Autor: Temarii Juuzou. Actividad: Días de A, B, C... K... Xutra [+18] Personajes: Draco Malfoy / Harry Potter L de Limonada La cocina de Grimmauld Place era un sitio que Draco no solía frecuentar. Aunque, si lo pensaba bien, ni siquiera las cocinas de su propia mansión había frecuentado jamás. Era algo que un Malfoy difícilmente podría imaginar: para cocinar existían los elfos domésticos, criaturas que no solo tenían el mejor sazón del mundo mágico, sino que además parecían genuinamente felices de preparar cualquier cosa para sus amos. Pero Harry insistía en que molestar al viejo Kreacher para una simple limonada era demasiado burgués. ¡Los magos ni siquiera usaban esa palabra! Draco suspiró, rompiendo el silencio. Llevaba ya un buen rato frente a la mesa, donde la tabla, los limones y el cuchillo permanecían inmóviles. Si tuvieran ojos, estaba seguro de que lo estarían mirando con abierta burla. Frunció el ceño y dirigió la mirada al moreno, que en ese momento llenaba una jarra con agua en el fregadero. —¿Por qué exactamente tengo que cortar el limón con un cuchillo en lugar de usar mi varita? Harry no levantó la mirada. Solo sonrió. —Estoy bastante seguro de que, si por ti fuera, caminarías con ayuda de tu varita. —Bueno, puedo aparecerme donde quiera. —Exacto, Draco. No seas flojo. Harry rodó los ojos mientras terminaba de llenar la jarra. Una sonrisa divertida se dibujó en su boca antes de acercarse por detrás y rodear a su pareja con calma, tomando sus manos para guiar el movimiento del cuchillo. Draco le dio un manotazo inmediato y Harry soltó una carcajada. —La última vez que usaste magia con la comida sabía horrible —continuó el moreno, sin dejar de reír—. Quiero una limonada con sabor a limón. ¿Se puede? Harry acomodó la barbilla sobre el hombro de Draco y deslizó los brazos alrededor de su cintura, dejando pequeños besos en el cuello de su pareja. Este solo bufó y tomó el cuchillo, dejándose llevar por las caricias. —Exigente. Draco soltó el suspiro más dramático del mundo, como si Harry le hubiera pedido abandonar la magia por días enteros y no solo por un momento. Aun así, empezó a cortar los limones. O bueno… a masacrarlos. Harry observó en silencio un momento antes de soltar una rosa suave, cerca de la oreja de Draco, haciéndole estremecer. —Creo que más que matar al limón, acabas de destruirlo —murmuró. —Cállate. Con un gesto de triunfo, Harry tomó uno de los trozos, el menos deshecho y sonrió, besando la mejilla del rubio con orgullo. —Bien, ahora exprímelo. Draco lo miró como si le hubiera pedido resolver alguna ecuación de aritmancia en menos de cinco minutos o que comiera un gusano… así de exagerado se miraba su rostro. —¿Con las manos? —Sí, con las manos. —Esto es indigno. —Esto es cocina. Draco apretó el limón con visible disgusto… y una lluvia de jugo cayó en direcciones cuestionables. Harry alcanzó a alejarse lo suficiente para no salpicarse, soltando varias risas al ver cómo su pareja se llenaba de jugo en todas partes. —¡Ah! —protestó —. Soy como un sucio campesino. Harry me tomó con delicadeza su mano y sonrió con ternura, adoraba esos momentos en los que Draco dejaba a un lado su altísimo estatus y pasaba un rato en calma con él, le relajaba. Le hacía feliz. Comenzó a besar su mano, incluso si él rubio protestaba diciéndole que estaba sucia, para Harry, nada que fuese de Draco sería sucio, nunca; sobre todo porque el Malfoy se bañaba dos veces al día de ser posible. Entonces, decidió llevar a otro nivel sus mimos, metiendo los dedos de Draco a su boca, succionándolos con suficiente sensualidad como para lograr que el contrario soltará un jadeo de sorpresa.. —Potter… eres todo un pervertido. Harry miró directo al rostro de Draco, sin sacarse sus dedos de la boca y le sonrió. El rubio sintió como algo se removía en sus pantalones y sonrió, emocionado. Se alejó de Harry y comenzó a desabrochar un poco su camisa, dejando a la vista su pálida piel, su clavícula sobresaliente y un poco del inicio del hombro. El ojiverde sonrió de lado, esperando el siguiente movimiento de su amado. Draco tomó otro limón y comenzó a exprimirlo por toda la piel expuesta. —Bueno, creo que somos dos pervertidos. Harry sonrió y se acercó para comenzar a succionar aquel jugo ácido de la suave piel del contrario. Sus manos se aferraron a la cadera de Draco, acercándose a él, restregándose con fuerza mientras el rubio enterraba sus dedos en el cabello rebelde del castaño. —De saber que te gustaba tanto el limón, me lo hubiera echado en otras partes más divertidas. Harry soltó una risa y luego mordió la clavícula de Draco, haciéndole gemir y dejándole una hermosa marca al rojo vivo. —Serias un idiota si te echarás limón en ciertas partes… Pero no necesito que te embarres nada, de igual manera me lo meteré en la boca ahora mismo. Harry llevó descaradamente su mano al bulto que crecían en la entrepierna de Draco, el cual jadeo ante el tacto y las caricias sobre la tela. Ambos sonrieron, mirándose con los ojos llenos de deseo y se alejaron solo para encaminarse a la habitación. — ¿Me des pedirle a Kreacher la limonada ahora? Harry suspiró resignado, una vez estuvo frente a la puerta de su alcoba, acorraló al rubio contra esta y le beso con descaro antes de alejarse y asentir. —Solo si me dejas lo suficientemente exhausto como para no exigir que la prepares tú mismo. Draco sonrió con triunfo y comenzó a desvestirse mientras entraba con lentitud a la alcoba, una vez quedó con el torso al aire libre, se acarició el mismo con descaro y miró a Harry con lo que era un claro desafío. —Muy bien, es un trato Potter.