Autor: Temarii Juuzou. Actividad: Días de A, B, C... K... Xutra [+18] Anime: Naruto Personajes: Suigetsu / Karin I de Infiel El hotel se encontraba rebosando de vida aquel fin de semana, Karin no esperaba menos para la celebración de su boda, sobre todo, porque se estaba casando con un Uchiha. Aquella familia, tan importante y adinerada, la había elegido a ella como la futura mujer del hijo menor, así que debía estar a la altura de las expectativas, no solo por su apellido y lo que está unión significaría para su familia, si no también por las apariencias que le exigirían en cuanto diera el sí en el altar; pero aquello era lo de menos, la pelirroja había estado encaprichada de Sasuke desde la preparatoria y, ahora, 10 años después, sería todo suyo. El amor era lo de menos, le había ganado a todas las mujeres que ni se podían acercar al azabache y, aún así, se atrevían a soñar con un futuro al lado de este. “Perdedores” pensó mientras salía, tambaleándose del enorme salón donde se había celebrado su despedida de soltera. Había sido aburrido, hubiera preferido mil veces una salida con sus pocas amigas a un bar o un salón de streaptease, pero los Uchiha habían organizado ambas despedidas en salones más pequeños del hotel, en cenas familiares y aburridas dónde les habían separado por géneros, de pura suerte y gracias a su mejor amiga, Sakura, había logrado beber más de lo que dolían permitirle y, como mínimo, lograr uno de sus cometidos para lo que debería haber sido una verdadera despedida de soltera; emborracharse lo suficiente como para lograr ignorar a todas las tías locas de Sasuke, que no dejaban de darle consejos para que lograrás concebir a un heredero pronto. “Como si esto fuera el siglo pasado… viejas brujas.” La pelirroja se pegó contra la pared, quitándose los tacones para lograr llegar al elevador y huir por fin a su habitación. Soltó un suspiro en cuanto sus pies tocaron la alfombra del pasillo y se acomodó el vestido rojo que se había puesto aquella noche antes de continuar su camino. Era una suerte que la familia de Sasuke, pese a la importancia que se daba, no eran diferentes a la mayoría de la personas millonarias del mundo, así que habían terminado tan o más alcoholizados que ella; tan solo era cuestión de escuchar el ruido en ambos salones de eventos, dónde solo sonaban risas y gritos de celebración. Ella ya estaba cansada de celebrar, solo quería irse a su cama y dormir hasta que llegase la hora más esperada de su vida. Una sonrisa amarga de asomo por su rostro y un suspiro salió de su boca; apretó el botón del elevador y este no tardó en llegar. Las puertas se abrieron y ella entró con calma, una calma que se vio interrumpida cuando una voz grito desesperado para que detuviese el elevador, como si ella fuese Superman o algo así. “Si lo logra, que entre, si no…” Se giro para ver de quien era esa voz y revoloteo los ojos al ver cómo el padrino de su prometido lograba entrar al elevador junto con ella. No pudo evitar soltar un gruñido en cuanto la puerta se cerró; Suigetsu la miró de arriba abajo con una sonrisa ladeada, esa estúpida sonrisa que siempre le mostraba cuando la veía. —Vaya, vaya… la futura señora Uchiha. —apoyó la espalda contra la pared del elevador—. ¿No deberías estar durmiendo para tu gran día? Ya es muy tarde. Karin frunció el ceño y fingió contestar mensajes inexistentes en su celular. —¿Y tú? ¿No deberías estar embriagándote hasta desmayarte como sueles hacer? El elevador comenzó a subir. Suigetsu se alzó de hombros y de su chaqueta sacó una petaca con lo que seguramente era más alcohol y le dió un sorbo grande. Luego, un silencio incómodo inundó el lugar, este solo se rompió cuando Suigetsu soltó una pequeña risa. —¿Siempre eres tan agradable o es porque mañana te casas? Karin apagó su celular y se cruzó los brazos, recargándose contra la pared y mirándole con el ceño lo más fruncido que pudo. —¿Siempre eres tan fastidioso o te pagan extra por arruinar mis últimos momentos de paz? —Auch... —fingió dramáticamente que le había roto el corazón y Karin no pudo evitar sonreírle con burla. Entonces el elevador dio un pequeño tirón, las luces parpadearon y luego… se detuvo. Karin frunció el ceño y se sostuvo con fuerza de la pared para no caer, soltando sus tacones que hicieron un ruido al tocar el suelo. —…No. Suigetsu presionó el botón del piso varias veces. Nada. Luego apretó el botón de emergencia. Un zumbido débil respondió. —Genial —dijo él, suspirando—. Estamos atrapados. Karin giró lentamente la cabeza hacia él. —¿ESTAMOS QUÉ? —Tranquila, roja. No es el fin del mundo. —¡Mañana me caso! ¡No puedo pasar la noche atrapada en un elevador contigo! Suigetsu levantó una ceja. —Vaya, qué romántico ¿No crees? —¡Cállate! Karin se sonrojo y se cruzó de brazos, el signo de que iba a empezar a discutir en cualquier momento. Un puchero asomo su rostro y el peliblanco se relamio los labios, llevando su petaca nuevamente a sus labios para dar un largo trago. Quizá era el calor del lugar, el alcohol o el hecho de que aquel vestido tan ajustado hacia que las curvas de Karin se acentuarán más, pero el chico solo deseaba acercarse más a la chica y aprisionarla contra la pared. Karin empezó a quejarse, normal en ella. Intento hacerle enojar reprochando varias cosas, como su mal olor a vodka barato, su fea camiseta manchada o que seguramente por su culpa estaban atrapados. Suigetsu no escuchaba, no del todo, porque estaba más concentrado en sus labios brillosos, que se movian con gran velocidad. Ella se dió cuenta de eso, así que, en medio de la pelea, Karin lo empujó. Suigetsu sujetó sus muñecas para detenerla cuando intento volver a atacarle y la acercó con fuerza a el, haciendo que sus pechos rebotaran contra su propio cuerpo. Los lentes de Karin se movieron, quedando un poco torcidos y el peliblanco se los acomodo, todo eso, sin dejar de sonreír y con una naturalidad que me hizo sentir escalofríos. Estaban muy cerca. Demasiado. Karin respiro con fuerza, sintiendo como el perfume ajeno entraba por sus pulmones. No, realmente no olía mal, olía incluso mejor que su prometido… soltó otro gruñido en cuanto termino de pensar aquello. Levanto la mirada y conecto con la ajena, llevaba los mismos 10 años, que llevaba encaprichada de Sasuke, peleando con Suigetsu, y con una tensión intensa entre ellos rodeandolos, como en ese momento. Solo que nunca habían estado completamente solos más de cinco minutos. Notó por primera vez la forma en que la miraba cuando no peleaban, cuando no estaban rodeado de sus amigos en común. —Karin… —murmuró. Ella debería haberse apartado, como siempre lo había hecho. Pero no lo hizo. No lo hizo porque está vez no hubo nadie que los interrumpiera, no había una puerta por la cual huir. No podía escapar como anteriormente lo había hecho… Suigetsu soltó una risa suave, acercándose cada vez más, de forma peligrosa. Karin se aferró a esa horrible camisa, atrayendo a Suigetsu más cerca. —Esto es una terrible idea. —Lo sé. Como si sus labios fueran imanes, se encontraron con violencia, dándose ese primer beso que desde hacía años habían deseado darse. Suigetsu saboreo cada parte, desde el brillo sabor fresa y su lengua con toques del champagne; Karin, por su parte, mordió para succionar los gruesos labios ajenos, disfrutando el sabor a vodka puro y, por alguna extraña razón, un tenue sabor a chocolate El calor que los rodeaba y la nula luz del lugar no ayudaban tampoco a mitigar todas las ganas y la tensión entre ambos, eran años de burlas y peleas que hubieran terminado de haberse armado de valor para dejarse llevar como en ese momento. Karin podía recordar su primera vez con Sasuke, aburrida y normal, un sexo decente donde más bien parecían seguir las normas de lo que se debía hacer, casi robótico, claro que en ese momento ella se sentía soñada y en un cuento de hadas, creyendo que el beso en su frente mientras le era arrebatada su virginidad era la cúspide del amor. Que las siguientes veces hubieran sido de aquella misma forma, quizá explicaba porque solía estar tan histérica todo el tiempo. Si lo comparaba con ese momento, sintiendo la mano de Suigetsu levantar su muslo y acariciar este sin pudor alguno para meterse debajo del vestido, mientras su otra mano liberaba uno de sus senos de aquel apretado vestido, parecía incluso irreal imaginar que terminaría casada con el ser más aburrido del planeta. Se sintió triste… por ella. Se separaron por falta de aire. Ella observó fascinada como él se relamía los labios, mientras la observaba con un brillo intenso en los ojos ¿Sasuke alguna vez la había visto así? No, jamás le había visto mostrar interés por nada, en realidad. En comparación, Suigetsu parecía no querer perder más tiempo y, sin soltar su muslo, se quitó el saco para dejarlo en el suelo. —Acuéstate… Karin levantó una de sus pelirrojas cejas, pero no protestó. Una vez estuvo en el suelo, el peliblanco la abrió de piernas y subió su vestido todo lo que pudo, se sintió muy expuesta, avergonzada, todo era nuevo: los toques bruscos pero firmes, los besos apasionados y fuertes y ahora… eso, un oral, su primer oral después de 5 años con un sujeto que parecía solo saber meterla e irse a dormir. Se mordió el labio al sentir los dedos del contrario acariciando su intimidad sobre la tela, lento, como si quisiera torturarla. —¿Yo siempre te pongo así? —Ay, dios, solo cállate. Ambos soltaron una risa que se terminó ahogando en un gemido cuando sintió el frío del aire y luego lo caliente de una respiración y lo húmedo de una lengua. Cerró los ojos y se dejó llevar, por las caricias, los besos, las mordidas; quiso gritar y llorar porque no podían mostrarle el cielo para después quitárselo. Ni siquiera se dió cuenta que su mano se estaba aferrando al cabello del contrario cuando un tirón en su vientre le hizo gritar como nunca en la vida lo había hecho. Suigetsu se alejó de su entrepierna con los labios empapados y una sonrisa de idiota en el rostro y Karin se sintió tan malditamente bien, que solo podía jader y tratar de recuperar la respiración. —¡Ey! ¿Están bien ahí dentro? La pelirroja se cubrió el pecho al aire con una mano y cerró las piernas de golpe, creyendo que en cualquier momento se abrirían la puertas de aquel elevador y todos en la fiesta, sus amigos y su futura familia así como la propia, la verían en esa posición tan vulgar y poco propia, con nada más y nada menos que el padrino, el mejor amigo de su prometido. Quedaría arruinada, ella y su familia, tachada como una maldita infiel y jamás podría aspirar a nada en la sociedad. —Un poco atrapados —Suigetsu jamás dejó de mirarla, como si ella fuese la creación más bella del universo y, extrañamente, eso le hacia sentir que nada más importaba —, Pero definitivamente, todo bien. —Excelente, lamentamos este gran inconveniente. Estamos a nada de sacarlos de ahí. Suigetsu se levantó y le ofreció su mano, ayudándole a ponerse de pie. Karin sentía las piernas débiles mientras, con torpeza, se acomodaba el vestido y el cabello; el peliblanco le colocó su saco por encima de los hombros, aprovechando para atraerla más a su cuerpo y susurrarle. —Yo no sé tú, pero yo no tengo prisa para salir de aquí Y Karin lo tomó con brusquedad de la cara, apretando sus mejillas con sus dedos y lo beso, dejándole en claro que ella tampoco tenía prisa alguna.