Fantasía El príncipe y la caza recompensas

Tema en 'Relatos' iniciado por Firwe, 8 Noviembre 2021.

  1.  
    Firwe

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    Aries
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    Escritor
    Título:
    El príncipe y la caza recompensas
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1753
    Continúan las noches de taberna de nuestro amado juglar. Lo vuelvo a utilizar para traerles otro cuento del tipo fantasía medieval. Aunque esta vez parece que ha cometido un error.

    Como siempre, espero su ayuda para corregir redacción y errores xD


    Este amanecer les contaré sobre​
    El príncipe y la caza recompensas


    Levanten sus copas y jarras y repitan conmigo: ¡Viva el príncipe Hon! ¡Viva!

    No podemos terminar mi última noche aquí sin narrar una historia sobre nuestro amado príncipe. ¡Viva el príncipe!

    Me parece claro que su alegría viene, además del vino y del licor, de hablar de nuestro futuro rey. Asumo que conocen aquella historia del ejército rebelde. ¿La conocen? ¿Igual quieren oírla? Intentaré resumirla. Me perdonarán si desvarío, estoy tan borracho como ustedes.

    Érase hace poco tiempo un estúpido señor feudal, un avaricioso que quería quebrantar nuestra paz de cien años. ¿Su motivo? Quería más poder y más tierras. Decía de sí mismo que era el elegido por la Tríada, ¡un delirio!

    Para solucionar esto, Hon podría haber enviado a un batallón, a los mejores guerreros, pero no, fue él en persona. El horrible señor feudal vio arribar al príncipe, lo vio del otro lado de las rejas del castillo y se le rio desde lo alto de la torre de vigilancia.

    —¿Qué hará el príncipe solo? Yo, que tengo un ejército aquí ¿Cómo pretendes vencerme? —presumió el sujeto que había contratado mercenarios, bandidos y piratas para protegerse; al parecer, su plan era comenzar su expansión cuanto antes.

    Como respuesta, Hon, parado frente al puente, a manera de burla se puso a contar a sus rivales. ¿Cien? No, ¿Mil? Tampoco. Eran cinco mil. El príncipe suspiró, no de miedo, no de tristeza, no de preocupación, sino que suspiró de alivio.

    —¿Qué harás para atravesar el foso y las murallas? ¿Qué harás para vencer a mis soldados? —preguntó el señor feudal, estaba disimulando su preocupación.

    El príncipe inició su ataque: desapareció, en la nada se desvaneció. Seré más preciso: Hon se teletransportó.


    «¡Está por allá!» uno gritó,
    «¡Está acá!» otro exclamó,
    «¡Yo huiré!» el soldado aulló.


    Un golpe, un salto y otro golpe,
    Hon la muralla atravesó,
    y con mucha elegancia dio,
    Un golpe, un salto y otro golpe.


    «¡A todos nos vencerá!» uno gritó,
    «¡Su cuchilla afilará!» otro exclamó,
    «¡Escapen todos ya!» el soldado aulló.



    Hon se teletransportó de un rincón al otro y dio cortes precisos, y en cuestión de minutos acabó con todo a su paso. El señor feudal entendió que había perdido y rogó por su vida. ¡Sí, eso mismo! ¡Abucheen al perdedor! ¡Viva el príncipe Hon! ¡Brindemos por él!

    Y quienes quieran visitar al noble avaricioso, sigue preso en la Capital.

    ¡Bien! Como les dije, ¡esa no es la historia que quiero narrar! Porque nuestro príncipe siempre, siempre gana, nunca pierde una pelea, donde sea que vaya él combate y triunfa… excepto aquella vez.

    Voy a contarles sobre la única vez que nuestro príncipe Hon fue derrotado.

    ¡No, no! ¡Esperen! ¡Bajen sus espadas y dagas! ¡Escúchenme primero! Escuchen esta historia y al terminar, si aún no les convence mi relato, tendrán mi consentimiento para colgarme. Es más ¡Yo mismo me ataré la soga al cuello!

    Tranquilos, eso es, bajen las ballestas, tomen de sus copas y óiganme.

    Para quienes no lo sepan, además de ser el jefe del ejército real, Hon también es el líder de una organización de guerreros no tan secreta cuyo nombre no sabemos. Tampoco sabemos con certeza quiénes forman parte; hay rumores que afirman que son ocho miembros, incluidos en ese número el hermano bastardo del que poco se conoce y la hermana a la que todo el mundo teme.

    Hay dos cosas que sabemos. Por un lado la organización posee un símbolo que combina un sol y una luna, un símbolo que el príncipe muestra con orgullo en su cinturón; y por otro lado, sus miembros portan armas sinigual forjadas por el mejor herrero de nuestro continente.

    Hon lleva consigo dos dagas con mango de oro, tan filosas que el más mínimo movimiento obliga al viento a silbar. ¡Se imaginarán cuánto valen esas dagas! ¡Con una sola podrían tener dos vidas de lujos y mujeres, u hombres, o ambos!

    Necesito que hagamos una pausa mientras me traen más vino. Perdón.

    Ya, gracias. Y en mi última noche aquí les contaré esta historia que empieza en un baile, en uno de esos bailes a los jamás nos invitarán, de esos a los cuales los guardias asisten para pararse por horas frente a una puerta y nada más, de esos que a las jovencitas de la esquina o a los jóvenes detrás de mí les encantaría colarse.

    Nosotros no somos bienvenidos allí, somos pobres. Solo los príncipes, las princesas, los reyes y reinas, los nobles, los altos cargos y los guerreros honoríficos, solo ellos pueden estar, bailar y danzar al compás de la música fea que tocan los músicos acomodados.

    Un, dos, tres cuatro… un, dos, tres cuatro.

    Y peor aún: era de esos bailes con máscaras. Baile de máscaras. Que déjenme contarles un detalle, estos bailes se hacen para comprobar la lealtad de los señores feudales, algún otro día y si no me cuelgan les contaré el porqué de esto.

    ¡Y Hon estaba tan aburrido! Y había que bailar y bailar sin parar. Ni bien reconocieron al príncipe, más lo molestaron; e incluso se hizo una fila de princesas obligadas por sus padres. Un vals con una chica de los reinos del norte, otro vals con una fauna del este; después dos enanas que no cuidaban sus palabras, y al fin la elfa ceniza.

    ¡Oh, por la Tríada!

    Debajo de una máscara blanca había una elfa de piel ceniza y ojos esmeralda, de larga cabellera negra y una figura que parecía tallada por el más grande artista de nuestra era. Tal belleza externa atrapó de inmediato a nuestro príncipe, quien terminó de enloquecer tras lo que ella le dijo al oído.

    No, no sé qué le dijo. ¡Lo siento, no lo sé, en serio! Es decir, bailaron muy apretados y se murmuraron el uno al otro, nadie pudo escuchar esos murmullos. ¡Eso no detendrá nuestro relato!

    Ella se reía con un sonido cautivante, se movía como una gacela y su mirada era punzante. Otra princesa, celosa, apresuró su turno y obligó un cambio de parejas. La elfa ceniza se retiró, desapareció del baile de máscaras y es aquí donde está el punto de quiebre.

    ¿De dónde vino? ¿Quiénes eran sus padres? ¿Quién la invitó? Si no era invitada, ¿cómo entró? ¡Oh! La curiosidad fue la mejor arma que la elfa pudo haber utilizado contra nuestro príncipe.

    La fiesta terminó, los días pasaron, Hon no podía dejar de pensar en esos irises verdes. Preguntó a su padre, preguntó a sus amigos, a sus allegados, incluso visitó a algunos nobles en busca de información. Idealizó tanto a la elfa que al hallarla en la Plaza de los Castillos, no por casualidad, no pudo contener su emoción.

    Empezó una bella historia entre ellos, se reencontraron cada dos o tres días, comieron juntos, bebieron juntos, pasaron noches apreciando las estrellas, fueron a espectáculos, se citaron de manera oficial y clandestina, semana a semana pasaron más tiempo el uno con el otro.

    Hasta que llegó el fatídico día.

    Hon invitó a la elfa al castillo, pensaba presentársela a su padre.

    —¡Papá, he aquí una digna pretendiente! —Hubiese dicho, pero antes de que suceda esta reunión, la pareja se detuvo en el lujoso cuarto del príncipe.

    —¿Me esperás? Debo hacer algo antes —dijo Hon y se retiró.

    La elfa volteó y allá en el fondo, al lado de la cama, sobre una mesita, en una caja acolchonada, ella vio las dagas de oro. ¡Era obvio que la elfa era una mentirosa! Desde un principio había articulado un complejo plan cuyo último objetivo era hacerse con las armas del príncipe.

    Los poquísimos juglares que se animan a contar esta historia, cantan que cuando la elfa puso sus dedos sobre las dagas dudó de robárselas ya que no quería decepcionar al príncipe, ¡y eso es mentira!

    Como caza recompensas que era, lo que pasó fue que la maldita quedó deslumbrada por la belleza del tesoro, gastó su tiempo apreciando los detalles dorados en lugar de huir. Su propia codicia le jugó en contra, y gracias a eso, Hon entró a la habitación y descubrió la verdad.

    ¡Qué pena habrá sentido nuestro amado príncipe!

    La caza recompensas aprovecho el desconcierto y actuó rápido, utilizó su magia y creó un denso y pegajoso charco de tinta bajo los pies del príncipe. Sí, escucharon bien, charco de tinta, uno tan espeso que era muy difícil siquiera levantar un pie.

    Con ventaja, la elfa saltó por la ventana y se ayudó con una cuerda también hecha de tinta. Huyó por los patios del castillo, derrotó a los guardias con facilidad, atravesó las defensas del castillo y escapó de la ciudad. Parecía haber tenido éxito en su empresa hasta que de un salto; escuchen bien: de un salto Hon se teletransportó, viajó hasta las afueras del poblado, alcanzó a la ladrona y ¡la derribó!

    En este segundo encuentro la mujer reveló su naturaleza original. De su cabello brotó una gran cantidad de tinta, tinta que le pintó dibujos de variadas formas y colores en toda la piel. ¿Quién era esta elfa? ¿Qué clase de poderes tenía? Se trataba de una ladrona de cabello azul con tatuajes mágicos sobre todo su cuerpo. Era obvio, se trataba de Kaera, la famosa caza recompensas.

    ¿Nunca han oído de ella? Siempre hay una primera vez.

    ¡Los dos guerreros intercambiaron ataques y habilidades! Y como ya saben, nuestro príncipe es invencible, recuperó sus dagas y colocó el filo sobre el cuello de la caza recompensas. Kaera, sin embargo, logró huir dado que Hon no pudo dar ese corte.

    La caza recompensas sigue prófuga, la vida del príncipe continuó, y todo volvió a la normalidad. Ahora permítanme este trago largo, lo que sigue es muy triste.

    Si Hon venció y recuperó sus dagas, ¿por qué al principio les dije que perdió? Perdió porque se había enamorado de Kaera, perdió porque su corazón se rompió durante la batalla… y hasta el día de hoy él sigue pensando en ella.


    …¿Por qué me miran así?
     
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  2.  
    luigipadovano

    luigipadovano Iniciado

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    Muy buen relato es emocionante y narras muy bien
     
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