Autor: Temarii Juuzou. Actividad: Días de A, B, C... K... Xutra [+18] Personajes: Draco Malfoy / Harry Potter S de Sectusempra El eco del agua cayendo en alguna parte del baño era lo único que rompía el silencio del baño. Harry había llegado poco después que Draco, a una distancia prudente pero siendo capaz de escuchar todo, de ver lo que necesitaba ver; llevaba días siguiéndolo, incluso si ya pasaban la mayor parte de sus tiempos libres juntos, aún así lo seguía cuando no lo estaban. Ni siquiera le importaba si sus amigos le miraban extraño por esa desconfianza que mostraba por su pareja para ese punto de su relación. No podía evitarlo. Sabía que algo estaba mal, Draco llevaba semanas evitando su mirada, esquivando sus manos, rechazando sus besos o caricias, dándole excusas ridículas para pasar cada vez menos tiempo juntos. Harry ya no podía soportarlo. Empujó la puerta. —Draco… La palabra se le rompió en la garganta. El rubio estaba de espaldas, apoyado contra el lavabo, respirando entrecortado, con los hombros encorvados y el temblor típico de alguien que se encuentra sollozando. Sus manos temblaban, cuando éste levantó la mirada y estas conectaron en el reflejo del espejo, Harry sintió como su corazón se destrozaba. Su reflejo en el espejo se mostraba destrozado. Pero fue un segundo, casi un flashazo en el que Draco se dejó ver tan vulnerable, incluso si era por Harry. En cuanto lo vio, sus ojos grises se endurecieron, incluso si aun tenían residuos de lágrimas, ya no había más que enojo, vergüenza… —Vete, Potter. Pero Harry no se movió, incluso si la voz del rubio era cruel y el hecho de que usara su apellido se escuchara tan cortante entre ellos, al menos, con ese tono que tantas veces usó en el pasado. —No —cerró la puerta detrás de sí—. No hasta que me digas qué está pasando. Silencio. Solo la gota lejana de agua cayendo de alguna tubería contra el suelo, el eco de sus pisadas. Sus respiraciones. El aire entre ellos comenzó a sentirse tenso, como si un muro invisible comenzará a crecer entre ellos. —No es asunto tuyo. —Claro que lo es —dio un paso al frente—. Después de todo lo que… Se detuvo, con la mano elevada, queriendo tocarlo, demostrarle que estaba ahí, que siempre lo estaría. Que no estaba solo, que podía confiar en él. Después de todo lo que eran. —¿Después de qué? —Draco soltó una risa amarga —. Como si esto no fuese un juego para ti, como si en verdad quisieras seguir con esto. —Nunca fue un juego para mí. Eso hizo que Draco dudara, Harry lo notó. Por un momento, el rostro ajeno cambió, dejando la falsa dureza que siempre mostraba, dejando que se viera su fragilidad de adolescente asustado, un brillo en sus ojos que alguna vez le mostró en la intimidad. Pero eso fue todo, solo un momento de duda. Aún así, Harry sintió el valor de dar un paso más cerca. —Algo te está pasando, Draco —su voz bajó, más suave, siendo comprensible—. Déjame ayudarte. —¡No puedes! El estallido fue inmediato. Draco se dio la vuelta, quedando frente a Harry, viéndose por primera vez de frente, sin necesidad de un reflejo; su respiración era irregular, le costaba. —No tienes idea de nada, Potter. —Entonces dímelo. Quiero ayudarte. —¡No! El silencio volvió después de aquel grito, sintiéndose más violento e irreal. Por un momento, Harry solo escuchó el eco de aquel “No” dando vueltas por su cabeza, sin que ningún otro ruido existiese en ese lugar. Harry se armó de valor para acercarse lo suficiente como para sentir su respiración. —No tienes que cargar con todo tu solo. Draco negó con la cabeza y cerró los ojos, pero no se alejó. —No entiendes… si te lo digo— —¿Qué? —susurró Harry—. ¿Tan malo es? Esa pregunta le atemorizó, Harry pudo notarlo. Draco abrió los ojos con lentitud, perdiéndose en el verde intenso de Harry, quien le miraba con ternura, con cariño. El castaño le acaricio la mejilla, ni siquiera se dio cuenta en qué momento, el contrario le había tomado de la cadera y lo había acercado tanto a él. Se besaron. Pero no fue como antes; no había ternura o deseo, en aquel beso, había desesperación pura. Harry le rogaba con cada parte de su ser que se abriera, que no lo alejara y Draco… está perdiendo la cabeza, cediendo ante aquellos labios que tanto amaba. En aquellas manos que le acariciaban como si fuese la cosa más valiosa del universo; Harry le mordió el labio inferior y tiró de él, Draco soltó un jadeo que resonó por todo el baño, lo que hizo que el castaño o acercará más, pegando sus cuerpos todo lo que era físicamente posible. —Te amo —dijo. Draco lo miró con sorpresa, porque aquello nunca se lo habían dicho. Llevaban saliendo desde quinto año, tan solo habían necesitado la aprobación de los más cercanos para ser una pareja irreal en toda la escuela y, aunque nadie lo entendía, parecía lo más lógico. Y así lo sentía Draco también, incluso después de todas las veces que, aun estando juntos, se molestaban, funcionaba y era bello y hermoso y el tiempo juntos simplemente le daba un respiro de toda la mierda que estaba pasando en el mundo. Estar con Harry le hacía olvidar que su padre se encontraba en Azkaban, que en ese momento Voldemort estaba en su hogar y su madre se encontraba a merced de las torturas que su tía Bellatrix o cualquier otro mortífago loco quisiera hacerle, solo por diversión. Y estaba seguro de que también lo amaba, incluso desde antes del primer beso, la primer caricia, como si hubiese nacido para amar a Harry Potter y quiso llorar al saber que no era solo él quien se sentía de ese modo y, por un momento, entre los brazos de su amado, todo desapareció. Y todo lo que había estado evitando durante semanas explotó en ese momento. Sus ojos se llenaron de lágrimas que no pudo detener; sus manos se aferraron a la camisa escolar ajena y lo atrajo tan bruscamente que el choque de labios le hizo sentir una corriente eléctrica recorrerle todo el cuerpo. Harry le tomó de la cadera y lo subió al lavabo, donde este no tardó en envolverlo con sus piernas, para que no pudiese alejarse. El beso fue subiendo de intensidad, todas esas semanas donde lo estuvo evitando, donde se reprimió a sí mismo, estaban saliendo. Sus manos acariciaron la fuerte espalda contraria mientras Harry disfrutaba dejando marcas en la pálida piel de su cuello. Por un momento, volvieron a ser adolescentes calientes en un baño que nadie frecuentaba, con Myrtle probablemente espiándoles por alguna tubería, pero no importaba, porque eso significaba que no eran Harry Potter, el elegido y Draco Malfoy, el hijo de un mortífago. Tan solo eran dos enamorados que acababan de confesarse. O bueno, uno lo había hecho. Harry se alejo, sonreía como un idiota y su cabello alborotado se encontraba mas despeinado de lo normal. Draco sintió su corazón explorar de felicidad; llevo sus manos al rostro ajeno, acariciando sus mejillas. Iba a quitarle los anteojos dándole permiso de seguir, de hacer con él lo que quisiera en ese momento, en ese lugar, pero Harry le tomo la mano izquierda y la beso; primero la palma y luego el dorso, queriendo subir sus besos por ese brazo… y Draco entró en pánico. Sintió como el antebrazo le comenzaba a picar y como la vergüenza volvía a subir por todo el cuerpo. ¿Cómo podía amar a alguien como él después de lo que había hecho en el verano? ¿Seguiría haciéndolo aún si miraba en lo que se había convertido? Ni él mismo podía amarse, ¿Cómo alguien tan magnífico como Harry… podría hacerlo? Entonces lo empujó, con toda la fuerza que pudo, haciéndolo resbalar. El rostro de Harry era difícil de leer: estaba extrañado, confundido, triste… cuando le miró con esos ojos verdes, se sintió horrible. No era suficiente, necesitaba destrozarle el corazón, no merecía ser amado por él. —¡Basta! Esto es ridículo. Bajo de un salto del lavabo, agitado, con los ojos brillando. Se arregló la ropa y el cabello con prisa, queriendo salir lo más pronto de ese lugar. Harry lo miró, pero ahora, mostraba un dolor puro en su mirada. —No quiero perderte. Eso fue suficiente para destrozar al Malfoy. Sintió como sus piernas le fallaban, como la respiración se le escapa del pecho y las ganas enormes de correr a Harry, mostrar su antebrazo izquierdo, su vergüenza y pedirle perdón, rogar clemencia… Pero el miedo a que Harry lo rechazará por su cobardía, lo aborreciera por quien era, definitivamente no podría soportarlo. —¡Expelliarmus! El hechizo salió disparado antes de que Harry pudiera reaccionar, haciéndole caer de espaldas. —¡Draco! —¡Aléjate de mí! Otro hechizo. Y otro. Harry apenas alcanzaba a defenderse, sin responder. El baño se encontraba destrozado y el agua empezó a fluir, dejando charcos en el suelo. —¡Detente! ¡No quiero pelear contigo! —¡Pues yo sí! Pero no era verdad, podía sentir que Draco mentía, pero no entendía porque. ¿Era Lucius que, desde Azkaban le había metido ideas? Desde el inicio el mayor de los Malfoy se había opuesto a lo suyo… pero ni en ese momento Draco había flaqueado en estar juntos, entonces ¿Qué? ¿Su madre? ¿Voldemort? La sola idea del Señor Tenebroso obligando a dos adolescentes a terminar su relación le sacó una risa amarga. Una risa que hizo que Draco frunciera el ceño y Harry cerrara la boca de inmediato. Harry bloqueó otro ataque, desesperado. —¡Te amo, idiota! Otro silencio, donde el agua cayendo era lo único que se escuchaba, pero ahora no era una sola gota, eran miles de ellas, mojando todo bajo sus pies. Por una fracción de segundo, todo se detuvo y Draco dudó, pero el miedo era más grande. Levantó la varita otra vez, pensando en alguna maldición que pudiese hacer entender a Harry que lo suyo ya estaba terminado, que ya no había un nosotros y que jamás podría existir de nuevo. Y Harry… actuó sin pensar. Recordó el hechizo, el que estaba escrito en la esquina de un libro viejo de pociones. El que no sabía para que servía, pero se especificaba claramente que era para enemigos; por un momento con el calor de la batalla y el cruciatus saliendo de la boca de Draco, Harry volvió a sentir que esa brecha que había eliminado, esa absurda rivalidad, había regresado. —¡Sectumsempra! El mundo se rompió. Un rayo de luz atravesó el cuarto y pegó directo en el rubio. Y Draco cayó al suelo; la sangre comenzó a aparecer, era demasiada y manchaba toda la tela blanca de la camisa y se mezclaba con el agua que ya se encontraba cubriendo las piernas de Draco y, de no ayudarlo, le terminaría por cubrir el rostro completamente. —No… no, no, no— Harry soltó la varita, arrodillándose a su lado— Draco, mírame, por favor… Sus manos temblaban al intentar detener la sangre. Pronto se manchó de esta misma, sintiendo como el amor de su vida se le escapaba de sus manos y el, no podía hacer nada para detenerlo, para remediar lo que había hecho. —Yo no… no sabía— Draco respiraba con dificultad, más pálido de lo que ya era con normalidad, los ojos apenas abiertos, apenas con vida. Harry sintió que el aire desaparecía, que le faltaba. Gritó con todas sus fuerzas pidiendo ayuda, mientras sus manos seguían haciendo presión en las heridas ajenas. —Lo siento… lo siento tanto… Draco, no… yo te amo… El eco del agua seguía cayendo, como si nada hubiera pasado y todo a su alrededor siguiera fluyendo. Como si el mundo no acabara de romperse entre ellos.