One-shot de Pokémon - Después del aterrizaje

Tema en 'Fanfics Terminados Pokémon' iniciado por Allister, 18 Agosto 2019.

  1.  
    Allister

    Allister Caballero del árbol sonriente

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    Escritor
    Título:
    Después del aterrizaje
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3391
    1​

    La despedida fue dura para Serena. Era cierto: después de aquel beso, el corazón le había latido a mil por hora y el mundo se había transformado en un paraíso donde todo era posible. Pero la realidad era otra. Y ahora que estaba sola, no podía evitar que la tristeza la embargara.

    Quizá nunca volvería a verlo; era momento de afrontarlo. Y aunque había jurado que regresaría, y que él era su objetivo, solo Arceus sabía cuánto tiempo tardarían ambos en cumplir sus sueños, y si el destino sería tan generoso como para reunirlos de nuevo.

    Serena pensaba en todo aquello mientras contemplaba, a través de la ventana del avión, la inmensidad del océano de Hoenn. Apenada y triste, llegó a la conclusión de que era mejor no hacerse ilusiones y dejar que fuera el tiempo quien se llevara aquel sentimiento.

    2
    Él estaba recostado en su asiento del avión, meditabundo y con un atisbo de sonrisa en los labios. Pikachu dormitaba sobre sus piernas, totalmente ajeno a las preocupaciones y alegrías de su entrenador.

    Ash no sabía exactamente cómo sentirse. En su interior, las emociones eran un vórtice desatado y furioso. Por una parte, se sentía feliz; cerraba los ojos y recordaba el suave tacto de sus labios unidos a los de ella, y la chispa eléctrica que le había recorrido el pecho hasta extinguirse en su estómago como un agradable vértigo.

    Por otra, al abrir los ojos y descubrirse solo en el avión, de regreso a casa y sin ella, la tristeza lo envolvía.

    Jamás había reparado en aquellos detalles mientras Serena estuvo a su lado y ahora, dolorosamente tarde, lo comprendía todo: las mejillas ruborizadas cada vez que él la rozaba por casualidad, el tartamudeo y los nervios cuando estaban a solas, las miradas furiosas cada vez que Miette lo tomaba del brazo. Toda aquella ceguera estúpida se había desmoronado de golpe con aquel beso.

    Se llevó las manos a la cabeza y la sonrisa desapareció de su rostro.

    —¿Cómo pude ser tan tonto? Yo le gustaba. De verdad le gustaba.

    3​

    Serena llegó a Ciudad Malvalona después del ineludible ajetreo del aeropuerto. Le dolía la espalda y los pies le ardían horriblemente. Se sentía sucia y agotada.

    Había escuchado que Malvalona Hills —el lugar donde Yashio, muy amablemente, le había conseguido un apartamento provisional mientras se inscribía en los concursos de Hoenn— contaba con unas duchas y bañeras amplias y espectaculares. Por un momento, fantaseó con lo delicioso que sería disfrutar de un baño relajante antes de dormir.

    Hasta que las sonoras protestas de su estómago hambriento la devolvieron a la realidad.

    Caminó en busca de un taxi que pudiera llevarla, por fin, a su lugar de descanso. Y se perdió entre la multitud, como uno más de aquellos rostros anónimos e ilusionados que ocultaban sueños gigantes bajo la apariencia de la cotidianidad.

    4​

    El camino de regreso a casa era serpenteante y apacible. La luna brillaba llena en un cielo despejado, inundado de estrellas. Ash y Pikachu sintieron la brisa nocturna acariciarles el rostro.

    Abajo, las pequeñas casas de Pueblo Paleta centelleaban con luces tenues, mientras el viento exhalaba susurros cargados de nostalgia.

    Cada viaje y cada regreso representaban historias interminables: amigos, metas conquistadas y fracasos que dejaban enseñanzas. Pero esta vez era distinto. Porque, a pesar de todas las personas que había dejado atrás y que nunca había vuelto a ver, ninguno de los innumerables regresos que había realizado estaba tan lleno de ausencia como aquel.

    Jamás se había sentido vacío al volver a casa.

    Y, sin embargo, parecía ser la primera vez.

    Ash suspiró profundamente. Sonrió, aunque sus ojos destellaban con un brillo difícil de describir.

    —Estamos en casa, Pikachu —dijo por fin—. ¡Vamos!

    5​

    —¡Ya estoy aquí! —gritó Ash mientras abría la puerta de la casa.

    Una lluvia de confeti y el estruendo de varias pitoretas festivas lo aturdieron.

    —¡¿Pero ¡¿qué...?!

    —¡Bienvenido! —gritaron al unísono Delia, Misty y Brock.

    —¡Vaya! Hasta que te dignas a aparecer. —dijo Gary desde el fondo de la sala. Estaba sentado cómodamente en el sofá junto al profesor Oak.

    —¡Bienvenido, muchacho! —exclamó el profesor.

    La sala de la casa estaba decorada con un desparramo de guirnaldas y globos, además de un gran letrero de lona que rezaba, en letras coloridas: «¡BIENVENIDO, GRAN SUBCAMPEÓN DE KALOS!». La palabra «sub» había sido añadida a toda prisa con un marcador, como una improvisación de último momento.

    Ash se quedó inmóvil por un instante. Aquella reunión de viejos amigos le parecía tan nostálgica e irreal que tardó varios segundos en procesarla. Cuando finalmente comprendió lo que estaba ocurriendo, sus pupilas se iluminaron con un brillo alegre.

    Pikachu saltó a los brazos de Misty y él, casi por instinto, rodeó a todos con ambos brazos.

    —¡Chicos, están aquí!

    Aquello era tan impropio de Ash que ahora los sorprendidos eran ellos.

    —¿Pero qué bicho te ha picado, bobo? —preguntó Gary, que ya se había unido al grupo junto con el profesor.

    —¡A ustedes también me alegra verlos! —exclamó Ash mientras rompía el abrazo.

    —Estos muchachotes crecen tan rápido... —dijo Brock, revolviéndole el cabello.

    —Y dime, Ketchum, ¿sigues siendo un bobo distraído como siempre? —preguntó Misty en tono bromista.

    «Lo sigo siendo», pensó Ash con amargura.

    Por un instante, sus pensamientos volvieron a desviarse hacia Serena. Trató de apartarlos y respondió con otra broma:

    —Puede ser, puede ser. Pero ¿qué me dices de ti? ¿Sigues siendo una gruñona?

    Todos prorrumpieron en carcajadas y, en aquel instante, en medio del bullicio y la celebración, Ash sintió que los amaba de verdad. Como solo se puede amar a la familia.

    —Pero bueno, basta de cháchara. La cena se enfriará. —intervino el profesor Oak.

    Los ojos de Ash y Pikachu brillaron de inmediato. Habían pasado medio día sin probar bocado, y el aroma que llegaba desde el comedor despertaba los peores impulsos de la gula.

    Todos los invitados tomaron asiento y comenzaron a comer mientras conversaban animadamente. Ash les habló de Clemont, de Bonnie y de Serena. Les presentó a Talonflame, Noivern y Hawlucha. También les contó sus maravillosas aventuras en la región de Kalos: desde su lanzamiento en picada desde la Torre Prisma hasta su enfrentamiento contra el Equipo Flare.

    Todos escuchaban fascinados. Hacían preguntas, comentaban detalles y lanzaban uno que otro chiste.

    Sin embargo, había algo distinto en Ash cada vez que hablaba de Serena.

    De ninguna de sus compañeras de viaje había hablado jamás con tanta emoción y cariño como lo hacía de aquella chica. Sus ojos brillaban con una alegría especial y su voz se animaba cada vez que pronunciaba su nombre.

    Aquello podría haber pasado desapercibido para cualquiera.

    Pero no para Delia.

    Y tampoco para Gary.

    Ambos intercambiaban sonrisas cargadas de ternura mientras escuchaban a Ash hablar de aquella muchachita tan especial.

    6​

    La cena había terminado y la noche comenzaba a tornarse fría.

    El profesor Oak fue el primero en despedirse de todos, aunque de manera involuntaria. Ahora roncaba como un camión descompuesto sobre el sofá de la sala.

    Brock, Delia y Misty se ocupaban de recoger los platos y limpiar el desorden de la cena. Ash y Pikachu habían salido a tomar aire al patio, y Gary no tardó en reunirse con ellos.

    —Deliciosa cena, ¿cierto? —comentó Gary.

    —Sí —respondió Ash.

    Tenía la mirada perdida. Sus pensamientos vagaban entre Kalos, Hoenn y los ojos azules de Serena.

    —Este viaje ha sido diferente. Te ha cambiado. Y no me refiero a que te hayas vuelto más fuerte; eso es innegable. Te ha cambiado por dentro. Es eso lo que quiero decir.

    Esta vez Ash se volvió hacia él.

    —¿Te parece?

    Gary se encogió de hombros.

    —Digo lo que veo. En algún momento tenías que crecer. ¿Acaso es por la chica?

    —Supongo. —Sonrió con melancolía—. Pero no sé qué hacer. Nunca me había sentido así. O tal vez sí... pero nunca me di cuenta.

    Gary soltó una carcajada, y Ash lo miró desconcertado.

    —Estás enamorado, idiota.

    —Lo sé, pero ya es demasiado tarde.

    —Llámala. Dile lo que sientes. Tiene derecho a escucharlo de ti.

    —¿¡Estás loco!? Ni siquiera sé en qué parte de Hoenn está.

    Gary le dio un ligero golpecito con el dedo índice entre las cejas.

    —Mi abuelo dice que las decisiones que no tomamos pesan incluso más que las malas decisiones. Busca la manera. Porque, si no lo haces, el remordimiento no te dejará en paz.

    Hizo una breve pausa y sonrió de medio lado.

    —En fin, creo que iré a ayudar en la cocina.

    Después de decir aquello, Gary se metió las manos en los bolsillos y regresó a la casa.

    7​

    Y ahora estaba allí, en la sala de su casa, nervioso frente al videotransmisor.

    —Es ahora o nunca —susurró.

    Marcó con rapidez el número del Gimnasio de Ciudad Luminalia.

    Pocos segundos después, la imagen del inventor rubio apareció en la pantalla. Clemont parecía distraído reparando uno de sus extraños artefactos.

    —Ya se lo dije, señor vendedor: no necesito un seguro contra explosiones. Mis inventos son perfectos.

    —Clemont, soy yo. —dijo Ash, tratando de contener la risa.

    El líder de gimnasio levantó la vista de golpe.

    —¡Por Arceus, qué agradable sorpresa! Supongo que ya estás en Kanto.

    —Sí. Ya estoy en casa.

    —¡Me alegro! ¡Oye, Bonnie! ¡Ash está en el videotransmisor!

    Un grito de alegría resonó al otro lado de la pantalla y casi ensordeció a ambos chicos cuando la rubia hizo su aparición, ataviada con su pijama de Tyrantrum.

    —¡Hola, Ash!

    Dedenne se unió al saludo dando un salto frente a la pantalla. Ash sonrió y agitó la mano. Pikachu, que había seguido a su entrenador hasta la sala, hizo lo mismo.

    —¿A qué debo tu llamada? —preguntó el inventor.

    —¿Has sabido algo de Serena? Es decir... ¿sabes si llegó bien a Hoenn? —Ash trató de disimular la ansiedad.

    —Después de ese besito has quedado extrañándola, ¿cierto? —soltó Bonnie sin el menor reparo. Miraba a Ash con los ojos entrecerrados y una sonrisa pícara dibujada en el rostro.


    El entrenador se ruborizó tanto que parecía a punto de explotar.

    —¡Bonnie! —exclamó Clemont, molesto al darse cuenta de que el comentario había avergonzado a su amigo.

    —Nos vemos, Ash. —La pequeña rubia le guiñó un ojo—. Llámala. Estará muy feliz de escucharte.

    —Ignórala. —Clemont retomó el control del videotransmisor.

    Guardó silencio unos instantes antes de hablar de nuevo.

    —Aunque odio admitirlo... tiene razón.

    Ash permaneció callado.

    Clemont se acomodó las gafas con calma.

    —Serena debe de estar ahora mismo en Malvalona Hills. Hoy nos encontramos con Grace en la ciudad y nos contó que Yashio había sido muy generosa al prestarle un apartamento en Hoenn. Por lo que he leído, es un lugar bastante exclusivo.

    Los ojos de Ash se iluminaron.

    —¿Tienes, por casualidad, el número de ese lugar?

    Clemont no pudo evitar sonreír.

    —Claro. Dame unos segundos y te lo envío ahora mismo.

    En el videotransmisor de Ash apareció un ícono emergente con forma de sobre.

    —Ya lo recibí. Muchas gracias, Clemont.

    —Llámala... y mucha suerte con eso. —dijo el inventor, despidiéndose con una sonrisa.

    —Gracias, amigo.

    La pantalla se oscureció lentamente. La imagen de Clemont desapareció, dejando en su lugar el reflejo de un Ash visiblemente contrariado.

    8​

    El recibimiento en Malvalona Hills había sido de lo mejor. Bastó con que dijera su nombre para que la recepcionista le dedicara una radiante sonrisa.

    —¡Claro! Yashio nos avisó que vendría. Ya hemos preparado su habitación y, por supuesto, el servicio a la habitación está disponible para nuestra huésped de honor. Fue un viaje largo; seguro querrá descansar y comer algo.

    Después de registrar sus datos en recepción, todo fueron atenciones. Le llevaron deliciosos platillos tanto para ella como para sus Pokémon.

    «Uno podría acostumbrarse a esto», pensó Serena mientras contemplaba la enorme habitación de la que dispondría durante un par de días.

    Y la ducha con tina... rayos, era exactamente como decían los rumores: amplia, impecable, digna de una reina.

    No dudó ni un segundo en llenar la tina y desvestirse para disfrutar de un relajante baño.

    —Este nuevo camino será duro... —musitó.

    Llevaba casi quince minutos sumergida en el agua y no parecía tener intención de salir pronto. Tenía el cabello cubierto de espuma mientras se frotaba las piernas con calma. El relajante silencio del lugar la envolvía poco a poco, llevándola a un estado de paz absoluta.

    Estaba a punto de cerrar los ojos cuando el sonido de su transmisor portátil la hizo dar un respingo.

    «Olvidé llamar a mamá. Seguro está preocupada... y furiosa.»

    Extendió la mano, tomó el aparato y presionó el botón para responder.

    —Señorita Serena, tiene una videollamada de...

    —Está bien, enlácenos. Yo atenderé. —La interrumpió, convencida de que se trataba de su madre.

    Dejó el transmisor sobre el lavamanos mientras salía de la tina y se envolvía rápidamente en una toalla.

    La pantalla cobró vida.

    Y ninguno de los dos estaba preparado para lo que vería al otro lado.

    Las mejillas de Serena se encendieron como un semáforo en rojo.

    En la pantalla estaba Ash.

    Tenía los ojos completamente abiertos y la boca entreabierta por la sorpresa.

    Desde Kanto, la escena tampoco era menos impactante.

    Serena, envuelta únicamente en una toalla, tenía el cabello mojado cayéndole sobre el rostro. Sus hermosos ojos azules brillaban con una mezcla de vergüenza y dulzura.

    «¿Estaba bañándose...?»

    «Genial, tonto...», pensó Ash mientras desviaba la mirada, tan avergonzado como ella.

    —¡Lo siento! ¡Lo siento! Creo que llamé en un mal momento. Te llamaré después.

    —¡No, no!

    La respuesta fue casi un reflejo.

    —Solo... solo déjame ponerme algo de ropa. Espera un segundo.

    Salió disparada del baño como alma que lleva Giratina.

    Al quedar fuera de la vista de Ash, apoyó la espalda contra el marco de la puerta.

    Se llevó ambas manos al pecho.

    El corazón le latía a toda velocidad.

    Y una sonrisa dulce e involuntaria apareció en su rostro.

    Corrió hacia la cama y revolvió el equipaje ante la divertida mirada de Braixen, Sylveon y Pancham. Se puso una camiseta blanca y unos pantalones cortos antes de regresar apresuradamente al baño.

    Tomó el transmisor.

    Él seguía allí.

    Miraba hacia un lado, distraído. Quizá pensando. Quizá intentando recuperarse del sobresalto.

    «Es lindo...», pensó sin darse cuenta.

    —Hola...

    El rubor volvió a trepar por sus mejillas.

    —Hola... —respondió Ash, frotándose la nuca, completamente nervioso.

    Durante unos instantes, el tiempo pareció detenerse.

    Él levantó la vista.

    Ella sostuvo su mirada.

    Y, de pronto, todos los nervios desaparecieron de Ash como la bruma al amanecer.

    «Es hermosa.»

    La contempló unos segundos, con el cabello aún húmedo y aquella expresión tan tierna.

    El corazón volvió a darle un vuelco.

    —Te ves muy guapa.

    Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.

    Era la primera vez que le decía algo así a una chica.

    Los ojos de Serena se abrieron de par en par.

    No podía creerlo.

    Ash le había dicho que se veía guapa.

    Bajó la mirada con una sonrisa tímida mientras acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja.

    —Gracias... aunque creo que me he visto mejor.

    —Sí... Es decir, no. Bueno... lo que quiero decir es que siempre te ves guapa.

    Los nervios volvieron a traicionarlo.

    Serena no pudo evitar sonreír.

    —¿Cómo has estado?

    —Muy bien. En realidad... estaba un poco preocupado. Quería saber si habías llegado bien a Hoenn.

    —Eso... eso es muy lindo de tu parte. Por cierto, ¿cómo supiste que estaba aquí?

    —Bueno... llamé a Clemont y él me lo dijo.

    —¡¿Llamaste a Clemont solo para saber dónde estaba?!

    Serena sentía que estaba viviendo un sueño.

    —Bueno... sí. ¿Está mal?

    —¡No! Para nada.

    En el fondo, le encantaba que Ash hubiera hecho algo así.

    Después de todo, por fin estaba mostrando interés en ella.

    El silencio volvió a instalarse entre ambos.

    —Bueno... solo quería asegurarme de que estabas bien. —Ash sonrió con timidez—. Espero que tengas muchísimo éxito en los concursos.

    —¡Espera!

    Casi sonó como una súplica.

    —¿De verdad solo llamabas para eso?

    Ash guardó silencio.

    Durante varios segundos.

    Segundos que para Serena parecieron eternos.

    —La verdad... no.

    Respiró hondo.

    —En realidad quería preguntarte algo.

    Serena tragó saliva.

    —¿Sí?

    —¿Por qué me besaste?

    Ella bajó la mirada.

    Jamás imaginó que iría tan directo.

    —¿Estuvo mal que lo hiciera?

    —¿Bromeas? Claro que no. De hecho... se sintió muy bien.

    La última frase salió apenas en un susurro.

    —A mí también me gustó.

    El rubor volvió a teñirle el rostro.

    —Pero... ¿por qué lo hiciste? ¿Por qué esperaste hasta el último momento?

    Serena respiró profundamente.

    Cerró los ojos.

    Y reunió todo el valor que tenía.

    —¡Porque me gustas! ¡Porque estoy enamorada de ti desde aquella vez en el campamento del profesor Oak! ¡Y porque tenía miedo de que tú no sintieras lo mismo!

    Ash sonrió con una ternura inmensa.

    —Eso es lo más bonito que alguien ha hecho por mí.

    Hizo una pausa.

    —De verdad fui un tonto. ¿Cómo no pude darme cuenta de lo que sentías? ¿Podrías perdonarme?


    Serena abrió los ojos, incrédula.

    Había imaginado cientos de finales para esa confesión.

    En ninguno Ash seguía sonriendo.

    En ninguno parecía feliz.

    —¿Y tú...? —preguntó casi sin voz—. ¿Sientes algo por mí?

    Ash permaneció callado unos segundos.

    —Voy a responderte con total sinceridad.

    Respiró hondo.

    —Hasta antes de ese beso nunca lo había entendido. Pero siempre me pregunté por qué te invité a viajar con nosotros si jamás había invitado a ninguna de mis otras compañeras. Siempre vi algo diferente en ti.

    Sonrió con cierta vergüenza.

    —Pero tú me hacías pensar mucho... y sabes que no soy muy bueno pensando. Así que siempre preferí concentrarme en el viaje y dejar esos sentimientos a un lado.

    Bajó la mirada.

    —Ahora entiendo que fue un error.

    Levantó nuevamente la vista.

    —Ahora solo tengo un montón de sentimientos que no sé cómo explicar.

    Sonrió.

    —Me hace feliz hablar contigo.

    Hizo una pausa.

    —Y no es la felicidad de ganar una batalla o conseguir una medalla.

    Negó suavemente con la cabeza.

    —Es algo diferente. Mucho más fuerte.

    —Me pone nervioso. Me da miedo porque no lo entiendo. Me entristece que ya no estés cerca. Me frustra haber sido tan distraído. Me sentí muy nervioso antes de llamarte...

    Sonrió una vez más.

    —Y, sobre todo...

    La miró directamente a los ojos.

    —Quisiera volver a besarte.

    Su voz apenas fue un susurro.

    —No sé si lo que siento sea tan intenso como lo que tú sientes por mí...

    Sonrió.

    —Pero creo que también me gustas.

    Cuando Ash levantó por fin la vista, grandes lágrimas rodaban por las mejillas sonrosadas de Serena.

    Nunca la había visto tan hermosa.

    Ni siquiera llorando.

    —¡No, por favor! ¡No llores! No quise hacerte sentir mal.

    —¡Son lágrimas de felicidad, tonto! —respondió entre risas y sollozos—. No hay forma de que me hagas sentir mal después de todo lo que acabas de decir. Esta... esta es la noche más feliz de mi vida.

    Ash soltó el aire con alivio.

    —Serena...

    Le dedicó la sonrisa más luminosa que ella había visto jamás.

    —No sé cuánto tardaremos en volver a encontrarnos ni cuánto nos llevará cumplir nuestros sueños.

    Extendió una mano hacia la pantalla.

    —Pero prometámonos algo.

    —Lucharemos con todas nuestras fuerzas para hacer realidad nuestros sueños...

    Sonrió.

    —Y volveremos a encontrarnos.

    Serena se secó las lágrimas.

    —Así será.

    Sonrió con dulzura.

    —Después de todo... tú eres mi objetivo.

    Ash permaneció observándola unos segundos.

    Jamás se había sentido tan ilusionado.

    —Bueno... ya es tarde. Mañana tienes que inscribirte en los concursos. No te quedes dormida.

    Ella dejó escapar una risita.

    —Me permito recordarte que el dormilón eres tú.

    —¡Es verdad! —rió él.

    Luego sonrió con timidez.

    —Hasta pronto, Serena. Espero que cumplas todos tus sueños.

    Hizo una breve pausa.

    —Espero volver a verte.

    Respiró hondo.

    —Te... te quiero.

    Serena llevó lentamente la mano a la pantalla, acariciando con las yemas de los dedos el rostro de Ash reflejado en ella.

    —Hasta pronto, Ash.

    Sonrió entre lágrimas.

    —Yo también te quiero.

    La pantalla se oscureció.

    Y el mensaje de «Llamada finalizada» apareció lentamente.

    Serena corrió hasta la cama y se lanzó sobre Braixen, Sylveon y Pancham, abrazándolos con todas sus fuerzas.

    —Nos esforzaremos para volver a verlo.

    Los tres Pokémon asintieron felices.

    Aquella noche, Serena durmió plácidamente, con una sonrisa dibujada en el rostro y el corazón rebosante de esperanza, soñando con el día en que volvería a reunirse con él.
     
    Última edición: 30 Junio 2026
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    Andysaster

    Andysaster Game Master

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    Awns, me has despertado varias emociones y recuerdos con este escrito. Hacía mucho que no leía nada de Pokémon, de hecho ya es difícil leer Amourshipping hoy en día. Pero cuando vi que lo habías escrito tú me vine de cabeza a echarle un vistazo porque de lo poco que he leído de ti en el foro, siempre me ha gustado mucho tu estilo de escritura. Tienes un vocabulario muy amplio y describes de una forma muy bonita las escenas y situaciones, y realmente no he visto ningún fallo salvo al final de la historia

    Un rozando pasado por alto que es nada y menos realmente, pero así queda 10/10 la historia <3

    Y bueno, entrando al escrito, me ha gustado mucho el estilo que has empleado, como una suerte de pequeños capítulos seguidos uno detrás de otro. Eso siempre me ha gustado de los libros, prefiero muchos capítulos cortos y seguidos porque me suele animar más a leerlo todo de golpe, no me canso. Y causaste el mismo impacto así conmigo aquí.

    Fue una historia muy linda. Epílogo de XYZ, ojalá le hubiesen dado el empujón a la pareja de la forma en que lo has retratado, porque se siente realmente bonito así. Van a tardar mucho en verse, quién sabe cuanto, pero al menos ya han aclaradl sus sentimientos y tienen la seguridad de que el otrl les estará esperando. Las personalidades están IC, siempre me cuesta ver a Ash madurando y parece Ooc pero si Ash madurase, yo lo vería tal cual lo retrataste, jajaja.

    Y eso, gracias por escribir de la pareja :D Me trajiste buenos recuerdos.
     
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    Paulo

    Paulo Athena no Seinto (Santo de Athena)

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    Hola amigo, bonita historia debo decirlo, y aunque no soy del tipo que acostumbra a leer sobre el Amour, de igual forma te digo que fue de mi agrado.

    Ciertamente esto vendría a ser como una conti del final que vimos en el anime, y de no tener ''Sol y Luna'' quizá por ahí podrían haber hecho oficial algo similar a esto, bueno... eso si se les olvidara que Pokémon es dirigido a un publico infantil y decidieran hacer que el protagonista progresara en otras áreas de su vida, y no solo en su profesión (si es que se puede
    decir que al menos en esta él progresa).

    Y aunque no sea algo importante, debo decir que me dio algo de gracia imaginarme esto. n_nU

    En parte también me recuerda a las altas expectativas
    que le tenía yo al personaje en aquella ocasión, como cualquier fan, o como sus amigos lo demuestran aquí, con el simple hecho de haber escrito por adelantado y sin pensar en su derrota tales palabras en mayúscula.

    Bueno, lamento no haber sido más extenso, pero me he quedado corto
    en palabras, y bueno... tampoco le he hallado errores como para extenderme un poco más, así que solo vuelvo a recalcar lo agradable para mí que ha sido leer tu historia,
    creo que eso es todo, un saludo y hasta la próxima amigo. c:
     
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