, mientras golpeaba el banco de cemento en el que estaba sentado. Esta vez, Jon se levanto molesto resoplando con desagrado. Yo, para mi sorpresa, encontré que seria fácil hacer amistad con esta chica. Ahora, sin embargo, debía entrenar al menos una hora en la pista para que no fuese tan pesado al día siguiente.

    La maratón sería en una semana. Lo mas extraño era que Daniel no se había presentado hoy tampoco. No quería preguntar. Y tampoco habría sido muy útil, al parecer. El entrenador no dio información sobre la ausencia de Daniel. Así que todos nos limitamos a entrenar sin él.

    Cinco minutos antes de que termináramos la rutina, Fol accedió a dejarnos ir como premio a nuestro buen desempeño. Particularmente eso se me parecía al hueso que le tiras al perro cuando hace lo que le pediste.

    Y si, así trabajaba Fol.

    Estaba de pie en la fila del comedor, sintiéndose ms estúpido que otra cosa. Ya que me encontraba rodeado de la gran mayoría del grupo de atletas, y aun no había hecho ningún comentario sobre nada de lo que estuviesen hablando. Era cierto que había decidido dejar de ser el patán-amargado-resentido de antes, pero eso no quería decir que ahora nos iríamos todos juntos a casa como los mejores amigos. Al parecer, ellos entendían algo de eso, porque a ninguno pareció molestarle mi mutismo asocial.

    Desde atrás de mi en la fila me llagaban los comentarios:

    - ¡Pero tú me viste! - exclamó Brenn, irónico y divertido a no sé quien - 75 kg con una mano. ¡Con una mano, Greg!

    - Son solo barras y discos - dijo alguien más - Intenta saltar sobre una vara colocada varios metros encima sin que esta se caiga. Eso si es deporte.

    - Gracias - añadió otro.

    - Es la verdad, hermano.

    Si no tuviera tanta hambre me habría salido de la cola. ¿Las conversaciones siempre fueron tan sin sentido? Así no las recordaba. ¿Me comportaba yo igual que ellos, antes?

    Gracias a Dios que me retire un tiempo, entonces.

    - Eres el único ignorante que llama al Levantamiento de Pesas solo barras y discos – dijo Brenn con impotencia, atrapada entre la indignación y la vergüenza - Conseguí 141 kg en fuerza, 160 kg en envión, y habría tenido un buen arranque si no hubiese pasado lo de El decano. Esa habria sido una de mis mejores prácticas, sin duda.

    Me giré rápidamente a mirarlos.

    - ¿Que dijiste del decano? - pregunté curioso, a Brenn.

    Cierto. Debido a la velocidad en que me giré y mis antecedentes, la forma en que lo pregunté sonó mas como un reclamo.

    Todos se quedaron viéndome, como pensando que estaba loco.

    Brenn dio un paso hacia atrás precavido.

    - ¿Sobre el decano? - repitió. Asentí frenético - Bueno, lo que le paso ayer - se explicó confuso - Justo después de que anunciaran lo de las becas.

    ¿Las becas?

    Ruth!

    Los moretones...

    Comencé a sentirme algo mareado.

    - ¿Que fue lo pasó? - dije más lento, con temor a saber la respuesta.

    - Sufrió un atentado - respondió Sam, el de la jabalina - Ya sabes, lo mismo de siempre - resopló - Aun no se sabe si fue verdad.

    - Claro que fue verdad - intervino Andrew - Aprovecharon cuando todos salimos del gimnasio para secuestrarlo. Por unas horas, claro, creo que tenía que ver con el pago de algunos obreros, o algo así.

    Me quede de pie, escuchando lo que Andrew decía.

    Jon. El secuestro. Los moretones. Ruth.

    Sentía el estomago revuelto, y un frio me corrió por la columna. Jon me había confesado que el tenía que ver con todo eso. No, no. Esto tenía que ser otra cosa.

    Recordé los moretones en la piel suave de Ruth... Cerré los ojos con fuerza. La sangre corriéndome a mil por las venas. Con un horrorizado escalofrió, eche a correr fuera del gimnasio.
     
  5.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    La forma de ver las cosas


    - ¿Por qué? - demandé a punto de explotar. Una cortina roja me había caído en los ojos - Tú, de todas las personas que estaban allí, debiste haber pensado en que eso estaba mal, Jon ¿O tuviste que obedecer a tu amo y señor Bah? ¡¿Hubieras preferido que ella estuviera muerta y así nadie se enteraría de que eres un cobarde de porquería?!

    - ¡¿Por qué te importa tanto?! - gritó Jon. Sus ojos se endurecieron – ¡Ella no tiene que ver nada contigo! ¡Ninguna de esas malditas personas tiene que ver nada contigo!

    - Ella es una mujer, Jon. Igual que tu madre, o la mía. Igual que tu hermana.

    - Pero no es ninguna de ellas,¿ o si? - respondió amargamente irónico. Sonrió como si algo le causara gracia - Dices escuchar a Dios, ¿y ahora te crees la voz inmaculada a favor de las mujeres del mundo?

    Me quedé viéndolo como si no pudiera creer que ese idiota era Jon. Me invadieron unas ganas soberanas de patearle el trasero, hasta dejar que se fuera toda mi ira.

    Las hostilidades se suspendieron por el momento en que procesaba lo que él me decía. Jony no podía pensar así. El y yo sabíamos lo asquerosamente desagradable que era la violencia contra cualquier mujer, porque lo veíamos a diario cada vez que cada uno de los bastardos que estuvieron con nuestras madres las maltrataban sin piedad.

    Las violaciones, los golpes, los gritos...

    ¡EL NO PODIA HABER OLVIDADO ESO!

    ¿Cómo? ¡Eso no se podía borrar así nada más!

    ¡Eran como cicatrices perpetuas en nuestras maltratadas mentes!

    Éramos niños, y no pudimos defenderlas de todos ellos. Pero eso sería el recordatorio para toda nuestra vida de no hacerlo a ninguna mujer jamás. Un hombre podía matar a otro a golpes, si eso querían. Pero a una mujer jamás se le tocaría un cabello, ni se forzaría a nada. Ellas se exponían solas y tomábamos lo que nos ofrecían voluntariamente. Pero nunca las forzábamos a nada. Era más que un juramento para nosotros. Era una ley. Y Jon había violado esa ley. Luego de pensarlo, continuaba sintiendo que lo que mas quería era matarlo a golpes en este instante.

    Como si hubiese visto lo que pensaba, Jon abrió la boca con intención de defenderse de la burrada que dijo.

    Le di la espalda para ir hacia mi moto. No me interesaba lo que tuviera que decirme.

    - Lárgate, Jon. Te lo digo en serio.

    - ¿Qué quieres que haga, hermano?! - gritó exaltado. Continuó siguiéndome por el estacionamiento de la universidad - Te juro por Dios que no la toqué.

    Sentí aumentar mi molestia.

    - ¡Yo la vi, Jon! - me giré, manoteando en su dirección - ¡Tenia toda la cara marcada a

    golpes!

    Eso lo detuvo en seco. Parecía sorprendido con algo de lo que dije.

    - ¿Cómo que la viste, donde la viste?

    - No seas idiota, Jon, ¿eso qué importa? Por Dios, FUISTE TU QUIEN LA GOLPEO!

    Me había puesto por encima de Jon, como atacando a mi oponente. Yo era unas pulgadas más alto que él, y nunca lo había corroborado porque nunca lo había visto antes como a mi oponente. Pero como ese imbecil que estaba frente a mi nariz no se parecía a mi hermano, entonces le resté importancia.

    - Pues se lo habrá hecho ella misma, David. Estará loca, ¿qué se yo? ¡Yo no la toqué!

    Iba a protestar de nuevo, pero me callé en cuanto recordé lo que Ruth intentó hacerse aquella noche en su casa, y lo que habría pasado si yo no la hubiese distraído.

    Posiblemente esta vez no había nadie allí que consiguiera detenerla.

    ¿Ella se habría hecho a sí misma esas marcas?

    Me escuché respirando entre cortado. Bajando la guardia.

    - Escucha, hermano - Jon me tomó de los hombros, repentinamente - La orden era secuestrarlos en su propia oficina por unas horas. No hubo heridos. Ni maltratos – dijo calladamente, como si cada palabra lo enfermara - Te estoy diciendo la verdad, Dave. Cuando escuchaste los disparos, todos fueron ráfagas al aire. Una señal para que los demás se fueran. Te lo juro, David, que no le toqué un solo cabello a esa chica.

    Sacudí la cabeza con furia.

    - Ese no es solo el problema, Jon ¿O eres tan ciego para no ver eso ahora, también?

    Eso no era del todo cierto. Escuchar a Jon diciendo que no tuvo que ver con los moretones de Ruth, se había sentido asquerosamente bien.

    Jon frunció el ceno confundido.

    - No sé qué cosa te pidió Bahd que hicieras, pero esto se está saliendo de control - continué, y se quedó viéndome como si pudiera crear hoyos a través de mí con sus ojos - No importa lo que creas que sabes, Jon, esto no tiene pinta de terminar bien.

    Curvó los labios simuladamente, mientras se apartaba de mí.

    - Parece curioso que tu lo digas - Se detuvo para mostrar una sonrisa estúpida y dolida antes de continuar - Antes pensabas en que esto sería un buen negocio para ti, también.

    - Si, y fuiste tú quien me advirtió que no lo era - le recordé - Me dijiste que me cuidara de Bahd. Vela ahora por ti mismo.

    Jon se quedó ahí parado, mientras yo encendía la motocicleta para irme a la siguiente clase. Ambos necesitábamos un respiro. Incluso yo me encontraba en shock debido a varios aspectos.

    Era más una confusión que se hizo normal después de lo que sentí aquel día viendo la obra.

    El idiota de Jony tenía razón en algunas cosas. Mucho había cambiado desde que sentí aquella paz dentro de mí. No. Desde que me enoje tan ridículamente con Dios que comenzó a manifestarse de diferentes maneras.

    ¿Como me pudo haber cambiado la vida... la forma de ver las cosas?

    ¿Por qué ahora? O mejor ¿Para qué?

    Tal vez mi madre estaría viva aun, si hubiese podido ver las cosas antes como ahora las veía.

    ¿Como es que no pude verlo?

    Me había puesto como loco cuando creí que Jon pudo haber golpeado a Ruth. Luego Jon no parecía pensar como Jon. Y finalicé aconsejando a quien en toda mi vida había cuidado de mi espalda codo a codo.

    Esto no tenía ningún sentido.

    ¿Que le ocurría a Jon... a mi... a todos?

    De locos.

    Tal vez Dios se preguntaba lo mismo, ahora. Tal vez el conocía la respuesta, tambien.

    - Adicionando actividades retamos al cuerpo en diferentes posiciones, y disminuimos

    Lesiones - James hablaba, mientras subíamos a nuestras respectivas bicicletas de montana – Correr es una actividad simple y plana, pero necesitamos balance, fuerza, y flexibilidad para no tener otro accidente como el de su compañero.

    Daniel había asistido hoy a los entrenamientos, luego de faltar a dos sesiones anteriores. Nos comentó que su tobillo se había lastimado por una mala caída, cuando ayudaba a su hermana mayor con la mudanza a su nueva casa. Se encontraba mejor ahora, sin embargo los ojos de Fol no brillaban tan entusiasmados al verlo hoy, como en otros días.

    Daniel lo notó, también, y durante el ciclismo se veía desmotivado y afligido.

    - ¡Fling! - me llamó Fol, sobresaliendo de afuera de su oficina.

    Estaba detrás de Andrew, esperando mi turno en la fila para que Doc nos hiciera control de peso y chequeo completo.

    Al ingresar a la oficina del entrenador, vi que Daniel ya se encontraba sentado en una silla frente a su escritorio, con expresión sombría. El ambiente se sentía incómodamente tenso.

    - ¿Si, Entrenador? - pregunté precavido.

    Me hizo señas para que me sentara junto a Daniel. Este no apartaba su mirada del piso.

    Fol carraspeó para liberar presiones, antes de comenzar:

    - Sabes bien que hemos sido seleccionados para las eliminatorias de la maratón Adidas

    Running Day - se frotó la frente, estresado - Todos han estado entrenando juntos, pero solo uno podrá participar. Seleccionamos a Daniel.

    Asentí tranquilo. Eso era algo que ya todos sabíamos desde el principio. Daniel nos superaba, sin duda, en aguante, disciplina, y resistencia. Él era el hombre para la Maratón. Pero como en las películas de suspenso, sabía que no me había llamado para sólo notificarme eso.

    - El punto es, David - continuó, acomodándose en su asiento - Que Daniel sufrió una lesión hace unos días, y el médico le prohibió movimientos bruscos por una semana. Eso nos quita días de entrenamiento. Me giré a mirar a Daniel, que continuaba sin vernos.

    Creía saber hacia dónde iba la cosa, y no me gustaba para nada.

    - Es la Adidas Running Day - aclaró el entrenador, en un tono que hablaba por si solo – No podemos darnos el lujo de decirles que no. Así que...

    Ay, no.

    - ... fuiste seleccionado para correr la maratón el 17. Tú remplazaras a Daniel en la maratón.

    Cerré los ojos con pesar. Lo sabía. Casi pude escuchar esa declaración pegándole a Daniel en toda la cara.

    - Entrenador... señor... yo no creo que...

    - Ya está decidido, David - Fol se coloc{o de pie para salir, como si mi opinión no importara. En realidad así era para él - Sé que no es tu fuerte, pero tengo fe de que podrás hacerlo bien.

    - Daniel es el indicado para esto, Entrenador - me puse de pie, también - Tal vez con algunas terapias...

    - No eres medico, David. Así que no me interesa tu diagnostico. No podrá estar listo a tiempo, y punto - sacudió la cabeza - Debes hacerlo tú. Ya tienes el entrenamiento básico.

    - Pero...

    - Empezaremos mañana con unas millas mas, para simular como te sentirás el día de la carrera. Sé que no estás acostumbrado a las carreras largas.

    Esto no estaba bien. Yo no era el indicado. Estaba seguro de que inclusive con el tobillo lastimado Daniel podía correr la maratón mucho mejor que yo.

    Lo miré, y pude ver que aguantaba las ganas de llorar. Ningún hombre llora por nada. Definitivamente esto estaba muy mal.

    -... largos deberían ser 30, o 90 segundos más lentos por milla que...

    - No puedo hacerlo, Entrenador - lo interrumpí rotundamente, haciendo que parara de hablar en el acto.

    Daniel levantó al fin la cabeza para mirarnos, y a Fol parecía que le explotaría una vena de la frente.

    - ¿Que dijiste? - musitó confundido, en un tono amenazador.

    - Dije que no puedo hacerlo, Entrenador - solté el aire de golpe más tranquilo - No lo haré. No correré en la maratón
     
  6.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    ... Marca mi vida hoy con tu amor, Seor.

    Embriágame, Dios, de la esencia de tu ser.

    Lléname, Espíritu Santo del Dios vivo de esa maravillosa experiencia que te pertenece.

    Gracias.

    Te amo.


    Más que un sentimiento (fragmento)

    Junio 2013


    LA VIDA ERA RICA EN MISTERIOS.

    - No - dijo Fol, como un ramalazo de ira - Tu no estas entendiéndome, muchacho. No te estoy invitando a un estúpido baile. Tampoco te pido permiso, y espero a que aceptes, o no. Te estoy exigiendo - hizo énfasis - que corras en esa maratón, y lo harás.

    - No lo hare - repuse, igualmente tranquilo.

    Mi cerebro comenzó a advertirme que practicaba suicidio deportivo. ABORTAR! Pero en el fondo sabia que hacia lo correcto.

    Daniel nos observaba levemente sobre su hombro.

    - ¡¿Por qué no?! - explotó frente a mi cara.

    - Porque Daniel es mejor en esto que cualquiera, y usted lo sabe!

    Fol gruñó como un desquiciado.

    - Y eso, ¿qué? El no puede hacerlo y yo necesito que alguien más lo haga.

    - ¿Entonces se trata de usted? - escupí molesto, viendo como todo se veía mas claro ahora - Porque llegue a creer en un momento que tenía que ver con nosotros. ¿Para que se molesto en los entrenamientos, y todo ese estúpido discurso de “no son un montón de corredores sino un mismo cuerpo”? Si esto se trataba solo de usted, pudo haberse tragado esa basura.

    Sabía que me había pasado de la raya. Pero la revelación de lo que veía delante de mis ojos me hacia arrepentirme de haber estado tanto tiempo molesto con las personas equivocadas.

    Luego de que mi madre falleciera ninguno de los chicos del equipo me apoyo, porque sencillamente no sabíamos como hacerlo. Ninguno de nosotros. Para el entrenador solo éramos piezas, y como tales éramos desechadas si comenzábamos a fallar.


    Eso había sucedido conmigo cuando decidí hundirme en depresión, y ahora pasaba con Daniel.

    Con la diferencia de que yo no participaría en algo, que no me gusto que me hicieran.

    - Vas. A llevar tu trasero insolente. Fuera. De este gimnasio - mascullo iracundo Fol, señalándome con uno de sus dedos. Su frente roja, y sudorosa - Ahora.

    Y eso hice.

    No sin antes darme una ducha, cambiarme, y ver como todos los demás se me quedaban viendo mientras abandonaba el gimnasio.

    No hice ningún show, ni nada parecido.

    Yo había dicho la verdad, y estaba orgulloso con eso.

    Además me esperaba una mejor tarea por hacer.

    - Por favor - sus hermosos ojos amarillos se posaron en mi, inspeccionándome como una experta evaluando una pintura famosa - Por descomposición en potencias binarias de peso decreciente, se divide el numero decimal y los cocientes sucesivos por la mayor potencia de 2 en ellos contenidos - bufo, inclinando su cabeza hacia atrás. - Eso deberías saberlo.

    Me hundí de hombros restándole importancia.

    - También debería sacar la basura los miércoles en la mañana. Y no lo hago.

    La pelirroja ladeo la cabeza, enarcando una ceja perfecta.

    Su cabello encendido le cayó por un lado del hombro.

    Se habían ido las marcas y los moretones.

    De su cuerpo. Aun no se iban de mi cabeza.

    - Te explique esto la primera clase.

    - E hiciste tu mejor esfuerzo, lo agradezco.

    - Es en serio, David - protesto con su voz dulce, y nuevamente adore la manera en que pronuncio mi nombre.

    Por Dios. Esta chica me gustaba de verdad.

    Es decir, ya no me imaginaba tirándola sobre cualquier superficie y arrancándole la ropa a mordiscos como antes. No casi. Pero seguía gustándome de una manera mas... seria.

    Simplemente ya todo lo veía distinto.

    Y eso que no tenía sexo desde hacía dos días antes de que terminara con Pride.

    ¿Cómo es que eso había pasado?


    ¿O cuando?

    La vida era rica en misterios...

    - Escucha, Bombón, Teníamos un trato, ¿no? - me acomode en la silla, colocando las manos por detrás de mi cabeza - No estudiaríamos. Tú me darías los exámenes resueltos. Todos ganábamos.

    Los ojos de ella se fueron atentos a mi torso como por dos segundos.

    De no haberla estado mirando fijamente, no lo habría notado.

    Luego se acomodo con elegancia en la silla que ella ocupaba frente a mí, un poco más inquieta que antes.

    Tranquila, preciosa, nadie más te vio comerme con los ojos.

    - Nunca dije que te daría los exámenes resueltos - repuso antipática, acomodándose un rizo por detrás de su oreja - Y te he dicho que no me llames Bombón.

    Puse los ojos en blanco.

    ¿No habíamos quedado en que nos veríamos cada mañana, tres veces a la semana, hasta que se acabara el semestre, para eso?

    Estábamos ahora en una de las mesas de Chick porque yo le entregaría mis errores de los exámenes pasados, ella me daría las respuestas del nuevo examen, ¡y el curso de la vida tomaría su rumbo!

    Ese era el propósito primario de nuestras reuniones, ¿no era así?

    ¿Quién rayos entendía a las mujeres?

    Fue retirando rápidamente sus cosas de la mesa, como si ya hubiésemos terminado.

    - ¿Que haces? - proteste casi ansioso, irguiéndome de golpe.

    Se levanto, para detenerse frente a mí.

    - Nos veremos el viernes - se coloco la cartera al hombro. Tan grande que me pregunte nuevamente cuantas cosas metían las mujeres allí - Te traeré la solución a estos problemas, y tu verás si los estudias o no para el examen.

    Fruncí el ceno. Ella no podía irse tan rápido.

    - ¿Eso es todo? - me queje, poniéndome de pie de un brinco - ¿Ya terminamos?


    Se quedo viéndome con sus pestanas largas. Sus ojos cautivadores me atrajeron.

    - No veo que mas podamos hacer - explico, completamente indiferente a lo que yo sentía en ese momento.

    A la luz del sol, las ondas rojas de su cabello brillaban casi como si fuera fuego.

    Demasiados suaves y delicados para ser solo cabello.

    Quise pasar mis dedos por entre sus rizos.

    Su rostro volvía a verse tan pálido y pecoso como antes. Nada de esos horribles moretones, ni manchas purpuras que ensombrecían su hermosura hace unos días atrás.

    Desee rozar aquellas mejillas sonrojadas.

    -Yo si - le sonreí embobado - No he desayunado aun Que te parece si comemos algo juntos?

    Su rostro era callado y sin ninguna emoción, pero tenía la suficiente experiencia con mujeres para captar aquel aire de sorpresa bailando en su mirada.

    - No lo creo - soltó nada convincente.

    - ¿Por qué no? - abrí ambos brazos, señalando el lugar - Ya estamos aquí.

    Me saldría caro. Los sabía. Pero estos eran los sacrificios que un hombre tenía que hacer para atrapar a una chica. Los beneficios vendrían luego.

    Le llamábamos Inversión.

    - No creo que sea correcto. No puedo solamente aceptar tu invitación, y sentarme contigo a la mesa.

    - ¿Hay alguna otra manera de comer aquí? - pregunte divertido.

    - Era una pregunta retorica - sus labios rojos se curvaron hacia arriba en la más dulce sonrisa - Lo siento, David. No puedo.

    La mire de nuevo, mareándome con su perfume, temeroso de que se fuera.

    Ver cómo me observaba con ternura aunque se iba, aunque sea por un pequeñísimo momento, era una peor tortura que cuando Fol me echo del gimnasio hace menos de dos horas.

    Ella se quería quedar. ¿Por qué simplemente no decía que si, y ya?

    Tal vez le faltaba motivación.

    - ¿Sabes que te vi la primera vez en esta cafetería? - prolongaba el tiempo junto a ella, claro. - Me pediste una silla y fuiste a sentarte con unos amigos en otra mesa.


    Sus ojos brillaron encantadores. Bajo la cabeza, y casi sonrió para si misma.

    Me gusto tanto su sonrisa, que casi tarde en darme cuenta que me estaba mordiendo el labio.

    - Dudo que fuesen unos amigos - su sonrisa fue languideciendo - Tal vez eran unos estudiantes. No lo recuerdo.

    Me miro, otra vez sonriente, y de repente ya no es la misma chica fría y antipática.

    Como si viviesen dentro de ella dos personas.

    - Pero sí recuerdo haberte visto en uno de los locales de la feria de comida - soltó una risita juvenil - Una de mis estudiantes me llevo a verte. Una chica muy simpática .Tú eras algo así como su amor platónico.

    Volvió a reír.

    -Te recuerdo, también.

    Y no mentía, esta vez.

    Recordaba haberla visto por el negocio de Bass. Cuando pensaba que ella era mi mayor amenaza.

    Tal vez esa era la razón por la que se quedo mirándome aquel día.

    Tal vez desde ese día ella comenzó a alborotar mi mundo.

    Y tal vez solo debería hacer lo que había planeado hacer después de que escuche su llanto aquella noche: Acercarme más a ella.

    Me quede mirándola por no sé cuanto rato.

    Ella interrumpió el silencio primero.

    - Ya tengo...

    Me hizo un gesto de disculpa.

    - Lo sé, tienes que irte - dije obligadamente - Te veré el viernes.

    Espere hasta que su silueta desapareció entre los edificios de la facultad, luego de despedirse.

    Parado. Bañado en la fiera sensación de aquellos sentimientos poderosos, me fui caminando por el sol hacia los salones.

    Entonces esa curiosa e inexplicable presión en tu cuerpo de que estas siendo observado me hizo voltear a ver las mesas de Chick que iba dejando atrás.

    Detuve mi andar al encontrarme con los ojos furiosos de Pride.

    No sabía que podía estar pasando por su mente ahora, o desde cuando se encontraba


    observándome desde ahí.

    De todas formas, fue ella la que había decidido terminar con nuestra relación. Y por más que intentara explicarme, nada de lo que pudiese haber vito entre Ruth y yo luciría inofensivo para ella.

    Sin embargo, como un tributo a los anos que tuvimos de noviazgo, decidí darle el beneficio de la duda y retroceder hacia donde ella estaba. Pero en cuanto me vio dar un paso, se alejo en dirección contraria.

    Suspire.

    Ese no parecía ser un buen síntoma de que ya había superado lo nuestro.

    - ¿Que haces esperándome fuera del local? - espetaba Bass, mientras se acercaba para gritarme mejor - Faltaste dos noches seguidas contando la de ayer, ¿y ahora qué? ¿Vienes a pedir cacao? Eso no te hace muy inteligente, precisamente.

    Los ladridos frenticos de la música urbana que venía de unos carros cercanos no me dejaban hablar con claridad, pero dentro del negocio se oía menos el sonido, a excepción de la vibración que provocaba el bajo retumbando en la puerta.

    - No te emociones. Seré breve - continué la conversación dentro del negocio - Vine a despedirme del local.

    Vi crecer incertidumbre en medio de la molestia de las facciones de Bass.

    - ¿A despedirte para qué?

    El ya se imaginaba desde hace tiempo que este día se estaba acercando. Me lo había dicho.

    - Para irme - solté de una vez - Vengo por mi liquidación. Renuncio.
     
  7.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    La vida si cambia, ¿no?

    Yo estoy que veo mi vida y no la conozco.

    ¿Como fue mi vida, y como me ha cambiado?

    Seferina Andara 22/12/14

    NI YO MISMO PODIA ENTENDERLO.

    - Oye, oye - Bass presionó su mano contra su frente dudosamente - Está bien, no voy a despedirte. Fueron solo dos noches.

    - No se trata de eso, Bass, es sólo que... - ¿No quiero tener que ver con nada que tenga la firma de tu jefe mafioso Bahd? - Se acercan los Olímpicos regionales, tendré que entrenar más duro, y no podre trabajar más aquí.

    Pensé en que esta sería una buena noticia para él, puesto que en todo el tiempo que estuve trabajándole solo le ocasionaba retrasos en el horario, consumo sin pagar de su propia mercancía, excusas baratas y un sueldo extra semanal. Estaba equivocado.

    Se detuvo a verme confundido y se paró con su brazo aferrado alrededor de un estante, cabizbajo, respirando profundamente.

    - Escucha, Bass, si lo que te preocupa es que pueda decir algo de lo que he visto que ustedes hacen, puedes estar seguro de que yo no...

    - Cállate, muchacho - vi cambiar su expresión lentamente de desconcertante a una de malestar - Se que no dirás nada, y tampoco me importa - se tiró en una de las sillas plásticas del negocio, y me vio ceñudo - No estás metido en problemas, o algo así, ¿verdad?

    - No, claro que no.

    Asintió para si mismo. - Pues si algún día lo haces, está bien. Sólo avísame para sacarte la pata del barro, ¿de acuerdo? Eres muy niña para ir a la cárcel.

    Me eché a reír. - Ok.

    Cuando la luz roja de la tarde empezó a dispersarse por todos lados, y el refresco de naranja me aburrió, pude ver en el móvil que ya iba retrasado a una de las clases, así que me despedí de Bass para seguir adelante.

    - Cuando te canses de dar brinquitos en las pistas, sabes que puedes volver a este local - dijo para terminar, con un choque de nuestros puños.

    - Gracias, Bass. Por todo. Este solo dio un cabezazo en mi dirección del mismo modo abatido de antes, y yo no dije mas sabiendo que eso no servirá de nada. Nunca creí que Bass sería tan sentimental. No es como si no lo fuera a ver más. Pero si no era muy necesario sabía que no me pasearía otra vez por donde Bahd iba dejando la huella.


    - ¿Once hermanos? - exclamé realmente sorprendido - Pudieron haber formado el primer equipo de futbol de la historia.

    - Y no sólo eso - continuaba Holy, con una emoción digna del mejor narrador - Ellos sintieron celos de José por ser el menor, y el más amado por su padre. Dice la biblia que lo odiaban y siempre se dirigían a él con amargura.

    - Envidiosos.

    - ¡Exacto! - repuso Holy con energía - Lo odiaban a tal punto que buscaban la forma de matarlo.

    Abrí mi boca con falso asombro. - Sicarios.

    - Algo así - continuaba Holy sin interrupciones - Y un día casi lo consiguen - bajo el tono de su vos a un punto expectante - pensaron en lanzarlo a los lobos, pero uno de ellos propuso tirarlo a un pozo profundo y dejarlo allí, para no mancharse las manos con su sangre.

    Eso si me sorprendió, de verdad.

    - ¿Esas cosas salen en la biblia? ¿En serio?

    - Pero por supuesto - continuó Holy en un tono suave de conspiración - Aunque ese no era el propósito de Dios, y el no dejaría que eso le pasara.

    Holy detuvo su relato para ver si yo tenía algo que decir. Yo la escuchaba cual niño interesado por el final de la historia.

    - ¿Y entonces? - la insté a continuar.

    Ella se acomodó en la roca en la que estábamos sentados. Luego de atragantarnos con dos perros calientes para cada uno, nos habíamos tirado a hablar sobre una enorme roca en las áreas verdes a hacer la digestión.

    - Entonces Dios hizo que cambiaran de parecer a última hora, y decidieran venderlo como esclavo - concluyó.

    - ¿Esclavo? - protesté desilusionado - Pensé que dirías que los aplastaría uno por uno con sus gigantescos dedos de Dios, o que dejarían de hacerle bullying al hermano menor, y que asumirían que eran unos bastardos - la miré apenado por mi brusquedad al hablar - Lo siento.

    - Pero es que eso fue lo mejor que pudo haberle pasado - lanzó el comentario como el pescador que tira la carnada.

    No luche contra el sedal. Creo que en realidad quería morder el anzuelo desde el principio.

    - ¿Por qué lo dices? - pregunté intrigado, y deseoso del final de aquella maravillosa historia.

    Era de locos que esas cosas parecidas a una película de acción salieran escritas en la biblia. Aun no sabía cómo buscarlas, pero Holy era muy buena contándolas.

    - Pues porque él...

    - David - escuché que me llamaban, por detrás de nosotros. Me di la vuelta para ver a Daniel mirándome desde abajo. ¿Lo habría enviado Fol? Gemí obstinado internamente. Y ahora que Holy estaba por terminar.

    - ¿Sip? - dije desde la roca.

    - ¿Te puedo hablar un momento? - preguntó con cierta timidez - Por favor.

    Ay, Dios, ¿qué se supone que venía ahora?

    Bajé de la roca más por indulgencia que por otra cosa. Holy volvió la cara hacia el frente, como dándonos cierta intimidad. Me reí internamente de eso. Ella siempre había sido muy gentil.

    - ¿Y bien? - demandé, yendo al grano. Si era otra de las propuestas geniales de Fol, quería salir de eso lo más rápido. Al mal paso darle prisa, decía mi madre.

    Daniel cerró más la boca y trago grueso. Suspiro.

    - Quería... - se quedó pensativo por un momento, luego sacudió la cabeza como para despejar su mente - Quería agradecerte por lo que le dijiste a Fol - se pasó una mano por la nuca - Aunque no sé si agradecerte sería una buena idea, dado que te suspendieron por una semana.

    Eso era cierto. Fol me había mandado a dar con la secretaria del departamento de deporte una semana de suspensión escrita en un acta, sellada y firmada por el departamento, junto a una hoja escrita a mano que decía : “Da gracias a Dios que no te echo como un perro” Sutil.

    - Quédate tranquilo, Daniel - mi mirada y postura siempre ausente de emociones - Hice lo que tenía que hacer, y no me arrepiento.

    - No - terqueó rotundamente - Tú no tenias que hacer eso. Y ninguno de los otros lo habría hecho, tampoco - frunció los labios, y vi que sus ojos se ponían vidriosos - Yo no lo habría hecho.

    Me quedé mirándolo. Se veía verdaderamente herido.

    - No lo veas de esa manera, Daniel.

    - No hay otra manera, Dave - Su apodo me tomó desprevenido. Hace mucho que ninguno de ellos me llamaba así - Por eso vine a agradecerte. Porque todos valoramos mucho lo que hiciste, aunque eso no haga cambiar de idea a Fol. - ¡Olvídate de Fol! - espeté obstinado de que todos fuésemos sus títeres – Olvídate de mi, o de lo que piense todo el mundo. Quieres participar en ese maratón, ¿verdad? Entonces trabaja duro hasta que estés allí.

    - ¿Cómo? - preguntó con una asombro meditado. Su voz quebrada de angustia - Fol no dejara q...

    - Una vez me dijiste que no sabías que hacer para ayudarme cuando lo necesité - comencé a toda prisa, antes de que me arrepintiera - Yo tampoco lo sé, ahora - me froté la cara, y respire hondo. Me iba a arrepentir de esto, lo sabía. Bajé las manos y lo miré - Te parece bien si lo aprendemos todos, ¿esta vez?

    Tenía una semana libre de entrenamiento, y al menos estaría en el gimnasio si me quedaba a ayudar a Daniel. O eso era lo que me estaba diciendo a mí mismo, ahora. La verdad, es que estaba asumiendo mi puesto de líder de atletismo nuevamente. Oh, sí. Como la basura que me iba a arrepentir de esto después. La preocupación evidente en la cara de Daniel fue remplazada por una sonrisa de agradecimiento sincero.


    - ¿De verdad hiciste eso, David? ¿Después de lo que te hicieron esos idiotas? - Jony le echo una larga bocanada a su cigarrillo, y echo el humo por la nariz - Como no estuve yo ahí para darte un puñetazo.

    Había algún tipo de actividad frentica en la facultad de economía. Eran las once de la noche, y luces de todos los colores brillaban desde varias direcciones hacia una pista de baile improvisada entre varios carros. Proyectores iluminaban las sombras siluetas oscuras de personas. Varios eran conocidos. Y por supuesto, Jony estaba ahí, y yo con él, para que así se le pasara la idea rara de que había cambiado, y que ya no lo trataba como antes. A veces Jony reaccionaba de manera afeminada.

    - No sé - grazné con la boca llena de “Cheese Tris” - En el momento me pareció una buena idea.

    - ¿Eres imbécil, hermano? ¿Te diste en la frente al pararte esta mañana? - Jon me vio con rabia - Tú eres el único perjudicado con esto ¿Cómo puede ser eso una buena idea? - sacudió la cabeza - Tal vez deberías denunciar a los evangélicos de la obra del otro día. Es obvio que te lavaron el cerebro.

    Dejé de masticar para ver a Jony con indignación.

    - ¡¿Qué?! - protestó en un tono ebrio -¡Es la verdad! Y si no fue esa gente, entonces te afectó la separación con Pride. Y no te culpo. Pero es evidente que no eres el mismo.

    Se me escapo una carcajada. - Seh, claro. Me la paso llorando en los rincones. ¿No me has visto?

    - Sea como sea, David, todo eso te puso más sensible - le echó otro trago a su cerveza - Al parecer los afecto de igual manera a ambos.

    Eso último me distrajo.

    - ¿A que te refieres con ambos?

    Jony hizo una mueca con desdén. - Escuché no sé cuando, mientras me besaba con una morena sexy en el tercer piso que Pride había dejado a el bailarín y que prácticamente andaba vagabunda de desamor por ti - Jon se frotó el mentón pensativo - Creo que se lo decían a la chica con la que estaba, y por eso lo escuché.

    Seguí comiendo, ahora menos interesado por el tema. - No puedo hacer nada para aliviar su dolor - me hundí de hombros - Estoy seguro de que encontrara consuelo en otro.

    Jony le echó una última calada a su cigarrillo viéndome genuinamente intrigado. Lanzó la colilla.

    - ¿Quién es? - demandó curioso.

    - ¿Quién es quién?

    - ¿En serio, Dave? ¿Me vas a venir con esa basura a mí? Estas viendo a otra chica, ¿verdad? - fijo sus ojos en mi como desafiándome a negarlo - ¡Por favor! Te conozco, hermano. No habrías rechazado la oportunidad de estar entre las piernas de Pride, a menos que tuvieses un par de piernas extras ¿Por qué no me habías dicho nada?

    - Porque no hay nada que contar - solté, con irritación.

    Ese era un tema del que no estaba preparado para hablar. Ni yo mismo podía entenderlo. ¿Cómo poder explicarlo?

    - Bien, bien... - dijo Jon, gesticulando con las manos - Miéntete si quieres, a mi no puedes engañarme.

    Me encontraba en una conversación sofocante, envuelta en mi propia vida amorosa. ¿Había dicho “amorosa”? Por Dios. Estaba peor de lo que pensaba. Tomé aire y sentí la verdad enmarcada en las declaraciones de Jony. Descubrí de pronto, que decirlo sería algo mucho mejor que negarlo. De haber sido alguien más sencilla, pensé.

    - Tal vez haya una...

    - Así se empieza - señaló Jony divertido.

    - No es mía. Aun - sonreí - Tal vez dentro de unos encuentros mas...

    - ¿Encuentros? ¿Quién es? ¿La conozco? - me inspeccionó con morbo - ¿Ya te acostaste con ella, no?

    - Te dije que aun no es mía. Además... Ella es diferente.

    El rostro de Jon se contrajo como si le hubiese venido el olor de un gato muerto. Luego fue abriendo los ojos con un gesto parecido al horror. - David. Dime que no es la tipa rara con la biblia que me presentaste el otro día.

    - No la llames asi - protesté.

    - ¡¿Qué?! ¿Es ella? ¡¿Te volviste loco?!

    - No. No es ella. Y si fuera, ¿qué? Holy es una chica linda y agradable...

    - Para ir a la iglesia - murmuró Jon con espanto.

    - Puede ser - estuve de acuerdo. Ya que lo pensaba bien... - ¿Por qué no?

    Esta vez me miró como si le hubiese dicho que bebía agua de la poceta. - Definitivamente estás loco.

    Me eche a reír.

    Dos mujeres con escote, buenas piernas, y miradas ansiosas nos sonrieron al pasar frente a nosotros. Nuestros ojos se fueron con ellas por un momento.

    - Entonces - repuso Jon al rato, trayendo el antiguo tema de conversación - ¿Quien es la víctima, esta vez?

    Suspire. - Se llama Ruth - La ilusión se reflejaba en mi cara. De seguro me vería patético - Es mi tutora en el curso, así que podría decir que la conocí gracias a ti - me reí nervioso - Pero también es la hija del decano.

    Se fue todo el humor del rostro de Jon.

    - Si, si, ya se lo que me vas a decir - afirmé - Pero hare bien las cosas, esta vez. De verdad, Jon, tratare de...

    - ¿Ruth? - preguntó, y luego su expresión se endureció - ¿Te dijo cuál era su apellido?

    - Si lo dijo, pero ya no lo recuerdo.

    - ¿Ella te dijo que era la hija del decano?

    No me gustaba la expresión de Jon.

    - Pues debe serlo - le expliqué confuso - La noche que Bahd me envió a la casa del decano ella estaba ahí. Yo la vi.

    Pero por más que lo intentó, Jon no pudo controlar su nerviosismo.

    - ¿Qué pasa, Jony?

    - Me dijiste que no la tocaste, ¿cierto?

    - Espera, espera, ¿qué pasa, Jon?

    Me tense al verlo así. Algo estaba mal. ¿Sería por Ruth? ¿La conocía? El sudor me empezó a correr en cuanto me imaginé a Jon durmiendo con ella.

    - Aléjate de esa chica, David. Hazme caso. Sólo... No vuelvas a verla otra vez,¿ ok?

    - ¿Qué estás diciendo?¿ Por qué no?

    Comencé a ver todo rojo. Si, Jon la conocía. Por Dios, nunca se me ocurrió preguntarle si la conocía.

    - Maldición, David, prepárate para recibir una bala fría en la cabeza, en cualquier momento - murmuró, caminando de un lado a otro con nerviosismo.

    Me quede frio. No. Esto era otra cosa. El estaba hablando de otra cosa.

    -¿Por qué? - demandé plantándome frente a él - ¿Porque salgo con la niña consentida de papi? Jon se detuvo.

    Su mirada me hizo pensar lo peor. - Ella no es su hija, idiota - masculló - Ella es su mujer.
     
  8.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    Es mucho más que confianza

    Es descansar y defender ideas, deseos sin importar lo que digan.

    Lo que puedas oir.

    Lo que vean tus ojos.

    Es depositar todo lo que te hace ser quien eres, en una plataforma solida y segura.

    Es caminar con los ojos vendados, y aun así, jamás estuviste más segura de tu andar.

    Es sentirlo con el corazón para acallar tu mente.

    Es confesarlo con la boca para tapar tus oídos.

    Es libertad.

    Creer. 09/06/13

    CREO QUE YA LO SABIA DESDE HACE TIEMPO.

    Deje la actividad todavía en movimiento.

    Las luces iluminando, la cara de horror de Jon, la gente murmurando. Mientras mi mente se alejaba, note algo extraño dentro de mí: En medio de todo ese alboroto emocional que estaba sufriendo, iluminado por los reflectores, se encontraba un sentimiento.

    Hoy en la mañana, empezaba a sentirlo de nuevo. Dolía. Pensé que pasaría con el rato de sentir dolor a sentir cualquier cosa, pero no ocurrió. Cuando me quede hablando con Jon esa la noche, pensé que nada podría lastimarme masque contarle la suspensión de Fol. No alcanzaba a saber que tan equivocado podría estar.

    Me desvié en una curva antes de cruzar hacia la universidad. Hoy era viernes, y la vería de nuevo. Necesitaba limpiar mi mente unos segundos, antes de dejar que ella me viera. Estacionado en una acera, el proceso de curación había empezado, y con concentración pude acelerar el proceso y llegar a una sana conclusión: Hoy no podía verla.

    Deseaba auto golpearme por lo estúpidamente inocente que había sido.

    “La hija del decano” Seh, claro. Cuando en realidad ella era quien le mantenía la cama caliente por las noches al viejo verde. ¡Pero es que podía ser su padre!

    Me sostuve la cabeza con ambas manos. Los celos me estaban consumiendo la fuerza con rapidez. Esta pelea mental me debilitaba. Pero esto era importante. No debido al dolor-lo note otra vez rasguñándome el estomago sino porque necesitaba adaptarme a la asquerosa idea de que ella... era... suya.

    Dios, por favor, soy David nuevamente. Solo...AYUDAME.

    - Señor: Te pedimos por favor que ayudes a Daniel con su lesión y que lo sanes – oraba Holy, haciendo un circulo agarrada de nuestras manos en el gimnasio - Para que el pueda darte gloria por lo que harás en el él día de la carrera, y cada día de su vida. Amén.

    - Amen - los chicos y yo repetimos a coro.

    - ¿Crees que funcionara? - agregó Daniel a media voz.

    - ¿Tu lo crees? - repuso Holy, con ojos tiernos - Porque para el que cree todo es posible.

    Daniel hizo un gesto de asentimiento.

    Le había contado a Holy que decidí ayudar a Daniel y que el tenia una lesión de hace días. No le había contado mi drama anterior con los del equipo. No era relevante que ella supiera eso. Así que ella misma decidió que sería apropiado hacer una oración por Daniel antes de comenzar las terapias, y todos la apoyamos.

    No miré hacia atrás mientras subía a sentarme en las gradas. Los chicos con sus manos alrededor de cada uno de los tobillos de Daniel, parados en un círculo de oficiales, se turnaban para brindarles masajes terapéuticos. Yo, en cambio, estaba completamente sumergido en mi propio revoltijo de dolor. Recordando a esa hermosa criatura. La pecosa de pelo pelirrojo que lloraba aquella noche. La alta con cabello en ondas que le caía por los hombros de una manera deliciosa. Cuidadosa de que decir, y como decirlo. De labios gruesos y seductores. Labios de otro. Besos de otro. Cuerpo de otro.

    Gruñí lastimado, enterrando la cabeza en mis manos. Reconocí que esto sería más difícil de lo que creía. Había sido tan estúpido para intentar no pensar en ella, mientras me moría de ganas de ir hacia donde sea que estuviese en este momento.

    - Tengo algo que mostrarte - escuché que Holy decía, en tanto tomaba asiento junto a mí en las gradas.

    Levanté la cabeza. No la escuche subir. Ella siempre conseguía moverse silenciosamente a mi lado a través de las hojas secas, al caminar por la facultad; era solo cuestión de oír su voz para saber que estaba contigo.

    Abrió su biblia.

    - Se que lo que me contaste sobre esa chica parece muy feo - dijo Holy, con aire jovial.

    - Dímelo a mí.

    - Pero quiero que sepas que conozco a otro David que también le gustó la mujer de otro hombre - me dedicó una sonrisa antes de continuar - ¿Has escuchado del rey David?

    Con los hombros caídos, me dejé caer hacia atrás. Intentaba entender lo que quería decirme y como se supone que eso me haría sentir mejor.

    - ¿El de la mesa redonda? - pregunté si ánimos.

    - No seas bruto, David - intervino Joe, mientras se acercaba a nosotros - Ese es Lancelot.

    Me resultaba increíble encontrarme hablando de este tema, ahora. Aunque también era increíble que me encontrara en el gimnasio ayudando a Daniel, que Ruth estuviese saliendo con un tipo que le doblaba la edad... en fin. Vamos allá.

    - En realidad fue el rey Arturo, el de la mesa redonda - aclaró Holy con genuina amabilidad - Pero no es de él de quien quiero hablar, sino de el rey David. El que derrotó al gigante.

    - ¿Gigante? - pregunté, para mi sorpresa. Mis ojos se fueron de ella a la biblia que sostenía en sus brazos, y de regreso a ella - ¿Un gigante de verdad?

    - Es fantasia, David - agregó muy seguro Andrew, que subía con Daniel - No existen los gigantes - lo pensó - A menos que sea en Harry Potter.

    - O en Avatar - dijo Joe.

    - ¡No habían gigantes en Avatar! - protestó Andrew, girándose a verlo.

    Joe resopló. - ¡Todos eran gigantes en Avatar!

    - Pues tal vez ahora no existan - explicó Holy, alzando una mano para que no la interrumpiesen - Pero antes. Muchísimo antes de que existiese el primer director cinematográfico de ciencia ficción, ellos si existieron.

    Holy se detuvo profiriendo un sonoro suspiro, de quien se prepara para decir algo importante. Al ver que tenía toda nuestra atención, continuó:

    - La biblia afirma y redacta, que los gigantes fueron el producto de ángeles que desobedeciendo a Dios decidieron bajar a la tierra y vivir como humanos. Casándose con mujeres, y teniendo hijos con ellas.

    Eso me sacó un poco de mi ensimismamiento.

    Andrew hablo por todos cuando dijo en casi un murmullo de asombro: - ¿En. Serio?

    - En serio - contestó Holy resuelta - Pero tampoco quiero hablar de Goliath, ahora.

    - Espera. Me perdí - soltó Joe con ojos apenados - ¿Goliath? ¿Quién es Goliath?

    Todos soltaron sonidos quejumbrosos.

    - ¡El gigante! - protestó Andrew - ¡Pon atención, Joe!

    - En fin - continuó Holy, aferrada a su historia - El rey David se enamoró de una mujer que

    también tenia esposo.

    - El no es su esposo - protesté celoso.

    - Pero si se llama igual que tú - dijo Daniel, dándome un empujón.

    - El punto es - expuso Holy, lanzándonos una mirada a todos a su alrededor - que una mañana, el rey David salió hasta la terraza de su palacio y observo que una hermosa mujer se bañaba justo en la casa que le quedaba en frente - hizo una pausa - Una mujer de extremada hermosura. Y la quiso tener. Aunque esta tuviese marido.

    - No lo juzgo - convino Andrew.

    - Y, entonces, ¿qué pasó? - insistió Joe.

    - Por favor - agrego Daniel - Era el rey, ¿no? ¿Qué mujer no quería estar con el rey? Ya sabemos lo que pasó.

    - Ocurrió que el rey David envió al esposo de la mujer a pelear con sus tropas – explicó Holy, y noté que esta era una etapa crucial en la historia - Y le pidió a su soldado de más confianza que se asegurara de que el marido de esa hermosa mujer estuviese frente a lo mas recio del combate, luego lo dejara solo allí, y así su muerte seria segura y el se quedaría con la mujer.

    Todos reaccionamos con diferentes respuestas al asombro.

    - Genial!

    - Maquiavélico.

    - Sucio, pero efectivo.

    - Pero yo no soy un rey - repuse con malestar - Así que no puedo enviar a la guerra a nadie, ni nada que remotamente se le parezca. Hipotéticamente.

    Aunque de haber podido...

    - Lo sé - afirmo Holy - Y eso es bueno. Porque a Dios no le gusto lo que el rey David había hecho.

    Volví a enterrar la cabeza en mis manos. Esto no tenía remedio. O tal vez yo no tenía remedio. ¿Cómo es que pase a enredarme con esta mujer, sin saberlo?

    No me había dado cuenta de cuánto la deseaba, hasta ahora que sabia dolorosamente que jamás podría tenerla.

    Que alguien que sea lo suficientemente fuerte para sumergir por horas mi cabeza bajo el agua, ¡me lave el cerebro, por favor!

    - Y supongo que sabes porque te conté todo esto, ¿cierto? - Holy profirió una risita burlona.

    La miré por encima de mis dedos, y sacudí la cabeza.

    - Porque no todo se reduce al deseo, David - repuso más seria, como adivinando mis pensamientos - Se que es... bueno, algo un poco difícil para los hombres no pensar solo en sexo, pero puedo asegurarte de que no todo se reduce a eso - me miro con seria profundidad y sabiduría. Jamás la había oído hablarme así. De repente parecía ser mas experimentada de lo que a simple vista daba a mostrar - Y si de verdad la quieres, debes estar seguro de ser lo suficientemente estable y maduro como para ofrecerle seguridad y una base solida que los sostenga a ambos. Tu como el hombre estas en el deber de ofrecérselo. Por el bien de los dos.

    Ok. Tenía que admitirlo. Esta chica conseguía ponerme los pelos de punta.

    -¡ Y todos ustedes que hacen allá sentados! - me sobresalto los gritos de Fol. Estiraba un brazo hacia nosotros. Casi me había olvidado de que seguía rodeado de los chicos del atletismo en las gradas del gimnasio. Creo que a ellos también les pasó. - El tiempo es un factor vital. Daniel, ya relajaste bastante los músculos. Los demás, variaremos el número de repeticiones, las distancias, y...

    Se detuvo en cuanto me vio. Adopto aquella expresión en su cara, que basculaba entre “¿qué crees que estás haciendo?” y “te juro que te golpeare en cuanto se me presente la oportunidad”.

    Una mezcla de rabia, y, bueno, rabia.

    - ¿Qué demonios haces tu aquí? - gruñó.

    - Vine a...

    - Olvídalo. No me interesa que haces aquí, solo quiero que te vayas - escupió agitando las manos - ¡Largo!

    - No lo haré - refute, con voz decidida. Abandonando la postura devastada y colocándome de pie - Soy un águila veterana que da apoyo a los pichones debiluchos. ¿Lo dije bien?

    Los chicos comenzaron a reír pasito, y sacudían su cabeza como si no creyeran que lo había dicho. También podía sentir la tensión en Holy que aun seguía sentada a un lado mío.

    El rostro de Fol se incendiaba de ira, mientras el malestar en sus ojos infundía miedo. Estaba jugando a la ruleta rusa, lo sabía.

    Mi respiración empezó a acelerarse con nerviosismo. ¿Por qué no media las estupideces que soltaba por la boca?

    Fol desvió la vista con desprecio.

    - Haz lo que te dé la gana - dijo, con voz agravada.

    Extrañamente al ser esa una respuesta que no esperaba, se sentía peor al escucharla. La gritería y el insulto eran una mejor reacción de Fol que la peligrosa indiferencia. Esta última siempre te llevaba al frio y horroroso destierro.

    - Posiblemente hay un montón de cosas que debes estar pensando acerca de esa chica – dijo Jon - Pero solo porque tu amiguita religiosa te pidió que te olvidaras de ella, le harás caso? - chilló -¿Así, y ya?

    Jony tenía su espalda contra el carro oscuro de no sé quién. Una buena camioneta, cabía resaltar. Mientras tanto la garganta de Jon no cesaba de emitir sonidos ensordecedores de queja contra cualquier decisión que tomara.

    ¿Para que deje ir a Pride? Al que debí dejar ir era a Jon.

    Ya estaba por anochecer, o había tiempo de lluvia, no lo se... en esta temporada el clima estaba loco y no se sabía nada. Estaba oscuro y nublado, eso era todo. Pero, claro. Eso no nos impedía rondar como sin oficios por la facultad.

    - Creí que tú eras el mas interesado en que yo dejara de verla - refute sin ganas.

    -¿ Y eso qué? – chilló, otra vez - No me hiciste caso cuando yo te lo dije, pero cuando tu amiguita rara de la biblia te lo propuso...

    - Por favor, Jon, cállate, ¿quieres?

    No sabía hasta cuando soportaría esto. Debía conseguirme una novia. Cualquiera. La que sea.

    Lo que fuera, con tal de no pasar más tiempo escuchando a Jony hacer el papel de la esposa celosa.

    Mis instintos y sentidos de depredador, pudieron olfatear el perfume de una mujer. No. Este perfume era diferente. Mi propia mente lo reconocía. Me giré en dirección al aroma, y lo que vi me cacheteo en el acto.

    - Esto tiene que ser un mal chiste - musité, casi al mismo tiempo que jalaba a Jon de la camisa, para que dejara de apoyarse de la camioneta de Ruth.

    La misma que se encontraba a menos de diez pasos caminando hacia nosotros.

    Jon parecía confundido por haber jalado de su camisa con violencia. Estaba a punto de protestar, cuando ella lo interrumpió con altanería:

    - ¿Te importa si te quitas de mi vehículo?

    Jon se dio vuelta para ver quien le hablaba, y no disimulo su estúpida cara inoportuna sorpresa.

    - Claro que no, Lindura - repuso, haciéndose a un lado, y murmurando demasiado alto y vergonzoso hacia mí - ¡Es ella!

    - Lindura - repitió la pelirroja, fingiendo un estremecimiento de asco, mientras hacía sonar la alarma - Ya veo de dónde saca los lindos apodos, Sr. Fling.

    Me abstuve de poner los ojos en blanco. ¿Cada vez que se enojara yo volveria a ser el “Sr. Fling”?

    Un momento... ¿Estaba enojada? ¿Y ahora que hice?

    Me coloque a su espalda mientras ella abría su camioneta.

    - Ruth... sobre esta mañana, bueno...

    - No hay problema - me interrumpió fría - Es mas. Estaba por decirte que no podré seguir ayudándote.

    Di un paso hacia atrás por la conmoción.

    - ¿Qué?

    - Si. Justamente traigo aquí tus... - se detuvo pensativa al ver que no llevaba en sus brazos lo que sea que ella creía que llevaba - Agh! No puedo creerlo. Los tenía a la mano.

    Comenzó a caminar de regreso a los edificios de la facultad. Y yo capte un brusco incremento en mi ritmo cardiaco.

    - Espera... Ruth... - comencé a seguirla.

    Miré a los lados para hacerle señas a Jon de que se fuera, pero una vez mas mi amigo lo había adivinado por si solo. Ya no había nadie mas en el estacionamiento, aparte de ella y yo. Me pregunte por un momento a donde se iría Jon. Pero solo por un momento. Luego ese vestido vaporoso y azul oscuro, pidió a gritos mi atención.

    - Ruth, quieres pararte un momento - intentaba bloquearla.

    - Las tenía en mi escritorio - me esquivaba, hablando para si misma - Como es que se me pudo haber quedado.

    - ¿Qué cosa?

    - Tus exámenes - seguía esquivándome, y caminando - Los traía conmigo, aunque no sabia que estarías esperándome en mi camioneta.

    - No estaba esperándote - estaba ridículamente tratando de evadirte - Y no sabía que esa era tu camioneta.

    - Claro, Sr. Fling. Como sea. Eso no importa.

    - Puedes darme esos exámenes mañana - propuse.

    - No. No puedo, David - al fin se detuvo. Se volvió, y me miro con sus hipnotizantes ojos amarillos - Hoy no asististe a nuestra reunión, y está bien, porque eso me hizo entender que no tengo mucho tiempo para estar fuera de mis compromisos laborales, y que...

    - No puedes. No puedes dejarme - solté como a mitad de una crisis nerviosa.

    - Te buscare a otra persona capacitada qu...

    - ¡No quiero a ninguna otra. Te quiero a ti!

    Uy, eso sonó feo.

    Tras lo cual todo quedo en silencio, y ni siquiera nos habíamos dado cuenta de que había empezado a llover. Sólo el eco de las ridículas palabras que recién habían salido por mi boca cortaron el aire, y me latigaron el estomago.

    Esas palabras tenían mas de un significado para mi. Y seguramente para Ruth también. Lo sacaba por sus ojos abiertos de sorpresa, su estado de shock, y el suspiro trágico que profirió al final.

    Si, es cierto que me enloquecía su boca ligeramente abierta demasiado sofisticada para reír. Su cara pálida con pecas que se regaban desde sus mejillas hasta el inicio de sus pechos. Sus pechos, por supuesto. Redondeados y perfectos. Su cabello rojo, en ondas, y oscuro por la lluvia que ahora la mojaba, y de un brillante naranja a la luz del sol. Esas piernas que desfilaban como dos columnas firmes del templo de la más hermosa criatura. Propagando su perfume a rosas por el ambiente, asiendo que me sintiese como un adicto cada vez que lo percibía de cerca. Pero Holy estaba en lo correcto. Debía ser más que belleza.

    Yo quería mas que eso.

    Porque había tenido en mis brazos a mujeres hermosas por años. Y entre todas ellas Pride sin duda habia sido el premio mayor.

    Pero Ruth significaba algo mas. Lo supe ahora, y creo que ya lo sabía desde hace tiempo.

    Nuevamente Holy tenía razón. Yo no solo quería tenerla entre mis brazos. Yo necesitaba que esa mujer que me veía con ojos grandes y amarillos me amara, también.

    Yo quería más. Más de eso que no comenzaba a entender.
     
  9.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    AHORA PODIA MORIR EN PAZ

    - Tienes que irte, David - susurro la pelirroja, sin intención de sonar convincente.

    Oía el chisporroteo de la lluvia cayendo encima nuestro, pero no me importo.

    - Si, debería. Pero no soy tan fuerte - confesé por primera vez. Para mí, y para alguien más - Porque no sé cómo. Porque mis reflejos son tan rápidos cuando pasas cerca de mí que ...

    - Vete, David! - repuso cerrando los ojos. Ignorando la nueva propuesta. Mi mejor oferta -

    El hecho de que parezca que no hay nadie, ahora, no quiere decir que...

    - No me importa, Ruth - bufe, con desdén, haciendo que abriera sus ojos de golpe - Crees

    que me importa lo que piense tu esposito?

    - Deberías - aseguro. Se paso las manos por el cabello empapado, y soltó el aire de golpe -

    Voy a buscar un candidato perfecto para tus clases, y voy a procurar que obtengas... David!

    Me aleje de ella de regreso al estacionamiento, antes de que pudiese verme completamente

    desesperado.

    No quería esto.

    Si algo nunca había querido era la lastima de nadie.

    Entonces, no entiendo porque me sentí agradecido de que voluntariamente se moviera detrás de mi.

    - David, sé que no... Agh! - la escuche quejarse por algo, a mis espaldas - Tenía que ser en el

    agua.

    Su voz temblaba al borde de la histeria, y algo me decía que habíamos cambiado el tema de

    conversación.

    Me di la vuelta para verla brincando en un pie, mientras intentaba limpiar uno de sus zapatos

    entaconados, y seguía siendo bañada por la imponente lluvia.

    Mi primer impulso fue echarme a reír.

    Me quede viéndola un rato.

    A pesar de que debía parecer graciosa, para mí se veía como una mujer extremadamente

    hermosa.

    Camine hacia ella y note cual era el problema. Frente a ella había un charco con la justa

    huella de uno de sus zapatos caros hundido en el barro.

    - ¡Alejate! - me grito, señalándome con una mano, e intentando no perder el equilibrio - Por

    tu culpa estoy empapada, y sucia, y ahora tendré que ir descalza hasta mi camioneta.

    137

    - Yo no te dije que te devolvieras. Tu lo quisiste - aclare entre risas, saltando el charco para

    estar con ella - Además, vengo a cargarte hasta la camioneta, y así solo estarás empapada y sucia.

    Entrecerró los parpados mirándome con desprecio.

    - Tú decides - me hundí de hombros - Luego no me culpes también de ensuciar tus lindos

    pies.

    Alzo una ceja hacia mí. Reprimí las ganas de seguir riendo. Eso no me ayudaría.

    Se quedo pensando un momento. Y aun mantenía el equilibrio!

    Era impresionante el talento atlético que poseían las mujeres, y no lo sabían.

    Suspiro, y al fin dijo:

    - Ok. Pero solo hasta la camioneta.

    - Que? Piensas que voy a secuestrarte, Bombón? Pues te digo que no tengo intenciones de

    ir a la cárcel.

    Eso me recordó mi primer y último intento fracasado de un acto delictivo. Y debido a que

    tenía que ver con la misma persona con la que estaba ahora, decidí reprimir el incomodo recuerdo

    vandálico.

    La tome por la cintura, levantándola muy fácilmente por las piernas.

    Dio un gritito, y no pude contener la risa, esta vez.

    A lo que me miro molesta, y pare de reír con dificultad.

    Nunca quise que el camino hacia el estacionamiento fuese más largo, hasta este momento.

    El vestido vaporoso estaba completamente empapado, lo que hacía que la pobre tela se le

    pegara al cuerpo y yo pudiese apreciar cada bendito centímetro de todo su fabuloso...

    - Gracias, David. Puedes bajarme.

    Dicho lo cual, la obedecí colocándola en el suelo.

    Al ir bajando, acaricio mis brazos con demasiada presión.

    Vi crecer un brillo en medio del bálsamo que constituían aquellos hermosos ojos amarillos.

    Por un momento, se quedo mirándome el pecho, el cuello, mis hombros, mi rostro.

    Se me acelero el corazón. No quise moverme.

    Corría el riesgo de delatar lo ridículamente novato que me sentía, o peor de que ella se diera cuenta

    de lo que estaba haciendo y se arrepintiera.

    Se paso la lengua por los labios y se ergio a verme.

    Por favor! Esa era una carta blanca en idioma universal.

    No lo pensé mas y me fui por esa boca con la que había fantaseado tantas veces.

    138

    Por el amor de Dios!

    Ahora podía morir en paz.

    Seguramente este era mi propósito en la vida. No tenía dudas.

    Deje de ahuquear su cara para rodearla por la cintura con ambos brazos, y atraerla más hacia mí.

    Mucho mejor. No era suficiente.

    Los dedos de Ruth apretaban mi cabello, y yo la fina tela de su vestido.

    Me sentía lleno. Completo. Enérgico. Vivo!

    Dios, era como si nunca hubiese besado a nadie en la vida, porque definitivamente estaba

    obteniendo mas de este beso que de todas las noches que estuve con cualquier otra mujer.

    Nuestras bocas se juntaban y volvían a apartarse en una lucha extraordinaria.

    Sus manos se paseaban hambrientas por mis hombros, y donde ella me tocaba surgía una ola

    de calor que me recorría el cuerpo hasta quemarme.

    Mi corazón estaba a punto de salirse por mi boca, cuando ella se aparto y entonces yo volví a

    respirar.

    Abrí los ojos de golpe, ligeramente mareado.

    Ella lanzaba miradas nerviosas, alrededor.

    Sus mejillas encendidas, y su expresión era de miedo.

    - Tienes que irte - musito frenética, empujándome para que la soltara.

    Eso me dejo aun mas mareado.

    Es que las mujeres tenían su propio idioma codificado para hablar?

    ¿Qué es eso de te doy el mejor beso de tu vida, y después te despido como a una cualquiera? O en mi

    caso como a un cualquiera.

    Me consideraba un cualquiera?

    ¿Por qué eso no me sonaba tan maravilloso como debería ser?

    - Que? - proteste.

    - Tienes que irte - repitió con insistencia - Ahora! Vete, David!

    - Estas loca? No!

    - Hazlo, David.

    - ¿Por qué? - seguía apoyado de su cintura sin entender nada.

    - Por que Laus puede vernos - chillo asustada - O cualquiera de esos cretinos que trabaja

    para él. David, por favor. Vete.

    Abrí espacio entre los dos, y a pesar de que el beso retumbaba y resonaba en mi cabeza, pude

    comprender más o menos lo que decía.

    - Laus? El decano?

    139

    Ella asintió.

    - No voy a dejarte, Ruth. Mucho menos ahora - dije, recuperando la cercanía. Se me antojo

    imposible separarme - Que me encuentre. No me importa.

    - No seas ridículo, David - protesto ella, distanciándome con sus brazos - No lo conoces. No

    sabes lo que él puede hacerte.

    Es indescriptible lo mucho que eso dolió.

    - Que? Piensas que no soy suficiente para hacerle frente a tu esposito?

    - Escúchate, David! - mascullo tomándome de un brazo - No se trata de un juego de “mi

    carro es más grande que el tuyo” Laus es peligroso, y puede hacerte daño!

    Me solté de su agarre, y retrocedí herido.

    Recuerdan la imagen de su rostro cuando se ven en un espejo empañado?

    Esa era mi visión ahora, y el vapor era mi orgullo.

    Comencé a ver las cosas diferente.

    - David... - canturreo Ruth junto a mí, deteniendo mi marcha - No entiendes. Escucha, yo te

    llamo, ok? Ahora tienes que irte.

    Si. Yo era un cualquiera. Y seguía sin parecerme maravilloso.

    - Seré el amante? - gruñí en un tono de voz chillón que no reconocí como mío - La verdad

    no me importa, pero dime cual será mi tarifa? Porque tendré tarifa, verdad?

    - David!

    - Ok, sin tarifa.

    - Esta bien. Disculpa - dijo parpadeando con sus pestañas largas y seductoras - No quise... -

    suspira - Búscame mañana en el cubículo, ¿te parece? En la tarde. Hablaremos más calmados, pero

    por favor... tienes que irte, ya.

    Imagine la voz de mi madre diciéndome: “No quiero decir que te lo he dicho cientos de veces, pero

    ...”

    Esas serian las mismas palabras que me diría Jon. Aunque más violentas y llenas de insultos.

    Lo podía asegurar.

    No existe un sabor más amargo que el de tu propio orgullo cuando te lo tragas.

    - Ok - cedí.
     
  10.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    Es algo muuuy loco haber esperado más de un año en publicar un nuevo capítulo para esta historia, pero por algo pasan las cosas y tal vez no era el momento para continuarla y ahora sí lo es. Espero con ansias que disfruten el leerlo como yo me lo goce al escribirlo. Nos leemos.
     
  11.  
    Gabrieluchini

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    “El no pide más que nuestro amor a cambio -cosa lógica- y la disposición absoluta a hacer lo que por naturaleza somos capaces de realizar.

    Lo que nos hará bien.

    Felices.

    Eternamente dichosos.

    El me ve ahora y se alegra de que al fin pueda verlo.”

    Sin nombre. (Fragmento)

    EL SEXO DEBIL

    Para una hora, catorce minutos, quince segundos, mis movimientos parecían lentos, pero solo estaba guardando la energía para el final.

    Después de todo, lo más emocionante de una maratón eran los 400 metros finales.

    Entre el sonido de mis pies golpeando el piso con el trote y mi agitada respiración, podía escuchar el murmullo de los espectadores en las gradas.

    Emocionados hasta las lágrimas.

    Era más que obvio que entre las actividades recreativas de la universidad la de mayores seguidores era el atletismo. Sobre todo para las chicas.

    Exhalaba con calma. Inhalaba luego. Mi pecho retumbando sobre las costillas, la adrenalina corriendo liquida y caliente por mis venas.

    A pesar de que por mi garganta subía ese conocido ardor de fatiga y sed, yo no paraba de sonreír desde que salí por la calle 4 y comenzó la carrera.

    Veía a mis compañeros tomando vasos de Dios sabe que bebida energizante de los patrocinantes sin parar de trotar, arrojándolos a la pista luego de vaciarlos.

    Los músculos de mis piernas estaban temblando. Llevaba a mi cuerpo a un nuevo nivel de resistencia, pero no me importaba. Esta maratón me venía a las mil maravillas, a pesar de que era la primera luego de mi rehabilitación.

    Así decidí llamarle a este nuevo proceso en mi vida, porque así lo sentía.

    Me mantenía lejano, disperso, y eso era algo bueno ya que no podía dejar de pensar en que sería lo que me diría Ruth cuando volviera a verla.

    Si es que volvía a verla.

    Sacudí ese pensamiento oscuro de mi cabeza.

    La había buscado. Claro que lo había hecho. Pero desde que nos dimos ese beso en el estacionamiento ella solo me evadía y se escondía lo mejor que podía de mi, como si yo fuese un apestoso monstruo infectado que quisiera comerse su cerebro.

    Fui por ella al departamento al día siguiente, como me lo había pedido. Ella no estaba. Me quede rondando cerca por si había salido y regresaba. No llegó. Estuve rondando las oficinas del tercer piso por más de dos semanas como un zamuro. No la vi. No volví a ver su camioneta en el estacionamiento. Nunca fue a su oficina. Y por supuesto ya no tenía sentido que la esperara en las mesas de Chick entre semanas para estudiar porque seguramente no aparecería allí tampoco, pero como se trataba de mí, si, también fui a parar hasta allá. Nunca fue.

    Esto era asquerosamente desagradable.

    Espantosa agonía.

    No era de estar persiguiendo a nadie, de verdad. Simplemente nunca quise hacerlo porque no tenía sentido estar detrás de alguien que no te quería cerca.

    Entonces, ¿por qué seguía guardando las esperanzas de que viniera al entrenamiento oficial de la maratón?

    Sin decir ni una palabra mientras corría - nadie lo hacía, era una expresión - eche una ojeada a mi lado. Un Daniel acalorado, cansado pero extremadamente feliz me sonrió amistosamente. Lo había visto salir muy despacio del arranque, disfrutando de la prueba y progresando poco a poco. Pecando siempre de ser prudente. Su tobillo mejoró perfectamente justo antes de hoy, contra todo pronóstico fatídico de Fol. Con este entrenamiento lograría pasar a las Adidas Running Day, y dentro de unos años a Fukuoca.

    Me alegraba por él. En serio. Me sorprendí de mi propio altruismo.

    Luego de un rato, comenzó a incrementarse la presión ardiente en mi pecho. Como si hubiesen encendido una hornilla caliente sobre mí. Mis respiraciones ya eran más entrecortadas. Fui bajando la velocidad en mi trote, casi sin que se notara. No estaba acostumbrado a las grandes tiradas de kilometraje. Daniel me rebasó por mucho, trotando tan enérgicamente como a los primeros minutos de la prueba a pesar de que solo faltaban 200 metros. Era evidente que las oraciones de Holy, y las terapias en la fase de entrenamiento le habían surgido efecto. No pasó mucho para que atravesara con orgullo la cinta y el gimnasio estallara en silbidos, aplausos y flashes de cámara. Fui el segundo en llegar, me colocaron la toalla encima, y al rato estuve rodeado de gente que no conocía.

    Me apoyé sobre mis rodillas con real cansancio, sin prestar mucha atención a que me decían los del cuerpo médico mientras recuperaba el aliento. Me levanté para echarme agua sobre la cara. Daniel parecía estar levitando por encima del suelo de la excitación. La corona de hojas ya estaba en su cabeza, y varias personas felicitándolo y atendiéndolo por la victoria.

    Sonreí, sacudiendo la cabeza.

    Pagaría una fortuna para saber lo que Fol estaba pensando justo ahora.

    Recordaba lo bien que antes disfrutaba de la atención de la gente luego del finish, los reporteros, los gritos de la gente emocionada. Todo eso en mi mente tenía que estar importándome ahora. Pero desde que levanté la cabeza hacia las gradas mis prioridades pasaron a ser otras muy distintas.

    Intente enfocar la vista entre el mar de gente que se paraba para irse. La zona VIP quedaba por encima de las gradas. Un salón privado con buena vista de las pistas. Una idea loca se originó en mi cabeza.

    Se trataba de un juego deportivo auspiciado por la universidad. El decano tenía que haber venido. Seguro estaría en el VIP. Ella TENÍA que estar aquí. Si el decano vino, probablemente ella debería haber venido con él.

    Me hice espacio entre la gente que se aglomeraba con cámaras y micrófonos para hacernos entrevistas sin fijarme en lo mas mínimo de lo que estaba haciendo. Sus caras conmocionadas de que los echara un lado con despotismo en vez de rogarle atención. Lancé la toalla a un lado y corrí la pista, esta vez en diagonal mientras llegaba al otro extremo. Por supuesto, ni remotamente pensando en los movimientos que realizaba, y en que por esta simple acción estúpida que hacia podía estar ganándome la expulsión definitiva del equipo, ser vetado de participar en otras competencias, y tirar todo el esfuerzo recién hecho a la basura. Estudiantes fanáticos que vinieron a apoyarnos celebraron cuando salté el borde metálico hacia las gradas y comencé a mezclarme entre ellos mientras subía.

    - Disculpen. Permiso. ¡Perdón! - grité hacia atrás, cuando sentí que le pisaba el cabello a alguien.

    No parecía importarle a nadie, porque seguía sintiendo las palmadas orgullosas en la espalda y las luces de las cámaras en mi cara luego de los selfies.

    Cuando al fin llegue al VIP, me estrellé de improvisto contra uno de los gorilones del decano que instintivamente me bloqueo el paso hacia su Jefe.

    Sentí la tela áspera del saco raspándome la nariz.

    Al dar un paso hacia atrás, no me sorprendió nada darme cuenta de quien se trataba.

    - ¿David? Hacia dónde vas? - Steve me sonrió entre confundido y orgulloso. Tenía un traje fino de corbata y un chaleco en la espalda que decía “Seguridad” - Hombre, te vi en la pista. Estuviste ...

    - Tienes que dejarme pasar, Steve - traté de zafarme del bloqueo - Por favor. Necesito entrar al VIP.

    Lo único que me separaba de verla era una lámina de vidrio en el centro del salón y sabía que eso no era el problema ahora.

    Ella estaba allí. Algo me lo decía. Pero el ceño fruncido de Steve me hizo ver que no me sería tan fácil pasar por encima de él.

    - No creo que puedas, David. Ahí están los directivos de la casa máxima, y aunque seas uno de los atletas no creo que te estén esperando.

    ¿Cómo le hacía entender que si no entraba no volvería a dormir bien nunca más?

    Desde aquel beso en el estacionamiento no paraba de pensar en ella como un psicópata. Me estaba desquiciando para algo de lo que no había remedio esta vez. Entonces cuando me preparaba a argumentar una buena excusa, un celaje rojizo me hizo desviar la mirada hacia los baños a un lado de la cabina VIP.

    ¡Era ella!

    Mi oportunidad.

    - Necesito ir al baño - solté desesperado a Steve que seguía mirándome raro - No te lo puedo explicar ahora. Solo... No iré hasta el VIP, ¿ok? Te lo juro. Solo pasaré al baño.

    Steve siguió viéndome como a un demente, pero en sus ojos vi la comprensión de que sabía que había algo más detrás de todo.

    Hizo una mueca del dolor anticipado que sentiría si lo descubrían luego.

    - Hasta el baño, David - gruño amenazante - Te quiero aquí en media hora. Si no sales entraré y te sacaré. No me importa si estas cag...

    - Lo hare. Gracias, Steve!

    Pasé como una bala por el VIP hacia las puertas giratorias que decían “Damas” “Caballeros”.Casi toda la gente ya se había ido, y nadie usaba estos baños durante las competencias. Algunos ni siquiera sabían donde quedaban. Y dudaba mucho que alguno consiguiera esquivar a Steve para pasar.

    Eso era perfecto ahora.

    Sin embargo, tuve miedo de empujar la puerta que decía “Damas” y escuchar luego grititos femeninos de horror. En vez de eso toque dos veces.

    - Ocupado - escuché la voz de Ruth desde adentro.

    Esa fue una luz verde para mi arrebato de locura.

    Atravesé la puerta con determinación, y para mi sorpresa solo estaba ella haciendo muecas raras con sus labios frente al espejo. Se giró en el acto y se quedó mirándome con asombro. Una mano se quedó congelada hacia arriba aun con su lápiz labial entre los dedos.

    - ¡Estás loco, David! - medio gritó - ¿Qué..? Me diste un susto de porquería. Creí que se trataba de algún violador!

    - ¿Con ese gorilón cuidando allí afuera? ¿En serio, Bombón?

    Cualquier intento de cubrir mi euforia de volverla a ver fue un soberano fracaso. Ella, en cambio, se apoyó con ambas manos sobre la repisa donde descansaba el espejo, agachó la cabeza y dio un sonoro suspiro.

    - No podías.. solo dejarlo, ¿no? - dijo como hablando para si misma. Eso me dolió.

    - ¿ Querías que lo dejara? - mis cejas se alzaron - ¿Así, y ya?

    - ¡No! O si ¡No sé!

    En un primer momento me había sentido un poco inquieto al respecto, no muy seguro de querer saber lo que respondería. Pero, en estos momentos todo parecía necesario y adecuado. Yo necesitaba una respuesta. Que me sacara a patadas y me echara a los leones, o que me besara otra vez y saliera de allí conmigo. ¡Lo que fuera! Necesitaba algo. Un cierre. Un inicio. Cualquier cosa.

    Cuando empecé a acercarme hacia ella, se enderezo.- Ruth...

    - Tú no deberías estar aquí, David - Desvió la vista hacia la puerta detrás de mi. Se rehusaba a mirarme - Yo debería decirte...

    - ¿Qué? ¿Que me olvide de todo? Debiste dejarlo claro en el estacionamiento, Bombón. Yo me habría ahorrado los viajes al tercer piso.

    - Lo sé - musitó.

    Respiré hondo. Me moví hacia ella, mirando sus pestanas largas. Sus ojos amarillos al fin dieron conmigo. Pude ver tantas cosas reflejadas en su mirada, que no conseguí comprender ninguna. Me quedé justo frente a ella. - Pero no lo dirás, ¿verdad? - aventuré.

    Se quedó mirándome por un momento. - Debería - musitó, y pude ver el conflicto al que se enfrentaba.

    Esto era una estupidez. Ella no estaba enamorada del decano. O al menos ya no. Era tan claro para mí ver eso, ahora. ¿Cómo es que para ella no lo era?

    Cerró los ojos con frustración.- No sé lo que estoy haciendo, David.

    - Yo tampoco, y ¿a quién le importa?

    - ¡Claro que importa, si importa! - Se removió incomoda.

    Y tenía razón. Solo no quería admitirlo en voz alta para los dos como lo hacia ella.

    La miré. No podía tener más de 22 años, pero no actuaba acorde a su edad. Su cara lisa y jovial no encajaba con el ceño fruncido y los gestos de preocupación. Como todo en mi vida, yo no acababa en las cosas más fáciles. Y Ruth venía siendo una de esas cosas por las que tendría que rasguñar.

    La sostuve con cuidado de los brazos, y ella se echó hacia atrás. Volví a recuperar el espacio, pero esta vez sin tocarla.

    - ¿Por qué sigues con él?

    Clavó sus ojos en mi, alarmada. Como si en vez de decirle algo muy notorio le confesara el mayor de los secretos.

    - Es obvio que no lo amas. Entonces que te impide dejarlo, ¿por qué sigues con él?

    Soltó una risita filosa. Amarga. Nada alegre.- ¿Piensas que rescataras a la princesa del ogro y seremos felices por siempre, David? No seas inmaduro.

    No sé que intentó decir con eso. Era lo más estúpido que había oído.

    - No te pregunte eso - repuse.

    Miró hacia la puerta, otra vez - El baño no es el mejor lugar para hablar esto.

    Esta vez fui yo el que rio con ironía.

    - Déjame adivinar. ¿Quieres que te busque mañana en tu departamento?

    Seh, como no.

    Se cruzo de brazos.- No lo entenderías.

    - Yo creo que sí.

    Justo ahora podría venir Steve y un ejército si querían. Nadie me sacaba de este baño hasta que Ruth terminara de explicar su exasperante bipolaridad y yo pudiera reposar con un poco de tranquilidad mental después de dos semanas de podrido estrés emocional.

    Se fue caminando hasta la puerta, trancando con seguro. Luego se alejó hasta la pared más lejana y se apoyó de espaldas para verme. Yo la seguí hasta quedar frente a ella, nuevamente.

    Trago grueso. - Mis hermanas y yo quedamos solas con mi madre. Ellas decidieron irse sin importar que no teníamos ni siquiera donde vivir. Da igual. Nunca más las volvimos a ver - relataba rápido, como si le desagradara detenerse en los detalles. Me miró. No supe como leer su expresión – Entonces, quedé solo yo para ella. Y estudiando aquí conocí a Laus. En un buen momento. El mejor momento. Se estaba postulando para decano. A él parecí gustarle, y dejó a su novia de turno por mí. Mi madre se murió al año. Ya no pude alejarme, y al parecer él tampoco quiere dejarme ir - suspiró con la más triste y cargada fatiga - Estoy atrapada.

    - Y, ¿por eso sigues con él?

    - ¡¿Qué querías que hiciera?! – masculló con ojos vidriosos.

    Me hizo recordar la primera vez que la vi. Tirada en el suelo. Intentando matarse. Golpeada. ¿Él la habría golpeado? Y la vez que suspendió la clase por sus moretones. También habría sido él? Esto era peor. Mucho peor de lo que yo creía. Ella se estaba acostando con un hombre que prácticamente la tenía secuestrada por cuidar a su madre, y ahora lo seguía haciendo por temor a que tomara represalias.

    - Entonces es por miedo.

    - Es más que eso, David - se cubrió la cara con las manos - Es una deuda.

    Dios, esto era horrible. Sin embargo, - no me mal entiendan- pero no podía negar la brisa de aire fresco que aspire hasta mis pulmones al saber que ella no lo amaba.

    No lo amaba.

    Ella solo estaba tan atascada como yo lo estuve una vez antes. Eso era mejor que saber que ella lo amaba.

    Mucho, mucho mejor.

    ¡Porque ella no lo amaba!

    Oh, Dios, que bien se sentía esto.

    - Lo siento, David - dijo sacudiendo la cabeza enfáticamente, mientras bajaba las manos. Algunas lágrimas se habían derramado. Tal vez no debería decir esto ahora, pero...

    - Yo no - le dije dando un paso hacia ella, y tomándola de la cara para besarla.

    Luego de tomar sus labios y notar su reacción, me hice espacio dentro de su boca rápidamente en cuanto no encontré resistencia de su parte. Sentí sus uñas enredándose en mi pelo, atrayéndome hacia ella. Así que pase mis manos de su cara hasta envolverlas en su cintura. Cada disposición deseosa de su cuerpo en cada roce era una aprobación de lo que ella sentía por mí. Aun no sabía lo que era eso, pero el comienzo era bueno.

    - Esto... esto está mal, David - dijo ella respirando con dificultad.

    ¿Que había dicho? ¿Mal? ¿Cúal parte?

    - No me importa - moví mi lengua con más ímpetu en su interior, reafirmando lo dicho.

    - Es una locura - soltó en medio de un gemido.

    - Lo sé.

    Sus dedos se apretaban a lo largo y ancho de mi espalda. Yo estaba en el bendito cielo. Alzó la cabeza, dándome espacio valioso de su cuello.

    - Tienes que irte - susurró urgida.

    Me aparté un poco. Lo suficiente para mirarla. - ¿Quieres que me vaya? Dilo.

    Se tomó un segundo para controlar la respiración. - Vete - susurró contra mis labios - Debo volver con Laus.

    Sus palabras me dejaron tieso. Atravesándome como un hielo frio. ¿Así se sentía un corazón roto?

    - Ok - me aparté con brusquedad, haciendo lo que me había pedido.

    No recordaba cuando me había sentido más molesto en la vida.

    Me alejé de ella hasta la salida. La ira hirviendo dentro de mí. ¿No se supone que no lo amaba? ¡¿Por qué quería regresar con él, entonces?!

    ¿QUIEN LA ENTENDÍA?

    Las mujeres. El sexo débil. Sí, seguro, por eso es que irónicamente tienen la monstruosa fuerza para hacernos pedazos la vida una y otra vez. Hasta ahora no había pensado en que tal vez se trataran de una especie de karma que los hombres teníamos que pagar por todos los pecados cometidos en nuestra vida.

    No podías vivir sin ellas. Pero, ¡sorpresa! Tampoco se podía vivir bien junto a ellas.

    De eso se trataba, ¿no?

    Ya ni sabía lo que estaba diciendo.

    Me detuve antes de salir. Siempre viendo a la puerta. Si me giraba a mirarla, ver esos ojos hipnóticos, sería mi genérico de kriptonita, estaba seguro.

    - Te darás cuenta de que cometes un error - Dije hiperventilando. Mis manos temblaban alrededor del pomo de la puerta - Y yo estaré esperando a que lo hagas.
     
  12.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    EL PEOR DE LOS IDIOTAS.

    Cuando el reloj empezó a dar la hora de culminación del almuerzo, y llevaba siete horas trotando como un lunático sin descanso, escuché mí propia voz hablando. Nuevamente.

    - Soy un estúpido - dije con dificultad al gimnasio vacio -. Todo iba bien, y tenías que... Sacudí la cabeza. El sudor de mi cabello salpicó mi cara.

    Le di otra vuelta a la pista. Aumente la velocidad del trote. Nunca era suficiente.

    - Estúpido - gruñí - Tienes. Que. Dejar. De. Pensar.

    Imposible. Lo sabía. Pero nada me quitaba seguir intentándolo.

    ¿Qué otra cosa podía hacer?

    Al menos el trote servía. De mucho, en realidad. Aunque sabía que en cuanto dejara de correr mi descontrol mental abriría su gran pancarta de “Bienvenido a la realidad” Me aterrorizaba ese momento. Sobre todo después de haberme hecho parte del club de los psicópatas de los constantemente me burlaba antes.

    Ruth me había botado. Se podría decir que prácticamente me había dicho que prefería estar con un idiota al que no amaba solo porque no confiaba en que yo podía protegerla, ayudarla, o como sea. En otras palabras: No era lo suficientemente bueno para ella. Y dolía. Pero, ¿qué hice yo? En vez de olvidarla para siempre y darme cuenta que desde un principio esa historia no tenía un buen final, yo tenía que seguirme atormentando por ella y continuarla acosando como un maniático por los pasillos como un enfermo violador. Genial. Estuve a punto en dos ocasiones de que me descubriera espiándola ¿Y eso me detuvo? Por supuesto que no. No para mí, el enfermo acosador.

    Dejé de ir a clases, de comer, de ejercitarme, hasta creo que enfermé una noche. Fiebre. Pero tampoco me importó. En una ocasión la vi salir del brazo del imbécil del decano y estuve a punto de ir y contarle lo que ella me había dicho, que no lo amaba a él y que conmigo era con quien quería estar. No me importaba nadie que me viera explotar como un loco. No me importaba nada, en absoluto. Todos podían morirse si querían. La chica que yo quería me botaba por otro que no amaba. Por suerte, Jon me detuvo sosteniéndome a la fuerza contra una pared, porque sería el acto más estúpido que habría hecho por... por nada.

    Di un respingo cuando de la oscuridad resonó el chillido repentino del silbato de Fol trayéndome al gimnasio nuevamente. Me advertía que me detuviera. Ya lo había notado desde hace cuatro horas que entró a su oficina esta mañana con James. Al ser los finales del semestre al maestro Spitz lo veíamos cada vez con menos frecuencia, y ni siquiera eso me hizo dejar de trotar. Ellos habían pasado de largo sin prestarme la mas mínima atención, claramente fingiendo que no veían como trotaba igual a un maniático por la pista, pero yo ya tenía mucho tiempo entrenando con Fol como para saber que nunca se le escapaba nada. Ni siquiera si lo hacía a propósito. Su anterior molestia por no acceder a representar a la universidad en la Adidas Running Day menguaba con el pasar de los días. Notar que mi idea de que Daniel participara no era del todo descabellada, y él lo sabía. Sin embargo era de Fol del que estábamos hablando, así que no es como si hubiese cambiado mucho. Se trataba más como una brisa suave de cambio que de un viento común. Pero yo estaba envuelto en mi propia ráfaga de dolor, así que ya no me importaba nada de nada más.

    Perfecto. Eso sí que sonó masculino.

    Escuché otro silbato más fuerte y prolongado.

    - ¡Ey! Deja de portarte como un loco, David, y ¡trae tu estúpido trasero hasta aquí!

    No quería detenerme, pero la paciencia de Fol era algo con lo que no se podía jugar mucho. Ya había agotado mis reservas de bravuconería así que no podía arriesgarme. Me detuve de mala gana. Casi sin poder respirar. Me sentía peor que en la maratón. Así que en vez de ir hacia Fol me tiré sobre la pista. ¡Que pensara lo que le diera su gana! Apoyé los brazos sobre mi cara en tanto se normalizaban los latidos de mi corazón y mi alocada respiración.

    Esto me estaba volviendo loco. Esto estaba acabando crudamente conmigo. ¿Qué me había hecho esa mujer? ¡Por Dios! Ruth. Maldito el día en que te conocí.

    Tal vez no debí haber hecho nada por ella. Tal vez no debí continuar aquellas clases. Tal vez... Por favor, ¿A quién engañaba? De haber tenido la oportunidad de volver a hacer todo, no lo habría dudado ni un segundo en repetir exactamente lo mismo. Cualquier cosa para haber llegado a ese beso. A sus caricias. A su olor.

    Gruñí sentándome de golpe, sujetando mi cabeza con ambas manos. Casi me sentía tan vulnerable como el día en que mi madre murió. No me gustaba esto. No me gustaba nada de toda esta basura. Volví a sentir las lágrimas picando en mis ojos.

    - ¡Oye! - escuché los pasos de Fol acercándose hasta la pista - ¿Qué te pasa? - Hice el intento de pararme, pero Fol me sostuvo del hombro impidiendo que me elevara más de unos centímetros del suelo. Se acuclillo frente a mí. - David - habló con un tono irritante de preocupación.

    Le di la espalda, y volví la cabeza rápidamente para que no me viera. Era estúpido que me viera haciendo un drama. Colocó una mano sobre mi hombro. Habría jurado que aquella era la demostración más sincera y afectiva que le había visto a Fol en todo este tiempo, y lo único que quería era apartarlo de un solo golpe. Me contuve. Volví a hacer el intento de pararme y no obtuve resistencia esta vez.

    Bien. Todo esto era un asqueroso tornado de dolor.

    - El semestre terminara en una semana, hermano. ¿Puedes resistir una semana sin hacer ninguna estupidez? - gruñó Jon, con un cigarrillo sin prender en su boca - No pierdas la cabeza por eso, ¿ok? Los 100 metros valen más la pena que esa tipa loca.

    No supe en qué momento, pero mis manos fueron a dar al cuello de Jon mientras lo empujaba bruscamente hacia la pared de uno de los pasillos de la planta baja de la facultad. Las personas a nuestro alrededor se quedaron viéndonos.

    - La vuelves a llamar así y te pego la cabeza contra el suelo. Lo juro - le escupí con rabia.

    No me reconocía. Y lo peor. Jon no estaba poniendo ningún tipo de resistencia.

    Lo encontré esperándome afuera del gimnasio. No sabía cuánto tiempo tenia esperando allí, puesto que llevaba casi todo el día corriendo por la pista. Y aun así ahora estaba pagando toda mi frustración con él, y Jon en vez de lanzarme un puñetazo solo se quedaba viéndome con tranquilidad.

    Algo se movió a mi lado.

    - ¡David! - el terror invadía los ojos de Holy, llevándose por delante su timidez y cualquier rastro de su característica alegría. Su mirada iba hacia mis manos en el cuello del apretujado Jon. Lo solté, sin disminuir mi enojo.

    - ¿Qué te pasa? - comenzó a decir Holy alarmada - ¿Por qué ..?

    - ¿Qué quieres, Holy? - le gruñí. No estaba de humor.

    Definitivamente hoy no estaba para sus sermones de “todo estará bien” Ni siquiera sabía cómo fue que pude comerme ese cuento por tanto tiempo.

    - David - Holy continuó más seria - No sé qué ocurre, pero ...

    - Vienes hasta aquí, y comienzas a decirme ¿qué? Que Dios me ama, blah, blah, blah Luego te vas y ¿eso lo arregla todo? - me reí - Por favor, Holy. ¡No me conoces! ¡Ni siquiera sé porque te molestas en seguirme a todas partes! Crece y date cuenta de la cruda realidad. Y si no quieres, entonces vete a molestar a otra parte y déjame morirme en paz.

    En cuanto terminé supe que me había portado como un idiota, pero ya lo había dicho. El daño estaba hecho. Estuve a punto de disculparme en cuanto vi los ojos llorosos de Holy. Nunca le había hablado así a ninguna mujer desde... desde la última discusión que tuve con mi madre. Holy solo se dio la vuelta y se perdió rápidamente entre la gente que iba de un lado a otro por la universidad.

    Como Jon había dicho estábamos a una semana de terminar el semestre y las personas se volvían un poquito locas en estas fechas. Aunque en mi caso, la locura se debía a otra cosa. Y comenzaba a salirse todo de control. Me pasé las manos con desesperación por la cabeza. Evitaba hacer contacto visual con Jon que seguía pegado de la pared porque me sentía una bomba a punto de estallar. Cualquier movimiento en falso podía dejar a muchos heridos a mi alrededor. En vez de eso, comencé a caminar sin rumbo lejos de todos.

    - ¡Dave! - escuché a Jon a mi espalda.

    Le hice señas con la mano de que no me siguiera, y él lo entendió.

    ¿Cómo puede cambiarte la vida así? ¿Cómo es que dependía tanto de ella que ni siquiera me di cuenta? Eso no tenía sentido. Me gustaba. Mucho. Pero todo lo que sentía, toda esta ira contenida iba más allá de no poder tenerla. De que se burlara de mí, y prefiriera estar con el estúpido decano de porquería solo porque el tenía mas ceros en el banco que yo. Ella no era así. Y yo tampoco lo era. Mi vida no podía girar en torno a la suya. Eso era ridículo. Infantil. Se lo critiqué tantas veces a Pride y ahora yo hacía lo mismo que ella. Nunca me detuve a pensar en lo que ella podía estar sintiendo. Tal vez me merecía sentirme de este modo. Un castigo por lo que le había hecho sentir a tantas mujeres. Incuso a Holy. Aun no entendía porque la había pagado con ella así, de todas maneras. Posiblemente solo apareció en el momento menos oportuno. Me odiaba por haberla tratado así.

    Quisiera decir que al día siguiente todo mejoró, pero sería una desesperada mentira. Después de ese día, volví a sentirme vacio al despertar en el viejo colchón de la cueva del terror. Solo. Seguramente porque Dios estaba molestó conmigo de nuevo por ser un bastardo y me abandonó, como todos los demás. Y como un eco a mis pensamientos, justo cuando buscaba un boxer limpio luego de ducharme mis dedos sintieron el plástico de una caja de cigarrillos que no había tocado desde casi un mes atrás. Ni siquiera recordaba que estuviesen allí. Ya hace mucho que no sentía la ansiedad, ni el deseo de probarlos... hasta ahora. Tal vez esto ayudara. Lo habían hecho una vez atrás, así que podrían seguir funcionando. De todas formas era la mitad de una caja, así que no habría problema con que afectara mi rendimiento para los 100 metros de solo unos días. Después de todo, tampoco es que estaba tan disciplinado con los entrenamientos ultimadamente. No lo encendí en el instante. Me tomé mi tiempo. No sabía si Jony vendría a buscarme para ir a la universidad, así que me fui en la moto y lo encendí al llegar. Fue extraño lo increíblemente ajeno que se sentía el sabor amargo del Marboro en mi boca. Casi lo arrojaba la primera vez. No me daba el mismo placer de antes. Hasta sentía estúpidamente que no debía estar haciéndolo. Inclusive me sentía paranoico de que la gente me viera fumar, así que lo acabe antes de pisar la facultad. Ridículo, de verdad. ¿A quién le importaba lo que hiciera con mi vida? Y fue cuando tomé la caja de mi bolsillo, y saque otro cigarrillo para colocarlo en mi boca que vi a Pride tomándose un jugo en uno de los locales cercanos a los de Bass y tuve la loca idea de acercarme y... ¿y qué?

    Fue ahí cuando me sentí como el peor de los idiotas.

    ¿Qué se supone que estaba haciendo?

    Tiré el cigarrillo junto con la caja a un bote de basura, y de igual manera caminé hacia Pride. Esta vez con mejores intenciones.
     

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