Romántico Con J de Jardin

Tema en 'Relatos' iniciado por Temarii Juuzou, 10 Marzo 2026 a las 9:18 PM.

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    Temarii Juuzou

    Temarii Juuzou Maestre

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    Escritor
    Título:
    Con J de Jardin
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    947
    Autor: Temarii Juuzou.
    Actividad: Días de A, B, C... K... Xutra [+18]




    J de Jardín

    Las bugambilias caían como cascadas violetas sobre la pérgola de madera, las rosas blancas abrían sus pétalos con la calma de quien sabe que es observada y el aire olía a jazmín y tierra húmeda. Todo estaba tan ordenado, tan hermoso, que parecía irreal casi como una pintura de esas que encuentras en los mejores museos del mundo, de esas que te hacen sentir cosas con solo mirarlas.

    En medio de ese cuadro, recargado en el viejo tronco de un árbol, estaba Adrián.

    Tenía un libro abierto entre las manos y una pierna cruzada sobre la otra. La luz de la tarde se filtraba entre las hojas de aquel árbol y le dibujaba sombras sobre la cara. Leía con concentración, frunciendo ligeramente el ceño, como si el mundo entero dependiera de entender las páginas entre sus dedos.

    Ni siquiera tuvo que asomarse por la ventana para encontrar a Adrián, era obvio donde estaba así que solo salió por la puerta principal.

    —Sabía que estabas aquí.

    Adrián no levantó la mirada.

    —También sabía que vendrías —respondió con calma, pasando la página.

    Marco apareció entre las flores con una sonrisa torcida, las mangas de la camisa arremangadas y el cabello revuelto por el viento. Se detuvo frente al árbol, observándolo.

    —¿Estoy interrumpiéndote?

    Adrián soltó un suspiro; no dejó de ver el libro y solamente negó con la cabeza. Se tardó un poco pero al final elevó la mirada y le sonrió levemente

    —No.


    Sus ojos se encontraron. Hubo un pequeño silencio que no supieron explicar, nunca podían hacerlo realmente, porque no era incómodo, era tranquilo. Tampoco les generaba tensión, sólo era un silencio en el que podrían vivir eternamente si no fuese porque Marco adoraba escuchar el sonido de su voz.

    Marco se inclinó un poco hacia él.

    —¿Qué lees?

    Adrián cerró el libro con suavidad.

    —Algo interesante.

    —¿Más interesante que yo?

    —Mucho más.

    Marco soltó una risa baja.

    —Eso me ofende.

    Se sentó a su lado y se pegó lo suficiente para que sus hombros chocaran y pudiesen sentir el calor del otro, la hierba bajo su cuerpo estaba húmeda pero realmente no le importó. El jardín quedó en silencio otra vez, excepto por el canto de los pájaros.

    —Mañana te casas —dijo Marco.

    Adrián miró al frente.

    —Sí.

    —Y aun así estás aquí… leyendo… tranquilísimo.

    —¿Debería estar gritando?

    —O corriendo.

    —¿De qué?

    Marco giró el rostro hacia él.

    —De cometer el peor error de tu vida.

    Adrián arqueó una ceja.

    —¿Hablas por experiencia?

    —Hablo porque te conozco.

    Marco tomó el libro de sus manos antes de que pudiera evitarlo.

    —A ver qué es tan importante…

    Adrián se tensó un poco.

    —Devuélvelo.

    Marco leyó el título… y se quedó en silencio. Luego lo abrió y comenzó a leerlo.

    —No puede ser.

    Adrián suspiró.

    —Te dije que lo devolvieras.

    Marco levantó el libro para que él mismo lo viera. Las mejillas de ambos se encontraban sonrojadas, a qué libro no era un libro cualquiera, era un libro que ambos habían sacado alguna vez de la biblioteca del padre de Marco, un libro que jamás devolvieron porque era demasiado fantasioso y hermoso como para solo leerlo una vez. A qué libro se ha convertido en el escape de ambos, en su mundo soñado; cada pintura que Marco solía dibujar era un escenario de aquel libro, cada poema que Adrián me escribía era acerca de las aventuras de los protagonistas. No hubiera sido algo impactante o algo emocionante, de no ser porque aquel libro contenía notas que durante toda su vida Adrian había puesto para Marco en cada página.

    Porque había pequeños dibujos que marco había hecho para Adrián.

    Ese libro no era un libro comprado del título que alguna vez habían leído; ese era él libro.

    —Pensé que tu padre lo tendría en su biblioteca.

    Adrián se cruzó de brazos. Le avergonzaba haber sido descubierto, pero también se notaba que estaba aliviado de que fuese específicamente Marco quien lo descubriera.

    —Es… especial.

    Marco lo miró fijamente.

    —¿Especial?

    Una sonrisa de amor por su rostro, las mejillas se colorearon de color y poco importaba que estuviesen en el jardín de la casa que próximamente Adrián iba a compartir con su prometida, se convierte nuevamente en ese jardín que solían usar para jugar y esconderse en aquel mundo fantasioso donde solo eran ellos dos viviendo aventuras.

    Adrián tardó pero terminó por buscar la mirada de Marco, se miraba más tímido de lo normal, pero, por alguna extraña razón, más valiente. Adrián se inclinó un poco hacia él, Marco no se movió ni se alejó. Adrián le quitó el libro de las manos y luego lo besó. No fue un beso tímido. Fue lento, seguro… como si llevara demasiado tiempo deseando hacer eso. Cuando se separaron, Marco todavía estaba procesando lo que había pasado.

    —Espera… —dijo—. ¿Eso significa…?

    Adrián volvió a abrir el libro y pasó una página. Le mostró exactamente el dibujo que había hecho años atrás donde los mostraba a ellos dos tomados de la mano caminando hacia lo que era un hermoso atardecer.

    —Supongo que si me conoces bien, yo no quiero casarme.

    Marco lo miró con seriedad, por primera vez el silencio en ellos más que tranquilo se sintió eterno. Después de un tiempo ambas manos se buscaron para apretarse con fuerza.

    —Es bueno saberlo, porque yo tampoco quiero que te cases.

    Ambos soltaron una risa y pegaron sus frentes, solo para después soltar un largo suspiro. Si, ese jardín siempre sería el escape de realidad que necesitaban para estar juntos.
     

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